TCC Duelo
TCC Duelo
MÉXICO
FACULTAD DE ESTUDIOS SUPERIORES IZTACALA
Sistema de Universidad Abierta y Educación a Distancia
Manuscrito Recepcional
Programa de profundización en Psicología Clínica
LICENCIADA EN PSICOLOGÍA
P R E S E N T A:
Índice
Introducción ....................................................................................................................................... 3
Capítulo 1. El duelo ............................................................................................................................ 7
1.1 Definición de duelo .................................................................................................................. 7
1.2 Fases del duelo ........................................................................................................................ 8
1.3 Diferentes tipos de duelo ...................................................................................................... 13
1.4 Manifestaciones cognitivas, emocionales y físicas del duelo .............................................. 14
Capítulo 2. El duelo patológico........................................................................................................ 19
2.1 Definición del duelo patológico ............................................................................................ 19
2.2 Criterios para diagnosticar un duelo patológico ................................................................... 21
2.3 Perfiles del duelo patológico ................................................................................................. 22
2.4 Factores de riesgo .................................................................................................................. 23
2.5 Predictores de duelo patológico y vulnerabilidad de los dolientes ..................................... 24
Capítulo 3. La Terapia Cognitivo Conductual y el duelo patológico. ........................................ 26
3.1 Definición de la Terapia Cognitivo Conductual ................................................................ 26
3.2 Intervención del duelo patológico y Terapia Cognitivo Conductual ................................ 27
3.2.1 Terapia Narrativa o Externalización ........................................................................... 27
3.2.2 La Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) ....................................................... 28
3.2.3 Estudio de casos ............................................................................................................. 31
Discusión ......................................................................................................................................... 33
Conclusión ....................................................................................................................................... 35
Referencias ...................................................................................................................................... 36
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“Tal vez el principal obstáculo que nos impide
comprender la muerte es que nuestro inconsciente
es incapaz de aceptar que nuestra existencia deba terminar”.
Elisabeth Kübler-Ross
Introducción
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El concepto de duelo se refiere a un estado de alteración afectiva y emocional que
sucede posterior a una pérdida. Las pérdidas pueden ser de diversas formas: personas,
lugares, salud, mascotas, juventud, sueños, familia, carrera profesional, afectos, etc. En
muchas ocasiones el sufrimiento no se debe únicamente a la pérdida en sí, sino a lo que ésta
conlleva, pues, de manera general, aumenta la angustia, el secretismo o la culpabilidad de las
personas a quienes no se les permite sentir dolor o no se les reconoce, ya que vivimos en una
sociedad que intenta ocultar su dolor por considerarlo un acto muy íntimo. Uno de los
momentos más difíciles y de más sufrimiento es la muerte de un ser querido, se trata de una
experiencia inevitable si consideramos que la muerte es una etapa normal del ciclo de la vida,
todos los seres vivos mueren en algún momento; esto implica un gran sufrimiento, pero
también supone un crecimiento moral y emocional de los dolientes ante la pérdida. Esta idea
de crecimiento es el resultado de la elaboración adecuada de un duelo, por lo que afrontarlo
en condiciones saludables significa estar encaminado a resolverlo y ser capaz de continuar
con la vida; sin embargo, existen diversas maneras de enfrentar una pérdida.
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piensan es anormal y, entonces, buscar alternativas que más que ayudarlos implican el riesgo
de prolongar y agudizar el dolor, quedando el duelo sin ser resuelto.
Debido al carácter mortal de los seres vivos todas las personas estamos expuestas a
experimentar la pérdida de un ser querido y, además a enfrentar nuestra inminente propia
muerte; lo cual implica dos efectos estresantes sobre la persona (Diego, 2014): por un lado,
está la de adaptar su vida a la ausencia de un ser querido; por otro, enfrentarse a la idea de su
propia muerte.
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en vistas a ayudar al doliente a enfrentar y superar un duelo patológico. De ahí la importancia
de realizar investigaciones y propuestas acerca de la eficacia tanto de la tanatología como de
la psicología, ésta última particularmente importante en el manejo del duelo patológico o
complicado.
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Capítulo 1. El duelo
El duelo proviene del latín “dolus”, que toma el sentido de “dolor”, y significa, de
manera general, el prototipo del sufrimiento moral. En el campo de la psicología, el duelo
tiene dos acepciones: una restringida y otra metafórica. En su acepción restringida, el duelo
es una reacción biopsicosocial ante la pérdida por deceso de una persona cercana
afectivamente. Desde un enfoque metafórico, el duelo puede concernir toda pérdida
importante en la vida de una persona, ya sea por separación amorosa, una pérdida de empleo,
la pérdida de la salud, entre otras; estas pérdidas causan un duelo en el sentido de un dolor
moral provocado por el distanciamiento definitivo de una entidad con gran valor para la
persona (Bourgeois, 2013).
La Real Academia de la Lengua Española (2018) define al duelo como: dolor, lástima,
aflicción o sentimiento que se tiene por la muerte de alguien, es decir, se trata de
manifestaciones sobre todo de carácter interno; mientras que el luto, del latín lugere (llorar),
definido por la misma institución, se refiere a la aflicción por la muerte de alguna persona
pero que se manifiesta con signos visibles externos y que están relacionados con
comportamientos sociales y ritos religiosos.
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El duelo se entiende entonces, como el proceso que se vive ante una pérdida, que
puede ser de trabajo, de casa, de una pareja por rompimiento, de una mascota, de la salud,
etc. Es un proceso adaptativo que se debe experimentar para apaciguar el dolor a causa de
una pérdida importante, particularmente un deceso, ya que perder a una persona cercana
representa una transición vital que para muchas personas es difícil de afrontar (Ortego, López,
Álvarez y Aparicio, 2001). En este proceso la persona experimenta alteraciones físicas,
psicológicas o mentales y emocionales, por esta razón, el duelo no puede ser considerado un
estado natural, pues, como se mencionó anteriormente, se trata de un proceso conformado por
una serie de etapas que el doliente experimenta y que lo conducen, en condiciones ideales a
la aceptación de su nueva vida sin la presencia de su ser querido. Este proceso lo viven todas
las personas que sufren una pérdida, la diferencia radica en la manera en que se vive,
dependiendo de la historia del doliente y de su relación con el difunto (Ortego, López, Álvarez
y Aparicio, 2001).
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Negación. No se refiere a la incredulidad de la muerte propiamente dicha, sino a la
incredulidad de la ausencia, a que la muerte se haya llevado a un ser querido. La
persona rechaza la muerte de sus seres querido ya que la realidad es excesiva para
su psique. Se trata de una primera etapa que ayuda a sobrevivir a la pérdida, ya
que sirve para dosificar el dolor causado por la misma. En esta fase, la realidad
opresiva hace que la vida no tenga sentido y la conmoción provoca la negación de
los hechos; los dolientes se vuelven insensibles y se cuestionan cómo pueden
seguir adelante. Las personas se preguntan: “¿es cierto?” “¿es verdad que ya no
está?”, como una forma de negar la realidad para empezar a aceptar la pérdida.
Cuando la negación se va desvaneciendo poco a poco va apareciendo la realidad
de la pérdida.
Ira. La persona que experimenta una pérdida puede sentir una gran traición,
un resentimiento contra la vida misma; el enojo puede también estar dirigido a la
persona que desapareció, ya que su partida le provoca un doloroso vacío. Aunque
llega a ocurrir que algunas personas no se permitan sentir enojo contra el difunto,
ya sea porque les cause remordimiento o porque sienten culpa hacerlo, entonces
es posible que dirijan su enojo contra alguna de las personas de su entorno. El
estado del doliente se vuelve particularmente difícil para las personas cercanas,
quienes no saben cómo manejar la situación y algunas terminan alejándose. Si esta
etapa no se supera, como parte natural del proceso del duelo, es probable que se
convierta en amargura y el duelo puede convertirse en patológico.
Negociación. En esta etapa, que no aparece en todos los procesos de duelo, el doliente
espera una marcha atrás para evitar la pérdida. Ya que la ira no cambió la
situación, la persona intenta negociar con una instancia mayor (Dios, el universo,
etc., según sus creencias). La persona tiene la esperanza de que su más grande
deseo se cumplirá si mejora su comportamiento. La esperanza de que la persona
fallecida regrese es una experiencia normal que persiste hasta que el proceso de
duelo concluya. Esta fase se caracteriza también por el arrepentimiento y la
culpabilidad: la persona piensa en tiempo pasado lo que desencadena la aparición
de los “si…”, “si lo hubiera cuidado más”, “si no me hubiera peleado”, “si le
hubiera insistido en que se cuidara más”, etc. De esta manera el doliente se hace
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responsable de la situación e imagina todo lo que habría podido hacer para cambiar
las cosas.
Depresión. Tal y como sucede en la etapa de ira, la depresión es una fase relevante en
la que el dolor y la pena necesitan vivirse y expresarse. La intensidad de la tristeza
experimentada en esta fase es completamente normal; sin embargo, la reacción de
la mayoría de las personas es intentar consolar y animar al doliente, lo que sólo
demuestra su incomodidad frente al sufrimiento de éste. Las emociones
experimentadas durante esta etapa pueden provocar una especie de confusión; el
miedo a continuar la vida con este gran dolor puede aparecer.
Aceptación. Si el doliente ha contado con el apoyo necesario para atravesar el duelo
como él lo ha creído conveniente y ha logrado llegar a la aceptación del mismo,
el proceso queda completado en esta etapa. El doliente ya no experimenta
emociones dolorosas cuando piensa o evoca a la persona fallecida; por el
contrario, siente alivio en lo que respecta a la muerte, y, por lo tanto, se encuentra
finalmente en paz con su duelo.
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explicación de Freud afirma que estas visiones son una manifestación de la
resistencia que opone el doliente a la pérdida.
Restablecimiento. En esta etapa empieza a aparecer una especie de desapego, es
decir, el recuerdo de la persona fallecida ya no causa dolor.
De acuerdo con Gil-Juliá, Bellver y Ballester (2014) otras propuestas relevantes de las
etapas del duelo son:
Lindermann:
Conmoción e incredulidad
Duelo agudo
Resolución
Parkes y Bowlby:
Aturdimiento
Anhelo y búsqueda
Desorganización y desesperación
Reorganización
Engel:
Conmoción e incredulidad
Desarrollo de la conciencia
Restitución
Resolviendo la pérdida
Idealización
Resolución
Rando:
Evitativa
Confrontación
Restablecimiento
Neimeyer:
Evitación
Asimilación
Acomodación
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Todas las propuestas sobre las fases o etapas del duelo son variaciones de la misma
idea: el proceso del duelo está constituido de diferentes momentos, caracterizados por
sensaciones, sentimientos, pensamientos y comportamientos relacionados con una situación
de pérdida. Por otra parte, autores como Worden (2013) prefieren hablar de tareas del duelo,
puesto que considera que, en el proceso de duelo, el doliente debe tener una participación
activa en cada una de las etapas. Las tareas del duelo de Worden (2013) son:
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Recolocar emocionalmente al fallecido y seguir viviendo. Se refiere al acto
simbólico y emocional en el que el doliente busca colocar al fallecido en un
nuevo lugar desde donde pueda establecer una nueva forma de comunicarse con
él. La realización de esta tarea permite tomar conciencia de que, a partir del
momento de la muerte, el contacto con el fallecido no será nunca el mismo.
El duelo es un proceso que se vive en función de diferentes factores: el lazo que unía
al doliente con el fallecido, la personalidad del doliente, las condiciones de la muerte, entre
otras. Es por esta razón que existe una clasificación que permite su estudio y tratamiento en
la que se consideran 5 tipos (Ruiz, 2016):
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Duelo anticipado. Se refiere a las etapas anticipatorias del duelo que ayudan al
doliente a desprenderse emocionalmente antes de que ocurra el fallecimiento.
Este tipo de duelo facilita al doliente reconocer la muerte inminente ya que tiene
oportunidad de despedirse y de solucionar asuntos pendientes, es decir, es un
momento de preparación y de planeación del futuro.
Duelo negado, retardado o inhibido. Se presenta cuando días o semanas después del
fallecimiento, el doliente parece tener la situación bajo control y no manifiesta
dolor o sufrimiento algunos. Al mantener las emociones reprimidas, la persona
corre el riesgo de vivir un duelo patológico que requerirá ayuda terapéutica.
Cada persona experimenta su duelo de manera distinta; suele ocurrir que, a la muerte
de una madre o un padre, los hijos viven cada uno de ellos un proceso de duelo diferente. Se
mencionó anteriormente que los factores que determinan el tipo de duelo son variados. Este
trabajo se centrará en el duelo patológico o complicado, ya que es aquél que se considera
puede derivar en un trastorno prolongado que, incluso, puede ocasionar una depresión severa
en el doliente (Ruiz, 2016).
Durante el trabajo del duelo es posible que se manifiesten síntomas somáticos como:
pérdida de apetito, insomnio, síntomas hipocondríacos, entre otros. Probablemente aparecerá
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la culpa por pensamientos como “pude haber hecho algo más”, “no estuve lo suficiente con
ella/él”, etc. En ocasiones la culpa puede deberse a la sensación de alivio, una vez ocurrida
la muerte, después de una agonía larga y dolorosa. La intensidad de los síntomas varía en
función de la relación con el fallecido, las condiciones de la muerte, principalmente; aunque
también influyen, de manera importante, factores como la edad y la situación económica, de
salud y emocional del o los dolientes. Los síntomas físicos, cognitivos y emocionales del
duelo varían en intensidad y contenido conforme pasa el tiempo (Gil-Juliá, 2014). Estas
manifestaciones no son indicadores de un duelo patológico o complicado, son reacciones
normales que el entorno de la persona fallecida puede experimentar. Es importante mencionar
que, así como en las fases del duelo, no es obligatorio presentar todos los síntomas que se
ilustran a continuación, ya que, como se mencionó anteriormente, el proceso de duelo es en
función de cada persona. De acuerdo con Gil-Juliá (2014) encontramos diferentes
manifestaciones cognitivas, emocionales, físicas y conductuales:
Manifestaciones cognitivas
Incredulidad. El doliente es incapaz de creer lo que ha sucedido, piensa que es una
pesadilla y, en ocasiones, actúa como si la persona siguiera viva.
Confusión. El doliente experimenta problemas para concentrarse, sufre de falta de
claridad de sus pensamientos, además, la memoria se ve afectada.
Preocupación. Se refiere a pensamientos de angustia con respecto al fallecido, su
muerte y la manera en que podría hacerlo regresar. El doliente siente lástima de
sí mismo, sus pensamientos son repetitivos, es decir empieza a rumiar.
Sentido de presencia. En los días posteriores al fallecimiento es normal que la
persona sienta que su ser querido la acompaña, a veces causa consuelo y a veces
miedo.
Alucinaciones visuales o auditivas. Se presentan en los días o las semanas posteriores
al fallecimiento. Proporcionan esperanza al doliente, quien relaciona este
fenómeno con cuestiones espirituales.
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Manifestaciones emocionales
Tristeza. Se trata del síntoma principal en un duelo, se puede manifestar mediante el
llanto, aunque no siempre. Si ésta se prolonga puede propiciar el duelo patológico
o complicado.
Enfado. Va de la mano con el dolor, es decir, el doliente siente culpa y eso lo
atormenta y enoja. Una vez que el dolor va desapareciendo, este síntoma también
se disipa.
Culpa y remordimiento. El recuerdo de la persona fallecida provoca en el doliente
pensamientos que le crean impotencia: “¿qué más puede haber hecho?” “¿por
qué no hice esto o lo otro?”. Casi siempre estos pensamientos son infundados,
sin embargo, pueden persistir durante largo tiempo.
Ansiedad. Se produce por dos razones: no encontrar una razón para seguir viviendo
y enfrentarse a su propia muerte. Puede ir desde pequeños episodios de ansiedad
hasta ataques de pánico, los cuales pueden ser indicadores de duelo normal o
riesgo de duelo patológico.
Soledad. Se presenta de dos formas.
Soledad social: falta de apoyo del entorno del doliente.
Soledad emocional: ausencia del apoyo de la persona fallecida, es muy frecuente
en el caso de la pérdida de la pareja.
Fatiga, apatía o indiferencia. Este desgano físico y mental puede ocasionar angustia
o ansiedad, particularmente cuando el doliente ha sido una persona activa.
Desamparo. Sensación de falta de apoyo, de soledad profunda. Se presenta más
comúnmente en hijos y viudas.
Shock. Sensación de estupor que generalmente aparece en casos de muertes
inesperadas o repentinas, aunque es posible que también se presente después de
una larga enfermedad.
Anhelo o añoranza. Extrañar al ser querido y los momentos vividos con él es normal
y muy frecuente; sin embargo, en un duelo normal, este sentimiento no debe
prolongarse por largo tiempo, de lo contrario se corre el riesgo de que el duelo
derive en patológico.
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Emancipación. Es una de las manifestaciones positivas del duelo, ya que significa
que el doliente encuentra independencia y autonomía, lo que lo ayuda a sentirse
liberado.
Alivio. Surge cuando el ser querido fallece después de una larga enfermedad, es el
fin del sufrimiento tanto para el fallecido como para su entorno. En algunas
ocasiones, este sentimiento puede ir acompañado, de manera pasajera, de la
culpa.
Insensibilidad. Surge cuando al recibir la noticia, el doliente se encuentre en tal
estado de embotamiento que no siente nada; es un mecanismo de defensa ante la
dificultad de enfrentar un dolor tan fuerte.
Manifestaciones físicas
Pueden aparecer en el momento del fallecimiento y durar hasta pocos días
posteriores a éste. No representan peligro físico para el doliente; sin embargo, son
causa de angustia y miedo a que la propia vida esté en peligro.
Opresión en el pecho
Vacío en el estómago
Garganta que se cierra
Hipersensibilidad al ruido
Sensación de desesperación acompañada con sudoración u hormigueo en el
cuerpo
Falta de aire
Debilidad muscular
Falta de energía
Resequedad bucal
Manifestaciones conductuales
Trastornos del sueño. La dificultad para dormir o la ausencia de sueño son trastornos
que se presentan al poco tiempo después del fallecimiento, se trata de reacciones
normales que en muchas ocasiones se deben a causa del miedo a tener pesadillas
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o a estar solo; sin embargo, en algunos casos, puede ser consecuencia de la
angustia y la ansiedad.
Trastornos de alimentación. Se presenta como ausencia de apetito, pero también es
frecuente el comer en exceso, ambos casos pueden aparecer de forma pasajera,
es decir, mientras se procesa el duelo.
Conducta distraída. El doliente deja de prestar atención a lo que hace; esta falta de
concentración es pasajera y generalmente desaparece sola.
Aislamiento social. El doliente se encierra; deja de frecuentar a personas, incluso
cercanas; se desinteresa por lo que sucede a su alrededor. Generalmente, en el
caso de un duelo normal, desaparece solo.
Soñar con lo perdido. A través de los sueños se retoma el contacto con el fallecido,
puede tratarse de sueños alentadores o de pesadillas. La actividad onírica es muy
útil en algunas terapias psicológicas.
Conductas de evitación. El doliente evita situaciones, objetos o lugares que le
recuerden a la persona fallecida. Cuando el doliente deja de recordar a la persona
fallecida de forma abrupta puede ser indicador de la aparición de un duelo
patológico.
Buscar al fallecido y llamarle en voz alta. Es una reacción completamente normal en
la que el doliente llama de forma verbal o no a su ser querido.
Suspirar. Conducta muy común que se relaciona principalmente con la sensación de
falta de aire.
Hiperactividad y agitación. El doliente busca distraerse, en ocasiones hasta la
saturación, con el afán de evitar pensar en la persona fallecida.
Visitar lugares significativos o llevar objetos que recuerden al difunto. Es una
reacción contraria a la conducta de evitación; surge del miedo a olvidar a la
persona fallecida.
Atesorar pertenencias de la persona fallecida. Es una forma de prolongar la presencia
del difunto, de rendirle homenaje.
Llorar. Esta reacción es completamente normal; en un principio los episodios de
llanto suelen ser intensos y prolongados, después, van siendo más espaciados.
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Capítulo 2. El duelo patológico
Una vez que el doliente ha pasado las etapas del duelo, se puede suponer que ha
llegado a la aceptación de su nueva situación y de la ausencia de su ser querido; sin embargo,
cuando hay un retroceso en las fases del duelo normal, es decir, cuando se repiten, a pesar de
que aparentemente ya se habían superado, o cuando la duración del duelo excede a un año,
se habla de duelo patológico. Cuando lo síntomas son muy intensos, es necesario que el
doliente reciba terapia psicológica y, en algunos casos, ayuda psiquiátrica (Massa, 2017).
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El CIE 10 (2014) emplea el código F43.2, “Trastornos de adaptación”, para abordar
la reacción al duelo. Son características las alteraciones emocionales que impiden el buen
funcionamiento de las actividades sociales y aparecen durante el “período de adaptación a
un cambio biográfico significativo o a un acontecimiento vital estresante” (pp. 122). El
mismo manual menciona que un agente estresante puede ser un duelo. Los trastornos de
adaptación (estado depresivo, ansiedad, intranquilidad; sentimiento de incapacidad para
enfrentar la pérdida, para hacer proyectos o para soportar la situación actual, entre otros)
pueden variar en intensidad y duración en función de la predisposición y vulnerabilidad del
doliente, aunque estos trastornos no habrían aparecido en ausencia del agente estresante
(duelo). “El trastorno predominante generalmente es una reacción depresiva leve o
prolongada, o bien, una alteración de otras emociones y de la conducta” (pp. 122).
Es importante señalar que aun cuando el doliente presente los síntomas relacionados
con el duelo patológico, no está de más que el terapeuta utilice, como complemento algún
instrumento de evaluación. Gil-Juliá, Bellver y Ballester (2008) mencionan tres herramientas
que pueden ayudar a confirmar el diagnóstico.
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El siguiente cuadro muestra un Diagnóstico diferencial de duelo normal y duelo
patológico, propuesto por Vedia (2016), que permitirá establecer más fácilmente las
diferencias entre ellos.
Tabla 1
Diagnóstico diferencial de duelo normal y duelo patológico
a) Momento de aparición: a los pocos días del a) Momento de aparición: semanas o meses después
fallecimiento. (duelo retrasado); no aparición del duelo (negación
del duelo)
b) Intensidad: incapacitante durante días.
b) Intensidad: incapacitante durante semanas.
c) Características:
c) Características:
· Negar aspectos de la muerte: circunstancias,
características del fallecido (idealización). · Negar la muerte del fallecido, creer que vive.
· Identificarse con el fallecido (imitando rasgos,· Creer que se es el fallecido.
atesorar sus pertenencias).
· Alucinaciones complejas y estructuradas.
· Oír la voz u oler al fallecido de forma efímera
· Creer que se va a morir de la misma enfermedad;
y momentánea, pero reconoce que no es real.
acudir continuamente al médico por esa causa.
· Padecer síntomas somáticos similares a los que
· Establecer conductas anormales (por ejemplo,
causaron la muerte del difunto (identificación).
visitar el cementerio diariamente).
· Desarrollar conductas en relación al muerto
culturalmente aceptables (por ejemplo, luto
temporal).
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Anhelo por lo que se ha perdido
Se mencionó anteriormente que el proceso del duelo está conformado por diferentes
fases que el doliente debe experimentar para sanar emocionalmente la pérdida de un ser
querido. La primera etapa es una combinación de negación y aceptación de la realidad (de
acuerdo con diferentes autores), y corresponde entonces al primer paso hacia la superación
de la muerte; pero también corresponde a la primera posibilidad de estancarse si hay
resistencia a asumir la realidad de la desaparición. La negación o la no aceptación de la
realidad conduce al doliente a prácticas tales como: la “momificación”, que significa que el
doliente guarda pertenencias del fallecido sin modificar, esperando a que él regrese (Diego,
2014). El estancamiento en esta primera etapa también consiste en que el doliente niegue el
significado de la pérdida, es decir, que le reste importancia a la muerte y que evite hablar o
evocar de cualquier manera al fallecido. Otras prácticas de un doliente estancado en esta etapa
son las relacionadas con el esoterismo: intentos desesperados de comunicarse con el fallecido,
situación que se considera normal en los primeros días o semanas, pero que se considera
patológica cuando ya ha se ha prolongado en el tiempo (Diego, 2014).
Es completamente normal que el primer sentimiento que aparece ante una pérdida sea
el dolor. Éste debe manejarse durante el proceso del duelo en los primeros días y semanas, de
lo contrario, se volverá cada vez más difícil erradicarlo, aun con terapia. El entorno del
doliente contribuye muchas veces a que éste se quede atrapado en el dolor, ya que este
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sentimiento produce incomodidad en quienes conviven con el doliente, de esta manera, se le
incita al doliente a distraerse de su dolor provocando que el deudo empiece a negarse a sí
mismo la posibilidad de sacarlo y de continuar con su duelo. Evitar el dolor puede dar lugar
a la idealización del fallecido o a la evitación de su recuerdo, es también posible que ambas
acciones conduzcan al consumo de alcohol o drogas.
De acuerdo con Echeburúa, Del Corral y Amor (s/f), los factores relacionados con el
duelo patológico son:
Edad del fallecido. Cuando se trata de un hijo pequeño o joven, el dolor y el estrés
es tan fuerte para los padres que incluso llegan al divorcio debido a que, de alguna
manera, hay uno que sufre más que el otro, entonces se lanzan reproches y
acusaciones.
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2.5 Predictores de duelo patológico y vulnerabilidad de los dolientes
Relacionales.
Pérdida de algún ser querido muy cercano (hijo, pareja, padres, hermanos) en edad
temprana o adolescencia.
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Relación dependiente (física, psicológica, social, económica) del doliente con el
fallecido. Adaptación complicada al cambio de papel.
Circunstanciales.
Sociales.
Disfunción familiar.
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Capítulo 3. La Terapia Cognitivo Conductual y el duelo patológico.
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pensamientos y comportamientos no adaptativos, y que son, como algunos investigadores han
observado, los causantes del dolor (Campos, 2017).
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El momento de la muerte, cuyo objetivo consiste en alcanzar la coherencia y la
regulación emocional, encaminadas a contrarrestar la evitación.
Etapas de la vida del doliente, que contribuye a situar la pérdida en las experiencias
de duelo anteriores para experimentar con nuevos significados.
Historias de sueños virtuales, lo cual estimula la escritura creativa y ayuda a facilitar
la exploración de pérdidas.
Diario dirigido, el cual debe ser dirigido con instrucciones concretas y tiene la
función de consolidar la construcción de sentido y los beneficios que ha
encontrado el doliente.
Escucha analógica, en donde el doliente debe focalizarse en sensaciones corporales
del duelo y verbalizarlas con el fin de darle expresión a necesidades tácticas.
The body of Trust (conjunto de normas en las que se puede confiar), que consiste en
describir el impacto de la muerte en la imagen corporal, mediante diversas
técnicas.
Terapia figurativa en la bandeja de arena, que consiste en la elaboración de historias
simbólicas de pérdida y transición utilizando figuras de arena u otros materiales.
Rituales de transición, Validar simbólicamente, mediante una ceremonia, los
cambios que el doliente ha experimentado en su vida causados por la pérdida.
Pertenece a las Terapias de Conducta de tercera generación. Esta técnica tiene por
objetivo facilitar la flexibilidad psicológica para lograr la aceptación del sufrimiento
psicológico y el compromiso al cambio conductual, así como a redireccionar el centro de
atención hacia comportamientos adecuados para devolverle el sentido a la vida al deudo.
Además, posee validación científica, por lo que es una de las terapias más utilizadas en el
tratamiento del duelo patológico. Esta terapia es consistente con el modelo de Procesamiento
Dual del Duelo, que se basa en dos criterios: el funcionamiento orientado a la pérdida y el
funcionamiento orientado a la reconstrucción (Stroebe, Schut y Boerner, 2017). El
funcionamiento orientado a la pérdida consiste en que, por medio de la introspección, el
doliente centra sus emociones en experimentar, explorar y expresar de diferentes maneras el
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sentido de la pérdida. Este paso implica estar en contacto con la pérdida y centrarse en su
propio dolor a través del llanto, de hablar constantemente de su pérdida, de mantener una
actitud pasiva. El doliente presenta, además, sentimientos de abatimiento, se aísla, se descarga
emocionalmente recordando constantemente, para finalmente, negar la posibilidad de una
recuperación. Por otra parte, en el funcionamiento orientado a la reconstrucción, el doliente
da muestras de centrarse poco a poco en los ajustes que habrá de realizar en su vida a nivel
familiar, laboral y social. Estos ajustes contribuyen a la canalización hacia el exterior la etapa
más aguda del duelo. Aparecen comportamientos tales como desconectarse de la pérdida,
negación de la situación, distracción, minimizar la afectación, racionalizar la experiencia,
evitar llorar y hablar de la pérdida, centrarse en la reconstrucción de las áreas vitales, adoptar
una actitud más activa y en fomentar las relaciones interpersonales.
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• Cuestionario de Aceptación y Acción-II (AAQ-II-YUC). Diez reactivos tipo Likert que
miden la Evitación Experiencial y la aceptación psicológica.
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3.2.3 Estudio de casos
De acuerdo con los resultados arrojados en este estudio, la terapia resultó exitosa a
nivel de la reestructuración del pensamiento. Por ejemplo, “soy incapaz” dejó de ser un
pensamiento recurrente para la viuda; se consiguió reactivar un estilo de vida que era
mantenido por un sistema de creencias, asimismo, se mejoró el nivel de bienestar de la
doliente.
3.2.3.2 Restauración Cognitiva, Autoinstrucciones positivas y
autorrefuerzos, Resolución de problemas y Manejo de contingencias
Por su parte, Gil-Julia, Bellver y Ballester (2008), proponen técnicas para ayudar a
superar el duelo patológico. Estas técnicas están particularmente encaminadas a superar la
fase de negación y estrés/depresión, y a conseguir la aceptación; todas ellas pertenecen a la
TCC de tercera generación. A continuación, se presentan algunas de estas estrategias:
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Autoinstrucciones positivas y autorrefuerzos. Contribuyen a la adquisición de
habilidades y afrontamiento ante situaciones complicadas.
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Discusión
Una vez exploradas las características del duelo de manera general, resulta interesante
analizar las causas que desvían el proceso de un duelo normal hacia el duelo patológico. Más
allá de todos los factores de riesgo y predictores de duelo patológico citados en el presente
trabajo, queda la tarea de identificar aquellos elementos potenciales de la vida del doliente
que le impiden elaborar un proceso de duelo normal tras la muerte de un ser querido. Para
ello, existen instrumentos y técnicas que ponen en evidencia los factores que tienen más carga
significativa para la persona y que son con los que no pueden lidiar. La misión del terapeuta,
en atención al duelo patológico, radica en tres puntos principales: encontrar un significado a
su pérdida, a reconstruir su vida y adaptarse a la nueva vida.
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la pérdida, aunque al principio le parezca una idea descabellada. Podemos decir que la
elección de la Terapia y la técnica quedan a consideración del terapeuta, en función de:
Estas son las dos técnicas principalmente utilizadas en el tratamiento del duelo
patológico, pero no por eso significa que sean las únicas. Es necesario contar con estrategias
que permitan al doliente relajarse, detener sus pensamientos, adquirir habilidades que le
ayuden a hacer frente a la situación actual y a otras que puedan venir. La elección de cada
estrategia es una tarea relevante en la expectativa de resultados y varían de una persona a
otra. Por ejemplo, las estrategias de Afrontamiento propuestas por Arias (2018), no son
funcionales para todas las personas, ya que tienen mucho que ver con el grado de
espiritualidad y de fe; además, es necesario contemplar que una de las fases del duelo es la
ira y en esta etapa es probable que el doliente esté enojado inclusive con Dios, en el caso de
ser creyente. En este caso, es mejor proponer una técnica como mindfulness, ya que su
finalidad es un trabajo introspectivo que de alguna manera permite la sanación espiritual.
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Conclusión
El proceso de duelo, vivido por todos los seres humanos, en un momento de su vida,
es parte de la evolución y del crecimiento de las personas. Anteriormente se mencionó que
todos estamos expuestos a pérdidas, grandes o pequeñas, significativas o menos
significativas, afectivas o materiales, etc. Para superar esas pérdidas, el ser humano está
dotado de capacidades cognitivas y emocionales que le permiten reaccionar y hacer frente a
los momentos de crisis, una de estas cualidades es la resiliencia, que, en mayor o menor
medida, todas las personas poseen. Este proceso, llamado llama duelo normal, puede ser
procesado por el mismo doliente sin necesidad de apoyo terapéutico, o bien, puede ser
acompañado por un tanatólogo. Sin embargo, cuando los síntomas del duelo se maximizan se
habla de un duelo patológico, el cual ya no puede ser atendido solamente por la tanatología,
sino que requiere de ayuda psicológica e incluso psiquiátrica.
Es importante recalcar que hasta hace algunos años, el duelo, normal o patológico, no
era reconocido como un proceso que alteraba la cotidianeidad de las personas. Incluso ahora,
hay quienes desconocen lo que una pérdida implica a nivel cognitivo, conductual y
emocional. Es por eso, que no se deben minimizar las consecuencias que pueden traer a una
persona la pérdida de un ser querido. Afortunadamente, el tratamiento del duelo patológico
ha encontrado un lugar en la psicología a través de las terapias de tercera generación de la
TCC. A lo largo de estas últimas décadas, el interés por dar tratamiento a personas que viven
un duelo ha ido creciendo; han surgido nuevas técnicas, y crece el número de profesionales
dedicados a dar atención a dolientes: tanatólogos, psicólogos y psiquiatras.
Quizá lo que siga faltando en nuestra sociedad es una cultura de atención emocional
por profesionales, que facilite el paso por momentos difíciles de la existencia y que, al mismo
tiempo, funcione como una preparación para enfrentar lo que depara el futuro. La muerte
sigue siendo un tema tabú en muchos círculos de la sociedad, es difícil que se hable
seriamente de ella en las reuniones familiares, se evita el tema en ámbitos laborales, en fin,
parece que no fuera algo inherente de todos los seres vivos. Si hablar de la muerte como un
proceso natural de la vida fuera parte de la educación moral en las sociedades, muy
probablemente se reduciría un buen número de duelos patológicos en el mundo.
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Referencias
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