Expediente 291-2013
Expediente 291-2013
EXPEDIENTE 291-2013
CORTE DE CONSTITUCIONALIDAD, INTEGRADA POR LOS MAGISTRADOS,
HÉCTOR HUGO PÉREZ AGUILERA, QUIEN LA PRESIDE, ROBERTO MOLINA
BARRETO, GLORIA PATRICIA PORRAS ESCOBAR, ALEJANDRO MALDONADO
AGUIRRE, MAURO RODERICO CHACÓN CORADO, CARMEN MARÍA GUTIÉRREZ
DE COLMENARES Y MARÍA DE LOS ÁNGELES ARAUJO BOHR: Guatemala,
veintisiete de febrero de dos mil catorce.
Se tiene a la vista para dictar sentencia, la acción de inconstitucionalidad general
parcial de los artículos 5, primer párrafo, y 21, numerales 5 y 9, del Decreto 10-2012 del
Congreso de la República, “Ley de Actualización Tributaria”, promovida por Cámara del
Agro de Guatemala, por medio del Presidente de su Junta Directiva y Representante
Legal, José Santiago Molina Morán, y, Cámara de Comercio de Guatemala, por medio del
Presidente de su Junta Directiva y Representante Legal, Jorge Eduardo Briz Abularach,
quienes actuaron con el auxilio de los abogados José Rolando Quesada Fernández, Edgar
Stuardo Ralón Orellana y Mario Roberto Fuentes Destarac. Es ponente en el presente caso
el Magistrado Presidente, Héctor Hugo Pérez Aguilera, quien expresa el criterio de este
Tribunal.
ANTECEDENTES
I. FUNDAMENTOS JURÍDICOS DE LA IMPUGNACIÓN
Las solicitantes plantean la acción de inconstitucionalidad, argumentando: a) que el
primer párrafo de artículo 5, viola el principio de seguridad jurídica, contenido en el
artículo 2 de la Constitución Política de la República de Guatemala, porque, establece de
manera imprecisa el mecanismo de fijación de retribución en la adquisición de bienes y
prestación de servicios, provocando que la determinación de la enajenación o prestación
del servicio quede a la decisión de la autoridad administrativa. Es decir, estatuye como
valor de las cesiones y enajenaciones de bienes y derechos y las prestaciones de
servicios, el valor de mercado. De esa manera, la administración tributaria puede
presumir como valor de las cesiones y enajenaciones de bienes y derechos, en sus
distintas modalidades y las prestaciones de servicios realizadas por personas individuales
o jurídicas y otros entes o patrimonios que realicen actividades mercantiles el valor de
mercado, sin embargo, al ser un concepto incierto, la misma ley en ningún momento
establece o define el término “valor de mercado”, bajo apreciación objetiva y claramente
delimitada. En todo caso, indica que el precio en una economía de mercado (protegida
por el artículo 130 constitucional), es el valor de la transacción, es decir el precio
resultante de la oferta y demanda. Además, que en Guatemala no existe plaza en la que
se coticen bienes y servicios, que sirva como referencia para determinar un precio relativo
de mercado. De lo que, al establecerse que el valor retribuido será el de mercado, la
determinación del mismo queda a discreción de la Administración Tributaria, extremo que
da pie al otorgamiento de subjetividad que resulta en la arbitrariedad, lo que vulnera el
principio de seguridad jurídica, al no establecer de manera clara y objetiva el parámetro
de fijación del valor de las cesiones, y enajenaciones de bienes y derechos, en sus
distintas modalidades y las prestaciones de servicios realizadas por personas individuales
o jurídicas y otros entes generando desconfianza en el ordenamiento jurídico; b) en
cuanto al artículo 21, indicó lo siguiente: b.1) que el numeral 5 viola el artículo 239
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habitacionales, para que los trabajadores puedan optar a viviendas adecuadas y que
llenen las condiciones de salubridad. Hacen la relación de la obligación del Estado, en
cuanto a apoyar la planificación y construcción de vivienda popular, en beneficio de los
trabajadores, en virtud que la norma impugnada atenta contra dicho principio y obligación
estatal. En ese sentido, aquél (el Estado) está constitucionalmente obligado a fomentar la
construcción de vivienda popular en beneficio de los trabajadores, lo que incumple al
emitir la normativa tributaria como lo hizo en el numeral 9 del artículo 21 del Decreto 10-
2012 del Congreso de la República, en vez de fomentar, desincentiva la inversión en
vivienda popular, toda vez que limita como costos y gastos deducibles, únicamente hasta
un cincuenta por ciento del monto que inviertan los contribuyentes en la construcción,
mantenimiento y funcionamiento de viviendas, escuelas, hospitales, servicios de
asistencia médica y salubridad, medicinas, servicios recreativos, culturales y educativos,
en beneficio gratuito de los trabajadores y sus familiares. De esa manera, al impedir la
deducción del cien por ciento de la inversión que puedan realizar los contribuyentes en
ese tipo de actividades, el Estado incumple con su obligación de apoyo a la planificación y
construcción de viviendas populares. Indica que es importante recordar que ese tipo de
inversiones son una obligación constitucional y legal de todo patrono, con el objeto de
favorecer a la población trabajadora en general, incluso, para aquellos que no están
obligados pero que igualmente realizan inversiones en las actividades referidas en
beneficio gratuito de los trabajadores y sus familiares no podrán deducir el cien por ciento
de la inversión, ya que por disposición legal solo es susceptible de deducción el cincuenta
por ciento de la inversión. Ciertamente el impedir la deducción del cien por ciento,
además de generar que el cumplimiento de una obligación se convierta en excesivamente
onerosa, aunado de que avizoraría su incumplimiento, también ocasiona desincentivo en
generar mayores y mejores inversiones, las cuales son en beneficio gratuito de los
trabajadores y sus familiares, siendo que el Estado debe apoyar e incentivar esta
obligación. Por lo tanto, concluyen que al establecer un límite de deducción, se impide
que los patronos puedan asumir mayores compromisos a los establecidos legalmente, lo
cual se da en beneficio de los trabajadores y sus familias, por lo cual, el artículo
impugnado vulnera el principio y obligación fundamental de que el Estado debe apoyar la
planificación y construcción de vivienda popular. Solicitaron que se declaren con lugar la
presente acción, y como consecuencia, inconstitucionales los artículos impugnados y, por
ende, sean expulsados del ordenamiento jurídico guatemalteco.
II. TRÁMITE DE LA INCONSTITUCIONALIDAD
No se decretó la suspensión provisional de las normas impugnadas. Se dio
audiencia por quince días comunes al Congreso de la República de Guatemala, al
Ministerio de Finanzas Públicas, a la Superintendencia de Administración Tributaria y al
Ministerio Público. Oportunamente se señaló día y hora para la vista.
III. RESUMEN DE LAS ALEGACIONES
A) Las accionantes no alegaron. B) El Congreso de la República de Guatemala se
limitó a solicitar que se le tuviera por evacuada la audiencia conferida. C) El Ministerio
de Finanzas Públicas manifestó: C.1) en forma general, que al Estado de Derecho le
es inherente e inseparable el poder tributario, y la Ley Fundamental desarrolla en forma
extensa los principios que rigen el Sistema Tributario Guatemalteco, entre los principios
formales el de legalidad tributaria en las dimensiones de reserva de ley, de preferencia de
ley y de tipicidad, que imponen que la única fuente creadora de tributos y determinadora
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de las bases de recaudación entre ellas las deducciones, es la ley en sentido formal y
material, decretada por el Poder Legislativo y de observancia general. La función atribuida
a esta Corte, como intérprete originario de la Constitución Política de la República de
Guatemala, induce a tomar en cuenta la naturaleza de las normas impugnadas que
comporta la aplicación de los principios de interpretación del Derecho Tributario como
disciplina jurídica autónoma (artículo 4 Código Tributario), rama del derecho con
instituciones propias, diferentes a las del derecho común, siendo la principal la Obligación
Tributaria, que es una obligación constitucional unilateral, de contenido económico [literal
d) del artículo 135 constitucional], y en la que priva el evidente interés público
constitucional que los contribuyentes cumplan en forma exacta sus obligaciones
tributarias de acuerdo a los principios de justicia, equidad tributaria y capacidad de pago,
que implica que los contribuyentes tributen basados en la verdad y realidad, y no
practiquen conductas elusivas y evasivas porque estas inciden negativamente en el
Sistema Tributario como fuente de recursos para la realización del bien común, el
cumplimiento de las obligaciones del Estado y la vigencia de la democracia; C.2) en
cuanto al artículo 5, primer párrafo, las accionantes se limitan a indicar que ésta
disposición impugnada tergiversa el artículo 2º constitucional, pero omiten realizar la
confrontación necesaria que impide el análisis de la impugnación, por cuanto omiten
razonar y expresar que la norma impugnada únicamente se aplica a cesiones y
enajenaciones de bienes y derechos y prestaciones de servicios por parte de personas
individuales o jurídicas y otros entes o patrimonios que realicen actividades mercantiles.
Es claro que la presunción de onerosidad no vulnera el artículo constitucional referido
porque se aplica exclusivamente a actividades mercantiles, y este hecho es inherente e
inseparable de las actividades lucrativas de conformidad con el segundo párrafo del
artículo 10 de la Ley de Actualización Tributaria. Que cuando en el último párrafo del
artículo 130 constitucional, el constituyente estableció que el Estado protegerá la
economía de mercado, se refería al término que todos entendemos como tal. Por otra
parte, las solicitantes de la inconstitucionalidad no argumentan ni mencionan motivos
jurídicos por los cuales la presunción de onerosidad puede vulnerar el artículo
constitucional referido. Sin embargo, en el Derecho Tributario, que es un Derecho
Autónomo, como en todas las demás ramas del derecho, existen presunciones, en este
caso la presunción iuris tantum está contenida en ley, y es razonable porque tiene
fundamento en la realidad, en los modos constantes de obrar de las persona que realizan
actividades mercantiles y se trata de una presunción que admite prueba en contrario, que
solo subsistirá mientras no se pruebe que la misma no es verdad, porque contrario a lo
manifestado por las accionantes, quienes indican que la referida disposición contiene un
"término impreciso e indeterminado", siendo claro que esas actividades mercantiles se
presumen retribuidas al valor del mercado, salvo prueba en contrario, lo cual garantiza la
seguridad jurídica del contribuyente. En consecuencia el párrafo contenido en el artículo
analizado establece la existencia de un hecho que en este caso es que las actividades
mercantiles son retribuidas, y lo que permite la norma cuestionada, es que el
contribuyente pueda demostrar lo contrario, por lo que la validez de esta presunción
subsistirá en tanto no se pruebe que la misma no es verdad, para el caso de las cesiones
y enajenaciones de bienes y derechos realizadas por dichas personas o entes que realicen
actividades mercantiles y es acorde con el artículo 2 del Código de Comercio que
establece quienes son comerciantes y que el ejercicio de esas actividades se realiza con
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fines de lucro. Por tanto, la norma impugnada es razonable en el Derecho Tributario, que
debe contar con herramientas que defiendan a la obligación constitucional tributaria a
través de gravar la realidad económica, por lo que no existe confrontación con los
artículos 12 y 14 constitucionales y la presunción de onerosidad para las actividades
mercantiles; C.3) en cuanto a la impugnación del artículo 21, numerales 5 y 9, manifestó
que conforme el artículo 239 constitucional, y en aplicación del principio de justicia
tributaria, la ley de mérito define que son gastos deducibles los útiles, necesarios,
pertinentes o indispensables para producir o conservar la fuente productora de rentas
gravadas. Es así, como que en el artículo 22 del Decreto 10-2012 del Congreso de la
República, el legislador dispuso aprobar que para que sean deducibles los costos y gastos,
éstos deben ser útiles, necesarios, pertinentes o indispensables para producir o generar la
fuente productora de rentas gravadas, debido a que todo gasto deducible debe probarse
con los documentos de soporte que establece dicho artículo, disposiciones que se aplican
exclusivamente al Régimen de Actividades Lucrativas Sobre Utilidades. En cuando al
numeral 5, reviste características de ley formal y material, y regula que serán deducibles
los aguinaldos y la bonificación anual para trabajadores del sector público y privado (Bono
14), hasta un monto, por un lado, del cien por ciento (100%) del salario mensual de los
mismos, y por el otro, hasta el establecido en los pactos colectivos de condiciones de
trabajo debidamente aprobados por la autoridad competente de conformidad con el
Código de Trabajo. Existe una meridiana claridad que es la ley la que establece la materia
de la deducción que infringe el principio de legalidad, ya que la ley establece los límites
de esa deducción. Es decir, el legislador fija que sí los pactos colectivos de condiciones de
trabajo debidamente aprobados por la autoridad competente aprueban como beneficio
otorgar un aguinaldo o bono catorce de un monto mayor al salario de un mes, ese será el
límite, como lo contempla el último párrafo del inciso analizado beneficio laboral que debe
tutelarse. En ese sentido la deducción establecida tanto para el aguinaldo como para la
bonificación anual para los trabajadores del sector privado y público (bono 14) quedan
establecidas de forma expresa en la ley, contrario a lo que pretenden interpretar las
Cámaras accionantes al denunciar que estas prestaciones laborales están sujetas a los
pactos colectivos de condiciones de trabajo. Las deducciones están sujetas a la ley en
coherencia con el principio de legalidad, su límite está en ella, lo cual comprende el
aguinaldo y bono catorce, o lo establecido en los pactos colectivos de condiciones de
trabajo; C.4) con relación al numeral 9 del mismo artículo, no es razonable que se
impugne una deducción otorgada en la ley, toda vez que, contrario a lo que hacen ver las
solicitantes, los contribuyentes pueden invertir sin ningún límite de monto, las cantidades
que decidan para inversiones en la construcción, mantenimiento y funcionamiento de
viviendas, escuelas, hospitales, servicios de asistencia médica y salubridad, medicinas,
servicios recreativos, culturales y educativos. Habida cuenta que la inversión constituye
un activo propiedad de los contribuyentes, el legislador constituyó una deducción
incentivo del cincuenta por ciento (50%). Por lo que, el fijar límites a las deducciones es
competencia que la Constitución le asigna al Congreso de la República y las cuales las
debe otorgar de conformidad con el principio de igualdad y equidad tributaria y el
principio de capacidad de pago. Que la razonabilidad de la deducción aludida, encuentra
su fundamento en varias circunstancias: i) A diferencia del resto de costos y gastos
deducibles contemplados en el artículo 21 ibid, la construcción, mantenimiento y
funcionamiento de viviendas, escuelas, hospitales, servicios de asistencia médica y
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normativa impugnada se encuentre vigente, pues uno de los efectos de la declaración que
se realice en sentencia es el de que, en caso de existir la contravención citada, la norma
impugnada pierda validez y sea excluido del ordenamiento jurídico. Y por otro lado,
aunque si concurra ese requisito, se determina que la norma ordinaria que se ataca, es
plenamente compatible con las normas constitucionales expresamente señaladas como
vulneradas.
-II-
Para la decisión del presente caso, se debe tomar en cuenta que mediante el
Decreto 19-2013 del Congreso de la República, publicado en el Diario Oficial el veinte de
diciembre de dos mil trece, y que entró en vigencia a partir del veintiuno del mismo mes y
año, ese órgano estatal emitió una serie de reformas a algunas leyes, y que, para el caso
en particular, resulta pertinente indicar que por medio del artículo 4 de ese decreto, se
reformó totalmente el artículo 5 (impugnado); y mediante el artículo 8 del mismo decreto,
se reformó (entre otros) el numeral 9 del artículo 21 (impugnado), las cuales se
encontraban reguladas en el Decreto 10-2012 del mismo órgano de legislación, variando
sustancialmente su contenido.
Como consecuencia de lo anterior, esta Corte se ve impedida a emitir
pronunciamiento alguno sobre la constitucionalidad de tales artículos, toda vez que por
las razones referidas, las normas impugnadas, tal cuales, dejaron de tener vigencia, y por
ende, la acción promovida contra tales artículos se quedó sin materia sobre la cual
resolver.
En virtud de lo anterior, el análisis respectivo que se hará en el presente fallo, será
únicamente sobre la impugnación del numeral 5 del artículo 21 del referido Decreto 10-
2012 del Congreso de la República, por ser esa norma la única que sí se encuentra
vigente, y acerca de la cual, los accionantes argumentan que viola el artículo 239
constitucional, porque atenta contra el principio de legalidad en materia tributaria, toda
vez que establece que una deducción queda sujeta a lo que establezcan los pactos
colectivos de condiciones de trabajo y no a la ley.
-III-
En contexto de lo anterior, la inconstitucionalidad promovida contra el numeral 5)
del artículo 21 (del Decreto 10-2012 del Congreso de la República, Ley de Actualización
Tributaria), los accionantes expresaron, en esencia, que viola el artículo 239
constitucional, porque atendiendo al principio de legalidad en materia tributaria, las
deducciones deben estar contenidas en ley, pero la norma impugnada establece y
considera como costo y gasto deducible el cien por ciento del pago de aguinaldo y
bonificación anual para los trabajadores del sector privado y público (bono 14), salvo lo
establecido en los pactos colectivos de condiciones de trabajo debidamente aprobados
por la autoridad competente, de conformidad con el Código de Trabajo. Lo que quiere
decir, que la referida deducción queda sujeta a lo que establezcan los pactos colectivos
de condiciones de trabajo y no a la ley, tal como prescribe el artículo constitucional
relacionado, lo que ocasiona inseguridad jurídica y riesgo de que la autoridad
administrativa, al aplicarla, pueda desconocer o ajustar dicha deducción por no estar
basada en una norma legal, lo que implica inexistencia de deducción.
-IV-
Al realizar el examen correspondiente, es pertinente hacer alusión al marco
general en que se ubica la norma impugnada dentro del Decreto 10-2012 del Congreso de
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poder tributario del Estado constituye básicamente, una facultad que posee este ente
para crear unilateralmente tributos, sin embargo, ese poder o facultad se ve delegado en
nuestro caso, al Congreso de la República, organismo competente para crear los
impuestos, arbitrios y contribuciones especiales mediante una ley que regule lo relativo al
tema, la cual deberá contemplar como mínimo lo regulado en el artículo 239
constitucional, es decir, el hecho generador, sujeto (s) pasivo(s) de la relación jurídica
tributaria, tipo impositivo, la base impositiva, infracciones y sanciones, deducciones,
descuentos reducciones y recargos (…)”.
Conforme lo anterior, se puede decir que el poder tributario se refiere a la
atribución otorgada constitucionalmente para crear, modificar, suprimir o exonerar
tributos y asimismo obtener coactivamente el cumplimiento de la obligación tributaria, la
que, conforme la Constitución Política de la República de Guatemala, la reconoce
únicamente como facultad exclusiva del Congreso de la República de Guatemala y
consagrada constitucionalmente en su artículo 239.
-V-
No obstante, que si en el ejercicio de la potestad tributaria, el Congreso de la
República no puede hacerlo de forma absoluta, porque para el efecto debe sujetarse a
determinados límites que son regulados en la misma Carta Magna y conocidos como
principios jurídicos tributarios, los cuales son mandatos de optimización que velan porque
en la creación de tributos, se cumpla plenamente con lo preceptuado en las normas
constitucionales. Dentro de esos principios se puede mencionar el de legalidad, el cual
ordena que solamente mediante una ley es posible imponerse cargas de orden tributario
a los ciudadanos. Por ende, aquel órgano del Estado de Guatemala puede ejercer la
potestad tributaria únicamente a través de la aprobación de una norma ordinaria, es
decir, de una ley.
Esa ley, también debe cumplir con otro principio, el cual es de “reserva de ley”.
Este mandato jurídico, ordena que a pesar de que la creación de un tributo este creado
en una ley, esta debe contener los elementos necesarios (mínimos) que descritos en
forma general y clara, doten de la certeza que su aplicación o cumplimiento. Dentro de
estos elementos se encuentran los que el artículo 239 ibídem describe como bases de
recaudación.
En ese contexto, una base de recaudación la integra precisamente la base
imponible, que constituye el elemento del tributo que permite cuantificar el hecho
imponible, es decir, la expresión cifrada del hecho generador, y que sirve para determinar
el objeto de la obligación que resulta ser la prestación tributaria. Dada la función de
determinación de la cuantía del tributo, ese proceso de cuantificación debe darse
conforme los criterios contenidos en forma general y clara en la base imponible.
La íntima relación entre hecho imponible y base imponible, obliga que la selección
del primero no quede desvirtuada por una definición normativa de la segunda y la alejen
de esa función medidora. Es decir, la definición de una base imponible debe corresponder
y ser razonable con el hecho generador, obtenida en atención a sus aspectos y
elementos, no a criterios o factores extraños a los que se integran el presupuesto de
hecho legalmente tipificado.
De la lectura del numeral 5 impugnado, se puede interpretar que el legislador
incluyó en forma general y clara, como un costo o gasto deducible para la determinación
de la renta imponible del Impuesto Sobre la Renta, hasta el cien por ciento (100%) del
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salario mensual tanto el aguinaldo como la bonificación anual para los trabajadores del
sector privado y público (bono 14), salvo lo establecido en los pactos colectivos de
condiciones de trabajo debidamente aprobados por la autoridad competente, de
conformidad con el Código de Trabajo.
El hecho de que el legislador haya dispuesto incluir esos rubros como un tipo de
gasto deducible, radica en que a un número indeterminado de contribuyentes le será útil,
necesario, pertinente o indispensable para producir o conservar la fuente productora de
sus rentas gravadas, contratar a personas individuales para que les presten servicios sus
personales. A cambio de ese servicio personal, el contribuyente deberá darle una
retribución, la cual, estará determinada por una cantidad monetaria (en dinero o especie,
según sea el caso), lo que constituirá un costo o gasto para aquellos.
Además, si el mismo se realiza bajo la dependencia continuada y dirección
inmediata o delegada del contribuyente o su representante, ese vínculo jurídico será de
índole laboral y estará regulado conforme las normas del Código de Trabajo, e inspirado
en los Principios del Derecho Laboral. De esa manera, respecto de esas personas que
ostentarán la calidad trabajadores, los contribuyentes (en su calidad de patronos) tendrán
la obligación de retribuirlos además del salario correspondiente, también con las
prestaciones laborales establecidas en tanto la Ley de Bonificación Anual para
Trabajadores del Sector Privado y Público, como en la Ley Reguladora de la Prestación del
Aguinaldo para los Trabajadores del Sector Privado (Decretos 42-92 y 76-78,
respectivamente, del Congreso de la República). En ambos casos, esas normas establecen
que cada una de las prestaciones será equivalente al cien por ciento del monto del salario
mensual. Por lo que, de igual manera que para el salario, el monto del pago de este tipo
de prestaciones constituye un costo o gasto, porque significará una erogación monetaria
que el patrono deberá desembolsar como parte del mantenimiento de la fuente
productora de sus rentas gravadas.
Ahora bien, que en la deducción prescrita en el numeral 5 referido, el legislador
haya incluido una salvedad, no es que esté remitiendo la deducción en sí misma a lo que
establezcan los pactos colectivos de condiciones de trabajo debidamente aprobados por la
autoridad competente, de conformidad con el Código de Trabajo, sino que, contrario a lo
que interpretan las accionantes, la misma (la salvedad) está referida al monto que el
contribuyente pague a sus trabajadores. Lo cual quiere decir, que si conforme el pacto
colectivo de condiciones de trabajo el contribuyente (en su calidad de patrono) está
obligado (por un compromiso voluntariamente adquirido) a retribuir en concepto de las
relacionadas prestaciones laborales un monto mayor al cien por ciento del salario, ese
excedente podrá incluirlo como gasto deducible en la determinación de su renta
imponible.
Conforme lo anterior, esta Corte aprecia la razonabilidad del contenido en la
norma impugnada, toda vez que ese tipo de acuerdos constituyen una de las formas
jurídicas por las que pueden superarse los derechos laborales y otorgan a las partes que
los suscriben, la certeza de su cumplimiento, de ahí que el precepto objeto de estudio, en
atención a la posibilidad de superar las condiciones mínimas de los trabajadores (que en
caso de ambas prestaciones equivalen al cien por ciento del salario de éstos), procure
garantizar la veracidad de dicho extremo por conducto de la condición legal de que tal
situación sea dispuesta por virtud de la negociación colectiva, en observancia de lo
dispuesto por las leyes de trabajo. Al constituir ese pago un desembolso que debe realizar
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