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Informe Bioquimica

El documento explica la importancia de la membrana celular en el transporte de sustancias, destacando su función como barrera selectiva y su estructura de bicapa lipídica. Se describen dos tipos de transporte: pasivo, que no requiere energía y permite el movimiento de moléculas a favor del gradiente de concentración, y activo, que sí requiere energía para mover moléculas en contra del gradiente. Ambos mecanismos son esenciales para mantener la homeostasis y el correcto funcionamiento celular.

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Informe Bioquimica

El documento explica la importancia de la membrana celular en el transporte de sustancias, destacando su función como barrera selectiva y su estructura de bicapa lipídica. Se describen dos tipos de transporte: pasivo, que no requiere energía y permite el movimiento de moléculas a favor del gradiente de concentración, y activo, que sí requiere energía para mover moléculas en contra del gradiente. Ambos mecanismos son esenciales para mantener la homeostasis y el correcto funcionamiento celular.

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MINISTERIO DEL PODER POPULAR PARA LA EDUCACIÓN UNIVERSITARIA

UNIVERSIDAD NACIONAL DE LARA

"MARTIN LUTHER KING"

YARITAGUA-EDO. YARACUY.

BIOQUÍMICA

Integrantes:

Diego Leal

Sección: 41102
En primer lugar, es importante entender que el movimiento de sustancias a través de la
membrana celular es fundamental para la vida de la célula. La membrana plasmática es una
estructura delgada y flexible que rodea la célula, funcionando como una barrera selectiva. Esta
membrana está formada principalmente por una bicapa lipídica con proteínas incrustadas, lo que
le permite controlar qué sustancias pueden entrar o salir. Gracias a esta selectividad, la célula
puede mantener un ambiente interno estable, conocido como homeostasis, que es esencial para
su correcto funcionamiento.

Por otro lado, el transporte pasivo es uno de los mecanismos principales para el movimiento de
moléculas a través de la membrana. Este proceso no requiere energía porque las moléculas se
mueven a favor de un gradiente de concentración, es decir, desde un área donde hay muchas
moléculas hacia otra donde hay menos. Dentro del transporte pasivo, encontramos la difusión
simple y la difusión facilitada. La difusión simple ocurre cuando moléculas pequeñas y no
polares, como el oxígeno y el dióxido de carbono, atraviesan directamente la bicapa lipídica.
Esto es posible debido a que estas moléculas pueden disolverse en los lípidos de la membrana y
moverse libremente. Por su parte, la difusión facilitada es necesaria para moléculas que no
pueden pasar tan fácilmente, como la glucosa o ciertos iones. En este caso, proteínas especiales
ubicadas en la membrana actúan como canales o transportadores, ayudando a estas moléculas a
cruzar sin gastar energía, siempre siguiendo el gradiente de concentración.

En cambio, el transporte activo es un proceso diferente porque sí requiere energía, generalmente


en forma de ATP. Este tipo de transporte mueve moléculas en contra del gradiente de
concentración, es decir, desde zonas con menor concentración hacia zonas con mayor
concentración. Esto es crucial para que la célula pueda acumular nutrientes esenciales o eliminar
sustancias tóxicas, incluso cuando estas se encuentran en mayor concentración fuera o dentro de
la célula. Las proteínas encargadas de este proceso son conocidas como bombas, y un ejemplo
clásico es la bomba de sodio-potasio, que mantiene el equilibrio de iones dentro y fuera de la
célula, lo cual es vital para funciones como la transmisión nerviosa y la contracción muscular.
Además, el transporte activo puede ser primario, cuando usa directamente ATP, o secundario,
cuando aprovecha la energía almacenada en gradientes de iones para mover otras moléculas.
Finalmente, es importante destacar que estos mecanismos de transporte trabajan en conjunto para
asegurar que la célula mantenga su equilibrio interno y pueda responder a cambios en el
ambiente externo. Mientras el transporte pasivo facilita el intercambio natural de gases y
nutrientes sin gasto energético, el transporte activo permite a la célula controlar y regular su
contenido interno de manera más precisa. En conjunto, estos procesos garantizan que la célula
tenga los recursos necesarios para crecer, reproducirse y realizar sus funciones vitales,
demostrando la complejidad y eficiencia del movimiento celular a través de la membrana.

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