Las cabras son rumiantes con características únicas que les permiten adaptarse a
condiciones adversas, destacándose por su inteligencia, curiosidad y capacidad
selectiva al alimentarse. Se agrupan en tres tipos según su producción: leche,
carne y fibra, con manejo diferenciado según la finalidad. A pesar de su
relevancia, especialmente en países con recursos alimenticios limitados, su
importancia no es siempre reconocida. Según la FAO, existen 720 millones de
cabras en el mundo, ocupando el quinto lugar entre los animales de granja más
numerosos. Su habilidad para consumir diversas plantas y su destreza física, que
les permite trepar y alcanzar alimentos inaccesibles para otros animales, les
otorgan una ventaja en la selección de su dieta (Huston & Hart, 2002).
De acuerdo con lo anterior, este trabajo aborda cómo optimizar la dieta de las
cabras lecheras y las estrategias que pueden aplicarse para mejorar su
alimentación.
Consumo de alimentos
El consumo de alimento es un factor clave en la salud y productividad de los
animales productores de leche, ya que la calidad y el manejo adecuado de la
alimentación y el agua determinan la seguridad de la leche producida. Es
fundamental garantizar que estos recursos estén libres de contaminantes físicos,
químicos o biológicos que puedan afectar el bienestar del ganado. Los residuos de
combustibles, plaguicidas y productos de limpieza representan riesgos químicos,
mientras que bacterias, virus y parásitos pueden comprometer la calidad del
alimento a nivel biológico. Además, la presencia de sedimentos, tierra y objetos
extraños constituye un peligro físico para la nutrición del animal. Para evitar estos
problemas, es esencial implementar un programa de bioseguridad que regule el
suministro de alimento y asegure condiciones higiénicas óptimas en los
comederos. Asimismo, todo producto utilizado en la alimentación, como aditivos y
alimentos medicados, debe contar con la aprobación de la Secretaría de
Agricultura, garantizando su uso seguro en el ganado productor de leche. Estas
prácticas permiten preservar la calidad del alimento y optimizar la producción
lechera de manera sostenible (Valenzuela, Gutierrez, & Vidales, 2023).
La estimación del consumo de alimentos es un aspecto clave en la formulación de
una ración adecuada para las cabras lecheras, ya que está influenciada por
diversos factores, como el peso vivo, la producción de leche, el estado de
lactancia y gestación, la digestibilidad del forraje y el tipo de alimento. En el caso
de las cabras, la gestación juega un papel crucial, pues el crecimiento de los fetos
reduce la capacidad de consumo, especialmente en las últimas etapas. Además,
la velocidad de paso del alimento en el rumen es más rápida que en ovinos y
vacunos, lo que les permite ingerir mayores cantidades de forraje, incluso aquellos
de menor digestibilidad. Su capacidad selectiva en el pastoreo es superior a la de
otras especies, lo que optimiza su consumo cuando se encuentran en praderas
naturales con vegetación de diferentes alturas. Durante la lactancia, el consumo
aumenta progresivamente a medida que avanza el periodo y la producción de
leche crece, alcanzando valores de hasta 2.72 kg de materia seca en cabras de 60
kg con producción de 5 litros diarios. Comprender estos factores y ajustarlos a las
necesidades del animal es esencial para garantizar una alimentación eficiente y
una producción óptima de leche (Jahn & Cofre, 2022).
Requerimientos nutricionales
Los antecedentes sobre requerimientos nutritivos de las cabras lecheras son
bastante más limitados de los que existen para ovinos y bovinos de carne y leche,
debido, principalmente, a que la cantidad de investigadores y fondos de
investigación para el rubro son escasos. La mayoría de los antecedentes
provienen del INRA de Francia, MAFF del Reino Unido y NRC de USA. Sin
embargo, varios de estos antecedentes son bastante antiguos y no se han
introducido nuevas recomendaciones durante largos períodos de tiempo, a
diferencia de lo ocurrido con las recomendaciones para vacunos de leche y carne
y ovinos. Con estas limitaciones se tratará el tema de la alimentación de la cabra
lechera (Jahn & Cofre, 2022).
Durante la lactancia, las necesidades nutricionales de la cabra aumentan
significativamente, lo que se refleja en su capacidad de ingestión de alimentos,
llegando a consumir hasta el 7% de su peso vivo.
En las primeras ocho semanas, la demanda de proteína bruta es del 5.5%,
mientras que en las últimas ocho semanas disminuye a 4.5%, con requerimientos
de energía metabolizable de 2.47 MJ y 2.34 MJ, respectivamente. La carencia de
energía y otros nutrientes esenciales puede afectar la producción y calidad de la
leche, repercutiendo negativamente en el crecimiento de las crías y la salud
general de la cabra. Un adecuado balance de proteínas y energía en la dieta es
clave para mantener una producción óptima de leche, evitando el agotamiento de
las reservas corporales y minimizando los riesgos metabólicos en la fase final de
la lactancia. Se recomienda suplementar la alimentación con concentrados ricos
en proteína cruda (18-20%) y nutrientes digestibles (75%) para maximizar la
productividad. En casos donde el forraje presenta alto contenido de materia seca,
el uso de suplementos con urea puede mejorar la digestibilidad y optimizar la
nutrición del animal (Gioffredo & Petryna, 2010).
Cabritos
La alimentación del cabrito es clave para su desarrollo y supervivencia. Un buen
peso al nacer y la ingesta temprana de calostro aseguran energía y inmunidad.
Durante el primer mes, la leche materna es esencial, y el suministro de
concentrado favorece el desarrollo digestivo. El destete debe hacerse entre las 10
y 12 semanas, asegurando una transición con alimentación sólida de calidad.
Entre el destete y los seis meses, la suplementación energética y mineral mejora
el crecimiento. A partir del cuarto mes, es recomendable incluir más fibra y
controlar el consumo de concentrados. En la producción comercial de cabritos, se
busca obtener carne y leche de alta calidad a través de una nutrición adecuada en
cada etapa (Gioffredo & Petryna, 2010).
Durante los primeros días de vida, los cabritos consumen calostro, esencial para
su inmunidad y desarrollo. A partir del cuarto día, se separan de la madre y
reciben leche en cubeta o botella bajo condiciones estrictas de higiene y
temperatura. La cantidad de leche varía según la edad, y desde las tres semanas
deben tener acceso a concentrados y heno de calidad. Si el objetivo es producción
de carne, pueden recibir leche hasta los seis meses, pero en producción de leche
esto no es recomendable, ya que reduce la cantidad disponible para consumo
humano, retrasa el celo de la madre y afecta el desarrollo del rumen en las crías
(E., Salinas, Luna, & Marmolejo, 2007).
Concentrado
El concentrado es un componente fundamental en la alimentación de las cabras
lecheras, ya que proporciona los nutrientes esenciales para su desarrollo y una
producción óptima de leche. Para evitar problemas digestivos como la acidosis
subclínica, se recomienda suministrarlo en al menos dos raciones diarias, lo que
favorece un mejor aprovechamiento del alimento y previene excesos de consumo
en periodos cortos. Este alimento puede ser elaborado comercialmente o
producido en el establo, siempre garantizando que cumpla con los estándares de
calidad y seguridad requeridos. Es crucial adquirir concentrado de proveedores
que cumplan con programas de inocuidad, como HACCP, y que cuenten con
certificaciones oficiales que garanticen su uso seguro en la alimentación del
ganado lechero. Además, es importante asegurarse de que el concentrado no
contenga residuos tóxicos ni ingredientes no autorizados, como proteína de origen
animal, para evitar riesgos sanitarios. La correcta manipulación del concentrado
también juega un papel clave en la salud del ganado, por lo que se debe evitar la
contaminación cruzada durante su preparación y almacenamiento, garantizando
que el alimento se mantenga libre de residuos fecales u otras impurezas. Su
almacenamiento debe realizarse en un lugar adecuado, protegiéndolo de factores
externos que puedan comprometer su calidad y seguridad. Implementar buenas
prácticas en el manejo del concentrado no solo contribuye a la salud del ganado,
sino que también optimiza la producción de leche, permitiendo obtener un
producto seguro y de alta calidad para el consumo humano. La nutrición
equilibrada y el control riguroso de los insumos empleados en la alimentación de
las cabras lecheras son fundamentales para alcanzar altos niveles de eficiencia y
bienestar animal dentro de los sistemas productivos (Valenzuela, Gutierrez, &
Vidales, 2023).
Para garantizar una producción eficiente de leche, es esencial complementar la
alimentación de las cabras con concentrados, además de proporcionarles forraje
de alta calidad. La composición del concentrado varía según el tipo de forraje
disponible, debiendo contener entre 2.9 y 3.1 Mcal de energía metabolizable y
entre 15% y 18% de proteína cruda. En estaciones cálidas, si las cabras tienen
acceso a praderas nutritivas o heno de alfalfa de buena calidad, el nivel de
proteína del concentrado puede reducirse a 14-15%. En contraste, si la ración está
basada en ensilaje de maíz, es necesario aumentar la proteína a 18-20%. La
cantidad recomendada de concentrado es de 0.15 a 0.25 kg por litro de leche
producida, lo que implica que una cabra con una producción diaria de 2 litros debe
recibir entre 0.3 y 0.5 kg de concentrado al día para asegurar su rendimiento
óptimo (Jahn & Cofre, 2022).
Forrajes
Los forrajes son fundamentales en la alimentación de las cabras y se dividen en
verdes, secos y ensilados. Los forrajes verdes, como la alfalfa, veza-avena y
cereales, son bien aceptados por el ganado y su valor nutricional varía según la
especie. Los forrajes secos, como el heno de alfalfa y esparceta, además de las
pajas de cereales y leguminosas, son muy apetecidos por las cabras y ofrecen
una excelente fuente de fibra y proteínas. En cuanto a los forrajes ensilados, como
el ensilado de veza-avena y maíz forrajero, pueden ser consumidos, pero en
cantidades moderadas para evitar desmineralización y problemas en la producción
de queso. Con una adecuada regulación del aporte de minerales, el ensilado es
una opción que favorece la producción lechera y contribuye a una dieta
balanceada para el ganado caprino. La correcta selección y manejo de estos
forrajes garantiza un equilibrio nutricional adecuado, optimizando la salud y
productividad de las cabras (Gomez, 2006).
Se considera que una alimentación basada en forraje fresco de buena calidad es
suficiente para cubrir las necesidades nutricionales de los rumiantes con una
producción moderada. El forraje constituye el pilar de su dieta, aunque su
variabilidad es significativa según la especie utilizada. Existen opciones como
gramíneas, leguminosas, forrajes verdes, henificados o ensilados, así como
algunas legumbres como coles y hortalizas. Es esencial tener en cuenta el nivel de
fibra en el forraje, ya que influye en la nutrición de las cabras. La estructura física
del alimento, incluyendo el tamaño de las partículas y el contenido de
carbohidratos estructurales, incide en la actividad ruminal, promoviendo la
salivación, la digestión de la fibra y la permanencia del alimento en el rumen. Un
forraje de alta calidad favorece la ingesta y acelera su tránsito hacia el intestino
delgado. Las cabras son altamente sensibles a la calidad del forraje, y un alimento
deficiente puede generar desperdicios de hasta el 50%, especialmente si los
sistemas de alimentación no están bien diseñados. El valor nutricional del forraje,
en especial su aporte energético, varía en función de la etapa de crecimiento en
que se encuentre; lo óptimo es aprovecharlo antes de la floración, ya que después
su calidad disminuye. Entre las gramíneas más utilizadas están la avena, el sorgo,
el maíz, el Rye Grass y el Orchard. Las leguminosas, como la alfalfa, tienen una
alta inclusión en la dieta de cabras lecheras, sobre todo aquellas con gran
producción. Las granjas con mayores niveles de producción suelen basar su
alimentación en el consumo de alfalfa, dado que influye directamente en la
cantidad de leche obtenida. Al igual que la alfalfa, los tréboles contienen altos
niveles de compuestos nitrogenados, aunque su consumo sin gramíneas debe
controlarse para evitar problemas digestivos como el timpanismo. En sistemas de
estabulación total, el forraje se conserva mediante henificación o ensilado. La
alfalfa seca o henificada puede representar más de la mitad de la ración en ciertos
casos. Por otro lado, el ensilado es una fuente clave de energía, aunque su acidez
puede reducir su consumo, por lo que se recomienda no superar el 15% de
inclusión en la materia seca de la dieta. Normalmente, el ensilado se produce con
maíz o sorgo, incluyendo toda la planta con la mazorca. La calidad del forraje
fresco influye directamente en el valor nutricional del ensilado o los henos (Molotla,
2008).
Combinación
La alimentación de cabras lecheras debe equilibrar el consumo de forraje y
alimento concentrado para garantizar una producción eficiente de leche. Se
recomienda ajustar la proporción de estos componentes según las necesidades
del animal y su nivel de producción. El forraje de calidad, compuesto por
gramíneas como avena, sorgo y maíz, junto con leguminosas como alfalfa, es
esencial para proporcionar fibra y nutrientes adecuados. Además, el uso de forraje
henificado o ensilado permite conservar los nutrientes y asegurar su disponibilidad
durante todo el año (Ortiz, 2022).
Para mejorar la eficiencia alimenticia, se recomienda una suplementación
estratégica con concentrados ricos en proteínas y energía, como maíz y soja.
Estos ingredientes complementan el forraje y ayudan a cubrir los requerimientos
nutricionales de las cabras lecheras. Sin embargo, es fundamental controlar el
consumo de ciertos alimentos, como los tréboles y la alfalfa, debido a su alto
contenido de nitrógeno, que puede provocar problemas digestivos como el
timpanismo si no se combinan adecuadamente con gramíneas (Aguilar, 2024).
Estrategia
ara garantizar una producción óptima de leche en cabras, es esencial una
alimentación equilibrada que proporcione los nutrientes necesarios en cada etapa
de su desarrollo. La dieta debe incluir una combinación adecuada de energía,
proteínas, vitaminas y minerales, acompañada de forrajes de alta calidad como
pastos, heno y leguminosas, los cuales favorecen la digestión y salud ruminal.
Además, la suplementación estratégica con probióticos y minerales puede
potenciar la producción y mejorar la calidad de la leche. Durante la fase de
lactancia, es crucial ajustar la alimentación para satisfacer las crecientes
demandas nutricionales, asegurando un rendimiento eficiente. Finalmente, el
monitoreo constante del estado corporal y de salud permite realizar ajustes
oportunos en la dieta, optimizando la producción lechera y el bienestar general de
las cabras (Molotla, 2008).
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