CERRO MATOSO Y EL TRABAJO SOCIAL EN CÓRDOBA
«La única práctica lamentable del trabajo social es aquélla que se acomoda a una cierta
rutina, a la adopción invariable de las mismas medidas ante cualquier situación sin ninguna
reflexión previa o espíritu de aventura»
Mary Richmond
La industria minera es el sector productivo que más rentabilidad económica le deja
al país, en Colombia más allá de la hidrografía, fauna y flora, también se producen
diferentes minerales (carbón, níquel, hierro, cobre, entre otros) cuya explotación legal
contribuye al desarrollo social generando múltiples empleos y comercio exterior
produciendo nuevos ingresos al país; su desarrollo se concibe en cuatro etapas: exploración,
construcción y montaje, explotación y cierre, por último el montaje (Ley 685, 2001).
Actualmente en Colombia se explota legalmente el 5% de la totalidad del territorio
nacional por medio de títulos los cuales suman un total de 9.602; entre ellos el que tiene la
compañía Cerro Matoso – South32, la cual tuvo su primer contrato para la exploración de
níquel en el año 1963 y hasta la fecha pasó de exploración a la explotación de este recurso
mineral a lo largo de 48 años. Este sector económico genera cierta polémica por su relación
conflictiva con el medio ambiente, entornos socioeconómicos y culturales, de tal forma que
consideran necesaria excluir de todo el territorio nacional la minería (Astrid Martinez,
2014). Investigaciones concluyen que una minería responsable equilibra la polémica entre
los grupos ambientales y los grupos empresariales en función a la minería, si las
instituciones funcionan, las empresas cumplen con mejores prácticas y si la sociedad civil
participa activamente en la regulación de exploraciones ilegales se lograría un equilibrio
ambiental con una menor contaminación.
Cerro Matoso es el proyecto minero más grande en el departamento de Córdoba,
cuyo principal centro de operaciones se encuentra en el municipio de Montelibano,
amparando a más de 2.000 empleados, se caracteriza por trabajar de manera conjunta con
empleados, contratistas, comunidades vecinas y el gobierno con la finalidad de mantener
una operación sostenible para el aporte social de la región y del país. Esta organización
cuenta con un departamento de recursos humanos, bienestar social y ambiental. Con un
historial de proyectos sociales a cargo de trabajadores sociales que buscan integrar a la
comunidad con el trabajo realizado por esta compañía.
Hablando del contexto geográfico donde opera Cerro Matoso es el alto San Jorge
conformado por los municipios de Montelibano, Puerto Libertador y San José de Uré al sur
del departamento de Córdoba, promoviendo la equidad de género cuenta con espacios
incluyentes para la integración laboral de mujeres, en un territorio que socialmente se ha
visto afectado por la violencia durante décadas y que en la actualidad prevalecen la
presencia de grupos armados al margen de la ley que ejercen presión sobre la población que
se encuentra alrededor del sector. Señalando que ha sido una población con diferentes
conflictos sociales se beneficia significativamente con la presencia de esta compañía en el
sector, pues provee los recursos para el desarrollo social de la comunidad.
Los valores corporativos guían hacia la responsabilidad empresarial pues enfatiza en
cuatro ejes: salud y seguridad, gestión ambiental responsable, relación armónica con las
comunidades y generación de valor para Córdoba y Colombia (Cerro Matoso, 2019). Los
proyectos de desarrollo social han sido ejecutados por medio de fundaciones contratistas
abarcando cuatro ejes: desarrollo económico, por medio de proyectos productivos con la
finalidad de erradicar la pobreza “Pretendemos contribuir a mejorar la realidad en la región,
según datos del Sistema de Planeación Zonal de 2012, el 72% de los hogares obtiene
ingresos inferiores a un salario mínimo mensual, 29% de la población económicamente
activa vive del rebusque y el 26% está desempleada” (Fundación Cerro Matoso, 2015).
El segundo, es el eje educativo, donde se ejecutan programas de Becas que han
llegado a una totalidad de 23 jóvenes de la región (Cerro Matoso, 2021), en tercer lugar se
desarrollan actividades de fortalecimiento institucional para el desarrollo personal de los
miembros de la comunidad; en último lugar se trabaja sobre la salud y el ambiente por
medio la fundación San Isidro con el objetivo de mejorar la calidad de vida de las personas.
Hasta aquí se ha evidenciado un trabajo ejemplar que integra las razones e intereses
corporativos con los de la comunidad, cabe resaltar que todo este trabajo de integración
social y ambiental se ha venido desarrollando en la última década, pues antes de esto la
compañía tenía un distanciamiento con la comunidad del sector a tal punto que se le
prohibía a los empleados relacionarse con la comunidad pidiéndoles que se quedaran en sus
respectivos hoteles después de su jornada laboral (Rendón, 2016) un cambio significativo
en las interacciones humanas, gracias a las labores desarrolladas por el trabajo social.
En toda esta situación de explotación minera en Cerro Matoso, emerge una parte de
la población del sector la cual se encuentra inconforme por la labor, población como la de
Unión matoso que es el caserío rural más cercano a los puntos de explotación no cuenta con
la garantía de los derechos básicos de vivir, “La Unión Matoso, la comunidad más cercana
a la explotación minera, es el pueblo más pobre del país, y sus habitantes sufren de
enfermedades relacionadas con la actividad de Cerro Matoso” (Rendón, 2016). Esta
comunidad se encuentra conformada por un cabildo indígena el cual rechaza la presencia de
la compañía en el sector, pues son los principales afectados, no cuentan con servicios
públicos, sus tierras son infértiles y las aguas están contaminadas, es esta población víctima
de las microindustrias necesitando la intervención del trabajo social para poder instruirse en
la gestión de proyectos, liderazgo comunitario, resiliencia y formación hacia la
sostenibilidad.
Desde la perspectiva analítica de las prácticas de explotación minera en el país se
puede decir que se abarcan el cubrimiento de las necesidades sociales por medio del trabajo
social, desde dos perspectivas, la primera de la organización encargada del proyecto con su
compromiso social, la segunda desde la perspectiva de la comunidad del sector hacia la
recepción y grado de conformismo con las consecuencias de la explotación en el sector.
Los objetivos del trabajo social están orientados a superar los obstáculos que
impiden avanzar en el desarrollo humano y en la mejora de la calidad de vida de la
ciudadanía (Barranco, 2004). La intervención profesional esta basada en los fundamentos
éticos, epistemológicos y metodológicos del trabajo social, desde un enfoque global, plural
y de calidad. La influencia de esta disciplina desde el área socio ambiental toma influencia
sobre todos los aspectos relacionados con la destrucción al medio ambiente por medio de
los patrones y comportamientos culturales de la sociedad, la perdida de suelos fértiles y
contaminación de las fuentes hídricas es una de las formas de daño ambiental causado por
el proyecto de explotación de suelo por níquel de Cerro Matoso.
Adriana Lievano (2013) afirma que los problemas ambientales son producto de las
actividades humanas; su solución traspasa el ámbito del control y del conocimiento
científico y técnico, con los cuales se ha pretendido revertir o detener el deterioro y
degradación ambiental. Desde esta disciplina se plantea dirigir la mirada a la reducción de
los impactos sobre la naturaleza y el territorio desde las causas o bases que generan el
malestar, por el contrario se perpetúan condiciones de conflicto e inequidad, teniendo en
cuenta que las mayores alteraciones a nivel de contaminación ambiental surgen por las
grandes industrias al intentar monopolizar el mercado y mantener el poder adquisitivo
atentando sobre el entorno y las comunidades más vulnerables.
Para la intervención desde la gestión ambiental Palacios (2002)aporta una
perspectiva denominada lugar-red, por la cual permite explicar las relaciones ambientales
dentro del marco del poder, señalando cuatro componentes: el actor social, la dimensión
espacio temporal, los elementos ambientales y el poder, estableciendo entre ellas una
relación la cual se refleja en medio de los fenómenos sociales, mostrando una metodología
de trabajo desde el enfoque territorial el cual es esencial al abordar conflictos ambientales
suscitados por los proyectos minero-energéticos y asociados con políticas administrativas
que no reconocen las consecuencias negativas que se generan en los territorios a causa de
decisiones en las que predomina mantener el sector económico.
Finalmente se puede concluir en base a lo anterior que existe la necesidad de un
equilibrio entre las fuerzas de consumo y deterioro ambiental dado a la prioridad que se le
ha dado al mantenimiento económico prima sobre el cuidado de contexto donde habitamos
los seres humanos, siendo una situación paradójica que se instaurado en la cultura como
esencia de la especie, el cual ha sido objeto de estudio de la ecología política mostrando
que estos conflictos no se resuelven por la vía de la valoración económica de la naturaleza
ni por la asignación de normas ecológicas a la economía (Leff, 2003).
Referencias
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