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El Bonzai

El cultivo de bonsais ha ganado popularidad en España, atrayendo tanto a aficionados tradicionales como a nuevos entusiastas que buscan una conexión espiritual con la naturaleza. Este arte, que combina técnicas de jardinería con un profundo contexto filosófico, ha evolucionado desde sus raíces en la religión taoísta y el budismo zen hacia una práctica más accesible en el mundo occidental. A pesar de las críticas sobre su impacto en las plantas, el bonsai sigue siendo una forma de expresión artística que refleja la armonía y la belleza de la naturaleza.

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El Bonzai

El cultivo de bonsais ha ganado popularidad en España, atrayendo tanto a aficionados tradicionales como a nuevos entusiastas que buscan una conexión espiritual con la naturaleza. Este arte, que combina técnicas de jardinería con un profundo contexto filosófico, ha evolucionado desde sus raíces en la religión taoísta y el budismo zen hacia una práctica más accesible en el mundo occidental. A pesar de las críticas sobre su impacto en las plantas, el bonsai sigue siendo una forma de expresión artística que refleja la armonía y la belleza de la naturaleza.

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El Bonzai, arte y naturaleza

Cultivar bonsais puede resultar una actividad gratificante en sentido espiritual tal como
la concibieron sus creadores chinos, o quedarse en una simple afición jardineril un tanto
exótica.

De un tiempo a esta parte se ha extendido como la pólvora una nueva moda para el
tiempo libre entre los nuevos yuppies o gentes con ganas de disfrutar nuevas
ambiciones: se trata de cultivar y coleccionar bonsais. La fama alcanzada por este viejo
arte oriental ha despertado todo tipo de reacciones.

Por una parte, los aficionados de tradición tratan de aclarar que su afán no es de ahora,
sino de hace varios años. Otros, sin temor al qué dirán, aprovechan la popularidad
alcanzada por el hobby presidencial y se entregan a él, por si guardase alguna relación
con el éxito en la vida.

Los hay también que sacan beneficios rápidos, vendiendo plantoncitos con apariencia de
árbol como si fueran bonsais auténticos y viejos. Están también los detractores de una
práctica que consideran "torturadora" para las plantas, que desvirtúa las especies
vegetales, haciéndolas sufrir.

Por último habría que citar a los que intentan con el bonsai aPróximarse a una vía
sugestiva de conocimiento de la Naturaleza, un poco rodeada de un misterio muy
oriental. El caso es que abundan ya en España las Escuelas de Bonsais, potenciadas
incluso por algunas universidades, que imparten cursos a los interesados, y también
pequeños talleres donde los aficionados se reúnen, consultan dudas y se enriquecen con
la experiencia de otros más veteranos.

CUIDAR MACETAS CON ESTILO ORIENTAL

Algunos entendidos piensan que cuidar bonsais no es muy distinto de cualquier otra
tarea de jardinería, sólo que más elaborada y pensada y que, por tanto, está bastante al
alcance de cualquiera que sienta una inclinación por las cosas naturales, que sepa
apreciar la satisfacción de dar forma a un árbol, recreando paisajes, montañas y bosques.

Por otra parte, las viviendas actuales, con poco espacio, no permiten un disfrute de la
jardinería que, sin embargo, sí es posible con los árboles en macetas. Como en todo, lo
mejor es no complicarse excesivamente la vida y enfocar el asunto con sencillez, tal
como se debió de plantear en principio, y romper con la opinión de que cultivar bonsais
es dedicarse a torturar a unos pobres arbolitos enanos. Después de todo, siempre se ha
acostumbrado a guiar el crecimiento de los árboles y las plantas, con elementos como
alambres, estacas, etc., sin que por eso nadie haya levantado la voz de alarma acerca de
la tortura que se les aplicaba. Lo esencial es, sin duda, tener algunos conocimientos de
Botánica, los suficientes como para no dejarse deslumbrar por las terminologías latinas,
que tanto abundan en catálogos y exposiciones de bonsais, y por supuesto,
familiarizarse con las técnicas de tratamiento de las plantas bonsai que, muy al modo
oriental, están perfectamente sistematizadas, a través de una práctica que ha ido
acumulando experiencias de siglos.

Y es que lo interesante no es gastarse un dineral comprando un bonsai que


presuntamente tiene veinte o treinta años, sino hacerlo uno mismo, convertir un plantón
de alguna especie vegetal que sea receptiva en un árbol en miniatura, capaz de expresar
toda la inmensa gama de matices que ofrece la Naturaleza y transmitir ideas y formas al
que lo contempla, reflejo de las que, a su vez, intentó conferirle en años de paciente
trabajo y cuidado.

LO IMPORTANTE ES LO QUE NO SE VE

Más allá de sus elementos técnicos elaborados y de los resultados visibles que se
obtengan en el tratamiento de una planta, se podría decir que, lo más importante de un
bonsai, es su contexto filosófico, que se basa en un origen religioso. Este origen, o por
lo menos lo más antiguo que se conoce del bonsai, parece centrado en China, en
relación con la Religión Taoísta, con su mensaje de comunión con la Naturaleza, porque
todo el Universo está gobernado por el Tao, que es como el sentido de la vida, la
armonía interna de todo lo que existe, su razón de ser. Para los taoístas, además, las
miniaturas son capaces de condensar la energía natural y, por lo tanto, guardan una
especie de poderes especiales, sobre todo si están contorsionadas o configuradas por
condiciones adversas.

El paso de esta práctica de China al Japón motivó que se le aportasen nuevos enfoques,
tanto técnicos como filosóficos y religiosos, pues pronto fue adoptada por el Budhismo
Zen. Los monjes zen se convirtieron en grandes maestros del bonsai y, desde el
principio, le confirieron una mayor ritualización y jerarquía. A pesar de su
popularización, todavía sigue siendo un arte que se aprende de una relación práctica
entre maestro y discípulo, un poco al estilo de los talleres de los artistas del
Renacimiento en Europa. El respeto y veneración por un maestro bonsai es tal, que un
árbol tratado por uno de ellos alcanza altísimas cifras cuando es puesto a la venta. Se
cuenta, por ejemplo, que a alguien que ya tenía jerarquía de maestro, se le ocurrió una
vez poner en un bosque un árbol muerto, cosa que ninguno había hecho antes. Hizo
varios con ese elemento, pero en secreto, y sólo los expuso a la vista de la gente cuando
su propio maestro le dio permiso para ello.

En la actualidad, esta rigidez normativa ha dado paso a una mayor elasticidad, a lo que
sin duda contribuye el hecho de que el bonsai haya pasado de los monasterios zen a las
modernas terrazas de los apartamentos occidentales.

Cuando en 1909 se realizaba por primera vez en Europa, concretamente en Londres, una
exposición de bonsais, se abría una nueva etapa para este árbol oriental, cuyos primeros
testimonios datan del siglo XIV en China. En todos estos siglos, numerosos estilos se
han sucedido en la práctica de un arte que, más allá de una simple afición de jardinería,
busca expresar estados de ánimo, ideas y formas, además de estar en comunicación con
la Naturaleza.

OTRA FORMA DE VER LAS COSAS

Uno de los signos que parecen desprenderse de la presencia del bonsai en Occidente es
que va perdiendo su carácter religioso o filosófico que tuvo en sus orígenes, cuando los
monjes zen lo practicaban para desarrollar la capacidad de concentración y meditación.

Aunque no deja de mantener su carácter enigmático, no cabe duda de que los maestros
orientales se han visto sustituidos por los clubs de aficionados de Occidente y las
revistas especializadas. Se atiende a la perfección y eficacia de las técnicas empleadas, a
la espectacularidad de los efectos logrados, y hasta a la competición que se establece en
exposiciones diversas, más que a la idea que el bonsai, en un plano más espiritual,
intenta transmitir.

Por otra parte, la forma de apreciar el tiempo que se tiene en Occidente, tan diferente a
la oriental, se ve reflejada, por ejemplo, en lo que se considera en la actualidad un buen
bonsai: debe tener aspecto de árbol fundamentalmente, aunque sea un ejemplar
inmaduro de cinco años. Sin embargo, antes, se decía que para que un árbol fuera
perfecto necesitaba, por lo menos, cincuenta años de maduración.

El cariño que tenían los japoneses por sus bonsais se ve ejemplificado en el argumento
de una obra de teatro "noo" en la que el labrador Tsuneyo, que no tenía más que tres
bonsais -un pino, un cerezo, y un albaricoquero-, los quemó una noche de nieve para
calentar a un ilustre huésped que se presentó de improviso en su casa y que luego
resultó ser un gran sabio.

VARIADOS ESTILOS

Una de las cualidades que desarrolla el bonsai es la capacidad de observación y de


apreciar los detalles. Así, el que se acerca por primera vez a contemplar una colección
de estas plantas, quizá al principio piense que todas son más o menos iguales. Sin
embargo, pronto apreciará que existen distintos estilos, maneras muy diversas de tratar y
dar forma a una planta.

Estos estilos diferentes llegaron a plantear encendidas polémicas y hasta corrientes


distintas o "escuelas" en el arte del bonsai. Por ejemplo, al principio, los cultivadores
más tradicionalistas sólo admitían como bonsais especímenes tomados de la Naturaleza
en situación límite, pues crecían en suelos pobres y condiciones adversas, que habían
modificado su nivel de desarrollo. Otro estilo que hizo furor fue el llamado "literario",
pues se buscaba que la forma de las ramas y la silueta en general de la planta siguiese
las líneas de determinado "kanji" o ideograma de la escritura china, por supuesto en
relación siempre con la idea que el bonsai intentaba transmitir.

No obstante, y aunque actualmente predomina una mayor elasticidad y libertad para


elegir el estilo y forma que uno quiera darle, hay una serie de elementos que siempre
deben tenerse en cuenta. Estos elementos son de dos órdenes: metafísicos y técnicos.
Entre los primeros, los manuales de bonsais suelen coincidir en citar los siguientes:
unidad, verosimilitud, movimiento y gesto, potencia sugestiva y contenido lírico.

Por lo que se refiere a los segundos, se deben tener en cuenta: el formato, los puntos, las
líneas, las masas, los ritmos y simetría, la perspectiva, la entonación y los contrastes. Se
recalca que lo fundamental es que, antes de todo, exista una idea bien clara, que vendrá
a presidir todo el trabajo y a ser como el tema de una composición; por ejemplo, la
serenidad, la capacidad de superar las adversidades o la unidad dentro de la variedad,
principio éste que resulta esencial en la filosofía bonsai.

El desarrollo de los formatos sigue también esquemas bien definidos. Puede ser
rectangular, cuadrado, ovalado, circular o triangular. Estas figuras adoptan fórmulas
matemáticas siguiendo la llamada proporción áurea. Una expresión de estos cálculos,
que se percibe a simple vista, es que el tronco principal del bonsai nunca surge desde el
centro de la maceta, sino que aparece ligeramente desviado, consecuencia de las
medidas áureas y de que se emplea la llamada simetría equivalente.

Las líneas que van a seguir tronco y ramas en su crecimiento controlado, tienen también
asignado un simbolismo expresivo perfectamente definido, que según un maestro de
bonsai español, se puede resumir de la siguiente forma: la línea recta expresa fuerza que
se lanza sin encontrar obstáculos. Si es vertical asociada a masas verticales y
rectangulares, fuerza ascendente, vigor, acción, decisión mental, alegría, idealismo,
crecimiento. Si tienden a la horizontalidad, hablaría de una "fuerza vencida por la
gravedad», por lo tanto, reposo, estabilidad, calma, severidad, negación, sueño y
muerte.

Por su parte, las líneas inclinadas muestran inestabilidad, movimiento, inquietud,


provisionalidad. Las curvas simbolizan lo acabado y perfecto, elasticidad, flexibilidad y
vitalidad, femineidad, amor. Las espirales expresan la fuerza que se repliega para
lanzarse, y las quebradas el movimiento fulgurante, energía, violencia y poder.

MUCHOS ARBOLES AUTOCTONOS PUEDEN CONVERTIRSE EN BONSAI

El ojo del aficionado al bonsai que se ejercita en contemplar y se aficiona a descubrir


pequeños detalles que son reflejo de lo que la Naturaleza produce "a gran escala", no
desdeña las formas caprichosas de ciertas piedras o pequeñas rocas, para incorporarlas a
sus composiciones. De hecho, una variedad muy valorada del bonsai llamada "saikei" o
paisaje, va a darle la oportunidad de recrear pequeñas montañas, precipicios, valles y
bosques, que quizá contempló alguna vez e impactaron su espíritu. Una piedra que en
principio se considera "interesante" debe guardarse a tal efecto, pues puede recibir un
tratamiento que la incorpore al mundo del bonsai. Hay quienes se hacen cortar
determinado fragmento de una piedra, que es el que sirve, o recomponer varias,
pegándolas con resina, hasta lograr el efecto buscado. No sirven los cantos rodados,
porque su capacidad expresiva es muy limitada, y se prefieren piedras más bien tipo
rocas, con aristas y concavidades.

LAS SIETE ETAPAS DE LA FORMACION DE UN BONSAI

Una vez que se tiene la idea clara sobre lo que uno quiere expresar y transmitir con un
bonsai, se puede empezar a trabajar. Es preciso antes hacer esquemas y bocetos de la
forma, tamaño, líneas y proporciones que se quieran en armonía con la idea, pues lo que
caracteriza al bonsai es que la espontaneidad natural que puede verse en uno ya logrado
y maduro, no es más que el fruto de un trabajo cuidadoso, en el que nada se produce sin
que sea querido y dirigido por el cultivador. Cada hoja, cada brote, estará donde deba
estar, según el plan trazado por el hombre, que a su vez deberá entablar una especie de
diálogo o comunicación con la planta, en orden a estar capacitado para interpretar sus
necesidades, sus "deseos" y no forzar excesivamente su naturaleza. Quizá este aspecto
sutil sea uno de los más difíciles de conseguir y, sin embargo, garantiza el eventual
éxito del cultivador con su bonsai. Además, deberá conocer lo máximo posible sobre la
especie de planta con la que quiere trabajar, tipo de tierra que requiere, grado de
humedad, etc., con el fin de tener una base de la que partir con el tratamiento bonsai.

Ni que decir tiene que la maceta es de capital importancia. Los aficionados prefieren las
japonesas, especialmente diseñadas al efecto, dotadas de los agujeros necesarios, que
deberán servir para sujetar las raíces de la planta, y con la porosidad del gres, que es la
justa para conseguir y conservar el grado de humedad que se requiera.

Generalmente, se tienen en cuenta siete etapas en la formación de un árbol bonsai y


cada una de ellas requiere la aplicación de las diferentes técnicas específicas. Son las
siguientes: obtención del tronco apropiado, obtención de las raíces vistas, obtención de
las ramas principales, obtención de las ramas secundarias, obtención del ramaje y de la
masa del follaje, reducción de las hojas y aplicación de las técnicas del bonsai para
mantener el resultado conseguido. Habría que añadir una condición que debe
mantenerse todo el tiempo: no tener ninguna prisa, pues un error producido por el
apresuramiento puede condicionar resultados de años.

CONVERTIR EN BONSAI UN ARBOL COMUN

Aunque consideran los especialistas que un verdadero bonsai siempre es el que ha sido
tratado en Japón, la verdad es que hay bastantes especies vegetales que admiten este
tipo de tratamiento, sea a partir de sus semillas, o recogiendo plantones que se
encuentren en estado silvestre. En general, se puede decir que son aptos los que tienen
hoja pequeña, con enramado frondoso. Estas cualidades las tienen por ejemplo los
olmos, endrinos, espinos y abedules, que se pueden obtener con relativa facilidad a
partir de semillas. También se incluyen los robles, hayas, castaños de indias y manzanos
silvestres. En cuanto a los cerezos, almendros, melocotoneros y ciruelos, que son todos
del género "prunus", son también árboles que resultan fáciles de cultivar con el sistema
bonsai. Se suele aconsejar que se haga a partir de semillas porque así crecen más
despacio y es más fácil darles forma.

Hay otros árboles que arraigan a partir de esquejes y que también son aptos para este
tratamiento, tales como los jazmines de invierno y los membrillos, los sauces y los
arces, de Japón o Canadá.

Las coníferas son una especie casi "tradicional" del cultivo bonsai. De estos árboles, son
aconsejables los alerces, los pinos escoceses y los silvestres.

La encina es otro de los árboles de hoja perenne que resulta fácil de cultivar; tanto si se
obtiene a partir de bellotas recién cogidas como de un plantón, tolera muchos tipos de
tierra y resulta fácil dirigir sus ramas.

El boj común de los jardines ofrece muy buenos efectos al tratamiento bonsai pues sus
hojas son pequeñas. Lo mismo sucede con el "tejo común" y con los cedros.

Una vez elegida la especie, que da por delante un largo aprendizaje de podas y esquejes,
de injertos y riegos. Los maestros japoneses tienen a los aprendices varios meses
pinzando los brotes de los bonsais, primera lección que debe aprender cualquier novato,
con los dedos y sin herramientas. Humilde y simple manera de acercarse a un arte que,
más allá de las técnicas jardineras, tiene un trasfondo mucho más complejo y rico.
Cómo crear un bonsái

Crear un bonsái es un arte milenario. Las técnicas adecuadas para


llevar a cabo la correcta transformación de una rama en un árbol en
miniatura fueron desarrolladas por los japoneses. No se trata de
métodos excesivamente complejos, pero es necesario tener un mínimo
conocimiento de los mismos para poder realizar esta reconfortante
tarea.

Existen diferentes estilos para llevar a cabo la creación de un bonsái. Sus normas y
características dependen del tipo de base que se emplee a la hora de formar un árbol en
miniatura. De este modo, los bonsáis se pueden obtener a partir de una semilla, un
esqueje, un injerto, un acodo, una planta silvestre o una procedente de un vivero. Según
el sistema seleccionado, los pasos a seguir serán más o menos complicados.

Misho: bonsái con semilla


Para crear un bonsái a partir de una semilla, se ha de comenzar por
elegir la especie que se desea cultivar y por plantar ésta en una
maceta. Cuando la planta comience a crecer se inicia su formación de
acuerdo con el estilo que se quiera conseguir. Hay determinadas
especies que resulta más adecuado propagar mediante este sistema
para garantizar su supervivencia. Éste es el caso de pinos, abetos o
robles.

El Misho es una técnica apropiada para el perfeccionista, puesto que


la planta comienza a modelarse desde el principio, evitándose así
cualquier fallo. Es imprescindible saber con seguridad que las
semillas que se van a usar son de la última cosecha. En caso
contrario, pueden haber perdido su capacidad de germinar.

Antes de introducir la semilla de una conífera en la tierra, conviene


dejarla en remojo 24 horas. Las que queden suspendidas en la
superficie del agua, se desecharán. Hay otras que deben ser rotas o
rayadas a causa de su dureza. Este es el caso de los granos de
acacia, robina, cytisius o laburnum. También hay algunas que requieren de la
estratificación, es decir, exposición a bajas temperaturas. Para ello, se tienen que poner
en agua fría de 12 a 14 horas, se escurren, se mezclan con serrín y turba y se guardan a
temperaturas entre los 2 y los 7º durante unos dos meses.

Una vez se hallan preparado las semillas, se procederá con la siembra


de las mismas. No hay que olvidar que la capa inferior depositada
sobre la maceta, ha de ser de gravilla o tierra volcánica para evitar
errores en el drenaje. La temperatura ideal de germinación oscila entre
los 20 y los 25º. Cuando las plantas hayan crecido, se trasplantan a
tiestos independientes. Tras esto, permanecerán durante dos años en
macetas normales. El tercer año, ya es posible plantarlas en
recipientes especiales para bonsáis y comenzar su formación.

Sashiki: bonsái con esqueje


Se trata de una técnica muy utilizada, ya que la mayor parte de los futuros bonsáis se
reproducen así con facilidad. Es recomendable hacer uso de los esquejes de tallo para
cultivar azaleas, enebros, arces, amarindos, camelias, etc.

Los esquejes de tallo se obtienen de los restos de la poda de la


planta madre. Para su correcto desarrollo necesitan dos tipos de
temperaturas. Una más cálida en la base para permitir la producción
de raíces y una más fresca en la parte superior para limitar su
crecimiento, no agotar sus reservas y evitar la pérdida de agua.

Hay cinco clases diferentes de esquejes que se clasifican según su


madera y según la dureza de la misma. Según su madera los esquejes pueden ser de
madera blanda y de madera verde. Los primeros, se corresponden con especies de hoja
caduca y son los más rápidos en la generación de raíces. Por otro lado están los de
madera verde, que se recortan a principios y a mediados de verano y necesitan un
ambiente más controlado.

Dependiendo de la dureza de la madera, los hay de tres tipos. El primero de


ellos es el de madera semidura, que es característico de las plantas de
crecimiento lento. El segundo, el de madera madura, que se recorta en
invierno. Y, el último, el de madera dura, que no requiere regulación
ambiental.

Si se pretende conseguir un buen enraizamiento conviene plantar el esqueje el


mismo día de su poda y que su longitud sea de 7 a 12 cm. Además, es importante que en
la parte superior del tallo queden 2 ó 3 hojas. La tierra usada ha de ser muy porosa. Se
deben emplear hormonas de enraizamiento y evitar la luz directa o excesiva.

Cuando se hayan plantado los esquejes se deben regar periódicamente y rociar con
fungicida cada 7 días. Pasados tres meses, se puede usar algún tipo de fertilizante. Una
vez alcancen una altura d e20 cm, se trasplantan a macetas individuales.

Tsugiki: bonsái con injerto


El injerto consiste en la mezcla de dos plantas de diferente especie para lograr que
crezcan como una sola. Una de estas dos partes se convertirá en la zona aérea
de la planta y recibirá el nombre de 'injerto'. Mientras que la otra, conformará
la parte inferior y se denominará 'patrón'. Para que el injerto prospere, se
emplearán plantas del mismo género. De este modo, se ha de seleccionar una
planta con hojas pequeñas y crecimiento lento y otra con crecimiento rápido.

La mejor etapa del año para realizar esta operación es a principios de la


primavera. Los dos mecanismos más empleados son el injerto inglés o de
lengüeta y el injerto de costado.

El injerto inglés es apto para los esquejes de pequeño tamaño (de 0,5 a 1,5 cm). Los
cortes que se realicen en el patrón deben ser idénticos a los del injerto. Se hace un corte
de 3 a 6 cm y otro en sentido opuesto para permitir que encajen un injerto con otro. Se
unen y se envuelven con rafia hasta que se hayan soldado.

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