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Ensayo Introducción

Carlos Tovar, conocido como Carlín, utiliza sus caricaturas para criticar la corrupción en el Perú, abordando temas como la impunidad y la hipocresía de los políticos. A través de recursos como la ironía, la representación de la hipocresía y la crítica a los medios de comunicación, sus obras invitan a la reflexión sobre la normalización de la corrupción en la vida pública. Sus caricaturas no solo buscan provocar risa, sino también concienciar al público sobre los abusos de poder y la fragilidad moral de los líderes políticos.

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Ensayo Introducción

Carlos Tovar, conocido como Carlín, utiliza sus caricaturas para criticar la corrupción en el Perú, abordando temas como la impunidad y la hipocresía de los políticos. A través de recursos como la ironía, la representación de la hipocresía y la crítica a los medios de comunicación, sus obras invitan a la reflexión sobre la normalización de la corrupción en la vida pública. Sus caricaturas no solo buscan provocar risa, sino también concienciar al público sobre los abusos de poder y la fragilidad moral de los líderes políticos.

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La perspectiva de Carlos Tovar sobre la corrupción en el Perú

La corrupción es y seguirá siendo uno de los principales males que a lo largo


de la historia causó varios problemas al Perú en lo social como lo económico.
Esta enfermedad ha llevado a que diversas figuras políticas, empresariales y
mediáticas se vean involucradas en múltiples escándalos de enriquecimiento
ilícito, clientelismo y abuso de poder. Bajo este enfoque el caricaturista
Carlos Tovar, como caricaturista político peruano antepone el arte gráfico como
instrumento crítico para la denuncia y exhibicionismo a través de sus
caricaturas, Carlín trata temas como la impunidad, la hipocresía de los
discursos políticos, el financiamiento ilegal de campañas y la degradación del
periodismo. Así, sus caricaturas no solo provocan risa o indignación, sino que
invitan a una reflexión profunda sobre la normalización de la corrupción en la
vida pública peruana.

Según líneas arriba, los elementos icónicos, verbales y de fondo muestra la


perspectiva de la corrupción en el Perú: Carlos Tovar a través de la ironía,
hipocresía, el rótulo de América TV y la expresión facial, muestra dicha
problemática.

En primer lugar, la ironía evidencia cómo algunos líderes políticos intentan


mostrarse como inocentes ante actos comprobados de corrupción. Alan García,
expresidente del Perú, fue investigado por el caso Odebrecht, una de las redes
de corrupción más grandes de América Latina, acusado de recibir sobornos a
cambio de favorecer a la empresa en licitaciones del Metro de Lima. A pesar de
las pruebas e indicios, García insistió en su inocencia, incluso afirmando que se
trataba de una persecución política. La ironía recae en que, mientras declaraba
públicamente su lucha contra la corrupción, su gobierno era señalado por actos
ilícitos graves. Esta contradicción también se refleja en sus posturas públicas:
en múltiples discursos prometió mano dura contra la corrupción, pero sus
propias gestiones fueron opacas y estuvieron rodeadas de funcionarios
investigados. Organismos como la Procuraduría Anticorrupción y reportajes del
Consorcio de Periodistas de Investigación corroboraron las irregularidades en
los contratos firmados durante su mandato. Esta actitud no solo mina la
confianza en las instituciones, sino que normaliza la impunidad de los altos
funcionarios. En conclusión, el uso de la ironía en este caso pone en evidencia
la desconexión entre el discurso político y las acciones reales de personajes
como García, lo que refleja cómo la corrupción en el Perú se perpetúa
mediante la manipulación del relato público.

En segundo lugar, el recurso de la hipocresía permite representar cómo


diversos políticos peruanos denuncian la corrupción en sus rivales, mientras
incurren en prácticas similares desde sus propios espacios de poder. En la
imagen, se observa a tres personajes que aparentan tener autoridad moral
para hablar contra la corrupción, pero cuyas bolsas repletas de dinero
contradicen sus palabras. Este contraste entre el discurso y la acción es una
forma clara de hipocresía, y la caricatura lo expone visualmente mediante la
exageración del dinero oculto y los rostros sonrientes. A través de este recurso,
el autor busca denunciar el doble discurso que ha caracterizado a muchos
representantes del Congreso o líderes de partidos políticos, que impulsan
investigaciones o denuncias contra otros actores mientras, paralelamente,
participan en redes clientelistas o de malversación. Casos como los de Joaquín
Ramírez, César Acuña o incluso figuras del fujimorismo han mostrado cómo
algunos sectores políticos instrumentalizan la lucha anticorrupción para fines
personales. En conclusión, esta representación denuncia cómo la corrupción
no se limita a un solo bando político, sino que se extiende transversalmente,
alimentada por la hipocresía de quienes se presentan como fiscales morales
mientras participan en los mismos actos que condenan, erosionando aún más
la confianza ciudadana en el sistema político.

En tercer lugar, el rótulo resalta el rol de los medios de comunicación en la


representación y cuestionamiento de figuras políticas implicadas en corrupción.
Los canales de televisión, como América TV, han sido escenario tanto de
denuncias como de encubrimientos, dependiendo de sus vínculos con el poder.
En muchos casos, el nombre o símbolo del canal, cuando aparece en
caricaturas políticas, representa una crítica al papel parcializado que algunos
medios juegan en la opinión pública. Por ejemplo, se ha cuestionado a América
Televisión por mostrar cobertura selectiva, favoreciendo a ciertos candidatos o
partidos mientras minimizaba escándalos de corrupción relacionados a ellos.
Este comportamiento fue notorio durante las elecciones de 2021, donde
analistas como Rosa María Palacios y organizaciones como el Instituto Prensa
y Sociedad advirtieron sobre la falta de neutralidad. El rótulo funciona entonces
como un símbolo que concentra una crítica más amplia al poder mediático,
mostrando cómo los medios pueden contribuir a la impunidad o manipulación
política cuando no cumplen su rol fiscalizador. En conclusión, el uso del rótulo
como elemento crítico evidencia que la corrupción en el Perú no solo se
sostiene por los actores políticos, sino también por los medios que, al
parcializar la información, influyen en la percepción ciudadana y obstaculizan
una rendición de cuentas real.

Finalmente, la expresión facial revela la tensión emocional de los líderes al


enfrentar acusaciones de corrupción, desnudando su vulnerabilidad frente al
juicio público. En muchas caricaturas políticas, el rostro de los personajes no
solo representa su identidad, sino que transmite una emoción que contextualiza
la escena. En el caso de Pedro Castillo, presidente también envuelto en
múltiples investigaciones, su expresión ha oscilado entre el desconcierto, el
temor y la negación, lo cual ha sido interpretado por analistas como símbolo de
un gobierno improvisado y presionado por escándalos internos. Las
investigaciones por presuntos delitos cometidos por su entorno más cercano
(incluyendo a su exsecretario Bruno Pacheco y a familiares) reflejan una
gestión salpicada por actos que contradicen sus promesas de cambio. La
Comisión de Fiscalización del Congreso y la Fiscalía de la Nación abrieron más
de cinco carpetas fiscales contra su administración. Al representar su rostro con
rasgos exagerados de preocupación o evasión, las caricaturas logran sintetizar
el impacto emocional y ético de estar envuelto en tramas de corrupción. En
conclusión, la expresión facial en las caricaturas no solo humaniza al
personaje, sino que también enfatiza cómo la presión de las investigaciones y
el escrutinio público deja en evidencia la fragilidad moral del poder político en el
Perú.

En conclusión, las caricaturas de Carlos Tovar, conocido como Carlín,


representan una forma crítica y reflexiva de observar la corrupción en el Perú. A
través de recursos como la ironía, la hipocresía, el rótulo de América Tv y la
expresión facial, el caricaturista muestra las contradicciones entre los discursos
públicos y las acciones reales de quienes están en el poder. Sus obras no se
limitan a provocar risa o molestia, sino que también invitan al público a
reflexionar sobre cómo la corrupción se ha vuelto parte del día a día en la
política peruana. El valor de sus caricaturas está en que logran comunicar de
forma clara y rápida ideas complejas que, en otros formatos, podrían pasar
desapercibidas o ser difíciles de entender. De esta manera, Carlín hace
accesible la crítica política a un público amplio, ayudando a que más personas
tomen conciencia de los abusos de poder que afectan al país. Además, no solo
se enfoca en los actos corruptos de los políticos, sino también en el rol que
cumplen algunos medios de comunicación, al no ser imparciales o al silenciar
información según sus intereses. También resalta las emociones y actitudes de
los personajes, mostrando cómo la corrupción no siempre se expresa en lo
legal, sino también en el cinismo, la mentira y la impunidad. Así, sus caricaturas
funcionan como una forma de resistencia desde el arte y como un llamado a no
normalizar la corrupción en nuestra sociedad.

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