0% encontró este documento útil (0 votos)
23 vistas12 páginas

SCHOPENHAUER

El texto explora la filosofía de Schopenhauer, destacando su concepto de la voluntad como la fuerza fundamental que impulsa la existencia y el sufrimiento humano. Schopenhauer argumenta que la vida individual es insignificante en comparación con la voluntad universal que busca la perpetuación de la especie. A través de su obra 'El mundo como voluntad y representación', critica la razón y propone la negación de la voluntad como camino hacia la liberación y la paz interior.

Cargado por

ferh2riano
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
23 vistas12 páginas

SCHOPENHAUER

El texto explora la filosofía de Schopenhauer, destacando su concepto de la voluntad como la fuerza fundamental que impulsa la existencia y el sufrimiento humano. Schopenhauer argumenta que la vida individual es insignificante en comparación con la voluntad universal que busca la perpetuación de la especie. A través de su obra 'El mundo como voluntad y representación', critica la razón y propone la negación de la voluntad como camino hacia la liberación y la paz interior.

Cargado por

ferh2riano
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

PARRAFO 4

Lo que su planteo tejía era una verdad incómoda: al universo no le importan los pormenores de
nuestros ínfimos romances, lo que le interesa es que la humanidad continúe su camino natural.
Un camino que ya tiene —si miramos los restos más antiguos hallados en Marruecos— más de 315
mil años.
La expresión "verdad incomoda" hace referencia a una obra muy conocida llamada "Una verdad
incomoda" de Al Gore, que trata sobre el cambio climático. Por lo tanto, se podria decir que este
texto tiene una connotación de que la humanidad esta en un camino predeterminado, y que la
humanidad no hace lo necesario para cambiarlo.

¿La humanidad ha alterado su camino natural?

La insignificancia del individuo:

• Schopenhauer sostenía que la vida individual es esencialmente insignificante frente


a la voluntad ciega e insaciable que impulsa el universo. La frase "al universo no le
importan los pormenores de nuestros ínfimos romances" refleja esta idea de que las
preocupaciones y deseos personales son triviales en el contexto cósmico.
• Para Schopenhauer, la voluntad es una fuerza irracional que busca constantemente
satisfacerse, lo que conduce al sufrimiento inherente a la existencia. Los "ínfimos
romances" representan los deseos individuales que, en última instancia, son
efímeros e insatisfactorios.

• La primacía de la especie:

• La idea de que "lo que le interesa es que la humanidad continúe su camino natural"
se alinea con la visión de Schopenhauer de que la voluntad se manifiesta
principalmente en la perpetuación de la especie.
• Según Schopenhauer, la voluntad utiliza a los individuos como meros instrumentos
para asegurar la supervivencia de la especie. El "camino natural" de la humanidad,
que se extiende a lo largo de miles de años, es una manifestación de esta voluntad
que trasciende las vidas individuales.

¿QUE ES LA VOLUNTAD PARA SCHOPENHAUER?

Definición de la voluntad : Schopenhauer define la voluntad como "la esencia íntima y


fundamental de todo lo que existe". La voluntad es la fuerza que anima y mueve todo lo
que existe, desde los objetos inanimados hasta los seres vivos.

• Características de la voluntad :Según Schopenhauer, la voluntad tiene varias


características clave:

1. Irracionalidad: La voluntad es una fuerza irracional que no se puede explicar


mediante la razón.
2. Universalidad: La voluntad es una fuerza universal que se encuentra en todo lo que
existe.

3. Eterna: La voluntad es eterna y no tiene principio ni fin.

4. Indivisible: La voluntad es indivisible y no se puede dividir en partes separadas.

• La voluntad y el sufrimiento :Schopenhauer cree que la voluntad es la fuente


del sufrimiento humano. Según él, la voluntad es una fuerza insaciable que
siempre busca satisfacer sus deseos, pero nunca puede alcanzar la satisfacción
completa. Esto lleva a un ciclo de deseo y frustración que es la fuente del
sufrimiento humano.
• La voluntad y la liberación : Sin embargo, Schopenhauer también cree que es
posible liberarse del sufrimiento mediante la negación de la voluntad. Esto se
puede lograr a través de la renuncia a los deseos y la aceptación de la realidad
tal como es. De esta manera, se puede alcanzar un estado de liberación y paz
interior.

PARRAFO 5

Toda la teoría que Schopenhauer escribió sobre este asunto está condensada en un
capítulo titulado "Metafísica del amor sexual", el número 44 del segundo tomo de su obra
cumbre, El mundo como voluntad y representación. Lo escribió en Dresde y le llevó cuatro
años. Apareció en diciembre de 1818 y fue un fracaso editorial. La editorial Brockhaus
imprimió una tirada de ochocientos ejemplares y para 1827, en su depósito, aún quedaban
ciento cincuenta. En total, vendió setecientos cincuenta ejemplares en nueve años. A veces
la explicación es ególatra: las buenas ideas suelen ser rechazadas por su época.

Resumen de la obra

"El mundo como voluntad y representación" es la obra cumbre de Schopenhauer, escrita


entre 1814 y 1818. La obra se divide en dos tomos y se considera una de las obras más
importantes de la filosofía alemana del siglo XIX. La obra se enfoca en la naturaleza
fundamental del universo y la condición humana. Schopenhauer argumenta que el mundo
es una representación de la voluntad, una fuerza fundamental e irracional que impulsa todo
lo que existe.

Cosas claves de la obra:

1. La voluntad como fuerza fundamental: Schopenhauer argumenta que la voluntad es la


fuerza fundamental que impulsa todo lo que existe.

2. La representación: Schopenhauer argumenta que el mundo es una representación de la


voluntad, y que nuestra percepción del mundo es una interpretación de la realidad.
3. La negación de la voluntad: Schopenhauer argumenta que la única forma de alcanzar la
liberación y la paz interior es a través de la negación de la voluntad.

4. La crítica a la razón: Schopenhauer critica la razón y argumenta que no es capaz de


comprender la naturaleza fundamental del universo.

La obra no fue un éxito comercial en su época. Schopenhauer imprimió una tirada de 800
ejemplares en 1818, pero solo vendió 750 ejemplares en nueve años. Sin embargo, la obra
tuvo un impacto significativo en la filosofía y la cultura. Influenció a filósofos como
Friedrich Nietzsche y Sigmund Freud, y también influyó en la literatura y el arte.

La idea de Schopenhauer sobre el amor sexual

En el capítulo titulado "Metafísica del amor sexual" (capítulo 44 del segundo tomo),
Schopenhauer argumenta que el amor sexual es una manifestación de la voluntad, y que es
una fuerza fundamental que impulsa la reproducción y la supervivencia de la especie.
Schopenhauer critica la idea de que el amor sexual es una forma de amor romántico o
espiritual, y argumenta que es una forma de amor instintivo y biológico.

¿Estaba Schopenhauer de acuerdo con su época?

Schopenhauer vivió en una época en que la filosofía y la cultura estaban dominadas por la
razón y el idealismo. Sin embargo, Schopenhauer se opuso a estas ideas y argumentó que la
voluntad y la intuición eran más fundamentales que la razón. En este sentido, Schopenhauer
no estaba de acuerdo con su época, y su filosofía fue considerada radical y controvertida en
su momento.

Características de la época de Schopenhauer

1. El idealismo alemán: La filosofía alemana estaba dominada por el idealismo, que


enfatizaba la importancia de la razón y la mente.

2.La Revolución Industrial: La Revolución Industrial estaba en marcha, y la sociedad


estaba experimentando cambios significativos en la economía, la política y la cultura.

3.El romanticismo: El romanticismo era un movimiento cultural que enfatizaba la


importancia de la emoción, la intuición y la naturaleza.

De qué se trata
La filosofía del pesimismo

Schopenhauer es uno de los poetas entre los filósofos de Occidente. Hay muchas
formulaciones maravillosas y memorables en su extensa obra maestra, El mundo como
voluntad y representación. Siguiendo el ejemplo de Kant, Schopenhauer examina la
capacidad cognitiva del humano y llega a la conclusión de que el mundo es una mera
“representación” de los sentidos y que no podemos saber nada acerca de la verdadera
naturaleza de las cosas. La fuerza impulsora del mundo y de la vida es la “voluntad”
que, desligada totalmente del propósito y la razón, se ocupa de que nazcan los seres
humanos y los animales, de que crezcan los árboles y los imanes se orienten hacia el
norte. Con esta teoría, Schopenhauer hace tambalear la filosofía de la Ilustración,
centrada en la razón, y de su modelo, Kant: si la voluntad es un poder sin fundamento,
hay poca esperanza para el humano y su existencia se transforma en una fuente
inagotable de sufrimiento. Solo el artista y el asceta, que renunciaron conscientemente
al ciclo de la voluntad, pueden escapar de esta visión pesimista del mundo. La filosofía
de Schopenhauer, casi ignorada por sus contemporáneos, desarrolló su poder solo a
partir de la segunda mitad del siglo XIX e influyó de manera persistente en pensadores
y artistas como Friedrich Nietzsche, Richard Wagner y Thomas Mann.

Ideas fundamentales
• La obra principal de Schopenhauer eleva la voluntad a principio fundamental
de la existencia. El pensamiento, la conciencia y el conocimiento son
secundarios.
• Schopenhauer se apoya fuertemente en la filosofía crítica de Immanuel Kant;
puede ser considerado como su alumno más importante.
• Con nuestros sentidos, nunca podemos ver el mundo como realmente es. El
mundo no es más que una “representación” que nos entregan nuestros
sentidos.
• Solo hay una verdad a priori que tiene validez sin ayuda de nuestra percepción:
solo puede existir un sujeto si hay también un objeto al que pueda referirse.
• Hay una diferencia entre entendimiento y razón: el entendimiento asigna
impresiones sensoriales a todos los seres vivos, mientras que la razón produce
solo el pensamiento abstracto y teórico en los seres humanos.
• La voluntad es la fuerza que posibilita y estimula toda la vida. No tiene
fundamento y no está sujeta a las leyes de espacio, tiempo y causalidad.
• Todas las manifestaciones o representaciones son “objetivaciones” de la
voluntad. El propio cuerpo es para el humano la manifestación más inmediata
de la voluntad.
• La vida no es más que una muerte constantemente aplazada: la vida es
sufrimiento.
• La voluntad hace esclavo al humano de sus impulsos y deseos. Solo aquel que
renuncia conscientemente a estas fuerzas puede escapar del ciclo.
• Schopenhauer es uno de los pocos filósofos occidentales que también utilizó
doctrinas budistas e hinduistas.
• Fue el primero en descubrir –incluso antes que Freud– lo oscuro, inconsciente
e irracional como principio de vida.

Resumen
El mundo como representación
Entre las verdades que se aplican a todo ser vivo está la declaración: “El mundo es mi
representación”. Por todo lo que sabemos del mundo y de los objetos que se
encuentran en él, sabemos acerca del desvío de nuestros sentidos. Nunca podemos
decir “las piedras son grises”, sino solo “mis ojos me dicen que estas piedras parecen
grises”. Nuestros sentidos son las herramientas con las que percibimos las
impresiones, pero también son los obstáculos que se interponen en el camino de la
percepción directa y sin trabas. Por ello nunca podemos ver el mundo como realmente
es. El mundo que nos rodea es una representación que formamos a través de nuestros
sentidos y nuestro entendimiento.

Más allá de Kant

En su Crítica de la razón pura, Immanuel Kant discutió extensamente los


conocimientos a priori. Se trata de conocimientos que tienen validez sin la influencia
de nuestra percepción. Kant llegó a la conclusión de que, en particular, las categorías
espacio y tiempo pertenecen a este ámbito: sin importar lo que sea que se represente,
debe ser colocado de alguna manera en el espacio y pensado en el tiempo. Pero lo que
Kant no ve es que el espacio y el tiempo también deben someterse al principio de la
causalidad. El “principio de razón suficiente” (una de las cuatro máximas de la lógica
formal clásica) significa que un sujeto cognoscente solo puede existir si hay un objeto
reconocido, y viceversa. Puesto que ahora el humano supone que cada fenómeno que
encuentra se desencadena por otra cosa, automáticamente construye en esta
suposición el espacio y el tiempo. Así, estos se derivan de la causalidad. El principio de
razón suficiente es, por tanto, la única verdad a priori:

• Todo lo que el sujeto percibe del mundo es objeto.


• Los objetos, a diferencia del sujeto en sí, forman parte del espacio y el tiempo.
• Los objetos son imágenes del mundo como las “representa” nuestro
entendimiento.

“El mundo es mi representación’: esta es la verdad que vale para todo ser viviente y
cognoscente””.
Esto lleva al hecho de que el ser humano, en cuanto sujeto, también tiene que
reconocer su propio cuerpo en cuanto objeto. El espacio y el tiempo no se pueden
reconocer per se, solo se perciben los cambios que tienen lugar mediante la influencia
del espacio y el tiempo. Tales cambios ocurren en un medio, la materia. Por ejemplo,
un árbol crece y se vuelve más grande (tiempo). Si un trabajador lo derriba, también
ocurre un cambio de ubicación. La materia es, por consiguiente, el resultado de la
acción de la causalidad. Por otra parte, el entendimiento solo está allí (también se
podría decir que solo sirve) para reconocer esta causalidad. Sin embargo, no hay
causalidad entre el sujeto y el objeto: solo se puede decir que un objeto debe existir si
hay un sujeto, ¡pero no “por qué”!

El entendimiento y la razón
Todo ser vivo tiene un entendimiento que organiza sus impresiones sensoriales. En
cambio, la razón solo la posee el humano. Con ayuda de la razón se puede, en un nivel
superior de conciencia, hacer reflexiones que no pertenecen a la mera mediación del
mundo interno y externo. La razón faculta al humano para el pensamiento abstracto,
para la simple imaginación de las posibilidades. Mientras que los animales solo
perciben el aquí y el ahora, el humano vive simultáneamente en el presente, el pasado
y el futuro. Sin embargo, esto implica que sufre más y debe soportar a ojos vistas la
agonía de su existencia. El humano puede acumular saber. Esto sucede de la siguiente
manera: la razón reconoce las imágenes de la percepción, posiblemente corregidas y
traducidas por la razón en conceptos abstractos. Estos se transforman en juicios y
quedan permanentemente disponibles. Esto es el saber o el conocimiento abstracto. El
saber tiene siempre validez universal. Por el contrario, el conocimiento intuitivo es
espontáneo y, tal vez, solo tiene validez para un caso muy especial. En él se aplica el
entendimiento, pero no la razón. En cambio, el conocimiento abstracto necesita la
razón. No sería posible, por ejemplo, construir máquinas complejas o casas completas
si no tuviéramos a la razón para darnos claridad acerca de los principios de la
construcción.

La acción práctica y racional

El saber abstracto siempre debe aplicarse y convertirse en saber intuitivo; de lo


contrario, se volverá polvoriento y sin vida. Los seres humanos se caracterizan por el
hecho de llevar una vida concreta y abstracta al mismo tiempo. Si, en virtud de nuestra
razón, podemos anticipar en el pensamiento lo que, por ejemplo, esperamos en un
duelo, ajustamos nuestras acciones en consecuencia. Esto se llama razón práctica.
Pero la sola posibilidad de la anticipación y la planificación todavía no implica que
estas acciones racionales también tengan que ser racionales en el sentido moral: el
humano puede planificar tanto el bien como el mal. La acción racional de ninguna
manera es siempre también una acción virtuosa.

El mundo como voluntad

El humano está unido al mundo a través de su cuerpo. Puesto que, en cuanto sujeto,
experimenta su cuerpo en cuanto objeto, surge la pregunta de cómo puede, en
realidad, controlar su cuerpo si es un mero objeto (es decir, una representación). Para
explicar esto hay que extender la teoría a la voluntad. La voluntad controla el cuerpo.
No se trata de una acción consciente de la voluntad en el uso habitual del lenguaje,
sino de la fuerza vital o energía vital. La voluntad controla no solo el cuerpo humano,
sino a todos los seres vivos. Si, por ejemplo, bebemos algo, se trata a la vez de una
acción de nuestro cuerpo (que podemos observar) y de un acto de voluntad. Sin
embargo, ambos, el acto corporal y el volitivo, no están ordenados según el principio
de causalidad, sino que son uno y el mismo: al mismo tiempo, directamente conectado
e indispensable. Los actos de voluntad son, por así decirlo, la vida por antonomasia.
Nuestro cuerpo es, por consiguiente, la “objetividad de la voluntad”: la manifestación
visible y observable de un principio de vida invisible e inobservable. Nuestro cuerpo
lleva una doble existencia: como una representación de nuestro entendimiento y
como voluntad.

La voluntad como “cosa en sí”

No solo el cuerpo refleja la voluntad, sino también cada fenómeno natural. La


voluntad, incluso sin fundamento, reina en todas partes: se ocupa de que la piedra
caiga al suelo, de que haya vida en todas partes, los cristales crezcan y los imanes se
orienten hacia el norte. La voluntad es una fuerza universal. Es la “cosa en sí” que
Immanuel Kant considera inexplicable. Kant le niega al entendimiento humano la
capacidad de reconocer el ser real detrás del mundo de los fenómenos. En su
concepción del mundo, la “cosa en sí” permanece oculta a los sentidos. ¡Pero esta “cosa
en sí” no es otra que la voluntad! La causalidad de la voluntad permanece oculta,
aunque cualquiera puede reconocer su efecto o sus manifestaciones.

“Aquello que todo lo conoce y de nada es conocido, es el sujeto””.


La voluntad es el principio fundamental de la existencia y genera todos los efectos y
seres en el mundo. La voluntad no está sujeta al principio de razón suficiente, es
independiente del espacio, el tiempo y la causalidad. Es la unidad que produce cada
multiplicidad. La voluntad se puede comparar más o menos con el entendimiento
humano: esto no es algo que se pueda asir con las manos, sino un concepto abstracto.
Pero cuando la gente utiliza su entendimiento, puede calcular, planificar, inventar, y
más, una multitud de cosas. Lo mismo sucede con la voluntad. Además, la voluntad es
absolutamente libre e independiente. Pero la libertad de la voluntad no es idéntica a la
libertad de las acciones humanas. Estas últimas siempre están sometidas a las leyes
del espacio, el tiempo y la causalidad, a lo que la voluntad no.

Las leyes naturales y las ideas

En el dualismo de la voluntad y la representación todavía hay un fenómeno que, en


cierto sentido, asume una posición intermedia: las ideas. Estas incluyen las leyes
naturales, que son las mismas en todas partes. Si, por ejemplo, se quema cualquier
objeto, entonces la fuerza natural del “quimismo”, si se cauteriza con ácido, produce el
“galvanismo” y, si se desvía con un imán, el “magnetismo”. La ley natural es
independiente del espacio y el tiempo, pero siempre se manifiesta en una combustión,
cauterización o desviación. Las tres fuerzas ejemplificadas de la naturaleza no tienen
que actuar en sucesión, sino que también pueden hacerlo simultáneamente, porque en
la naturaleza existen constantemente luchas y conflictos: cada elemento lucha con el
otro, cada cuerpo debe desafiar a la inercia y cada ser vivo debe destruir a otros para
seguir existiendo.

“Este mundo como representación existe solamente por y para el entendimiento””.


Las ideas no son la “cosa en sí”. Se “postdividen” en la “cosa en sí” (es decir, la
voluntad), pero se “predividen” en el mundo de los fenómenos (o representaciones).
Son una etapa intermedia y también una forma superior de conocimiento. Si una
persona quiere anular su apego a la representación, obtener un mayor nivel de
conocimientos y mirar las ideas, solo lo consigue a través del camino de la
contemplación: una inmersión casi mítica y una unificación con el objeto de la
contemplación. A través de la contemplación, el humano puede liberarse por un breve
momento de su existencia determinada por la voluntad, detenerse y comprender la
verdadera manera de ser, las ideas detrás de las representaciones. El medio con el que
se puede lograr esto es el arte. A diferencia de la ciencia, que corre de un conocimiento
a otro, pero que nunca puede entender las ideas, el arte se detiene en los elementos
individuales, en la singularidad, en la idea de un objeto. Sobre todo, lo hace el artista
genial, que puede entender la idea en una obra de arte –pero también casi cualquier
persona tiene ese poder en sí–, lo que le permite en general disfrutar del arte y mirar y
considerar las ideas.

La belleza y la sublimidad

El artista es un mediador y su obra de arte, un “medio de facilitación” que le permite al


espectador ver las ideas. Solo en la contemplación del arte puede el humano, por así
decirlo, detener el tiempo y sustraerse temporalmente del servicio esclavo de la
voluntad. El impulso constante del querer y el deseo nunca se puede cumplir a través
de la satisfacción de las necesidades porque permanecen abiertos muchos más deseos
y siempre surgen nuevos. La vida es, por tanto, una insatisfacción y un sufrimiento
constantes. Solo aquellos que escapan del ciclo del querer y el deseo pueden
interrumpir el sufrimiento, al menos temporalmente. Las obras de arte pueden ser
bellas o sublimes. Son bellas cuando incitan a percibir la idea expuesta; son sublimes
cuando cautivan a todo el ser del humano y le muestran su futilidad, por ejemplo, ante
una tormenta impetuosa, representada artísticamente. No solo las artes visuales, sino
también la literatura y la poesía tienen el poder de dejar que el sujeto participe en las
ideas. La música aun más: en ella, la actuación de la voluntad se expresa directamente,
sin que represente determinadas ideas.

La compasión y la negación de la voluntad

El humano siempre está sujeto a la ley de la causalidad en sus acciones. Toda la vida es
un ser agitado que recorre el ciclo interminable de querer y deseo. En realidad, la
muerte no es más que una “muerte aplazada”, porque la muerte nos ha tenido en sus
garras desde el primer minuto de vida. La vida es sufrimiento. Ningún burdo
optimismo, ninguna religión y ninguna mitología autoconstruida pueden proteger al
humano de esta amarga verdad. Aquellas personas que aprueban sin reservas la
voluntad activa y la dejan reinar, son víctimas del egoísmo: el sujeto percibe todo en el
mundo como si existiera solo por sí mismo. La razón, sin embargo, faculta al humano
para la compasión. Ya conoce el sufrimiento de su propia experiencia y, por tanto,
puede generalizar y comprender el sufrimiento de otros seres vivos. Si esta compasión
lleva a que las acciones propias estén a favor del otro, se rompe el círculo vicioso del
egoísmo. El humano siente que su sufrimiento y el de los demás tienen como fuente la
misma voluntad. Solo entonces puede seguir el camino de la justicia y la virtud. En
última instancia, sin embargo, solo el asceta, que voluntariamente renuncia a sus
instintos, puede escapar de la voluntad y del sufrimiento del mundo.

Acerca del texto


Estructura y estilo

La obra principal de Schopenhauer se divide en dos grandes partes: los cuatro libros
de 1819 (651 páginas) y los “complementos”, entregados en 1844, que también llenan
cuatro libros (776 páginas). Sin embargo, el núcleo del trabajo son los cuatro libros de
la primera publicación. Schopenhauer examina aquí con gran amplitud las cuatro
áreas de la representación (epistemología), la voluntad (metafísica), el arte (estética)
y la afirmación/negación de la voluntad (ética). Además, en un apéndice expone en
detalle las posiciones de Kant. Schopenhauer plantea tres demandas desde el
comienzo de su obra: el lector podría leer el libro dos veces y, además, debe leer
primero la disertación de Schopenhauer sobre la cuádruple raíz del principio de razón
suficiente, que considera como una base indispensable; además, el lector debe estar
ampliamente familiarizado con la teoría kantiana. Asimismo, las muchas citas en
griego, latín, inglés, francés e italiano dan testimonio de la extraordinaria erudición
del autor, pero exigen mucho del lector. Análogamente difícil resulta la lectura, que
requiere mucha paciencia, perseverancia y conocimiento. Aunque Schopenhauer es
considerado –con razón– como un “filósofo poético”, sus oraciones intrincadas y
complejas exigen un extenso proceso de familiarización para el lector actual.

Planteamientos de interpretación

• Schopenhauer es uno de los pocos filósofos de Occidente que también


incorporó las filosofías orientales en sus propias teorías. Los Upanishads, los
libros sagrados del hinduismo, y los escritos del budismo desempeñan un
papel importante para Schopenhauer. La idea del “nirvana” se asemeja al
estado de desvinculación de la voluntad descrito por Schopenhauer.
• La filosofía de Schopenhauer se apoya fuertemente en Immanuel Kant, quien
afirmaba que hay un área (la “cosa en sí”) que el humano nunca puede
comprender debido a sus categorías insuficientes de conocimiento. Todo lo que
podemos reconocer son los fenómenos o las manifestaciones (en
Schopenhauer: representaciones). Schopenhauer reclama ahora haber
encontrado la “cosa en sí” kantiana: la voluntad.
• El pesimismo en la filosofía de Schopenhauer es la consecuencia lógica de sus
suposiciones. El saber y el conocimiento no pueden sacar al humano del
sufrimiento. Por el contrario, a causa de la capacidad cognitiva del humano su
percepción del sufrimiento incluso aumenta. El genio sufre más.
• Para Schopenhauer la voluntad está detrás de todo; es el principio metafísico
fundamental por excelencia. El amor sexual entre las personas también es una
expresión muy particular de la voluntad. Según Schopenhauer el hombre y la
mujer se encuentran únicamente porque la voluntad –como instinto de
reproducción– causa la conservación de la vida. Todas las representaciones de
amor romántico son una mera ilusión precisamente para ese propósito.
• Schopenhauer es un precursor de la psicología. Descubrió lo inconsciente e
irracional como un principio importante de vida y se destacó entre todos los
demás filósofos que se centraron en el pensamiento, la mente y la racionalidad.
• Ve el arte como un remedio para la presión de la voluntad y el ciclo del deseo.
A través de una “evasión” en la contemplación y el placer estético se puede uno
escapar de la voluntad. En esta concepción el artista es un sabio genial, el
proclamador de una existencia más allá del sufrimiento humano.

Antecedentes históricos
El Idealismo alemán

Por lo general, la muerte de Arthur Schopenhauer pone el punto final al llamado


Idealismo alemán. Se trataba de una filosofía centrada en el entendimiento, la mente y
la idealización. El punto de partida fue la filosofía crítica de Immanuel Kant, que
analizó la capacidad cognitiva del humano, pero tuvo que darse por vencido en el
conocimiento de lo incondicional y lo trascendente (la “cosa en sí”). Aquí comienzan
los idealistas alemanes. Querían conseguir una capacidad cognitiva ilimitada y
absoluta. La figura clave de esta orientación fue Georg Wilhelm Friedrich Hegel, en
cuya filosofía la razón tenía una gran importancia. Hegel veía al mundo entretejido por
una “razón del mundo” o un “espíritu del mundo”. Además de Hegel, Johann Gottlieb
Fiche y Friedrich Wilhelm Joseph Schelling fueron otros representantes
importantes del Idealismo alemán.

Schopenhauer estaba convencido de que era un genio e informaba esto sin modestia
alguna. Encontró palabras igualmente claras para su rechazo al Idealismo y
especialmente a Hegel: “Hegel, un vulgar, necio, asqueroso, repulsivo e ignorante
charlatán que, con una desfachatez sin precedentes, compiló atropelladamente la
locura y el absurdo, lo que sus venales seguidores y los tontos tomados por sorpresa
proclamaron como sabiduría inmortal, ha tenido como consecuencia la ruina
intelectual de toda una generación académica”. Aunque ambos filósofos sospechaban
que una fuerza primigenia actuaba en el mundo, Hegel la consideraba totalmente
positiva (“espíritu del mundo”), mientras que Schopenhauer reconocía en la voluntad
una fuerza impulsora neutral, si no es que negativa: una energía ciega que no lleva
consigo ningún rastro de razón. La irracionalidad de la voluntad es la piedra angular
del pesimismo de Schopenhauer: la vida impulsada por la voluntad es sufrimiento,
una lucha perpetua entre devorar y ser devorado, un ciclo natural sin esperanza de
dolor y sufrimiento.

Origen

“Mi obra es, por tanto, un nuevo sistema filosófico, pero nuevo en todo el sentido de la
palabra: no una nueva presentación de lo que ya existe, sino una serie de
pensamientos del más alto grado que nunca antes había llegado a una cabeza
humana”, escribió Schopenhauer a su editor Brockhaus en 1818, el año de impresión.
La declaración expresa rotundamente que el filósofo estaba convencido de que su
libro sería un “gran éxito” y revolucionaría los patrones de pensamiento usuales de su
época. Estaba firmemente convencido de que la posteridad le erigiría un monumento.
Le envió una nota al tipógrafo del manuscrito en la que le advertía que no debía
atreverse a cambiar nada ni en su estilo ni en su puntuación. Schopenhauer sopesó
cada palabra con exactitud, era una cuestión muy importante para él que todo llegara
al lector como él lo decía. La arrogancia de Schopenhauer hacia otras personas
(especialmente las mujeres) fue quizá un desfogue de su perfeccionismo. Esto también
significó que, aun después de la publicación, Schopenhauer continuara trabajando en
su obra principal y, más de 20 años después, publicara los complementos, cuya
extensión le hace sombra al original.

Historia de la influencia de la obra

“Solo espero que mi temor a imprimir papel de desecho con su trabajo no se haga
realidad”, le escribió Brockhaus, su editor. Lamentablemente, su presentimiento se
cumplió al principio. El libro yacía como plomo en los estantes de los vendedores. Casi
no hubo reseñas de la obra. A pesar de las elogiosas palabras de Johann Wolfgang
Goethe, sus contemporáneos no prestaron atención al sistema filosófico de
Schopenhauer. Lo mismo sucedió con sus complementos, que publicó en 1844. El gran
momento de Schopenhauer no comenzó sino hasta la primera mitad del siglo XIX: solo
después de la publicación de Parerga y paralipómena (1851) –escritos filosóficos
menores que se convirtieron en un gran éxito y que contienen sus famosos aforismos–
los lectores finalmente se interesaron en El mundo como voluntad y representación.

La influencia de Schopenhauer y el efecto de su obra principal pueden describirse hoy


como muy grandes. Influyó decisivamente en el filósofo de la vida Henri Bergson que,
con su principio de la fuerza creadora (élan vital) se opuso a la teoría mecanicista de la
evolución de Charles Darwin. Friedrich Nietzsche estudió la obra de Schopenhauer
y adoptó el concepto de la voluntad, pero modificó su carácter más bien negativo a
una “voluntad de poder” positiva. Schopenhauer abrió la mirada al inconsciente
humano (impulso contra razón), por eso, Sigmund Freud lo llamó su precursor. El
filósofo Eduard von Hartmann tomó los impulsos de Schopenhauer y desarrolló a
partir de ellos su “filosofía del inconsciente”. La filosofía de Schopenhauer también
inspiró a músicos como Richard Wagner, pintores como Giorgio de Chirico y
escritores como Thomas Mann.

Sobre el autor
Arthur Schopenhauer nació en Danzig el 22 de febrero de 1788. Cuando tenía cinco
años la familia se mudó a Hamburgo. Su padre era uno de los comerciantes reales de la
ciudad comercial de Danzig. Como hijo de un comerciante, también tenía que ser
comerciante. La empresa familiar se disolvió después de la muerte accidental del
padre en 1805. En ese momento Schopenhauer todavía estaba estudiando una carrera
de comercio, pero luego siguió sus intereses intelectuales y, a partir de 1809, estudió
filosofía en Gotinga, donde se dedicó, entre otros, a los pensadores antiguos y a Kant.
En 1811 fue a Berlín y se convirtió en discípulo de Friedrich Schleiermacher y Johann
Gottlieb Fichte, de quienes pronto se distanció. Dos años después terminó su
disertación De la cuádruple raíz del principio de razón suficiente. Se trasladó a Weimar
y finalmente a Dresde y se dedicó a la teoría de los colores de Goethe, la cual honró en
un ensayo Sobre la visión y los colores (1816). Además del estudio de Kant y Platón,
Schopenhauer también se ocupó de la filosofía india. En 1819 apareció en Dresde la
primera parte de su obra principal El mundo como voluntad y representación. Arthur
Schopenhauer murió el 21 de septiembre de 1860 en Fráncfort del Meno.

También podría gustarte