El Legado Vivo de Marcelino Champagnat
Estimados hermanos Maristas, docentes, estudiantes, padres de familia y amigos, es un
honor y un privilegio dirigirme a ustedes hoy para reflexionar sobre la figura imponente de
Marcelino Champagnat. Un hombre humilde, nacido en una Francia convulsa, que con
una visión clara y un corazón ardiente, sentó las bases de una obra educativa y
evangelizadora que trascendería su tiempo y su geografía. Mi tesis es que el legado de
Champagnat no es solo histórico, sino una fuerza viva que continúa transformando vidas a
través de laura educativa que él sembró.
El primer pilar de su legado es su inquebrantable fe y confianza en Dios. Marcelino
Champagnat no era un intelectual de vastos estudios teológicos, sino un sacerdote con una
fe sencilla y profunda que lo impulsó a actuar. Frente a las necesidades apremiantes de los
niños y jóvenes más desfavorecidos de su época, especialmente en las zonas rurales, su
respuesta fue siempre la confianza en la providencia divina. Fundó los Hermanitos de
María, hoy Hermanos Maristas, con solo dos jóvenes, en un contexto de precariedad,
confiando plenamente en que Dios proveería los medios. Esta fe es un recordatorio
poderoso de que las grandes obras a menudo comienzan con pasos pequeños, pero con una
convicción inquebrantable.
En segundo lugar, el legado de Champagnat se manifiesta en su pedagogía innovadora y
humanizadora. Marcelino no solo se preocupó por impartir conocimientos, sino por
formar al hombre y a la mujer íntegros. Entendió que la educación va más allá del aula,
abarcando la formación de la persona en todas sus dimensiones: intelectual, moral,
espiritual y social. Su enfoque se basaba en el amor, el respeto y la cercanía con el
estudiante, una metodología que se adelantó a su tiempo y que hoy, más que nunca, resuena
con los principios de una educación centrada en el alumno, fomentando el desarrollo de sus
talentos y valores.
Finalmente, el tercer gran argumento de su legado es la universalidad de su misión y su
carisma. Lo que empezó como una pequeña iniciativa en La Valla, Francia, se ha
convertido en una congregación global, presente en más de 80 países, educando a cientos
de miles de niños y jóvenes. El carisma marista, centrado en la presencia, la sencillez, el
espíritu de familia, el amor al trabajo y el espíritu de María, ha demostrado ser adaptable y
relevante en diversas culturas y contextos. Este crecimiento exponencial es una prueba
contundente de la pertinencia y el impacto duradero de la visión de Champagnat.
En conclusión, el legado de Marcelino Champagnat es un tapiz rico y multifacético, tejido
con hilos de fe, pedagogía y visión. No es una figura estática del pasado, sino una fuente de
inspiración que continúa nutriendo la labor de los Hermanos Maristas y de todos aquellos
que, de una u otra forma, se sienten llamados a vivir y extender su carisma. Su obra nos
recuerda que la verdadera grandeza reside en el servicio humilde y en la capacidad de
transformar vidas a través del amor y la educación. ¿Cómo podemos cada uno de nosotros
seguir construyendo sobre este legado tan valioso en nuestro día a día?