1
Pero ahora, Israel, pueblo de Jacob,
el Señor que te creó te dice:
«No temas, que yo te he libertado;
yo te llamé por tu nombre, tú eres mío.
2
Si tienes que pasar por el agua, yo estaré
contigo,
si tienes que cruzar ríos, no te ahogarás;
si tienes que pasar por el fuego, no te
quemarás,
las llamas no arderán en ti.
3
Pues yo soy tu Señor, tu salvador,
el Dios Santo de Israel.
Yo te he adquirido;
he dado como precio de rescate
a Egipto, a Etiopía y a Sabá,
4
porque te aprecio,
eres de gran valor y yo te amo.
1
¿Quién va a creer lo que hemos oído?
¿A quién ha revelado el Señor su poder?
2
El Señor quiso que su siervo
creciera como planta tierna
que hunde sus raíces en la tierra seca.
No tenía belleza ni esplendor,
su aspecto no tenía nada atrayente;
3
los hombres lo despreciaban y lo rechazaban.
Era un hombre lleno de dolor,
acostumbrado al sufrimiento.
Como a alguien que no merece ser visto,
lo despreciamos, no lo tuvimos en cuenta.
4
Y sin embargo él estaba cargado con nuestros
sufrimientos,
estaba soportando nuestros propios dolores.
Nosotros pensamos que Dios lo había herido,
que lo había castigado y humillado.
5
Pero fue traspasado a causa de nuestra rebeldía,
fue atormentado a causa de nuestras maldades;
el castigo que sufrió nos trajo la paz,
por sus heridas fuimos sanados.
1
El. Señor es mi luz y mi salvación, y gritar de alegría, y cantar
¿de quién podré tener miedo? himnos al Señor.
7A
El Señor defiende mi vida, ti clamo, Señor: escúchame.
¿a quién habré de temer? Ten compasión de mí, ¡respóndeme!
2 8
Los malvados, mis enemigos, Oigo en mi corazón:
se juntan para atacarme y «Busca mi Rostor.»
destruirme; Y yo, Señor, busco tu Rostro.
9
pero ellos son los que tropiezan y ¡No te escondas de mí!
caen. ¡No me rechaces con ira!
3
Aunque un ejército me rodee, ¡Mi única ayuda eres tú!
mi corazón no tendrá miedo; No me dejes solo y sin amparo,
aunque se preparen para atacarme, pues tú eres mi Dios y salvador.
10
yo permaneceré tranquilo. Aunque mi padre y mi madre me
4
Sólo una cosa he pedido al Señor, abandonen,
sólo una cosa deseo: tú, Señor, te harás cargo de mí.
11
estar en el templo del Señor Señor, muéstrame tu camino;
todos los días de mi vida, guíame por el buen camino
para adorarlo en su templo a causa de mis enemigos;
12
y contemplar su hermosura. no me entregues a su voluntad,
5
Cuando lleguen los días malos, pues se han levantado contra mí
el Señor me dará abrigo en su testigos falsos y violentos.
13
templo; Pero yo estoy convencido
bajo su sombra me protegerá. de que llegaré a ver la bondad del
¡Me pondrá a salvo sobre una roca! Señor
6
Entonces podré levantar la cabeza a lo largo de esta vida.
por encima de mis enemigos; 14¡Ten confianza en el Señor!
entonces podré ofrecer sacrificios ¡Ten valor, no te desanimes!
en el templo, ¡Sí, ten confianza en el Seño
45
Después de esto, Jesús hizo que sus discípulos subieran a
la barca para que cruzaran el lago antes que él, en
dirección a Betsaida, mientras él despedía a la gente.
46
Y cuando la hubo despedido, se fue al cerro a orar.
47Al llegar la noche, la barca ya estaba en medio del
lago. Jesús, que se había quedado solo en tierra,
48
vio que remaban con dificultad, porque tenían el
viento en contra. A la madrugada, fue Jesús hacia ellos
caminando sobre el agua, y ya iba a pasar junto a ellos.
49
Cuando lo vieron andar sobre el agua, pensaron que
era un fantasma, y gritaron;
50
porque todos lo vieron y se asustaron. Pero en seguida
él les habló, diciéndoles:
—¡Calma! ¡Soy yo: no tengan miedo!
51
Subió a la barca, y se calmó el viento; y ellos se
quedaron muy asombrados,
52
porque no habían entendido el milagro de los panes,
pues tenían el entendimiento oscurecido.
16
»Pues Dios amó tanto al mundo, que dio a su Hijo único,
para que todo aquel que cree en él no muera, sino que
tenga vida eterna.
17
Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar
al mundo, sino para salvarlo por medio de él.
18
»El que cree en el Hijo de Dios, no está condenado; pero
el que no cree, ya ha sido condenado por no creer en el
Hijo único de Dios.
19
Los que no creen, ya han sido condenados, pues, como
hacían cosas malas, cuando la luz vino al mundo
prefirieron la oscuridad a la luz.
20
Todos los que hacen lo malo odian la luz, y no se
acercan a ella para que no se descubra lo que están
haciendo.
21
Pero los que viven de acuerdo con la verdad, se
acercan a la luz para que se vea que todo lo hacen de
acuerdo con la voluntad de Dios.
35
¿Quién nos podrá separar del amor de Cristo? ¿El
sufrimiento, o las dificultades, o la persecución, o el
hambre, o la falta de ropa, o el peligro, o la muerte
violenta?
36
Como dice la Escritura:
«Por causa tuya estamos siempre expuestos a la muerte;
nos tratan como a ovejas llevadas al matadero.»
37
Pero en todo esto salimos más que vencedores por
medio de aquel que nos amó.
38
Estoy convencido de que nada podrá separarnos del
amor de Dios: ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni
los poderes y fuerzas espirituales, ni lo presente, ni lo
futuro,
39
ni lo más alto, ni lo más profundo, ni ninguna otra de
las cosas creadas por Dios. ¡Nada podrá separarnos del
amor que Dios nos ha mostrado en Cristo Jesús nuestro
Señor!
7
Pero todo esto, que antes valía mucho para mí, ahora, a
causa de Cristo, lo tengo por algo sin valor.
8
Aún más, a nada le concedo valor si lo comparo con el bien
supremo de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por causa de
Cristo lo he perdido todo, y todo lo considero basura a
cambio de ganarlo a él
9
y encontrarme unido a él; no con una justicia propia,
adquirida por medio de la ley, sino con la justicia que se
adquiere por la fe en Cristo, la que da Dios con base en la fe.
10
Lo que quiero es conocer a Cristo, sentir en mí el poder de
su resurrección y la solidaridad en sus sufrimientos;
haciéndome semejante a él en su muerte,
11
espero llegar a la resurrección de los muertos.
12
No quiero decir que ya lo haya conseguido todo, ni que ya
sea perfecto; pero sigo adelante con la esperanza de
alcanzarlo, puesto que Cristo Jesús me alcanzó primero.
13
Hermanos, no digo que yo mismo ya lo haya alcanzado; lo
que sí hago es olvidarme de lo que queda atrás y esforzarme
por alcanzar lo que está delante,
14
para llegar a la meta y ganar el premio celestial que Dios
nos llama a recibir por medio de Cristo Jesús.