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Historia Del Poder Judicial

La 'Historia del Poder Judicial Dominicano' es una obra que abarca más de cinco siglos de evolución del sistema judicial en la República Dominicana, desde la época colonial hasta el año 2004. Los autores, Wenceslao Vega y Américo Moreta Castillo, analizan los cambios en la justicia a través de diferentes períodos históricos, reflejando cómo la influencia de diversas culturas y sistemas legales ha moldeado el poder judicial del país. Esta publicación busca llenar un vacío en la literatura jurídica dominicana y ofrecer un recurso valioso para profesionales y estudiosos del derecho.
Derechos de autor
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Historia Del Poder Judicial

La 'Historia del Poder Judicial Dominicano' es una obra que abarca más de cinco siglos de evolución del sistema judicial en la República Dominicana, desde la época colonial hasta el año 2004. Los autores, Wenceslao Vega y Américo Moreta Castillo, analizan los cambios en la justicia a través de diferentes períodos históricos, reflejando cómo la influencia de diversas culturas y sistemas legales ha moldeado el poder judicial del país. Esta publicación busca llenar un vacío en la literatura jurídica dominicana y ofrecer un recurso valioso para profesionales y estudiosos del derecho.
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Historia del Poder Judicial Dominicano

Autores:
Wenceslao Vega y Américo Moreta Castillo

Diagramación:
José Miguel Pérez y Guillermina Cruz
Sección de Sistemas y Boletines Judiciales de la Suprema Corte de Justicia.

Diseño Gráfico de Portada:


Shidarta Sangiovanni T.
Depto. Comunicaciones de la Suprema Corte de Justicia.

Imagen de Portada:
Juez de Paz de Samaná administrando Justicia.
Grabado antiguo, años setenta, Siglo XIX.

Impreso en:
Editora Corripio
República Dominicana

Publicación de la Suprema Corte de Justicia


con la colaboración de la Academia Dominicana de la Historia

Calle Hipólito Herrera Billini esq.


Juan B. Pérez, Centro de los Héroes,
Tel.: (809) 533-3191 • Fax: (809) 535-8230
www.suprema.gov.do

Santo Domingo, República Dominicana,


Enero 2005
INDICE

Prólogo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . V
Introducción. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . VII
Capítulo I Antecedentes de la Justicia Colonial . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1
Capítulo II La Función Judicial en la Española . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 11
Capítulo III Justicia Colonial en el Siglo XVI. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 25
Capítulo IV La Justicia en Santo Domingo en el Siglo XVII. . . . . . . . . . . . . . . . . 109
Capítulo V La Real Audiencia de Santo Domingo en el Siglo de las
Luces (Siglo XVIII) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 137
Capítulo VI La Justicia en un Período Inestable (1800-1821) . . . . . . . . . . . . . . . . 165
Capítulo VII El Período Haitiano (1822-1844). . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 179
Capítulo VIII El Poder Judicial en la Primera República (1844-1861) . . . . . . . . . . . 193
Capítulo IX La Anexión a España y la República en Armas (1861-1865). . . . . . . . 243
Capítulo X El Poder Judicial en la Segunda República, Parte I (1865-1899) . . . . . 271
Capítulo XI El Poder Judicial en la Segunda República, Parte II (1900-1916) . . . . 309
Capítulo XII La Justicia Durante la Intervención Norteamericana (1916-1924) . . . 351
Capítulo XIII El Poder Judicial en la Tercera República (1924-1930) . . . . . . . . . . . . 385
Capítulo XIV La Era de Trujillo (1930-1961) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 403
Capítulo XV La Justicia en Libertad (1961-2004). . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 443

Apéndices
A) Procesos en la Historia Judicial Dominicana . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 485

III
Historia del Poder Judicial Dominicano

B) Lista de Presidentes y Oidores de la Real Audiencia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 549


C) Lista de Presidentes de la Suprema Corte de Justicia. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 557
D) Abogados Dominicanos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 561
E) Documentos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 597

IV
PRÓLOGO

A pesar de que diferentes y prestantes juristas dominicanos han abor-


dado el tema relativo a la historia de nuestro Derecho, hasta ahora no
disponíamos de una obra especializada que se centralizara en la historia del
Poder Judicial del país.
Conscientes de la importancia que representaba disponer de un texto
que recogiera los acontecimientos más importantes que han ido confor-
mando el actual Poder Judicial, el Pleno de la Suprema Corte de Justicia
acogió una propuesta que le presentara la Academia Dominicana de la
Historia para investigar todo lo referente al tema, y fue así como la tan
prestigiosa academia le encomendó esa extraordinaria labor a dos reputados
académicos, como son el Dr. Wenceslao Vega y el Lic. Américo Moreta
Castillo, culminando finalmente la investigación con la presente obra.
La Historia del Poder Judicial Dominicano nos invita a un paseo de más
de cinco siglos, transitando un sendero en que, como afirman los autores
de la obra, “Vemos que muchas banderas ondearon en las almenas y atalayas
de las ciudades fortalezas de Santo Domingo Español”.
Esta magnífica obra que el máximo tribunal judicial de la República
pone a disposición del público en general y, de manera especial de los profe-
sionales y estudiosos del derecho, viene a llenar un vacío en nuestra litera-
tura jurídica, y nos sentimos complacidos del presente aporte.

Dr. Jorge A. Subero Isa


Presidente de la Suprema Corte Justicia

V
HISTORIA DEL
PODER JUDICIAL DOMINICANO

Introducción
Entre el año 1493 y el 2004, han transcurrido 511 años. Algo más de
cinco siglos. Durante ese periodo la isla que Cristóbal Colón bautizó como
Española ha sido testigo de una historia extraordinaria y los que han habi-
tado en ella, sujetos de una aventura excepcional. La isla, primero hogar
caribeño de aborígenes, aún en el Neolítico, pasó a ser colonizada por euro-
peos en los albores de la Edad Moderna. La sociedad primitiva fue pronto
destruida en la vorágine de La Conquista. Nuevas razas se asentaron en sus
fértiles valles y escarpadas montañas. Europeos, principalmente ibéricos,
introduciendo negros africanos como esclavos, dieron inicio a la mezcla de
razas que desde entonces caracterizó a los habitantes de la isla que pronta-
mente pasó a llamarse Isla de Santo Domingo.
Dividida a principios del siglo XVII entre España y Francia, cada
colonia tomó rumbos diferentes y sus habitantes formaron culturas y
modos de producción también disimiles. Luego, en el XIX, Siglo de las
Emancipaciones, dos colonias crearon dos Estados-Naciones. De Saint
Domingue francés y Santo Domingo español surgieron Haití y la Repú-
blica Dominicana.
Vemos que muchas banderas ondearon en las almenas y atalayas de las
ciudades y fortalezas de Santo Domingo español. El pendón de Castilla, la
bandera blanca de los rojos bastos de Borgoña, la enseña de la Flor de Lis
de los Borbones, la tricolor de la Revolución Francesa y la bandera roja y

VII
Historia del Poder Judicial Dominicano

gualda de la España unida. En momentos breves flotó la bandera de las


cruces de San Jorge y San Andrés del Imperio Británico y la tricolor de la
Gran Colombia. Más tarde, unidos bajo la bicolor haitiana, roja y azul,
llegamos al pabellón cruzado de los Trinitarios dominicanos. Por cortos
años también, ondeó de nuevo la de la España de Isabel II; y, no podía
faltar, la bandera de las barras y las estrellas del Coloso del Norte. Historia
duramente vivida y difícilmente comprendida.
Cada sociedad colonial tiene el derecho y las instituciones, que les
imponen sus dominadores, y en Santo Domingo, eso se hizo evidente con
los distintos cambios de soberanía en los cinco siglos mencionados.
El derecho que los españoles trajeron consigo, el de la Castilla medieval,
se fue convirtiendo en un derecho especial para las posesiones de América y
tomó el nombre de Derecho Indiano, con sus instituciones judiciales
calcadas de las viejas reglas de la Baja Edad Media, pero modificadas para
adaptarse al medio ultramarino. En Santo Domingo en particular, ese
Derecho Indiano tuvo que acomodarse a las peculiaridades de una sociedad
pobre y desatendida por su Metrópoli. El abandono, la escasez de población
y la miseria, influyeron en modificar la rigidez del sistema legal y judicial
hispano – colonial, y hasta provocó la creación de instituciones propias,
como fue la de los terrenos comuneros, sistema peculiar de Santo
Domingo y también usado, en menor medida, en las otras dos Antillas
Españolas: Puerto Rico y Cuba. La escasez de personas de “calidad” para
ocupar los cargos que se requería por las Leyes de Indias, obligó a modificar
esa rigidez social para que las posiciones no quedaran sin titulares y para
que las relaciones jurídicas fueren viables. La crueldad misma de la escla-
vitud tuvo que ser dulcificada para una sociedad donde la extrema pobreza
impedía las diferencias entre libres y esclavos, y donde la manumisión fue
una estrategia para aliviar a los amos de la obligación de mantener a sus
esclavos viejos, inútiles y enfermos, amén de la conveniencia de usar a los
aún útiles como peones asalariados solamente cuando los necesitasen. El
Derecho tuvo que adaptarse a la realidad particular del Santo Domingo
Colonial.

VIII
Historia del Poder Judicial Dominicano

El Siglo XIX trajo una ruptura violenta tras tres siglos de Derecho
Castellano- Indiano. Se introdujeron exóticos principios, normas y
sistemas legales y judiciales. Los franceses revolucionarios, con los princi-
pios de Libertad, Igualdad y Fraternidad, trajeron la abolición de la escla-
vitud y la equidad social como normas, pero su aplicación en Santo
Domingo tuvo dificultades por la resistencia de las elites y la ignorancia
generalizada entre los grupos que debían beneficiarse de esos avances.
Hubo un periodo corto en el cual los franceses quisieron aplicar en Santo
Domingo una dualidad de derechos y de instituciones judiciales, mante-
niendo las españolas paralelamente con las francesas, aplicándolas a dos
categorías poblacionales.
La constitucionalidad llegó a Santo Domingo desde una España con
intentos de salir del medioevo jurídico en que estaba sumida, pero la inesta-
bilidad de los primeros decenios del Siglo XIX impidió que se implantaran
plenamente los principios de separación de poderes, derechos ciudadanos,
independencia judicial y otros logros que traían los vientos revolucionarios
desde Europa.
El Derecho moderno francés llegó al pueblo dominicano, no directa-
mente de Francia, sino a través de la imposición del interventor haitiano.
Ese derecho, plasmado en los Códigos Napoleónicos, ofrecía nuevos hori-
zontes de igualdad y justicia social, institucionalidad y estabilidad jurídica,
pero fue un traje demasiado grande y costoso para una sociedad pobre y
mayormente rural como la dominicana, carente además de cultura de
libertad. Además fue un derecho que vino en un idioma extraño, y por más
de cuarenta años fue aplicado así entre los dominicanos, con la consi-
guiente restricción y cuasi paralización de la justicia y del ejercicio de los
derechos y obligaciones que esos códigos ofrecían.
La Organización Judicial que requerían los códigos franceses adoptados
y adecuados en la segunda mitad del siglo XIX, no pudo aplicarse en toda su
extensión en la República Dominicana, por falta de cultura jurídica,
escasez de personal adecuado para su correcta aplicación y otros elementos
negativos que hicieron que el sistema judicial marchara con un mínimo de

IX
Historia del Poder Judicial Dominicano

éxito, dentro de una sociedad precapitalista, patriarcal y rural en su


mayoría. Instituciones como el Jurado, los Jueces de Instrucción, el Arbi-
traje, las Cortes de Apelación y la Casación, entre otros, no pudieron esta-
blecerse o lo hicieron con mucha precariedad. Las modificaciones cons-
tantes a las leyes de Organización Judicial evidencian estas dificultades.
Las vacilaciones y los tanteos impidieron una justicia rápida, sana y
eficiente. Esta realidad la expresa crudamente Ricardo Miura, Ministro de
Justicia del Gobierno de Pedro Santana, en su Memoria anual al
Congreso, del año 1848: “La administración de Justicia se encuentra entor-
pecida y casi paralizada por una razón bien clara y persuasiva, porque el
carácter, educación y costumbre de este pueblo, que nos son bien conocidos, no
pueden acomodarse en la primavera de su independencia con la legislación
adoptada, sin la concurrencia, a lo menos, de aquellas modificaciones que
guarden perfecta armonía con las circunstancias. Francia es al día de hoy el
termómetro de la ilustración europea, porque en los pueblos antiguos las
costumbres forman las leyes, en tanto que en los nuevos, éstas son la obra de las
costumbres y deben limitarse a despojar al hombre de las groseras imperfec-
ciones que adolece en el estado primitivo, cuando sólo obedece a la voz de mero
instinto y a las sugestiones del egoísmo, sin entrar en aquellos pormenores que
suponen mayor adelantamiento de la carrera de la civilización. En fuerza, pues,
de tan poderosas razones, es necesario que las leyes se acomoden a la capacidad
de los que las ejecutan y deben obedecerlas. Respeto en sumo grado cuanto
expusieron mis antecesores Bobadilla y Valencia en sus Memorias de los años
de 45, 46 y 47, relativamente a la dificultad que se tocaba en la administración
de la Justicia bajo el imperio de los Códigos de la Restauración, porque aunque,
a mi modo de ver, ellos son la obra más perfecta materia de jurisprudencia, la
complicación de sus fórmulas entorpece el procedimiento y dilata infinitamente
la conclusión de los negocios, quedando incierto el derecho de los litigantes”.1
La traducción al español de los Códigos Franceses, ayudó en algo para
una mejor aplicación de la justicia, pero las fallas institucionales aun impe-

1 Colección Centenario, Tomo 5, Págs. 106-107.

X
Historia del Poder Judicial Dominicano

dían poder alardear de éxitos en esta rama de la vida nacional. La escasez de


profesionales, los bajos salarios, las condiciones precarias de los locales, los
bajos presupuestos, la intervención de la política en la designación de los
jueces y en las decisiones que estos tomaban, la inestabilidad de los
gobiernos, fueron algunos de los elementos más negativos con que se ha
enfrentando la vida institucional de la República Dominicana en el pasado.
La Historia del Poder Judicial Dominicano nos muestra los avatares de
este frágil órgano del Estado y los logros, avances, retrocesos e iniquidades
a los que ha estado expuesto a lo largo de los siglos. Nuestro trabajo
pretende dar una visión general de los distintos períodos del Derecho y de la
Organización Judicial desde el inicio de la colonización hasta el presente,
bajo distintas soberanías, leyes, códigos y sistemas judiciales.
No obstante el panorama oscuro y desalentador que ofrece a veces esa
historia, hay que destacar los logros, que han sido muchos y cada vez más
frecuentes en satisfacer la constante demanda del pueblo a que se le dote de
una justicia independiente y eficaz.
Una sociedad estoica y optimista como ha sido la dominicana, ha
podido sobreponerse a tantas dificultades. El grito del Himno Nacional
“Que si fuere mil veces esclava, otras tantas ser libre sabrá” nos ofrece la clave
del tesón de un pueblo que se aferra a la idea de progreso, igualdad, justicia
y paz, y nos hace contemplar el futuro con expectativas positivas.

Santo Domingo, R.D., mayo 30, 2004.

Dr. Wenceslao Vega B. Lic. Américo Moreta Castillo


Miembro de Número Miembro de Número
Academia Dominicana de la Historia Academia Dominicana de la Historia

XI
Capítulo I

ANTECEDENTES DE LA JUSTICIA COLONIAL

España cuando La Conquista

En el momento en que Castilla se lanzó a la aventura colombina en


1492, la antigua Hispania era un conjunto de reinos cristianos que
lograron su unidad con el matrimonio de Isabel I de Castilla y Fernando II
de Aragón y V de Castilla, casados en Valladolid el 19 de octubre de 1469,
y quienes acababan de concluir la conquista del reino de Granada, último
territorio musulmán en la península Ibérica. Habían logrado la unidad del
territorio que hoy se llama España. Ese conjunto de reinos que se inte-
graron en ambos soberanos fueron: Castilla y León, Aragón y Valencia. No
entraron en la unidad de los Reyes Católicos ni Portugal, ni Navarra, el
primero por la pujanza de su propia monarquía, y el segundo por la fuerte
influencia francesa. Este último no quedó incorporado a Castilla sino
hasta las Cortes de Burgos de 1515. El Principado de Asturias se había
fusionado con León antes de la fusión con Castilla y el Principado de Cata-
luña (Condado de Barcelona) se había fusionado con Aragón.

El Poder de Isabel y Fernando

Las contradicciones que se habían generado entre los esposos Fernando


e Isabel en relación con el poder y dominio del reino de Castilla a la muerte
de Enrique IV, de la familia real de los Trastámara, a la que pertenecían
ambos esposos, habían concluido por la Concordia firmada en Segovia o

1
Historia del Poder Judicial Dominicano

Acuerdo para la gobernación


del reino del 15 de enero de
1475,1 en el cual se estipuló
la redacción de documentos
en común e igualdad de dere-
chos para ambos cónyuges,
igualdad que se manifestó en
la guerra civil que se produjo
cuando Alfonso V de
Portugal decidió apoyar a
Juana la Beltraneja, aspirante
a reina de Castilla, y tanto
Isabel como Fernando
lucharon hasta vencer a la
pretendiente al trono caste-
llano.
Al concluir la guerra civil,
Los Reyes Católicos a las puertas de la Alhambra en Granada,
por Francisco Pradillo. (Detalle).
mientras Isabel sometía a los
nobles rebeldes de Castilla que
quedaron como última manifestación de resistencia al poder real, Fernando reor-
ganizó la conquista de Granada a partir de 1481, cumpliendo así los anhelos de
su abuelo Fernando (I) de Antequera.

Granada en esta Coyuntura


Los árabes de Granada también estuvieron envueltos en una guerra civil que
les quitó fuerzas. Padre e hijo se enfrentaron en la lucha por el poder. De este
modo, encontramos a Abúl Hasán y a su hijo Boabdil desunidos, y esta coyun-
tura fue aprovechada por el Rey Católico, quien hábilmente hasta llegó a pactar
con Boabdil, a quien había hecho prisionero; lo hizo su vasallo, lo ayudó en su
lucha contra su tío El Zagal, a favor de quien había abdicado Abúl Hasán, y por

1 DE AZCONA, Tarsicio, Isabel La Católica, Estudio crítico de su vida y reinado. Tercera


Edición. Biblioteca de Autores Cristianos (BAC): Madrid, 1993, Pág. 248.

2
Historia del Poder Judicial Dominicano

último el 25 de noviembre de 1491, Boabdil, luego de rebelarse contra Fernando


y resistir en la ciudad de Granada, se rindió finalmente, y así los Reyes Católicos
entraron en ella el 6 de enero de 1492, poniendo fin al período de ochocientos
años de lucha que se llamó La Reconquista.2
Aunque Fernando e Isabel coincidieron en la lucha contra el enemigo
común, y lograron la expulsión de los musulmanes de la península Ibérica,
podríamos afirmar que la Guerra de Granada fue al principio empresa funda-
mentalmente de Fernando, como lo serían las luchas en Italia y la estrategia
hacia los demás reinos de Europa. En cambio, la empresa colombina fue tarea
del Reino de Castilla-León, y por ende, de Isabel. De ahí que el lema de la Casa de
Veragua, ducado que le fuera concedido a Colón y sus descendientes rezara: “A
Castilla y a León Nuevo Mundo dio Colón”.

La Organización Judicial Española


La estructura judicial española en la época del proyecto colombino fue la
misma que dominó durante la Baja Edad Media. La influencia popular en la
administración de justicia había disminuido, y la tendencia centralista y estatal
se imponía tanto en Castilla-León como en Aragón; con una justicia compuesta
por jueces profesionales, letrados, que la impartían en nombre de sus reyes.
En Castilla las curias o tribunales reales, a partir del Ordenamiento y Cortes
de Zamora de 1274 (siglo XIII), fueron sustituidas por un tribunal colegiado y
estable de jueces permanentes llamados Alcaldes de Corte o Alcaldes de las
Alzadas, siendo jueces de apelación de asuntos esencialmente civiles. Enrique II
en las Cortes de Toro de 1371 (siglo XIV) creó una Audiencia, compuesta de
siete oidores como una dependencia de la Cancillería o Chancillería donde se
guardaba el sello real.
Juan I en 1381 reformó la Audiencia y le dio el nombre exclusivo de Chanci-
llería, sin que el nuevo organismo tuviera una residencia fija hasta 1390 (siglo
XIV) en que se le instaló en Segovia.

2
DICCIONARIO DE HISTORIA DE ESPAÑA, Tomo II, F-M, Ediciones de la Revista
de Occidente. Ediciones Castilla: Madrid, 1968, Fernando el Católico, Págs. 74-75

3
Historia del Poder Judicial Dominicano

También en Aragón desde los siglos XIII y XIV hubo una Audiencia inte-
grada en la Curia del Rey y que acompañaba siempre al monarca a donde éste se
desplazara.
Los Reyes Católicos organizaron nuevamente la Audiencia o Chancillería en
las Cortes de Toledo de 1480, ya habían estatuido al respecto desde 1476 cuando
instituyeron la Hermandad (Santa Hermandad) como cuerpo de orden público
en los caminos, con juris-
dicción sobre los delin-
cuentes. Instalaron la
Audiencia de un modo
permanente en Valladolid,
crearon otra en Ciudad
Real (1494), que fue trasla-
dada en 1505 a Granada e
instituyeron como jurisdic-
ción especial a la Santa
Inquisición.

Los Reyes Católicos administrando justicia, por Víctor Manzano.

Reformas de los Reyes Católicos


En el Ordenamiento del 28 de mayo de 1480 los Reyes Católicos elevaron el
número de miembros de la Audiencia de Valladolid a once: un prelado presi-
dente, cuatro oidores, tres alcaldes, un procurador fiscal y dos abogados de
pobres, fijando el sueldo global en medio millón de maravedís sobre las alcabalas
del infantado de Valladolid. Se renovaban por mitad cada año, de tal modo que

4
Historia del Poder Judicial Dominicano

un oidor no durase más de dos años en funciones, y se garantizaba así ecuani-


midad y eficacia.3
Desde el siglo XIII en Aragón se habían instalado como jurisdicciones espe-
ciales los tribunales comerciales marítimos o Consulados de Mar de Barcelona,
Valencia y Mallorca.4 También se crearon tribunales de comercio en Burgos
(1494) y Bilbao (1511) y se organizaron tributos que sostuvieron la Hacienda
Pública, entre ellos: la alcabala, rentas sobre tierras realengas, mercedes,
impuesto de lanzas y de media annata, tercias reales para participar en los
diezmos eclesiásticos y en lo proveniente de la predicación de la bula de la Santa
Cruzada, los pedidos o servicios económicos y se produjeron también emprés-
titos a particulares.5

Los Jueces Pesquisidores


Los Reyes Católicos establecieron también la costumbre de enviar jueces
pesquisidores dondequiera que hubiere que hacer alguna investigación, y
mandaron que el Consejo Real de Castilla, órgano superior a las Audiencias estu-
viese compuesto por un prelado en calidad de presidente, tres caballeros y ocho o
nueve letrados (Cortes de Toledo de 1480). Felipe II, bisnieto de los Reyes Cató-
licos, dispuso en el siglo XVI que los consejeros fuesen dieciséis, además del
presidente y que todos fuesen letrados togados, no nobles de capa y espada. El
Consejo Real conocería de la gobernación del reino y de cuestiones judiciales.
Este Rey de la casa de Austria en las instrucciones que dio al presidente del
Consejo Diego de Covarrubias y Leyva, Arzobispo de Santo Domingo, le
advirtió que el oficio del Consejo era tener cuidado de los negocios del reino, y
que los pleitos en él eran cosa accesoria y no su propio oficio, y añadió: “Miedo
tengo que se ocupan más en lo accesorio, que en lo principal”.6

3
SUÁREZ FERNÁNDEZ, Luis, y DE MATA CARRIAZO ARROQUIA, Juan, La
España de los Reyes Católicos (1474-1516). Historia de España dirigida por Ramón
MENÉNDEZ PIDAL, Tomo XVII. Volumen I, Espasa-Calpe: Madrid, 1978, Pág. 367.
4
DICCIONARIO DE HISTORIA DE ESPAÑA, Tomo Segundo, F-M, Justicia Medieval,
Administración, Pág. 632.
5 OTS CAPDEQUÍ, José María, Historia del Derecho Español en América y del Derecho
Indiano. Aguilar: Madrid, 1968, Págs. 40-41.
6
MINGUIJÓN Y ADRIÁN, Salvador, Historia del Derecho Español, Colección Labor,
Editorial Labor: Barcelona, 1933, Pág. 363.

5
Historia del Poder Judicial Dominicano

Procuraron los Reyes Católicos que en cada población hubiese un corregidor,


y este propósito que se impusieron en 1480 condujo a que en Sevilla en el año
1500 dictasen una Instrucción de Corregidores como reglamento para estas
funciones. El corregidor presidía el Ayuntamiento, cuidaba de la justicia, la
economía, la policía y el orden público en el municipio, delegando la administra-
ción de justicia en uno o dos tenientes llamados alcaldes mayores, cuyo nombra-
miento en esa época dependía de los monarcas a propuesta de los propios corregi-
dores y previo informe de las Chancillerías.7

El Derecho Aplicado
El Derecho aplicado en época de los Reyes Católicos ya tenía mucha
influencia del Derecho Romano derivada de la vertiente canonista y de las Siete
Partidas de Alfonso X, el Sabio. Así se advertían en los procedimientos fórmulas
derivadas del Derecho Justinianeo reflejadas en demandas, contestaciones, cues-
tiones incidentales, resoluciones interlocutorias o definitivas, suplicaciones en
diversos grados, pruebas, sentencias definitivas, alzada y recursos extraordina-
rios.8
El Código de la Siete Partidas fue el monumento legal que el rey Alfonso X, el
Sabio, hijo de Fernando III el Santo, inició en 1256 y concluyó en 1263, obra
probablemente del maestro Jacobo, autor de “Flores de Derecho” (Flores de las
Leyes, según Ots Capdequí).9 Fue un texto legal redactado en compañía del
Consejo de los Doce Sabios ideado por Fernando III, quien quiso formar un
cuerpo de leyes generales para el reino de Castilla-León, por eso hizo traducir el
Fuero Juzgo del asturiano-leonés al romance castellano.10
También Alfonso X hizo recopilar el Derecho Consuetudinario español en el
llamado Fuero Real que fue redactado entre 1254 y 1255, el mismo debía apli-
carse como ley a aquellos pueblos que no tenían fuero escrito.

7
Ídem, Pág. 367.
8
DICCIONARIO, Íbidem, Tomo Segundo, Justicia Moderna Administración, Pág. 634.
9
OTS CAPDEQUÍ, José María, Instituciones. Salvat Editores: Barcelona, 1959, Pág. 226.
10 MINGUIJÓN Y ADRIÁN, opus citatum, Págs. 84-85.

6
Historia del Poder Judicial Dominicano

El Espéculo es una obra también de la Corte del rey Sabio que ha llegado
incompleta, y que junto a las Leyes para los Adelantados, las Leyes Nuevas en
que se dan soluciones a casos dudosos, el Ordenamiento de las Tafurerías para
regir casas de juego, y la Ley sobre la Mesta para regir relaciones jurídicas
respecto al ganado pastoril, constituyen los llamados Opúsculos Legales de don
Alfonso el Sabio.11
El Ordenamiento de Alcalá de Henares de 1348 comprende un conjunto de
acuerdos tomados por las Cortes en esta ciudad bajo el reinado de Alfonso XI
sobre la administración de justicia y el régimen señorial, donde se establece por
primera vez el orden de prelación de las fuentes jurídicas en el Derecho Español;
además de que se hicieron obligatorias las Partidas del rey Sabio, y se estableció el
principio “Solus consensu obligat” que separó al Derecho Español del Derecho
Germánico y del Justinianeo al expresar: “de cualquier manera que el hombre quiere
obligarse, quede obligado”. 12

Reglas de Precedencia y Recopilaciones


La precedencia consistió en que se aplicara primeramente el Ordenamiento
de Alcalá, en su defecto los Fueros en aquellas cosas que habían estado en uso,
luego el Fuero Real, y cuando no hubiera previsión ni en el Ordenamiento, ni en
el Derecho Foral, habría que acudir a las Partidas para resolver los pleitos. Consta
el Ordenamiento de 131 leyes en algunos manuscritos, y en el mismo se hace
referencia a un supuesto Ordenamiento hecho en Nájera por Alfonso VII, el
cual es apócrifo.13
La dispersión del Derecho Castellano motivó a los Reyes Católicos a ordenar
a los juristas Alonso Díaz de Montalvo y Galíndez de Carvajal la recopilación de
las Leyes de Castilla, tarea que completó el primero en 1480 según Ots
Capdequí, en 1484 según Minguijón y Adrián. Se le ha criticado por ser una
recopilación deficiente y desordenada, aunque fue útil para los que estudiaban o

11
MINGUIJÓN Y ADRÍAN, opus citatum, Pág. 88.
12 OTS CAPDEQUÍ, José María, Instituciones, Pág. 228.
13 MINGUIJÓN Y ADRIÁN, Íbidem, Págs. 89-90.

7
Historia del Poder Judicial Dominicano

aplicaban estas disposiciones. Este monumento es denominado: Ordenanzas


Reales de Castilla u Ordenamiento de Montalvo.14
En 1503 se hizo una colección de leyes, pragmáticas, ordenanzas y bulas
pontificias dictadas a partir de 1485 que fueron impresas por el escribano del
Consejo Real, Juan Ramírez, autorizado por Real Cédula.15
En el reinado de Juana I de Castilla (la Loca) en 1505 se reunieron las Cortes
en Toro. De esta reunión se conservan 83 leyes casi todas relativas al Derecho
Civil de las Personas y de las Sucesiones, incluyendo importantes disposiciones
sobre los mayorazgos. Fueron leyes encargadas por los Reyes Católicos, su inten-
ción fue cubrir las lagunas que dejaban el Fuero, las Partidas y el Ordenamiento,
pasaron todas a la Nueva Recopilación (1567) y a la Novísima Recopilación
(1802-1805). En las leyes de Toro se derogó la Ordenanza de 1499 que tratando
de evitar la prolijidad y multitud de criterios doctrinales, le dio autoridad de ley a
las opiniones de Bártolo y Baldo, y de los canonistas Juan Andrés y el Abad
(panormitano).16
En la primera de las Leyes de Toro se repite el orden de precedencia de las
fuentes que ya se había previsto en el Ordenamiento de Alcalá de Henares: 1º El
Ordenamiento de Alcalá; 2º Los fueros municipales; 3º El Fuero Real, si se
probaba su uso, y 4º Las Partidas.17

El Sistema Inquisitivo sobre el Acusatorio


En estos inicios de la Edad Moderna en España se impuso el sistema inquisi-
tivo al acusatorio, y a parte de los Jueces Pesquisidores en las Audiencias o Chan-
cillerías se establecieron los Procuradores Fiscales que sirvieron de acusadores
para que los delitos no quedasen impunes por falta de acusador. Estos velaban por
el cumplimiento de las leyes y los intereses del Estado.

14
OTS CAPDEQUÍ, O.C., Pág. 229 y MINGUIJÓN Y ADRIÁN, O.C., Pág. 90.
15 MINGUIJÓN Y ADRIÁN, Íbidem, Pág. 358.
16
MINGUIJÓN Y ADRIÁN, Opus Citatum, Págs. 358-359.
17
OTS CAPDEQUÍ, Historia del Derecho Español en América y del Derecho Indiano,
Pág. 44.

8
Historia del Poder Judicial Dominicano

En la composición de las Audiencias no se trata como en la Baja Edad Media


de Consejos de nobles o asambleas de simples vecinos u hombres buenos, sino de
profesionales del Derecho (letrados) que ocupan los cargos de Consejeros, Jueces
u Oidores, Fiscales, Escribanos, Alguaciles y Abogados.18

18 DICCIONARIO DE HISTORIA DE ESPAÑA, Tomo Segundo, Ídem, Pág. 633.

9
Bibliografía

• DE AZCONA, T., Isabel La Católica, Estudio crítico de su vida y reinado.


Tercera Edición. Biblioteca de Autores Cristianos (BAC): Madrid, 1993.
• DICCIONARIO DE HISTORIA DE ESPAÑA, Tomo II, F-M,
Ediciones de la Revista de Occidente. Ediciones Castilla: Madrid, 1968.
• MINGUIJÓN Y ADRIÁN, S., Historia del Derecho Español, Colección
Labor, Editorial Labor: Barcelona, 1933.
• OTS CAPDEQUÍ, J.M., Historia del Derecho Español en América y del
Derecho Indiano. Aguilar: Madrid, 1968.
• OTS CAPDEQUÍ, J.M., Instituciones. Historia de América y de los
Pueblos Americanos dirigida por Antonio BALLESTEROS y
BERETTA, Tomo XIV, Salvat Editores: Barcelona, 1959.
• SUÁREZ FERNÁNDEZ, L., y DE MATA CARRIAZO ARROQUIA,
J., La España de los Reyes Católicos (1474-1516). Historia de España diri-
gida por Ramón MENÉNDEZ PIDAL, Tomo XVII. Volumen I, Espa-
sa-Calpe: Madrid, 1978.

10
Capítulo II

LA FUNCIÓN JUDICIAL EN LA ESPAÑOLA

El Almirante y sus Prerrogativas Jurisdiccionales


La primera colonia española del Nuevo Mundo tuvo como adminis-
trador de justicia por delegación de los Reyes Católicos al Almirante don
Cristóbal Colón Fontanarossa. Su facultad de administrar justicia devino
de las “Capitulaciones de Santa Fe”, del 17 de abril de 1492, suscritas por
los Reyes Fernando V de Aragón e Isabel I de Castilla en Santa Fe de La
Vega de Granada, campamento militar desde el cual se tomó posesión del
último reducto moro en la península Ibérica.
Actuó como escribano que instrumentó dicho documento por los
monarcas, Johan de Coloma. Allí se previó la facultad de impartir justicia
en las islas y tierra firme en una de las cláusulas que reza: “Otrosí, que si, a
causa de las mercadurias quel trahera de las dichas islas y tierras que así, como
dicho es, se ganaren o descubrieren, o de las que, en trueque de aquellas, se
tomaren aqua de otros mercaderes, naciere pleyto alguno en el logar dondel
dicho comercio e tracto se terna y fara, que si por la preeminencia de su oficio de
almirante le pertenecera conocer de tal pleyto, plega vuestras altezas que el o su
teniente e no otro juez conozcan de tal pleyto, e así lo provean dende agora. /
Plaze a Sus Altezas, si pertenece al dicho officio de almirante, segunt que lo
tenia el dicho almirante don Alonso Enriquez, quondam, y los otros sus ante-
cessores en sus districtos, y siendo justo”.19

19 VEGA BOYRIE, Wenceslao, Los Documentos Básicos de la Historia Dominicana. Taller:


Santo Domingo, 1994, Pág. 16. En el documento llamado “Parecer de un Legista sobre los
Privilegios de Colón” en la Colección Documental del Descubrimiento, Tomo III,

11
Historia del Poder Judicial Dominicano

En ese documento no se contempla la facultad de administrar Justicia


en atribuciones penales, sino que se refiere mas bien a los pleitos mercan-
tiles.20 Sin embargo, en la confirmación de los títulos y privilegios conce-
didos en Granada el 17 de abril de 1492 y ratificados en Barcelona el 28 de
mayo de 1493 se señalaba que Colón podría “oir e librar todos los pleitos y
causas civiles y criminales tocantes al dicho oficio de almirantazgo y de virrey y
gobernador”.21 Es por esto que el Almirante o sus delegados ejercieron la
jurisdicción penal y la administrativa como se advierte en el Conflicto de
las Lanzas Jinetas y en la Rebelión de Roldán, así como en los castigos a
indios que fueron apresados por Alonso de Ojeda, y en otros casos como los
colgados que encontró Bobadilla a su llegada; incluso el historiador fray
Cipriano de Utrera afirma que: “El Almirante don Cristóbal Colón, don
Francisco de Bobadilla, don frey Nicolás de Ovando y don Diego Colón
tuvieron título personal de Gobernadores; sus poderes fueron de gobernación, de
guerra y justicia. Todos cuatro fueron, no Gobernadores de sólo la Isla Espa-
ñola, sino de Indias e Islas del Mar Océano”. 22

Pág. 1375 dice entre los privilegios colombinos: “merced de la justicia civil y criminal alta y
basa con mero y mixto imperio, como mas largo todo/ esto y otras cosas se demuestran por
los dichos privilegios y cartas de merced que he visto”. Por otro lado, en el Poder otorgado
por El Almirante a su hermano Bartolomé Colón para que ejerciera como su lugarteniente
la gobernación de Indias, otorgado en La Isabela el 17 de febrero de 1496 decía: “para que
en nombre de sus altezas y en el mío propio podáis determinar proveer e sentenciar e
declarar en todos los casos que ocurrieren así civiles como criminales punir e castigar/
remitir e conmutar las penas que en las sentencias se determinaren e en cualesquier penas
que a vos pareciere (Ídem, Tomo II, Documento 327, Pág. 669).
20 Diccionario de Historia de España, Capitulaciones de Santa Fe, Ediciones de la Revista de
Occidente: Madrid, 1968, Tomo I (A-E), Pág. 673.
21 COLECCIÓN DOCUMENTAL DEL DESCUBRIMIENTO, O.C., Tomo I, Documento
111, Pág. 394. Además en Carta Patente a los capitanes y gente de mar se les ordenaba que
obedecieran a Don Cristóbal Colón como capitán general de la armada que va a las Indias,
documento emitido en Barcelona el 28 de mayo de 1493 (Ídem, Tomo I, Documento 112,
Pág. 401).
22 UTRERA, fray Cipriano de, Historia Militar de Santo Domingo (Documentos y Noti-
cias).Imprenta Franciscana: Ciudad Trujillo, 1950, Tomo I, Pág. 10.

12
Historia del Poder Judicial Dominicano

La Primera Infracción, la Rebelión de Roldán


La primera infracción registrada en La Española se trata de un delito de
“Lesa Magestatis”. Nos referimos a la Rebelión de Roldán, aunque
también está consignada la riña, golpes y heridas voluntarias o presunto
homicidio que produjo Miguel Díaz de Aux que lo obligó a emigrar de La
Isabela hacia el Sur, donde a orillas del río Ozama se amancebó con la
cacica Catalina, episodio que está ligado al nacimiento de la ciudad de
Santo Domingo y del primer mestizo registrado, Miguelito, según hizo
constar en su testamento hecho en Sevilla el 2 de julio de 1504.23

La Primera Litis, el Conflicto de las Lanzas Jinetas


El primer pleito que se produjo en La Española fue el “Conflicto de las
Lanzas Jinetas” desarrollado luego del Segundo Viaje de Colón en 1493, y
que tiene sus antecedentes justo antes de embarcarse para La Española,
pues los Reyes Católicos como manifestación de su autoridad y para ejercer
cierto control militar enviaron en la expedición a veinte escuderos lanceros
de la Santa Hermandad, especie de cuerpo policial de la época, y Colón
hizo todo lo posible para que éstos no se embarcaran en la expedición,
siendo presionado a ello por Juan Rodríguez de Fonseca, Obispo de
Burgos, Arcediano de Sevilla y Miembro del Consejo Real. Parece que
Colón no quería ninguna fuerza que contrarrestara sus poderes sobre la
expedición. De este modo, en el primer memorial de Colón a los Reyes en
1494 el Almirante lanzó la hipótesis de que los caballos traídos no eran los
mismos que habían hecho la exhibición de armas en Sevilla, y que por
ende, había sido un fraude, lanzando también la conjetura de que el mejor
de ellos no parece que vale 2,000 maravedís. Realmente lo que había suce-

23 BENZO DE FERRER, Vilma, Pasajeros a La Española (1492-1530). Amigo del Hogar:


Santo Domingo, 2000, Ficha 671, Pág. 113.

13
Historia del Poder Judicial Dominicano

dido es que los animales habían padecido mucho durante la travesía y no


estaban en óptimas condiciones, también habían variado su régimen
alimenticio.24
El Almirante trató de adquirir los caballos y como no se los quisieron
vender le agregó a su memorial lo siguiente: “...por esto, visto que a estos
escuderos se ha fecho la costa hasta aquí, allende de sus sueldos y también a
sus caballos,... y son personas que cuando ellos están dolientes o non se les
antoja, non quieren, que sus caballos sirvan sin ellos mismos a Sus Altezas, no
quieren que se les compren estos caballos sino que sirvan a Sus Altezas, y esto
mismo no les parece que deban servir ni cosa alguna sino a caballo, lo cual agora
de presente non face mucho al caso, e esto parece que sería mejor comprarles los
caballos, pues que tan poco valen, y non estar cada día con ellos en estas
pendencias; por ende que Sus Altezas determinen esto como fuere su
servicio”.25
En la primera entrada al Cibao hecha por Alonso de Ojeda a mediados
de enero de 1494 con 15 hombres, las Lanzas Jinetas fueron excluidas y no
fue sino el 12 de marzo de 1494 cuando éstas entraron por vez primera y se
abrió el llamado “Paso (Puerto) de los Hidalgos” y se construyó el Fuerte de
Santo Tomás de Jánico que estuvo al mando del caballero mosén Pedro
Margarit, quien contrarió los planes de Colón de engañar a Canoabo, de
amedrentar y asaltar a los indios si fuere necesario para sobrevivir.
El 24 de abril de 1494 el Almirante parte de La Isabela y deja al mando
de la factoría a su hermano Diego Colón como Presidente de una Junta
compuesta por fray Bernaldo Boyl, Pero Hernández Coronel, como
Alguacil Mayor, Alonso Sánchez Carvajal, Regidor de Baeza y Juan de
Luján, caballero madrileño, criado del Rey Católico. Colón creía que iba a
tomar el Mar de Arabia para regresar a España.

24 RAMOS PÉREZ, Demetrio, El Conflicto de las Lanzas Jinetas (El primer alzamiento en
tierra americana, durante el segundo viaje colombino). Fundación García-Arévalo, Inc..
Gráficas 66:Valladolid, 1981, Págs. 67 a 70.
25 RAMOS PÉREZ, Demetrio, Ídem, Pág. 72.

14
Historia del Poder Judicial Dominicano

La Justicia de don Bartolomé Colón


Desesperado por el hambre, mosén Pedro Margarit abandonó el Fuerte
de Santo Tomás de Jánico y regresó a La Isabela con sus hombres inclu-
yendo las Lanzas Jinetas. Allí, el 24 de junio de 1494, llegó Bartolomé
Colón en momentos en que la falta de alimentos había llegado al límite
más extremo, y sin miramientos, el más fuerte de carácter de los miembros
de la familia Colón,
hizo trabajar a todos los
españoles de La Isabela
en obras públicas, cons-
truyendo castillos y
murallas, lo cual aten-
taba contra el estatuto
de los hidalgos, que sólo
debían contribuir con el
servicio de las armas, y
por ende, los humilló y
ultrajó.26
El hecho de que dos
miembros de la familia
Colón participaban en
el gobierno de la
La Virgen de Colón, y detrás de éste, San Cristóbal, también figuran la
colonia, sin mediar Catedral de Santo Domingo y dos ángeles que sostienen el escudo a la
decisión de los Reyes, Orden de los Dominicos, parte del escudo de la ciudad.
era concebido como un
abuso de autoridad de esos extranjeros recién llegados que junto a las demás
circunstancias motivó la rebelión de los hidalgos de La Isabela entre los que
figuraban los escuderos o Lanzas Jinetas que fueron despojados de sus
caballos para utilizarlos como bestias de tiro, en las construcciones y para

26 Íbidem. Pág. 111.

15
Historia del Poder Judicial Dominicano

otros servicios. Por eso, los lanceros sobrevivientes, 17 de los 20 originales


que llegaron, regresaron a España junto al fray Bernaldo Boyl y a mosén
Pedro Margarit en algunas de las carabelas que había traído Bartolomé
Colón.27
Al arribar al puerto de Cádiz, los escuderos reclamaron a la Corona sus
armas y caballos, pues las armas se habían oxidado en el contacto con la
humedad del trópico y los caballos habían sido dejados, considerándolos
muertos. Junto a los viajeros llegó el segundo envío de oro desde La Espa-
ñola.

Conclusión del Conflicto de las Lanzas Jinetas


Los Reyes Católicos consideraron el hecho jurídico del despojo de los
caballos como una confiscación, por tanto, sólo procedía otorgar la
condigna indemnización. Encomendaron la solución del caso al licenciado
Juan de Castilla, jurista que fue Rector de Salamanca, hijo de Beatriz Enrí-
quez y miembro de la Sala de Justicia del Consejo Real desde abril de 1489,
éste también era Deán del Cabildo Eclesiástico de Sevilla.28
El Magistrado Juan de Castilla fijó las indemnizaciones en 106,400
maravedís por trece caballos, 28,050 maravedís por dieciséis sillas y
aderezos, y 33,900 maravedís por las armas de diecisiete escuderos,
haciendo un total las indemnizaciones de 168,350 maravedís; y para no
establecer un mal precedente, se puso el pago de las indemnizaciones a
cargo de cada Capitanía de la Santa Hermandad a la cual pertenecía el
escudero, salvando así a la Corona de Castilla y a la empresa colombina de
dichas indemnizaciones. 29

27 Íbidem, Pág. 125.


28
Íbidem, Pág. 148.
29 Íbidem, Pág. 140 y 150.

16
Historia del Poder Judicial Dominicano

El 23 de febrero de 1495 desde Madrid y a la firma del Secretario Real,


Juan de la Parra, los Reyes Católicos ordenaron a Hernando de Zafra que se
juntara con los capitanes, contadores, veedores y pagadores de la Santa
Hermandad para entregar estas indemnizaciones con prelación a todas
otras y que los caballos fueran pagados como si estuviesen muertos. 30

El Rebelde Roldán
Posteriormente, en La Española, al grito de ¡Viva el Rey!, Francisco
Roldán Jiménez, Alcalde Mayor de La Isabela desde 1496, por nombra-
miento que le había dado El Almirante, se rebeló junto a cincuenta
hombres, según afirma Las Casas (sesenta según Fernández de Oviedo)
contra la autoridad de los hermanos Diego y Bartolomé Colón Fontana-
rossa. Transcurría el 1498, Roldán huyó a tierras del cacique Bohechío
(Cacicazgo de Xaraguá), luego de haber tomado armas y animales en el
almacén y potrero denominado la “Alhóndiga del Rey”. 31
Expresa Gonzalo Fernández de Oviedo, en su Historia General y
Natural de las Indias: “Después que estas victorias hobo el Adelantado
(Bartolomé Colón), parecía que se le había trocado la condición, porque se
mostró muy riguroso con los cristianos de allí adelante, en tanta manera que no
le podían sofrir algunos, en especial Roldán Ximénez, que había quedado por
Alcalde Mayor del Almirante. Al cual el Adelantado no hacía la cortesía o trac-
tamiento que él pensaba ser merecedor, ni el Roldán consentía que en las cosas
de la justicia fuese el Adelantado tan absoluto como quería serlo; y de esta
causa hobieron malas palabras y el Adelantado le tractó mal e, según algunos
dijeron, puso o quiso poner las manos en él...” 32

30 Íbidem, Págs. 175 a 177.


31 MOYA PONS, Frank, Después de Colón (Trabajo, Sociedad y Política en la Economía del
Oro). Alianza Editorial: Madrid, 1987, Pág. 20. Véase también BENZO DE FERRER,
Vilma, o.c., Pág. 348.
32 OVIEDO/LAS CASAS, Crónicas Escogidas. Prólogo y notas de Jorge Tena Reyes. Biblio-
teca de Clásicos Dominicanos. Editora Corripio: Santo Domingo, 1988, Pág. 68.

17
Historia del Poder Judicial Dominicano

Los rebeldes se resistían a lo que consideraban tiranía de la familia


Colón, pero se consideraban servidores de los Reyes Católicos. Los rolda-
nistas también explotaron a los indios y a la rebelión se sumó más de un
centenar de españoles que dejaron a Bartolomé Colón corto de refuerzos
para poder enfrentar el levantamiento de los indios de Macorís. En ese
momento se produjo la despoblación de La Isabela y la fundación de Santo
Domingo.
Los roldanistas se servían de los indios en el sentido de que cada uno
tenía las mujeres que deseara y las tomaban a la fuerza o negociadas, utili-
zándolas como camareras, lavanderas y cocineras, dándose así el fenómeno
de personas de extracción humilde en España que vivían en la isla como
grandes señores.33

El calatraveño Francisco de Bobadilla


Aunque se restableció la paz, especialmente con el repartimiento de
tierras y de indios, las noticias de la rebelión habían llegado a España y los
Reyes Católicos aprovecharon para tomar el pleno control de la Colonia y
liberarse de los privilegios colombinos, designaron a frey Francisco de
Bobadilla, Comendador de Auñón de la Orden Religiosa Militar de Cala-
trava como Juez Pesquisidor, en virtud de Real Provisión emitida en Madrid
el 21 de mayo de 1499. También se le nombró Gobernador de la Isla Espa-
ñola, al tiempo que se emitieron otras provisiones y capitulaciones a favor
de varios descubridores y conquistadores.
El nombramiento del calatraveño Bobadilla indicaba: “Le recibiesen por
su Juez Gobernador de esas islas y tierra firme, y le dejasen y consintiesen libre-
mente usar y ejercer el oficio de gobernación y cumplir y ejecutar su justicia (de
los Reyes) en esas islas y tierra firme, y en cada una de ellas, por sí y por sus
oficiales y lugartenientes; que era su merced, de que en los oficios de alcaidias (el
copista entiende que es alcaldías), alguacilazgos y otros oficios anexos a la
gobernación pudiese poner, quitar y remover cada (vez) y cuando viere que a su
servicio y ejecución de su justicia cumplía poner y sobrogar otros en su lugar y
oir, librar y determinar, y oyese, librase y determinase todos los pleitos y causas

33 MOYA PONS, Frank, Ídem, Pág. 22.

18
Historia del Poder Judicial Dominicano

así civiles como criminales, que en las islas y tierra firme estuviesen pendientes,
comenzados y movidos, o se movieren o comenzaren de ahí adelante, cuando
por ellos tuviere el oficio, y haber y llevar los salarios acostumbrados, pertene-
cientes justamente a los dichos oficios, y hacer cualesquier pesquisas en los
casos de derecho permisos (permitidos) y todas las otras cosas pertenecientes al
oficio, y que entiéndese él, o quien su poder hubiere (en lo) que a su servicio y a la
ejecución de su justicia cumplía. Y para usar y ejercer el oficio, y cumplir y
ejecutar su justicia... (se mandaba) a cualquier persona o personas que tenían
las varas de su justicia, y de los oficios de alcaldías y alguacilazgos, de todas las
islas y tierra firme y de cada una de ellas, que luego que por el comendador
Francisco de Bobadilla fueren requeridos, se las entregasen y no usasen más de
ellas, si su licencia y especial mandado, so las penas en que caían e incurrían
las personas privadas que usaban de oficios públicos para (los cuales) no tenían
poder ni facultad, ca ellos por la presente los suspendían y habían por
suspensos (suspendidos)”. 34
Aunque Bobadilla fue nombrado en mayo de 1499, tardó más de un
año en partir hacia La Española, zarpando en julio del 1500. Llegó a la isla
el 23 de agosto de 1500. Estuvo un año, siete meses y veintitrés días en el
gobierno, período en el cual apresó a Diego Colón, porque habiendo encon-
trado varios españoles ahorcados, desacatando éste su autoridad se negó a
entregarle a un grupo que iba a ser igualmente ahorcado. Bobadilla
confiscó la vajilla de oro y los documentos del Almirante, apresó también a
sus hermanos Bartolomé y Cristóbal Colón quienes habían salido a
enfrentar la nueva rebelión de Adrián de Moxica y de Fernando de
Guevara.35

34
INCHÁUSTEGUI CABRAL, Joaquín Marino, Francisco de Bobadilla (Tres homónimos y
un enigma colombino descifrado). Ediciones Cultura Hispánica: Madrid, 1964, Págs. 507 a
509.
35 INCHÁUSTEGUI CABRAL, Joaquín Marino, o.c., Págs. 551 y 555, quien reproduce a
Marcelo Gaya y Delrue y a Francisco Morales Padrón; BENZO DE FERRER, Vilma,
Págs. 174 y 268, Vilma Benzo señala que Fernando de Guevara estaba preso a la llegada de
Bobadilla el 23 de agosto de 1500 e iba a ser ahorcado, y Adrián de Moxica o Mugica fue
hecho preso por el Almirante y sentenciado a la horca, y como tardaba su ejecución al
negarse a confesar para demorar su castigo, Colón ordenó que lo echaran por una almena
del fuerte de la Concepción de La Vega.

19
Historia del Poder Judicial Dominicano

El Proceso contra el Almirante


Bobadilla despachó hacia
España al franciscano fray
Francisco Ruiz, con noticias
para la reina, demoró dos
meses instruyendo el proceso
contra el Gran Almirante, y lo
despachó junto a sus hermanos
bajo la custodia de Alonso de
Vallejo que los tenía que
entregar al Corregidor del
puerto de Cádiz. Los Colón
iban encadenados como
correspondía a todo prisionero
de Estado, los cargos contra
ellos fueron:

En esta aula de la Universidad de Salamanca se formaron


algunos de los juristas que ejercieron en La Española

1. Privaciones injustificadas, trabajos excesivos impuestos a las


tropas españolas.
2. Guerras sin motivos justificados contra los indígenas.
3. Crueldades inútiles y explotación inconsiderada de éstos.
4. Obstáculos puestos a su conversión para poderlos vender más
fácilmente como esclavos.
5. Ocultación de perlas y oro que correspondían al Quinto del Rey.
6. Ocultación de descubrimientos geográficos para tener nuevos
privilegios.
7. Haber interrumpido voluntariamente las informaciones acerca
del asunto de La Navidad.

20
Historia del Poder Judicial Dominicano

8. Haber cometido un abuso de autoridad grave al nombrar un


Adelantado sin ser capacitado para ello.
9. Haber reducido a esclavitud a numerosísimos naturales desobe-
deciendo así un sinnúmero de veces a los Reyes.
10. Intento de negociar la entrega de las islas a una potencia extran-
jera, por documentos incautados en la Casa del Almirante.
11. Los documentos hallados en casa del Adelantado contienen
cartas de puño y letra del Almirante, pero cifradas, llamando a sí
urgentemente, a Bartolomé y a sus soldados, e incitándole a
rechazar por la fuerza al nuevo Gobernador, lo que sería una
rebelión abierta y armada contra el representante de los Reyes.36
Misteriosamente el expediente colombino desapareció y no ha sido
encontrado aún.

Proceso contra Alonso de Ojeda


Otro proceso instruido por frey Francisco de Bobadilla fue contra el
conquistador Alonso de Ojeda a quien acusaron de actos de piratería en las
islas de Cabo Verde, posesiones de Portugal, haber rescatado (comerciali-
zado) con perlas y aljófar en la Isla Margarita que había descubierto Cris-
tóbal Guerra, haber rescatado en Curiana, tierra descubierta por Rodrigo
de Bastidas, obteniendo oro y guanimes (aleación de oro y cobre) y haber
hecho sublevar a los indios mientras estaban seguros mercadeando; además
que había sostenido intercambios con los indios del Cacicazgo de Xaraguá,
en lo que sería Jáquimo, y con los rebeldes de Roldán, violando las Capitu-
laciones de Colón.37

36 INCHÁUSTEGUI, Joaquín Marino, Ídem, Págs. 552 y 553, reproduciendo la obra: El


mito de Cristóbal Colón de Marcelo Gaya y Delrue, publicada en 1957.
37 SZÁSDI LEÓN-BORJA, István, Los Viajes de Rescate de Ojeda y las Rutas Comerciales
Indias (El valor económico del señorío del mar de los Reyes Católicos). Ediciones Funda-
ción García Arévalo, Amigo del Hogar: Santo Domingo, 2001.

21
Historia del Poder Judicial Dominicano

Como Bobadilla se disponía regresar a España, dejó que el proceso se


fallase en la península, y el Consejo Real, reunido en Segovia el 8 de
noviembre de 1503, absolvió de los cargos a Alonso de Ojeda. Se demostró
que éste estuvo provisto de una Capitulación que se le otorgó en 1500,
amén de una segunda que se le expidió el 8 de junio de 1501, además de
que estuvo acompañado de escribano, el cual asentó todo lo comercializado
en los intercambios, y que no había defraudado a los Reyes. Por eso, el Rey
Fernando le otorgó una nueva Capitulación el 30 de septiembre de 1504
en Medina del Campo.
El historiador y jurista español István Szásdi León-Borja encontró en el
Archivo de Simancas la Ejecutoria del Corregidor de Cádiz, Cristóbal
Velásquez de la Torre, sobre la recepción de presos provenientes de las
Indias, contentiva del mandamiento de conducencia contra Alonso de
Ojeda suscrito por el Magistrado Lic. Alfonso (Alonso) Maldonado,
Alcalde Mayor de las Islas y Tierra Firme, asistido del escribano Diego
Gutiérrez, expedido en Santo Domingo del Puerto de la Isla Española el 8
de mayo de 1503.
Al no ser enviado Ojeda con la flota en que iba Roldán y otros presos,
junto a numerosos indios, se salvó del naufragio en el cual desapareció su
juez frey Francisco de Bobadilla, quien también iba de regreso a España.
Esta flota desapareció entre la Isla Española y Puerto Rico el 2 de julio de
1502.38

38 INCHÁUSTEGUI, J. Marino, Íbidem, Pág. 514.

22
Bibliografía

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• COLECCIÓN DOCUMENTAL DEL DESCUBRIMIENTO
(1470-1506), Tomos I, II y III, Real Academia de la Historia/ Consejo
Superior de Investigaciones Científicas/ Fundación MAPFRE
América. Editorial MAPFRE: Madrid, 1994.
• Diccionario de Historia de España, Ediciones de la Revista de Occi-
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• INCHÁUSTEGI CABRAL, J. M., Francisco de Bobadilla (Tres
homónimos y un enigma colombino descifrado). Ediciones Cultura
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Tena Reyes. Biblioteca de Clásicos Dominicanos. Editora Corripio:
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Fundación García-Arévalo, Inc. Gráficas 66: Valladolid, 1981.
• SZÁSDI LEÓN-BORJA, I., Los Viajes de Rescate de Ojeda y las
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Reyes Católicos). Ediciones Fundación García Arévalo, Amigo del
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23
Historia del Poder Judicial Dominicano

• UTRERA, fray C. de, Historia Militar de Santo Domingo (Docu-


mentos y Noticias). Imprenta Franciscana: Ciudad Trujillo, 1950,
Tomo I.

• VEGA BOYRIE, W., Los Documentos Básicos de la Historia Domi-


nicana. Taller: Santo Domingo, 1994.

24
Capítulo III

JUSTICIA COLONIAL EN EL SIGLO XVI

Los Delincuentes y los primeros años de la Colonia


La tradición afirma que estas tierras americanas se poblaron con delin-
cuentes, y tres documentos relativos al Almirante Cristóbal Colón apoyan
esta hipótesis, no obstante todo el interés que pusieron los reyes de que sólo
pasaran a las Indias personas de buenas costumbres. Se trata de la Real
Provisión dictada en Medina del Campo el 22 de junio de 1497, por la cual
se concedió indulto a los que hubieren cometido delitos de cualquier clase
excepto de herejía, lesa majestad, traición, falsa moneda o sodomía, entre
otros, con tal que fueran a servir a la Isla Española, o a las otras islas y
tierra firme, por todo el tiempo que el Almirante ordene cumplir al servicio
de los Reyes Católicos.39 Como se puede apreciar era el cambio del encierro
por una especie de trabajo forzado al servicio de los reyes y por el tiempo
fijado por Colón.
También en Medina del Campo el 22 de junio de 1497 se emitió una
Carta Patente para todos los Administradores de Justicia (las Justicias) por
la cual se les autorizaba a que los delincuentes que merecieren pena de
muerte o hubieren de desterrar, los destierren a la Isla Española y les envíen
a labrar metales por el tiempo que el Almirante les mandare o hagan lo que

39 COLECCIÓN DOCUMENTAL DEL DESCUBRIMIENTO (1470-1506) Tomo II.


Real Academia de la Historia. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Fundación
Mapfre América. Editorial Mapfre, S.A.: Madrid, 1994, Documento 364, Pág. 985.

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Historia del Poder Judicial Dominicano

éste les ordenare por el tiempo que a los destinatarios de la carta les pare-
ciere.40
En la misma fecha se expidió una Real Cédula al Conde de Cifuentes
para que entregara al Almirante los desterrados a la Isla Española cuando
los navíos estuvieren prestos para partir, entregando los presos por ante
escribano y testigos.41
Estos documentos contrastan con las Instrucciones dadas a Colón en el
Segundo Viaje, dictadas en Barcelona el 29 de mayo de 1493, donde se
expresaba: “Toda la gente que fuere en los navíos si ser pudiere, sean personas
conocidas e fiables”.42 Esto último armoniza con la Real Provisión del 30 de
marzo de 1493 donde los Reyes Católicos prohibían ir a las Indias sin su
licencia so pena de muerte y de perder los navíos, mercaderías y todos los
bienes que tuvieren en sus reinos.43
Se supone que la autorización del pase de delincuentes fue con el objeto
de tener personas que realizaran trabajos forzados sin contribuir a despo-
blar España. Sin embargo, parece no haber constancia de que pasaran los
delincuentes con el Almirante, tampoco con frey Francisco de Bobadilla
que hizo la travesía acompañado de 25 personas a sueldo.44
El 24 de septiembre de 1518 se dictó una Real Cédula en Zaragoza en
la cual se manda a los Oficiales de Sevilla que no pueda pasar a las Indias
ningún penitenciado, aunque tenga habilitación.45

40 Ídem, Tomo II, Documento 365, Pág. 989.


41 COLECCIÓN DOCUMENTAL DEL DESCUBRIMIENTO (1470-1506) Íbidem,
Tomo II, Documento 367, Pág. 992.
42 COLECCIÓN DOCUMENTAL DEL DESCUBRIMIENTO (1470-1506) Íbidem,
Tomo I, Documento 119, Pág. 412.
43 COLECCIÓN DOCUMENTAL DEL DESCUBRIMIENTO (1470-1506) Íbidem,
Tomo I, Documento 48, Pág. 285.
44
COLECCIÓN DOCUMENTAL DEL DESCUBRIMIENTO (1470-1506) Íbidem,
Tomo II, Documento 446, Pág. 1196.
45 CEDULARIO DE ENCINAS. Ediciones de Cultura Hispánica: Madrid, 1990, Pág. 93.

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Historia del Poder Judicial Dominicano

Limitación a la Abogacía
Por más selecta que fuera la población en La Española no dejaron de
suscitarse procesos judiciales, por eso tempranamente el 14 de noviembre
de 1509 el Rey Fernando el Católico prohibía que pasaran abogados a las
Indias y expresaba: “Porque yo he sido informado que a causa de haber pasado
a las Indias algunos letrados abogados han sucedido en ellas muchos pleitos y
diferencias yo vos mando que de aquí en adelante no dejéis ni consintáis pasar
a las dichas Indias ningún letrado abogado sin nuestra licencia especial,
mandando que si necesario es, por esta presente lo vedamos e prohibimos”. 46

De los Primeros Procesos Judiciales


Entre los primeros pleitos consignados en La Española se produjo uno
por el cual se reclamaban daños y perjuicios con motivo de una alegada
complicidad en un robo. Desde Sevilla se le ordenó al Comendador Boba-
dilla, el 4 de junio de 1500, conocer de la querella de Velasco de San
Martín contra Bartolomé Colón, que consistió en que en el año 1499 el
primero llevó cuentas de vidrios de las que los indios llaman “diamantes”, y
un indio le robó setenta y cinco pesos de oro de un arca, al Adelantado
Colón, para pagar dichas cuentas, y el robo se había cometido por instruc-
ciones de Velasco de San Martín, según confesó el indio al ser torturado
por el Adelantado, quien lo hizo atormentar “lardándole la barriga con
tocino”, es decir, untándole en el abdomen aceite de tocino caliente.
Se le pidió a Bobadilla que “resolviera la causa brevemente y sin dilaciones
de malicia, llamadas y oídas las partes para que alcancen la justicia y que por
defecto de ella no tuvieren que ir a Castilla ni quejarse sobre ello”.47 Esto último
aparece en los documentos judiciales de la época como una cláusula de
estilo.

46 DOMÍNGUEZ MOLINOS, Rafael, Historias Extremas de América. Plaza Janes


Editores: Barcelona, 1986, Pág. 171.
47 COLECCIÓN DOCUMENTAL DEL DESCUBRIMIENTO (1470-1506) Íbidem,
Tomo II, Documento 450, Pág. 1204.

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Historia del Poder Judicial Dominicano

Atribuciones Judiciales de Ovando


El 3 de septiembre de 1501 es nombrado Gobernador frey Nicolás de
Ovando, Comendador de Lares de la Orden de Caballería de Alcántara. En
su nombramiento otorgado en Granada se especificaba que “tendría por
cuenta de los reyes la gobernación y oficio de juzgado de esas islas y tierra firme
por todo el tiempo que nuestra merced y voluntad fuere, en los oficios de jurisdic-
ción civil y criminal, alcaldías e alguacilazgos de ellas”. Lo designaban Juez y
Gobernador y suspendían a todas las personas que tuvieren varas de
justicia48 estableciendo que se las entregaren al Gobernador tan pronto éste
se las requiriese, so pena de ser considerados como personas privadas que
usan de oficios públicos. Los reyes prohibían contra los mandamientos de
Ovando interponer Apelación o Suplicación, solicitando que las penas que
se impusieran a favor de la cámara y fisco real fueran impuestas ante Escri-
bano Público.49
De la jurisdicción de Ovando se excluían las islas que gobernaban
Alonso de Ojeda y Vicente Yáñez Pinzón. De este modo los reyes evitaban
conflictos de jurisdicción y en la misma fecha emitían un Real Manda-
miento a frey Nicolás de Ovando para que tomara juicio de residencia a
frey Francisco de Bobadilla y sus oficiales. En el mismo documento de
nombramiento se trazaba el procedimiento a seguir para el Juicio de Resi-
dencia a Bobadilla y demás autoridades.
En adición a este Real Mandamiento del 3 de septiembre de 1501, hay
un segundo Real Mandamiento del 16 de septiembre de 1501 para que frey
Nicolás de Ovando averigüe las cuentas del Comendador Bobadilla y le

48 Las varas de justicia fueron el símbolo visible de los jueces, señal de su autoridad, palo largo
y delgado que a veces terminaba en cruz y en regatón, en ambos extremos, respectivamente.
La cruz era usada para los juramentos.
49
COLECCIÓN DOCUMENTAL DEL DESCUBRIMIENTO (1470-1506) Íbidem,
Tomo II, Documentos 479 y 380, Pág, 1260 y siguientes.

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Historia del Poder Judicial Dominicano

tome Juicio de Residencia, y en otro Real Mandamiento de la misma fecha,


le insisten a Ovando “que no se guarde la franqueza sobre el oro que Bobadilla
dio a los vecinos de La Española sin tener poder para ello”.50 Esto evidencia
que en sus órdenes los reyes eran reiterativos, y aunque tuvieran conoci-
miento extraoficial de algún hecho, guardaban las formas y lo hacían
comprobar en justicia.

Los Primeros Jueces y la Organización Judicial en La Española


Desde los inicios la organización de viajes a las Indias originó procesos
judiciales en la metrópoli, y esos letrados comisionados por los reyes para
administrar justicia en España, de una forma u otra seguirían vinculados a
nuestra Historia Judicial. Así el 15 de enero de 1502 en Sevilla, y bajo la
firma de Gaspar de Grizio, los Reyes Católicos le ordenan al licenciado
Alonso Maldonado ir a Sanlúcar de Barrameda donde está la armada que
ha de zarpar hacia La Española para que resuelva las diferencias y pleitos
brevemente y así marchen presto. Este licenciado Maldonado pasó con la
flota a la Isla Española y llegará a ser muchos años después Presidente de la
Real Audiencia de Santo Domingo.51
Es curioso destacar que en las capitulaciones otorgadas a Alfonso Vélez
de Mendoza, vecino de Moguer el 15 de febrero de 1502, para que lleve
cincuenta vecinos a la Isla Española, les facultan a que puedan nombrar
entre sí todos los oficiales de justicia para lo civil y criminal, de los cuales
podrá apelarse por ante el Gobernador. Esta disposición le reconoce a los
vecinos, como si fueran un municipio, el derecho de designar sus Alcaldes
u oficiales de justicia tanto para juzgar en atribuciones civiles como

50 COLECCIÓN DOCUMENTAL DEL DESCUBRIMIENTO (1470-1506) Íbidem,


Tomo II, Documento 497, Pág. 1299.
51 MARTE, Roberto, Santo Domingo en los Manuscritos de Juan Bautista Muñoz. Serie
Documental de la Fundación García Arévalo, Volumen I, I.G. Manuel Pareja: Barcelona,
1981, Pág. 39.

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Historia del Poder Judicial Dominicano

penales, y establece la facultad de conocer en segundo grado al Gobernador,


que en ese tiempo era frey Nicolás de Ovando. Hay constancia de que
Vélez de Mendoza estaba ya en La Española en 1503.52
La Justicia Colonial en estos primeros tiempos estuvo compuesta por el
Gobernador, quien reunía la función de Juez, los Alcaldes, los Alguaciles,
Escribanos y Abogados (Letrados o Procuradores).

El Alcalde Mayor Alonso Maldonado

El Comendador Ovando trajo en su expedición como Alcalde Mayor al


mencionado licenciado Alonso Maldonado, natural de Salamanca, el
mismo que había designado el Rey Fernando para resolver los pleitos
previos al embarque de la flota, y que había sido Justicia en Sevilla. Fue
Maldonado, Alcalde Mayor de Tierra Firme en 1503, y pasó de nuevo a La
Española donde fue Alcalde Mayor desde 1507 a 1509. Fue también de
los primeros en construir casa de piedra en Santo Domingo. Regresó a
España el 17 de septiembre de 1509 junto al Comendador Ovando.
Tuvo el licenciado Maldonado una brillante carrera judicial, pues pasó
como Oidor a Nueva España (México) en 1530, Juez de Residencia y
Gobernador de Guatemala de 1536 a 1542, Presidente de la Audiencia de
los Confines en 1545 y Presidente de la Real Audiencia de Santo Domingo
en 1553,53 de cuya gestión han quedado unos versos satíricos del sevillano
Lázaro Bejarano que denuncian en octosílabos la vida tranquila y holgada
de nuestros oidores, y especialmente del Presidente Maldonado, al decir:

52 Ídem, Pág. 40.


53 BENZO DE FERRER, Vilma, Pasajeros a La Española (1492-1530). Amigo del Hogar,
2000, Pág. 224.

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Historia del Poder Judicial Dominicano

También vide a Maldonado


Licenciado y Presidente
A la sombra de una fuente
Descuidado del cuidado
Que el Rey le dio de su gente
Y al son de una cynfonía
Que Cieza el ciego tañía
Cantaban los Melgarejos;
Gritos dan niños y viejos,
Y de él nadie se dolía.54
En carta del Rey al Comendador Ovando del 22 de octubre de 1504, a
la firma del Secretario Grizio, le informa que le envía otro letrado que
Ovando pidió para que administre justicia en alguna parte de esa Isla Espa-
ñola, para lo cual el Comendador le abonaría cada año 50,000 mara-
vedís.55

El Alcalde Mayor Lucas Vázquez de Ayllón


Este otro letrado fue el bachiller Lucas Vázquez de Ayllón, natural de
Toledo, quien llegó a tener 400 indios en encomienda, 500 según Las
Casas, porque fueron parte de su sueldo. Residió Vázquez de Ayllón en
Gurabo, se casó en Santiago de los Caballeros con Ana Becerra, y fue
Alcalde Mayor en Concepción de La Vega con jurisdicción en toda la banda
del Norte: Santiago de los Caballeros, Puerto Plata, donde tuvo un ingenio
azucarero, Puerto Real y Lares de Guaba. Fue residenciado en julio de
1509 por el letrado sevillano licenciado Francisco de la Fuente por orden
del Virrey don Diego Colón. Vázquez de Ayllón regresó a España en 1510,

54 DOBAL MÁRQUEZ, Carlos, Nuevas del Nuevo Mundo (Mascarada Renacentista en


Santo Domingo). Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra. Editora Taller: Santo
Domingo, 1992, Pág. 105 y PÉREZ, Carlos Federico, Evolución Poética Dominicana.
Editorial Poblet: Buenos Aires, 1956, Pág. 21).
55 MARTE, Roberto, Santo Domingo en los Manuscritos de Juan Bautista Muñoz , Ídem,
Pág. 56.

31
Historia del Poder Judicial Dominicano

y domiciliado en Toledo, aprovechó para hacerse licenciado. Fue


nombrado Oidor de la Real Audiencia cuando ésta fue erigida en 1511 y
llegó a Santo Domingo en 1512, tuvo una vida de fama y fortuna, llena de
aventuras amorosas, especialmente con mujeres casadas. Tuvo un papel
protagónico como Juez de Residencia que se envió en la expedición que
organizó Diego Velásquez de Cuéllar contra Hernán Cortés al mando de
Pánfilo de Narváez. Regresó a España y atestiguó contra el Virrey Colón
en la Corte. Obtuvo una Capitulación para conquistar y colonizar tierras
en el Norte de las Indias, lo hicieron Caballero de la Orden de Santiago.
Organizó su expedición desde Puerto Plata; fundó la primera villa en terri-
torio de los actuales Estados Unidos de América, San Miguel de Gualdape,
a la altura de Las Carolinas (según Javier Malagón Barceló actualmente
Jamestown, ciudad que queda en el Estado de Nueva York, al Sur de
Búfalo, pero esto no coincidiría con los 32º de Latitud que sí coincide con
Las Carolinas); y finalmente falleció el 18 de octubre de 1526 en su
empresa colonizadora, pasando a la historia como “El Oidor Conquis-
tador”.56

El Alcalde Mayor Marcos de Aguilar


Otro de estos Alcaldes que administraron justicia en la Isla Española
fue el Juez Marcos de Aguilar, quien había sido Justicia de Sevilla, y llegó
como Juez de Residencia el 10 de julio de 1509, junto al Segundo Almi-
rante y Virrey, don Diego Colón. El Magistrado Aguilar fue el Juez que
conoció de la litis entre Cristóbal de Tapia y frey Nicolás de Ovando, la cual
se desarrolló en relación con un solar de la ciudad de Santo Domingo
donde Tapia tenía un bohío y cuatro tenderetes de madera y cana que alqui-

56 BENZO DE FERRER, Vilma, Pasajeros a La Española (1492-1530). Amigo del Hogar,


2000, Pág. 429 y ver especialmente a MALAGÓN BARCELÓ, Javier, Un Oidor Conquis-
tador. Revista Eme-Eme (Estudios Dominicanos). Volumen V, número 25, julio-agosto de
1976, Págs. 3 a la 17. Ese lugar al que llegó Vázquez de Ayllón, fue la boca del New River en
Onslow Bay, Carolina del Norte, en Estados Unidos, según Manuel Lucena Salmoral et al.,
Historia de Iberoamerica, Ediciones Cátedra: Madrid, 1992, Volumen II, Pág. 152.

32
Historia del Poder Judicial Dominicano

laba. Este solar fue tomado por Ovando para la construcción de la proyec-
tada Casa de Contratación, actual Museo de Las Casas Reales.
La sentencia del Magistrado Aguilar dispuso la restitución del inmueble
a Tapia o que se le cediera otro “tal y tan bueno”, la decisión fue dictada el
23 de enero de 1510, y apelada por ante los reyes por el licenciado Gómez
García, Procurador del Comendador Mayor.57

El Juicio al Alcalde de Santiago por Maltrato de Indios


Otro juicio de importancia culminó en la isla cuando el 14 de agosto de
1510 el licenciado Marcos de Aguilar sentenció al Alcalde de la Villa de
Santiago de los Caballeros, Francisco de Solís, a ser desterrado de dicha
villa y a no volver a entrar en ella sin permiso del juez Aguilar, so pena de un
marco de oro para la Cámara y Fisco de sus Altezas. Esta sentencia fue
recurrida en apelación por ante el rey y la reina, y por ante el Presidente y
Oidores del Real Consejo de Castilla por el Procurador Juan García. Cabe
señalar, que esta sentencia debió de apelarse ante el Virrey Diego Colón,
salvo que se interprete que Solís era sometido a una especie de Juicio de
Residencia y gozaba también de ese privilegio de jurisdicción de apelar
directamente ante los soberanos y su Consejo.
Aguilar había sujeto al Alcalde de Santiago de los Caballeros a prisión
domiciliaria en la alcaldía mientras le juzgaba, para no encadenarlo. A
Solís lo procesaron porque le dio ocho o diez azotes a un indio naboria
llamado Gasparico (Guabayax) que se había escapado de su finca de Espe-
ranza, los cuales le produjeron la muerte. También se le procesó por la
muerte de otro indio llamado Francisquito. El caso lo comenzó a instruir el
Alcalde Mayor, Juan Carrillo, con asiento en Concepción de La Vega, pero
los magistrados Carrillo y Solís eran amigos, tanto así que el primero fue

57 RODRÍGUEZ DEMORIZI, Emilio, Pleito Ovando-Tapia (Comienzos de la Vida Urbana


en América). Fundación Rodríguez Demorizi. Vol. X, Editora del Caribe: Santo Domingo,
1978, Pág. 306. Ver también DOBAL MÁRQUEZ, Carlos, Santiago en los Albores del
Siglo XVI (El Solar de Jacagua). Universidad Católica Madre y Maestra: Santiago de los
Caballeros, 1985, Págs. 136 y 137.

33
Historia del Poder Judicial Dominicano

fiador de Solís durante el proceso, en cambio Aguilar era Alcalde Mayor de


toda la isla y tierra firme y no estaba comprometido con las antiguas autori-
dades. También fue sustituido en el proceso, Cristóbal de Torre, Escribano
de Santiago, por Esteban de la Rosa, Escribano del juzgado y audiencia del
Juez Aguilar.58
Hubo contradicción de testimonios entre Gonzalo de Niebla, aparente
ejecutor de la orden de azotar a los indios y Marcos Pérez de Cáceres, quien
le dio aceite al indio Gasparico para contrarrestar los efectos del agua de
yuca que había ingerido posiblemente para suicidarse, y Marcos de Aguilar
ordenó al Alguacil Mayor de la Isla, Francisco de Garay que los llevase a
ambos a la cárcel. Estos testigos iban a ser sometidos a tormentos, pero
alegando privilegio de hidalguía Pérez de Cáceres logró evadir la tortura del
jarrillo de agua; Gonzalo de Niebla fue torturado hasta que confesó y por
haber jurado falsamente lo condenaron el 29 de octubre de 1509 a ser
paseado en burro por las calles de Santiago con una soga en la garganta y
las manos atadas, también un indio desconocido le daría cien azotes
teniendo mordaza en la lengua, y debía también pagar las costas. La
sentencia del juez Marcos de Aguilar se consideraba piadosa por estar el reo
enfermo de viruelas. 59
En el proceso actuaron como testigos indígenas que hablaban español.
La defensa se basó en la tacha de testigos, especialmente los españoles, así
como en las contradicciones de los deponentes, y bajo el argumento de que
Solís era acusado calumniosamente. El Juez Aguilar aunque absolvió a
Solís de los cargos principales dispuso el destierro basado en su íntima
convicción indicando que lo hacía por “algunas causas que a ello lo
movían”.60

58 DOBAL MÁRQUEZ, Carlos, Santiago en los Albores del Siglo XVI (El Solar de Jacagua).
Universidad Católica Madre y Maestra: Santiago de los Caballeros, 1985, Pág. 151.
59 DOBAL MÁRQUEZ, Carlos, Santiago en los Albores del Siglo XVI (El Solar de Jacagua).
Universidad Católica Madre y Maestra: Santiago de los Caballeros, 1985, Pág. 148.
60 Ídem, Pág. 156.

34
Historia del Poder Judicial Dominicano

El 6 de junio de 1511 el Rey Fernando le dice al Virrey Diego Colón: “A


nuestros Oficiales, si en algo faltaran los reprended en secreto... A los Alcaldes
Mayores reprendedlos, a Carrillo por haber intentado sacar de Pasamonte cierto
oro depositado, a Marcos de Aguilar por entrometerse en nuestra hacienda.
Procúrese que la justicia favorezca siempre a nuestros Oficiales si no con difi-
cultad se cobrarán nuestras rentas”, también advirtió el rey que si Aguilar
volvía a tratar de cobrar el almojarifazgo habría que castigarle y proveer de
justicia particular para las cosas de Hacienda.61
Cuando en 1518 Carlos I de España rehabilita a Diego Colón en el
gobierno de la Isla Española, le prohibió designar como Juez al licenciado
Aguilar por ser el principal enemigo del grupo oficial, y según se expresa
por Real Cédula al licenciado Rodrigo de Figueroa, el rey le ordenó salir de
la isla al licenciado Marcos de Aguilar, por escandaloso, y por quejas de que
se entromete en las cosas de la Hacienda Real. Sin embargo, el magistrado
Marcos de Aguilar fue luego Juez de Residencia en México y murió en
1526.62

La llegada del Virrey y su Justicia


A la llegada del Virrey don Diego Colón el Comendador Ovando se
encontraba en Santiago de los Caballeros, y sin aguardarlo, el 10 de julio
de 1509 se recogieron las varas de justicia, fueron leídas las Provisiones
Reales otorgadas al nuevo mandatario en presencia del Cabildo de Santo
Domingo y del pueblo, en la iglesia de paja que precedió a la Catedral,
frente a la Plaza de Armas. Ovando llegó doce días después a la urbe. Fue
recibido por el Virrey ya en posesión, y se encontró con que don Diego
estaba alojado en la Fortaleza Ozama que le fue entregada por el Alcalde

61
MARTE, Roberto, Santo Domingo en los Manuscritos de Juan Bautista Muñoz , Ídem,
Pág. 91.
62 DOBAL MÁRQUEZ, Carlos, Santiago en los Albores del Siglo XVI (El Solar de Jacagua).
Universidad Católica Madre y Maestra: Santiago de los Caballeros, 1985, Pág. 157. Ver
también, BENZO DE FERRER, Vilma, Pasajeros a La Española (1492-1530). Amigo del
Hogar, 2000, Pág. 5.

35
Historia del Poder Judicial Dominicano

Mayor Alonso Maldonado, ya que el Alcaide de la Fortaleza, Diego López


de Salcedo, sobrino de Ovando, se encontraba fuera de ella. Nicolás de
Ovando trató de exigir su devolución, pero Don Diego argumentó que no
era razonable que alguien que iba a ser sometido a Juicio de Residencia
estuviera en una fortaleza.
Sin embargo, el Rey Fernando por Real Cédula del 14 de agosto de
1506 decidió que la tenencia de la Fortaleza del Ozama correspondía por
merced a Francisco de Tapia y mientras se determinaba el pleito que éste
tenía con Ovando la tendría en depósito (secuestro) el Tesorero Real,
Miguel de Pasamonte.63

Los Pleitos Colombinos y la Instauración de la Real Audiencia


El año de 1511 fue definitivo para el gobierno del Virrey don Diego
Colón, pues en ese año se produjo la protesta de los frailes dominicos con el
Sermón del Cuarto Domingo de Adviento de Fray Antón de Montesino.
Además, meses antes, el 5 de mayo de 151164 se dictó sentencia en Sevilla
por el Consejo de la Reina doña Juana I de Castilla, a quien injustamente
han calificado como la Loca, órgano que estaba dominado por su padre
Fernando el Católico.
En esa sentencia se le confirma el título de Visorrey (Virrey) de la Isla
Española y demás islas a don Diego Colón, pero excluyen a Tierra Firme,
lo que dará lugar al llamado “Pleito del Darién”. Le reconocen a don Diego
la facultad de administrar justicia civil y criminal, le consignan también la
prerrogativa de conocer en segundo grado de las apelaciones contra las deci-
siones de los Alcaldes Ordinarios, pero establecen que sus apelaciones

63
ARRANZ MÁRQUEZ, Luis, Don Diego Colón, Almirante, Virrey y Gobernador de las
Indias. Tomo I. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Instituto Gonzalo
Fernández de Oviedo: Madrid, 1982, Pág. 253.
64 Alberto García Menéndez en su obra Los Jueces de Apelación de La Española y su Resi-
dencia ubica esta decisión en fecha 17 de junio de 1511 (Editora Taller: Santo Domingo,
1981, Pág. 25).

36
Historia del Poder Judicial Dominicano

puedan ir luego ante sus Altezas, o ante las Audiencias Reales, lo cual a
juicio del historiador español Arranz Márquez hace que el oficio de Virrey
pierda así su sentido tradicional que era actuar como si fuese el Rey. Por
otro lado, en dicha sentencia se establece la facultad a los Reyes de designar
jueces estantes en las islas o fuera de ellas para conocer de dichas apela-
ciones, y que el oficio de Almirante y el de sus oficiales estará sometido a
Juicio de Residencia con lo cual quedaba mediatizado el virreinato y gober-
nación hereditarias.65

La Instauración de la Real Audiencia de Santo Domingo


El 5 de octubre de 1511 por Real Provisión dictada en Burgos, firmada
por el Rey Fernando
y Lope Conchillos,
Secretario de la
Reyna, ambos en
nombre de doña
Juana I de Castilla
instituyen la Real
Audiencia y Chanci-
llería de Santo
Domingo de la Isla
Española en las
Indias, designando
como Oidores o
Jueces de Apelación
a los licenciados
Marcelo de Villa-
lobos, Juan Ortiz de
Matienzo y Lucas
Vázquez de Ayllón. Facsímil de la Real Provisión de 1511 (Tomada de la Obra de Eugenio Pérez
Montás, Biografía de un Monumento).

65 ARRANZ MÁRQUEZ, Luis, Ídem, Pág. 298 a 301.

37
Historia del Poder Judicial Dominicano

Junto a esta Real Provisión se expidieron en la misma fecha Ordenanzas


para dichos jueces, como “Jueces de las Indias”, y es que su jurisdicción
sería la de toda la América conocida hasta entonces, fue un momento
histórico único, Santo Domingo era la gran capital del Nuevo Mundo.

Reacciones del Virrey frente a la Creación del Tribunal


Como hemos dicho, el 1511 fue un año importante para la Historia
Judicial Dominicana, pues se instauró el primer tribunal de apelaciones
para toda la América y se inició la lucha por los Derechos Humanos en el
mundo. No obstante, era natural que el Virrey estuviere renuente a aceptar
la autoridad de la Real Audiencia, pues significaba una limitación a sus
facultades como gobernante, y de esto tenía pleno conocimiento el Rey
Fernando, por eso recrimina a don Diego paternalmente como lo hace en
carta desde Burgos, el 23 de febrero de 1512, en relación con la posibilidad
de mudar los pueblos de Santa Cruz de Icayagua (El Seybo) y Lares de
Guahaba, le expresa: “Resolved todos juntos, i lo que pareciere mejor a
pluridad de votos ejecutad vos el Almirante. Debéis vos Almirante juntaros
muchas veces con nuestros Juezes para entender en las cosas útiles a nuestro
servicio: tendra cuidado de solicitaros el Fiscal, lo que acordareis se asentará, i
solicitará la ejecución el Licenciado Ayllón, el qual nos escribirá por mano del
Escrivano que con vos va el numero de juntas, i lo acordado en ellas. A todos os
encargo que entendais en nuestro servicio con las palabras mas encarecidas.
Tendréis libro de los Acuerdos como en las Audiencias i chancillerías, i cuidad
en no perder tiempo en dilaciones”.66
En otra comunicación de la misma fecha pero directamente al Virrey le
dice: “Maravillome de lo porfiado que estais en vuestras preminencias i previle-
gios, sobre que os aconsejan mal... Dejaos de cosquillas que yo he de hacer sino
lo que convenga; y siempre en cosas de Hacienda escribid con los Oficiales; y en

66
Marte, Roberto, Santo Domingo en los Manuscritos de Juan Bautista Muñoz , Ídem, Pág.
103. Ver también ARRANZ MÁRQUEZ, Luis, Don Diego Colón, Almirante, Virrey y
Gobernador de las Indias. Tomo I, Págs. 378 a 380.

38
Historia del Poder Judicial Dominicano

las de Gobierno con los Juezes de la Audiencia i asi se os escribirá...Yo deseo


haceros mercedes, porque os estimo, porque os haveis criado en mi casa; y os
las hice en nombraros Visorrei...pudiendo escusarlo.”67
Pero el establecimiento de la Real Audiencia no sólo fue una forma de
limitar el poder del Virrey sino también un anhelo de la población, pues ya
los Procuradores de la Isla Española en época del Gobernador Ovando le
habían pedido al Rey Fernando el Católico que les concediese un juez de
Apelación y Suplicación radicado en las Indias, y así fue prometido por el
monarca en Real Cédula dictada en Burgos el 30 de abril de 1508.68
Don Diego Colón protestó por la creación de este tribunal, expresando
que la Apelación de sus decisiones a ese organismo menoscababa sus
prerrogativas de Virrey y Gobernador, y pidió que si los jueces debían
quedarse en la Isla Española fueran un Consejo Virreinal y que oyeran
junto con él las Apelaciones.69

El Modelo de la Real Audiencia


La Real Audiencia de Santo Domingo tuvo como modelos las Reales
Audiencias y Chancillerías de Valladolid y Granada, tribunales superiores
que conocían de las apelaciones contra las sentencias criminales y civiles de
todas las provincias que están dentro de su territorio: Corregidores,
Alcaldes Mayores y demás Justicias Ordinarias, de cuyas decisiones no
había Apelación sino sólo el recurso por agravio o injusticia notoria y la
Suplicación por ante el Rey;70 pero a diferencia de las citadas audiencias, la
nuestra ejerció importantes funciones de gobierno, siendo necesario a

67 MARTE, Roberto, Ídem, Pág. 105. Ver también ARRANZ MÁRQUEZ, Luis, Don Diego
Colón, Almirante, Virrey y Gobernador de las Indias. Tomo I, Págs. 388 a 392.
68 GARCÍA MENÉNDEZ, Alberto, Ídem, Págs. 27 y 28.
69 HERRERA CABRAL, César, La Real Audiencia de Santo Domingo, Divulgaciones Histó-
ricas. Editora Taller: Santo Domingo, 1989, Pág. 14.
70 El nombre de Chancillería se le daba a algunas audiencias porque ellas, como depositarias
del Sello Real, despachaban en nombre del Rey. El vocablo deriva del Latín , lo usaron los
Caballeros de la Orden de Malta, y entró a España a través del Reino de Aragón. El río Tajo

39
Historia del Poder Judicial Dominicano

partir de 1528 que los jueces se reunieran tres días a la semana para tratar
los asuntos “...del estado e buena gobernación”, lo cual la convierte a la
Audiencia de Santo Domingo en una verdadera Audiencia Gobernadora,
pues los Jueces u Oidores, libres de las limitaciones que les imponía la
presencia del Virrey participaban más de lleno en el gobierno de la Isla
Española. La Real Audiencia ejerció en conjunto sus atribuciones admi-
nistrativas o de gobierno en los años 1515, 1516, 1523 y 1576 según
sostuvieron los historiadores dominicanos César Herrera Cabral y Marino
Incháustegui Cabral.71
Estas funciones de gobierno colegiado de los presidentes y oidores se van
a concentrar a partir del 1583 en el Presidente de la Real Audiencia de
Santo Domingo, bajo el título de Gobernador y Capitán General, teniendo
la dirección de los asuntos gubernativos de toda la isla. Este título lo recibió
por primera vez el licenciado Cristóbal de Ovalle, el mismo que huyó frente
a la invasión del corsario inglés Sir Francis Drake, sus poderes de gobierno
se limitaban sólo a la Isla Española, no a todo el territorio o distrito del
tribunal, pero Ovalle fue un Letrado y no un hombre de armas. 72
En el nombramiento de Cristóbal de Ovalle por Real Cédula del 19 de
abril de 1583 se expresaba: “...por la presente declaramos, queremos y es
nuestra voluntad que solamente vos el dicho licenciado tengáis la gobernación de
la dicha Isla Española y mandamos a los nuestros Oidores que son y fueren de
la dicha Audiencia que no se entremetan en las cosas que fueren de gobernación

divide las jurisdicciones de las dos Chancillerías, todo lo que está a la parte que tira hacia La
Mancha corresponde a Granada y todo lo que mira a las Castillas toca a la de Valladolid. El
Chanciller sella y refrenda los despachos y Provisiones Reales (Véase DICCIONARIO DE
AUTORIDADES, (Edición Facsímil de la de 1732), Editorial Gredos: Madrid, 1990.
Tomo II, Pág. 303).
71 Véase HERRERA CABRAL, César, La Real Audiencia de Santo Domingo. Divulgaciones
Históricas. Taller: Santo Domingo, 1989, Pág. 15; INCHÁUSTEGUI CABRAL, Joaquín
Marino, Historia Dominicana, Tomo I, La Era de Trujillo, Colección de los 25 Años,
Volumen 13, Impresora Dominicana: Ciudad Trujillo, 1955, Pág. 117.
72 Véase a MURO ROMERO, Fernando, Las Presidencias-Gobernaciones en Indias. Publica-
ciones de la Escuela de Estudios Hispano-Americanos de Sevilla: Sevilla, 1975, Págs. 76 a
79 , 84 y 124.

40
Historia del Poder Judicial Dominicano

y las dejen a vos sólo, para que hagáis y proveáis en ellas lo que convenga, como
hasta ahora lo han hecho el Presidente y Oidores de la dicha Audiencia
juntos...”.73
Cuando un Gobernador y Capitán General no era Letrado (Abogado),
se le llamaba “de capa y espada”, y se le prohibía participar en los juicios,
sólo despachaba con los jueces ciertos asuntos de gobierno o administra-
ción; esto fue una consecuencia de lo sucedido con la invasión de Drake a
Santo Domingo, y repercutió en lo sucesivo en la administración de todas
las demás colonias cuyas Audiencias situadas en puertos de mar, fueron
presididas por caballeros “de capa y espada”, por las responsabilidades mili-
tares que las funciones implicaban. Al licenciado Cristóbal de Ovalle le
sucedió el caballero de capa y espada Lope de Vega Portocarrero. En caso de
duda, él determinaba lo que era de Justicia o lo que era de Gobierno.74
Pero éste no fue el único caso de Presidentes de la Real Audiencia sin
funciones judiciales. Hubo algunos casos con impedimento para juzgar la
materia penal como fue el caso de los Presidentes Sebastián Ramírez de
Fuenleal y Alonso de Fuenmayor que eran religiosos, ambos Obispos de
Santo Domingo y el segundo su primer Arzobispo, a quienes se les exoneró
de participar de los juicios criminales en los cuales se disponían con
frecuencia los tormentos y la pena de muerte.
La Real Audiencia de Santo Domingo (5 de octubre de 1511, 29 de
noviembre de 1527 y 13 de diciembre de 1527) constituyó un precedente
del modelo que se instituyó en todo el Continente. Por eso, en diciembre de
1527 (julio de 1530 según Polanco) se estableció una en Nueva España
(México); luego en Panamá (Castilla del Oro) (30 de febrero de 1535, 2 de
marzo de 1537) (26 de febrero de 1538 según Utrera), restablecida en
1563 según Polanco; en Guatemala (Los Confines) (1535) (1543 según
Polanco); en Lima (Ciudad de los Reyes)(Nueva Castilla, actual Perú) (20
de noviembre de 1542 y 1 de marzo de 1543) (1544 según Utrera); en

73 Ídem, Pág. 72.


74 Ídem, Pág. 131.

41
Historia del Poder Judicial Dominicano

Guadalajara (Nueva Galicia o Jalisco, México) (13 de febrero de 1548);


Santafé de Bogotá (Nueva Granada actual Colombia) (17 de julio de
1549) (1559 según Polanco); Charcas o La Plata (Bolivia) (20 de abril de
1551, 4 de septiembre de 1559); Quito (Ecuador) (29 de agosto de 1563)
(suprimida en 1717 y restablecida en 1720); Santiago de Chile (Chile) (27
de agosto de 1563) (1565 según Polanco); Cuzco (Perú), segregación de la
de Charcas (1568); Trinidad del Puerto de Buenos Aires (Argentina) (6 de
abril de 1661); Santiago de León de Caracas (Venezuela) (1777, 1786)
(1787, según Utrera) y Puerto Príncipe (Santa María del Puerto Príncipe,
Camagüey, Cuba) (1797), esta última que fue donde se trasladó la Real
Audiencia de Santo Domingo, se asentó finalmente en La Habana en
1808.75
Los historiadores han clasificado las Reales Audiencias Indianas en tres
grupos: a) Las Virreinales, presididas por el Virrey (Santo Domingo,
México, Lima); b) Las Pretoriales, presididas por un Presiden-
te-Gobernador que se comunicaba con el Rey directamente a través del
Consejo de Indias (Santo Domingo después de Diego Colón, Guatemala y
Panamá) y c) Las Subordinadas, con un Presidente Letrado que dependía
del Virrey o del Gobernador en asuntos administrativos o de gobierno y
sólo era independiente en impartir justicia (Guadalajara).76
Se afirma que las Reales Audiencias fueron en definitiva el instrumento
fundamental de la obra colonizadora de España en Indias, de su organiza-
ción y administración; y que además, las distintas Audiencias repartidas en
sus territorios representaron un factor de cohesión y de una cierta persona-

75 AYALA, Manuel Josef de, Diccionario de Gobierno y Legislación de Indias, Ediciones de


Cultura Hispánica: Madrid, 1988, en estudio introductorio a la palabra Audiencia por
Cecilia del Vas Mingo, Volumen II, Pág. 7; UTRERA, fray Cipriano, Dilucidaciones Histó-
ricas (I-II). Secretaría de Estado de Educación, Bellas Artes y Cultos: Santo Domingo,
1995, Pág. 170; INCHÁUSTEGUI, J.M., O.C., Tomo I, Pág. 116. POLANCO
ALCÁNTARA, Tomás, Las Reales Audiencias en las Provincias Americanas de España.
MAPFRE: Madrid, 1992, Págs. 32 a 38.
76 LUCENA SALMORAL et al., Historia de Iberoamérica. Sociedad Estatal para la Ejecu-
ción de Programas del Quinto Centenario. Catédra Historia Serie Mayor. Ediciones
Cátedra: Madrid, 1992. Tomo II, Pág. 222. Estos autores ignoran a Santo Domingo como
Audiencia Virreinal y la clasifican como Pretorial.

42
Historia del Poder Judicial Dominicano

lidad que llegado el tiempo


engendraría las diferentes nacio-
nalidades americanas, siendo los
límites de las antiguas Reales
Audiencias en sustancia, los de
los actuales Estados de la
América Hispana. También se
expresa que la instauración de la
Real Audiencia de Santo
Domingo en 1511, representó
el primer acto importante de
presencia realizado por el Estado
Español en aquellas islas descu-
biertas por Colón.77

Juana I de Castilla (la Loca), en cuyo


nombre se dictó la Real Provisión de 1511.

Atribuciones Civiles de la Real Audiencia de Santo Domingo


En la Real Provisión dictada en Burgos el 5 de octubre de 1511 en el
nombre de la Reina Juana I de Castilla (como se dijo, injustamente llamada
la Loca), bajo la firma del Secretario de la Reina, Lope Conchillos, quien
expresa actuar por mandado del Rey Fernando el Católico, padre de ésta, se
expresa que: “...para remediar que los súbditos que están en las Indias
alcancen brevemente cumplimiento de justicia y no gasten su tiempo y hacienda
en dilaciones y pleitos mandan a que en dichas Indias hubiese una Audiencia y
Juzgado en el cual residiesen tres personas de letras, experiencia y conciencia
para que determinasen los pleitos y causas que ante ellos viniesen en grado de

77 DICCIONARIO DE HISTORIA DE ESPAÑA, Segunda Edición, Tomo I (A-E).


Ediciones de la Revista de Occidente: Madrid, 1968, Págs. 406 y 407.

43
Historia del Poder Judicial Dominicano

apelación o de otra manera y para que con más brevedad los dichos jueces deter-
minasen y conocieren las causas”.
En dicha Real Provisión se designan como Jueces de Apelación de la
Audiencia y Juzgado a los Licenciados Marcelo de Villalobos, Juan Ortiz de
Matienzo y Lucas Vázquez de Ayllón, confiando en la “suficiencia, habi-
lidad, letras y experiencia” de estos jurisconsultos y se especifica que pueden
conocer de todos los pleitos y causas tanto civiles como criminales que en
grado de apelación o en de cualquiera otra manera ante esos jueces llegare.
En la misma fecha se emitieron Ordenanzas para estos Oidores o
Jueces, y las mismas son más específicas en detalles:
a) Les ordenan residir en la Villa de Santo Domingo, o en otra
parte de la Isla Española donde ellos vieran mejor que concurran
los negocios.
b) Que se junten a hacer audiencia todos los días que no fuesen de
fiesta, y hasta que haya necesidad de despachar los pleitos y
causas.
c) Si alguno estuviere imposibilitado o ausente, podrían sesionar
dos, y hasta uno de ellos podría administrar justicia si dos estu-
vieren impedidos.
d) Que despachen las cartas ejecutorias (sentencias) y manda-
mientos, poniendo en cabeza: “Nos los Jueces de la Audiencia y
Juzgado que está y reside en las Indias”, colocando el Sello Real
de la manera en que se pone en los documentos.
e) Que se actúe con la mayor brevedad que se pueda.
f) Que al conocer de las apelaciones de las causas civiles, si estu-
vieren conformes con lo decidido por los jueces inferiores, sean
habidas las sentencias como dadas en grado de Revista (Revi-
sión).
g) Que al conocer de las apelaciones de las causas civiles, si la
sentencia del juez inferior fuere revocada, o se trate de las que

44
Historia del Poder Judicial Dominicano

puedan ser dictadas por ellos juzgando en primera instancia, que


haya Suplicación por ante ellos, los Jueces de la Audiencia,
conociendo de dicha causa en grado de Revista (Revisión).
h) Si el asunto fuere menor de cien mil maravedíes, inclusive, que
no haya recurso alguno de la decisión de la Audiencia.
i) Si el asunto fuere mayor de cien mil maravedíes, la parte que se
sienta agraviada puede recurrir por ante el Consejo Real de
Castilla (luego sería por ante el Consejo de Indias).
j) Para obtener pruebas que se produjeran fuera de las Indias, se
concedía un término ultramarino de diez meses. La travesía en
esa época ocupaba aproximadamente unos tres meses.
k) Se establecía el Procurador de Pobres para aquellos que no
tenían recursos económicos para litigar.78
Por ante la Real Audiencia de Santo Domingo se presentaron los más
diversos asuntos civiles, entre ellos: Reclamaciones de inmuebles, litis
sucesorales, casos de manumisión de esclavos, cobro de pesos, asuntos de
familia, litis sobre derechos inmobiliarios, embargos, etc.
Esa preocupación de economizar a las partes trámites y gastos que
implicaba el viaje a España a litigar, y que se expresara en la Real Provisión
de erección del alto tribunal en 1511, también se manifestó en la Real
Provisión dictada en Barcelona el 20 de noviembre de 1542 por Carlos I y
Doña Juana, su madre, al expresar: “y para escusar la dilaçion que podría
aver y los grandes dapños costas y gastos que se siguirian a las partes si
oviesen de venir al nuestro consejo de las yndias en seguimiento de cualesquier
pleytos y causas çebiles de que se apelase de las dichas nuestras abdiençias y
para que con mas breuedad y menos daño consigan justiçia ordenamos y
mandamos que en todas las cabsas çebiles que estouieren movidas o se

78 Reproducción de la Real Provisión y Ordenanzas en VEGA BOYRIE, Wenceslao, Los


Documentos Básicos de la Historia Dominicana. Taller: Santo Domingo, 1994, Pág. 47 y
siguientes y MORETA CASTILLO, Américo, La Justicia en Santo Domingo del Siglo
XVI. Amigo del Hogar: Santo Domingo, 1998, Págs. 165 y siguientes.

45
Historia del Poder Judicial Dominicano

movieren y pendieren en las dichas nuestras abdiençias los dichos presidentes e


oydores que dellas son o fueren conozcan dellas y las sentençien y determinen en
vista y en grado de rrevista y que así mismo la sentençia que por ellos fuere dada
en rrevista sea executada sin que della aya mas grado de apellaçion ni suplica-
çion ni otro rrecurso alguno eçepto quando la causa fuere de tanta calidad e
ymportancia que el valor de la propiedad della sea de diez mil pesos de oro y
dende arriva que en tal casso queremos que se pueda suplicar segunda vez para
ante nuestra persona rreal con que la parte que ynterpusiere la dicha segunda
suplicaçion se aya de presentar y presente ante nos dentro de vn año despues
que la sentencia de rreuista le fuere notificada a su procurador Pero queremos y
mandamos que sin embargo de la dicha segunda suplicaçion la sentencia que
ovieren dado rreuista los oydores de las dichas nuestras abdiencias se execute
dando primeramente fianças bastantes y abonadas la parte en cuyo fabor se
diere que si la dicha sentencia fuere rreuocada rrestituyra y pagara todo lo que
por ella le oviere sido y fuere adjudicado y entregado conforme a la
sentencia...”.79
En la ciudad de Santo Domingo, desde antes de instituirse la Real
Audiencia, se suscitaron litis de carácter civil, ejemplo de esto fue el célebre
proceso Corvera-Roldán y Pasamonte-Roldán de 1510 que reprodujera
fray Vicente Rubio, O.P., en su obra “Datos para la Historia de los Orígenes
de la Ciudad de Santo Domingo”.80 Los Alcaldes Mayores y Ordinarios
también conocían de causas civiles pero como jurisdicción de primer grado.
Las cuestiones sucesorales, de Derecho de Familia, contratos, cobros
compulsivos, y demás aspectos civiles, estuvieron regidos por la legislación
de Castilla, y se ventilaron en buena cantidad por ante la Real Audiencia de
Santo Domingo. De los archivos de la Real Audiencia existen actualmente
fondos en el Archivo General de Indias en Sevilla, y reproducción de

79 Las Leyes Nuevas (1542-1543). Reproducción de los Ejemplares Existentes en la Sección


de Patronato del Archivo General de Indias, transcripción y notas por Antonio Muro
Orejón. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Escuela de Estudios Hispanoa-
mericanos de la Universidad de Sevilla: Sevilla, 1945, Pág. 7.
80 Ediciones Fundación García-Arévalo, Inc.: Santo Domingo, 1978.

46
Historia del Poder Judicial Dominicano

algunos legajos en la República Dominicana en las Colecciones Lugo,


Herrera e Incháustegui, las cuales se encuentran, la primera en el Archivo
General de la Nación, la segunda en el Archivo General de la Nación y
también en el Centro de Documentación del Museo de las Casas Reales en
Santo Domingo, donde también hay copia de la tercera, cuyos originales
están en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra en Santiago
de los Caballeros. En Casas Reales obra la colección de copias traída por la
misión de fray Vicente Rubio, O.P.. Los archivos de la Real Audiencia
hasta 1586, según la tradición, desaparecieron cuando el Corsario Drake
ocupó la ciudad de Santo Domingo, conservándose lo que fuera remitido y
llegó a España. En el Archivo
Nacional de Cuba se encuentran
expedientes de nuestra Real
Audiencia desde 1708 hasta
1800, recordemos que se trasladó
a esa isla a partir de 1797. Estos
fondos alcanzan unos 1336
legajos aproximadamente, de los
cuales José Chez Checo y
Wenceslao Vega Boyrie reprodu-
jeron una parte en rollos de micro-
filme, también hay en el Archivo
General de la Nación documentos
relativos básicamente de la Real
Hacienda enviados en 1905 desde
Cuba, y fotografías de documentos
contenidas en veintinueve tomos o
legajos que van desde 1733 a Carlos I de España y V de Alemania.
1795. 81

81 MALAGÓN BARCELÓ, Javier, El Distrito de la Audiencia de Santo Domingo..., O.C.,


Págs. 110 a 258. Ver también CASSÁ BERNALDO DE QUIRÓS, Roberto, Directorio de
Archivos de la República Dominicana. Fundación Histórica Tavera: Madrid, 1996, Págs.
49 y 74.

47
Historia del Poder Judicial Dominicano

Las Atribuciones Penales de la Real Audiencia


La administración de la justicia penal igualmente está atribuida a la
Real Audiencia desde el documento de establecimiento fechado en Burgos
el 5 de octubre de 1511, y en todas las Ordenanzas que se expiden a partir
de entonces, se hace referencia a la cuestión penal, tanto en lo que respecta
a las penas de multa y prisión, como al establecimiento de detalles
concretos para la ejecución de las sanciones penales.
En la Ordenanza de Monzón del 4 de junio de 1528, se dispone para la
Real Audiencia de Santo Domingo que las sentencias dictadas por sus
jueces en causas criminales, no se puedan apelar por ante el Consejo de
Indias, salvo suplicar ante los mismos jueces que dictaron la sentencia, para
que juzgando en Suplicación o Revista puedan modificar el fallo si lo consi-
deran procedente. 82
Esta disposición confirió mucho poder en tan delicada materia a la Real
Audiencia, pues ella decidiría soberanamente sin que los interesados
pudieran acudir al supremo organismo de España para los asuntos
indianos.
En nuestro Derecho Penal Colonial también operó el mecanismo
procesal de ampararse al Asilo Eclesiástico que generaba impunidad. Hubo
Asilo en principio en todas las iglesias y conventos, de ahí el grito: “¡A
Iglesia me llamo...!”, pero ya en el siglo XVIII éste fue limitado a la Catedral
de Santa María de la Encarnación y al Hospital de San Nicolás de Bari,
como veremos.
Según comenta José María Ots Capdequí, el Derecho Penal en América
ha sido poco estudiado.83 Sin embargo, hay cita de una gran cantidad de

82
MALAGÓN BARCELÓ, Javier, O.C., Pág. 83.
83 OTS CAPDEQUÍ, José María, Historia del Derecho Español y del Derecho Indiano, O.C.,
Pág. 167.

48
Historia del Poder Judicial Dominicano

fuentes en el Tratado de Derecho Penal del maestro Luis Jiménez de


Asúa.84
En primer grado juzgaban los Alcaldes y en segundo grado sólo juzgaba
la Real Audiencia. No era lícito que la Audiencia moderara o atenuara las
penas que imponía, sino que debía aplicarlas y ejecutarlas en la forma indi-
cada por la Ley. La pena de muerte y de mutilación tenía que ser impuesta
por los Alcaldes, sólo con comunicación previa y consentimiento de la
Audiencia. En caso de delitos graves (crímenes) era necesario que se
hicieren las investigaciones hasta verificar la culpa. Se podía delegar en un
Juez Pesquisidor, especie de Juez de Instrucción, encargado de la averigua-
ción correspondiente. La decisión de este magistrado se apelaba ante la
Audiencia.85
La cantidad de infracciones que eran juzgadas por la Real Audiencia era
variada, entre ellas: robo, rebeldía, asesinato, rescates (contrabando), ilícita
amistad o amancebamiento (concubinato), adulterio, incesto y entre aque-
llas que también podían ser juzgadas por el Santo Oficio o Tribunal de la
Inquisición estaban: herejía, apostasía, blasfemia, luteranismo, judan-
teismo, sodomía, solicitación inconfesione, superchería, astrología, hechi-
cería y quiromancia. En un proceso inquisitorial habían varias etapas:
Etapa Preprocesal, tiempo de gracia en que se permitía la entrega volun-
taria del reo y su arrepentimiento le conllevaba un trato más benigno, El
Proceso compuesto de la Etapa Postulatoria, Etapa Probatoria, Etapa
Preconclusiva , El Juicio con su Primera Audiencia, donde se interrogaba
al reo y la Segunda Audiencia, en la cual se daba a conocer la acusación y se
desarrollaba la defensa, luego se dictaba la Sentencia, que si era condena-
toria en el caso de la Inquisición, la ejecutaba el llamado Brazo Secular del
Santo Oficio. 86

84 JIMÉNEZ DE ASÚA, Luis, Tratado de Derecho Penal. Tomo I. Editorial Losada: Buenos
Aires, 1964, Págs. 958 a 999.
85
POLANCO ALCÁNTARA, Tomás, O.C., Págs. 101 a 106.
86
ARRANS LARA, Nuria, Instituciones de Derecho Indiano de la Nueva España. Editora
Norte-Sur: Chetumal, Quintana Roo, 2000, Págs. 83 a 87.

49
Historia del Poder Judicial Dominicano

Un proceso penal conllevaba un conjunto de diligencias que eran todas


consignadas en actas, entre las que se encontraban: Auto de Arresto o
Mandamiento de Prisión, instrumentado por Escribano Público, en el cual
se pautan las instrucciones para el Alcaide de la Cárcel Real; Diligencia de
Prisión, también instrumentada por Escribano donde se consignaba la
ejecución del Auto de Arresto; Declaraciones, Testimonios y Confesiones,
todos instrumentados por ante Escribano Público; Notificaciones y Decla-
raciones, especie de procesos verbales ante Escribano Público; Petición de
Fianza por instancia; Auto de Concesión de Fianza por ante Escribano
Público; Fianza de Cárcel Segura, documento de aval o garantía de la
puesta en libertad; Memorial de Solicitud de Puesta en Libertad por
razones humanitarias, como tener hijos abandonados que necesitan ser
alimentados por instancia; Decreto de Puesta en Libertad consignado por
Escribano Público; Auto que ordena averiguación sumaria a través de
nuevas Declaraciones, también ante Escribano Público; Diligencia de
Embargo de Bienes también instrumentado por Escribano Público; Auto
para la Recepción de Confesiones; Acta que recoge la Confesión con
preguntas y respuestas; Auto de Aceptación de Asesor donde se hace
constar ante Escribano Público que se tiene Abogado; Diligencia por la
cual se informa que no se tiene Defensa; Notificaciones; Juicio; Auto Defi-
nitivo donde consta la Sentencia, también ante el Escribano Público y la
Notificación hecha por el Escribano, y por la cual cierran las diligencias
procesales, dando fe de ello en testimonio de la verdad y poniendo su signo,
firma y rúbrica, señalando que actuaba sin derechos, es decir, sin cobro de
costas. 87
En la Plaza Mayor de Santo Domingo, actual Parque Colón, así como
también en la Plaza del Contador, en la calle del Comercio, actual Isabel la
Católica esquina Emiliano Tejera, frente a la Casa del Cordón, estuvieron
los rollos o picotas o lugares de ejecuciones penales. Igualmente existió un

87
Colección Incháustegui, La Vida Escandalosa en Santo Domingo en los Siglos XVII y
XVIII, Edición y Prólogo de Frank Moya Pons, Colección Estudios, Universidad Católica
Madre y Maestra: Santiago, 1976, Págs. 17 a 50.

50
Historia del Poder Judicial Dominicano

lugar de ejecuciones cerca de la Puerta Grande o de la Misericordia, lado


Suroeste de la ciudad murada, denominado “El Humilladero”. Ya en la
Época Republicana la ejecución tenía lugar en La Fortaleza Ozama, junto
al Aguacatico de la batería baja, o en la esquina Noreste del Cementerio de
la Sabana del Rey, inicio de la actual avenida Independencia.88
En las Ordenanzas para la Audiencia de Santo Domingo dictadas en
Monzón el 4 de junio de 1528 con motivo de designar como Presidente de
la Real Audiencia al Obispo Licenciado Sebastián Ramírez de Fuenleal, se
dedica un párrafo al juicio penal y en él se dice: “Otrosí ordenamos y
mandamos que las sentencias dadas por los dichos nuestro Presidente y
Oidores en las causas criminales no se puedan apelar para ante los del nuestro
Consejo de las Indias salvo Suplicar ante ellos mismos et(y) que la sentencia
que así dieren en grado de Suplicación o de Revista sea executada sin que della
se pueda apelar ny suplicar con la pena de fiança de las mil y quinientas doblas
ny en otra manera”.89
Estas Reales Ordenanzas que reorganizaron la Real Audiencia de Santo
Domingo son muy detalladas y abundantes en disposiciones, entre ellas
está la de que cada semana, los sábado, se visiten a los presos tanto los de “la
cárcel de la dicha nuestra corte e chancillería como de la çibdad o villa en que
estovieren socargo de sus conciencias y que en la visitaçion esten presentes los
alcaldes e alguaciles y los escrivanos de las carçeles poque si alguna quexa dellos
oviere se hallen presentes a dar Razon de sy”.90 Más que la facultad de admi-
nistrar justicia en las cárceles, lo que se establecía era una visita de control

88 BERNALDO DE QUIRÓS, Constancio, La Picota en América (Contribución al Estudio


del Derecho Penal Indiano). Biblioteca Jurídica de Autores Cubanos y Extranjeros,
Volumen CXVIII. Jesús Montero, editor: La Habana, 1947. MAÑÓN ARREDONDO,
Manuel de Jesús, La Plaza Mayor Centro Cívico y Eclesiástico y también El Temible Humi-
lladero de los Ajusticiados. Crónicas de la Ciudad Primada. Editora Corripio: Santo
Domingo, 1988, Págs. 57 y 143. GONZÁLEZ Raymundo, El edificio de la Real Cárcel de
Santo Domingo: Un proyecto de 1772 para su reconstrucción. Anuario 1 del Centro de
Altos Estudios Humanísticos y del Idioma Español. Amigo del Hogar: Santo Domingo,
2001, Pág. 125.
89 MORETA CASTILLO, Américo, La Justicia en Santo Domingo del Siglo XVI, O. C., Pág.
177.
90 Ídem, Pág. 182 (in fine).

51
Historia del Poder Judicial Dominicano

penitenciario para ver si los presos se quejaban de sus custodios, sin


embargo en la práctica parece que no fue así.
Estas visitas semanales a las cárceles fueron desde el principio fuentes de
conflictos entre los Oidores porque el Presidente o alguno de los Oidores
ponía en libertad a los presos, y tuvo el rey Carlos I que ordenar por Real
Cédula del 24 de agosto de 1569 que para hacerlo era necesario el acuerdo
y parecer de todos juntos.91
En materia penal hubo conflictos de jurisdicción entre los Oidores y los
Alcaldes. Por eso, frente a una denuncia al Rey presentada por la ciudad de
Santo Domingo y demás pueblos de la Isla Española, se hizo saber que el
Oidor Lic. Iñigo Cervantes de Loaysa, había disminuido la jurisdicción de
los Alcaldes y conocía de los asuntos en primera instancia y sin apelación,
soltando los presos sin visita a las cárceles, y que conocía las causas fuera
del tribunal, Carlos I de España, por Real Cédula del 27 de enero de 1541,
dispuso que la Audiencia no consintiese que fuera o en sus casas ningún
Oidor conociera de causa alguna, sino que juntos todos ellos determinasen
los pleitos.92
En este mismo sentido, informado el Rey que los pueblos de la Isla
Española por ser de corta vecindad se les quitaba su jurisdicción por cual-
quiera causa en primera instancia, como casos de Corte, y que resultaba no
hallarse muchas personas que quisieren servir estos oficios, mandó su
Majestad Carlos I de España por Real Cédula del 11 de enero de 1547 que
en lo adelante, no siendo causas criminales o de mucha entidad, conociese
un Alcalde de lo que al otro tocase, y ambos de lo que diese motivo o provo-
care un Alguacil o Escribano, y de ello se apelase a la Audiencia.93

91 AYALA, Manuel Josef de, O.C., Tomo X, Pág. 271 (Oidores, p. 14, citando el Cedulario
Tomo 33, folio 268, No. 221).
92 AYALA, Manuel Josef de, O.C., Tomo I, Pág. 77 (Alcaldes Ordinarios, p. 5, citando el Cedu-
lario Tomo 3, folio 175, No. 234).
93 Ídem . Tomo I, Pág. 77 (Alcaldes Ordinarios, p. 6, citando el Cedulario Tomo 9, folio 175,
No. 296).

52
Historia del Poder Judicial Dominicano

Por Real Cédula dada en Talavera el 11 de enero de 1541, refiriéndose a


la jurisdicción privilegiada de los oficiales de los Cabildos de la Isla Espa-
ñola ordenaba “que en
primera instancia no
fueran llevados a la Real
Audiencia los Alcaldes,
Regidores, Alguaciles o
Escribanos que hubiere
en los pueblos de dicha
isla, si no fuere en
causas criminales o en
otras de mucha
calidad”. También en
febrero de 1541 se
mandó a que “la
ciudad de Santo
Domingo nombrara
cada año Alcalde de (la)
Hermandad el cual
conociere de los casos de
ella, conforme a las
leyes de la Hermandad
Nueva”, refiriéndose al
cuerpo policial de la
Santa Hermandad. Audiencia Real del siglo XVI
En diciembre de 1543 (ilustración del Guaman Poma de Ayala).
Grabado antiguo. Todos con toga y birrete.
se dispuso que los
Alcaldes Ordinarios
sean los Alcaldes de la Hermandad en las Indias, y las apelaciones fueran a
la Audiencia.94

94 LUGO HERRERA, Américo, Obras Escogidas 3, Biblioteca de Clásicos Dominicanos.


Ediciones de la Fundación Corripio: Santo Domingo, 1993, Pág. 62, p. 141.

53
Historia del Poder Judicial Dominicano

La Apelación como Principal Atribución


Desde sus inicios, la Apelación fue el principal recurso conocido por la
Real Audiencia de Santo Domingo; sin embargo, también estaba el
Recurso de Suplicación que era una especie de Reconsideración o de Revi-
sión por parte del mismo tribunal que dictó la sentencia.
La Apelación surtía sus efectos: devolutivo y suspensivo de las condena-
ciones que se hubieren impuesto, y de cualquiera jurisdicción de primer
grado se podía apelar directamente por ante la Real Audiencia. También en
materia civil existía la Suplicación o Revisión.
Para apelar decisiones de la Real Audiencia en materia civil por ante el
Consejo de Indias, había que poner una fianza y tratarse de asuntos
mayores de seiscientos pesos. En 1511 no se podían apelar por ante el
Consejo de Castilla, máximo organismo de entonces, asuntos menores de
cien mil maravedíes. Esa fianza a la cual nos referíamos cubriría la restitu-
ción de cualquiera cantidad que se hubiere recibido como consecuencia de
una condenación ejecutada más las costas, constituye una aplicación del
principio “Solve et repete” que llegó hasta nuestros días en materia adminis-
trativa y tributaria, con ciertos visos en materia laboral, aunque ha sido
tildado actualmente con toda razón de inconstitucional por quebrantar el
principio liberal de la “Igualdad de todos ante la ley”, el cual obviamente no
existía tan plenamente en la época estudiada. 95
Por Real Cédula dictada en Valladolid el 3 de febrero de 1537 se instruía
a la Audiencia de la Isla Española para que no otorgase apelación a los
negros e indios en causas criminales con sentencia de muerte; “sino que
pasen a segunda instancia, admitiendo suplicación de las sentencias y ejecuten
las que hallaren en justicia” bien fundadas.96

95 MALAGÓN BARCELÓ, Javier, El Distrito de la Audiencia de Santo Domingo..., O.C.,


Págs. 75 y 83.
96 AGI- SD-868, Libro I, Folio 41 en Utrera, Noticias Históricas..., O.C., Volumen II, Págs.
172 y 173.

54
Historia del Poder Judicial Dominicano

Esto se convirtió en una regla general para todas las causas criminales,
al igual que la designación de un Letrado cuando no hubiere más que un
Oidor para con él completar el tribunal, asistiéndose como se hace aún en
nuestra Organización Judicial actual de un Abogado designado “Ad-hoc”
en ciertas jurisdicciones. Esta regla estaba contenida en la misma Real
Cédula citada más arriba.
Refiere Américo Lugo, citando a José Gabriel García, que por Real
Cédula del 13 de septiembre de 1591 se ordenó que las demandas puestas
en Residencia a los Gobernadores de Venezuela y sus Tenientes, siendo de
hasta mil ducados, vinieran en Apelación a la Real Audiencia de La Espa-
ñola para que fuera ésta la que resolviera en última instancia. Según apos-
tilla de fray Cipriano de Utrera la disposición fue incorporada a la Recopila-
ción de las Leyes de Indias y estaba contenida en la Real Cédula dictada en
San Lorenzo de El Escorial el 30 de septiembre de 1591.97

La Audiencia y las Atribuciones Penales Eclesiásticas


En materia penal, en virtud de Real Cédula del 20 de mayo de 1519, el
Rey Carlos I de España y V de Alemania aprobó el nombramiento del
Obispo Alonso Manso y fray Pedro de Córdoba como Inquisidores de
Nuevo Mundo. A la muerte del padre Córdoba, el Superior del padre
Antón de Montesino, sus facultades inquisitoriales fueron otorgadas a la
Real Audiencia de Santo Domingo, que podía delegarlas en uno de sus
miembros y otorgar nombramientos de oficiales, creándose así una conjun-
ción de la justicia secular con la jurisdicción religiosa.
De las funciones del Santo Oficio se abusaba con frecuencia, de tal
modo que por Real Cédula del 13 de febrero de 1559, la Princesa, hija de
Felipe II, le denunciaba a la Real Audiencia que guardasen las leyes del
reino, porque el Deán y el Cabildo (Eclesiástico) de Santo Domingo de la

97 LUGO HERRERA, Américo, Historia de Santo Domingo (Edad Media de la Isla Espa-
ñola, desde 1556 hasta 1606). Editorial Librería Dominicana: Ciudad Trujillo, 1952, Pág.
92.

55
Historia del Poder Judicial Dominicano

Isla Española “so color del Santo Oficio de ella usurpaban la jurisdicción real,
entrando en casas de personas legas, tomando juramentos, prendiendo y
secuestrándoles sus bienes”.98
En 1596 se presentó un caso de unos portugueses que eran judíos y que
para vivir libremente su fe tenían la intención de obtener pasaportes para
pasar a Inglaterra, denunciada la situación al Arzobispo, éste designó a un
Inquisidor que actuó con tibieza, entonces el Rey Felipe II, por Real Cédula
del 7 de agosto de 1596 instruyó a la Real Audiencia que juzgara con gran
destreza y diligencia, castigando a los culpables como merecieren; y en
cuanto a lo tocante al Santo Oficio lo noticiasen a los Inquisidores de
Nueva España (México) para que conocieran de las causas pertenecientes a
su tribunal y que le avisasen al Rey lo que de esas diligencias resultase.99
Recordemos que hacía una década que se había producido la invasión de
Drake, el asunto interesaba tanto a la Iglesia como al Estado, y estos
supuestos judíos querían ir a Inglaterra. Por esta decisión el Rey estaba
prácticamente poniendo el Santo Oficio en Santo Domingo, en las manos
de la Inquisición con asiento en México. Quien escribió al Rey fue el
Oidor, Dr. Quesada de Figueroa, siendo Arzobispo de Santo Domingo, el
franciscano fray Nicolás de Ramos. Entre los involucrados en el expediente
estuvieron los portugueses: José Rodríguez, Duarte de Riveros, Simón
Herrera, Ramón Cardoso y Juan Riveros.
Años antes, por Real Cédula del 20 de abril de 1570, el mismo Rey
Prudente, Felipe II, le había advertido al Presidente de la Audiencia y a los
Oidores que no se entrometieran con la jurisdicción eclesiástica. Con esta
Cédula, el Rey respondía a dos cartas de queja enviadas por el Arzobispo de
Santo Domingo, el franciscano fray Andrés de Carvajal, del 18 de
noviembre, y el 1 de diciembre de 1569, quien había confrontado una
crisis de autoridad, pues nos habíamos pasado dieciséis años sin Arzobispo

98 AYALA, Manuel Josef de, O.C., Tomo VIII, Pág. 54 (Inquisición, p. 4, citando el Cedulario,
Tomo 30, folio 315, No. 236).
99 AYALA, Manuel Josef de, O.C., Tomo VIII, Pág. 56 (Inquisición p. 11, citando el Cedulario,
Tomo 41, folio 219, No. 157).

56
Historia del Poder Judicial Dominicano

Titular en Santo Domingo y en su enfrentamiento con la Real Audiencia


llegó a excomulgar al Presidente y a los Oidores, quienes embarcaron al
Arzobispo hacia España, enviándoles el Rey una reprensión, por haber
actuado de ese modo.100
Por Real Cédula emitida en Monzón el 29
de noviembre de 1585 el Rey consulta a la
Real Audiencia sobre la conveniencia de esta-
blecer en la Isla el Tribunal de la Inquisición
con jurisdicción sobre La Española, Cuba,
Puerto Rico, Jamaica y Margarita, pregun-
taba sobre los costos que tendría instalarlo, y
justifica que evitaría los daños que franceses,
ingleses y luteranos causaban al introducir
con sus comercios, libros de sus herejías.101
La relación entre la Iglesia y la Audiencia
tuvo momentos de mucha tensión, a dife- La Emperatriz Isabel de Portugal,
rencia de la unidad que se alcanzó durante esposa de Carlos I, madre de Felipe II.
gran parte del siglo XVI, pero frente a la
miseria de los primeros años del siglo XVIII, el Rey Felipe V, primer sobe-
rano de la Casa de Borbón, por Real Cédula del 21 de julio de 1710,
dispuso que las multas y condenaciones que se produjeran en la Real
Audiencia de Santo Domingo fueran a la Iglesia, y se dispuso una junta
compuesta por el Presidente de la Audiencia, el Arzobispo, el Oidor
Decano y los Superiores de los Conventos de Santo Tomás (Dominicos) y
de la Compañía (Jesuitas) para que le informaran al Virrey de Nueva
España (México) lo que necesitaren para que la suma se le expoliara al
Arzobispado de México.102

100 UTRERA, Fray Cipriano, Noticias Históricas de Santo Domingo, Volumen IV, Editora
Taller: Santo Domingo, 1979, Pág. 53 y LUGO HERRERA, Américo, Historia de Santo
Domingo (1556-1608) – Edad Media de la Isla Española. Editorial Librería Dominicana:
Ciudad Trujillo, 1952, Pág. 315 y siguientes.
101 UTRERA, Fray Cipriano, Noticias Históricas..., Volumen II, Pág. 215.
102 AYALA, Manuel Josef de, O.C., Tomo VII, Pág. 202 (iglesias, p. 14, citando el Cedulario,
Tomo 20, folio 353, No. 308).

57
Historia del Poder Judicial Dominicano

Atribuciones Administrativas de la Real Audiencia de Santo Domingo


Un factor característico de las Reales Audiencias Indianas en contrapo-
sición con sus precedentes españolas fueron las atribuciones administra-
tivas que ejercieron complementando a veces plenamente o de manera
restringida el ejercicio del gobierno, pero limitando siempre el poder de los
Virreyes y Gobernadores. Estas atribuciones administrativas no las
tuvieron en España las audiencias de Valladolid y Granada que tenían juris-
dicción respectivamente para el Norte y el Sur de la península Ibérica, en
cambio, en La Española, la Real Audiencia ejerció el gobierno en varias
ocasiones durante el siglo XVI, siendo éstas, entre otras: 1515 y 1516,
1523 y 1576.103
La Audiencia designaba funcionarios para cargos administrativos inte-
rinamente, y tomaba diversas provisiones de gobierno, organizaba expedi-
ciones colonizadoras y guerreras, todas como funciones puramente admi-
nistrativas. Por ejemplo: en la célebre carta del 23 de febrero de 1512 del
Rey Fernando el Católico a Don Diego Colón expresa: “Para avaliar
(evaluar) las mercaderías se juntará con nuestro Contador uno de los Juezes al
que cupiere por suerte; i lo hareis ambos mediante juramento; “i en lo que
tuvierdes dubda antes agraviad a nuestra facienda (Hacienda) que a las
partes” tanto por descargo de nuestra conciencia, como por contentar a los
Mercaderes, para que así tengan gana de contratar aí (en las Indias)”.104
Entre las atribuciones administrativas o de gobierno estuvo la de auto-
rizar a los Gobernadores a nombrar los Tenientes de Gobernadores en las
ciudades de su jurisdicción, por eso, cuando el Gobernador de Cuba pidió
autorización a la Real Audiencia de Santo Domingo para nombrar estos
cargos, el Rey Carlos II, el Hechizado, el último Austria, le previno por

103 La primera fecha mencionada por César Herrera Cabral, O.C., Pág. 15, las tres siguientes
por Incháustegui, O.C., Pág. 117.
104 Santo Domingo en los Manuscritos de Juan Bautista Muñoz..., O.C., Pág. 104.

58
Historia del Poder Judicial Dominicano

Real Cédula del 13 de agosto de 1685, señalando que sólo podía ser uno
Letrado y con el permiso de la Real Audiencia de Santo Domingo, citando
que Felipe IV, su padre, por Real Cédula del 19 de noviembre de 1662 le
ordenó a la Real Audiencia que no permitiera que los Gobernadores de La
Habana y Puerto Rico pusiesen en su jurisdicción Tenientes de Goberna-
dores, salvo en caso de invasión o guerra, siendo entonces soldados que
atenderían a lo militar, dejando a las justicias ordinarias la jurisdicción.105
Estas atribuciones de gobierno que tuvo la Real Audiencia de Santo
Domingo, no pocas veces fueron motivos de contradicción entre el Presi-
dente y los Oidores. Tanto fue así, que el Rey Felipe II por Real Cédula del
30 de julio de 1591, invocando que eso estaba decidido por otra Cédula,
ordenó que sólo el Presidente o el Presidente Interino pudiesen ejercer las
demás cosas que fueren de gobierno, sin que los demás Oidores de la
Audiencia se entrometieran en ello, sino tan sólo en lo tocante a justicia,
debiéndose cumplir esto sin réplica ni contradicción para no dar lugar a
nuevas diferencias.106
Afirma César Herrera Cabral que desde 1528 hasta 1587 todos los
Presidentes togados de la Audiencia fueron a la vez Gobernadores, y hace
referencias dentro de las facultades administrativas de la Audiencia a
“Ordenanzas de Buen Gobierno” para otras provincias, que sirvieron para la
organización y desarrollo de éstas, como las que dictó el Oidor Alonso de
Cárdenas para la Isla de Cuba.107 Sin embargo, en las primeras Orde-
nanzas y Provisiones Reales (1511 y 1528) estas atribuciones administra-
tivas de la Real Audiencia no se hacen figurar de forma expresa, sino que
vinieron dadas por instrucciones particulares.

105
AYALA, Manuel Josef de, O.C., Tomo VII, Pág. 53 (Gobernadores, p.60, citando el
Cedulario, Tomo 25, folio 403, No. 380).
106
AYALA, Manuel Josef de, O.C., Tomo VII, Pág. 35 (Gobernaciones, p. 1, citando el
Cedulario, Tomo 41, folio 218, No. 155).
107 HERRERA CABRAL, O.C., Págs. 17 y 18.

59
Historia del Poder Judicial Dominicano

El 15 de septiembre de 1515, para contrarrestar el frenesí colectivo por


escapar de La Española hacia Cuba o hacia otras tierras, determinaron los
Jueces y Oficiales Reales confiscar las propiedades de todo el que se fuera de
la Isla, a menos que “non dexase casa poblada, segund la thenía en el tiempo
que acá estaba”, esto apareció en carta de los Jueces y Oficiales a Su Alteza
fechada en la Isla Española.108
Entre las funciones administrativas de las Audiencias descritas por
Manuel Josef de Ayala, quien escribió su obra en el siglo XVIII, también
estuvieron: el ser órganos consultivos de los Virreyes, realizar visitas de
inspección a naves, aun se tratase de Armadas, velar por el buen trata-
miento a los indios y su conservación, y en asuntos eclesiásticos informar
de la erección de iglesias y conventos, así como dar provisiones de ruego y
encargo para que los prelados de sus distritos visitasen sus obispados y
acudiesen a los concilios, así como también mediar en las querellas de
órdenes religiosas, pero sin interferir con la autoridad eclesiástica.109
Una curiosa atribución administrativa de las Audiencias de Indias está
contenida en la Real Provisión dictada en Barcelona el 20 de noviembre de
1542, por Carlos I de España y V de Alemania, en su nombre y en el de su
madre, Doña Juana I de Castilla, en la cual se dispone que las Audiencias
informaran por carta cerrada y sellada su parecer sobre cualquiera
propuesta que se fuera a formular a la Corte. Expresa el documento:
“Muchas vezes acaesçe que personas que rresiden en las yndias vienen o
embian a suplicarnos que les hagamos merçed de algunas cosas de las de alla y
por no tener aca ynformaçion asi de la calidad de la persona que la suplica y sus
meritos y avilidad como de la cossa que se pide no se puede proueer con la satis-
façion que convernia por ende mandamos que la tal persona manifieste en la

108 Véase MOYA PONS, Frank, La Española en el siglo XVI (1493-1520, Trabajo, Sociedad y
Política en la Economía del Oro). Universidad Católica Madre y Maestra: Santiago de los
Caballeros, 1978, Págs. 173 y 174.
109 AYALA, Manuel Josef de, Diccionario de Gobierno y Legislación de Indias. Edición y estu-
dios de Marta Milagros del Vas Mingo, Tomo II. Ediciones de Cultura Hispánica: Madrid,
1988. (Ver voz: Audiencias, Págs. 10 y 11).

60
Historia del Poder Judicial Dominicano

abdiençia alla lo que nos entiende suplicar para que la dicha abdiençia se
ynforme asi de la calidad de la persona como de la cosa y embie la tal ynforma-
çion çerrada y sellada con su paresçer al nuestro consejo de las yndias para que
con esto se tenga mas luz de lo que converna a nuestro seruiçio que se
prouea”.110
En Real Cédula dictada en Talavera de la Reyna e1 6 de julio de 1541 se
instruye la Audiencia de que platiquen con Melchor de Torres sobre un
asiento y Capitulación que éste proponía para que opinen al respecto “para
saber la providencia que haya de tomarse, si es cosa que conviene”.111 En esta
instrucción a la Audiencia de La Española observamos un precedente de lo
que se dispuso un año más tarde por la citada Real Provisión.
Desde Valdemoro el 23 de octubre de 1572 el Rey le ordenó al Presi-
dente y Oidores de la Audiencia que con asistencia de los Oficiales Reales
visitasen la fortaleza y comprobaran todo lo que hubiere allí, especialmente
lo concerniente a la artillería. De esta Visita se produjo el encauzamiento y
condenación de Diego de Vera y del Oidor de la Audiencia de México, Dr.
Vasco de Puga, el autor de la célebre Recopilación de Cédulas Indianas, por
haber sacado material de artillería de la fortaleza del Ozama y llevarlo a
Panamá principalmente. La condena consistió en devolver en el término de
tres meses a partir de la notificación lo que se habían llevado en material
similar al extraído.112

110
Las Leyes Nuevas (1542-1543). Reproducción de los Ejemplares Existentes en la
Sección de Patronato del Archivo General de Indias. Transcripción y Notas por Antonio
Muro Orejón. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Escuela de Estudios
Hispanoamericanos de la Universidad de Sevilla: Sevilla, 1945, Pág. 16.
111 AGI-SD-868, Libro II, Folio 109 en Utrera, Noticias Históricas..., O.C., Volumen II,
1978, Pág. 93.
112 AGI-SD-868, Libro III, folio 2 en Utrera, Noticias Históricas..., O.C., Volumen III,
Págs. 121 y 122.

61
Historia del Poder Judicial Dominicano

Desde el Bosque de Segovia, el 13 de julio de 1573, el Rey le aprueba a


la Audiencia la licencia para hacer la guerra a los indios caribes, explicando
que las mujeres y los muchachos no puedan ser sometidos a esclavitud y se
traigan a la Isla Española para poblarla y hacerles cristianos. 113

La Casa del Cordón en Burgos, Castilla, Sede de la Corte


de la Reina Juana I, existe otra Casa del Cordón
en Santo Dominigo.

Territorio de la Real Audiencia


El Territorio o Distrito de la Real Audiencia de Santo Domingo era tan
extenso que los Oidores con frecuencia tenían que ausentarse por meses a
resolver asuntos en otras islas o en Tierra Firme, como sucedió cuando
Lucas Vázquez de Ayllón fue enviado a Cuba, donde el Gobernador Diego
Velásquez de Cuéllar, pasando de allí a México a resolver el problema

113
AGI-SD-868, Libro III, folio 7 en Utrera, Noticias Históricas..., O.C., Volumen III, Pág.
124.

62
Historia del Poder Judicial Dominicano

surgido con la sublevación de Hernán Cortés, por eso, el ausentismo de los


Oidores era frecuente, y esto se reflejaba en los gastos del tribunal, y
teniendo conocimiento de los casos el Rey Felipe II, por Real Cédula del 8
de septiembre de 1582 determinó que ningún Oidor se ausentara del ejer-
cicio de su oficio a menos que no se ofreciere algún caso notable, ya que
esto no convenía a la autoridad de la Audiencia y al buen despacho de los
asuntos.114
En la Real Provisión dictada en Burgos,
el 5 de octubre de 1511, en nombre de
Juana I de Castilla, con el visto del Consejo
y del Rey Fernando el Católico, en lo que
respecta a la competencia de atribución de
la Real Audiencia de Santo Domingo
estaba conocer de todos los pleitos y causas
tanto civiles como criminales que en grado
de Apelación o de cualquiera otra manera
ante los jueces se llevare para respecto a
ellas poder efectuar todos los actos sin que
se les pusiera impedimento alguno.
Desde el punto de vista de la Compe-
tencia Territorial, dicha Provisión Real
mandaba al “Almirante Visorrey y Gover-
nador” Don Diego Colón, a los Oficiales Recopilación de las Leyes de Toro con el escudo
de armas de Juana I de Castilla y Felipe
Reales y a los que estén en lo adelante en el Hermoso, consorte.
las Indias, en todas las islas y Tierra Firme
del Mar Océano, a acatar la potestad de la
nueva jurisdicción, por lo cual queda claro que su territorio abarcaba toda
América. 115

114 AYALA, Manuel Josef de, O.C., Tomo X, Pág. 275 (Oidores p. 29, citando el Cedulario, Tomo 39,
folio 98, No. 66).
115 Véase MALAGÓN BARCELÓ, Javier, El Distrito de la Audiencia de Santo Domingo..., O.C., Pág.
69.

63
Historia del Poder Judicial Dominicano

Describiendo la Competencia Territorial de la Real Audiencia de Santo


Domingo el criollo, Licenciado Luis Jerónimo de Alcocer de Ocampo en
su Relación Sumaria del Estado Presente de la Isla Española en las Indias
Occidentales, escrita en el año 1650 afirma que “la Real Audiencia y Chan-
cillería tiene... por distrito mas de quinientas cincuenta leguas en que se
comprehenden los Gouernadores y Capitanes Generales de La Hauana y
Puerto Rico, Cumana, La Trinidad o Guaiana y ”Veneçuela o Caracas, y los
Gouernadores de La Margarita y Stiago. de Cuba”.116

Composición del Alto Tribunal


Estuvo compuesta la Real Audiencia de Santo Domingo por los
Oidores o Jueces, el Fiscal Real o Fiscal de Su Majestad, los Procuradores o
Letrados, los Procuradores de Pobres, el Secretario de la Real Audiencia, el
Receptor de la Audiencia, el Canciller de la Audiencia, los Alguaciles de la
Audiencia, el Depositario Real, el Alcaide de la Cárcel de la Audiencia, el
Capellán de la Audiencia, los Escribanos del Rey y el Portero de la
Audiencia.

Los Oidores o Jueces de la Real Audiencia de Santo Domingo


Tuvo la Real Audiencia de Santo Domingo tres magistrados togados o
Jueces Letrados (Abogados) llamados Oidores, uno de ellos era designado
Presidente y el más antiguo de los Oidores era denominado Decano, y era
quien sustituía al Presidente en caso de muerte, enfermedad, recusación o
cualquier impedimento.
Los Oidores llevaban toga o hábito talar y vara de justicia, y su función
consistía en juzgar los pleitos de los cuales eran apoderados, y especial-
mente oír a las partes en las causas o procesos, de ahí su nombre de
Oidores, administrando justicia en nombre del Rey.

116 Relaciones Históricas de Santo Domingo, Colección y notas de Emilio Rodríguez Demo-
rizi, Volumen I, Editora Montalvo: Ciudad Trujillo, 1942, Pág. 219.

64
Historia del Poder Judicial Dominicano

Por lo general eran letrados, es decir, personas versadas en Ciencias Jurí-


dicas, con estudios académicos en universidades españolas o americanas.
El número de Oidores de la Real Audiencia de Santo Domingo fue en
principio de tres (1511), luego fue elevado a cuatro y un Presidente,
aunque numerosas veces habían puestos vacantes y hasta hubo que suplir
Oidores con Letrados habilitados “Ad hoc”; pero el número de los Oidores
en las Audiencias de América dependió de la complejidad de los asuntos y
de la importancia del lugar donde estuvieron ubicadas. Por ejemplo, en
México en principio hubo un Presidente y cuatro Oidores, pero en el siglo
XVII se elevó el número a doce Oidores, divididos en dos Cámaras: una
Civil y otra Criminal, con sus respectivos Fiscales, y un gran número de
funcionarios auxiliares. En las Audiencias menores el número oscilaba
entre tres y cinco Oidores.117
En Real Cédula del 11 de junio de 1540, dictada en Madrid, el Rey
Carlos I de España se hace eco de una solicitud formulada por el Cabildo
(Regimiento) de Santo Domingo de que se completara el número de
Oidores señalado por las Ordenanzas, ya que la justicia tiene muchos
atrasos, se le avisa a Vadillo que estaba en Cartagena que pase a ocupar su
puesto de Oidor en Santo Domingo, y se designa como nuevo Oidor a
Guevara.118
En 1546 el Rey Carlos I responde a la Audiencia expresándole: “cuanto
a lo que dezís que conviene ponerse en esa Abdiencia oydores, porque aunque
vos y el licenciado Grageda residís en ella y trabajáis todo lo que podéis en hazer
justicia, todavía conviene aya más número dellos, con brevedad se preveerá en
ello lo que convenga”.119

117
OTS CAPDEQUÍ, José María, Historia del Derecho Español..., O.C., Pág. 130.
118
(AGI-SD 868, Libro I, Folio 246) fray Cipriano de Utrera, Noticias Históricas de Santo
Domingo, Edición de Emilio Rodríguez Demorizi, Volumen II, Editora Taller: Santo
Domingo, 1978, Pág. 15.
119 (AGI-SD-868, Libro II) Utrera, Noticias Históricas..., O.C., Volumen III, Pág. 97.

65
Historia del Poder Judicial Dominicano

E1 30 de junio de 1563 Arias de Herrera pide que se llenen las plazas de


Oidores que faltan por el mucho trabajo que hay.120
En Real Cédula del 24 de febrero de 1588 se pauta “que los Oidores de
La Española guarden con el Presidente de la Audiencia la Cédula que se
inserta, con el orden que se da a los Oidores de Nueva España respecto del
Virrey, en las dudas que se ofrecieren en la administración de la justicia y
gobierno. Se les dice que está proveído por Presidente Don Lope de Vega Porto-
carrero, y éste ha hecho relación que para servir bien y quitar diferencias
convenía que cuando en el Acuerdo hay duda, se observase en la Audiencia de
Santo Domingo lo mandado para las Audiencias de otras partes.” La Cédula
inserta correspondiente a Méjico fue dada en El Escorial e1 4 de julio de
1570. Parece que se desconocía que existían reglas concretas para delibera-
ción trazadas desde hacía muchos años para la Audiencia de Santo
Domingo.121
Ya en carta del Príncipe (futuro Felipe II) a la Real Audiencia, suscrita
en Guadalajara el 21 de septiembre de 1546, les manda a llevar a los
Oidores de La Española “vara de justicia” como la llevan los Oidores de
México “y los Alcaldes de nuestra Casa y Corte”, esto así “para mayor auto-
ridad”.122
Independientemente de admitir un Presidente que fuera de “capa y
espada” y no “Letrado” como sucedió a partir de Lope de Vega Portocarrero
(1587), la función de Oidor no sufrió cambios en los siglos XVI y XVII,
pero entre las reformas borbónicas del siglo XVIII cabe mencionar desde
ya, que el 6 de abril de 1776 se creó el cargo de “Regente” para un Oidor
que tendría la Presidencia de toda junta que no fuese militar. Era Juez con
competencia para conocer de todos los incidentes que ocurrieran respecto
al Sello Real y podía fallar verbalmente pleitos cuyo valor no excediera de

120 (AGI-SD-71) Utrera, Noticias Históricas..., O.C., Volumen II, Pág. 255.

121 Utrera, Noticias Históricas..., O.C., Volumen II, Págs. 339 y 340.

122 (AGI-SD-868, Libro II, Folio 304) Utrera, Noticias Históricas..., O.C., Volumen III, Pág. 93.

66
Historia del Poder Judicial Dominicano

500 pesos, vigilaba los aranceles a requerimiento del Presidente, y cual-


quiera persona que lo recusara estaba obligado a pagar 120,000 marave-
díes, si no probaba la causa de recusación.123
La instauración de un presidente de
capa y espada en la Real Audiencia de
Santo Domingo fue con el objeto de
mantener más cuidado el aspecto militar,
para que no se repitiera lo que sucedió
cuando la Invasión de Drake en 1586,
que la Audiencia estaba dirigida por el
Letrado Cristóbal de Ovalle y no hubo
resistencia militar a la ocupación del
inglés. Sin embargo, cuando la Invasión
de Penn y Venables (1655) la resistencia
fue organizada por Juan Francisco
Montemayor (de Córdoba y) de Cuenca,
que sólo era Letrado, y cuando el Presi-
dente de capa y espada, el Conde de
Peñalva, arribó, trece días antes de la
Felipe II de la Casa de Austria,
invasión, ya todo estaba listo para la El Rey Prudente.
defensa.
El criollo Lic. Luis Jerónimo de Alcocer de Ocampo, Abogado de la
Real Audiencia y Canónigo Racionero de la Catedral en su Relación escrita
en 1650 afirma que “la Real Audiencia y Chancillería tiene un Presidente de
Capa y Espada porque juntamente es Gobernador y Capitán General de toda
la Ysla, cuatro Oidores que también son Alcaldes de Corte y traen varas, un
fiscal y de los demás ministros necesarios...”.124

123 UTRERA, fray Cipriano de, O.M.C., Santo Domingo: Dilucidaciones Históricas (I-II).
Secretaría de Estado de Educación, Bellas Artes y Cultos: Santo Domingo, 1995, Pág.
169.
124 Relaciones Históricas de Santo Domingo, Colección y Notas de Emilio Rodríguez
Demorizi, Volumen I, Editora Montalvo: Ciudad Trujillo, 1942, Pág. 218.

67
Historia del Poder Judicial Dominicano

El Fiscal Real o Fiscal de Su Majestad


Antes de existir el cargo de Fiscal de la Audiencia quien ocupa la
función de defensa de los intereses reales en la Real Audiencia se denomi-
naba “Abogado Defensor de la Hacienda del Rey” (Abogado Defensor en
Pleytos y Negocios tocantes a la Hacienda de Su Majestad). El licenciado
Cristóbal Lebrón ocupó este cargo en 1522, ganaba cincuenta pesos de oro
al año; en 1521 había sido Juez de Apelaciones (Oidor), y ganaba 150,000
maravedíes al año.125
En 1536 ocupó el cargo de Fiscal el bachiller Juan Carrillo.126 El licen-
ciado Juan de Frías, recibía 50,000 maravedíes al año y 10,000 de ayuda
de costas, fue Fiscal desde 1537 y todavía lo era en 1544.127 Francisco
Tostado de la Peña fue Fiscal desde 1571 hasta 1573; en 1586 fue víctima
de la artillería de Drake cuando éste invadió Santo Domingo, falleciendo
frente a la casa de la familia Bastidas.128 En 1574 ocupaba el cargo de
Fiscal de Su Majestad el licenciado Miguel de Pinedo, se le pagaban
192,637 maravedíes de buena moneda (al año), tuvo que acudir al testi-
monio de Diego de Avilés por ante Escribano de Su Majestad para que le
reconocieran los sueldos debidos desde que se embarcó en Sevilla.129 El
licenciado Gaspar de Torres, hijo de Melchor de Torres, hizo estudios en
México, fue Fiscal por ausencia de Diego de Villanueva en 1579.
Durante el siglo XVI el Fiscal de la Real Audiencia fue un solo funcio-
nario, pero en el siglo XVII, el 4 de febrero de 1682, se dictó una Real
Provisión de la Audiencia nombrando Fiscal Interino para Causas Crimi-

125 (Contratación-1050) Utrera, Noticias Históricas..., O.C., Volumen I, Pág. 65.


126 (Contaduría-1051) Utrera, Noticias Históricas..., O.C., Volumen I, Pág. 190.
127 (Contaduría-1050) Utrera, Noticias Históricas..., O.C., Volumen I, Pág. 189.
128 (Contaduría-1052) Utrera, Noticias Históricas..., O.C., Volumen I, Pág. 181.
129 Utrera, Noticias Históricas, O.C., Volumen I, Pág. 183.

68
Historia del Poder Judicial Dominicano

nales a Don Gregorio Semillán Campuzano, y por otra Real Provisión se


designa al licenciado Don Diego de Medrano, como. Fiscal Interino en las
Causas Civiles, disponiéndose que el sueldo del Fiscal Propietario (Titular)
se dividiese por partes iguales entre los dos funcionarios.130 Eso demuestra
en Santo Domingo la presencia de ministerio público en causas penales y
civiles como en la Audiencia de México.
Por Real Cédula dictada en Valladolid el 30 de octubre de 1604, el Rey
reprocha a los Oidores el permitir que se le diga al Fiscal: “El Señor Fiscal”,
ya que los abogados por imitación también le dicen así, ordenando que se
guarde el estilo de la Cancillería de Granada y de Medina del Campo, sin
innovar.131

Los Procuradores o Letrados


El Abogado era denominado Letrado o Procurador, fue uno de los prin-
cipales Auxiliares de la Justicia por ante la Real Audiencia. Para poder
ejercer, el postulante tenía que ser examinado por los Oidores, quienes
ponderaban su suficiencia en los conocimientos de las Ciencias Jurídicas.
Es obvio que desde antes de crearse la Real Audiencia se multiplicaron
los procesos en las nuevas tierras y surgieron múltiples conflictos jurídicos,
incluso, a causa de esto, el Rey Fernando el Católico llegó a prohibir que
pasaren abogados a las Indias, y justificaba su decisión expresando: “Porque
yo he sido informado que a causa de haber pasado a las Indias algunos letrados
abogados han sucedido en ellas mucho pleitos y diferencias yo vos mando que
de aquí en adelante no dejéis ni consintáis pasar a las dichas Indias ningún
letrado abogado sin nuestra licencia especial mandando que si necesario es, por
esta presente lo vedamos e prohibimos”. 132

130 (Contaduría-1060) Utrera, Noticias Históricas, O.C., Volumen, I, Pág. 194.


131 (AGI-SD-868, Libro III, Folio 184) Utrera, Noticias Históricas..., O.C., Volumen II, Pág.
196.
132
Valladolid, 14 de noviembre de 1509, citada por DOMÍNGUEZ MOLINOS, Rafael,
Historias Extremas de América. Plaza Janes Editores, S.A: Barcelona, 1986, Pág. 171.

69
Historia del Poder Judicial Dominicano

Al Rey Fernando le mortificaba la gran cantidad de litigios y de manera


previsora advertía a Don Diego en carta firmada en Burgos el 23 de febrero
de 1512, ya creada la Real Audiencia: “Sobre las diferencias que comienza a
haver sobre los pastos, vedlo i proveed de modo que se escusen pleitos, que es el
mayor daño que puede haver en esas partes”.133
En su Relación al Rey, Gil González Dávila, Contador Real de Santo
Domingo, sugiere la expulsión de los Abogados, dijo dicho Oficial Real:
“Cuanto daño que los pleitos han hecho, otros savrán mejor el remedio desto;
pero parésceme a mi que pues Letrados son los que lo sostienen, que quitados
estos de allá, poco a poco los pleitos se acabarán, e aun para esto aprovecharía
entresacar algunas otras personas que los levanten o al menos amonestallos”.
Expresa el historiador dominicano Frank Moya Pons que en realidad la
aversión de Gil González Dávila contra los abogados se debía a que perte-
necía al grupo de los Oficiales Reales de La Española que no querían que el
husmear de los abogados creara opinión pública adversa a sus manejos.134
También los Oidores, Licenciados Gaspar de Espinosa y Alonso de
Zuazo en carta suscrita por ambos al Emperador del 10 de marzo de 1529,
manifiestan especialmente Espinosa: “... i el Catolico Rei quando yo el Licen-
ciado Espinosa fui a tierra firme proveyó en ella i en otras islas destas partes
que no oviese Letrados ni Procuradores por escusar pleitos, poniendo ejemplo
que de havellos en esta isla Española havia venido a mucha disminucion la
poblacion della (por los pleitos incitados por abogados)...”.135
No obstante esta manifiesta resistencia a la presencia de Abogados en
las nuevas tierras americanas, los Letrados siguieron siendo figuras esen-

133 MARTE, Roberto, Santo Domingo en los Manuscritos de Juan Bautista Muñoz, Transcrip-
ción y Glosas por Roberto Marte. Ediciones Fundación García Arévalo, Manuel Pareja:
Barcelona, 1981, Pág. 104.
134 MOYA PONS, Frank, La Española en el Siglo XVI (1493-1520) Trabajo, Sociedad y Polí-
tica en la Economía del Oro. Universidad Católica Madre y Maestra: Santiago de los Caba-
lleros, 1978. Págs. 183 y 288.
135 MARTE, Roberto, Santo Domingo en los Manuscritos de Juan Bautista Muñoz..., O.C.,
Págs. 343 y 344.

70
Historia del Poder Judicial Dominicano

ciales en la organización del Estado Español en las Indias y especialmente


en la Primera de las Reales Audiencias Indianas.
Entre los Abogados que postularon por ante la Real Audiencia de Santo
Domingo durante el siglo XVI estuvieron: Gaspar de Alvarado (1559);
Lorenzo Bernáldez de Lorca (1559); Alonso de Cisneros Landín (quien
fuera desterrado, expulsado de la colonia); Alonso Henríquez (1557); Lic.
Peralta (1573); Luis de Soto (1569); Lic. Villoria (1559), entre muchos
otros.136

Procuradores de Pobres
La preocupación de los monarcas de que todo el encausado o encartado
contase con un buen defensor hizo que desde el principio existiera en la
Real Audiencia un Procurador de Pobres, predecesor de los Abogados de
Oficio y de los actuales Defensores Públicos, este cargo audiencial revela la
convicción que tenía el Rey de que la justicia era costosa, y que el Estado
debía de proteger a los súbditos más necesitados para que estuvieran en el
aspecto de la defensa de sus intereses a pie de igualdad ante la Ley y ante los
jueces; por eso, desde el acta de erección de la Real Audiencia se habla de los
Procuradores de Pobres, y en Real Cédula del 30 de julio de 1512 fue desig-
nado como Abogado de Pobres, el bachiller Bartolomé Ortiz, dándole
como salario único la encomienda de setenta indios.
El documento lleva la firma de Lope Conchillos, Secretario Real, y
expresa según transcribió el investigador Juan Bautista Muñoz, fundador
del Archivo de Indias en el siglo XVIII: “Porque los pobres no queden inde-
fensos en esa Audiencia, he nombrado un Procurador dellos que defienda sus
causas sin interés alguno. Este oficio he provisto en el Bachiller Bartolomé
Ortiz...Tomareisle juramento...”.137

136 Véase Utrera, Noticias Históricas..., O.C., Volumen I, Pág. 318.


137 RODRÍGUEZ DEMORIZI, Emilio, Pleito Ovando-Tapia..., O.C., Pág. 86 y también en
Santo Domingo en los Manuscritos de Juan Bautista Muñoz, O.C., Pág. 112.

71
Historia del Poder Judicial Dominicano

Entre los Procuradores de Pobres por ante la Real Audiencia de Santo


Domingo estuvieron: Pedro Díaz Turín, quien fuera Abogado de Pobres
desde antes de septiembre de 1593 hasta enero de 1597, y a quien le susti-
tuyó el Bachiller Agustín Bernáldez.138 Díaz Turín ganaba por el oficio
12,000 maravedíes.139
Por Real Cédula dictada en Valladolid el 10 de julio de 1537 el Rey
ordenó a la Real Audiencia que interviniese siempre en los casos de los
dominicos (frailes de la orden de Santo Domingo) para que Letrados,
Procuradores y Notarios no les nieguen sus oficios, ya que en ciertas causas
de algunos delincuentes por quienes han querido hacer oficio de caridad
todos les han negado el auxilio de sus ministerios.140 Frente a esta orden del
Rey-Emperador nos preguntamos: ¿A dónde estaban los Abogados de
Pobres?.

El Secretario de la Real Audiencia


El Secretario era el funcionario que dirigía al personal administrativo
de la Audiencia y custodiaba los archivos, daba publicidad a los docu-
mentos que eran remitidos a tales fines como las Reales Provisiones y
Ordenanzas Reales, su función no ha variado en los tribunales actuales;
aunque el Escribano tenía entonces muchas de las funciones que hoy
realizan los Secretarios de los Tribunales. Habían copistas al servicio de la
audiencia como los Secretarios Auxiliares y Mecanógrafos o Digitadores de
hoy.
El Secretario más famoso de los que tuvo la Real Audiencia de Santo
Domingo fue Diego Caballero de la Rosa, apodado el Viejo, natural de
Sanlúcar de Barrameda, quien ejerció su ministerio a partir de 1520, y a

138 UTRERA, Noticias Históricas..., O.C., Volumen I, Pág. 312.

139 UTRERA, Idem, Volumen III, Pág. 32.

140 AGI- SD-868, Lib. I, Folio 92 en Utrera, Noticias Históricas..., O.C., Volumen II, Pág. 147.

72
Historia del Poder Judicial Dominicano

cuya muerte, en 1554 le sucedió en la Secretaría su hijo primogénito Juan


Caballero de Bazán.141
El otro hijo de Diego Caballero de la Rosa, Luis Caballero de Bazán
recibió el cargo de Regidor que ostentaba su padre, y el Príncipe Felipe
expidió Real Cédula el 16 de enero de 1546, demandando al Presidente y
Oidores de la Audiencia que le informasen las edades de ambos hijos de
Diego Caballero de la Rosa e Isabel de Bazán, y si éstos eran hábiles para
los referidos cargos. Se instruyó un informativo testimonial cuyos resul-
tados fueron despachados e1 21 de julio de 1546, donde se indicaba que
Juan tenía 17 años y Luis 16, que ambos eran “buenos escribanos de péndola
e latinos” y que “al presente oyen lógica”.142
Simón de Bolívar, quinto abuelo del Libertador, pidió el 30 de junio de
1565 a la Audiencia que se le designara Secretario por muerte de Diego
Zamora; dice que está casado en Santo Domingo hacía más de catorce
años, y que tiene mujer e hijos. Bolívar era Registrador de la Audiencia y el
órgano judicial opinó favorable a su candidatura. 143
El 14 de junio de 1593 se ordenó que se confirmara el título de Secre-
tario de la Audiencia en favor de Francisco González de Villafañe 144

El Receptor de la Real Audiencia


El Receptor fue un puesto auxiliar de la Secretaría atinente al cobro de
tributos y recaudación de multas. En Real Cédula expedida en Valladolid el
10 de julio de 1537 se designó a Diego de Herrera, Receptor de la
Audiencia de Santo Domingo, por haber abandonado el cargo Juan de
Mojados. Diego de Herrera fue el Escribano que construyó la casa frente a

141 RUBIO, O.P., fray Vicente, Diego Caballero el Mozo vivía en una casa en esquina Isabel
la Católica con Luperón, Suplemento de El Caribe, 25 de enero de 1986, Págs. 8 y 9.
142 UTRERA, Noticias Históricas..., O.C., Volumen II, Pág. 202.
143 AGI-SD-12 en Utrera, Noticias Históricas…, Volumen IV, Pág. 36.
144 UTRERA, Noticias Históricas, O.C., Volumen II, Pág. 186.

73
Historia del Poder Judicial Dominicano

la Plaza de Armas, hoy Parque Colón, que se conoce como Palacio de


Borgella, y que durante la Anexión fue Palacio de la Real Audiencia y luego
Casa de Gobierno.145
También fue Receptor de la Audiencia Rodrigo Hernández, quien susti-
tuyó e1 28 de junio de 1558 a Hernando de Tendilla, el cual había falle-
cido. Hernández era Escribano desde el 7 de febrero de 1552.146

El Canciller de la Real Audiencia


Otro puesto audiencial que derivaba de la Secretaría era el de Canciller
de la Real Audiencia, que era el responsable de guardar el “Sello Real” en la
Audiencia, objeto que simbólicamente representaba la persona misma del
monarca, y debía figurar en todos los documentos oficiales, pues los actos
de administración de justicia se hacían en nombre del Rey. La recepción del
Sello Real daba lugar a grandes celebraciones en la ciudad de Santo
Domingo.
Por Real Cédula dictada en El Pardo el 11 de diciembre de 1584, se
ordenaba que vendieran el título de Canciller de la Audiencia de la Isla qué
estaba vacante por la muerte del Marqués de Camarasa, disponiendo el
Rey: “que remataran el oficio en persona que fuera suficiente entregándole el
sello de mis armas con las solemnidades que se requieren para que pueda ejercer
desde luego el dicho oficio”, con la obligación de pedir confirmación dentro
de los tres primeros años siguientes.147

Los Alguaciles de la Real Audiencia


Estos oficiales públicos, eran los encargados de ejecutar las órdenes y
fallos emanados del alto tribunal, mantenían el orden en la sala de
audiencia, podían apresar, trabar medidas conservatorias, secuestro de

145 AGI-SD-868, Libro I, Folio 94 en Utrera, Noticias Históricas..., O.C., Volumen II, Pág. 176.

146 UTRERA, Noticias Históricas, O.C., Volumen II, Pág. 190.

147 AGI-SD-868, Libro III, Folio 118 en Utrera, Noticias Históricas..., O.C., Volumen II, Pág.
213.

74
Historia del Poder Judicial Dominicano

bienes y realizar todas las notificaciones que se instrumentaren a requeri-


miento del alto tribunal como mensajeros de la justicia.
No deja de ser curioso el prestigio que tenía en la época Colonial la
función del Alguacil que actualmente es el más humilde de los auxiliares de
la justicia. Esto queda probado por una carta del Alguacil Mayor Juan
Francisco de Rojas al Rey, de fecha 8 de julio de 1565, en la cual informa
que el Presidente de la Audiencia, Arias de Herrera no ha querido ejecutar
la Cédula por la cual se le concedió el oficio de Alguacil Mayor “...con las
preminencias de los Alguaciles Mayores de Valladolid y Granada” , en remu-
neración de los servicios que su padre había hecho en la Isla Española desde
su Descubrimiento, y dice que toda la preminencia se le dan al Fiscal
Céspedes de Cárdenas, especificando que ambos oficios, el de Fiscal y el de
Alguacil no se diferencian mas que el Fiscal ocupa el lado derecho, y el
Alguacil Mayor el lado izquierdo, y le pide al Rey que ordene al Presidente
que no ponga en esto “embarazo alguno”.148 Actualmente todavía entre
nosotros los Fiscales ocupan el lado derecho en los estrados.
Al fallecer el Alguacil Mayor Juan Francisco de Rojas y estar su hijo
homónimo aún en minoridad, se autoriza a la Audiencia a pedimento de la
viuda para que se designe a Don Íñigo de Carrizosa como Alguacil Mayor
hasta que el menor alcance la mayoridad, con el deber de entregar a la viuda
Doña Constanza de Fuenmayor cada año 60,000 maravedíes para ayuda a
su sustento. Esto fue dispuesto en Madrid el 3 de enero de 1575.149 Había
sido designado como Alguacil Mayor Interino Don Luis Dávila Colón y
Toledo.150
Juan Francisco de Rojas, hijo, fue Alguacil Mayor de la Audiencia,
título otorgado en San Lorenzo de El Escorial el 4 de junio de 1572.151

148
UTRERA, Noticias Históricas..., O.C., Volumen III, Pág. 11.
149
AGI-SD-899 en Utrera, Noticias Históricas...,Volumen IV, Pág. 20.
150
AGI-SD-51 en Utrera, Noticias Históricas…, O.C., Volumen III, Pág. 35.
151
AGI-SD-899 en Utrera, Noticias Históricas..., O.C., Volumen IV, Pág. 41.

75
Historia del Poder Judicial Dominicano

Pedro de Esqueda estuvo a su servicio como Teniente, se hizo Alguacil y en


1580 Esqueda llevaba catorce años como Alguacil. Esqueda también había
sido Teniente del Alguacil Mayor Berrío.152
Los Alguaciles Mayores o de la Real Audiencia, efectuaban notifica-
ciones, ejecutaban autos de los Gobernadores, Corregidores, Justicias
Mayores, Alcaldes Ordinarios. Tenían que hacer preso (prender) a quien se
le indicare, así como perseguir los juegos vedados y los pecados públicos. Al
término de sus funciones se les hacía juicio de residencia.153 Los Visita-
dores, o inspectores que se enviaban a investigar algún asunto, especial-
mente la buena marcha de la administración, también se hacían acom-
pañar de Alguaciles. Cifuentes fue el Alguacil del Visitador Villagrán.154
En 1509 Francisco de Garay, quien habitaba en la Casa del Cordón de
la calle del Comercio, hoy Isabel la Católica, frente a la Plaza del Contador,
era Alguacil Mayor de la Isla, antes de que se instituyera la Real Audiencia
de Santo Domingo. 155
E1 3 de agosto de 1573 desde San Lorenzo de El Escorial se dicta una
Cédula Real autorizando al Alguacil Mayor Juan Bautista Berrío una
licencia para ir a España, poniéndose en su lugar a otra persona a satisfac-
ción de la Audiencia.156
En Madrid se le concedió el título de Alguacil Mayor de Bayajá a Pedro
Gutiérrez de Padilla, sevillano. Éste fue el promotor de la unión de Puerto
Real y Montecristi pero no perseveró al frente de su puesto, por ser “aventu-
rero de oficios”.157

152 UTRERA, Noticias Históricas, O.C., Volumen I, Pág. 184.


153 OTS CAPDEQUÍ, José María, Instituciones..., O.C., Pág. 278.
154 AGI-SD-51 en Utrera, Noticias Históricas…, Volumen III, Pág. 80.
155 RODRÍGUEZ DEMORIZI, Emilio, Pleito Ovando-Tapia… O.C., Pág. 84.
156 AGI-SD-899 en Utrera, Noticias Históricas, O.C., Volumen IV, Pág, 9.
157 AGI-SD-80 en Utrera, Noticias Históricas…, Volumen IV, Pág. 94.

76
Historia del Poder Judicial Dominicano

El puesto de Alguacil Mayor a veces era vendido en pública subasta,


como en el caso de Diego de Cáceres, quien dio 1,500 ducados por el
oficio, pero la Audiencia no lo confirmó, y se volvió a rematar el puesto.
Contra esta venta Baltasar López de Castro Sandoval invocó la merced que
tenía para ser él quien ostentara el puesto de Alguacil Mayor, y se le otorgó
Cédula para ello. El historiador Fray Cipriano de Utrera, quien recoge el
dato, no especifica fecha, salvo la referencia del Legajo en el Archivo
General de Indias.158
En una Real Provisión dada en Valladolid, el 20 de junio de 1543, se
insertó una Pragmática del Obispo Fuenmayor que dispone que los Algua-
ciles de los Prelados en la Isla Española lleven “vara de justicia con
regatón”.159
Parece que en alguna ocasión al Alguacil Mayor se le dio el nombre de
Guarda Mayor del Puerto de Santo Domingo y en este sentido a la actual
calle Luperón de la Ciudad Colonial se le conoció como Callejón del
Guarda Mayor, aunque Manuel Joseph de Ayala en su Diccionario de
Legislación de Indias asimila el oficio de Alguacil Mayor al de Guarda
Mayor. Luis Alemar en su libro La Ciudad de Santo Domingo expresa que
se llamó así una parte de esa calle la que va desde su inicio hasta la calle del
Estudio, hoy Hostos, por haber vivido allí el Alférez Real, don Francisco de
Levanto, Guarda Mayor del Río y Piloto de la Ciudad de Santo Domingo,
llevando ese nombre todavía en 1786, y demostrando que eran oficios dife-
rentes.160

Depositario General de la Real Audiencia


Era el receptor de bienes incautados, secuestrados judicialmente o
confiados en depósito por la Real Audiencia u otra jurisdicción, para Ots

158 AGI-SD-25 en Utrera, Noticias Históricas..., O.C., Volumen II, Pág. 266.
159 AGI-SD- 868 en Utrera, Noticias... Vol. II, 1978, Pág. 85.
160
ALEMAR, Luis, La Ciudad de Santo Domingo (Santo Domingo, Ciudad Trujillo).
Edición de la Sociedad Dominicana de Bibliófilos. Manuel Pareja: Barcelona, 1980, Pág.

77
Historia del Poder Judicial Dominicano

Capdequí estos funcionarios eran nombrados por los Cabildos y no


cobraban estipendios por los depósitos, sin embargo, en La Española
vemos a la Real Audiencia nombrando depositarios. 161
Diego de Osuna, ocupó este oficio después de Pedro Vásquez de Ayllón
por nombramiento real, pero a este último, lo había designado la Real
Audiencia.162 Al morir Osuna, el Rey le otorgó el puesto a Doña Isabel de
Quiñones, Camarera de la Princesa Juana, hermana de Felipe II, y la Real
Cédula de designación, autorizándole para que pueda nombrar sustituto,
fue dictada en Córdoba, el 8 de marzo de 1570. Isabel de Quiñones
designó en 1573 a Baltasar de Figueroa, de veinticinco años de edad, hijo
del Lic. Estévez de Figueroa para ocupar la función.163 Baltasar de
Figueroa desempeñó su nombramiento delegado desde septiembre de
1573.164
Es curioso como estos oficios de cierta responsabilidad eran asumidos y
transferidos por delegación, mandato o poder.

Alcaides de la Cárcel de la Real Audiencia


Existió una especie de prisión preventiva denominada cárcel de la
Audiencia con su dotación militar y su Alcaide, esto implica la existencia
de tres recintos penitenciarios en la ciudad de Santo Domingo: La cárcel
de la Fuerza, la cárcel Vieja, frente a la Plaza de Armas y la cárcel de la
Audiencia. En 1604 ocupaba el cargo de Alcaide de la Cárcel de la Real
Audiencia, Andrés de Alcocer.165

161 OTS CAPDEQUÍ, José María, Historia del Derecho Español.., O.C., Pág. 150.
162 AGI-SD-13 en Utrera, Noticias Históricas..., O.C., Volumen I, Pág. 186.
163
AGI-SD-29 en fray Cipriano de Utrera, Noticias Históricas de Santo Domingo. Volumen
II. Edición de Emilio Rodríguez Demorizi. Editora Taller: Santo Domingo, 1978, Pág. 65.
164 AGI-SD-13 en Utrera, Noticias Históricas..., O.C., Volumen I, Pág. 186.
165 AGI-SD-30 en Utrera, Noticias Históricas, O.C., Volumen I, Pág. 174.

78
Historia del Poder Judicial Dominicano

Parece que dicha cárcel no existía todavía en 1584, pues en carta de


Cristóbal de Ovalle, Nuevo Presidente de la Audiencia, al Rey, le propone
lo siguiente: “Esta Audiencia tiene mucha necesidad de que se haga junto a
ella una cárcel y aposento para un oidor y para extender la casa de Vuestra
Majestad...”.166
Pero la cárcel se habilitó primero que la Capilla de la Real Audiencia a la
cual nos referiremos en el siguiente tema, pues en Real Cédula fechada el 2
de septiembre de 1597 en San Lorenzo de El Escorial, el rey expresa a la
Audiencia que: “se dize misa en el lugar donde se da tormento y duermen los
presos, y aunque ay hecha capilla, a avido remisión de cubrirla”, porque es muy
justo mirar en esto, se le manda que ordene que la misa se diga “en lugar
decente”, y de lo que se hiciere en esto, dé aviso en el Consejo” 167.
Llama nuestra atención la insistencia que se hace en los documentos de
1511 y de 1528 relativos a la instalación y nueva reglamentación de la Real
Audiencia, en la instrucción de que los sábados dos Oidores por lo menos
visitaran a los presos; esta tradición de visitas penitenciarias sabatinas se ha
continuado hasta nuestros días, salvo que ya no son los Magistrados Jueces
los que visitan a los presos en visitas de inspección como entonces.
En el estudio de Raymundo González sobre el “Edificio de la Real Cárcel
de Santo Domingo”, se afirma que la misma Cárcel Vieja, o residencia que
fuera de los jueces Alonso Maldonado, primero, y luego de Alonso de
Zuazo, extremo Sureste de la Plaza Mayor, actual Parque Colón, frente a la
Picota, estuvo la Cárcel Real o Cárcel de la Audiencia, aunque reconoce
también que en el mismo edificio de la Real Audiencia pudo existir una
pequeña cárcel preventiva. Entre sus interesantes informaciones presenta
una Real Cédula dictada en Madrid el 17 de noviembre de 1567 que
mandaba a los Oidores de la Real Audiencia de Santo Domingo que reali-

166 Véase RUBIO, fray Vicente, Documentos inéditos dan a conocer detalles sobre personal
y obras en la Real Audiencia, Suplemento de El Caribe, 19 de octubre de 1985, Págs. 8 y 9.
167 AGI-SD-868, Lib. lII, Folio 158 en fray Cipriano de Utrera, Noticias Históricas..., O.C.,
Volumen II, Pág. 65.

79
Historia del Poder Judicial Dominicano

zaran sus visitas de cárcel los miércoles de cada semana, además de los
sábados, y que siempre fueran dos Oidores porque se había establecido por
costumbre que iba sólo uno.168

Capellanes de la Real Audiencia


La Real Audiencia de Santo Domingo contó con una Capilla cuyos
gastos cubría, la cual tenía su propio Guardián y estaba ubicada al Norte de
la calle de Las Damas y casi en medio de la Cuesta de San Diego. Dicha
Capilla estaba en ruinas en 1881 cuando el Ayuntamiento de Santo
Domingo remodelaba la referida cuesta y solicitó permiso al Gobierno para
demolerla, y lo obtuvo, siendo éste uno de los primeros atentados a nuestro
Patrimonio Cultural. En esa misma época se quitaron todas las cruces que
adornaban el centro de varias calles en la ciudad.169
En virtud de Real Cédula dictada en Aranjuez el 15 de mayo de 1579 se
ordenó a los Oidores y al Fiscal que acompañaren al Presidente de la
Audiencia a oír misa “los primeros días de las tres Pascuas y el día de Corpus
Christi, y el día de Nuestra Señora de Agosto, y el día de la Advocación de la
Iglesia Mayor, y a la ida suban al aposento de dicho Presidente y le acom-
pañen, y vayan con él, y a la vuelta, si hubieren de comer con el dicho Presi-
dente, se apeen en su casa, y si no hubieren de comer, no se apeen los que no
quisieren, y en los demás días del año no sean obligados a acompañarle”.170 Es
notorio lo detallada que es esta Ordenanza y la insistencia en el aspecto
alimenticio.

168 GONZÁLEZ, Raymundo, El edificio de la Real Cárcel de Santo Domingo: Un proyecto de


1772 para su reconstrucción. Anuario 1 del Centro de Altos Estudios Humanísticos y del
Idioma Español. Amigo del Hogar: Santo Domingo, 2001, Pág. 125.
169 Véase ALEMAR, Luis E., La Ciudad de Santo Domingo (Santo Domingo, Ciudad
Trujillo). Edición de la Sociedad Dominicana de Bibliófilos. Manuel Pareja: Barcelona,
1980, Pág. 46.
170 AGI-SD-868, Libro III, Folio 92 en Utrera, Noticias Históricas..., O.C., Volumen II, Pág.
192.

80
Historia del Poder Judicial Dominicano

En una Real Cédula dictada en Valladolid el 30 de octubre de 1604 se le


reprochaba a los Oidores de la Real Audiencia que fueran a la Iglesia con
sillas y almohadones de terciopelo como sólo le corresponde al Presidente, y
dice la Cédula que los Prebendados tienen a vejación el salir a recibir a la
Audiencia cuando acuden a la Iglesia Catedral, pues son pocos, y no llevan
a bien que la Audiencia pretenda que un Canónigo les lleve el agua bendita,
se le ordena que cumplan las Cédulas que al respecto se han despachado
otras veces.171 Esta costumbre de presentar y recibir un Canónigo de la
Catedral al Presidente con agua bendita ha llegado hasta nuestros días
cuando el Presidente de la República acude a un tedéum.
En otra Cédula Real dictada en Madrid, el 22 de diciembre de 1598,
atinente a las relaciones entre la Audiencia y la Iglesia Catedral, el Rey le
pide al alto tribunal que explique sobre una alegada costumbre de que el
Mayordomo de la Catedral obsequiaba los ramos en Domingo de Ramos
personalmente a la Audiencia primero y luego a la Justicia y Regimiento
(Cabildo de la Ciudad), costumbre que se había quebrantado ese año, no
dándole los ramos a los miembros del Cabildo, por lo cual éstos habían
protestado, y se ordena que no se innove y que se siga haciendo como
siempre se ha hecho.172 Es increíble como el Rey podía preocuparse por
tales detalles y denota a la vez el gran control que tenía de todo lo sucedido
en la Colonia.
Fueron Capellanes de la Real Audiencia de Santo Domingo: El padre
Pastor, de agosto de 1525 al 8 de marzo de 1527; Bartolomé Díaz, en
mayo de 1537; Gaspar Rodríguez, en 1554 (Interino); Juan Decires de la
Peña, en 1555; Alonso Contreras en diciembre de 1555; Juan Carrión, en
septiembre de 1558; Juan Sánchez Muñoz de 1558 al 10 de marzo de
1560; Bachiller Francisco Jiménez de 1567 a 1568; Diego Pérez de
agosto de 1573 a noviembre de 1574; Canónigo Cristóbal de Sanabia de

171 AGI-SD-868, Libro III, Folio 184 en Utrera, Noticias Históricas..., O.C., Volumen II,
Pág. 196.
172 AGI-SD-868, Libro IV, Folio 27 en Utrera, Noticias Históricas..., O.C., Volumen III, Pág.
213.

81
Historia del Poder Judicial Dominicano

1579 a 1582; Nicolás Núñez de 1583 a 1587; Miguel Ferrer de 1588 a


1596; Francisco Cavallas, 1597; Pedro de Miranda, 1598 y Miguel
Ferrer nuevamente de 1599 a 1600.173

Escribanos del Rey


Los Escribanos eran oficiales públicos que como los Notarios actuales
daban fe de los hechos que comprobaban e instrumentaban diversos actos
jurídicos, además levantaban acta de las sesiones en la Real Audiencia
como hacen actualmente los Secretarios en estrado. Sólo el Escribano
podía estar presente en las deliberaciones junto a los jueces o en el Real
Acuerdo, ningún otro funcionario.
En carta fechada en Burgos, el 23 de febrero de 1512 y remitida por el
Rey Fernando a don Diego Colón, le expresa: “Deveis vos Almirante
juntaros muchas veces con nuestros juezes para entender en las cosas utiles a
nuestro servicio: tendra cuidado de solicitaros el Fiscal, lo que acordareis se
asentará, i solicitará la egecucion el Licenciado Ayllon, el qual nos escrivirá por
mano del Escrivano que con vos va el numero de juntas, i lo acordado en ellas. A
todo os encargo que entendais en nuestro servicio con las palabras mas encare-
cidas. Tendreis libro de los Acuerdos como en las Audiencias i chancillerías, i
cuidad en no perder tiempo en dilaciones...”.174
El Rey manifiesta su interés en la presencia del Escribano de la
Audiencia en los acuerdos que se tomen, de ahí que al salón donde se
reunían en Cámara de Consejo se le llamaba “Sala del Real Acuerdo” y
disponía que se levantara acta fehaciente de los mismos a través del funcio-
nario con capacidad para hacerlo, se estaba refiriendo al Escribano Real
Aunque en las Audiencias siempre había un Escribano Real, también
existían Escribanos de Cámara y Públicos, los cuales al igual que el Escri-

173 UTRERA, Noticias Históricas..., O.C., Volumen I, Pág. 313.

174 MARTE, Roberto, Santo Domingo en los Manuscritos de Juan Bautista Muñoz, O.C., Pág.
104.

82
Historia del Poder Judicial Dominicano

bano Real tenían que dar cuenta a los Oficiales de la Corona de todos los
actos que instrumentaran atinentes a la Real Hacienda.175
Por Real Cédula dictada en Valladolid el 2 de junio de 1559 se instruyó
al Presidente y Oidores de la Real Audiencia para que nombrasen Escri-
banos a personas beneméritas “y que sirvieran con lo que fuese justo”. Hay
que tener en cuenta que hubo momentos en que había carencia de Escri-
banos por estar éstos en sus haciendas en el interior, enfermos o en comi-
siones fuera de la ciudad o de la isla.176
Francisco de Espinosa fue Escribano de la Audiencia en 1577,177
Baltasar López fue tres años Escribano de la Audiencia.178 El 10 de junio
de 1579 por Real Cédula se le ordena a la Audiencia que examine a
Baltasar López (de Castro) para Escribano de Cámara, y si es hábil le dejen
usar el oficio conforme a su título.179 Francisco González de Villafaña fue
designado Escribano de la Audiencia de Santo Domingo en 1597.180
E1 20 de marzo de 1599, Francisco de Isla, Escribano del Juzgado de
Bienes de Difuntos, remata la escribanía de Juan Fernández de la Bolsa,
renunciante, en 200 ducados.181 Esta compra de una escribanía da a
conocer el funcionamiento de una jurisdicción de excepción en el Santo
Domingo del siglo XVI: el Juzgado de Bienes de Difuntos, lo cual fue en
otras épocas atribución de los Cabildos como se comprueba por los fondos
del Archivo Real de Bayaguana. Entonces como actualmente, cuando
renunciaba o fallecía un Escribano se remataba su escribanía, es decir su
protocolo.

175
Cédula Real dictada en El Pardo, el 12 de septiembre de 1573, véase Utrera, Noticias
Históricas..., O.C., Volumen IV, 1979, Pág. 10.
176 UTRERA, Noticias Históricas..., O. C., Volumen II. Pág. 92.
177 AGI-SD-13 en Utrera, Noticias Históricas, O.C., Volumen I, Pág. 187.
178 Utrera, Ídem.
179 AGI-SD-899 en Utrera, Noticias Históricas..., Volumen IV, 1979, Pág. 30.
180 UTRERA, Noticias Históricas..., Volumen II, 1978, Pág. 39.
181 AGI-SD-30 en Utrera, Noticias Históricas..., Vol. II, 1978, Pág. 167.

83
Historia del Poder Judicial Dominicano

Monseñor Hugo Eduardo Polanco Brito, en su monografía sobre los


Escribanos en el Santo Domingo Colonial, ha enumerado veintisiete tipos
distintos de Escribanos entre los cuales están: Escribano de Cámara del
Consejo de Indias, Escribano de la Casa de Contratación, Escribano de
Cámara, Escribano de Cámara de las Audiencias, Escribano del Crimen,
Escribano de Provincia, Escribano de las Visitas de Tierra Adentro y Comi-
siones, Escribano del Consulado de Sevilla, Escribano Mayor de Armada,
Escribano Propietario de la Armada, Escribano de Naos, Escribano de
Raciones, Escribano de Minas y Registros, Escribano de Gobernación,
Escribano de Cabildo, Escribano Público, Escribano Real, Escribano y
Notario de Indias, Escribano del Juzgado de Oficiales Reales, Escribano de
Residencia, Escribano del Juzgado de Bienes de Difuntos, Notario del
Juzgado Eclesiástico, Escribano de su Majestad, Escribano de Número,
Escribano de Real Hacienda y Registro, Escribano Mayor de Registros,
Minas y Relaciones y Escribano del Cabildo Eclesiástico, todos estos
oficios con análoga función.182
Cristóbal Domínguez fue designado por Real Cédula dictada en Madrid
el 17 de marzo de 1546 Escribano Público de Indias “estante” en la Isla
Española, y por Real Cédula dictada también en Madrid el 18 de junio de
1546, se le envió el título de Escribano de Número de la Ciudad de Santo
Domingo a Gonzalo Hernández, por renuncia que había hecho en él Fran-
cisco de Trejo, y obtuvo el oficio hasta que se le diese confirmación real. Se
le advierte al Oidor Cerrato en la Cédula Confirmatoria que si Hernández
no dio mala cuenta en la visita que se le ha debido de hacer, que se le
entregue el título, y de lo contrario, que se devuelva éste al Consejo de
Indias. 183

182 POLANCO BRITO, Mons. Hugo E., Los Escribanos en el Santo Domingo Colonial.
Academia Dominicana de la Historia, Editora Taller: Santo Domingo, 1989, Págs. 163 y
164.
183 AGI-SD-868, Libro II, Folios 286 y 297 en Utrera, Noticias Históricas..., O.C., Volumen
III, Págs. 91 y 92.

84
Historia del Poder Judicial Dominicano

Los Escribanos tenían


que tomar un examen impar-
tido por la Real Audiencia,
pagaban tributos y se les
tomaba juramento de que no
cobrarían demasiados dere-
chos por sus actuaciones. Así
se evidencia en la constancia
del título que se expidiera en
Valladolid el 12 de mayo de
1537 dándole el nombra-
Capilla de la Real Audiencia en ruinas,
miento de Escribano y Cuesta de San Diego, existieron las ruinas hasta 1881.
Notario Público de Indias a
Francisco Perafán. También
procedían a registrar su “signo” o rúbrica que utilizaría en la instrumenta-
ción de actas correspondientes a su ministerio.184

Portero de la Real Audiencia


Esta posición, la más humilde entre los oficios audienciales, fue
ocupada por Pedro de Vidaguren, a quien por Real Cédula dictada en Tala-
vera el 29 de marzo de 1541, se ordenó que se le pagasen 15,000 marave-
díes por sus servicios en el oficio.185
Por Real Cédula dictada en Barcelona el 1 de mayo de 1543 se instruye
a los Oficiales Reales para entregar a Pedro de Vidaguren por sus servicios
de Portero de la Real Audiencia la suma de 10,000 maravedíes por encima
de los 20,000 que recibe de salario, a petición de éste, y debido a la carestía
de la vida en la ciudad de Santo Domingo.186

184 UTRERA, Noticias Históricas..., Volumen II, 1978, Pág. 28.


185 UTRERA, Noticias Históricas..., Volumen II, 1978, Pág. 26.
186
UTRERA, Noticias Históricas..., Volumen II, Pág. 81.

85
Historia del Poder Judicial Dominicano

A la muerte del Portero Vidaguren fue designado en dicho cargo Pedro


Maldonado, por Real Cédula expedida en el Bosque de Segovia el 3 de
septiembre de 1565, dándosele dos años para presentarse a su puesto.187

Los Cabildos
La estructura del sistema judicial a partir de la creación de la Real
Audiencia no está completa si no se atiende también a la estructura del
Municipio Indiano expresada en los Cabildos. Así, el Ayuntamiento de
Santo Domingo, continuador del Cabildo de la villa de La Isabela, se llamó
en la Época Colonial: “Concejo, Justicia y Regimiento de la Muy Noble y
Muy Leal Ciudad de Santo Domingo”, y ese nombre de “Justicia” se debe a
las atribuciones jurisdiccionales que tenía el Ayuntamiento, presidido
como lo era por los Alcaldes Ordinarios, que eran Jueces con varas, y por
eso muy útil fue la inscripción admonitoria que estaba en el Salón de
Sesiones o Sala Capitular:
“Los que en aquestos estrados
Juntos regís y mandáis
Mirad bien lo que juzgáis
Porque habéis de ser juzgados
Emplead vuestros cuidados
en que se halle abastecida
La ciudad, y sea cumplida
La medida, igual el peso,
Pues Dios os hizo para eso
Jueces de peso y medida” 188
El 16 de septiembre de 1582 en Lisboa se dictó una Real Cédula que
advertía a los Oidores no entrometerse en las elecciones de Alcaldes Ordi-
narios, atribución de los Cabildos, y que ni por sí, o por sus mujeres,

187 AGI-SD-29 en Utrera, Noticias Históricas..., Volumen II, 1978, Pág. 65.

188 RUBIO, O.P., fray Vicente, Concejo, Justicia y Regimiento era nombre que tenía el Ayunta-
miento de Santo Domingo, Suplemento de El Caribe, 14 de noviembre de 1987, Págs. 8 y 9.

86
Historia del Poder Judicial Dominicano

criados o allegados recomienden a los Regidores dar el voto a pania-


guados,189 no obstante, la Real Audiencia otorgaba confirmación dentro de
sus atribuciones administrativas a la elección anual de los Regidores y
Alcaldes de los Cabildos. Estas elecciones contrastaban con tantos cargos
que eran ejercidos de por vida en la Época Colonial, y le daban vitalidad al
Municipio Indiano, aunque fuere un sufragio capacitario y censitario, no
universal.
Como constancia de la actitud vigilante de la Audiencia respecto al
Cabildo aparece una anotación de fray Cipriano de Utrera sin consignar
fecha, salvo la referencia del legajo en el Archivo General de Indias SD-71.
Se trata de una carta al Rey suscrita por Herrera, Echagoian y Cáceres,
Oidores, por la cual denuncian que las autoridades edilicias sólo estaban
pendientes de sus negocios y haciendas particulares, y recomendaban en
lugar de Alcaldes tener Corregidores o Jueces que tuvieren a su cargo las
cosas de gobernación para ejecutarlas con más calor y diligencia, dándosele
comisión para designar a dichos funcionarios a la Real Audiencia, es decir a
ellos.190
Sin embargo, a veces era el Cabildo que opinaba en asuntos relacio-
nados con la Audiencia, como lo atestigua la carta de fecha 29 de
septiembre de 1520 por la cual se le agradecía al Rey haber repuesto a la
Audiencia “con Presidente”; pide el Cabildo que se le tome residencia a los
jueces porque hay muchos quejosos de Figueroa, y anuncian que envían a la
Corte al Dr. Roldán a tratar cosas importantes relativas al bien de la Isla.191
Por lo general las relaciones de ambas corporaciones eran tirantes, y de
este modo, el 22 de diciembre de 1598 el Rey le comunica a la Audiencia
que el Cabildo se ha quejado de que el alto tribunal se entromete en la desig-
nación del Procurador General so pretexto de que a ella le corresponde

189 AGI-SD-899 en Utrera, Noticias Históricas..., O.C., Volumen IV, Pág. 37.
190 UTRERA, Noticias Históricas..., O.C., Volumen III, Págs. 7 y 8.
191 UTRERA, Noticias Históricas..., O.C., Volumen II, 1978, Pág. 285.

87
Historia del Poder Judicial Dominicano

confirmarlo. El Rey pedía que se le informara sobre lo sucedido y pautaba


que entretanto se dejara al Cabildo hacer libremente sus elecciones.192
El Cabildo de Santo Domingo durante el siglo XVI estuvo compuesto
por dos Alcaldes Ordinarios, diez Regidores (este número fue variable), un
Alguacil Mayor, dos Tenientes, un Mayordomo y un Escribano.193

Los Alcaldes Mayores


Estos funcionarios, también llamados “Justicias Mayores” o “Corregi-
dores”, presidían las reuniones del Cabildo e impartían justicia como jueces
de primer grado en asuntos civiles y penales. Tenían igualmente atribu-
ciones administrativas y conocían de las apelaciones de las decisiones de los
Alcaldes Ordinarios. Ejercían su ministerio en villas y ciudades de cierta
importancia, pero su demarcación política y administrativa era imprecisa.
En principio el cargo de Alcalde Mayor y el de Corregidor eran
distintos, inclusive, tenía mayor jerarquía el Alcalde Mayor, pero en la
Recopilación de las Leyes de Indias de 1680, los Corregidores pasaron a
tener mayor jerarquía que los Alcaldes. Finalmente parece que ambos
cargos se fusionaron.194
El primer Alcalde Mayor en la Isla Española fue Francisco Roldán, en
La Isabela, siglo XV, pero en el Cabildo de Santo Domingo en el siglo
XVI, figuran básicamente Alcaldes Ordinarios. Sin embargo, a principios
del siglo XVI el Licenciado Marcos de Aguilar fue Alcalde Mayor de las

192 AGI-SD-868, Libro IV, Folio 28 en Utrera, Noticias Históricas..., O.C., Volumen III, Pág.
213.
193 El historiador salmantino fray Vicente Rubio, O.P., ha dedicado varios ensayos al Ayunta-
miento de Santo Domingo en la Época Colonial entre los cuales podemos citar junto al ya
mencionado: ¿En qué forma se elegía a los munícipes de Santo Domingo durante el siglo
XVI?, Suplemento de El Caribe, 21 de noviembre de 1987, Págs. 8 y 9; Elecciones munici-
pales de Santo Domingo sirvieron de modelo para otras colonias, Suplemento de El Caribe,
28 de noviembre de 1987, Págs. 8 y 9.
194 Véase sobre este tema: José María Ots Capdequí, Instituciones, Historia de América y de los
Pueblos Americanos dirigida por Antonio Ballesteros y Beretta, Salvat Editores, S.A.:
Barcelona, 1959, Págs. 267 y 268.

88
Historia del Poder Judicial Dominicano

Islas y Tierra Firme y Juez de Residencia y Gaspar de Espinosa fue Alcalde


Mayor en Tierra Firme y Oidor en Santo Domingo. El Licenciado Alonso
de Zuazo fue Juez de Residencia y Justicia Mayor de la Isla Española de
1517 a 1519 en que llegó el también Justicia Mayor Licenciado Rodrigo
de Figueroa.
En Real Cédula dictada en Badajoz, el 26 de mayo de 1580, se ordenó a
la Real Audiencia que en lo adelante los Alcaldes Mayores de la ciudad “no
sigan poniendo por Tenientes suyos a gente moza y sin experiencia, pues no
pueden ser respetados, como lo serían hombres casados, honrados y de edad;
personas conocidas y como conviene para el ejercicio y autoridad de la vara de
justicia”.195
El Lic. Luis Jerónimo de Alcocer de Ocampo, quien fuera Abogado de
la Real Audiencia y Canónigo Racionero de la Catedral de Santo Domingo
señala en su Relación Sumaria del Estado Presente de la Isla Española
escrita en 1650 luego de mencionar a los miembros de la Real Audiencia,
informa que había un “Alcalde Mayor de la Tierra Adentro desta Ysla Espa-
ñola”.196

Los Alcaldes Ordinarios


Correspondían a los llamados Oficios Concejiles, elegidos cada año por
el Cabildo y sujetos a confirmación por los Virreyes, Gobernadores o
Corregidores, o como en el caso de la Isla Española, por la Real Audiencia
de Santo Domingo. Eran funcionarios similares en su aspecto jurisdic-
cional a los actuales Jueces de Paz, tenían la jurisdicción civil y penal de
primer grado en asuntos de menor cuantía, y más cercanos a las partes.
En una Real Provisión del 10 de enero de 1537 se fijó como límites de
su jurisdicción conocer en primera instancia de aquellos asuntos de juris-
dicción civil o criminal que no podían ser resueltos por el Lugarteniente del

195 AGI-SD-868, Libro III, Folio 100 en Utrera, Noticias Históricas, O.C., Volumen II, Pág.
188.
196 Relaciones Históricas de Santo Domingo, Colección y Notas de Emilio Rodríguez
Demorizi, Volumen I, Editora Montalvo: Ciudad Trujillo, 1942, Pág. 218.

89
Historia del Poder Judicial Dominicano

Gobernador. Tenían cierta participación en la vigilancia de la política de


precios y del establecimiento de beneficios moderados a favor de los comer-
ciantes.
Sus decisiones sobre ciertos asuntos de menor cuantía se presentaban
por ante los Cabildos. Así se hacía en España, pero en América la vía fue
distinta, no obstante, una Real Provisión de 1519 ordenó a los Cabildos
que conocieran de las apelaciones de los Alcaldes Ordinarios de asuntos
que no sobrepasaren los diez mil maravedíes; anteriormente el límite de los
Cabildos había sido de hasta tres mil maravedíes.
Una provisión del 5 de junio de 1528 establecía que asuntos de 100
pesos hacía abajo se pudieren apelar ante los Cabildos y allí terminasen; y
que tratándose de mayor cuantía, hasta 500 pesos se pueda apelar por ante
el Alcalde Mayor, o por ante el Gobernador.
Una Real Cédula dictada en El Pardo, el 13 de octubre de 1573, indica
que los Alcaldes de la ciudad siempre han tenido facultad para conocer de
causas en primera instancia y que se les ha despojado de esa jurisdicción,
por lo cual se ordena que se les guarde a dichos funcionarios esa
costumbre.197 Esto explica el porqué juristas de la época como Solórzano
planteaban la desaparición de esta función.198
Gil González Dávila fue Alcalde Ordinario en 1577. Este funcionario
fue el mismo que en su Relación al Rey como Contador Real, planteó la
expulsión de los Abogados, Procuradores o Letrados que estaban en estas
tierras para evitar la proliferación de litigios.

Alguaciles del Campo


Estos funcionarios, al igual que los Alcaldes de Tierra Adentro, y los
Alcaldes de la Hermandad (Santa Hermandad) desempeñaban su minis-

197 AGI-SD-899 en Utrera, Noticias..., O.C., Volumen IV, 1979, Pág. 10.

198 Sobre los Alcaldes Ordinarios véase la obra “Instituciones” de José María Ots Capdequí
(O.C., Págs. 272 a 275 y 283).

90
Historia del Poder Judicial Dominicano

terio en el interior de la Isla, en zonas apartadas. Sus funciones fueron


análogas a los demás Alguaciles.

El Procedimiento por ante la Real Audiencia

Casa de Francisco Tostado De la Peña y Palacio del Arzobispo Fuenmayor.


Situados en la actual Padre Billini esquina Meriño, antiguas Universidad y Escuderos o Plateros,
Óleo de Margarita Billini de Fiallo.

Tanto en los documentos de erección de la Real Audiencia en 1511,


como en el documento de reestructuración de 1528, se aporta un conjunto
de aspectos de carácter procesal, presentados prolijamente en el texto de
1528.
En dichos documentos se fija la Competencia de Atribución y la
Competencia Territorial, se habla del quórum, del secreto de la delibera-
ción, de la redacción de las sentencias, señalando en 1511 que el encabe-
zado de toda sentencia y providencia sería: “Nos los jueces de la Avdiencia e
juzgado que esta e rresyde en las Indias”; se refieren al horario exigiendo que
se junten todos los días que no fueren de fiestas, y que sesionen todo el
tiempo que fuere necesario (1511); en el 1528 fueron más específicos en el

91
Historia del Poder Judicial Dominicano

aspecto de horario y hasta se exigió puntualidad para los Oidores, so pena


de multa y algunos meses se entraba a trabajar a las siete de la mañana y
otros a las ocho celebrando audiencias durante tres horas y disponiendo de
una hora para la lectura de fallos (rezar). Las decisiones se tomaban por
mayoría y el voto era secreto, aunque se podían anotar las opiniones disi-
dentes; se hablaba de la composición del tribunal; del denominado plazo
ultramarino de diez meses; sobre la nómina anual; sobre el no aceptar
regalos, dádivas o tener cualquier conflicto de interés respecto a lo que se
ventile en el tribunal; sobre las visitas sabatinas a las cárceles; sobre el vivir
cerca de la Audiencia (vecindad); sobre el testimonio y los medios de admi-
nistrar pruebas; sobre los archivos y libros de la Audiencia; sobre el secreto
de la deliberación; el juramento y el conocimiento y la divulgación de la
regla de derecho a través de las Ordenanzas Reales publicadas y reprodu-
cidas en la Secretaría de la Audiencia.199
El estilo de redacción de los actos jurídicos y las fórmulas con que se
instrumentaron en el siglo XVI siguen siendo aún hoy perfectamente inte-
ligibles, tal es el “doy fe” de los Alguaciles y Escribanos, el encabezado
mismo de los actos, sólo que en ese entonces a la ciudad se le llamaba en los
documentos oficiales: “Santo Domingo del Puerto de la Isla Española de las
Indias Occidentales de la Mar Océano”.
En la práctica se desarrollaron procedimientos especiales por ante la
Real Audiencia, como aquél que se evidencia por la Real Cédula dictada en
Valladolid el l de marzo de 1538 en virtud de la cual se ordenaba a la Real
Audiencia que en lo adelante no detuviera navío alguno que fuera a zarpar
para España, y esta orden se motivó porque desde que surgía algún litigio
en relación con el capitán del navío o las mercancías que este llevase, una de
las providencias que se tomaban era retener el barco en puerto hasta que se
ventilara el pleito, y era una forma de los demandantes inferir daño a los

199 MALAGÓN BARCELÓ, Javier, El Distrito de la Audiencia de Santo Domingo..., O.C.,


Págs. 73 y 81.

92
Historia del Poder Judicial Dominicano

demandados y las mercancías se dañaban. Las quejas respecto a este proce-


dimiento llegaron hasta el Rey.200
Las Almonedas o ventas en pública subasta que se celebraban en Santo
Domingo en el siglo XVI cumplían con un procedimiento que se desarro-
llaba “debajo de los soportales de la Plaza”, esto es frente al actual Parque
Colón, antigua Plaza Mayor. Acudían a sentarse el Oidor más antiguo, el
Fiscal, Contador y Tesorero, con bufete (mesa) y sillas. Cuando las almo-
nedas están a cargo de los Oficiales Reales las sillas se toman de donde
mejor parece; cuando las almonedas estaban a cargo de la Audiencia, las
sillas las buscaba la Audiencia. El documento que esto consigna lo revela
fray Cipriano de Utrera sin poder especificar fecha, salvo la referencia al
legajo en el Archivo General de Indias SD-25.201
Cuando Fuenmayor presidía la Real Audiencia, como éste no partici-
paba en las causas criminales por ser de “orden sacro”, la Audiencia,
compuesta por Zuazo y Fuenmayor solamente, a causa de la muerte de
Infante, resolvió por una Ordenanza de Gobierno de la propia Audiencia
designar un Letrado como Juez “Ad hoc” para que conociera de las causas
criminales y de la Suplicación junto al Licenciado Zuazo, así sucedía espe-
cíficamente en alzamientos de negros “que requerían mucho castigo”. Este
procedimiento fue informado al Rey el 18 de julio y el 8 de septiembre de
1536, y desde Valladolid el 3 de febrero de 1537 se remitió una Real
Cédula aprobando lo hecho y pautando limitaciones respecto a la Apela-
ción a la metrópoli.202
En 1682 surgió una disputa procesal entre Diego Méndez de Salazar y
Antonio Solano de Tovar sobre la base de que había una costumbre inme-
morial en la Audiencia de Santo Domingo de que los Relatores leyeran los
pedimentos de las partes y ellos (Secretarios (?)) hagan la “semanería”,
especie de control entre lo dispuesto y lo escrito en las sentencias, el Rey

200 AGI-SD-868, Libro I, Folio 116 en Utrera, Noticias Históricas..., O.C., Volumen II, Págs.
182 a 183.
201 UTRERA, Noticias Históricas..., O.C., Volumen II, Pág. 226.
202 UTRERA, Noticias Históricas..., O.C., Volumen II, Págs. 239 y 240.

93
Historia del Poder Judicial Dominicano

dispuso desde Aranjuez, el 7 de mayo de 1682 que la Audiencia resolviera


breve y sumariamente lo que procediera en Derecho.203

Los Juicios de Residencia


La consolidación de los
Juicios de Residencia en las
Indias quedó confirmada por la
sentencia del Consejo de
Castilla en el pleito entre Don
Diego Colón y la Corona,
Alonso de Zuazo. Célebre Juez de Residencia de los
primeros Oidores, Escultura por Joaquín Vaquero
cuando en dicha sentencia se
Turcios, en el Museo de las Casas Reales. indica más allá de lo solicitado
por el Segundo Almirante:
“Otrosí, que cada cuando a sus altezas pareciere que conviene a su servicio y a
la ejecución de su justicia y a los dichos Rey o Reyna que por tiempo fueren de
estos dichos reynos pueden mandar tomar resydencia a el dicho almirante y a
sus oficiales conforme a las leyes destos reynos como de justicia devan”. Los
juicios de residencia tenían sus antecedentes en el Derecho Romano del
Bajo Imperio y en las Siete Partidas del Rey Alfonso X, el Sabio.204
El 20 de febrero de 1524 se expide una Cédula Real por la cual se le
pagan ciento once pesos y once granos de oro a Cristóbal Lebrón, “como
remuneración de lo que se sirvió e trabajó e gastó en la residencia que por
mandato de Su Majestad tomó al licenciado Rodrigo de Figueroa, Juez de Resi-
dencia que fue en esta Isla”, esto demuestra que los jueces de Residencia
también eran residenciados.205

203 AGI-SD-903 en Utrera, Noticias Históricas..., O.C., Volumen III, Pág. 225.

204 GARCÍA MENÉNDEZ, Alberto, Los Jueces de Apelación de La Española y su Resi-


dencia, O.C., Págs. 28 y 107.
205 AGI-Contratación-1050 en Utrera, Noticias..., O.C., Vol. I, Pág. 64.

94
Historia del Poder Judicial Dominicano

Por Reales Cédulas dictadas en Valladolid el 18 y 28 de julio de 1573,


suscritas por el Príncipe, se dispuso que el Oidor que designara el Licen-
ciado Cerrato para celebrar Juicios de Residencia en distintas partes del
Distrito de la Audiencia de Santo Domingo (serían especialmente en
Venezuela), cobraría además de su salario de Oidor, mil maravedíes por
cada día en que esté ocupado en la visita, la cual no podrá durar más de
sesenta días. Iría acompañado de un Escribano enviado desde España,
instruyéndoseles a los Oficiales Reales de La Española que debían entre-
garle al Escribano cincuenta ducados de oro que son 18,750 maravedíes
para ayuda de costas durante la Visita, y si quiere retornar a España después
de la Visita se le dieran otros cincuenta ducados siempre que llevase consigo
los expedientes, de lo contrario sólo se le entregarían los primeros
cincuenta. Cerrato escogió como Escribano a Francisco Bravo.206
El fiscal Arévalo Sedeño (Cedeño) le tomó Juicio de Residencia por
orden del Rey al Oidor Tenorio, y en ello tomó veintitrés días y fue remune-
rado Tenorio, el juez residenciado con 18,768 maravedíes, a razón de peso
y medio diario.207
Todos los Oficiales y Funcionarios Reales eran residenciados al concluir
sus mandatos. Nadie podía escapar al Juicio de Residencia, y con esto se ha
enriquecido la Historia de América.208
El Juicio de Residencia constaba de dos partes, en la primera se investi-
gaba de oficio la conducta del funcionario; en la segunda, se recibían las
demandas que interponían los particulares contra el enjuiciado. En la
primera fase, llamada “la secreta” se solicitaban informes de los distintos
organismos oficiales, se oían testigos, se revisaban documentos, se oían

206 AGI-SD 868 en Utrera, Noticias Históricas de Santo Domingo. Volumen II. Edición de
Emilio Rodríguez Demorizi. Editora Taller: Santo Domingo, 1978, Págs. 76 a 77 y 88.
207 AGI-Contaduría-1056 en Utrera, Noticias Históricas..., O.C., Vol. I, Pág. 192.
208 Ver artículo de fray Vicente Rubio, O.P., Actuaciones de funcionarios de la Colonia eran
enjuiciadas al finalizar su mandato, Suplemento de El Caribe, 14 de marzo de 1987, Págs.
8 y 9.

95
Historia del Poder Judicial Dominicano

declaraciones verbales o escritas, memoriales en secreto o anónimos; una


vez en la segunda parte, llamada “pública”, se recibían demandas y querellas
contra el residenciado.209
Tomando de base la enumeración de fray Vicente Rubio, O.P., en el
citado artículo, presentamos los pasos procesales en un Juicio de Resi-
dencia: 1. Presentación del juez y de la Cédula de Comisión por ante el
Organismo correspondiente: Audiencia, Cabildo; 2. Designación de los
Jueces para diligencias en el interior, Escribano y demás funcionarios auxi-
liares; 3. Confección del edicto
declarando cesantes a los residen-
ciados y anunciando el Juicio de
Residencia; 4. Pregón del edicto en
todos los lugares de la demarcación
donde había ejercido su jurisdicción,
invitando a que se presenten las
quejas, agravios y demandas. 5.
Reconocimiento de libros y de las
Casas Reales; 6. Comienzo del juicio
en sus dos fases: secreta y pública; 7.
Confección de la lista de cargos y
acumulación de todas las pruebas; 8.
Juicio público asistido el residenciado
de su Defensor; 9. Pronunciamiento
Calle del Truco o de Las Mercedes, al fondo Las Damas, a de la sentencia; 10. Imposición de
la izquierda Palacio de la Real Audiencia, en Casas Reales, costas, envío del expediente a España
Ciudad Colonial. (Tomada de la obra de Eugenio Pérez
Montás sobre Casas Coloniales).
y pagos de salarios de los Magistrados
y Oficiales actuantes; 11. Archiva-
miento del expediente.

209 SUÁREZ, Santiago-Gerardo, Las Reales Audiencias Indianas (Fuentes y Bibliografía).


Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela, Biblioteca de la Academia Nacional de la
Historia: Caracas, 1989, Pág. 195.

96
Historia del Poder Judicial Dominicano

Consideramos que el Juicio de Residencia más importante que tuvimos


en el siglo XVI por los escándalos e incidentes que se produjeron y por todo
lo que reveló, fue el que se celebró contra los tres primeros jueces de la
Audiencia, dirigido por Alonso de Zuazo y estudiado modernamente por
Alberto García Menéndez.210

La Visita
Era la inspección ordenada desde España para averiguar cómo se iban
manejando los asuntos, o para esclarecer alguna actuación o acusación. Se
diferenciaban de la Residencia en que no se hacía cuando el funcionario
cesaba en su cargo, sino en cualquier momento, y la misma, no era un
juicio, sino una investigación cuyos resultados el investigador remitía en
un informe al Rey o al Consejo de Indias. El visitador tenía amplios
poderes para indagar y podía suspender de sus funciones al investigado,
como ocurrió cuando Lope de Vega Portocarrero fue visitado por el Licen-
ciado Villagrán en 1594.211
Otra Visita célebre fue con motivo de la mora judicial, ya que, a súplica
de la ciudad de Santo Domingo, el Rey Felipe III por Real Cédula del 22 de
diciembre de 1598 mandó a visitar la Audiencia a fin de que no se retardase
el seguimiento, vista y terminación de las causas pendientes.212

Textos Legales Aplicados por la Real Audiencia de la Española


La Real Audiencia de la Isla Española aplicó en sus primeros tiempos la
misma cantidad de normas legales vigentes en Castilla, especialmente las
Ordenanzas Reales de Castilla, llamadas también Ordenamiento de

210 GARCÍA MENÉNDEZ, Alberto, O.C..


211 VEGA BOYRIE, Wenceslao, Historia del Derecho Dominicano. Amigo del Hogar: Santo
Domingo, 2002, Pág. 64.
212 AYALA, Manuel Josef de, O.C., Tomo X, Pág. 275 (Oidores, p. 31, citando el Cedulario,
Tomo 41, folio 239, No. 182).

97
Historia del Poder Judicial Dominicano

Montalvo por haber sido un encargo de los Reyes Católicos al jurisconsulto


Alfonso (Alonso) Díaz de Montalvo que lo publicó en 1485. Colaboró con
él el jurisconsulto Galíndez de Carvajal, se trata de un texto de 1,163
disposiciones provenientes del Fuero Real, del Ordenamiento de Alcalá (de
Henares) (1348), el cual estaba dedicado especialmente a normas de
Derecho Procesal, de Leyes y Ordenanzas posteriores y de las Siete
Partidas de Alfonso X, el Sabio.213
También estaban vigentes y eran aplicadas las Leyes de Toro, redactadas
en 1502 a petición de las Cortes de Toledo, promulgadas en 1505,214
preparadas por el doctor Palacios Rubios (Juan López de Palacios Rubios),
el mismo que redactó el famoso Requerimiento para la Conquista de los
“Reynos de las Indias”. Estas leyes se publicaron en 1505 en tiempos de
Doña Juana I de Castilla (la Loca), las mismas fueron comentadas por
Antonio Gómez, y contienen disposiciones esencialmente de Derecho
Privado, aunque también aparecen previstas infracciones penales, tales: el
adulterio y el falso testimonio.
En 1523 las Cortes de Valladolid solicitaron que todas las Leyes se
compilasen en un volumen “porque todos supiesen y entendiesen las leyes de
nuestros reinos, así los jueces que han de determinar los pleitos, como los
Abogados que los han de defender, como las partes que litigan”, esto consti-
tuyó un precedente al principio liberal de la “Legalidad de los delitos y de las
penas”, que se concretaría dos siglos después. Las Cortes de Madrid habían
formulado el mismo pedimento en 1534, y Felipe II encargó una Nueva
Recopilación a tres juristas, la cual se publicó en 1567.215 Para el profesor
Marsal y Marcé esta recopilación fue iniciada en tiempos de Carlos I y se

213 MARSAL y MARCÉ, José María, Síntesis Histórica del Derecho Español y del Indiano.
Bibliográfica Colombiana: Bogota, 1959, Pág. 267.
214 MARSAL y MARCÉ, O.C., Pág. 209.

215 JIMÉNEZ DE ASÚA, Luis. Tratado de Derecho Penal, Editorial Losada, S.A.: Buenos
Aires, 1964, Tomo I, Pág. 747, p. 227 y siguientes; véase también a MINGUIJÓN
ADRIÁN, Salvador, Historia del Derecho Español. Editorial Labor: Barcelona, 1933, Pág.
81 y siguientes.

98
Historia del Poder Judicial Dominicano

concluyó en el año indicado, reinando Felipe II, en la cual trabajaron


cuatro Letrados: López de Alcocer, López de Arrieta, Escudero y
Atienza.216
También podríamos mencionar la Recopilación de Carrancá; la de Juan
de Ovando (1569-1575); el Cedulario de Vasco de Puga (1525-1563); las
Leyes y Ordenanzas Reales de las Indias del Mar Océano por Alonso de
Zorita (1570) (1574, según Juan Manzano Manzano); el Código o Cedu-
lario de Diego de Encinas (1596); la Gobernación Espiritual y Temporal
de las Indias, también de Juan de Ovando (1571); el Libro de Cédulas y
Provisiones del Rey (1541-1621).217
Pero el más importante de los monumentos legales: “La Recopilación de
las Leyes de los Reynos de Indias”, se terminó en 1680, en tiempos de
Carlos II, el Hechizado; así como la no menos importante Recopilación
que se denominó “Autos acordados de Montemayor y Beleña”, “Sumario de
las Cédulas, Órdenes y Provisiones Reales que se han Despachado por su
Magestad para la Nueva España y otras Partes” que en el siglo XVII prepa-
rara en México Juan Francisco Montemayor (de Córdoba y) de Cuenca,
quien fuera Presidente de la Real Audiencia de Santo Domingo, y poste-
riormente Oidor en la de Nueva España.218
En la biblioteca del abogado, Licenciado Juan Rodríguez, vecino de
Santo Domingo, ya en 1520 se encontraban, según se revela por un docu-
mento dado a conocer por fray Vicente Rubio, O.P., las siguientes recopila-
ciones y colecciones jurídicas: El Fuero Real de Alfonso X, el Sabio (1255)
que recoge la tradición jurídica española del Derecho Castellano; las Siete
Partidas (1263), también del rey Sabio, glosadas (comentadas), que

216 MARSAL y MARCÉ, José María, O.C., Pág. 267.


217 MANZANO y MANZANO, Juan, Historia de las Recopilaciones de Indias, Tomo I (Siglo
XVI), Tercera edición. Ediciones de Cultura Hispánica: Madrid, 1991.
218 Véase JIMÉNEZ DE ASÚA, Luis, O.C., Tomo I, Pág. 958, p. 315 y SUÁREZ, Santia-
go-Gerardo, Las Reales Audiencias Indianas (Fuente y Bibliografía). Fuentes para la
Historia Colonial de Venezuela. Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia:
Caracas, 1989, Pág. 81.

99
Historia del Poder Judicial Dominicano

contienen reglas inspiradas en el Derecho Romano y en el Derecho Canó-


nico; las Ordenanzas Reales; las Prácticas del Reino y los Cuadernos de
ciertas Cortes Castellanas. Cabe destacar entre las obras de Doctrina
contenidas en esa biblioteca, escritos de Juan López de Palacios Rubios,
denominados: “Memorial acerca de las Islas del Mar Océano” (1514) y la
Repetición denominada: “Rúbricae et capituli per véstras de donatiónibus
inter vírum et uxórem” (1503) y las Repeticiones (Repetición) del salman-
tino Rodrigo Suárez, también famoso jurista de la época.219
Revela mucho la apertura del letrado Rodríguez hacia el Derecho
Comparado en el Santo Domingo de esa época, apareciendo entre sus
obras unas Decretales, un Sexto y unas Clementinas francesas y unas
Concordancias entre el Derecho Canónico y Civil. En total fueron inven-
tariadas el 22 de diciembre de 1552,
con motivo de su muerte, cincuenta y
cinco obras, algunas de varios volú-
menes conformando una biblioteca
especializada en Derecho. 220

Suspensión de la Audiencia y su Resta-


blecimiento
De 1517 a 1520, no hubo nuevos
nombramientos de Oidores para la Real
Audiencia de Santo Domingo, jurídi-
camente la misma estuvo en suspenso,
esto ha llevado a afirmar que la Real
El Cardenal Francisco Ximenes de Cisneros,
Regente de España, quien envió a los Padres
Audiencia fue disuelta o suprimida, lo
Jerónimos a la Isla Española. cual no es cierto, pues no hubo ninguna
manifestación de voluntad real en tal
sentido, sino que los Oidores estu-

219 RUBIO, O.P., fray Vicente, La biblioteca de un abogado de Santo Domingo en el siglo XVI,
Suplemento de El Caribe, 10 de diciembre de 1983, Págs. 12 y 13.
220 Ídem.

100
Historia del Poder Judicial Dominicano

vieron sometidos a Juicio de Residencia, y el Juez enviado como Juez de


Residencia, Licenciado Alonso de Zuazo, y luego el residenciador de éste,
Licenciado Rodrigo de Figueroa quedaron sucesivamente a cargo de la
administración de justicia cada uno como
Justicia Mayor, mientras el Gobierno corres-
pondió a los Jerónimos, no hubo supresión de
la Real Audiencia, sino que simplemente sus
jueces estuvieron suspendidos y residenciados.

El Traje Judicial
Los Oidores vestían toga, garnacha o
hábito talar de color negro. No hemos encon-
trado constancia de que usaran birrete calado
o bonete, salvo el grabado del Guaman Poma
de Ayala que figura en esta obra. En un
grabado antiguo francés aparece un Abogado
con toga negra con birrete calado y un saco o
bolso del proceso en la mano, en el cual colo-
caba todas las piezas del proceso, haciendo
alusión al adagio de que “para litigar eran nece-
sarios tres sacos o bolsos: uno de papeles, otro de
Abogado francés del siglo XVI cuya toga y
dinero y otro de paciencia”.121
birrete asemejan al traje judicial utilizado en
la Real Audiencia de Santo Domingo. (Toma-
En carta del Príncipe (futuro Felipe II) a la do de la obra de Jean Favard). Sin embargo,
Real Audiencia de Santo Domingo, suscrita el birrete español asemeja a una boina.
en Guadalajara el 21 de septiembre de 1546,
les manda a llevar a los Oidores de La Espa-
ñola “vara de justicia” como la llevan los Oidores de México y los Alcaldes

221 FAVARD, Jean, Au Coeur de Paris un palais pour la Justice. Gallimard: Paris, 1995, Pág. 29.
Sobre la toga de los Oidores véase POLANCO ALCÁNTARA, Tomás, Las Reales
Audiencias…, O.C., Pág. 53.

101
Historia del Poder Judicial Dominicano

de nuestra Casa y Corte, esto así para “mayor autoridad”.222 Esa vara de
justicia terminaba en cruz y regatón, la cruz era utilizada para los jura-
mentos, y todo el que hacía una declaración y juraba decir la verdad, hacía
sobre sí la señal de la cruz.

Limitaciones a la Vida Privada de los Oidores


Fuera de las ceremonias oficiales la vida de los Oidores de la Audiencia
de Santo Domingo no tenía muchas alternativas de diversión y por Real
Cédula del 10 de marzo de 1579 se les prohibió a los miembros de la Real
Audiencia participar en el carnaval donde se tiraban naranjas y se rociaban
aguas perfumadas a los transeúntes. Esta prohibición se hizo bajo el
alegato de que no era cosa decente que personas de letras y a cuyo cargo
estaba el gobierno y la administración de justicia anduvieran “tan común y
tan familiarmente con el pueblo”. 223

222 AGI-SD-868, Libro II, Folio 304 en Utrera, Noticias Históricas..., O.C., Volumen III, Pág.
93.
223 INCHÁUSTEGUI CABRAL, J.M., Historia Dominicana. Colección Trujillo de los 25
Años de la Era, Tomo 13, Impresora Dominicana: Ciudad Trujillo, 1955, Pág. 151.

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108
Capítulo IV

LA JUSTICIA EN SANTO DOMINGO


EN EL SIGLO XVII

Introducción
El XVII fue el siglo de la gran pobreza en la colonia española de Santo
Domingo. Fueron cien años de abandono por parte de la metrópoli, de
pérdida gradual de porciones occidentales de la isla a favor de los franceses,
de miseria de la escasa población. Es lógico entonces que fuese también un
periodo de limitada actividad jurídica y judicial.
Recordemos, en efecto, que tras las devastaciones ordenadas por las
autoridades bajo el gobernador Osorio, se destruyeron todas las ciudades y
villas de la porción Noroeste de la colonia y sus escasos habitantes, con sus
ganados y pocas pertenencias, fueron trasladados al sudeste, donde se
fundaron Bayaguana y Monte Plata. La población de la isla entera a
mediados del siglo XVII era algo menos de 50,000 habitantes según
expresa Frank Moya Pons. 224
La justicia colonial tenía dos escalones, los Alcaldes Municipales y la
Real Audiencia, en los cuales se conocían los asuntos corrientes. Pero
recordemos que había muchas jurisdicciones especializadas, ajenas a la
justicia ordinaria. Vemos así que Ots. Capdequí nos dice:
“Y al lado de la jurisdicción ordinaria existieron: una jurisdicción eclesiás-
tica y otra militar; una jurisdicción mercantil y otra fiscal; jurisdicciones espe-

224 Moya Pons, Frank, Manual de Historia Dominicana. Apéndice.

109
Historia del Poder Judicial Dominicano

ciales para determinadas rentas de la Real Hacienda - ejemplo, las de Correo, -


y jurisdicciones de carácter gremial. Se comprende que toda esta complejidad
burocrática del ramo judicial originase frecuentes conflictos de competencia y
otras dificultades no menores, que derivaban de los diversos fueros personales
que amparaban a los individuos encuadrados en las distintas profesiones”. 225

Los Alcaldes Municipales


Recordemos la organización judicial que España estableció para sus
posesiones en el nuevo continente. Al nivel inferior, en cada municipio, los
regidores de los ayuntamientos designaban dos alcaldes, los cuales ejercían
la justicia inferior, conociendo y fallando casos de menor cuantía en
materia civil y delitos menores en materia penal. Los casos penales más
frecuentes conocidos eran los robos de animales y cosechas en los campos,
golpes y heridas, trifulcas, etc. En materia civil eran los pleitos sobre
límites de las propiedades rurales y litigios sucesorios.
A las sentencias que dictaban los Alcaldes Municipales podía recurrirse
ante el propio Cabildo si eran de menor cuantía y para los de mayor impor-
tancia se podía recurrir ante la Real Audiencia. 226
En los escasos archivos locales, hemos podido encontrar sentencias de
los alcaldes municipales de Bayaguana, donde aparecen expedientes sobre
robos de animales, daños a cosechas por animales sueltos y hurtos. Las
sentencias eran generalmente multas y cárcel.227
Los Alcaldes Municipales, como vimos, eran designados por los regi-
dores de cada municipio. En las ciudades grandes eran dos, en las pequeñas
sólo uno. En el Ayuntamiento de la capital, el Gobernador de la isla era
Regidor nato, es decir, ex-oficio. Duraban un año en sus funciones. Eran

225
Ots Captequí. J. M. Historia del Derecho Español en América y del Derecho Indiano Pág.
162.
226 Vega, Wenceslao, Historia del Derecho Dominicano. Pág. 50.
227 Boletín del Archivo General de la Nación. No. 93.

110
Historia del Poder Judicial Dominicano

generalmente criollos, es decir, nacidos en la isla, al contrario de los demás


funcionarios que eran enviados desde España. Pero como eran cargos
importantes, especialmente en la capital, Santo Domingo, era a veces
difícil su elección. Esos Regidores criollos, por lo general pertenecían a las
familias más importantes y ricas de sus pueblos, y se sucedían en los cargos
por generaciones, creando así una especie de aristocracia local. Las luchas
por lograr esas posiciones eran frecuentes. Hubo un caso en que, para
dirimir un asunto que no se resolvía, el Gobernador decidió que de los dos
alcaldes de la ciudad de Santo Domingo, uno fuera criollo y el otro no.
Esto aparece en un despacho que el Gobernador de la Isla, envió al Rey en
1641:
“Señor: sobre las elecciones que se hacen el día de año nuevo se me dio
noticia: que habiéndose ofrecido votos unos regidores a otros para hacer
Alcaldes ordinarios, tuvieron controversia en cumplirlo y que antes de entrar en
cabildo faltándose las palabras hubo entre ellos algunas de enfado. Y cono-
ciendo yo al votar el efecto de estos disgustos para evitar las moinas que se
habían de recrecer de que se dejasen de serlo unos y se eligiesen otros, dispuse
que se quedasen los del año pasado (procurándoles su quietud, siendo tíos,
parientes y deudos de los mismos regidores ) como consta de los papeles que se
hicieron aquel día. Y al segundo que se juntaron a hacer elecciones de los oficios
que se acostumbra, algunos de los mas mozos quisieron embarcarla teniendo
con el Alcalde Don Balthasar Fernandes de Castro (que por mas antiguo
presidía) mucho desacato causando alboroto, de lo que se queda haciendo infor-
mación, y se pondrá el remedio necesario. Y así, para evitar estos encuentros y
disensiones, importa que Vuestra Majestad sea servido de que se despache una
cédula mandando: Que de aquí adelante se elija un Alcalde criollo de la tierra y
otro español, pues que hay aquí calificados y que ocupen oficios de considera-
ción, que aunque el año pasado y otro después que yo gobierno se ha hecho así,
sucede pocas veces y conviene se haga siempre”. 228

228 Inchástegui, Joaquín Marino, Reales Cédulas y Correspondencia...Vol IV, Pág.1259.

111
Historia del Poder Judicial Dominicano

Es un hecho que la intervención directa del representante del Rey modi-


ficaba la forma usual de elección de los alcaldes municipales y, por conse-
cuencia, ello implicaba una forma indirecta de controlar la justicia en su
nivel más bajo.
Recordemos que bajo el sistema político que la monarquía española
estableció para sus posesiones de ultramar, no había separación de poderes
y que en el Rey recaían todos los atributos, no existiendo lo que ahora cono-
cemos como los tres poderes, el Legislativo, el Ejecutivo y el Judicial, sino
que todos ellos se concentraban en el Rey, quien actuaba directamente o
más a menudo a través de sus subalternos y delegados. El único caso de
elección directa era precisamente en los municipios donde los regidores
eran escogidos por los vecinos de cada ciudad o pueblo. Por eso, para los
criollos, la elección de regidores municipales era su única oportunidad de
ser representados en algún organismo de gobierno, y de ahí la importancia
de los cargos municipales y ya vimos como ese exiguo derecho era vulne-
rado por la intervención del Gobernador en la elección de los alcaldes
municipales.
La injerencia de los Gobernadores en la administración de la justicia era
frecuente. Ellos ordenaban y realizaban personalmente las pesquisas e inte-
rrogatorios en procesos que competían a los alcaldes y en algunos casos
llegaban a dictar sentencias. Así resulta que ellos juzgaban y dictaban
sentencias en casos de escándalos, concubinatos, riñas y otros delitos
menores, condenando a los acusados, generalmente pobres mujeres
solteras, a destierro o a mudarse a lugares donde no provocaran los escán-
dalos que en esa época consideraban los hechos de que una mujer soltera
conviviera con quien no fuera su marido legítimo.229

La Real Audiencia
Igual que en el siglo anterior, la Real Audiencia de Santo Domingo,
tuvo jurisdicción no sólo en la Isla Española, sino además sobre las de Cuba

229 Moya Pons, Frank, La Vida Escandalosa en Santo Domingo, Siglos XVII y XVIII.

112
Historia del Poder Judicial Dominicano

y Puerto Rico y demás Antillas, españolas y sobre parte del territorio de


América del Sur, que comprende a Venezuela y las Guayanas. Era el orga-
nismo superior en la justicia en las colonias bajo su jurisdicción.
La Real Audiencia estaba presidida por el Gobernador y Capitán
General de Santo Domingo y tenía otros dos jueces más, llamados
Oidores. Si dicho Presidente no era abogado (o “letrado” como se les
llamaba entonces) no podía fungir como juez y entonces se designaba otro
Letrado, para que los que administraran justicia fueran tres oidores. Todos
dichos funcionarios provenían de España y eran designados por el Rey, a
través del Consejo de Indias. Por su importancia y relevancia, se les tenía en
gran respeto y protocolariamente ocupaban las posiciones mas elevadas de
la isla. Había un Procurador Fiscal, quien sólo actuaba en asuntos crimi-
nales o los Casos de Corte y era quien ejecutaba las sentencias a través de
los Alguaciles.
La Real Audiencia juzgaba como tribunal de alzada las sentencias que
provenían de los Alcaldes Municipales, en los casos en que por su impor-
tancia o por el valor envuelto, las leyes así lo autorizaban. En un caso espe-
cífico, la Real Audiencia juzgaba en primera instancia, y era cuando el caso
envolvía al fisco o asuntos que implicaban a las autoridades, y esos eran
llamados “casos de corte”.
El procedimiento ante una Real Audiencia se llevaba a cabo en tres
fases: La Vista, la Revista y la Suplicación, lo que implicaba que una
sentencia que ella dictaba podía ser revisada por la Real Audiencia misma y
también se podía hacer un final pedimento de reconsideración. Para ciertos
casos de mucha trascendencia, se podía elevar un último recurso ante el
Real Consejo de Indias, con sede en España.
Evidentemente que la mayoría de los casos que conocía la Real
Audiencia de Santo Domingo, provenían de apelaciones contra las deci-
siones de los Alcaldes de las ciudades de La Habana, Santiago de Cuba,
San Juan de Puerto Rico, Caracas y otras que caían bajo la amplia jurisdic-
ción de la misma. Los casos de la propia Isla de Santo Domingo eran más
escasos, dada su poca población y pobre economía. En el catálogo de expe-

113
Historia del Poder Judicial Dominicano

dientes que tiene la obra de Malagón Barceló hay más de 1300 casos cono-
cidos por la Real Audiencia de Santo Domingo, pero son todos del siglo
XVIII y por lo tanto no abarcan el periodo estudiado en el presente capí-
tulo. Pero no debían ser muy diferentes los asuntos en el siglo anterior.
Esos casos, en materia judicial, provenían de los Alcaldes de Santo
Domingo y Santiago de los Caballeros principalmente y en menor
número, de las alcaldías de La Vega, Montecristi, Cotuí, El Seybo,
Higüey, Puerto Plata, Azua, Bayaguana, Bánica, San Carlos, Las Caobas,
Hincha, San Lorenzo de Los Minas, San Juan de la Maguana, Neyba,
Moca, Bayajá y Dajabón. Los expedientes de estos pueblos de la Isla de
Santo Domingo, representan el 18% de la totalidad que conoció la Real
Audiencia en el siglo XVIII. Generalmente eran casos de apelaciones por
pleitos de tierras, asuntos sucesorios, cobros de pesos en materia civil y de
homicidios, heridas, difamación y otros en materia penal.

Funcionamiento de la Justicia
Uno de los elementos más importante del sistema judicial que España
implantó en América fue el de los Juicios de Residencia. Ya se ha visto que
la Residencia era una investigación y posterior juicio sobre las actuaciones
de un funcionario al término de su gestión. Se aplicaba a todos los altos
funcionarios: Gobernadores, Oidores, Tesoreros Reales, entre otros, y
generalmente el proceso lo llevaba a cabo el funcionario que lo sustituía y
quien actuaba entonces como Juez de Residencia. Debido a las dificultades
para la Corona española de gobernar colonias tan distantes, con comunica-
ciones tan irregulares, con la posibilidad de actuaciones dolosas y corrup-
ción administrativa que eran tan frecuentes. La connivencia entre funcio-
narios locales era también otra posibilidad. Por lo tanto, el sistema de los
juicios de residencia fue la fórmula que más se empleó para tratar de evitar
o paliar esos males. La documentación de los juicios de residencia es una de
las más voluminosas en los archivos de las colonias americanas durante los
siglos del XVI al XIX.
El procedimiento para llevar a cabo un juicio de residencia consistía
primero en la llegada a la Isla de la Real Cédula del Monarca español orde-

114
Historia del Poder Judicial Dominicano

nando el Juicio de Residencia y designando al funcionario que actuaría


como Juez. Luego se realizaba una pesquisa a cargo del Fiscal de la Real
Audiencia, quien por pregones invitaba a todo a quien pudiera tener quejas
contra las actuaciones del funcionario residenciado a presentarse y exponer
sus agravios. Estas quejas se convertían en cargos contra el acusado que el
Fiscal presentaba ante el Juez de Residencia. Luego se podían oír los
testigos de la defensa, que eran generalmente amigos del residenciado y
personas a quien él había favorecido durante su permanencia en el cargo.
Al final, el expediente entero se conocía en una audiencia pública, donde se
leían los puntos de la acusación y la defensa. Posteriormente el Juez dictaba
sentencia que era en seguida notificada al residenciado por el Escribano
Público. Al momento de recibir la notificación, el acusado podía indicar
que recurría a la misma ante el Real Consejo de Indias. Si ese era el caso,
tanto el acusado como su expediente, se enviaban a España para conocer el
caso en ese recurso final. 230
En lo tocante a Santo Domingo y el siglo XVII, hay expedientes de
varios juicios de residencia, pero el más conocido es el que se llevó a cabo
contra Juan Bitrán de Biamonte, quien fue Gobernador entre 1636 y
1645. A este gobernador se le atribuían muchos abusos y arbitrariedades, y
el nuevo Gobernador que lo sustituyó, Nicolás Velázquez Altamirano fue el
encargado de “residenciarlo”. El juicio fue largo y accidentado. Bitrán tenía
muchos acusadores, pero también quienes lo defendían por haber estado en
connivencia con él en los negocios oscuros en que incurrió durante su
mandato. Entre las acusaciones que le hicieron vecinos de la ciudad de
Santo Domingo, estaba la de haber soltado presos que no habían cumplido
sus condenas; de haber autorizado gastos para el vestuario de la milicia sin
el consentimiento del Contador Real; el haber rematado ropas incautadas
sin el debido proceso de ley; haber ordenado la ejecución de un reo no
obstante haber éste elevado recurso contra la sentencia condenatoria; el
haber retenido y guardado en su escritorio, cédulas y órdenes recibidas de
España, para que no se pudieren ejecutar; el haber quitado arbitrariamente

230 Incháustegui. Ob. Cit. Tomo V, Págs. 1338-1458 y 1488-1492.

115
Historia del Poder Judicial Dominicano

a los cabildos el derecho de elegir los Alcaldes Ordinarios; el de haber otor-


gado cargos de importancia a un español casado con una mulata criolla, en
violación a las leyes sobre el particular; el haber vejado a los Oidores de la
Real Audiencia de palabras ultrajantes; el haber retenido bienes embar-
gados luego de sentencias que ordenaban su entrega; el haber impuesto
multas sin tener derecho a ello; el haber puesto en cepo a funcionarios
reales, como a un Escribano Real, un Receptor y a un Procurador de la
Real Audiencia y a un cirujano en contra de las leyes que lo prohibían; el
haber interrumpido una fiesta de bodas y metido preso al novio, al suegro y
otros invitados porque no se le había pedido licencia para la boda; el haber
mantenido preso en la Torre del Homenaje por muchos días a un Capital
de las Milicias, sin darle de beber ni comer y una serie de acusaciones
más.231
El Fiscal del caso, Francisco De Alarcón Coronado, reconoció que
muchos de los testigos interrogados estaban “tan acobardados y reducidos a
solo tratar de su conservación propia”, que no aportaron muchas pruebas en
contra del truculento antiguo gobernador.232 Por lo tanto, no era de
extrañar que cuando finalmente se dictó la sentencia, fuese muy benigna:
Bitrán fue absuelto de todas las acusaciones, menos una. Ésta fue la haber
soltado presos que aún cumplían condena, y fue por ello condenado a pagar
cuatrocientos ducados de multa. De todas las demás acusaciones fue
absuelto. Poco después de esa sentencia, el Tesorero de la Real Audiencia
comunicó al Rey que algunos cargos por malversación de los fondos para la
defensa de la ciudad, no fueron investigados, pero ya entonces Bitrán había
salido de la colonia.
Las Residencias, como se ha comprobado, se hacían a un funcionario
saliente. Por el contrario, la Visita era una investigación sorpresiva que se
hacía ante una denuncia de irregularidades contra algún funcionario de la
Corona. El “Visitador” podía ser un funcionario enviado ex profeso desde

231 Inchaustegui. Reales Cédulas y Correspondencias,... Tomo V, Págs. 1338 a 1368.

232 Ob. Cit. Pág. 1338.

116
Historia del Poder Judicial Dominicano

España o se podía designar para ello a un


funcionario local. A diferencia de la resi-
dencia, la Visita no implicaba una
sentencia, sino que el visitador daba reco-
mendaciones a la Corona española basán-
dose en su investigación. Según Ots
Capedquí: “Todas las autoridades estaban
obligadas a facilitar la función del visitador
general y ninguna apelación cabía, con
efectos suspensivos, contra sus resoluciones.
El Visitador podía suspender en el desem-
peño de sus oficios a los inculpados, infor-
mando luego al Consejo de Indias, al Virrey o
Presidente, según la gravedad mayor o
menos de los casos”. 233

El Caso de don Rodrigo Pimentel Lucero


En Santo Domingo hubo un caso
célebre a mediados del Siglo XVII, cuando
el Rey, ante graves denuncias de irregulari- Retrato de Felipe III, por Pantoja de la Cruz.
dades en contra del Regidor del Municipio Museo del Prado, Madrid.
Rey de la Casa de Austria que autorizó las
de Santo Domingo, Rodrigo Pimentel, Devastaciones de 1605 y 1606.
ordenó al Fiscal de Hacienda doctor Diego
González de Bonilla que procediera a
investigar la conducta de dicho Regidor, a través del procedimiento de
Visita. Varias docenas de testigos declararon contra este funcionario, al
cual acusaban de truculento, abusador y autor de delitos “gravísimos y
atroces” contra el servicio del Rey. Las acusaciones incluían: la venta de
vino, harina y otras mercaderías en su casa, al precio que él quería; usar a su
propia conveniencia el dinero proveniente del Situado de la plaza de Santo
Domingo; la compra de todas las mercaderías que llegaban al puerto, de

233 Ots Capedequi, Pb. Cit. Pág. 189.

117
Historia del Poder Judicial Dominicano

manera de acapararlas y luego venderlas a precio excesivo; el de ejercer la


usura; de provocar discordias entre los funcionarios; a provocar arribadas
forzosas de navíos extranjeros para apoderarse de sus mercancías; a dar
dádivas al Gobernador de la isla para atraerse sus favores, incluyendo rega-
larle una cama con ricas colgaduras y un servicio de costosas jícaras de
chocolate llenas de monedas; que con su fortuna de más de cuatrocientos
mil ducados, compró la voluntad de la mayoría de los funcionarios; que
había estado amancebado públicamente con una mujer casada; que mandó
a cinco esclavos suyos, a asechar para matar a un Capitán de Fragata
llamado Juan Agustín lo que no logró por haber salido gente a socorrerle,
pero que le causaron graves heridas; que el Gobernador le dio mano libre
para sacar dinero de las Cajas Reales, y otros desafueros y abusos.
El Visitador sugirió al Rey que a Pimentel se le privase de su oficio de
Regidor y de cualquier otro, que fuese desterrado de la Isla, que se le orde-
nase restituir los dineros sacados de las Arcas Reales y que se le condenase a
una multa de cien mil pesos. Al mismo tiempo el Visitador ordenó la
prisión de Pimentel y el embargo de sus bienes. Cumplida la sentencia se
precedió al embargo de los bienes de su casa en la ciudad, de una estancia en
la rivera de río Isabela, otra en un hatillo en la rivera del río Nizao, otra en
Haina y una en la orilla del Ozama, ésta última propiedad suya y de su
familia. Se incluyeron en el embargo todos los enseres, muebles, ropas,
dineros, animales y esclavos que en esos lugares habían. Se contaron
cincuenta y un esclavos entre hombres y mujeres, la mayoría mayores de
cuarenta años de edad. En las haciendas y hatos había miles de matas de
cacao paridas, sembrados de yuca y plátanos y mucho ganado vacuno y
caballar. Se ordenó un arqueo de los dineros encontrados disponiendo que
se condujeran a las Cajas Reales.234
La sentencia se cumplió y Pimentel fue desterrado a España, pero allí
parece que encontró padrinos que lograron que el Rey le perdonara sus
muchos desafueros. Se consideraron sus méritos por haber contribuido

234 Herrera, César. Ob. Cit. Págs. 12 - 14,199, 201, 202-218.

118
Historia del Poder Judicial Dominicano

con su persona y bienes al triunfo de las armas españolas en el curso de la


invasión de Penn y Venables del año 1655. Así, por cédula del Rey del 1 de
julio 1661, se le autorizó a regresar a la Isla, pero bajo la salvedad de que
tenía que permanecer por cuatro meses fuera de la ciudad de Santo
Domingo. Vivió tranquilamente en la ciudad hasta su muerte natural en el
año 1683.
Comprobamos así, en los dos casos comentados de un Juicio de Resi-
dencia y de una Visita, que a pesar de llevarse a cabo exhaustivas investiga-
ciones, testimonios y pruebas, las sentencias resultaban benignas y a la
postre el acusado salía libre, tarde o temprano, para poder continuar con su
vida y disfrutar de su fortuna mal habida. Mal ejemplo de injusticia, que
podría explicar un largo historial de desafueros sin castigo en la historia del
pueblo dominicano.

Datos adicionales sobre el proceso contra don Rodrigo Pimentel 235


Frente al poder fáctico del rico comerciante Rodrigo Pimentel se llegó a
decir que en Santo Domingo: “No hay más Ley ni más Rey que don Rodrigo
Pimentel”. Así rezaba un “grafitti” que apareció en las paredes de las Casas
Reales, sede de la Real Audiencia.
Don Rodrigo Pimentel Lucero, antiguo clérigo minorista que ahorcó
los hábitos, y alumno de la Universidad de Santo Tomás de Aquino, fue un
criollo, descendiente del Contador Álvaro Caballero, que dedicado al
comercio y al contrabando, designado Regidor Perpetuo de la ciudad de
Santo Domingo y Capitán de Milicias, como hombre poderoso, monopo-
lizó el comercio de la harina y el vino en el puerto de Santo Domingo, y
vendía a sobreprecio con el apoyo de Don Félix de Zúñiga, Presidente de la
Real Audiencia, del Oidor Andrés Caballero y del Escribano Facundo
Carvajal, además de haber cometido adulterio y otorgado préstamos usura-

235 UGARTE, María, Estampas Coloniales. Comisión Permanente de la Feria del Libro.
Amigo del Hogar: Santo Domingo, 1998, Tomo II, Págs. 66 - 110.

119
Historia del Poder Judicial Dominicano

rios utilizando los fondos del situado, es decir disponiendo de los fondos
públicos, logró que lo designaran Teniente de Capitán General. Fue
también persecutor de corsarios franceses y de negros cimarrones en Azua
y Samaná.
Hombre de contrastes, Rodrigo Pimentel se valió de la Real Audiencia
para violar la clausura del Convento de Santa Clara y sacar de allí a la
fuerza a su antigua amante sor Isabel de Ledesma y hacerla deportar, no
obstante haberla metido allí en complicidad con la abadesa. Don Rodrigo
fue un gran benefactor de la Iglesia, costeó el Altar Mayor de la Catedral o
Retablo de las Doce Columnas, costeó también la reconstrucción del
Convento de la Merced y del Convento de Santa Clara, Don Pedro Nuño
Colón de Toledo, Duque de Veragua, lo nombró como apoderado de la
familia Colón y posiblemente fue él quien en época del Arzobispo Cueva
Maldonado hizo colocar los restos del Almirante en la caja llena de inscrip-
ciones en que aparecieron en 1877.
En cierta ocasión fue procesado amén de los citados cargos, por su
complicidad en un atentado criminal hecho por dos de sus criados contra
los forasteros: el Capitán de Fragata Juan Agustín y su acompañante Fran-
cisco Caballero, ya que el primero había cortejado a su amante Isabel de
Ledesma, se le juzgó por el fuero militar, no le juzgó la Audiencia como lo
hubiera hecho con un criminal común.
El 2 de noviembre de 1659 el Lic. Sancho de Ubilla, del Consejo de su
Majestad, Oidor y Visitador de la Real Audiencia de Santo Domingo,
habiendo encontrado al Capitán don Rodrigo Pimentel, vecino y Regidor
de Santo Domingo, culpable de los cargos que se le habían formulado,
ordenó apresarlo, encerrarlo en la Fuerza, bajo el cuidado del Capitán
Pedro Verdugo, Alcaide de la Fortaleza del Ozama, y custodiado por los
guardias menores: Martín de Goicochea, Juan Beltrán y Domingo de
Arbolancha, soldados a salario del Visitador, y se le embargaron todos sus
bienes. Este proceso se desarrolló siendo Presidente de la Real Audiencia

120
Historia del Poder Judicial Dominicano

don Juan Balboa Mogrovejo, Caballero de la Orden de Santiago, Gober-


nador, Capitán General y Presidente de la Real Audiencia.236
Los frailes de la Orden de la Merced rogaron al Visitador Sancho de
Ubilla que pusiera en libertad a don Rodrigo Pimentel, pues hacía tres
meses “que no se daba golpe” en la construcción de su convento, diecisiete
religiosos firmaban la carta, pero ésta no fue acogida, y don Rodrigo fue
deportado a España junto con el Presidente Zúñiga en cumplimiento del
Auto del 8 de agosto de 1660. Don Rodrigo consiguió que lo trasladaran
de Sevilla a Madrid, y el Rey Felipe IV lo indultó el 1ro. de julio de 1661.
Al regresar a la Isla Española pasó cuatro meses en el campo como única
sanción, luego fijó su domicilio en Santo Domingo y se ganó el favor del
Presidente de la Audiencia y Capitán General Pedro de Carvajal y Cobos,
prestándole dinero a las Cajas Reales para el pago de los soldados. Pimentel
recuperó y acrecentó su fortuna y sus relaciones.237
Se dedicó en los últimos años de su vida al contrabando con Jorge de la
Mar Berberana, y se asoció en complicidad con el pirata Van Hoorn, pero
falleció por su avanzada edad, siendo enterrado en el Convento de Santa
Clara por el Arzobispo dominico fray Domingo Fernández Navarrete,
O.P., el 25 de mayo de 1683, evitándose la última acusación que se prepa-
raba en su contra, era Presidente de la Real Audiencia Francisco Segura
Sandoval, a quien había prestado dinero de las monjas de Santa Clara,
siendo don Rodrigo el banquero de la época.

Recapitulación
Como ya dijimos, el Siglo XVI fue el de la organización jurídica en la
Isla Española, pero el Siglo XVII que por las precariedades económicas por
las cuales pasó la colonia y el proceso de reducción de su territorio se ha
llamado el “Siglo de la Miseria”. Podría ser también denominado como el

236 Autos contra don Rodrigo Pimentel (1658-1660). Colección César Herrera. Tomo 3.
Patronato de la Ciudad Colonial de Santo Domingo. Colección Quinto Centenario. Serie
Documentos 6. Editora Taller: Santo Domingo, 1995, Págs. 199 y siguientes.
237 UGARTE, María, Ídem, Pág. 104.

121
Historia del Poder Judicial Dominicano

“Siglo de la Guerra”, por las constantes luchas contra corsarios, piratas,


invasores, negros cimarrones de los manieles o palenques y colonos fran-
ceses.
En este período de nuestra Historia Colonial la Real Audiencia de
Santo Domingo no sólo estuvo ocupada en administrar justicia, sino
también en aspectos militares y administrativos, los cuales entraban dentro
de sus atribuciones de Gobierno.

La Audiencia y las Despoblaciones


Un episodio en el cual participó activamente la Real Audiencia de
Santo Domingo, principalmente a través de su Presidente Don Antonio de
Osorio fueron las despoblaciones de las ciudades de la Banda del Norte en
los años 1605 y 1606, siendo despobladas y arrasadas las ciudades costeras
de: Puerto Real de Bayahá (Bayajá) y la Yaguana, Montecristi y Puerto
Plata, así como también San Juan de la Maguana y Neiba, a pesar de no ser
estas últimas puertos de mar; con estos pueblos se formaron las pobla-
ciones mediterráneas de San Juan Bautista de Bayaguana y San Antonio
de Monte Plata, y se estableció una especie de frontera que no podía ser
atravesada sin pena de la vida, la cual iba de Azua a Santiago de los Caba-
lleros y de allí, pasando por Cotuí, hasta Santa Cruz del Seybo y que se
llamó “La Guardarraya”.
En esa época fueron tan numerosos los episodios de contrabandos,
llamados “rescates”, que se designó a un Oidor especializado en la materia
para que actuara como Juez de Rescates. Esa proliferación del contrabando
fue lo que motivó esencialmente al criollo Baltasar López de Castro, Escri-
bano de la Real Audiencia, a plantear la nefasta idea de las despoblaciones
que influiría en la formación de la Colonia Francesa en la parte occidental
de la isla. López de Castro tuvo que refugiarse en España por temor a ser
agredido por su desafortunada propuesta.238

238 UTRERA, fray Cipriano de, Historia Militar de Santo Domingo (Documentos y Noticias).
Tipografía Franciscana: Ciudad Trujillo, 1953, Tomo III, Págs. 392.

122
Historia del Poder Judicial Dominicano

Antonio de Osorio, Caballero de la Orden de Santiago, quien fuera


Corregidor de Jerez de la Frontera, en Extremadura, España, sustituyó a su
hermano, el Oidor Presidente fallecido, Don Diego de Osorio. Antonio
fue designado como Presidente de la Real Audiencia, Gobernador y
Capitán General de la Isla Española por Real Cédula dada en Valladolid el
19 de septiembre de 1601, gobernó desde 1602 hasta 1608, y le acompa-
ñaron los Oidores: Núñez de Toledo, Gonzalo Mejía de Villalobos, Fran-
cisco Manso de Contreras y Juan Martínez Tenorio, siendo Fiscal
Quadrado Solanilla, luego Pedro Arévalo Sedeño y Ruy Gómez. A Osorio
le tocó ejecutar la orden de despoblar que dictara el Rey Felipe III, dicha
orden incluía también como ejecutor al Arzobispo de Santo Domingo,
Fray Agustín Dávila Padilla, pero éste falleció antes de que se cumpliera.239
Como reacción a las Despoblaciones se produjo la “Rebelión del Valle de
Guaba”, y el 2 de agosto de 1605, en Sabana de Cantagallo, término de
Bayajá, Antonio de Osorio abrió proceso criminal contra el criollo
Hernando de Montoro como cabecilla, y contra los demás alzados que
sumaban ciento cincuenta que se oponían a la despoblación. Esta fue la
cuarta gran rebelión que se producía en la isla luego de aquella encabezada
por Francisco de Roldán a finales del Siglo XV, la Rebelión del negro
Sebastián Lemba y la Rebelión del Cacique Don Enrique (Enriquillo) en el
Baoruco, ambas en el Siglo XVI. 240
El 10 de octubre de 1605 la Real Audiencia de Santo Domingo dictó
sentencia condenatoria contra Hernando de Montoro, quien parece que
nunca fue aprehendido, incluyendo la condenación al Bachiller Cataño,
antiguo Alcalde de Bayajá y compartes. Se hizo en dicha sentencia aperci-
bimiento de perdón a los que se presentaren en cierto tiempo, exceptuando
a Montoro y al Alcalde Cataño contra los cuales tenía que ser ejecutada la
pena de muerte en la horca y descuartizamiento. La sentencia se pregonó

239 UTRERA, fray Cipriano de, Historia Militar de Santo Domingo (Documentos y Noticias).
Tipografía Franciscana: Ciudad Trujillo, 1953, Tomo III, Págs. 360, 361 y 385.
240 Ídem, Pág. 423 (extraído de A.G.I. , Escribanía, 11A).

123
Historia del Poder Judicial Dominicano

en Santiago de los Caballeros el 16 de octubre de 1605, por voz de Pedro,


mulato esclavo del cura Alonso de Tejada. El 20 de octubre de 1605
Antonio de Osorio le informó al Rey que los cuatro pueblos de la “Banda
del Norte” habían sido reducidos a dos y colocados a ocho leguas de Santo
Domingo. El 11 de noviembre de 1605 fue enviado el Oidor Lic. Fran-
cisco Manso de Contreras a Cuba para castigar a los contrabandistas o
rescatadores y a la gente que pasó desde la Yaguana cuando esta ciudad fue
despoblada, los cuales se refugiaron en Bayamo. Estos colonos fueron
devueltos a la Isla Española en 1606, padecieron mucho, fueron incluso
asaltados por piratas cuando regresaban y luego tuvieron que caminar a pie
una gran distancia, pero el Oidor Manso cumplió su cometido con mucha
lentitud, en vez de partir hacia Cuba, salió para Cartagena de Indias en
Colombia, y en vez de encaminarse hacia Santiago de Cuba, cercana a
Bayamo, se dirigió a La Habana. 241
Estos pobladores de La Yaguana habían sido incitados el 30 de enero de
1605 por los holandeses a sublevarse contra el Rey de España y ponerse
bajo la soberanía del Conde Mauricio de Orange. La propuesta la hizo
Pablo Barlandingen (Var der Linde (¿?)) que se presentó al puerto con la
nao “El Mauricio” y en Guanahibes se presentaron seis galeones holandeses
e intentaron fundar pueblo allí.242
El Oidor Manso terminó acusando a Osorio ante el Rey por el fracaso
de la fundación de pueblos con los habitantes de las ciudades despobladas, y
Antonio de Osorio hizo procesar al Oidor Lic. Francisco Manso de
Contreras formulándole 32 cargos atinentes a ingerencia contra las despo-
blaciones y sobre su conducta. El proceso fue enviado al Rey Felipe III por
carta del 20 de junio de 1607, pero al año siguiente Antonio de Osorio fue

241 Íbidem, Pág. 424 y 425. Véase también UGARTE, María, Estampas Coloniales. Volumen
II. Comisión Permanente de la Feria del Libro: Santo Domingo, 1998. Págs. 25 a 35.
242 UTRERA, fray Cipriano de, Historia Militar de Santo Domingo (Documentos y Noticias).
Tipografía Franciscana: Ciudad Trujillo, 1953, Tomo III, Págs. 418 (Extraido de A.G.I.
Escribanía 3-A).

124
Historia del Poder Judicial Dominicano

residenciado y relevado de su cargo, aunque siempre con el reconocimiento


real.243
La Iglesia fue también víctima de las Devastaciones ya que independien-
temente del sufrimiento de los feligreses, perdió parroquias, hermitas y
conventos y hubo frailes junto a Montoro y los rebeldes. Otros atacaron la
Real Ordenanza de Despoblación, por lo cual el Rey Felipe III le escribió el
20 de septiembre de 1607 al General de la Compañía de Jesús denun-
ciando la conducta del padre Martín de Fañes, S.J., quien había predicado
en la Plaza Mayor de Santo Domingo contra las Despoblaciones.244
Antonio de Osorio había dictado un Auto desde el 20 de agosto de 1604
por el cual a pena de muerte y de expropiación de todos sus bienes había
prohibido: “escribir o fijar papeles, formar corrillos, juntas, ni convertículos
públicos o secretos” sobre la Despoblación ordenada por Su Majestad; esta
disposición coartaba absolutamente la libertad de expresión de los habi-
tantes de la Colonia.245
Tan arbitraria había sido la conducta de Antonio de Osorio que cuando
los Procuradores de Bayajá y Montecristi fueron a mediar para evitar las
Despoblaciones fueron aprehendidos, dictándose Auto de Prisión el 20 de
octubre de 1604, y se emitió Comisión para “prender” también a los
Alcaldes Mayores y Regidores de los Cabildos de Bayajá y Montecristi por
haber dado poderes para contradecir las “reducciones” y no para reconer los
nuevos sitios.246
La salida de Osorio fue un alivio para la población, y en el Juicio de
Residencia se manifestaron querellas en su contra, instruyendo el expe-
diente su sucesor en el mando de la Real Audiencia y gobierno de la isla,

243 Íbidem, Pág. 432.


244 INCHÁUSTEGUI CABRAL, Joaquín Marino, Reales Cédulas y Correspondencia de
Gobernadores de Santo Domingo, Tomo III (del 1582 al 1609). Colección Históri-
co-Documental Trujilloniana. Gráficas Reunidas: Madrid, 1958, Pág. 844.
245 UTRERA, fray Cipriano de, Historia Militar de Santo Domingo. Tipografía Franciscana:
Ciudad Trujillo, 1953, Tomo III, Págs. 413 y 414.
246 Ídem, Pág. 415.

125
Historia del Poder Judicial Dominicano

Don Diego Gómez de Sandoval, pero sin facultad para dictar sentencia
según Real Cédula de fecha 28 de noviembre de 1608. El expediente sin
sentencia fue archivado en España con la sola observación de que había
sido “visto” por el Consejo de las Indias.247
En esa misma fecha 28 de noviembre de 1608 la Real Audiencia le
escribe al Rey denunciando la falta de carne que había en la isla a causa de
las Despoblaciones y le pide autorización al monarca para que otorgue
licencia a los dueños de hatos para que vuelvan a poblar los antiguos sitios
siempre que no sean cercanos al mar para evitar los rescates.248

Pleito entre la Iglesia y la Real Audiencia


Uno de los procesos judiciales más importantes durante el Siglo XVII
fue el Pleito entre la Real Audiencia y el Arzobispo de Santo Domingo por
la posesión y administración del Seminario y Estudio de Gorjón en época
del Presidente de la Real Audiencia Don Gabriel Chávez (Chaves) Osorio y
del Arzobispo Maestro Don Fray Pedro de Oviedo.
El viernes 15 de octubre de 1627 el Presidente Chávez dictó un Auto de
Traspaso junto a los Oidores: Lic. Diego Gil de la Sierpe, Don Juan Parra
de Meneses, Don Alonso de Cereceda y Don Miguel de Otalora, por el cual
se ordena el envío en posesión y administración del Colegio y Universidad
de Santiago de la Paz o de Gorjón y Seminario, a favor de la Real
Audiencia pues se señalaba que ésta administró dicha institución por
voluntad del testador Hernando de Gorjón, pero el Arzobispo de entonces
(1603, Fray Agustín Dávila Padilla) pretendió y pidió a Su Majestad
(Felipe III) que aplicase esa fundación y obra para un Seminario, sin quitar
el Estudio, y el Rey había contestado por Real Cédula que en todo
momento se cumpliese con la voluntad del testador y que de este modo
todos los Arzobispos habían continuado la administración y gobierno de

247 Íden, Pág. 435.

248 Íbidem, Pág. 436.

126
Historia del Poder Judicial Dominicano

dicho Estudio bajo el pretexto de tener instalado allí el Seminario, pero


hacía muchos días que no había allí Seminario, ni maestro de Gramática,
ni enseñanza de la forma como su fundador lo mandó. También se referían
en el Auto a lo abandonado que estaba el ingenio que había sido de
Hernando de Gorjón, y alegando que cumplían la voluntad del testador, la
Real Audiencia asumía el control y administración, actuando el Presidente
en calidad de patrón de los bienes, rentas, haciendas y casa de Estudio.249
El primer paso que había dado el Presidente Chávez Osorio en este
proceso de despojo fue cuando el 8 de octubre de 1627 solicitó por Auto
que presentaran los libros de cuentas del Seminario, procediendo a ocupar
el local y a despojar a la Iglesia de sus instalaciones, por lo cual el Arzobispo
Fray Pedro de Oviedo, por Auto de Excomunión del 15 de octubre de
1627, excomulgó a los agentes directos del despojo: Chávez Osorio,
Alonso de Cereceda, Miguel de Berástegui Otalora y el Alguacil Mayor,
José López de Villanueva, y puso en “entredicho” a la ciudad de Santo
Domingo, en vista de que los excomulgados no daban señal de arrepenti-
miento, lo cual fue anunciado con toques de la “Vacante” (Campana mayor
de la Catedral de Santo Domingo).250
El Pleito llegó hasta el Supremo Consejo de las Indias (Consejo Real de
las Indias) que dictó su sentencia favoreciendo a la Iglesia el 2 de marzo de
1629 y obligó a la Real Audiencia a devolver el Colegio Seminario a su
legítimo dueño, restituyendo al Arzobispo en su posesión, administración
y gobierno, firmando la sentencia Diego de Cárdenas, Bustos de Busta-
mante y Juan Pardo. 251
El Fiscal Lic. Don Francisco de Prada había solicitado el levantamiento
de la excomunión y del entredicho, a lo cual accedieron el Arzobispo

249 SÁEZ, S. J., José Luis, La Formación Sacerdotal en Santo Domingo (Desde el Concilio de
Trento a la Fundación de la República). Amigo del Hogar: Santo Domingo, 1999, Págs. 31
y de la 148 a 150.
250 Ídem, Págs. 31 y 150 a 151.
251 Íbidem, Págs. 31 y 151 a 152.

127
Historia del Poder Judicial Dominicano

Maestro fray Pedro de Oviedo y el Provisor Maestro fray Juan Bauptista


Maroto, quienes otorgaron la absolución el 16 de octubre de 1627.252

Montemayor de Córdoba y de Cuenca y la Organización de la Defensa


La incorporación del aragonés Juan Francisco Montemayor de Córdoba
y de Cuenca a la Real Audiencia de Santo Domingo en 1649, cuando éste
tenía veintinueve años de edad, se debió a la influencia del ministro de
Felipe IV, el Conde-duque de Olivares, que incorporó a la política española
a sujetos distinguidos del Reino de Aragón.

Oliver Cromwel (por Robert Walker, National Retrato del Oidor de la Audiencia de Santo Do-
Portrait Gallery, Londres). Quien dispuso la mingo, Juan Francisco de Montemayor de Córdo-
invasión de 1655 a Santo Domingo ba y de Cuenca. Conservado en México. Quien
por Penn y Venables. organizó la defensa contra la invasión.

252 UTRERA, fray Cipriano de, Universidades de Santiago de la Paz y de Santo Tomás de
Aquino y Seminario Conciliar de la Ciudad de Santo Domingo de la Isla Española. Padres
Franciscanos Capuchinos: Santo Domingo, 1932, Págs. 127 y 128.

128
Historia del Poder Judicial Dominicano

Este letrado había egresado de la Universidad de Huesca, y a los vein-


tidós años había sido Juez de Encuestas del Reino de Aragón y luego
Auditor General de Cataluña en tres ocasiones. Allí se entrenó en el trato a
los soldados y en el conocimiento de los asuntos militares.
Montemayor de Córdoba y de Cuenca se desempeñó en Santo
Domingo como Presidente Gobernador y Capitán General Interino, desde
1653, por ser el Oidor más antiguo o decano, sustituyendo al Maestre de
Campo Don Andrés Pérez Franco, quien por su avanzada edad y
problemas de salud, incluyendo defectos visuales, falleció el 18 de agosto de
1653.
Para el 10 de abril de 1655, fecha en que llegó el Conde de Peñalba,
nuevo Presidente designado, Juan Francisco Montemayor había organi-
zado la defensa de la ciudad de Santo Domingo contra “La Gran Expedi-
ción Inglesa” que Oliver Cromwell, Lord Protector de Inglaterra, envió al
mando del Almirante William Penn y del General Robert Venables. Monte-
mayor le escribió al Rey el 8 de noviembre de 1654 expresándole que por
noticias que le habían despachado desde agosto de 1654 el Gobernador de
Puerto Rico le había avisado que ingleses de la isla de San Cristóbal prepa-
raban una invasión con 8,000 hombres y que también se habían recibido
noticias de Tenerife, Canarias, de que desde Inglaterra vendría una flota de
treinta fragatas (fueron cincuenta y siete embarcaciones)253 a atacar a la
Isla Española; todas estas noticias las originó el Embajador español en
Londres, Don Alonso de Cárdenas.
Los aprestos de Montemayor permitieron que cuando llegaron los
ingleses en abril de 1655 la población estaba lista para defenderse, a parte
de que también había dispuesto ataques exitosos contra los aventureros y
piratas asentados en la Isla Tortuga, aprovechando las cuadrillas de
lanceros criollos (compañía de a caballo) y la Armada de Barlovento, pero
los frutos de la victoria los recogió el nuevo Presidente Gobernador y
Capitán General, Don Bernardino de Meneses Bracamonte y Zapata,

253 INCHÁUSTEGUI CABRAL, Joaquín Marino, La Gran Expedición Inglesa contra las
Antillas Mayores. Tomo I. Gráfica Panamericana: México, 1953, Pág. 563.

129
Historia del Poder Judicial Dominicano

Conde de Peñalba (o Peñalva), recién llegado en los días de la invasión.254


La llegada de la flota se produjo el viernes 23 de abril de 1655 para los espa-
ñoles que estaban aplicando ya el Calendario Gregoriano, 13 de abril de
1655 para los ingleses que aplicaban entonces el Calendario Juliano.255
Montemayor fue designado Oidor de la Real Audiencia de Nueva
España (México) desde 1654, pero tuvo que permanecer en Santo
Domingo hasta 1658 a causa de su Juicio de Residencia. A parte de militar
exitoso, Juan Francisco Montemayor de Córdoba y de Cuenca fue un
jurista que publicó obras en latín y en español, entre ellas un Tratado de
Derecho Penal en cinco libros (1649), una obra sobre la Defensa de sí
mismo (1644), Discurso Político-Histórico Jurídico del derecho y reparti-
miento de presas y despojos aprehendidos en justa guerra. Premios y
castigos de los soldados (1658) y una recopilación de las Leyes de Indias
(1658), entre otras obras.
En México, a parte de su labor intelectual, pacificó una rebelión de
indios en Oaxaca, fue Corregidor Interino, Juez de Alzadas del Consulado,
Juez de Asiento del Pulque, Juez de Bienes de Difuntos, Juez Presidente de
la Junta de Policía y Consultor Propietario del Santo Oficio de la Inquisi-
ción.
Juan Francisco Montemayor fue jubilado en octubre de 1682 y desig-
nado Señor de Alfocea, cerca de Zaragoza, Donde había erigido un templo
a la Purísima Concepción con capítulo eclesiástico. Falleció en Huesca el
25 de agosto de 1685, se le enterró en la Iglesia del Carmen de la Obser-
vancia de Huesca y después se trasladaron sus restos a la de la Villa de
Alfocea a la citada iglesia.256

254 INCHÁUSTEGUI CABRAL, Joaquín Marino, La Gran Expedición Inglesa contra las
Antillas Mayores. Tomo I. Gráfica Panamericana: México, 1953, Pág. 362, 370 y 398.
255 Ídem, Pág. 587.

256 AGUIAR Y ACUÑA, Rodrigo y MONTEMAYOR DE CÓRDOBA Y DE CUENCA,


Juan Francisco, Sumarios de la Recopilación de Leyes de las Indias Occidentales. (Presenta-

130
Historia del Poder Judicial Dominicano

Portada y primera página de la Recopilación de las Leyes de Indias de 1680. En la


viñeta el escudo del Real y Supremo Consejo de Indias, presidido por
el blasón del Rey Carlos II y las Columnas de Hécules con la leyenda
Plus Ultra (más allá) y un navío navegando.

La Recopilación de las Leyes de Indias de 1680


El último de los monarcas de la Casa de Austria, Carlos II, el Hechi-
zado, promulgó en el año 1680 la Recopilación de las Leyes de Indias,
compendio de nueve libros que contiene 6,377 Leyes, sacadas de treinta
mil Cédulas y Ordenanzas Reales, extraídas de más de doscientas mil que
vio y leyó en quinientos libros originales el Lic. Antonio de León Pinelo,
quien partió de un proyecto del Lic. Rodrigo Aguiar y Acuña, de quien
había sido colaborador, y que había fallecido en 1629. La recopilación de
las Leyes de Indias fue aprobada y censurada por el Dr. don Juan de Solór-

131
Historia del Poder Judicial Dominicano

zano y Pereyra, gran jurista de la época, tratadista de Derecho Indiano y


defensor de los criollos.
La obra de nueve libros está dividida en 218 títulos. Al frente de cada
Ley se indican las fuentes de su procedencia, expresándose en los textos las
disposiciones consideradas vigentes. La primera edición se hizo en 1681,
siendo reeditada en 1756, 1774 y 1791, siendo el cuerpo legal que se
aplicó desde finales del Siglo XVII en la Real Audiencia de Santo
Domingo.
El Libro I estaba dedicado al Derecho Público Eclesiástico, y los Libros
II, III, IV y V estaban dedicados a la Organización del Gobierno en las
Indias. El Libro VI al régimen de los indios y de los castellanos en las
nuevas tierras. El Libro VII es una especie de Tratado de Moral, en el cual

Carlos II, (el Hechizado).


Último Rey de la Casa de Austria, legó la monarquía
a Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV y su esposa
española Margarita de Austria

132
Historia del Poder Judicial Dominicano

el soberano induce a sus súbditos a vivir honestamente. El Libro VIII está


dedicado al régimen rentístico y el Libro IX está dedicado al sistema comer-
cial.257
La Recopilación de las Leyes de Indias de 1680 fue la culminación de
un propósito codificador que se había iniciado desde el Siglo XVI, y en el
cual participaron juristas que habían sido Oidores de la Real Audiencia de
Santo Domingo y que de aquí habían pasado a otras Reales Audiencias
particularmente a la de Nueva España, entre éstos cabe mencionar: El Lic.
Alonso Maldonado (Recopilación de 1556), Vasco de Puga (Recopilación
de 1563), Alonso de Zorita (Recopilación de 1574) y Juan Francisco
Montemayor de Córdoba y de Cuenca (Recopilación de 1658, reeditada en
México en 1678).

257 OTS CAPDEQUÍ, José María, Instituciones. Historia de América y de los Pueblos
Americanos dirigida por Antonio Balllesteros y Beretta. Salvat Editores: Barcelona, 1959,
Págs. 235 a 239.

133
Bibliografía

• AGUIAR Y ACUÑA, R. y MONTEMAYOR DE CÓRDOBA Y DE


CUENCA, J. F., Sumarios de la Recopilación de Leyes de las Indias Occiden-
tales. (Presentación por Soberanes Fernández, prólogo de Margadant y
Estudio Introductorio de Sánchez Bella). UNAM-Fondo de cultura Econó-
mica: México, 1994.
• ALCOCER, Luis Guillermo, Relación Sumaria del estado presente de la Isla
Española…etc. 1650. BOLETIN DEL ARCHIVO GENERAL DE LA
NACION. Vol. V, año 1942.
• ARCHIVO GENERAL DE LA NACION. Archivos Reales de Bayaguana,
Monte Plata e Higüey.
• ARCHIVO NACIONAL DE CUBA. Catálogo de los Fondos del Archivo
de la Real Audiencia de Santo Domingo que se conservan en el Archivo
Nacional de Cuba (1708-1800).
• Autos contra don Rodrigo Pimentel (1658-1660). Colección César Herrera.
Tomo 3. Patronato de la Ciudad Colonial de Santo Domingo. Colección
Quinto Centenario. Serie Documentos 6. Editora Taller: Santo Domingo,
1995.
• COLECCIÓN CENTENARIO. Tomo XIII, Ciudad Trujillo 1944.
• INCHÁUSTEGUI CABRAL, J. M., La Gran Expedición Inglesa contra las
Antillas Mayores. Tomo I. Gráfica Panamericana: México, 1953.
• INCHÁUSTEGUI CABRAL, J. M., Reales Cédulas y Correspondencia de
Gobernadores de Santo Domingo, Tomo III (del 1582 al 1609), Tomo IV
(1610 al 1642) y Tomo V (1643 al 1647). Colección Histórico-Documental
Trujilloniana. Gráficas Reunidas: Madrid, 1958.
• MALAGÓN BARCELÓ, J., El Distrito de la Real Audiencia de Santo
Domingo. Imprenta Pareja: Barcelona, 1977.

134
Historia del Poder Judicial Dominicano

• MOREAU DE SAINT MERY, Descripción de la Parte Española de la Isla de


Santo Domingo. Sociedad Dominicana de Bibliófilos. Editora de Santo
Domingo. Pareja: Barcelona, 1976.

• MORETA CASTILLO, A., La Justicia en Santo Domingo del siglo XVI.


(ver su bibliografía en la Pág. 141). Colección Banrservas. Amigo del Hogar:
Santo Domingo, 1998.

• MOYA PONS, F.:

• a) Historia Colonial de Santo Domingo. Universidad Católica Madre y


Maestra. Editorial Pareja: Barcelona, 1974.

• b) Manual de Historia Dominicana. 9ª. Edición, Caribbean Publishers:


Santo Domingo, 1992.

• c) La Vida Escandalosa en Santo Domingo en los Siglos XVII y XVIII.


Universidad Católica Madre y Maestra, Editora Cultural Dominicana:
Santo Domingo, 1974.

• OTS CAPDEQUÍ, J. M.:

• a) Instituciones. Historia de América y de los Pueblos Americanos dirigida


por Antonio Balllesteros y Beretta. Salvat Editores: Barcelona, 1959.

• b) Manual de Historia del Derecho Español en Indias. Buenos Aires:


Editora Losada, 1945.

• c) Historia del Derecho Español en América y el Derecho Indiano. Editora


Jurídica Aguilar: Madrid, 1967.

• PEÑA PEREZ, F., Cien años de Miseria en Santo Domingo 1600-1700.


Editorial Cenapec: Santo Domingo, 1985.

• SÁEZ, S. J., J. L., La Formación Sacerdotal en Santo Domingo (Desde el


Concilio de Trento a la Fundación de la República). Amigo del Hogar: Santo
Domingo, 1999.

• UGARTE, M., Estampas Coloniales. Comisión Permanente de la Feria del


Libro. Amigo del Hogar: Santo Domingo, 1998.

• UTRERA, fray C. de:

135
Historia del Poder Judicial Dominicano

• a) Historia Militar de Santo Domingo (Documentos y Noticias). Tipografía


Franciscana: Ciudad Trujillo, 1953, Tomo III.
• b) Universidades de Santiago de la Paz y de Santo Tomás de Aquino y
Seminario Conciliar de la Ciudad de Santo Domingo de la Isla Española.
Padres Franciscanos Capuchinos: Ciudad Trujillo, 1932.
• c) El Tapado de México. Revista Clío No. 85, Ciudad Trujillo, año 1949.

136
Capítulo V

LA REAL AUDIENCIA DE SANTO DOMINGO EN


EL SIGLO DE LAS LUCES (SIGLO XVIII)

Precariedades Económicas y Audiencia en el Siglo XVIII


El establecimiento de una colonia francesa en la parte occidental de la
Isla Española o de Santo Domingo trajo, ya entrado el siglo XVIII, una
cierta prosperidad económica a la colonia
española de Santo Domingo, fruto del
intercambio comercial generado entre las
dos comunidades en período de paz. Sin
embargo, no obstante, el Abogado marti-
niqueño M.L. Moreau de Saint-Méry
expresó en su Descripción de la parte
Española de Santo Domingo lo
siguiente: “Ha habido épocas tan desgra-
ciadas, que hubo la necesidad de celebrar las
misas antes de amanecer, pues los vestidos
estaban muy poco conformes con la
decencia del templo. Aún en la actualidad,
hay pueblecitos en los que ciertas mujeres no
pueden asistir a la iglesia por falta de Felipe V de Anjou, nieto de Luis XIV de Francia
mantilla”. 258 y primer Rey de España de la Casa de Borbón.

258 MOREAU DE SAINT-MERY, M.L., Descripción de la Parte Española de Santo


Domingo, Pág. 84.

137
Historia del Poder Judicial Dominicano

Esa apreciación del viajero nos permite comprender porqué el Arzobispo


de Santo Domingo informó que de las diecisiete iglesias parroquiales,
habían nueve tan pobres que no tenían ornamentos precisos para decir
misa, y el santísimo se alumbraba con velas de sebo y manteca, y que bauti-
zaban en un lebrillo por no haber pila, siendo la fábrica de las iglesias de
barro con techo de palma. Por eso, el 21 de julio de 1710, el primer Rey de
la Casa de Borbón, Felipe V, dictó una Real Cédula por la cual dispuso que
todas las multas y condenaciones de la Real Audiencia de Santo Domingo
se aplicaran a cubrir los gastos del Arzobispado de Santo Domingo, y
contemplando que esos medios no alcanzarían, ordenó formar una Junta
compuesta por el Presidente de la Real Audiencia, el Arzobispo de Santo
Domingo, el Oidor Decano, los Superiores de los Conventos de Santo
Tomás y de la Compañía para avisarle al Virrey de Nueva España quien
haría el expolio de la suma necesaria de las rentas del Arzobispado de
México.259

Sublevación en la Catedral y Derecho de Asilo


La segunda mitad del Siglo de las Luces fue una etapa de renacimiento
para la colonia española de Santo Domingo, y si bien al inicio se hizo sentir
la crisis del sistema colonial español de los últimos Austria, al percibirse las
reformas de la monarquía borbónica, se produjeron algunas manifesta-
ciones de criollismo. Tal fue el caso de una rebelión o protesta del cuerpo
armado a causa de apremios económicos, como cuando ciento cincuenta
soldados del Batallón Fijo de Santo Domingo, debido a la demora en la
llegada del “situado” de los años 1740 y 1741, se amotinaron y penetraron
en la Catedral de Nuestra Señora de la Encarnación de la ciudad de Santo
Domingo con bayonetas caladas, hasta que se dictó una Real Provisión que
fuera firmada por Luis I de Borbón el primero de octubre de 1741, por la
cual se ordenó al Virrey de la Nueva España que no volvieran a producirse
tales atrasos.

259 AYALA, Manuel Josef de, Diccionario de Gobierno y Legislación de Indias, Tomo VII
(Gaceta a Indios), (Iglesias, p. 14), Pág. 202.

138
Historia del Poder Judicial Dominicano

Es muy seguro que esta experiencia de ocupación del templo, treinta


años después inspiró la reglamentación del Derecho de Asilo en los reinos,
concentrando el otorgamiento de ese fuero a un solo establecimiento ecle-
siástico, que en el caso dominicano, fue la Iglesia del Hospital de San
Nicolás de Bari, situación que produjo a su vez una querella entre la Iglesia
y la Audiencia.260

El Distrito de la Audiencia en el Siglo XVIII


Por primera vez, luego de grandes y sucesivas reducciones territoriales,
se produjo en este siglo un aumento de la circunscripción de la Real
Audiencia de Santo Domingo, regresando a ella en 1777, como conse-
cuencia de la separación del territorio del Virreinato de Nueva Granada las
provincias continentales e insulares de Cumaná, Guayana, Maracaibo,
Trinidad y Margarita. Ya la Luisiana que pasó a ser nuevamente dominio
español a partir de 1762, y que estaba bajo la gobernación de Cuba, quedó
judicialmente en el ámbito de la Real Audiencia; así también, la Florida
occidental que fue ocupada por España en 1780, y la oriental en 1783,
ambas pasan a la jurisdicción de la Real Audiencia de Santo Domingo
hasta que se produjo el Tratado de Basilea en 1795, el cual fue ejecutado en
1800, época en que el alto tribunal fue trasladado a Santa María del Puerto
Príncipe (Camagüey), en la isla de Cuba. 261

Un viajero Abogado se refiere a la Audiencia


Para las noticias de la Real Audiencia de Santo Domingo en esta época
son imprescindibles las acuciosas anotaciones en la crónica del Abogado
martiniqueño que estuvo de visita en Santo Domingo, Méderic Louis Elie

260 AYALA, Manuel Josef de, Diccionario de Gobierno y Legislación de Indias, Tomo XIII
(Situado a Xenxibre). Ediciones de Cultura Hispánica, Agencia Española de Cooperación
Internacional (AECI): Madrid, 1996, Págs. 20 y 21. Véase también Fernando Pérez
Memén, La Iglesia y el Estado en Santo Domingo (1700-1853). Taller: Santo Domingo,
1997, Pág. 181.
261 MALAGÓN BARCELÓ, Javier, El Distrito de la Audiencia de Santo Domingo. Univer-
sidad Católica Madre y Maestra: Santiago de los Caballeros, 1977, Págs. 31 a 35.

139
Historia del Poder Judicial Dominicano

Moreau de Saint-Méry, ya citado más arriba, cuya obra “Descripción Topo-


gráfica y Política de la Parte Española de la Isla de Santo Domingo” da deta-
lles sobre el desarrollo de los procedimientos en dicho tribunal.262

Los Archivos de la Real Audiencia y otros Archivos locales


Se podría decir que los fondos documentales de la Real Audiencia de
Santo Domingo se salvaron de ser destruídos totalmente en el contexto de
nuestros variados acontecimientos históricos por haber sido trasladados a
Puerto Príncipe, en Camagüey, Cuba, al ejecutarse el Tratado de Basilea, y
de allí, pasaron al Archivo Nacional de Cuba en La Habana, donde se
conservan documentos que abarcan desde 1708 al 1800, es decir, el
período que se denomina en la Cultura Occcidental como “Siglo de las
Luces o de la Ilustración”. No obstante la preservación de dichos docu-
mentos, el profesor toledano Javier Malagón Barceló expresó que el archivo
de la Real Audiencia de Santo Domingo tuvo tres enemigos mortales: El
clima tropical generador de ciclones, terremotos e insectos; las mudanzas y
los malos usos de los escribanos.263
En nuestro país sobrevivieron afortunadamente los Archivos Reales de
Bayaguana, Higüey, Monte Plata y El Seybo, por lo alejado que estaban
del principal foco de poder, y por ende, de los cambios políticos, y no haber
sido víctimas de los incendios voluntarios o accidentales, y así, desde la

262
La obra “Descripción Topográfica y Política de la Parte Española de la Isla de Santo
Domingo”, que fuera impresa en dos volúmenes en Filadelfia, Estados Unidos de América
en 1796, traducida y anotada en 1944 por el geógrafo e historiador dominicano, Cayetano
Armando Rodríguez, dedicó casi la totalidad del tomo segundo a comentar aspectos
atinentes a la Real Audiencia de Santo Domingo. Esta obra fue publicada en un solo
volumen tanto en 1944 como en 1976. Esta última edición corresponde a la Sociedad
Dominicana de Bibliófilos, y se publicó bajo el título de “Descripción de la Parte Española
de Santo Domingo” (Editora de Santo Domingo: Santo Domingo, 1976).
263 Citando a MALAGÓN BARCELÓ véase a: SUÁREZ, Santiago-Gerardo, Las Reales
Audiencias Indianas (Fuentes y Bibliografía). Academia de la Historia de Venezuela:
Caracas, 1989, Pág. 274.

140
Historia del Poder Judicial Dominicano

primera mitad del siglo XX estos archivos pasaron a formar parte del
Archivo General de la Nación en Santo Domingo.264
Los fondos documentales dominicanos que obran en el Archivo
Nacional de Cuba fueron catalogados por el profesor Javier Malagón
Barceló, junto a su esposa Helena, quien en su obra sobre El Distrito de la
Audiencia de Santo Domingo, publicada por la Universidad de Santo
Domingo en 1942, (y reeditada por la Universidad Católica Madre y
Maestra de Santiago en 1977), describe brevemente el contenido de 1336
legajos, muchos de ellos incompletos o ilegibles, pero cuyo acopio nos da la
idea de lo que fuera la administración de justicia en nuestro más alto
tribunal en esa época, y permite poder efectuar estudios y clasificaciones
partiendo de esta guía inapreciable. Algunos de estos expedientes fueron
microfilmados por una misión dominicana compuesta por los historiadores
José Chez Checo y Wenceslao Vega Boyrie.265

La Competencia Territorial
Desde el punto de vista de la Competencia Territorial, es decir, de cuáles
lugares podían acudir a incoar procesos por ante la Real Audiencia de
Santo Domingo en el siglo XVIII, tenemos que como Tribunal de Apela-
ciones de una buena parte de América, especialmente del Caribe Insular, se
encuentran casos relativos a Cuba (Santiago de Cuba, Santa Clara, La
Habana, Puerto Príncipe, Sancti Spiritu, Bayamo, Baracoa, Holguín,
Trinidad, Matanzas y Guanabacoa); Puerto Rico (San Juan, Aguada, San
Germán); Venezuela (Caracas, Coro, Cumaná, Valencia del Rey) y de

264 CASSÁ BERNALDO DE QUIRÓS, Roberto, Directorio de Archivos de la República


Dominicana, Documentos Tavera No. 1, Fundación Histórica Tavera: Madrid, 1996. Pág.
17.
265 Sobre los fondos que fueron a Cuba, el historiador Cassá indica que en la sección Época
Colonial del Archivo General de la Nación de la República Dominicana constan 29 legajos
remitidos desde el Archivo Nacional de Cuba, básicamente de la segunda mitad del siglo
XVIII, este envío se produjo en 1905 y corresponden a fondos de la Real Hacienda, y que
por otra parte, Cuba remitió posteriormente 29 tomos de fotografías de los documentos
que obran allí (1733-1795), véase CASSÁ BERNALDO DE QUIRÓS, O.C., Pág. 19 y 49.

141
Historia del Poder Judicial Dominicano

Santo Domingo, aparecen procesos provenientes de: Hincha, Santiago de


los Caballeros, La Vega, El Seybo, Cotuy, Monte Cristi y Azua.

Procedimiento a seguir (Vista y Revista de las Causas)


Por una antigua Real Provisión dictada en Barcelona el 20 de
noviembre de 1542 por Carlos I, junto a su madre Doña Juana, todavía
vigente en el siglo XVIII, se favorecía la celeridad en la administración de
justicia en los asuntos civiles, disponiéndose que los Oidores hicieren vista
y revista de la causa, y que cuando se dictare una sentencia en revista de la
causa, ésta no fuere susceptible de recurso alguno y fuese ejecutada sin
apelación ni suplicación. Pero si el asunto era de gran importancia, porque
envolvía bienes de diez mil pesos de oro o más, se permitiría una segunda
suplicación ante el Rey en un plazo de un año, admitiendo que la sentencia
de revista se ejecutare dando fianza suficiente a favor del ejecutado (Las
Leyes Nuevas (1542-1543).266
En líneas generales ese fue el procedimiento que en cuanto a los
recursos se siguió empleando, sólo que con la Recopilación de las Leyes de
Indias de 1680 se estableció el no admitir pleitos por sumas menores de
veinte pesos y tampoco dar curso a apelaciones a asuntos inferiores a
doscientos pesos inclusive.
De este modo se consideró de menor cuantía todo pleito que fuere infe-
rior a los trescientos maravedíes, y se estableció que sería conocido por dos
Oidores solamente, y no por la Audiencia en pleno, que eran tres Oidores.
Sólo se admitiría una segunda suplicación si el asunto era de más de seis
mil pesos “ensayados”, o de más de cuatrocientos cincuenta maravedíes.

Delegación de Funciones
En principio, había delegación en la administración de justicia, ya que
no eran los Oidores los que asumían en todos los casos las vistas de las

266 MORETA CASTILLO, Américo, La Justicia en Santo Domingo del Siglo XVI, Colección
Banreservas, Serie Historia, Volumen 5, Amigo del Hogar: Santo Domingo,1998, Pág. 85,
p. 134.

142
Historia del Poder Judicial Dominicano

causas, sino que Escribanos y Relatores eran quienes tramitaban los


juicios. Sólo en Pleitos Civiles de mucha gravedad, y en causas arduas,
debían los Oidores examinar directamente a los testigos y conocer de la
instrucción del proceso.267

Las Cartas Moratorias otorgadas por la Audiencia


Moreau de Saint-Mery hace una detallada descripción de cómo estaba
organizado el alto tribunal y de qué manera trabajaba, aunque no entra en
particularidades de los procesos, salvo el aspecto de que la Audiencia en
Procesos Civiles de Cobros podía emitir “Cartas de Moratoria”, no por
todas las deudas de un deudor, sino por algunas, con la obligación de que se
comprobare previamente la imposibilidad para pagar por el momento, y
debía de prestarse una denominada “fianza” para poder entonces admitir
que se pudiese pagar las deudas en un plazo de seis meses. 268

Traje Judicial en el Siglo XVIII


Llama la atención que los Oidores del siglo XVIII siguieran utilizando
los instrumentos propios de su dignidad como lo hicieron los primeros
Jueces de Apelación de La Española, tales: la toga larga y la vara de la
justicia, que para entonces era un bastoncillo, pintado de blanco y flexible
con la cruz de los juramentos dibujada en uno de sus extremos, sus caballos
iban enjaezados.269

267 Tomás Polanco Alcántara, Las Reales Audiencias en las Provincias Americanas de España.
Mapfre: Madrid, 1992, Págs. 99 y 100.
268
Méderic Louis Elie Moreau de Saint-Méry, Descripción Topográfica y Política de la Parte
Española de la Isla de Santo Domingo, Sociedad Dominicana de Bibliófilos. Descripción
de la Parte Española de Santo Domingo. Editora de Santo Domingo: Santo Domingo,
1976, Pág. 298.
269 Moreau de Saint-Mery, ídem, Pág. 303.

143
Historia del Poder Judicial Dominicano

Algunos Oidores del Siglo XVIII


Entre los Oidores de este siglo tenemos a Andrés de Pueyo y Urríes;
Francisco Xavier Gamboa; José Antonio de Urizar y Bolívar; Luis de
Chaves y Mendoza; Nicolás Chirino Vandeval; Felipe de Valdés; Nicolás
Fernández Molinillo; José Laysequilla y Palacios; Francisco Fernández de
Barco; Jorge Lozano y Peralta; Tomás Fernández Pérez; Pablo Cavero;
Prudencio Antonio de Palacios; Simón Belenguer; José Francisco de
Aguirre Negro; Fernando Rey Villar de Franco; Francisco de Granado
Catalán; Juan Pérez García; Juan Félix García Chicano; Francisco Xavier
de la Fuente y Santa Cruz; José Manuel Sotillo Verde; Alonso Verdugo y
Rivera; Antonio Bernardino Villaurrutia y Salcedo; Ramón Correa Vigil;
Juan Antonio Velarde y Cienfuegos; Andrés de Lacunza; Francisco de
Galindo Quiñones y Barrientos; José Gómez Buelta; Bernardo de
Urrutia; José Antonio de la Cerda y Soto; Miguel Calixto de Acedo; Nuño
Navia Bolaños; Ruperto Vicente de Luyando; Simón Antonio de Mira-
fuentes; Agustín Ignacio Emparán y Orbe; Ramón Jover y Fernández;
Joaquín José Inclán y Arango; Manuel Bravo y Bermúdez; Pedro Catani;
Andrés Alvarez Calderón y Melchor José de Foncerrada y Ulibarri.270
Aunque la Audiencia de Santo Domingo era una especie de eslabón
para continuar una carrera administrativa en otras de mayor importancia,
el carácter de los procesos que se ventilaban y el servicio que prestaba a los
justiciables mantenían aún el brillo de los primeros años de la Época Colo-
nial.

Santo Domingo en el Siglo XVIII a través de los Pleitos en la Audiencia


El fascinante legado documental de la Real Audiencia de Santo
Domingo conservado en los archivos cubanos nos permite comprender

270 BURKHOLDER, Mark A., y CHANDLER, Dewitt S., De la Impotencia a la Autoridad.


Fondo de Cultura Económica: México, 1984, Pág. 434 y siguientes.

144
Historia del Poder Judicial Dominicano

cómo era nuestra vida económica y la sociedad de la época en un Santo


Domingo que recién salía del llamado “Siglo de la Miseria”, el cual parece
que acogió con beneplácito las Reformas Borbónicas y comenzó a expresar
una cierta prosperidad que se había perdido desde el siglo XVI.

Pleitos Civiles en la Real Audiencia de Santo Domingo


Parecería por el inventario que contiene la obra del historiador español
Javier Malagón Barceló que la mayoría de los Pleitos por ante la Real
Audiencia de Santo Domingo durante el siglo XVIII fueron de naturaleza
Civil, especialmente litis sucesorales en torno a testamentos, o problemas
relativos a particiones de bienes relictos, y esto permite destacar una
tendencia a testar que existía en esa época y que ha desaparecido de nues-
tras costumbres, pues la mayoría de las sucesiones en la actual República
Dominicana son “Ab intestato”, es decir, sin que se produzca esa última
manifestación de voluntad escrita que permite distribuir los bienes a causa
de muerte.
Un caso raro por tratarse de una sucesión “Ab instestato” en esa época,
fue el de Pedro Pérez Bonoto, vecino de Sancti Spiritu, en Cuba, cuya
muerte fue investigada por el Alcalde de allí y se litigó su sucesión no testa-
mentaria en 1796. Sin embargo, el expediente aparece incompleto y sin
sentencia.271
En 1794 Antonio Quesada se enfrenta a una litis alegando ser intes-
tado y presentándose como causahabiente del Moreno de Guinea, liberto
que acumuló bienes en La Habana.272
También hubo litis en las cuales se discutió la propiedad de bienes
inmuebles y procesos donde se reclamó la filiación, casi siempre por parte
de “pardos libres”, lo que evidencia el proceso de cruce racial y su incidencia
en la libertad de los esclavos.

271 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., fichas 1246 y 1247.


272 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 1190.

145
Historia del Poder Judicial Dominicano

Hay abundantes casos de demandas en “Cobro de Pesos”, todavía siguen


denominándose de ese modo en la República Dominicana a los procesos en
cobro de dinero.
También se encuentran procesos en reclamación de pensión alimen-
ticia, así vemos el caso de Águeda Valdespino, quien en 1793 reclamaba a
Francisco Morales Castillo los alimentos para dos hijas naturales con ella
habidas. 273
En el año de 1794 se advierten tres procesos en Cobro de Pesos: José
Agustín de Peralta, Tenedor de Bienes del Dr. José González Carbajal (Sic)
contra Don Sebastián Peñalver; Capitán Matías Pérez Sánchez contra
Don Bartolomé Cordero; Capitán Matías Pérez Sánchez esta vez inciden-
tando y defendiéndose de un cobro que le hace Don Bartolomé Cordero.274
Ignacio Caro, vecino de Santo Domingo en 1789 demanda en Cobro
de Pesos a Don Manuel Morales y Don Manuel Chacón, ambos vecinos de
La Habana, por fondos que les prestó para que estos litigaran ante la
Audiencia de Santo Domingo.
No son abundantes los casos como el de María Felicia de Jauregui,
quien en el año 1795 y desde La Habana se divorcia de su marido Don
Francisco Bassave.275
En 1797, Domingo Morales lleva ante la audiencia un proceso de
disenso al matrimonio de Doña Josefa Michelena, por no estar de acuerdo
con que éste se celebre.276
Simón Garay y Salcedo, de Santo Domingo, pide en 1797 que se le
ponga en posesión de un Mayorazgo.277

273 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 1155.


274 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., fichas 1186,1187 y 1188.
275 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 1212.
276 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 1276.
277 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 1265.

146
Historia del Poder Judicial Dominicano

Entre los asuntos atinentes a Tierras aparece un expediente de 1746 del


cual, según el profesor MALAGÓN BARCELÓ, quedan unas ocho fojas
sueltas y donde se pondera si se debe destruir el pueblo de San Lorenzo de
los Negros (San Lorenzo de los Minas). Actualmente este es uno de los
barrios más poblados en la parte Noreste del municipio de Santo Domingo
Oriental.278

En 1797 José Ignacio Sánchez se opuso a que Don Luis Francisco


Agüero trasladase el sitio de Los Peralejos al lugar llamado Chapeo. Este
expediente al igual que otros posteriores al 1795 demuestran la actividad
normal de la Audiencia después del Tratado de Basilea y hasta la fecha de su
traslado.279

En el año 1797 Nicolás de Guridi ejerce un recurso de fuerza contra el


Presbítero Doctor Bernardo Correa y Cidrón para que éste manifieste
cuáles son los bienes con que cuenta para poder arrendar las haciendas e
ingenio de azúcar de La Jagua, que comprenden un hato llamado Pizarrete,
el cual es actualmente una de las Secciones de la Provincia Peravia.280

Y hay casos que evidencian el poco respeto que se le ha tenido tradicio-


nalmente en nuestros países iberoamericanos a la propiedad privada, como
fue la demanda que en 1748 Juan Antonio Granados incoó contra Simona
Gaitán, ambos vecinos de La Habana, por haber construido ésta una casa
en un solar del cual no era dueña. 281

Hay algunos casos de Reclamación de Alimentos, y entre ellos se


encuentra Joaquín Solo, que se los reclama a su padre el Bachiller Don
Juan Tomás de Solo, en 1796, ambos vecinos de La Habana. 282

278 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 23.


279 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 1281.
280 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 1267.
281 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 24.
282 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 1254.

147
Historia del Poder Judicial Dominicano

Los asuntos Comerciales o Mercantiles son excepcionales en estos


legajos fichados por el profesor Malagón Barceló, como el caso del proceso
que en 1760 llevó Manuel de Pina vecino de Bayamo (Cuba) contra
Esteban de Olivera con motivo de una compañía que tenían formada;283 y
la causa de oficio contra Don Rafael Ramírez de Arellano, Regidor
Perpetuo de Aguada en Puerto Rico, quien produjo una comisión contra
los comerciantes ilícitos de allí.284
Hay que tener en cuenta que la materia mercantil era fundamental-
mente competencia de jurisdicciones españolas por el monopolio comercial
de la Metrópoli, y que esto comenzó a variar en el siglo XVIII con las
Reformas de los Borbones, que trajeron el establecimiento de la Libertad de
Comercio. 285
Cursando el 1789 Bernardo de Baldase reclamó el cobro de un
embarque de azúcar.286
En 1798 Nicolás de Guridi pide que se le admita percibir parte de las
reducciones que le efectuaron por el traslado de negros que transportó
hacia La Habana. Este caso aunque tiene matices administrativos, es reve-
lador del movimiento de esclavos probablemente frente a la ejecución del
Tratado de Basilea o como algún movimiento mercantil usual.287

La Real Audiencia y el Código Negro Carolino


Fue en la Real Audiencia de Santo Domingo donde su decano, el Oidor
Agustín Ignacio Emparán y Orbe, redactó en 1784 el llamado “Código

283 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 61.


284 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 1324.
285 José María Ots Capdequí, Instituciones. Salvat Editores: Barcelona, 1959, Pág. 191 a 199.
Sobre la apertura de las rutas, mercados y cargadores en el Proyecto de Flotas y Galeones de
1720 véase a Julián Ruiz Rivera y Manuela Cristina García Bernal, Cargadores a Indias.
Colección MAPFRE 1492. Editorial MAPFRE: Madrid, 1992, Pág. 290 y siguientes.
286
MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 874.
287 MALAGÓN BARCELÓ, Javier , Pleitos y Causas en la Audiencia de Santo Domingo
durante el Siglo XVIII. Estudios de Historia y Derecho con prólogo de Américo Castro,
Universidad Veracruzana: Veracruz, 1966.

148
Historia del Poder Judicial Dominicano

Negro Carolino”, el cual recogió todas las Ordenanzas, usos y costumbres


que en relación con los súbditos y esclavos de raza negra se habían dictado
en la Isla Española o de Santo Domingo conformando así un ordena-
miento jurídico para los miembros de esta raza, el cual aunque recogió
muchas disposiciones existentes, no se pudo aplicar a causa de la ejecución
del Tratado de Basilea.288
El proyecto se redactó cumpliendo una Real Orden de Carlos III del 23
de diciembre de 1783. Tenía tres partes, la primera dedicada al Gobierno
Moral, la segunda al Gobierno Económico y
Político y la tercera al Gobierno Económico de
los Esclavos en las Haciendas de Campo. El
texto fue fechado el 14 de diciembre de 1784,
bajo el nombre de “Código para el Gobierno
Moral y Político y Económico de los Negros de
esta Isla Española”, decidiendo el Real Acuerdo
compuesto por el Regente Francisco Xavier
Gamboa y los Oidores: Luis de Chaves y
Mendoza, Agustín Emparán y Orbe y Manuel
Bravo y Bermúdez, pasarlo a los Fiscales,
quienes dictaminaron el 23 de diciembre de
1784, y el Secretario de Cámara y Gobierno
José de Castro Palomino, redactó el Auto de
Despacho hacia el Real y Supremo Consejo de
Indias el 25 de marzo de 1785.
No obstante el empeño legislativo del Rey
Carlos III que fuera expresado en la obra del
Oidor Emparán, la esclavitud y la presencia de
Carlos III de Borbón,
negros en convivencia con sus amos en la Parte en cuyo reinado prosperó la colonia
Española de la Isla de Santo Domingo tenía en española de Santo Domingo.

288 MALAGÓN BARCELÓ, Javier, Código Negro Carolino (1784). Taller: Santo Domingo,
1974 y LUCENA SAMORAL, Manuel, Los Códigos Negros de la América Española.
Ediciones UNESCO/ Universidad de Alcalá, 1996.

149
Historia del Poder Judicial Dominicano

muchos aspectos características diferentes a las de otras partes de América,


incluso entre nosotros existió desde el siglo XVII (1677) el primer pueblo
de negros libres en las riberas del río Ozama, San Lorenzo de los Negros
Minas, y muchos de los esclavos de la parte francesa (Saint-Domingue)
cruzaban a esta parte y se refugiaban huyendo a las crueldades de la
economía de plantación que allí existía, refugiándose donde había mejor
trato y mayores posibilidades de libertad.

Procesos Penales por ante la Real Audiencia


Entre los expedientes penales que se ventilaron por ante la Real
Audiencia de Santo Domingo en el siglo XVIII , Javier Malagón Barceló
encontró que en 1719 se creo un expediente a causa de que el Fiscal de su
Majestad había sido víctima de un atentado en la calle.289
En fecha 8 de abril de 1720 el Fiscal hace una denuncia contra don
Juan Esteban Páez Maldonado, don Antonio de Heredia y don Pedro
Pimentel por asistir de capa y colilla a una procesión.290
Existe una instancia de 1745 en que don Luis José de Aguilar, Regidor
de La Habana, pide diferentes providencias sobre la prisión de que le había
hecho objeto el Gobernador y Capitán General de Cuba.291
En 1750 se dictaron autos de querella criminal seguidos en Santo
Domingo por Nicolás Tolentino contra don Juan Rafael y consorte.292
En 1752 se interpuso un recurso de Valentín de la Rosa preso a pedi-
mento de Juan Méndez por el Alcalde de la Santa Hermandad de Hincha,
pidiendo se abra una información.293

289 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 2.


290 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 3.
291
MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 20.
292 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 35.
293 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 38.

150
Historia del Poder Judicial Dominicano

En 1762 se presentó un escrito de Cristóbal Carrilo, vecino del Valle de


San Juan, pidiendo se le entregasen los autos que siguen contra el Capitán
Juan Carrillo, del mismo vecindario por la muerte de un negro.294
En Santo Domingo, en 1773, Bernardina de Aguilera, vecina de esta
ciudad solicita autos contra María Nicolasa Perdomo sobre alimentos y
curación de su hijo muerto a consecuencia de una herida que le hizo el de
Nicolasa. Aunque pudiera ser una acción en responsabilidad civil, está muy
relacionada con golpes y heridas que provocaron la muerte.295
En 1764 se dictaron autos a petición de don Francisco María Balberi
contra don José Gato por engaño en una escritura redactada en La
Habana.296
En 1768 José de Ortega defensor de encarcelados solicita se traslade de
la cárcel al hospital al preso Juan Laureano en San Juan de Puerto Rico.297
Escrito de la presa Juana de los Ángeles pidiendo medicinas en 1770, lo
mismo en el caso del preso Manuel García, ambos en Santo Domingo.
Este tipo de solicitud se hacía con cierta frecuencia.298
En 1770 se interpuso un Recurso de Apelación que siguió don Pedro
Ignacio del Campo, vecino de Cádiz en el pleito con don Martín París,
vecino de La Habana, sobre un cajón de prendas y alhajas.299
En 1770 se levantó el Juicio de Residencia sobre la gestión de don
Vicente Herrera y Rivero, del tiempo en que fue Fiscal de la Real Audiencia
de Santo Domingo, pues lo habían pasado a México a servir como Alcalde
del Crimen en aquella Audiencia.300

294 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 66.


295 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 73.
296 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 76.
297 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 121.
298 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., fichas 131 y 141.
299 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 134.
300
MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 147.

151
Historia del Poder Judicial Dominicano

Escrito de Manuel Pérez en 1770, preso en la cárcel pidiendo cinco días


para contestar un escrito. Era su forma de garantizar su derecho de defensa
frente a un procedimiento esencialmente inquisitorio.301
En 1770 los vecinos de Montecristi dirigen una instancia a la Real
Audiencia para que se aligere de la carga de los presos, era una propuesta
colectiva de interés penitenciario.302
En 1771 el presbítero Licenciado Eugenio Ortiz de Montenegro,
domiciliado en la ciudad de Margarita, le sigue por ante la Real Audiencia a
don Andrés López por haber sido agredido a palos.303
En 1772 se conoce un caso relativo a los autos que sigue desde Santiago
de Cuba don Miguel Antonio Vidal contra don Francisco Javier Infante
sobre suponer a la familia de don Miguel descendientes de pardos de Santo
Domingo, especie de difamación para la época.304
En 1773 se produjeron autos a requerimiento de doña Tomasa Bassave
y el Capitán don Juan Tomás de Jáuregui, particioneros del ingenio
Nuestra Señora del Rosario de Xiquiabo contra don Martín de Arostegui
por haberse llevado éste unas hormas para su ingenio.305
En Santiago de Cuba, en 1773, el reo de pena capital Manuel González
solicita un recurso de inmunidad por haberse acogido a sagrado (asilo ecle-
siástico).306
En Puerto Rico, en 1774, se rindió un testimonio sobre los autos
criminales contra el Teniente de Guerra don José Ramírez de Arellano en
inteligencia de no haberse admitido la separación del servicio.307

301 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 150.


302 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 152.
303 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 169.
304 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 188.
305 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 189.
306 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 193.
307 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 223.

152
Historia del Poder Judicial Dominicano

En 1775 en Santo Domingo el preso José Caridad le pide a la Real


Audiencia que le permita ver los autos que lo mantienen en prisión, forma
de exigir respeto a su derecho de defensa.308
En 1775 el vecino de El Seybo, José Escarramán, siguió un proceso
contra Antonio Candelario por heridas, y la Real Audiencia condenó a
Candelario a un año de trabajo en la Real Fábrica.309
En Santo Domingo el 23 de diciembre de 1775 los presos Anatasio
Monte Roca y Bartolomé Montesino le piden a la Real Audiencia su puesta
en libertad y el preso Mateo Pérez pide saber el estado de su causa.310
En 1775, Joaquín Nicolás de la Rosa, vecino de Puerto Rico recurre en
queja contra el Capitán General de Puerto Rico por la causa criminal que
contra él se siguió por ante Tribunal del Provisor y Vicario General de
aquella Curia.311
El 7 de agosto de 1776, José Abreu, verdugo preso en la Real Cárcel de
Santo Domingo pide un médico a la Real Audiencia. El 8 de agosto el
preso Juan de los Ángeles condenado a cadena perpetua pide también un
médico.312
El 13 de mayo de 1776 el preso por hurto, Santiago Dávila, le pide a la
Real Audiencia que se conozca su causa.313
En 1776, Francisco Escapiller, vecino de Montecristi recurre ante la
Real Audiencia acusado de haber realizado un embarque clandestino de
carneros.314

308 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 234.


309 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 242.
310
MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., fichas 255 y 258.
311 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 261.
312 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., fichas 273 y 275.
313 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 281.
314 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 285.

153
Historia del Poder Judicial Dominicano

En 1776, el Promotor Fiscal llevó un sometimiento contra Matías José


Mora, vecino de La Habana, por haber publicado un catecismo de doctrina
cristiana clandestino llamado “El Cómputo Eclesiástico”. En 1778 se le
volvió a someter por haber hecho otra reimpresión del mismo texto.315
En 1776, Manuel del Rosario, moreno esclavo preso en la Cárcel de
Santo Domingo pide un médico.316
Desde La Habana en 1777 llegó un proceso contra el Conde de Laguni-
llas incoado por el Doctor Don Julián Campos, Abogado de las Reales
Audiencias de México y de Santo Domingo por el Conde intentar quitarle
la vida al Abogado que estaba enamorado de la hija del Conde. En 1778 el
Conde de Lagunillas perseguía al Abogado en reconocimiento de un docu-
mento.317
En 1778 se conoció un proceso contra José Antonio Fernández por
adulterio.318
En 1778, José López, militar de la plaza de Santo Domingo pide que se
dicten autos en rebeldía (defecto) contra José Guzmán por heridas
causadas.319
En 1778 don Juan Francisco Medina, Procurador de Pobres encarce-
lados le expresa a la Real Audiencia que José Jesús Mivila, recurrió la
sentencia de muerte a horca, y todavía no había resolución al respecto.320
En 1779 el Escribano de Número de Santo Domingo José Manuel
Rodríguez estaba arrestado y el Escribano del Cabildo Manuel López de

315 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., fichas 301 y 373.


316 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 312.
317 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., fichas 321 y 362.
318 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 352.
319 ALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 367.
320 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 370.

154
Historia del Poder Judicial Dominicano

Arteaga pretendía que le entregaran el archivo del primero mientras estu-


viere arrestado.321
Desde Santa Clara, Cuba, llegó a la Real Audiencia en 1779 una apela-
ción de don Andrés Rodríguez Guijarro quien había acusado Bárbara
Oramas de prostitución. La sentencia fue confirmada a favor de José Fran-
cisco de Oramás, la comfirmación se produjo el 14 de enero de 1779.322
El 20 de septiembre de 1779 Pablo Segura, preso en Neyba, pide que le
desembarguen los bienes pues tiene más tiempo preso que la cuantía de su
condena.323
En 1782 desde Santiago de los Caballeros Bartolomé Rivas presenta
apelación denunciando a Juan Valderas e hijos por receptador de excesos
(hurtos, perversión de esclavos, e intento de asesinato), se le dio comisión
al Alcalde Mayor de la ciudad de Santiago para realizar la averiguación.324
En 1784 Miguel Benito interpuso apelación de los autos que en su
contra dictó el Alcalde Juan Santana acusándolo de hurto.325
En 1784 desde La Habana el Presbítero don Francisco Garro interpuso
Recurso de Fuerza por ante la Real Audiencia perseguido criminalmente
por sacrílego y adúltero.326
En 1784 desde Venezuela el cura rector de la ciudad de Guanares
(Caracas) se querelló contra José de Peña por injurias.327

321 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 409.


322 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 410.
323 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 412.
324 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 506.
325 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 540.
326 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 552.
327 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 592.

155
Historia del Poder Judicial Dominicano

En 1785 se presentó el proceso por injurias de don Félix José Rodríguez


contra don Luis Hechavarría.328
En 1786 llega a la Real Audiencia desde La Habana el expediente sobre
una Consulta hecha por el Juez Eclesiástico de La Habana en relación con
la desaparición de la colegiada doña María Ignacia Alfonvin y las relajadas
costumbres de doña Rosalía del Junco. Se ordenó el ingreso de la niña en el
Colegio San Francisco de Sales el 25 de enero de 1788.329
En 1786 se conoció también de los autos seguidos en Trinidad, Cuba,
sobre la muerte del catalán Tomás Veill, contra don Fernando Rodríguez,
vecino de Santa Clara.330
El 10 de junio de 1788 a José Espinosa , vecino de Bánica, lo condenó
la Real Audiencia a cien azotes dados públicamente, a seis años de presidio
en Puerto Rico y a exilio perpetuo.331
En 1788 se dictó una Resolución en los autos contra Manuel Antonio,
alias el Roleado, vecino de Cumaná, Venezuela, por forzada de mujeres, le
condenaron a varios años de presidio, y una vez cumplida la sentencia se le
darían doscientos azotes sobre un borrico que le pasee por las calles, y otros
doscientos en la picota los días siguientes.332
En 1788 se dictó una Resolución de la Real Audiencia contra Basilio
Acosta por la extracción que hizo de María Pacheco, mujer de José Carrión
y por hurto en Bayaguana, se quería un médico para ver si ésta podía
trabajar en presidio.333

328 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 628.


329 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 676.
330 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., fichas 697 y 741.
331
MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 1305.
332 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 761.
333 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 758.

156
Historia del Poder Judicial Dominicano

En 1788 se dictó una Resolución de la Real Audiencia en los autos


contra Alejandro Bautista, vecino de La Vega, por ladrón, le condenaron a
tres meses.334
En 1788 se produjo la apelación de Manuel de Berdecie conocido por
Santa Ana, vecino de la villa de Bayamo, Cuba, por injurias que le infirió el
Regidor don Fernando de Figueredo por tenerlo preso en su casa.335
En 1788 desde La Habana se presentó recurso contra los autos dictados
en contra de José Cruillas por el homicidio de don Jaime de Salas.336
En 1788 se dictó una Resolución en los autos que contra Francisco
Cruz por adulterio le sometieron con la mujer de Coello. Se ordenó tomar
declaración al Francisco y que la mujer siga trabajando a beneficio de los
dueños de la casa en donde está recogida.337
Desde La Habana en 1788 se dicta Resolución sobre los autos seguidos
por el ministerio Fiscal contra Francisco Duarte por el homicidio de su
compañero Agustín en el partido del Calvario, se ordenó la consignación
del reo.338
En 1788 a Francisco de Frías se le persiguió en Cotuy por ilícita
amistad con Dominga de Roxas e Isidora Baldés, se le condenó a un año de
cárcel y diez años de destierro de la villa de Cotuy.339
En 1788 el reo José de Fromesta solicitó a la Real Audiencia se le
permitiera salir de cárcel por estar enfermo y para atender a su mujer.340

334 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 771.


335
MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 772.
336 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 784.
337 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 785.
338 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 788.
339 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 792.
340 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 793.

157
Historia del Poder Judicial Dominicano

En 1788 fueron procesados por ante la Real Audiencia los médicos


Doctor Don Pedro Tevenant y Doctor Don Guillermo Lacerre por la mala
asistencia que tuvieron a la curación de la enfermedad de la cual murió el
Presidente de la Real Audiencia Gobernador y Capitán General de la Isla
Española, Manuel González Torres de Navarra. 341
En 1788 se dictó Resolución en los autos contra Mateo Mercedes por el
crimen de extractor, ordena se archive por muerte del procesado.342
En 1788 se dictó Resolución en los autos de María del Carmen
Quesada, mujer de Juan Silvestre Rixo contra Juan Manuel de Mota, sobre
injurias a Olaya, mujer casada, hija de Juan Silvestre Rixo, se le apercibió
con dos años de presidio si reincidía. Este caso correspondía a vecinos de
Santa Cruz del Seibo.343
En 1788 se dictó Resolución en los autos contra Saturnino de los
Santos por ladrón, condenándosele por ser menor de edad a cuatro días de
arresto. Este caso corresponde a Puerto Rico.344 También fue condenado
por ladrón Antonio Duro a quien se le sancionó con el abandono de la isla
de Puerto Rico.345
En 1789 se dictaron autos criminales seguidos por don Manuel García
contra don Francisco de Orta, vecinos de La Habana.346
En 1790 se dictaron autos criminales oficiosamente contra el negro
Francisco Duarte por haber herido alevosamente a su compañero
Agustín.347

341 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 802.


342 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 821.
343 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 841.
344 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 856.
345 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 1335.
346 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 886.
347 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 949.

158
Historia del Poder Judicial Dominicano

En 1790 se dictaron autos criminales a favor de don Vicente Sosa


contra los regidores José Cipriano de Lima y don Pedro Antonio Gallo por
excesos.348
En 1791 se practicaron diligencias por Don Ignacio de Ayala sobre
hacer ver la falsedad con que el Licenciado Don Antonio Ponce consultó la
sentencia que aparece en los autos de la testamentaria doña María del
Carmen Oseguera en que se asegura que el dicho Ignacio abrió tres testa-
mentos de la referida Doña María sin precedente orden del señor Gober-
nador Capitán General.349
En 1791 en Santo Domingo se dictaron autos contra el Sargento
Carlos Rodríguez y María Simona por la ilícita amistad que profesaban y
contrajeron matrimonio, por lo cual se mandó a archivar el proceso y
pagarle a Carlos Rodríguez la parte de costas que le corresponde.350
En 1792 se dictaron autos contra Agustín Arrieta, vecino de La
Habana, por injuria de palabra y obra contra doña Margarita Machado.351
En 1794 se produjo en Montecristi el sumario contra Juan Pablo
Valdespino por inobediencia al Comandante de Armas de Montecristi y
demás incidentes que resultaron, pero se ordenó su libertad.352
En 1794 desde La Habana se produjo el recurso de don José García
Calderón de los autos que se siguen contra su consorte, doña María Ignacia
Núñez Díaz por la muerte de un esclavo negro nombrado Juan Nepomu-
ceno.353

348
MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 980.
349 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 991.
350 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 1028.
351 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 1044.
352 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 1163.
353 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 1174.

159
Historia del Poder Judicial Dominicano

En 1795 en Puerto
Plata se produjo una
causa criminal de oficio
contra José Santiago de
Rivera, alias El Brujo
(Presente), y Bonifacio
Pueyos (Ausente), sobre
robos y otros procesos en
la Alcaldía Mayor. Se les
condenó a doscientos
azotes por las calles y
cinco años de presidio en
el de Puerto Rico.354
Marcos Almonte,
vecino de Santo
Domingo, preso en la
cárcel, le pide a la
Audiencia que se le
informe porqué está
preso para poderse
defender. 355
Manuel Godoy, Príncipe de la Paz, Valido del Rey Carlos IV de Borbón
y principal responsable del Tratado de Basilea.

El Tratado de Basilea y la Salida de la Audiencia


En 1795 se suscribió el Tratado Basilea que traspasó Santo Domingo
Español a la República Francesa y por Real Decreto, fechado en Aranjuez
el 14 de mayo de 1797, Carlos IV dispuso que la Audiencia trasladaría su
residencia a la Villa de Puerto Príncipe (llamada oficialmente Santa María

354 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 1223.

355 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., ficha 1297.

160
Historia del Poder Judicial Dominicano

de Puerto Príncipe), Camagüey, Cuba., manteniéndoles sus distritos,


fuera de la Isla de Santo Domingo. Dicha orden de traslado fue reiterada
nuevamente el 22 de mayo de 1797 a la firma del Rey, Carlos IV de
Borbón, y del Secretario Francisco Cerdad, pero la orden no se ejecutó
hasta el 12 de noviembre del año 1799 que en los buques de la Marina de
Guerra Española: “Asia” y “Anfitre” se trasladó la Real Audiencia y Chan-
cillería de Santo Domingo.356
Cuando la reincorporación a España con la Reconquista, la Junta
Central Suprema, en Real Orden sobre el Fomento de la Isla de Santo
Domingo, dictada en Sevilla el 20 de enero de 1810, legisló que mientras
no se dispusiera otra cosa en las apelaciones en causas civiles, en las
consultas criminales y recursos de fuerza en materia eclesiástica se acudiera
por ante la Real Audiencia de Caracas, la cual fue declarada Tribunal Supe-
rior Territorial de esta Isla.357
Es curiosa esta disposición, pues ponía a los habitantes de Santo
Domingo Español fuera del ámbito de lo que fue su jurisdicción original, lo
lógico hubiera sido pasarlos a la Real Audiencia trasladada a Cuba, o en
premio a la lealtad de Santo Domingo traer nuevamente el alto tribunal.
Sin embargo, posiblemente estos hechos incidieron en la interacción con
Venezuela, y en parte expliquen el porqué cuando la Independencia de
1821 Santo Domingo se declaró bajo la protección de la Gran Colombia,
pues pertenecía a su territorio audiencial, y esa fue la tendencia natural en
toda América, que las nuevas repúblicas coincidieran con los territorios de
las antiguas audiencias.

356 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito ...,O.C. ,Pág. 101, véase también


INCHÁUSTEGUI, Joaquín Marino, Historia Dominicana. Tomo I, No. 13 de la Colec-
ción de los 25 años de la Era de Trujillo. Impresora Dominicana: Ciudad Trujillo, 1955,
Pág. 226.
357 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito..., O.C., Pág. 102.

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Historia del Poder Judicial Dominicano

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163
Capítulo VI

LA JUSTICIA EN UN PERIODO INESTABLE


1800-1821

Preámbulo

La etapa que ahora analizamos constituye una especie de puente entre el


largo período colonial español en Santo Domingo y los subsiguientes. Es
un periodo relativamente corto, pues abarca 21 años, pero está lleno de
alternativas políticas, sociales y jurídicas. Para comprender la parte jurí-
dica, es necesario hacer un breve recuento de los cambios políticos
ocurridos en esa etapa.
Luego de ser colonia española por más de tres siglos, en 1795, la parte
oriental de la Isla de Santo Domingo fue cedida a Francia por el Tratado de
Basilea. Ese cambio radical no se realizó de inmediato, sino que tomó
varios años, pues los franceses no pudieron tomar posesión del territorio
porque se encontraban inmersos en la revolución de los antiguos esclavos
negros en la colonia que tenían en la parte occidental de la Isla. Dicha revo-
lución inicialmente tuvo por propósito la abolición de la esclavitud, y se
logró, a sangre y fuego, devastando las plantaciones que los colonos fran-
ceses tenían en esa rica colonia. La primera parte de esa revuelta la diri-
gieron, a nombre de las ideas revolucionarias imperantes en Francia, anti-
guos esclavos negros, dirigidos por Tousssaint Louverture, quien fue
nombrado Gobernador de la Isla por las autoridades francesas desde un
París en medio de convulsiones, cambios de gobiernos, luchas civiles y

165
Historia del Poder Judicial Dominicano

guerras internacionales. En esa calidad, Louverture dictó una constitución


y promulgó leyes que abarcaban toda la isla.
Pero el gobierno de Louverture se independizó demasiado de la metró-
poli, y además hubo cambios políticos en Francia, donde el fervor revolu-
cionario inicial dio paso a una dictadura dirigida por Napoleon Bonaparte.
Presionado por los antiguos colonos que habían perdido sus propiedades y
sus esclavos, Francia decretó de nuevo la esclavitud e intentó recuperar el
control de toda la Isla. Sólo lo logró en la antigua parte española, donde las
autoridades enviadas desde Francia gobernaron desde 1801 a 1809. La
parte occidental, la antigua Saint Domingue, la perdieron para siempre,
pues se convirtió en 1804 en la República de Haití.
Cuando en Europa las tropas de Napoleón ocuparon España y destro-
naron al Rey Fernando VII de Borbón, se produjo una reacción naciona-
lista en éste último país, en una lucha por recuperar su independencia y
reponer al monarca que estaba prisionero de los franceses. Durante varios
años, España fue escenario de una cruenta guerra contra el invasor francés,
que impuso como monarca a José Bonaparte, apodado por el pueblo Pepe
Botellas, y mientras esto duró, y en ausencia del Rey, juntas populares
aparecieron en todo el territorio español, que luego se centraron en una
Junta Central con sede en Cádiz, la que asumió la autoridad del Rey y en su
nombre dictó leyes y convocó a una constituyente que promulgó en 1812
la primera Constitución española.
En Santo Domingo estos acontecimientos impulsaron a los criollos a
rebelarse contra la ocupación francesa, y con ayuda de tropas inglesas que
luchaban también contra Napoleón, expulsaron las tropas francesas de la
antigua parte española de la Isla. Había diferencias entre los criollos sobre
cuál sería el curso a tomar tras la retirada de las tropas francesas. Existía un
grupo proclive a que los dominicanos tomaran el mismo camino que los
mexicanos y suramericanos que habían optado por la independencia. Otro
grupo propugnaba por retornar Santo Domingo al control español, y éste
triunfó, bajo el liderazgo de Juan Sánchez Ramírez, quien en Bondillo, en
agosto de 1809, proclamó la reincorporación de la colonia de Santo

166
Historia del Poder Judicial Dominicano

Domingo a España. Se inició así el


periodo de 12 años que en la
historia dominicana se ha llamado
de “La España Boba”.
Ese período no fue feliz para la
escasa población de Santo
Domingo, y pasamos a depender
judicialmente de la Audiencia de
Caracas. Fue de gran pobreza y
abandono por parte de las autori-
dades metropolitanas en España,
que estaban muy ocupadas en evitar Juez de la época revolucionaria francesa protegiendo a la familia que
ha procreado un hijo, justificando la ruptura de los matrimonios sin
la pérdida total de sus colonias en hijos. Observemos el traje judicial que se llevó en la Audiencia
Norte, Centro y Sur América. El Imperial de Santo Domingo.
triunfo de esas luchas independen-
tistas, motivó a una facción local en Santo Domingo a seguir ese mismo
camino, y el 30 de noviembre del 1821, bajo la dirección de José Nuñez de
Cáceres, se proclamó la independencia de un nuevo Estado-nación que
llamaron “Estado Independiente de Haití Español.” Este Estado murió en
su cuna, pues a escasos dos meses de esa proclamación, tropas haitianas se
internaron en el territorio, y el 9 de febrero de 1822, las autoridades de
Santo Domingo se rindieron ante las tropas del Presidente haitiano, Jean
Pierre Boyer, produciéndose un nuevo cambio de soberanía que duraría 22
años durante los cuales la isla entera quedó bajo un solo gobierno.
El resumen anterior, con sus violentos cambios políticos, nos permitirá
explicar los cambios jurídicos que se sucedieron en esos años.

Período de Colonia Francesa 1801-1809


Gobierno de Toussaint 1801-1802
La situación política que llegó con el cambio de soberanía, fue compli-
cada, debido a la dificultad de los franceses ocupar la parte española, pues
sus tropas coloniales estaban al mando del antiguo esclavo francés (y luego

167
Historia del Poder Judicial Dominicano

oficial militar español) Toussaint Louverture. Las instrucciones que traía


el Gobernador Leclerc en cuanto a la administración eran estas: “Adminis-
tración, comercial, justicia, todo ha de ser diferente en la parte española que en
la parte francesa. No sería demasiado adherirnos al principio de que establecer
una diferencia de costumbres y hasta una antipatía local. Es conservar la
influencia de la metrópoli en esta colonia”.358
Pero quien vino a ocupar la antigua parte
española a nombre de Francia fue Toussaint
Louverture y su ejército de antiguos esclavos.
Cuando ocuparon la ciudad de Santo
Domingo en enero de 1801, se encontraron
que las autoridades judiciales españolas hacía
meses que se habían embarcado hacia otras
colonias.359 La parte española se quedó sin
tribunales, pues Toussaint no designó jueces
hasta que se dictó la Constitución para toda
Toussaint Louverture la isla, en cuya redacción trabajaron cuatro
dominicanos; Juan Mancebo, Francisco
Morilla, Carlos Rojas y Andrés Muñoz. La
constitución abolió la esclavitud e intentó organizar la isla entera como
una colonia francesa unida bajo el control de Toussaint. En esa Constitu-
ción, el capítulo sobre el poder judicial indicaba que el arbitraje era obliga-
torio antes de llevar asuntos a los tribunales. Estos estaban compuestos de
tribunales de primera instancia y de apelación, y de un Tribunal de Casa-
ción “el cual se pronuncia sobre las demandas en casación contra las senten-
cias rendidas por los tribunales de apelación, y sobre responsabilidad civil
contra un tribunal entero”. Todos los jueces eran designados por el Gober-
nador General de la Colonia “de por vida”, a menos que fueran condenados
por abuso de autoridad o soborno. La organización judicial estaba a cargo
del Gobernador, pues la citada constitución otorgaba muy extensos poderes

358 RODRÍGUEZ DEMORIZI, La Era de Francia en Santo Domingo, Pág. 10.


359 MOYA PONS, Frank, Manual de Historia Dominicana, Págs. 188-191.

168
Historia del Poder Judicial Dominicano

a Toussaint, a quien ese texto le otorgaba la Gobernación de la Colonia


“durante el resto de su gloriosa vida” .360
En el aspecto judicial, la parte Este quedó dividida en seis distritos:
Santo Domingo, Santiago, Samaná, Seibo, Azua e Hincha, con un
Tribunal de Primera Instancia en cada uno, y en Santo Domingo se esta-
bleció también una Corte de Apelación.361
El control de Toussaint en Santo Domingo solamente duró pocos
meses, pues en febrero de 1802 la flota enviada por Napoleón llegó a Santo
Domingo, y tuvo que regresar rápidamente a la parte francesa para defen-
derse del ejercito de Leclerc. Los generales franceses ocuparon la parte

Portada de la primera edición del Código Napoleón, texto que rigió


de 1804 a 1809 para los franceses de la Colonia de Santo Domingo.

360 Constitución de Haití, del año 1801.


361 TOLENTINO ROJAS, Vicente. Historia de la División Territorial, Colección Cente-
nario, T XVI, Pág. 72.

169
Historia del Poder Judicial Dominicano

española y de inmediato restablecieron la esclavitud de los negros que


habían sido liberados bajo la Constitución de Toussaint.
Lo positivo de ese corto período fue que el pueblo dominicano tuvo por
primera vez una constitución, si bien centralizante en manos del Gober-
nador y que por primera vez quedó abolida la esclavitud.

Gobierno Colonial Francés 1802-1809


Este periodo es muy interesante desde el punto de vista del Pode Judi-
cial, pues las autoridades venidas de Francia, para congraciarse con la
población que era mayormente de costumbres españolas, católica y mulata,
no quisieron de inmediato establecer un nuevo sistema judicial, sino que
prefirieron ir lentamente y por el momento dejar las cosas como estaban
durante el período colonial español. Bajo este plan, el primer Comisario
Antonio Chanlatte, en su Proclama del 9 de Julio de 1800, ordenó
eliminar todos los impuestos, respetar la religión y mantener el clero cató-
lico español con todas sus facultades, menos llevar hábito, pero sí mantener
la esclavitud.362
En lo que se refiere a la justicia, en 1802 (el día 13 del mes de Brumario
del año X del calendario revolucionario francés) se dictaron una serie de
medidas para organizarla. Se prescribió “el mantenimiento de las leyes usos y
divisiones, tanto eclesiásticas y civiles y militares que existieron precedente-
mente bajo el dominio de Su Majestad Católica”.363 Las autoridades francesas
establecieron un sistema dual, con jueces y leyes españolas para los criollos
y con leyes y jueces franceses para quienes, de esa nacionalidad, inmigrasen
a Santo Domingo. Así, se mantuvieron los alcaldes municipales como
jueces menores, pero se establecieron paralelamente jueces de paz. En
ambos casos, se dispuso que se debían asesorar por dos regidores de los

362 Rodríguez Demorizi, Ob. Cit. Pág. 224.


363 “Majestad Católica” era el título que se daba al Rey de España, mientras que “Majestad Cris-
tianísima” era el del Rey de Francia y “Majestad Británica” el monarca inglés.

170
Historia del Poder Judicial Dominicano

ayuntamientos cuando dictasen sentencias de último recurso. En materia


civil sólo conocían de asuntos con valor inferior a 50 “Gourdes” sin apela-
ción y con apelación, de asuntos por encima de esa cifra. Quedó prohibido
que los abogados postularan en estos tribunales.
El segundo eslabón judicial lo constituía un Tribunal de Primera
Instancia, pero compuesto por jueces mixtos, que juzgaban bajo el prin-
cipio de “actor sequitur forum rei”, es decir, que según la procedencia espa-
ñola o francesa del demandado, debía aplicarse la ley española o francesa.
Los tribunales de primera instancia conocían en último recurso las senten-
cias de loa Alcaldes y de los Jueces de Paz, y con cargo de apelación todos los
asuntos personales, reales o mixtos, sin importar su costo. Estos tribunales
de primera instancia tenían un Juez Presidente francés y otros dos jueces,
uno francés y otro español, con sus respectivos suplentes. Hubo necesidad
de crear los cargos de Intérpretes, para los casos, que debían ser frecuentes,
en que las partes hablasen sólo español o francés.
Como tribunal superior de toda la colonia, se estableció la Audiencia
Imperial. Este novedoso tribunal estuvo compuesto de un Presidente
y dividida en dos secciones, una francesa con tres magistrados
franceses y otra con tres magistrados españoles. Cada
sección conocía y fallaba bajo la ley del demandado si las
dos partes eran de la misma nacionalidad, pero si había
un francés y un español involucrados, el asunto debía
conocerse por las dos salas reunidas. Cada sección
tenia su propio Secretario y Alguaciles. Este alto
tribunal celebraba sus sesiones en el antiguo local de la
Real Audiencia del periodo español, es decir, en el actual
Museo de las Casas Reales de Santo Domingo.
Las Alcaldías y Juzgados de Paz estaban en los municipios
de Santo Domingo, Santiago, Baní, Azua, Los Llanos, El Ferrand

Seybo, Higüey, Monte Plata y Bayaguana. El Tribunal de


Primera Instancia fue uno sólo, con asiento en Santo Domingo, pero se

171
Historia del Poder Judicial Dominicano

previó establecer otro en Santiago, lo que no se llegó a hacer. La organiza-


ción judicial también estableció Jueces Árbitros para asuntos comerciales.
Es interesante mencionar los nombres de los jueces de origen español,
que conformaron el Poder Judicial de ese periodo. Algunos de ellos tendrían
nombradía en los periodos posteriores: El Tribunal de Primera Instancia de
Santo Domingo, tuvo como jueces españoles a Francisco Madrigal y
Enrique Franco de Medina. El Alcalde Municipal de Santo Domingo fue
Ramón Cabral. En la Audiencia Imperial, la sección española estuvo
compuesta por Pedro Prado, José Ruiz y el sacerdote Bernardo Correa y
Cidrón. Como Secretario de esa sección estaba Antonio Pérez.364
Las autoridades coloniales francesas, encargaron a dos ciudadanos de
origen español a que preparasen un proyecto de “Reglamento sobre la Orga-
nización Judicial de la Parte Este de Santo Domingo”. Ellos fueron José Arre-
dondo y Castro y Adrián Campusano Funel. Este proyecto disponía la
supresión de la dualidad de tribunales y el establecimiento de Tribunales de
Alcaldes en los municipios, tribunales de alzada
para los de Departamento de Ozama y Cibao y un
Tribunal de Casación para toda la colonia francesa
de la parte Este de la Isla de Santo Domingo.
Todas las sentencias debían dictarse en el idioma
francés. Este proyecto ponía en vigor la legislación
francesa en materia comercial y marítima, pero
para las materias Civil y Penal, se continuaría utili-
zando la vieja legislación francesa anterior a la
promulgación de los Códigos.365 Pero este proyecto
no llegó a materializarse, pues el corto período
francés concluyó en 1809.

Juan Sánchez Ramírez

364 Ibidem. Págs. 270 a 272.


365 PRESTINARY, C. H., Orígenes del Derecho en Santo Domingo. Págs. 61 a 85.

172
Historia del Poder Judicial Dominicano

Reincorporación a España 1809-1821


El período conocido como de la “España Boba”, en lo referente al
sistema judicial, puede decirse que fue muy movido, por los cambios consti-
tucionales ocurridos en España durante el mismo. En efecto, tan pronto
cayó Napoleón tras su derrota en Waterloo, el Rey español que estaba
exiliado, Fernando VII regresó a su país y tomó el control del gobierno,
suspendiendo el régimen constitucional creado en Cádiz y aboliendo las
leyes liberales que se habían dictado a la sombra de esa Constitución. Ello
implicó el retorno del sistema absolutista y la vuelta a la organización judi-
cial anterior. Este periodo duró entre 1815 y 1820. Le siguió un bienio
constitucionalista, donde la Carta de Cádiz se vuelve a implantar, y con ella
el sistema judicial que esa Constitución había establecido. En 1820 en
España se retrocede de nuevo, y quedó abolida la citada Constitución, con
sus consiguientes efectos en Santo Domingo. En 1821, recién producido
ese último acontecimiento político y judicial, la Provincia de Santo
Domingo se separó de España y quedaron abolidas todas las leyes colo-
niales que se habían dictado. Vemos pues, que en un corto lapso de doce
años, se produjeron radicales cambios en la estructura política y jurídica
tanto en España como en Santo Domingo.
El primero de esos períodos es el que se inicia con la promulgación de la
Constitución de Cádiz, el 19 de marzo de 1812 (día de San José, por eso a
la Contitución le llamaron popularmente “La Pepa”). Es recibida y procla-
mada solemnemente en Santo Domingo el 19 de julio de ese año. Esta fue
la primera Constitución que se dio libremente el pueblo español y contenía
profundos cambios en el sistema político, legal y judicial tanto de España
como de sus antiguas colonias que pasaron a llamarse Provincias de
Ultramar. La Nación ya no se llamaba España, sino Las Españas, y se esta-
bleció un régimen monárquico moderado y parlamentario, donde las
Cortes ejercían mucho control al poder del Rey. En lo tocante al Poder
Judicial, los cambios fueron también significativos: Se estableció un sólo
fuero para todas las clases sociales, eliminando así los privilegios de la
nobleza. Se estableció un Supremo Tribunal de Justicia, que conocía

173
Historia del Poder Judicial Dominicano

recursos de nulidad contra sentencias en última instancia, pero ese recurso


no estaba abierto a las provincias de ultramar, puesto que éstas tenían
como órganos judiciales a las Audiencias Territoriales. Estas audiencias
conocían en segunda y tercera instancia las causas civiles y criminales.
Debajo de esas audiencias, estaban los Tribunales de Letras, uno por cada
Partido. Finalmente, quedaron vigentes los jueces Alcaldes municipales
para conocer como conciliadores los asuntos de menor cuantía e impor-
tancia y como jueces para casos de infracciones menores. Esta Constitu-
ción estableció, por primera vez para los
españoles el hábeas corpus y la prohibi-
ción de arresto sin orden motivada de un
juez. Se estableció la libertad bajo fianza
y se prohibió expresamente el tormento y
la confiscación general de bienes.366
Posteriormente una disposición de las
Cortes de Cádiz suprimió la inquisición
tanto en España como en sus provincias
de ultramar.
En lo que respecta a Santo Domingo
no se restableció la Real Audiencia ante-
rior, trasladada tras el Tratado de Basilea,
sino que se continuó usando la de Puerto
Príncipe en Cuba (hoy Camagüey), para
conocer de los recursos de alzada. Los
dominicanos pidieron que fuese la Real
Fernándo VII de Borbón Audiencia de Caracas quien los cono-
(el Deseado). ciera, y el gobierno español lo aceptó,
pero la guerra de independencia de Vene-
zuela impidió que se implementara plenamente esa disposición por lo
menos hasta agosto de 1813, época en que Bolívar entro a Caracas, por lo
que durante este período las apelaciones de la Provincia de Santo Domingo

366 Colección Centenario, Tomo II. Págs. 591 a 599.

174
Historia del Poder Judicial Dominicano

se conocieron en Puerto Príncipe.367 Se estableció en cada Partido, un


Juez de Letras para los asuntos civiles, y criminales, y los Alcaldes Consti-
tucionales de los municipios de esta Provincia.368 Los Partidos fueron: La
Capital (Santo Domingo), El Este (El Seybo), Primero del Norte
(Santiago de los Caballeros), Segundo del Norte (La Vega) y Partido del
Sur (Compostela de Azua).369
Durante este período, alentados por los ejemplos independentistas de las
antiguas colonias españolas, hubo intentos de separación en Santo
Domingo, Varias conspiraciones fueron develadas y sus cabecillas juzgados
por un Juez de Letras y condenados, muchos a la pena de muerte. Las cons-
piraciones de los Italianos en 1810, y de los negros de Mojarra en 1812 y
Boca de Nigua mantuvieron ocupadas a las autoridades y a los jueces en
intentos de impedir que Santo Domingo tomara el camino de los otros
territorios de la América Hispana que poco a poco se fueron separando y
formando naciones independientes. También hubo revuelta de negros
esclavos y libertos, las que fueron duramente reprimidas. García narra
como se ejecutaban las sentencias en ese entonces:
“Se les sometió en seguida a juicio, sufriendo la pena de muerte que les cupo
también, como al mes de la primera ejecución, la cual del mismo modo que la
última, revistió el carácter repugnante que en el tiempo se le daba a esos actos,
pues que los reos fueron al patíbulo amortajados dentro de unos sacos y arras-
trados a la cola de un asno, y sus miembros descuartizados y fritos en alqui-
trán, en tanto que los menos culpables eran condenados a ser cruelmente
azotados y cumplir la pena de trabajos forzados, temporales y perpetuos”.370

367 MALAGÓN BARCELÓ, El Distrito de la Real Audiencia de Santo Domingo, Pág. 57 a


61.
368 GARCÍA, José Gabriel. Compendio de la Historia de Santo Domingo, Tomo I, Pág. 383.
369 TOLENTINO ROJAS, Vicente. Historia de la División Territorial, Colección Centenario,
Tomo XVI. Pág-83.
370 García. Op. Cit. Pág. 377.

175
Historia del Poder Judicial Dominicano

En 1821 terminó este período, cuando un grupo de


criollos, comandados por el jurista y alto funcionario
colonial, José Núñez de Cáceres, dio un golpe y apresó a
las autoridades españolas con las pocas tropas que custo-
diaban la ciudad de Santo Domingo, las cuales fueron
expulsadas del país.

La Independencia Efímera 1821-1822


Este corto período sólo interesa para analizar cual
José Núñez de Cáceres hubiera sido el sistema judicial que se implantaría, si
hubiera tenido vida más duradera el “Estado Indepen-
diente de Haití Español”. En la declaratoria de independencia del 30 de
noviembre de 1821, nada se dice sobre la justicia ni la organización judi-
cial, pero se dictó el 1º. de Diciembre de 1821 un Reglamento Provisional
de Gobierno en el cual el poder judicial quedó compuesto de los Alcaldes
Municipales, Alcaldes Mayores como Jueces de Letras y un tribunal de
apelaciones que se llamaría Corte Superior de Justicia. Los Alcaldes cono-
cerían de los asuntos civiles por debajo de cien pesos y en materia criminal
conocerían de las injurias verbales que no trajesen aparejadas penas corpo-
rales o aflictivas, es decir sólo los asuntos correccionales con plenitud de
jurisdicción Civil y Criminal. En la Corte Superior de Justicia se llevarían
sus recursos en materia Civil y las apelaciones en materia Criminal. Este
Reglamento indicaba que: “Quedan desde luego abolidas la Constitución polí-
tica de la Monarquía española y las leyes, corporaciones y demás estableci-
mientos que de ella dimanan, fuera de todo lo que va salvado y exceptuado en
este reglamento provisional, o se salve y exceptúe por los demás que sea preciso
formar en lo sucesivo”.371
En este Reglamento Provisional se indicaba ya que Santo Domingo
pediría su incorporación a Colombia: “Esta Parte Española entrará, desde
luego, en alianza con la República de Colombia; entrará a componer uno de los

371 Colección Centenario, Tomo II, Págs. 620 y 623.

176
Historia del Poder Judicial Dominicano

Estados de la Unión; y cuando se ajuste y concluya este tratado, hará causa


común, y seguirá en un todo los intereses generales de la Confederación.- Con
estas miras se despachará a la mayor brevedad posible un Diputado cerca de
S.E. el Presidente de la República de Colombia, comunicándole el cambio polí-
tico de Santo Domingo, y manifestándole los deseos de adherirse a la unión de
los Estados que actualmente componen, o en adelante compusieren la Repú-
blica de Colombia”.372
No se designaron jueces y ninguna de esas disposiciones se pudieron
poner en vigor, pues a escasos dos meses de proclamada esta independencia,
el pueblo dominicano pasó a formar parte de la República de Haití.

372 Ob, Cit. Pág. 617.

177
Bibliografía

• COLECCIÓN CENTENARIO, Tomo II, Constitución Política y


Reforma Constitucional. El Diario: Santiago de los Caballeros, 1944.
• GARCIA, J. G., Compendio de Historia de Santo Domingo, Tomo I,
Sociedad Dominicana de Bibliófilos, Editora de Santo Domingo: Santo
Domingo, 1979.
• MALAGON BARCELÓ, J., El Distrito de la Audiencia de Santo
Domingo. 2ª. Edición, Universidad Católica Madre y Maestra (UCMM),
Imprenta M. Pareja: Barcelona, 1977.
• MOYA PONS, F., Manual de Historia Dominicana. 9ª. Edición, Carib-
bean Publishers: Santo Domingo, 1992.
• PRESTINARI. C. H. Orígenes del Derecho en Santo Domingo. Impresos
VarGraf: Santo Domingo, 2000.
• RODRÍGUEZ DEMORIZI, Emilio, La Era de Francia en Santo
Domingo, Editora El Caribe: Ciudad Trujillo, 1956.
• TOLENTINO ROJAS, Vicente. Historia de la Division Territorial,
Colección Centenario, Tomo XVI, Editora El Diario, Santiago de los
Caballeros, 1944.

178
Capítulo VII

EL PERÍODO HAITIANO
(1822-1844)

Introducción
En el aspecto jurídico y judicial el periodo durante el cual toda la isla de
Santo Domingo estuvo bajo el control de las autoridades de Haití, es de
suma importancia, para el estudio del Poder Judicial Dominicano. Marca el
punto donde se termina el sistema legal colonial que rigió por más de tres-
cientos años y empieza uno nuevo que aún rige la República Dominicana.
El cambio entre el derecho indiano y el derecho francés se produjo durante
los veintidós años de ocupación haitiana en Santo Domingo. Ese fue el
periodo durante el cual el sistema político surgido de la Revolución Fran-
cesa llega, aunque si bien alterado, al pueblo dominicano y en el cual las
nuevas leyes básicas, la de los códigos napoleónicos, empezaron a regir en lo
que devino a ser años después la República Dominicana.
Es por ello que ese periodo, aunque corto en el tiempo, es de vital impor-
tancia para el estudio del sistema judicial de la República Dominicana. La
organización de los tribunales, las leyes básicas, los procedimientos, los
términos, la doctrina, la jurisprudencia y todo el andamiaje jurídico del
presente, que tiene su base en la Francia de inicios del Siglo XIX, llegó a los
dominicanos a través de Haití y con las tropas con que Boyer ocupó la
antigua parte Este de la Isla Española, en febrero del 1822.
Hasta ese momento, la justicia y las leyes que rigieron (salvo el corto
Período Francés entre 1800 y 1809) habían sido las de España, básica-
mente el Derecho Indiano, que con el pasar de los siglos había ido

179
Historia del Poder Judicial Dominicano

cambiando, pero que era de esencia hispano medieval. Ese sistema, visto en
capítulos anteriores, cambió radicalmente en el año 1822. Fuerza es
decirlo, el sistema judicial dominicano llegó desde Francia vía Haití.
Sin embargo, Haití no era Francia, y al
adoptar la organización judicial y los códigos
franceses, los haitianos tuvieron que hacerle
ciertas modificaciones sustanciales, para
adoptarlos a su realidad social, política y
económica. Recordemos que el pueblo
haitiano era mayormente de descendencia
africana. Eran los descendientes de los
esclavos negros traídos por los colonos fran-
ceses desde la costa occidental de Africa, para
laborar en las plantaciones de caña de azúcar,
Jean Pierre Boyer
café, algodón y otros cultivos, y para el
servicio doméstico en sus haciendas. La
economía de la colonia francesa de Saint Domingue se basó fundamental-
mente en ese trabajo esclavo. Es de todos conocido, lo inhumano, degra-
dante y opresivo que fue ese sistema singular y que se dio en todas las colo-
nias europeas en el nuevo continente. Al esclavo se le mantenía expresa-
mente en la ignorancia y carecía de todos los derechos. Era una “cosa”
propiedad de su amo, como lo eran su ganado, sus haciendas y sembradíos.
Había además en esa colonia francesa, una pequeña clase intermedia
entre los esclavos negros y sus amos blancos, que eran los “metís” o
mulatos, resultantes de la unión, generalmente forzada, de las esclavas
jóvenes, con los amos o sus capataces. Esta clase (junto con los pocos
negros manumitidos) sufría también de discriminación racial y social, pero
en ella había generalmente algunas personas alfabetizadas y de cierta ilus-
tración.
Esa sociedad fue la que se levantó violentamente contra sus amos en los
años finales del siglo XVIII, asesinando a sus opresores y saqueando y
quemando sus haciendas. La guerra de los haitianos por lograr su indepen-

180
Historia del Poder Judicial Dominicano

dencia, “fue a la vez lucha de emancipación de una raza esclavizada contra una
raza y una cultura esclavizante”.373 El resultado de esa lucha fue la creación
de una nación recelosa de su independencia y temerosa de perderla frente a
Francia, país que no se resignaba a abandonar para siempre su más prós-
pera colonia en América. La lucha de los haitianos fue a la vez, racial, polí-
tica y social, y ello se refleja en su Constitución y en sus leyes.

El Poder Judicial en las Constituciones Haitianas de 1816 y 1843


Cuando en 1822 los haitianos ocuparon la parte Este de Santo
Domingo y toda la Isla quedó sometida a un solo gobierno, regía en Haití
una Constitución dictada en el año 1816. Esa constitución fue la que
también se aplicó a los dominicanos en 21 de los 22 años de unión con
Haití, ya que fue sustituida por otra en 1843 a la caída del régimen de
Boyer, en vísperas de la independencia dominicana. La Constitución
Haitiana del 1816 fue republicana en su esencia, estableciendo los tres
poderes clásicos del Estado, aunque el Poder Ejecutivo lo ejercía un Presi-
dente vitalicio. Una de las características de esa Constitución fue que, no
sólo abolió la esclavitud por siempre, sino que prohibió que personas de
raza blanca pudieran tener propiedad inmobiliaria. Así vemos que el Art.
38 de esa carta sustantiva declaraba: “Ningún blanco, cualquiera que sea su
nacionalidad podrá poner pie en este territorio a título de amo o propietario”. La
ciudadanía estaba reservada a los africanos y a los indoamericanos.374 Bajo
este último nombre quedaron incluidos a partir del 1822 los dominicanos
blancos y mulatos, a quienes se les reconoció como ciudadanos en igualdad
de derechos con los de raza negra. Las leyes haitianas reflejan aquellas espe-
ciales características. Por ejemplo, se prohibía que el comercio al detalle
fuera ejercido por blancos, y a ellos se les consignó únicamente en los
puertos como importadores y exportadores, pagando patentes mas elevadas
que las que se imponía a los haitianos.375

373 Vega, Wenceslao. Historia del Derecho Dominicano, Pág. 125


374 Mariñas Otero, Las Constituciones de Haití.
375 Listant Pradine. Lois et acts du Gouvernement d’Haïti, Tomo III, Pág. 425

181
Historia del Poder Judicial Dominicano

El Poder Judicial haitiano, establecido por la Constitución del año


1816 y la Ley de Organización de los Tribunales de 1819, estuvo formado
por tres grados , los jueces de paz, los tribunales civiles y el tribunal de casa-
ción.376 No había cortes de apelación. Había igualmente un ministro de
justicia llamado Gran Juez. La Constitución estableció igualmente un
tribunal especial, no permanente, designado por el Senado, llamado Alta
Corte de Justicia, cuya función era únicamente juzgar a los legisladores, al
Presidente, sus Secretarios de Estado y otros altos funcionarios. La Cons-
titución que se promulgó en Septiembre del año 1843, cuando fue derro-
cado Boyer, (y que sólo rigió a los dominicanos por escasos meses, pues cesó
en Febrero del 1844), en cuanto al Poder Judicial tuvo dos importantes
innovaciones: estableció las Cortes de Apelación y dispuso que los jueces
fueren electos de esta forma: Los de la Corte de
Casación por el Senado, los de las Cortes de Apela-
ción y Tribunales Civiles por las Asambleas Electo-
rales, y los jueces de paz electos directamente por los
ciudadanos de las respectivas comunes.

El Sistema Judicial Haitiano y su Introducción


en Santo Domingo
Desde su independencia en 1804 Haití había
tenido una vida política muy agitada. Llegó un
momento inclusive, en que esa nación se dividió en
Maximilien de Borgella dos estados, uno en el sur, como república y otro en
el norte como imperio. Pero cuando se produce la
unificación total de la isla en 1822, esa división había cesado y todo Haití
estaba bajo un solo gobierno, el de Jean Pierre Boyer, quien gobernó desde
el año 1818 hasta el 1843. Todos los años del periodo de 22 años de la
ocupación haitiana en Santo Domingo, menos el último, estuvieron pues
bajo el gobierno de Boyer.

376 Misma cita, Pág. 200.

182
Historia del Poder Judicial Dominicano

El Poder Judicial de la República de Haití estaba a cargo de una Corte de


Casación para todo el territorio, jueces civiles en cada Departamento y
jueces de paz en cada Común. Los jueces de paz, los de los tribunales civiles
y los del de Casación y demás miembros del Poder Judicial eran todos desig-
nados por el Presidente de la República. Estaba permitido el arbitraje en
todo asunto civil si las partes se avenían a ello. El Ministerio Público en los
tribunales lo ejercían fiscales bajo el nombre de Comisarios del
Gobierno.377
La Ley de Organización Judicial de mayo de 1819, dispuso que el orden
judicial estuviera compuesto de los tres órdenes de tribunales ya citados,
una Corte de Casación, los Tribunales Civiles y los Jueces de Paz.378 Esa ley
dispuso en su art. 4 que: “el derecho de estatuir sobre las contestaciones entre
las partes pertenece a los tribunales, sin derogar la facultad que tienen los ciuda-
danos de hacer decidir sus diferencias por árbitros por ellos escogidos, con o sin
la facultad de apelar”.
Todos los jueces percibían sueldos del Estado, eran independientes uno
de los otros. La Ley determinaba que “los jueces no podían rehusar juzgar,
bajo el pretexto del silencio, la oscuridad o la insuficiencia de la ley, bajo pena de
denegación de justicia”.379
En la base del Poder Judicial estaban los jueces de paz, uno por cada
Común. Tenían dos suplentes, escogidos por los miembros de los Ayunta-
mientos respectivos. Cada Juez de Paz tenia subordinado un Alguacil o
“Huissier”. Los jueces de paz conocían todos los asuntos que bajo los
códigos competían los jueces de paz en Francia.
El término “Tribunales Civiles” de la legislación haitiana se presta a
confusión, pues ellos no solamente conocían la materia Civil, sino todo
otro asunto judicial, fuese penal, comercial, marítimo o de cualquier otra

377 Constitución de Haití, año 1816. Mariñas Otero, Las Constituciones de Haití.
378 Listant Pradine, Colección de Leyes de Haití, 1816 al 1822.
379 Actual artículo 4 del Código Civil Dominicano, que reproduce el texto francés y haitiano.

183
Historia del Poder Judicial Dominicano

índole, como tribunales de primera instancia con plenitud de jurisdicción.


Se usó el término “Tribunal Civil” para diferenciarlo de los tribunales mili-
tares. La ley de Organización Judicial, en su Art. 8 le daba esa amplitud de
funciones al indicar: “ Los tribunales civiles juzgan en ultimo recurso de todos
los asuntos no importa de qué suma o valor pueden serles elevados. En lo
criminal ellos pronuncian todas las penas establecidas por la ley, salvo el recurso
de casación de las partes que crean que haber sido mal juzgadas”. Conocían
igualmente de las apelaciones de las sentencias dictadas por los jueces de
paz, en los casos en que, por la cuantía o importancia del caso, estaba
permitido apelar a esas sentencias. Los Tribunales civiles eran colegiados,
compuestos por un Juez Decano y cuatro jueces más. Cada Tribunal tenía
además un Comisario del Gobierno con su sustituto, un alguacil, y un
Secretario llamado “Audiencier”. Cada Juez de este Tribunal tenía además
un suplente.
En cuanto a la Corte de Casación, estuvo compuesta por un juez decano
y seis jueces titulares con seis suplentes. Estos últimos no percibían
sueldos, salvo cuando ocupaban el cargo titular. Las decisiones de esta
Corte se tomaban con un quórum de cinco jueces. Ante esta Corte actuaba
el representante del ministerio público llamado Comisario del Gobierno
con su sustituto. Completaban esta Corte un Alguacil y un “Audiencier”.
Competía a la Corte de Casación conocer de las acusaciones que le hiciera
el ministerio público contra los demás jueces del orden judicial. Esa Corte
además conocía de los casos de exceso de poder de los tribunales inferiores y
de los recursos de casación contra las sentencias de los tribunales civiles.
Las decisiones de los jueces de paz no eran susceptibles de recurso de casa-
ción, salvo que se tratara de casos de incompetencia. Eran también suscep-
tibles de recursos de casación, las sentencias rendidas por los tribunales
militares, pero solamente cuando un delito cometido por militares involu-
craba también a un civil o cuando un civil hubiese sido juzgado por uno de
esos tribunales. Para poder recurrir en casación en materia civil, el recla-
mante debía depositar una fianza, la suma de veinticinco “Gourdes”, la cual
perdía si el recurso era rechazado. En caso de casación de una sentencia, el
asunto era enviado a un tribunal civil distinto al que dictara la sentencia
casada.

184
Historia del Poder Judicial Dominicano

Se tiene el dato de que en 1824, a dos años de la unificación de la Isla


en una sola República, el Tribunal de Casación con asiento en Puerto Prín-
cipe estuvo compuesto por Francois Lespinasse como Decano y los señores
Dejean, Oriol, Abeille y Neptune como jueces, siendo Augusto Daumier el
representante del Ministerio Público.380
La Ley estableció la vestimenta de los jueces, que sería toda negra pero
con sombrero con una escárpela con los colores nacionales, botonadura
con una pequeña balanza de la justicia y un espadín. Llevaban medallas con
el título que le correspondía en el anverso, y en el reverso las palabras
“República de Haití, Fuerza a la Ley”. Los representantes del ministerio
público llevaban traje azul celeste con botonadura de plata.
La ley de organización judicial haitiana autorizó la existencia de
abogados, llamados “Defensores Públicos”, pero que no podían postular ni
ante los jueces de paz ni ante la Corte de Casación, aunque ante ésta última
podían someter escritos de ampliación a los argumentos de sus clientes.
Dicha ley previó la existencia de Notarios, a razón de seis por la capital de la
República, cuatro por cada Cabecera de Departamento y dos por cada

Plaza de la Catedral o Plaza de Armas.


Al centro se observa la palma de la libertad, sembrada durante la Ocupación
Haitiana, y a un lado la Picota Colonial.

380 Sentencias Penales de la Época Haitiana. Boletín del Archivo General de la Nación, No.
79-87.

185
Historia del Poder Judicial Dominicano

Común. Los Oficiales del Estado Civil estaban también previstos en la


Ley, a razón de dos en cada Común cabecera de Departamento y de uno en
las demás comunes. Debían constatar los nacimientos, decesos, matrimo-
nios y divorcios. Cuando la parte española de la Isla fue ocupada por los
haitianos en 1822, esos oficiales del Estado Civil reemplazaron a los curas
párrocos en esas funciones que llevaron tradicionalmente durante todo el
periodo colonial español.
Notarios en la parte Este fueron Martín Mueses, José Troncoso, C.
Penicault y Antonio Solano en Santo Domingo; Antonio Silva y D.
Soriano en Santiago, José García en Puerto Plata y J.R. Delorve en La
Vega.

La Vida Judicial Durante el Periodo Haitiano


Cuando la Isla se unifica en 1822 y se empiezan a aplicar en el Santo
Domingo español las leyes haitianas, el gobierno designó jueces para los
distintos tribunales que se establecieron en esa parte. Se crearon dos tribu-
nales civiles, uno en Santo Domingo y otro en Santiago, pues el territorio
dominicano se formó con dos departamentos, el Ozama y el Cibao. El
Tribunal civil de Santo Domingo quedó compuesto por Jose Joaquin del
Monte como Juez Decano, y Leonardo Pichardo, Vicente del Rosario y
Vicente Mancebo como jueces, y el Comisario del Gobierno fue Tomás
Bobadilla, siendo su sustituto Miguel Lavastida.381 Juez de Paz para Santo
Domingo fue Domingo de la Rocha en 1839. El otro Tribunal Civil, con
sede en Santiago, tuvo a Gregorio Morel como Juez Decano, siendo los
demás jueces Manuel Pérez, J. Curiel, Blas Castro y P.N. Clary. El Comi-
sario del Gobierno era Manuel Aybar.382
El Tribunal Civil de Santo Domingo, el más importante de la parte
Este, compuesto, totalmente por jueces de extracción española, (los cuales

381 Ver: Sentencias Penales de la Época Haitiana. Boletines del Archivo General de la Nación.
Nos. 79 a 87.
382 Misma cita anterior.

186
Historia del Poder Judicial Dominicano

luego desempeñarían importantes funciones tras la separación en 1844),


tuvo una variedad de casos que resolver. Las sentencias penales de ese
tribunal entre los años 1822 al 1831, revelan una estadística interesante
que refleja la vida en el Santo Domingo en ese periodo. El Boletín del
Archivo General de la Nación, copia unas 80 sentencias penales y
haciendo un recuento de ellas, podemos ver los casos más frecuentes en que
se dictaron: Diez sentencias en casos de golpes y heridas, ocho por homi-
cidio y asesinato, nueve por robos diversos, ocho por contrabando, siete por
robo de animales, seis por conspiración contra el gobierno, cinco por
insultos y difamación, cuatro por delitos sexuales, cuatro por piratería,
cuatro por falsificación de moneda y tres por violación a la Ley de Patentes.
Entre esas sentencias tenemos los casos célebres del proceso de derrocar el
gobierno del año 1823 en la llamada “Conspiración de Los Alcarrizos” y el
caso de estupro y violación de las “Vírgenes de Galindo”.
Entre los abogados que postularon en esos pleitos, aparecen Juan de
Dios Correa y Cruzado, José María Caminero, Felipe Calero, Juan Lavan-
deira, y Juan Vicente Moscoso. Este último quedó involucrado en el caso de
la conspiración de Los Alcarrizos en 1823 y aunque no fue objeto de
sentencia condenatoria por falta de prueba, fue dejado a la vigilancia del
Gobierno.383
Resulta interesante comprobar que las sentencias que dictaban los
tribunales en la parte Este, o sea en el antiguo Santo Domingo español,
estaban redactadas en castellano, no en francés, que era el idioma oficial, y
que además, las multas y las indemnizaciones se fijaban en “pesos y reales”
no en “gourdes y centimes”, que era la moneda del país. Estas prácticas
violaban las disposiciones que al efecto habían sido dictadas al inicio de la
ocupación, cuando en 1824, por una circular del Gran Juez, se prohibió el
uso del español en documentos públicos. Esta medida fue atenuada en
1843, por el gobierno provisional de Herard, como forma de atraerse a los
dominicanos al movimiento revolucionario que derrocó a Boyer,, pues

383 Misma cita, No. 80, Pág.31.

187
Historia del Poder Judicial Dominicano

mediante Decreto se autorizó a los funcionarios de la parte Este a redactar


sus actos, en español o en francés.384

Los Códigos Haitianos


Los códigos dominicanos llegaron de Francia a través de Haití. Cuando
los haitianos ocupan la parte Este de la Isla, sustituyeron totalmente el
derecho colonial español e impusieron a los dominicanos el Derecho y el
sistema judicial que tenían en ese momento.
Haití recibió los códigos franceses en bloque en el año 1816, cuando
bajo el régimen de Petión, una ley dispuso que se aplicasen en ese país
dichos códigos en todos los asuntos legales en que las leyes haitianas
vigentes entonces no dispusieran otra cosa. Seis años después, al unificarse
la Isla bajo un solo gobierno, dichos códigos pasaron a ser aplicados
también en la parte dominicana. En 1826, se dictan los códigos haitianos,
que no fueron sino reproducciones de los originales códigos franceses. Pero
para una sociedad como la haitiana de esa época, esos códigos no eran lo
más apropiado. “No puede decirse que los códigos napoleónicos fueran lo más
conveniente para la nueva república de Haití, pues allí no existió una clase
media poderosa que se pudiere beneficiar de la nueva legislación. Haití estuvo
compuesto, en los primeros decenios del siglo XIX, de una clase alta, casi toda
mulata, aliada a unos pocos extranjeros blancos que dominaban el comercio
exterior, y una enorme masa de labradores y soldados que componían la clase
baja. Si los haitianos adoptaron los códigos napoleónicos se debió a la admira-
ción que sus líderes sentían por la revolución francesa y por no tener otro
ejemplo que imitar. En una sociedad precapitalista, sin clase burguesa, dedi-
cada casi exclusivamente a la agricultura de subsistencia, los códigos franceses
resultaban ser un ropaje inapropiado”.385

384 Rodríguez Demorizi, Invasiones Haitianas, Págs. 311 y 316.


385 Vega, Wenceslao, Historia del Derecho Dominicano, Pág. 137.

188
Historia del Poder Judicial Dominicano

Con una clase intelectual muy redu-


cida, era difícil que en Haití se pudiera
entronizar el sistema legal francés, hecho
expresamente para una sociedad burguesa
en plena expansión como la francesa post
revolucionaria. Tuvieron que pasar mucho
años, y muy poco a poco, para que la codi-
ficación empezara a surtir efecto y a tener
su verdadera influencia en el pueblo
haitiano. Como veremos más adelante,
parecida situación la padecería el pueblo
dominicano en sus primeros años como
nación independiente.

La Influencia Haitiana en la Formación


del Poder Judicial Dominicano
Facsímil de la portada del Código de Procedimiento
Durante veintidós años, el pueblo Civil del 1826, obsérvese en el escudo de Haití la pal-
dominicano se vio regido por los códigos ma de la libertad con el gorro frigio griego adoptado
por los revolucionarios franceses.
franceses (haitianos a partir del 1826), y
por ende el sistema judicial que ellos esta-
blecieron, fue aplicado en la parte Este de la Isla, cuyos jueces, abogados y
demás auxiliares judiciales los tuvieron que conocer y utilizar. Los domini-
canos que sólo conocían la legislación indiana española, tuvieron que adap-
tarse rápidamente a este nuevo régimen legal y judicial, tan diferente al
anterior, aunque más moderno, más respetuoso de la libertad individual,
más humanitario en la aplicación de las leyes.
Evidentemente, que por las razones de su situación política tan sui
generis, la legislación haitiana, tuvo que diferenciarse, en algunos aspectos
básicos, de la francesa. Ejemplo de esas diferencias son los muchos
crímenes que eran castigados con la pena de muerte bajo el Código
Haitiano de Instrucción Criminal. Estos incluían el espionaje, los
crímenes políticos, el asesinato, el parricidio, el envenenamiento, la coloca-
ción de bombas, la falsificación de moneda, la destrucción de propiedades
del Estado y varios otros más. En materia civil, el matrimonio sólo tenia

189
Historia del Poder Judicial Dominicano

validez si era contraído ante un Oficial del Estado Civil, pues el religioso no
tenia fuerza de ley. Otra novedad para los dominicanos fue la implantación
del divorcio, lo que no existió bajo el régimen legal hispano-colonial. Como
el recurso de apelación era desconocido en la legislación haitiana hasta
1843, las sentencias de los tribunales civiles (que como vimos también
eran competentes en las materias penales y comerciales) tenían única-
mente derecho a los recursos extraordinarios de oposición, de revisión civil,
y casación. En la casación sólo se podían enmendar las sentencias que
adolecieran de vicios de forma, exceso de poder, violación a la ley, falsa apli-
cación de la ley y falsa interpretación de la ley, y en caso de que la sentencia
fuese casada, debía enviarse el caso a otro tribunal de la misma categoría
que el que dictó la sentencia casada.386
Al lograrse la separación en 1844 y establecer los dominicanos sus
propias instituciones, el derecho y el sistema judicial franceses, fueron
adoptados, por la nueva República, como se verá en el próximo capítulo.
No se mantuvo la organización judicial haitiana. Pero la experiencia en ese
sistema judicial durante veintidós años, facilitó a los dominicanos acoger
los códigos franceses en bloque y a establecer su propia organización judi-
cial, adaptando el sistema francés a las necesidades y condiciones de la
nueva República.
Tal vez una razón pudo ser que los Defensores Públicos y Jueces se
habían formado en el estudio y aplicación de la legislación france-
sa-haitiana, o que el sector conservador dominante quiso utilizar la legisla-
ción como un elemento de coincidencia para facilitar sus planes. Todas
estas especulaciones son factibles dada la ausencia de exposición de motivos
en la adopción de los Códigos o de alguna fuente que aclare el porqué esto
sucedió.

386 Código de Procedimiento Civil de Haití, año 1835, Art. 917.

190
Bibliografía

• ARDOUIN, A., Études sur L’Historie d’Haïti. Pto. Príncipe, 1958.


• LISTANT PRADINE, Lois et actes du Gouvernement d’ Haïtí,
1821-1844.
• MARIÑAS OTERO, L., Las Constituciones de Haití. Ediciones de Cultura
Hispánica: Madrid, 1968.
• MOYA PONS, F., La Dominación Haitiana. UCMM: Santiago de los
Caballeros, 1972.
• NOUEL, C., Historia Eclesiástica de Santo Domingo. Reedición. Sociedad
Dominicana de Bibliófilos. Editora de Santo Domingo: Santo Domingo,
1979.
• RODRÍGUEZ DEMORIZI, E., Invasiones Haitianas 1801-1805- 1822,
Editora El Caribe: Ciudad Trujillo, 1955.
• LUGO LOVATON, R., Sentencias Penales de la época haitiana. Boletín del
Archivo General de la Nación. Nos. 79 a 87, años 1953, 54 y 55.
• VEGA, W., Historia del Derecho Dominicano, Editora Amigo del Hogar:
Santa Domingo, 2002.

191
Capítulo VIII

EL PODER JUDICIAL EN LA
PRIMERA REPÚBLICA
(1844-1861)

Primera Parte

La Organización Judicial
Al romperse los lazos con Haití y quedar los dominicanos convertidos
en República independiente, sus primeros gobernantes, entre muchos otros
problemas que enfrentaron, tuvieron que decidir sobre el tipo de Derecho y
de Poder Judicial que querían dar a la nueva Nación. La situación creada a
partir del 27 de febrero de 1844 era muy precaria y no había ni tiempo ni
interés en innovar, en crear formas autóctonas u originales en la formación
de los órganos del Estado que acababa de establecerse. La renuencia de
Haití a aceptar la separación de los dominicanos, evidenciada por el inicio
de campañas militares de reconquista, acaparó la atención durante los
primeros meses de la Independencia. La pobreza del erario público, la falta
de experiencia en autogobierno, la poca cultura jurídica, entre otros, eran
elementos que postergaron a un segundo plano la búsqueda del encontrar
para el país un sistema judicial adecuado.
En los primeros meses tras la Independencia, los tribunales creados bajo
el régimen haitiano continuaron sin interrupción, puesto que la mayoría de
los jueces eran de la parte Este, o sea que eran dominicanos, y ellos no
fueron deportados por las nuevas autoridades como lo fueron los que prove-
nían de Haití. Se sabe que una de las características del régimen haitiano

193
Historia del Poder Judicial Dominicano

había sido que los principales cargos civiles de la parte Este fueran
ocupados por dominicanos (entendiéndose por estos a los nacidos en la
antigua parte española de la Isla). En los datos que se poseen de los años
1824, 1827 y 1834, los cargos de Jueces de los tribunales civiles de Santo
Domingo estaban en manos de dominicanos. Así vimos, ya que para el
Tribunal Civil de Santo Domingo, José Joaquín Del Monte era Juez
Decano y los jueces titulares eran Vicente Mancebo y Raymundo Sepúl-
veda, mientras que Tomás Bobadilla (importante personaje del período de
la Independencia) era el Comisario del Gobierno (Fiscal).387 En 1835
Manuel María Valencia era Juez de ese Tribunal y José María Caminero
era Comisario del Gobierno.388 Todos los Notarios y Defensores Públicos
de la parte española de la Isla eran oriundos de ella como se pudo apreciar
en el capítulo anterior. Por lo tanto, la Justicia continuó sin cambios
durante los meses que siguieron al 27 de Febrero.
Fue en la elaboración de la Constitución de San Cristóbal, cuando los
dominicanos tuvieron la oportunidad de decidir sobre cuál rumbo debería
seguir el país en materia judicial. La Comisión de redacción de ese primer
Pacto Fundamental dominicano, en su Informe al pleno de la Asamblea
Constituyente, dedicó apenas una frase al tema judicial, al expresar: “El
Poder Judicial ha sido calculado con suma detención, porque a nadie se le oculta
cuanto influye en la felicidad de los pueblos la recta administración de la
justicia”.389 Y así fue, la Constitución de San Cristóbal dedicó el Capítulo
III al Poder Judicial, y lo dividió en tres secciones. La primera “De la Admi-
nistración de Justicia”, la segunda “De la Suprema Corte de Justicia” y la
tercera “De los Tribunales de Apelación y demás Juzgados”, comprendiendo
los artículos del 131 al 139.390 Esta Constitución dejó en manos del Poder
Legislativo la organización del Poder Judicial, aunque dispuso que hubiera

387 Sentencias penales de la época haitiana (BAGN No. 81, Pág. 220)
388 Rodríguez Demorizi, Invasiones Haitianas, 1801, 1805 y 1822, Pág. 344.
389 Colección de Leyes, Tomo I, Pág. 50.
390
Colección de Leyes, Tomo I, Págs. 70 a 72.

194
Historia del Poder Judicial Dominicano

una Corte Suprema de Justicia así como Tribunales de Apelación, estable-


ciendo a nivel constitucional esos dos órganos de la Justicia.
Para crear una Organización Judicial, nuestros primeros próceres
tuvieron varias opciones y su decisión final nos muestra lo difícil que
resultó decidir sobre la creación y organización de los tribunales a raíz de la
Independencia. El dilema no era sencillo. Los dominicanos llevaban 22
años bajo el régimen haitiano, cuya Organización Judicial era por lo tanto
conocida por todos y había sido manejada por jueces y abogados domini-
canos. Resultaría fácil mantener ese sistema, lo que no implicaba mayores
cambios. Pero hubiera sido un contrasentido, para un pueblo que se inde-
pendizaba, mantener el sistema judicial de sus antiguos amos, por lo que
esa opción no era políticamente viable. Otra posibilidad era retornar al
sistema judicial español que existió por varios siglos y hasta el 1821.
La Organización Judicial española, a partir de la Constitución de Cádiz,
había evolucionado mucho, y no era la existente bajo las Leyes de Indias
que rigieron durante el largo Período Colonial. España, en el Siglo XIX,
había tenido avances en su sistema político, comparándolo con lo que tenía
en siglos anteriores, pero seguía siendo un régimen monárquico, autocrá-
tico y de pocas libertades públicas. La Organización Judicial española en
los principios del siglo XIX disponía que todos los Jueces fueran designados
por el Rey, aunque eran inamovibles. Dicha Organización Judicial, fue
establecida en el año 1836, y para en la época de la Independencia domini-
cana, estaba compuesta de un Tribunal Supremo para todo el Reino,
Audiencias Territoriales como Tribunales de Apelación, a razón de una por
cada Provincia, Jueces Letrados para cada Partido Judicial, y a nivel infe-
rior, los Alcaldes Municipales, que actuaban como Jueces Árbitros y para
casos menores.391 Este sistema podría implantarse en la nueva Nación,
pero para ello también se habría tenido que modificar profundamente el
sistema legal que desde 1822 regía tanto a haitianos como a dominicanos,
que era el de los Códigos Napoleónicos, especialmente en lo relativo a los

391 Gacto Fernández y otros, El Derecho Histórico de los Pueblos de España, Pág. 593.

195
Historia del Poder Judicial Dominicano

procedimientos civiles y penales. La tercera alternativa era tomar el sistema


judicial francés, que, por estar acorde con el procedimiento de los códigos,
podría armonizar las leyes con la Organización Judicial. En 1844 Francia
estaba organizada judicialmente de la siguiente manera: Un Tribunal de
Casación para la nación entera; Cortes de Apelación para cada Departa-
mento en que se dividía ese país; Tribunales de Primera Instancia para cada
Común y Jueces de Paz para cada subdivisión de las comunes, llamadas
“Arrondisements”.392
Había pues varias opciones a disposición de nuestros legisladores. Pero a
la hora de tomar la decisión para crear la primera organización judicial de la
República, dictándose la “Ley Orgánica de los Tribunales” lo que se hizo fue
establecer un sistema mixto, con algo del español y otro algo del francés y
alguna innovación. Parece que la intención fue abandonar parte de lo que
habíamos tenido bajo el período haitiano y recuperar elementos del antiguo
sistema judicial español. Fue un caso interesante de transacción, en el cual
parte de lo reciente permaneció y se retomó con modificaciones, algo de lo
que habíamos tenido antes de 1822.
En efecto, la Ley Orgánica de los Tribunales del 11 de junio de 1845,393
estableció la primera organización judicial para la República Dominicana,
la cual quedó compuesta por una Suprema Corte de Justicia, una Corte de
Apelación, Tribunales Justicias Mayores a razón de uno por cada Provincia
y Alcaldes Municipales para cada Común en que se dividían las provincias.
La Constitución en su Art. 45 preveía además la existencia del Arbitraje
obligatorio en ciertas materias. También reconoció la existencia de
Consejos de Guerra, pero estos últimos se crearon basándose en el Código
Penal Militar dictado en julio 5, 1845.394 La Ley Orgánica estableció la
posibilidad de que el Poder Ejecutivo designara “Jueces de Residencia”, cuya
función se analizará más adelante.

392 Royer, Jean Pierre; Histoire de la Justice en France. Pág. 461.


393 Colección de Leyes Tomo I, Págs. 203 a 212.
394 Ver Colección de Leyes, Tomo I, Págs. 264 a 303.

196
Historia del Poder Judicial Dominicano

Se observará pues, que en cuanto a la denominación de los tribunales,


se dio al tribunal superior no el nombre de Corte de Casación como existía
en Francia, sino el de Suprema Corte de Justicia que es casi igual al
nombre español (que era Tribunal Supremo de Justicia). Se estableció para
toda la República una Corte de Apelación, cuyo nombre viene del francés y
donde nos alejamos del sistema haitiano pues su organización judicial no
preveía esas Cortes. En España los tribunales de alzada se llamaban
Audiencias Territoriales. A nivel de primera instancia escogimos un
nombre netamente español, “Tribunales Justicias Mayores”, descartando el
nombre francés (y que los haitianos mantuvieron) de “Tribunales Civiles”.
En esta denominación hubo un curioso caso, pues en esa época en España
a ese nivel, los Magistrados no se llamaban así, sino “Jueces Letrados”. El
nombre de Justicias Mayores era más antiguo, provenía de la época
medieval. A nivel inferior, recuperamos el nombre español, el de Alcaldes
Municipales, en vez de mantener el sistema francés y haitiano de Jueces de
Paz. Fue pues una interesante mezcla de nombres como se denominaron
los tribunales dominicanos en los albores de la Primera República.
En cuanto a la forma de designación, composición y funciones de los
primeros Jueces dominicanos, hubo bastante innovación y nos separamos
muy profundamente del sistema haitiano que había regido entre nosotros
entre 1822 y 1844. En Haití todos los Jueces, menos los de Paz, los desig-
naba el Presidente de la República. Los dominicanos escogimos un sistema
mucho más democrático, puesto que la Constitución dispuso que todos los
jueces serían designados por el Consejo Conservador (nombre que se dio a
la Cámara Alta del Congreso) de ternas enviadas por el Tribunado (Cámara
Baja del Congreso). De ese modo, quedó en manos de los legisladores
escoger todos los Jueces. La excepción era para los Alcaldes Municipales,
que aunque eran parte del sistema judicial, provenían del Poder Municipal,
puesto que eran escogidos por los Regidores de los Ayuntamientos, quienes
a su vez habían sido designados por el pueblo de cada Común, en elecciones
primarias. Los Alcaldes, funcionarios municipales, ejercían la jurisdicción
judicial de grado inferior para asuntos civiles de menor cuantía y los penales
en casos de contravenciones de simple policía. Vemos así, que el sistema

197
Historia del Poder Judicial Dominicano

judicial que el pueblo dominicano se dio al independizarse, implicaba la


selección de todos los Jueces por órganos de selección popular.
La composición de los primeros tribunales fue también interesante.
Bajo la primera Ley Orgánica dictada en 1845, la Suprema Corte estuvo
compuesta por cuatro Jueces, el que presidía se denominaba Juez Decano, y
los otros tres, se llamaron Jueces Vocales. El Ministerio Público ante este
alto tribunal se denominaba Procurador Fiscal. La Corte de Apelación
estuvo compuesta de cinco Jueces y tres suplentes. (Caso curioso, pues
estas Cortes tenían un juez más que la Suprema Corte y además suplentes).
Los Tribunales de Justicias Mayores eran igualmente colegiados, y
compuestos de cinco Jueces y tres suplentes. Todos los Jueces (excepto en el
caso de los Alcaldes Municipales) eran elegidos por períodos de cinco años
según el Art. 128 de la Constitución.
La propia Ley Orgánica de los Tribunales del año 1845, estableció los
sueldos de los Jueces, disponiendo que fuera de 2,000 pesos anuales para el
Presidente de la Suprema Corte y el Procurador Fiscal, mientras que los
demás Jueces de esa Corte percibían 1,800 pesos. En la Corte de Apelación
el Presidente y el Fiscal percibían cada uno 1,200 pesos al año, mientras
que los demás jueces 1,100. Los Justicias Mayores tenían sueldo de 1,100
pesos, el Presidente y el Fiscal, y 1,000 los otros Jueces. En com