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Coordinación y revisión | André Tomé | José Pereira | Maria João Macedo | Rui Aldegalega
Publicación cofinanciada por Alentejo 2020, Portugal 2020 y la Unión Europea, a través del ALT-
20-08-2214-FEDER-000007.
Por los campos de Beja: historias que invitan a una visita es un pequeño itinerario que recorre
pausadamente, como se recomienda en el Baixo Alentejo, parroquias y lugares de nuestro
municipio, dándolos a conocer tanto a través de texto, como a través de fabulosas ilustraciones,
que nos permiten identificar esos lugares.
Es un itinerario que valora enormemente el territorio más rural del municipio de Beja, transmitiendo
al lector con gran sencillez algunos de los relatos que, al final, forman la historia de cada tierra.
Se pretende que, a través del texto y de las ilustraciones de este itinerario, se pueda sentir el
pulso propio de cada localidad; que podamos sentir un poco de la vida cotidiana de cada una de
las aldeas que rodean Beja y, a partir de allí, despertar en todos el deseo de visitarlas y de poder
conocerlas mejor.
Por los campos de Beja es también un testimonio de que el municipio es mucho más que solo
la ciudad. Y que cada parroquia, cada lugar es una aportación inmensa a nuestro patrimonio, a
nuestra tradición y a nuestra cultura. Cada tierra tiene una importancia vital para el municipio
con historias en las que el pasado y el presente se cruzan, proyectando un próspero futuro lleno
esperanza, en este que es, claramente, un municipio de oportunidades
Que a partir de la lectura imprescindible de este itinerario podamos «saborear, oler y conocer»
mejor esos territorios del municipio de Beja, a menudo con menor visibilidad pública.
Más que un itinerario de recuerdos, pretendemos que este sea un itinerario de futuro. Y, sin duda,
¡lo será!
Paulo Arsénio
Alcalde de Beja
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La ciudad de Beja tiene más de dos mil años de historia y su territorio cuenta con marcas
todavía más profundas que se remontan a la llegada de las primeras poblaciones a la
península ibérica, hace casi cincuenta mil años. El tiempo de esos recuerdos es lejano.
Los campos de Beja son ese reflejo de lejanía en el tiempo, pero también de lejanía
de paisajes y de sensaciones. Diez son las parroquias y uniones de parroquias rurales;
decenas y centenas son los lugares de historias y recuerdos que las ocupan.
En este itinerario le invitamos a desvelar algunos de esos lugares pero, sobre todo, a
descubrir el asombro que se puede sentir en estos espacios inmensamente vivos y llenos
de luz. Como compañero tendremos siempre el cante, paisaje sonoro de la llanura que
parece transportar con él el peso y la levedad de diferentes tiempos: pasado, presente
y futuro, en una tesitura de voces colectivas que cantan a la vida, a la tierra y al trabajo,
a los amores y a la nostalgia. Este itinerario se asemeja, por tanto, a una costumbre
alentejana al proponer descubrir y deleitarse con las cosas más sencillas de la vida, que
tantas veces son también las más bellas. El plan, que, como todos, está sujeto a mil
cortes y mil suturas, es que este documento sea un poliedro repleto de resonancias.
Trayendo gente crecida como la historia, la geografía, la arqueología, la antropología
o la etnografía a la mesa, para que las descripciones y los encuadramientos sean más
certeros, nunca llegaremos al hueso de cada uno de sus cuerpos. Hay otros itinerarios
para leer desde esa perspectiva al servicio de trabajos oficiales. Aquí entrelazaremos los
hechos probados con los relatos oídos, las leyendas con el estremecimiento físico o la
ausencia de él en ciertas calles bajo el trabajo de la luz o el reposo de la sombra. Será
entonces un itinerario de una errancia multifacética, como lo es cualquier viaje, sea al
final de la noche, sea al interior de nuestra vida. Que ella, la vida, se pueda sentir en
estos espacios extramuros, en estos caminos repletos de belleza y de recuerdos.
Entre la quietud del paisaje y la bondad de los vivos que encontramos por aquí,
caminemos entonces por los campos de Beja.
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ALBERNOA Y TRINDADE
Albernoa es una parroquia del municipio de Beja, con 109,89 km2 de extensión y 758
habitantes (2011). Su poblamiento se remonta a épocas anteriores al nacimiento de
la nación portuguesa. Su proprio topónimo así lo confirma. En efecto, Albernoa es un
nombre de origen árabe que, según Pinho Leal, proviene de barrelnaua, que significa
campo del carozo. Este hecho prueba que este lugar ya se encontraba poblado con
ocasión de la Reconquista cristiana, en el siglo XIII, durante el reinado de Sancho II.
La aldea recibió el nombre de Aldeia Velha, en un proceso así descrito en la Grande
Enciclopédia Portuguesa e Brasileira: La designación de “aldea”, dada adecuadamente
a Albernoa, refleja el antiguo sentido del vocablo ‘aldea’ (de origen árabe), territorial-
-agrario, sucedáneo, al norte, del arcaico ‘villa’ después de mediados del siglo XIII, y
corresponde al sentido, también territorial o geográfico en parte, del étimo árabe. De
ahí que los repobladores portugueses llamasen al núcleo de población anterior hallado
“aldea vieja”, comenzando un nuevo asentamiento, también llamado “aldea”.
En cuanto a la institución eclesiástica de Albernoa, todo indica que su historia comienza
después del siglo XIV, fecha de la consolidación parroquial. Formó parte, en un principio,
del municipio de Beja. Años después, sin embargo, era Albernoa un curato de la
presentación de la catedral de Évora.
La importancia de la parroquia, a escala administrativa e, incluso, religiosa, creció a
medida que el número de personas aquí residentes fue en aumento. A partir de 1860, el
número de habitantes de Albernoa se más que duplicó, en un fenómeno que continuó
con la misma tendencia hasta los años 50 del siglo pasado. En ese momento, vivían en
esta parroquia unos 2200 habitantes. Se dedicaban, sobre todo, a la agricultura, aunque
el comercio también tuvo un peso considerable en su economía.
Su patrona es la Virgen de la Luz y la procesión en su honor se realiza el domingo del
primer fin de semana de agosto, momento en el que se celebran las fiestas de la aldea.
Albernoa también fue descrita por José Saramago, el cual, en Viaje a Portugal de ella dijo:
¡Oh, señores, vosotros que al sol de la playa os tumbáis, venid a los campos de Albernoa
a conocer realmente al sol! Ved qué secos están estos arroyos, el barranco de Marzelona,
el río de Terges, los minúsculos, invisibles afluentes que no se distinguen del paisaje, tan
seco como ellos. Aquí se sabe, sin tener que recurrir a diccionarios, lo que significan estas
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tres palabras: calor, sed, latifundio. Al viajero no le faltan luces de estos parajes, pero lo
que los ojos muestran es siempre mayor y más de lo que creía saber.
Un milano atravesó la carretera en vuelo planeado. Vino de lo alto, cayendo, parecía que
tenía claro el blanco entre los rastrojos, pero luego, con un aleteo, quebró la caída y,
deslizándose en otro ángulo, orientó su vuelo hacia más allá de las colinas. Anda a la caza,
solitario en la inmensidad del cielo, solitario en esta otra inmensidad fulgurante de la
tierra, ave de presa, fuerza de seda y acero, solo quien nunca te ha visto puede censurar
tu ferocidad. Ve e vive.
Manuel Ribeiro
Es una de las aldeas más características de Beja y una de las que más sufrió el vacío
poblacional y, consecuentemente, de vida. Sentados en la única cafetería que tiene la
aldea vemos dos perros rafeiros consumidos por el aburrimiento. Dan muestras de ser
fieles a un cazador que se detuvo en la cafetería. Como hemos oído que Trindade era
conocida por una gran tradición navideña, los llamados “belenes vivientes”, decidimos
esperar y preguntar. Descubrimos a Mariana, en la penumbra de su salón, y a su marido
sentado en el sofá. Nos la presentan como la última de un largo linaje de maestros de
esos autos representados, esos belenes vivientes. Nos cuenta, mientras su marido asiente
en conformidad, que la Navidad de Trindade era de las más populares del Baixo Alentejo
y que asistían a la puesta en escena cientos de personas de todos los puntos de país.
Preguntamos cómo comienza esta tradición y ella se va a buscar un libro del siglo XIX.
«Este libro se lo dio mi tatarabuela a mi bisabuela. Este es el auto que se representa todos
los años, de la misma forma». Nos habla de la forma en la que su padre escenificaba el
auto y de cómo representaba como nadie el papel de Herodes. Ahora busca gente que le
ayude a hacer realidad ese sueño: el de representar de nuevo este auto en su totalidad,
una última vez en una Trindade cada vez más vacía.
Las historias se miden por varios factores, es cierto. Hay uno que nos parece evidente,
pero que destacamos aquí: el esfuerzo que conllevan. Este libro, en permanente cambio
de manos, amuleto guiado por los lazos de sangre, alcanza una dimensión interesante
por dos cosas: por el esfuerzo de que una última vez alguien cumpla su propósito y por
la fidelidad al texto impreso que nunca ha sido cuestionado ni improvisado. ¿De cuántos
libros, en este océano de palabras impresas a lo largo de los siglos, podemos decir lo
mismo?
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Baleizão es una parroquia del municipio de Beja con 138,25 km2 de extensión y 902
habitantes (2011). La parroquia está delimitada por los municipios de Vidigueira y Serpa, y
por las parroquias de Quintos y Salvada, y Neves. Está situada a 13 kilómetros de la ciudad
de Beja y a 47 de la frontera española (pueblo de Vila Verde de Ficalho). El poblamiento
de la parroquia, como demuestran algunos descubrimientos arqueológicos, se remonta a
épocas prehistóricas. La dinámica económica de Baleizão se basa fundamentalmente en
el sector primario, a pesar de que existen trabajadores en el sector del comercio y de los
servicios en la ciudad de Beja. La siembra del trigo y del girasol, y, más recientemente, el
cultivo de la viña y del olivo, son las principales explotaciones agrícolas. También cuenta
con la explotación de una zona de dehesa para la cría de ganado bravo.
La parroquia posee un amplio patrimonio cultural e histórico como, por ejemplo, la iglesia
parroquial, la ermita de San Luis, la iglesia de Fidalgo, una casa señorial con capilla (Monte
do Olival), fortines, Quinta de S. Pedro, molinos de agua y otros vestigios arqueológicos.
En este último aspecto, destacamos el complejo romano de producción de cal. En las
laderas del lugar se observa un importante complejo de hornos pertenecientes a la época
romana, que dan como resultado un complejo industrial romano de producción de cal.
Saliendo de Beja en dirección a Serpa por la EN260 y a unos 200 metros después de Lagar
de Prado, giramos a la izquierda en dirección a Herdade da Magra. El lugar se encuentra
en la ladera norte a unos 100 m de la propiedad. Este complejo debe entenderse en el
marco de la dinámica de Pax Julia en el siglo I d.C. Encontramos entonces vestigios de
canteras de extracción, hornos y otras zonas de trabajo. En el lugar se recogieron objetos
de cerámica, monedas y fragmentos de metales entre otros.
Por último, destacamos que Baleizão tiene como fiestas y romerías la fiesta de Nuestra
Señora de la Gracia y del Señor de los Pasos, y que su ubicación es propicia para la
observación del río Guadiana. Esto es lo que contarán los documentos oficiales. Una vez
más, pedimos a quien nos lee que se demore un poco más y, sentado en la cafetería
central de la aldea, o frente a una de las casas vacías, aplique el oído al rumor de la tierra,
que aquí dista mucho de ser blanco.
«Oh, Baleizão, Baleizão/Oh, tierra baleizoeira/Yo me iré allí a vivir/Quiera tu padre o no quiera.
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Oh, Baleizão, Baleizão/Tierra de Catarina/Donde nació y murió/Con una bala asesina».
«Oh, Baleizão, Baleizão/Oh, tierra baleizoeira/Yo me iré allí a vivir/Quiera tu padre o
no quiera. Oh, Baleizão, Baleizão/Tierra de Catarina/Donde nació y murió/Con una bala
asesina».
Así dice la canción a la que Baleizão dio origen y, en cierta forma, una declaración de amor
se convierte una promesa de no olvido.
En cierto momento, Baleizão pasó a ser conocida como Tierra de Catarina, heredando este
nombre del coraje de Catarina Eufemia, la joven segadora asesinada a raíz de una huelga
que ella y otras 13 compañeras hicieron por un aumento de 5 céntimos. Se enfrentó a
las fuerzas de la autoridad y, por eso, recibió tres tiros por la espalda de un teniente de la
Guardia Nacional Republicana. Más de medio siglo después cabría esperar que esa herida
ya hubiese cicatrizado satisfactoriamente. Comprobamos que no es así y que todos,
desde el estoico octogenario sentado en la cafetería al niño que rasga inquieto al paisaje,
llevan bajo la lengua el sabor a sangre de Catarina. Sin margen para el rencor. El tiempo
lo convenció para salir de escena dejando entrar a la doncellez de la intransigencia. En un
país de costumbres gentiles, en el que las puntas ásperas del pasado se liman hasta diluir
cualquier saliente identificador, es de una serenidad valerosa el pueblo con quien ahora
comparte esta tarde.
Nos encontramos también con unos azulejos en homenaje al centenario de Francisco
Miguel Duarte: «21 años de prisión, fue el último preso político que salió de Tarrafal». Más
tarde descubrimos que posee el récord de evasiones de prisiones fascistas: cuatro. Por
último, sabemos por el relato de una amiga de Catarina, María Teresa Correia Cascalheira,
que, en los encuentros de las mujeres en la fuente, lugar privilegiado para debatir
asuntos prohibidos, Catarina, en aquel momento, políticamente más consciente que sus
compañeras, intentó recaudar dinero para Francisco Miguel, que por aquel entonces ya
se encontraba preso. Todo está relacionado, como decía el poeta.
¿Pero qué hemos visto en este corto viaje?
Por el camino de Beja a Baleizão, el paisaje ondulado, semiseco, alternancia de dorado y
verde. El río, los apeaderos. Algunas casas sin gente que llame a la puerta Mucha tierra
para pocas personas.
El maestro Manuel Pica, sabio artesano, nos guía. En medio de la conversación saca
temas como piedras desinteresadas y escuchamos hablar de la posada que había junto a
la cafetería y que servía de lugar de reposo para mensajeros y ganaderos. Las bestias iban
para un lado de la aldea y el rebaño para el otro.
Captamos también algunos temas entrecortados: la posibilidad de que antiguamente
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la frontera no estuviese en el río, sino aquí, donde nos encontramos ahora. Las
dudas sobre el nombre. ¿Deriva de baliza, que significa frontera? ¿Será de baldío?
Dando un paso atrás y agarrándonos a lo que se nos dice con certeza, esta era de las
mejores tierras de cultivo de trigo y cereales, y hay una piedra con una pequeña
inscripción que dieron a Baleizão antifascistas españoles en honor a Catarina y a todos los
que opusieron resistencia, y también por la tradición de Baleizão de acoger refugiados de
la guerra civil española. También está Jardín Central Álvaro Cunhal (nombre doble para
agradar, hábilmente, a griegos y troyanos) construido en tiempos de la presidencia de
Manuel Pica. Este empleó dinero no utilizado de la Unidad Colectiva de Producción Santa
Catarina una vez finalizada la reforma agraria, unos 12 mil contos (60 000 euros), para la
obra.
Por último, el taller del maestro. Después de una vida ligada a la ciudadanía, la pasión por
la artesanía. Varias figuras de corcho esparcidas por las mesas. Sillas hechas con junco
que permanece en el patio conservado en bañeras viejas para después secarse en el
interior. Y el olor a madera y a mil objetos hechos a mano. Al atardecer, el trabajo de la
mano humana.
A parte de esto, hay mil historias que solo pasando varias tardes en la cafetería de Baleizão
aprenderemos. Son historias de hambre, de enamoramientos tímidos, de fuentes-
congregaciones, de caminos bajo la lluvia, de emigraciones. Pero hay una que resulta
ahora especialmente curiosa y que, a modo de conclusión, transcribimos, relativa a la
venta de las burras y al negocio relacionado con esta que en el siglo pasado era una de las
actividades más significativas de Baleizão:
Baleizão aprendió, tal vez de otros, que cuando teníamos una bestia ruin que había
que vender como mansa, la emborrachábamos con una botella de vino de litro, casi
3/4, me acuerdo perfectamente, con un poco de aguardiente, se ponía tabaco, nunca
comprendí por qué, se metía aquello por el gaznate de la mula, de la bestia de carga o
del caballo, y claro, como estaba borracha, estaba un poco más tranquila. Cuando se le
pasaba la borrachera, ya iba camino de Lisboa, porque había muchos comerciantes de
Lisboa que venían a buscar bestias. Las bestias más viejas, que ya no servían para trabajar,
normalmente se vendían a carnicerías. También venía gente con carnicerías en las afueras
de Lisboa a comprar bestias, las más viejas, con defectos o lisiadas. «Se va al zoológico»,
se decía. No sé si era para los leones, había al menos uno o dos que lo hacían... que
vendían al zoo.
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Beringel, con unos 1300 habitantes (2011) y una extensión de 15,04 km2, está ubicada en
una zona privilegiada entre Beja y Ferreira do Alentejo, a 12 kilómetros de distancia de la
primera y a 13 de la segunda, en la carretera internacional Lisboa-Sevilla. Cuenta en sus
proximidades con algunos cursos de agua y con un suelo con una valiosa arcilla.
La parroquia de Beja ya fue cabecera del municipio, tuvo una picota, ya demolida, Casa
da Misericórdia y delegación de Hacienda. De la Casa da Misericórdia resta todavía la
iglesia, en Largo Dr. Miguel Bombarda. En ella estuvo durante muchos años el Registro
Civil, el Centro da Mocidade Portuguesa y el comedor escolar. Imágenes, altares, tallas,
campanas, todo desapareció cuando fue profanada tras la implantación de la república.
Durante la presencia romana en el lugar, a lo largo de seis siglos, fue objeto de una intensa
actividad agrícola. Con la invasión visigoda, en el siglo VI, el nuevo pueblo se adaptó
sacando provecho de las condiciones que allí se encontró. Tras su conquista un siglo
más tarde por los árabes, estos implantaron la agricultura de cítricos, hortalizas y arroz,
y siguieron valorando el olivo, la vid y los cereales. A ellos debe Beringel su topónimo,
ligado a la berenjena, hortaliza que denominaban badajan. Durante este periodo quedó
claro que la naturaleza arcillosa del suelo también proporcionaba barro, lo que permitió la
producción de diversos utensilios para el almacenamiento de lo que se producía.
Su fundación es, por tanto, anterior al nacimiento de la nación portuguesa. Captó
la atención de Alfonso III, a su regreso de la conquista del Algarve, el cual, viendo su
potencial, donó la tierra al monasterio de Alcobaça en 1255 y contó con la ayuda de los
monjes cistercienses para facilitar su poblamiento y desarrollo. La entrega del coto y de la
torre de Santo Estevão a su hijo natural, Martim Afonso, el Chichorro, también supuso la
concesión de la primera carta de foro a Beringel, otorgada por Dionisio I, medio hermano
de Martim. A dos kilómetros al norte, hay un puente romano, en la vía Lisboa–Beja. Cerca
de este puente hubo un castro romano del cual restan algunos fragmentos de tégulas
(tejas romanas) y otros materiales de construcción de la época.
En la plaza Dr. Carlos Moreira se encuentra la iglesia de San Antonio. En Beringel también
hay otra iglesia, la de Nuestra Señora de la Concepción, de estilo barroco. El patrón es
san Esteban, mientras que la Virgen de la Concepción es la patrona de la parroquia. Las
fiestas en su honor se celebran durante el segundo fin de semana de septiembre. Beringel
también tiene la capilla de Santa María Magdalena, abierta al culto, que imita el estilo
bizantino, también llamada «calvario de las piedras negras» y su iglesia principal.
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Además de las iglesias encontramos dos ermitas: la ermita de Santa Magdalena y la
ermita de San Pedro, actualmente en ruinas. Antiguamente también estaba la ermita de
San Sebastián que quedó completamente destruida en el terremoto de 1755.
Existen algunas tradiciones viejas, como la fabricación de ladrillo, y otras más recientes
que intentan imponerse y traer la modernidad a tierras antiguas, como la observación de
aves. Esta última es un buen ejemplo de nuevos métodos que la región puede adoptar con
el fin de atraer a gente de todas partes. Alrededor del sendero del embalse de Pisão se
puede observar una considerable variedad de avifauna, entre la que se encuentran, entre
otros, el ánade real, la focha, el porrón moñudo, la agachadiza o el archibebe oscuro. Para
apreciar adecuadamente esta zona, además de la caminata, se recomienda hacer una
pausa junto al embalse y en la bien recibida sombra del merendero...
Beringel es una de las parroquias del municipio en la que existe mayor probabilidad de
cruzarnos con más gente. Por eso es un terreno de particularidades muy intrincadas para
poder salir de allí con la sensación de haber captado lo esencial. Así que a quien le guste
en serio eso de andar tiene dos opciones: o volver una segunda vez o tomárselo con calma
el día que allí se llega. Uno de los aspectos de sobra conocidos es que en otros tiempos
Beringel fue un importante centro alfarero en Portugal. Hoy en día, la alfarería de António
Mestre es la única que sigue activa y mantiene vivo el arte de trabajar un tipo barro con
unas características únicas de modo totalmente artesanal. Fabrica, fundamentalmente,
ollas y vasijas para vino y decoración, de grandes dimensiones, jarrones y ánforas de
distintas formas, hornos de pan y otras piezas diseñadas por los clientes. Y aquí desemboca
la esencia de este relato tras un gran rodeo. El forastero debe llamar a la puerta del taller
del maestro Mestre (deliciosa repetición) y prestar atención al taller y al trabajo. En un
mundo estandarizado, en el que casi todo lo que consumimos es resultado de uno de los
cientos de variaciones predefinidas para la población occidental, esta observación resulta
interesante para desafiar los límites de la memoria y poder decir, aunque solo sea por un
tiempo: no siempre ha sido así. Y lo más curioso es que António Mestre sigue utilizando
en su trabajo la técnica antigua y la devoción que pocos, hoy en día, consiguen tener.
Además de la calidad artística y funcional de sus objetos, su valor también radica en el
tiempo que tarda en fabricar esa pieza encargada y no otra. Mientras mis manos moldean
esta pieza, no me dedico a producir otra: en estos tiempos de multitareas, esta es una
devoción anacrónica y romántica.
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Y si en nuestro viaje no registramos nombres suficientes para completar un justo
abecedario como José Saramago dedicó a los constructores del convento de Mafra,
decidimos, pese a todo, enumerar algunos de los nombres que descubrimos de gente
que dedicó sus manos al barro:
Adelino José Alves; António Manuel Campinas; António Joaquim Russo; Joaquim da Silva;
José António dos Reis Baião; José Eduardo Alves; José Francisco Bolinhas; José Manuel
Carvalho Parreira; Manuel Matos; Marinho José dos Reis; Zé Bolinhas.
Una vez más empezamos por la frialdad de los datos: Cabeça Gorda es una parroquia del
municipio de Beja, con 78,16 km2 y 1386 habitantes (2011). Es una de las parroquias más
recientes del municipio, se constituyó en 1901. Sus tierras eran propiedad de la parroquia
de Salvada.
En el momento de su nacimiento, su denominación oficial era Nossa Senhora da Conceição
da Rocha, hoy en desuso y olvidada, ya que la denominación popular persistió a lo largo
de los años. El nombre Cabeça Gorda significa monte grande en portugués y una cabeza
(un monte) y el adjetivo gorda indican la gran anchura de esa elevación.
Tenemos, entonces, un lugar, una parroquia que goza de juventud. Todo lo joven conlleva
una raíz identificadora compartida con sus vecinos mayores. Es inevitable. En vez de
servir de contaminación, sirve de amparo. Por eso vemos un pasado idéntico al de otras
parroquias en Beja: la limpia, la siega, la siembra, la trilla. La comida: una rebanada de
pan y un trozo longaniza. La expresión “de sol a sol” aquí tiene otro peso, otra dimensión.
Los zapateros, los herreros, los barberos, los albarderos. La voz que canta, incluso con
hambre. Las fiestas, la alegría de las fiestas. El carnaval, los bailes (Pinha, Rosa y Cravo,
Chita, Laço). Les pedimos que nos cuenten cosas de allí, asuntos que solo germinasen
en el trabajo delineado por esa sangre y esa tierra de esa gente que ni siquiera está
segura de su nombre, esa variación de la toponimia, y que, a falta de algo mejor, se llaman
chamuscos o bolas da nora. Y nos cuentan pequeñas migajas que nosotros, que acabamos
de llegar, aprovechamos sedientos de esquematizar nuestros pasos.
Una pequeña maravilla: la historia de Palma e Palma, una gran empresa dirigida por el Sr.
Remédios. En determinado momento, el Sr. Remédios, que era a la vez el presidente de la
Junta Parroquial de Cabeça Gorda, en su condición de empresario gerente de la empresa,
solicitó la cesión de algunos terrenos a la Junta Parroquial. Para sorpresa del oyente, el Sr.
Remédios presidente denegó la petición. Integridad aparte, este tema resulta extraño, ya
que es la prueba palpable de que un hombre puede llegar a ser dos, o más. Gran parte
de la historia del arte de principios del siglo pasado parte de ahí. Después nos hablan
del Férrobico, el club recreativo y deportivo de Cabeça Gorda. Y vemos por primera vez
las portadas de los periódicos deportivos nacionales de 1981 que cuentan un relato que
se remonta a David y Goliat. El Férrobico (nombre que se ganó por, en varias derrotas
aplastantes, haber tenido la habilidad de, casi todas las veces, marcar un gol), en una
temporada histórica de la Copa de Portugal, ganó al Penafiel, en aquel momento en 1.ª
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División, y al Leixões, que estaba en 2.ª. Aún hoy los habitantes recuerdan este hecho.
Hay niños corriendo por las calles y el buen humor se palpa allí donde la desertificación
y el abandono no se han infiltrado. Comprendemos entonces que a esta aldea debemos
llegar no por sus monumentos, sino por sus historias. Y no los enumeraremos, pero
contaremos una pequeña curiosidad para terminar: se dice (y así lo confirmamos en
las conversaciones que escuchamos a los mayores en la terraza de la cafetería) que los
habitantes de Cabeça Gorda se distinguían de los demás por su forma de hablar, ya que
solían añadir una “a” al final de cada sustantivo. Una vez memorizada esta particularidad,
casualmente encontramos su confirmación en un texto de Martinho Marques que cuenta
que, en su juventud, escuchó a la gente de estas tierras decir: «ya está naciendo el sola»
cuando el sol empezaba a elevarse en el horizonte. De los lugares que vimos (construidos,
porque lugares sin ladrillos hay muchos) destacamos el mercado, edificado en 1929, al que
Álbum Alentejano de 1931 se refiere de la siguiente forma: «Siempre en la misma línea
de ideas, se encuentra sólidamente construido desde 1930, un bonito y amplio mercado
cerrado, donde la Junta Parroquial, pese al gasto de cerca de cuarenta mil escudos (200
euros), encontró el ingreso anual de cinco mil escudos (25 euros) aproximadamente, lo
que ha contribuido a que la comisión administrativa haya realizado otras mejoras», que
enlazamos con el relato de Maria Vitória Malveiro: «Se inauguró un año por San Juan.
Estaban todos los hortelanos vendiendo todo y las piedras todas llenas».
El patrón de estas tierras es san Luis y las fiestas en su honor se celebran el segundo fin
de semana de agosto.
Perímetro forestal
Un bosque es un lugar magnífico, una gramática orgánica. Encontrar una masa forestal
como el Perímetro Forestal de Cabeça Gorda y Salvada es asombroso, incluso por su
ubicación, de 319 hectáreas.
Gestionado por sus respectivas juntas parroquiales, es un excelente lugar para un paseo
en bicicleta de montaña, una caminata, un picnic o un momento de reflexión sin prisa.
Para mayor asombro: se pueden observar ciervos salvajes, así como jabalíes o zorros. En
este perímetro también podemos encontrar los famosos gurumelos, que son el tema
del Festival de la Seta que se celebra en Cabeça Gorda, normalmente en marzo. Una
advertencia: no coja gurumelos sin la ayuda de los sabios habitantes locales.
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Botas camperas
Cabeça Gorda también se conoce como la tierra de las botas camperas Aún se fabrican
a medida. Miguel Guerreiro, que además de zapatero también es barbero y peluquero,
lleva 50 años fabricando botas y es el sucesor del maestro Manuel Pardal. Hoy en día
son pocos los encargos, pero cuando aparece un cliente, se le mide el pie, se hace el
molde, se ajusta el molde a la horma y, empleando como materia prima la piel de ternera
engrasada, se empieza el proceso de creación de la bota, en concreto, el arte de tallar.
Con una clientela muy reducida en comparación con lo que era habitual hace unos años,
los actuales clientes de botas camperas, la mayoría de ellos antiguos, son personas que
gozan de una buena posición económica. Porque, como explica Miguel Guerreiro, hay
mucha gente a la que le gustaría tener estas botas, pero resulta difícil pagar 200 por un
par. Son 200 euros que tardan tres días en hacerse y casi una vida en gastarse.
En este taller llegaron a trabajar seis hombres. Hoy solo queda uno y todavía le queda
tiempo para la barbería. Los tiempos han cambiado pero su casa sigue llena de gente,
amigos y conocidos, que por allí van pasando y aprovechan para charlar un poco sobre las
cosas de la vida. Y, para beneficio nuestro y de los que vengan detrás, antes de despedirnos
de Cabeça Gorda transcribimos una oración local para ese problema tan contemporáneo
que es el dolor de cabeza:
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, AMÉN
Jesús y Jesús que es el santo nombre de Jesús
Donde está el santo nombre de Jesús no entra mal ni peligro alguno
Nuestra Señora por el mundo caminó
Con el dolor de cabeza se encontró
Y ella le preguntó: ¿Dónde vas dolor de cabeza?
Voy a agotar sentidos y a destrozar seseras
Vete dolor de cabeza que aquí no haces nada
Dijo Jesucristo con su boca sagrada
Para alabanza de Dios y de la Virgen María
Un padrenuestro y un avemaría
(Se reza un padrenuestro, un avemaría y una salve, y se ofrece a la Virgen de la Concepción
de la Roca y a otros santos por los que se sienta devoción)
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Nossa Senhora das Neves es una parroquia con 53,03 km2 y 1747 habitantes (2011).
Se encuentra en el centro del municipio, a 5 kilómetros de Beja y en el eje vial IP8 Beja-
España. Es la parroquia del municipio con mayor dispersión de población, que se distribuye
entre varios lugares, de los cuales los más importantes son: Neves, Vila Azedo, Porto Peles
y Monte Padrão. Nossa Senhora das Neves se caracteriza por ser una parroquia con una
mezcla de entorno rural y urbano, dada su proximidad a la ciudad de Beja. Si por un lado
los más ancianos adoptan comportamientos y hábitos rurales cuya base es la tradición,
por otro, los más jóvenes adoptan cada vez más hábitos urbanos. Hasta hace bien poco
estaba formada por un conjunto de casas de planta baja encaladas de blanco. Hoy en día,
la mayoría de la población trabaja fuera del pueblo, sobretodo en Beja, lugar a donde
muchos se dirigen a diario en su coche. En Neves hay pequeños comercios, una droguería,
un supermercado y varias cafeterías. También hay una escuela primaria y una iglesia, cuya
historia se encuentra estrechamente relacionada con el nombre de la población, que en
otros tiempos fue la parroquia que más abastecía a la ciudad y a los conventos con sus
numerosos huertos. Las fiestas de la Virgen de las Nieves se celebran todos los años en
uno de los últimos fines de semana de agosto.
Cuenta la leyenda que los habitantes de un pequeño pueblo, que existía en aquel lugar,
decidieron construir una capilla en honor a la Virgen María en un sitio que previamente
habían elegido. Marcaron el espacio y se pusieron manos a la obra. Pero, al día siguiente,
todas las herramientas habían desaparecido y se encontraban reunidas en una colina
cercana. Creyendo que se trataba de una broma de mal gusto, fueron a buscarlas
y volvieron a ponerse manos a la obra. Al día siguiente y en los días que le siguieron,
la escena se repitió sin que hubiese explicación lógica. La repetición de este insólito
acontecimiento hizo pensar a la población que la Virgen no aceptaba el lugar escogido
para la capilla. Todavía con la duda sobre qué lugar había que elegir, se dieron cuenta de
había comenzado a nevar en la cima de la colina en la que todos los días aparecían las
herramientas. El sol brillaba y no había ni una nube en el cielo, pero la cima de la colina
quedó completamente cubierta con un espeso manto de nieve. Allí erigieron la capilla en
honor a Nuestra Señora de las Nieves y así surgió el nombre de la aldea.
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Una parada en Porto Peles
Porto Peles es una localidad que pertenece a la parroquia de Nossa Senhora das Neves y
es un pequeño tesoro escondido.
Cualquier viajero que escuche a sus amigos conocedores de la región insistir en cenar
en este sitio de nombre peculiar, primero se extraña por su nombre y, después, por
su descripción. Por el camino, las dudas van en aumento, ya que la carretera solo está
acompañada por vacío y negrura de baldíos dejados a su suerte. Llegados al lugar, vemos
una decena de casas agrupadas y una serie de coches estacionados delante de la puerta
principal de las casas. Nos damos cuenta, entonces, de que hay dos centros de encuentro
en este sitio inhóspito. Los restaurantes A Taberna y Toi Faróis. En el primero podemos
cenar en un salón que se asemeja a una acogedora estancia familiar, donde se ofrece
una atención personalizada y esmerada. Nos aconsejan probar cuatro fuentes que van
pasando con bacalao, pulpo y varios tipos de carnes, todo acompañado con vino blanco
de la casa. Después, doña Francisca viene a nuestra mesa con bandejas de postres de las
que echa grandes cucharadas de mousse de cacahuete o de arroz con leche en nuestro
plato.
En el segundo restaurante, nos damos cuenta de que el 80 % de las mesas están marcadas
como “reservadas” Aquí, o se reserva mesa el día anterior, o hay que confiar en tener
suerte. Pero, ¿cuál es el motivo de tanta demanda? El lugar no se distingue de los
restaurantes de otros pueblos portugueses y cuando el empleado se dirige a nosotros,
en vez de traer un complejo menú, solo nos pregunta: «¿Ya saben lo que va a pedir?».
Y cuando respondemos con un: «¿Qué tiene?», en vez de oír una carta con varios
nombres de varios platos, nos enumeran una decena de partes del cerdo. Sonreímos y
comprendemos entonces cuál es el concepto del sitio. Elegimos uno de los nombres que
reconocemos y, pasados quince minutos, nos llega una bandeja con la carne a la parrilla,
otra con ensalada de tomate y una última con patatas fritas caseras. La carne es la joya
de la corona y comprendemos por qué la gente se desplaza hasta aquí. Sin embargo, lo
inesperado es la ensalada de tomate, que nos deja perplejos, ya que se trata de un plato
sin ninguna “magia” aparente y que resulta delicioso.
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SALVADA Y QUINTOS
Cierto día, los moros planearon un ataque a la ciudad de Beja, pero los cristianos lograron
descubrir sus planes y prepararon un truco. La estrategia de los cristianos consistió en
el conocimiento que tenían sobre unas hierbas que crecían altas y salvajes, y que, al
quemarse echaban un humo que adormecía a un hombre de forma rápida y por mucho
tiempo. Quemaron las hierbas a la salida de la ciudad, el viento se llevó el humo y los
árabes se durmieron. Y con estas hierbas los cristianos vencieron a los moros, mataron
a algunos y los supervivientes huyeron. Los moros supervivientes, descontentos con la
derrota, destruyeron todo a su paso; solo se salvó la aldea de Salvada porque queda en
una cueva y los moros no la vieron. Por eso la aldea se llama Salvada.
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Situada cerca de la orilla izquierda de un río afluente del Cardeira y de la orilla derecha
del Guadiana, se encuentra a unos 15 kilómetros de la cabecera del municipio. Una visita
a Quintos obliga a desviarse para visitar el río Guadiana, que se puede encontrar a unos
cientos de metros de la aldea. Le recomendamos que siga el sendero “Aceñas y fortines
del Guadiana”, donde por el camino se quedará impresionado con el discurrir de las aguas
de este río, sobre todo cuando se cruza con los antiguos molinos de cereales, o aceñas, y
se escucha el murmullo del río al atravesar las estructuras aún existentes. También verá
algunos fortines, testimonio de un tiempo de guerra y fronteras.
Siguiendo el curso de la historia pero volviendo a la aldea de Quintos, sabemos gracias al
arqueólogo Abel Viana que el poblamiento en la zona de Quintos se remonta al Paleolítico
inferior, en tiempos muy antiguos de otras poblaciones de homínidos. Existen numerosos
vestigios arqueológicos del Homo sapiens sapiens, en particular a partir del momento en
el que las comunidades humanas empiezan a sedentarizarse hace algunos miles de años.
Sin duda, la situación geográfica de Quintos ayudará a explicar la abundancia de lugares
y vestigios de diferentes épocas. Tradicionalmente, la proximidad del río otorgó a la zona
de Quintos gran importancia como punto de paso entre la orilla izquierda del Guadiana
y la llanura de su margen derecha. Corte Condessa y Corte Piorno son algunas de las
propiedades en las que abundan vestigios del bullicio de gente y de actividades que hoy
parecen haber dado paso a la calma y a los ruidos puntuales de las máquinas que trabajan
los campos.
En la aldea de Quintos intuimos la presencia árabe y su posible importancia en la historia
de la localidad. Si los pasos del viajero se desplazan hasta la iglesia de Santa Catalina
y observa la piedra del pórtico ojival, podrá intuir la inspiración mozárabe del mismo.
En realidad, la iglesia de Santa Catalina constituye un curioso ejemplar de arquitectura
religiosa que refleja los más diversos periodos de la historia que atravesó la gente de
la parroquia. Cuando observamos la capilla bautismal de la iglesia de la parroquia de
Quintos podemos ver una arquitectura inspirada en los modelos conimbricenses del siglo
XVI, cuyas raíces se remontan a la época del monarca Manuel I, que vivió algún tiempo en
Beja. De hecho, durante el siglo de ese rey portugués, se creó la Casa del Infantado, que
posteriormente se convertiría en una de las mayores instituciones señoriales de Portugal
y a la cual Quintos, según cuenta la historia, debe su nombre, porque pagaba a esta casa
el llamado quinto.
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Sin embargo, y también con respecto a la que debió ser la raíz etimológica de Quintos,
se oyen otras explicaciones más geográficas: situada, antiguamente, en el límite del
territorio portugués, y objeto de constantes ataques enemigos, la vida en Quintos
resultaba un verdadero infierno, de ahí la expresión portuguesa de mandar “a los quintos
de los infiernos” a alguien que no nos gusta. Actualmente, y si hacemos caso de lo que
llega a nuestros oídos, podemos decir que el infierno se ha metamorfoseado y ha dado
paso a la tranquilidad y a la belleza que ahora encontramos en sus campos y en algunas
de sus propiedades.
La parroquia acogió una gran cantidad de figuras humanas que contribuyeron en gran
medida a su florecimiento y progreso. Joaquim Manuel Paulino destaca entre todas y se
considera un héroe que dedicó toda su vida al pueblo de Quintos.
Trajo el agua que abasteció la aldea a principios del siglo XX, plantó un huerto en el
que nacía el agua y lo regaló a la Junta Parroquial según ciertas indicaciones que no se
cumplieron. Preparó dos casas para acoger las escuelas primarias de entonces. Abrió
con su dinero las carreteras que iban de iglesia a la aldea y de la aldea a Gravia dos
Pisões. También mandó construir la fuente de Quintos en 1919, pero más interesante que
enumerar las obras que hizo este hombre es transcribir el relato de un contemporáneo
suyo, Manuel Joaquim Bule, para entender por qué aparece en estas páginas:
- En Quintos, no ha habido otro padre de los pobres como el patrón Joaquim Manuel
Paulino. Todos los hombres de Quintos, que hoy tienen más de 30 años [en 1945] los crio
él, ya que a todos daba sustento.
Muchas y muchas familias fueron allí a recoger muchas hornadas. Todo lo que Quintos
tiene de bueno, todo a él se lo debe. Era el padre de la pobreza. Hombres como él nunca
deberían morir. Como su funeral no hubo nunca otro igual.
Contando un episodio específico:
- Fue un año de crisis. El pueblo no tenía qué comer. Joaquim Manuel Paulino abrió las
puertas de su casa de par en par. En su mesa siempre había lugar para los necesitados.
A las familias les enviaba hornadas. Un día, el pueblo quiso mostrarle su agradecimiento
y todos, incluyendo las mujeres y los niños, quisieron segar un gran sembrado para él.
Entonces, fue con su esposa a ver la segada y cuando vio a todo el pueblo, se puso a llorar
como un niño.
Les pidió a todos que, una vez concluido el trabajo, fuesen por su casa porque quería
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recompensarlos. Pero todos gritaron: «No queremos recibir nada. Este trabajo ya está
pagado».
Los campos
Leyenda
Había en la localidad, un manantial que brotaba de una roca. Era la fuente que abastecía
a los habitantes. Un día, Santa Clara se apareció en la fuente. A los habitantes no les
gustó verla allí y pensaron que su lugar era la iglesia. Entonces, la llevaron a la iglesia,
pero la santa no quería estar ahí y se escapó al mismo lugar donde había aparecido. Los
habitantes insistieron varias veces, pero ella siempre volvía al lugar inicial de su aparición,
la fuente. Los habitantes decidieron entonces construir una nueva fuente con la imagen
de santa Clara pintada en un azulejo. A partir de ese momento, a la santa ya no le importó
permanecer en la iglesia y allí se quedó todo el tiempo, sin regresar más a la fuente.
SANTA VITÓRIA Y MOMBEJA
Si partiendo de la ciudad de Beja seguimos el camino del sol y nos dirigimos hacia el oeste,
llegaremos a Santa Vitória, la aldea más occidental del municipio. Descansa muy cerca del
embalse de Roxo, una privilegiada lámina de agua que abastece a Beja y Aljustrel. Su
patrona es, como el topónimo indica, santa Victoria, cuya romería se celebra en el mes
de agosto. La fiesta de santa Victoria dura tres días y, normalmente, incluye un fin de
semana. El primer día se organiza un baile popular, el segundo, una corrida de toros y, el
último día, se celebran la misa y la procesión.
La iglesia principal de Santa Vitória fue fundada en 1284 por religiosos de la Orden de la
Merced, aunque de estos tiempos lejanos ya nada quede. Con la disolución de esta orden,
la iglesia, que se reconstruyó durante el último siglo, pasó, con todas sus rentas, a manos de
las religiosas franciscanas del monasterio de Santa Clara en Beja. Sin embargo su historia
es mucho más antigua, tal como atestiguan algunos tenues vestigios arqueológicos que
indican la posibilidad de que aquí haya existido una antigua fortificación prerromana,
posteriormente reaprovechada en el periodo romano para controlar una carretera militar
entre Beja y Aljustrel. También vale la pena visitar el pozo Faz-me rir (hazme reír), que
durante años abasteció a la población y que, sin duda, proporcionó muchas sonrisas a
quien allí se refrescaba.
Estación de tren
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podemos leer “Sta. Vitória – Ervidel” y el sol, poniéndose en tonos púrpura, envuelve
el maizal, la estación, las casas y las chimeneas en ruinas que sufren el trabajo de la
vegetación y del abandono.
Admiramos el detalle de los azulejos, saltamos a las vías, corremos por lo que dicen estar
prohibido y, quizás así, corregimos una parte infinitesimal de nuestra infancia. A veces,
escuchamos pasar un coche por la carretera con una claridad asombrosa. Nadie nos ve
y no vemos a nadie. Nos sentamos en un banco abandonado, tenemos la certeza de que
nos encontramos dentro del horario de nuestra vida.
Mina da Juliana, curioso nombre. Pensamos en los mineros que fundaron esta pequeña
población a principios del siglo XX. Su estancia como mineros fue corta. La mina solo
permaneció activa durante un par de décadas. Pero la vida siguió dentro de las casas.
El hollín invade los recuerdos y los cuerpos. Contemplamos la población y vemos tres o
cuatro calles paralelas, todas ocupadas por filas de casas bajas, sencillas, adecuadas para
el proletariado del pasado y los ancianos del presente. Algunos perros andan sueltos y,
al final de una de las calles, vislumbramos un establecimiento de turismo rural con esa
misión de atraer nuevas miradas a este lugar, aunque sean fugaces. El sol a plomo ilumina
todo, de forma implacable, y vemos una masa de agua que se asemeja a una laguna. Es
el bellísimo embalse de Roxo. Se sabe que es el resultado artificial de una presa que hace
varios años volvió inhabitable la mitad de estas tierras. Cruzamos veinte, treinta metros
de vegetación baja y seca, para evaluar el resultado de la transformación y, con gestos
de jueces fuera de lugar, nos tranquiliza el sutil sonido del trabajo del agua, como si las
vibraciones pudieran hacer bailar a algunos fantasmas. Nos mojamos los pies, las palmas
de las manos, la cara y, a lo lejos, vemos una caravana acompañada de dos sillas, dos
cuerpos, dos cañas de pescar. Más lejos aún, vemos un kayak y aquello que nos parece
una pareja rendida a la serenidad de una tarde amorosa. Mina da Juliana y embalse de
Roxo, ¿merecemos semejante gentileza serena de vuestra parte?
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Mombeja, nombre que quizás se deriva de “montes de Beja”. Se asienta en un paisaje
ligeramente ondulado; delimitado al oeste por la línea de cumbres de la sierra de Mira
que se extiende hasta la región minera de Aljustrel. Precisamente en los montes a su
alrededor se pueden sentir la historia y el pasado vibrante de la región. A poca distancia
de la aldea encontramos Outeiro do Circo, un antiguo poblado de la Edad del Bronce,
de grandes dimensiones, a partir del cual hombres y mujeres dominaron la llanura hace
unos tres mil años. Otros increíbles vestigios arqueológicos nos llevan desde la prehistoria
al esplendor de la Pax Iulia romana, pero hoy es la tranquilidad lo que agradecemos en
esta hermosa aldea. Son casi cuatro centenas de personas las que aquí habitan (censo de
2011) y muchas las historias que puede llegar a contar quien todavía resiste, como el Sr.
Canolas, insigne herrero y artesano que sigue insistiendo en su oficio.
La patrona de estas tierras es santa Susana, una mujer romana, muy distinguida, que
decidió «no tomar otro esposo que no fuera Jesucristo». A pesar de vivir en la época
del emperador Diocleciano, que durante los primeros años de su reinado parecía estar
a favor del cristianismo, fue martirizada por negarse a contraer matrimonio con el yerno
viudo del emperador. Su cuerpo fue sepultado en una gruta a la que llamaron “cueva
de los mártires” y el papa Cayo convirtió su casa en iglesia y celebró en ella el Santo
Sacrificio en honor a la santa. Se reconstruyó más tarde esta iglesia, que todavía perdura
y que actualmente es propiedad de las monjas cistercienses. Antiguamente también
denominada Santa Susana de Mombeja, fue curato de la presentación del arzobispo
de Évora en el municipio de Beja y perteneció a la Casa del Infantado, una organización
patrimonial de la familia de los reyes de Portugal, creada durante la segunda mitad del siglo
XVII, que poseía varios dominios, no solo en el Alentejo, sino también en Estremadura,
en las Beiras, en Minho y Trás-os-Montes. Pinho Leal, autor decimonónico, revela que
«el deán y cabildo de Évora presentaba aquí al cura, que tenía 10 cuarteros de trigo y 30
alqueires de cebada, pagados por los feligreses».
Las fiestas tradicionales en su honor se celebran en fecha variable a finales de julio o
principios de agosto.
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Los bancos, el silencio
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A unos doce kilómetros de la cabecera del municipio, se encuentra la parroquia de São
Matias, en la orilla derecha del río Odearce, afluente del Guadiana. Está formada por
los lugares de Monte de Apariça, Quinta da Carocha y São Matias, en un territorio que
alcanza las casi siete mil hectáreas de extensión. Localizada en el extremo septentrional
del municipio de Beja, está delimitada por las parroquias de São Brissos, Santa Maria da
Feira y Nossa Senhora das Neves y, al norte, con el municipio de Cuba.
El censo de 2011 indica que actualmente aquí habitan y circulan casi seiscientas personas.
Sabemos, sin embargo, que en el momento de la construcción de su primitiva iglesia
gótica, el poblado tenía unos 81 habitantes. Esta iglesia principal, posteriormente
reconstruida en los siglos XVI, XVIII y XIX, está dedicada al patrono de la parroquia, que
siempre ha sido san Matías, y cuya fiesta se celebra todos los años el 23 de febrero.
La aldea también celebra anualmente la fiesta de la Virgen del Rosario, el último fin de
semana de julio. En el ámbito eclesiástico, São Matias fue un curato de presentación del
arzobispado de Évora. En São Matias, vivieron, en el siglo XVII, los mayorazgos de Apariça,
en el monte con el mismo nombre. Había allí un templo, que satisfacía las necesidades
personales de la familia y que todavía puede contemplarse desde el exterior. Datada del
siglo XVIII, esta iglesia es testigo de otra época y de otra geografía, y desde ella se pueden
trazar, en parte, los acontecimientos que condujeron al São Matias de nuestros días.
Dada la proximidad de tierras de famosos viñedos, en Cuba y Vidigueira, São Matias es
un lugar donde es fácil oír hablar de vino. Escuchamos que aquí el Sr. Inácio Baião todavía
lo produce en tinajas de barro. No resultará difícil encontrar quien alabe los méritos del
milenario vino de tinaja, pero lo ideal es buscarlo en una de las calles de esta aldea y
probarlo. La amabilidad del Sr. Inácio, típica alentejana, no le negará el privilegio.
Estamos en São Matias, con la lejanía de la llanura extendiéndose ante nuestros ojos. Pero
en la lejanía del tiempo también existen tesoros que hallar. Uno de ellos es Inocêncio de
Brito, poeta popular cuya memoria y palabras todavía hoy resuenan en el tiempo. Falleció
en 1938, a los 85 años, pero son numerosos los relatos que nos llegan de sus hazañas
como poeta repentista. Uno de esos relatos, recogido por José Rabaça Gaspar, nos lleva
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a la feria de Castro Verde, donde se reunían el insigne poeta popular de Cuba, Manuel de
Castro, António Aleixo y nuestro Inocêncio de Brito. Como no podría ser de otro modo,
el pique era inevitable. Y en estas nostálgicas disputas de poetas podemos viajar, en una
época en la que el mundo se describía más en versos que números.
En el bar de carretera
Sentados en el bar de carretera, de esa larga IP2 que cruza el Alentejo, nos quedamos
con las palabras de Inocêncio de Brito resonando en el tiempo. Podemos reparar en el
trabajo del rocío en las casas mientras jugamos con técnicas ancestrales eligiendo marcas
o colores de los coches por venir. Casi cien años más tarde, son otros los medios de
transporte y São Matias se extiende así entre caminos; es un buen punto de partida, un
buen punto de llegada.
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TRIGACHES Y SÃO BRISSOS
Trigaches y São Brissos forman una unión de parroquias del municipio de Beja, con 68,26
km2 de extensión y 572 habitantes (2011), resultante de la reorganización administrativa
del territorio portugués que se llevó a cabo en el año 2013.
El origen del topónimo Trigaches está rodeado por una leyenda que reza lo siguiente: en
un día muy cálido y seco, en una época de hambre y miseria, un poderoso rey apareció
con su ejército para conquistar estas tierras y se libró una batalla entre el ejército y los
pocos habitantes del lugar. De repente, entre el clamor de la batalla, alguien gritó: «Señor,
señor, ¡trigo hallo! ¡trigo hallo! (trigo acho en portugués)». El rey, al escuchar estas pala-
bras, y como ya había conquistado las tierras, permaneció en ellas cultivándolas para su
propio sustento y el de la aldea. Y así surgió el nombre Trigaches.
Trigaches se creó como parroquia independiente por desanexión de territorio de la par-
roquia de Beringel y su patrona es la Virgen de la Concepción. La vieja iglesia de Trigaches
se demolió durante la década de 1940 y se construyó una nueva que mantiene el nom-
bre tradicional: N.ª Sr.ª de la Concepción. En ella se conservó, además de la patrona, de
piedra, una imagen de madera del mártir san Sebastián (siglo XVIII) y otra de san Agustín
(siglo XVIII).
En el aspecto económico, Trigaches es una parroquia rural en la que se cultivan cereales,
destacando especialmente la producción del trigo. La extracción de mármol también fue
una actividad de gran importancia. A mediados de los años 80, gran parte del material
extraído en Trigaches se exportaba a Alemania y se estima que, entre 1930 y 1970, más
de 50 % de los hombres de la aldea trabajaban en esta actividad.
En esta parroquia se celebran las fiestas en honor a la Virgen de la Concepción el primer
fin de semana de agosto y los festejos transcurren de viernes a lunes.
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La cal
En otra época, la cal fue una de las materias primas más importantes en la parroquia
junto con el carbón y el mármol. Podemos describir resumidamente el difícil proceso de
producción de este negocio, en aquel momento muy lucrativo:
Recoger grandes bloques de mármol que luego se rompían con un martillo específico,
llamado marrão, que pesaba entre 8 y 12 kg. A continuación, los trozos se llevaban a un
horno especial, hecho de piedra, muy similar a un pozo, donde permanecía cociéndose
durante varios días, pudiendo llegar a las dos semanas. Por tanto, era necesario vigilar los
hornos para que la cal no se quemara o para que el horno no se apagase. De esta forma,
los productores permanecían días y noches junto al horno. El humo blanco anunciaba
el final del proceso de producción de la cal, que después se colocaba en recipientes de
grandes dimensiones para su venta.
Si desea visitar lo que todavía queda de esta actividad en Trigaches, le recomendamos
que siga el sendero acertadamente llamado “Caminos de la cal”.
La cantera
En Trigaches también encontramos una cantera, un yacimiento arqueológico cuya
ocupación apunta al periodo del II milenio a.C. y la prehistoria reciente, una deducción
basada en el estudio de los restos aquí descubiertos, que se caracterizan por conjuntos
cerámicos de fabricación manual.
Aunque en la aldea todavía existen talleres que trabajan el mármol, la cantera cesó su
actividad hace varios años. Pero somos curiosos atraídos por el abandono; caminamos y
nos adentramos un poco más en el centro del trabajo vegetal y en la demorada oxidación
de las torres erguidas y abandonadas a su suerte.
Se puede llegar en coche o a pie por un camino que termina con un centenar de metros
de tierra batida.
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Con unos 100 habitantes (2011), São Brissos forma parte del municipio de Beja y se
encuentra a aproximadamente nueve kilómetros de la ciudad. Atraviesan la parroquia el
río Álamo y algunos barrancos. A lo largo de estos cursos de agua se encuentran varios
montes que obtienen beneficio agrícola de ellos y entre los cuales podemos mencionar
el monte de Diabrória, el monte de Arcediago, Fonte dos Cântaros, el monte de Torre
y el monte de Monvestido. Hoy en día, a escasos cientos de metros, encontramos el
aeropuerto de Beja, señal de modernidad, pero São Brissos nos trae vestigios de otra
antigüedad. La arqueología de la región a la que pertenece, con construcciones dolménicas
y fortificaciones castreñas, permite deducir que el poblamiento en el territorio de São
Brissos se remonta a la época prerromana. La misma aldea es antigua, ya que existen
registros que datan de 1534, con motivo de la visitación eclesiástica, que relatan la
existencia de 53 habitantes. En 1721, la aldea tenía 207 personas de sacramentos y 99
menores. En el año de 1758, existían 88 fuegos. Se piensa que São Brissos nació a partir de
la explotación del monte de Torre, muy cerca de su periferia. Los más ancianos de la aldea
relataron que las casonas, que servían de apoyo a la práctica agrícola, y las viviendas de
los trabajadores del monte de Torre estaban donde hoy se encuentra la aldea. El edificio
de la iglesia parroquial de São Brissos es una de las construcciones más antiguas (sino la
más antigua) de la aldea, cuya edificación está muy próxima al año 1500, puesto que ya
existía en 1534 cuando se produjo la visitación eclesiástica. El templo está aislado, al sur
de la población, junto al cementerio público, y se construyó en una posición dominante,
con la fachada hacia poniente. Se construyó siguiendo el estilo tradicional ruralista del
Alentejo, en mampostería de piedra encalada de blanco.
Como las cifras indicaban que este sería uno de los lugares menos habitados del municipio,
nos esperábamos pocas casas, quizás desordenadas, en un tejido urbanístico aleatorio, y
un entorno envuelto por el silencio. Nos encontramos una aldea con forma oval, toda ella
concentrada en una extensión mínima, con casas pegadas unas a otras que crean un núcleo
cohesionado y elegante. El centro lo marca una plaza amplia, empedrada, con algunos
árboles, varios bancos y el zumbido de las avispas. El silencio es total y la belleza, también.
La calma de São Brissos es extraordinaria. Más completa que el sosiego de otros lugares del
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municipio, con la particularidad del sonido de los aviones en una dirección y de las
llanuras interminables en la otra, por el olor a la ropa recién lavada que una señora tiende
delante de nosotros, por la incoherencia de un restaurante que nos recibe (restos de una
esperanza abrigada bajo las alas del aeropuerto), porque todo transmite bienvenida, por
poco no decidimos comprar una casa allí, si es que hay, y allí quedarnos.
Así son algunas de las sorpresas que se dejan para el final.
Solamente cinco kilómetros de distancia separan el centro de la ciudad de Beja del
lugar de Penedo Gordo. En los libros y asuntos oficiales aparece inscrito en el dominio
de la parroquia urbana de Santiago Maior. Lo añadimos a este periplo porque Penedo
Gordo respira los aires del campo y en él se puede encontrar tranquilidad y la belleza.
El origen de Penedo Gordo se encuentra en el n.º 10 de la calle Miguel Fernandes. Aquí
se construyó la primera casa en cuyo patio había una enorme roca la cual, por su forma,
se podía escalar y divisar desde ella todo el campo alrededor. Este fue el símbolo natural
que dio nombre al lugar. Actualmente, la roca también la comparten el n.º 10 y el n.º 12
de la calle General Humberto Delgado. En este lugar, la familia Almodôvar Fernandes,
propietaria de varias fincas, empezó a construir viviendas para los trabajadores de sus
tierras. Debido a la topografía del terreno, este lugar se expandió hacia el suroeste y,
posteriormente, al oeste se construyó un molino para moler cereales junto a la carretera
que conecta Beja y Aljustrel.
De Penedo Gordo también podemos escuchar la leyenda de la fuente de Cavadas, que da
su nombre a la feria local. Símbolo de esta tierra, cuenta la leyenda que hace muchos años
vivieron en esos terrenos un toro y una serpiente que intentaban delimitar el territorio
para asegurarse su existencia. Se enfrentaron hasta que llegó un hada que decretó que
ambos se transformarían en fuente y en río que juntos cavarían, saciando así la sed de los
campos y de los hombres y mujeres que por aquí pasaran.
También existen hitos que documentan la historia reciente de este lugar como la Casa
del Pueblo construida en 1943; un espacio de gran importancia cultural, política y social,
lugar de reunión predilecto de la población. La escuela primaria se construyó en 1954,
en el lugar donde todavía sigue activa. Los visitantes también pueden vislumbrar una
estación de tren, construida en 1961 para responder a las necesidades de la población
que trabajaba en Beja.
A poco más de tres kilómetros de Penedo Gordo encontramos un testigo más de otros
tiempos lejanos, de otros modos de cultivar la tierra y de otros propietarios: la villa romana
de Pisões. Pensamos en Gaio Atílio Cordo, cuyo esclavo, de nombre Catulo, le regaló un altar
de mármol dedicado a Salus, la diosa de la felicidad y de la salud. Esto nos lleva a pensar que
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su beneficiario, Gaio Atílio Gordo, pudo ser, de hecho, uno de los propietarios de la villa
en el siglo I d.C.
Descubierta accidentalmente en febrero de 1967, durante unos trabajos agrícolas, la villa
de Pisões ofrece datos que permiten entender todo el entorno rural que aún hoy define
la zona de Beja. En la época de Pax Julia, eran villae como esta el pulmón de la actividad
productiva de la llanura.
Ocupa una extensión de aproximadamente 30 000 m2, aunque solo una de sus zonas haya
sido removida por el paletín de los arqueólogos: la pars urbana, es decir, la residencia del
propietario. Bien conservada, esta casa nos permite viajar en el tiempo y vislumbrar lo
que fue este edificio con más de cuarenta estancias dispuestas alrededor de un patio
central abierto llamado peristilo. En algunas de las estancias se pueden apreciar los
bellísimos y minuciosos mosaicos que decoraban el suelo que pisaba cada uno de estos
romanos. Cabe destacar igualmente el centro termal de la villa, también visitable, y uno
de los ejemplos de baños privados más relevantes de Portugal.
Partimos pensando en Gaio Atílio Gordo. El rastro serpenteante de este ir y venir a un
pasado solemne y común a los habitantes de esta villa romana es el de quien difuminó
las diferencias cronológicas por un sentimiento más amplio. No podemos estar seguros
de que el paisaje que nos observa sea similar al paisaje de entonces o de si nuestros
rostros expresan las emociones de los rostros de entonces. Pero, sin duda, compartimos
el mismo territorio y el mismo viento del sur, que mece la hierba cuando nos damos la
vuelta y parece llegar desde muy, muy lejos.
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Vemos el molino al pasar por la carretera de entrada a la ciudad y que parece un verdadero
guardián que contempla pasivamente a quien pasa. Cuando por fin lo visitamos,
conocemos a Francisco Soares, propietario del molino y de la vivienda adyacente, que
cuenta también con un horno de leña y un porche. Todos los fines de semana pernocta allí
con otros familiares y está acostumbrado a hacer breves visitas al interior del molino para
explicar a los que allí llegan el antiguo funcionamiento de las piezas, que ahora descansan.
Él es el cuarto miembro de la familia que se convierte en señor del molino, una aventura
genealógica que comenzó su bisabuelo.
El Sr. Soares nos cuenta que compró el molino a sus cuatro hermanos en 1999 y que,
en aquel momento, se encontraba bastante deteriorado, tras llevar más de veinte años
inactivo. Sin medios económicos pero muy consciente de la necesidad de conservar ese
valioso patrimonio, pidió un préstamo bancario para proceder a su recuperación y, en
el verano de 2006, bajo la coordinación de Caetano Guerreiro, maestro molinero de las
proximidades de Odemira, se comenzó a la restauración.
Nos describe brevemente lo que era el día a día en el molino grande, es decir, nos nombra
algunas de las tareas rutinarias del molino de viento y, encantados con sus palabras y
gestos, empezamos a vislumbrar a un hombre tamizando y a otro aventando, cómo se
mojaba el trigo en la alcofa y luego se ensacaba, el saco apoyado contra la pared, a lo alto,
o una pila de sacos para moler al final del día o al día siguiente. E intentamos imaginar la
magnitud de tareas como el picado de las muelas o, incluso, su sustitución.
Salimos de esta arcaica construcción agradecidos por lo aprendido y por la amabilidad
del anfitrión. La ciudad está ahí mismo, en el horizonte cercano, y en el paisaje próximo
hay niños que andan en bicicleta mientras el crepúsculo se transforma en un manto de
múltiples colores característico de estos nuestros y, ahora, también, suyos, campos de
Beja.
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Beringel
Festividades
Sabores en el Barro - último fin de semana de
marzo
Fiesta de aniversario del Grupo Motard - 6 de
abril
Fiesta en honor a N.ª Sr.ª de la Concepción - 2.º
fin de semana de septiembre
Restaurantes
O Hortinha - 925485005
Albernoa A Tasca do Moleiro - 966073584
Snack Bar Girassol - 284998076
Festividades Clube de Caçadores de Beringel e Mombeja -
Feria Anual de la Tercera Edad - junio 967930858
Fiestas en honor a N.ª Sr.ª de la Luz - agosto Alojamientos
Encuentro de grupos corales - septiembre Augusto Silva (AL) - 965456683
Paseo todoterreno - diciembre
Restaurantes Cabeça Gorda
Campo do Caroço - 963009095
Sabor Alentejano - 284965259 Festividades
Herdade da Malhadinha Nova - 284965211 Silarca - Festival de la seta - 2.º fin de semana
Herdade dos Grous - 284960000 de marzo
Alojamientos Pruebas de bicicleta de montaña Terras de
Herdade dos Grous (TR) - 284960000 Mato - finales de mayo
Herdade da Malhadinha Nova (TR) - Semana cultural - julio/agosto
284965432 - 969662876 - 966508847 Fiestas en honor a San Luis - 2.º fin de semana
Casa na Aldeia (AL) - 0033699761964 de agosto
Venda Grande (AL) - 284965432 Magosto (celebración del día de san Martín) -
noviembre
Baleizão Restaurantes
Casa de Pasto O Caçador - 284401982 -
Festividades 967243108
Celebración del 25 de abril - 24 y 25 de abril D.João - 284947223
Festival los Pequeños - 31 de mayo y 1 de junio Casa Pasto O Largo - 962163176
Festival de la Juventud - 26 y 27 de julio Alojamientos
Celebración de san Martín - noviembre Monte da Corte Ligeira (TR) - 284947216 -
Restaurantes 284947391 - 965804050
Casa de Pasto Central - 284924143 Monte da Lapa (TR) - 927162832
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Mombeja Alojamientos
Casa de Pisões - (AL) - [email protected]
Festividades Herdade do Vau - (TR) - 911793446
Celebraciones del 1 de mayo
Fiesta tradicional en honor a Santa Susana - Salvada
finales de julio principios de agosto
Festividades
Nossa Senhora das Neves Baile de Pinha - Semana Santa (Sábado Santo)
Mastros Populares - junio
Festividades Sabores de la Aldea - 6 y 7 de julio
Fiesta de N.ª Sr.ª de las Nieves - principios de Semana Cultural - última semana de agosto
septiembre (variable) Fin de Semana de la Juventud - 3.er fin de
Culturneves - Semana Cultural y Deportiva de semana de octubre
Neves. Fiesta en honor a N.ª Sr.ª de la Concepción - 8
Festival del Grano (en Vila Azedo) de diciembre
Restaurantes Muestra de repostería - diciembre
Toy Faróis (Porto Peles) - 284361130 Restaurantes
A Taberna do Cesário (Porto Peles) - 284331383 Café “os Palmas” - 284 947077
- 967798590 Café do Mercado - 284947301
Casa de Pasto Pôr do Sol O Martelo - 284331456 Snack Bar “ A Montaria” - 284 947538
Alojamientos Quinta do Castelo Restaurante – 939189272
Terras Agro Turismo e Vinhos (TER) - 969071051 Alojamientos
Monte Manjoa (AL) – 939989874 Quinta do Castelo (AL) – 939189272
Monte Capitão (AL) – 91844356
Santa Vitória
Penedo Gordo
Festividades
Festividades Semana Cultural - finales de mayo (incluye
Feria de Cavadas - abril siempre el Día del Niño)
Restaurantes Fiesta en honor a santa Victoria - 2.º fin de
Snack Bar Katspero - 969025623 semana de agosto
Restaurantes
Quintos Versátil Vila Galé Clube de Campo - 284970100
Sabores do Monte - 284070378
Festividades Alojamientos
Baile de Pinha - 1.er fin de semana de febrero Casa do Roxo (TR) - 284400592 - 934467862 -
Fiesta de N.ª Sr.ª de los Remedios - mes de julio 936236838
o agosto (variable) Agro Turismo do Roxo (TR) - 284070282 -
Restaurantes 933728601
Snack Bar Guadiana - 284893180 Vila Galé Clube de Campo (Hotel Rural) -
Café Xico Engrola - 284893101 284970100
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S. Matias Restaurantes
Toca dos Caçadores - 284998409
Festividades Adega dos Pisões - 284998613
Fiesta anual N.ª Sr.ª del Rosario - último fin Alojamientos
de semana de julio Rosa do Campo Casa da Avó (TR) - 284323578
Restaurantes Rosa do Campo Casa do Tio João (TR) -
D. Garfo - 284915343 284323578
O Chaparral - 284915414
Trindade
Santa Clara do Louredo
Festividades
Festividades Baile de máscaras - 2 de marzo
Baile de Carnaval - febrero Baile popular de San Juan
Baile de Pinha - abril Fiestas tradicionales en honor a N.ª Sr.ª de los
Media Semana Cultural de la Asociación Remedios - 2.º fin de semana de septiembre
Animus Joven - junio/julio Feria del Vino - noviembre
Fiesta de santa Clara - mes de agosto (variable)
Restaurantes Restaurantes
O Inácio - 284320236 Café Snack Bar Riba-Terges - 284952103 -
Monte do Meio - 284361114 968757975
O Duro - 284361060 Alojamientos
Alojamientos Agro Turismo Xistos (TR) - 284321483 -
Quinta D. João (AL) - 912545445 964814928
Monte da Molaneta (AL) - 927870550
S. Brissos Herdade da Mingorra (AL) - 284952004 -
934966639
Festividades
Fiesta en honor a san Brissos - 20 y 21 de julio
Restaurantes
Raposo - 963168989
Snack Bar da Ester - 965148459
Alojamientos
Monte da Diabrória (TR) - 284998177 -
967454078
Trigaches
Festividades
Fiesta de N.ª Sr.ª de la Concepción - 1.er fin de
semana de julio
TR - Turismo Rural
AL - Alojamiento Local
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