El día domingo hemos recibido una noticia muy alentadora de Dios; sabemos que
Dios no desecha a sus elegidos y hay pueblo en la comunidad kichwa, incluso si tu no eres
parte de esa comunidad, hay elegidos en tu familia que todavía no han conocido a Dios.
Ahora, si se acuerdan, yo les dije que si bien Dios no desecha a su pueblo; él demanda que
creamos en el y aprendamos a vivir como el quiere que vivamos. También les indique que
las reuniones de semana son espacios en los que ustedes podían aprender a vivir la fe en
Cristo. Y hoy hablaremos un poco de eso. ¿Qué significa ser un discípulo de Jesús?
El evangelio de Lucas es una narración ordenada que nos ayuda a aquellos que ya
conocemos algo del cristianismo. Es un libro de discipulado en el cual se presenta a Jesús,
no como un mero personaje judío, sino como el Salvador del mundo. Algunos comentaristas
dicen que Lucas tenía una preocupación pastoral por las necesidades de los lectores.
No hay otro evangelio que haya enfatizado con más claridad la profundidad de la
misericordia de Dios, al mismo tiempo que ninguno ha expresado con más fuerza los
reclamos de Jesús. Aquellos que pretendían ser discípulos recibían la advertencia de que
debían tener en cuenta el costo, negarse a sí mismos y seguir diariamente a Jesús.
Nos encontramos en el camino a Jerusalén
Por el camino con el Hijo del Hombre (9:51-15:32)
Su ministerio en el camino a Jerusalén
Siempre que leamos un pasaje pregúntate: ¿Cómo me ayuda esta parte del Evangelio
a saber con seguridad que Jesús es el Cristo?
Cada vez que se produce un encuentro con Jesús, identifica las maneras en que alguien
está “perdido” Seguir a Jesús requiere que los aspirantes a discípulos estén dispuestos a dejar
atrás su entorno familiar, su ocupación y sus seres queridos. Desafía a los cristianos a
reconsiderar su fe y estilo de vida a la luz de las enseñanzas de Jesús. Este texto se puede
incluir en la larga lista de «enseñanzas difíciles» que nos encontramos en los Evangelios.
Exhortación
hay un final abierto. No sabemos si el voluntario respiró hondo, dio un paso adelante
y se unió a los demás discípulos, o si, sorprendido por el precio que tenía que pagar y ante la
idea de un líder rechazado, dio media vuelta y se volvió por donde había venido. Está claro
que este voluntario es un reflejo de aquellos que en todas las épocas se ofrecen rápidamente
para seguir a Jesús, antes de pensar seriamente en el precio y las implicaciones que tiene
seguir a un maestro rechazado y sufriente.
1. Los aspirantes a discípulos de Jesús a veces no consideran seriamente el coste del
discipulado.
2. Jesús es el Hijo del hombre. Pero su ministerio no es un camino de victorias y
ovaciones, sino de rechazo y humillación.
3. Los aspirantes a discípulos no son aceptados hasta que deciden conscientemente
pagar el precio de seguir a un líder rechazado.
4. En la misión hay una fuerza centrípeta. Algunos discípulos deciden seguir a Jesús
porque les atrae la compañía de los fieles.
SEGUNDA
La expresión «enterrar al padre» es un modismo tradicional que hace referencia al
deber de un hijo de quedarse en casa y cuidar de sus padres hasta después de haberles hecho
un entierro digno.
«La lealtad a Jesús y el reino que él inaugura es más importante que la lealtad a las
normas culturales de tu sociedad».
1. Jesús no acepta que haya otra autoridad mayor.
2. Las demandas culturales de la comunidad no son excusas aceptables cuando uno
se plantea el discipulado (independientemente de lo antiguas y sagradas que estas sean).
3. El «sígueme» de Jesús queda definido por el mandamiento de «participar en y
proclamar el reino de Dios». Así, Jesús es el único agente de Dios a través del cual podemos
expresar nuestra obediencia al reino de Dios.
4. En la misión hay una fuerza centrífuga. Esta persona recibe un llamamiento. No es
un voluntario. Jesús se acerca a él para llamarlo.
TERCERA
el hombre de nuestro texto está diciendo que le deje ir a casa a pedir permiso a «los
que están en mi casa» (es decir, a sus padres). Todo el que estuviera escuchando aquella
conversación sabía que era normal que el padre no le diera permiso para irse a formar parte
de una empresa cuestionable. Por tanto, ese hombre ya tenía la excusa preparada. Por mucho
que llore o insista, su padre no le va a dejar marchar.
está diciendo: «Te seguiré, Señor, pero obviamente la autoridad de mi padre es mayor
que tu autoridad y necesito tener su permiso antes de marchar».
Queda claro que arar era una operación muy delicada; al principio, se hacían franjas
anchas para la absorción del agua. El siguiente paso era hacer surcos que sirvieran para la
desecación. En tercer lugar, se araba de nuevo para preparar la tierra y, por último, después
de la siega se cubría la semilla. Está claro que quien quisiera llevar a cabo esta
responsabilidad tenía que estar dispuesto a concentrarse completamente en lo que estaba
haciendo.
Se pretende ilustrar una tensión entre, por un lado, la lealtad a Jesús como inaugurador
del reino de Dios y sus demandas y, por el otro, la lealtad a la autoridad de la familia. Ambas
lealtades son una prioridad para cualquier cristiano. Cuando entran en conflicto, se trata de
un conflicto altamente doloroso.
1. El llamamiento del reino de Dios debe ponerse por delante de
todas las demás lealtades.
2. El discípulo con lealtades divididas es perjudicial para la obra del
reino y, por tanto, no es apto para formar parte de él.
3. Seguir a Jesús no es sentir el brillo de una luz interior o hacer un
descubrimiento intelectual, sino que se compara con una tarea
creativa, pero dura y exigente, como poner la mano sobre el
arado y unirse a un equipo de bueyes.
4. El servicio en el reino de Dios es sinónimo de seguir a Jesús. Por
tanto, Jesús es el único agente de Dios por el cual podemos
expresar nuestra lealtad a Dios. Es decir, servir/seguir a Jesús es
servir/seguir a Dios.