Ve a los tuyos y cuéntales
Marcos 5:18-20
En nuestro pasaje de hoy Marcos nos dice que después de pasar una noche difícil en el mar,
Jesús y sus discípulos llegaron a la región de los gadarenos. La noche en el mar había
estado cargada de fuertes emociones, el temor de los discípulos ante la tempestad y luego
ante el Señor cuando calmó el viento y el mar, pero las emociones fuertes no habían
terminado, porque cuando llegaron a la orilla, vino corriendo hacia ellos un hombre
desnudo, herido y gritando, era un hombre completamente descontrolado, como un animal
salvaje y nadie tenía fuerzas para dominarlo, lo habían atado, pero rompía sus ataduras, era
un hombre poseído por el demonio. Era un hombre que se pasaba el tiempo gritando en los
montes y en los sepulcros, eso nos habla de su angustia, del dolor y el tormento que tenía,
se lastimaba mientras iba de un lado a otro, algunos comentaristas dicen que esa era la
forma en que buscaba librarse de su tormento.
Pero cuando llegó a la presencia de Jesús, las cosas cambiaron, la gente de la región tenía
miedo del endemoniado, pero ahora el endemoniado tenía temor de Jesús, porque sabía
quién era Jesús y por eso le preguntó: ¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo?
Esa pregunta nos dice que no se trataba simplemente de un hombre que estaba loco, era un
hombre poseído por demonios que conocían la verdadera identidad de Cristo, así que el
endemoniado reconoció inmediatamente a Jesús, es por eso que su primera reacción fue un
temor que lo llevó a postrarse ante Jesús.
Jesús no le respondió en lugar de eso le preguntó: "¿Cómo te llamas? Esta es la única vez
que vemos que Jesús habla con los demonios, no hay otra referencia a algo así, lo que
podemos notar es que la respuesta de aquel hombre revela que no era él quien hablaba
porque no dio el nombre que sus padres le habían puesto cuando nació, dio un nombre que
describía su condición espiritual, y dijo: “legión me llamo; porque somos muchos.” Y le
rogaban a Jesús que no los envíe fuera de esa región, le dijeron a Jesús "Envíanos a los
cerdos para que entremos en ellos" Jesús les permitió que fueran a los cerdos, pero cuando
entraron a los cerdos éstos se precipitaron por el despeñadero y murieron.
Una vez que los demonios salieron de aquel hombre, el cambio fue radical, ahora estaba
con Jesús sentado, vestido y en su juicio. Nadie había podido conseguir hacer algo por este
hombre, Jesús lo libero de los espíritus inmundos, y lo restauro, ya no era el loco que
andaba desnudo gritando día y noche por los sepulcros e hiriéndose con las piedras, era un
hombre nuevo, y eso gracias a Jesús. Eso es precisamente lo que hizo Dios por nosotros,
Dios nos amó tanto que dio a su Hijo Unigénito para que seamos restaurados, justificados,
liberados del pecado.
Es curioso que los habitantes de Gadara tuvieran temor de Jesús, aparentemente tenían más
miedo del poder restaurador de Cristo que del demonio, así que decidieron que lo mejor era
que Jesús se fuera de allí. Ver al endemoniado en su nueva condición, debería haberles
llenado de gozo y admiración por la obra de Jesús en él, pero aquellos hombres se habían
sentido golpeados en donde más les dolía: su dinero. Como consecuencia de la liberación
del endemoniado, ellos habían perdido un gran hato de cerdos, por lo tanto, no podían sentir
alegría por nada de lo ocurrido, no valoraron todo el bien que Jesús había hecho por un
hombre que sufría, para ellos era primero los negocios que el bienestar espiritual.
Hoy en día no es diferente, para muchos cristianos también es así, prefieren a Cristo lejos
de ellos por temor a que su comunión con él sea causa de alguna pérdida material, social,
económica, relacional o placentera, muchos se han perdido por tratar de salvar sus bienes,
por su vida social o por sus gustos y placeres. Es muy triste, pero es algo que ocurre con
mucha frecuencia, cuando un pecador se convierte a Cristo y su vida cambia, las personas
que le conocían antes, en lugar de alegrarse y convertirse ellas mismas, prefieren alejar al
cristiano y a Cristo de sus vidas, e incluso intentan persuadir a la persona para que él
también deje a Cristo.
Cuando el Señor ya se iba con sus discípulos, el que había estado endemoniado le rogaba
que le dejase estar con él. La petición era evidencia de la nueva vida que ahora tenía, este
hombre que había sido salvado deseaba estar con él, sin embargo, el Señor no se lo
permitió, sino que le dijo: vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntale cuan grandes cosas ha
hecho Dios contigo. Cuando comenzamos esta historia nos encontramos al endemoniado
viviendo sólo, en los sepulcros, con esta orden Cristo estaba restaurando a este hombre
social y familiarmente, pero también nos dice que el hogar es el primer lugar donde el
creyente debe dar evidencia de su nueva vida, la verdadera conversión se muestra primero
en casa, no es coherente hacer grandes esfuerzos por dar testimonio en otras partes del
mundo mientras se descuida a la familia, a los amigos, a los conocidos, a los compañeros
de trabajo o de escuela, es por eso que el Señor le dio una misión específica: "Ve a tu casa,
a los tuyos…". Siempre hemos visto cuando la salvación llega a una persona Dios la usa
para alcanzar a toda la familia, Dios no separa a los hombres de sus familias, por el
contrario, los compromete y los hace responsables de hablarle a todos los demás miembros,
es por eso que Jesús le dice a este hombre, regresa, ve con tu familia, con tus amigos, con
tus compañeros, y se agradecido con Dios por tu salvación y cuéntales a ellos las grandes
cosas que Dios hizo contigo. Sin pensarlo dos veces aquel hombre "Comenzó a publicar en
Decápolis" y lo hacía con gozo y gratitud, no esperó a llegar a su casa, empezó donde
estaba, eso es ser agradecido con Dios, no se quedó callado.
El Señor dice: “cuéntale a los tuyos cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo y como
ha tenido misericordia de ti”. Yo pregunto: ¿Qué ha hecho Dios por ti? si conoces la
historia entonces podrás decir que Dios dio a su Hijo unigénito para que todo aquel que en
él cree no se pierda sino que tenga vida eterna, hace casi dos meses celebramos la historia
ahora del nacimiento de Jesús en un establo, y ahora estamos hablando de su vida, y en
menos de cuarenta días estaremos hablando de lo que pasó en el Getsemaní cuando sufría
por nosotros sudando gruesas gotas de sangre pidiendo que si era posible pase de él esa
copa, pero por sobre todo pedía que se haga la voluntad del Padre, después lo vemos
recibiendo bofetadas y latigazos en su espalda, fue al Calvario en donde sus manos y pies
fueron traspasados, hasta morir en una cruz para darte la salvación. Como cristianos
debemos contar lo que Dios ha hecho por nosotros, pero por lo general somos ingratos
porque recibimos tanto y no somos capaces de contárselo a nuestra familia que no cree en
Dios, a nuestros amigos, a nuestros compañeros, a nuestros conocidos.
¿Qué tan difícil, es decir lo que Jesús hizo por nosotros? El hombre que fue sanado se fue, y
comenzó a decir cuán grandes cosas había hecho Jesús con él. Yo creo que obedecer el
mandamiento no es complicado, este hombre solo tenía que contar su historia, solo tenía
que hablar de su experiencia con Dios, solo tenía que dar su testimonio. "Vete a tu casa, a
los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido
misericordia de ti." Eso es lo que tenemos que hacer nosotros, no se trata de ir a predicar,
no se trata de hacer todo un estudio de un pasaje bíblico, hacer un bosquejo y predicar un
sermón, Jesús nunca ordenó que hagamos eso. No se trata de dominar algún tema doctrinal
y exponerlo, no se trata de convencer a las personas de aceptar a Jesús, no se trata de ir a
casa y decir lo que han sentido, se trata de lo que Dios ha hecho en ustedes, la mejor
historia y la más interesante que puedes contar es la tuya, es tu experiencia con Dios. Si
quieren que su familia, sus amigos, y conocidos sean salvos solo cuéntenles lo que ustedes
han visto hacer a Dios en sus vidas, cuéntenles cómo el Señor los encontró, cómo doblaron
sus rodillas, para pedir a Dios con una actitud humilde que les libere de sus pecados,
cuéntenles como derramaron su alma delante de Dios, y cómo al final Dios limpió sus
vidas, rompió las cadenas del pecado, borró sus rebeliones, y les mostró su amor, gracia y
misericordia, eso es todo lo que tenemos que hacer. ¿Lo haremos?