Universidad Autónoma Metropolitana: Animalidad Y Conocimiento. La Producción Del Otro en El Quehacer Científico
Universidad Autónoma Metropolitana: Animalidad Y Conocimiento. La Producción Del Otro en El Quehacer Científico
Unidad Xochimilco.
Presenta
Directora de Tesis
1
Resumen.
El objetivo general de este trabajo es analizar el modo en que se producen los
animales en el contexto de la investigación científica dentro del campo biomédico.
Considerando el modo en que se configuran determinadas formas de animalidad en
ciertas condiciones sociales, tanto simbólicas como materiales.
Para esta finalidad se realizó trabajo de campo en dos laboratorios, uno de
farmacobiología ubicado en el CINVESTAV sede sur, y el otro de neurociencias en
el Instituto de Fisiología Celular de la UNAM, ubicados ambos en la Ciudad de
México. Se realizaron entrevistas y observación participante en ambos espacios
para analizar las formas de interacción entre humanos y animales bajo el contexto
de la experimentación.
Se realizó un análisis de las condiciones de producción en los bioterios y en los
laboratorios, antes, durante y después de la experimentación para conocer los
procedimientos en los que se ven involucrados los animales y las formas de relación
que se dan entre estos y los humanos, a la vez que se encuentran inmersos en una
serie de relaciones semióticas y materiales.
A partir de una perspectiva transdisciplinaria y apoyándose en nociones
provenientes de la teoría posestructuralista, se fue pensando la problemática desde
diferentes campos, como son los animal studies, la antropología del giro ontológico,
así como las discusiones llevadas a cabo en el constructivismo y el neomaterialismo
desde la sociología y la historia de la ciencia. Todo esto para arribar a una
perspectiva teórica que permitiera pensar a los animales como parte constitutiva de
la producción científica, entendiendo esta como una actividad social de
interacciones múltiples.
Con base en esto se realiza una reflexión crítica desde la psicología social para
repensar la noción clásica de subjetividad para proponer nuevas formas de
(re)conocimiento que involucren a los animales en estas áreas.
Palabras Clave: Animales, Ciencia, Laboratorio, Conocimiento, Subjetividad.
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Abstract.
The general objective of this work is to analyze the way in which animals are
produced in the context of scientific research within the biomedical field. Considering
the way in which certain forms of animality are configured in certain social conditions,
both symbolic and material.
For this purpose, fieldwork was carried out in two laboratories, one of
pharmacobiology located at CINVESTAV sede sur, and the other of neuroscience at
Instituto de Fisiología Celular of UNAM, both located in Mexico City. Interviews and
participant observation were conducted in both spaces to analyze the forms of
interaction between humans and animals in the context of experimentation.
An analysis of the production conditions in the vivarums and in the laboratories was
carried out, before, during and after the experimentation to know the procedures in
which the animals are involved and the forms of relationship that occur between
them and humans, while they are immersed in a series of semiotic and material
relationships.
Based on this, a critical reflection is carried out from social psychology to rethink the
classical notion of subjectivity to propose new forms of knowledge that involve
animals in these areas.
3
A mis padres.
4
Agradecimientos.
5
Tabla de contenidos.
6
Animalidad Y Conocimiento. Introducción.
Michel Serres
7
explotación y destrucción de sus hábitats, como del lugar que ocupan en las ciencias
biomédicas.
Las disciplinas del saber sobre lo humano no han permanecido indiferentes ante
esta situación. A la par del aumento en la preocupación por el trato a los animales,
las disciplinas sociales y humanistas cada vez amplían más sus perspectivas hacia
esos otros que cohabitan con nosotros el mundo, en donde cada vez menos existe
un lugar en el que la actividad humana no intervenga.
En relación con los animales de laboratorio la literatura sobre ética animal abarca la
mayoría de las páginas escritas al respecto. La apuesta es generar un uso cada vez
más racional de los animales que evite sufrimiento y muertes innecesarias. En el
terreno de su puesta en práctica, en México, la implementación de la norma 062
(NOM-062-ZOO-1999) en el año de 1999 ha suscitado una serie de modificaciones
en la práctica científica. Aunque no es el objetivo particular de mi investigación
conocer el modo en que se ha implementado esta norma, el modo en que ha
trastocado la forma de hacer ciencia forma parte del panorama en que se desarrolla
mi investigación.
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mundial, movilizando más de 700 mil millones de dólares hasta el 2014 (Borja,
2018). Su intervención en la vida de los humanos es ya un acto ineludible en la vida
cotidiana, determinando formas específicas de sociabilidad y política. De igual
modo, los animales usados para experimentación forman parte de la vida cotidiana
de los laboratorios en ciencias biomédicas. Se estima que se mataron 192.1
millones de animales en el contexto de investigaciones científicas en el 2015 a nivel
mundial. (Taylor y Rego, 2020)
Sin embargo, los estudios de la ciencia desde una perspectiva social son más o
menos recientes. Las perspectivas críticas que evitan la separación de los aspectos
técnicos e intelectuales de los propiamente sociales (Latour y Woolgar, 1995)
abordando el tema de los animales de laboratorio como eje central son una línea
poco explorada en nuestro país. Esta perspectiva puede contribuir al modo en que
los científicos perciben su propia práctica, ya que generalmente los estudios
sociales son vistos como ajenos a la misma (Latour y Woolgar, 1995). Pensar a los
animales desde esta perspectiva favorecería la comprensión del modo en que la
ciencia se construye desde un universo material y simbólico que es ubicable de
manera sociohistórica, tomando en cuenta los distintos actores humanos y no
humanos que constituyen dicho proceso, en el que los animales ocupan un lugar
específico. Pero también, en el mejor de los casos, abonaría al debate desde una
perspectiva diferente, donde más que polarizar la discusión, aunaría al modo en que
la ciencia se vuelve una actividad propia, no sólo de los científicos sino de la
sociedad en general, y el modo en que los animales forman parte de esta.
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una explicación cabal desde las disciplinas propias, pues estas no salen ilesas del
cuestionamiento que plantean los objetos de esta investigación: animales y formas
de conocimiento. Así lo social y lo humano serán conceptos abordados desde
aquello que reprimen y retorna en forma de pregunta.
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se produce al mismo tiempo que participa; no se trata de definir su esencia o forma
específica, sino de explicar los flujos que este sigue, los procesos de formación que
desencadena.
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CINVESTAV donde trabajan de manera más específica farmacología de la conducta
sexual en ratas, así como pude observar y realizar entrevistas. En ambos casos
pude entrevistar a los encargados de los bioterios donde se lleva a cabo la crianza
de estos animales.
Respecto a este último punto en el primer capítulo describo el modo en que los
animales son criados bajo una serie de dispositivos que contienen y moldean su
cuerpo. Se trata de la elaboración de un instrumento, o mejor dicho de un bio-
indicador. La confinación de los animales y el control de las condiciones de crianza
se encuentran dirigidos a la elaboración de un material neutro, cuyas variables
puedan controlarse y permitan la elaboración de indicadores biológicos. El proceso
de homogenización, es decir, tratar que los ejemplares sean lo más parecido posible
entre sí, corre a la par de una disposición corporal a la experimentación. Dentro de
este proceso me pregunto sobre el modo en que sus cuerpos son producidos bajo
una serie de controles dirigidos a conformar su cuerpo como una hoja en blanco, o
bien, con una escritura fija, que permita controlar lo impredecible.
Así en el tercer capítulo me pregunto por el trato que le es dado a los animales, en
términos prácticos. Es decir, la bioética configura una serie de prácticas en torno a
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los animales que están reguladas normativamente, pero el modo en que los
investigadores y laboratoristas interactúan con los animales se relaciona más a un
ethos científico y al modo en que se da una interacción cuerpo a cuerpo. Dentro de
la práctica científica los investigadores aprenden una serie de conceptos que
definen una forma particular de comprensión del mundo y de los materiales con los
que trabaja, lo que se podría llamar una cosmogonía en términos clásicos de la
antropología o paradigma en términos científicos. Sin embargo, el modo en que
trabajan, también responde al modo en que estos mismos materiales, incluyendo
los animales de laboratorio, requieren una disposición corporal específica del
investigador. Así los conceptos dados sobre los animales adquieren significaciones
más específicas de acuerdo con la experiencia que se suscita entre investigador y
animal, conformando ciertos imaginarios.
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los datos. El animal por su parte ofrece una serie de cualidades y respuestas que,
si bien se han buscado homogenizar, no son las mismas en todos los individuos,
por lo que fijarlas en la escritura se dificulta. En esta articulación ojo – animal se
hace necesaria la interpretación correcta de lo que se observa. Por un lado, para
observar las conductas se hace necesario un proceso de entrenamiento de los
animales y de los investigadores para homogenizarla. Posteriormente la conducta
debe ser aislada en términos fisiológicos para poder ver su origen molecular. Se
extrae el cerebro y mediante el microscopio y diversas técnicas de uso de
sustancias químicas se observa la actividad neuronal. Lo mismo ocurre con la
investigación in vitro que aísla las neuronas de los animales para excluir las
variables incontrolables que el animal vivo representa. Sin embargo, se considera
que la neurona continúa viva, y lo que se intenta explicar es, precisamente, la vida
¿De qué modo se relaciona lo que el investigador produce como evidencia y lo que
observa con la materialidad viva propia del animal? ¿Es esta materialidad viva lo
que constituye el conocimiento biomédico?
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Al final de la investigación el resultado es un escrito sobre el proceso mismo de la
investigación. La parte experimental es totalmente imprescindible pues la evidencia
es requisito para que la investigación sea considerada como tal. ¿Qué tanto la
experimentación, como producción de evidencia, legitima a la ciencia cómo saber?
¿De qué manera participan los animales en esto? Por un lado, la farmacología no
sólo genera conocimiento escrito en papel sino se dirige a crear sustancias que
modifican las escrituras corporales de los humanos. Las ciencias básicas, por su
parte, sólo buscan dar explicaciones certeras del mundo; sin embargo, se dice que
dirigen de algún modo las investigaciones aplicadas. Se reconoce que sin los
animales estas modificaciones mediante fármacos serían quizá imposibles de
realizar, pues se necesitan de cuerpos para su conformación.
El primer tema que había considerado estudiar fue el del veganismo como forma de
subjetivación, destacando el tema de la alimentación. Me interesaba de manera
particular la relación humano-animal que se establecía mediante la ética
alimentaria, apoyada esta, hipotéticamente, en una relación afectiva. Después de
un breve acercamiento al campo noté que, en dicha relación, aunque mediaban las
concepciones sobre los animales y lo animal, empíricamente no existía una
interacción con estos.
En algunos casos la interacción que ocurría con los animales podía observarse en
otras actividades como el rescate y reubicación de animales callejeros de compañía.
La dimensión afectiva, en este caso, cobraba particular relevancia al tratarse de una
relación de ida y vuelta, en la que los animales no sólo aparecían como una
representación abstracta y general, sino que la interacción dependía, en gran
medida, de la particularidad de cada animal.
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De este modo la temática se amplió hacia la relación de personas animalistas con
animales de compañía. Sin embargo, parecía existir cierto vacío en torno a mi
interés sobre la animalidad, es decir, el animalismo parecía seguir siendo el foco de
la investigación mientras que los animales aparecían sólo en un segundo plano. De
alguna manera comencé a observar más a los animales que a los humanos y el
modo en que estos se comportaban, lo que al mismo tiempo implicaba,
personalmente, una lectura interpretativa de su conducta sin poderla separar del
contexto social en el que se veían inmersos. Así noté que su corporalidad y su
conducta (al igual que la de los humanos) se encontraba configurada por la
interacción que estos tienen con el medio y, siendo el caso de estos animales, el
medio se trataba de uno creado por humanos, es decir, un contexto social.
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de escape y proximidad de los gatos ferales, o aquella claramente domesticada del
gato considerado como mascota.
A esta serie de redes simbólicas y materiales que configuran una determinada forma
en los animales, como profundizaré más adelante, le conferí la denominación de
animalidad. Así el tercer cambio de foco en mi investigación se dirigió a la
configuración de estas animalidades. En este punto el animalismo resultaba
estorboso para mi planteamiento así que opté por restarle importancia, dirigiendo
mi atención a diferentes animalidades que se configuran en el espacio urbano. De
esta decisión elegí varias duplas de configuraciones de animalidades distintas en
una misma especie o familia, por ejemplo, los ya mencionados gatos ferales y gatos
mascota, también consideré los peces para comer y los peces usados como
ornamento, los roedores de laboratorio y los roedores considerados como plaga.
Para esta perspectiva lo importante era analizar comparativamente las diferentes
configuraciones para apoyar mi hipótesis de las diferentes animalidades y
sistematizar la perspectiva teórica y metodológica resultante de esta exploración
empírica. De algún modo mi objeto se tornaba más bien conceptual, apelando a una
generalidad de casos para problematizar dicho concepto.
En esta exploración fue que comencé a realizar entrevistas a científicos que trabajan
con ratas para acercarme a la dupla mencionada de roedores. En estas entrevistas
también tuve acceso a la observación de un laboratorio y una cámara de estancia
de roedores. El concepto de animalidad mencionado me fue útil para pensar un
sinnúmero de relaciones entre los roedores y la actividad científica. Sin embargo,
una vez más las especificidades del campo desbordaron mi planteamiento. En este
caso la producción del conocimiento científico que corría a la par de la producción
de cierta animalidad capturó mi interés pues me permitió observar ciertas
especificidades en relación con la configuración de esta animalidad. Consideré que
en la comparación entre diferentes casos no me permitiría tal profundización, por lo
que más que entrever como relevantes las similitudes entre estos, me pareció de
mayor importancia la especificidad de cada caso. De este modo decidí profundizar
en la producción del conocimiento científico y su relación con la producción de una
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forma específica de animalidad. Es decir, el centro de mi tema ya no era el concepto
mismo sino la práctica que lo produce.
La discusión naturaleza-cultura.
Es cierto que han existido varias teorías que intentan dar cuenta de la relación entre
naturaleza y cultura. De acuerdo con Descola y Palsson (2001) podrían ubicarse
dos perspectivas, la que explica lo social desde la naturaleza como lo es la
sociobiología, la ecología cultural y la antropología marxista; y la que explica la
naturaleza a partir de lo social como la antropología estructuralista y simbólica. Sin
18
embargo, de acuerdo con el autor, ambas perspectivas repiten la misma dicotomía
al considerar a lo natural como aquello considerado universal desde las disciplinas
occidentales, mientras que las variaciones serían cuestiones totalmente relativas y
culturales.
De acuerdo con estos autores, ambas corrientes dan cuenta del modo en que la
concepción misma de naturaleza se ha ido modificando. Mientras que algunas
ciencias, como la sociobiología, consideraban a la naturaleza como un objeto
inalterable, pero al mismo tiempo como motor del progreso social, cuestión muy
ligada al Darwinismo, esta respondía a un contexto en el que se entendía que la
sociedad debía evolucionar de manera natural a un estado mayor de perfección. La
explotación de la naturaleza como recurso, y la competencia como sistema de
adaptación, ya sea entre la misma especie o con otras, aparece como un hecho de
la naturaleza propia del hombre.
Este ideal que se ve roto ante la crisis ambiental de mediados del siglo XX, ligada a
la escases de recursos y a la contaminación, producidos por la idea de progreso
(compartido tanto por las posiciones liberales y marxistas), y donde bajo evidentes
daños ambientales (como la marea negra, muertes masivas por contaminación e
intoxicación, accidentes nucleares, epidemias, agujero en la capa de ozono y el
calentamiento global) harán prevalecer la idea, sobre todo en el primer mundo
altamente industrializado, de un daño ambiental profundo producido por el ser
humano a escala global y que de no revertirse provocará el fin de la humanidad: el
Antropoceno (Trischler, 2017). La promoción de la ecología como ciencia, la difusión
científica internacional, el movimiento ambientalista y la preocupación ambiental por
parte de organismos internacionales conformarán el escenario donde se produce
una modificación en la concepción de naturaleza-cultura occidental (Estenssoro,
2007), pues el primero de estos términos ya no aparecerá como algo independiente
del segundo, sino por el contrario, se generará una interdependencia donde la
naturaleza aparece como algo plenamente modificable por la cultura y cuya
existencia depende de ella, por lo que la humanidad se convierte en guardián o
destructor de la misma (Arnold, 2000, citado por Estenssoro, 2007); Los avances en
19
genética, farmacología y trasplantes médicos, reforzarán la idea de la naturaleza
como algo maleable en función de la técnica, abonando a la idea de dominio sobre
ella, aunque también aumentando la discusión sobre la de responsabilidad
compartida (Haraway, 1991).
Esta crisis ambiental tendrá como contemporánea la crisis del humanismo, que se
verá reflejada en planteamientos e investigaciones tanto de las humanidades como
de las ciencias sociales. En donde la figura del hombre “en términos de sujeto
representativo, autónomo y propietario, que “objetiva” el mundo en ese espacio
interior de la conciencia” (Cragnolini, 2014, p.18) será fuertemente cuestionada,
interrogando a su vez las mismas fronteras disciplinarias. Dentro de este contexto
es que la animalidad, desde las ciencias humanas, será considerada ya no sólo
como algo a-cultural, que descansa incluso en el mismo humano mediante su
corporalidad, sino como producto, a la vez que productor, de un ordenamiento
cultural que establece ciertas relaciones, prácticas y formas de comprensión.
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bien pensando el nudo del conflicto entre ambas. De algún modo esta línea de
pensamiento me permitió concebir el modo en que la vida no queda reducida a un
carácter propiamente biológico y universal, ni tampoco a su producción semiótica o
cultural. Lo natural se vuelve también objeto de las ciencias humanas una vez que
el hombre no ocupa el centro. La animalidad entonces no sería aquello separado de
la cultura, sino que está en el corazón mismo de esta, latiendo. ¿Se vuelve entonces
posible no sólo el estudio de la animalidad del hombre como una producción de la
cultura sino de los animales mismos dentro de esta o como productores de la
misma? Así al preguntarme por el lugar social de los animales me pregunto por la
producción de su animalidad, producción tanto en el sentido pasivo como en el
sentido activo de la palabra, es decir, donde los animales participan activamente.
Lo social en este caso, de igual forma que lo animal, se trataría entonces de una
relación no sólo entre humanos o fuera de estos, sino entre humanos y no humanos.
21
humanos bajo la misma consideración legal universalista que a los animales
(Badiou, 2008)
Derrida (2010) por otra parte, retomará el tema para realizar una crítica
deconstructiva al antropocentrismo del pensamiento filosófico occidental,
mostrando como el tema de la animalidad devela lo que llama el sistema de poder
carno-falo-logocéntrico. Para este autor el animal será una metáfora empleada en
22
el pensamiento filosófico occidental para definir lo propiamente humano mediante
una diferenciación jerárquica, excluyendo a los animales de una consideración ética
ya que, en tanto son considerados autómatas, carecen de respuesta, pues tan sólo
reaccionan: son mirados, pero no miran: otredad radical que queda excluida de toda
relación ética (Derrida, 2008). Se establece de este modo una dualidad identitaria
en la que prevalece la soberanía de uno sobre otro. Así la figura del soberano
implicará un poder tal que lleva al sacrificio del animal y a la vivisección de su carne
para su apropiación en un saber-tener. Este modelo político conforma la figura del
Soberano como un hombre, blanco y racional, que se encuentra autorizado a
disponer del cuerpo de los considerados Otros para su control y sacrificio (Derrida.
2010). Lo que incluye a los animales, pero también a otros cuerpos sub-
humanizados como el de la mujer y el del esclavo. Pensando la relación intrínseca
entre la figura del soberano y la bestia, como formaciones del pensamiento
occidental.
Desde la línea biopolítica se seguiría cierta línea teórica que analiza el modo en que
las conceptualizaciones sobre lo animal inciden en ciertas prácticas que llevan a los
seres clasificados bajo este término, generalmente, hacia su explotación: ya sea
corporal o epistémica, y a su sacrificio; sin dar por hecho la naturaleza propia del
animal, como en el caso de las teorías anglosajonas. Considerando su explotación
en el contexto político y no sólo en relación con la obligatoriedad moral. Desde mi
perspectiva, en esta línea de estudios se inscribiría Donna Haraway (1991) en su
estudio sobre la ciencia moderna, Gabriel Giorgi (2014) en su estudio sobre las
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representaciones literarias de los animales, o en relación a su producción y
consumo, propuesta realizada por Nicole Shukin (2008) .
Me parece que Derrida da con un punto central que atraviesa todo el tema de la
animalidad en occidente: la otredad. Ya sea que se busque definirlos como sujetos
de consideración moral, o bien, se genere una serie de dispositivos alrededor de
ellos para su clasificación y separación con lo humano, el tema de la otredad
atraviesa todos estos campos. En este sentido han sido importantes los estudios de
la animalidad en el pensamiento de Derrida o desde una perspectiva derridiana,
tales como los de Leonard Lawlor (2007), Mónica Cragnolini (2012, 2016), Julieta
Jelin (2015) y Anahí González (2016). La consideración ética hacia los animales
desde esta perspectiva estaría basada en la diferencia más que en la posible
semejanza; se cuestiona el régimen que produce dicha diferencia como inferior a la
vez que se cuestiona el lugar que esa otredad tiene en la constitución de lo propio.
La relación con los animales en el campo de la psicología social parece ser un tema
marginal. Desde la psicología social Moscoviciana (Navarro, 2016) se han estudiado
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las representaciones sociales que se elaboran del veganismo como práctica que
establece una relación ética con los animales. Sin embargo, este estudio, desde mi
perspectiva, se centra en los estados mentales de los sujetos y no se trata de un
estudio de los animales dentro de la cultura sino del modo de representar a los
animales, repitiendo la dicotomía entre naturaleza y cultura que hablé
anteriormente.
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Indudablemente es necesario poner en discusión la relación entre urbanización y
occidentalización, para considerarlo como un factor que se ha implantado a escala
global, pero también para salir de una dicotomía que obedece más a la
consideración del investigador que a su campo empírico. Es común que se asocie
desde estas disciplinas a las relaciones con la naturaleza en el espacio urbano con
lo propiamente científico o racional y a lo rural con otras formas de relación más de
carácter mítico, mágico, religioso o espiritual. Inclusive Viveiros de Castro (2013)
afirma que para estudiar la cosmogonía en espacios urbanos es suficiente estudiar
el pensamiento científico occidental. Esto supondría que en el espacio urbano la
dicotomía entre naturaleza y cultura, así como la hiper-racionalización de lo natural,
no opera solamente en el plano del pensamiento científico disciplinario, sino que se
experimenta en la vida social; reproduciendo además la idea de una dicotomía entre
espacio urbano y rural. Me parece que esta concepción evita abordar tal cuestión
desde una perspectiva más compleja en la que no aparecen estas dicotomías de
manera empírica límpidamente, pues evade los procesos sociohistóricos de
occidentalización (colonización) de los espacios rurales, así como las resistencias
o desfases en los espacios urbanos. Es como si existiera una línea claramente
delimitada entre ambos espacios, en dónde uno se sigue relacionando con lo
originario y lo otro con lo moderno. En este sentido me parece relevante la
señalización que realiza Hernández-Escampa (2013) en su investigación de los
perros xoloitzcuintles en contextos urbanos donde concluye que en estos espacios
se reproduce un imaginario nacionalista de la raza xoloitzcuintle que no es
precisamente un conocimiento científico sobre el mismo. Lo anterior coloca la
relación humano-animal en los contextos urbanos no solamente como determinada
por su concepción científica sino que apela a elementos irracionales como mitos y
tabús, pero también ubica la discusión en un nivel político e histórico distinto, pues
resalta los fines y estrategias que se ciñen sobre la figura de un animal para la
constitución de cierto régimen de poder (en este caso, el Estado Nación) así como
las disputas internas llevadas a cabo por distintos actores sociales.
26
meramente racionales, para arribar a modos específicos de simbolización
diferenciada de ciertos animales y la comprensión del papel que estos desempeñan
en la cultura. Sin embargo, al referirse a los universos simbólicos como algo que se
modifica dependiendo de la cultura y a la biología como el contenido de estas
categorías también se corre el riesgo, como Descola (2001) lo plantea, de generar
una universalización de lo natural y de relativismo extremo en las formas culturales.
Es decir, se considera una dicotomización entre naturaleza y cultura que concibe a
la naturaleza como un espectro de la cultura, es decir, como un lugar neutro a
objetivizarse y que, según Descola, esa objetivación de los no-humanos está
íntimamente relacionada con la objetivación de los humanos en las ciencias
sociales.
27
comunalidad, al menos en teoría; pero que también puede dirigirse a una forma de
dependencia tal que ya la naturaleza no sea sólo considerada como objeto sino
como artefacto (Almazán, 2017). Es decir, se trataría de investigar, como Descola
sugiere, el modo en que las conceptualizaciones de los no humanos animales son
puestas en juego dentro de contextos específicos a partir de conocimientos vividos,
elecciones prácticas y técnicas del cuerpo, es decir, desde las prácticas cotidianas.
En la tesis de maestría de Pavel García (2015) sobre el lugar social de las ranas en
comunidades mayas de Yucatán, se pregunta si estos animales tienen en su canto
la posibilidad de enunciación, ya que crean la lluvia en sus rezos sonoros. La
atribución de alma a estos animales y su relación con el clima les da una posibilidad
de agencia en sus comunidades habitadas por humanos. Sin embargo, también en
contextos urbanos u occidentalizados es posible pensarse una agencia en los
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animales. En el estudio llamado antropozoológico de Ana Ramírez (2009) sobre
espectáculos con rumiantes (toros y caballos principalmente) plantea la agencia de
los animales en la performática de tales eventos, pensando así su lugar activo en
este. Que el toro sea capaz de defenderse es considerado por la tauromaquia como
un arte, mientras que la victimización del animalismo lo considera sólo como
paciente. La autora propone a la figura del animal como una frontera donde ambos
puntos se encuentran; al igual que en el caso de los caballos que bailan, la autora
se pregunta por el significado que este baile, o bien la tauromaquia, tienen no sólo
para el público o para el domador, sino para el animal mismo. De algún modo estos
estudios son fuertemente apuntalados por la propuesta de Eduardo Kohn (2017)
quien establece la posibilidad de comprender los procesos semióticos en los
animales al estudiar la relación de pueblos amazónicos con sus perros.
Jason Hribal (2014) desde los estudios culturales cuestiona la falta de agencia
atribuida a los animales desde los estudios sociohistóricos de estos, atribuye el
motivo de esta carencia a la falta metodológica para conformar una historia desde
abajo que considere el lugar activo de los animales en los procesos históricos. Así
él realiza su estudio pensando el modo en que los animales forman parte de la clase
trabajadora a inicios del capitalismo del siglo XVI en la Europa rural, ya que
considera que los animales se convirtieron en trabajadores al ser convertidos en
carne (meat), y al trabajar en la locomoción de maquinarias y herramientas. De
acuerdo con este autor sin los animales no hubiera sido capaz de establecerse el
capitalismo ni hubiera sucedido la revolución industrial.
Desde los estudios culturales también Donna Haraway (2003) plantea el estudio de
los animales de compañía. Concepto que emplea para referirse a la relación que se
establece entre el humano y otras especies. La autora plantea que el término de
compañía es polisémico en tanto representa la forma capitalista de explotación, y
en la cual los animales han quedado inmersos en relación a los saberes, a la
industria y a su comercialización; aún como mascotas; sin embargo, compañía
también remite a formas de estar-con, refiriéndose a la relación en la que existe
una mutua modificación tanto a nivel somático como a nivel semiótico, configurando
29
prácticas y formas de interacción que no estaban predeterminadas antes del
encuentro con la alteridad animal. Prácticas que arriban a una otredad significativa,
en que el animal aparece como agente de procesos de creación.
Como Latour (2008) sugiere entonces lo social ya no sería entendido como una
característica del alma humana, sino más bien estaríamos hablando de
asociaciones en las que diferentes actantes, incluidos humanos y no humanos,
conforman redes de acción y afección. Pues como plantea el autor a pesar de que
la modernidad en la teoría separaba al mundo en dos, en la práctica los híbridos
entre naturaleza y cultura no han dejado de fluctuar
30
Los animales de laboratorio.
31
a la ambigüedad en el ejercicio científico de producir al animal como un instrumento
de laboratorio matematizable y que responde a las necesidades específicas de la
ciencia, objeto ante el cual el científico puede adquirir una postura racional y
objetiva; pero al mismo tiempo los animales responden como cuerpos vivos
naturales, que no se acoplan de manera perfecta a las demandas científicas. De
este modo el ejercicio científico es una actividad encarnada (embodiment) en la que
los científicos se confrontan con los animales vivos, lo que genera una relación
intersubjetiva empática lo que requiere de una consideración ética, aunque al mismo
tiempo se ejerce la apelación a una racionalización sustancial. Esta investigación
se muestra clave para mis propios fines pues muestra el modo en que los animales
de laboratorio son producidos en el ejercicio científico y cuya animalidad resultante
forma parte esencial del mismo; sin embargo, sin eludirla, trataré de distanciarme
de la posición teórica en que los animales son estudiados desde fuera de la práctica
experimental y las consideraciones científicas sobre este, para arribar al modo en
que se constituyen enmarañados más complejos donde los científicos son
descentrados de su papel de actor y los animales cobran relevancia en el propio
experimento, como trataré de explicar más adelante.
Como se ha visto hasta aquí el tema se fue delimitando en relación con los
emergentes del campo y un afinamiento de los intereses teóricos. Conjuntando
ambos aspectos ha derivado en la constitución de un tema completamente distinto
al primero. Pero que, sin embargo, continúa con la pregunta del lugar que los
animales ocupan en lo social dentro de la producción del conocimiento.
32
Problematizando Los Animales En Los Laboratorios.
33
posición que, desde la disciplina de la psicología social, tratarían de arrojar luz al
camino. Aunque, más bien, se trataría, como en el cuento citado, de seguir a las
ratas por esa oscuridad y e ir registrando sus huellas para arribar ante la
monstruosidad que suscitan, con sus características indescriptibles a la vez que
dislocantes.
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ser excluidos del mundo simbólico propiamente humano. A pesar de los alegatos
lacanianos para diferenciar al psicoanálisis de la psicología, podría decirse que ese
apellido de la psicología como social agrega a la disciplina un talante
antropocéntrico pese a la buena intención de otorgarle al humano un lugar distinto
de aquel que la biología le propició durante décadas y que, como Derrida explica,
se encontraba ligado al racismo occidental, motivo por el cual las disciplinas
sociohumanistas se empecinaron en replantearlo, intento del cual también fue
resultado la perspectiva llamada posestructuralista.
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concepto de subjetividad. Si podemos afirmar que el humano se conforma por esta,
la pregunta es por el modo en que el animal la constituye. De este modo mi pregunta
es por la subjetividad, pero no como una característica intrínseca del sujeto sino
como una construcción de relaciones en las que el sujeto participa y sin la cual el
sujeto mismo no existiría como tal. En otras palabras, me preguntaría si para
hacerse humano, este necesita del animal y de qué modo. Así lo social y lo subjetivo,
en mi definición, están fuertemente imbricados.
Es la relación entre política y vida la cuestión central de este texto. Sin embargo, no
utilizó aquí este concepto como una categoría precisa que bien podría definirse
mediante su desarrollo histórico (Lemke, 2017) o mediante la definición propia del
36
autor (Foucault, 2007) sino más bien como una noción araña. Foucault (2011)
utilizará esta palabra respecto a la pharresía, la cual define del siguiente modo:
No me parece fortuito que Foucault utilice la idea de un animal, que en este caso se
desplaza sobre una red al mismo tiempo que la crea. Por otro lado, la biopolítica ha
sido uno de los temas planteados por él de más difícil asimilación por parte de la
academia, al punto de construir una serie de discusiones y términos tan disímiles
entre sí, que van de análisis del autoritarismo a la potencia de la vida. Por este
motivo me permito pensar este concepto como una noción araña. Desde mi
perspectiva, al introducir la cuestión de la vida en el ámbito político se genera
irremediablemente una dificultad para formar una noción fija y localizable de este
término. Como avizora Malabou (2018) los teóricos de este término tienden a pensar
lo biológico como una sustancia pasiva a la disposición del poder, pero el carácter
contradictorio y complejo de la vida entendida así no sólo designa el vehículo
ideológico de la soberanía moderna sino también sus límites. Esta característica
hace de la biopolítica un término escurridizo, capaz de correrse por distintas
instancias de problematización y de una disciplina a otra.
37
que, aunque sean procesos relacionados, no es el mismo proceso que genera a la
rata blanqueada del laboratorio y acendrada para su sacrificio, que la que es
exterminada por ser considerada plaga.
Por todo lo anterior es que en este texto no se encontrará una línea recta y clara de
cierto despliegue teórico, o un marco bien delimitado, más bien el concepto de
1
La cuestión de la comunidad es uno de los problemas centrales para la psicología social, pero también ha
sido motivo de discusión en el terreno filosófico de los animal sutdies para pensar la posibilidad de una
comunidad que incluya a los animales. Desde mi perspectiva es necesario desmontar el concepto de
comunidad ya que guarda un talante antropocéntrico como puede apreciarse en el término de munus sobre
todo en la versión de Esposito respecto a la norma en un sentido negativo o de falta constitutiva, con una
tácita influencia de Lacan.
2
Respecto a este último punto diría Ibáñez (2001) que la interdisciplina en la psicología social se ha vuelto no
sólo indispensable, sino que se ha convertido en un arma para desmontar el ideal disciplinario mismo, así
como Pavón-Cuellar (2019) dirá que toda psicología crítica termina por volverse contra sí misma al grado de
no saber ya si se sigue haciendo psicología.
38
biopolítica irá como araña recorriendo las líneas de la red que se va extendiendo al
mismo tiempo que la recorre. De este modo, se encontrarán en esta investigación
distintas perspectivas teóricas que pudieran ser extrañas las unas respecto a las
otras, que provienen de disciplinas y discusiones teóricas bien diferenciadas. Pero
que, sin embargo, mi propio recorrido me fue llevando de una a otra, obligándome
a desplazarme por distintos campos conceptuales. Por lo que fui usurando en cada
una de ellas encontrando lo qué podría servirme para mi planteamiento sin
necesariamente buscar una coherencia cerrada entre todas ellas. Más bien
considerando la teoría como una caja de herramientas (Foucault, 1985)3 para
interrogar al campo más que para ofrecer respuestas.
Y sin embargo, hay cierta relación entre cada uno de mis planteamientos, hay
puntos de unión que fui tejiendo alrededor de la biopolítica, y es que si bien política
y vida no serían dos polos que se oponen o se evitan, tampoco pueden reducirse el
uno al otro; hay cierta imposibilidad entre uno y otro término, de confundirse el uno
con el otro que requiere la insistencia, una y otra vez preguntarse por su relación,
en cada una de las situaciones donde se intersecan, respecto a cada particularidad
que se presenta. Para construir estos puntos de unión fui tomando como referente
la problemática de la animalidad como irrupción dentro de ese campo que cuestiona
el ordenamiento tácito del saber-poder. No es relevante, para esta investigación, el
despliegue de cada una de las discusiones en las que se encasilla tal problemática,
sin embargo, eso no implica que los nudos que se fueron elaborando no provengan
de redes anteriores, sino todo lo contrario. Estos antecedentes pueden irse
rastreando hacia atrás también de manera infinita, por lo que la cuestión se vuelve
inagotable.
3
El autor dice al respecto:” Entender la teoría como una caja de herramientas quiere decir: que no se trata de
construir un sistema sino un instrumento, una lógica propia a las relaciones de poder y a las luchas que se
comprometen alrededor de ellas.” (Foucault, 1985, p.85)
39
un lado, está la cuestión de los animales y la animalidad, y por el otro, la cuestión
del conocimiento y los laboratorios científicos.
Respecto a los primeros ya mencioné el giro ontológico, así como los animal studies.
Desde una fuerte impronta antropológica del primero y filosófica de los segundos,
se han encargado de cuestionar el antropocentrismo propio del pensamiento
occidental y de sus propias disciplinas para arribar a planteamientos novedosos
para pensar la cuestión animal. Sin duda han formado parte importante en mi
investigación ya que ofrecen una salida al callejón formulado por el humanismo
imperante. En contra de una perspectiva culturalista, esta perspectiva defiende la
posibilidad de considerar las diferencias entre sociedades no como meros
agregados culturales ligados sólo a la interpretación que los sujetos hacen de sus
referentes para explicar la realidad, sino que existiría una pluralidad ontológica, es
decir, no existiría una realidad que se interpreta de diferentes formas de acuerdo al
contexto cultural sino más bien existen distintas realidades ontológicas que derivan
de entrecruzamientos simbólicos y materiales que se configuran por la relación que
los sujetos tienen con otros seres orgánicos e inorgánicos (Descola en Khon, 2009).
Como lo había explicado en el apartado anterior, tanto el término de esquema de
praxis de Descola (2001) como el de perspectivismo de Viveiros de Castro (2010)
inspiraron mi formulación de la animalidad como una configuración relacional, así
como me hizo pensar la línea entre humanos y animales de un modo no centrado
sólo en las concepciones que los primeros tienen de los segundos, sino más bien
plantear el modo en que esta relación produce ciertas realidades que se pueden
ubicar bajo el nombre de científicas. Es la perspectiva semiótica de Kohn (2017) la
que me permitió pensar la forma en que se presenta esta relación y de la cuál
ahondaré más adelante. Sin embargo, las limitaciones que encontré de esta
perspectiva quizá se encuentren en la diferencia con los animal studies. Es en esta
diferencia donde también podría ubicar cierto distanciamiento propio con ambas
corrientes, sin que por ello se omita su aporte.
Los animal studies parten, al igual que los anteriores, del cuestionamiento a la
separación entre naturaleza y cultura que genera una forma específica de trato
40
hacia los animales. Parten, generalmente, de postulados posestructuralistas, tanto
biopolíticos como deconstruccionistas, para analizar el modo en que los animales
no humanos han sido explotados y aniquilados principalmente por las sociedades
occidentales. Por este motivo parten de una postura política muy clara, y que en
Latinoamérica se ha conformado bajo el nombre de estudios críticos animales
“campo de estudio dedicado a la abolición de la explotación animal y ecológica, la
opresión y la dominación, cuyo objetivo es la supresión de la subordinación en
diferentes ámbitos.” (Revista Latinoamericana de estudios críticos animales).
Viveiros de Castro comenta en una entrevista (2013) que lo político no forma parte
de su principal preocupación, sino que busca la potencia de su pensamiento en el
pensamiento mismo sin perseguir una finalidad política específica, lo cual lo ha
llevado a pensar otras formas de vida que se configuran fuera del ámbito occidental
más que dedicarse a criticar este. Podría decirse que, mientras que los animal
studies tratan de desmontar el sistema de representación occidental desde dentro,
el giro ontológico buscan generar concepciones sobre lo animal y la naturaleza no
provenientes del pensamiento occidental.
Por otro lado, una diferencia que apenas alcanza a entreverse es la disciplina a la
que se adscriben ambos. Mientras que los animal studies han priorizado el enfatizar
la opresión y la dominación de los animales lanzando su crítica contra el
pensamiento filosófico, entendiendo al animal como una categoría occidental que
se ha universalizado4, los estudios antropológicos considerarán a esta posición
necesaria de ser entendida en contextos específicos, ya que existe el riesgo de
establecer generalizaciones, como es el caso de la consideración de los animales
como pacientes (morales), lo que implicaría repetir una vez más una concepción
universalista. También se criticaría de la perspectiva propiamente filosófica su fuerte
énfasis en la cuestión de la representación excluyendo la materialidad de estos
seres y la dimensión empírica de las investigaciones (Ramírez, 2009), es decir, bajo
una perspectiva ontológica se buscaría descentrar el concepto de lo animal a través
4
Motivo por el cuál la mayoría de los postulados, para estos estudios, derivará en formulaciones ético-políticas
que buscan la inclusión de los animales, siendo el sistema moral y jurídico uno de los más problematizados.
41
de las situaciones específicas y no de una crítica al pensamiento universalista
propiamente dicho. Por otro lado, como ya lo había comentado, el énfasis en las
culturas no occidentales del giro ontológico, podrían conferir la impresión de que en
las culturas occidentales prevalece lo que Descola (2001) describe como
pensamiento naturalista, lo que puede implicar una simplificación del pensamiento
occidental y una delimitación clara del mismo que no opera en lo concreto
(Bartolomé, 2015).
Desde mi perspectiva, esta diferencia entre ambas posiciones pone a flote sus
limitaciones disciplinarias más que conceptuales ya que son más los puntos de
coincidencia que los de separación y la influencia entre ambas es evidente. Por mi
parte, me han permitido formular una concepción del animal que problematiza la
distinción entre naturaleza y cultura con sus implicaciones políticas en el
pensamiento occidental, así como me han hecho reflexionar sobre dicha
problematización respecto a un caso concreto y situado en un campo empírico. No
se trataría de una complementariedad sino de distintas líneas de exploración que
se abren, pero que confluyen en mi campo. En mi caso no podría ubicarme
plenamente respecto a una pues mi investigación, aunque preocupada por el lugar
político de los animales, queda corta para ser planteada como un intento de
abolición. Esa intención fue cuestionada todo el tiempo durante mi investigación y
se fue modificando, por lo que la abolición se convirtió en una problemática y un
punto de llegada más que en el punto de partida.
Esta doble disposición, me condujo a las discusiones que se llevan a cabo dentro
del neomaterialismo. Esta corriente, desde mi concepción, retoma la problemática
de la separación entre naturaleza y cultura para plantearla en un sentido bastante
concreto, desde problemáticas antropológicas e históricas, pero partiendo de
supuestos distintos a los planteados anteriormente. Para mi reflexión sobre la
animalidad ha sido imprescindibles los planteamientos de Tim Ingold, quien parte
de una posición materialista más cercana a Spinoza que a Marx (Carvalho y Steil,
2018) y que plantea pensar la materialidad no desde sus cualidades sino desde sus
propiedades, lo que pluraliza la materia misma, pensándola no cómo un receptor
42
inerte que sería moldeado por un agente externo con base en sus cualidades, sino
que la materia misma pulsa en cierta dirección y con su propia potencia. Desde esta
perspectiva, Ingold (2010) crítica la idea de sujeto implícita en la idea de
agenciamiento, donde este sólo es plausible mediante una fuerza externa y humana
colocada en el objeto, por lo que para este autor en lugar de hablar de objeto
introduce la noción heideggeriana de cosa. De este modo no se trataría sólo de
pensar la objetivación del animal sino en su propio direccionamiento dentro de la
red de flujos que lo conforman. En otras palabras, la agencia no se origina en sí
misma, a manera animista, sino que se constituye en esa serie de relaciones. Lo
que plantea una idea distinta de la de interacción entre animales y humanos, donde
se ubican como organismos plenamente distinguibles.
43
la idea de evidencia que se liga a este para la ciencia moderna, son construcciones
en las que los instrumentos se vuelven indispensables de ser interrogados. De este
modo mi pregunta se enfocó en la forma en que el animal, con las materialidades
que implica, participa de esta construcción. Siguiendo esta línea Latour y Woolgar
(1995), desarrollaron su teoría en la misma dirección, partiendo de la idea que lo
social pareciera quedar excluido para quienes hacen la ciencia, perspectiva de la
que participan algunos estudiosos de la ciencia por omitir el modo en que las
relaciones entre diferentes actores no-humanos pueden prescindir de la
intervención humana, sin que por ello deje de ser una serie de relaciones sociales.
Woolgar (1991) propone que este giro social alude a la teoría postestructuralista sin
que quede reducida a ella, pues implica un descentramiento del lenguaje que había
dejado de lado la materialidad propia con la que se elabora el conocimiento, al
centrarse en la idea de representación.5
También ha sido importante la contribución del feminismo sobre todo por medio de
la autora Donna Haraway, quién concibe una importante reflexión sobre la forma en
que la biopolítica ha dado paso a una nueva constitución subjetiva que denomina
como Cyborg (Haraway. 1991), concepto este no sólo de carácter descriptivo o
ficticio, sino que propone desarmar la visión dualista entre teorías naturalistas y
teorías construccionistas sociales que permeaba a inicios de los años noventa,
sostenida esta división en el humanismo que dicotomiza naturaleza y cultura. Su
obra me permitió cuestionar el lugar que tiene el discurso biológico y desnaturalizar
aún más los conceptos que emergen de esta disciplina, no sólo el de animal, sino
los de cuerpo, especie y organismo. Como señala la autora:
Los cuerpos, por lo tanto, no nacen, son fabricados (…). Han sido
completamente desnaturalizados como signo, contexto y tiempo. Los
cuerpos de finales del siglo xx no crecen de los principios internos armónicos
5
Lo que implicaría también un replanteamiento de lo social y lo psicológico, comenta Woolgar (1991) al
respecto: “No se trata de que la ciencia tenga sus aspectos sociales (lo cual implicaría que una parte de la
misma -su mismo núcleo- procediera sin verse corrompida por factores no-científicos -sociales, por ejemplo-
que le son ajenos) sino de que la propia ciencia es constitutivamente social. Por ello, si abandonáramos la
concepción de la ciencia como dominio de actividad e investigación privilegiado, e incluso separado, también
deberíamos modificar sustancialmente nuestra noción de lo social”. (pág. 18).
44
teorizadosen el romanticismo, ni son descubiertos en los terrenos del
realismo y del modernismo. Una no nace mujer, dijo correctamente Símone
de Beauvoir. Al campo epistemológico-político de la postmodernidad le tocó
responder, en un co-texto, al texto de Beauvoir: uno no nace organismo. Los
organismos son fabricados, son constructos de una especie de mundo
cambiante. (Haraway, 1991, p.367)
Cabe señalar que mi aproximación a este campo de estudios fue conducido por los
animales, lo que ha implicado, tal vez, una falta de profundización en las tradiciones
que les dan fundamento, por lo que los estudios referentes a la ciencia no han sido
abordados, quizá, con la complejidad debida, ya que retomo de estos algunos
elementos para pensar la producción de los animales y no tanto para abordar la
ciencia como objeto; por otro lado, las discusiones en el campo de la fenomenología
tampoco fueron abordadas debido al desconocimiento propio sobre el mismo y la
dificultad que me ha implicado tener una comprensión cabal de sus postulados.
Queda, para futuras investigaciones, ahondar en estas perspectivas para continuar
con la indagación de este tema.
Sin embargo, varios puntos que retomé de estas perspectivas fueron permitiéndome
pensar algunas cuestiones respecto a mi trabajo de campo y la forma en que me fui
sumergiendo en la misma serie de relaciones que trataba de describir. Es decir,
conforme fui incorporándome al trabajo dentro de los laboratorios, se volvió cada
vez más necesaria la búsqueda de elementos teóricos que permitieran orientar las
preguntas que surgían desde mi propio posicionamiento, lo que me llevó a una
pregunta más básica ante lo que observaba ¿Cómo se construye el conocimiento?
Por lo que fue necesaria mi inmersión en cuestiones de tipo epistemológico sin que
fuera propiamente mi interés inicial, el campo mismo me lo fue demandando. Esta
pregunta implicaba pensar el modo en que los animales eran parte activa en esta
construcción, al mismo tiempo que me preguntaba cómo yo podría construir un
conocimiento sobre ellos. Aunque esta pregunta queda escueta se hizo necesaria
una revisión sobre lo que implica decir que el conocimiento es construido.
45
Estas cuestiones me condujeron al constructivismo, en especial a la perspectiva
crítica del autor Ian Hacking, en quien encontré, en gran medida, un reflejo de las
mismas cuestiones que encontraba en el laboratorio. Este autor concibe el
conocimiento científico como una construcción perfectamente ubicable en un
momento histórico dado, distinguiendo así la actividad científica de la propia ciencia
como aglomerado de conjeturas (Hacking, 2001); al mismo tiempo que considera
esta actividad como una relación entre el sujeto y el objeto sin que este último sea
un ente pasivo, sino, por el contrario, le otorga su estatuto ontológico por lo que esta
actividad no responde ni a la perspectiva realista que consideraría a la realidad
como inmutable y fija, pero tampoco a las corrientes posmodernas que concebirían
la construcción social como algo que ocurre solamente a un nivel nominalista de
forma clásica6. Este autor me permitió pensar el modo en que la materialidad es,
también, construida en la actividad científica. Pues no se trataría de ver los
instrumentos y las sustancias como algo que permanece fijo y que el científico
descubre o utiliza, pero tampoco como aquello que sólo existe en tanto pueda ser
teorizado, sino la pregunta es cómo se construye aquello que es observado. Para
lo cual es necesaria la intervención del científico y la respuesta de aquello que se
observa. Este autor se opone tanto a un realismo ingenuo como al nominalismo,
para apoyar la idea que la naturaleza es intervenida por aquel que busca conocerla
(Hacking, 1996). Lo que ocurre no sólo a un nivel conceptual, es decir, el científico
no construye una realidad a priori e hipotética que después sólo comprueba
empíricamente, sino que esa realidad es materializada y la intervención que hace lo
comprueba, sin que por ello implique que exista una realidad más allá de la que el
investigador construye en su evidencia7. Este autor me hizo preguntarme acerca del
modo en que los animales participan de esta constitución, si la evidencia es una co-
creación, en el caso de las ratas ¿Son ellas creadoras o sólo son creadas? Para
responder esta pregunta es necesario, una vez más, desplazar la idea de sujeto
como aquel que mediante su intervención construye el objeto, más bien, es
6
Para una discusión más detallada véase Hacking, I. (2001) ¿La construcción social de qué?. Paidós. Barcelona.
7
Dice Hacking al respecto “Mi ataque contra el antirrealismo científico es análogo al ataque de Marx contra
el idealismo de su tiempo. Ambos dicen que lo importante no es comprender al mundo sino cambiarlo.” (1996,
p.303).
46
necesario considerar las propiedades de los animales y la forma en que la
observación se vuelve una red de tránsitos entre cuerpos, conceptos, instrumentos
y ratas.
Estos autores que escriben sobre los laboratorios han sido parte fundamental en mi
investigación, las discusiones epistemológicas que plantean sostienen la idea que
lo social es inseparable del conocimiento científico en tanto condiciones de
producción. Cómo bien propone la autora Cházaro (2011) “donde el conocimiento
no es producto de una sola comunidad, época o entidad sino del desigual y complejo
intercambio, iniciado en los tiempos coloniales, de objetos, materialidad y
conocimientos.” (p. 72). Al igual que Hacking, Cházaro (2018) propone estudiar la
materialidad de los instrumentos y el modo en que estos conforman la construcción
de la mirada del científico. De acuerdo con la autora, no se trataría entonces de un
simple uso del instrumento sino de un encuentro cuerpo a cuerpo, por lo que
propone el uso de la perspectiva Agambiana de dispositivo8 para pensar el modo
en que estos producen nuevas materialidades y saberes.
8
“Llamo dispositivo a todo aquello que tiene, de una manera u otra, la capacidad de capturar, orientar,
determinar, interceptar, modelar, controlar y asegurar los gestos, las conductas, las opiniones y los discursos
de los seres vivos.” (Agamben, 2011, p.257)
47
Esta consideración Agambiana además implica pensar la forma en que el animal
mismo es capturado por estos dispositivos, lo que me condujo de nuevo, de manera
irremediable, a la biopolítica, para pensar el modo en que los animales son
producidos dentro de un momento y lugar históricamente situado por un poder
determinado, para lo que comencé a pensar el contexto en el que se suscita mi
intervención. Las condiciones propias de los laboratorios mostraban la relación
entre lugares constituidos como centros y otros como periféricos. Así tuve un
acercamiento a los estudios sobre ciencia destinados a pensar las categorías de
centro y periferia. Kreimer (2006) y Matharan (2016) fueron los principales autores
que me permitieron pensar en la forma en que estos conceptos no sólo constituyen
formas específicas de relación entre las instituciones de investigación y el exterior,
sino que las constituye ciertas formas de interacción entre los sujetos y las
instituciones, haciendo que estas distinciones se consoliden en las prácticas
mismas que se realizan y por lo tanto en las subjetividades y materialidades que
conforman. Sin embargo, una vez más, quedan por explorarse estas líneas para
futuras investigaciones que logren ampliar el reducido panorama sociológico que
ofrezco en esta investigación, donde me centré en lo molecular quizá desatendiendo
su relación con lo macro. De cierto modo la universalización del conocimiento
científico se basa en la estandarización de sus prácticas, lo que trataré de demostrar
mediante la conformación del animal como instrumento de laboratorio, queda
responder para futuras investigaciones si esta pretendida universalización se vuelve
más bien particular por la especificidad de los laboratorios en los que se lleva a cabo
la estandarización y de qué modo se insertan en contextos específicos más amplios.
Toda esta serie de reflexiones fueron conformando los cuestionamientos con los
que recorrí mi campo. Quedando como preguntas generales que atraviesan esta
investigación ¿De qué modo se constituye la animalidad de las ratas en los
laboratorios? ¿De qué modo participan en esta práctica enfocada a la construcción
de conocimiento? ¿De qué modo poder ubicar esto en un contexto biopolítico en
sus dos vías: el control y la potencia de lo vivo?
48
Cabe describir ahora ciertas particularidades de mi trabajo de campo, para poder
ubicar mejor el contexto de los laboratorios en los que realicé este, así como las
limitaciones a las que me enfrenté. Para comenzar mencionando estas, diré que el
tema del animalismo formó parte de mi dificultad para acceder a los laboratorios. En
un comienzo realicé entrevistas a una estudiante de doctorado9 y a un técnico de
investigación10 pertenecientes al CINVESTAV sede sur del área de farmacobiología.
En ambos casos me solicitaron guardar la confidencialidad de su identidad debido
a la controversia que se suscita en el ámbito científico el tema del animalismo,
cuestión que se repitió constantemente. Estela me comentó que la responsable de
su laboratorio les había pedido no participar en investigaciones de grupos
animalistas, pensando sobre todo en investigaciones de tipo periodístico. Ella me
comentó que al ser estudiante de doctorado comprendía la dificultad que a veces
representa encontrar a personas que deseen participar en una investigación
académica por lo que acepó que le realizara entrevistas siempre y cuando se
mantuviera su identidad como anónima, realizándole un total de cinco entrevistas.
Ella me contactó con el técnico de laboratorio quien me solicitó también la
confidencialidad por el mismo motivo. Con él realicé sólo tres entrevistas debido a
que los tiempos de los que disponía fuera del laboratorio eran pocos.
9
De ahora en adelante nombrada Estela.
10
De ahora en adelante nombrado Esteban.
11
De ahora en adelante nombrada Ariadna.
49
comprendía que mi intención no era esa, así que accedió a ayudarme a entrar a su
laboratorio. Tuve una entrevista con el responsable de este quién, una vez más,
mencionó la controversia de mi tema y la dificultad para abordarlo. Al comentarle
que mis intenciones eran más de tipo epistemológico que político, y al mencionar a
la dra. Cházaro como referente, accedió a dejarme visitar las instalaciones algunos
días a la semana “siempre y cuando no muestres imágenes o temas que puedan
ser controversiales” insistió. Ante mi pregunta sobre si podría referirme al número
de laboratorio me preguntó si era realmente necesario para la investigación, en ese
momento le respondí que no era imprescindible, así que me pidió no decirlo. Este
elemento de secrecía me hacía tener cierta sospecha sobre las prácticas llevadas
a cabo en los laboratorios, sin embargo, como me daría cuenta más adelante, la
sospecha se vertía sobre mí como alguien que podría poner en riesgo su práctica
científica. Con mi primer informante, Estela, traté de realizar la misma acción, es
decir, le pedí que me contactará con la responsable de su laboratorio para pedirle
que pudiera entrar a sus instalaciones, me dijo que le comentaría a la responsable,
unos días después me dijo que su respuesta fue negativa. “Me dijo que no pueden
entrar más personas al laboratorio, pero sospecho que es por el tema que trabajas.”
Me comentó.
12
De ahora en adelante nombrada Karen.
13
De ahora en adelante nombrada Rosa.
14
De ahora en adelante nombrada Lurdes.
50
periodo de dos meses aproximadamente al que no pude asistir por motivos de salud
y posteriormente se vio interrumpido mi trabajo por la pandemia de COVID 19. En
este laboratorio realicé cinco entrevistas formales a Ariadna, dos entrevistas a
Karen, tres entrevistas a la técnico de laboratorio, Rosa, y dos entrevistas a Lurdes,
la administradora. Además de múltiples pláticas informarles con las mismas, así
como observación constante de sus prácticas, experimentos y capacitaciones que
ofrecían a estudiantes de maestría. El laboratorio se dedica al estudio de la
conducta sexual en ratas, enfocado principalmente a trastornos psiquiátricos. No
logré concretar una entrevista con el responsable debido a sus tiempos, sin
embargo, me percaté que su participación dentro del laboratorio era más bien
indirecta, pues él aprobaba y supervisaba las investigaciones, así como dirigía las
mismas, sin embargo, no participaba ni de los experimentos ni de la manipulación
con los animales.
51
por lo que vi las jaulas vacías, así como el lugar destinado al depósito de cadáveres
de los animales que se usan actualmente.
El número de entrevistas, por un lado, fue cuestión de disposición por parte de los
entrevistados, en el caso del responsable del bioterio fue más evidente, debido a
que expresaba su incomodidad por el tema que yo trabajaba. En otros casos fue
por agotamiento del tema, es decir, la información que compartían conmigo se
repetía y consideraba que dejaba de ser necesaria. Sin embargo, cuando accedí al
laboratorio donde realicé observación consideré que no era necesario realizar más
entrevistas, lo cual no fue así. En realidad, se dio una situación de bucle, donde la
observación hacia generarme una serie de preguntas por lo que sentía la necesidad
de hacer entrevista; al mismo tiempo esta información me permitía ver nuevas cosas
que hacía que surgieran más preguntas, por lo que las entrevistas con el personal
de este laboratorio fueron espaciadas y realizadas en distintos momentos de la
investigación. Quedaron pendientes algunas entrevistas, pero sólo una pudo ser
llevada a cabo de manera virtual en las condiciones de la pandemia antes de que
yo mismo enfermara.
Además de esta exploración dentro del laboratorio, también asistí a la Semana del
Cerebro en esta institución, un evento de difusión de la ciencia donde los diferentes
investigadores, en especial quienes trabajan neurociencias, exponen acerca de sus
temas y realizan un ciclo de conferencias donde hablan de las teorías actuales sobre
el cerebro. También existe difusión sobre la oferta académica del departamento
para estudiantes de distintos niveles educativos, por lo que los estudiantes preparan
exposiciones sobre sus investigaciones como forma de difusión. Este evento me
permitió conocer lo que hacen en los demás laboratorios y platiqué con algunos
investigadores que trabajan con otras especies como los ratones. Otro evento al
que asistí fue al examen doctoral de la estudiante que me introdujo al laboratorio, el
cuál fue en línea.
52
Divulgación de la Ciencia, la dra. Luz Lazos, que me contactó con el responsable
de un laboratorio donde trabajan temas relacionados a neurociencias,
principalmente aspectos vinculados a la microglía neuronal. También a través de
ella realicé el contacto con uno de los laboratorios del Instituto que trabajan con
monos Rhesus, en este segundo caso no se me permitió el acceso por parte del
responsable por “ser un tema bastante controversial” por lo que el responsable
prefería evitar cualquier “malentendido”, utilizando las palabras que me dijo.
Respecto a este caso sólo tuve pláticas informales con uno de los investigadores
quien me contó brevemente como era trabajar con monos. En el primer caso, tomé
como estrategia para ser aceptado el decir por adelantado que, aunque mi
investigación era sobre los animales no era animalista, además de que guardaría el
anonimato tanto de los participantes como del laboratorio. El responsable me
permitió el acceso al laboratorio y me pidió que entrara a los seminarios que él
organizaba para los estudiantes de este laboratorio, donde se discutían temas
teóricos sobre las investigaciones que se realizaban ahí, “para que te familiarices
con los términos” me dijo. Él me comentó que tenía muchas ocupaciones porque
ser responsable del laboratorio era “más un puesto burocrático que académico” y
que por este motivo los seminarios eran, para él, el único espacio donde podía
seguir siendo académico. También por el mismo motivo me comentó que no
disponía de tiempo y que cualquier situación la resolviera con la técnico de
laboratorio15. Ella fue la que me presentó a los estudiantes, en este caso de maestría
y de doctorado, que realizaban su investigación en el laboratorio, al presentarme les
preguntó quién estaría dispuesto a participar en la investigación, ante un incómodo
silencio sólo una estudiante respondió que a ella. Entonces el plan fue estar
presente en las prácticas y experimentos que realizaran tanto Gertrudis (quien
preparaba los tejidos neuronales) como la estudiante de doctorado quien realizaba
su investigación sobre muerte neuronal16. Posterior a algunas observaciones con
Beatriz, donde me describía los experimentos que realizaba, le hice dos entrevistas,
y también ella me llevó a las salas de microscopios de alta resolución donde pude
15
En adelante nombrada Gertrudis.
16
En adelante nombrada Beatriz.
53
observar la forma en que operan estas máquinas. Por otro lado, con Gertrudis visité
el bioterio del departamento, sin acceder a su interior, sólo a los lugares destinados
para la entrega de animales. Ahí se estableció el contacto con la responsable del
bioterio a quién le realicé una entrevista sobre las condiciones de los roedores,
quedando pendiente otra entrevista pactada sobre el cuidado de los monos, la cuál
no se concretó debido a que no respondió los mensajes que le envié al correo que
me proporcionó para esta finalidad. Durante esta entrevista noté mucha negación a
hablar del tema pidiéndome que habláramos “primero de las ratas y ratones” y
haciendo mucho énfasis en que cumplían con todo los protocolos legales y éticos.
Probablemente mi acceso a este campo no fue el adecuado ya que Beatriz me
comentó, fuera del laboratorio, que se había corrido el rumor en otros laboratorios
de que estaba haciendo investigación desde una posición animalista, lo que yo vivía
de cierta forma al notar que las personas de esta unidad se negaban a hablar mucho
conmigo sobre cualquier tema relacionado a los animales, lo que además me hacía
sentir cierta incomodidad, como si estuviera fuera de lugar, o incluso como si yo
fuera un invasor del cuál tenían que guardar distancia, lo que no me pasaba en el
laboratorio del CINVESTAV. Sin embargo, mi relación con Beatriz y Gertrudis
siempre fueron cordiales y considero valioso el aporte que ellas realizaron a mi
investigación para pensar varios temas, principalmente referentes a los tejidos y a
las máquinas de visibilidad.
Existía la idea de visitar otro laboratorio, se trataba del laboratorio del Instituto
Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente, donde trabajan con monos Rhesus.
Entraría por el contacto con un profesor de mi Universidad. Sin embargo, debido a
la pandemia esto no fue posible ya que el acceso a cualquier laboratorio, por parte
de cualquier persona ajena al mismo, fue restringido. Motivo por el cual dejé de
asistir a los otros laboratorios. Es importante mencionar cómo esta epidemia frenó
mi trabajo de campo, no sólo por esta restricción sino también por las condiciones
materiales que suscitó. La falta de empleo, la enfermedad, la falta de contacto
social, la precariedad social de derechos básicos como salud y vivienda, la salud
mental colectiva, entre otras cosas, son parte de las dificultades que muchos
investigadores tuvimos que enfrentar y sería inadecuado no hacer énfasis en ellas
54
como parte vital de las investigaciones académicas. Esta es una línea también que
deberá explorarse en futuras investigaciones sobre la animalidad y la producción
del conocimiento.
55
Capítulo I.- Crianza, Vida Y Reproducción En El Bioterio. La Producción
Corporal De Un Instrumento.
Karl Marx.
56
Tanto investigadores como criadores, saben que la rata es quizá la más fácil y
barata de criar. Por un lado, su pequeño tamaño y bajos requerimientos van
acompañados de un animal dócil y sociable. “Son el modelo ideal, son los más
utilizados porque son muy prolíficos, alcanzan su madurez sexual en pocas
semanas, pueden ser criados en cautiverio y llevan muchos años criados en
cautiverio y homogenizados17.” Cómo veremos en este capítulo, la crianza de las
ratas debe ser un proceso controlado cuya finalidad es la homogenización entre los
distintos animales de esta cepa18. Para esto es requisito tener un control detallado
de cada factor que intervenga en el desarrollo del animal, la facilidad para realizarlo,
en el caso de las ratas, hacen de esta uno de los animales más usados en los
laboratorios, solamente superado en número por el ratón. Dentro de los bioterios a
los que asistí, estas ocupan el mayor número de animales criados en sus
instalaciones, en el caso del CINVESTAV llegando a un 90% de su producción.
Los factores que deben controlarse responden a las necesidades primarias de los
animales, pero estas deben ser estandarizadas para evitar que los animales tengan
un desarrollo diferenciado entre sí. Uno de los responsables de los bioterios clasifica
a estos en físicos, químicos, medioambientales, biológicos y genéticos.
En los físicos se ubicarían los espacios o recipientes en los que son alojados, deben
de tener un tamaño mínimo de 110 cm2 de área de piso y 18 cm de altura mientras
las ratas sean pequeñas, cuyo tamaño del recipiente debe ir agrandándose en
correspondencia con el tamaño de la rata hasta llegar a 452 cm2 de área de piso y
20 cm de altura. El material es de plástico transparente ya que debe existir una base
sólida y fácil de limpiar al mismo tiempo que permita ver a los animales, con una
tapa de reja de metal que permita tener ventilado el lugar y tener ranuras para ser
alimentadas y suministrarles agua por medio de ellas. También debe ser seguro con
bordes y aristas redondeados y alojar un número aceptable de roedores (no más de
10 ejemplares) que les permita tener conductas de socialización como establecer
17
De aquí en adelante todas citas textuales que colocare en forma de diálogo son emitidas por el director del
bioterio del CINVESTAV sede sur, en caso que no sea así especificaré de quién se trata.
18
Por cepa me refiero a las características comunes de un grupo de animales que han sido el resultado de
crianza selectiva o modificaciones genéticas.
57
jerarquías y tener la posibilidad de escape ante posibles riñas entre ellas. La cama
o sustrato debe ser absorbente y gruesa, y debe cambiarse cada tercer día.
Dentro de los factores químicos se busca tener un control de las sustancias con las
que interactúa el animal, así las cajas deben ser limpiadas con productos no
irritantes, los trabajadores del bioterio deben evitar usar emulsiones o productos con
mucho olor. La luz, temperatura, humedad y ruido son factores medioambientales
que deben estar estandarizados; así la temperatura se mantendrá entre 18 y 26°, la
humedad entre 40 y 70% y la luz debe periodizarse en 12 horas de luz tenue y 12
de oscuridad, el ruido debe ser contenido y controlado para evitar que los animales
se estresen. Este periodo de luz en el caso de las ratas se encuentra invertido, es
decir, que durante la noche se iluminan las habitaciones mientras que en el día
permanecen en oscuridad (con luz infrarroja que es invisible para los roedores), esto
para que, al tratarse de animales nocturnos, ellas muestren mayor actividad durante
el día, lo que facilitará su uso en el laboratorio.
Todo esto se logra, por un lado, mediante prácticas que los trabajadores del bioterio
realizan de manera rutinaria. Pero también mediante un acomodo espacial que
permite la manipulación y control de dichos factores. Este ordenamiento establece
58
relaciones entre el adentro y el afuera del bioterio. Deben establecerse barreras que
aíslen lo más posible al animal en cuestión. “Entre más estrictas sean las barreras,
los animales serán más homogéneos entre sí, más fácil de controlar sus variables
biológicas y más caros”, tal como comenta el encargado del bioterio. El espacio
arquitectónico del edificio de un bioterio debe estar separado de otros edificios, sean
de laboratorios o cualquier otro uso, y toda entrada a ese espacio debe estar
regulada. El aire debe estar filtrado. Todo objeto, utensilios, alimentos, sustrato,
agua, etc. deben estar esterilizados. Los trabajadores deben asearse antes de
entrar y usar trajes especiales y estériles que cubran su ropa, cara y cabello. Del
mismo modo debe existir un cuarto destinado para cuarentenar cualquier nuevo
animal antes de ser integrado a las colonias establecidas. El lugar que los animales
habiten debe estar aislado de otras habitaciones destinadas a almacén, limpieza,
oficinas o cirugías. El área de deshecho de cadáveres u otros materiales debe estar
totalmente separada y aislada del resto.
Así, esta distinción clara entre un adentro y un afuera permite regular las entradas
y salidas y constituir un adentro controlado y diferenciado del exterior. Constituye
un medio artificial donde la vida se puede generar de un modo específico. Sin
embargo, este interior constituye a la vez, un exterior para el animal. Por un lado,
como parte del ambiente en el que el organismo se desenvuelve, pero también,
como un regulador totalizante de la vida de las ratas. Estas se encuentran, al mismo
tiempo, dentro de los contenedores, separadas y clasificadas. El recipiente
transparente permite una visibilidad que permite la vigilancia, pero al mismo tiempo
separa a las ratas de los humanos. Esta totalización de la vida coincide con las
perspectivas que comparan las teorizaciones de Agamben (1998) sobre la nuda
vida y los campos, con los lugares destinados a la producción y muerte de animales
para consumo humano (Shukin, 2009) como espacios de excepción. Más adelante
discutiré más a fondo dichas ideas, por el momento me gustaría señalar al respecto
que, si bien corresponde la configuración espacial del bioterio con técnicas de
control para producir una vida excepcional, en el caso específico del animal de
laboratorio, el control que se ejerce sobre los animales, más que generar una vida
que se ubicaría como fuera de la norma, se busca constituir un modelo de
59
investigación que responda a cierta normalización. Es decir, la finalidad de esta
configuración no es crear vidas desnudas para la muerte, más bien, se construye
una forma específica de vida que permita la intervención científica para la
generación de conocimiento, es decir, se trata de una modificación epistémica del
cuerpo de los animales. En este espacio, como lo expresa uno de los responsables
de los bioterios, se genera una eterna primavera, “Es casi un paraíso para los
animales que están aquí”, espacio en dónde los animales, al encontrarse en un
entorno absoluto, su cuerpo se convierte, también, en un ideal19.
Sin embargo, este modelo que se busca producir es considerado una herramienta
biológica. No basta con conceptualizar al animal, sino que debe producirse
materialmente esta elevación espiritual del mismo. Así, a la par que el cuerpo de la
rata debe corresponder al ideal epistémico, este se debe materializar en el animal.
Como trataré de explicar, esto responde a la forma en que el conocimiento
biomédico es planteado, pues busca aislar corporalmente a la rata para controlar
sus variables biológicas, pero al mismo tiempo, genera una corporalidad específica
que permite aislar conceptualmente a la vida.
19
Aquí podría introducirse, también la discusión de Agamben sobre los dispositivos (2011) como productores
de subjetivación y desubjetivación. Para este autor dichos procesos implican la superación del estado animal
hacia lo abierto (para más profundización en el tema puede leerse: Agamben (2006) “Lo abierto: el hombre y
el animal”), sin embargo, si cuestionamos esta perspectiva antropocéntrica, debemos preguntarnos si
entonces los animales no estarían conformados por tales dispositivos y no habría un encuentro cuerpo a
cuerpo entre estos y los animales que derive en procesos de poder y por lo tanto de subjetividad. Respecto a
esto la idealización a la que refiero coincide con lo que Agamben concibe como sacralización, es decir, como
separación o relegación de lo mundano, y que refiere a lo que trabaja Shukin (2009) como la constitución del
animal como insacrificable; sin embargo, difiero de este último planteamiento al pensar que no se trata de
una reducción a “pura carne” sino, en el caso de los animales de laboratorio, en una elevación a algo más que
carne.
60
También, vemos operar concepciones específicas del campo de las ciencias
biológicas: por un lado, la diferencia entre naturaleza y cultura, y por otro, el
concepto evolucionista de la genética. Como señala Ingold (2011), el segundo de
estos apela a una continuidad entre los diferentes seres vivos, por lo que su
contraste con la diferencia esencial entre humanos y no humanos (vivos) genera un
diálogo entre la posición dicotómica y la posición continuista. Lo que se constituye
como base de las ciencias biológicas.
Como comenta el responsable del bioterio: “Un investigador busca conocer los
procesos biológicos en su estado puro, por eso hay que aislar cada variable y
controlarla, así se logra conocer como es el proceso orgánico y como interactúa con
lo que manipula el investigador” Es decir, esta pureza remite a lo que el organismo
realiza en sí mismo, de manera independiente de las variables externas. Esta
concepción de corporalidad responde a la división disciplinar entre ciencias
biológicas y sociohumanistas. Las primeras destinadas a investigar el aspecto físico
y las segundas el espíritu humano. Como Latour y Woolgar (1995) proponen, los
científicos generalmente creen que los hechos que estudian se encuentran
separados del contexto sociohistórico en el que se producen. De hecho, se trabaja
constantemente en los laboratorios para tratar de demostrarlo. La rata de laboratorio
no sólo es conceptualizada bajo esta creencia, sino que debe producirse
corporalmente para esto. Su organismo debe dar cuenta de que no existe una
intromisión externa que no pueda ser predecible. Es decir, se debe producir esa
naturaleza del mundo físico, paradójicamente, aislándose de manera ideal. Así toda
intervención por parte del investigador será tomada como cierta acción que
interactúa con ese estado puro de la materia. Lo humano alteraría, con su
intervención científica, ese estado de naturaleza que en realidad es producido.
61
señala Ingold (2011), respecto al modo en que el darwinismo ha configurado la idea
de vida como la de individuos que contienen en sí mismos un ensamblaje interno
que se transmite generacionalmente y cuyas modificaciones provienen del error. Así
la adaptación es entendida como aptitud individual para la sobrevivencia.
Para los encargados del bioterio, es claro que se trata de una vida producida y no
una natural. “No es un animal natural, es un animal criado en condiciones
artificiales, se podría decir que es un animal artificial”. Se trata entonces de animales
cuyo organismo es modificado por las alteraciones en su medio. Si bien, en esta
expresión aún perdura cierta diferenciación entre un mundo natural y otro artificial,
expresa también una unión inseparable entre ambos terrenos dentro del cuerpo de
62
la rata. Más adelante regresaré sobre esta hibridación animal entre naturaleza y
cultura.
Respecto a las prácticas que se realizan en la crianza, estas exigen una interacción
humano-animal bien sistematizada. Pues, como he descrito, es necesaria una
estandarización rutinaria de cualquier elemento que intervenga en la producción
corporal de la rata. Se trata de una producción artificial que requiere precisión
disciplinaria tanto de los elementos mecánicos automatizados (termostatos,
humificadores, filtros) como de los procedimientos que requieren acciones
humanas. Dentro de estas, se busca que la socialización entre humanos y ratas sea
sistematizada y rutinaria, tomando en cuenta las características específicas del
animal. Por ejemplo: que el personal no despida olores que puedan resultar
irritantes para los roedores, que no emitan sonidos altos, así como se busca evitar
que existan factores estresantes en su medio, por lo que se cambia el sustrato sucio,
se les suministra alimento y agua de manera constante, se supervisa su conducta
para evitar riñas o enfermedades, y la manipulación debe ser suave y sólo realizarse
si es necesaria. Esta neutralización exigida para las prácticas humanas, en teoría,
buscaría generar un entorno apacible donde el contacto con el humano no genere
alteraciones corporales como estrés o enfermedades.
Sin embargo, también existe una necesidad de que el animal genere una adaptación
a este entorno humano y que no está dada solamente por las características
genéticas originales del mismo, sino que se trata de un proceso constante en el que
se establece una relación individual del animal con su medio, pero también se
actualizan procesos filogenéticos e históricos de generaciones animales y humanas
anteriores. Como comenta el responsable del bioterio, en realidad, el proceso de
domesticación en las ratas es un proceso que se remonta al siglo XIX cuando se
realizó la primera intervención quirúrgica, una adrenalectomía, y se continuó usando
para estudios fisiológicos, anatómicos y de nutrición. Aunque ciertamente, el primer
motivo de su crianza en Europa se remonta a su uso en espectáculos de pelea con
perros, donde se contaba el número de ratas que estos pudieran matar, este
proceso de domesticación ha llevado a que las ratas sean mucho más dóciles
63
(UAEH, 2018). Siendo esta característica una de las que hizo que la rata se
convirtiera en modelo para algunos tipos de investigación por sobre sus parientes
los ratones, mucho más ariscos y agresivos, tanto con los humanos como con su
propia especie. En cambio, la docilidad y fácil manejo de las ratas han hecho que
sean modelos adecuados para estudios de comportamiento y neurológicos. “No
sólo son buenos modelos por su homogeneidad genética sino porque se estresan
menos, son animales muy adaptables, entonces las alteraciones del cerebro son
menores que en otros animales”.
Al mismo tiempo que las cepas de rata ya contienen una predisposición para la
adaptación a la manipulación humana, también es necesario que el personal del
bioterio aprenda a interactuar con ellas para que estas se acostumbren al manejo.
A pesar de cierta impersonalidad con la que son tratadas, estas desarrollan cierto
apego o tolerancia por sus cuidadores, y cuando estos son cambiados, las ratas
pueden presentar conductas de estrés. “Por eso nosotros rotamos al personal, para
que el animalito no se acostumbre a uno sólo, ya cuando salen se pueden
acostumbrar más fácil a sus nuevos cuidadores, que son los investigadores”.
Además de esto, el personal debe observar constantemente la conducta de las ratas
para revisar que no haya ningún problema de salud. Aprenden el modo en que una
rata actúa normalmente. “En realidad los trabajadores no son etólogos ni
veterinarios, aunque siempre hay veterinarios que supervisan el estado de salud,
quienes están con ellas siempre en realidad son quienes las alimentan y son ellos
los que pueden darse cuenta más fácil si hay alguna alteración en su conducta que
indicaría que pueden estar enfermas”.
64
Es aceptado que este proceso de domesticación supone una co-modificación. Por
el lado humano requiere una adecuación sociocultural para que el animal pueda ser
integrado a la vida humana. Por el lado de los animales esta modificación
generalmente se estudia del lado del genotipo y del fenotipo (Zarazúa. 2016). A
simple vista, en esta perspectiva, se nota que existe una separación entre la
modificación corporal supuestamente natural del lado animal y una modificación
cultural del lado humano. Cómo veremos más adelante esta separación es errónea
pues las modificaciones corporales que representa para los humanos la relación de
domesticidad con los animales de laboratorio son quizá la base de esta relación.
Pero por ahora me gustaría centrarme en las ratas, pues para estas existe una
modificación que sí bien se centra en sus características genotípicas, es su relación
con el entorno la que las constituye como tal, incluyendo la relación de socialización
anteriormente descrita. Se da en ellas una adecuación corporal cuyo resultado
rebasa cualquier dicotomía tradicional. Como lo explica Latour respecto a la
domesticación como ecología interiorizada:
65
capítulos posteriores, la investigación en las ciencias biomédicas se constituye
como tal sobre la idea de modelo animal. En esta adecuación corporal de la rata a
la práctica científica, respecto a su proceso de domesticación, podemos decir que
la homogeneidad genética es considerada una de las características principales de
una determinada cepa, lo que se ubica como el mayor logro respecto a las
investigaciones biomédicas que buscan conocer procesos orgánicos o bases
biológicas de la conducta. De este modo se considera que el fenotipo no estará
alterado y los resultados en las investigaciones serán supuestamente más estables.
Esta constitución de linajes permite una mayor estabilidad genética, que es lo que
se busca de manera insistente por parte de los criadores e investigadores. Sin
embargo, es el fenotipo, es decir, la relación con el ambiente, el que ha sido
trabajado principalmente en las ratas, y el que debe trabajarse de manera constante
con cada ejemplar producido en el bioterio. Si bien existen cepas mutantes
modificadas genéticamente, estas ocupan un muy pequeño grupo en su uso
comparado con aquellas logradas mediante la crianza selectiva. Así la interacción
cotidiana con los humanos les da a estos animales su característica principal.
66
establecen los parámetros que definen a estos como tal, y lo constituyen
principalmente su crianza y el conocimiento que se tiene de este para poder
controlar su organismo.
De tal modo. su condición genética, tan cuidada, es más bien el resultado de una
serie de procesos y no algo ya dado de manera natural. Su producción artificial en
realidad consiste en constituir una naturaleza distinta, una dada por el control de su
cuerpo, su conducta y su entorno, así como también es requisito una objetivación
tal que permita un conocimiento biológico y etológico cabal de su especie que
posibilite un control total sobre el mismo.
67
de intercambio de competencias, es decir, se están ofreciendo mutuamente
nuevas posibilidades, nuevas metas, nuevas funciones. (Latour, 2001. p.218)
Como bien ubica Latour (1995) la práctica científica se trata sobre todo de una
actividad escritural, en donde los científicos elaboran mecanismos de inscripción
68
que producen significado mediante la producción visual de un texto específico
obtenido mediante distintos instrumentos. En capítulos posteriores me enfocaré en
el modo en que se producen estos regímenes de visualidad en el campo que me
encuentro describiendo. Por ahora me gustaría proponer que la producción de la
rata en el bioterio responde a esta necesidad de inscripción, pero se ubica en un
estado previo. Para la elaboración de dicha textualidad es necesario primero
configurar a la rata como una hoja en blanco donde el investigador pueda trabajar
su proceso escritural.
El jefe del bioterio comenta al respecto: “Estos animales albinos les llamaban la
atención y reproducían ejemplares que fueran albinos, primero fue para las peleas
de perro, así los perros veían más fácil al animalito y lo podían matar más fácil,
luego en el laboratorio se usó porque era más fácil marcar los linajes, viendo su
descendencia”.
20
Cómo también explica la autora esta estandarización tiene origen en conformar cierta ejemplaridad que
permita comparar ciertos casos, lo que en ciencia constituye la conformación de modelos que respondan a lo
que los mismos científicos creen que es importante estudiar para que sus investigaciones sean consideradas
como científicas, por lo que la ejemplaridad termina siendo una constitución social de la idea de validez, lo
que implica también un trabajo de simplificación en la idea que se tiene de la especie, lo que se puede avizorar
en otros modelos como el de bacterias o insectos, para profundizar al respecto léase: Rader, Karen. (2004).
Making mice. Princeton University Press. USA
69
en dicha acción. Así en el cuerpo de la rata se establecen procesos históricos en
los que ciertos actores humanos que intervinieron en la creación de estos se
encuentran ausentes y queda delegada esta finalidad en el roedor. Este proceso
que podría definir como de asignación, no es ni enteramente significativo ni
enteramente material (Latour, 2001). Constituye un nudo en donde se intercala por
un lado el color de la rata, conseguido mediante cruces controlados, y por otro, las
atribuciones de pureza, asepsia y originalidad.
Dentro del discurso científico se trata de evitar el término sacrificio y cambiarlo por
términos más seculares como el de eutanasia, sin embargo, se considera que ellos
70
dan su vida por un bien mayor, el del conocimiento, es decir, este no sólo define sus
vidas sino también sus muertes “No se puede hablar de sacrificio humanitario
porque sacrificio remite al concepto cristiano y de humanitario no tiene nada, en
realidad dan sus vidas estos animalitos, dan sus vidas por nosotros”.
En estos casos donde los animales son programados para cumplir con ciertas
características genéticas, aparece una escritura en sus cuerpos previa a la
investigación. Se trata de una hoja que no está en blanco, pero que contiene una
escritura definida y predecible. En realidad, los cuerpos producidos de las ratas son
el resultado de investigaciones anteriores, incluso las cepas no mutantes, son
también el resultado de estudios y conocimientos previos. Ya en los bioterios, las
ratas representan una continuidad escritural. Son generadas por la ciencia para
producir más ciencia. Su crianza en cepas y su control corporal han sido
posibilitados por la propia investigación científica, al mismo tiempo que conforman
la posibilidad de hacer ciencia. Son producto y producentes. Según Rader (2004)
esta disposición fue posibilitada debido a que en el cuerpo de los ratones (de igual
modo que en las ratas) se pudo resolver la tensión entre naturalidad y artificialidad
71
generada en el interior de las ciencias biomédicas. Se trata de una hibridación entre
naturaleza y cultura, que como también indica Haraway (2004), se ha logrado
convertir en el pilar de la ciencia contemporánea, ayudando a diferenciarse de una
ciencia clásica basada en la idea romántica de la naturaleza como unívoca e
inalterable, dando paso a una en la que esta aparece como un espacio de
intervención y alteración.
Es esta conformación de los ratones la que los diferencia en algunas cosas de las
ratas. Como ya he mencionado, las ratas representan una ventaja para la
investigación en algunos procesos por su docilidad, pues permite una mejor
manipulación y menos estrés, pero también su tamaño facilita procesos de
intervención quirúrgica por lo que resultan más adecuadas en estudios de fisiología.
En el caso de los ratones, es su disposición y facilidad de manipulación genética la
que los hace indicados en estudios genéticos. En realidad, los ratones pasan por
los mismos procesos que las ratas, a excepción de que estos no pueden ser
alojados con más de un macho por jaula. También su adquisición y control genético
se vuelven más rigurosos. Las cepas deben renovarse y monitorearse
genéticamente con mayor frecuencia.
72
ejemplares mutantes, poniéndose de moda por sobre las moscas de fruta quienes
dominaban la escena anteriormente, debido a su relación con estados patológicos
en el humano (Rader, 2004).
En el punto uno vemos la misma disposición que en las ratas a ser estandarizados
genéticamente. Pero, en el segundo y tercer punto se distingue una diferencia con
estas que es su facilidad para generar diversidad. Esta diversidad genética facilita
la experimentación en estos rubros. Al contrario de los experimentos fisiológicos
donde el cuerpo a nivel orgánico debe ser prácticamente el mismo para conocer los
procesos en este orden como lo vimos en la rata, los estudios genéticos se basan
en gran medida en la posibilidad de manipular y alterar estos procesos.
Así, por ejemplo, mientras que en la rata de laboratorio se ha usado una sola
especie, los ratones de laboratorio son el resultado de cruces entre varias
subespecies como mus musculus domesticus, mus musculus musculus y mus
73
musculus casteanus. Así en el punto dos se remite a su facilidad de hibridación
entre distintas subespecies de laboratorio y salvajes, lo que permite un mapa
genético más polimorfo y por lo tanto con más posibilidades de intervención, por
ejemplo, estos ejemplares son utilizados para probar la resistencia a ciertos
patógenos y analizar como diferentes genes reaccionan al mismo.
Aunque es necesario aclarar que esta diversidad en realidad debe ser controlada y
estandarizada. Si bien se trata de una diversidad de escritura que contiene la hoja-
cuerpo en la que trabajará el científico, este debe tener un pleno conocimiento de
esta. La hoja debe ya estar escrita en función de lo que el investigador piense
escribir sobre ella. Al igual que en la rata se trata de un proceso escritural anterior
derivado de lo que otros investigadores han realizado, es un proceso intertextual.
Así, el punto tres ilustra con mayor precisión esta situación, pues se solicita el
cuerpo del ratón a pedido. Esta capacidad genética de ser modificados sin la
necesidad de un largo proceso biológico de crianza selectiva (pues se altera
generalmente con radiación) hacen del ratón un modelo que pareciera elaborarse
prácticamente a voluntad humana. Esta ilusión de control logra un poder de
legitimación social que no es obtenido con otros animales.
21
En los laboratorios donde realicé trabajo de campo, en ambos casos, los fundadores del instituto eran
investigadores que realizaron sus estudios de posgrado en el extranjero, concretamente en la Universiad de
Michigan, y fundaron sus líneas de investigación con los intereses y métodos que aprendieron durante sus
estancias en el extranjero. Lo cual fue posible por las relaciones que se establecieron entre estudiantes
mexicanos de esta universidad con el jefe de departamento de dicha universidad (Villarreal, 1987).
74
En los bioterios de las dos instituciones a las que acudí, se crían cepas de ratones
estandarizados por cría selectiva y no por mutación genética: “Aquí criamos ratones
más comunes, que se suelen usar porque se usan también en otros laboratorios y
permiten comparar resultados, algunos si se alteran en el laboratorio, pero ya a nivel
de tejidos. Los ratones modificados se tienen que pedir a laboratorios de Estados
Unidos, pero son muy muy caros, entonces se tiene que justificar mucho por qué se
necesita un ratón de esos, por eso es muy raro que se haga” “Tenemos ratas sin
pelo que tienen una predisposición natural al cáncer y como están desnudas es más
fácil trabajar con ellas, pero, así como tal, cepas mutantes, son muy caras, sólo en
Europa y Estados Unidos”. La constitución de cepas también responde a la
producción de conocimiento que se busca generar en el orden geopolítico.
Esta línea de investigación y forma de trabajo tuvo impacto en la fundación de diferentes laboratorios de la
Ciudad de México, donde también se realizaron pruebas de distintos fármacos como el Sildenafil o se
buscaban efectos de medicamentos psiquiátricos en la sexualidad masculina como en el Instituto de
Psiquiatría, como comenta uno de los asistentes de laboratorio que trabajaba en dicha unidad durante los
años 90s, al mismo tiempo que ocurrían las pruebas clínicas que comenta el jefe del bioterio. Sin embargo,
ante la compra del Instituto Miles por parte de Bayer en 1982, los investigadores que habían estudiado en la
Universidad de Michigan como el Dr. Julián Villareal y el Dr. Enrique Hong, tuvieron que renunciar a dicha
institución y, después de adherirse al CINVESTAV y pasar por diferentes estancias en laboratorios ya
establecidos (CINVESTAV Zacatenco, Bayer e Instituto Nacional de Psiquiatría) establecieron laboratorios en
este centro de investigación en la sede sur, fundada en el año 2000, donde se formarían investigadores dentro
del área de farmacología que se enfocarían a la generación de conocimiento en ciencias básicas para aportar
al desarrollo de nuevos conocimientos locales (Quintanar, 2019). Aquí podría avizorarse lo que Kreimer (2006)
denomina integración subordinada, considerando este periodo (que inicia en los años 80) como la
reproducción de datos en los laboratorios periféricos para la constitución de conocimiento en laboratorios
centrales, sin embargo, debe considerarse lo que Vissuri (en Matharan, 2006) concibe como un intento de
descentramiento por parte de élites locales, que posibilitaría superar la perspectiva difusionista de producción
de conocimiento.
75
refiere dicha ambivalencia, a lo largo de los siguientes puntos se insinúa que,
aunque por un lado esta similitud es idónea para la investigación, pues permite una
mejor extrapolación con el humano, también requiere que sus cuidados sean más
meticulosos y se le brinde una mayor calidad de vida. Lo que resulta en una mayor
dificultad y exigencia en su cuidado y un mayor costo económico.
Esto es resultado, por un lado, al tratarse de animales más grandes y que han tenido
un proceso de domesticación menor, por lo que las condiciones mínimas de
bienestar son mayores respecto a animales más acostumbrados al cautiverio como
los roedores. Sin embargo, también la similitud con los humanos genera una
responsabilidad ética diferenciada, pues se considera que además de las
necesidades físicas que requieren los animales, en el caso de los primates también
es necesario cubrir sus necesidades psicológicas, pues estas tienen un grado de
complejidad mayor (o más parecida a la humana) que otros animales “Las medidas
para proteger su estabilidad psicológica deben tener la misma prioridad que
aquellas concernientes a su salud física.” (NOM-062-ZOO-1999. Punto 5.4.1)
Así, también debe de llevarse a cabo todo el proceso de control aséptico descrito
en los otros animales. El edificio en el que se alojan debe de estar aislado del resto
de animales debido a su propensión a enfermar. También debe existir un control
sanitario más riguroso, deben estar vacunados de tuberculosis y contar con un
certificado médico para evitar contagios entre ellos y, sobre todo, con humanos.
76
cuarentena riguroso y entregar informes escritos sobre esta y sobre su estado en
cada momento. También se requiere de identificaciones individualizadas por medio
de tatuajes y ante su muerte debe de hacerse un certificado y un examen de
necropsia para conocer el motivo.
Respecto a su manejo este debe evitar cualquier situación de dolor o estrés, por
eso ante la necesidad de contacto se sugiere realizar con métodos químicos, es
decir, mediante el uso de dardos u otros mecanismos a distancia que permitan
suministrar algún sedante al animal. La interacción por contacto se ve como algo
que debe evitarse lo más posible debido al estrés que pudiera generar, pero también
por el posible peligro que representaría para el personal humano. Así el cambio de
jaulas se sugiere realizar mediante acciones mecánicas de atraer al animal a la
nueva jaula sin necesidad de tocarlo.
Como se observa, su similitud al humano exige condiciones más rigurosas tanto por
una cuestión ética que requiere una mayor consideración a sus necesidades, en
este caso psicológicas (aspecto que no se habla con los demás animales en la
Norma), pero también por la posibilidad de contagio que representan. Este
parentesco al mismo tiempo se establece como el criterio para su uso en la
experimentación. Estos son empleados principalmente en estudios farmacológicos,
toxicológicos, de enfermedades infecciosas y fisiológicos reproductivos y
neuronales. Estos últimos son el motivo por el que son empleados en
investigaciones en el laboratorio del IFC. Algunos de los procesos cerebrales
considerados mayores, no son posibles de ser encontrados en otras especies.
77
genera una dispersión poco clara de la autoimagen humana, donde la continuidad
humano-animal no es sólo corporal sino mental. La producción como instrumento
del macaco en especial, aunque también en otros animales como veremos en
capítulos siguientes, debe permitir un dominio del saber biomédico en un terreno
que siglos atrás pertenecía a las humanidades.
El hecho de que estos instrumentos sean seres vivos, por un lado, potencia la idea
de poder capturar la vida mediante el conocimiento, sin embargo, también arroja
una serie de retos y consideraciones que harán diferente a la investigación en este
campo de otras ciencias. De este modo, para que el animal salga de esta matriz
hacia la luz del conocimiento será necesario un escrutinio ético, que avale su uso
en las investigaciones. Pero este campo filosófico deberá mezclarse con la somática
del animal para poder operar.
78
Capítulo II. Bioética En El Laboratorio. La Regulación Moral De La
Experimentación Animal.
Emmanuel Kant.
En el capítulo anterior describí el modo en que los animales son criados bajo
circunstancias altamente controladas para poder generar en sus cuerpos un modelo
destinado a la escrituración científica. Para que puedan abandonar el bioterio
deberán pasar por un escrutinio ético que regulará el modo en que estos cuerpos
pueden ser empleados para la investigación. Por un lado, los comités bioéticos
deciden la pertinencia de su uso en una investigación científica, pero también,
regulan las prácticas científicas, reglamentando las condiciones de vida de los
animales una vez habiendo salido del bioterio y el modo en que se realizan los
procesos de experimentación con ellos.
80
Como antecedente de estas corrientes podemos ubicar a Jeremy Bentham
(Francione, 2010), creador del utilitarismo, que éticamente se traduce como reducir
el sufrimiento lo mayormente posible en el mundo, y que a inicios del siglo XIX
colocará la posibilidad de los animales de experimentar dolor como la base para su
consideración moral. Sin embargo, sus ideas no prosperarán mucho ya que él
mismo marcará diferencias sustanciales con las consideraciones morales hacia los
seres humanos con base en su razón. Será hasta los años 70 ́s cuando Peter Singer
publicará Animal Liberation, en donde recuperará el principio utilitarista de Bentham
y lo sustentará científicamente en la presencia del sistema nervioso central como
garante del dolor y, por lo tanto, de la consideración moral hacia los animales
(Herrera, 2001). Al sugerir el vegetarianismo como forma ética de relacionamiento
con los animales, se verá involucrado directamente con los principios del
veganismo. Aunque este autor rechazará el uso de animales para investigación en
laboratorios por considerarlas poco útiles, más adelante permitirá el desarrollo de la
corriente bienestarista que se propone como horizonte ético la reducción de dolor y
sufrimiento en los animales. Para este autor sería éticamente correcto usar a los
animales siempre y cuando estos no sufran, por lo que cualquier actividad,
incluyendo la experimentación puede ser vista como moralmente correcta si el
animal ha sido criado bajo buenas condiciones de vida sin ser dañado físicamente
y sacrificado humanitariamente sin dolor.
22
Para Hribal (2014), en ambos movimientos podrían entreverse prácticas disgregadas sobre todo
relacionadas al vegetarianismo promovido por religiones orientales y corrientes pitagóricas, sin embargo, el
antiviviseccionismo podría ubicarse con el comienzo de la ciencia moderna dentro de las sociedades
capitalistas, donde también tomarán fuerza movimientos veganos, para mayores detalles consúltese: Hribal,
Jason. (2014). Los animales son parte de la clase trabajadora y otros ensayos. Ochodoscuatro ediciones
81
Posterior mente, en los años ochenta, Tom Regan apelará a la consideración moral
sobre los animales desde una perspectiva deontológica kantiana, intentando arribar
a un principio universalista (Herrera, 2001). Para Regan ciertos animales son
sujetos de una vida al contar con valores intrínsecos, por lo que no basta con reducir
su sufrimiento, sino que su interés por la vida es motivo suficiente para no dañarlos,
siendo la muerte el máximo daño posible. Para sustentar esta guía moral se basará
científicamente en su cognición y no solo en su sensación como lo hace el
bienestarismo. Que un animal tenga conciencia de su propia vida implica que este
pueda tener derechos morales y, por lo tanto, el humano tener obligaciones morales
con aquel. Esto excluiría a ciertos animales de la consideración moral,
estableciendo una jerarquía de acuerdo con su nivel de cercanía cerebral a la del
humano (Herrera, 2001).
82
animales que sienten de manera distinta a los que tienen un sistema nervioso
central, o sea, incluiría a los invertebrados. Para esta autora existen datos científicos
suficientes para percatarse de que los invertebrados, aunque de manera diferente
a los vertebrados, tienen cierto nivel se sensación y de autoconciencia (Dunayer,
2010).
Como se ha visto hasta aquí todas estas corrientes comparten la mirada biologicista
sobre sus principios éticos. En la ciencia se busca el principio que determinaría el
límite entre quienes pueden tener consideración moral y quiénes no. El animal sigue
perteneciendo al reinado de la biología, y la moral, como ejercicio social, se refiere
exclusivamente a los humanos. Sin embargo, la mayoría de los debates que se
llevan a cabo a nivel institucional en relación con modificaciones legales y
normativas, ocurren bajo este campo y de ahí su relevancia de comprensión. Desde
mi perspectiva, estas discusiones omiten la parte del contexto social en las que se
llevan a cabo, de algún modo repiten premisas occidentales sin cuestionarlas;
aluden a formas de comprensión de los animales bajo premisas biologicistas
mientras que lo social es cuestionado con base en una falta de progreso hacia una
ética superior y claramente universalista. La parte cultural en la que se insertan, no
sólo estas discusiones a nivel teórico sino las prácticas que se desprenden de ellas,
omiten no sólo el contexto sino también las relaciones con los animales que pasan
por aspectos afectivos o considerados irracionales.
Para los investigadores con quienes trabajé, refieren a este trato ético como un eje
rector de su actividad, pero también es visible el modo en que esta configuración
ética establece concepciones en los investigadores sobre lo que los animales son.
Se establece una designación ontológica que permite operar sus cuerpos y, al
mismo tiempo, convertirlos en modelos de conocimiento. Por un lado, siempre se
resalta el hecho de que los animales son seres sintientes, que pueden sentir dolor
y sufrimiento, por lo que sus condiciones de vida y los procedimientos a los que son
sometidos no deben de causarles estas circunstancias. Por otro lado, esta
consideración también les confiere cierto valor en tanto seres vivos. Su capacidad
de responder ante ciertas circunstancias es lo que permite su utilización en algunos
83
casos que los hace equiparables a los humanos. “Hay que apreciar y respetar
mucho a los animales, porque de ellos uno come, de ellos uno vive, y sin ellos no
habría resultados, no tendríamos muestras”. Comenta Rosa, técnico de laboratorio.
Para poder constituirse en modelos, los animales requieren esta doble concepción.
Ser lo suficientemente parecidos al humano, sin que lleguen a serlo por completo,
y poder marcar esa distancia con él, lo que se materializa en el respeto que el
investigador le confiere al animal mediante el trato digno. Como bien analiza Aboglio
(2017), este tipo de ética y de legislación que se sostiene en el pensamiento
bienestarista, permite una concepción del animal que, al mismo tiempo que aboga
por una consideración ética a los animales no humanos, permite y legitima su
utilización y explotación por parte de estos. Más allá de entrar en un debate ético
sobre si esto es correcto o no, me interesa destacar el modo en que opera esta
utilización basada en el código ético encontrado en los laboratorios. En el medio
científico este adquiere características específicas, puesto que no sólo regula el
trato bajo una consideración moral sino también bajo una consideración epistémica.
Así, esta regulación ética forma parte de la producción corporal que traté en el
capítulo anterior, en donde se busca la mayor neutralidad posible para poder
generar una hoja en blanco donde se puedan generar las intervenciones
pertinentes. De este modo los desbalances generados por el dolor y el estrés
también pueden ser regulados en los casos donde estos forman parte del mismo
procedimiento experimental. Como ejemplo de esta situación podría mencionar el
84
caso de Ariadna, estudiante de doctorado que busca conocer el modo en que el
estrés en ratas en proceso de gestación puede o no modificar la preferencia sexual
en sus descendientes. En este caso el estrés es producido colocando a la rata en
un cilindro que imposibilita su movimiento. El momento de la experimentación es el
único momento en la vida del animal donde está justificado que se exponga a
situaciones de dolor o estrés ya que forman parte de los datos a ser analizados. Sin
embargo, esta situación debe estar muy bien regulada numéricamente, pues no se
puede mantener a un animal con vida si experimenta cierto grado de dolor o si su
sufrimiento rebaza ciertos límites de grado o de tiempo23. Independientemente de
cómo son medidos, me interesa señalar la manera en que su regulación forma parte
de la neutralidad esperada en el cuerpo del animal, neutralidad que debe permitir
cierta regularidad en los resultados. “Por ejemplo, los conejos son sumamente
estresables, son muy delicados, como decimos: no tiene palabra de honor. Como
te puede salir algo un día como otra cosa al otro día.” Comenta Esteban.
Los animales ante el dolor y el estrés generan respuestas diversas que deben de
ser evitadas o reguladas. Su respuesta debe ser predecible y estable, por lo que la
especie forma parte del conocimiento que se tiene sobre cada animal, por ejemplo,
de las ratas se sabe que se adaptan más a situaciones de manipulación y de
cambios en su ambiente que otros roedores, lo que las hace indicadas para cierto
tipo de experimentos. Si bien, en el código ético de los laboratorios se establecen
patrones más o menos homogéneos de comportamiento para regular el trato hacia
los animales, la diferencia entre las respuestas que los animales generan ante las
situaciones a las que son expuestos exigen que el investigador regule su trato
diferenciadamente, de acuerdo con la especie. Como comenta Esteban “Vas
aprendiendo como tratar a cada animal para no estresarlo, no puedes tratar igual a
23
Durante mi trabajo de campo platiqué con un investigador de un laboratorio distinto al que acudía dentro
del CINVESTAV, el cual trabajaba con ratones para conocer el modo en que ciertos fármacos funcionan para
evitar el dolor, para esta finalidad los ratones eran sometidos a pruebas de dolor. Las escalas estaban
determinadas no por la sensación causada al animal sino por el daño que generan los instrumentos al emitir
descargas eléctricas, por lo que se considera que cierto nivel de carga es suficiente para inducir un grado
determinado de dolor. En su caso se emitía un nivel de descarga considerado como insoportable donde si el
animal mostraba señales de dolor a pesar de haber sido administrado con el fármaco se procedía a ejecutarlo
para evitar el dolor. En este ejemplo es muy visible como el dolor se constituye como la base moral para el
trato a los animales pasando a un segundo plano su propia vida.
85
un pez que a una rata, o a una rata que a un ratón”. Poder generar respuestas
estables y repetitivas en los animales se establece como una de las finalidades del
trato ético señalado, es decir, se espera que el animal responda pero que esta
respuesta sea bajo los propios cánones deseables, de ahí que se espera que el
animal tenga palabra de honor24.
Esta consideración práctica del trato a los animales también se percibe como un
ahorro en tiempo y esfuerzo dentro del ejercicio científico que permitirá un mejor
desempeño. Comenta Esteban: “Si tú haces bien tu trabajo a la primera no vas a
tener que repetirlo, si lo haces mal entonces usas animales a destajo y eso es más
costo en tiempo y dinero”. La ética entonces responde a un modelo que debe
permitir generar mejores resultados aumentando el beneficio y reduciendo el costo,
de este modo el uso de las ratas dentro de la experimentación se inscribe en una
lógica productiva y bajo valores de producción. La racionalización del uso de
animales mejora la eficiencia, en términos económicos. También, por ejemplo, la
regulación de las muertes permitirá que se use una menor cantidad de ejemplares,
lo que significa menor gasto económico en su crianza25.
24
Es interesante que se haga uso del término palabra para designar esta estabilidad en sus respuestas. Cómo
Derrida (2010) expresará, dentro de la ética occidental moderna, desde Descartes, es condición que el otro
responda, mientras que al animal sólo se le ha conferido la capacidad de reacción maquínica, por lo que, para
Lacan, estas reacciones (aunque semióticas) están codificadas de antemano y son inalterables, de ahí la
incapacidad de un animal de mentir.
25
En este sentido se hace necesario pensar en futuras investigaciones el papel que los animales tienen dentro
de lo que se entiende por capitalismo cognitivo (Córdoba, et. al. 2018) donde el animal conformaría una
especie de fábrica de conocimiento por lo que su valor no se define en sí mismo sino por su capacidad de
generar otros bienes económicos.
86
el caso de estos animales. También se relata en los laboratorios que la presión de
grupos animalistas y las recientes leyes sobre crueldad animal implementadas en
la Ciudad de México influyeron para que se dejaran de usar estos animales y se
sustituyeran completamente por roedores y animales criados en bioterios. Si bien
estos roedores resultan mucho más fáciles de criar y sus costos económicos son
mucho menores a los que serían los de un perro o un gato, en realidad resulta más
caro producir uno de estos roedores bajo las condiciones mencionadas en el
capítulo anterior, que la extracción más o menos ilícita que se realizaba de perros y
gatos o la crianza de roedores sin restricciones tan estrictas. Caso ejemplar es el
de los primates, ya que su obtención, crianza y manutención resulta tan costosa que
su uso es bastante menor a cualquier otro animal de laboratorio, las restricciones
que se emplean para su trato están basadas en un mayor parentesco con el humano
lo que implica una consideración ética mayor y, por lo tanto, requieren mayor
esfuerzo y tiempo. “Lo más difícil de tratar con monos es que tienes que tratarlos
con mucho cuidado porque si se estresan ya no quieren trabajar, tienen que
familiarizarse mucho con el personal y con el experimento, es mucho trabajo tener
que estarlos enseñando poco a poco a que se acostumbren y no se estresen, tienes
que considerar mucho que estén en buenas condiciones, sin estrés, casi como si
fueran un niño.” Comenta uno de los investigadores del IFC que trabaja con mono
Rhesus.
87
Más allá de esto, el trato que las ratas reciban de los científicos no es regulado más
que por la ética personal que ellos practiquen, pues no existe una inspección
durante los experimentos. Así los científicos deben autorregular sus acciones si
desean darles el mayor bienestar posible a los animales. Los científicos que
entrevisté señalan de manera insistente el modo en que ellos cumplen con el código
ético sin que se le haya preguntado al respecto. Esta necesidad por evidenciar su
buen comportamiento parece responder a que en la actualidad existen numerosos
grupos animalistas que se oponen a la experimentación, por lo que se intenta
demostrar que sus prácticas son éticamente aceptables. Sin embargo, también la
referencia a la ética ocupa un lugar importante para el ejercicio de la
experimentación propiamente, pues a partir de esta consideración se evita cualquier
tipo de ambigüedad respecto a las responsabilidades que se tiene con estos
animales.
Los científicos perciben el dolor de las ratas pues estas chillan y se retuercen,
también identifican si el animal está estresado por medio de signos como la
respiración o incluso si están deprimidos pues su comportamiento se muestra más
pasivo. La normativa ética, en estos casos, regula la práctica científica, sin embargo,
no aparece como un marco prohibitivo sino por el contrario es posibilitador de la
misma práctica en tanto da un ordenamiento racional a las respuestas de los
animales y permite que el científico tome decisiones de acción. Así los animales
aparecen como seres sintientes que experimenta dolor y sufrimiento, pero estos no
deben evitarse sino más bien regularse, del mismo modo esto ocurre con su muerte,
pues si bien debe evitarse el uso de ratas de manera injustificada, sus muertes son
inminentes y deben ser acotadas.
88
reducir el sufrimiento de más individuos, sobre todo de la especie humana. Algunas
críticas a este posicionamiento provienen de la misma corriente de pensamiento,
por ejemplo, Singer (2018) considera que los experimentos son innecesarios sobre
todo porque no se pueden tener resultados confiables dada la dificultad de
extrapolación entre humanos y animales, por lo que no existe un bien mayor que
resulte de esta actividad. Sin embargo, también se reconoce que existen
aportaciones importantes desde este campo que benefician a la humanidad e
incluso a otros animales, como es el caso de la investigación veterinaria, por lo que
de este modo se considera que la muerte de los animales son un sacrificio necesario
para un bien mayor, otorgado por el progreso de la ciencia. “Por eso los animales
son muy importantes, sin ellos no podríamos encontrar nada, un modelo matemático
o un modelo de Software jamás podrían sustituir al modelo animal, muchos de los
avances científicos no serían posibles, a menos que experimentemos con humanos,
experimentar con animales evita que lo hagamos con humanos”. Comenta Esteban.
89
de exclusión de ambos términos. O se es persona o se es cosa. Lo que define a la
persona es, precisamente, su posibilidad de dominio sobre la cosa, convirtiéndola
en propiedad. Siguiendo a Esposito, considera que el pensamiento occidental fue
elaborando el concepto de persona a partir de esta escisión del derecho romano,
aunada a la de cuerpo y alma del pensamiento cristiano y a la de sustancia extensa
y sustancia pensante de la filosofía moderna (Aboglio, 2017) 26. De este modo en el
derecho, mientras los animales no entren en la categoría de persona continúan
perteneciendo al mundo de las cosas. La consideración reciente que se establece
en algunas normas a nivel internacional, como la de la Ciudad de México, donde se
le designa a los animales el estatuto de seres sintientes, no modifica en lo sustancial
su empleo como recursos, pues el concepto de persona continúa ligada a la idea de
razón que debe ejercer dominio por sobre lo irracional de las cosas, vistas como
propiedad.
26
Es importante mencionar que para Esposito (2017), no se trataría de que la separación entre persona y cosa
ponga el alma del lado de la persona y al cuerpo del lado de la cosa, sino más bien esta separación implica una
eliminación del cuerpo en ambos casos, como él comenta: “ la cosa ha sido en cierta forma ‘descorporeizada’
al ser disuelta en la idea o la palabra” (pág. 26), por lo que el cuerpo quedará siempre en una relación de
subordinación pero, al mismo tiempo, suprimido bajo las categorías que no pueden dar cuenta del mismo.
90
laboratorio la que los dota de valía para la experimentación. Es decir, la
consideración de los animales como seres sintientes es condición para su
incorporación al plano epistémico. Del animal se espera que responda, se trata de
su consideración como agente activo del proceso, tal como lo teoriza Ramírez
(2009), no se trata del animal como un agente pasivo sobre el cual se despliega una
acción. Desde mi perspectiva, este papel que juega el animal dentro de la normativa
bienestarista y lo que la autora señala como colonización de su respuesta, responde
no sólo a la consideración jurídico moral de la misma, sino que se remonta al plano
científico que busca delimitar ontológicamente al animal con base en su
consideración biológica. De modo similar, la desmaterialización de la que habla la
autora, por vía de la objetivación, no parece corresponder con la construcción
material que acontece en el cuerpo de los animales de laboratorio. Considero que
la posición designada al animal no es plenamente la de objeto, sino que es
precisamente la de ser sintiente la que le otorga su capacidad de ser empleado
como recurso y objeto de la ciencia. Es decir, que su concepción de cuerpo sigue
refiriéndose a una perspectiva biologicista y eso implica su objetivación moderna.
Para el bienestarismo el animal se continúa definiendo por su posible uso ante el
humano no porque lo reduzca a una cosa-objeto, sino porque esta definición
jurídico-moral del animal se acopla con cierto fundamentalismo biológico que define
la respuesta del animal bajo sus propios términos. Trataré de explicar cómo se
suscita esta designación desde la biología, para, posteriormente, esbozar el modo
en que opera por medio de la bioética en la relación humano-animal de los
laboratorios de investigación biomédica.
91
sustancia pensante, y, por lo tanto, de la conciencia de su propia existencia. Si bien
esta última idea se mantuvo en algunos momentos de la historia de la biología, la
consideración del dolor y el sufrimiento modificó este argumento cartesiano que
negaba el sufrimiento a los animales, pero sin que se modificara por completo la
perspectiva del animal como autómata, pues el dolor se entendió como una
respuesta mecánica ante un estímulo externo, mientras que el sufrimiento se
catalogó como una reacción del organismo. La idea del sufrimiento si bien tiene
cierta base en la noción de conciencia, esta quedó de nuevo ubicada en las
reacciones cerebrales. De este modo la distinción del animal con el humano se
movió de una idea de posesión innata de la capacidad pensante, en este último, a
la de adquisición de la cultura, posibilitada por una capacidad superior desarrollada
en el ser humano, de mediación y representación (Ingold, 1994). Según este autor,
este neo-racionalismo en la biología dotará de capacidades racionales a ciertos
animales para asemejarlos a los humanos en este punto, sin que se abandone la
dicotomía cartesiana, ahora representada en binomios como genotipo-fenotipo y
organismo-ambiente. Para esta biología la distinción entre ciertos animales,
incluyendo el humano, y un autómata, es la intencionalidad, es decir, poder
adelantar sus acciones o verlas en retrospectiva mediadas por representaciones
mentales que permitan dirigir la acción, y que sólo en el humano estarían mediadas
culturalmente.
92
forma parte del dispositivo que lo mantiene en condición de recurso, pero bajo la
concepción de este como organismo. Percibo en muchas de las discusiones ético-
legales sobre el sufrimiento animal un reajuste al modelo biológico contemporáneo,
más que una verdadera ruptura metafísica con la separación entre naturaleza y
cultura.
93
ser minimizadas o poder ser consideradas como variables. El sufrimiento, por
ejemplo, refiere a la idea somática de estrés, que puede ser medida mediante
hormonas como el cortisol. El dolor, por su parte, tiene una medición por el análisis
conductual del animal, es decir, observar de qué manera el animal responde a cierto
estímulo. En otros términos, la idea de dolor y sufrimiento más que considerarse
como una respuesta (que implica siempre la incertidumbre) del animal a la cual debe
de atenderse, se espera de este una reacción controlable. Por este motivo el
bienestarismo considera al animal como un paciente moral y no como un agente.
Lo que controla el investigador es su conducta, prácticamente de manera unilateral.
En esta relación moral, no hay dos, sino uno.
Por otro lado, el dolor causado a un animal es considerado como tolerable, para el
humano, a partir de su especie. Por ejemplo, el dolor o estrés infligido a una rata es
más tolerable por los humanos que el que se puede ocasionar a un mono, incluso
es menos tolerable el dolor infligido a una rata que el que se puede generar a un
invertebrado o un pez. Esta consideración se basa en una escala producida a partir
de la idea de evolución y el supuesto menor o mayor desarrollo del sistema nervioso
central. Esta concepción contribuye a generar cierto grado de empatía de manera
diferenciada en relación con su cercanía o alejamiento del humano. “Trabajé con
caracoles y al ser una especie tan alejada del humano, pues no piensas en si le
duele o no porque ni te das cuenta, de hecho, pues sabes que no sienten igual, una
rata ya está más cercana evolutivamente hablando y tienes idea de cómo le duele,
pero trabajar con simios debe ser más difícil porque ya también piensas en como
sufren de manera muy similar a nosotros.”. Comenta Esteban.
94
atributos individuales bajo la idea de cierta normalidad ideal, es decir, cada individuo
de la especie debe de tener ciertas cualidades suficientes para ser considerado
dentro de ese taxón. Se trata pues de una consideración del individuo biológico
limitado a su propia corporalidad. De este modo las relaciones que se establecen
entre distintos seres y que conjugan sus características particulares quedan veladas
para dar paso a la concepción de un organismo cerrado en sí mismo. Moralmente
esto implica que el humano no establezca una relación ética con los animales no
humanos, sino solamente puede controlar su nivel de intervención sobre estos a
nivel corporal. Tal como comentan Esteban y Estela, respectivamente: “Los
animales son tu instrumento, debes aprender cómo tratarlos, pero, no son
máquinas, debes tratarlos bien si quieres tener buenos resultados” “A veces si
responden de manera diferenciada, hay algunos que se comportan de manera
distinta, pero lo importante es que respondan como todos los demás lo hacen, para
que puedas controlarlos, sino se te sale de control el experimento”. De este modo,
no sólo la muerte y el sufrimiento quedan recluidos bajo este orden organicista, sino
también su muerte no representará ninguna controversia pues el animal no humano
no es consciente de ella27.
27
Lo que Derrida (2010) criticará respecto al pensamiento Cartesiano, pero también al de Heidegger y Lacan
por considerarlos logocentristas en el sentido de negar al animal su posibilidad de muerte basándose en la
sapiencia.
95
De este modo el animal queda atrapado en ese intersticio, ni cosa ni persona, ni
objeto ni sujeto. Es quizá, esta condición híbrida la que permite su manipulación
para ser convertido en un modelo epistémico. Se ubica en los límites de los dos
mundos creados por el humano y de este modo también se establecen
equivalencias entre humanos y animales a partir del dolor y el sufrimiento, mientras
que la muerte indica un punto de separación. Los científicos son responsables de
las vidas de las ratas, pero no de sus muertes. La vida animal en su límite se somete
a los valores científicos del conocimiento, la veracidad y la legitimidad. La vida en
su positividad, que genera a partir de la idea de similitud una idea de responsabilidad
hacia el animal, debe ser gestionada también en relación con estos valores.
La ética ofrece una claridad racional sobre qué hacer con los animales y posibilita
así que para los científicos la provocación de dolor, sufrimiento y muerte no
represente ningún dilema. Sin embargo, este esquema ético sólo es parte de la
disposición que deben elaborar los investigadores y de su relación que establecen
con los animales no humanos, pues esta atraviesa también aspectos irracionales
que tensionan los imperativos delimitados por la razón científica, conformando
redes complejas ubicadas en los límites de lo humano.
96
Capítulo III. Afectos En El Laboratorio E Imaginarios Animales.
Baruch Spinoza.
Para esta finalidad más que discutir el término mismo de subjetividad, me gustaría
emplear este concepto del modo en que los investigadores parecen designarlo en
su relación con los animales. Es decir, lo empleo no como un concepto teórico al
que apelo para explicar el fenómeno en cuestión, sino lo entendería desde la
perspectiva emic, aunque sin dar este concepto por sentado desde la perspectiva
de mis interlocutores, que en este caso son científicos, más bien problematizándola
y contrastándola con mis propias herramientas teóricas.
97
nivel personal, lo que podríamos designar como imaginarios28; y, por otro lado, hace
referencia al ámbito afectivo y emocional29 de los investigadores. Para éstos, los
dos ámbitos deben ser evitados para obtener la objetividad deseada, sin embargo,
trataré de demostrar el modo en que estos se producen dentro del laboratorio,
generando imaginarios y afectos propios de este espacio.
28
La discusión sobre lo imaginario suscitó un extenso desarrollo por parte del filósofo Castoriadis, buscando
oponerse al concepto ofrecido por Lacan y tratando de superar al de Sartre. Sin embargo, uno de los
elementos que se pueden encontrar en los tres autores es el del imago como componente del sentido. En el
caso de Castoriadis este atribuye a la noción de imaginario la inminente relación con la significación, por lo
que el atributo de social (respecto a las significaciones imaginarias sociales) refiere a los procesos simbólicos
configurados históricamente de los cuáles carecería cualquier otra especie, lo que representa un claro
antropocentrismo. De este autor podemos rescatar la idea de que existe en lo social cierta fijeza en los
sentidos que se establecen sobre todo de manera institucional, así como la posibilidad de ruptura basada en
ciertas fuerzas que el denomina imaginario radical. En esta investigación el término de imaginario tiene
inspiración en dicho autor, pero sin negar la noción de sentido común que se asocia con algo que no es real,
pero tomando esta acepción como una construcción. Además, para evitar estas consideraciones que critico
del autor no utilicé el adjetivo de social, tratando de pensar, más bien, la constitución de sentido que se
establece en una serie de relaciones semióticas y materiales situadas en una práctica en concreto,
considerando así la dimensión afectiva o emocional que suscita. En este último punto también se distingue de
la noción de imaginario ofrecida por Bloor (1998) quien las entiende como metáforas. Para profundizar más
en el concepto de imaginario en Castoriadis léase: Castoriadis, C. (2002). La institución imaginaria de la
sociedad: El imaginario social y la institución. Tusquets editores. Buenos Aires.
29
En este caso utilizaré la noción de afectos para resaltar el papel activo que los animales juegan en la
constitución de ciertas redes relacionales, las cuáles analizo en este capítulo, sin descartar que también
pudieran analizarse como emociones.
98
dirijan sus movimientos, les temen o les producen placer. Existe pues, una red de
afecciones, recíprocas, unidireccionales, activas o pasivas.
Es cierto que a este proceso en el que se establecen líneas entre distintos actores,
le precede un orden racional que regula sus prácticas. Los espacios están
determinados de cierto modo y las acciones están prefijadas para realizarse de
cierta manera. El investigador debe apegarse a una racionalidad que, además, debe
adoptar como propia. Existe una dimensión protocolaria que circunscribe esta red
de afectos. Sin embargo, esta delimitación ideal se ve desbordada por sus propios
actores, pues al mismo tiempo que se establece una interioridad definida, esta se
constituye necesariamente con relación al exterior. Este afuera no solamente está
delimitado espacialmente, sino también de manera temporal, pues existe una vida
previa de los investigadores (antes de dedicarse a la ciencia, o bien, referente a su
proceso de formación) y otra fuera de tiempo que refiere a los horarios en los que
no se encuentran en el laboratorio.
No existe una delimitación nítida entre el afuera y el adentro, sino que estas ideas
se traslapan y se tensionan todo el tiempo. Del mismo modo no se trataría de una
dimensión racional y otra imaginaria (como se supone ocurre de manera ideal) sino
más bien trato de explicar el modo en que esa racionalidad toma vida
necesariamente a partir de una dimensión imaginaria, es decir, constituyendo sus
propios imaginarios sobre la razón.
Como se alcanza a ver, tanto los imaginarios como los afectos que ocurren en un
laboratorio se constituyen de manera mutua, y conforman una red bastante amplia
y compleja, pues existen flujos de seres vivos, de símbolos, instrumentos,
sustancias y fenómenos diversos, así como una dimensión histórica bastante densa
que involucra dimensiones muy bastas tanto de tradición como económico-sociales.
Sin embargo, por el momento me gustaría centrarme en la relación entre los
investigadores y los animales de laboratorio; en lo que hace posible dicha relación
como en aquello que genera.
99
Estela: “No debes encariñarte con ellos, debes de poder verlos como tu
instrumento de trabajo, como lo que son: animales, sienten dolor y debes
tratarlos bien, pero no encariñarte nunca.”
Estela: “Por ejemplo, hay compañeros que les ponen nombres y luego ya no
quieren sacrificarlos porque los ven como una mascota, o hay algunos que
no les gusta matar a las crías porque piensan pobrecitos. Debes de pensar
siempre: no son humanos, son animales y deben de ser tratados con respeto,
pero no con cariño.”
No debes humanizar a tus animales. A los perros y gatos los humanizan muy
fácil por eso ahora está prohibido experimentar con ellos. No debes
humanizarlos porque al final tendrán que ser sacrificados. Si les ves su carita
diciendo, pobrecitos les duele, o pobrecitos sufren porque quieren ser libres,
pobrecitos no quiero matarlos, entonces no puedes trabajar. Al final eso es lo
que tú crees que sienten no es lo que ellos sienten.
100
Debe de establecerse una escisión entre animales y humanos, donde a los primeros
se les debe de colocar en una esfera a parte para su consideración. Si bien, como
en el capítulo anterior señalé, el código ético establece ciertas pautas de
relacionamiento, la consideración ética y la empatía generada con los animales
debe ser diferenciada plenamente entre animales y humanos. Se abre un espacio
inconmensurable entre unos y otros. Espacio que se genera como un artificio, pues
debe distinguirse de otras formas de relación con los animales, como es el caso de
las mascotas. Con esto no quiero decir que el encariñamiento con los animales se
dé de manera natural, sino que ambas formas de relacionamiento son posibilitadas
desde diferentes contextos.
30
Por pedagogías de los afectos no me refiero a problemas concernientes a las instituciones educativas, como
se ha empleado en la pedagogía desde los años noventa (Trujillo. 2008). Más bien me inspiro en la obra de
Segato (2018) donde se refiere a las pedagogías de la crueldad como “todos los actos y prácticas que enseñan,
habitúan y programan a los sujetos a transmutar lo vivo y su vitalidad en cosas.”(p. 13). Por lo que excede el
espacio educativo y se aplica a otras formas de estructura social. En mi caso no hablo directamente de
101
Dentro de este proceso de (des)afección se hace referencia a las mascotas pues
son la referencia cultural más inmediata de una relación donde humanos y animales
generan lazos empáticos significativos, y donde su humanización no sólo es
permitida sino fomentada, especialmente en tiempos recientes y en contextos
urbanos. De modo que los investigadores deben desaprender esta forma de
relación con los animales para permitir que el investigador pueda generar un modo
distinto de relacionamiento. Para esto deben aprender a diferenciar a los animales
de acuerdo con el espacio en el que estos se encuentren:
Yo tuve una rata mascota y son súper lindas, me la quedé de una práctica
que tuvimos en la licenciatura, después en la maestría tuve que experimentar
con ratas y sacrificarlas, sentía feo porque pensaba en mi ratita, pero aprendí
a decir; estas ratas no son manchita, son ratas de laboratorio. A manchita la
quise mucho y me costó diferenciar que las otras ratas son sólo animales de
laboratorio, no ponerme a pensar en si estarán felices, si estarán contentas,
si pobrecitas, porque eso es lo que yo quisiera para mi mascota y las ratas
no son mías. Ahora no me cuesta trabajar con ellas. (Karen. Estudiante de
doctorado).
Además de este encariñamiento, esta pedagogía de los afectos también debe influir
en el modo en que los investigadores manejan otras emociones hacia los animales,
más bien de repudio, como el miedo y el asco vinculadas a ciertos imaginarios. Para
este caso también deben de mostrar neutralidad pues interfiere con la facilidad de
su manipulación. Existen ciertos imaginarios de los animales que deben ser
crueldad pues considero existen otro tipo de afectos que se ven involucrados que pueden ser menos violentos,
aunque no descarto la posibilidad de pensarlo también desde el lugar de la crueldad hacia los animales.
102
replanteados. Los investigadores deben afrontar el miedo y el asco que tienen de
manera culturalmente aprendida hacia animales como las ratas y ratones. “Antes
me daban miedo y no podía ni verlas porque me recordaban a las de la coladera,
pero la presión me hizo agarrarlas y poco a poco se me fue quitando el miedo.”
Comenta Estela. En este caso la diferenciación debe realizarse con animales
ferales que representan un peligro potencial. En el caso de las ratas es
característico de dicha especie su relación con la suciedad y enfermedades.
103
de ser humanizado o de permanecer abyecto a la actividad humana. Por lo que más
que un proceso de desafección, la pedagogía de los afectos que viven los
investigadores se trata de un proceso de separación, en donde el animal de
laboratorio debe ser ubicado en su propio ámbito diferenciado del humano y de otros
animales.
104
Pero este corte no se logra de manera nítida pues existen líneas que se corren de
un lado a otro inevitablemente. Por el lado del humano, no basta con que este no le
atribuya sentimientos humanos al animal, sino que también es necesario que el
humano mismo no los experimente. Cortar la línea empática lograría que tanto el
sujeto como el objeto permanezcan neutros. Hablamos entonces de una producción
específica de animalidad, pero también de una forma particular de subjetividad (o
humanidad), que en este caso se producen mutuamente, tratando de excluir la
animalidad del humano y la humanidad del animal.
Esta neutralidad se logra sólo en la superficie, por debajo el animal acecha “No me
gusta sacrificar a los animales, siempre pongo a otros a que lo hagan, me da tristeza
tener que matarlos después de cuidarlos tanto, para mí son como si fueran parte de
mi familia, los veo diario, les doy de comer, veo que estén bien y tanto para que al
final los vea morir” comenta Rosa. Si se hace tanta insistencia en impedir ver al
animal como mascota es por la facilidad con la que esta situación se da. Y es que,
a pesar de esta exigencia de separación, la necesidad de cuidar a los animales y
generar un lazo de dependencia, exigen una disposición corporal en los humanos
que genera líneas de continuidad entre unos y otros,
Esta supuesta neutralidad del investigador también hace alusión a los afectos que
generan aversión hacia el animal. Es, por lo tanto, una neutralidad cuyo objetivo es
acercar y no alejar. Además de los imaginarios que los investigadores preconciben
sobre ciertos animales, deben de lidiar con el peligro real de que los animales
puedan generarles algún daño o, mejor dicho, muerdan. Para evitarlo recurren a
distintas técnicas y mecanismos que disminuyen esa posibilidad. En el caso de las
ratas incluso puede disminuirse el empleo de estas técnicas acostumbrando al
animal a que sea manejado. Para que los investigadores ejerzan dominio sobre el
animal deben de hacerlo también sobre sus propias emociones, pero esto lo realizan
de modo similar al animal de laboratorio: acostumbrándose ellos mismos a los
procedimientos. Hablamos entonces de una transformación mutua para generar una
disposición corporal que permita cierto tipo de relación. Aunque esta disposición sea
vista como una objetivación tanto del cuerpo del animal como de la mente del
105
investigador, se trata más bien de un proceso de subjetivación específica, una
relación intersubjetiva o interanimal31.
31
Tomo de Ramírez (2010) este concepto “ya no sólo referido al pensamiento de Merleau-Ponty sino a la
existencia de quienes estamos viviendo: animales entre otros animales, siempre e indefectiblemente.
Interanimalidad es un concepto que denuncia la ilusión de la superación humana de la condición animal,
cuando por ella se entiende lo determinado, mecánico, instintivo y limitado a la mera corporalidad
constitución ontogenética), o un pasado evolutivo que ha quedado atrás con la adquisición de herramientas o
del lenguaje articulado (constitución filogenética), o la depuración y distanciamiento de nuestros espacios
vitales como espacios humanos, sin animales (constitución social, cultural e histórica).” (p. 34).
106
entre ambos espacios un sinnúmero de líneas afectivas. Esto ocurre de manera
informal en muchos casos, donde convergen distintas formas de concepción sobre
los animales. Ejemplo de esto ocurre con frecuencia en el laboratorio. Mientras que
las investigadoras comentan en entrevistas que no deben encariñarse con los
animales, una vez estando con los animales les hablan como si estos fueran niños
con apelativos como: chiquito, bebé, gordito, etc. Una investigadora tiene su
escritorio lleno de peluches y dibujos de ratas, al preguntarle el motivo ella contesta
que le encantan las ratas porque son muy tiernas y es su animal favorito. Un
practicante durante una demostración de un experimento sobre actividad sexual
sujeta a una rata macho y le dice mientras la acaricia: “Eres un campeón amiguito,
la vas a pasar muy bien”; al comentar que me encuentro realizando una
investigación de posgrado me dice: “yo sé que no debemos hablarles así a los
animales, mi tutor si me ve acariciarlos me regaña, pero para mí son animales muy
simpáticos.” Una investigadora estudiante de doctorado me cuenta bajo la promesa
de no revelar su identidad que se robó del laboratorio a una rata:
Ya era viejita y me encariñé con ella, no iba a vivir mucho y mejor me la llevé
a mi casa, era una rata que sabía que no podía causar ningún daño afuera,
que no se entrenó ni se le modificó nada. Es difícil que esto pase porque se
tiene un control de los cadáveres, uno anota el número de cadáveres y hasta
el peso para que los incineren, yo le puse que eran 12 pero entregué sólo 11,
no se dieron cuenta .
107
laboratorio. El animal de laboratorio exige, como instrumento, de una disposición
específica por parte de los investigadores.
108
las sustancias o realizar los procedimientos pertinentes. En su gran mayoría
aprendieron con ratas y ratones. En algunos casos durante el posgrado ofrecieron
pequeños cursos para aprender a administrar inyecciones y sacrificar a los
animales. En otros casos fue dentro del laboratorio donde el personal técnico fue
quien les enseñó. “Aun así nunca aprendes más que practicando, te pueden decir
agárralo así, pero hasta que no lo agarras y ves que su piel se estira o que se puede
voltear y morderte, que te das cuenta cómo manejarlos bien” comenta Karen. Existe
una disposición corporal que no sólo pasa por el nivel del disciplinamiento, aunque
tampoco este queda excluido, pero se requiere de cierto tacto, de una interacción
cuerpo a cuerpo. “Con los ratones hay que medir mucho la fuerza porque son
diminutos y los puedes lastimar, pero si no los aprietas con fuerza se retuercen y se
zafan, es bien complicado”. Comenta Esteban.
Este tacto es una habilidad que debe desarrollarse, que requiere conocer al animal,
conocer su fuerza, su tamaño, su anatomía, su conducta, su estado de ánimo. Para
esto es necesaria la interacción cara a cara, acoplar el cuerpo propio al del otro. En
este caso los investigadores requieren desarrollar habilidades con sus manos para
acoplarse el cuerpo del roedor, tocar los puntos necesarios y evadir otros. Las
manos deben de coordinarse evidentemente con la atención y las capacidades
mentales de coordinación, pero también se requiere un aprendizaje de control
emotivo. Durante mis observaciones Ariadna me ofreció la oportunidad de aprender
a sujetar ratas adultas, logré tomar a la rata como me indicó, pues fue de la manera
más simple tomándola por la base de la cola para transportarla a otro recipiente, no
me pareció difícil, aunque en realidad era algo que ya había hecho previamente en
otros contextos. Sin embargo, le comenté que lo más difícil era controlar mis nervios
pues las manos me sudaban y sentía que podría estresar a la rata, a lo que me
respondió “e imagínate cuando tienes que inyectarles en la vena, es muy difícil y
sabes que les estás causando dolor, siempre lo más difícil es controlar esos nervios,
puedes practicar con un muñeco y hacerlo bien, pero saber que es un ser vivo ya te
pone en otro estado mental”.
109
Saber que se trata de un ser vivo implica responsabilidad, en el sentido de saber
responder al otro. Por lo que el control emocional que exige la manipulación no es
solamente un bloqueo, sino que exige una disposición hacia el otro. Se establece
una conexión no sólo a nivel somático en cuanto a coordinación sino también
afectivo. Los investigadores comentan que es necesario estar en un estado
emocional tranquilo para que los roedores no se estresen. Debe existir cierta
armonía entre investigador y animal para que la manipulación pueda darse sin
mayor problema. Esta sincronía a la que refieren no sólo implica acercarse a un
punto neutro o apático, sino que refiere a un estado mental ameno. “Creo que les
hablo bonito porque así siento que me llevo mejor, suena chistoso pero me he dado
cuenta que se portan mejor a que si llego y soy toda fría.” Comenta Ariadna.
110
pueda ser empleado como un indicador biológico al encontrarse en un estado
supuestamente neutro, como lo hablé en un capítulo anterior. Se destaca también
la importancia del buen trato que requieren los animales para que esto se logre. Sin
embargo, en el caso de los investigadores que tienen la necesidad de cuidar a sus
propios animales y cuyos resultados del experimento están ligados con su conducta,
hacen referencia a una conexión empática. No es que en el caso de los animales
que son sacrificados de manera inmediata no exista, pues es muy probable que los
cuidadores de los bioterios también desarrollen esta habilidad. Pero es importante
recalcar la importancia epistémica que tiene para los investigadores que trabajan
con conducta y la diferencia que implica que un objeto de experimentación sea un
ser vivo y cuente con algunas capacidades de respuesta que otros objetos no
tienen.
Hasta aquí he tratado de mostrar el modo en que los afectos confluyen de manera
ineludible en la práctica científica. Se generan líneas en forma de conexiones y
desconexiones entre animales humanos y no humanos. Por este motivo es que me
sirvo del concepto de afecto de Spinoza para ahondar en esta reflexión. Más que
realizar una explicación detallada de la teoría de los afectos de este filósofo me
interesa poder emplear su concepto para explicar el modo en que se desarrollan
relaciones afectivas y resaltar la importancia que estas tienen en la generación de
conocimiento durante la práctica. Baruch Spinoza (2009) define este concepto del
siguiente modo:
E.3.D.3. Por afectos entiendo las afecciones del cuerpo, por las cuales
aumenta o disminuye, es favorecida o perjudicada, la potencia de obrar de
ese mismo cuerpo, y entiendo, al mismo tiempo, las ideas de esas
afecciones. Así pues, si podemos ser causa adecuada de algunas de esas
afecciones, entonces entiendo por afecto una acción; en los otros casos una
pasión.
111
manipulan el objeto, en realidad existen distintos grados de afectación, pues ambos
cuerpos son trastocados en el encuentro cara a cara. En el caso de los animales
es evidente como son afectados ya que ese es el objetivo tanto de su cuidado como
de su empleo en la experimentación. Pero en el caso de los investigadores, como
ya lo vimos, también su cuerpo debe ser adecuado para su interacción con el
animal, lo que va desde la formación científica previa a la interacción con los
animales.
112
Al tratarse de un encuentro afectivo también se hace presente el deseo según
Spinoza (2009) “El deseo es el apetito acompañado de la conciencia del mismo, y
la esencia misma del hombre en cuanto es concebida como determinada a hacer
algo en virtud de una afección cualquiera (E2P9E)”. El investigador no sólo es
receptor de las disposiciones corporales de los animales sino también de las de
otros humanos: aunque este parezca ser el director entre los distintos actores
humanos y no humanos, en realidad está siendo afectado por distintas instancias y
requiere de adecuaciones para responder a los vínculos con otros humanos y las
demandas institucionales. Sin embargo, son sus deseos, esa epistemofilia entre
muchos otros, lo que lo mueve a ejecutar las acciones pertinentes.
Dentro de todos estos órdenes están los animales de laboratorio afectando el campo
y generando distintos encuentros. Estos animales por su parte también responden
a órdenes diversos y, aunque no podríamos descifrar los distintos deseos que
seguramente tienen dentro de los laboratorios, es evidente que también cuentan
con lo que Spinoza (2009) adjudicó al deseo, es decir el connatus o la capacidad de
perseverar en su ser. De ahí que el animal necesite afectos, entre ellos algunos
alegres, para conservar su potencia ante las distintas afecciones que los humanos
realizan sobre sus cuerpos. Aunque el desenlace, casi en la totalidad de las veces,
será que su cuerpo sea destruido dentro de este embate de encuentros. La muerte
vuelve a marcar el límite que separa a los investigadores de los animales de
laboratorio y de su propia animalidad. Para la composición del conocimiento se hace
necesaria la descomposición de los cuerpos de los animales. Si bien el cariño en
realidad es una huella infranqueable que los animales dejan, como una suciedad
indeseable, dentro de la aséptica idea de neutralidad científica, este se encuentra
acotado hasta el momento en que el cuerpo del animal es reducido a cenizas
(aunque ahí no terminará su papel dentro de la producción de conocimiento).
113
que ejercen fuerza sobre ella. De esta manera la mente imagina, crea. En el caso
que hemos mencionado en este capítulo podemos entrever como la idea de un
sujeto neutral, sin emociones ni afectos, que actúa sobre un cuerpo también neutral
bajo circunstancias controlables, es más bien un imaginario. Los investigadores con
base en las múltiples afecciones, no sólo causadas por los animales, sino también
por las exigencias jerárquicas e institucionales, es que conforman este imaginario.
114
cierto modo este deseo es el producto de ese diálogo que constantemente se dio
lugar en mi propia persona. Sin embargo, aún terminado de escribir mi investigación
me sigo cuestionando si en realidad mi escritura ha podido dar cuenta de esos
afectos, no en el sentido de generar una escritura sentimental o que se centre en el
yo, sino, más precisamente, que dé cuenta del proceso de transformación que
ocurrió en mí para poder escribir este trabajo.
115
Capítulo IV. Modelado Y Estandarización De La Vida Animal.
Francis Bacon.
116
conocimiento considerado científico. Para Hacking (1996) este es un campo de
disputa entre perspectivas realistas e idealistas. Por un lado, el empirismo propio de
la experimentación otorga la certeza de que hablamos de un mundo real, pero al
mismo tiempo este ejercicio deriva necesariamente de una revisión teórica en donde
se ajusta a cierto modelo de conjeturas ya preestablecido. Una perspectiva nos dice
que la teoría no representa la realidad y la otra que esta es tal como la describe la
teoría. Al igual que este autor me decantaré por una perspectiva en la que no trataré
de demostrar a qué racionalidad responde el modelo animal, sino más bien mi
interés se centra en el hacer, pensar que se produce a partir de este. El animal de
experimentación en este campo se vuelve paradigmático, pues debe adecuarse a
ambos preceptos, convirtiendo su cuerpo en el punto bisagra entre teoría y empiria.
Una vez que el animal cumple con los requisitos epistémicos y legales para salir del
bioterio y arribar al laboratorio comienza su preparación. Esta se encuentra
determinada por la necesidad del investigador de adecuar el cuerpo del animal a las
características requeridas. Algunas de ellas se encuentran dadas de antemano,
tales como la especie, el sexo o la edad. En estos casos se considera al cuerpo del
animal como la norma, como el grupo control, es decir, su neutralidad, que fue
producida, es considerada como el punto de partida y la referencia para analizar lo
considerado desviado en términos estadísticos. Esto último es producido,
generalmente, mediante una modificación del cuerpo del animal que puede ser
química, anatómica-fisiológica o conductual dependiendo de las variables que
117
busquen controlarse, existiendo también el caso de los modelos animales que
poseen una carga genética que producirá el desarrollo de alguna enfermedad.
118
en este sentido es que la investigación es siempre un proceso en devenir, que no
es exactamente lo mismo a decir que se trata de un proceso acumulativo y
progresivo, sino más bien es inacabo y secuencial.
119
En esta fase de la investigación la predicción de los resultados es menos importante
que la fabricación del modelo, pues este es el resultado de una serie de acciones y
de actores que convergen como requisito previo al experimento. Aunque se habla
del modelo animal en singular, en realidad se trata de un proceso de interacción
entre animales, sustancias y máquinas. Para preparar a la rata macho cuyo corte
cerebral servirá como evidencia, son necesarios una selección y un entrenamiento
previo. La rata debe aparearse ante la vista del investigador, al ser introducido en
un cilindro de acrílico transparente de 50cm de diámetro por 50 cm de altura, ahí
debe cumplir con el requisito de copular con una hembra que previamente fue
inyectada con estradiol y 24 horas después con progesterona para que se encuentre
en un estado receptivo. El macho es evaluado dependiendo el tiempo que tarde en
realizar una copula completa (con penetración y eyaculación) y si es mayor a 30
minutos entonces será descartado, si es menor a este tiempo se repetirá la acción
hasta que lo haga en 15 minutos. En este proceso alrededor de 8 de cada 10 ratas
son descartadas, y serán usados en otros experimentos, para prácticas educativas
o, bien, se les realiza eutanasia. A las ratas que logren realizar la hazaña serán
considerados machos sexualmente expertos y serán candidatos para convertirse en
el modelo de saciedad sexual. La rata macho entonces será puesta de nuevo con
una hembra artificialmente receptiva para que copule con ella ad libitum hasta que
pasen 90 minutos sin que quiera repetir la acción, 24 horas después es colocado
con una nueva hembra receptiva y el macho no debe copular de nuevo, entonces
estará listo para la realización del experimento.
En este punto se espera que las ratas que fueron modeladas tengan una serie de
parámetros medibles más o menos iguales. Se requirió un entrenamiento para que
su conducta fuera lo más homogénea posible y tanto las respuestas como los
tiempos de respuesta respondieran a un criterio de normalidad estadística. Si este
criterio no se cumple, si alguna rata tiene una respuesta considerada anormal
entonces se descarta del experimento. Estela me contó que esto suele ocurrir, hay
ratas que quieren copular 24 horas después, aunque haya ocurrido la saciedad
sexual, o que, aunque hayan sido consideradas expertas sexualmente, no quieren
reproducirse a la hora del experimento, en este caso se descarta que sea la hembra
120
la que ocasiona el problema, pues en ocasiones al macho no le gusta la hembra o
esta puede ser agresiva y entonces se cambia a la hembra. Existe una serie de
determinaciones azarosas que deben de ser controladas o, incluso, eliminadas.
121
no se conforman por buena suerte o por una armonía preestablecida. Se definen
recíprocamente.” (Hacking, 1996, p.302).
La gran mayoría de las veces no se espera que los resultados del experimento sean
idénticos los unos con los otros, sino el objetivo es medir la frecuencia de repetición
con la que ocurre un fenómeno para obtener resultados cuantificables y susceptibles
de ser analizados probabilísticamente. Pero, para poder medir esta incidencia el
modelo animal debe ser el punto cero desde donde parten estas mediciones. El
control de variables debe ser minucioso. Pero también la modificación de alguna de
estas variables da origen a la creación de nuevos modelos y se espera que los
resultados experimentales sean distintos.
32
De acuerdo con Ariadna, el laboratorio en el que desarrolla su investigación, se fundó con la idea de analizar
la conducta sexual en las ratas macho, lo que respondía al interés científico de encontrar la forma en que las
hormonas tenían impacto en el desarrollo cerebral y este en la conducta sexual. Tanto la temática como los
métodos respondían a una tradición que se desarrolló a mediados del siglo XX en los Estados Unidos y Europa
donde se buscaba explicar el desarrollo normal de la sexualidad para conocer también las afecciones
patológicas y la conformación de fármacos para su tratamiento, por lo que el desarrollo de modelos animales
para analizar la conducta sexual tomó gran relevancia en la farmacología.
122
hembras son descartadas y las ratas macho son criadas en las condiciones
normales de laboratorio hasta los 3 meses, momento en que se realiza el
experimento de conducta sexual donde se ha encontrado un aumento en el número
de ratas con preferencia homosexual en relación con camadas de ratas que no
pasaron por este proceso de crianza. El segundo modelo responde a los mismos
principios teóricos pero su producción es diferente, pues a la rata en gestación se
le inyecta letrozol, que es un inhibidor de la aromatasa (que permite la formación de
testosterona a nivel cerebral) desde el día 10 de embarazo hasta el momento del
parto, para después seguir el mismo experimento sobre conducta sexual
encontrando resultados similares que los realizados con el otro modelo. Alrededor
del 50% de los machos producidos con ambos modelos tienen una preferencia
homosexual, por lo que si estos dos modelos se combinan se esperaría que el
porcentaje aumentara, puesto que acrecentaría la probabilidad de que el desarrollo
cerebral se viera afectado por las intervenciones realizadas.
123
cambios de teoría; esto es, el modelo se mantiene, pero la teoría se descarta. Hay
más verdad local en los modelos inconsistentes que en la más elaborada teoría.”
(Hacking, 1996, p. 247).
Esto ocurre, como lo expresa Hacking en la cita, porque el modelo responde ante
una situación específica que es creada de cierto modo para poder aplicarse en este
contexto y se distingue de una teoría que aspiraría a ser aplicable a todo. El modelo
animal responde de manera constante porque las condiciones de su ejecución son
también constantes, lo cual no quiere decir que esta respuesta sea enteramente
una creación del investigador, es más bien el resultado de procesos de
interpretación e intervención previas en una realidad cambiante y azarosa.
El modelo debe capturar el azar, estabilizarlo, por eso se anulan las conductas y las
respuestas anormales. Las ratas pueden actuar de maneras inesperadas, o no
cumplir con los requisitos necesarios, y esto no debe llegar al experimento, pues es
considerado como error o ruido. Las variaciones entre respuestas deben ubicarse
dentro de cierto margen de variabilidad. En los casos descritos al estudiarse la
conducta del animal, este debe entrenarse, no se trata de conductas naturales que
las ratas realicen fuera del laboratorio, sin embargo, es necesario conocer las
características de la especie para saber que es esperable y que se puede lograr
mediante la intervención. Por eso los investigadores también deben entrenarse ellos
mismos para producir sus modelos.
124
Como lo describí en capítulos anteriores, el investigador debe saber relacionarse
con el animal, conocer sus estados de ánimo, sus capacidades y limitaciones. Poder
ubicar a los machos que serán buenos modelos dada su conducta en la cópula.
Poder realizar intervenciones quirúrgicas, suministrar fármacos causando la menor
alteración, saber cuándo las ratas están más disponibles para realizar su
entrenamiento, etc. Karen, por ejemplo, produce un modelo con ratas hembra a las
que se les produce diabetes tipo 2 mediante la administración de estreptozotocina
que destruye células específicas del páncreas produciendo una modificación en el
metabolismo concerniente a la glucosa. Este modelo le permitirá realizar
experimentos de conducta para conocer si el apetito sexual en las hembras
disminuye por la enfermedad inducida. A diferencia de los modelos que trabajan con
machos sexualmente expertos, en las hembras no es necesario realizar una
selección previa o un entrenamiento pues las hembras se mostrarán receptivas
mediante la administración de hormonas. Se podría decir que los ritmos que ocurren
de manera natural son inducidos de manera artificial, creando un ritmo propio que
responde a las demandas de investigación. Sin embargo, Karen sabe que debe
respetar otros ritmos, comenta que las cirugías de esterilización son un factor
estresante que impide realizar pruebas de apetito sexual por lo que se realiza con
varios días de antelación, la administración de los fármacos también debe ser
realizada 24 horas antes de la prueba pues es el periodo en que el cuerpo de la rata
metaboliza la hormona. Así una vez producida la enfermedad sabe que la
administración de fármacos debe ser más cuidadosa pues las ratas se vuelven más
sensibles y ariscas.
Ella ha trabajado con este modelo por varios años y sabe cómo producirlo mejor,
comenta que gracias a su experiencia desperdicia menos modelos que al inicio de
su investigación, pues por ejemplo una mala cirugía o una equivocada elección de
los machos arruinaría el experimento. El proceso de modelado más que una
creación a voluntad del investigador es una negociación constante con los animales
y con las condiciones del laboratorio para alcanzar los requisitos experimentales.
Modelo y experimento se definen recíprocamente como la materia y el producto final
se definen en el trabajo de un artesano.
125
Entre más experiencia tenga el investigador aprende a manejar de mejor modo los
materiales y a producir los efectos deseados, obteniendo así modelos que
respondan a los cánones deseados. Se trata de un trabajo de habilidad corporal y
no sólo intelectual, por eso un técnico tiene, generalmente, más habilidad para
producir modelos que un estudiante de posgrado o incluso que un investigador
reconocido. Esto es expresado repetidamente por los investigadores, por eso para
desarrollar su habilidad requieren, por un lado, convertirse en aprendices de alguien
más experimentado, quien generalmente es el técnico de laboratorio, y por el otro,
de realizar el modelado de manera repetida. Esto permite conocer mejor los
materiales, no sólo la disposición de los animales sino también de los instrumentos
como las jeringas o las máquinas, y de las sustancias químicas. Debe, además,
predisponer su propio cuerpo a estos materiales, desarrollar la coordinación manual
precisa, adecuar su olor y estado de ánimo para no estresar a los animales, adecuar
su vida y sus actividades fuera del laboratorio a los ritmos establecidos por los
procesos biológicos, etc. Es decir, al igual que el cuerpo del animal debe
estandarizarse para adecuarse al modelo, también debe hacerlo el del investigador;
debe modelarse a sí mismo. Según Peirce (Hacking, 1991) el proceso de
entrenamiento en los científicos reduciría la variación numérica pues aprenderían a
medir de mejor modo mediante una disposición psicológica que disminuiría el error,
pero también este efecto debe ser logrado con el entrenamiento corporal y no sólo
psicológico, para poder disminuir las variaciones que este tiene respecto a su
ejecución en las intervenciones.
126
sexualmente expertos hasta que las crías gestadas alcanzan la madurez sexual y a
su vez tienen decendencia. Los ciclos de vida de los animales, aunque sean
modificados, no pueden ser inmediatos. Gran parte de la estancia en el doctorado
consiste en aprender a producir sus modelos. De hecho, aún en el último año de
esta Karen y Ariadna seguían produciendo modelos.
De este modo la relación que se establece entre el investigador y los animales forma
parte del proceso de estandarización. La constancia en las respuestas que muestra
el modelo animal depende de un proceso formativo que va reduciendo la
variabilidad. El investigador debe responder a este nivel de complejidad en las
respuestas para poder controlarlas. A diferencia de un tejido donde las respuestas
son, en teoría, más homogéneas y están dadas de antemano, en los modelos de
conducta se requiere una mayor compenetración para conocer las respuestas de
127
los animales y ser capaz de dirigir sus acciones. La homogenización debe pasar por
una individuación de los animales. Algo muy similar a lo que Foucault (1988) llamó
poder pastoral33.
33
Este proceso de individuación al que refiere Foucault (1988) se constituiría por dos vías, el de la objetivación
y la del trabajo de sí, en el caso de los animales esta segunda resultaría compleja de pensarse, sin embargo,
la relación que establece el pastor con su rebaño en este tipo de poder coincide con el conocimiento que el
investigador debe entablar con cada individuo para poder guiar sus acciones, y su conjunción con un poder
globalizante centrado en la idea de población. Es evidente que Foucault se refiere a las sociedades humanas
bajo periodos específicos de la historia, un contexto muy distinto del cual hablo aquí, sin embargo, queda la
pregunta de si existe relación de esta forma de poder con la manera de constituirse de las ciencias biomédicas.
34
Esta diferencia también responde a criterios globales determinados por las comunidades científicas. Como
expresaron Ariadna y Estela, los modelos animales de conducta son considerados como atrasados por
comunidades científicas locales que son considerados como más integradas (Para la discusión sobre
integración a la ciencia léase: Kreimer, P. (2006). “¿Dependientes o integrados? La ciencia latinoamericana y
la nueva división internacional del trabajo”. Nómadas (Col), núm. 24, abril, Universidad Central Bogotá,
Colombia.) donde se utilizan modelos más innovadores por ser considerados más precisos. Lo que implica
reflexionar en futuras investigaciones acerca del modo en que la constitución de élites intelectuales determina
la conceptualización que se hace de los animales en función de su operatividad y el modo en que los conflictos
y flujos constituyen macroredes de conocimiento desatando conflictos y acuerdos entre actores (Kreimer.
2006) por lo que la idea de precisión estaría constituida, también, por intereses sociales y económicos y no
sólo responde a cuestiones objetivas.
128
y se abre el cráneo, se saca el cerebro y se disecciona el cerebelo, el resto es
desechado junto con el cuerpo de la rata en los pequeños sacos donde continúan
moviéndose por actos reflejos. Con un microscopio estetoscópico y mediante el uso
de pinzas y espátulas muy finas, se le quitan vasos y meninges sanguinolentos. Se
introduce en un medio con glucosa, suero fetal de bovino y butamina para que las
células se conserven con vida, para después cortarlo en pequeños cuadros, los
tejidos “Se hace picadillo”, comenta Gertrudis. Se mezcla y se centrifuga en la
máquina destinada para esta acción. El material ya separado se coloca “a baño
maría” en otro aparato para favorecer la separación celular. Se agrega un inhibidor
de la tripsina para evitar que se rompan ciertos elementos de las neuronas y se
vuelve a centrifugar, la sustancia resultante se pasa por un filtro ultrafino y el
resultado de todo este proceso serán neuronas vivas separadas de otros tejidos.
Las cuales deben sembrarse en pequeñas cajas de cristal con polimixina que
conformará una especie de maya donde las neuronas pueden adherirse.
129
modelos de conducta esto no sólo sería imposible sino poco conveniente. La
relación humano-animal pasa a ser parte del método ya que la conducta es
imposible de volverse una constante estática.
35
La forma en que se produce a los animales en las ciencias biomédicas parece estar dirigido a lo que
Versellone (2011) denomina como capitalismo cognitivo y que podría entenderse como “la acumulación de
conocimiento, pero con la particularidad de que es un conocimiento que nunca es un fin en sí mismo, sino
que es mediador, puede ser reintroducido en el sistema productivo para generar nuevos y más productos
cognitivos que transforman las relaciones sociales y los horizontes de acción de los individuos.” (Córdoba et.
al. 2018). Bajo esta consideración los animales no sólo son productos de consumo sino se convierten en
fábricas que se introducen en la cadena de producción. Es necesario pensar en futuras investigaciones el
130
El modelo animal, ya sea entero o mediante tejidos, ofrece esa variabilidad, esa
cantidad de azar necesaria para conocer la vida. Hasta el momento no se ha logrado
reproducir vida mediante intervenciones en el laboratorio y los investigadores se
reúsan a abandonar el uso de animales en la investigación ya que consideran que
si esto ocurre entonces aquello a lo que se refieren sus investigaciones ya no serían
a los seres vivos, y por lo tanto las tecnologías desarrolladas ya no podrían incidir
en ellos. Existe la idea que en un futuro se podrán sustituir los modelos animales
con simuladores programados con inteligencia artificial, pero entonces el azar
quedaría reducido a una serie de algoritmos. Si bien el modelo es la traducción de
la realidad a un lenguaje formal comprensible para el humano, los investigadores
saben que la matematización no es lo mismo que la vida, pues esta implica una
serie de respuestas aún desconocidas e impredecibles, lo inconmensurable. La
ciencia debe dirigirse hacia ese umbral para bordear el abismo.
De este modo el investigador más que un amo que crea los modelos desde una
posición superlativa debe imbuirse en la red de relaciones que se suscitan para
captar las distintas líneas y hacerlas converger. El modelo más que un producto
final es esa captura momentánea de una serie de relaciones y acciones de la vida
que se hacen posibles de ser medidas. El modelo animal encarna este proceso de
estandarización, es el punto en el que convergen distintas fuerzas, más que un
producto estático es un proceso de acción donde el investigador también es
modelado. La teoría baja y se mezcla por medio de distintas técnicas con las
conductas, órganos y moléculas para hacerlas medibles. El animal, o la célula,
deberá responder y moverse por el camino trazado ante las condiciones
experimentales, suscitando nuevos fenómenos, y el investigador deberá entrenar
su ojo para captar este dinamismo y construir la evidencia científica.
modo en que la constitución de modelos animales transforma el cuerpo de estos en fábricas no sólo
tecnológicas sino también cognitivas para producir, a su vez, mayor innovación en el mercado.
131
Capítulo V. La Producción Escópica De La Evidencia.
Observar Conductas Y Tejidos.
René Descartes.
132
he mencionado, para poder manejar las máquinas y los animales requeridos, lo que
implica un acomodamiento corporal y subjetivo, donde se entablan redes de acción
encaminadas a un mismo fin. Este proceso involucra de manera especial el ojo del
investigador, ya que debe ser capaz de registrar con precisión lo que ocurre al
momento de la experimentación y previo a ella.
La respuesta a la segunda pregunta tiene que ver con el entrenamiento que tienen
los investigadores y con el cuál yo no contaba. Este acto se realiza generalmente
por medio de la enseñanza de otros investigadores, ya sean los técnicos del
laboratorio o estudiantes de grados más avanzados. En el caso que acabo de
describir, de las ratas sexualmente expertas, lo que los investigadores registran es
el número de veces que una rata logra eyacular y en cuánto tiempo lo realizan. El
tiempo que dura una rata macho montando a una rata hembra antes de eyacular
dura sólo unos segundos, y el investigador debe poner atención en detalles de su
conducta que indiquen que la eyaculación ocurrió puesto que muchas veces la
monta no llega a este momento. El investigador debe poner atención a si en la monta
ocurre en las hembras la conducta llamada lordosis que consiste en un arqueo de
la espalda, si esta no se da es muy poco probable que haya habido intromisión del
pene, pero que esta haya ocurrido no es suficiente prueba para la eyaculación pues
puede haber una sin la otra; para esto se debe poner atención en si la rata macho
es despedida hacia atrás. Este acto es en realidad muy rápido y para mí fue
imperceptible hasta después de observarlo repetidas veces. Para esto Karen nos
133
da un consejo muy útil: “si te fijas, cuando suena el aserrín generalmente es porque
la rata macho se echa para atrás, entonces es más fácil registrarlo”.
Si bien el órgano principal que debe ser entrenado es el ojo, en realidad es una
predisposición corporal más elaborada la que se requiere para poder observar de
este modo. Como lo he descrito el sonido también es importante, la integración vista
y oído a la hora de registrarlo. Pero este consejo, comentan los investigadores, no
está en ningún libro, sino que tiene que transmitirse de manera interpersonal. Las
relaciones que se establecen entre distintos órganos sensoriales, así como entre
estos y la selección mental y las ejecuciones cognitivas necesarias llevan detrás
también una red de relaciones interpersonales e interanimales que lo posibilitan,
donde el objeto no se encuentra sólo en la percepción sino que se constituye en la
interacción ecológica del medio36. Este tipo de relaciones, de transmisión de
36
Tal como lo comenta Ingold respecto al fenómeno de percepción que plantea Gibson. Véase: Ingold, Tim
(2000). The perception of the environment: essays on livelihood, dwelling & skill. New York: Routledge
134
conocimiento, de entrenamiento, de supervisión, se llevan a cabo de manera similar
entre los humanos y los roedores, pues no se trata sólo de observar como si el
investigador fuera un naturista en tierra virgen, sino más bien, él participa
activamente de la producción de eso que está observando, en conjunto con otros
actores, incluso no vivos. Como la caja transparente que limita el movimiento de las
ratas para facilitar su contacto, pero al mismo tiempo permite que los investigadores
observen. La observación de este modo es un acto de convergencia que es un
producto de ciertas relaciones más que una luz que captura cierta imagen para su
registro.
135
registrada correctamente. Investigadores que también debieron ser previamente
entrenados para poder ver estas conductas.
Posteriormente esta rata será ejecutada y su cerebro rebanado para poder observar
distintas características cerebrales. Entonces aparecen otros aparatos: el
microscopio que amplía la imagen y la hace visible, y una cámara fotográfica que
conformará el registro de cada una de las imágenes. El entrenamiento del
investigador también consiste en saber usar estos aparatos e interpretar las
imágenes que producen. Yo como un lego, al observar por la mirilla del microscopio
sólo pude observar manchas, que se fueron haciendo menos borrosas conforme
Ariadna manipulaba las lentes para enfocarlo mientras me explicaba cuáles eran las
estructuras cerebrales que se observaban, así como las proteínas que son teñidas
para poder verse. Estas imágenes, obtenidas mediante la técnica llamada
inmunohestoquímica, son elaboradas con los tejidos obtenidos del cerebro de la
rata y distintas sustancias y tinturas, lo cual es elaborado, en este caso por Rosa la
técnico del laboratorio. Se trata de un trabajo manual en el que se elaboran distintas
imágenes que serán analizadas como evidencia. Para esto es requisito la
preparación empírica para aprender a manipular los distintos materiales y obtener
el resultado deseado, como Rosa lo expresa “uno se vuelve experto en inmunos
hasta después de hacerlas, y así uno va haciendo ver lo queremos ver”.
136
por completo. Después de un periodo de postfijación de 24 horas, en donde el tejido
se deshidrata con sacarosa, se rebanan los cerebros para obtener un corte en una
sustancia crioprotectora dentro de una caja de Petri y al final se coloca una resina
protectora que evitara la degradación del tejido. Antes de esto se agregó una
sustancia cuya misión es reaccionar ante determinadas moléculas presentes en el
tejido y así poder colorearlas, haciendo ver puntos de un color contrastante con el
fondo e identificar de manera cuantitativa cuantas reacciones se suscitaron en el
cerebro de la rata antes de morir. En este caso se analizaron receptores de
estrógenos y andrógenos y se observaron los distintos puntos que se tiñeron para
medir la cantidad de estos en el cerebro de una determinada rata, así como analizar
las áreas donde se encontraron. De este modo se realiza un barrido por todo el
cerebro, es decir, cada área del cerebro es localizada y rebanada hasta obtener una
representación total del cerebro. Si bien el cerebro es un órgano con un volumen
determinado, las imágenes que se obtienen son bidimensionales, por lo que se
realizan cinco cortes de la misma área con la finalidad de obtener una
representación más parecida a la tridimensional al juntar estos cortes. De este modo
se obtienen tres imágenes, una en la caja de Petri observable por medio del
microscopio, otra es la fotografía que se realiza y que se analiza por medio de un
software para calcular la totalidad del área iluminada, y por último una gráfica que
determinará las variaciones de los distintos receptores de acuerdo con la
preferencia sexual de la rata.
137
Rosa me muestra dos imágenes, en una se observa de manera clara las líneas de
la estructura del tejido cerebral, el contraste de estas con el fondo y los puntos
iluminados es muy evidente, mientras que en otra imagen el contraste es mucho
menor y el tejido cerebral es casi imperceptible. Ella me comenta que la diferencia
tiene que ver con la velocidad con la que se realiza la perfusión y la cantidad del
reactivo que tiñe los receptores, pues ambas alteran la degradación de los
materiales que desean verse. Por eso es importante evitar cometer errores, las
cantidades son tan pequeñas que su manipulación requiere, no solamente un
desarrollo motriz muy fino, sino también un estado emocional óptimo “Tienes que ir
muy bien anímicamente porque debes estar muy concentrado porque todo tiene que
ser exacto.” Las emociones, así, son consideradas como una variable más que debe
controlarse para lograr la estandarización, pues esta puede ocasionar el error, sin
embargo, en la práctica esta es inevitable, por lo que más bien busca reducirse “Por
ejemplo yo en un día hago inmunos de distintas muestras porque así se distribuye
el error, no es lo mismo que en una sola muestra te equivoques cinco veces a que
sea una vez en cinco muestras, eso ayuda a que el error sea menor”.
138
En la expresión anterior de Rosa, se aprecia la idea clásica de replicabilidad y
perfectibilidad de la ciencia, sin embargo, lo que nos interesa es el modo en que
esto aplica para la producción de la evidencia. Es decir, la imagen que se busca
generar no es nunca definitiva y depende no sólo de la intención de quien la elabora,
sino de su destreza para producirla en la interacción con otros materiales. Esta
habilidad se desarrolla con la experiencia mediante la repetición de la acción que
permite ir conociendo los materiales, sus características, así como las herramientas
que se emplean y su forma de abordarlas. Sin embargo, aunque se tiene la idea
que esta repetición tiende hacia una mayor estandarización de la acción y que esta
pueda repetirse una y otra vez cada vez de manera más homogénea disminuyendo
el error, lo cierto es que siempre debe haber un espacio para la improvisación al
tratarse de situaciones que pueden variar y que, por lo tanto, también deben
responder ante esas variaciones. Rosa me comenta que, por ejemplo, las hormonas
antes de ser suministradas deben diluirse en diclorometano con dos gotas, pero que
después de más de mil veces de hacer este procedimiento notó que el tiempo entre
una y otra gota era crucial para que la hormona no se precipitara, o en otro caso,
ella modificó la cantidad señalada en el manual del antígeno que se coloca en la
muestra para lograr un mejor contraste en la imagen. La cantidad incluso depende
del laboratorio de donde provengan los antígenos pues estos muestran variaciones
muy pequeñas pero que interfieren en la producción de la imagen.
Que la imagen sea producida y no develada sin duda posiciona la discusión dentro
de la pregunta epistemológica de si lo que se observa es real o no lo es. Más que
adentrarme en este interminable debate epistemológico, al igual que Hacking (1996)
me pregunto sobre las condiciones de posibilidad que generan el fenómeno, que en
este caso es una imagen, ya que esta intervención en la realidad, como él la llama,
es posibilitadora del conocimiento más que una limitante. Aunque difiero con el autor
al pensar que la intervención es realizada por un sujeto sobre un objeto, mi interés
se dirige en otra dirección, al preguntarme por el modo en que diferentes actores,
incluyendo el investigador, las ratas, sustancias y máquinas, participan de esta
producción.
139
Hacking (1996) hace mención del microscopio como creador de fenómenos que no
serían posibles sin este aparato, pues su misión no es amplificar nuestra vista, en
el sentido que la imagen producida sería la réplica en una escala mayor de lo que
nuestro ojo percibe. Lo cierto es que, esa imagen que genera el microscopio es
producida por un fenómeno de la luz que es distinto al que genera nuestro órgano
ocular. Es decir, el aparato genera una imagen propia que nosotros podemos
interpretar por medio de nuestra vista. Sin embargo, esto no implica que lo que
observamos como resultado final sea algo creado exclusivamente por el
microscopio y, por lo tanto, distinto de la realidad del espécimen, sino que este
suscita un fenómeno donde diferentes ondas interactúan con este para rastrear sus
contornos, formas y texturas. Hacking (1996) cita un manual para microscopistas de
Slayer donde lo definen del siguiente modo: “la imagen ha de ser un mapa de
interacciones entre el espécimen y la radiación que crea imágenes”. (p. 229)
En este sentido, la imagen producida por un microscopio expresa, más que una
imagen directa del espécimen, las distintas relaciones que este produce en el
encuentro con la luz. Estas son posibilitadas, a su vez, por una matriz de
pensamiento que busca visibilizar algo. Los tejidos de la rata, cortados
140
micrométricamente, son, en realidad, transparentes. No reflejan la luz y un
microscopio convencional no da cuenta de estos ante el ojo humano. Por este
motivo es que deben teñirse para señalizar donde se encuentran sus diferentes
terminaciones. En el caso de Rosa ella debe inocular las tinturas y reactivos. La
imagen que produce debe ser convincente para otros. Ella sabría, por analogía, que
el corte corresponde a una determinada parte del cerebro, para esto ella registra
cada corte de acuerdo con un atlas cerebral que señala las coordenadas de cada
uno. Pero, si algún investigador desea observar sus muestras, el mero registro de
Rosa no es suficiente, debe cerciorarse por sus propios ojos que el tejido sea el que
corresponde con la coordenada. Entonces observaría los contornos cerebrales por
medio del microscopio para ver que esta muestra es real. Un lego lo que cree
observar son los tejidos y proteínas del cerebro, cuando en realidad observa la
relación entre distintas sustancias que fueron posibles por toda una elaboración
manual minuciosa, una intencionalidad de un grupo de investigadores y cuya
imagen relata un mundo microscópico que no es propiamente el nuestro, sino que
es contado por una máquina.
141
embargo, en sus palabras también recalca un aspecto importante que hemos
señalado: el microscopio genera imágenes diferentes de una misma cosa de
acuerdo con sus propios procesos. Más que develar la realidad como si se tratara
de iluminar algo ante nuestros ojos, muestra distintas formas de relación con el
espécimen que nuestros ojos no podrían captar de otro modo. Siguiendo, en parte,
la reflexión que inicia Beatriz, podríamos decir que la imagen que nos muestra el
microscopio es una realidad aparte. Pero esto no implica que la representación que
genera el microscopio este disociada de la realidad, como una perspectiva
positivista afirmaría (Hacking, 1996). Más bien se trata del modo en que se
interviene lo que posibilita una determinada forma de conocimiento.
Tanto Beatriz como Rosa son exploradoras, al mismo tiempo que creadoras, de este
mundo bioartefactual, siguen rutas dejadas por otros investigadores y, al mismo
tiempo, buscan nuevos caminos para configurar nuevos mapas. Pero esta destreza
para generar mapas no ocurre como un mero acto imaginativo sino también
depende de la relación que ellas establecen con los tejidos, sustancias y máquinas.
Como Rosa expresaba, esta habilidad proviene de la práctica más que de un
conocimiento teórico, incluso ella refiere a que sólo se necesitan conocimientos
básicos de química y biología “pero hasta tú podrías hacerlo, si te explico cómo y lo
vas practicando, poco a poco te va a ir saliendo mejor.” Mientras que, en el caso de
Beatriz, ella lleva sus muestras al área de microscopía donde cuentan con un
aparato Confocal Zeiss LSM800, que puede producir imágenes tridimensionales y
en movimiento, mediante escáneres de distintos tipos de rayos que logran
interactuar con moléculas más pequeñas, obteniendo imágenes con una resolución
mayor a cualquier microscopio convencional. Es el microscopista el que realiza una
serie de acomodos mediante un software para poder producir las imágenes que
Vanesa le solicita para sus requerimientos. Las sustancias que se administran al
tejido deben ser específicas para reaccionar con el tipo de rayos que genera el
microscopio. Si bien, el microscopio devela moléculas que ningún ojo podría ver
jamás, es posible siempre por una forma de intervención que los sujetos realizan.
La evidencia en este sentido no es solamente una forma de constatar la realidad,
142
sino una forma de intervención sobre ella. En otras palabras, las imágenes ofrecen
información, más que un veredicto, y esta información se obtiene interviniendo.
Entonces toma mayor relevancia la práctica que ellas realizan que la imagen en sí
producida como forma de evidencia, como explica Hacking (1996) “La práctica -me
refiero en general a hacer, no a ver- desarrolla la habilidad para distinguir entre los
artefactos visibles de la preparación o el instrumento, y la estructura real que se ve
con el microscopio. Esta habilidad práctica genera convicción.” (p. 228). Poder
diferenciar entre las características que remarcan las sustancias y los aparatos y las
características propias del espécimen, no se basan en lo que la imagen devela sino
en cómo se produce esta, en cómo el investigador conforma una red de relaciones
para bordear su objeto y aprender qué es lo que este le regresa en ese encuentro.
Por eso, si bien para un lego como yo, una imagen perfectamente definida del
cerebelo con partículas iluminadas (figura 1) ofrece una evidencia más creíble sobre
aquello que muestra, para los investigadores como Beatriz, tiene el mismo valor una
serie de líneas difusas obtenidas por un RCP para conocer el RNA neuronal (figura
2), pues ambas son tipos de aproximaciones. Son formas distintas de intervención
y, como tal, ambas son maneras de establecer una relación con el espécimen, es
decir, son formas distintas de conocimiento.
Las imágenes que genera el microscopio no son fijas, la lámina del cerebro
rebanado necesita colocarse en el microscopio, es decir, se necesita un actor que
lo coloque para producir esa imagen y luego, al retirarlo, esta se esfuma. Este tipo
de interacciones deben quedar fuera de la escena para sostenerse como evidencia
científica, pues esta requiere cierta fijeza. Por un lado, la extracción de información
numérica y su graficado cumplen con este requisito. Sin embargo, previa a esta
operación, es requisito el uso de la cámara para otorgar esta idea de fijeza a las
imágenes. La fotografía ofrece un registro que conforma la evidencia, pero también
la condiciona. Para la autora Kaja Silverman (2009), la cámara representa el “triunfo
del ojo” porque
confirma las leyes de la perspectiva que desde hace tanto tiempo constituyen
la norma occidental de visión: porque muestra lo que hemos aprendido a
143
aceptar como la realidad. Representa la tumba del ojo porque la produce un
aparato capaz no solo de ver esta realidad de un modo más preciso, sino de
hacerlo autónomamente. En este respecto la cámara podría decirse que no
tanto confirma como desplaza la visión humana de su aparente lugar de
dominio. (Silverman, 2009, p.138)
Siguiendo estas reflexiones la cámara más que representar una identidad entre el
ojo y la fotografía permite una perspectiva separada del espectador que la produce,
lo que genera una ilusión aún mayor de neutralidad. Por este motivo las fotografías
que genera Rosa pueden ser procesadas por un software que mide los puntos
reactivos para graficarlos. El procesamiento maquinal de la información liberaría de
los sesgos subjetivos que el ojo, como órgano humano, podría generar. De este
modo el proceso de construcción de la evidencia queda en un tercer plano,
prácticamente invisibilizado. Pero, también, por este motivo, para Beatriz las
distintas imágenes no son garantía de que aquello que muestran las diferentes
técnicas microscópicas sean la realidad tal cual es, sino más bien conforman una
realidad propia. Y es que Beatriz no desconoce el proceso de construcción. Al
intervenir para producir las imágenes ella puede salir, aunque sea parcialmente, de
la ilusión fotográfica, pues el ojo percibe una realidad no solamente en movimiento,
que dista de la fijeza fotográfica, sino también se enlaza con su cuerpo para producir
esas imágenes, con sus manos que mueven, diseccionan, juntan, su olfato que
percibe las sustancias químicas, su disposición emocional que debe controlar (y,
por lo tanto, conocer), etc. La evidencia no es estática ni definitiva sino un proceso
de construcción del cual el investigador forma parte, y las máquinas que generan
imágenes son también sólo un fragmento, incluso el resultado final generado por el
software no es definitivo, como Beatriz lo expresa:
Es como el cáncer, estamos muy lejos de encontrar una cura, porque sólo
podemos conocerlo parcialmente, y el cáncer es mucho más complejo. De
hecho, aunque encontremos la cura nunca vamos a dejar de aprender cosas
nuevas, seguramente habrá nuevas formas porque el cáncer depende mucho
144
del ambiente, entre otras cosas. Por eso la investigación es una tarea
interminable, lo que yo hago va a contribuir a que otro siga investigando.
Así que, no solamente los distintos tipos de microscopios generan diferentes tipos
de representaciones de un espécimen, sino que también requieren distintos
procedimientos, distintos tipos de relaciones que las produzcan, lo que incluye el
espécimen mismo, sus cuidados y producción, así como la propia subjetividad del
investigador, su contexto inmediato y el más amplio37. Esto se hace aún más
37
En este sentido es necesario también considerar la legitimidad que se conforma a través del uso de
imágenes dentro de las comunidades científicas, pero también pensar el modo en que estas responden a
intereses más amplios referentes a la producción del conocimiento en los centros y las periferias. Como
mencioné el modelo de conducta animal es considerado por algunos investigadores como atrasado pues este
carece de exactitud, se percibe como muy inestable, respecto a modelos más avanzados que permiten analizar
al animal en sus partes más elementales, como neuronas y genes, así como la capacidad para que estos
puedan seguir funcionando prescindiendo de la vida del animal, lo que se consigue no sólo mediante tejidos
celulares sino también mediante energía eléctrica en el caso de las neuronas y ciertos sistemas fisiológicos, o
introduciendo instrumentos en los animales para ver su funcionamiento en vivo. Sería necesario indagar en
futuras investigaciones el modo en que esta concepción de lo animal, que es establecido por agendas
internacionales, constituye o no una mayor integración del conocimiento al mercado. Para ampliar la discusión
145
evidente cuando el espécimen es un animal vivo y no sólo un tejido desprendido de
él. Como lo mencioné al inicio de este capítulo, la observación de su conducta es
registrada en este caso por una cámara de video, lo cual también es procesado por
un software para su matematización. La búsqueda de objetividad es la misma que
en las fotos de los tejidos, sin embargo, los investigadores refieren a que el trabajo
con conducta requiere una disposición muy distinta por parte de los investigadores,
pues los animales además de ser mucho más impredecibles, como lo he referido
con anterioridad, requieren una disposición emocional más exhaustiva. La cuestión
aquí es que esta relación también configura las imágenes que se producen al
respecto y que en este punto no puede omitirse la participación de la subjetividad
en el diseño de las imágenes. En este sentido es útil el término que Silverman (2009)
rescata de Lacan acerca de la mirada como un elemento importante en la
configuración del mundo subjetivo. “La mirada representa el punto desde el cual
irradia la luz y la presencia de los otros en cuanto tales.” (p. 143) pues esta introduce
la constitución simbólica de la otredad38. Esto nos dirige a preguntarnos como se
constituye esa otredad en la mirada científica, entendiendo esta no sólo como un
efecto óptico del ojo, sino considerando esa serie de relaciones y articulaciones con
la cámara como sostén de la veracidad de la evidencia.
respecto al centro y la periferia, así como la integración de comunidades científicas dentro del capitalismo
cognitivo, véase: Kreimer (2014), Matharan (2016) y Córdoba et. al. (2018).
38
Como ya expliqué en la introducción, para Lacan (1960) esta otredad hace referencia al espacio simbólico
como propiamente humano, sin embargo, en el ejercicio científico que describo aquí, considero que el animal
también hace parte de este, pues no existiría una concepción del humano como tal sin la participación de los
animales, más allá de la ipseidad que Lacan atribuye a los animales a partir del concepto de imaginario
(Derrida. 2010). Quedaría por explorar el concepto de Real en Lacan podría generar un descentramiento de
este aspecto antropocéntrico en su obra.
146
en una radiografía para discernir los estados normales de los patológicos. En este
caso la fotografía al mismo tiempo que permite el análisis estructural de los distintos
patrones neuronales representa también la infinidad posible de variaciones de
acuerdo con la diversidad que representa la vida, como otredad. Es por esto por lo
que es el ojo del investigador el que debe de aprender a diferenciar las desviaciones
al estándar más allá del instrumento que registra la imagen.
Lo que por un lado implica una habituación del investigador a las condiciones del
laboratorio y un acompañamiento constante a los animales. Como Rosa comenta al
respecto: “Pues tú los cuidas, prácticamente desde que nacen, los vas conociendo,
147
y vas conociendo sus respuestas, así cuando una sale de lo normal te das cuenta,
tú para darte cuenta de los detalles tienes que pasar mucho tiempo para saber que
algo no anda bien.” O como Ariadna menciona:
pues son tus ratas y las conoces, antes de hacer el experimento debes
conocerlas para saber que sí lo harán como esperas, aunque también hay
conductas inesperadas muy pequeñas que hacen y te das cuenta porque
estás acostumbrada a ver muchas ratas y sabes cómo se comportan, y que
puedes investigar más adelante y puede ser un descubrimiento, como por
ejemplo hay ratas con preferencia homosexual que he visto que hacen
lordosis, o sea se arquean como hembras, eso es algo que no se ha
registrado mucho.
Por otro lado, este acompañamiento que permite aprender cómo se comportan,
implica también aprender cómo es que perciben las ratas. Estas no son objetos
pasivos, sino que también regresan la mirada. Los investigadores son estímulos
para las ratas, y necesitan adecuarse a estas, aprender a comportarse ante ellas
para condicionar sus respuestas. También como he mencionado anteriormente, los
investigadores consideran que ellos deben convertirse prácticamente en seres
neutros para las ratas, es decir, que ellos no condicionen sus respuestas, que no
sean estímulo dentro del experimento. Al igual que ante la cámara, ante las ratas,
ellos deben de invisibilizarse, salir de las relaciones que configuran la realidad del
experimento para que este actúe de manera autónoma a ellos. Esto se trata, en
realidad, de una posición subjetiva que conforma la escena, de la cual los
espectadores también formamos parte y muchas veces lo creemos. Me pregunto si
de alguna manera yo también trataba, en ocasiones, de pasar desapercibido al
negar, por ejemplo, cualquier rastro de animalismo, o al tratar de integrarme y
confundirme con los sujetos de mi campo, incluso para no perturbar los
experimentos con los animales. De algún modo se establece la ficción que para
observar se debe hacer desde un lugar externo, pero al mismo tiempo en mi campo
experimentaba la necesidad de entrar en este, de sentirme adentro para
comprender las relaciones que se suscitaban. Respecto a esto también me surgen
148
las interrogantes ¿De qué manera registrar la forma en que nosotros afectamos e
intervenimos al campo? ¿Es posible? ¿Sería necesario hacerlo? ¿Mi posición de
observador en una investigación es irremediablemente objetivante?
Sin embargo, la realidad de la que quiere dar cuenta la investigación biomédica con
estas ratas es la del cuerpo humano. A diferencia de mi investigación donde la
dificultad radica en pensar a los animales desde mis referentes humanos, la
evidencia producida en los laboratorios debe apuntar en la dirección contraria, y la
credibilidad de la escena se sostiene en la extrapolación entre humanos y animales
para dar cuenta del humano a través del cuerpo de un animal. Se trata sobre como
una rata cupulando puede hablarnos de nuestra realidad. Después de todo, en este
acto que se construye en el laboratorio, los animales también devuelven la mirada
generando interrogantes que deben tratar de resolverse.
149
Capítulo VI. Diferencia Y Similitud. La Producción De La Otredad Animal En
El Laboratorio.
Thomas Hobbes.
150
sino que se hace necesaria una revisión crítica que nos permita abordar la cuestión
sin caer en un reduccionismo epistemológico.
151
Cuando le pregunté a los investigadores sobre el modo en que sus experimentos
dan cuenta de lo que ocurre en la especie humana a pesar de que estos sean
realizados en otras especies, ellos referían al discurso biológico sobre las similitudes
anatómicas y fisiológicas entre especies, aunque al mismo tiempo reconocían las
limitaciones del método debido a las diferencias propias de cada una, por lo que
algunos investigadores prefieren hablar que sus experimentos hablan sobre lo que
ocurre en las ratas y no hacen la extrapolación con lo humano. Pero, en la mayoría
de los casos, tanto las similitudes como las diferencias las referían al proceso
evolutivo, y al lugar taxonómico que ocupan las especies respecto al humano. El
parentesco, entendido como esa aproximación o distanciamiento respecto al árbol
taxonómico, une y divide, al mismo tiempo, a humanos de otras especies animales.
Por un lado, esta similitud evolutiva genera conexiones entre la concepción de los
animales con el humano en tanto su cuerpo, considerando a este como sostén de
la parte biológica del ser humano, tal como lo expresan algunos de los
investigadores. Por otro lado, esta distinción genera una separación temporal que
permite tanto la justificación ética de su utilización en la experimentación y su
muerte, lo que, desde mi postura, representa un distanciamiento entre humanos y
animales no sólo biológico sino social. Es necesario discutir ambos puntos ante la
práctica en el laboratorio.
Para los investigadores el cuerpo del animal puede representar analogías con el
humano debido a que comparten características anatómicas, fisiológicas y
conductuales. Tal como comentan Estela y Karen respectivamente:
152
elementales se llevan a cabo igual en los modelos animales y en los
humanos.
Las ratas macho tienen las mismas conductas sexuales que los humanos
hombres, tienen excitación, búsqueda del estímulo, monta, inserción y
eyaculación. A partir de eso podemos hacer analogías con lo que ocurre en
el humano, al tener la misma anatomía y fisiología celular, podemos
establecer correlaciones entre lo que pasa en el cerebro y la conducta, así
vemos también como en el humano funciona su cerebro respecto a su
conducta sexual, aunque esta obviamente es más compleja.”
Como vemos en estas sentencias existe la idea de que el animal representa, por
así, decirlo, una parte del ser humano, a la que se le van sumando factores que lo
hacen ser más complejo. Es, por lo tanto, esta parte animal una forma menos
compleja pero que responde a principios generalizables a distintas especies. Por
eso, los modelos animales son elegidos, entre otros motivos, de acuerdo con la
complejidad que debe analizarse. Para analizar procesos genéticos, por ejemplo, al
tratarse de una cuestión generalizable a todas las especies animales, su estudio
puede realizarse en animales “inferiores” como los caracoles o las moscas, quienes,
aunque no compartan la misma anatomía ni fisiología sí comparten la organización
genética. Incluso ciertos experimentos genéticos (pensados en el estudio de la
genética humana) pueden ser realizados en formas de vida menos complejas como
son las bacterias. En el caso de enfermedades orgánicas o el estudio de fisiología
pensada para el estudio en humanos, es necesario que la organización de estos
principios sea más parecida a la humana por lo que se debe realizar en animales
superiores que sean vertebrados. En los estudios de conducta el parentesco debe
ser mayor, por lo que se utilizan necesariamente mamíferos, mientras que los
estudios cognitivos o de funciones cerebrales superiores requiere del uso de
primates, al ser estos los más cercanos al humano, taxonómicamente hablando.
153
estableciendo en el pensamiento científico a partir de distintos hallazgos y
experimentaciones, pero que también, siguiendo a Agamben (2006) constituyen una
forma de organización política que establece una serie de regulaciones entre las
formas de relacionamiento entre los vivientes humanos y no humanos. Por lo que
será importante discutir las ideas del autor a la luz de las reflexiones que se
conformaron en el laboratorio para pensar el modo en que ese pensamiento
taxonómico que genera una continuidad-discontinuidad entre los distintos seres
vivos constituye formas de relacionamiento y cuestionar el modo en que responden
ante la conformación de un conocimiento del tipo científico.
154
ocurre esta posibilidad. Involucra, por un lado, aquello que ocurre en el interior del
cuerpo y que responde a funciones automatizadas que el humano comparte con el
resto de los animales, como la respiración o la nutrición. Pero, también la respuesta
que el animal tiene a su medio, y que puede incluir la conducta, así como la
modificación de esas funciones automáticas referentes a lo patológico o, incluso, la
evolución.
Para este autor la vida orgánica es una zona de excepción, comparable al concepto
de nuda vida de Aristóteles donde separa una vida cualificada y, por ello, política,
de una vida desnuda desprovista de estas cualidades. Para él, aunque la vida
animal representa una diferenciación de la vida orgánica, esta se diferencia del
humano de acuerdo con principios metafísicos como el alma, la sociedad o el
lenguaje. Estas características que de acuerdo con el momento histórico han ido
diferenciando al humano del animal en occidente, responden a un ejercicio de
configuración de lo humano donde lo animal queda incluido y excluido a la vez. Lo
que lo convierte en un ejercicio que responde no sólo a principios orgánicos sino
155
políticos, pues busca capturar y dar cierto sentido a la esencia de la vida en todas
sus dimensiones. Tal como expresa el autor:
Para esta tarea es necesario mencionar que Xavier Bichat, el teórico al que refiere
Agamben como crucial para entender la vida en la ciencia moderna, era adepto a la
corriente vitalista de su tiempo, y que fue durante el siglo XIX donde se establecieron
las bases para considerar los estudios fisiológicos en animales como posibles de
ser abordados mediante la experimentación y su concerniente matematización.
Periodo en el cual se suscitó el debate entre un neomecanicismo (diferente al
cartesiano) y el vitalismo, lo que llevó al positivismo a establecerse como la forma
hegemónica en la ciencia biológica y que se tomara a la experimentación no sólo
como su método principal sino como la fundamentación de su conocimiento
156
(Coleman, 1983). Los fisiólogos del siglo XIX, sobre todo en Francia, continuaron la
tradición cartesiana de considerar al animal como una máquina. La escisión
cartesiana entre res extensa y res cogitans fue fuertemente cuestionada por los
científicos de la época y su resolución fue la de considerar los fenómenos del alma
como necesariamente vinculados a la materia. Este reduccionismo permitió que se
resolviera la problemática filosófica que separaba al hombre del animal respecto a
sus capacidades del alma, considerando así los fenómenos intelectuales como
también posibles de ser comprendidos desde el materialismo, lo que permitió
estudiar al humano como si este fuera un animal sin la complicación metafísica que
propuso Descartes. Así los estudios realizados en este tiempo apuntaban en la
dirección de considerar al animal de nuevo como una máquina, incluyendo la
concepción del cuerpo del ser humano (pues la cuestión metafísica religiosa pasó
a ser discutida en términos excluyentes a la disciplina), lo que permitió concebir al
organismo como reducible a sus principios físicos y químicos. De este modo la
biología adquiría una cualidad que como ciencia se sostenía en la posibilidad de
reducir el fenómeno de la vida a su mínima expresión concerniente a la ciencia más
elemental que es la física. Esto se suscitó debido a la consideración de que la
cualidad primordial del animal es la producción de una fuerza vital que lo moviliza,
ya no entendida a esta como una fuerza dada por dios, como en el cartesianismo,
sino más bien producida por la energía propia de la materia. De este modo ocurrió
una diferenciación esencial entre la vida vegetal y la vida animal, mientras que los
vegetales son aparatos de reducción que transforma las sustancias minerales en
sustancias orgánicas, los animales eran considerados como un aparato de
combustión, pues producen calor y electricidad para transformar las sustancias
orgánicas en sustancias minerales (Coleman, 1983).
Esta capacidad de producir energía, para muchos fisiólogos como William Bayliss
era visto como una cualidad de cambio perpetuo que diferenciaba claramente a los
animales de los vegetales. Por su parte el vitalismo consideraba que esta
característica no podía reducir la vida a un materialismo total, pues la cualidad de la
vida no podía reducirse al orden físico o químico, sino que poseía cualidades
propias que impedían que esa fuerza fuera producida por algo que no estuviera vivo.
157
Lo que permitió de algún modo resolver tal dilema fue la idea de la experimentación
que permitió la manipulación de distintas variables para producir ciertos fenómenos
como la combustión o la producción de sustancias químicas que se creía sólo
podían ser producidos por los seres vivos. De este modo, los fenómenos fisiológicos
podían reproducirse en los laboratorios y ser matematizados para encajar en el
lenguaje de la física, cuyas leyes, se creía debían replicarse también en el ser vivo.
39
De hecho, en la época en que Bayliss desarrolla su pensamiento se acrecentó el número de movimientos
antiviviseccionistas en Inglaterra, debido a que aumentó el número de experimentos con animales y se usaban
aún estando con vida y en muchos casos sin el uso de anestesia. El mismo Bayliss se vio inmerso en una
controversia legal al ser acusado de crueldad por el caso del “perro marrón” que fue viviseccionado por el
científico para mostrar el funcionamiento de las glándulas salivales, por lo que estas fueron expuestas
158
el requisito para su conocimiento. La biopolítica que se establece en la
experimentación biomédica no es la separación entre una vida cualificada y una que
no lo es, sino una reducción de la vida a sus partes más elementales que permiten
el control de sus respuestas. Esta es la parte animal del humano, aquella que puede
domesticarse y modificarse para que responda de acuerdo con ciertos fines40.
mientras el animal tenía muestras claras de un sufrimiento extremo. Al final el caso se resolvió en favor de
Bayliss pero grupos protectores de animales erigieron una estatua en su nombre, que tuvo que ser retirada
algunos años más tardes por el número de controversias que se suscitaron alrededor de ella (Kean. 2003)
40
Lo que coincide más con la definición de Haraway (1991) de biopolítica tecnológica donde los organismos
no son datos naturales sino son más bien son fabricados, como ella explica “Los cuerpos científicos no son
construcciones ideológicas. Siempre histórica y radicalmente específicos, tienen una especificidad y una
efectividad diferente y, por lo tanto, necesitan una intervención y un compromiso diferentes. La noción de un
«actor material y semiótico- busca destacar el objeto del conocimiento como parte activa del aparato de
producción corporal, sin implicar nunca la presencia inmediata de tales objetos o, lo que es lo mismo, su
determinación final o única de lo que se supone que es conocimiento objetivo de un cuerpo biomédico en una
ocasión histórica particular. Los cuerpos como objetos del conocimiento son nódulos generativos materiales y
semióticos. Sus límites se materializan en la interacción social. «Objetos» como los cuerpos no existen de
antemano. La objetividad científica (la situación y la visión de objetos) no trata del descubrimiento no
comprometido, sino de la estructuración mutua y normalmente desigual, de tomar riesgos (Haraway, 1991, p.
358).
159
son iguales y la respuesta que tienen ante la enfermedad y los fármacos
también son las mismas. O ver como se modifica la conducta, sexual en este
caso, con algunos fármacos y que muy probablemente pasará también en el
humano. Son organismos muy similares y lo importante es poder reproducir
lo que pasa en el humano, pero en tu modelo animal, digo, aunque este sea
un proceso artificial lo permite la experimentación porque tenemos las
mismas bases biológicas.
Por otro lado, los investigadores están conscientes de que estos paradigmas no son
ni los más actuales ni los definitivos. Ariadna por ejemplo expresa que:
La idea de que existía un gen gay era más bien por la moda que generó la
secuenciación del genoma humano, entonces se pensaba que la genética
iba a resolverlo todo, que había un gen de la obesidad, de las enfermedades
y de todo, y en parte sí, pero eso es muy reduccionista, existe un sinfín de
otras cosas que intervienen en la naturaleza para que las cosas pasen de
cierto modo, todo es multicausal, son muchos factores los que intervienen.
Es, por lo tanto, un conjunto de partes o factores los que permiten una compresión
más cabal del fenómeno. De algún modo, sigue prevaleciendo una mirada analítica,
en el sentido que se debe descomponer las partes en sus formas más elementales
para su comprensión. Pero lo relevante no es solo la cesura que se produce, sino
160
la forma en que se produce la sumatoria de estas partes para explicar el fenómeno
en cuestión.
Bajo esta metáfora del animal-máquina, la concepción biomédica del animal es más
cercana a la de los fisiólogos del sigo XIX que a la ofrecida por Agamben como nuda
vida. Pues a pesar de la cesura incesante entre los distintos elementos que la
conforman, lo interesante para el conocimiento es su funcionamiento, las relaciones
que se establecen y las fuerzas que lo mueven. Desde esta perspectiva el umbral
entre humano y animal se vuelve aún más movedizo y poco claro.
161
concepción ofrecía una forma de explicación simplista que no lograba despegarse
del pensamiento teológico del cartesianismo.
Por otro lado, esa respuesta del animal a su medio es también una forma en que se
relaciona la vida y la técnica que ofrecen otras formas de concepción sobre la
máquina, y que Canguilhem (1976) relaciona con las explicaciones antropológicas
de Friedman sobre el modo en que el humano fue respondiendo a la
industrialización y la alineación entre cuerpo y máquina que se fue suscitando
durante la revolución industrial. Es decir, que no sólo existió una correspondiente
metaforización de la máquina para explicar el funcionamiento del organismo, sino
162
que también la ciencia fue generando un lugar común donde vida y técnica no son
excluyentes, por el contrario, exigen continuidad.
163
Esto no implica que la escisión entre humano y animal no ocurra en la práctica, pues
dentro del experimento la jerarquización es inminente, y la técnica es empleada por
el humano, sin embargo, la articulación entre vida y técnica, entre organismo y
máquinas, entre ratas y humanos, no se establece de manera antagónica sino de
forma tal que los límites se desdibujan y se reajustan de manera incesante. Así la
respuesta de una rata en su conducta sexual al ser inyectada con un fármaco da
cuenta de los posibles efectos del fármaco en el humano. Es la técnica la que ofrece
la similitud entre el animal y el humano y la que los separa al mismo tiempo. Si esto
ocurre de tal modo es porque esa frontera se está creando en el experimento,
porque conforma una zona liminal entre ambos que es co-creada por los distintos
actores humanos y no humanos que intervienen en este, lo que va más allá de la
voluntad propia del humano.
164
(principalmente a partir de las bacterias) la que constituye el factor clave para los
procesos evolutivos. Esto, junto con teorías de la ontogenética y de la ecología
evolutiva implica una concepción distinta de la taxonomía pensada como atributos
propios de la especie y de su concerniente evolución, sino que nos obliga a
considerar la relación entre distintas especies y el modo en que estas no sólo
transforman su ambiente sino el de otros que lo cohabitan y que sin esa cooperación
entre distintas especies la evolución no sería posible.
De algún modo para los investigadores, este tipo de explicaciones moviliza las
concepciones e imaginarios sobre los animales, pero al mismo tiempo sus prácticas
parecen responder a concepciones más parecidas al mecanicismo. Como ya lo
había mencionado, para Stephen Clark (1994), existe una diferencia marcada entre
una taxonomía científica y una popular (folk) que consiste en que la segunda
responde a un principio de modelo ideal más cercano a la filosofía platónica, donde,
entre otras características, considera a las especies como separadas y fijas
mientras que a partir del paradigma evolutivo, la taxonomía científica responde, más
bien, al suelo común genético, es decir a los linajes filológicos entre las especies,
permitiendo así un cambio permanente donde las fronteras entre especies se
desdibujan, ya que estas no responden a modelos ideales sino a posibilidades
evolutivas. De este modo la taxonomía popular e incluso el término de especie no
es una cuestión natural dada en sí misma, sino que se configura de atributos
sociales que permiten la identificación de los diferentes organismos para una
comunidad hablante. Aunque el interés de este autor es distinguir entre una y otra
forma de taxonomía, desde mi perspectiva su separación es mucho más compleja,
pues la ciencia también es una comunidad que necesita establecer un lenguaje
común, aunque sus criterios no sean exactamente los mismos a los de la población
en general y respondan a otro tipo de conocimiento. Aunque la distinción entre
ambas es más o menos clara, me parece que en la práctica no ocurre de manera
tan tajante, pues los investigadores comparten ambas formas de comunicación y la
forma en que consideran y se relacionan con los animales de laboratorio abarca,
más bien, ambos tipos.
165
Por un lado, los investigadores conciben a los animales como seres activos cuyas
respuestas les interesa conocer, así como el parentesco con los humanos es
ineludible. Sin embargo, por otro lado, la metáfora del animal como máquina lo
coloca en una posición de objeto intervenible y es usado como recurso. Esto es
posible porque se trata de una conformación epistemológica del animal que no es
propiamente popular pero tampoco es el resultado del conocimiento científico, se
trata más bien del animal como un proceso para la construcción de ese
conocimiento. El animal de laboratorio no es el del conocimiento popular pero
tampoco el del conocimiento científico, se podría decir que está en un umbral entre
ambas formas y la relación que se establece con ellos está en ese intersticio.
166
tal que la naturalización del tiempo y su secularización se dio dentro del contexto
del pensamiento evolutivo, no iniciado, pero si fuertemente difundido, por Darwin.
En este sentido, propongo que esa constitución ontológica que Fabián puede
avizorar en la antropología se encuentra también constituida en las ciencias
biomédicas con respecto a los animales y a la vida en general. Pues el
evolucionismo trajo consigo la idea de un distanciamiento temporal con las demás
especies, así como la posibilidad de su objetivación a partir de su visualización. En
el capítulo anterior expliqué el modo en que la observación constituye el punto
crucial para producción de la evidencia científica, pero en este caso me interesa
resaltar que ese ejercicio implica una separación del sujeto observador con los
animales observados que es de tipo temporal y que permite su objetivación.
167
características, en su sentido social-relacional, lo que permite que exista un
distanciamiento tal que sostenga tanto su justificación ética como posibilidad de una
objetividad científica bajo la mirada empírica. De este modo la objetivación sucede
gracias a la diferenciación y viceversa. Es un trabajo político y epistemológico, a la
par.
Para Kohn (2017) la definición de Latour (1993) sobre actores no humanos ofrece
una salida a la concepción antropocentrada en la fabricación del conocimiento
científico, pero problematiza esta definición para considerar que algunos de esos
actores son sí mismos con la capacidad de representar y no sólo de ser
representados, es decir que tienen un punto de vista y que son generadores de
signos, tienen su propio locus de referencialidad y por este motivo participan de
manera activa en la conformación de procesos semióticos. Lo que permite una
lectura que no dicotomicé lo material de lo significativo.
168
entre distintos si mismos; el humano y el animal. Dentro de este proceso semiótico
trataré de explicar el modo en que se produce la diferenciación entre humanos y
animales de manera tal que la concepción mecanicista, evolucionista y visualista
impuesta sobre los animales se desdibuja y debe reconfigurarse en el encuentro
cara a cara.
Kohn (2017) recurre al lingüista y filósofo Charles Pierce para explicar el modo en
que dentro de los procesos semióticos existen signos que no son precisamente
simbólicos, sino que hacen referencia a modos de representación más directos:
Para Kohn, todos los organismos biológicos son inherentemente semióticos en este
sentido, pues la adaptación requiere de un proceso en el que el organismo debe
interpretar su medio para su propia supervivencia y de este modo su propia
corporalidad constituye un vehículo sígnico encarnado que designa las
características relevantes de su entorno para ser incorporado por generaciones
siguientes. Entre estas formas indíciales e icónicas que no son necesariamente
169
simbólicas sino que se pueden encontrar encarnadas, el sistema simbólico propio
de los humanos, no es un sistema de referencialidad independiente y excluyente,
sino que existe continuidad entre los distintos tipos de representación, de modo tal
que también lo simbólico se encuentra en constante interacción y modifica los otros
sistemas, el mundo biológico lejos de ser un estado natural es un proceso en
constante construcción entre diferentes puntos de vista al igual que el mundo social.
Por experiencia propia, tanto en la manipulación que tuve con los animales como
en el estar presente mientras esto ocurría, pude constatar que el trabajo con
animales no es una tarea mecánica como podría serlo el trabajar con máquinas o
instrumentos predeterminados, todo el tiempo uno tiene que estar pensando en lo
que el animal quiere, puede y siente. Para esto uno debe de interpretar el
comportamiento de los roedores, aprender de algún modo su lenguaje, saber cómo
170
sujetarlos con una firmeza adecuada para lograr que estos no respondan de manera
agresiva, o que una manipulación insegura hará que estos también se sientan
inseguros y sean hostiles, sobre todo si se trata de un desconocido para ellos. De
cierto modo uno debe aprender de ellos, establecer un suelo en común, que podría
interpretarse como antropomorfización. Lo que en realidad me obligó a considerar
entrar en esa otredad que no es igual a mí pero que debo conocer para interactuar
con ellos. Entonces los límites claramente definidos por todo el aparato científico se
desdibujan por momentos e incluso se vuelven condición. Aunque sea su negación
lo que permita una idea de neutralidad es la relación entre distintos puntos de vista
la que posibilita la práctica científica. En este sentido es que podríamos hablar de
un devenir.
Como expresa Kohn, estos devenires no son necesariamente vistos como algo
positivo, sino que pueden representar un riesgo. En el caso de los investigadores
es claro que este devenir implica no solamente perder la objetividad, sino que la
jerarquización entre especies puede perderse. Sin embargo, estos procesos de
difuminación parecieran ser también necesarios en el experimento en el modo de
pensar que debe ocurrir del mismo modo en el humano que en la rata, de algún
modo es establecer una línea de continuidad entre humanos y animales no
humanos. Por ejemplo, en los casos de experimentos de conducta sexual, el poder
interpretar los signos de placer o de interés, son esenciales tanto en el
entrenamiento de las ratas como en el mismo experimento, leer los signos que, de
algún modo también se reproducen en el humano, es un proceso epistemológico
necesario. Entre chistes y bromas, aunque también en expresar cierta vergüenza
respecto al tema, los investigadores remiten a esta indistinción con los animales que
171
atraviesa el placer sexual. De este modo los investigadores, en momentos trasladan
estas identificaciones con los animales al terreno mismo del saber biológico y a la
comprensión de su propia dimensión humana. Comenta Rosa:
41
Este concepto, que también ha sido retomado por Kohn (2017), es tomado del etólogo Von Uexküll , quién
también ha servido de referencia a distintos autores citados en este texto, incluyendo Agamben, Lacan,
Deleuze e Ingold. Cabe mencionar que ha faltado una mayor profundización hacia el pensamiento de este
autor, sin embargo, el término de medio ambiente (como usualmente se ha traducido umwelt) ha sido
relevante para los planteamientos que sugiero a lo largo de mi tesis. Considero que podría ser útil en futuras
investigaciones para plantear el modo en que los animales configuran su medio y pensar como se entrelaza
172
común con ellos? Entonces la animalización del hombre y la humanización del
humano no serían herramientas de occidente para el control sino modos de
cohabitar la existencia.
con el medio humano al que los hemos destinado. Es necesario mencionar que, en este sentido, me cuestiono
si mi investigación ha logrado salir de una perspectiva antropocéntrica, para lo cual el estudio etológico podría
ser una vía futura para continuar esta investigación, donde se busque comprender el modo en que los
animales constituyen sus propios signos, sin embargo, estos quizá son inconmensurables y ahí encontramos
los límites de nuestro conocimiento. Tal como el etólogo báltico menciona: “Sólo el entorno de un animal yace
ahí abierto ante nuestros ojos. Cuando nosotros lo investigamos, descubrimos en él las fuentes de los
estímulos, los que influyen sobre el animal. El medio ambiente, empero, es completamente invisible, pues él
existe solamente a partir de las marcas del animal, las que el animal mismo coloca. Nosotros vemos sólo
nuestras propias marcas, las que son configuradas a partir de nuestros signos.” (Von Uexküll. 1930: 130. Citado
en Muñoz. 2015).
173
Reflexiones finales.
Frida Gorbach.
Cómo he tratado de exponer hasta aquí, los animales de laboratorio entran en una
serie de flujos materiales y semióticos que los van constituyendo como tal, a la vez
que, son parte activa en la construcción del conocimiento científico, incluso su
fundamento. Quedaría pendiente responder si se ha logrado pensar, o no, los
distintos aspectos que van configurando a los animales y de qué modo participan
en este proceso. Más que responder a las preguntas iniciales que propuse, me
gustaría extenderlas para pensar en los hallazgos de esta investigación, explorando
el modo en que se fueron transformando las preguntas con las que partí y mi propio
lugar como investigador al ser contrastadas y puestas en tensión.
A lo largo de los capítulos fui describiendo el modo en que los animales desde su
nacimiento son introducidos en una red epistémica, que va modelando sus cuerpos
174
para que estos puedan ser usados dentro de la práctica científica, propuse
denominar a esta producción en los bioterios como una hoja en blanco, donde se
inscriben las características requeridas para la experimentación. Esta condición
hace necesario pensar el modo en que, por un lado, la red epistémica a la que me
refiero no se trata de una abstracción, sino es más bien una serie de procesos
semiótico-materiales que van dando forma a los animales. Esto sin duda nos
obligaría a repensar la manera en que Ingold (2010) critica el modo en que se ha
pensado la materia como dispuesta a que un sujeto le de forma sin tomar en cuenta
su propia agencia. Sin embargo, como he tratado de demostrarlo, este proceso de
producción requiere una interacción constante con la materialidad propia del animal.
No sólo entendiendo a esta como una corporalidad sino también como los actos,
intensidades e intercambios que suscita el animal mismo. Podríamos decir que, si
se necesitan de mecanismos de control tan estrictos, son precisamente, porque no
hay una determinación pura por parte de los sujetos humanos hacia los animales.
Sin embargo, esto no implica que estos mecanismos de control no funcionen como
tales, más bien esta determinación del sujeto humano y la reducción del
agenciamiento de los animales para la obtención de un objeto, son producciones
que deben elaborarse, no están dadas ni son a priori al conocimiento. La tabula rasa
es una construcción, no sólo ideal sino material. En este sentido es que me he
referido al proceso posterior de escritura no sólo en sentido metafórico, sino también
refiero a una disposición corporal, a su vez, producida por otros dispositivos, que
permitirán la intervención de esos cuerpos mediante la inscripción de otros
elementos, tales como la inoculación de sustancias, mutilaciones quirúrgicas,
condicionamientos conductuales, etc. Es decir, se trata de ponerle marcar sus
cuerpos para que posteriormente sean leídos e interpretados desde ciertos
referentes del conocimiento. No es sólo metáfora pero sí tiene una condición
metafórica, pensándola como un proceso donde el cuerpo de las ratas es
desplazado de su propia inmanencia (Deleuze, 2007) hacia una supuesta
originalidad donde se harán ciertas marcas legibles. Esta metaforización hará del
animal una escritura en su sentido literal, como representación material del
pensamiento que se extrae de la experimentación. Sin embargo, si cómo Derrida lo
175
hace (2008) cuestionamos esta visión logocéntrica de la escritura, debemos
preguntarnos no sólo por el modo en que al animal es escrito, sino también
preguntarnos si él escribe y de qué manera lo hace.
Esto nos conduce al proceso de relación entre los animales y los humanos dentro
del laboratorio, pues es ahí donde podemos avizorar esa participación de los
animales. Por un lado, describí el modo en que las relaciones se encuentran
prescritas por una serie de regulaciones institucionales plasmadas en códigos
morales, donde el animal es entendido como un organismo diferenciado por su
especie taxonómica, convirtiéndolo en un paciente moral, por un lado, y en un
instrumento, por el otro. Las relaciones en este contexto se tornan asimétricas, y se
establecen jerarquías que configuran la corporalidad y las acciones de los animales
encaminadas a su muerte. Dentro de esta estructura simbólica racional que regula
los intercambios entre hombres y animales, durante el trabajo de campo fui
encontrando ciertas fisuras donde se entreven acciones más bien consideradas
como irracionales por los mismos investigadores, pero que confluyen con los
procedimientos ordenados y forman parte de la creación de conocimiento. En este
caso designé como imaginarios y afectos a aquellas entidades irracionales que
expresaban los investigadores. En ambos casos me decanté por estos conceptos y
no por el de emociones dada la distinción que realiza Massumi (2002) donde
enfatiza el movimiento del lado de los afectos mientras que las emociones las remite
a la conciencia que estaría determinada socialmente. Más allá de las discusiones
respecto a la separación entre ambos conceptos42 considero relevante la distinción
que Massumi hace al concebir el afecto como una noción que no pasa por el orden
de la representación cultural, pero, al mismo tiempo que las críticas hacia este
modelo, consideré como ineludibles las concepciones culturales que se hacen sobre
42
Sarah Amhed ofrecerá una discusión al respecto, apostando por una no separación entre ambos términos,
como ella misma comenta: “En todo caso, para elaborar mi argumento era importante no suponer o crear
esferas separadas entre la conciencia y la intencionalidad, por un lado, y las reacciones fisiológicas o corporales
por el otro (por favor noten que no sugiero que las teóricas de las emociones suponen esta separación, sino
que la creación de una distinción entre afecto y emoción puede conllevar esta implicación” (pág. 312) Desde
mi perspectiva esta precaución es importante para entender que lo afectivo, como preverbal, no implicaría
solamente reacciones fisiológicas o corporales sino, como lo plantea Massumi (2002) se tratan de
relacionamientos entre distintos componentes que involucran reacciones fisiológicas pero que no se reducen
a ellas.
176
el animal, por lo que me referí al concepto de imaginario, en lugar de usar el término
de representación para contrastarlo con el de racionalidad. En este sentido es que
dentro de mi campo encontré representaciones racionales que delimitan formas de
actuar muy específicas respecto a los animales, ya delimitadas por el mismo campo
científico y ordenadas en discursos de saber y éticos bastante enfatizados, pero
traté de demostrar cómo junto a estas concepciones delimitadas existen
cristalizaciones sobre ciertos conceptos que no pasan por el orden de la
racionalidad científica, y que ofrecen otras formas de animalidad, tales como el
miedo, el asco y el cariño, lo que coincide con el sentido que Massumi (2002) le
atribuye a las emociones. Como este autor explica en el texto citado, no se trataría
de una escisión sustancial, sino más bien de distintas dimensiones de la experiencia
que se constituyen mutuamente. Es decir, mi distinción entre afectos e imaginarios
no es sustancial sino analítica. Lo que traté de mostrar es la forma en que estos
entramados afectivos e imaginarios forman parte de la práctica científica, aunque
aparezcan en esta en forma de denegación. Aquello que se considera subjetivo no
sólo es insuprimible sino que forma parte del núcleo mismo del saber. Los afectos,
en el sentido que los traté, consisten en la transformación necesaria no sólo corporal
sino de pensamiento que es resultado de distintos intercambios entre los diferentes
actores del laboratorio. En este sentido asumí el riesgo de regresar a Spinoza para
pensar en estas transformaciones, ya que no se trata sólo de las modificaciones
corporales del animal o del investigador, sino del proceso de creación mismo del
conocimiento donde los animales intervienen para la constitución de nuevas formas
de interpretar el mundo, es decir, nuevas representaciones. ¿La objetividad, en este
sentido, es un ideal que funciona como organizador de emociones y afectos, es un
punto de llegada más que el punto de partida de todo conocimiento científico? La
cuestión es que este arribo implicaría el sometimiento de la animalidad y su
negación, sin que por ello sea suprimida.
177
materialmente en modelo. Por un lado, esta modelización implica, como su nombre
lo dice, la anulación de la singularidad de cada animal, para convertirse en el tipo
en el que se basará la abstracción ideal de su cuerpo. Si embargo, también implica
el acto de la creación del modelo, que, si lo remitimos al arte, se trata de darle forma
para su posterior reproducción mediante el moldeado. Esto implica un trabajo por
parte de los investigadores donde deben adecuar la materialidad del animal a los
requerimientos del experimento, es decir, a otras materialidades, al mismo tiempo
que moldear la propia de acuerdo con los intercambios que tengan con los animales
y los objetivos del conocimiento. Estos procesos no son, por lo tanto, efectos de un
sujeto sobre un objeto. Si bien, el investigador se encuentra interviniendo en el
cuerpo del animal, la conformación del modelo responde a fuerzas que se
entrecruzan provenientes no sólo del lado del investigador, incluso tampoco del
animal, sino que se entrelazan con demandas institucionales, formas de saber,
sustancias químicas y otras materialidades. En los casos que presencie, la
construcción del modelo implica el conocimiento del animal, una disposición
corporal específica que no proviene de la formación racional de la ciencia sino de la
práctica y el intercambio con los animales. Esto no implica, como ya lo mencioné,
que no se trate de una relación de control, pues los animales deben de ser fijados
para la posterior extracción de conocimiento abstracto. Sin embargo, esta
domesticación del azar (Hacking, 1991) implica la concepción de su contrario, es
decir, el salvajismo y la impredecibilidad del animal que deben ser capturados. Es
el ejercicio de la captura y no sólo la fijeza lograda lo que es importante aquí. Pues
de este modo el movimiento que el animal suscita puede ser abstraído y colocado
como el punto cero desde donde se analizará el movimiento durante el experimento,
donde el dinamismo sigue siendo requisito. Aquí la pregunta que se abre es si ese
movimiento puede predecirse o si el animal obliga el desplazamiento. Si este es el
caso ¿Qué es lo que se corre de lugar?
178
en una posición de metaobservador, posición que los investigadores ocupan
respecto a los animales. La forma en que distintos instrumentos de observación
generan distintas imágenes con las cuáles trabajan los investigadores me hizo
reflexionar sobre el lugar que ocupa la mirada en la producción del conocimiento.
Cómo trate de demostrarlo, los instrumentos de visualización como los microscopios
y las cámaras no solamente sirven como registros de lo que el investigador observa,
sino que es en la relación que se establece con estos instrumentos que se elaboran
las imágenes, es decir, no representan la realidad sino sirven como instrumentos
para intervenirla. Lo cual no implica una determinación por parte de las máquinas
sino más bien se establecen relaciones entre el espécimen, el ojo y la máquina
donde el investigador explora mundos posibles. Es necesario hacer énfasis en este
último punto pues la posibilidad que se abre no refiere a un estado original y estático
del cual los investigadores deben dar cuenta. El investigador debe establecer rutas
por las cuáles seguir el movimiento de los animales, los tejidos o las moléculas, que
le implica, también a él, movimiento y creación. Aunque, este recorrido busca, una
vez más, la fijeza del animal, se tratan de capturar y delimitar sus movimientos para
su abstracción en un papper como resultado del experimento. Es esta fijeza lo que
da cuenta, de manera autoritaria, de la realidad. Se trata de una relación de poder
que determina aquello que es el animal. El poder sobre el animal, una vez más
implica un saber sobre la vida, para poder definir sus contornos y sus aconteceres.
Remito al poder como interrogación sobre la forma en que yo, como investigador,
me posiciono.
179
este cuestionamiento queda como apertura a posibilidades, para que en futuras
investigaciones y producciones de saber (incluso fuera de la academia) estas
apunten a otras formas de pensar los animales.
180
En este sentido regreso a una de mis preguntas iniciales sobre la constitución de la
subjetividad respecto a los animales. En mi trabajo de campo pude encontrarme con
ellos y, sin embargo, no lograron salir de cierto anonimato. Las ratas que observé y
toqué durante mi estancia en los laboratorios al final quedaron designadas para mí
bajo el nombre genérico de su especie. Sin embargo, podría hablar del modo en
que me afectaron y cómo ese proceso de transformación que describía en los
investigadores ocurrió en mí. Ya he mencionado cómo comencé tratando de
mostrarme neutral hacia el sufrimiento de las ratas y al final mi investigación trató
de dar cuenta de ello, ya no cómo una mera descripción sino como un intento de
descentrar la noción misma de animalidad para entablar otras formas de
relacionamiento que no estén marcadas por el sometimiento. Es interesante pensar
cómo la animalidad fue una especie de traba al momento de relacionarme con los
investigadores y con la institución científica en su conjunto, como si esta tuviera que
defenderse no sólo de las acciones de activistas sino de los cuestionamientos
mismos, que no introducen los humanos como yo, sino los animales. En este sentido
podría decir que los animales ya me acompañaban aún antes de mi entrada al
campo. En gran medida el intento por demostrar como los animales constituyen
parte fundamental de la subjetividad de los investigadores viene de la forma en que
las ratas forman parte ya de la mía.
Por otro lado, también como lo he mencionado, con los investigadores tuve una
relación afectiva, aunque en este caso tendría que afirmar que fue con las
investigadoras, con quienes entablé una relación que incluso podría denominar
como pedagógica y de amistad, pues se convirtieron en compañeras e instructoras
para mi formación dentro de este campo que se mostraba nuevo para mí. De cierto
modo me incomoda la designación de ellas como informantes pues como observa
Derrida respecto a Lacan (2010) la función del lenguaje no es informar sino evocar.
Aspecto mismo que criticará Derrida para decir que esta evocación ha sido negada
a los animales por su supuesta carencia de lenguaje. Hasta aquí he tratado de
demostrar que los animales no solamente informan, como dice Lacan, en el sentido
que estos generarían ciertos signos legibles bajo una codificación estricta, que
implicaría una fijeza al posible sentido que estos producen en la ciencia. En términos
181
de la investigación biomédica podríamos decir que el investigador leería estos
signos para construir sus modelos matemáticos. Por el contrario, como he explicado
en esta investigación, los signos que producen los animales no pertenecen a un
sistema cerrado, los animales están abiertos a la creación y en ese sentido es que
las intervenciones hechas sobre ellos permiten que estos desarrollen una invención
creativa para afrontar los cambios en ese medio artificial43 que es el laboratorio. En
este sentido los animales no dejan de evocar, es decir, los signos que producen en
su interacción con nosotros y con su medio laboratorial son siempre ambiguos,
abiertos. Entre ambas evocaciones, las de los animales y las de los investigadores,
es que fui trazando mi propia ruta.
Sin embargo, debo de cuestionar este modelo de subjetividad para proponer uno
distinto a partir de estas reflexiones. Pues no se trataría solamente de confirmar que
el paso de los animales por mi mismidad terminó por constituirme cómo tal, o bien,
el mismo caso con las investigadoras con las que estuve en los laboratorios. Más
bien, se trataría de pensar las formas en que se construyó esta investigación. En
este sentido me descentro para dar pie al modo en que este escrito son las
resonancias de esos encuentros, y no sólo una autoconciencia que está
escribiendo. Cómo he tratado también de demostrar, lo racional y lo irracional no se
encuentran separados y aunque en gran parte este escrito es solamente mi
conciencia desplegando un discurso que trata de ser racional para un medio
académico también esa conciencia está excedida. No puedo omitir tampoco las
relaciones de poder que lo suscitan, pues es el resultado además de una serie de
dispositivos sociales e institucionales que me están configurando de este modo.
En este sentido es que los procesos que describo como una serie de intercambios
entre distintos actores, animales, humanos y no humanos, que configuran ciertas
formas de saber, ofrecen un modelo de subjetividad más cercano al que Guattari
(1996) ofrecería como un proceso de producción, en sus palabras se trataría de un
43
Para Massumi (2013) la creatividad se ha ligado a la capacidad del humano como una capacidad
autorreflexiva, sin embargo, el considera que esto ocurre en un nivel corporal prerreflexivo que se liga más
bien a la capacidad del animal de adaptarse a los cambios del medio. Los cuáles no pueden ser determinados,
sino que están abiertos constantemente a lo aleatorio del medio. Aunque, desde mi perspectiva, habría que
redefinir lo que entendemos por reflexión y considerar por qué lo animal sería algo previo a ella.
182
“Conjunto de condiciones por las que instancias individuales y/o colectivas son
capaces de emerger como Territorio existencial sui-referencial, en adyacencia o en
relación de delimitación con una alteridad a su vez subjetiva.”(p.20). El autor,
hablará por lo tanto de posiciones parciales que conforman procesos distintos de
acuerdo con las condiciones que constituyen esa forma determinada de
subjetividad, que pueden dar paso a una ipseidad pero que no se limitan a esta, así,
por ejemplo, podríamos hablar de una forma de subjetividad específica del ser
científico como instancia colectiva. Si bien esta definición aun parece insuficiente
para captar el modo en que los animales conforman la subjetividad tanto científica
como propia, resulta útil pensar el modo en que lo que él denomina heterogénesis
da forma a este proceso de producción. Es decir, hay una participación de no-
humanos que constituirán una especie de juntura, la cual producirá ciertos
agenciamientos, conformando los territorios de existencia. En este caso los
animales han solido ser excluidos de toda consideración subjetiva, como bien
plantea Derrida (2019) incluso en el pensamiento de Deleuze ciertamente
influenciado por Guattari. Sin embargo, podemos hacer uso de este concepto
guattariano reinterpretándolo (tal como su autor proponía) para cuestionar hasta
qué punto estas redes que conforman la experiencia de investigación (la biomédica
y la propia) son procesos de subjetivación.
183
uno donde no hay falta constitutiva, donde sus reacciones se encuentran ya
determinadas y, por lo tanto, el animal quedaría fijado a las determinaciones del
medio. En otras palabras, como un ser carente de deseo.
Esta concepción me parece crucial ya que abre la puerta para pensar la forma de
conexión que se suscitó con los otros, y que desembocaría en la constitución de
una escritura. La cuestión que abre el autor obliga a considerar ese espacio de
deseo como la posibilidad misma del saber, no como dominación sino como
encuentro. Considerar la escritura como aquello que se inscribe en el cuerpo y de
la cual se desprenden formas de conocimiento. Más adelante el autor se pregunta
sobre la forma en que debemos de reconocer la misma complejidad que registramos
en nosotros a las personas que investigamos y lanza la pregunta “¿Tenemos las
herramientas para dar cuenta de esa complejidad?” (Parrini, 2018, p. 437) lo que lo
lleva al campo de la analogía de la subjetividad propia con la del otro como
referencias cruzadas y al del resguardo de la sensibilidad sin la renuncia a la
racionalidad.
Debo de reconocer en este sentido que mis interlocutores siempre fueron los
investigadores, y que los procesos de afección que se suscitaron entre ambos
constituyen mi principal referencia, pues a la par que ellos, yo me encontraba
realizando una investigación al mismo tiempo que descubriendo ese campo llamado
científico. Sin embargo, los animales siempre aparecían de maneras inusitadas. En
ese sentido atraviesan cada una de las palabras de este investigación, son el motio
que impulsa mi escritura. Sin embargo, queda siempre la duda de si realmente he
184
podido dar cuenta de ellos; tal cómo notaba su ausencia en las gráficas que
elaboraban los investigadores, me pregunto si no ocurre algo similar respecto a mi
propia investigación. De cierta forma no tengo los elementos necesarios para
establecer analogías con mi propia subjetividad, sin embargo, no podría dejar de
largo su insistencia, la forma en que aparecían una y otra vez, no sólo de manera
presencial en los laboratorios sino también de manera fantasmática en ideas,
lapsus, imágenes. En este sentido me cuestiono si son posibles de ser pensados
como sujetos deseantes, y no puedo tener como referencia más que el deseo que
suscitaron en mí en forma de conocimiento, pero también en tanto vida, deseo de
vida, deseo que ellas vivan en lugar de ser asesinadas, deseo de constituir mundos
en común, deseo de conformar mundos donde la existencia compartida no sea la
de el aniquilamiento, deseo de desembarazar al soberano de la bestia. En este
sentido retomo del concepto de Guattarí (2006) “propondría denominar deseo a
todas las formas de voluntad de vivir, de crear, de amar; a la voluntad de inventar
otra sociedad, otra percepción del mundo, otros sistemas de valores” (p. 255). Ese
deseo que queda inscrito en mi cuerpo, en mi inconsciente, esas huellas de todos
los animales vivos y muertos que constituyen una escritura más allá de una razón
logocentrada.
185
Considero que el animal, entendido como producción material y semiótica, está en
el centro de todo conocimiento biomédico, no sólo en sentido de discurso, sino
también referente a las prácticas y técnicas que se desprenden de este. La pregunta
sería si esta centralidad de los animales también estaría del lado de las ciencias
sociales, aunque más en forma de negación. Las respuestas de tipo epistemológico
quedan cortas en esta investigación y considero deberían ahondarse más en ellas
¿Cómo el animal constituye formas de conocimiento no humano? ¿Qué verdades
se desprenden de estas concepciones? ¿Sería necesario redefinir el concepto de
verdad despegado de un logocentrismo? ¿Se puede prescindir de esta relación de
dominación para la constitución del conocimiento biomédico? También quedan
pendientes muchas preguntas respecto a cómo este deseo del que hablé se
produce bajo contextos específicos, la mirada macro fue quizá la parte que menos
trabajé en esta investigación y que se hace necesaria de revisar. Por otro lado, el
aspecto etológico debería ser revisitado para ahondar más en la perspectiva propia
de los animales. Quizá la perspectiva biopolítica, sigue siendo muy dicotomizante y
debería pasar a otras perspectivas que escindan menos la cuestión entre la vida y
lo social o arribar al concepto de zoopolítica propuesto por Derrida (2010) para
pensar más en la vulnerabilidad que en la ficción de soberania. Sin embargo, esta
investigación me obliga a preguntarme si el animal no continúa siendo el límite de
toda perspectiva social y si debemos conformar otra perspectiva para pensarlo, que
incluso podría ubicarse por fuera del ámbito académico.
186
Posfacio.
El animal constituye un lugar límite en relación con lo humano. La conceptualización
que se ha hecho de este desde el pensamiento occidental coloca a los animales en
una situación de desventaja y explotación que coloca al hombre blanco y
heterosexual como soberano y amo, de los otros cuerpos. Para ocupar esta posición
es necesaria la objetivación, el soberano es amo de la verdad y así es que occidente
constituyó en la ciencia su herramienta perfecta para la objetivación de lo otro. Sin
embargo, la constitución social de esa verdad hace que la situación se torne en un
tablero de juego, donde las estrategias y la resolución no se encuentran dadas, ya
que los actores que nos ubicamos en el tablero generamos movimientos
insospechados para los brazos del poder.
Así mi exploración comenzó por medio de una pregunta sobre el animal, que soy y
no soy al mismo tiempo, la extrañeza y la empatía se ponen en juego dentro de un
solo cuerpo, que me afecta y me genera una pregunta por mi propio saber. El saber
y el animal se conectaban desde entonces ¿Cómo conocer a los animales sin
replicar la posición del soberano? El camino ha sido extraer del saber biomédico al
animal para colocarlo bajo mi propia lupa, la de las ciencias sociales, mi formación
como psicólogo social aspirante a un título académico. Lugar en el que algunas
veces puedo fingir ser ese soberano que ilumina la oscuridad del otro. Pero los
animales lo que me regresan con sus propias incertidumbres y saberes es que esa
posición es insostenible. Nos encontramos cohabitando un mismo suelo, no sólo
material sino epistémico, en el que su mismidad es mi propio límite, como lo es
cualquier mismidad con la que me encuentro incluso en mí propio ser.
De este modo comencé este recorrido de la mano de diversos animales, con los
que cotidianamente interactúo muchas veces sin notarlos. Están ahí, entre nosotros,
ellos, conformando nuestra realidad sin que nos percatemos. Son nosotros. Es algo
tan evidente que ha pasado desapercibido, muchas veces, por las ciencias sociales,
acostumbradas a pensar ese espacio como uno habitado sólo por nuestras
capacidades humanas, sin percibir las capacidades que ellos nos otorgan, a veces,
187
para permanecer habitando el lugar en el que estamos, aún en el plano llamado
simbólico.
Sin duda el asombro, que parte de un lugar de ignorante, fue lo que prevaleció
durante mi investigación. También el aburrimiento causado por lo repetitivo que
puede ser el montar un experimento. Hablo de montaje, pero es quizá más bien un
ensamblaje, el papel del investigador es juntar distintas piezas, de diferentes
órdenes y generar un mecanismo que haga que esa juntura cree algo, que se
establezcan relaciones entre estas piezas, y esa relación no depende por entero del
investigador, sino que cada una tiene su propia potencia, su propia forma de actuar
y es lo que hace divertido el experimento, que el resultado se genere solo, como por
arte de magia, ante nuestros ojos.
188
Los animales, por este motivo, son el actor principal. La primera vez que entré a un
vivario al ver tantas ratas juntas mi asombro fue mayor, cientos de cuerpos
moviéndose sin sincronía. Una multitud de animales enjaulados, retenidos, pero que
no dejan de moverse. Mis ojos no sabían a donde mirar y se perdían entre la
particularidad de cada animal, pese a que estos sean producidos en masa con la
finalidad de ser homogéneos. Y es que siempre los animales me han generado esa
sensación de asombro, en los zoológicos, en los acuarios, incluso muertos y
colgados en un mercado. Que se muevan o ya no lo hagan hace que los ojos tengan
que moverse para seguirlos. A diferencia de los humanos quienes nos ponemos
frente al otro para que la mirada quede fijada en un punto, los animales se vuelven
impredecibles.
Por eso mi extrañeza al escuchar que los investigadores hablaran de ellos como
instrumentos, como bioindicadores, como algo que más que hablar de su propia
singularidad hablaría de algo general, homogéneo, inamovible y considerarlos como
una base en lugar de ser lo que cambia. Con el pasar de los días fui dándome
cuenta de que esa forma de expresarse de los animales no correspondía del todo
con la actividad que realizaban con ellos. Entonces era más bien como si jugaran
con ellos, como si los cuidaran, como si de niños se trataran. Los animales
homogenizados y controlados se convertían en una criatura con su propia fuerza,
con su propia vida. Su capacidad de responder es lo que hace que puedan jugar
dentro del escenario experimental. El investigador entonces debe, no sólo de
aprender la forma en que este jugador mueve sus piezas, sino también a saber
responder ante jugadas inesperadas. El investigador debe dejarse afectar, pese a
que la neutralidad científica le diga que eso no debe ocurrir. Por mi parte era algo
imposible de eludir al volverme aprendiz, para mí el poder cargar una rata implicaba
algo nuevo y no podía percibirlo como una acción mecánica sino como el poder
interactuar con otro ser que era probable que me mordiera.
Estas ratas, que se alejan mucho de la idea de una naturaleza originaria, debían ser
manipuladas para ser intervenidas y configurar su cuerpo de acuerdo con la técnica
propia del experimento, esta alineación implica que estos animales disten mucho de
189
ser aquellos que imaginamos como por fuera de nuestro mundo social, que
pensamos vienen de fuera del mundo natural para poderlos contemplar. Son más
parecidos a los perros con los que convivimos o a las vacas que comemos. Son
conformados en la búsqueda de una satisfacción humana, en este caso
epistemofílica. Conformados por la técnica humana e insertos en procesos técnicos
experimentales, estos animales parecieran ser más una base de carne sobre la que
desplegamos nuestro poder para que sean y hagan lo que nos plazca. Esta idea
imaginaria, como todo narcisismo, se sostiene muy poco. Los animales aún bajo
estas condiciones no cumplen nuestros caprichos. El investigador debe hacerse
consciente de esto para capturar esa parte rebelde del animal, eso que no se puede
configurar con la pura técnica y por lo que se hace necesario que el animal se
convierta en modelo. Los investigadores con los que pude involucrarme son
humildes en este sentido. Están conscientes que su saber y su poder sobre el
animal nunca son totales y es lo que mantiene avivado el deseo por conocerlos, por
explorarlos.
190
que señales para un recorrido quizá permanente. Los animales, siempre se corren
de lugar.
Por ese movimiento constante es que nos identificamos con ellos, pero también por
el que podemos tomar distancia. Es cada vez más común escuchar que somos
animales, pero los límites que establecemos con los demás animales implican
también nuestro poder sobre ellos. Menos complejos, menos evolucionados, menos
inteligentes, con menos capacidades. El animal es siempre una resta, o un resto,
es nuestro propio yo arcaico que retorna, desde el pasado, para acecharnos y
recordar nuestra propia finitud. Me vienen a la mente aquellos cuentos y pesadillas
infantiles donde el animal es aquel que nos aniquila o nos enferma. Es un lugar que
incomoda a la idea de futuro. Por eso lo colocamos en el pasado evolutivo, como
inferior y como algo que debemos evitar. Esta fantasía la vemos también como la
condición de poder conocerlos, que, a la vez, es conocernos a nosotros mismos.
Sin embargo, de manera contradictoria, son también el futuro, de ellos depende
nuestra vida, por medio del progreso científico.
Pero, si bien, esta distancia que permite su objetivación es condición para hacer
ciencia, como toda fantasía, se desdibuja con el encuentro cara a cara. Quien
decida conocer los secretos de la vida debe también poder mirar de cara a la muerte.
Si somos animales, compartimos los mismos mecanismos que ellos, somos
ensamblajes de fuerzas que tenemos y que nos sobrepasan, y cuyo movimiento
también tiene un fin, la máquina está sujeta al tiempo y se deteriora y se
descompone. Quizá lo más difícil de imaginar es como esa maquinaria implica
conexiones con otras máquinas, si lo que nos une al animal es el destino funesto,
lo que nos separa es la forma en que decidimos ignorar este hecho.
191
también son interpretadas como naturales. Como he tratado de mostrar en este
trabajo esas condiciones remiten a un contexto sociohistórico, y el peso que este
tiene sobre la producción del mismo conocimiento es cada vez más limitante. La
técnica que es posible de ser generada por el saber científico distribuye el poder de
manera tal que esta misma termina acentuando más las diferencias entre seres
vivientes, humanos y no humanos.
192
existencia al mismo tiempo que la hacen posible. La rata que trataba de animar a
su compañera se encontraba también aún bajo los efectos de la sedación y sin
embargo se esforzaba por lamerla. Este gesto, además de vulnerable me pareció
potente, pero justo una potencia que no está ceñida bajo el mandato del poder y de
la crueldad con la que tratamos, generalmente, a los animales; sino que, por el
contrario, trataba de evitarla. En ese momento, tal vez, la capacidad de representar
la muerte de las ratas (capacidad que tanto se ha negado a los animales) era
expresada no por la vía de la palabra descarnada sino por el tacto entre ambas. La
biología ha explorado poco la política relacionada a la vida, y es quizá en el
intersticio entre los cuerpos vivientes y la indistinción que se suscita entre ellos (y
no en su supuesta interioridad separada del exterior) donde esa continuidad entre
humanos y animales más se hace presente.
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