ADIOS
Capítulo 3.
Me sentí pérdida, vulnerable, sin saber que hacer.
Pasaba algo, de eso estaba segura y en el fondo, muy al fondo de mi alma hasta sabía que era,
pero no lo quería ver ni creer y tampoco sabía como afrontar algo así. Llamé a Aurora de
nuevo, pero no me lo cogió.
Le dejé un audio en WhatsApp en el que le contaba la situación y que no sabía que hacer, pero
que todo era raro de cojones.
Pensé en Jimena, pero aún estaría trabajando porque últimamente salía muy tarde del bufete
de abogados.
Y llamé a Mauro, que me lo cogió al segundo tono, y ahora que lo pienso, menos mal que
estaba conmigo para enfrentarme a lo que me enfrenté.
Mauro tardó 5 minutos de reloj en recogerme en la puerta de casa, aún no sabíamos dónde ir
ni que hacer, pero lo pensaríamos en el coche.
Él estaba muy nervioso, y me ponía aún más a mí. No sé si porque se olía lo que yo no quería
ver, o simplemente porque estaba nervioso al igual que yo desde que lo llamé.
-Mauro puedo fumar? – me miro y se rio, risa nerviosa diría yo.
-En otro momento te hubiera dicho que en mí A1 no fuma ni dios. Pero si hija mía fuma,
tranquila. A todo esto – me miro de nuevo – dónde vamos?
-Pues es que no lo sé, Rosa me ha colgado el teléfono de esa manera, y el no lo coge, y la
madre no sabe nada y yo ya estoy empezando a pensar cosas muy raras. Y me gustaría saber
que cojones pasa, Mauro. - le di la primera calada al cigarrillo-.
- Vale, tranquila, vamos a ir al hotel a ver si está el coche allí, si está entras e investigas. – me
miro muy serio -.
-y sí… - no me dejó terminar-.
- Si no está… ya veremos que hacemos.
- Vale, vamos! – y cruzamos los dedos juntos -.
Mauro era mi amigo desde la guardaría, siempre supe que era gay, siempre.
Tenía algo especial y aunque siempre jugábamos todos con todos y quedaba con los niños de
clase y demás, siempre nos buscaba a nosotras para marujear y escribir cartas de amor, ver
Titanic, jugar al elástico o a verdad atrevimiento beso.
Se convirtió en mi mejor amigo, mi confidente, el me entendía siempre y me aconsejaba
también, lo de haber tenido un único novio con el que llevaba 9 años, lo veía fatal, siempre
decía que tenía que haber probado más y no quedarme con una única relación.
Pero bueno el caso es que sí era mi única relación de 9 años y sí mi único hombre entre mis
piernas.
Llegamos a la puerta del hotel y el coche no estaba, me puse más nerviosa aún.
Entre miré a todos lados y no sabía que hacer ni que decir, porque tampoco quería parecer la
novia celosa y loca de Óscar y ser la comidilla del desayuno del día siguiente.
Patricia ya no estaba, claro eran las diez de la noche y su turno de recepcionista habría
terminado. Había una chica que no conocía pero que por la insignia que lucia en la solapa vi
que se llamaba Inés.
Me miró y me sonrió creería que iba a necesitar una habitación.
-Hola, en qué puedo ayudarte?
-Hola, preguntaba por Óscar, soy su novia, Patricia me conoce, - le sonreí-.
-Óscar creo que no está, pero si quieres te lo confirmo, llamó, un segundo.
Tardó algo más de un segundo o eso me pareció a mí.
Me miraba con el teléfono en la mano y me sonreía educadamente.
-Pues, eh tú nombre?
-Malena, me llamó Malena.
-Me dice Rosa que no está.
- Ah, Rosa sigue aquí? – me miró con duda-.
-Sí, el turno de Rosa no termina hasta las doce. – y seguía mirando con duda-
-Vale voy a ver a Rosa, muy amable Inés.
Vi que salía del mostrador para no se si a detenerme o decirme algo más, pero yo corrí más
que ella bajando escaleras.
Hasta llegar a la cocina, ni me acordé del ascensor y la ropa que llevaba me daba calor, estaba
sudando.
Me vio entrar y se le cambió la cara.
-Rosa dónde está Oscar? Sé que sabes dónde está, o sabes algo que no sé. – me miraba si
mediar palabra -.
-Rosa te lo pido por favor, por los años que nos conocemos y por mi y por Óscar, dime qué
pasa? – se sirvió un vaso de agua y me sirvió otro a mí-.
-No puedo decirte nada Malena. Lo siento, te conozco de muchos años, pero él es “mi niño” y
no puedo decirte nada. Él es quien te lo tiene que decir. – bebió un sorbo -.
-Rosa estoy preocupada, no sé que pasa, no me coge el teléfono, te llamo y me cuelgas de esa
forma tan rara. Ahora me dices esto y me pones aún peor.-hice el amago de buscar el paquete
de tabaco en el bolso pero después caí en que estaba en una cocina y no se puede fumar-.
-Malena, él no está aquí, es lo único que puedo decirte. – y se encogió de hombros -.
-En serio Rosa que no me vas a decir más nada? por el amor de dios Rosa, qué escondes? Es mi
futuro marido, nos casamos en julio, me conoces desde hace mucho tiempo, no me puedes
dejar así. – y la mire fijamente, pero no me mantenía la mirada-.
-Lo siento Malena, pero no quiero meterme donde no me llaman, lo siento de verdad. No
puedo hacer nada más.- Y se volvió a seguir con lo que estaba haciendo-.
-Espero que no te sientas orgullosa de ese comportamiento que estás teniendo, porque el será
tu “niño” pero yo estoy sufriendo. Y tú tienes una hija de mi edad Rosa, le puede pasar ella,
reza porque nunca le pasa nada así y sí le pasa por lo menos que tengan mas corazón con ella,
porque tú desde luego conmigo no lo estás teniendo. – y me fui sin más -.
Salí llorando de allí, Inés se quedó sorprendida al verme salir así, pero no me pare siquiera para
decirle adiós. Me monté en el coche y ahí ya no eran lágrimas era un río a compuerta abierta.
-Malena qué pasa? – Mauro estaba que le iba a dar algo y cuando me vio ya era un ataque
cardíaco.
-No me dicen nada!! la puta Rosa no me dice nada!! y lo sabe Mauro, lo sabe!! sabe donde
está!! y no me quiere decir nada!!! dice que es su “niño” y que no le haría eso, Mauro qué está
pasando? Dónde está mi futuro marido? – y sollozaba más y más -.
-Yo me cago en la cara de peo que lo parió y en todo lo cagable!! lo voy a llamar yo, a ver que
pasa. – y se puso muy serio con el móvil en la oreja -.
Yo me encendí un cigarro y abrí la ventanilla porque me faltaba el aire.
Nada no se lo cogía a él tampoco.
Nos fuimos a mi casa, me hizo una tila y llamé a mi suegra, que se puso muy nerviosa y
preocupada. Me dijo que lo llamaría a ver si a ella se lo cogía y después colgó.
Mauro se quedó conmigo toda la noche, sí como lees toda la noche porque a las seis de la
mañana aún no sabíamos nada de él, aunque el móvil daba tono de llamada. Mi suegra llamó
sobre las dos de la madrugada y nada no se lo cogía y me dijo que si no aparecía llamaría a la
policía por la mañana.
A las 6 y media me di una ducha para irme a trabajar, pero Mauro me dijo q llamará a Lili para
decirle lo que pasaba, Lili era muy buena, una señora de sesenta años como una madre para
mi.
Mis padres vivían en la playa en un ático que compraron al prejubilarse mi padre y vender la
casa de aquí, donde vivían a dos kilómetros de mi y Lili se convirtió con su calor maternal, en
una segunda madre.
Me dijo que lo entendía y que no fuera a trabajar, que llamará en cuanto supiéramos algo.
Puse la cafetera, porque necesitaba un café, no las cápsulas que yo siempre digo que no son
café de verdad. Si soys cafeteros me entenderéis. Bebimos café y yo no comí nada, porque
sabía que si comía vomitaba nada más tragará la comida de los nervios que tenía, y cuando
Mauro estaba haciéndose tostadas en la cocina la cerradura se escuchó y se abrió la puerta de
casa.
Si hubierais visto como yo vi a mi futuro marido entrar en casa…
No sé como no me dió un infarto en aquel momento. Estaba sucio de barro, tierra, polvo…
pelo, cara, ropa, manos, zapatos. Como sí se hubiera arrastrado por el suelo toda la noche.
Al verme empezó a llorar desconsolado y al verle las heridas en la cabeza , cuello y cara, creía
que había tenido un accidente y había atropellado a alguien.
Pero como no dejaba de llorar y no podía gesticular palabra, no sabía que le había pasado y me
puse más nerviosa, las pierna eran dos flanes, yo lo abrazaba y le preguntaba pero no decía
nada.
Al escucharme, Mauro apareció en el umbral del salón, alucinado de verlo, se tapo la boca con
las manos y empezó a sollozar, y claro ya empecé yo también a llorar.
Bebió agua que le ofreció Mauro y lo subimos para que pudiera bañarse en el baño que estaba
arriba.
Yo en la cama de matrimonio sentada y Mauro de pie, andando de una lado a otro de la
habitación.
-Mauro qué pasa? Es lo que creó que es? – pero Mauro no me miraba-.
-Malena dale tiempo, tiene mucho que explicarte y contarte, dale espacio que pueda
desahogarse tranquilamente. No lo agobies con preguntas, el solo va a hablar, ya lo verás.
-No quiero escucharlo- y me puse a llorar-.
-Mi niña, Malena, escúchame-se sentó al lado mía en la cama-. sí es lo que creemos que es, te
lo acabará contando, las marcas son claras, y si lo iba a hacer tenía que tener un motivo muy
fuerte para hacerlo, déjale que se expliqué. – me dio un beso en la sien-. Me marcho.
Y Óscar salía del baño en ese momento.
-No Mauro no te vayas, quédate, por Malena, quédate. No quiero que este sola. – el asintió y
se salió de la habitación-. No Mauro no salgas no hace falta, me es más fácil que estés delante.
Así tendrá tu apoyo. – yo estaba como si no fuera conmigo y fuera una película -.
Mauro se sentó a mi lado, y me cogió la mano para que me tranquilizara supongo, pero a mi
no me tranquilizaba ni un kilo de diazepam.
-Malena escúchame, déjame hablar y después dime lo que quieras, pero escúchame primero. –
asentí -. Yo no sabía que esto iba a llegar tan lejos, Malena yo te quería y te quiero, eso no
quiero que lo dudes, pero yo no sé como pasó, simplemente pasó, la conocí en el trabajo,
empezó hace dos veranos supliendo unas vacaciones y al principio había buen rollo entre
compañeros que éramos, pero después yo empecé a ir a desayunar con ella todos los días,
quedábamos para tomar algo después del trabajo, la noche de la cena de navidad, bebimos
mucho y acabamos juntos – yo no me podía creer lo que estaba diciendo -. Acabamos en una
habitación del hotel Malena, y desde ahí ha ido a más y llevamos dos años liados, Ella me ha
estado presionando mucho estas semanas y después de despedirnos ayer en el
supermercado, me llamó y me dijo que tenía un retraso y que hiciéramos un predictor y ha
dado positivo -Mauro me miraba para ver si reaccionaba.- yo seguía sin creer lo que estaba
escuchando creía que eso sólo pasaba en las películas y a mí jamás me pasaría, no me lo
esperaba de Óscar, no sabía como podía llevar una doble vida y estar tan normal conmigo y
que yo no notará nada. Me sentí pérdida… flases de mi madre, mi hermana, mis amigas, mi
boda, mi traje de novia, mi casa.-
El siguió hablando -. Malena, yo no he sabido parar esto, y ayer me sentí tan mal conmigo
mismo que me fuí a la rivera y pensé en tirarme y quitarme del medio como un cobarde, pero
después pensé que ahorcarme también podía ser una buena idea y estuve a punto Malena-
rompió a llorar-. Estuve a punto, pero después pensé que no te merecías eso de mi, que mi
novia de 9 años no se merecía eso de mi, ni mi madre, ni el bebé que espera Jessica.
Mauro le preguntó que si Jessica era “Antonio” y efectivamente dijo que sí.
Entré en estado de shock. El principal signo que me llamó la atención fue que mi presión
arterial era muy baja, acompañada de un pulso muy rápido pero débil. Sentí ansiedad,
agitación, y temblores, uñas azuladas. Después ya me dijeron que se produce como
consecuencia del bajo aporte de oxígeno. Escalofríos, piel húmeda y pálida, sudoración
abundante, hiperventilación, todo esto acompañado de llantó.
Mauro lo echó de la habitación, al escuchar mis quejidos, y llamó a urgencias, porque estaba
muy asustado. Todo el tiempo estuvo a mi lado, abrazándome y dándome calor con una
manta.
No sé cuánto tardaron pero se que me pincharon, me auscultaron y ya no recuerdo más,
porque me dormí.
Al despertarme eran las 4 de la tarde por el reloj de la mesita de noche, a los pies de la cama
mi madre lloraba y mi hermana le decía que se saliera a llorar fuera. Me levanté de la cama le
di un beso a mamá y busqué a Mauro, que estaba en la habitación de al lado hablando por
teléfono. Al verme colgó y me abrazó, yo lloré más y más. Me dieron una pastilla para
tranquilizarme o para que me durmiera no lo sé. Pero bajé, y evidentemente no estaba en
casa, había dejado sus llaves en la encimera de la cocina con una nota.
“Malena, me hubiera gustado que las cosas fueran de otra manera, te he querido, te quiero y
te querré, pero no como debe quererte el hombre de tu vida” quédate la casa, tira todo lo que
no quieras, yo me haré cargo de la boda, ojalá algún día encuentres lo que te mereces, te
quiero nena.”
Me tiré al suelo con la nota en la mano, otro ataque de ansiedad, mi madre lloraba al verme,
mi hermana lloraba al ver a mi madre, yo lloraba al ver a las dos llorando y Mauro me subió,
manteniendo la compostura, me bañó como se baña a una hermana, me acarició, me beso la
piel, me peinó, me vistió y me acostó en la cama.
Adiós Óscar.