Introducción
No es simplemente una verdad que hay que creer obligados porque si no quedamos por fuera de la Iglesia.
La Iglesia, normalmente en un Concilio que reúne gran parte de ella, por eso se llaman ecuménicos, declara
verdades que desde ese momento en adelante están claramente definidas y deben ser creídas de esa manera como
están definidas, como dogmas de fe; de lo contrario la persona ya no pertenece a la fe y doctrina de la Iglesia,
sino que pertenece a otra denominación religiosa.
Una vez definido un dogma, es como una ventana que se abre hacia el infinito, donde puede penetrar la
luz de Dios y donde se sigue profundizando en la verdad revelada.
El Credo de la Iglesia es el resumen de nuestra fe cristiana; allí se encuentran declarados los dogmas
fundamentales de nuestra fe; que son, el creer en Dios como Padre, Hijo y Espíritu Santo; el papel de cada cual;
Dios es el Creador, Jesucristo es el Redentor, nace de María y por obra del Espíritu Santo.
Los cuatro dogmas marianos Hasta ahora la Iglesia han declarado cuatro verdades sobre María en forma
dogmática: María Madre de Dios, María Siempre Virgen, La Inmaculada Concepción de María y la Asunción de
María. La Iglesia se fijó en María por causa de Jesús; desde la Biblia vemos aparecer a María relacionada con
Jesús. Ella es nombrada en el evangelio de Lucas, el nombre de la virgen era María (Lc 1,27), porque Jesús al
encarnarse tuvo que hacerlo en una persona concreta. de carne y hueso, con nombre y apellido, perteneciente a
una familia y un pueblo concretos.
Para ser verdadero hombre tiene que ser hijo de un ser humano; para ser verdadero Dios tiene que ser por
obra del Espíritu de Dios y no por semilla humana.
María es una madre humana que da a luz un hijo que es Dios, el Mesías de Dios, pero sin tener relaciones
con hombre. El relato de la Anunciación en Lucas (Cf. Lc 1,26-38), nos dice con claridad esta realidad humano-
divina de Jesús, y que María es la madre, por la intervención del Espíritu Santo y no por la intervención de un
varón humano. María es la madre de Cristo, que luego en el siglo V la Iglesia la proclama como madre de Dios
(Theotokos), y María es al mismo tiempo Virgen, que la Iglesia en varias ocasiones declara como siempre virgen.
Otras verdades marianas
Las verdades sobre María han ayudado a comprender las verdades sobre Cristo y sobre la Iglesia, y
seguramente seguirán ayudando a comprender mejor las verdades sobre la historia de la salvación, lo que se ha
llamado a lo largo de los siglos lex orandi, lex credendi, es decir, lo que se ora y celebra en la devoción y en la
liturgia.
I. LA MATERNIDAD DIVINA DE MARÍA
Significa básicamente que María es Madre de Dios. La palabra utilizada en griego fue Theotokos, que
significa: la que dio a luz a Dios, la paridora de Dios. Esta afirmación no quiere decir que Dios tiene su origen en
María, sino que de María salió una persona que es Dios. El origen de Jesucristo es divino; engendrado del Padre
antes de los siglos, desde la eternidad, pero hecho hombre por la encarnación en María. Ella es su madre, y por lo
mismo es Madre de Dios, puesto que Jesucristo es Dios.
a. Aspecto Bíblico.
En la Biblia encontramos varias citas que apuntan a esta realidad mariana. El evangelio de Mateo nos dice
refiriéndose a la reacción de José ante el embarazo de María: Así lo tenía planeado, cuando el Ángel del Señor se
le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo
engendrado en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará
a su pueblo de sus pecados.» Todo esto sucedió para que se cumpliese el oráculo del Señor por medio del profeta:
= Ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, = que traducido significa:
«Dios con nosotros.» (Mt 1,20-23).
Mateo resalta que se está cumpliendo la profecía del Emmanuel, Dios con nosotros; Dios ha llegado; Jesús es
Dios; la madre de Jesús es madre de Dios. Lucas relata la anunciación del ángel a María (Cf. Lc 1,26- 38), donde
se establece un diálogo entre ella y el ángel, éste le dice que concebirá un hijo que será llamado Hijo del Altísimo
(Lc 1,32).
Por eso lo que nacerá de ella será santo y será llamado Hijo de Dios (Lc 1,35). Lo que nace de María es el
Hijo de Dios; es Dios mismo, por lo tanto, María es Madre de Dios (paridora de Dios, Theotokos). La naturaleza
humana del Hijo de Dios viene de María y de nadie más; la naturaleza divina de Jesús viene de Dios y de nadie
más.
Lucas pone el hermoso título de María: la madre de mi Señor; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor
venga a mí? (Lc 1,43).
San Pablo en la carta a los Gálatas también indica la maternidad divina de María, aunque de forma indirecta:
Al llegar la plenitud de los tiempos envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley… (Gal 4,4ss). De
nuevo se vuelve a resaltar la realidad de la maternidad de una mujer que da a luz al Hijo de Dios.
Declaración doctrinal del Concilio de Éfeso (431)
Nestorio afirmó que no se podía llamar a María Theotokos sino Cristotokos, es decir Madre de Cristo en vez
de Madre de Dios. Al Concilio de Nicea, donde se había declarado con mayor precisión las dos naturalezas de
Cristo.
Apolinar afirma que María sí puede ser llamada Theotokos, porque existía una real y perfecta unidad del Verbo
encarnado y María es la progenitora de ese Verbo encarnado.
II. MARÍA SIEMPRE VIRGEN
a. Aspecto Bíblico
La Biblia enfatiza la virginidad de María; el evangelio de Mateo expresamente recuerda la profecía de Isaías
7,14: He aquí que una doncella (joven virgen) va a concebir y dará a luz un hijo a quien le pondrán por nombre
Emmanuel, que significa Dios con nosotros. (Cf Mt 1,23). La virginidad de María fue profecía esperada por el
pueblo de Israel y al mismo tiempo requisito para que ese Hijo fuese realmente el Hijo de Dios y no el hijo de
cualquier hombre.
Lucas en su evangelio insiste también en este aspecto: (Lc 1,26-27) y más adelante en el relato de la
anunciación la misma María pregunta: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?» (Lc 1,34) y el ángel le
explica: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de
nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. (Lc 1,35).
El Evangelio de Juan también asoma en su prólogo el origen divino de Jesús y la no participación carnal en su
nacimiento. En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. (Jn 1,1) y más
adelante dice: la cual no nació de sangre, ni de deseo de hombre, sino que nació de Dios. (Jn 1,13)
b. La Tradición
Desde el principio la Iglesia mantuvo la perpetua virginidad de María, la cual se afirmó en varias ocasiones en
concilios ecuménicos, con un valor dogmático. San Ignacio de Antioquía (+ c. 110) utiliza la formula paulina de
una manera más precisa diciendo: “Nacido verdaderamente de una virgen”.
c. Definición Dogmática
El concilio de Constantinopla II (553) introduce la referencia de la virginidad perpetua de María: “Tomó carne
de la gloriosa Theotokos y siempre virgen María”. El Papa Martín I convoca el concilio Lateranense (649) donde
en el tercer canon del concilio se afirma en forma dogmática la perpetua virginidad de María:
II. INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA
Esta definición dogmática, junto con la última de la Asunción de María a los cielos fue proclamada
directamente por un Papa, ratificando su autoridad en la fe, y no dentro de un concilio ecuménico, por eso los
protestantes y ortodoxos se han opuesto a tomarlos como norma de fe. Sin embargo, la afirmación dogmática
papal no fue por un simple capricho, en el caso de la Inmaculada, el Papa hizo una consulta por carta a la cual
respondió la mayoría de los Obispos en forma afirmativa, además de la historia de la teología sobre la
Inmaculada que estudiaremos más adelante.
a. Explicación Teológica del Dogma
Lo que significa este dogma es exactamente lo siguiente: que la Virgen María, desde el momento que fue
concebida ella, fue preservada de toda mancha de pecado original. Además, implica que ella permaneció sin
pecado durante toda su vida.
Esta definición dogmática tiene entonces dos aspectos fundamentales, uno que es de contraste; la Virgen
María no tuvo pecado y el otro es de afirmación; la Virgen María por lo tanto estuvo llena de la gracia de Dios
y siempre mantuvo esa gracia.
La Iglesia siempre ha considerado algo especial en la Virgen, y por eso el culto de veneración que se hace
a los santos (dulía) en el caso de la Virgen se llama hiperdulía, porque es un culto especial.
María recibió este privilegio de quedar libre del pecado original en vista a su maternidad divina, y por los
méritos de su Hijo Jesús, no por los suyos propios. Fue una gracia de Dios, totalmente gratuita, en vista a que
ella iba a ser la tierra virgen que recibiría al Verbo y le daría su propia carne. Ella no podía estar sometida al
pecado siendo la madre del Todo Santo; fue una cuestión de la justicia de Dios, de su plan de salvación; Él
preparó el vientre que iba a recibir a su Hijo, el primer sagrario, puro, inmaculado y santo.
III. LA ASUNCIÓN DE MARÍA
El último dogma decretado como tal por la Iglesia fue el de la Asunción de María, aunque está presente
en la Iglesia como creencia desde los primeros siglos, sin embargo, fue declarado como dogma recientemente.
El Papa Juan Pablo II definió que María realmente murió para seguir el camino de Cristo, y luego despertó,
resucitó, en cuerpo y alma, en el Reino de Dios. La Asunción de María significa que ella fue llevada al cielo
en cuerpo y alma, lo que implica que su cuerpo no se corrompió en la tumba, y que ella goza de la plena gloria
de Dios junto con su Hijo.
Proclamación Dogmática El día 1º de noviembre de 1950 el Papa Pío XII proclama solemnemente en la
Constitución Apostólica Munificentissimus Deus, la Asunción de María al cielo. Esta declaración va
precedida de una encuesta universal a los obispos y ya en el Concilio Vaticano I, 204 padres conciliares habían
propuesto definir el dogma.