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STS 4127 2018

La sentencia del Tribunal Supremo, STS 4127/2018, aborda el recurso de casación interpuesto por Don Adriano contra la condena por alzamiento de bienes dictada por la Audiencia Provincial de Tarragona. El tribunal examina varios motivos del recurso, incluyendo la infracción de derechos constitucionales y la validez de pruebas documentales de un procedimiento andorrano. Finalmente, se concluye que la Audiencia actuó correctamente al desestimar las alegaciones del recurrente sobre la nulidad de las pruebas presentadas.

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STS 4127 2018

La sentencia del Tribunal Supremo, STS 4127/2018, aborda el recurso de casación interpuesto por Don Adriano contra la condena por alzamiento de bienes dictada por la Audiencia Provincial de Tarragona. El tribunal examina varios motivos del recurso, incluyendo la infracción de derechos constitucionales y la validez de pruebas documentales de un procedimiento andorrano. Finalmente, se concluye que la Audiencia actuó correctamente al desestimar las alegaciones del recurrente sobre la nulidad de las pruebas presentadas.

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JURISPRUDENCIA

Roj: STS 4127/2018 - ECLI:ES:TS:2018:4127


Id Cendoj: 28079120012018100621
Órgano: Tribunal Supremo. Sala de lo Penal
Sede: Madrid
Sección: 1
Fecha: 23/11/2018
Nº de Recurso: 2796/2017
Nº de Resolución: 583/2018
Procedimiento: Penal. Apelación procedimiento abreviado
Ponente: CARMEN LAMELA DIAZ
Tipo de Resolución: Sentencia

Resoluciones del caso: SAP T 1325/2017,


STS 4127/2018

TRIBUNALSUPREMO
Sala de lo Penal
Sentencia núm. 583/2018
Fecha de sentencia: 23/11/2018
Tipo de procedimiento: RECURSO CASACION
Número del procedimiento: 2796/2017
Fallo/Acuerdo:
Fecha de Votación y Fallo: 14/11/2018
Ponente: Excma. Sra. D.ª Carmen Lamela Diaz
Procedencia: Audiendia Provincial de Tarragona Sección 2ª
Letrada de la Administración de Justicia: Ilma. Sra. Dña. María Josefa Lobón del Río
Transcrito por: MGS
Nota:
RECURSO CASACION núm.: 2796/2017
Ponente: Excma. Sra. D.ª Carmen Lamela Diaz
Letrada de la Administración de Justicia: Ilma. Sra. Dña. María Josefa Lobón del Río
TRIBUNAL SUPREMO
Sala de lo Penal
Sentencia núm. 583/2018
Excmos. Sres. y Excma. Sra.
D. Julián Sánchez Melgar
D. Miguel Colmenero Menéndez de Luarca
D. Juan Ramón Berdugo Gómez de la Torre
D. Luciano Varela Castro

1
JURISPRUDENCIA

Dª. Carmen Lamela Diaz


En Madrid, a 23 de noviembre de 2018.
Esta sala ha visto el recurso de casación n.º 2796/2017, interpuesto por Don Adriano , representado por el
procurador Don Pablo Blanco Rivas, bajo la dirección letrada de Don José Carlos Ramírez García, contra la
sentencia dictada el 20 de septiembre de 2017, por la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Tarragona.
Es parte el Ministerio Fiscal y, como parte recurrida la entidad Mora Banc Grup S.A., representado por la
procuradora Doña María Dolores Martín Cantón y bajo la dirección letrada de Don Ferran Grasas Hernández.
Ha sido ponente la Excma. Sra. D.ª Carmen Lamela Diaz.

ANTECEDENTES DE HECHO
PRIMERO.- El Juzgado de Primera Instancia número 4 de Reus, incoo Procedimiento Abreviado con el número
2/2012, por un delito de alzamiento de bienes y estafa, contra Don Adriano y, concluso, lo remitió a la
Audiencia Provincial de Tarragona cuya Sección Segunda dictó, en el Rollo de Sala nº 46/2014, sentencia
número 419/2017, de fecha 20 de septiembre, con los siguientes hechos probados:
<<De la actividad probatoria practicada en el acto del juicio oral de conformidad a los principios de oralidad,
contradicción, inmediación e igualdad de armas ha resultado acreditado:
1. Adriano abrió una cuenta en el Banc Internacional d' Andorra en fecha 24 de mayo de 1991 en la que
realizaba operaciones en el mercado de futuros y opciones.
2. A fecha 8 de mayo de 2000 Adriano había acumulado una deuda con la entidad bancaria Banc Internacional
d 'Andorra por un total de 352.715,61 euros como consecuencia de operaciones de inversión que el acusado
realizaba a través de dicha entidad.
3. Con conocimiento de ello y aprovechando el procedimiento de separación matrimonial de la pareja, Adriano
en fecha 26 de mayo del año 2000 transmitió a su esposa Ana , sin que haya quedado probado que participare
de tal conocimiento, la mitad indivisa del inmueble sito en la CALLE000 número NUM000 NUM001 del
municipio de Hospitalet de L'Infant adquirida por ambos y donde tenían el domicilio familiar, a través del
convenio regulador aprobado en sentencia de separación de 21 noviembre de 2000, por el que se adjudicaba
el pleno dominio del que fuere domicilio familiar a la Sra. Ana .
4. En fecha 6 de diciembre del año 2000 Banc Internacional d' Andorra interpuso demanda de embargo
preventivo de los bienes, que fue acordado por auto de 13 de diciembre de 2000 dictándose finalmente
sentencia con estimación de las pretensiones de la entidad bancaria el 15 de octubre de 2003, confirmada en
apelación por el Tribunal Superior de Justicia de Andorra el 14 de mayo de 2004.>>
SEGUNDO.- La Audiencia de instancia dictó el siguiente pronunciamiento:
<<PRIMERO.- ABSOLVEMOS a Ana de los delitos y los hechos por los que venía siendo acusada.
SEGUNDO. - Condenamos a Adriano como autor de un delito de alzamiento de bienes del art. 257.1.20 CP
concurriendo como circunstancia modificativa de la responsabilidad criminal la atenuante muy cualificada de
dilaciones indebidas del artículo 21.6° CP a la pena 6 meses de prisión, inhabilitación especial para el ejercicio
del derecho de sufragio pasivo por tiempo de la condena, y a la pena de 6 meses de multa con una cuota diaria
de 10 euros, responsabilidad personal subsidiaria en caso de impago del art. 53 CP.
TERCERO.- Declaramos la nulidad de la adjudicación realizada en el convenio regulador de 26 de mayo de
2000 aprobado por Sentencia de 21 de noviembre de 2000 en el que en su estipulación 2ª se contemplaba la
disolución de la sociedad legal de gananciales y la adjudicación a Ana de la vivienda sita en la CALLE000 n
° NUM000 de Hospitalet de L' Infant (Tarragona), finca registral n° NUM002 del Registro de la Propiedad de
Falset, cuya propiedad al 50 % correspondía a Adriano , así como la cancelación de las inscripciones regístrales
realizadas con posterioridad, a efectos de someter la finca a la responsabilidad pecuniaria derivada de la deuda
contraída por el acusado con la entidad Banco Internacional d 'Andorra, actualmente Mora Banc Group S.A.
sin perjuicio del pago de la suma eludida.
CUARTO. - Imponemos a Adriano 1/4 de las costas procesales, declarándose el resto de oficio.>>
TERCERO.- Notificada en forma la anterior resolución a las partes personadas , se preparó recurso de casación
por infracción de Ley, de precepto constitucional y quebrantamiento de forma, por Don Adriano , que se tuvo
por anunciado, remitiéndose a esta Sala Segunda del Tribunal Supremo las certificaciones necesarias para su
substanciación y resolución, formándose el correspondiente rollo y formalizándose el recurso.

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JURISPRUDENCIA

CUARTO.- La representación procesal del recurrente, basa su recurso de casación en los siguientes motivos:
Primero.- Por Infracción de Precepto Constitucional, Art. 24.1 y 2 de la Constitución Española (Tutela Judicial
Efectiva y Presunción de inocencia), al amparo del Art. 852 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, y punto 4º
del artículo 5 de la Ley Orgánica del Poder Judicial.
Segundo.- Por Infracción de Ley, al amparo del nº 1 del artículo 849 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal por
considerar que, dados los hechos declarados probados se ha infringido precepto penal sustantivo y normas
jurídicas de igual carácter, concretamente, Art. 257.1, 2º del Código Penal, y Arts. 1, 2, 3, 4 y 5 del Convenio
XII de 5 de octubre de 1961.
Tercero.- Por Quebrantamiento de Forma, al amparo del nº 1 del Art. 851 LECrim, por resultar manifiesta
contradicción en los hechos probados en la sentencia.
Cuarto.- Por infracción de Ley, al amparo del nº 2 del artículo 849 de la Ley Procesal, al entender que existe
error de hecho en la apreciación de la prueba basado en documentos que obran en autos, que demuestran la
equivocación del Juzgador, sin resultar contradictos por otros elementos probatorios.
QUINTO.- Instruidas las partes, el Ministerio Fiscal y la parte recurrida, solicitan la inadmisión de todos
los motivos y subsidiariamente la desestimación; la Sala lo admitió, quedando conclusos los autos para el
señalamiento del fallo cuando por turno correspondiera.
SEXTO.- Hecho el señalamiento del fallo prevenido, se celebró deliberación y votación el día 14 de noviembre
de 2018.

FUNDAMENTOS DE DERECHO
PRIMERO.- El recurrente, Don Adriano , ha sido condenado en sentencia núm. 419/2017, de fecha 20 de
septiembre de 2017, dictada por la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Tarragona, en el Rollo de
Sala 46/2014, dimanante de la causa de Procedimiento Abreviado núm. 2/2012, instruida por el Juzgado de
Instrucción núm. 4 de Reus, como autor de un delito de alzamiento de bienes del art. 257.1.2º del Código Penal,
concurriendo como circunstancia modificativa de la responsabilidad criminal la atenuante muy cualificada de
dilaciones indebidas del artículo 21.6° del Código Penal, a la pena 6 meses de prisión, inhabilitación especial
para el ejercicio del derecho de sufragio pasivo por tiempo de la condena, y a la pena de 6 meses de multa con
una cuota diaria de 10 euros, responsabilidad personal subsidiaria en caso de impago del art. 53 del Código
Penal .
Son cuatro los motivos del recurso:
1º.- infracción de precepto constitucional, artículo 24.1 y 2 de la Constitución Española (tutela judicial efectiva
y presunción de inocencia), al amparo de los artículos 852 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal y 5.4 de la Ley
Orgánica del Poder Judicial;
2º.- infracción de ley, al amparo del nº 1 del artículo 849 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, por considerar
que, dados los hechos declarados probados, se ha infringido precepto penal sustantivo y normas jurídicas de
igual carácter, concretamente el artículo 257.1. 2º del Código Penal, y artículos 1, 2, 3, 4 y 5 del Convenio XII
de 5 de octubre de 1961;
3º.- quebrantamiento de forma, al amparo del nº 1 del artículo 851 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, por
resultar manifiesta contradicción en los hechos probados en la sentencia;
4º.- infracción de ley, al amparo del nº 2 del artículo 849 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, al entender
que existe error de hecho en la apreciación de la prueba basado en documentos que obran en autos, que
demuestran la equivocación del Juzgador, sin resultar contradichos por otros elementos probatorios.
SEGUNDO.- A través del primer motivo, deducido al amparo de los artículos 852 de la Ley de Enjuiciamiento
Criminal y 5.4 de la Ley Orgánica del Poder Judicial, denuncia el recurrente infracción de sus derechos a la
tutela judicial efectiva y presunción de inocencia, señalando que la prueba tenida en cuenta por el Tribunal
para sustentar la condena ha sido incorporada al procedimiento de manera ilícita. En concreto se refiere a
la incorporación al proceso del testimonio de actuaciones del procedimiento seguido ante los Juzgados y
Tribunales de Andorra, procedimiento sobre el que descansa la condena del recurrente por delito de alzamiento
de bienes y que terminó con sentencias de instancia y de apelación, obrantes en la causa. Considera que, no
existiendo convenio de reconocimiento mutuo de resoluciones judiciales con Andorra, su reconocimiento y
efectividad en España requiere indefectiblemente del empleo de la vía del exequátur, motivo por el cual planteó
al inicio de la vista cuestión prejudicial que fue rechazada por el Tribunal. Con ello considera que se le ha
vedado la posibilidad de someter dichas resoluciones a las garantías del orden público español, que intuye

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JURISPRUDENCIA

transgredido, teniendo en cuenta que la demanda del Banco Andorrano contra el acusado ha sido estimada
por el Tribunal andorrano únicamente sobre la base de un documento unilateral bancario (un certificado), ya
que en ese país los documentos de los bancos gozan de presunción de veracidad.
Igualmente considera infringido el Convenio XII de la Haya, de 5 de octubre de 1961, sobre Apostilla, ya que la
prueba de cargo de la existencia de la deuda en el juicio penal ha consistido esencialmente en la documental
procedente de procedimientos civiles andorranos. Dichos procedimientos han sido incorporados a la causa
penal por medio de un testimonio de un Secretario Judicial andorrano, pero sin la preceptiva Apostilla de la
Haya, necesaria para producir efectos ante autoridades extranjeras, lo que, a su juicio, supone aceptar una
prueba obtenida ilícitamente y que vulnera la tutela judicial efectiva y la presunción de inocencia.
También considera vulnerado el derecho a la presunción de inocencia contenido en el artículo 24.2 de la
Constitución Española al fundamentar el fallo condenatorio en meras conjeturas sin un apoyo probatorio
directo y suficiente contra Don Adriano , así como por haber alcanzado la convicción sin atenerse a criterios
lógicos ni razonables, mediante el empleo de prueba no sometida a contradicción y oralidad.
Es reiterada la doctrina de esta Sala que señala cómo la función casacional que tiene encomendada respecto
de las posibles vulneraciones del derecho a la presunción de inocencia, consagrado en el artículo 24.2
de nuestra Constitución, ha de limitarse a la comprobación de tres únicos aspectos, a saber: a) Que el
Tribunal juzgador dispuso, en realidad, de material probatorio susceptible de ser sometido a valoración; b)
Que ese material probatorio, además de existente, era lícito en su producción y válido, por tanto, a efectos de
acreditación de los hechos; y c) Que los razonamientos a través de los cuales alcanza el Juez de instancia su
convicción, debidamente expuestos en la sentencia, son bastantes para ello, desde el punto de vista racional y
lógico, y justifican, por tanto, la suficiencia de dichos elementos de prueba ( [Link] 128/2008, de 28 de febrero,
448/2011, de 19 de mayo, y 741/2015, de 10 de noviembre).
En el caso de autos debe destacarse, en primer lugar, que la desestimación por la Audiencia Provincial del
planteamiento de la cuestión prejudicial civil que el recurrente considera devolutiva, no se hizo en forma
inmotivada. Fue por considerar que las sentencias de los Tribunales de Andorra fueron aportadas como
simple prueba documental, no pretendiendo la ejecución de las decisiones judiciales que contienen, añadiendo
la Audiencia que no se pueden trasladar los requisitos sustantivos del exequátur cuando con la sentencia
extranjera lo que se pretende no es ejercer en territorio nacional la tutela judicial derivada de la misma, sino
acreditar su contenido.
No es posible discrepar de lo argumentado por la Audiencia. Efectivamente, el exequátur es aquel
procedimiento que tiene por objeto reconocer la validez de una sentencia dictada por un Tribunal extranjero
y por tanto permitir su ejecución en un Estado distinto del que la dictó. A través del mismo se determina
o comprueba si una sentencia extranjera (entendiendo ésta como aquella resolución pronunciada por un
tribunal que escapa a la soberanía del Estado en que se desea ejecutarla) reúne los requisitos que permiten su
reconocimiento y homologación, permitiendo su cumplimiento en un Estado distinto a aquel que la pronunció.
En el supuesto de autos, no se trataba de ejecutar las sentencias dictadas por los Tribunales andorranos. Se
trataba de acreditar a través de las mismas la existencia de una deuda del acusado frente al Banco que ejercita
la acusación particular.
Ello entronca directamente con el valor probatorio de los documentos públicos extranjeros. En este punto, la
Ley de Enjuiciamiento Civil, aplicable supletoriamente al procedimiento penal conforme a lo dispuesto en el
artículo 4 del referido texto legal, contempla en su artículo 323 el valor probatorio de este tipo de documentos,
señalando que:
"1. A efectos procesales, se considerarán documentos públicos los documentos extranjeros a los que, en
virtud de tratados o convenios internacionales o de leyes especiales, haya de atribuírseles la fuerza probatoria
prevista en el artículo 319 de esta Ley,
2. Cuando no sea aplicable ningún tratado o convenio internacional ni ley especial, se considerarán
documentos públicos los que reúnan los siguientes requisitos:
1.º Que en el otorgamiento o confección del documento se hayan observado los requisitos que se exijan en el
país donde se hayan otorgado para que el documento haga prueba plena en juicio.
2.º Que el documento contenga la legalización o apostilla y los demás requisitos necesarios para su
autenticidad en España.
3. Cuando los documentos extranjeros a que se refieren los apartados anteriores de este artículo incorporen
declaraciones de voluntad, la existencia de éstas se tendrá por probada, pero su eficacia será la que determinen

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JURISPRUDENCIA

las normas españolas y extranjeras aplicables en materia de capacidad, objeto y forma de los negocios
jurídicos."
De esta forma, se remite a lo que dispongan los Tratados suscritos con los países afectados, y en su defecto
a la apostilla.
En el caso de autos, se cumple el primero de los requisitos contemplados en el apartado segundo del artículo
323 citado (otorgamiento conforme a los requisitos exigidos por la Ley de Andorra), ya que el testimonio
incorporado a las actuaciones fue confeccionado por quien tenía competencia para ello conforme a lo
dispuesto en el artículo 59 de la Llei qualificada de la Justicia de 2 de setembre de 1993.
Pero, tal y como sostiene el recurrente, el testimonio emitido por el fedatario público de Andorra carece de
apostilla. A los efectos que ahora nos interesan, el artículo 1 del Convenio de La Haya de 5 de octubre de
1961, ratificado por Instrumento de 10 de abril de 1978 (BOE 25 de septiembre de 1978, núm. 229) considera
como documentos públicos, a los efectos de supresión de la exigencia de legalización y su sustitución
por la "apostilla", entre otros, "Los documentos dimanantes de una autoridad o funcionario vinculado a una
jurisdicción del Estado, incluyendo los provenientes del Ministerio Público, o de un Secretario, oficial o agente
judicial".
La "apostilla " consiste en una diligencia o sello conforme a un modelo estándar y oficial que debe llevar las
menciones establecidas en el Convenio, que se añade -ya sea en el propio documento público, ya sea en una
prolongación del mismo- por la autoridad competente designada por el Estado del país de origen y que tiene
por objeto certificar ante el territorio de otro Estado contratante los siguientes extremos: la autenticidad de
la firma; la calidad en que el signatario del documento (autoridad pública, funcionario o notario del país de
origen) haya actuado; y en su caso, la identidad del sello o timbre del que el documento público esté revestido.
Sin embargo, la apostilla no certifica el contenido del documento para el que se expidió.
El testimonio expedido por el Secretario Judicial del Tribunal andorrano, carece de la necesaria apostilla, por
lo que no puede surtir ninguna consecuencia a los efectos de reconocimiento de derechos o surgimiento de
obligaciones. La fe pública del Secretario Judicial andorrano que reconoce el artículo 59 de la Ley andorrana
(Llei qualificada de la Justicia de 2 de setembre de 1993), no salva la ausencia de tal requisito, ya que conforme
al artículo 1 del Convenio, tal documento está sujeto a apostilla.
Ello no obstante, no impide tener en cuenta dicho documento como un dato o indicio más para considerar la
existencia de la deuda del acusado frente al Banco Mora Banc Grup S.A..
Es decir, el hecho de que el documento carezca de apostilla supone que por sí mismo no tiene fehaciencia en los
términos que contempla el art. 319 de la Ley de Enjuiciamiento Civil, pero no supone que carezca de cualquier
valor probatorio ni significa per se que sea falso o que esté falsificado. Simplemente no puede desplegar
consecuencias de significación jurídica plenamente equiparable a la de un documento público, pero ello no
impide que se pueda tomar en consideración como elemento indiciario, en conjunción con otras pruebas, a los
meros efectos de deducir que el acusado era deudor de la entidad bancaria andorrana, y ello con independencia
de que carezca de validez como documento público en España. Por tanto, el hecho de que los documentos
sean "meras fotocopias no atestiguadas fielmente a través de apostilla", como afirma el recurrente, no les priva
de todo valor probatorio.
En definitiva, la falta de apostilla solo priva al documento de su consideración como documento público en
España o, dicho en otros términos, determina que carezca de la fuerza probatoria prevista en el artículo 319 de
la Ley de Enjuiciamiento Civil, y en consecuencia no pueden hacer por sí prueba plena del hecho, acto o estado
de cosas que documente. Ello sin embargo, no implica que deba excluirse totalmente su eficacia probatoria,
siempre que se cumplan los requisitos formales de presentación documental en los términos expuestos en la
sentencia dictada por la Audiencia Provincial.
Por lo demás, entre los documentos contenidos en el testimonio emitido por el Secretario Judicial andorrano
se encuentran los documentos privados aportados por la entidad bancaria en los procedimientos seguidos
ante las autoridades judiciales de Andorra, documentos cuya eficacia probatoria resulta de lo dispuesto en
los arts. 324 y siguientes de la Ley de Enjuiciamiento Civil. Por lo que negada su autenticidad por el acusado,
deberá ser ésta adverada bien a través del cotejo pericial, bien por cualquier otro medio de prueba que resulte
útil y pertinente al efecto, conforme a lo dispuesto en el artículo 326 de la Ley de Enjuiciamiento Civil.
En nuestro caso, aun cuando el acusado ha negado la autenticidad de la mayoría de los documentos, ha
reconocido su firma en la cartulina de firmas (f.111) cumplimentada en el momento de la apertura de la
cuenta corriente en la que se generó el saldo deudor. También admitió la existencia de un procedimiento en
Andorra en el que fue condenado y en el que fue también debidamente emplazado. En concreto, el traslado
de la demanda de embargo y del auto decretando el embargo dictado por la autoridad judicial de Andorra se

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JURISPRUDENCIA

encuentra documentado en las actuaciones (f. 68) a través del acta levantada por el Notario de L'Hospitalet
del Infant el día 11 de enero de 2001. Además, el acusado nunca ha negado la existencia del procedimiento
judicial tramitado en Andorra, sino la existencia de la deuda.
Igualmente la existencia de la deuda y su documentación (f. 113, 114, 269 y póliza aportada por la Acusación
Particular en el acto del juicio oral), así como la existencia y desenlace del procedimiento tramitado ante las
autoridades andorranas fue avalada por la declaración prestada por el testigo Sr. Melchor en el acto del juicio
oral.
En consecuencia, la documentación incorporada al procedimiento constituye prueba lícita y obtenida con
las garantías legales, por lo que podía ser valorada en conciencia por el Tribunal junto al resto de la prueba
practicada en el acto del juicio oral.
Y esto es lo que ha llevado a cabo la Audiencia Provincial que expone en su sentencia de manera extensa y
detallada los distintos elementos que han llevado al Tribunal a las conclusiones plasmadas en el apartado de
hechos probados. Ha examinado la demanda de embargo preventivo y el auto por el que se acordó el embargo,
que obran incorporados, no solo en el testimonio aportado por la Acusación Particular a requerimiento del
Juzgado Instructor sino también en el acta levantada por el Notario de L'Hospitalet del Infant el día 11 de
enero de 2001, a la que antes se ha hecho referencia. También ha examinado las sentencias dictadas por
las autoridades andorranas, constatando que en las mismas no solo se ha tenido en cuenta la certificación
de deuda expedida por la entidad demandante, sino que se practicaron y valoraron otras pruebas, como las
periciales. Además, como expresamente explica, a través de ellas solamente se ha considerado probada
la existencia de los procedimientos ante los Tribunales extranjeros, así como la existencia de una relación
bancaria, por lo demás admitida por el acusado, pero no la existencia y cuantía del crédito a favor de la
entidad bancaria, la que preexistía al ejercicio de las acciones ante los tribunales, que fija en 352.715'61 euros
(y no en 435.042'05 euros que se reconocían en aquéllas), y que a su juicio era conocida por el acusado
en el momento de la firma del convenio regulador que implicó el traslado patrimonial de la parte que le
pertenecía de la vivienda familiar a favor de su esposa. Estas conclusiones se extraen de diversas pruebas que
valora y explica la sentencia, como la apertura por el acusado de una cuenta corriente, núm. NUM003 , en la
entidad, a través de la cual se realizaban las compras y las ventas de contratos de opciones y futuros, hechos
que fueron reconocidos expresamente por el acusado. Seguidamente explica la sentencia en qué consistían
este tipo de operaciones, puntualizando que si bien era necesaria autorización expresa del acusado para
realizar operaciones de compraventa, existía una excepción, las opciones con vencimiento, que se cargaban
directamente al vencimiento ya que la orden se producía al momento de compra o venta de la opción. Valora
también el Tribunal el testimonio prestado por el Sr. Melchor y concluye que, en atención a la operativa descrita,
existía la posibilidad de que en el momento de vencimiento se produjere un descubierto en su cuenta en caso de
que la operación hubiere tenido un resultado negativo y en la cuenta no se contase con cuantía suficiente para
afrontar las pérdidas bursátiles, hecho que también fue admitido por el acusado. Pero la convicción del Tribunal
no se asentó en esta mera posibilidad, sino que fue constatada a través de los extractos de movimientos de
valores que obran en las actuaciones (f. 113 y 114) y que se detallan en la sentencia. En concreto el saldo
deudor que se declara probado en la sentencia coincide con el que figura en el extracto de la cuenta (f. 269)
que fue reconocido y aclarado por el testigo Sr. Melchor
A continuación, la sentencia valora una serie de indicios que relaciona y explica, a fin de concluir el
conocimiento por parte del acusado de la existencia de un crédito a favor de la entidad bancaria preexistente
al convenio regulador. Entre ellos se encuentran: 1.- La póliza de crédito aportada por la acusación particular
en el acto de la vista, a la que, aunque negada por el acusado, otorga efectos probatorios por su correlación
con otros documentos obrantes en autos y por la semejanza de la firma del acusado con la plasmada por éste
en la ficha de apertura de cuenta. Tal valoración puede efectuarse por el juzgador sin necesidad de acudir a
prueba pericial. La prueba pericial no es juicio de peritos, sino que constituye una fuente de conocimientos
científicos, técnicos o prácticos que ayudan al juez a descubrir la verdad. Pero el juez no se encuentra vinculado
a la pericia. Él mismo puede apreciar determinadas circunstancias y establecer sus propias conclusiones, sin
necesidad de someterse al resultado de una pericia. 2.- Considera no creíble la declaración del acusado en
el sentido de que no conocía la existencia del descubierto en su cuenta, lo que no tiene sentido teniendo en
cuenta las características y cuantías de las operaciones de inversión realizadas. 3. La póliza de crédito referida,
que además debió estar precedida de los correspondientes trámites para su formalización, está fechada con
anterioridad al convenio. 4.- El hecho de que la situación deudora del Sr. Adriano no se produjera de manera
sorpresiva, sino que se fue produciendo por diversas operaciones generadoras de saldo negativo. Para ello
examinó los extractos de la cuenta y de los movimientos de valores. 5.- Lógicamente, no considera creíble que
quien se dedica a especular con cantidades de dinero tan altas se mantenga en la ignorancia del resultado de
sus operaciones financieras. Ello sería incompatible además con el cumplimiento de sus obligaciones fiscales
que al menos anualmente han de verificarse (IRPF). 6.-La excusa ofrecida por los acusados para explicar

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JURISPRUDENCIA

la cesión de la propiedad de la vivienda habitual a la Sra. Ana : compensar a esta por las pérdidas de las
actividades de su marido. 7.- De aceptar la versión del acusado, habría que estimar que la entidad bancaria
ha falsificado la póliza de crédito y habría operado sin autorización de sus clientes con las cuentas bancarias
de éstos, realizando operaciones financieras de riesgo, pudiendo generar incluso cargos en su contra, con el
evidente peligro de negativa a su cobertura por parte del cliente del descubierto así generado, además de las
eventuales responsabilidades penales y civiles, la evidente quiebra de la confianza cliente-entidad bancaria y
a la larga, del crédito profesional del propio Banco. Ello le lleva a estimar que la explicación absurda o increíble
de la persona acusada, puede ser utilizada, razonablemente, para reforzar la propia cadena de los indicios.
Tales afirmaciones no suponen presunciones en contra del acusado. Constituyen coherente explicación de
cómo se llegaría a conclusiones absurdas si se admitiesen como ciertas las afirmaciones efectuadas por
el Sr. Adriano que niegan cualquier relación o firma de documentos con la entidad bancaria generadora de
obligaciones pecuniarias frente a ella.
Todos estos elementos, relacionados y constatados por el Tribunal con prueba directa que detalla en la
resolución recurrida, y debidamente valorados, sin lugar a duda exteriorizan el conocimiento por parte del
acusado de la existencia de su deuda con la entidad bancaria antes de la firma del convenio regulador de su
divorcio que permitió la transmisión del único bien con el que contaba, eludiendo con ello sus obligaciones con
la entidad. Su propósito resulta evidente al analizar el acervo probatorio aportado y practicado con las debidas
garantías en el acto del juicio oral, en los términos que han sido analizados y detallados por el tribunal.
La prueba indiciaria así obtenida reúne los requisitos que vienen siendo exigidos por esta Sala y por el Tribunal
Constitucional:
a) Pluralidad de los hechos-base o indicios. Como tales se expresan por la Audiencia hasta siete indicios.
b) Precisión de que tales hechos base estén acreditados por prueba de carácter directo. La Audiencia ha tenido
en cuenta la declaración del propio acusado, de su esposa y del testigo Sr. Melchor , y la documental valorada
en los términos que han sido expuestos.
c) Necesidad de que sean periféricos respecto al dato fáctico a probar. Los hechos expuestos por la Audiencia
están íntimamente relacionados con el hecho que se trata de probar, esto es, el conocimiento previo por parte
del acusado de la existencia de una deuda con la entidad bancaria anterior a la firma del convenio regulador
por el que transmitió la titularidad del cincuenta por ciento de la vivienda familiar a su esposa.
d) Interrelación. Igualmente tales hechos aparecen interrelacionados.
e) Racionalidad de la inferencia. Entre los hechos relacionados por la Audiencia y el que se trata de acreditar,
existe, en los términos que han sido expuestos y conforme a lo requerido por el art. 1253 del Código Civil, "un
enlace preciso y directo según las reglas del criterio humano", no permitiendo llegar a conclusiones contrarias
que sean igualmente lógicas.
f) Expresión en la motivación del cómo se llegó a la inferencia en la instancia. La sentencia contiene motivación
suficiente que explica convenientemente cómo la Audiencia llega a formar su convicción a partir de esos
hechos-base o indicios.
En consecuencia el motivo ha de rechazarse.
TERCERO.- A través del segundo motivo del recurso se invoca infracción de ley, al amparo del nº 1 del artículo
849 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, por considerar que, dados los hechos declarados probados, se ha
infringido precepto penal sustantivo y normas jurídicas de igual carácter, concretamente, artículo 257.1.2º del
Código Penal, y artículos 1, 2, 3, 4 y 5 del Convenio XII de 5 de octubre de 1961.
En este apartado señala el recurrente que el tipo del delito del alzamiento de bienes del artículo 257.2 del
Código Penal incluye un elemento subjetivo de tendencia, es decir, exige que el deudor actúe "en perjuicio de
sus acreedores". Al sujeto no sólo se le exige que sepa que está ocultando un bien y quiera hacerlo, sino que,
además, lo haga para perjudicar a sus acreedores. Resalta que en la fundamentación jurídica de la sentencia
se expresa que en el procedimiento de separación matrimonial seguido por el acusado y su esposa, Doña
Ana , se aprovechó para "garantizar la cobertura de las necesidades básicas de habitación de sus hijos que el
Código Civil y el Código de Familia también atribuyen al progenitor no custodio, necesidades que no se hubieren
garantizado si sobre la mitad indivisa de la vivienda familiar pudiesen ejercitarse acciones en reclamación de
la cantidad obtenida." Por ello entiende que el fin perseguido por el acusado no era la burla de los acreedores
sino garantizar las necesidades básicas de habitación de sus hijos. Añade que aun cuando la Sra. Ana afirmó
en el Juicio que, con la cesión de la vivienda, el acusado le compensaba también por haber invertido dinero del
matrimonio en Andorra, en ningún caso afirmó que la cesión de la vivienda se dirigiera a compensar la supuesta
deuda que le reclamó el Banco andorrano, ya que era imposible puesto que el Convenio matrimonial se firmó

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JURISPRUDENCIA

el 26 de mayo de 2000 y por tanto mucho antes de que le fuera comunicada al acusado la demanda en fecha
3 de enero de 2001. También señala que no se refleja en los hechos probados que el acusado careciese de
otros bienes o activos sobre los que trabar embargo, extremo sobre el que las acusaciones no han propuesto
prueba alguna, ni la Sentencia se pronuncia ni una sola vez. Por último reitera que se ha infringido el Convenio
XII de 5 de Octubre de 1961 (Apostilla), al que se encuentran adheridos España y Andorra.
El motivo por infracción de Ley del artículo. 849.1 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal es el camino hábil para
cuestionar ante el Tribunal de casación si el Tribunal de instancia ha aplicado correctamente la Ley, es decir, si
los preceptos aplicados son los procedentes o si se han dejado de aplicar otros que lo fueran igualmente, y si
los aplicados han sido interpretados adecuadamente. Pero siempre partiendo de los hechos que se declaran
probados en la sentencia, sin añadir otros nuevos ni prescindir de los existentes.
Señala la sentencia 628/2017, de 21 de septiembre, que este precepto, que autoriza la denuncia del error de
derecho en la aplicación de una norma penal de carácter sustantivo, impone como presupuesto metodológico
la aceptación del hecho probado, hasta el punto que el razonamiento mediante el que se expresa el desacuerdo
con la decisión del Tribunal no puede ser construido apartándose del juicio histórico. De lo contrario, se incurre
en la causa de inadmisión -ahora desestimación- de los arts. 884.3 y 4 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal.
En análogos términos se pronuncia la sentencia de esta Sala núm. 842/2014, de 10 de diciembre, que, con
referencia a otras sentencias ( [Link] 8/3/2006, 20/7/2005, 25/2/2003, 22/10/2002; ATC 8/11/2007), señala
que el motivo formulado al amparo del art. 849.1 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, es el camino hábil para
cuestionar ante el Tribunal de casación si el Tribunal de instancia ha aplicado correctamente la Ley, es decir, si
los preceptos aplicados son los procedentes o si se han dejado de aplicar otros que lo fueran igualmente, y si
los aplicados han sido interpretados adecuadamente, pero siempre partiendo de los hechos que se declaran
probados en la sentencia, sin añadir otros nuevos, ni prescindir de los existentes. De tal manera, que la falta
de respeto a los hechos probados o la realización de alegaciones jurídicas contrarias o incongruentes con
aquellos, determina la inadmisión del motivo, -y correspondientemente su desestimación- conforme lo previsto
en el art. 884. 3 Ley de Enjuiciamiento Criminal.
Teniendo en cuenta la anterior doctrina y descendiendo al motivo del recurso, el hecho probado de la sentencia
de instancia describe:
1. Don Adriano abrió una cuenta en el Banc Internacional d' Andorra en fecha 24 de mayo de 1991 en la que
realizaba operaciones en el mercado de futuros y opciones.
2. A fecha 8 de mayo de 2000 Don Adriano había acumulado una deuda con la entidad bancaria Banc
Internacional d 'Andorra por un total de 352.715,61 euros como consecuencia de operaciones de inversión que
el acusado realizaba a través de dicha entidad.
3. Con conocimiento de ello y aprovechando el procedimiento de separación matrimonial de la pareja, Don
Adriano en fecha 26 de mayo del año 2000 transmitió a su esposa Doña Ana , sin que haya quedado probado
que participare de tal conocimiento, la mitad indivisa del inmueble sito en la CALLE000 número NUM000
NUM001 del municipio de Hospitalet de L'Infant adquirida por ambos y donde tenían el domicilio familiar, a
través del convenio regulador aprobado en sentencia de separación de 21 de noviembre de 2000, por el que
se adjudicaba el pleno dominio del que fuere domicilio familiar a la Sra. Ana .
4. En fecha 6 de diciembre del año 2000 Banc Internacional d' Andorra interpuso demanda de embargo
preventivo de los bienes, que fue acordado por auto de 13 de diciembre de 2000 dictándose finalmente
sentencia con estimación de las pretensiones de la entidad bancaria el 15 de octubre de 2003, confirmada en
apelación por el Tribunal Superior de Justicia de Andorra el 14 de mayo de 2004.
Por tanto, el Tribunal de instancia, tras valorar la prueba en los términos que han sido descritos en el apartado
anterior de la presente resolución, considera acreditado que el día 8 de mayo de 2000 Don Adriano había
acumulado una deuda con la entidad bancaria Banc Internacional d 'Andorra por un total de 352.715,61 euros,
así como que "con conocimiento de ello y aprovechando el procedimiento de separación matrimonial de la
pareja, ... en fecha 26 de mayo del año 2000 transmitió a su esposa ... la mitad indivisa del inmueble sito
en la CALLE000 número NUM000 NUM001 del municipio de Hospitalet de L'Infant a través del convenio
regulador ..."
Y aun cuando en la fundamentación jurídica señale la Audiencia que el acusado "al albur del procedimiento
de separación aprovechare el mismo para garantizar la cobertura de las necesidades básicas de habitación
de sus hijos que el Código Civil y el Código de Familia también atribuyen al progenitor no custodio... ",
añadió que tales necesidades "... no se hubieren garantizado si sobre la mitad indivisa de la vivienda familiar
pudiesen ejercerse acciones en reclamación de la cantidad indebida". Igualmente señala la Audiencia en
su fundamentación jurídica que, según manifestó la Sra. Ana , ello se realizó como "compensación por

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JURISPRUDENCIA

las pérdidas económicas (por lo tanto conocidas) que las operaciones especulativas de su marido con el
patrimonio familiar habían generado". Y concluye afirmando que existen indicios suficientes para afirmar que
el Sr. Adriano era absolutamente sabedor de la existencia de dicha deuda y que en tal conocimiento convino
ceder a su esposa la mitad de la vivienda familiar de la que era titular evitando de este modo que la entidad
bancaria pudiere satisfacer sus legítimos derechos realizándolos sobre dicha propiedad.
Además, en el fundamento de derecho segundo, al efectuar el juicio de tipicidad reitera la Audiencia que "el
dolo inspirador de la conducta infractora se revela evidente, a la vista de la prueba practicada, del conocimiento
del acusado de la situación real de su cuenta en el Banco Internacional de Andorra, de la relación temporal
entre la generación de la deuda y la suscripción del convenio regulador, así como de la falta de reciprocidad
en la liquidación del régimen económico matrimonial con la cesión de la mitad indivisa de la vivienda familiar,
buscando de propósito el acto de disposición patrimonial, así como por los efectos derivados de éste (que
como hemos dicho, supuso una descapitalización del obligado al pago)."
Como hemos dicho en sentencias núm. 138/2011, de 17 de marzo, 362/2012, de 3 de mayo, 867/2013, de
28 de noviembre y 194/2018, de 24 de abril, el delito de alzamiento de bienes constituye un tipo delictivo
pluriofensivo que tutela, de un lado, el derecho de los acreedores a que no se defraude la responsabilidad
universal, y de otro el interés colectivo con el buen funcionamiento del sistema económico crediticio.
El Código Penal tipifica las insolvencias punibles -alzamiento- y también unas específicas insolvencias
asimiladas al alzamiento de bienes; y en concreto se castiga a quien con el fin de perjudicar a sus acreedores
realice cualquier acto de disposición patrimonial o generador de obligaciones que dilate, dificulte o impida la
eficacia de un embargo o de un procedimiento ejecutivo o de apremio judicial, extrajudicial o administrativo,
iniciado o de previsible iniciación ( STS. 2504/2001, de 26 de diciembre).
La sentencia núm. 1347/2003, de 15 de octubre, resume la doctrina del Tribunal Supremo sobre el concepto
y elementos de este delito: tal como entiende la doctrina, el alzamiento de bienes consiste en una actuación
sobre los propios bienes destinada, mediante su ocultación, a mostrarse real o aparentemente insolvente,
parcial o totalmente, frente a todos o frente a parte de los acreedores, con el propósito directo de frustrar los
créditos que hubieran podido satisfacerse sobre dichos bienes. No requiere la producción de una insolvencia
total y real, pues el perjuicio a los acreedores pertenece no a la fase de ejecución sino a la de agotamiento
del delito.
La sentencia núm. 1253/2002, de 5 de julio, recuerda que uno de los elementos del delito es la producción de
"un resultado, no de lesión sino de riesgo, pues es preciso que el deudor, como consecuencia de las maniobras
descritas, se coloque en situación de insolvencia total o parcial o, lo que es igual, que experimente una sensible
disminución, aunque sea ficticia, de su activo patrimonial, imposibilitando a los acreedores el cobro de sus
créditos o dificultándolo en grado sumo" ( SSTS. 31.1.2003, 5.7.2002). También hemos dicho que "el delito de
alzamiento de bienes es un delito de mera actividad o de riesgo que se consuma desde que se produce una
situación de insolvencia, aun parcial de un deudor, provocada con el propósito en el sujeto agente de frustrar
legítimas esperanzas de cobro de sus acreedores depositadas en los bienes inmuebles o muebles o derechos
de contenido económico del deudor.
Los elementos de este delito son:
1º) existencia previa de crédito contra el sujeto activo del delito, que pueden ser vencidos, líquidos y exigibles,
pero también es frecuente que el defraudador se adelante en conseguir una situación de insolvencia ante la
conocida inminencia de que los créditos lleguen a su vencimiento, liquidez o exigibilidad, porque nada impide
que, ante la perspectiva de una deuda, ya nacido, pero todavía no ejercitable, alguien realice un verdadero y
propio alzamiento de bienes ( STS. 11.3.2002).
2º) un elemento dinámico que consiste en, una destrucción u ocultación real o ficticia de sus activos por el
acreedor. Por ello ha de incidirse en la estructura totalmente abierta a la acción delictiva, ya que la norma
tipifica el "realizar" cualquier acto de disposición patrimonial o generador de obligaciones" art. 257.1.2, de ahí
que la constitución de un préstamo hipotecario, no parece razonable entender que no implique de por sí una
reducción del patrimonio sino sólo la obligación de su cumplimiento, pudiéndose sólo hablar de disminución,
cuando, producido el impago del préstamo, se hubiera ejecutado el bien que garantizaba la deuda, pues parece
evidente que, según el concepto económico jurídico del patrimonio que sigue la jurisprudencia y la doctrina, el
contraer una obligación hipotecaria si disminuye de forma sustancial el valor de su patrimonio.
3º) resultado de insolvencia o disminución del patrimonio del delito que imposibilita o dificulta a los acreedores
el cobro de lo que les es debido; y
4º) un elemento tendencial o ánimo específico en el agente de defraudar las legítimas expectativas de los
acreedores de cobrar sus créditos ( SSTS de 28 de septiembre, 26 de diciembre de 2000, 31 de enero y 16 de

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JURISPRUDENCIA

mayo de 2001), ( STS núm. 440/2002, de 13 de marzo). Elemento subjetivo del sujeto o ánimo de perjudicar a
los acreedores ( SSTS. 1235/2003 de 1.10, 652/2006 de 15.6, 446/2007 de 25.5).
Basta para su comisión que el sujeto activo haga desaparecer de su patrimonio uno o varios bienes dificultando
con ello seriamente la efectividad del derecho de los acreedores, y que actúe precisamente con esa finalidad.
No se cometerá el delito si se acredita la existencia de otros bienes con los que el deudor acusado pueda
hacer frente a sus deudas ( STS nº 129/2003, de 31 de enero). En efecto, la existencia de este tipo delictivo no
supone una conminación al deudor orientada a la inmovilización total de su patrimonio en tanto subsista su
deuda, por lo que no existirá delito, aunque exista disposición de bienes si permanecen en poder del deudor
patrimonio suficiente para satisfacer adecuadamente los derechos de los acreedores ( SSTS. 1347/2003 de
15.10, 7/2005 de 17.1). Por ello es incompatible este delito con la existencia de algún bien u ocultado o
conocido, de valor suficiente y libre de otras responsabilidades, en situación tal que permitiera prever una
posible vía de apremio de resultado positivo para cubrir el importe de la deuda, porque en ese caso aquella
ocultación no era tal y resultaba inocua para los intereses ajenos al propio deudor y porque nunca podría
entenderse en estos supuestos que el aparente alzamiento se hubiera hecho con la intención de perjudicar a
los acreedores, pues no parece lógico estimar que tal intención pudiera existir cuando se conservaron otros
elementos del activo patrimonial susceptibles de una vía de ejecución con perspectivas de éxito ( SSTS.
221/2001 de 27.11, 808/2001 de 10.5, 1717/2002 de 18.10).
La constante doctrina de esta Sala expuesta en las SSTS. 667/2002 de 15.4, 1471/2004 de 15.12, 1459/2004
de 14.12 dice que " la expresión en perjuicio de sus acreedores" que utilizaba el art. 519 del Código Penal
de 1973 (EDL 1973/1704), y hoy reitera el artículo 257.1º del Código Penal de 1995 (EDL 1995/16398), ha
sido siempre interpretada por la doctrina de esta Sala, no como exigencia de un perjuicio real y efectivo en
el titular del derecho de crédito, sino en el sentido de intención del deudor que pretende salvar algún bien o
todo su patrimonio en su propio beneficio o en el de alguna otra persona allegada, obstaculizando así la vía
de ejecución que podrían seguir sus acreedores. Este mismo precedente jurisprudencial precisa que, como
resultado de este delito, no se exige una insolvencia real y efectiva, sino una verdadera ocultación o sustracción
de bienes que sea un obstáculo para el éxito de la vía de apremio. Y por eso las sentencias de esta Sala, que
hablan de la insolvencia como resultado del alzamiento de bienes, siempre añaden los adjetivos total o parcial,
real o ficticia ( SS de 28.5.79, 29.10.88, STS. 1540/2002 de 23.9).
Por ello, para la consumación del delito no es necesario que el deudor quede en una situación de insolvencia
total o parcial, basta con una insolvencia aparente, consecuencia de la enajenación real o ficticia, onerosa o
gratuita de los propios bienes o de cualquier actividad que sustraiga tales bienes al destino solutorio al que
se hallen afectos ( SSTS. 17.1 y 11.9.92, 24.1.98) porque no es necesario en cada caso hacerle la cuenta al
deudor para ver si tiene o no más activo que pasivo, lo cual no sería posible en muchos caos precisamente
por la actitud de ocultación que adopta el deudor en estos supuestos. Desde luego no se puede exigir que el
acreedor, que se considera burlado por la actitud de alzamiento del deudor, tenga que ultimar el procedimiento
de ejecución de su crédito hasta realizar los bienes embargados ( STS. 4.5.89), ni menos aún que tenga que
agotar el patrimonio del deudor embargándole uno tras otro todos sus bienes para, de este modo, llegar a
conocer su verdadera y real situación económica. Volvemos a repetir que lo que se exige como resultado
en este delito es una efectiva sustracción de alguno o algunos bienes, que obstaculice razonablemente una
posible vía de apremio con resultado positivo y suficiente para cubrir la deuda, de modo que el acreedor no tiene
la carga de agotar el procedimiento de ejecución, precisamente porque el deudor con su actitud de alzamiento
ha colocado su patrimonio en una situación que no es previsible la obtención de un resultado positivo en orden
a la satisfacción del crédito ( SSTS. 425/2002 de 11.3, 1540/2002 de 23.9, 163/2006 de 10.2, 1101/2007 de
27.12).
En el supuesto examinado, la Audiencia ha descrito en el apartado de hechos probados de la sentencia que el
día 8 de mayo de 2000 Don Adriano había acumulado una deuda con la entidad bancaria Banc Internacional
d 'Andorra por un total de 352.715,61 euros, circunstancia que era conocida por el mismo. Aprovechando el
procedimiento de su separación matrimonial, el día 26 de mayo del año 2000, a través del convenio regulador
de su separación, transmitió a su esposa su mitad indivisa de la que fuera su vivienda familiar. Igualmente, la
fundamentación jurídica explica el ánimo que guiaba al acusado con la realización de tales actos y la evidencia
del perjuicio que ello supuso para la entidad bancaria, obstaculizando con su acción las posibilidades de
resarcimiento de la entidad bancaria. Parece indicar el recurrente que podría ser titular de otros bienes o activos
sobre los que trabar embargo, pero ello no convierte en atípica su conducta, como defiende. Ni siquiera ha
realizado indicación alguna de qué otros bienes permanecen en su patrimonio para hacer efectiva la deuda.
Y por lo que se refiere a la falta de apostilla de la documental incorporada a las actuaciones, reiteramos los
razonamientos que han sido efectuados en el anterior fundamento de derecho de la presente resolución.
El motivo debe por ello ser rechazado.

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JURISPRUDENCIA

CUARTO.- En el desarrollo del tercer motivo del recurso, deducido por quebrantamiento de forma, al amparo
del nº 1 del artículo 851 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, denuncia el recurrente manifiesta contradicción
en los hechos probados en la sentencia.
Sin embargo, la contradicción que a juicio del recurrente existe, no se refiere a una contradicción entre los
hechos declarados probados, sino entre el hecho probado segundo y el fundamento de derecho primero. El
motivo al que se acoge el recurrente -contradicción entre los hechos probados- no posibilita su contraste con
la fundamentación jurídica, pues se circunscribe a la falta de contradicción interna dentro del propio relato
fáctico.
Conforme tiene declarado esta Sala (sentencia núm. 462/2017, de 21 de junio), la falta de claridad a que se
refiere el precepto invocado ha de ser de tal modo que determine la incomprensión de los hechos que se dejan
probados, o aparezcan redactados confusa o dubitativamente, de tal modo que resulten inadecuados para
servir de argumentación lógica al fallo.
En el supuesto examinado la narración que efectúa la sentencia impugnada es perfectamente clara y el fallo
recaído resulta acorde con los hechos que se han declarado probados.
En todo caso, tampoco puede apreciarse manifiesta contradicción entre los extremos que, según el recurrente,
se declaran probados y las valoraciones que están en los fundamentos jurídicos porque estas valoraciones se
refieren precisamente a las alegaciones que se han efectuado por la defensa del acusado, que indudablemente
no coinciden con la convicción alcanzada por el Tribunal de instancia y que queda reflejada en el relato fáctico.
Así, señala el recurrente que mientras que en el hecho probado se dice que a fecha 8 de mayo de 2000
Don Adriano había acumulado una deuda con la entidad bancaria por un total de 352.715,61 euros como
consecuencia de operaciones de inversión que realizaba a través de dicha entidad, en el fundamento primero
se señala que la Sala estima acreditada la existencia de una deuda a favor de la acusación particular, acreditada
documentalmente a través de escritura de constitución (de póliza de crédito) aportada al inicio de la vista.
Sin embargo, como se expresaba, no existe contradicción alguna, ya que la sentencia explica debidamente, no
que la deuda se hubiera contraído como consecuencia de lo pactado en la póliza, sino que la referida póliza
tenía por finalidad la concesión de crédito al acusado para hacer frente a la deuda acumulada, no obstante
lo cual fue rechazada por el Banco por el riesgo inasumible que implicaba. Respecto a ella se explica que fue
firmada el día "8 de mayo de 2000, misma fecha del documento obrante al folio 104, en el que se documenta
la concesión de un crédito en cuenta corriente cuyo destino son "necesidades de tesorería particular" por un
montante de 420.700,00 euros, con fecha de efecto del 13 de marzo de 2000 y vencimiento el 8 de mayo de
2002, firmado por el legal representante de la entidad bancaria y por el titular de la cuenta NUM003 a través
de consignación numérica en letras de dichas cinco cifras."
En definitiva, el recurrente pretende sustituir por su propia versión de los hechos lo que el Tribunal de instancia
ha declarado probado tras la valoración de la prueba. Esa distinta versión entre lo alegado por la defensa y
la convicción alcanzada por el Tribunal de instancia no puede sustentar un quebrantamiento de forma por
manifiesta contradicción, debiendo recordarse una vez más que una de las notas que caracterizan este defecto
procesal es que sea "interna", pues ha de producirse en el seno del relato histórico, no enfrentando extremos
del relato fáctico con lo que se recoge en los fundamentos jurídicos, máxime cuando éstos se refieren a lo
alegado por el acusado.
Así las cosas, el motivo no puede acogerse.
QUINTO.- El último motivo se formula al amparo del nº 2 del artículo 849 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal,
al entender que existe error de hecho en la apreciación de la prueba basado en documentos que obran en autos,
que demuestran la equivocación del Juzgador, sin resultar contradichos por otros elementos probatorios.
Designa el documento obrante al folio 104 de los autos, documento que a su juicio supone, atendiendo a
su literalidad, que necesariamente se anularía la afirmación contenida en el relato de hechos probados de la
Sentencia (concretamente el Hecho Probado núm. 2), ya que no existiría prueba de que el Sr. Adriano haya
podido generar ninguna deuda bancaria de ninguna de las maneras previstas en el contrato.
Respecto del motivo de casación por error en la apreciación de la prueba esta Sala (sentencias núm. 936/2006,
de 10 de octubre, 778/2007, de 9 de octubre y 424/2018, de 26 de septiembre), viene exigiendo para su
prosperabilidad la concurrencia de los siguientes elementos: 1) Ha de fundarse, en una verdadera prueba
documental, y no de otra clase, como las pruebas personales aunque estén documentadas en la causa; 2)
Ha de evidenciar el error de algún dato o elemento fáctico o material de la Sentencia de instancia, por su
propio y literosuficiente poder demostrativo directo, es decir, sin precisar de la adición de ninguna otra prueba
ni tener que recurrir a conjeturas o complejas argumentaciones; 3) Que el dato que el documento acredite no
se encuentre en contradicción con otros elementos de prueba, pues en esos casos no se trata de un problema

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JURISPRUDENCIA

de error sino de valoración, la cual corresponde al Tribunal, artículo 741 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal;
4) Que el dato contradictorio así acreditado documentalmente sea importante en cuanto tenga virtualidad
para modificar alguno de los pronunciamientos del fallo, pues si afecta a elementos fácticos carentes de tal
virtualidad el motivo no puede prosperar ya que, como reiteradamente tiene dicho esta Sala, el recurso se da
contra el fallo y no contra los argumentos de hecho o de derecho que no tienen aptitud para modificarlo.
Por tanto -se dice en las STS 765/2001, de 19 de julio - el motivo de casación alegado no permite una nueva
valoración de la prueba documental en su conjunto sino que exclusivamente autoriza la rectificación del relato
de hechos probados para incluir en él un hecho que el Tribunal omitió erróneamente declarar probado, cuando
su existencia resulta incuestionable del particular del documento designado, o bien para excluir de dicho relato
unos hechos que el Tribunal declaró probados erróneamente, ya que su inexistencia resulta de la misma forma
incuestionable del particular del documento que el recurrente designa. Además, como se ha dicho, es preciso
que sobre el particular cuestionado no existan otros elementos de prueba, ya que en esos casos, lo que estaría
bajo discusión, sería la racionalidad del proceso valorativo por la vía de la presunción de inocencia en caso
de sentencias condenatorias o de la interdicción de la arbitrariedad, en todo caso, aunque sus efectos de
su estimación fueran distintos el referido vicio de error en la valoración probatoria presupone la autarquía
demostrativa del documento que ha de serlo desde dos planos: 1º) El propiamente autárquico, lo que se
ha venido denominando como literosuficiente, es decir que no precise de la adición de otras pruebas para
evidenciar el error; y 2º) que no resulte contradicho por otros elementos de prueba obrantes en la causa,
como, siguiendo lo expresamente establecido en el precepto, viene también señalando una reiterada doctrina
jurisprudencial" ( STS 310/2017, de 3 de mayo).
Los documentos citados por el recurrente carecen de la condición de literosuficiencia. Su lectura no conduce
de forma inequívoca a la conclusión de que el Juzgador haya valorado erróneamente la prueba. Así, de tal
documento, que fue impugnado por el recurrente y que ahora lo invoca, no puede deducirse lo que éste pretende
en el sentido de que el Sr. Adriano no hubiera contraído ninguna deuda con la entidad. Y ello por cuanto que,
junto a él, el Tribunal ha valorado otros elementos de prueba, como el resto de la documental obrante en autos
y la testifical del Sr. Melchor , en el sentido expresado en el fundamento de derecho segundo de la presente
resolución. En concreto, el Sr. Melchor , tras explicar en qué consistían las operaciones concertadas con el Sr.
Adriano , manifestó que si bien era necesaria autorización expresa del acusado para realizar operaciones de
compraventa, existía una excepción, como eran las opciones con vencimiento, que se cargaban directamente
al vencimiento ya que la orden se producía al momento de compra o venta de la opción. Valorando este
testimonio, la Audiencia Provincial concluye que, en atención a la naturaleza de la operativa que tuvo lugar
entre el acusado y la entidad bancaria, existía la posibilidad de que en el momento de vencimiento se produjere
un descubierto en su cuenta en caso de que la operación hubiere tenido un resultado negativo y en la cuenta no
se contase con cuantía suficiente para afrontar las pérdidas bursátiles, hecho que también fue admitido por el
acusado. Igualmente valoró el extracto de la cuenta y los movimientos de valores que obran en las actuaciones
y que se detallan en la sentencia, que evidencia la existencia de un saldo deudor a favor de la entidad bancaria.
Estos razonamientos de la Audiencia se ajustan a las reglas de la lógica y son ajenos al error que se denuncia
en el motivo examinado, que en consecuencia debe ser rechazado.
SEXTO.- La desestimación del recurso formulado por Don Adriano conlleva la condena en costas al recurrente,
de conformidad con las previsiones del artículo 901 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal.

FALLO
Por todo lo expuesto, en nombre del Rey y por la autoridad que le confiere la Constitución, esta sala ha decidido
1º) Desestimar el recurso de casación interpuesto por Don Adriano , contra la sentencia de 20 de octubre de
2.017, dictada por la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Tarragona, en la causa seguida por delito
de Alzamiento de bienes.
2º) Condenar al recurrente al abono de las costas ocasionadas con motivo del recurso formulado.
3º)Comuniquese esta resolución a la mencionada Audiencia, a los efectos legales, con devolución de la causa,
en su día remitida, interesando acuse de recibo.
Notifíquese esta resolución a las partes haciéndole saber que contra la misma no cabe recurso alguno e
insértese en la colección legislativa.
Así se acuerda y firma.
Julián Sánchez Melgar Miguel Colmenero Menéndez de Luarca Juan Ramón Berdugo Gómez de la Torre

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JURISPRUDENCIA

Luciano Varela Castro Carmen Lamela Diaz

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