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LIBRO CONCAY - Web Isbn

El documento aborda la cultura, historia y arqueología de la provincia de Guanentá, centrándose en investigaciones recientes relacionadas con el programa de arqueología preventiva del Proyecto Variante San Gil. Se exploran temas como la sociedad guane, sus relaciones de intercambio con los muiscas, el estudio de la alfarería prehispánica, y la historia reciente del sur de Santander. Además, se analiza la implementación del Programa de Arqueología Preventiva y se presentan hallazgos significativos sobre la tecnología de caminos antiguos en la región.

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El documento aborda la cultura, historia y arqueología de la provincia de Guanentá, centrándose en investigaciones recientes relacionadas con el programa de arqueología preventiva del Proyecto Variante San Gil. Se exploran temas como la sociedad guane, sus relaciones de intercambio con los muiscas, el estudio de la alfarería prehispánica, y la historia reciente del sur de Santander. Además, se analiza la implementación del Programa de Arqueología Preventiva y se presentan hallazgos significativos sobre la tecnología de caminos antiguos en la región.

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CULTURA, HISTORIA

Y ARQUEOLOGÍA
EN LA PROVINCIA
DE GUANENTÁ
REFLEXIONES E INVESTIGACIONES RECIENTES
EN TORNO A NUESTRO PASADO EN EL MARCO
DEL PROGRAMA DE ARQUEOLOGÍA PREVENTIVA
IMPLEMENTADO EN EL PROYECTO VARIANTE SAN GIL
CULTURA, HISTORIA
Y ARQUEOLOGÍA
EN LA PROVINCIA
DE GUANENTÁ
REFLEXIONES E INVESTIGACIONES
RECIENTES EN TORNO A NUESTRO
PASADO EN EL MARCO DEL PROGRAMA DE
ARQUEOLOGÍA PREVENTIVA IMPLEMENTADO
EN EL PROYECTO VARIANTE SAN GIL.
Cultura, historia y arqueología en la Provincia de Guanentá
Reflexiones e investigaciones recientes en torno a nuestro pasado en el marco el
programa de arqueología preventiva implementado en el Proyecto Variante San Gil.

Iván Leonardo Lozada, Camilo José INVÍAS


Barrios, Edith Yolima Muñoz Director general: Ingeniero
Editores Juan Carlos Montenegro Arjona
Subdirector de sostenibilidad:
Camilo José Barrios Alonso Ingeniero Jairo Fernando
Camilo Andrés Colorado Yepes Argüello Urrego
Margarita María Durán Urrea Gestora social: Marylex Sepúlveda
Martha Luz Cristancho Moreno
Campos Vladymir Arias Soto Producción editorial
Iván Leonardo Lozada Barragán Una Tinta Medios S. A. S.
Autores o investigadores www.unatintamedios.com

CONCAY S. A. Edición y corrección de estilo


Gerente general: Ingeniero Cristina Lucía Valdés Lezaca
Luis Fernando Carrillo Caycedo Diana Patricia Gamba
Gerente de construcciones:
Ingeniero Mauricio Bernal Malagón Diseño
Director de obra Variante Efraín Pérez Niño
San Gil: Ingeniero Álvaro Leidy Sánchez Jiménez
Jáuregui Gardeazábal
Líder de arqueología: Impresión
Iván Leonardo Lozada Barragán Panamericana Formas e Impresos
Quien solo actúa como impresor
INTERVENTORÍA
- CONSORCIO ZMS ISBN: 978-628-96553-0-8
Director de interventoría: Ingeniero
Fernando Alí Huertas Bedoya
Residente social: Elizabeth
Ruiz Ordoñez
Arqueólogo: Jhon Jeider Florido

Cómo citar:
Concay S. A. Cultura, historia y arqueología en la Provincia de Guanentá.
Reflexiones e investigaciones recientes en torno a nuestro pasado en el marco el
programa de arqueología preventiva implementado en el Proyecto Variante San Gil.
Bogotá: Concay S. A., 2024.
Contenido

1. La sociedad guane y sus relaciones de intercambio


con los muiscas durante los siglos XIII-XVI d. C. 11
Resumen 11
Introducción 11
La sociedad guane 12
Autonomía política 12
Territorio 13
Patrón de asentamiento 17
Algunos aspectos de la economía y el intercambio 18
Producción localizada, especialización artesanal y jerarquía 24
Intercambio entre guanes y muiscas: unidades análogas 26
Consideraciones finales 27
Bibliografía 30

2. El estudio de la alfarería prehispánica en el sur


de Santander, Colombia: discusiones actuales
y agendas de investigación 33
Introducción 33
El sur de Santander como unidad analítica:
contexto geográfico y cultural 36
Consumo de alfarería y diferenciación social 39
Cerámica y procesos de interacción regional 42
Reflexiones finales 45
Agradecimientos 46
Bibliografía 47

3. Campesinas, bandoleros y turistas. Memorias


e historia reciente del sur de Santander 49
Resumen 49
Introducción 50
El pueblo vive del campo: el sur de Santander 50

{5}
Cultura, historia y arqueología en la Provincia de Guanentá.
Reflexiones e investigaciones recientes en torno a nuestro pasado en el marco
del programa de arqueología preventiva implementado en el proyecto Variante San Gil

Bandoleros, liberales, gamonales y campesinas 55


Juntas frente a la pobreza: asociaciones
y cooperativas campesinas en el sur de Santander 59
Aventura total, turistas y arquitectos 65
El desenlace… 71
Bibliografía 72

4. Lo que el tiempo nos dejó 77


Lo que certifica la historia 77
Transformaciones en el tiempo 79
Recordando personajes 84
Tradiciones 88

5. Tecnología de caminos antiguos empedrados


en Santander: un análisis comparativo 91
Caminos prehispánicos 92
Caminos reales españoles 94
Caminos antiguos en Santander 98
Tecnologías en caminos antiguos de San Gil 100
Camino antiguo Ejidos 100
Camino antiguo Ejidos y Pericos 101
Camino antiguo Ojo de Agua 102
Construcción en piedra 103
Escalonamientos en pendiente 105
Bibliografía 112

6. Síntesis de la implementación del Programa


de Arqueología Preventiva (PAP) en el proyecto
Variante San Gil, departamento de Santander 113
Material cerámico 114
Material lítico 118
Análisis óseo 119
Análisis de cálculo dental 120
Datación por radiocarbono 121
Conclusiones 121
Bibliografía 123

{6}
Índice de figuras,
tablas y fotografías

Figura 1‑1. Límites aproximados del territorio


guane antes de la invasión española (siglo XVI d. C.) 14
Figura 1‑2. Comparación que hace Pérez entre los tipos cerámicos
Oiba rojo sobre naranja (izquierda) y Suta naranja pulido (derecha) 16
Figura 1‑3. Textiles guanes 20
Figura 1‑4. Textiles guanes hallados en la Cueva de El Guerrero 21
Figura 1‑5. Husos, volantes de huso y agujas 21
Figura 1‑6. Instrumentos musicales guanes 22
Figura 1‑7. Armas e instrumentos de caza guanes 23
Figura 1‑8. Cuentas de collar halladas en Oiba, Santander 23
Figura 1-9. Dirección y sentido de los bienes objeto de intercambio
entre guanes y muiscas del período tardío 26

Figura 2‑1. Áreas mencionadas en el texto 37


Figura 2‑2. Cerámicas asociadas a la cuenca del río Suárez 40
Figura 2‑3. Múcuras antropomorfas del tipo rojo sobre naranja 41
Figura 2‑4. Copas importadas halladas en la cuenca del río Suárez 44

Fotografías 3-1 y 3-2. Imágenes de pobladores


campesinos de Santander 52 y 53
Fotografía 3-3. Taravita para cruzar el río Saravita, hoy Suárez,
a la altura de Simacota 54
Fotografía 3‑4. En la mira de La Violencia 56
Fotografía 3‑5. Un pueblo desolado 58
Fotografía 3‑6. Familia tabacalera 59
Fotografía 3‑7. Movilización campesina en la iglesia de Barichara 61
Fotografía 3‑8. Reunión de productores tabacaleros 62
Fotografía 3‑9. Las nuevas vecinas 66

{7}
Cultura, historia y arqueología en la Provincia de Guanentá.
Reflexiones e investigaciones recientes en torno a nuestro pasado en el marco
del programa de arqueología preventiva implementado en el proyecto Variante San Gil

Fotografía 4‑1. Facsímil del poder conferido por los vecinos del sitio
y valle de Pinchote (1772) 78
Fotografía 4‑2. Facsímil del compromiso de pago de congrua
del sitio y valle de Pinchote (1772) 79
Fotografía 4‑3. Aspecto de la plaza de Pinchote (1960) 80
Fotografía 4‑4. Imagen de la Alcaldía de Pinchote (1969) 82
Fotografía 4‑5. Imagen del historiador y pedagogo Pascual
Moreno Guevara 85
Fotografía 4‑6. Imagen de la “Maestra de Maestros” Elvira
Moreno de Cristancho 87
Fotografía 4‑7. Celebraciones navideñas en Pinchote (1983) 89

Figura 5‑1. Hallazgos de pictogramas en las veredas (1) El Pino,


(2) Lubigara (ICANH), en dirección de un tramo del camino
Barichara-Lubigara-Guane 93
Figura 5‑2. Proceso de construcción de camino 95
Figura 5‑3. Tres formas principales de distribuir el empedrado
en los caminos medievales 1). Espina de pez, 2). Rectángulos,
3). Rombos 96
Fotografía 5-1. Vestigio de Camino empedrado con aparente
tecnología medieval, en cercanías al municipio de Anolaima,
Cundinamarca 97
Fotografía 5-2. Tienda de Los Naranjos, vereda Balsillas 99
Figura 5-4. Camino Ejidos 101
Figura 5-5. Camino Ejidos-Pericos 102
Figura 5-6. Camino Ojo de Agua 103
Figura 5-7. Izquierda, elementos que configuran un ‘entreluz’
incaico; derecha, elementos que configuran un tramo de camino
de tecnología medieval. 104
Fotografía 5-3. Tramo del camino Ejidos y Pericos de tecnología medieval 105
Figura 5-8. Izquierda, escalonamiento con contrahuella de
soporte. Derecha, rocas transversales en ángulo para contener
el camino en rodeos de una pendiente 106
Fotografía 5-4. Tramo escalonado de camino Ejidos y Pericos 106
Fotografía 5-5. Tramo escalonado con hileras de soporte en ángulo.
Camino Antiguo Ejidos 107

{8}
Índice de figuras

Figura 5-9. Izquierda, escalonamiento con roca de soporte,


ocasionalmente tallada. Derecha, rocas del medio natural para
contener el camino en rodeos de una pendiente 107
Fotografía 5-6. Tramo escalonado sobre rocas naturales.
Camino Antiguo Ejidos 108
Figura 5-10. Escalonamiento con piezas talladas en forma
de paralelepípedo alargado 109
Figura 5-11. En planta; piezas talladas en forma de
paralelepípedo alargado, generalmente usadas en tramos rectos 109
Fotografía 5-7. Tramo con piezas rectangulares en pendiente leve.
Camino Antiguo Ejidos 110
Figura 5-12. Derecha, escalonamiento con piezas aplanadas,
imbricadas. Izquierda, ‘Falso arco’ 111
Fotografía 5-8. Tramo con piezas superpuestas en pendiente leve.
Camino Antiguo Ejidos 111

Tabla 6-1. Fragmentos cerámicos por actividad arqueológica 114


Figura 6-1. Cuenco semirreconstruido 115
Tabla 6-2. Tipos cerámicos considerados en el análisis 116
Tabla 6-3. Representatividad de fragmentos por periodo 117
Tabla 6-4. Elementos líticos por actividad arqueológica 118
Tabla 6-5. Categorías morfofuncionales de los líticos estudiados 118

{9}
1. La sociedad guane y sus
relaciones de intercambio
con los muiscas durante
los siglos XIII-XVI d. C.

Camilo José Barrios Alonso


Antropólogo Universidad Nacional de Colombia

Resumen
El pueblo de origen de los guanes es quizás uno de los menos
estudiados antropológica y arqueológicamente en Colombia.
Ante esta realidad, este capítulo pretende iluminar aspectos
sociales y económicos sobre los guanes desde la teoría arqueo-
lógica. Da cuenta, principalmente, de aspectos relacionados
con su complejidad social, su economía y las relaciones de
intercambio con sus vecinos muiscas durante el período Tardío
(siglos XIII-XVI d. C.).

Introducción
Las investigaciones antropológicas y arqueológicas sobre el
pueblo de origen de los guanes sobresalen por su escasez. Son
pocas las referencias académicas que se tiene de ellos, salvo
algunos escritos de relativo fácil acceso, como el libro del padre
Isaías Ardila1, la investigación arqueológica y etnohistórica de

1 Isaías Ardila, El pueblo de los guanes: Raíz gloriosa de Santander (Bogotá:


SENA, 1978).

{ 11 }
Cultura, historia y arqueología en la Provincia de Guanentá.
Reflexiones e investigaciones recientes en torno a nuestro pasado en el marco
del programa de arqueología preventiva implementado en el proyecto Variante San Gil

Jorge Morales y Gilberto Cadavid2, y el libro El mundo Guane, editado por Alicia
Dussán y Armando Martínez, que recopila los informes arqueológicos de la Mesa
de los Santos de los años cuarenta, de Justus W. Schottelius 3.
En consecuencia, ante el desconocimiento de su cultura –entendiéndose
esta como una forma de solucionar las necesidades biológicas, sociales y simbólicas
de una población– y de su sociedad –es decir, la estructura social conformada
por el conglomerado de grupos humanos que asegura la subsistencia biológica,
reproducción y cohesión social del grupo–, desarrollé este trabajo de investi-
gación entre 2016 y 2017, en donde, a partir del contraste de la poca evidencia
disponible con la teoría arqueológica, intenté dar luz sobre estos aspectos poco
estudiados de los guanes.
Muestro específicamente su autonomía política y el tipo de bienes que
elaboraron, así como el tipo de especialistas artesanales que los produjeron, la
producción localizada que los caracterizó, la jerarquización social que tuvieron y
sus relaciones de igual a igual con sus vecinos muiscas.
El presente escrito se desarrolla a partir de mi trabajo de grado de Antro-
pología, elaborado en 2017 en la Universidad Nacional del Colombia, el cual se
tituló: Los guanes: ¿una comunidad periférica?4. A diferencia del trabajo de grado,
intento aquí tener una mayor precisión teórica de acuerdo con las críticas y co-
mentarios que he recibido de colegas, para corregir o aclarar algunas afirmaciones
sobre las que he reflexionado en mis seis años de ejercicio profesional, así como
una escritura más amable con el público en general.

1. La sociedad guane

Autonomía política
En primer lugar, es importante señalar la autonomía política guane. Al respecto,
Morales y Cadavid señalan:

2 Jorge Morales y Gilberto Cadavid, Investigaciones etnohistóricas y arqueológicas en el área guane (Bogo-
tá: Editorial Antares, 1984).
3 Alicia Dussán y Armando Martínez (eds.), El mundo guane. Pioneros de la arqueología en Santander
(Bucaramanga: Publicaciones UIS, 2005).
4 Camilo Barrios, Los guanes: ¿una comunidad periférica? (trabajo de grado) (Bogotá: Universidad Na-
cional de Colombia, 2017).

{ 12 }
1. La sociedad Guane y sus relaciones de intercambio con los muiscas
durante los siglos XIII-XVI d. C. | Camilo José Barrios Alonso

El que los guane reconocieran a Guanentá (así figura en las crónicas) como
jefe máximo del cual dependían los caciques locales muestra que políti-
camente eran un grupo aparte sin vínculos con los señores de Iraca o de
Tundama ni con el Zaque de Hunza5.

A partir de las fuentes documentales o de las evidencias arqueológicas


que observaron Pérez6, Arenas7, Schottelius8 –cuyos informes fueron recopilados
por Dussán y Martínez, Rodríguez 9, Lleras10 y Lucena11, admiten de forma explí-
cita o implícita que los guanes eran una etnia independiente y contemporánea
a los muiscas.
Asimismo, parte de las evidencias arqueológicas consiste en los tipos cerá-
micos característicos hallados en la región, que indicarían su integración política:
Chicamocha inciso impreso y Oiba rojo sobre naranja12. Además, otra evidencia
a considerar son las particularidades físicas guanes detectadas por Rodríguez13,
que respecto a otras poblaciones prehispánicas son bastante gráciles “con nariz
más angosta y prominente, rostro más perfilado, órbitas más altas, rostro más
angosto y alto, bóveda craneal muy baja”14, además de un bajo dimorfismo sexual
y una mayor estatura.

Territorio
El territorio guane en el período Tardío habría comprendido, según Morales y
Cadavid15, y Ardila16, lo que se conoce hoy como la provincia de Guanentá, la

5 Morales y Cadavid, Investigaciones etnohistóricas y arqueológicas en el área guane, 52.


6 Pablo Pérez, La cabuya de Chicamocha: Su trascendencia en nuestra historia (Bogotá: Academia Colom-
biana de Historia, 2012).
7 Emilio Arenas, Los guane: El pueblo de la Cingla (Bucaramanga: Universidad Santo Tomás, 2004).
8 Dussán y Martínez, El mundo guane… (2005).
9 José Vicente Rodríguez, “Craneometría de la población prehispánica de los Andes orientales de Co-
lombia: Diversidad, adaptación y etnogénesis. Implicaciones para el poblamiento americano”, en
José Vicente Rodríguez (ed.), Los Chibchas, adaptación y diversidad en los Andes orientales de Colombia
(Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, 2001), 251-310.
10 Roberto Lleras, “Un conjunto orfebre asociado a cerámica guane”, Revista Colombiana de Antropolo-
gía, n.º 26 (1989).
11 Manuel Lucena, “Apuntes para la etnohistoria guane: la exogamia”, Revista Colombiana de Antro-
pología (1974).
12 Leonardo Moreno, “Arqueología del nororiente colombiano. Los Teres: un sitio de asentamiento
de las culturas prehispánicas Preguane y Guane”, Anuario de Historia Regional y de las Fronteras,
vol. 17, n.º 2 (2012): 315-342.
13 Rodríguez, “Craneometría de la población prehispánica…” (2001).
14 Rodríguez, “Craneometría de la población prehispánica…”, 279.
15 Morales y Cadavid, Investigaciones etnohistóricas y arqueológicas en el área guane, 52.
16 Ardila, El pueblo de los guanes… (1978).

{ 13 }
Cultura, historia y arqueología en la Provincia de Guanentá.
Reflexiones e investigaciones recientes en torno a nuestro pasado en el marco
del programa de arqueología preventiva implementado en el proyecto Variante San Gil

provincia Comunera, la Mesa de los Santos, y parte de la meseta de Bucaramanga,


en el actual departamento de Santander. El período Guane Tardío fue delimitado
temporalmente por Lleras y Vargas17 entre los siglos XIII d. C. hasta la invasión
española (siglo XVI), y se caracteriza por tumbas de pozo y cámara lateral, una
mayor expansión territorial y una cerámica frágil, laminar y erosionable.

Figura 1‑1. Límites aproximados del territorio guane antes


de la invasión española (siglo XVI d. C.)

Fuente: Elaboración propia basada en Jorge Morales y Gilberto Cadavid, Investigaciones


etnohistóricas y arqueológicas en el área Guane (Bogotá: Editorial Antares, 1984).

Lo anterior implica que los guanes ocuparon diversos ambientes, que varían
de acuerdo con las características geológicas, pedológicas, climáticas y topográfi-
cas del territorio, desde los ambientes secos y cálidos del cañón del Chicamocha

17 Roberto Lleras y Arturo Vargas, “Palogordo: La prehistoria de Santander en los Andes orientales”,
Boletín Museo del Oro, n.º 26 (1990): 65-129.

{ 14 }
1. La sociedad Guane y sus relaciones de intercambio con los muiscas
durante los siglos XIII-XVI d. C. | Camilo José Barrios Alonso

hasta las tierras templadas y de abundantes aguas de Charalá y Oiba, por lo que
pudieron producir y acceder a distintos recursos en función del medio.
Por otro lado, Lleras18 propone la filiación guane de lo que hoy es el muni-
cipio de Landázuri (Santander) a partir del hallazgo de un conjunto orfebre con
cerámica típica del valle de Magdalena junto a cerámica tipo guane; sin embargo,
ofrece una explicación incoherente, puesto que propone entender esto en el
marco de colonias biétnicas19. Esta apreciación es inconcebible debido a que se
reconoce que en la Colombia prehispánica no existieron sociedades estatales, las
cuales son las únicas capaces de establecer colonias. En su lugar, el máximo grado
de complejidad social que alcanzaron los grupos humanos que vivieron en este
territorio fue el de cacicazgo, el cual se caracteriza por la existencia de jerarquías,
la producción y circulación restringida de bienes de riqueza, y la presencia de la
especialización del trabajo20.
Langebaek21, respecto al caso en mención, critica que la muestra no tiene
la suficiente representatividad estadística, además de la falta de certeza de poder
relacionar tipos cerámicos con etnias. Igualmente señala que:

aquí no se trataba del modelo de colonias sino de una extensión del po-
blamiento rotativo a condiciones de restricciones geográficas que impli-
caban la mutua aceptación de la participación de diversas comunidades,
aun de diferente cultura, en la explotación económica de determinado
medio ambiente22.

18 Lleras, “Un conjunto orfebre asociado a cerámica guane…”, 80.


19 Lleras, “Un conjunto orfebre asociado a cerámica guane…”, 80.
20 Allen Johnson y Timothy Earle, La evolución de las sociedades: Desde los grupos cazadores-recolectores
al estado agrario, 2.ª ed. (Barcelona: Editorial Ariel, 2011); Robert Drennan y Christian Peterson,
“La comunidad y el cacicazgo: Un estudio comparativo de patrones de asentamiento regional en
el Alto Magdalena, el valle de Oaxaca y Mongolia interior”, en Carlos A. Sánchez (ed.), Economía,
prestigio y poder: Perspectivas desde la arqueología (Bogotá: Instituto Colombiano de Antropología e
Historia, 2009): 168-205; Carl Henrik Langebaek, Mercados, poblamiento e integración étnica entre los
Muiscas: siglo XVI (Bogotá: Banco de la República, 1987); Mario Sanoja e Iraida Vargas, “La sociedad
cacical del valle de Quíbor (Estado Lara, Venezuela)”, en Carlos Uribe y Robert Drennan (eds.),
Chiefdoms in the Americas (Nueva York: University Press of America, 1987); María Ismenia Toledo y
Luis E Molina, “Elementos para la definición arqueológica de los cacicazgos prehispánicos del no-
roeste de Venezuela”, en Carlos Uribe y Robert Drennan (eds.), Chiefdoms in the Americas (Nueva
York: University Press of America, 1987): 187-200.
21 Carl Henrik Langebaek, Noticias de caciques muy mayores (Medellín: Ediciones Uniandes - Editorial
Universidad de Antioquia, 1992).
22 Langebaek, Noticias de caciques muy mayores, 121.

{ 15 }
Cultura, historia y arqueología en la Provincia de Guanentá.
Reflexiones e investigaciones recientes en torno a nuestro pasado en el marco
del programa de arqueología preventiva implementado en el proyecto Variante San Gil

Por mi parte, esta asociación de dos tipos cerámicos de dos tradiciones


distintas con un complejo orfebre puede obedecer a que simplemente la comunidad
que allí habitó mantuvo una fuerte interacción e intercambio con grupos humanos
del valle del Magdalena y del interior de la cordillera Oriental. No se debe olvidar
que la actual Landázuri se localiza cerca de la ruta de la sal que siguió Gonzalo
Jiménez de Quesada y que conducía al altiplano cundiboyacense, justamente en
el territorio muisca.
Ahora bien, este hallazgo permite inferir que los guanes interactuaron
con comunidades que habitaron en la serranía de los Yariguíes, por lo que
pudieron tener a su alcance objetos e información que circulaba por el valle
del Magdalena, como, por ejemplo, conchas del mar Caribe empleadas para la
hechura de chaquiras23.
Otro caso a considerar es el tratado por Pérez24, quien duda de la filiación
guane del sur santandereano a partir de cerámica hallada en contextos funerarios
en Oiba y Charalá. Pérez sustenta la duda razonable en la similitud existente entre
la cerámica guane tipo Oiba rojo sobre naranja y la cerámica muisca tipo Suta
naranja pulido, del período Tardío. Según Pérez, la cerámica guane en mención
no se encuentra en las zonas colindantes al río Suárez y Chicamocha, aunque
asociado a este encontró otros tipos cerámicos característicos del área guane,
como el Villanueva ocre sobre crema y el Curití poroso.

Figura 1‑2. Comparación que hace Pérez entre los tipos cerámicos Oiba rojo
sobre naranja (izquierda) y Suta naranja pulido (derecha)

Fuente: Pablo Pérez, “Muiscas, guanes y chitareros: ¿Cómo interactuaron en el norte del alti-
plano?”, Repertorio Boyacense, n.º 353 (2008): 117.

23 Arenas, Los guane…, 21.


24 Pablo Pérez, “Muiscas, guanes y chitareros: ¿Cómo interactuaron en el norte del altiplano?”, Reperto-
rio Boyacense, n.º 353 (2008): 29-128.

{ 16 }
1. La sociedad Guane y sus relaciones de intercambio con los muiscas
durante los siglos XIII-XVI d. C. | Camilo José Barrios Alonso

Ahora bien, considero que el sur santandereano fue de filiación guane y la


similitud de los tipos Oiba rojo sobre naranja y Suta naranja pulido podría obedecer
a intercambios o alianzas matrimoniales entre los grupos prehispánicos del sur
de Santander y del norte de Boyacá; práctica que se habría conservado durante la
encomienda, según lo atestiguan los archivos de la época 25.
Este intercambio de mujeres o alianzas matrimoniales tiene respaldo en
el registro arqueológico, pues es evidente la abundante presencia del tipo Suta
naranja pulido en el norte de Boyacá y su muy baja presencia en el resto del
territorio muisca26, limitándose incluso a contextos funerarios27. Esto indicaría
que la similitud de los tipos aludidos sería una tradición alfarera realizada por
mujeres dentro de comunidades muiscas y guanes que mantenían un constante
intercambio e interacción.
Conjuntamente, el parecido entre los tipos cerámicos aludidos podría
obedecer también a procesos de imitación, emulación y competencia.
Otra evidencia arqueológica que permite inferir el intercambio de mujeres
entre guanes y muiscas es el presentado por Boada28 en el valle de Samacá, en
donde encontró inhumaciones de mujeres con prácticas funerarias atípicas en
la región, con estructura fúnebre del área guane (pozo y nicho) y con indicios
de momificación, cuya práctica “se encuentra difundida por todo el norte de los
departamentos de Boyacá y sur de Santander”29.

Patrón de asentamiento
Hasta el momento no existen estudios arqueológicos a escala regional que ha-
blen sobre el patrón de asentamiento guane, aunque varios autores30 coinciden

25 Pérez, “Muiscas, guanes y chitareros…”, 29-128.


26 Carl Henrik Langebaek, Arqueología regional en el territorio muisca: Estudio de los valles de Fúquene y
Susa (traducción de Roxana Jones) (Pittsburgh: University of Pittsburgh - Universidad de los Andes,
1995).
27 Carl Henrik Langebaek; Roberto Lleras, Arqueología del alto valle de Tenza (Bogotá: Fundación de
Investigaciones Arqueológicas Nacionales, 1989).
28 Ana María Boada, “Marín, un asentamiento indígena en el valle de Samacá (Boyacá)”, Boletín de
Arqueología de la FIAN, vol. 2, n.º 1 (1987): 27-44.
29 Boada, “Marín, un asentamiento indígena…”, 33.
30 Leonardo Moreno, “Los Teres: Un asentamiento ordenador del territorio Preguane-Guane. Una apro-
ximación al tema urbano”, Anuario de Historia Regional y de las Fronteras, vol. 18, n.º 2 (2014): 521-48;
Diana Ardila, Configuración de paisajes coloniales en el territorio guane, Santander (Colombia) (tesis de
maestría, Universidad Nacional de Colombia,2010); Pérez, “Muiscas, guanes y chitareros…”, 29-128.;
Amado Guerrero y Armando Martínez, La provincia de Guanentá. Orígenes de sus poblamientos urbanos
(Bucaramanga: Ediciones UIS, 1996); Morales y Cadavid, Investigaciones etnohistóricas y arqueológicas en
el área guane; Donald Sutherland, Investigaciones preliminares sobre la prehistoria de Santander (traduc-
ción de Amelia Acebedo y Alicia Mantilla) (Bucaramanga: Universidad Industrial de Santander, 1990).

{ 17 }
Cultura, historia y arqueología en la Provincia de Guanentá.
Reflexiones e investigaciones recientes en torno a nuestro pasado en el marco
del programa de arqueología preventiva implementado en el proyecto Variante San Gil

en señalar que habitaron de manera nucleada y dispersa en el territorio, y que


esta tendencia estaba dada por el paisaje montañoso, la presencia de cinchos
y la ausencia de zonas llanas con acceso a cursos o masas de agua. De ser así,
esto también abre la posibilidad al aprovechamiento de distintos tipos de am-
bientes por parte de los guanes, lo cual puede ser entendido como una “una
forma de maximizar el acceso a la enorme variedad de econichos, y recursos,
que ofrece el medio andino” 31.
Por su parte, Arenas 32 plantea que los guanes eran un pueblo pesquero
y que, por lo tanto, sus asentamientos no distaban más de seis leguas. Sin
embargo, no se ha probado que ellos basaran su subsistencia en la pesca ni
mucho menos que sus poblados distaran seis leguas, que equivalen a 30 kiló-
metros, aproximadamente.

Algunos aspectos de la economía y el intercambio


En cuanto a actividades de subsistencia, se sabe por archivos coloniales del cultivo
de algodón, arracacha, coca, maíz y yuca, así como de la práctica de la caza y la
pesca33. Respecto al intercambio, este ha sido documentado desde la etnohistoria,
especialmente con los muiscas34, de los que se sabe que fueron una sociedad je-
rarquizada y no muy estratificada35. Entiéndase por estratificación social el acceso
desigual a bienes y servicios por parte de distintos grupos dentro de una sociedad,
en otras palabras, a la diferenciación social.
Jorge Morales36, citando a Jiménez de Muñoz, advierte que “El comercio
parece haber sido muy activo entre los guanes [...]. Los guanes cambiaban algodón,
textiles, tabaco y coca por sal de Nemocón y Zipaquirá”.
Antes de proseguir, es necesario señalar que los bienes de subsistencia son
aquellos usados para satisfacer las necesidades básicas domésticas y que por lo

31 Langebaek, Mercados, poblamiento e integración…, 42.


32 Arenas, Los guane… (2004).
33 Ardila, Configuración de paisajes coloniales… (1978); Morales y Cadavid, Investigaciones etnohistóricas y
arqueológicas en el área guane (1984).
34 Darío Fajardo, El régimen de la encomienda en la provincia de Vélez: Población indígena y economía
(Bogotá: Universidad de Los Andes, 1969); Lleras y Vargas, “Palogordo: La prehistoria de Santan-
der…”, 65-129.
35 Carl Henrik Langebaek, “Preguntas sin respuestas y cuestiones sin preguntas: Algunas notas
sobre los procesos de ocupación humana en la Colombia prehispánica”, en Víctor González Fer-
nández (ed.), Arqueología en el área intermedia (Bogotá: Instituto Colombiano de Antropología e
Historia, 2011): 223-282.
36 Morales y Cadavid, Investigaciones etnohistóricas y arqueológicas en el área guane, 52.

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1. La sociedad Guane y sus relaciones de intercambio con los muiscas
durante los siglos XIII-XVI d. C. | Camilo José Barrios Alonso

mismo son de alto consumo37, como alimentos, medicinas, materiales y tecnologías.


Por su parte, los bienes de riqueza son aquellos que sirven como diferenciadores
sociales o marcadores de estatus38, y pueden ser objetos de valor o productos de
subsistencia altamente deseados, especiales o raros.
En concordancia con lo anterior, de los bienes mencionados por Jimé-
nez de Muñoz y citados por Jorge Morales, son bienes de riqueza los textiles
(más adelante expondré el por qué) y los demás, el algodón, la coca, el tabaco
y la sal, son bienes de subsistencia dado que fueron usados para satisfacer
necesidades domésticas.
En el canto XI de Elegías de varones ilustres de Indias de Juan de Castellanos39
no hay mención alguna de intercambio entre los guanes y los muiscas, pero sí de
algo que llama la atención: el obsequio, ya sea por voluntad de paz o por temor,
de telas, probablemente mantas y oro, de los guanes hacia los españoles.
El oro y las mantas no son indispensables para la satisfacción de las nece-
sidades biológicas humanas y son fácilmente transportables, y por la naturaleza
del obsequio debieron ser altamente deseados, especiales y valorados; por lo
tanto, fueron bienes de riqueza. Sin embargo, entre el oro y el algodón, materia
prima de las mantas, hay una diferencia que radica en su obtención, puesto que
en todo el territorio guane el algodón es cultivable, pero la extracción de oro
requiere del acceso a vetas de aluvión, de las que para la época prehispánica en
la región solo se tiene noticias de las del río de Oro, cerca de la actual Bucara-
manga, en el norte del territorio guane.
En este orden de ideas, ¿accedieron los guanes a vetas de oro? De ser así,
¿lo aprovecharon? ¿Desarrollaron la orfebrería? O, por el contrario, ¿el oro que
menciona Castellanos llegó a su territorio por prácticas de intercambio? Si lo
anterior es cierto, ¿con quiénes trocaron y con cuál bien lo hicieron?
Por otro lado, es conocido el intercambio frecuente de mantas guanes
por sal muisca40. La sal debió ser un bien de subsistencia, puesto que sirve para
la conservación de todo tipo de alimentos, tal como lo sugiere Arenas41. En este

37 Elizabeth Brumfiel y Timothy Earle, “Specialization, exchange and complex societies: an in-
troduction”, en Specialization, exchange and complex societies (Cambridge: Cambridge University
Press, 1990): 1-9.
38 Brumfiel y Earle, “Specialization, exchange and complex societies”, 1-9.
39 Juan de Castellanos, Elegías de varones ilustres de Indias, 4 vols. (Bogotá: Biblioteca de la Presidencia
de la República, 1955).
40 Langebaek, Mercados poblamiento e integración…, (1987); Morales y Cadavid, Investigaciones etnohistó-
ricas y arqueológicas en el área guane (1984).
41 Arenas, Los guane…, 22.

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Cultura, historia y arqueología en la Provincia de Guanentá.
Reflexiones e investigaciones recientes en torno a nuestro pasado en el marco
del programa de arqueología preventiva implementado en el proyecto Variante San Gil

sentido, el intercambio de un bien de riqueza, como las mantas, por uno de sub-
sistencia, como la sal, da cuenta de que los bienes de subsistencia y de riqueza no
se trocaban necesaria o exclusivamente por los mismos tipos de bienes. Es decir,
en el pasado prehispánico que nos atañe no existió el valor de cambio (como la
moneda) sino tan solo el valor de uso.
Por otra parte, respecto a los bienes depositados en los contextos funerarios,
es menester resaltar que fueron retirados de circulación de manera consciente, lo
que nos remite a la intencionalidad en la deposición de los mismos y, por ende,
a las prácticas funerarias. Por esta razón su consideración debe ser cuidadosa, ya
que como afirma Vicente Lull42, las prácticas funerarias informan sobre las con-
diciones materiales de la sociedad que las produjo, mas pueden ocultar o exaltar
desigualdades sociales entre personas o grupos de personas que solo podrán ser
evidentes si se consideran otro tipo de contextos, como los domésticos.
En este orden de ideas, el corpus de vestigios funerarios hallados en la
cueva de Los Indios en Los Santos (Santander), reportado por Schottelius 43, y
el reportado por Navas y Angulo44 para la cueva del Guerrero, también en Los
Santos, evidencian además de la alfarería, distintas esferas de la sociedad Guane,
como la producción textil, la estética corporal, el uso de la fuerza, la producción
sonora y musical, y el mambeo; es decir, nos permite pensar en una posible
especialización del trabajo.

Figura 1‑3. Textiles guanes

Fuente: Alejandro Navas y Érika Angulo, Los guanes y el arte rupestre xerirense
(Bucaramanga: Sic Editorial, 2010). https://www.ellibrototal.com/ltotal/

42 Vicente Lull, “El Argar: la muerte en casa”, Anales de Prehistoria y Arqueología, n.0 13-14 (1997): 65-80.
43 Dussán y Martínez, El mundo guane… (2005).
44 Alejandro Navas y Érika Angulo, Los guanes y el arte rupestre xerirense, (Bucaramanga: Sic Editorial,
2010). https://www.ellibrototal.com/ltotal/

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1. La sociedad Guane y sus relaciones de intercambio con los muiscas
durante los siglos XIII-XVI d. C. | Camilo José Barrios Alonso

Figura 1‑4. Textiles guanes hallados en la cueva de El Guerrero

Fuente: Navas y Angulo, Los guanes y el arte rupestre xerirense (2010).

Puntualmente, de los objetos apuntados por Schottelius, los fragmentos de


telares, husos y torteros son instrumentos (tecnología) que fueron indispensables
en la producción de mantas, por lo que debieron ser bienes de subsistencia. Los
instrumentos musicales, como pitos y maracas, junto a las narigueras, pudieron
ser bienes de riqueza, puesto que no son críticos para solventar necesidades do-
mésticas y sí pueden ser un marcador de estatus.

Figura 1‑5. Husos, volantes de huso y agujas

Fuente: Navas y Angulo, Los guanes y el arte rupestre xerirense (2010).

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Reflexiones e investigaciones recientes en torno a nuestro pasado en el marco
del programa de arqueología preventiva implementado en el proyecto Variante San Gil

Figura 1‑6. Instrumentos musicales guanes

Fuente: Navas y Angulo, Los guanes y el arte rupestre xerirense (2010).

En línea con lo anterior, ¿por qué enterrar bienes de riqueza? Según


Shennan 45, esta es una forma de sacar de circulación los bienes de riqueza,
lo que limita el acceso a posibles competidores en la lucha por el liderazgo
y el poder.
Las flechas, tiraderas, macanas y garrotes reportados por Schottelius
y por Navas y Angulo46, si los consideramos como instrumentos inherentes al
aprovisionamiento de presas o a la defensa del territorio, temas críticos en la
vida de cualquier comunidad, habrían sido entonces bienes de subsistencia.
Los chupadores de coca con detalles en concha de nácar y poporos fueron
también bienes de subsistencia si tenemos en cuenta que en el mundo andino
e incluso amazónico, el mambe es de alto consumo; aunque no se descarta que
los chupadores con concha de nácar, por la inclusión de un material exótico,
hayan podido constituir un diferenciador de estatus.

45 Stephen Shennan, “Interaction and change in third millennium BC western and central Europe”,
en Colin Renfrew y John F. Cherry (eds.), Peer Polity Interaction and Socio-political Change (Cam-
bridge: Cambridge University Press, 1986), 137-148.
46 Dussán y Martínez, El mundo guane… (2005); Navas y Angulo, Los guanes y el arte rupestre xeri-
rense (2010).

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1. La sociedad Guane y sus relaciones de intercambio con los muiscas
durante los siglos XIII-XVI d. C. | Camilo José Barrios Alonso

Figura 1‑7. Armas e instrumentos de caza guanes

Fuente: Navas y Angulo, Los guanes y el arte rupestre xerirense (2010).

Aparte de los anteriores bienes amortizados, se encuentran los hallados


por Pérez47 en tumbas guanes del período Tardío, en el municipio de Oiba (San-
tander), que constan de varias piezas cerámicas, entre estas, copas sonajero (que
se encontraron en pocas tumbas), tres caracoles de mar (cada caracol en una
tumba distinta), cuentas de collar y una diadema de oro.

Figura 1‑8. Cuentas de collar halladas en Oiba (Santander)

Fuente: Pablo Pérez, “Muiscas, guanes y chitareros: ¿Cómo interactuaron en el norte


del altiplano?”, Repertorio Boyacense, n.º 353, (2008): 101.

Todos los objetos en mención encontrados por Pérez son bienes de riqueza,
ya que además de su naturaleza exótica o foránea, “serían elementos de acceso
restringido, por eso solamente aparecen en tres tumbas” 48.
Igualmente, algo que sobresale es la alusión a mantas pintadas y la inexis-
tencia o baja presencia de textiles sin decoración en los entierros, lo cual podría
interpretarse de dos maneras. La primera, que todos usaban mantas pintadas,
como lo relata Juan de Castellanos en el canto XI:

47 Pérez, “Muiscas, guanes y chitareros…”, 117.


48 Pérez, “Muiscas, guanes y chitareros…”, 111.

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Cultura, historia y arqueología en la Provincia de Guanentá.
Reflexiones e investigaciones recientes en torno a nuestro pasado en el marco
del programa de arqueología preventiva implementado en el proyecto Variante San Gil

de las telas de algodón, que van tejidas


con hilos variados en colores;
con una se rodean la cintura,
y otra que de los hombros va pendiente
al izquierdo trabada con un ñudo
dado con los extremos de la manta49.

Y la segunda, que solo las mantas pintadas se depositaban en las tumbas.

Producción localizada, especialización artesanal y jerarquía


En la sociedad Guane posiblemente no existió la especialización económica de
sitio o de los productores. En su lugar debió existir la producción en función
de los recursos ofrecidos por el ambiente, algo a lo que Muller ha denominado
“producción localizada”50. Dicho de otro modo, si la producción de una comu-
nidad entera gira en torno a un recurso cuya presencia se limita exclusivamente
al territorio de la comunidad, sería entonces una producción localizada y no una
producción especializada de sitio.
Dicha producción localizada es deducida especialmente a partir de los
bienes hallados en las cuevas del Guerrero y Los Indios51: textiles e instrumentos
relacionados con su producción, adornos corporales, armas, instrumentos musi-
cales, objetos para el mambeo, etc. Estos elementos requirieron de la producción
de materias primas o insumos necesarios para su obtención, como el cultivo de
algodón para las mantas, el posible uso del achiote para los de tintes, la siembra
de coca para el mambeo y el aprovechamiento de ciertas maderas para la elabo-
ración de flechas y macanas, todos ellos cultivables o extraíbles de los ambientes
cálidos del territorio guane.
Ciertos bienes debieron ser fruto del trabajo de un artesano. Sin embargo,
¿qué tipo de artesanos? Según Brumfiel y Earle 52, los especialistas o artesanos
pueden ser de dos tipos: independientes o subordinados. Los especialistas
independientes suelen ser de tiempo parcial y su producción se encamina al

49 Castellanos, Elegías de varones ilustres de Indias, 316.


50 Jon Muller, “Salt, chert, and shell: Mississippian exchange and economy”, en E. M. Brumfiel y T.
K. Earle (eds.), Specialization, Exchange, and Complex Societies (10-21) (Cambridge: Cambridge
University Press, 1990), 15.
51 Navas y Angulo, Los guanes y el arte rupestre xerirense, (2010); Dussán y Martínez, El mundo gua-
ne… (2005).
52 Brumfiel y Earle, “Specialization, exchange and complex societies…”, 1-9.

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1. La sociedad Guane y sus relaciones de intercambio con los muiscas
durante los siglos XIII-XVI d. C. | Camilo José Barrios Alonso

mantenimiento de relaciones sociales igualitarias. Por su parte, los subordinados


producen bienes o servicios para una élite social, una institución gobernante
o un patrón, y su dedicación suele ser de tiempo completo, además de que sus
bienes tienen una circulación restringida encaminada al mantenimiento de la
diferenciación social.
Acorde con lo anterior, para el caso de los guanes, la elaboración de ins-
trumentos no relacionados con la satisfacción de necesidades domésticas, como
objetos musicales, ornamentales y armas, pudo requerir algún grado de especiali-
zación, muy seguramente de artesanos independientes, ya que la especialización
artesanal subordinada y de tiempo completo solo es posible en sociedades fuer-
temente estratificadas, tipo estatales.
Para los primeros años de la Colonia, Pérez (2008) propone la existencia
de mercaderes en los muiscas, guanes y laches, a partir de unos documentos
coloniales de las visitas en 1571, pero allí mismo se mencionan varios individuos
que iban al mercado y no se afirma que fueran los únicos en hacerlo, lo cual pone
en duda esa aseveración.
Respecto a la presencia de bienes de riqueza en territorio guane, como
mantas, oro (aunque escaso), conchas marinas y algunos elementos de ornato (na-
rigueras, chaquiras de conchas marinas, etc.), son estos un rasgo de jerarquización,
ya que son elementos de prestigio: su control, manipulación y distribución puede
constituir un mecanismo para la consolidación del poder político de una élite 53.
Adicionalmente, es difícil considerar que la consecución de las conchas marinas
y demás bienes exóticos se haya dado por medio de comerciantes especializados,
sino más bien en un intercambio punto a punto (mano a mano), al estilo de los
cacicazgos del Mississippi54.
Inclusive, el que enterraran a unos de forma individual en tumbas de
pozo y cámara, con un escaso ajuar, y a otros de manera colectiva, realzando una
figura/persona principal en las cuevas del cañón55, con un abundante ajuar (que
incluye bienes de riqueza y bienes de subsistencia) es una buena evidencia de la
alta jerarquización guane56.

53 Muller, “Salt, chert, and shell”, 15.


54 Muller, “Salt, chert, and shell”, 15.
55 Navas y Angulo, Los guanes y el arte rupestre xerirense (2010); Dussán y Martínez, El mundo guane…
(2005).
56 Moreno, “Los Teres…”, 315-342.

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Cultura, historia y arqueología en la Provincia de Guanentá.
Reflexiones e investigaciones recientes en torno a nuestro pasado en el marco
del programa de arqueología preventiva implementado en el proyecto Variante San Gil

2. Intercambio entre guanes y muiscas: unidades análogas


El intercambio entre guanes y muiscas se caracterizó por el flujo, como hemos visto,
tanto de bienes de riqueza (oro, mantas, copas) como de bienes de subsistencia
(sal, coca, tabaco, algodón) y alianzas matrimoniales.

Figura 1‑9. Dirección y sentido de los bienes objeto de intercambio


entre guanes y muiscas del período tardío

Coca, tabaco y algodón

Alianzas matrimoniales,
GUANES copas, mantas. MUISCAS

Oro y sal

Fuente: Elaboración propia.

Como se puede observar en la Figura 9, los bienes objeto de intercambio


fueron limitados, lo que indica un proceso de regularización, producto de una
fuerte interacción sostenida durante un tiempo considerable y mediada por inte-
reses de cada grupo humano, lo cual implica negociación y ausencia de dominio/
sujeción de una etnia hacia la otra; es decir, el intercambio no se dio en términos
de un centro dominante y de una periferia dominada, sino más bien entre pares.
Según Chapman, citando a Braun,

a medida que se desarrollan procesos de interacción, tanto cooperativos


como competitivos, entre grupos vecinos de una región, puede generarse
una creciente regularidad en el tipo de productos intercambiados, pero

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1. La sociedad Guane y sus relaciones de intercambio con los muiscas
durante los siglos XIII-XVI d. C. | Camilo José Barrios Alonso

estos procesos no tienen por qué ser impuestos deliberadamente por


parte de un grupo de la red de intercambios con pretensiones de domi-
nio, sino que pueden surgir a través de procesos selectivos que afectan
al conjunto de la misma57.

Si observamos bien los bienes trocados, determinados por el proceso de


regularización y que circulaban en un solo sentido, en el intercambio entre guanes
y muiscas es de realzar que cada etnia procuraba frecuentemente la obtención de
productos ausentes en su territorio, sin discriminar entre bienes de subsistencia
y bienes de riqueza que traía consigo, quizás como proceso secundario, un in-
tercambio de mujeres o establecimiento de alianzas matrimoniales, puesto que,
según Polanyi58, el intercambio entre poblaciones autónomas

es una actividad de grupo más que individual; ello lo acerca a la organización


del galanteo y el aparejamiento, que con frecuencia implica adquisición de
esposas en lugares lejanos por medios más o menos pacíficos.

3. Consideraciones finales
En síntesis, es posible señalar que de acuerdo al aprovechamiento de diferentes
ambientes y a la producción localizada, a la presencia de artesanos independien-
tes, a la existencia de una jerarquía y al intercambio de igual a igual de bienes de
riqueza y de subsistencia con los muiscas, los guanes fueron una sociedad cacical
con probablemente una no muy marcada estratificación social.
Sumado a lo anterior, es posible que la interacción e intercambio entre
guanes y muiscas pueda explicarse bajo el modelo de interacción entre pares o
unidades análogas, el cual consiste en:

toda la gama de intercambios que se producen (incluyendo imitación


y emulación, competición, guerra e intercambio de bienes materiales
y de información) entre unidades sociopolíticas autónomas (es decir,

57 Robert Chapman, La formación de las sociedades complejas: El sureste de la Península Ibérica en el marco
del Mediterráneo occidental (Barcelona: Editorial Crítica, 1991): 290.
58 Karl Polanyi, “La economía como actividad institucionalizada”, en Comercio y mercado en los imperios
antiguos (289-316) (Barcelona: Editorial Labor, 1976): 303-304.

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Cultura, historia y arqueología en la Provincia de Guanentá.
Reflexiones e investigaciones recientes en torno a nuestro pasado en el marco
del programa de arqueología preventiva implementado en el proyecto Variante San Gil

autogobernadas, y en ese sentido, políticamente independientes) con


una ubicación próxima dentro de una única región geográfica 59.

Este modelo, comenta Chapman60, es usado para explicar la aparición de


complejidad o de estructuras comunes en cualquier ámbito en culturas vecinas
en un mismo lapso. Además, señala Renfrew61, reconoce a la interacción como un
factor del cambio social y cultural.
En el caso de la interacción e intercambio entre guanes y muiscas, la inte-
racción entre pares o unidades análogas se evidencia en el aprovechamiento de
diversos ecosistemas que ambas etnias realizaron; en el hecho de que sus lenguas
son reconocidas como parte de la familia lingüística chibcha; en el intercambio
de igual a igual de bienes de riqueza y de bienes de subsistencia, así como de las
alianzas matrimoniales; y en la posible emulación/imitación de los tipos cerámicos
Oiba rojo sobre naranja y Suta naranja pulido.
Por lo que se refiere a los bienes intercambiados entre guanes y muiscas,
y que circularon en un solo sentido, es posible inferir una relación de comple-
mentariedad, ya que la coca, el algodón y el tabaco no se dan en las tierras frías
muiscas, mientras que la sal, y al parecer el oro, estuvieron ausentes en el territorio
guane. Además, el hecho de que establecieran alianzas matrimoniales da cuenta
de relaciones pacíficas.
Para finalizar, considero que uno de los tantos temas pendientes en cuanto
al estudio de los guanes es el relacionado con su mundo simbólico, el cual puede
ser abordado a partir de los elementos objeto de intercambio con sus vecinos
muiscas. Como bien lo ha demostrado la antropología, en otras sociedades dis-
tintas a la occidental operan también otras concepciones y formas de entender el
mundo. Lo que para nosotros puede ser una mera transacción económica como
medio y fin, para otros puede ser el mantenimiento de alianzas en donde prima
el reconocimiento y el trato con el otro.
En línea con lo anterior, en las comunidades indígenas colombianas, la
coca, el tabaco, el algodón, la sal y el oro no son solo bienes para suplir necesi-
dades o resaltar diferencias, tienen también una carga simbólica. Por ejemplo,

59 Chapman, La formación de las sociedades complejas…, 40.


60 Chapman, La formación de las sociedades complejas…, 40.
61 Colin Renfrew, “Interaction and change in third millennium BC western and central Europe”. En
Colin Renfrew y John F. Cherry (eds.), Peer Polity Interaction and Socio-political Change (Cambridge:
Cambridge University Press, 1986): 1-18.

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1. La sociedad Guane y sus relaciones de intercambio con los muiscas
durante los siglos XIII-XVI d. C. | Camilo José Barrios Alonso

en los pueblos de origen de la Sierra Nevada de Santa Marta el Ayu (coca) es la


llave para comunicarse con el mundo espiritual62, a la sal se le hace pagamento,
puesto que todo ser tiene sal63, y el tabaco es medicina, por lo que también es
una planta sagrada64.
En este orden de ideas, ¿qué significaron el oro, la sal, el tabaco, el algodón,
la coca y su intercambio para los guanes y los muiscas? ¿Tuvieron también un
carácter sagrado? ¿Qué rol jugaron en su cosmogonía?

62 Confederación Indígena Tayrona y Organización del Pueblo Arhuaco, “Protocolo autónomo –man-
dato del pueblo Arhuaco– para el relacionamiento con el mundo externo, incluyendo la consulta
y el consentimiento previo, libre e informado”, 2017. https://www.hchr.org.co/publicaciones/proto-
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namiento-con-el-mundo-externo-incluyendo-la-consulta-y-el-consentimiento-previo-libre-e-infor-
mado/
63 Confederación Indígena Tayrona y Organización del Pueblo Arhuaco, “Protocolo autónomo…”.
64 Eduardo Barros, Cultura médica de los arhuacos (“IKU”). Una interpretación desde lo simbólico (tesis
de maestría), Universidad Nacional Abierta y a Distancia, 2020. http://e-spacio.uned.es/fez/eserv/
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Cultura, historia y arqueología en la Provincia de Guanentá.
Reflexiones e investigaciones recientes en torno a nuestro pasado en el marco
del programa de arqueología preventiva implementado en el proyecto Variante San Gil

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2. El estudio de la alfarería
prehispánica en el sur
de Santander, Colombia:
discusiones actuales y agendas
de investigación

Camilo Andrés Colorado Yepes


Arqueólogo Universidad Externado de Colombia

Introducción
La alfarería se establece como una de las principales líneas
de evidencia para la reconstrucción de las dinámicas expe-
rimentadas por las comunidades radicadas en el territorio
americano antes del contacto con los europeos. Esta apa-
rece de manera recurrente en los yacimientos arqueológi-
cos; desde aquellos contextos domésticos marcados por
la presencia de artefactos utilitarios, hasta los depósitos
rituales en los que reposan piezas finamente elaboradas,
dispuestas con el propósito de servir como ajuar. Además
de su abundancia y durabilidad, dichos vestigios cuentan
con múltiples atributos técnicos, funcionales e iconográ-
ficos, cuyo estudio es capaz de brindar luces sobre las
características culturales de las poblaciones sustentadas
en un modo de vida cacical 1.
Las características de la alfarería están determi-
nadas por las normas y tradiciones imperantes en cada

1 Iraida Vargas, Arqueología, ciencia y sociedad (Caracas: Abre Brecha,


1990), 63-65.

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Cultura, historia y arqueología en la Provincia de Guanentá.
Reflexiones e investigaciones recientes en torno a nuestro pasado en el marco
del programa de arqueología preventiva implementado en el proyecto Variante San Gil

sociedad, por lo que reflejan diversas dimensiones de la cultura 2. Los rasgos


tecnológicos dan cuenta de las dinámicas productivas, los instrumentos de
trabajo y las estrategias de captación de recursos llevadas a cabo por los su-
jetos. Los atributos formales están relacionados con la función de las vasijas,
y subsecuentemente, con la ejecución de prácticas concretas por parte de
sus usuarios. Finalmente destaca la decoración, que se establece como un
remanente de la estética y el simbolismo de los grupos. Cabe anotar que estas
categorías no son excluyentes, pues es su confluencia la que constituye el
estilo de los artefactos. Las particularidades estilísticas de la cerámica y sus
patrones de consumo se han transformado a través del tiempo, como parte
de los procesos de cambio social. Debido a esto, aquel material figura como
un marcador cronológico relevante para la reconstrucción de las trayectorias
evolutivas de los cacicazgos prehispánicos.
Los factores descritos configuran a la alfarería como una fuente privilegiada
para el análisis de las sociedades pretéritas, incluyendo a los grupos que habitaron
la porción meridional del departamento de Santander en el período prehispánico.
Los primeros estudios enfocados en la aproximación a la cerámica procedente de
esta zona datan de la primera mitad del siglo XX3.
Estos se sustentaron en la descripción y clasificación de las piezas
halladas en contextos funerarios por parte de médicos, exploradores y otros
entusiastas de la arqueología. De esta manera, sentaron las bases para la ca-
racterización de la cultura guane, denominación acuñada con base en las des-
cripciones otorgadas por los cronistas coloniales. Décadas más tarde, y tras
la exploración de nuevos yacimientos, se adelantaron ejercicios orientados
a la estandarización tipológica y la caracterización de horizontes culturales
asociados a marcos espacio-temporales concretos 4. De esta forma se planteó
la existencia de una fase temprana, vinculada con los desarrollos culturales de
finales del Formativo (c. S. VIII-X d. C). Esta contrastaría con la denominada
fase tardía, que se habría extendido hacia el sur del territorio en los últimos
cinco siglos previos a la Conquista.

2 Rodrigo Navarrete, “Cerámica y etnicidad. Una aproximación al estudio de las formas culturales
como expresión de lo étnico”, en Boletín de Antropología Americana, vol. 22, n.º 1 (1990): 47-48.
3 Leonardo Moreno, “Arqueología del Nororiente colombiano. Los Teres: un sitio de asentamiento de
las culturas prehispánicas Preguane y Guane”, en Anuario de Historia Regional y de las Fronteras, vol.
17, n.º 2 (2012): 117-120.
4 Roberto Lleras y Arturo Vargas, “Palogordo. La prehistoria de Santander en los Andes Orientales”, en
Boletín Museo del Oro, vol. 26, n.º 1 (1991): 94-104.

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2. El estudio de la alfarería prehispánica en el sur de Santander, Colombia: discusiones
actuales y agendas de investigación | Camilo Andrés Colorado Yepes

En suma, el estudio de la alfarería ha sentado las bases para la compren-


sión de las ocupaciones en el Santander prehispánico. La tradición investiga-
tiva en esta materia se ha centrado en dos tópicos. Por un lado, resaltan los
esfuerzos orientados a la reconstrucción de secuencias histórico-culturales,
con base en la dispersión espaciotemporal de los tipos cerámicos, lo cual ha
contribuido al conocimiento sobre los acervos artefactuales, la delimitación
de los períodos de ocupación, y su adscripción a los horizontes culturales
reportados en el territorio andino 5.
De igual forma, destaca el énfasis otorgado a la definición de la denominada
cultura guane y sus respectivos límites. Para esto, se ha adelantado la clasificación
de materiales diagnósticos, atendiendo a las narrativas coloniales en torno a la
distribución de naciones de indios6. Este enfoque no ha estado exento de críticas,
que anotan el sesgo occidental implícito en los discursos de los cronistas, y
resaltan las diferencias entre aquellos testimonios y la variabilidad del registro
arqueológico7. A pesar de los debates, dicha visión se ha arraigado en el imaginario
colectivo y ha consolidado una apropiación de los “indígenas guanes” como un
símbolo de identidad local, y de lo que algunos autores conceptualizan como
un sentimiento de santandereanidad8.
Más allá del carácter paradigmático de dichos enfoques, las últimas décadas
han estado marcadas por el surgimiento de modelos alternativos. Los nuevos
estudios se han centrado en analizar las trayectorias de cambio y la configu-
ración de las estructuras cacicales. Algunos autores han volcado su atención a
fenómenos como la organización sociotécnica de los asentamientos, con base
en las características tecnológicas de la producción alfarera9. Otros han compa-
rado la diversidad estilística de las vasijas decoradas, con el fin de explorar las

5 Pablo Pérez, “Procesos de interacción en el área septentrional del Altiplano Cundiboyacense y el


oriente de Santander”, en José Rodríguez (ed.), Los chibchas: adaptación y diversidad en los Andes
orientales de Colombia (Bogotá: Universidad Nacional, 2001), 107-109.
6 Emilio Arenas, El pueblo de los Guates. Muestra arqueológica (Bucaramanga: Universidad Santo
Tomás, 2006), 41.
7 Camilo Colorado, “La frontera como invención colonial: reinterpretación sobre los límites cul-
turales en una región de los Andes orientales de Colombia”, en Fronteras de la Historia, vol. 29,
n.º
1 (2024): 38-40.
8 Álvaro Acevedo y María Moreno, “El turismo como propuesta patrimonial: de los museos arqueoló-
gicos a las nuevas alternativas lúdicas en la actual provincia de Guanentá (Santander, Colombia)”,
en Memorias, vol. 40, n.º 1 (2020): 70.
9 Alessando Martínez y Leonardo Navas, Aproximación al entendimiento del proceso de complejización
social y formas de organización política prehispánicas en el valle del río Pienta, municipio de Charalá,
Santander (tesis de pregrado, Universidad Nacional de Colombia, 2002), 134-136.

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Cultura, historia y arqueología en la Provincia de Guanentá.
Reflexiones e investigaciones recientes en torno a nuestro pasado en el marco
del programa de arqueología preventiva implementado en el proyecto Variante San Gil

dinámicas de interacción regional y sus transformaciones a través del tiempo 10.


Y si bien estos trabajos implican un aporte a la comprensión de los indígenas y
su forma de vida, persisten múltiples vacíos del conocimiento susceptibles de
ser complementados con la ejecución de nuevos estudios.
Considerando lo anterior, este capítulo tiene como objetivo discutir
dos agendas de investigación sobre la alfarería arqueológica en el sur de
Santander, cuya aproximación contribuirá a la comprensión de las dinámicas
experimentadas por las poblaciones prehispánicas. Estos ejes son: la rela-
ción entre el acceso a los objetos cerámicos y la diferenciación social, y el
vínculo entre dichos materiales y las pautas de interacción regional. El texto
no busca exponer una síntesis exhaustiva del estado del conocimiento sobre
estos temas. Por otra parte, pretende generar una ref lexión sobre los retos
y potencialidades para el estudio de la organización indígena, tomando a la
cerámica como línea de evidencia.

El sur de Santander como unidad analítica: contexto


geográfico y cultural
El área montañosa de Santander constituye un espacio caracterizado por su
heterogeneidad fisiográfica y ambiental. Se trata de un área diversa, ocupada
por múltiples poblaciones, con límites oscilantes y una pluralidad en sus atri-
butos culturales y formas de organización social. La información disponible
sugiere la existencia de dos principales subregiones, marcadas por la presencia
de complejos arqueológicos distintivos11. Estos se habrían distribuido hacia
la porción septentrional y meridional del territorio, respectivamente. Las
poblaciones del norte se caracterizaron por la producción de alfarería em-
parentada con la tradición ranchoide y los materiales hallados en los Andes
venezolanos. Las del sur, en contraste, denotan vínculos con los grupos del
altiplano cundiboyacense.

10 Camilo Colorado, Etnicidad, estilo y cultura material: análisis comparativo de la cerámica asociada a una
región fronteriza de los Andes Orientales de Colombia (S. XI-XVI d. C.) (tesis de pregrado, Universidad
Externado de Colombia, 2021), 127-130.
11 María Uribe y Santiago Mora, “Colombia prehispánica”, en José Melo (ed.), Gran enciclopedia de Co-
lombia 1. Desde prehistoria hasta Gran Colombia (Bogotá: Printer, 1991), 17.

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2. El estudio de la alfarería prehispánica en el sur de Santander, Colombia: discusiones
actuales y agendas de investigación | Camilo Andrés Colorado Yepes

Figura 2-1. Áreas mencionadas en el texto

Fuente: Elaboración propia.

Las sociedades adscritas al complejo meridional tuvieron su epicentro en


las cuencas longitudinales de los ríos Fonce y Suárez. La geografía de este espacio
está atravesada por múltiples valles, subcuencas y cadenas montañosas, con rangos
altitudinales que fluctúan entre los 500 y 1.500 msnm. Esta zona cuenta con un
clima templado, vegetación arbustiva, xerofítica y subxerofítica, y una abundancia
ecológica que permitió el aprovisionamiento de recursos por parte de los nativos12.
Hacia el norte colinda con la meseta de Barichara y el cañón del Chicamocha;
mientras que al sur limita con el valle de Leyva y las tierras altas del altiplano cun-
diboyacense. Al oriente se encuentra circunscrita por el páramo de Guantiva y La
Rusia, y al occidente está delimitada por la cordillera de los Cobardes (Ver Fig. 2-1).

12 Gilberto Cadavid, “La Montaña Santandereana”, en Ana Groot et al. (eds.), Colombia prehispánica.
Regiones arqueológicas (Bogotá: Colcultura, 1989), 80.

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Cultura, historia y arqueología en la Provincia de Guanentá.
Reflexiones e investigaciones recientes en torno a nuestro pasado en el marco
del programa de arqueología preventiva implementado en el proyecto Variante San Gil

Trabajos arqueológicos en los municipios de Chipatá, Charalá, Oiba y San


Gil han contribuido al conocimiento sobre las ocupaciones agroalfareras en esta
región. El poblamiento del período Formativo se plasma en la presencia de cerámica
con desgrasante micáceo, inscrita en los tipos micáceo rojo y micáceo fino. Así mismo,
se ha planteado que los tipos carmelito burdo y rojo sobre amarillo13 eran elaborados
desde épocas tempranas. Sin embargo, la asociación cronológica de dichos objetos
no ha sido totalmente esclarecida, y se ha discutido su producción continua hasta
el momento de la Conquista. En contraste, las poblaciones tardías se caracterizaron
por la producción de material adscrito a los tipos rojo sobre naranja e inciso-impreso14.
En términos generales, las trayectorias evolutivas de las comunidades radi-
cadas en el sur de Santander se caracterizaron por el advenimiento de la compleji-
zación sociopolítica y la consolidación de las estructuras cacicales reportadas por
los europeos en el siglo XVI. Las dinámicas de cambio se plasmaron en distintos
fenómenos, como transformaciones en las pautas de asentamiento, centralización
demográfica, y estandarización de la producción alfarera15. El registro arqueoló-
gico también evidencia cambios en las redes de interacción mantenidas por los
habitantes de la zona a lo largo del tiempo. Los materiales tempranos reflejan un
estrecho vínculo con las sociedades del macizo de Santander y la Mesa de los
Santos. Este panorama se transformó a inicios del nuevo milenio, pues el estilo
de la cerámica tardía se distingue por su relación con las piezas de la altiplanicie
y las vertientes del río Magdalena.
Es posible evidenciar que las dinámicas experimentadas por los indígenas
del sur de Santander dejaron su remanente en los acervos arqueológicos, a través
de vestigios como la alfarería. Como parte de estos testimonios se encuentran las
cerámicas albergadas en museos, universidades, casas de la cultura, entre otras
instituciones situadas en distintos municipios del departamento y en la capital
del país16. Lamentablemente, gran parte de estos objetos fueron recuperados de
manera fortuita o extraídos por saqueadores con el propósito de adelantar su

13 También denominado por algunos autores como ocre sobre crema u ocre sobre crema/negro.
14 La descripción detallada de los tipos cerámicos más recurrentes en el sur de Santander puede ser
consultada en el texto de Camilo Colorado, Patrimonio Arqueológico presente en Oiba – Santander
(Bogotá: Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte, 2021), 18-19.
15 Leonardo Navas, Aproximación al estudio del cambio social y a la organización sociopolítica prehispánica
en el tramo medio del río Oibita, municipio de Oiba, Santander (Bogotá: Fundación de Investigaciones
Arqueológicas Nacionales, 2005), 163.
16 Además de los museos y universidades de Bogotá y Bucaramanga, los municipios de Aratoca, Chipa-
tá, Charalá, Encino, El Socorro, Oiba, Palmas del Socorro, San Gil, Suaita y Vélez cuentan con centros
culturales en los que reposan materiales prehispánicos asociados al sur de Santander.

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2. El estudio de la alfarería prehispánica en el sur de Santander, Colombia: discusiones
actuales y agendas de investigación | Camilo Andrés Colorado Yepes

comercio ilícito. Esto derivó en la pérdida de información relativa a su contexto


de hallazgo. No obstante, dichas colecciones constituyen ejemplos de la cultura
material elaborada por los nativos y, tal como se expondrá a continuación, se
establecen como fuentes relevantes para el esclarecimiento de múltiples aspectos
en torno a la organización social prehispánica.

Consumo de alfarería y diferenciación social


Uno de los tópicos abordados de manera recurrente en la arqueología de los Andes
orientales es la diferenciación social. Este tema ha sido esbozado por los investi-
gadores enfocados en caracterizar la organización político-económica en el sur del
territorio santandereano. Según estos autores, la región sería el asiento de estructuras
cacicales, compuestas por grupos domésticos con distintos rangos jerárquicos17.
Si bien en esta zona el fenómeno de la jerarquización no ha sido explorado
a profundidad, se han formulado algunas propuestas explicativas que deben ser
tomadas en consideración. Las investigaciones centradas en el análisis de fuentes
documentales han planteado que para el siglo XVI los nativos estaban inscritos
en un sistema social estratificado, comandado por un jefe máximo denominado
Guanentá, de quien dependían los caciques locales18.
De acuerdo con esta postura, las relaciones de poder eran reproducidas a
través de un régimen feudatario sostenido por los comuneros, quienes entregaban
tributos de manera periódica a las autoridades. Dicha visión corresponde a una
óptica occidental, y es poco probable que refleje el escenario existente en la época
prehispánica. Los estudios arqueológicos adelantados hasta el día de hoy no han
registrado drásticas diferencias en los acervos materiales que permitan identificar
élites claramente institucionalizadas.
Los arqueólogos han investigado la diferenciación social en el sur de San-
tander a través del análisis de cementerios prehispánicos hallados en la cuenca
del río Suárez. En el municipio de Oiba, el investigador Pablo Pérez identificó
una serie de tumbas situadas en la cima de cadenas montañosas. Estas almace-
naban múltiples ajuares, cuya calidad y cantidad estarían vinculadas al prestigio
de los difuntos19. Según el autor, algunos personajes habrían pertenecido a un

17 Pablo Pérez, Arqueología en el municipio de Oiba (Bogotá: FIAN, 2000), 43.


18 Gilberto Cadavid y Jorge Morales, Investigaciones arqueológicas y etnohistóricas en el área guane (Bogo-
tá: Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales, 1984), 52-54.
19 Pérez, Arqueología…, 60-62.

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Cultura, historia y arqueología en la Provincia de Guanentá.
Reflexiones e investigaciones recientes en torno a nuestro pasado en el marco
del programa de arqueología preventiva implementado en el proyecto Variante San Gil

segmento que gozó de privilegios, pues fueron enterrados junto a piezas de oro
y conchas marinas, presuntamente restringidas para el grueso de la población.
Ahora bien, ¿cómo se articula el estudio de la alfarería con el análisis de la dife-
renciación social? Al igual que la metalurgia y las conchas, la distribución de las vasijas
en las sepulturas estuvo relacionada con el rol de los muertos dentro de su comunidad,
y de toda una serie de actitudes mantenidas de manera consciente o inconsciente por
aquellos personajes encargados de consumar los ritos funerarios. Incluso, es posible
teorizar que los bienes de tumba constituyen un vestigio de las pertenencias adquiridas
por los sujetos durante su vida. De acuerdo con este planteamiento, los patrones de
consumo de la cerámica habrían diferido según el rango de cada difunto.
Los acervos arqueológicos del sur de Santander cuentan con múltiples vasijas
en estado de completitud, extraídas de contextos funerarios. Estas piezas contienen
distintos grados de inversión en fuerza de trabajo y diferencias tecnológicas asociadas
al nivel de especialización requerido para su producción. Por ejemplo, algunas de
las cerámicas del tipo carmelito burdo, halladas de manera frecuente, presentan una
textura irregular, acabados toscos y ausencia de decoración. Estas contrastan con
ciertas piezas finamente elaboradas, adscritas al tipo rojo sobre naranja, que cuentan
con apliques, pintura polícroma y engobe blanco20. Siendo así, es pertinente cuestio-
nar si existió un acceso diferencial a dichos objetos al interior de las comunidades.

Figura 2-2. Cerámicas asociadas a la cuenca del río Suárez

Fuente: Elaboración propia.

20 Dada su escasez, la policromía en las cerámicas del sur de Santander no ha sido descrita de manera
satisfactoria en las investigaciones precedentes. Muestras de estos objetos se encuentran en la casa
de la cultura Tomás Vargas Osorio, de Oiba, y en el museo arqueológico de la Universidad Autónoma
de Bucaramanga (UNAB).

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2. El estudio de la alfarería prehispánica en el sur de Santander, Colombia: discusiones
actuales y agendas de investigación | Camilo Andrés Colorado Yepes

De igual manera, cabe discutir la posible relación entre la iconografía de la


cerámica y el estatus de los difuntos. En las sociedades cacicales, la apropiación
de ciertos símbolos plasmados en la materialidad constituyó una estrategia de las
élites orientada a la naturalización de las relaciones jerárquicas 21. En los acervos
arqueológicos de las cuencas de los ríos Fonce y Suárez resaltan las vasijas deco-
radas con motivos figurativos, incluyendo modelados antropomorfos con perso-
najes estilizados. Se ha registrado el hallazgo de artefactos similares en los centros
políticos del altiplano cundiboyacense, interpretados como representaciones de
individuos de alto rango22. Siendo así, resulta pertinente evaluar los factores que
determinaron el acceso a dichas piezas.

Figura 2-3. Múcuras antropomorfas del tipo rojo sobre naranja

Fuente: Elaboración propia.

Lamentablemente, no se han adelantado investigaciones que permitan


evaluar la relación entre el consumo de alfarería y la diferenciación social. Esto
se debe a que la mayoría de los cementerios han sido intervenidos por huaqueros,
y existe poca información sobre el contexto de hallazgo de las piezas completas 23.
No obstante, los años recientes han estado marcados por el desarrollo de proyectos

21 Elizabeth DeMarrais et al., “Ideology, materialization, and power strategies”, en Current Anthropology,
vol. 37, n.º 1 (1996): 18.
22 Ana Boada, The Evolution of social hierarchy in a muisca chiefdom of the northern Andes of Colombia
(Pittsburgh: University of Pittsburgh, 2007), 35.
23 El saqueo intensivo de los yacimientos arqueológicos constituyó una práctica generalizada en la
región desde la segunda mitad del siglo XX. Esto se refleja en la presencia de cientos de piezas des-
contextualizadas en colecciones privadas y museos locales, procedentes del sur de Santander.

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Cultura, historia y arqueología en la Provincia de Guanentá.
Reflexiones e investigaciones recientes en torno a nuestro pasado en el marco
del programa de arqueología preventiva implementado en el proyecto Variante San Gil

de salvamento que han permitido el descubrimiento de nuevos yacimientos y la


recuperación de grandes cantidades de cerámica asociada con espacios domés-
ticos. Se espera que los datos obtenidos tras estos trabajos arrojen nuevas luces
sobre la variabilidad de los materiales y nutran la discusión en cuanto al acceso
diferencial a dichos bienes en una escala local.

Cerámica y procesos de interacción regional


Dada su ubicación geográfica, el sur de Santander constituye un espacio pri-
vilegiado para el análisis de los procesos de interacción experimentados por
las sociedades prehispánicas. Esta área puede ser conceptualizada como una
interfaz, marcada por el contacto entre los habitantes de distintas porciones
del territorio andino. Las relaciones entre dichos grupos se expresan de dos
maneras. Por un lado se encuentra la difusión de prácticas culturales y esque-
mas simbólicos y, por otro, aparece el intercambio físico de bienes y materias
primas a través de redes mercantiles.
Ambas formas de interacción han sido analizadas en el marco de estudios
arqueológicos y etnohistóricos. Los primeros ejercicios descriptivos sobre las
muestras de alfarería de Santander reportaron el hallazgo de claras similitudes
entre las cerámicas de esta zona y las piezas halladas en el altiplano cundiboya-
cense24. Décadas más tarde, tras el análisis de los atributos morfodecorativos de
estas vasijas y las recuperadas en el occidente de Boyacá, se planteó la difusión
de un horizonte iconográfico común que abarcó ambos territorios. Este fue desig-
nado con la categoría de estilo naranja, el cual sería diagnóstico del poblamiento
tardío25. La comparación sistemática de la alfarería ha permitido identificar que
la producción de estos objetos fue particularmente significativa en las cuencas de
los ríos Fonce y Suárez, en detrimento de otras locaciones. Es posible teorizar que
la incorporación de símbolos foráneos en los objetos de Santander obedeció a su
asociación con centros cacicales de la altiplanicie, cuyo prestigio fue reconocido
a lo largo de la región. No obstante, hace falta mayor información empírica que
permita confirmar esta hipótesis.
La existencia de atributos materiales compartidos también puede apreciarse
en otros espacios como la cordillera de Los Cobardes y sus valles circundantes.

24 Ana Falchetti, Arqueología de Sutamarchán (Bogotá: Biblioteca del Banco Popular, 1975), 171.
25 Ana Boada et al., “La arqueología: cultivo de fragmentos cerámicos. Debate sobre la clasificación
cerámica del Altiplano Cundiboyacense”, en Revista de Antropología, vol. 4, n.o 2 (1988): 179.

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2. El estudio de la alfarería prehispánica en el sur de Santander, Colombia: discusiones
actuales y agendas de investigación | Camilo Andrés Colorado Yepes

Investigaciones llevadas a cabo en el municipio de Landázuri han reportado el con-


tacto entre los complejos culturales del valle del Magdalena y el sur de Santander,
con base en la confluencia de cerámicas cuyas tipologías están asociadas a estas
dos zonas. El arqueólogo Roberto Lleras planteó que aquel escenario obedeció a
la presencia de colonias biétnicas, encabezadas por grupos de “filiación guane”,
que habrían sometido a las comunidades de tierras bajas y con un menor nivel de
desarrollo sociocultural26. Sin embargo, esta hipótesis ha resultado provisional y
aún se desconocen múltiples aspectos sobre las pautas de interacción entre los
habitantes de dichas regiones.
La similitud y confluencia entre la alfarería del sur de Santander y sus áreas
circundantes es un fenómeno reportado de manera frecuente. En el municipio
de Florián, situado en la cuenca del río Minero, se ha notificado la presencia de
materiales del tipo desgrasante gris, propio del altiplano, localizado junto a piezas
del tipo rojo sobre naranja. Así mismo, en los valles de Duitama y Sogamoso se ha
registrado la producción de ollas con pasta marrón, borde evertido y asa doble,
cuya decoración por presionado recuerda las vasijas del tipo carmelito burdo 27.
Estas evidencias dan cuenta de relaciones complejas entre los pobladores de
distintas regiones, cuya dinámica interna sigue sin ser esclarecida.
Respecto al conocimiento sobre las pautas de intercambio, los antece-
dentes han enfatizado la existencia de redes que permitían el flujo de bienes
entre las poblaciones del sur de Santander y el altiplano cundiboyacense28.
El trueque se fundamentaba en la distribución de fibras vegetales, maíz, sal y
textiles de algodón, tal como lo testifican los documentos históricos del siglo
XVI. La persistencia de estas dinámicas en la época prehispánica se pone de
manifiesto en la presencia de alfarería importada en los contextos arqueoló-
gicos de estas dos regiones.
Al consultar los acervos arqueológicos de los municipios de Charalá, Oiba
y Suaita se observa la presencia de vasijas del tipo valle de Tenza gris, elaboradas en
la porción oriental del actual departamento de Boyacá29. Estos artefactos fueron

26 Roberto Lleras, “Un conjunto orfebre asociado a cerámica guane”, en Revista Colombiana de Antropo-
logía, vol. 26, n.o 1 (1986): 80.
27 Sonia Archila, Investigación arqueológica en el noroccidente de Boyacá (tesis de pregrado, Universidad de
los Andes, 1986), 82-98.
28 Carl Langebaek, Mercados, poblamiento e integración étnica entre los muiscas. Siglo XVI (Bogotá: Banco
de la República, 1987), 97.
29 De igual forma, Donald Sutherland reporta el hallazgo de este tipo de piezas en colecciones privadas
del municipio de San Gil. Dicho material fue registrado en una serie de fotografías que actualmente
constituyen el acervo bibliográfico del Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH).

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Cultura, historia y arqueología en la Provincia de Guanentá.
Reflexiones e investigaciones recientes en torno a nuestro pasado en el marco
del programa de arqueología preventiva implementado en el proyecto Variante San Gil

importados por distintas comunidades del territorio andino, llegando a ser halladas
hasta la vertiente del Magdalena y el extremo meridional de la sabana de Bogotá30.
Debido a esto, se teoriza que constituyeron un bien conspicuo, regularmente
apetecido por los nativos de la cordillera.

Figura 2-4. Copas importadas halladas en la cuenca del río Suárez

Fuente: Elaboración propia.

De igual manera, se ha documentado el hallazgo de cerámicas producidas


en el sur de Santander en contextos arqueológicos del altiplano cundiboyacense.
En la porción septentrional del departamento de Boyacá los pobladores locales
han recuperado artefactos del tipo rojo sobre naranja31, mientras que en el valle de
Tunja se han descubierto copas clasificadas como rojo sobre amarillo, que reposan
en el museo arqueológico de la Universidad Tecnológica y Pedagógica de Colombia.
En síntesis, la alfarería refleja la existencia de estrechos vínculos entre
los nativos, que suscitaban la adquisición de bienes foráneos. Parte de las vasijas
intercambiadas eran empleadas en la ejecución de rituales funerarios, lo cual se
evidencia en su estado de completitud y su asociación a depósitos mortuorios.
Lo anterior permite interpretar que el intercambio entre los grupos pudo estar
atravesado por lógicas simbólicas complejas, y que impactó de forma directa los
sistemas ideológicos, políticos y económicos. Sin embargo, es necesario adelantar
mayores esfuerzos que permitan dilucidar la repercusión de dichas prácticas en
la configuración de las instituciones sociales.

30 Juanita Sáenz. “La alfarería como determinante de la identidad en el bajo valle de Tenza”, en Boletín
Museo del Oro, vol. 28, n.o 1 (1996): 158.
31 Archila, Investigación…, 102.

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2. El estudio de la alfarería prehispánica en el sur de Santander, Colombia: discusiones
actuales y agendas de investigación | Camilo Andrés Colorado Yepes

Reflexiones finales
Tras poco menos de un siglo de investigación interrumpida, la arqueología de
Santander ha logrado avances considerables en torno a la descripción de los
objetos, la construcción de tipologías, y el esclarecimiento de las secuencias de
ocupación en distintas porciones del territorio. La acumulación progresiva de los
datos obtenidos tras la intervención de sitios puntuales ha permitido esbozar el
panorama general del poblamiento prehispánico, así como las relaciones entre
los materiales de esta zona y los documentados a lo largo de los Andes orientales.
En términos interpretativos, gran parte de los trabajos se han enfocado en asumir
los acervos artefactuales como diacríticos de la “etnia guane”, y explorar su dis-
tribución en términos cronológicos y espaciales.
La variabilidad del registro arqueológico evidencia una gran diversidad
dentro del área tradicionalmente conceptualizada como parte del “territorio guane”.
Las poblaciones asentadas en cada valle experimentaron dinámicas particulares,
lo que pone en cuestión la idea de un espacio cultural homogéneo. La cerámica
refleja la existencia de dos complejos diferenciados, que abarcaron distintos
marcos espaciotemporales. Esta línea de evidencia resulta útil al momento de
explorar los desarrollos locales, pues permite distinguir regiones ocupadas por
comunidades con determinadas prácticas productivas, marcos simbólicos y acer-
vos iconográficos. La porción meridional del actual departamento Santander, por
ejemplo, se caracterizó por la presencia de grupos con una alfarería “diagnóstica”,
y una trayectoria histórica propia que difiere de la de los grupos asentados hacia
el macizo y la Mesa de los Santos.
Hoy en día persisten múltiples incógnitas sobre las particularidades
sociopolíticas, económicas y culturales de los grupos asentados en esta por-
ción del territorio, y sus cambios a través del tiempo. Es así como, si bien es
necesario continuar con el refinamiento de las clasificaciones tipológicas y
la definición de las secuencias culturales, también resulta pertinente incre-
mentar los estudios explicativos y trascender los esquemas tradicionales de
corte esencialista.
Tal como se desarrolló a lo largo del capítulo, la alfarería constituye un
vestigio abundante, susceptible de ser empleado en el estudio de la organización
social prehispánica. Existen instituciones culturales que albergan cientos de
piezas asociadas a los municipios del sur de Santander y sus áreas circundantes.
Es pertinente estimular el desarrollo de nuevas investigaciones sobre dichas
colecciones, con el propósito de construir modelos interpretativos sobre el

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Cultura, historia y arqueología en la Provincia de Guanentá.
Reflexiones e investigaciones recientes en torno a nuestro pasado en el marco
del programa de arqueología preventiva implementado en el proyecto Variante San Gil

funcionamiento de las estructuras existentes en la región en los siglos previos


al contacto con los europeos.
Las agendas de investigación propuestas en este texto sólo constituyen
un ejemplo de la multiplicidad de tópicos susceptibles de ser analizados a través
de la alfarería. La arqueología del territorio santandereano continúa en un estado
relativamente incipiente, en contraste con otras áreas, incluyendo espacios adya-
centes como el altiplano cundiboyacense. Debido a esto es necesario incorporar
innovaciones teórico-metodológicas en el estudio de la cerámica, y adelantar
proyectos que permitan explorar la variabilidad del material desde distintas es-
calas. Se espera que las reflexiones propuestas contribuyan a la discusión de los
modelos tradicionales, y motiven a los investigadores a generar nuevas hipótesis
sobre la organización social de los indígenas.

Agradecimientos
Extiendo mis agradecimientos al diseñador Rubén Darío Colorado por la produc-
ción del material gráfico empleado en el capítulo. De igual manera, al equipo de
arqueología de Concay S. A. por su invitación a participar en este libro.

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2. El estudio de la alfarería prehispánica en el sur de Santander, Colombia: discusiones
actuales y agendas de investigación | Camilo Andrés Colorado Yepes

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Cultura, historia y arqueología en la Provincia de Guanentá.
Reflexiones e investigaciones recientes en torno a nuestro pasado en el marco
del programa de arqueología preventiva implementado en el proyecto Variante San Gil

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3. Campesinas, bandoleros y
turistas. Memorias e historia
reciente del sur de Santander

Margarita María Durán Urrea


Antropóloga y magíster en Antropología
Universidad Nacional de Colombia

Resumen
Quiero contar aquí una historia sobre Santander. Una
historia sobre personas que no suelen aparecer en los
libros de Historia, como las mujeres y los pobres, y hecha
por personas que no son destacadas en las academias de
Historia, como investigadoras jóvenes, profesores uni-
versitarios de región y estudiantes. Para que sea justo, los
pongo a hablar con los que sí aparecen en los libros de
Historia –los hombres, los guerreros, los políticos–, y con
los académicos consagrados.
Así, este cuento habla de las vidas de las personas en
el sur de Santander en los últimos setenta años, y reflexiona
sobre cómo se conectan las violencias con las memorias, las
cooperativas con el turismo y las mujeres con la conservación
de la vida. Creo que solamente al conocer de manera amplia
las diferentes memorias e historias de nuestra región podre-
mos construir identidades que resuenen verdaderamente
con nuestro pasado y nuestras apuestas de futuro, en un
presente que nos reclama como destino turístico y como eje
del desarrollo sostenible, alternativo y comunitario.

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Cultura, historia y arqueología en la Provincia de Guanentá.
Reflexiones e investigaciones recientes en torno a nuestro pasado en el marco
del programa de arqueología preventiva implementado en el proyecto Variante San Gil

Introducción
Santander no tiene una sola historia, un mismo tipo de pobladores, o un pasado
estático. Mucho se ha hablado de los comuneros, los indígenas, los inmigrantes
alemanes y los españoles, y el papel que tuvieron en la configuración del ahora.
Menos, en cambio, de las mujeres, los campesinos, los emigrados y los turistas.
Hemos escrito bastante sobre herencia ancestral y vocación libertaria, y poco,
en cambio, sobre cooperativas campesinas y procesos de redistribución de
tierras. Y sin embargo, todas estas personas y sus historias se entrelazan para
tejer el entramado de lo que ha sido nuestro territorio, para formar las figuras
que reconocemos como presente. Este artículo lleva la mirada hacia estas his-
torias menos contadas, pero no por eso menos vividas, que están en nuestros
recuerdos y en los andares de nuestras madres y padres, abuelos y abuelas, y
en los nuestros propios. Cuenta otra historia, otras historias, que se tejen entre
nuestros sueños, que reconocen y humanizan a personas de las que no hablamos
y que nos ayudan a recuperar una dignidad a veces rota.

El pueblo vive del campo: el sur de Santander


Este cuento comienza en una región que conocemos como el sur de Santander.
De los seis estados federales originales que tuvo la Nueva Granada, uno de
ellos, Santander, se transformó en departamento y luego se dividió en dos:
Norte de Santander y Santander. El departamento, situado en la zona andina
oriental de Colombia, tiene varias regiones muy marcadas por sus rasgos
geográficos: desde las zonas ribereñas del Magdalena, cálidas, tropicales y
con fuerte influencia de la vida de río y de la extracción petrolera, hasta las
zonas del norte del departamento, que tienen nexos con Venezuela y zonas de
páramos, pasando por las zonas del sur o el “sur de Santander”, montañosas,
de clima templado y cercanas a Boyacá. Cada una de estas regiones ha tenido
historias propias, marcadas por su geografía y su economía, por las formas
culturales de adaptarse al territorio y por las relaciones con sus vecinos (cfr.
Centro de Estudios Regionales 2003).
El territorio que ahora es Santander empezó a tomar su forma dentro de
la expansión colonizadora española. Los españoles iniciaron su presencia en el
territorio nacional ocupando primero las zonas de puerto, como Cartagena y
las islas, y luego las zonas en donde había gran presencia indígena y, por tanto,
mano de obra que formalmente era ‘sierva de la Corona’ y, en la práctica, era

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3. Campesinas, bandoleros y turistas. Memorias e historia reciente
del sur de Santander | Margarita María Durán Urrea

objeto de privaciones y sometimiento, como la sabana de Bogotá en el centro


del país. A medida que la colonización se expandió en búsqueda de más recursos
para extraer, mano de obra para controlar y terrenos para dominar, los españoles
colonizadores y sus desdendientes fueron adentrándose en todas direcciones
dentro del territorio. Quienes tomaron hacia el noroccidente encontraron te-
rrenos montañosos, lluviosos y fértiles, con selva y bosque nativos y terrenos
difíciles de controlar, pero con abundantes posibilidades, sobre todo, agrícolas
(Salazar 2009; Guzmán, 1987).
La forma de ocupar estos terrenos fue la colonización, por medio de fami-
lias que avanzaban, literalmente, arrebatando terrenos al monte, donde el trabajo
de hombre, mujer y muchos hijos fue necesario para domesticar paulatinamente
estos terrenos, en un ambiente cargado por un fuerte sentido de honor, valores
patriarcales y duro trabajo (Gutiérrez 1992).
Santander fue colonizado por españoles pobres; por esta razón, las tierras
se distribuyeron sobre todo en pequeñas parcelas que trabajaba cada familia, de
una manera más igualitaria, y no tanto en grandes haciendas como el Valle del
Cauca (Kalmanovitz y López 2007). Los poblados se fundaron como puntos de
encuentro y comercio, de fiestas religiosas y populares, y de educación para los
hijos en los colegios del pueblo. Las familias tenían finca como actividad econó-
mica y casa en el pueblo; sus recursos provenían de las tierras que trabajaban, y
esta forma económica en la que los pueblos viven del campo se mantuvo durante
todo el siglo XIX y XX, e incluso hoy los planes de desarrollo de los municipios
de la región señalan el renglón agrícola como uno de los más importantes en la
economía departamental y en los ingresos y fuente de sustento de los municipios,
pues por lo menos la mitad de las personas que viven en Santander obtienen
sus ingresos del campo (cf. Gobernación de Santander 2020, Alcaldía de Vélez
2020, Alcaldía del Socorro 2020, Alcaldía de San Gil 2020, Alcaldía de Barichara
2020, Alcaldía de Pinchote 2020, entre otros).
El sur de Santander engloba las provincias de Vélez, Comunera y Gua-
nentá, que reúnen 47 municipios y dos diócesis: de Socorro y San Gil; los
municipios de San Gil, Socorro, Pinchote, Barichara, Vélez, Oiba y Curití hasta
la frontera con Boyacá (Palacios 2013). En el siglo XIX, esta región fascinó al
explorador Manuel Ancízar, que viajaba por todos los pueblos de Colombia
acompañando a la Comisión Corográfica como un etnógrafo de ocasión, un
periodista que escribió retratos de la vida y costumbres de las diferentes zonas
del país que estaba naciendo.

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Cultura, historia y arqueología en la Provincia de Guanentá.
Reflexiones e investigaciones recientes en torno a nuestro pasado en el marco
del programa de arqueología preventiva implementado en el proyecto Variante San Gil

Fotografías 3-1 y 3-2. Imágenes de pobladores campesinos de Santander

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3. Campesinas, bandoleros y turistas. Memorias e historia reciente
del sur de Santander | Margarita María Durán Urrea

Fuente: Carmelo Fernández. Láminas de la Comisión Corográfica, 1850-1851.


Fondo digital de la Biblioteca Nacional de Colombia.

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Cultura, historia y arqueología en la Provincia de Guanentá.
Reflexiones e investigaciones recientes en torno a nuestro pasado en el marco
del programa de arqueología preventiva implementado en el proyecto Variante San Gil

En La peregrinación de Alpha (1956), Manuel Ancízar escribió abundantes des-


cripciones sobre el sur de Santander como una región campesina basada en el cultivo
del campo, que había logrado gran prosperidad gracias al trabajo disciplinado y otras
dinámicas como la buena convivencia y la educación pública, descripciones que se
acompañan de las ilustraciones que realizó Carmelo Fernández para la Comisión
Corográfica, y que proporcionan una ventana al pasado en la región y destacan sus
virtudes sociales, así como las frases socarronas, los bailes populares, el carácter go-
cetas y la alegría que acompañaba esta vida campesina (Figuras 3-1 y 3-2, Vallejo 2021).
Las redes de caminos indígenas, coloniales y republicanos conectaron entre
sí a los poblados a uno y otro lado de la montaña, creando redes de comercio y de
intercambio entre los pueblos (Figura 3-3, Gómez et al. 2022) y una economía que
Ancízar describió como fundamentalmente agrícola, con potencial libertario y pujante.

Fotografía 3-3. Taravita para cruzar el río Saravita, hoy Suárez,


a la altura de Simacota

Fuente: Carmelo Fernández. Láminas de la Comisión Corográfica, 1850-1851.


Fondo digital de la Biblioteca Nacional de Colombia.

En menos de cien años desde los escritos de Ancízar, la vida de esta región
y sus habitantes daría un vuelco. Si en los inicios de la república de Colombia, allá
por 1850, el sur de Santander era una región alegre y con un destino prometedor en

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3. Campesinas, bandoleros y turistas. Memorias e historia reciente
del sur de Santander | Margarita María Durán Urrea

el desarrollo del país, un siglo más tarde se avecinaba para ella un capítulo álgido
y atemorizante: la tristemente famosa época de La Violencia.

Bandoleros, liberales, gamonales y campesinas


Colombia, nuestra república, comenzó el siglo XX en un estado de agitación social.
En las ciudades, una emergente clase obrera se unía a las tendencias mundiales
y reclamaba al Estado mejores derechos laborales para los trabajadores, así
como mejores condiciones de vida. Las fuerzas políticas, liberales y conser-
vadoras, también se disputaban el control del país. En las zonas de provincia,
los hacendados y gamonales controlaban a sus trabajadores y a las regiones de
su área de influencia y dirigían los votos hacia uno u otro partido. La Iglesia
Católica, fuertemente enraizada en las provincias, propugnaba desde el siglo
anterior por una hegemonía conservadora que era afín a su participación en
el Estado. Mientras tanto, las bases sociales reclamaban un liderazgo que re-
presentara sus intereses de equidad, que primero estuvo en cabeza del Partido
Comunista, y luego, a lo largo de doce años, se fue consolidando en la cabeza
del hombre del billete de mil pesos: el caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán, un
líder popular cuya voz reivindicaba los reclamos de las inconformes poblaciones
obreras y campesinas (Sánchez y Merteens 1983).
En ese momento el sur de Santander era una región de tradición y do-
minancia liberal. El voto, que hasta 1936 había sido un derecho exclusivo de
los hombres mayores de 21 años, con propiedades y que supieran leer y escri-
bir, y desde ese año se había convertido en un derecho de todos los hombres
mayores de edad, era predominantemente liberal en todos los pueblos del sur
de Santander, exceptuando el municipio del Socorro, que era casi hegemónica-
mente conservador. Sin embargo, esto no significaba que solamente existieran
votantes liberales. Por ejemplo, en Barichara, las fuerzas conservadoras eran los
campesinos, muchas veces respondiendo al mandato de patrones y sacerdotes,
que desde el siglo anterior impulsaban un regreso al poder de la hegemonía
conservadora (Ortiz 2004, León 2015).
La afiliación a uno u otro partido, más que un asunto de ideología política,
era para la mayor parte de las personas una consecuencia natural de la familia de
nacimiento, de la creencia religiosa y del patrón de turno. Sacerdotes y patrones o
gamonales, que controlaban a la vez las fincas y las fuerzas en las regiones donde
estaban presentes, exacerbaban las tensiones, que fueron creciendo desde los

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Cultura, historia y arqueología en la Provincia de Guanentá.
Reflexiones e investigaciones recientes en torno a nuestro pasado en el marco
del programa de arqueología preventiva implementado en el proyecto Variante San Gil

años treinta y acumulándose en humillaciones a los campesinos al bajar al pueblo,


en violencias en las calles y en peleas de domingo (Sánchez y Merteens 1983).
En ese contexto, y cuando parecía que en su segunda candidatura, Gaitán
sería el presidente que traería el cambio social prometido, fue asesinado en público,
en Bogotá, el 9 de abril de 1948. El crimen, tramado desde las élites conservadoras,
estuvo aparejado con la expansión de una nueva fuerza policial: los Chulavitas,
oficiales entrenados de la vereda Chulavita, ubicada en Boavita, en el corazón de
Boyacá, que eran afines a las ideas y liderazgos conservadores y que persiguieron
y aterrorizaron a quienes identificaran o se manifestaran como liberales. Desde
los púlpitos, los curas aseguraron que ‘matar liberales no era pecado’. Muchos
gamonales de provincia promovieron, alentando a las personas que se llamaban
conservadoras, el ataque en bandada a las poblaciones y las casas de viviendas
de las personas conocidas como liberales, mientras que, en respuesta, también
corrían en las noches grupos de personas devolviendo ataques a los conservado-
res (Sánchez y Merteens 1983). En el sur de Santander, las élites económicas y los
políticos liberales de provincia fueron amenazados de muerte y huyeron hacia
Bogotá, Bucaramanga y la costa, bajo la prohibición de volver, y fueron asesinados
cuando no escucharon las amenazas. Al huir, dejaron atrás fincas y comercios,
perdidos o vendidos a menor precio, así como casas cerradas en los campos y en
los pueblos, propiedades que rápidamente fueron ocupadas por otras personas
de filiación conservadora, que se convirtieron en la nueva élite local (León 2015).

Fotografía 3-4. En la mira de La Violencia

Fuente: Fotograma del documental “Paz Anónima ”, sobre Villanueva (Santander).


Fundación Ojo de Agua.

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3. Campesinas, bandoleros y turistas. Memorias e historia reciente
del sur de Santander | Margarita María Durán Urrea

A las bandadas que pasaban en las noches por las calles les llamaban la Chusma,
una fuerza oscura que podía atacar cualquier casa habitada –pues no se sabía cuándo
esa horda era conservadora y cuando liberal–, así que las mujeres trancaban las casas
por las noches, apagaban las luces, acostaban a los niños e incluso amarraban los
picos de las gallinas para asegurar el silencio. Algunos hombres huyeron, otros se
escondieron y otros fueron asesinados (Figura 3-4). Familias, religiosos y contactos
ayudaron a escapar a personas de uno y otro partido –sin importar mucho el partido
de ellos mismos o el de los ayudados–, pues en última instancia era la vida de per-
sonas cercanas la que estaba en juego. Muchas familias campesinas perdieron sus
tierras y tuvieron que irse al pueblo a buscarse la vida, pues el campo se había vuelto
peligroso; muchas otras familias que vivían en el pueblo tuvieron que irse para las
ciudades a empezar de cero, donde también fueron segregadas y despreciadas por
los citadinos cuando eran pobres, mientras que lograban reorganizarse económica
y socialmente, en el caso de las más pudientes (León 2015; Durán 2019).
1948 fue un año de terror, seguido por un período de inestabilidad política y
una dictadura militar en cabeza de Gustavo Rojas Pinilla. Para las siguientes elecciones
presidenciales que se celebraron en 1958 –una vez finalizada la dictadura y aprobado
el sufragio universal– el voto había cambiado completamente: el sur de Santander
había sido ganado como territorio conservador; todas las alcaldías de ese año y los
siguientes fueron al Partido Conservador (León 2015; Pimiento 2019). El costo de este
giro político fue “La guerra de los colores”, una herida que permanece en las relacio-
nes sociales por la cual las personas, conocidas o desconocidas, vecinas y extrañas,
parientes o ajenas, se mataron entre ellas porque una era ‘roja’ y la otra era ‘azul’.
También fue la fractura de muchas relaciones sociales, el truncamiento de
empresas, el abandono de cultivos, el aislamiento de los pueblos temidos como vio-
lentos, la expulsión de las gentes, el rencor enquistado entre familias por sus muertos,
y un nuevo clima, “la otra violencia”, que se extendió por los campos expulsando
a las gentes de sus tierras, amenazándolas de muerte por ser de uno u otro partido,
pero con el propósito real de despojarlas y de ganar más tierras para los amenazantes
(Durán 2019). Pueblos como Barichara, Cabrera, Galán, El Hato, El Palmar y Simacota
sufrieron por décadas estas violencias, que solo amainaron hacia la década de los
noventa, y que en algunos lugares aún persisten, se combinaron o fueron reempla-
zadas por la violencia armada paramilitar y guerrillera (Observatorio de Paz 2020).
Como en la clásica serie El Zorro, los pueblos fueron quedándose aislados y
se disputaban en sus calles solitarias peleas a tiros, así como muertes a puñaladas
los domingos después de misa, entre personas con cuentas pendientes. Como en

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Cultura, historia y arqueología en la Provincia de Guanentá.
Reflexiones e investigaciones recientes en torno a nuestro pasado en el marco
del programa de arqueología preventiva implementado en el proyecto Variante San Gil

El Zorro, surgieron en los campos figuras míticas, los bandoleros, que lucharon a
bala y a capa y espada para no dejarse expulsar por esta otra violencia que venía
por sus tierras. En la vida real, estos bandoleros, orillados desesperadamente a la
guerra como último recurso para buscar la paz, murieron acorralados o traicionados,
luego de entregarse y de hacer acuerdos de paz con el Estado, pues la máquina de
avaricia que impulsaba esta “otra violencia” siempre tuvo el respaldo de los poderes
locales y nacionales, que se consolidaron primero en la dictadura de Gustavo Rojas
Pinilla, y luego en la designación de militares como alcaldes durante más de veinte
años por parte de los gobernadores, para restaurar “el orden” y pintar de blanco
los antes coloridos pueblos (Sánchez y Merteens 1983; Moreno 2014; Durán 2019).
Estas violencias, además, se nutrieron del silencio con el que fueron trata-
das, pues “la otra violencia” no fue nunca juzgada ni reparada, ni siquiera cubierta
por los medios de comunicación nacionales o locales, a pesar de que las personas
la denunciaron y la sufrieron en carne propia por décadas. Años más tarde, las
personas en Santander aún no han hablado de los conflictos, de las violencias, en
una marca que podríamos resumir con la cotidiana expresión “de eso no puede
hablarse” (Hernández y Moreno 2020; Durán 2019).
Como una horda, La Violencia y “la otra violencia” pasaron durante décadas
dejando solas las calles, despoblados los campos, empobrecidos los pueblos. Ya la gente
no empezó a irse por miedo, sino por hambre a buscar trabajo en las capitales. Las viejas
casas de tapia y las calles empedradas resistieron, pues no había dinero para tumbarlas
y construir nuevas y modernas casas “de material”, ni para pavimentar (Figura 3-5).

Fotografía 3-5. Un pueblo desolado

Fuente: Fotoplata. Barichara en la década de 1960 o 1970. Imagen capturada y editada de la


impresión original que reposa en la Casa de la Cultura de Barichara.

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3. Campesinas, bandoleros y turistas. Memorias e historia reciente
del sur de Santander | Margarita María Durán Urrea

También resistieron las mujeres, quienes no se amenazaban ni mata-


ban como los hombres, salvo en raras excepciones, y en cambio sostenían la
vida, criaban los hijos, aconsejaban a los maridos y estiraban los pesos. En
una coincidencia cuando menos simbólica, varias mujeres de la edad que hoy
tendrían mis abuelas, me contaron la misma historia: una noche de La Vio-
lencia, salir a hurtadillas de la casa en el campo antes de que las atacara una
horda, y refugiarse al pie de un árbol bajo la noche estrellada, sosteniendo una
niña de brazos y viendo arder el mundo, aguardando en silencio a que pasara
la guerra, con la angustia de la muerte y al mismo tiempo con la esperanza de
que amaneciera para poder volver a empezar.

Juntas frente a la pobreza: asociaciones y cooperativas campesinas


en el sur de Santander

Fotografía 3-6. Familia tabacalera

Fuente: Fondo SEPAS. Biblioteca Nacional de Colombia.

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Cultura, historia y arqueología en la Provincia de Guanentá.
Reflexiones e investigaciones recientes en torno a nuestro pasado en el marco
del programa de arqueología preventiva implementado en el proyecto Variante San Gil

Para el sur de Santander, las décadas que siguieron al estallido de 1949


fueron de decrecimiento económico, así como de pérdida de poder e influencia
en el panorama político nacional (Palacios 2013). Muchas personas se habían ido
del campo, y siguieron yéndose durante los sesenta, los setenta, los ochenta y
los noventa, especialmente los hombres y los jóvenes, en muchos casos a buscar
trabajo y oportunidades a la costa y a la capital, pues en el campo “no se veía el
dinero”. Los productos que habían sido muy valiosos, como el tabaco, estaban de
capa caída en el mercado mundial porque las campañas en contra del cigarrillo
bajaban los precios y cerraban los mercados. Mientras tanto, el fique para hilar
sacos perdía compradores, a la vez que se abarataban las bolsas de plástico y los
sacos de polipropileno (Durán 2019, Zambrano, 2000; Salcedo, 2000).
Entre tanto, la vida campesina se recomponía en los lugares donde era
posible. Algunos sacerdotes formados en Roma en la Teología de la Liberación,
volvieron a la región con la idea de que la Iglesia debía tener un compromiso social
con los más necesitados para cumplir con la palabra de Jesús. La Pastoral Social
llevaba las misas y comuniones a las veredas, pero también organizaba celebra-
ciones comunales, disponía de espacios educativos y de formación, promovía la
convivencia y la armonización de las relaciones sociales (Palacios 2013; Bucheli
2001, 2006). Así lo relató Germán, contándome dónde y cómo había conocido a
su esposa Ada, allá por los años sesenta, en su adolescencia:

Eso fue en la época de las misiones, las organizaban unos padres, y lo que
hacían era que iban a visitar los hogares, entonces la gente arreglaba la casa
y la ponía bonita porque llegaba la misión. Y también se reunían en una
hacienda, que todavía existe, y hacían misas, a las 5 de la tarde y hasta la
noche. Era algo para la niñez, la juventud. Las misiones duraban ocho días,
así, y eran algo muy bonito. (Entrevista 13 en Durán, 2019)

Como un bálsamo, estas celebraciones ayudaron a aquietar la convivencia


luego del terror vivido. También fueron la puerta de entrada a una nueva idea: la
del cooperativismo. Era básicamente la idea de que las personas podían agrupar-
se para resolver los problemas que tenían en el nivel local, y que si todos tenían
poquitos recursos, uniéndolos podrían juntar un recurso mayor que ayudara a
solucionar las necesidades de todos.
En el contexto de necesidad y de pobreza que sufrían tanto los campos
como los pueblos, el cooperativismo se convirtió cada vez más en la opción para

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3. Campesinas, bandoleros y turistas. Memorias e historia reciente
del sur de Santander | Margarita María Durán Urrea

resolver pequeños problemas cotidianos que hacían posible seguir marchando:


juntar manos para trabajar construyendo un aljibe en Barichara, arreglar una
vía en Villanueva, o construir un acueducto en Baraya; trabajar en grupo, con
donaciones de los más pudientes y recaudando recursos en fiestas y bazares
para pintar las paredes y comprar los pupitres del colegio Avelina Moreno, del
Socorro; construir, con el trabajo de los mismos propietarios, un barrio de inte-
rés social, Las Colinas, en la periferia del pueblo para familias que se valían del
trabajo de sus manos, y juntar pequeños “aportes” monetarios de personas que
se asociaban para crear cooperativas de ahorro y crédito –Coomulseb, Coomul-
desa, Servimcop, una por cada pueblo– que les prestaba sin fiadores y con bajo
interés (Figura 6, cfr. Coomulseb 2003, 2005, 2012).

Fotografía 3-7. Movilización campesina en la iglesia de Barichara

Fuente: Fondo SEPAS. Biblioteca Nacional de Colombia.

Esta forma de actuar se extendió por la región de una manera que es ex-
cepcional y un caso de estudio en el mundo. Tuvo aciertos y desaciertos, casos
de éxito y también de corrupción de líderes, y su huella es persistente y recorre
el ancho y largo del territorio. Estas iniciativas asociativas, comunitarias y coo-
perativas se encargaron de subsanar muchos de los vacíos que en ese momento
el Estado no estaba cubriendo: la realización de obras públicas indispensables
como los embalses de agua y los acueductos veredales, que han configurado
una red regional; la pavimentación de vías y el arreglo de parques y espacios de
entretenimiento; la construcción y el mejoramiento de escuelas e instituciones
educativas (Bucheli 2006).

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Cultura, historia y arqueología en la Provincia de Guanentá.
Reflexiones e investigaciones recientes en torno a nuestro pasado en el marco
del programa de arqueología preventiva implementado en el proyecto Variante San Gil

También hicieron viable la economía, pues configuraron una red de coo-


perativas de préstamo y ahorro, una por cada municipio del sur de Santander, que
prestan dinero a sus asociados a bajo interés y dan beneficios como kits escolares,
artículos de hogar para los afiliados, a la vez que patrocinan iniciativas locales, y
que se agruparon bajo el amparo de Coomultrasan, y desde el apoyo y el liderazgo
del Secretariado Diocesano de la Pastoral Social, o como es comúnmente conocido
en la región, SEPAS.
Para la zona campesina, estos préstamos –sin fiador, con la cédula, de
confianza– permitieron “echar” pequeños cultivos de las cosas que aún seguían
siendo rentables. Para la zona urbana, se usaron para iniciar pequeños negocios,
hacer arreglos a las viviendas, en fin, satisfacer pequeñas demandas allí donde la
red bancaria hubiera sido inaccesible por sus altas tasas y por los requisitos que
la gente de un pueblo empobrecido no podía cumplir (Coque 2012, Durán 2019).
Más allá de esto, durante este período, en el sur de Santander emergió un
nuevo escenario, presionado por la necesidad económica y la decadencia de los
productos del campo, que por el poco apoyo del Estado, la violencia, la falta de
manos para trabajar y la pobreza, no lograban competir en el mercado local ni
mundial: el movimiento campesino del Sur de Santander.
En un proceso sin precedentes en la región, pobladores campesinos de
varias provincias empezaron a juntarse en reuniones llamadas Congresos Campe-
sinos, para diagnosticar las problemáticas y las necesidades de su sector y buscar
soluciones apoyados en su propia capacidad, de la Iglesia, del Estado, en los
pocos casos en que lo permitía, y de actores privados (Figura 3-7, Palacios 2013).

Fotografía 3-8. Reunión de productores tabacaleros

Fuente: Fondo SEPAS. Biblioteca Nacional de Colombia.

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3. Campesinas, bandoleros y turistas. Memorias e historia reciente
del sur de Santander | Margarita María Durán Urrea

Entre 1967 y 2010 se celebraron 10 congresos campesinos que promovie-


ron diferentes tipos de procesos: restauración de tierras, alianzas productivas,
desarrollo rural, educación y cultura. Así, en sus primeros años el movimiento
campesino logró la parcelación de tierras en Charalá, Curití, el Páramo y Pinchote,
donde grandes haciendas fueron divididas y tituladas a pequeños propietarios
para que dejaran de ser ‘campesinos sin tierra’. A la vez, desarrollaron proyectos
para viabilizar la producción de fique, tabaco, gallinas y uvas, y para transformar el
tabaco en cigarrillos, el fique en tejidos, el algodón en hilados, y otros, buscando
lograr la transformación de las materias primas, las redes de comercialización y
una rentabilidad para el campo (Palacios 2013).
Estrechamente unido, el movimiento cooperativo creó UniSangil, una
universidad de provincia, accesible, con carreras como Ingeniería Financiera e
Ingeniería Agrícola, pensando en el desarrollo regional. De la mano de la educación
formal vino otra, la informal, con Resander, una red de 32 emisoras comunitarias
que cubrían la región y difundían el movimiento (Palacios 2013). Muchas de estas
emisoras operan actualmente, y son un mecanismo eficaz de comunicación de
noticias e intereses regionales.
El quehacer de cooperativas y movimientos respondía directamente a ne-
cesidades de la provincia allí donde el Estado estaba fallando, y durante los años
sesenta, setenta y ochenta lograron consolidar numerosas acciones. Para los años
noventa, el cambio constitucional, la influencia de la cooperación internacional,
que tenía sus propias prioridades, y el ascenso de las derechas en el poder, fueron
debilitando al movimiento campesino y cooperativo, fragmentando sus acciones
y reclamos (Bucheli 2006, Palacios 2013).
Al mismo tiempo, el paramilitarismo fue ganando terreno como una nueva
forma oscura de poder, que señalaba a las y los líderes de estos procesos y los
amenazaba o asesinaba, tras acusarlos de pertenecer a las “izquierdas” por liderar
sindicatos y procesos sociales. Con los primeros asesinatos, y el recuerdo aún
presente de las olas anteriores de violencia, el movimiento campesino se recogió,
dirigiéndose a iniciativas culturales, de educación focalizada y sin carga política,
y gradualmente las redes se desarticularon a la vez que las nuevas iniciativas
pendientes –que apostaban por lograr autonomía económica regional– quedaron
en veremos (Palacios 2013).
Y sin embargo, el silencio que impusieron las armas no logró acallar las
obras de cientos de miles de personas que se asociaron de una manera u otra
para resolver sus problemas. Así, algunas mujeres se organizaron en Charalá para

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Cultura, historia y arqueología en la Provincia de Guanentá.
Reflexiones e investigaciones recientes en torno a nuestro pasado en el marco
del programa de arqueología preventiva implementado en el proyecto Variante San Gil

trabajar un oficio antiguo, pero que estaba peligrando en la región: el hilado y


tejido del algodón. A la par de las luchas campesinas por la parcelación de tierras
y el trabajo de académico sobre la historia del algodón, estas mujeres se organi-
zaron como Corpolienzo, una cooperativa en las que las mayores enseñaban a las
más jóvenes formas artesanales de cardar, hilar y tejer el algodón, transmitiendo
un oficio que también representa oportunidades, autonomía e identidad. Esta
cooperativa funciona hoy por hoy, así como un museo que cuenta la historia
algodonera de la región (Ardila et al. 2021; Corpolienzo s. f.).
En Curití, un grupo de hombres y mujeres empezaron a trabajar en la
década de 1980 con otro oficio tradicional campesino: el fique. Antes usado para
hacer sacos para carga, había caído en desuso por el auge de los plásticos. Una
artesana y un artesano que fueron a Aratoca a capacitarse sobre cómo hacer otros
productos con la fibra replicaron las lecciones y organizaron una red de cultiva-
dores y de telares en las casas, para darle una salida económica a un pueblo en
el que la gente no tenía muchos otros ingresos, y a un producto que de otra ma-
nera hubiera muerto en el mercado. Fundaron sucesivas asociaciones –Precoart,
Ecofibras, Areagua, Astectur– hasta posicionar las artesanías de fique como una
marca propia (Lizarazo 2022).
En San Gil, las personas que trabajaban para Hilados del Fonce, una empre-
sa productora de empaques, telas, cordelas y sogas de fique, en una de las pocas
actividades industriales que aún perviven en la región, compraron su participación
en ella como socios ante el riesgo de liquidación. Ajustaron el funcionamiento
de la empresa como una cooperativa, con dividendos para los socios/empleados,
y lograron que esta empresa y los empleos e ingresos que generaba no desapare-
cieran. Por el contrario, Coohilados del Fonce es la única empresa industrial que
pervive en San Gil como industria local, luego de más de 60 años de existencia y
de 18 años en la región (Amorocho 2007).
En Barichara, luego de la expulsión de los pobladores liberales y de cientos
de hombres y mujeres jóvenes con sus familias, quedaron viejas y viejos solos y sin
cuidado. Dos mujeres que se quedaron en el pueblo, con apoyo de la Iglesia, de otras
personas, y, en últimas, de una junta, organizaron un asilo para adultos mayores,
el Hogar San Antonio de Barichara, que lograron construir, mantener y financiar
con recursos propios, donaciones de los exiliados a la costa –la Colonia Barichara
de la costa Caribe– y con los pagos de algunos de los pensionados alojados allí.
Este hogar funciona hoy en día, con decenas de internos que sobrevivieron
a salvo entre sus paredes a la pandemia del covid-19. Entre tanto, otra “señorita”

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3. Campesinas, bandoleros y turistas. Memorias e historia reciente
del sur de Santander | Margarita María Durán Urrea

en el mismo pueblo se hizo cargo de organizar un comedor para que ancianas y


ancianos que vivían en sus propias casas tuvieran asegurada la comida, comedor
que financiaban con su propio trabajo hilando fique y haciendo artesanías, el
oficio de su infancia. Este comedor es hasta hoy el Centro día del Adulto Mayor
de Barichara, que casualmente funciona en la que ha sido atribuida como la casa
de nacimiento del único santandereano que estuvo en la presidencia del país
durante un periodo completo en la historia de Colombia, Aquileo Parra (Durán
2019, Vanguardia 2022).
Existen cientos de ejemplos, tantos como acueductos veredales, represas,
escuelas, vías cooperativas de crédito, jardines infantiles, asilos de ancianos, obras
de infraestructura pública –entre otros– en las provincias comunera, guanentina y
veleña, en los que personas asociadas construyeron la posibilidad de vivir en una
región que había estado sumida bajo la violencia, aislada y empobrecida.
En contraste con otras zonas rurales de Colombia que habían pasado por
procesos de violencia, expulsión y empobrecimiento rural similares –como el Huila
y el Tolima, el Cauca y el Caquetá–, las asociaciones lograron viabilizar la econo-
mía a tal punto que esta región no ingresó en la producción y comercialización
cocalera y de otras plantas usadas para la elaboración de sustancias psicoativas,
evitando así el látigo de otras violencias narcotraficantes que sí azotaron estas
regiones (Palacios 2013).
La ausencia de esta forma de conflicto durante las décadas que van de los
setenta a los noventa, en contraste con la caótica violencia narcotraficante en las
ciudades y las violencias por el control de las tierras para la producción de coca
en los campos, fue uno de los factores que incidió en que el sur de Santander
virara en los noventa hacia un nuevo escenario en el país: el del patrimonio y el
turismo local y nacional (Durán 2019).

Aventura total, turistas y arquitectos


Pero, ¿en qué momento una región despoblada, signada por la violencia y la po-
breza, sobreviviente gracias al cooperativismo y relativamente aislada del resto
del país se convirtió en un epicentro del turismo, el patrimonio y la inversión?
La década de los noventa marca una inflexión en la vida en el sur de San-
tander. Un conjunto de azares, voluntades políticas y nuevos actores culturales
y económicas lo influyeron. Algunas mujeres educadas, provenientes de grandes
ciudades, y en algunos casos de importantes familias, se mudaron a Barichara y

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Cultura, historia y arqueología en la Provincia de Guanentá.
Reflexiones e investigaciones recientes en torno a nuestro pasado en el marco
del programa de arqueología preventiva implementado en el proyecto Variante San Gil

discretamente empezaron a promocionar su atractivo entre amigos, familiares


y conocidos, a los que traían de visita y hospedaban (Figura 3-8, Crooke 2015).
Algunos hombres, sobre todo artistas y arquitectos, se unieron a este movimiento
ofertando la construcción de casas tradicionales que bailaban ambiguamente entre
rasgos coloniales, como se ofertaba el destino, y rasgos campesinos, como los que
definen las casas de tapia pisada de la región (Durán 2019).
Las nuevas fuerzas políticas del departamento apostaron en la década de
1990 por un modelo de desarrollo basado en el turismo, que le reclamaba poca
inversión a los gobiernos ya que “aprovechaba” los potenciales de la región: los
pueblos coloniales, los paisajes naturales, la gastronomía y la antigua vía al mar
(Cote 2020). Y un grupo de jóvenes propios y oriundos de otras regiones se su-
bieron en el tren del “turismo de aventura”, aprendiendo a golpes y chapuzones,
de una manera sobre todo empírica, cómo navegar los ríos de la zona, qué lugares
eran buenos para hacer descensos con cuerdas y cuáles cuevas permitían una
exploración guiada con turistas para hacer turismo de aventura.

Fotografía 3-9. Las nuevas vecinas

Fuente: Barichara a inicios de los años 90. Fondo Nereo López.


Biblioteca Nacional de Colombia.

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3. Campesinas, bandoleros y turistas. Memorias e historia reciente
del sur de Santander | Margarita María Durán Urrea

El primer momento de este auge turístico estuvo definido, sin saberlo,


por lo que hoy denominamos el “turismo cultural”: un perfil de visitante que
va a una región por el interés de conocer sus paisajes, costumbres, comidas
tradicionales, prácticas artesanales y pobladores. Este turismo, de bajo volumen,
en las últimas décadas ha sido masivamente reemplazado por otro perfil; el
del “turismo de masas”: visitantes que consumen productos y experiencias de
mediano y bajo costo, tienen menos consideración por la localidad que visitan
que por sus necesidades propias, y se mueven en grandes grupos y temporadas
vacacionales (Durán 2019).
Esta transformación fue propiciada en buena parte por las caravanas Vive
Colombia, Viaja por ella, que en los dos mil promovían que los colombianos via-
jaran de un lado a otro del país. Algunos pueblos como San Gil y Barichara se
convirtieron en destinos obligados y desarrollaron una creciente economía de
servicios –restaurantes, cafés, bares, guianzas, hospedajes–, a la vez que su arqui-
tectura antigua era designada como patrimonial por las instancias de la cultura y
los expertos en la materia.
Los réditos económicos de esta transformación no eran los mismos para
todos: las personas con mayores capitales económicos y culturales, muchas veces
extranjeras y foráneas, lograron desarrollar las empresas y ofertas mejor pagas,
mientras que los locales desarrollaron, comparativamente, servicios de menor
valor y por los que reciben ingresos que no generan propiamente riqueza, sino
una alternativa económica para subsistir (Durán 2019).
A la vez, las iniciativas cooperativas, que ya habían consolidado varios
de sus aportes en obras públicas indispensables como acueductos, instituciones
educativas, emisoras y otras, disminuyeron su papel en la vida social. ¿La razón?
La persecución paramilitar a la que se vieron sometidos las y los líderes de estos
procesos (Palacios 2013).
Al mismo tiempo que se produce esta reconversión al turismo, Santander
ha vivido una velada influencia paramilitar que ha censurado las iniciativas sociales
a la vez que ha promovido aquellas orientadas a la acumulación de capital y el
lucro de unos pocos, y que ha costado no pocas vidas, además de desplazar a más
de veinte mil personas de la cordillera santandereana (CNMH 2021), así como un
conjunto de violencias por todos los actores armados que han estado silenciadas
hasta ahora (Cetina 2020). En palabras de Palacios, el Movimiento Campesino,
que había tenido tanta fuerza en las décadas anteriores, redujo sus acciones al
empezar a ver las primeras muertes.

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Cultura, historia y arqueología en la Provincia de Guanentá.
Reflexiones e investigaciones recientes en torno a nuestro pasado en el marco
del programa de arqueología preventiva implementado en el proyecto Variante San Gil

Conocedores de la violencia y sus ciclos, para estas personas no se trataba


de “volver a empezar”. Sin embargo, los trabajos desarrollados en esta región por
el Centro de Memoria, así como otros trabajos de investigación-creación, como la
película Pariente (Gaona 2016), que retrata el retiro de la presencia paramilitar en
Güepsa, Santander, en la primera década del siglo XXI, dan cuenta de la incidencia
que han tenido nuevas fuerzas oscuras en reconfigurar el panorama económico
y político de la región.
Son variopintos los rumbos y negocios que se desarrollaron en esta úl-
tima etapa. Uno de los oficios más recurridos, y a la vez más rentables, ha sido
la parcelación de tierras para construir viviendas semirrurales, así como es-
tablecimientos comerciales, hoteles, estaciones de gasolina, restaurantes y
otros sobre las vías por las que hay más afluencia turística. Mientras que las
parcelaciones vienen desde la década de los noventa, y en algunos lugares
como Barichara han sido limitadas por deforestar, fraccionar las tierras rura-
les y demandar servicios públicos a un punto no sostenible, las inversiones
en grandes establecimientos comerciales repuntan, sobre todo en la última
década. Esto ha elevado el precio de los suelos rurales –que en algunas zonas
se valoran como urbanos, los cuales se vuelven zonas de expansión urbana, o
incluso son preciados bajo criterios de especulación en miles de millones de
pesos, en contraste con las propiedades cercanas– y tiene un claro efecto en
la pervivencia de la ruralidad: es imposible tener una tierra que no es capaz
de producir lo que vale (Durán 2019).
Para algunas personas ha implicado una segunda expulsión, no por violencia
armada sino por violencia económica. Para otras ha representado una oportuni-
dad de negocio: la de vender, parcelar, urbanizar o edificar, obteniendo un rédito
económico mucho más alto que el que habrían tenido décadas atrás. Para otras
más, ha significado la dificultad de seguir viviendo la misma vida que conocieron
sus padres en pueblos en donde el costo de vida es cada vez más alto. Es difícil
adquirir una vivienda nueva para los más jóvenes, porque tanto las edificaciones
viejas como las que se construyen están sobrepreciadas, o se presenta la dificultad
de mantener la casa familiar heredada, debido los costos de mantenimiento, el
precio del predial, y las restricciones a la construcción cuando la vivienda está
protegida por alguna medida que la declara como bien de interés cultural en
pueblos sujetos a medidas de protección patrimonial.
Sin embargo, la situación es dispar. Existen otros municipios que no tienen
fuerte énfasis en la economía turística y sí, en cambio, en la economía cafetera,

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3. Campesinas, bandoleros y turistas. Memorias e historia reciente
del sur de Santander | Margarita María Durán Urrea

como, por ejemplo, el Valle de San José; en el cultivo de cítricos y la producción


fiquera como Mogotes, o en la producción agrícola en general como Charalá. Para
ellos, los flujos económicos son diferentes y la economía del turismo es un factor
más y no el determinante del desarrollo de la vida y la economía locales. Algunos,
como El Socorro, han apostado por una economía basada en la educación, y dentro
de ese movimiento circular, una de las universidades con sede allí, la UIS, tiene
uno de los pocos programas académicos del país dedicados al turismo (UIS s. f.).
Un elemento interesante para entender cómo se interrelacionan los dife-
rentes periodos históricos en nuestro contexto, es que cada etapa en la historia
no borra la anterior. En otras palabras, que en Santander hoy exista una dinámica
turística abierta a los visitantes, de consumos y fiestas, no borra las heridas emo-
cionales ni las prácticas culturales que vienen desde la época de la violencia, como
la incapacidad de hablar abiertamente de las cosas que sucedieron durante este
período, las familias que han pervivido enemistadas por décadas, las tensiones
entre los pueblos que eran ‘azules’ y ‘rojos’, o las peleas que terminan en muertos
en las ferias de pueblo.
Que hoy por hoy se haya desarrollado una infraestructura turística –muchas
veces con capitales privados, y solo en la última década con inversión pública
significativa– que incluye hoteles, restaurantes y vías para la atención al turismo,
únicamaente ha sido posible porque antes de este momento las personas, no los
gobiernos, construyeron acueductos, miradores, vías, colegios y escuelas con sus
recursos propios y trabajando de manera asociada, no por el lucro sino por el
bienestar de una comunidad.
Así mismo, convivimos y pervivimos en esta región descendientes de ban-
doleros, de campesinas y campesinos que viven en el campo, de campesinos
emigrados que viven en el pueblo, de pueblerinos que tienen fincas productivas y
poco productivas, y de citadinos de nueva y vieja data con necesidades individua-
les, familiares y comunitarias que resuenan con estas identidades. Así, por poner
un ejemplo, las mujeres que trabajan ahora en Ecofibras, la cooperativa fiquera
de Curití, desarrollan esta actividad porque, aunque económicamente no está
muy bien remunerada y apenas da para subsistir, les permite generar un ingreso
económico trabajando desde sus hogares, y al mismo tiempo que tejen bolsos y
tapetes, ‘tejen la vida’ en la que cuidan de sus hijos pequeños para que crezcan
en un pueblo ‘sano’ (Lizarazo 2022).
Irónicamente, el llamado ‘desarrollo’ regional que hoy jalona el renglón
turístico se ha construido sobre los entrecruzamientos de estas vidas, sobre el tra-

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Cultura, historia y arqueología en la Provincia de Guanentá.
Reflexiones e investigaciones recientes en torno a nuestro pasado en el marco
del programa de arqueología preventiva implementado en el proyecto Variante San Gil

bajo y el cuidado de mujeres, campesinas, campesinos, asociados, cooperativistas,


sobre sus propios lugares de nacimiento y residencia, pero el cuidado y el trabajo
que estas personas han hecho, así como sus contribuciones a la economía, no ha
sido reconocido o ha aparecido de manera ambigua.
Muchas veces las narraciones turísticas destacan mucho más la ‘herencia
ancestral’, como la referida a los indios guanes, que la herencia campesina, igno-
rando que hay una línea de continuidad entre guanes, campesinos y contemporá-
neos, pues los indígenas en resguardo fueron y son los mismos campesinos que
conservaron y desarrollaron recetas, técnicas de cultivo, prácticas medicinales,
formas de cuidar el agua, maneras de construir viviendas, y la costumbre de
sembrar jardines llenos de flores que le dan la vida, la belleza y la pervivencia
actual a esta región.
A la vez, otras historias hacen énfasis en la figura de inmigrantes, como
Geo Von Lengerke, en el desarrollo regional por la construcción de vías. Estas
historias que se centran en figuras míticas de extranjeros ignoran, por ejemplo,
que una buena parte del trazado de los “caminos de Lengerke” fue simplemente
la pavimentación de antiguos caminos indígenas, campesinos y de colonos con
los que los pobladores de estas tierras cruzaban de un lado a otro del cañón para
llevar primero sal, tabaco y mantas, y luego huevos, sebo y carne, como rutas de
intercambio y comercio entre los pueblos de la región. Olvidan también que per-
viven hoy muchos otros caminos creados por las gentes en diferentes momentos
históricos, para satisfacer sus necesidades de comunicación, y ahora apreciados
y cuidados también por los grupos de caminantes organizados de los pueblos de
la región (Barrios 2017, Oviedo-Chávez 2018, Gómez et al., 2022).
Entre tanto, varias iniciativas económicas basadas en el turismo, como
los grandes hoteles, y en nuevos negocios, como el cultivo de marihuana
medicinal, que no contribuyeron a la supervivencia de la región ni aportan a
las lógicas comunitarias, llevan una larga pelea buscando apropiarse de los
recursos hídricos de acueductos, represas y reservorios construidos y cuidados
por décadas por las comunidades campesinas (Bermúdez 2017, León y Prieto
2018, Compromiso 2019, Durán 2019). En el marco del desarrollo turístico,
económico y minero, los conflictos por el agua atraviesan en la contempora-
neidad el territorio, reflejando una disputa que es mayor: entre el cuidado de
la vida, de la tierra y de las personas versus el interés de lucrarse de ella, sin
reconocer a quienes la han cuidado en el pasado ni preocuparse porque pueda
sostenerse en el futuro.

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3. Campesinas, bandoleros y turistas. Memorias e historia reciente
del sur de Santander | Margarita María Durán Urrea

El desenlace…
Mucho se ha escrito sobre la historia colonial de Santander y sus inicios en la
república como participante en la política nacional hasta la derrota rotunda del
radicalismo liberal y la guerra de los Mil Días. La historia que viene después ha
sido poco contada por historiadores y novelistas, así como poco valorada por
los agentes patrimoniales, y, sin embargo, esta emerge en la vida cotidiana en la
forma de relaciones sociales, afectos y nostalgias, redes comerciales, estructuras
familiares, disposiciones emocionales y posibilidades de desarrollo. Esta histo-
ria, que no ha sido considerada merecedora de la Historia, con mayúscula, de
la academia, es la que ha moldeado las vidas de las personas que hoy caminan
por el sur de Santander, aman, trabajan y apuestan por un futuro, y puede ser
un elemento clave para construir una identidad regional. ¿Quiénes somos como
nativos y pobladores contemporáneos de Santander? ¿Federalistas? ¿Liberales?
¿Descendientes de alemanes y españoles? ¿Indígenas guanes? ¿Campesinas y
campesinos? ¿Bandoleros? ¿Turistas?
Es importante y necesario revisar la manera en que se cuenta este cuen-
to, pues reconocer el trabajo y el cuidado campesino, cotidiano, cooperativo y
femenino que ha logrado traer a Santander y sus gentes al presente, en un estado
de relativo bienestar, a pesar de los momentos más amargos de su historia, como
La Violencia y luego “la otra violencia”, implica también reconocer la agencia y
la dignidad de campesinos, mujeres y personas asociadas en grupos y coopera-
tivas, y poner sus necesidades y demandas entre las prioridades de la agenda de
desarrollo, sus identidades en relación directa y formativa con la nuestra, sus
historias en un lugar destacado de lo que llamamos la Historia, y la gratitud hacia
ellos en nuestros corazones, así como en los relatos que en el futuro se cuenten
sobre nuestros tiempos.

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Cultura, historia y arqueología en la Provincia de Guanentá.
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Reflexiones e investigaciones recientes en torno a nuestro pasado en el marco
del programa de arqueología preventiva implementado en el proyecto Variante San Gil

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{ 75 }
4. Lo que el tiempo nos dejó

Martha Luz Cristancho Moreno


Ingeniera de petróleos, Universidad Industrial de Santander
Gestora Cultural - Corporación el ECO de Pinchote

Lo que certifica la historia


Hacia el año de 1772 se reconocía el sitio y valle de Pinchote,
como puede constatarse en los diferentes documentos de la
época, entre los que se cuenta el poder conferido por los ve-
cinos de esta demarcación a don Pedro de los Santos Meneses
y Antonio Jhosep de Villamil, para que “Con derecho puedan
y deban y pidan y soliciten, el que se erija y funde parroquia
y lugar como corresponde en este dicho sitio de Pinchote en
la parte y lugar más cómodo1 […]”, escritura de compromiso
de congrua “la congrua sustentación de los curas párrocos,
construir yglesia decente con ornamentos2 […]”.
De igual manera, en la cartografía antigua ya se iden-
tifica el reconocimiento de un lugar denominado Pinchote,

1 Escritura del documento suscrito por los vecinos del sitio y valle de
Pinchote, documento antiguo original de cinco folios, que reposa en
el archivo notarial de la casa de la cultura Horacio Rodríguez Plata de
Socorro (Santander).
2 Escritura del documento suscrito por los vecinos del sitio y valle de
Pinchote, documento antiguo original de cinco folios, que reposa en
el archivo notarial de la casa de la cultura Horacio Rodríguez Plata de
Socorro (Santander).

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Cultura, historia y arqueología en la Provincia de Guanentá.
Reflexiones e investigaciones recientes en torno a nuestro pasado en el marco
del programa de arqueología preventiva implementado en el proyecto Variante San Gil

como puede constatarse en el “mapa de las jurisdicciones de Socorro y San Gil” 3,


levantado en 1776, y “descripción geográfica que comprende la visita practicada
por el señor doctor don Francisco Antonio Moreno y Escandón” 4 en 1781.
Los libros parroquiales más antiguos datan de 1778, los cuales se en-
cuentran en los archivos de Socorro, y en ellos se constata el reconocimiento de
Vice parroquia, siendo solo hasta el 11 de abril de 1782, en la ciudad de Tunja, en
donde se firma el decreto de erección de la parroquia “San Antonio de Padua,
San Vicente Ferrer y nuestra señora del Rosario […]”, firmado por el escribano
José Ruiz Bravo.

Fotografía 4-1. Facsímil del poder conferido por los vecinos del sitio
y valle de Pinchote (1772)

Fuente: Archivo notarial. Casa de la Cultura Horacio Rodríguez.

3 «Atlas de cartografía histórica de Colombia del Instituto Geografico Agustín Codazzi. Archivo Histó-
rico Nacional (1985).
4 «Atlas de cartografía histórica de Colombia del Instituto Geográfico Agustín Codazzi. Archivo Histó-
rico Nacional (1985).

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4. Lo que el tiempo nos dejó | Martha Luz Cristancho Moreno

Fotografía 4-2. Facsímil del compromiso de pago de congrua del sitio


y valle de Pinchote (1772)

Fuente: Archivo notarial. Casa de la Cultura Horacio Rodríguez.

Transformaciones en el tiempo
Desde aquellos lejanos años del siglo XVIII hasta nuestros días, por imágenes
gráficas, descripciones y un poco de imaginación se evidencian cambios, en
algunos casos totales y en otros parciales, de diferentes lugares: la plaza hasta
convertirse en parque, instituciones educativas, alcaldía o casa consistorial,
calles y templo parroquial como los más significativos.
De las fuentes primarias de fundación y otros documentos se colige
que existió una plaza, y justo en el momento de la conformación y trazado
se determinó un espacio de carácter público que –a buena cuenta de algunas
imágenes gráficas– era una plaza entendida como un espacio abierto rodeado
de árboles. En la década de los setenta el municipio sufre grandes cambios
y transformaciones y la plaza da cuenta de ello: un trazado de caminos en
cemento y bordes de ladrillo en un diseño de ocho senderos, jardineras
triangulares en ladrillo, bancas en cemento, quiosco de madera y paja como

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Cultura, historia y arqueología en la Provincia de Guanentá.
Reflexiones e investigaciones recientes en torno a nuestro pasado en el marco
del programa de arqueología preventiva implementado en el proyecto Variante San Gil

eje central (en el lugar donde años atrás estaba el famoso árbol del Orejo),
convirtiendo el espacio en un parque.
Algunos accidentes como el incendio del quiosco obligan a desarrollar
una construcción más moderna y segura, dando paso a una obra en ladrillo y
teja de barro, el cual se convierte en el lugar de encuentros y reuniones comu-
nitarias. Con motivo del bicentenario de la fundación, gran parte del diseño se
transforma en una plazoleta en piedra, así como la instalación de una estatua,
la destrucción de las jardineras, el montaje de una fuente de agua en ladrillo
y recubierta en cemento, el enlozado de los caminos en piedra y la inclusión
de escaños en madera. Poco a poco, desde las diferentes administraciones se
fue reubicando y rediseñando el mobiliario del parque, pasando por fuentes
en piedra labrada, piedra de labor y quiosco en madera de dos plantas, como
puede observarse a la fecha.

Fotografía 4‑3. Aspecto de la plaza de Pinchote (1960)

Fuente: Cortesía Delia Motta.

Siguiendo con documentos de fuentes secundarias, debemos remontarnos


a mediados del siglo XIX, época en la cual Manuel Ancízar describe en su libro
Peregrinaciones de Alpha (1956) elementos culturales de su viaje por las diferentes

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4. Lo que el tiempo nos dejó | Martha Luz Cristancho Moreno

provincias de Cundinamarca, Boyacá y Santander para la Comisión Corográfica,


y en el que relata alguna condición encontrada a su paso por Pinchote, “Pueblo
considerable cuyo cura blasona de patriota, ¡tiene una escuela con 5 niños! […]” 5.
De esta referencia es fácil determinar que desde aquella época ya se daba
instrucción elemental y cualquier lugar podría acoger a este pequeño grupo. Con
el paso del tiempo, y por relatos, se conoce que varias edificaciones han servido
de albergue para esta actividad; la casa conocida como de don Urbano Ortiz,
diagonal al ancianato, transformada en su totalidad; la casa conocida como de
doña Mariantuca o Mamatuca, la casa natal de Antonia Santos, entre otras. Final-
mente, hacia mediados del siglo XX, una casona en tapia pisada y teja española
totalmente desaparecida, ubicada en el costado suroriental, sirvió como sede
de la alcaldía, cárcel, recinto del concejo y escuela pública. En parte de su área
hoy funciona la sede A del Colegio Integrado Pedro Santos.
Como parte de las conmemoraciones del sesquicentenario del fusila-
miento de Antonia Santos, en 1969 se trasladan algunos grados de la escuela
primaria a la nueva sede recién inaugurada; dos secciones de aulas en ladrillo
permitieron a varias generaciones recibir las clases. Entre tanto, en 1977 se funda
el Colegio Pedro Santos, a iniciativa del profesor Eliseo Quintero Durán, en
la parte posterior del edificio antiguo de la escuela de varones, y en donde ha
funcionado hasta la fecha este espacio, que se ha venido trasformando desde
las dos aulas antiguas hasta los dos pisos actuales, pasando por construcciones
y demoliciones de salones, aula múltiple, laboratorios, espacios deportivos y
baterías de baño.
De acuerdo con relatos de personas mayores –Zoraida Triana, Eliseo Nei-
ra, Rodolfo Porras, Darío Benítez, Pastora Neira Neira (q.e.p.d.), Elvira Moreno
de Cristancho (q.e.p.d.), María B. Triana, Germán Triana, entre otros– la vieja
casona en tapia pisada, ubicada en el costado suroriental de la plaza, albergaba
las instituciones civiles más importantes del municipio, como lo eran la alcaldía,
el concejo, la escuela y la cárcel antes del año 1969. De ello existen imágenes
graficas correspondientes a los festejos del sesquicentenario del fusilamiento
de Antonia Santos, donde aún hay parte de este inmueble, lamentablemente
demolido para dar paso a la construcción de un centro de salud bajo un diseño
muy moderno y a los ajustes de fachada actual del colegio.

5 Manuel Ancízar, Peregrinación de Alpha: por las provincias del norte de la Nueva Granada en 1850-51
(Bogotá: Empresa Nacional de Publicaciones, 1956).

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Cultura, historia y arqueología en la Provincia de Guanentá.
Reflexiones e investigaciones recientes en torno a nuestro pasado en el marco
del programa de arqueología preventiva implementado en el proyecto Variante San Gil

Con el tiempo, la alcaldía, el concejo y la cárcel fueron trasladados a


una casa de doble planta, que en marco de plaza resaltaba por la monumen-
talidad, cuya función anterior fue la de un hotel con conexión directa hacia el
camino de herradura que comunicaba a Bogotá con Bucaramanga; esta casona,
asimismo, ha tenido cambios en su aspecto tanto interior como exterior. El
balcón exterior ha sido ampliado para cubrir parte de la fachada y apertura
de puertas donde antes había ventanas. En su interior, los jardines del patio
central con fuente de agua fueron totalmente eliminados para convertirse en
un espacio inoperante pasando por un mezanine igualmente inútil. Parte de
los balcones interiores en piedra fueron trasladados desde las balaustradas del
presbiterio del templo parroquial para reemplazar los que existían en madera;
igualmente, en la década de los noventa, parte de las columnas en madera
fueron rediseñadas en piedra con capiteles jónicos.

Fotografía 4‑4. Imagen de la Alcaldía de Pinchote (1969)

Fuente: Colección Privada Cristancho FTS. Cortesía: Martha Luz Cristancho Moreno.

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4. Lo que el tiempo nos dejó | Martha Luz Cristancho Moreno

El tiempo nos ha dejado un elemento muy importante dentro del mobi-


liario urbano: el templo, con un estilo de base colonial y múltiples transforma-
ciones desde el momento de adquisición del predio, el 24 de febrero de 1784.
La construcción se inicia según puede observarse en los materiales y huellas
con un trazado de cruz latina, en donde el transepto es de menor tamaño que la
nave central, y que, a juzgar por la combinación de materiales y por los relatos
de nuestros ancestros, hasta inicios del siglo XX estaba solo utilizable la nave
central; el altar mayor era de mayor tamaño que el actual, cubriendo todo el
ancho del recinto.
Es solo hasta la década de los años cuarenta cuando se adelantan las
construcciones de las naves laterales, el crucero –incluyendo la cúpula con base
circular y la sacristía–. Gran parte del altar es vendido por el párroco, hecho este
que indispone a la comunidad por la pérdida de valiosos retablos y elementos
arquitectónicos; de igual manera, se reubica del arco toral hacia el fondo del
crucero quedando como hasta hoy puede observarse. El presbiterio adquiere una
gran preponderancia, contándose inicialmente con el ara soportada por cuatro
columnetas talladas, el ambón en piedra tallada, y las cancelas en piedra que
rodeaban y separaban el presbiterio de las naves, estas últimas llevadas como se
dio a la alcaldía en años posteriores.
En la estética interna se cubren las paredes con pañete en imitación pie-
dra. La fachada es tal vez en la que mayores cambios se evidencian. Por imágenes
fotográficas del año 1954 se observa una portada con revoque blanco y difusión
de elementos arquitectónicos como balaustradas, columnas adosadas y apliques,
así como ausencia de altozano. La tradición oral revela que, ante la amenaza de
caída, el párroco Luis María Sarmiento colocó multitud de postes y estacas para
evitar una tragedia. Finalizando la década de los sesenta se toma la decisión de
eliminar el revoque y dejar la piedra a la vista, completando algunas oquedades y
construyendo el atrio en piedra.
En la fachada se observan algunos indicios de cambios en el tamaño y al-
tura del frontispicio que son muy evidentes por la discontinuidad marcada en las
piezas de piedra en el exterior y los materiales incorporados en el interior, hechos
en ladrillo cocido con la forma triangular del parche externo. De lo anterior puede
inferirse que la cubierta ha tenido alteraciones en su construcción; adicionalmente,
en la década de los ochentas contaba con cielorraso. El padre Álvaro Santamaría,
en el año 2013, deja al descubierto la profusión de materiales utilizados en el
interior como son: tapia pisada, piedra y ladrillo cosido.

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Cultura, historia y arqueología en la Provincia de Guanentá.
Reflexiones e investigaciones recientes en torno a nuestro pasado en el marco
del programa de arqueología preventiva implementado en el proyecto Variante San Gil

Recordando personajes
Un pueblo se valora por la calidad de sus pobladores; esta tierra ­– semilla de
libertad desde sus pioneros– es gente con pujanza, emprendimiento y solida-
ridad, características arraigadas en el ADN y en las sanas costumbres que se
han trasmitido de generación en generación.
Raza de comuneros, Pedro de los Santos y Meneses, con su gran tesón
y gallardía no solo funge como fundador de un pueblo, sino como líder en
las tareas más arduas de forjar una nación libre en su diario vivir y en las
acciones altruistas que lo destacaron al ser capitán de un incipiente pueblo
en las capitulaciones de Zipaquirá. No en vano este bastión de la familia
Santos en Santander y Colombia representa una figura forjadora de luchas
contra el régimen español.
El sacerdote José Antonio Amaya Plata, además de sus estudios en Derecho
y Teología, colegial de San Bartolomé y catedrático, es reconocido por su partici-
pación en la política granadina. Con su fervor patriótico arengaba al pueblo desde
el propio atrio de la catedral primada de la que era eclesiástico, figura como uno
de los firmantes del acta de independencia del 20 de julio de 1810 y activista en
la causa independentista.
La figura tal vez más reconocida es María Antonia Santos y Plata, he-
roína de la independencia, mujer valerosa y aguerrida que desde su propia
hacienda El Hatillo y la Mina logra conformar un movimiento de apoyo a los
ejércitos patriotas. Esto trae consigo la persecución a muerte del régimen del
terror, bajo la gobernación de Lucas González, capitán del ejército realista,
quien la toma presa; luego, tras un juicio injusto, es llevada al patíbulo el 28
de julio de 1819. Estos acontecimientos desencadenan en la Batalla del Pienta,
en Charalá, y la consecuente demora de los refuerzos a Barreiro en Boyacá,
solicitados por el Virrey Juan Sámano, dando como gran consecuencia el
triunfo total y absoluto de los ejércitos patriotas comandados por Simón
Bolívar en el paso del río Teatinos, conocida como la Batalla de Boyacá, que
sella la independencia.
Entre los muchos personajes oriundos de esta tierra, cabe destacar al
pedagogo e historiador, socio fundador y miembro de número de la Academia
de Historia de Santander, don Pascual Moreno Guevara, nacido a finales del siglo
XIX, reconocido por su talante, persistencia y tesón en develar los secretos de la
historia. Es así como en sus indagaciones descubre entre los archivos parroquiales
de Pinchote la partida de bautismo de Antonia Santos.

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4. Lo que el tiempo nos dejó | Martha Luz Cristancho Moreno

Fotografía 4-5. Imagen del historiador y pedagogo Pascual Moreno Guevara

Fuente: Revista Estudio de la Academia de Historia de Santander.

A don Salustiano Duarte Acevedo, según sus propios descendientes, la


suerte y las habilidades como negociante lo llevaron a ser uno de los hombres
más acaudalados de principios de siglo XX, y forjador de un linaje que aún
subsiste en el poblado.
Hablar del componente humano y colectivo durante la segunda mitad del
siglo XX en el municipio es algo apasionante si se tiene en cuenta que está colmado
de anécdotas, sensibilidad humana y tradición.
Una mujer blanca, de ojos claros y un poco rubia es la protagonista de
grandes historias; es fácil viajar en el tiempo y traer a la memoria una mujer poco
convencional, con una dificultad física en el hablar, de vestir colorido e impecable.
María Martínez, “la boba del pueblo”, poco a poco se fue convirtiendo en el refe-
rente de nuevos estilos de moda, en una época en la que los cánones de belleza y
el glamur eran muy estrictos. Así, por ejemplo, el uso de joyas; los anillos, tal vez
el rasgo más destacado en su personalidad, fascinada por el color y el tamaño,
siempre portaba uno en cada dedo y de gran tamaño, lo cual era considerado

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Cultura, historia y arqueología en la Provincia de Guanentá.
Reflexiones e investigaciones recientes en torno a nuestro pasado en el marco
del programa de arqueología preventiva implementado en el proyecto Variante San Gil

mucho más que cómico y motivo de burla. Así, cuando alguien empleaba algo in-
usual, siempre le decían: “Ya está como María Martínez”. Hacendosa y trabajadora
como ninguna otra, de sol a sol cocinando, llevando alimento a los obreros de sus
patrones, cruzando el parque, calles y caminos, y recibiendo fuertes reprimendas
por su despistada acción, es la imagen que más recuerdan los lugareños. En su
enredado lenguaje había palabras de grueso calibre que claramente se le entendían,
especialmente cuando discutía con su rival Margarita Sandoval por Gorgonillo,
hombre este marcado por el tiempo y el trabajo con el millo que le hizo perder
hasta las pestañas, y depositario, junto a Weneslao, de sus afectos más íntimos.
Un hombre coloquial lo fue don Teófilo Ruiz, desde cuidador del parque,
personero y hasta alcalde lo hicieron merecedor del aprecio en toda la comarca. La
mejor llanera de la región era preparada por este caballero, portador de los ingredientes
secretos y de la sazón de un buen piquete para cualquier celebración, en especial
los bazares del Corpus Christi, tan reconocidos como afamados por la gastronomía
local. Las fiestas navideñas y de fin de año estaban siempre engalanadas por un
disfraz, el toro de candela y las letanías dedicadas a las personalidades del pueblo.
El tintinar de las campanas en lo alto del templo fue el sello particular del
sacristán. Desde el alba hasta el ocaso su dedicación a los oficios religiosos, el
trabajo en las cementeras de maíz, y el aseo del parque marcaron la historia recien-
te de Pinchote; todos y cada uno de los elementos usados por el celebrante eran
meticulosamente organizados y distribuidos por don Salomón Triana, para hacer
parte de los rituales católicos. Anecdóticamente se recuerda el ure de guarapo,
sigilosamente guardado en la ronda del templo para calmar la sed y el cansancio
de las bregas diarias, que de tanto en vez quedaba al descubierto por su efusividad
y un ligero olor del licor casero. Impecable permanecía el parque por la diligencia
y sagacidad de Tío Mon en la fabricación y uso de las escobillas hechas con ramas
de algún matón para aligerar su labor.
Etelvina Padilla de Urrea, la de los correos, con una mirada y sonrisa pícaras,
y a la vez francas, fue reconocida por el don del servicio en una época de escaso
trasporte y poca cantidad de mercancías dentro del perímetro del municipio.
Dos veces a la semana se disponía a recoger el costal con las misivas para llevar
hasta San Gil y recoger lo propio de regreso al pueblo: los mandados, las enco-
miendas y los recados a todo el que lo necesitaba, era solo parte de su aporte a la
comodidad de sus vecinos. Los sobrenombres para el que lo mereciera y su recio
carácter hicieron de esta mujer un personaje dentro de lo coloquial y anecdótico:
Costillas de morrocoy, Narices de sarnícalo y Cachetes de chumbala son solo una

{ 86 }
4. Lo que el tiempo nos dejó | Martha Luz Cristancho Moreno

muestra de los apodos que solía colocar a los personajes del pueblo. La costura
a mano con una perfección impoluta resaltaba en las colchas de retazos o en los
vestidos para sus semejantes.
Del candil a la luz es la mejor definición del trabajo desarrollado por don José
Urbano Cristancho desde su labor como tesorero municipal, cargo que desempeñó
desde su llegada, en el año 1951, hasta cuando sus ojos pudieron ver. Financiar
proyectos en acueducto, electrificación y vías era tarea titánica cuando el gobierno
central poco o nada aportaba a las finanzas municipales y se debía convencer a
uno que otro hacendado para invertir en actividades de obligación del estado.
Una mujer adelantada para su época, logró tener sus estudios en San Gil
y desarrollar una de las labores más nobles de la sociedad: la enseñanza. Cuatro
generaciones de Pinchotanos pasaron por sus aulas; Aritmética, Geometría y Caste-
llano, las materias más severas; Historia, Geografía y Religión, las más apasionadas,
y entre tejidos, poesías y teatro trascurrieron sus años al frente de la educación en
el municipio. Muchos de los hoy maestros y profesores recibieron sus enseñanzas;
no en vano la llamaron “maestra de maestros”. Algunos recuerdan los torcidos
en los brazos, otros los regaños y exigencias y todos al unísono reconocen que su
aporte fue imprescindible para sortear los desafíos de la vida.

Fotografía 4-6. Imagen de la “maestra de maestros” Elvira Moreno de Cristancho

Fuente: Colección privada Cristancho FTS. Cortesía: Martha Luz Cristancho Moreno.

{ 87 }
Cultura, historia y arqueología en la Provincia de Guanentá.
Reflexiones e investigaciones recientes en torno a nuestro pasado en el marco
del programa de arqueología preventiva implementado en el proyecto Variante San Gil

Tradiciones
Desde la edad media surgió la festividad en honor al cuerpo y la sangre de
Cristo, celebración que poco a poco se fue popularizando en toda la Iglesia
Católica, En la década de los años sesenta, Pinchote es el escenario de la
festividad del Corpus Christi; los altares en las esquinas de la plaza, maravillo-
samente adornados con ingenio y creatividad, eran elaborados para honrar a
Cristo sacramentado; telas, figuras y flores, los elementos imperativos en esta
ocasión. El cura párroco con todos los atuendos sacramentales, incluyendo
una gran capa bordada con hilos dorados, encabezaba la procesión que se
hacia por cada uno de los altares.
Toda la comunidad del pueblo y del campo, desde muy tempranas horas
de la mañana, se acercaba con ofrendas, especialmente frutos del campo para
organizar los arcos como símbolo de gratitud al creador por la abundancia y
prosperidad alcanzados. Estos eran posteriormente rematados al mejor postor.
Como parte de las actividades se fue estableciendo la costumbre de realizar el
bazar del jueves de corpus, que incluía venta de comidas típicas como llanera,
cabro, mute y chicha; sin embargo, de aquella época son muy recordados los
reinados de la simpatía, que semanas antes se organizaban en torno a dos o
más jovencitas encargadas de recoger fondos con labores muy sencillas como
bailes, complacencias nocturnas en los altoparlantes, rifas y las populares in-
signias con una foto sobre una cinta y el nombre de la reina. El día del bazar
se coronaba la reina que más dinero recaudaba. Esta fiesta en Pinchote fue
tan afamada, que aín las leyes que trasladaron las festividades al lunes no han
logrado hacerla desaparecer.
Navidad y año nuevo son fiestas que para el mundo occidental tienen
una gran relevancia. Para los niños, la novena de aguinaldos era motivo de
alborozo: vestirse de pastorcito, hacer los faroles, y participar en los villancicos
era la mejor manera de festejar. Los más grandes jugaban a “mis aguinaldos”:
el beso robado, tres pies, pajita en boca, el sí y el no, preguntar y no contes-
tar eran los retos para lograr demostrar mayor concentración y ganar alguna
moneda o golosina.
La nochebuena, con toda la tradición religiosa, permitía a la familia re-
unirse en torno a los pesebres con las figuras emblemáticas del niño de Belén;
la mula y el buey armados desde tiempo atrás para recordar la llegada de Jesús
y terminar con la cena navideña de tamal con chocolate, queso y pan. Para
despedir el año se hacían añosviejos, matachos colocados en las calles, caminos

{ 88 }
4. Lo que el tiempo nos dejó | Martha Luz Cristancho Moreno

y portales, que finalmente se quemaban a la media noche del 31 entre luces,


chispitas y pólvora para olvidar lo malo y atraer prosperidad. La misma noche
de año viejo se hacían juegos del toro de candela, desfile de matachines y bailes
para festejar las buenas nuevas.

Fotografía 4‑7. Celebraciones navideñas en Pinchote (1983)

Fuente: Colección privada Cristancho FTS. Cortesía: Martha Luz Cristancho Moreno.

{ 89 }
5. Tecnología de caminos
antiguos empedrados
en Santander: un análisis
comparativo

Campos Vladymir Arias Soto


Antropólogo Universidad Nacional de Colombia

¿Ha escuchado de los caminos antiguos empedrados de Santan-


der?, ¿sabía que los antiguos pobladores de nuestro territorio
establecieron complejas redes de intercambio a través de las
montañas del departamento? En este capítulo le mostrare-
mos algunas tecnologías y curiosidades sobre los antiguos
caminos empedrados que se encuentran en el municipio de
San Gil y sus alrededores.
Para esto es preciso decir que los caminos empedrados
son obras de infraestructura que conllevan gran dificultad
en su construcción, lo cual los convierte en vestigios per-
sistentes 1, nos abren a la posibilidad de rastrear su historia
en el tiempo, y, por tanto, son un tema muy interesante
para abordar en arqueología.
Las sendas delimitan y conectan lugares, son parte
de la vida cotidiana de sus usuarios y de la manera en la
que ordenan su mundo, permiten al conquistador dominar

1 Edwin Gómez Serrano, Víctor Guillermo Sarmiento Prada y Alex Gar-


zón Contreras, “Generación de un diagnóstico de la situación actual de los
caminos históricos de Santander” (Secretaría de Cultura y Turismo de
Santander, [s.f.]).

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Cultura, historia y arqueología en la Provincia de Guanentá.
Reflexiones e investigaciones recientes en torno a nuestro pasado en el marco
del programa de arqueología preventiva implementado en el proyecto Variante San Gil

territorios, aprovechar los pasos y proveerse de suministros. Estos caminos


constituyen vestigios en el paisaje, como cicatrices de dinámicas sociales a través
del tiempo. Fueron testigos del intercambio de nuestros ancestros guanes con
sus vecinos; de la llegada de los conquistadores europeos; de la economía del
Reino de Castilla en América, y también de los procesos de independencia y el
desarrollo de la economía de la región.
Por todas estas ocupaciones en el territorio, los caminos empedrados en
cercanías de San Gil y Pinchote son una superposición de tecnologías que varia-
ron para suplir la necesidad del momento, y que finalmente darían paso al actual
sistema de vías intermunicipales.

Caminos prehispánicos
Nuestros antepasados guanes, así como la mayor parte de los grupos indígenas
del continente americano, tenían destreza para el manejo de la piedra; esto se
hace evidente en el pulido de útiles líticos y en la construcción de importantes
obras de infraestructura.
El tallado de piedra en el Cusco por los incas se hacía mediante rocas negras
muy duras recolectadas en el río; el pulido se lograba por medio del diamante azul
encabado en un mango de chonta y se labraba con martillos y hachas de piedra,
además de cinceles de bronce. El agua y la arena eran favorables para erosionar
las superficies y darles la forma deseada2.
De investigaciones arqueológicas realizadas en la zona inca también es im-
portante señalar toda la cosmovisión (manera de interpretar el mundo) asociada a
los caminos (Capaq Ñan), el reconocimiento del paisaje y los lugares sagrados. El
mundo andino cambió cuando los antepasados incas divisaron el valle del Cusco,
uno de ellos utilizó su honda para nivelar montañas y crear profundos valles 3. Se
puede inferir entonces que la senda no solo delimita el paisaje4, sino que también
lo construye en la medida en que es recorrido.
Los incas, reconocidos como los arquitectos de los andes, construyeron
su mundo desde el paisaje que se divisaba en los caminos; al fundar el Cusco,

2 Leonardo Alcayhuamán, “La ingeniería civil de los incas”, en 5th Latin American and Caribbean Con-
ference for Engineering and Technology (2007): 1-10.
3 Steven Kosiba, “Caminando el Cusco: mapas, movimiento y memoria social en el corazón del Impe-
rio Inca”, Nuevas tendencias en el estudio de los caminos (2017): 192-221.
4 Kevin Lynch, “La imagen de la ciudad”, 2013.

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5. Tecnología de caminos antiguos empedrados en Santander:
un análisis comparativo | Campos Vladymir Arias Soto

los incas crearon un paisaje sagrado unificado 5. Si bien para los caminos de
Santander no hay un registro histórico de los caminos utilizados por pobladores
prehispánicos como el que se encuentra en Perú sobre el Imperio inca, suele
ser común una relación directa entre caminos y lugares sagrados. Pueden en-
tenderse estos lugares como mojones6 en el paisaje, que permiten dimensionar
y concebir territorios. Tal podría ser el caso, como camino significativo, el que
comunica Barichara con la vereda Lubigará y Guane; este tiene una dirección
que coincide con pictogramas en la misma vereda, los cuales se encuentran
registrados en el Atlas Arqueológico del Instituto Colombiano de Antropología
e Historia (ICANH) 7.

Figura 5‑1. Hallazgos de pictogramas en las veredas (1) El Pino, (2) Lubigara
(ICANH), en dirección de un tramo del camino Barichara-Lubigara-Guane

Fuente: Elaboración propia.

5 Kosiba, “Caminando el Cusco”, 192-221.


6 Lynch, “La imagen de la ciudad”.
7 “GeoparquesWeb”, acceso el 6 de diciembre de 2023, https://geoparques.icanh.gov.co/#/

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Cultura, historia y arqueología en la Provincia de Guanentá.
Reflexiones e investigaciones recientes en torno a nuestro pasado en el marco
del programa de arqueología preventiva implementado en el proyecto Variante San Gil

Caminos reales españoles


La conquista española en el continente americano coincide con varios eventos
importantes en la península ibérica que les antecedieron, tales fueron la conquista
de territorios musulmanes al sur y la unificación de los reinos. Dichos aconteci-
mientos marcarían el inicio del periodo Moderno.
Con relación a los caminos, los desarrollos en el medioevo, tanto en Europa
como en España, no fueron considerables desde la caída del imperio romano. A
diferencia del Renacimiento, en donde empiezan a diseñarse las ciudades y las
carreteras de acuerdo con la perspectiva lineal, evocando la idea cristiana de un
punto como origen y analogía de Dios8, se puede decir que los caminos en la Co-
rona de Castilla cumplieron una función utilitaria, haciendo uso de tecnologías
rudimentarias, escasamente regulados y rediseñados a nivel técnico.
La historia de los caminos peninsulares medievales queda eclipsada por las
obras de infraestructura acometidas por los romanos y por la monarquía borbónica.
Un ejemplo considerable de la reutilización de caminos es la Ruta Compostelana,
que en varios de sus tramos reutilizó las calzadas romanas 9.
La caminería medieval se compone de desarticulados trazos sobre esas
calzadas, indefinidas sendas por bosque o páramo10. Estos trazos serían indiso-
ciables de la historia de los poblados, que generalmente serían atravesados por
ellos o parte de redes más complejas. La Ruta Compostelana, como ruta de pere-
grinación, también permite destacar la importancia de la ritualidad del territorio
para recorrerse y reconocerse.
Si bien todos los caminos se sobreponen en el tiempo y constituyen un
mismo tejido de ir y venir de los pobladores desde sus orígenes, para los caminos
españoles es posible rastrear una diferenciación considerable entre el modo de
construcción romano y el medieval.
Así, el modo de construcción de calzadas romanas consiste en la apertura
de dos fosos paralelos, extrayendo tierra entre ellos para hallar un firme; se cubre
la senda con una capa de un metro o algo más, donde la mitad fuesen piedras
planas unidas por mortero o barro, luego 25 cm de una especie de betún de piedras
pequeñas o ladrillo que le diese impermeabilidad, y luego otra inerte y elástica
más fina de mortero de cal prensado cubierto de un empedrado.

8 Kosiba, “Caminando el Cusco”, 192-221.


9 Elena Barrena Osoro, “Los caminos medievales y sus precedentes romanos”, en IV Semana de Estu-
dios Medievales: Nájera, 2 al 6 de agosto de 1993 (Instituto de Estudios Riojanos, 1994): 31-44.
10 Osoro, “Los caminos medievales”, 31-44.

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5. Tecnología de caminos antiguos empedrados en Santander:
un análisis comparativo | Campos Vladymir Arias Soto

Por otro lado, el sistema de construcción medieval es de explanación o


pavimentación sin firme. Consiste sencillamente en dos hileras enlosadas en los
márgenes, desde los que partían otras líneas transversales de losas en forma de
rectángulos, rombos o espina de pez, rellenándose los huecos con cascajo 11.

Figura 5‑2. Proceso de construcción de camino

Fuente: Elaboración propia.

11 Osoro, “Los caminos medievales”, 31-44.

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Cultura, historia y arqueología en la Provincia de Guanentá.
Reflexiones e investigaciones recientes en torno a nuestro pasado en el marco
del programa de arqueología preventiva implementado en el proyecto Variante San Gil

Figura 5‑3. Tres formas principales de distribuir el empedrado en los caminos


medievales 1). Espina de pez, 2). Rectángulos, 3). Rombos

Fuente: Elaboración propia.

Las referencias documentales de los caminos medievales indican el uso


predominante de bestias y caballerías; la consistencia de la herradura aumentaba
la resistencia y eficacia del caballo, así como la comodidad y seguridad del estribo.
Esto explicaría por qué los deficientes caminos medievales dieron un rendimiento
superior al de las formidables calzadas del imperio 12.

12 Osoro.

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5. Tecnología de caminos antiguos empedrados en Santander:
un análisis comparativo | Campos Vladymir Arias Soto

Fotografía 5-1. Vestigio de camino empedrado con aparente tecnología


medieval, en cercanías al municipio de Anolaima, Cundinamarca 13

Fuente: Imagen tomada por el autor.

Mientras las calzadas romanas llevaban sustrato e impermeabilizante elás-


tico para ser flexibles ante el paso de carretas, además de manejar una anchura
según mandato del emperador Augusto de 4 m a 13,7 m, brindando comodidad al
desplazamiento de grandes legiones, los caminos medievales no tenían acondicio-
nado el firme; escasamente había un conocimiento del terreno y allí se asentaban
unas rocas principales que confinaban y daban estabilidad.
La anchura de los caminos medievales también tuvo regulaciones preci-
samente enfocadas a animales de carga. Beristain et al.,14 señalan que el camino
debería permitir mínimo el paso de dos jinetes extendiendo los pies en las estri-
beras, por lo menos un ancho de VI codos (aproximadamente tres metros). Es
importante hacer claridad en que estas regulaciones dependían de la categoría del
camino, pero permiten tener una idea de la escala concebida para su funcionalidad.

13 Oscar Darío Ramírez Calderón, “Los hombres pasan, sus huellas perduran. Acercamiento Ar-
queológico a los Senderos Olvidados. Vías Antiguas de Movilidad en el Municipio de Anolaima
(Cundinamarca). Contacto y Época Colonial” (Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, 2016).
14 Antonio Beristain, María Larrea, Rafael Mieza y Julio Caro, “Fuentes de derecho penal vasco: (siglos
XI-XVI)”, Gran Enciclopedia Vasca, 1980.

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Cultura, historia y arqueología en la Provincia de Guanentá.
Reflexiones e investigaciones recientes en torno a nuestro pasado en el marco
del programa de arqueología preventiva implementado en el proyecto Variante San Gil

Caminos antiguos en Santander


Los caminos antiguos en el actual territorio de Colombia fueron de gran importan-
cia para la configuración de los territorios, la economía y vida de sus habitantes.
Como se ha dicho, estos caminos son una superposición de trazos en el paisaje y
cuentan la historia de un territorio desde sus orígenes con una antigüedad inima-
ginable. El departamento de Santander no ha sido la excepción y en el contexto
nacional, posiblemente es el departamento que más ha reconocido el valor de
dichos caminos antiguos.
La geografía santandereana, territorio habitado por los guanes y grupos
indígenas variados en la antigüedad, ha tenido que configurarse de una manera
especial, atendiendo a las complejidades de su geomorfología (del griego: geos =
tierra, morfeé = forma y logos = estudio, conocimiento); a sus profundos valles, me-
setas y cinchos. Esto nos permite considerar que para desplazarse eficientemente
por el territorio es indispensable tener un amplio conocimiento y, por consiguiente,
adaptaciones culturales persistentes en el tiempo.
Sin duda, si hoy persisten rutas, empedrados y caminos –ya sea reconocidos,
protegidos o no–, estos, por lo general, son el resultado de una larga relación con el
territorio de la gente que los usa. Así como las rutas son resultado de la adaptación
de las comunidades en el tiempo, también son una adaptación la tecnología de su
construcción. En su gran longitud, los caminos de Santander mantienen diseños
originales. Algunos muestran sostenibilidad en el manejo de taludes, escorren-
tías de agua lluvia a través del diseño de bateas, y también registran cambios de
nivel, encuentros entre tramos, manejo de pendientes, formas y colocación de
las piedras intencionales15.
Si bien la mayoría de estas tecnologías requiere un trabajo arqueológico y
comparativo que excede los límites de esta publicación, es posible rastrear algunos
elementos históricos republicanos. En 1848, Tomás Cipriano de Mosquera expide
un decreto donde se establece el uso de las carretas por los caminos, el ancho
de la llanta, el tipo de carga, según el invierno o el verano, y exhorta proteger los
caminos. Así mismo, el decreto del 28 de mayo de 1848 también estipula el incre-
mento de las posadas donde se ordenaba construir tambos de bahareque como
hospicios o posadas en el camino16.

15 Gómez Serrano, Sarmiento Prada y Garzón Contreras, “Generación de un diagnóstico de la situación


actual de los caminos históricos de Santander”.
16 Gómez, Sarmiento y Garzón, “Generación de un diagnóstico…”.

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5. Tecnología de caminos antiguos empedrados en Santander:
un análisis comparativo | Campos Vladymir Arias Soto

Estas posadas y hospicios parecen haber sido comunes a lo largo de las


principales rutas comerciales en la época republicana. Un ejemplo de ello es un
camino que discurre cercano a una construcción que actualmente funciona como
tienda en la vereda Balsillas, del municipio de Anolaima, en Cundinamarca 17.

Fotografía 5-2. Tienda de Los Naranjos, vereda Balsillas 18

Fuente: Imagen tomada por el autor.

Son tres los tipos de camino que es posible rastrear en el territorio san-
tandereano y que aún perduran. Caminos del periodo prehispánico, del periodo
colonial y del periodo republicano.
De los caminos prehispánicos se dispone de muy poca información fiable,
arqueológica e histórica; también hay pocas investigaciones que puedan determinar
o hacer un balance de este tipo de caminos. Gómez et al., recogen información

17 Ramírez, “Los hombres pasan, sus huellas perduran” (2016).


18 Ramírez, “Los hombres pasan, sus huellas perduran” (2016).

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Cultura, historia y arqueología en la Provincia de Guanentá.
Reflexiones e investigaciones recientes en torno a nuestro pasado en el marco
del programa de arqueología preventiva implementado en el proyecto Variante San Gil

sobre el camino Tobares-Lubigará, y mencionan que no está diseñado para el


paso de cuadrúpedos y podría haber sido usado por comunidades prehispánicas
al norte de Barichara. Hacen referencia a los abrigos rocosos en cercanías de este
camino, posible evidencia de un uso por habitantes aborígenes, y de tramos que
completan el camino y que continúan por haciendas aledañas.
Del periodo colonial se puede mencionar la ruta de Maracaibo, cuya
importancia radicó en la conexión de centros urbanos muy importantes, tales
como El Socorro, Girón y Maracaibo. También es importante destacar las rutas
comuneras, rutas campesinas usadas en las guerras que tuvieron asidero en
El Socorro, San Gil y municipios aledaños, y sin las cuales la historia de las
insurrecciones no se habría escrito de la misma manera 19 . En la república,
buena parte de los tramos coloniales se mantuvo; se destacan los tramos
que convino construir el alemán Geo Von Lengerke a cambio de tierras y
acuerdos comerciales.

Tecnologías en caminos antiguos de San Gil


En el marco de la construcción de la variante de San Gil, el programa de arqueo-
logía preventiva del proyecto ha tenido que abordar lo concerniente al manejo de
los Caminos Antiguos Empedrados (CAE). Para ello, en este apartado haremos
un balance general de los tres principales caminos que guardan relación con la
obra de la vía, y especialmente de las evidencias en tecnología de construcción
que en ellos se observa.

Camino antiguo Ejidos


El camino antiguo Ejidos se ubica en San Gil, por la vía que conduce al aeropuerto
Los Pozos, metros adelante del nuevo cementerio. Es un tramo de aproximadamente
712 m de longitud y se caracteriza por ser recorrido utilizado con frecuencia para
actividad física y recreativa.

19 Gómez, Sarmiento y Garzón, “Generación de un diagnóstico…”.

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5. Tecnología de caminos antiguos empedrados en Santander:
un análisis comparativo | Campos Vladymir Arias Soto

Figura 5-4. Camino Ejidos

Fuente: Elaboración propia, basado en Google Earth.

Este tramo tiene una pendiente que varía del 7,4 % al 15,9 %, que por la
longitud de su recorrido es de una dificultad leve. La ganancia de elevación es de
113 m. El inicio del recorrido por el cementerio nuevo tiene una altitud de 1.291 m
s. n. m. Al finalizar, cerca de la Virgen de La Legua, la altura es de 1.404 m s. n. m.

Camino antiguo Ejidos y Pericos


El camino antiguo Ejidos y Pericos comunica con la vía que va de San Gil a Ba-
richara, a la altura del Parque Extremo El Peñón Guane, desde el barrio Coovip.
La entrada del camino por su extremo de ascenso se ubica en estribaciones
de la parroquia de La Misericordia. Es un tramo de aproximadamente 806 m
de longitud y se caracteriza por ser recorrido con frecuencia para actividad
turística, física y recreativa.

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Cultura, historia y arqueología en la Provincia de Guanentá.
Reflexiones e investigaciones recientes en torno a nuestro pasado en el marco
del programa de arqueología preventiva implementado en el proyecto Variante San Gil

Figura 5-5. Camino Ejidos-Pericos

Fuente: Elaboración propia, basado en Google Earth.

Este tramo tiene una pendiente que varía del 9,5 % al 18,5 %, que por la
longitud de su recorrido es de una dificultad media. La ganancia de elevación es
de 139 m. El inicio del ascenso por la parroquia de La divina Misericordia tiene
una altitud de 1160 ms. n. m. Al finalizar, cerca de la Virgen de la Legua, la altura
es de 1.299 ms. n. m.

Camino antiguo Ojo de Agua


El camino antiguo Ojo de Agua se ubica en San Gil, por la vía que conduce a la
vereda Ojo de Agua y se configura como un atajo alternativo a un tramo de la vía
que conecta con el barrio Coovip. Es un tramo de aproximadamente 223 m de
longitud y se caracteriza por ser recorrido con frecuencia para acortar camino.

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5. Tecnología de caminos antiguos empedrados en Santander:
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Figura 5-6. Camino Ojo de Agua

Fuente: Elaboración propia, basado en Google Earth.

Este tramo tiene una pendiente que varía del 6,2 % al 16,5 %, que por la
longitud de su recorrido es de una dificultad leve. La ganancia de elevación es de
19 m. El inicio del recorrido en descenso por la salida del barrio tiene una altura
de 1.122 ms. n. m. Al finalizar, la altura es de 1.141 ms. n. m.

Construcción en piedra
Desde el punto de vista constructivo, tradicionalmente el uso de la piedra ha tenido
unas técnicas coherentes con la resistencia del material a la compresión, tracción
o flexión. En la antigüedad, para la construcción de grandes obras se usó intensi-
vamente la piedra, lo cual contribuyó a que se desarrollaran modos de disponer
el material, de manera que permitiera la mayor capacidad de resistir y mantenerse
en pie. Entre estas técnicas se pueden destacar dinteles, arcos de medio punto,
arcos ojivales y arbotantes, entre muchos otros. La construcción de los caminos

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Cultura, historia y arqueología en la Provincia de Guanentá.
Reflexiones e investigaciones recientes en torno a nuestro pasado en el marco
del programa de arqueología preventiva implementado en el proyecto Variante San Gil

no se escapa de estas lógicas de manejo de un material que es eminentemente


compresivo, es decir, su máxima capacidad de resistir esfuerzos es comprimiendo
la roca. Por tal razón, es posible rastrear algunos de los elementos en los caminos,
conforme a la disposición adecuada del material.
En particular, respecto a la disposición de las rocas en los caminos de
tradición medieval, es posible entender las hileras de roca en los extremos como
elementos que confinan el camino y traban sus elementos unos con otros. Es
factible evidenciar el razonamiento de este método en algunas construcciones
en el Cusco. A pesar de la disparidad temporal y cultural entre incas y europeos
medievales, se llega a converger en la comprensión de los materiales.

Figura 5-7. Izquierda, elementos que confinan un ‘entreluz’ incaico; derecha,


elementos que configuran un tramo de camino de tecnología medieval

Fuente: Elaboración propia.

El trabe de la roca suele ser de gran importancia para el buen comportamiento


del camino ante el uso por parte de bestias de carga y en medio de la geografía
accidentada, pues permite la integridad de los componentes. En las pronunciadas
pendientes se hacen evidentes las decisiones para la tecnología constructiva, pues
la seguridad de los usuarios se antepone a la improvisación. Es allí cuando –en
medio de un trabajo forense– el arqueólogo o especialista en patrimonio puede, a
partir de una intención, analizar las fuerzas que mantienen unida la construcción,
como el arco en la catedral, el castillo o el templo inca.

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5. Tecnología de caminos antiguos empedrados en Santander:
un análisis comparativo | Campos Vladymir Arias Soto

Fotografía 5-3. Tramo del camino Ejidos y Pericos de tecnología medieval

Fuente: Imagen tomada por el autor.

Aunque no es posible determinar una datación exacta, así como el periodo


cultural al cual pertenece cada tramo de los caminos que abordamos en este artí-
culo, sí se han podido evidenciar algunas estrategias para enfrentar complicadas
pendientes y recodos.

Escalonamientos en pendiente
La manera más común de disponer las partes que componen el camino en
pendiente suele ser un escalonado, en el que una hilera de rocas más grandes y
profundas se dispone transversalmente cada tanto para contener las rocas que
están en la parte superior. Ha sido posible observar esta técnica en inclinaciones
de hasta el 30 %, es decir, en una longitud de diez metros el camino se puede
ascender hasta tres metros.

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Cultura, historia y arqueología en la Provincia de Guanentá.
Reflexiones e investigaciones recientes en torno a nuestro pasado en el marco
del programa de arqueología preventiva implementado en el proyecto Variante San Gil

Figura 5-8. Izquierda, escalonamiento con contrahuella de soporte.


Derecha, rocas transversales en ángulo para contener el camino
en rodeos de una pendiente

Fuente: Elaboración propia.

Fotografía 5-4. Tramo escalonado de camino Ejidos y Pericos

Fuente: Imagen tomada por el autor.

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5. Tecnología de caminos antiguos empedrados en Santander:
un análisis comparativo | Campos Vladymir Arias Soto

El escalonamiento de hileras transversales también es utilizado para distribuir


el peso del camino en secciones curvas o rodeos en pendiente. En tal caso, suelen
ser dos hileras que forman un ángulo dependiendo de la curvatura del trazado.

Fotografía 5-5. Tramo escalonado con hileras de soporte en ángulo.


Camino antiguo Ejidos.

Fuente: Imagen tomada por el autor.

Una variación de este escalonamiento suele aplicarse en pendientes aún


más pronunciadas, y consiste en aprovechar rocas de mayores dimensiones insertas
en el medio natural, y beneficiarse de su ubicación para que el camino recargue
su peso en ellas. En algunos casos se observa un trabajo de tallado en la roca.

Figura 5-9. Izquierda, escalonamiento con roca de soporte,


ocasionalmente tallada. Derecha, rocas del medio natural para contener
el camino en rodeos de una pendiente

Fuente: Elaboración propia.

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Cultura, historia y arqueología en la Provincia de Guanentá.
Reflexiones e investigaciones recientes en torno a nuestro pasado en el marco
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También se ha observado esta técnica de aprovechar grandes rocas del


medio natural para contener el camino en los recodos o rodeos en pendientes. A
veces hasta dos rocas ayudan a estabilizar un tramo curvo.

Fotografía 5-6. Tramo escalonado sobre rocas naturales.


Camino Antiguo Ejidos

Fuente: Imagen tomada por el autor.

Además de las técnicas utilizadas para el manejo de pendientes pronuncia-


das, hay formas más sutiles y rápidas de disponer las partes de un camino cuando
la pendiente es suave. En pendientes que rondan el 15 % de inclinación, es decir,
que se ascienden 1,5 m por cada diez metros de recorrido, se observa que no hay
unas rocas de mayor jerarquía dispuestas transversalmente o en algunos casos, si
las hay, tienen un espaciado mucho mayor al de pendientes más fuertes.
En algunos tramos se observan rocas talladas o fracturadas que forman
paralelepípedos alargados, de manera que las caras alargadas coinciden con la
dirección del camino. Estas rocas están dispuestas de tal modo que se soportan

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5. Tecnología de caminos antiguos empedrados en Santander:
un análisis comparativo | Campos Vladymir Arias Soto

unas con otras, y por su geometría tienen mayor superficie en contacto con el
terreno; por tanto, mayor resistencia axial al desplazamiento.

Figura 5-10. Escalonamiento con piezas talladas en forma


de paralelepípedo alargado

Fuente: Elaboración propia.

Figura 5-11. En planta, piezas talladas en forma de paralelepípedo alargado,


generalmente usadas en tramos rectos

Fuente: Elaboración propia.

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Cultura, historia y arqueología en la Provincia de Guanentá.
Reflexiones e investigaciones recientes en torno a nuestro pasado en el marco
del programa de arqueología preventiva implementado en el proyecto Variante San Gil

Fotografía 5-7. Tramo con piezas rectangulares en pendiente leve.


Camino Antiguo Ejidos

Fuente: Imagen tomada por el autor.

Otra manera de disponer las rocas en pendiente poco pronunciada ha


sido imbricando o sobreponiendo piezas aplanadas. Al igual que la técnica de
piezas rectangulares, se soportan unas a otras, transmitiendo la carga de ma-
nera ordenada para mantener su integridad. Este modo de disponer las piedras
en pendiente está relacionado con el ‘falso arco’, en el que se transmiten las
cargas de manera similar.

{ 110 }
5. Tecnología de caminos antiguos empedrados en Santander:
un análisis comparativo | Campos Vladymir Arias Soto

Figura 5-12. Derecha, escalonamiento con piezas aplanadas, imbricadas.


Izquierda, ‘Falso arco’

Fuente: Elaboración propia.

Fotografía 5-8. Tramo con piezas superpuestas en pendiente leve.


Camino Antiguo Ejidos

Fuente: Imagen tomada por el autor.

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Cultura, historia y arqueología en la Provincia de Guanentá.
Reflexiones e investigaciones recientes en torno a nuestro pasado en el marco
del programa de arqueología preventiva implementado en el proyecto Variante San Gil

Bibliografía
Alcayhuamán, Leonardo. “La ingeniería civil de los incas”. En 5th Latin American and
Caribbean Conference for Engineering and Technology (2007).
Beristain, Antonio, María Ángeles Larrea Sagarminaga, Rafael María Mieza y Julio Caro Baroja.
“Fuentes de derecho penal vasco:(siglos XI-XVI)”. Gran Enciclopedia Vasca, 1980.
“GeoparquesWeb”. Acceso el 6 de diciembre de 2023. https://geoparques.icanh.gov.co/#/
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ción de un diagnóstico de la situación actual de los caminos históricos de Santander”.
Secretaría de Cultura y Turismo de Santander, (s.f.).
Kosiba, Steven. “Caminando el Cusco: mapas, movimiento y memoria social en el corazón
del Imperio Inca”. Nuevas tendencias en el estudio de los caminos (2017).
Lynch, Kevin. “La imagen de la ciudad”, 2013.
Osoro, Elena Barrena. “Los caminos medievales y sus precedentes romanos”. En IV Semana
de Estudios Medievales: Nájera, 2 al 6 de agosto de 1993, 31-44. Instituto de Estudios
Riojanos, 1994.
Ramírez Calderón, Oscar Darío. “Los hombres pasan, sus huellas perduran. Acercamiento
Arqueológico a los Senderos Olvidados. Vías Antiguas de Movilidad en el Municipio
de Anolaima (Cundinamarca). Contacto y Época Colonial”. Bogotá: Universidad
Nacional de Colombia, 2016.

{ 112 }
6. Síntesis de la implementación
del Programa de Arqueología
Preventiva (PAP) en el proyecto
Variante San Gil, departamento
de Santander

Iván Leonardo Lozada Barragán


Antropólogo Universidad Nacional de Colombia
Líder del equipo de arqueología de Concay S. A., Variante San Gil1

En este artículo se pretende mostrar una síntesis de los re-


sultados obtenidos en la implementación del Programa de
Arqueología Preventiva (PAP) en el proyecto Variante San Gil,
enfocándonos en los materiales arqueológicos recuperados
durante las actividades de monitoreo y excavación.
Los materiales arqueológicos están representados por
fragmentos cerámicos, objetos líticos, restos óseos parciales
de un individuo y, en menor medida, objetos fósiles, los
cuales fueron analizados por el equipo de arqueología de
la empresa Concay S. A., esperando con ello contribuir al
conocimiento de la historia prehispánica de la denominada
área arqueológica Guane, que abarca la parte central del
actual departamento de Santander.
Se expone, en primer lugar, lo relacionado con los
materiales cerámicos y su organización tipológica, para luego

1 Debo agradecer a los miembros del equipo de arqueología que hicieron


posible este trabajo: Vladymir Arias Soto (análisis cerámico y diagrama-
ción), Camilo Barrios, Daniel Rojas, Rainer Rada, Jhosep Guzmán (aná-
lisis cerámico y lítico); Edith Muñoz (divulgación), Wendy Ehrhardt (lo-
gística), y a las personas que hicieron parte del grupo en algún momento
y realizaron las labores de campo.

{ 113 }
Cultura, historia y arqueología en la Provincia de Guanentá.
Reflexiones e investigaciones recientes en torno a nuestro pasado en el marco
del programa de arqueología preventiva implementado en el proyecto Variante San Gil

mostrar los elementos líticos y, por último, se presenta el análisis especializado de


los restos óseos y su relación con la fecha radiocarbónica obtenida del colágeno
de una pieza dental del individuo.

Material cerámico
El conjunto total de elementos cerámicos se compone de 4.586 fragmentos recu-
perados en la ejecución de actividades de pozos de sondeo, monitoreo y cortes
de excavación, como se muestra en la tabla 1. Aunque no se hallaron piezas en-
teras, mediante un juicioso trabajo de reconstrucción fue posible unir algunos
fragmentos que pertenecían a una misma vasija, lo que dio como resultado piezas
semicompletas representadas por un cuenco, algunas asas y fragmentos de cuerpo
en donde se aprecian mejor los motivos decorativos.

Tabla 1. Fragmentos cerámicos por actividad arqueológica

Frecuencia de Porcentaje de
Actividad
fragmentos fragmentos
arqueológica
cerámicos cerámicos

CORTE 1 561 12,23 %

CORTE 2 382 8,33 %

MONITOREO 3.257 71,02 %

POZO DE SONDEO 386 8,42 %

TOTAL 4.586 100,00 %

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6. Síntesis de la implementación del Programa de Arqueología Preventiva (PAP) en el
proyecto Variante San Gil, departamento de Santander | Iván Leonardo Lozada Barragán

Figura 6-1. Cuenco semirreconstruido

Fuente: Ilustración de Vladymir Arias Soto.

En el análisis cerámico se utilizaron las tipologías cerámicas propuestas


por otros investigadores para el área arqueológica Guane (Colorado 2021 2 y esta
publicación3; Lleras 19864; Lleras y Vargas 19905; Morales y Cadavid 19846; Su-
therland 19907), las cuales están asociadas a una cronología que distingue entre
los periodos Guane Temprano (s. VIII-XIII d. C.) y Guane Tardío (s. XIII-XVI d.
C.). Aunque en este texto no profundizaremos en la idoneidad de las tipologías
existentes, es necesario resaltar la necesidad de estudios más rigurosos que

2 Camilo Colorado, Patrimonio Arqueológico presente en Oiba – Santander (Bogotá: Secretaría de Cultura,
Recreación y Deporte, 2021), 18-19.
3 Camilo Colorado, El estudio de la alfarería prehispánica en el sur de Santander, Colombia: discusiones
actuales y agendas de investigación (esta publicación).
4 Roberto Lleras, “Un conjunto orfebre asociado a cerámica guane”, Revista Colombiana de Antropolo-
gía, n.º 26 (1986), 68-80.
5 Roberto Lleras y Arturo Vargas, “Palogordo. La prehistoria de Santander en los Andes Orientales”,
Boletín Museo del Oro, vol. 26, n.º 1 (1991): 70-74, 84-89.
Gilberto Cadavid y Jorge Morales, Investigaciones arqueológicas y etnohistóricas en el área guane (Bogo-
tá: Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales, 1984), 129-147.
7 Donald Sutherland, Investigaciones preliminares sobre la prehistoria de Santander. (Bucaramanga: Uni-
versidad Industrial de Santander, 1990).

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Cultura, historia y arqueología en la Provincia de Guanentá.
Reflexiones e investigaciones recientes en torno a nuestro pasado en el marco
del programa de arqueología preventiva implementado en el proyecto Variante San Gil

ayuden a refinar tanto la cronología como los tipos cerámicos que representan
cada uno de los periodos propuestos por los arqueólogos.
Para efectos prácticos, en la tabla 2 se muestran los tipos cerámicos que
fueron tenidos en cuenta en nuestro análisis, así como la cronología relativa
asociada a cada uno de ellos.

Tabla 2. Tipos cerámicos considerados en el análisis

Frecuencia Porcentaje Periodo


Tipo cerámico
tipo cerámico tipo cerámico asociado
MICACEO ROJO 1091 23,79 % Temprano
MICACEO FINO 315 6,87 % Temprano
OCRE SOBRE
287 6,26 % Temprano
CREMA
ROJO SOBRE
654 14,26 % Tardío
ROJO/NARANJA
ROJO SOBRE
247 5,39 % Tardío
AMARILLO
CARMELITO
986 21,50 % Indeterminado
BURDO
POROSO 818 17,84 % Indeterminado
Colonial-
MODERNO 173 3,77 %
moderno
INDETERMINADO 15 0,33 % No aplica
Total 4.586 100,00 %

Es necesario precisar que no se ha considerado el tipo Chicamocha Inciso


Impreso dentro de esta clasificación porque nos parece problemática su defini-
ción, debido a que contempla, en mayor medida, fragmentos diagnósticos con
decoración incisa en patrones lineales y puntos. Nuestro análisis estima que es
posible agrupar el tipo definido como Chicamocha Inciso Impreso junto al Car-
melito Burdo, pues presentan las mismas características a nivel técnico y formal
como para ser considerados un solo tipo. En otras palabras, creemos que el tipo
Carmelito Burdo es un Chicamocha Inciso Impreso no diagnóstico.

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6. Síntesis de la implementación del Programa de Arqueología Preventiva (PAP) en el
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Lo anterior presenta un problema cronológico, pues el tipo Caramelito


Burdo se cataloga dentro del periodo Temprano, mientras que el tipo Chicamocha
Inciso Impreso se supone representativo del periodo tardío. En consecuencia, al
fusionar los dos tipos en uno solo la periodicidad se considera indeterminada,
pues no es posible establecer con certeza la temporalidad de este. Sin embargo,
fechas de radiocarbono asociadas a fragmentos identificados como propios del
Chicamocha Inciso Impreso excavados cerca al área del proyecto los ubican con
toda seguridad entre los siglos XIV y XV8, es decir, se puede confirmar que en el
periodo Guane Tardío se está usando esta clase de cerámica, pero no es posible
establecer con certeza desde cuándo aparece en la secuencia cronológica.
En el caso del tipo Poroso, tampoco es clara su definición ni su asociación
cronológica, motivo por el cual en este trabajo también lo consideramos crono-
lógicamente indefinido.
La clasificación cerámica muestra una ocupación en el área de estudio
para ambos periodos prehispánicos, y en menor medida se encuentran elementos
que dan cuenta del periodo colonial-moderno (tablas 2 y 3). No es posible hacer
inferencias sobre el patrón de asentamiento por periodos, teniendo en cuenta que
la mayoría de los fragmentos provienen de actividades de monitoreo arqueológico
en donde los elementos han sido desplazados de su contexto deposicional original
tanto a nivel horizontal como vertical.

Tabla 3. Representatividad de fragmentos por periodo

Periodo Frecuencia Porcentaje

GUANE TEMPRANO 1.693 36,92 %


GUANE TARDÍO 901 19,65 %
INDETERMINADO 1.819 39,66 %
COLONIAL- MODERNO 173 3,77 %
TOTAL 4.586 100,00 %

8 Electrificadora de Santander S. A. – JE Jaimes Ingenieros, Implementación del plan de manejo arqueo-


lógico para el proyecto línea de transmisión San Gil – Barbosa a 115 kv y conexiones. Municipios de San Gil,
Cabrera, Socorro, Palmas del Socorro, Guapotá, Oiba, Suaita, San Benito, Güepsa y Barbosa (Documento
inédito, sin publicar).

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Cultura, historia y arqueología en la Provincia de Guanentá.
Reflexiones e investigaciones recientes en torno a nuestro pasado en el marco
del programa de arqueología preventiva implementado en el proyecto Variante San Gil

Material lítico
Los elementos líticos fueron clasificados en categorías morfofuncionales que
dan cuenta de artefactos usados para machacar, moler, raspar y pulir. Como en
el caso de la cerámica, la mayoría de los elementos provienen de actividades de
monitoreo que los han desplazado de su contexto primario y, por lo tanto, es
difícil establecer relaciones espaciales y estratigráficas (tabla 4).
Llama la atención que la mayor frecuencia de elementos está representada
por cantos rodados pulidos con desgate en ambos extremos, usados posiblemente
para actividades de machado. Otros artefactos se relacionan con actividades de
molienda o procesamiento de alimentos, como las manos de moler, y se reporta
un volante de huso fragmentado que se relaciona con actividades de hilado.

Tabla 4. Elementos líticos por actividad arqueológica

Actividad
Frecuencia de líticos Porcentaje de líticos
arqueológica
MONITOREO 40 78,43 %
CORTE 1 10 19,61 %
POZO DE SONDEO 1 1,96 %
Total 51 100,00 %

Tabla 5. Categorías morfofuncionales de los líticos estudiados

Forma tipo Frecuencia Porcentaje

Canto rodado con


13 25,49 %
borde desgastado
Indeterminado 7 13,73 %
Núcleo 6 11,76 %
Lasca triangular 4 7,84 %
Mano de moler 3 5,88 %
Pulidor 3 5,88 %
Chopping tool 3 5,88 %

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6. Síntesis de la implementación del Programa de Arqueología Preventiva (PAP) en el
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Forma tipo Frecuencia Porcentaje


Hacha 2 3,92 %
Machacador 2 3,92 %
Chopper 2 3,92 %
Irregular atípica 2 3,92 %
Volante de huso 1 1,96 %
Debris 1 1,96 %
Lasca prismática 1 1,96 %
Desecho 1 1,96 %
Total 51 100,00%

Análisis óseo
Este análisis se realizó a los restos óseos del individuo encontrado en el corte 2.
A pesar del deplorable estado de conservación y la fragmentación de los huesos,
fue posible consolidar y reconstruir algunos de ellos, teniendo un porcentaje de
representatividad del 45 % del individuo. Se identificaron algunos fragmentos de
ambos maxilares, mientras que en el esqueleto poscraneal se registran la escápula
derecha, algunos fragmentos de los arcos costales izquierdos y derechos, otros
del ilión izquierdo, además de las diáfisis de ambos húmeros, la epífisis proximal
del húmero derecho y las diáfisis de ambos radios y cúbitos. Adicionalmente, se
identificó un fragmento del escafoides derecho y una falange proximal de la mano
que no fue posible lateralizar. Con respecto a los miembros inferiores se registra
presencia de las diáfisis fragmentadas de ambos fémures, tibias y fíbulas, además
de la epífisis proximal del fémur izquierdo. También se lograron recuperar algunas
piezas dentales entre las que se encuentran los incisivos superiores izquierdos,
los incisivos centrales inferiores, el incisivo lateral inferior izquierdo, el canino
inferior izquierdo y el premolar 1 inferior izquierdo.
Con relación a la cuarteta básica de identificación, solo fue posible estimar
la edad aproximada y la filiación genética, debido al mal estado de conservación
de los huesos. La estatura y el sexo biológico no fueron identificados. Se trata
de un individuo subadulto entre los 7 y los 13 años, con incisivos en pala que
demuestran una filiación con poblaciones amerindias.

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Cultura, historia y arqueología en la Provincia de Guanentá.
Reflexiones e investigaciones recientes en torno a nuestro pasado en el marco
del programa de arqueología preventiva implementado en el proyecto Variante San Gil

El análisis paleopatológico identifica que al momento de la muerte, el


individuo presentaba periostosis bilateral en las tibias y las fíbulas, indicios de
una infección sistémica de causa no identificada.
De otra parte, el análisis de las piezas dentales muestra la presencia de
líneas hipoplásicas en el esmalte, las cuales son un indicador de estrés no espe-
cífico asociado a múltiples factores como la malnutrición, traumas o aspectos
psicológicos que causan el cese o disminución de la función de los ameloblastos
durante la etapa de formación del esmalte, generando una reducción en el es-
pesor y manifestándose como surcos horizontales poco profundos o profundos
que rodean las coronas de los dientes. Se estima que el rango de edad en que se
presentaron estos eventos de estrés que causaron la hipoplasia está entre los 3,2
y los 5,2 años, es decir, en la etapa de desarrollo infantil del individuo.

Análisis de cálculo dental


La presencia de cálculo en las piezas dentales del individuo excavado en el corte
2 permitió la identificación de almidones y fitolitos, los cuales son indicadores
de las plantas consumidas previo a su muerte.
En este caso se recuperaron más de 28 granos de almidón, identificados
dentro de 5 taxones (Zea mays, Cucurbitaceae (consistente con los géneros
Cucurbita (ej. ahuyama), Sechium (ej. cidra) y Cucumis (ej. pepino) Bactris cf.
gasipaes, Triticum ssp., Xanthosoma cf. Saggitifolium), además de granos tran-
sitorios y un grano no identificado. En cuanto a fitolitos, fueron recuperados
solo 3, lo cual se debe principalmente a que la función de este tipo de micro-
rrestos en las plantas está relacionada con la protección y fortalecimiento de
estructuras, por lo que suelen encontrarse en partes que no son consumidas,
como las cáscaras y hojas duras y tallos. Sin embargo, resalta la presencia de
un fitolito afín a Cucurbita cf. maxima.
Se observaron granos muy alterados, lo que evidencia el uso de varias
técnicas de preparación como tostado, representado en los granos con cavidad
central y pérdida de la nitidez en la cruz de malta; esto incluye un grano de
Zea mays y el grano no identificado. El otro método de cocción observado es
la cocción en húmedo (hervido), evidenciada por la formación de clústeres
de granos que no se separan fácilmente por acción mecánica (extracción y
preparación de la muestra) y redondeamiento de las formas subangulares y
un ligero aumento de tamaño en los granos. Asimismo, se observa la acción

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6. Síntesis de la implementación del Programa de Arqueología Preventiva (PAP) en el
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enzimática de la saliva en los granos, principalmente en los granos transitorios,


más susceptibles debido a su pequeño tamaño.
Por último, aunque solo se recuperó un zooclasto, este pertenece a las es-
camas del ala de un lepidóptero, insecto asociado al almacenamiento de cereales
y pseudocereales como el trigo, el maíz y taxones que no se identificaron en la
muestra, como quinua y amaranto.

Datación por radiocarbono


La datación de una pieza dental por el método de AMS permitió tener certeza
sobre la antigüedad del individuo excavado en el corte 2. La muestra con
código BETA-699144 arrojó las siguientes fechas calibradas para los niveles
de confianza señalados:

95,4 % de probabilidad

(91,4 %) 1423 - 1500 Cal AD (527 - 450 Cal BP)

(4 %) 1600 - 1616 Cal AD (350 - 334 Cal BP)

68,2 % de probabilidad

(68,2 %) 1436 - 1473 Cal AD (514 - 477 Cal BP)

Conclusiones
El estudio de los materiales arqueológicos recuperados en el proyecto Variante San
Gil permite contribuir a la construcción de la historia prehispánica de la región
central del departamento de Santander.
Las diversas líneas de evidencia señalan una ocupación prehispánica desde
el periodo Guane Temprano (s. VIII-XIII d. C.) hasta posiblemente el siglo XVII,
según indica la fecha de radiocarbono asociada al individuo excavado en el corte 2.
Relacionado con esto último, llama la atención la identificación de
almidones pertenecientes al género Triticum ssp. como parte de la dieta del

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Cultura, historia y arqueología en la Provincia de Guanentá.
Reflexiones e investigaciones recientes en torno a nuestro pasado en el marco
del programa de arqueología preventiva implementado en el proyecto Variante San Gil

individuo, pues es sabido que el trigo es originario de oriente próximo y solo


pudo estar presente en América al ser introducido por los invasores europeos
a partir del siglo XVI.
Teniendo en cuenta este dato, y considerando que la fecha radiocarbó-
nica abre la posibilidad, por pequeña que esta sea estadísticamente hablando,
de que el individuo haya vivido aproximadamente entre los años 1600 d. C. y
1616 d. C., podríamos considerar que se trata de una persona que perteneció
a un grupo humano que vivió en plena época de contacto; concretamente a
los remanentes de los grupos indígenas que estaban siendo sometidos por los
invasores europeos, que se sabe llegaron al actual departamento de Santander
en fecha tan temprana como 1532, para el caso de Ambrosio Alfinger, y 1539,
cuando Martín Galeano funda la ciudad de Vélez e inicia la incursión en el
territorio llamado “propiamente Guane” 9.
También podríamos pensar que la presencia de hipoplasia en el esmalte
dental es producto de algún traumatismo o estrés en edad muy temprana rela-
cionado con factores adversos que indicarían que el entorno social en el que se
encontraba el individuo pasaba por situaciones desfavorables que no permitían
unas buenas condiciones de vida. Esta situación puede llegar a ocurrir cuando se
ve comprometida la supervivencia del grupo por causas externas como el some-
timiento por parte un grupo invasor que está diezmando la población indígena.
Además, el análisis de la cerámica encontrada en el mismo corte en que
se excavó el individuo nos indica su pertenencia a los tipos del periodo tardío y
a lo que consideramos como Moderno, siendo que esta última categoría abarca
fragmentos de loza vidriada de origen foráneo.
Con todo, es posible pensar que las poblaciones indígenas que poblaron
el actual municipio de San Gil tuvieron una secuencia de ocupación que abarca
varios siglos anteriores a la Conquista, y supervivieron en condiciones paupérrimas
después del exterminio al que fueron sometidas.

9 Juan de Castellanos, Elegías de varones ilustres de Indias, Tomo IV. (Bogotá: Editorial ABC 1955 [1601]).

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6. Síntesis de la implementación del Programa de Arqueología Preventiva (PAP) en el
proyecto Variante San Gil, departamento de Santander | Iván Leonardo Lozada Barragán

Bibliografía
Electrificadora de Santander S. A.– JE Jaimes Ingenieros. Implementación del plan de manejo
arqueológico para el proyecto línea de transmisión San Gil –Barbosa a 115 kv y conexiones.
municipios de San Gil, Cabrera, Socorro, Palmas del Socorro, Guapotá, Oiba, Suaita, San
Benito, Güepsa y Barbosa. (Documento inédito, sin publicar).
Cadavid, Gilberto y Jorge Morales. Investigaciones arqueológicas y etnohistóricas en el área
guane. Bogotá: Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales, 1984.
Castellanos, Juan de. Elegías de varones ilustres de Indias, 4 vols. Bogotá: Editorial ABC, 1955.
Colorado, Camilo. Patrimonio Arqueológico presente en Oiba - Santander. Bogotá: Secretaría
de Cultura, Recreación y Deporte, 2021.
Lleras, Roberto. “Un conjunto orfebre asociado a cerámica guane”, en Revista Colombiana
de Antropología, vol. 26, n.o 1 (1986).
Lleras, Roberto y Arturo Vargas. “Palogordo. La prehistoria de Santander en los Andes
Orientales”, en Boletín Museo del Oro, vol. 26, n.o 1 (1991).
Sutherland, Donald. Investigaciones preliminares sobre la prehistoria de Santander
(traducción de Amelia Acebedo y Alicia Mantilla). Bucaramanga: Universidad
Industrial de Santander, 1990.

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