0% encontró este documento útil (0 votos)
30 vistas3 páginas

MIEDOS

El tratamiento conductual se basa en la idea de que las emociones negativas surgen del miedo, y al enfrentar y aceptar estas emociones, se puede eliminar ese temor. Se proponen cuatro pasos para un afrontamiento efectivo: identificar sensaciones y asociaciones, aumentar la exposición a las emociones negativas, y planificar las exposiciones diarias. La aceptación radical implica no actuar ante el miedo, como demuestra el caso de Mónica, quien encontró paz al aceptar su ansiedad sin intentar escapar.

Cargado por

Gema Torrijos
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
30 vistas3 páginas

MIEDOS

El tratamiento conductual se basa en la idea de que las emociones negativas surgen del miedo, y al enfrentar y aceptar estas emociones, se puede eliminar ese temor. Se proponen cuatro pasos para un afrontamiento efectivo: identificar sensaciones y asociaciones, aumentar la exposición a las emociones negativas, y planificar las exposiciones diarias. La aceptación radical implica no actuar ante el miedo, como demuestra el caso de Mónica, quien encontró paz al aceptar su ansiedad sin intentar escapar.

Cargado por

Gema Torrijos
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

- Para empezar, recordemos que el principio número uno del tratamiento conductual es que

las emociones negativas SÓLO están ahí porque les tenemos miedo. Por lo tanto, cuando
eliminemos ese temor, las emociones desaparecerán. Y que afrontar es exponerse a esas
emociones negativas hasta perderles completamente el miedo.

Ése es el mecanismo rey para perder el temor: exponerse, habituarse, convivir con él largo
tiempo.

- En segundo lugar, recordemos que necesitamos tener fe para emprender una campaña de
afrontamiento diario que nos conduzca al éxito.

Así pues, para diseñar y planificar un buen afrontamiento es preciso llevar a cabo los
siguientes cuatro pasos:

1. Identificar las sensaciones

. ¿Cuáles son exactamente las sensaciones o los síntomas que me atormentan? ¿Cómo son,
con todo detalle? ¿Cuál es su textura? Por ejemplo, las personas con ataques de ansiedad
suelen sentir opresión en el pecho, aceleración de pensamientos, miedo, incapacidad para
concentrarse... Tienen que sentirlas con todo detalle. Es importante recordar aquí que, en
realidad, la diana de nuestro trabajo son esas sensaciones, porque a lo que le tenemos miedo
es siempre la ansiedad, la tristeza, etc. (no a morirnos, o arruinarnos o cualquier otra
desgracia). El problema son las experiencias internas que rechazamos frenéticamente.

2. Identificar las asociaciones. Siguiendo con el ejemplo de los ataques de pánico, las
sensaciones (ansiedad, mareo, etc.) suelen ir asociadas a escenarios o situaciones: salir de
casa, conducir el coche o entrar en unos grandes almacenes. Éstas son «las asociaciones»:
situaciones en las que creo que me puede dar el ataque. Las llamamos «asociaciones» porque
son las situaciones a las que la mente ha «asociado» el malestar, por lo que ahora tememos
ambas cosas: la ansiedad y la situación asociada.

3. Aumentarlo todo. Para aceptar totalmente las emociones negativas, hemos de sumergirnos
al máximo en ellas. Por eso, es conveniente aumentarlas en la medida de lo posible: llevarlas
a la dimensión más elevada. Es un proceso similar a limpiar una herida con agua oxigenada:
la lavamos bien, le echamos alcohol para desinfectarla y la exponemos al aire y la luz para
que se cure por sí sola. Por lo tanto, en el ejemplo anterior, el paso de «aumentarlo todo»
consistiría en coger el coche o en pasar dos o tres horas en unos grandes almacenes
completamente solos, y sin protección alguna, ¡durante más tiempo del que imaginamos que
nos sería posible hacerlo! Eso es aumentarlo todo.

4. Planificarlo todo. Se trata de programar las exposiciones para los días y las semanas
siguientes. Este paso es esencial. Consiste en crear las oportunidades para realizar una
exposición completa, diaria y prolongada. Cuando planificamos, estamos diciendo a nuestra
mente: «Voy a entrar en contacto con esta emoción a diario para desensibilizarme
totalmente; es mi prioridad vital. Voy a hacerlo cada día, con fe». El solo hecho de planificar
diariamente ya es un ejercicio de aceptación total y de determinación: «Voy a superar este
tema aunque sea lo último que haga; estoy decidido». Cuando planificamos la exposición de
esta forma, con generosidad, poniendo todo el foco en las emociones negativas, suele
sobrevenir una sensación de vértigo e indefensión porque nos adentramos en el terreno de la
incertidumbre, pero eso es genial. Es lo que necesitamos. Es posible que también aparezcan
las dudas: «Si hago esto, ¿no empeoraré?». Sin embargo, el vértigo, la indefensión y las
dudas son buenas señales. Vamos bien. Estamos adentrándonos en un terreno que no nos
gusta pero que conduce a la curación, como millones de personas han experimentado antes.

La aceptación radical que buscamos implica no hacer nada, no moverse: sólo tolerar, con la
máxima tranquilidad posible.
El ejemplo de Monica sirve para entender la no-acción, y que fue clave para su rápida
curación. Mónica, de cuarenta años de edad, tenía ataques de pánico desde hacía años. Cuenta
lo siguiente:

El sábado había quedado con unos amigos para hacer una excursión. Me pasaron a buscar
por casa. Llamaron al interfono y bajé. Estaba feliz de poder salir al monte, una de mis
grandes pasiones.
Di dos besos a cada uno y nos dispusimos a meternos en el coche. Había prisa porque
llegábamos tarde a otro punto de encuentro. Allí abajo, en la calle, el conductor repartió los
asientos. Antes de que me diese cuenta, me sentaron detrás, en el asiento de en medio. No
tuve tiempo de decir nada.
¡Dios mío, estaba atrapada entre dos personas en un espacio minúsculo! Allí me podía dar
un ataque de ansiedad y no habría manera de salir rápidamente. El coche arrancó y al
instante empecé a ponerme frenética. Ninguno de mis acompañantes sabía nada de mi
ansiedad y me daba mucha vergüenza que se dieran cuenta.
Mi mente se sobresaltó: «¡Santo Dios, si me da un ataque aquí, me muero! ¡Estoy
atrapada!».
De repente me acordé de la terapia y me vino a mi mente la palabra «afrontar» y luego
«aceptar». Así que pensé: «Vale, Mónica, tienes una oportunidad de practicar. Se trata de
afrontar y aceptar.. Y de golpe se me encendió una lucecita: «Mónica, aquí debes NO
HACER NADA». Y visualicé un cartel de neón en mi frente con la palabra: «NADA». Y,
¡pam!, en ese momento me sobrevino una gran paz. Los nervios desaparecieron como por
arte de magia.

Efectivamente, Mónica había comprendido que aceptar suponía no hacer, no defenderse, tan
sólo estar ahí. Hasta ese momento, los ataques de ansiedad la obligaban a actuar, aunque
fuera pensando en cómo escapar. De forma automática. Casi sin darse cuenta. Y, por primera
vez, había vislumbrado una alternativa muy diferente. La única alternativa eficaz. Parar y
estar ahí, todo el tiempo que fuese necesario.

También podría gustarte