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Ensayo El Divorcio

El ensayo aborda la perspectiva bíblica sobre el matrimonio y el divorcio, destacando que el diseño original de Dios es un matrimonio para toda la vida, aunque reconoce que el divorcio puede ser necesario en casos de infidelidad o abuso. La iglesia, en particular las Asambleas de Dios, enfatiza la importancia de la restauración y el acompañamiento a quienes han pasado por un divorcio, permitiendo el nuevo matrimonio bajo condiciones bíblicas. Se concluye que, aunque el divorcio es doloroso, los cristianos divorciados no están condenados y deben ser tratados con amor y respeto dentro de la comunidad de fe.
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Ensayo El Divorcio

El ensayo aborda la perspectiva bíblica sobre el matrimonio y el divorcio, destacando que el diseño original de Dios es un matrimonio para toda la vida, aunque reconoce que el divorcio puede ser necesario en casos de infidelidad o abuso. La iglesia, en particular las Asambleas de Dios, enfatiza la importancia de la restauración y el acompañamiento a quienes han pasado por un divorcio, permitiendo el nuevo matrimonio bajo condiciones bíblicas. Se concluye que, aunque el divorcio es doloroso, los cristianos divorciados no están condenados y deben ser tratados con amor y respeto dentro de la comunidad de fe.
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Instituto Bíblico Monte Carmelo

Del Concilio Nacional de las Asambleas de Dios

Ensayo

Alumna:
Dalia Lizeth González Escandón

Sede Monterrey Aula Croc

Mayo del 2025.


¿EL MATRIMONIO Y EL DIVORCIO DENTRO DE
LA IGLESIA?
Introducción

Hoy en día, hablar del matrimonio como una unión “para toda la vida” suena casi
anticuado. En muchos países, incluido Estados Unidos, el divorcio se ha vuelto algo
común, incluso entre los cristianos. Las cifras muestran que muchas personas, aun dentro
de la iglesia, han pasado por un divorcio o están en segundas nupcias. Frente a esta
realidad, surgen muchas preguntas: ¿Qué piensa Dios del matrimonio y el divorcio? ¿Qué
enseña la Biblia sobre estas situaciones? ¿Qué hace la iglesia con quienes se han separado y
vuelto a casar?

Este tema no es solo para teólogos o pastores, sino para todos los que quieren seguir
a Jesús con sinceridad. La intención de este texto es aclarar lo que dice la Biblia sobre el
matrimonio, el divorcio y el nuevo matrimonio, y cómo las Asambleas de Dios han
decidido abordar este asunto, tratando de ser fieles a las Escrituras y, al mismo tiempo,
compasivos con quienes han vivido experiencias dolorosas. Porque al final del día, todos
necesitamos verdad, pero también gracia.

¿Qué pasa con el matrimonio, el divorcio y volver a casarse según la Biblia?

Hoy en día, hablar de matrimonio para toda la vida suena medio anticuado, ¿no?
Pareciera que la idea de estar con una sola persona “hasta que la muerte los separe” ya no
va con esta época. Las estadísticas lo confirman: muchas parejas se separan, incluso dentro
de la iglesia. Pero, ¿qué dice la Biblia al respecto? ¿Qué pasa si ya me divorcié? ¿Puedo
volver a casarme? Bueno, vamos por partes.

Primero que nada, el diseño original de Dios para el matrimonio siempre fue entre
un hombre y una mujer, y para toda la vida. No es algo que se inventó después, sino que
viene desde el Edén, cuando Dios le dio a Adán una compañera que fuera su igual, alguien
con quien pudiera compartir la vida en todos los sentidos. Ese vínculo no era solo algo
romántico, era un pacto serio, espiritual y emocional. Así lo dejó claro Jesús cuando dijo
que lo que Dios une, el ser humano no debería separarlo (Mateo 19:6).
Ahora bien, sabemos que no vivimos en un mundo ideal. A veces las cosas no salen
como uno espera. Hay infidelidades, abandono, violencia, o simplemente un pasado
complicado antes de conocer a Cristo. Por eso, aunque Dios odia el divorcio (porque rompe
ese pacto tan especial), la Biblia sí reconoce que hay momentos donde el divorcio puede ser
necesario, sobre todo para proteger al más vulnerable.

Por ejemplo, Jesús permitió el divorcio en casos de infidelidad sexual (Mateo 5:32),
y Pablo agregó que si una persona creyente es abandonada por su cónyuge no creyente, no
tiene la culpa y puede separarse (1 Corintios 7:15). Además, si antes de conocer a Jesús
alguien ya se había divorciado, eso queda en el pasado, porque en Cristo somos una nueva
creación (2 Corintios 5:17). ¡Eso es tremendo!

Y sí, también se puede volver a casar, pero con cuidado. No se trata de salir a buscar
pareja al primer bajón emocional, sino de asegurarse de que hay razones bíblicas válidas. El
nuevo matrimonio debe reflejar ese mismo compromiso con Dios, con el otro y con uno
mismo. No es solo rehacer la vida, es hacerlo bien, con madurez, respeto y, sobre todo,
amor del bueno.

También se habla del tema de los líderes en la iglesia. En algunos casos, el pasado
de divorcio puede hacer que se evalúe su participación en ciertos roles, pero eso no
significa que estén descalificados para siempre. Si la persona ha mostrado crecimiento,
restauración y un nuevo matrimonio saludable, puede volver a servir y liderar, siempre y
cuando se mantenga firme en su caminar con Dios.

Y hay otra cosa importante: el tema del abuso. Nadie, absolutamente nadie, debe
quedarse en una relación peligrosa. El amor no golpea, no humilla, no controla. Si hay
violencia, el pacto matrimonial ya está roto, porque el amor de Dios es protector, no dañino.

En fin, este asunto no es blanco y negro, pero lo que sí queda claro es que Dios
valora muchísimo el matrimonio, pero también valora profundamente a cada persona que lo
vive, incluso cuando ha fallado, ha sido herida o ha tomado malas decisiones. La iglesia no
está para juzgar, sino para acompañar, enseñar y restaurar.
Así que, si estás casado, lucha por tu matrimonio. Si estás divorciado, no estás
condenado. Y si vas a casarte otra vez, hazlo con la guía de Dios, con madurez y con un
corazón que busca honrar a Cristo.1

Conclusión

El matrimonio entre un hombre y una mujer, pensado para toda la vida, ha sido
siempre el modelo cristiano según lo que enseña toda la Biblia. En las Asambleas de Dios
valoramos tanto el matrimonio que solo aceptamos el divorcio en casos muy específicos
que están justificados por las Escrituras. Y cuando reconocemos que un divorcio está
justificado, también creemos que la persona tiene libertad para volver a casarse. Ahora bien,
incluso cuando no se cumplen esas excepciones, creemos que los cristianos que se han
divorciado y vuelto a casar siguen siendo parte del pueblo de Dios y deben ser tratados
como hermanos y hermanas en Cristo.2

1
Reglamento de la iglesia local.
2
Constitución de las Asambleas de Dios.
3 Reflexiones personales.

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