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Capitulo 8 Antropologia

El capítulo aborda la naturaleza y diversidad de las agrupaciones familiares, destacando la familia nuclear y extendida, así como los sistemas de filiación patrilineal y matrilineal. Se discuten las funciones de la familia en términos de socialización, reproducción y economía, y se exploran las variaciones en las estructuras familiares a lo largo del tiempo y en diferentes culturas. Además, se menciona la monogamia y poligamia, así como el impacto de estas estructuras en las dinámicas sociales y económicas.

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Capitulo 8 Antropologia

El capítulo aborda la naturaleza y diversidad de las agrupaciones familiares, destacando la familia nuclear y extendida, así como los sistemas de filiación patrilineal y matrilineal. Se discuten las funciones de la familia en términos de socialización, reproducción y economía, y se exploran las variaciones en las estructuras familiares a lo largo del tiempo y en diferentes culturas. Además, se menciona la monogamia y poligamia, así como el impacto de estas estructuras en las dinámicas sociales y económicas.

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CAPÍTULO VIII

Familia y parentesco
1. Naturaleza, origen y variedad de las agrupaciones familiares: fa-
milia nuclear, familia extendida; sistemas de filiación paterlineal
y materlineal.- 2. Monogamia, poligamia: poliginia y poliandria.
Hospitalidad de la esposa.- 3. Familias unidas, clanes y mitades.-
4. Apareamiento y matrimonio. El precio de la novia. Divorcio.
Incesto

1. Naturaleza y variedad de las agrupaciones familiares


En los términos más generales, la familia ha sido definida como la insti-
tución fundamental de toda sociedad humana que consiste en un grupo
de dos o más personas unidas por vínculos de parentesco. No obstante,
se han hecho objeciones a esta definición en el sentido de que, como
dice Godelier, la familia no es la unidad de base ni la institución de la
que parte el primer nivel de integración, ya que supone la existencia de
normas sociales que definen las formas de matrimonio, las filiaciones y
linajes, las formas de residencia, las prohibiciones del incesto, la reci-
procidad, etc. Una familia, argumenta Godelier, no puede existir ni re-
producirse a través de las generaciones independientemente de otras
familias; en consecuencia, para explicar el fenómeno social que impli-
ca la familia hay que ir más allá de los aspectos visibles de las relaciones
de parentesco y examinar las condiciones de la existencia social.
Para nosotros la función de la familia, cualquiera que sea su natu-
raleza, configuración y tamaño, va más allá de todo lo hasta ahora
definido, pues se revela antes que como institución social como forma
natural de supervivencia y de socialización. Es claro que ya unida a los
sistemas de parentesco, como se la conoce en todas las sociedades
humanas, la familia no se presenta como el fenómeno social más sim-
ple ni como la unidad más pequeña de la sociedad, puesto que lo que
vemos en ella es ya todo el conjunto de relaciones e instituciones con
las que ha sido revestida en el proceso de desarrollo social.
Nuestro concepto acerca de la naturaleza de la familia entraña el
fundamento y el carácter evolutivo de la transformación de la familia
desde nuestros antepasados no humanos y considera indispensables
dos factores esenciales: la sexualidad y la socialización. Es la con-
tinuidad de las relaciones sexuales, así como la supervivencia y protec-

[369]
370 fernando silva santisteban

ción de las crías, que desembocan en lo social y llevan a constituir la


familia en su sentido más elemental, esto es, la unión de los padres
—fundamentalmente de la madre— con las crías.
En el hombre, como animal social, la sexualidad debe desplazarse
en el ámbito de la sociedad, lo que determina modificaciones propias
de la especie. El mantenimiento de la pareja después de la actividad
sexual, cuando la progenie no lo exige, así como la persistencia del
grupo familiar después del estado en que los jóvenes se han vuelto
adultos, ya no son fenómenos sexuales sino sociales. Si las especies
solitarias, pese a que tienen los mismos determinantes sexuales, no tien-
den a formar sociedades conyugales es porque las formas de super-
vivencia no están distribuidas entre todos los miembros de grupo, que
es lo que lo mantiene unido.
Cualquiera que sea su forma, desde los orígenes de la humanidad,
es evidente que la familia ha desempeñado el papel más importante en
la socialización. En algunas sociedades que se han quedado en un esta-
dio relativamente primitivo —aunque muy evolucionado con respecto a
los grupos de homínidos— existe una relación muy clara entre la sexua-
lidad, la familia, el parentesco y la organización en clanes y tribus.
Así, pues, en sus más profundas raíces la existencia de la familia se
debe a las necesidades mismas de la supervivencia y socialización de
los individuos, en la misma relación como se debe la supervivencia de
nuestra especie a la existencia de la sociedad. Como vimos al estudiar
el proceso de hominización, el ser humano es, entre todos los animales,
el que más tiempo necesita del cuidado de la madre o de cualquier otro
ser humano que esté capacitado para prodigar al niño la ayuda que
necesita para sobrevivir, hasta que esté en condiciones de valerse por
sí mismo, procurándose sus propios alimentos y resolviendo otras ne-
cesidades personales. Pero, la sola supervivencia no basta para ser hu-
mano; en el proceso de la crianza se desarrollan la comunicación y el
aprendizaje y se fijan todos los estímulos y mecanismos para la vida so-
cial. Es la fase en la que se adquiere el sentido de ubicación y de rela-
ción con el mundo y en la que se plasman y orientan las características
y potencialidades psicológicas y sociales. En otras palabras, es cuando
se aprende a ser humano. Y todo esto se desarrolla en el seno de la fa-
milia o de un ambiente social que en algo puede reemplazarla.
Pero, si bien son éstas las funciones más importantes de la familia,
con el desarrollo del proceso social se han tornado mucho más amplias.
De manera general, podemos agruparlas en cuatro categorías de funcio-
nes:
familia y parentesco 371

1. Sexuales
2. Reproductoras
3. Socializadoras
4. Económicas

Con el tiempo, por el desarrollo y surgimiento de otras instituciones,


las funciones sexuales y reproductoras resultan a menudo secundarias
si se comparan con las funciones económicas y socializantes, mucho
más importantes en la familia ya institucionalizada. Un ejemplo, muy
discutido: el de los manyares de la India que aceptan una familia sin es-
poso, donde no se reconoce al padre biológico ni hay lugar para padres
o maridos. O sea que no siempre la familia es un grupo doméstico en
el que viven juntos padres e hijos, y que existen en los pueblos muchas
singularidades con respecto a la familia. Pero son poco frecuentes.
Mucho se ha especulado y es frondosa la literatura sobre los oríge-
nes de la familia. Han surgido diversas y a menudo contrapuestas teo-
rías que han tratado de explicar la génesis de las agrupaciones familia-
res desde posiciones y puntos de vista diferentes, mayormente buscan-
do generalizaciones o pautas “universales” en lo que se refiere a sus as-
pectos formales. La mayoría son escritos puramente especulativos. En
realidad, las formas y estructuras de las agrupaciones familiares han sido
configuradas a través de la historia por muy diversos factores: formas
de subsistencia, relaciones de producción, de reciprocidad, distribución
de los bienes, creencias religiosas y muchos otros factores de la vida
social. En cuanto a las formas de familia lo más importante se refiere,
en todo caso, a las funciones que cumple el parentesco, cualesquiera
que sean las características que adquiera en el marco de las relaciones
sociales.
El parentesco es el sistema social mediante el cual se ubica a los indi-
viduos en una relación de identificación y filiación a través de un deter-
minado vínculo genealógico, tanto consanguíneo como de afinidad. Los
vínculos de parentesco, aunque implican interacciones físicas, están de-
terminados por las normas y patrones culturales. Como dice Lowie: “El
parentesco es concebido de muchas maneras diferentes por las distin-
tas sociedades (...) las relaciones biológicas sirven meramente de base,
como punto de partida para el desarrollo de las concepciones socio-
lógicas del parentesco. La sociedad puede ignorar o restringir el víncu-
lo natural de la sangre, puede crear artificialmente un lazo de parentes-
co y puede, además, ensanchar un lazo natural hasta una extensión
indefinida”.
372 fernando silva santisteban

En otras palabras, los sistemas de parentesco pueden incluir el pa-


rentesco socialmente reconocido, basado tanto en supuestos como en
evidentes lazos genealógicos.
Las relaciones de parentesco muestran tres contenidos fundamen-
tales:
1. Un contenido propio, como mecanismo social bajo el cual se
organiza la reproducción biológica de la sociedad y se lleva a
cabo la socialización de los hijos a través de la institución del
matrimonio.
2. Un contenido económico como mecanismo de distribución de la
producción y organización de las formas de propiedad, sobre la
base de la familia como unidad de producción y la determinación
de los roles del individuo dentro de la familia y de la familia den-
tro de la etnia, o de las segmentaciones de la sociedad en la que
se inserta.
3. Un contenido ideológico, como esquema simbólico para referir
las relaciones de los individuos entre sí y en el orden simbólico
y sobrenatural.

De acuerdo con la naturaleza de estos vínculos es que encontramos


las diferentes clases de familia, que en términos muy generales se pola-
rizan en dos tipos referenciales: familia nuclear o conyugal y familia ex-
tendida.
Familia nuclear es aquélla en la cual la relación padre-madre-hijos
es fundamentalmente primaria, esto es, la familia simple o elemental
que consta de dos adultos de sexo opuesto que viven juntos en una
unión generalmente reconocida por la sociedad y en compañía de sus
hijos. Los vínculos de parentesco que unen a estos individuos son de
tres clases:
• El que existe entre la pareja.
• El que existe entre la pareja y los hijos.
• El que existe entre los hijos, o sea, entre los hermanos.
Cada uno de estos vínculos está señalado por patrones culturales
específicos que determinan las formas de comportamiento e interrela-
ción. La familia nuclear se llama también familia conyugal, pequeña fa-
milia o familia biológica.
Es a partir de las tres formas primarias de relación entre los miem-
bros de una familia nuclear que van a estructurarse y desarrollarse todos
los demás sistemas de relación parenteral. En la familia nuclear la perso-
nalidad de los cónyuges se forma fuera de la unidad familiar y sus nue-
familia y parentesco 373

vos papeles se crean con el matrimonio. Por lo general es doméstica, o


sea que habitualmente ocupa una casa, y es también temporal, comien-
za con la unión de la pareja y acaba con la dispersión de los hijos.
Con el matrimonio una persona entra a formar parte de otra familia
conyugal y sus deberes quedan divididos. La familia nuclear o conyu-
gal tiene ciertas limitaciones, no es permanente, pues sólo dura poco
más de una generación y puede desintegrarse a causa del fallecimiento
de uno de los cónyuges o por desavenencias matrimoniales. En conse-
cuencia, existen formas especiales como la ampliación de los vínculos
de parentesco que salvaguardan esta inestabilidad.
Se amplía el parentesco en una serie de conexiones determinadas
por factores fundamentalmente económicos que se plasman en una se-
rie de patrones culturales que comprenden a los miembros de una fa-
milia, cualquiera que sea el modo como ésta se constituya.
La ampliación de la familia varía en cada sociedad y en algunas se
extiende más que en otras, con lazos de parentesco de muy diferente
naturaleza. Se da entonces la familia extendida. En nuestra sociedad la
extensión de la familia es relativamente limitada, menos amplia y con
vínculos de parentesco bastante menos significativos que en las
comunidades no adscritas a las formas de economía desarrollada,
puesto que en nuestra sociedad la familia y las relaciones de parentesco
ya no desempeñan el papel de unidades de producción. La pequeña
familia conyugal se ha convertido en una unidad de consumo, ya que
el proceso de la producción se realiza fuera del seno de la unidad famil-
iar, en las fábricas, oficinas, etc. No obstante, la extensión relativa de
nuestro tipo de familia es bilateral, lo que significa que incluye pari-
entes tanto del marido como de la esposa hasta cierto grado. Es el con-
junto de personas que llamamos abuelos, tíos, primos, nietos, sobrinos,
etc. y también parientes políticos, entre los cuales se incluye, por regla
general, tanto a los parientes del marido como a los de la mujer: sue-
gros, yernos, cuñados, etc.
En las sociedades primitivas, la familia extendida comprende gene-
ralmente a los parientes del esposo o de la esposa, pero no a ambos.
Se trata entonces de tipos de familia unilateral, o sea de grupos de pa-
rentesco organizados a través de una línea genealógica que se remonta
hasta varias generaciones anteriores.
Cuando la relación de filiación e identificación del parentesco se
cuenta a través de la línea masculina se denomina patrilineal, y cuan-
do sigue la línea femenina es matrilineal. Estas líneas de parentesco van
siempre acompañadas por determinados patrones que definen privile-
374 fernando silva santisteban

gios, status y roles, especialmente significativos en los hombres, en el


caso del sistema patrilineal y en las mujeres en el matrilineal. En las fa-
milias patrilineales, también llamadas patriarcales, es el padre o el ma-
yor de los varones, padre de los padres, el patriarca, el de más jerarquía
y es el impulso de la propiedad privada uno de los factores que más se
considera en este tipo de familia. La familia patriarcal de la antigua Ro-
ma era una entidad autocrática en los aspectos legal, económico y reli-
gioso; en épocas primitivas el pater familiae tenía autoridad aun sobre
la vida de cualquier miembro de la familia.
En la familia matrilineal la línea de filiación del parentesco se cuen-
ta sólo a través de los progenitores femeninos y consiste en una mujer,
su marido y sus descendientes femeninos. Pero la familia matrilineal ca-
si nunca se extiende más de seis generaciones. En algunas familias ma-
trilineales manda la madre, con lo cual tenemos el matriarcado. Ella
cuida de los hijos y de sus descendientes apoyada por sus hermanos,
sin el padre, pues éste no es sino un extraño, lo mismo que los herma-
nos de ella son extraños para las mujeres con quienes se casan. Entre
los suñi, la facultad del divorcio reside sólo en la mujer, si ella no quie-
re a su marido basta con sacar fuera de la casa las pertenencias perso-
nales de éste para hacerle saber que ya no es bien recibido y que debe
marcharse.
Cuando dentro del sistema patrilineal las parejas casadas van a vivir
con las familias de sus maridos se llama familia patrilocal. De análoga
manera, cuando las parejas casadas van a vivir con los parientes de la
esposa o sólo los hijos y los maridos de las mujeres de una familia ma-
trilineal sólo visitan periódicamente a sus esposas, entonces se denomi-
na matrilocal. En este tipo de familia las mujeres no dejan a sus parien-
tes para ir a vivir con sus maridos, por lo que las hijas son muy valora-
das, permanecen siempre con los suyos y no se pierden para ellos al
casarse, en tanto que los hijos varones se irán a vivir con las familias de
sus mujeres.

2. Monogamia, poligamia y poliandria. Hospitalidad de


la esposa
La familia conyugal es un núcleo social de parentesco independiente
sólo cuando el matrimonio es monogámico, pero la monogamia como
única forma permitida de matrimonio no se da en todas las sociedades
humanas. Hasta principios de siglo sólo una de tres sociedades era ex-
clusivamente monogámica. Se entiende por monogamia el matrimonio
familia y parentesco 375

de un hombre con una mujer y es la forma más propicia para la crian-


za de los hijos. En las comunidades monogámicas se suele tolerar la po-
ligamia cuando se trata de personajes importantes. La poligamia es un
tipo de unión determinado por un matrimonio en el que uno de los
miembros puede tener dos o más cónyuges. Pero cuando una comuni-
dad es llamada poligámica no significa que ésta es la regla que puede
estar permitida en ciertas circunstancias. Hay tres clases de poligamia:
poliginia, poliandria y matrimonio de grupo.
La poliginia se refiere a que el marido puede tener más de una es-
posa al mismo tiempo. En algunas culturas se determina el número de
esposas permitido. Usualmente se asocia la poliginia al hecho de que
en algunas sociedades hay un mayor número de mujeres núbiles que
de varones. Ello puede ser causa de la guerra o de otras circunstancias
que ponen en peligro la estabilidad del grupo. Las sociedades poligámi-
cas desarrollan ciertos patrones culturales que evitan los celos.
Se consideran polígamas las sociedades en las que se permiten ma-
trimonios múltiples, pero sucede que es muy frecuente que en las mis-
mas exista tan sólo un reducido número de casos de poligamia debido
a una serie de factores que limitan los matrimonios múltiples. Además
de situaciones de casta y de status económico, casi siempre existe un
equilibrio relativo en la proporción de los sexos de los individuos casa-
deros, y si esto es así cuando un hombre posee dos mujeres otro miem-
bro del grupo tendrá que pasarse sin ninguna; surgen en consecuencia
otras formas de matrimonios poliándricos que regulan este desequili-
brio, pero los casos son muy raros. Por lo general la poligamia se da en
una sociedad en la que una minoría rica puede obtener mujeres de las
que los pobres quedan privados y con ello se está reflejando la gran in-
ferioridad de la mujer, puesto que puede comprarse. El hombre que po-
see varias esposas tiene gran comodidad, una casa bien equipada y go-
za de mucho prestigio. También refleja los privilegios de casta en el an-
tiguo Perú. Al hombre común le estaba prohibido casarse con más de
una mujer, pero podía recibir una concubina de regalo en recompensa
por algún servicio prestado al inca. Como en la mayor parte de las so-
ciedades, especialmente de las guerreras, donde la mortalidad entre los
hombres es la más alta, con el consiguiente excedente de mujeres, la
poliginia no sólo estaba permitida sino favorecida; pero, por regla gene-
ral, era un privilegio de los miembros de la nobleza y, a falta de dine-
ro, la riqueza y el prestigio de un hombre se apreciaba por el número
de sus mujeres, entre otras cosas. El inca otorgaba mujeres a sus favo-
recidos y a sus generales victoriosos y él mismo contaba con un enorme
376 fernando silva santisteban

serrallo. Refiere el cronista Cieza de León que ninguno de los incas tenía
menos de setecientas mujeres y existe un documento en el que se re-
fiere que Huayna Cápac favoreció a uno de sus consejeros, el curaca
Chuptongo de Cajamarca, con el obsequio de cien mujeres.
Por extraño que nos parezca, en las sociedades donde existe la po-
liginia, las mujeres no se oponen a que sus maridos tomen otras esposas
adicionales, y hasta les resulta conveniente cuando las demás esposas
son colaboradoras o “mujeres de hacer faena”, como ocurre entre los
comanches de las praderas. Dentro de las familias compuestas de este
modo se da una jerarquía respetada y mantenida entre las mujeres; la
primera esposa goza de mayor autoridad de manera que, aun cuando
pueda ser desplazada por otra como favorita para las relaciones sexua-
les, conserva su superioridad en la organización de la casa o en su sta-
tus formal. Las mujeres kikuyo, en el África, apoyan la poliginia por las
siguientes razones: significa una posición social superior; representa un
trabajo doméstico más holgado, pues es compartido con las demás es-
posas, y si una mujer está indispuesta el marido puede tener una sustitu-
ta y si alguna se enferma o muere hay otras que suplen su ausencia.
La poliandria es bastante rara pero se la encuentra en algunas socie-
dades como entre ciertos grupos de esquimales, en algunos grupos del
África oriental, en el Tíbet y entre los toda que viven en la India. Con-
siste en la unión matrimonial de una mujer con más de un marido al
mismo tiempo. Como señala Winick, es algo más que prestar o compar-
tir una mujer. La poliandria esquimal y tibetana han sido atribuidas a las
prácticas de infanticidio femenino y aunque es verdad que ambos pue-
blos practican este tipo de infanticidio, los censos británicos no señalan,
como apunta Hoebel, ningún exceso de hombres adultos en el Tíbet, y
entre los esquimales primitivos las mujeres exceden en número a los va-
rones, a pesar de la casi continua matanza de niñas pequeñas. Una for-
ma de poliandria ha sido señalada por Roscoe en el África oriental entre
los bayancoles y los bahimas, donde es elevado el precio de la proge-
nie. Un hombre pobre puede pedir ayuda a sus hermanos para casarse
y todos los hermanos que contribuyen a tal fin viven con la novia hasta
que ésta queda embarazada, a partir de entonces vive con su esposo.
Cualquiera que sea el progenitor, el niño es socialmente el hijo del her-
mano que se casó con la mujer.
Los tibetanos y los toda de la India son los más conocidos practican-
tes de la poliandria y ésta es también fraternal aunque no necesariamen-
te. También hay entre ellos algunos matrimonios poligínicos y muy po-
cos monógamos. Las esposas son prometidas desde la niñez y el mu-
familia y parentesco 377

chacho realiza el pago de la progenie dos veces por año durante toda
su infancia. Una mujer, cuando es prometida a un solo varón, se entien-
de también que es la esposa de todos los hermanos del novio, incluso
un niño todavía no nacido puede llegar a ser su esposo, junto con sus
hermanos mayores, cuando llegue a la edad para ello. Todos los herma-
nos viven juntos y comparten su mujer sin choques ni celos.
Por otra parte, existe entre algunas colectividades, como entre los es-
quimales, una práctica primitiva muy extendida que consiste en que los
hombres comparten sus mujeres con otros hombres en circunstancias
especiales, como la visita de un huésped que se queda a pasar la noche.
Es la llamada hospitalidad de la esposa y se la ha explicado como un
ofrecimiento necesario para demostrar que el visitante es un amigo que
debe ser recibido del mejor modo posible. Pero no debe confundírsela
con la poliandria, que es muy diferente en su estructura familiar y de
parentesco. Tampoco la hospitalidad de la esposa es una manifestación
de promiscuidad, ni de comunismo sexual; refleja un sentimiento de co-
hesión y solidaridad por el cual los individuos, como miembros de un
grupo parenteral muy ligado, comparten algunos derechos en común,
los cuales se extienden hasta el extremo de que pueden disfrutar de las
esposas. Se trata al mismo tiempo de un gesto de fraternidad como de
una forma de identificación simbólica del anfitrión —como miembro del
grupo de parentesco— con su huésped.
Una forma muy rara de poliginia se encontró entre los habitantes de
las Islas Marquesas de la Polinesia. Aquí un hombre, cabeza de familia,
con suficientes bienes de fortuna, puede solicitar en matrimonio a una
mujer que tenga varios amantes, con la idea de que alguno de ellos, o
todos, se incorporen a su hogar como maridos secundarios, formando
así una familia primaria poliándrica. Sin embargo, le es lícito casarse
posteriormente con otras mujeres y llevar, incluso, a sus enamoradas a
casa. El resultado, como señalan Beals y Hoijer, es una familia combi-
nada, un matrimonio grupal polígino-poliándrico encabezado por el
jefe de la familia y su esposa principal, pero que incluye también a un
cierto número de mujeres y maridos secundarios. Todos ellos, al menos
en teoría, gozan de derechos conyugales con cada uno de los demás.

3. Familias unidas, clanes y mitades. Endogamia y


exogamia
Las familias unidas, o grupos de parentesco, se componen de dos o
más familias primarias enlazadas por línea paterna o materna. Es muy
378 fernando silva santisteban

frecuente que todos compartan la misma vivienda, lo que determina la


participación de cada miembro de la familia en las distintas tareas y obli-
gaciones sociales. En la familia unida patrilocal la descendencia masculina,
al casarse, continúa viviendo en la residencia familiar o en una adjunta o
cercana a la de sus padres y agrega al grupo sus mujeres e hijos. En este
tipo de familia la descendencia femenina al casarse abandona la vivienda
paterna y se va a vivir con la familia unida de los maridos, aunque en
algunos casos puede seguir manteniendo el contacto con la familia del
padre y es considerada como partícipe de una doble familia. En el caso
de las sociedades con preeminencia matrilocal, son las hijas quienes per-
manecen con la familia de la madre después del matrimonio, los hijos la
abandonan para sumarse, cuando se casan, a las familias unidas de sus
esposas. Ambos sistemas de parentesco ofrecen importantes vínculos de
unidad y tienen entre las comunidades ágrafas un gran valor para la su-
pervivencia: determinan las posiciones sociales y las pautas de conducta
y tratamiento. Si un individuo no sabe exactamente quién es el otro (si es
“padre”, hermano o tío) no sabrá cómo tratarlo y toda relación resultará
imposible. Si bien esto es importante en las relaciones de reciprocidad, lo
más significativo es el sistema de relaciones que se establece en función
de la producción y la propiedad.
Así, pues, en las comunidades llamadas primitivas los sistemas de
parentesco están basados en la cooperación y el apoyo de todos los
miembros de la familia. No son como nuestros pequeños grupos fami-
liares que se desarrollan en una sociedad individualista y competitiva.
Estos grupos de parentesco, al contrario de las familias nucleares, se ex-
tienden en el pasado y se proyectan al futuro por descender de un an-
tepasado común remoto. Constituyen los llamados linajes. Al extender-
se aún más sus vínculos de parentesco hacia el pasado no es preciso
que sus miembros convivan en la misma residencia, cosa que, por otra
parte, se torna imposible cuando el número de parientes es grande.
Los linajes basados en la descendencia tanto paterlineal como mater-
lineal se constituyen en organismos cooperativos que cumplen funcio-
nes de gran importancia económica de producción y reciprocidad. Po-
demos referirnos al linaje como la forma más sencilla del grupo de pa-
rentesco unilateral extendido, que normalmente se limita a los parien-
tes agnáticos (línea de descendencia masculina).o uterinos (línea de
descendencia femenina).estrechamente emparentados, y que rara vez
va más allá de seis generaciones. Las genealogías del Antiguo Testamen-
to son las genealogías de los linajes agnáticos de los hebreos dedicados
al pastoreo.
familia y parentesco 379

Los linajes suelen dividirse o subdividirse en linajes menores o se-


cundarios, a los que se denominan linajes segmentarios. Estas divisiones
suceden generalmente cuando se pierde la memoria del origen del lina-
je o cuando se vuelve excesivamente numeroso. Cuando aumentan las
generaciones de los linajes, y si el aumento pasa de ciertos límites, se
debilitan los vínculos afectivos y se fortalecen otros; se constituyen en-
tonces los clanes, mitades y fratrías.
El clan es un grupo de personas asociadas por una descendencia co-
mún general, determinada tanto por la línea masculina como por la fe-
menina. Es usualmente un grupo local que forma parte de otro grupo
más grande. Además del tamaño, la diferencia esencial entre clan y
linaje es que los miembros de un linaje pueden reconstruir específica-
mente sus genealogías como descendientes de un antepasado conoci-
do, mientras que los miembros del clan ya no pueden hacerlo. Sin
embargo, los miembros del clan consideran que tienen un antepasado
común y su conducta está regulada de acuerdo con dicha creencia.
Frecuentemente, entre las creencias del clan se incluye un mito en el
que se simboliza o explica un relato de cómo se originó el clan.
Los vínculos del clan proveen de seguridad mutua, ayuda legal, go-
bierno, leyes matrimoniales a través de la exogamia y de las institucio-
nes económicas, religión y ceremonias, normas de propiedad, control
social y una misión en el grupo, de allí que en los clanes encontremos
los siguientes atributos y características:
Exogamia. En la mayoría de los clanes bien estudiados ningún hom-
bre o mujer puede casarse ni hacer vida marital con otro miem-
bro del mismo clan.
Reglas, prohibiciones o tabúes. En cada clan se hallan claramente de-
terminadas las cosas que se pueden hacer y las que está prohibi-
do hacer en casi todos los aspectos de la cultura: la propia exo-
gamia, las regulaciones del incesto, el tratamiento, los modos de
comportamiento frente a los demás individuos tanto del mismo
como de otro clan según edad, sexo y demás características y re-
laciones del parentesco, prescripciones alimentarias, etc.
Gran espíritu de solidaridad. En cuanto se refiere a las relaciones ex-
ternas con otros clanes u otros grupos, todos los miembros del
clan se muestran tan solidariamente identificados que el éxito ob-
tenido por cada uno de ellos es el éxito de todos. De la misma
manera, cuando un individuo del clan es herido, o asesinado, o
ha sufrido algún perjuicio u ofensa, es sentido por todos sus
miembros con gran intensidad. “En este ambiente —dice Liedins-
380 fernando silva santisteban

ky— la sugestión de las imágenes inducidas es tan perfecta que


cuando un niño está enfermo sus padres, y hasta algunos parien-
tes, se privan de comer los alimentos que pueden hacer daño al
niño.
La reciprocidad (véase capítulo VII. 11) constituye la base de todas
las relaciones sociales, puesto que es en función de este principio que
se organizan la interacción y el derecho. Sobre la reciprocidad se crean
y estructuran los sistemas de prestación y recepción de bienes y servi-
cios y toda la mecánica de las relaciones económicas. En algunas cultu-
ras las normas de reciprocidad se hallan implícitas, sobreentendidas en
los usos y costumbres o en las exigencias mismas del sistema y las cir-
cunstancias —como entre nuestra cultura en la existencia del dinero y el
valor de las cosas— pero en otras culturas, en las que no existe sistema
monetario ni economía de mercado, la reciprocidad se define e institu-
cionaliza específicamente en las formas de la organización social. Uno
de los medios más efectivos de institucionalizar la reciprocidad consiste
en organizarla en sistemas de mitades, llamadas también sibs o seps por
algunos antropólogos, como están organizados muchos grupos melane-
sios o los nativos de las islas Trobriand, o como lo estuvieron los anti-
guos peruanos.
El sistema de mitades es independiente de la división de clanes, linajes
o fratrías y se establece para regular el comportamiento en relación a las
obligaciones reciprocales. Generalmente las mitades son exógamas —pero
hay excepciones— y cada mitad abastece de cónyuges a la otra. También
entre las obligaciones dualistas se cuentan otros servicios recíprocos. Así,
entre los antiguos peruanos, además de las otras divisiones de parentesco
como fueron los ayllus (clanes), panakas (linajes), etc. existía el sistema
de mitades hanan y urin, o ichoq y allauca (mitades de arriba y abajo,
izquierda y derecha, respectivamente que cumplía funciones exogámicas.
Con el tiempo devinieron en divisiones territoriales más amplias, tornán-
dose más bien rivales, al menos en sentido ritual.
En los casos en los que sólo existen dos clanes, como los grupos
“agua” y “tierra” entre los niwoks, indios de California, el clan y la mitad
se vuelven sinónimos, pero lo más frecuente es que existan numerosos
clanes y cuando éstos están ligados a las mitades, éstas se tornan en uni-
dades mayores que incluyen a los clanes como subdivisiones. Muchas tri-
bus americanas organizadas en mitades asocian a éstas las dualidades del
cosmos: cielo y tierra, agua y fuego, rojo y negro, arriba y abajo, lo que
puede considerarse como simbolización y objetivación del principio de re-
ciprocidad y complementariedad en la mentalidad de los nativos.
familia y parentesco 381

Según Lévi-Strauss, recibe el nombre de organización dual un tipo


de estructura social en América, Asia y Oceanía, caracterizada por la di-
visión del grupo —tribu, clan o aldea— en dos mitades cuyos miembros
mantienen relaciones recíprocas que pueden extenderse desde la más
íntima colaboración hasta una hostilidad latente, pero que generalmente
asocian ambos tipos de comportamiento. A veces las mitades parecen
tener como finalidad la regulación de los matrimonios, se dice entonces
que son exogámicas. Otras veces su papel se limita a actividades religio-
sas, políticas, económicas, ceremoniales o simplemente deportivas e, in-
cluso, a sólo tal o cual actividad. En unos casos la pertenencia a la mitad
se transmite por línea materna, en otros por línea paterna. La organiza-
ción en mitades puede coincidir con la organización clánica, ser simple
o compleja; en esta última circunstancia intervienen varios pares de mi-
tades que se entrecruzan (organizaciones triádicas, cuatripartitas, etc.)
dotados de funciones diferentes. En suma, se conocen casi tantas for-
mas de organización dualista como pueblos que la poseen. ¿Dónde co-
mienza y dónde termina esta forma de organización?, tampoco Lévi-
Strauss nos alcanza la respuesta.
La organización de las sociedades en fratrías es bastante rara y no se
ha llegado a precisar su significación funcional; no obstante, las fratrías
aztecas, por ejemplo, fueron importantes facciones políticas y religiosas
dentro de la estructura del imperio y cumplían papeles bastante signifi-
cativos en la vida social.
Nos hemos referido antes a los términos endogamia y exogamia, pe-
ro sin definirlos. Endogamia se refiere a la restricción obligada del ma-
trimonio a los miembros del mismo sector de la población, ya sea etnia,
clan, linaje, casta, mitad o clase. Pero el matrimonio dentro de un grupo
por razones de conveniencia no es endogamia. Por exogamia se entien-
de la práctica de buscar pareja fuera del grupo, la cual se encuentra fre-
cuentemente entre los clanes. Ambos términos fueron acuñados por
John F. McLennan (1827-1881), abogado y sociólogo escocés, quien se-
ñaló la importancia de la línea de descendencia materna.

4. Apareamiento y matrimonio. El precio de la novia.


Divorcio. Incesto
Al referirnos a la familia y al parentesco hemos dejado implícito el
concepto de matrimonio, puesto que tanto la familia como las relacio-
nes de parentesco son originadas formalmente por esta institución. Aho-
ra vamos a referirnos a algunas características del matrimonio, ya que
382 fernando silva santisteban

existe en todas las sociedades, aunque bajo muy diversas y variadas for-
mas.
En primer lugar, el matrimonio no es simplemente la unión de una
pareja, como ya hemos visto al referirnos a los distintos tipos de fami-
lia, ni tiene en todos los pueblos el mismo significado. Por ejemplo, el
amor, que para nosotros es tan importante, no es la base del matrimo-
nio; siendo un sentimiento voluble y a veces efímero, ninguna sociedad
podría permitirse depender del amor para sustentar en él una institu-
ción tan importante en la vida social y económica, como es la familia.
Tampoco es el sexo el factor más significativo para el matrimonio y, de
hecho, su significación fisiológica puede ser desconocida.
En las sociedades simples o de economía primaria las relaciones en-
tre los jóvenes solteros son aceptadas y en algunos casos, aún cuando
reguladas, son generales. Esto parece deberse a la separación que hay
entre el matrimonio como institución socioeconómica y a las diferentes
formas y regulaciones de la satisfacción sexual.
Como acotación previa, antes de referirnos al matrimonio es impor-
tante distinguirlo del apareamiento, esto es, de la unión más o menos
permanente de individuos de sexo opuesto bajo las exigencias del im-
pulso sexual y de previo acostumbramiento de uno con el otro. Prepon-
derantemente se trata de un fenómeno psicofisiológico, no obstante im-
plica más que la simple relación sexual y conlleva un cierto grado de
permanencia o de asociación de la pareja y casi todas las sociedades
prevén los apareamientos de una u otra manera y en algunas se consi-
dera necesario que los adultos jóvenes verifiquen uno o más aparea-
mientos transitorios antes de comprometerse en el serio asunto del ma-
trimonio.
En las culturas del Perú antiguo existió una institución importante en
este sentido. Nos referimos al pantanacuy, también denominado tincu-
nacuspa y más tarde, en la época de la dominación hispánica, sirvina-
cuy. Equivocadamente se le ha llamado “matrimonio de prueba” y aún
pervive entre algunos grupos aborígenes de la sierra. No era matrimo-
nio, pues la unión no quedaba confirmada por la sociedad; era una for-
ma de apareamiento reglamentada que podría calificarse como un no-
viazgo con vida en común dentro de un período determinado, general-
mente un año. Durante este prematrimonio la pareja era sometida a ri-
gurosas pruebas, el hombre recibía por parte de los familiares de su fu-
tura esposa el peor trato, tenía que realizar los trabajos más penosos; de
igual manera, la mujer era víctima de maltrato procurado por parte de
los padres y familiares del futuro marido. Si ambos resistían y se ave-
familia y parentesco 383

nían a este género de vida y persistían en sus intenciones de casarse, se


llevaba a cabo y oficializaba el matrimonio con la intervención de un
funcionario estatal, de lo contrario al finalizar el plazo quedaba disuel-
to el compromiso. Si se procreaba un hijo éste pasaba a formar parte
del ayllu de la madre.
Aunque el matrimonio es un medio para la satisfacción sexual, tiene
otras funciones importantes. Podemos referirnos al matrimonio como
institución, como al conjunto de normas que definen y regulan las rela-
ciones mutuas del parentesco y la vida conyugal. Es el mecanismo prin-
cipal para sancionar la paternidad y asegurar la estabilidad de la fami-
lia, de las demás agrupaciones del parentesco, y para organizar la crian-
za y socialización de los hijos. La importancia primordial del marido re-
side en la paternidad.
También solemos referirnos al matrimonio como el rito de casamien-
to tanto religioso como a la ceremonia civil. Éstos se refieren a los actos
de sanción y aceptación social de la unión. Pero el matrimonio es bási-
camente un asunto secular; es cuestión de relaciones recíprocas entre
dos familias o entre dos clanes, aunque en la sociedad moderna —como
la familia ha dejado de ser una unidad de producción para convertirse
en unidad de consumo— puede ser simplemente cuestión de relación
formal entre marido y mujer. En todo caso, toma la apariencia de un
contrato que se hace válido por responsabilidades mutuas. Aunque en
las ceremonias nupciales entre los pueblos de economías simples nada
se dice del amor o de los deberes de los cónyuges, la mujer cumple sus
obligaciones para con el marido si cultiva sus campos, prepara sus co-
midas y cría a sus hijos; el marido cumple su deber para con ella si pro-
porciona una choza o ganado, si lleva las piezas de la caza y atiende
otras necesidades.
Como en las sociedades de economía simple la mujer se pierde pa-
ra el clan, el marido o su familia deben pagar por ella una compensa-
ción o sea el precio de la novia. No se trata, en realidad, de una com-
pra sino que así se materializa el valor que tienen las mujeres para la
familia o para el clan que dejan, como para el que pasan a integrar. El
precio de la novia consolida los enlaces en la trama del parentesco, apa-
ciguando disputas y hostilidades e imponiendo freno a las tendencias
disociadoras de los conflictos intergrupales. El “precio de la novia” sim-
boliza también la posesión económica, el status de las familias que van
a unirse por afinidad (lo que cumplen también los regalos o los colecti-
vos en nuestra sociedad), y establece un vínculo entre las familias de los
novios para asegurar la ulterior estabilidad del matrimonio.
384 fernando silva santisteban

La dote es una forma cultural menos frecuente que el “precio de la


novia”, pero fue común en Europa entre los estratos superiores. Ya en
el derecho romano, pasados los tiempos en que el marido era quien
compraba a la mujer, se regula la dote como patrimonio que se entre-
ga al marido destinado a levantar las cargas económicas que acarrea el
matrimonio. Ya ha desaparecido en forma institucionalizada, pues sus
funciones en la sociedad moderna, dada la evolución de la estructura
socioeconómica de la familia, han sido incorporadas en las diferentes
legislaciones en los regímenes de propiedad, herencia y participación
en los bienes de la sociedad conyugal. Aunque es evidente que la dote
tuvo originalmente una función semejante a la del “precio de la novia”,
la costumbre de proveer a la novia de una dote devino como una ma-
nera de permitir a las familias nobles empobrecidas reparar sus fortunas
mediante matrimonios con las hijas de burgueses ricos. La dote repre-
senta una donación en dinero, bienes, o ambas cosas, hecha por la fa-
milia de la novia para el establecimiento de su hogar. La noticia acerca
de la dote más rica que se dio en el Perú colonial nos la trae Juan An-
tonio Suardo en su Diario de Lima (6 de junio de 1631), donde consigna
que Diego de la Cueva, mercader que tenía un obraje (fábrica) de som-
breros en esta ciudad, casó a su hija con un hidalgo dándole como dote
210.000 pesos de oro, más un ajuar evaluado en 37.000 pesos, “la dote
más rica que se haya dado en este reino”.
Aunque el “precio de la novia” y la dote son desconocidos en mu-
chos pueblos, en otros, la costumbre de entregar regalos es considerada
como una obligación social en los matrimonios. Hay que señalar que
los regalos de boda funcionan como una prueba inicial de apoyo eco-
nómico, de cooperación y de la generosidad que se debe a los parientes
y amigos de la esposa. También constituyen los regalos de boda el testi-
monio de la aprobación y complacencia del matrimonio por parte de
quienes los ofrecen, aun cuando sólo sea de manera formal.
El factor común en todos estos casos es que los regalos, lo mismo
que el “precio de la novia” y la dote crean, a la vez que simbolizan, las
relaciones sociales que establece el matrimonio.
Así como el matrimonio es universal y en todas las sociedades es
constituido como un vínculo permanente, también todas las sociedades
sancionan algún medio fácil o difícil para poner fin a los matrimonios
desafortunados o mal constituidos. Ninguna sociedad fomenta el divor-
cio, ni lo aprueba como principio, pero casi todas reconocen en la prác-
tica que en ciertas circunstancias y bajo determinadas condiciones di-
versamente definidas es preferible terminar con un matrimonio desave-
familia y parentesco 385

nido antes que permitir que continúe como un fracaso o quizá como un
ejemplo disuasorio para que otros rehúyan el matrimonio. Por otra par-
te, es indudable que la negación del divorcio en una sociedad, o las ex-
tremas dificultades para conseguirlo, favorecen el adulterio y determi-
nan un mayor número de concubinatos o amancebamientos. Las causas
admitidas para el divorcio varían ampliamente de una a otra sociedad,
también de una a otra época en las mismas sociedades. G.P. Murdock
ha confeccionado una tabla en la que enumera los fundamentos, causas
o razones reconocidas para el divorcio en diferentes pueblos y señala,
por sexos, el número de sociedades que permiten o prohíben el divor-
cio. Según esta tabla, en la mayoría de las sociedades es igualmente fácil
o difícil conseguir el divorcio, tanto para los hombres como para las
mujeres, siendo imposible descubrir alguna diferencia substancial en los
derechos de ambos sexos. Los hombres gozan de superiores derechos
para el divorcio únicamente en seis de las 30 sociedades estudiadas (en-
tre los kurdos musulmanes de Irak, los siwanos de Egipto, los japone-
ses, los bagandas, los indios sirionós de Bolivia y los guayakurus del
Gran Chaco). En cuatro de ellas son las mujeres las que poseen real-
mente derechos superiores con respecto al divorcio (los kwoms de
Nueva Guinea, los dahomeyanos del África occidental, los yuroks de
California y los huitotos del Perú y Brasil).
El antropólogo inglés Max Gluckman ha podido observar que entre
los zulúes de Natal (África) apenas si se practica el divorcio, en tanto
que entre los lozis de Rhodesia del norte es practicado con mucha fre-
cuencia. Este contraste lo hizo investigar por qué ciertos grupos tienen
una sociedad conyugal más estable y, en cambio, otros la tienen más
transitoria. La hipótesis que ha formulado resulta interesante: el divor-
cio varía de acuerdo con el predominio patriarcal, matriarcal o bilateral
de la organización familiar de las sociedades; una cifra elevada de di-
vorcios se da en las sociedades matriarcales, media en las de organiza-
ción bilateral y pequeña en las sociedades patriarcales. Aunque esta hi-
pótesis no toma en cuenta la gama posible de variables que tienen que
ver con la estabilidad matriarcal, consigue llamar la atención sobre algo
importante, como es comprender el contexto total de las circunstancias
que rodean a los cónyuges como elemento fundamental para efectuar
el análisis de la estabilidad de los matrimonios. Como afirma Gluckman:
“La frecuencia de los divorcios en las sociedades occidentales se ve go-
bernada no sólo por el factor de las desavenencias de la pareja, sino por
otros factores sociales”. De lo que se concluye que las prácticas del di-
vorcio radican no solamente en los problemas que se suscitan en las re-
386 fernando silva santisteban

laciones entre los cónyuges, sino que rebasan el ámbito familiar y se en-
raízan en otras formas estructuradas de la sociedad.
Hemos dicho que el matrimonio es el reconocimiento social de la
unión conyugal, de acuerdo con ciertas normas que regulan las relacio-
nes de parentesco y el comportamiento de los cónyuges en función de
tales normas. En efecto, todas las sociedades tienen en sus respectivas
culturas prescripciones y medios diferentes para regular el matrimonio
y toleran el apareamiento dentro de ciertos límites y condiciones. De es-
ta manera, la unión sexual entre personas cuyo grado de consanguini-
dad o parentesco hacen que el matrimonio sea ilícito y la relación se-
xual prohibida, se denomina incesto.
El tabú del incesto, es decir, la prohibición de la unión y relación se-
xual entre parientes cercanos se da en la gran mayoría de las sociedades
humanas debido a que el incesto repugna tanto a los más como a los
menos civilizados. La extensión de la prohibición del incesto y el hecho
de que esté relacionado con un acto fundamentalmente biológico ha
acondicionado la idea de que se trata de algo instintivo, antinatural. Sin
embargo, la condenación del incesto no es en modo alguno instintiva;
las regulaciones del incesto, como las del matrimonio, son de naturaleza
cultural y no tienen necesariamente implicaciones biológicas. Aunque
un prolongado cruzamiento entre parientes cercanos o la unión de in-
dividuos con las mismas taras familiares tienen efectos perniciosos en
su descendencia, este hecho no es determinante de la prohibición del
matrimonio o las uniones entre consanguíneos. Con frecuencia las regu-
laciones del incesto no prohíben tales matrimonios sino que a veces
hasta tienden a promoverlos. Además la misma serie de regulaciones
del incesto pueden prohibir las relaciones entre grupos de parientes
mientras que a otros, justamente más cercanos, les exige que se casen.
La única regla verdaderamente general es la que prohíbe el matrimonio
entre padres e hijas, madres e hijos y hermanas y hermanos. Hay socie-
dades en las que se exige a ciertos individuos casarse con sus hermanas,
como sucedía entre los antiguos egipcios y en el viejo reino de Haway,
aunque estos matrimonios obedecían más bien a intereses políticos y re-
ligiosos, son los llamados incestos dinásticos por los occidentales, aun-
que si se permitía el matrimonio ya no era incesto. Dicen los cronistas
que los últimos incas se casaron con sus hermanas, aunque es posible
que se casaran con sus mediohermanas. Hay que tener en cuenta que
las panacas reales eran linajes, es decir, segmentos clánicos y que en
los clanes todos los miembros de una generación se consideran “herma-
nos”. Los individuos a quienes se exigía casarse con sus hermanas eran
familia y parentesco 387

personas muy especiales, a menudo personajes divinos cuyo emparen-


tamiento, con el objeto de obtener un heredero puro y digno de suce-
derles, sólo podía tener lugar con otro de igual sangre divina, es decir,
con su hermano. Se trata pues de un mecanismo político para concen-
trar todo el poder posible en función de un soberano y su núcleo fami-
liar, saturándolo de divinidad para separarlo totalmente por encima del
resto de la sociedad. En todo caso, estas uniones siendo excepcional-
mente permitidas dejan de ser incesto.
Las regulaciones del incesto son frecuentemente confundidas con las
regulaciones de la exogamia, de ahí la necesidad de establecer una dis-
tinción entre ambas: el incesto se refiere a las relaciones sexuales, la
exogamia a las relaciones conyugales. No obstante, se aplica genérica-
mente el calificativo de incesto a la contravención de ambos tipos de
relaciones, lo cual produce confusiones.
Se ha discutido mucho sobre la repugnancia u horror al incesto.
Freud, en particular, ha basado su teoría del complejo de Edipo en la re-
pugnancia al incesto, viendo en ella el origen de ciertos tabúes. Al re-
ferirse a una hipotética sociedad primitiva en la que el padre obligaba
a los hijos a dejar la casa, sugería que el deseo de los hijos para con su
madre debería reprimirse para que la fuerza de la reacción los hiciera
buscar mujeres fuera de la casa. Wester Marck sostuvo que biológica-
mente la relación consanguínea es mala y que a ese factor se añadía la
repulsión provocada por la familiaridad y la contigüidad como signos
naturales de resistencia. Lewis Henry Morgan, no obstante haber de-
mostrado la importancia de las reglas del matrimonio en los diversos
sistemas de parentesco y también que el matrimonio es un intercambio
de mujeres entre grupos sociales antes que una relación entre individ-
uos de sexo opuesto —principios básicos sobre los que se han fundado
los estudios posteriores sobre el parentesco— creía, sin embargo que el
incesto tenía fundamento biológico. Tylor y Wite sostienen que uno
“debe casarse fuera del grupo o morir”, puesto que el matrimonio fuera
del grupo permite su extensión y hace que se incluya en su interior a
los grupos exteriores de modo tal que eliminan a los enemigos.
Además, las personas que se casan fuera del grupo están más asegu-
radas. Wilson Wallis destaca el hecho de que la unidad de parentesco
consanguíneo es la entidad cooperativa básica y que las relaciones se-
xuales entre los miembros de esa célula económica básica rompe la uni-
dad. Malinowski ha expresado que el impulso sexual es, en general,
una fuerza perturbadora incompatible con cualquier vínculo familiar
que no sea la relación de los cónyuges, que saliéndose de esta relación
388 fernando silva santisteban

no sólo se establecerían celos y rivalidades y se desorganizaría la famil-


ia, sino que también quedarían subvertidos los lazos de parentesco
sobre los que se sustenta el desarrollo de todas las relaciones sociales
y el orden de la comunidad.
De manera general, acerca de las regulaciones del incesto se puede
concluir que:
• No existe un horror universal hacia el incesto y muchas socieda-
des no tienen severos castigos contra él, otras lo practican, y en
otras reina una verdadera indiferencia.
• No se trata de una repugnancia instintiva. Las causas por las que
se condena el incesto son socioculturales y no biológicas.
• No existe evidencia de que las relaciones consanguíneas produz-
can efectos biológicos dañinos, salvo en los casos en que inter-
vienen negativos o recesivos, cuando los progenitores padecen
de defectos constitucionales que pueden ser transferidos.
• Las regulaciones del incesto tienen por lo menos tres funciones
principales:

a. mantener la unidad y estabilidad familiares;


b. regularizar determinadas funciones económicas, fundamental-
mente la reciprocidad, y
c. asegurar que los impulsos sexuales se dirijan al objetivo de es-
tablecer relaciones esenciales entre familias. En resumen, evi-
tar la ruptura y desorganización de los sistemas de parentesco,
base fundamental de la estructura social.

Las investigaciones referidas a la familia, al parentesco y al matri-


monio han aumentado en número y ganado mucho en precisión desde
que Lewis Morgan demostró que las relaciones de parentesco dominan
la historia de la humanidad y que tienen una lógica y una historia
propias; asimismo, desde que subrayó la importancia de las reglas ma-
trimoniales en los diversos sistemas parenterales de todas las socieda-
des. Fue también Morgan quien demostró, contra las proposiciones de
McLennan, que la exogamia no se opone en absoluto a la endogamia,
ya que la exogamia de los clanes es a menudo complemento de una
endogamia a nivel de etnia. Distinguió, a la vez, dos formas de filiación
y dos tipos de clanes, patrilineales y matrilineales; afirmando que el clan
fue la forma dominante de organización social en todos los pueblos que
habían superado el estadio del salvajismo y sirvió de punto de partida
en la evolución hacia la civilización. En los últimos años, un número ca-
da vez más creciente de etnólogos, premunidos de criterios más exac-
familia y parentesco 389

tos, ha podido separar mejor las constantes y analizar la complejidad de


las combinaciones a las que han acudido las diferentes sociedades para
resolver problemas a veces idénticos. Los avances en estos aspectos se
deben a la uniformidad de la terminología empleada. G.P. Murdock, por
ejemplo, sobre la base de 250 sociedades estudiadas, ha demostrado
que las organizaciones parenterales constituidas como sistemas poseen
un tipo de estructuración tal que cuando cambian el tipo adoptado de
residencia cambia la distribución de los grupos familiares y esto, a su
vez, culmina en un cambio de la influencia predominante, paterna o
materna; de donde, finalmente, se originan otros cambios en la termi-
nología empleada por los parientes para designarse unos a otros. En
otras palabras, Murdock ha demostrado que las organizaciones paren-
terales forman sistemas y que, por consiguiente, cambian de manera
predecible.
En las sociedades andinas del antiguo Perú fue el ayllu la unidad
que tuvo mayor significado en la estructura social y parenteral. Aunque
no hay acuerdo sobre su naturaleza específica, se trata de una unidad
social fundamentalmente económica y política, con diversas connota-
ciones simbólicas y rituales, que estuvo relacionada con la tenencia y el
trabajo de la tierra, el pastoreo y la posesión de rebaños, la prestación
de servicios, el aprovechamiento de recursos diferentes o específicos de
un piso ecológico, la distribución del agua y otros menesteres. Fue un
grupo social similar al clan constituido en función de la producción, la
reciprocidad y la redistribución. Estaba compuesto por familias nu-
cleares que se consideraban descendientes de un fundador mítico co-
mún, cuyo lugar de aparición se denomina en lengua quechua pakari-
na. El ayllu debió haber tenido algunas diferencias en las distintas épo-
cas y sociedades que constituyeron la civilización andina, pero siempre
funcionó como grupo corporado mientras se mantuvieron las mismas
estructuras sociales.
Durkheim define el clan como un grupo de individuos que se con-
sideran como parientes, pero que reconocen este parentesco exclusiva-
mente por el hecho muy particular de que son poseedores del mismo
tótem. El tótem, como la pakarisca del ayllu, es en sí mismo un ser ani-
mado o inanimado, la mayoría de las veces un animal, pero puede ser
también una planta o un accidente geográfico, del que dice descender
el grupo y que le sirve a la vez de emblema (símbolo) y de nombre co-
lectivo, esto es, de identificación. Lo que hace al clan, como al ayllu, es
la identidad del nombre. El antepasado nunca se presenta solamente
como el que ha engendrado a sus descendientes y los ha relacionado
390 fernando silva santisteban

entre sí por la unidad de sangre, no es el tronco genealógico porque el


árbol genealógico no puede ser efectivamente trazado. El antepasado es
a quien se debe en común el beneficio del tótem en todas las cosas en
las que la participación clánica necesita una identificación e intermedia-
ción personal. La pakariska otorga al ayllu derechos ancestrales sobre
los recursos productivos.
El ayllu es una sociedad familiar porque está formado por individuos
que se consideran de un mismo origen. El origen es la base de su identi-
ficación, pero se distingue de las otras clases de familia en que el paren-
tesco está fundado únicamente en la comunidad de la pakarisca y no
en relaciones de consanguinidad definidas. Los que forman parte de él
son parientes, no porque sean hermanos consanguíneos sino porque
llevan el nombre de tal animal o de tal planta, y por lo tanto tienen la
misma naturaleza mítica, en realidad la misma naturaleza productiva, no
territorial. El ayllu más que territorio tiene función.
La familia biológica o nuclear es parte del ayllu no como familia en
sí, sino como un género de relaciones inmediatas, biológico-sociales,
con deberes específicos, como grupo de residencia, pero sobre todo co-
mo unidad de reciprocidad dentro del mismo ayllu, que a su vez es otra
unidad de reciprocidad y redistribución dentro de la etnia o de otra uni-
dad mayor. En el Perú hay muchos apellidos como Huamán, Condori,
Poma, Quispe, Páucar, Huaripata, y muchos otros que son descendien-
tes de ayllus cuyas pakariskas fueron el halcón, el cóndor, el puma o
las denominaciones de reluciente, florido y hombre de la antigua plani-
cie, respectivamente.

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