EL FIN DE LA EDAD MEDIA Y LA TRANSICIÓN A LOS TIEMPOS MODERNOS:
UNA EPOCA DE CRISIS.
Si los siglos XII y XIII estuvieron marcados por el florecimiento cultural y la expansión
económica, el siglo XIV, en cambio, representa para Europa el desencadenamiento de
crisis, de pestes y hambrunas. Estas calamidades no eran nuevas en la Europa medieval;
la diferencia radica en que en el siglo XIV se dejaron sentir con inusitada violencia todos
estos signos de muerte, estancamiento y rebeliones populares, lo que unido al cisma que
hería la unidad de la Iglesia, extendió por la cristiandad la desesperanza y el pesimismo.
1. Crisis popular: los primeros signos negativos aparecieron alrededor del año 1315, con
el fracaso de la producción agrícola, especialmente del trigo, debido a los largos inviernos
y los húmedos veranos. Como consecuencia, el hambre se extendía por toda la Europa
Occidental.
La peor tragedia del siglo fue la peste negra, que asoló Europa entre los años 1348 y 1350.
Presumiblemente llegó a este continente en un barco genovés infectado de ratas con pulgas
que provenía de Asia. En pocos meses, la epidemia se extendió por el sur de Europa y al
año siguiente llegaba hasta Inglaterra, Escocia e Irlanda. Más tarde la enfermedad llegó a
la península escandinava para cubrir, finalmente, todo el norte y centro de Europa.
A esto se sumaron los efectos igualmente desastrosos producidos por las continuas guerras
entre las monarquías, especialmente en el caso de la Guerra de los Cien Años (1337-
1415), que comenzó como una disputa por la sucesión de la corona de Francia y derivó en
una lucha por la recuperación de los territorios franceses que, en ese momento, pertenecían
al rey de Inglaterra.
Desde el punto de vista económico, la producción agrícola se paralizó por el
despoblamiento de los espacios rurales; el valor de la tierra descendió, lo que llevó a los
señores feudales a superar sus pérdidas explotando a los campesinos con los peores
abusos.
Como contrapartida estallaron, en forma espontánea y con un signo claramente antifeudal,
revueltas campesinas en diversas regiones de Europa. Las rebeliones fueron reprimidas
con inusitada violencia.
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En las principales ciudades manufactureras, dada la restricción de los mercados, los
maestros artesanos entraron en conflicto con sus oficiales y aprendices, por lo que los
conflictos derivaron en huelgas que cada vez fueron más frecuentes. Las agudas
contradicciones entre el patriciado urbano y la masa popular hicieron estallar revueltas.
2. La Crisis espiritual: los signos de pesimismo y desesperanza que predominaban en el
escenario europeo a partir del siglo XIII producto de los conflictos sociales, fueron
contaminando el ambiente espiritual con un clima generalizado de desconcierto y confusión.
La directa participación de la Iglesia en los conflictos temporales, fue acentuando sus
rasgos más profanos, lo que le hizo perder su estatura y el sitial que ocupaba como único
poder regulador y orientador de la cristiandad medieval. Los intentos que hubo por reformar
las prácticas de la Iglesia fueron considerados por el papado como herejías que atacaban
la unidad de la doctrina, y por lo mismo, se consideró necesario enfrentarlos de la manera
más drástica.
La más famosa herejía de la Baja Edad Media fue la de los cátaros o albigenses. Los
postulados de esta secta de origen oriental fueron llevados a Francia por los mercaderes
que circulaban a través del Mediterráneo. El mayor foco de difusión de sus ideas fue la
ciudad de Albi, de donde tomarían el nombre sus miles de seguidores. En síntesis, sus
ideas planteaban la lucha eterna entre un dios bueno, creador del espíritu, y un dios malo,
autor de la materia y del cuerpo. Por esto, condenaban todo lo carnal como una
abominación y como el principal obstáculo en el camino de la perfección del
perfeccionamiento del alma.
La gran expansión en el sur de Francia llevó al Papa Inocencio III predicar contra ellos y a
planear una Cruzada, autorizando a los católicos para adueñarse de las propiedades de los
heréticos (1208). Esto desencadenó la invasión de los señores feudales del norte de
Francia y de Alemania, quienes, después de una guerra de exterminio que duró casi veinte
años, se apoderaron de la mayor parte de los feudos de los adherentes a la secta.
A pesar de la sangrienta represión de la Cruzada, las ideas heréticas seguían existiendo.
Para combatirlas, en el año 1229, el Concilio de Tolosa creó el Tribunal del Santo Oficio
(Inquisición) y el Índice. El objetivo de la Inquisición era investigar las creencias
sospechosas y castigarlas si eran consideradas herejías.
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El importante desarrollo de las ciudades y el ocaso del sistema feudal trajeron profundos
cambios en la sociedad europea. En las nuevas condiciones, las antiguas comunidades de
monjes que practicaban el ideal cristiano alejándose del mundo en la tranquilidad de sus
conventos, junto con ir dejando de lado su antigua austeridad, perdían cada vez más su
influencia en las masas populares que se desarrollaban al alero del progreso urbano. Fue
necesario, entonces, el nacimiento de nuevas congregaciones que, abandonando el
aislamiento de los monasterios, difundieran el evangelio en medio del ajetreo de la vida
mundana. Así aparecieron las llamadas órdenes mendicantes de los Capuchinos o
Franciscanos y la de Santo Domingo o los Dominicos en la segunda década del siglo XIII.
Ambas practicaron las reglas de pobreza, sencillez y caridad, dedicándose a la atención de
los desamparados y a la predicación.
De sus filas surgieron notables maestros y filósofos escolásticos. Por la fuerza que ponían
en la predicación del evangelio y la influencia que lograban entre los fieles, el papa Honorio
III les encargó la defensa y la propagación de la fe. Así es como de los dominicos surgieron
los más importantes inquisidores.
I. DEL FEUDALISMO AL ESTADO NACIONAL
Durante la Baja Edad Media, en Europa Occidental, se manifestaron diversos síntomas que
representaban el ocaso- término del modo de vida medieval y, al mismo tiempo, las primeras
luces de una nueva época. Como en todo proceso histórico, se fueron marcando lentamente
nuevos rumbos en todos los ámbitos del acontecer humano, tanto a nivel individual como
social.
El desmoronamiento de las estructuras que sirvieron de pilares al modo de vida europeo
durante siglos, se hizo irreversible a partir de los siglos XIV y XV. De esta manera, los
cimientos de un nuevo orden político, cultural, económico, social y religioso, fueron tomando
forma gradualmente, hasta convertirse, junto con el Renacimiento, en el umbral de una
nueva época: los Tiempos Modernos.
Las razones que aceleraron el proceso de cambio fueron múltiples y se dejaron sentir sobre
Europa como una interminable tormenta.
* En el aspecto político, el fracaso de los poderes universales que habían pretendido dirigir
a la cristiandad medieval, se reflejó en una doble dimensión: espiritual y civil.
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-En la dimensión espiritual, la doctrina de los pontífices, que intentaba mantener la idea de
una Iglesia cristiana universal, debió ceder, víctima de sus contradicciones internas, ante el
surgimiento de las Iglesias nacionales.
-En la dimensión civil, a mediados del siglo XIII, el sueño de mantener vivo un imperio había
entrado en una crisis irremediable, ya que la bula de oro, entregó el Imperio a manos de los
príncipes electores y diluyó el poder en reinos locales.
*En el aspecto económico, la naciente burguesía buscaba aliarse a los monarcas para
romper las trabas impuestas por los señores feudales. En efecto, el desarrollo de la vida
urbana, el florecimiento comercial y las incipientes industrias se veían frenadas por el
poderío señorial que limitaba todas las libertades políticas y económicas. Esta alianza de
mutuo beneficio entre monarcas y burgueses agudizó la decadencia y la pérdida de poder
de los señores feudales, que ya se habían desgastado como consecuencias de las
Cruzadas.
*En el aspecto social, las terribles penurias causadas por las pestes, las continuas guerras
y las consecuentes hambrunas, detonaron rebeliones en el mundo rural. Una situación
similar ocurrió en el mundo urbano, que se vio afectado además por el estancamiento del
comercio, hecho que provocó una gran efervescencia entre los distintos sectores sociales.
*En el aspecto cultural, el teocentrismo, principal manifestación de la vida intelectual
durante la Edad Media, cedió ante una nueva corriente de pensamiento.
Los cismas de los siglos XIV y XV provocaron una gran crisis de autoridad en la Iglesia. La
existencia simultánea de dos o más Papas y los quiebres producidos por la Reforma
protestante, dejaron profundas huellas de cambio a pesar de los intentos antirreformistas
de los concilios. Sumado a lo anterior, el hombre de la época medieval enfrentaba la
angustia permanente de la muerte. Un tercio de la población moría a causa de la peste
negra, miles entregaban sus vidas en las Cruzadas y otros tantos en las frecuentes guerras
entre señores y reyes. El pesimismo reinante le dio al pensamiento religioso el carácter de
un callejón sin salida que era necesario enfrentar para encontrar nuevas formas de
expresión, las que germinarían en los siglos siguientes con el humanismo renacentista.
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1. Monarquías nacionales: es difícil precisar el hilo conductor de todos los cambios, pero se
podría decir que la transformación de las concepciones políticas es, en muchos casos, un
elemento determinante en la evolución histórica europea de fines de la Edad Media.
La decadencia del feudalismo, así como el consiguiente fortalecimiento del poder de las
monarquías, fueron los principales pasos para el surgimiento de los Estados Nacionales. El
camino seguido por las monarquías de Europa para robustecer su Poder, debió considerar
al menos tres objetivos centrales:
1.1. afianzar la unidad territorial,
1.2. desarrollar una red burocrática que tuviera jurisdicción en todo el territorio y
1.3. contar con el apoyo de la burguesía para enfrentar al adversario común personificado
en la aristocracia feudal.
Estos objetivos estratégicos fueron alcanzados, aunque con diversos matices, por las
monarquías de Francia, Inglaterra y España. En cambio, Alemania e Italia, sedes
respectivas del Imperio y del Papado, se mantuvieron divididas en múltiples principados o
repúblicas burguesas hasta su unificación política y territorial muy avanzado el siglo XIX.
Los monarcas consiguieron la unificación territorial gracias a la conformación de un ejército
permanente que se diferenciaba de las milicias feudales por ser estas de carácter accidental
y transitorio. El ejército permanente valorizó la artillería y reclutó soldados mercenarios. Tan
costoso aparato bélico sólo pudo ser financiado por el rey con el apoyo de banqueros y
comerciantes burgueses.
Por otra parte, las exigencias de la vida económica, así como la inestabilidad social,
convirtieron al rey en la única fuerza suprema de ordenamiento y arbitraje, lo que explica el
apoyo que le otorgó la burguesía a través de las asambleas representativas, como las
cortes , los parlamentos y los estados generales . Para afianzar su carácter unitario, las
monarquías nacionales dispusieron de funcionarios técnicos que tuvieron a cargo la
recaudación de impuestos y otras funciones públicas que se extendieron a todo el Estado.
2. RESURGIMIENTO Y RENACIMIENTO URBANO: LAS CIUDADES ITALIANAS
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La revitalización urbana de la Baja Edad Media tiene directa relación con el desarrollo del
comercio, de la artesanía y la industria manufacturera. La situación geográfica de Italia,
puerta de entrada a Europa de los productos del Lejano Oriente y Cercano Oriente, permitió
el desarrollo de una poderosa burguesía comerciante y financiera.
El Poder económico acumulado llevó a las ciudades italianas, a partir del siglo XI, a buscar
su independencia del Sacro Imperio Romano Germánico. La obtuvieron en alianza con el
papado, llegando a constituirse en república soberanas, como Venecia y Florencia; o en
tiranías como las de Milán y Roma, bajo la autoridad de las familias Sforza y Borgia,
respectivamente.
2.1. Florencia: de la república a la tiranía de los Médicis: emplazada a orillas del río Arno
y en una estratégica posición en el centro norte de Italia, llegó a ser la más brillante y
vigorosa de las ciudades italianas. Para alcanzar este sitial, debió luchar contra las grandes
potencias europeas, contra el emperador de Sacro Imperio, el Papa y las familias de la
nobleza feudal.
Los florentinos se destacaron especialmente por su industria textil. Importaron inicialmente,
paños flamencos para teñirlos y reforzaron su trama, consiguiendo una mejor presentación.
Luego, desarrollaron íntegramente el proceso de fabricación de paños.
La importante acumulación de capitales posibilitó el desarrollo de la actividad financiera;
establecieron negocios de cambios y crédito, lo que les permitió competir con los
normandos y los judíos. Con las fuertes ganancias pudieron pagar los servicios de tropas
mercenarias que extendieron sus dominios.
En sus inicios como república, Florencia fue gobernada por los jefes de los siete gremios
principales (fabricantes de paños e importadores, mercaderes de seda, peleteros,
banqueros, jueces y notarios, médicos y boticarios). Ese sistema de gobierno se transformó
en una tiranía durante el siglo XV cuando los Médicis, una rica familia de banqueros, se
hicieron cargo del gobierno de la ciudad.
Cosme de Médicis fue el primero en asumir el gobierno de Florencia; impuso un modelo
autoritario, pero respetó la constitución de la ciudad. Su amor por las artes y su enorme
riqueza lo transformaron en mecenas de artistas y literatos.
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Sin embargo, su nieto Lorenzo de Médicis fue quien mejor representó el carácter de
mecenas y difusor de las distintas manifestaciones del arte. Se hizo rodear de una corte de
poetas, sabios y artistas plásticos, entre los que destacaron el pintor Sandro Boticelli,
Leonardo Da Vinci y Miguel Angel Bounarrotti. Creó además, la Academia donde se
desarrolló el neoplatonismo, convirtiendo a Florencia en la Atenas del Renacimiento.
Paradojalmente, junto con poseer un refinado sentido de lo estético, demostró un
implacable estilo para gobernar.
2.2. Venecia y el oro de la cristiandad: Ciudad puerto ubicada en el norte de Italia y en la
ribera septentrional del mar Adriático, afirmó su desarrollo urbano gracias al tráfico de sal
con las regiones del centro y norte de Europa, pero se convirtió en potencia comercial
después de la cuarta Cruzada, lo que le aseguró el monopolio del comercio con los puertos
bizantinos y con el Oriente.
El otro puerto importante de la región italiana, Génova, le significó a Venecia una dura
competencia por el predominio de las aguas del Mediterráneo oriental, hasta el siglo XIII,
pero aseguró su hegemonía, constituyéndose en una gran potencia marítima y capital de
un verdadero imperio, cuya influencia se hizo sentir a fines de la Edad Media en toda
Europa.
Por su riqueza, a los venecianos se les llegó a conocer como los señores de la cristiandad
y su gran actividad económica les permitió la formación de una poderosa oligarquía
plutocrática, es decir, el gobierno estaba en manos de una cuantas familias de
comerciantes, marinos y armadores, cuyos nombres figuraban en el Libro de oro de la
República de Venecia. Sólo los miembros de estas familias, por privilegio hereditario,
podían ser parte integrante del Gran Consejo. Este organismo colegiado resolvía asuntos
de interés público y las más importantes materias de gobierno. Entre sus atribuciones
estaba la de elegir al Dux o Dogo con carácter vitalicio, quien como jefe de Estado, tenía
gran autoridad y poder resolutivo, pero siempre bajo la subordinación del Gran Consejo.
Para impedir cualquier intriga, conspiración o abuso, el Gran Consejo creó el Consejo de
los Diez, eligiendo a sus miembros. Este consejo era una especie de organismo policial que
debía velar por la seguridad interna, la moral pública e investigar los crímenes cometidos
por los nobles. Los procesos seguidos eran secretos; sin embargo, debían someterse a
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estrictos reglamentos que aseguraban que los procedimientos se llevaran conforme a
derecho.
El florecimiento económico trajo aparejado el desarrollo cultural. En este ámbito, la
Universidad de Padua alcanzó notables avances en los estudios de la medicina. Los
médicos de Venecia ganaron un prestigio que trascendió las fronteras de la república.
Venecia fue también el primer estado en crear un servicio diplomático. Sus embajadores
tenían la misión de enviar desde las cortes extranjeras toda información política, comercial
o militar que pudiera ser de utilidad a la república.
3. CULTURA Y UNIVERSIDAD
La mayor riqueza cultural del medioevo se desarrolló en la Baja Edad Media. Por un lado,
durante las Cruzadas se recibieron la fuerte influencia de las civilizaciones bizantina y
musulmana, que, junto a sus propios aportes, permitieron a Europa redescubrir la herencia
de la Antigüedad clásica. Por otra parte, la reactivación comercial, el florecimiento
económico y el resurgimiento urbano, agregaron a la religiosidad de la cultura medieval y a
su ideal caballeresco, el espíritu burgués de corte individualista y mundano, primeras
semillas del pensamiento humanista, laico y racional.
Este movimiento cultural tuvo como centro la Universidad y su expresión filosófica se
manifestó en la escolástica y el misticismo. En el arte, se expresó con la transición entre los
estilos románico y gótico.
3.1. La Escolástica: la cultura geocéntrica que predominó en la Edad Media, desarrolló un
pensamiento que giraba en torno a Dios y a sus atributos. Por este motivo, la teología y la
filosofía ocuparon el primer lugar entre todas las disciplinas de estudios.
La filosofía durante la Edad Media estuvo subordinada a la teología, y se la llamó
escolástica, porque, inicialmente, se cultivó en las escuelas monásticas, más tarde, en las
escuelas urbanas y finalmente en las universidades.
La escolástica se basaba en la convicción de que la verdad religiosa y la filosofía, es decir,
y la fe y la razón, son una porque proceden de Dios. Esta filosofía escolástica fue
determinada tanto por el dogma de la Iglesia como un factor permanente, como por los
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escritos de los filósofos antiguos, factor que variaba a medida que su conocimiento iba en
aumento.
La filosofía escolástica tiene tres características principales. En primer lugar, fue racionalista
y no empírica porque se basó en la razón humana y no en la experiencia. En segundo lugar,
fue dogmática, porque sus conclusiones debían refrendarse con la autoridad de las
Escrituras, de los Padres de la Iglesia y con Aristóteles. Por último, tuvo un fin moral, permitir
al hombre vivir provechosamente en este mundo y asegurarle, además, la salvación eterna.
El más grande de los escolásticos fue santo Tomás de Aquino, que en su obra Summa
Theológica reunió todo el saber filosófico y teológico de la Edad Media, alcanzando la
completa armonización del sistema aristotélico con la doctrina cristiana. Según Santo
Tomás, la razón natural puede conocer y probar lógicamente la existencia y los atributos de
Dios; no hay oposición entre la razón y la fe.
A pesar de su carácter dogmático, la escolástica dio al espíritu occidental un método preciso
y sutil de razonamiento: el silogismo, que al combinarse con la observación y
experimentación dio origen a la ciencia moderna.
3.2. Las Universidades: la escasa educación que existía al comienzo de la Edad Media se
desarrolló en las escuelas conventuales y episcopales. En ellas se impartían las siete artes
liberales, que eran el Trivium (gramática, retórica y dialéctica) y el Quadrivium (aritmética,
geometría, astronomía y música).
De estas escuelas surgieron, en el siglo XII, las universidades. Este término viene el latín
universitas, que significaba, originalmente, gremio o corporación, como referencia a que
estaban organizados, maestros y estudiantes, en sociedades corporativas al estilo de los
gremios de artesanos y comerciantes.
Algunas universidades nacieron como fundaciones libres y espontáneas de profesores y
discípulos; otras eran fundadas por algún monarca y algunas por iniciativa de la Iglesia;
pero todas ellas necesitaban la aprobación del Papa para funcionar.
Con el tiempo se formaron organizaciones gremiales entre los profesores que fueron
reconocidas inicialmente en París por el papa Gregorio IX, en el año 1231. Estos gremios
recibieron el nombre de Facultades; y las cuatro Facultades clásicas fueron: Artes, Derecho,
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Medicina y Teología. En la facultad de Artes se estudiaba filosofía, más el Trivium y el
Quadrivium, requisito indispensable para estudiar en las otras facultades.
Uno de los privilegios de las Facultades era el otorgamiento de grados académicos, así por
ejemplo, la universidad de París entregaba los grados de bachillerato, licenciatura y
magisterio o doctorado. La entrega de grados y la gratuidad de la enseñanza, eran
principios generales en el siglo XIII. A las primeras universidades de Salerno y Bolonia, en
Italia, siguieron otras consideradas como las más antiguas: en Oxford, París, Montpellier,
Salamanca, Valencia, Sevilla y Cambridge.
La universidad de París fue el gran centro filosófico y teológico de la Edad Media. Su
autoridad fue indiscutida en todo el mundo católico, pudiendo intervenir en todo los grandes
problemas políticos y religiosos de su época.
La Universidad de Bolonia fue un gran centro jurídico; allí se enseñaba, desde el siglo XII
el Corpus Juris Civiles de Justiniano.
La de Montpellier, en Francia, mantuvo relaciones con Italia, con el Oriente y con los centros
culturales de la España musulmana. Se pudieron conocer los escritos árabes sobre
medicina, lo que dio un gran prestigio a los estudios médicos.
La universidad medieval tuvo un carácter internacional y sus estudiantes provenían de
lejanos lugares, atraídos por la fama y el saber de algún maestro. La universidad pudo
mantener la alta cultura y secularizarla, esto es, ponerla al servicio de los laicos después
de haber sido patrimonio casi exclusivo de los clérigos; de ahí su gran importancia.
Tomado de: Perez Gutierrez D. (s/f). El fin de la Edad Media y la transición a los tiempos
odernos: Una epoca de crisis. https://www.colegioconcepcionsanpedro.cl/wp-
content/uploads/2020/05/HGCS-8º A-Transición-Edad-Media-a-tiempos-Modernos-
D.Gutierrez-06-05-20.pdf. Consultado el 10 de enero del 2025.
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