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Re Senc I On Evangel I I Gaudium Final

La Exhortación apostólica Evangelii Gaudium del Papa Francisco, promulgada el 24 de noviembre de 2013, aborda la evangelización en el mundo contemporáneo y propone una transformación misionera de la Iglesia. A través de cinco capítulos, el documento enfatiza la alegría del Evangelio, la necesidad de salir a las periferias, la inclusión social de los pobres y la importancia de la oración en la labor evangelizadora. Este llamado a la Nueva Evangelización invita a todos los fieles a participar activamente en la misión de compartir la buena nueva y a vivir una pastoral renovada guiada por el Espíritu Santo.
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Re Senc I On Evangel I I Gaudium Final

La Exhortación apostólica Evangelii Gaudium del Papa Francisco, promulgada el 24 de noviembre de 2013, aborda la evangelización en el mundo contemporáneo y propone una transformación misionera de la Iglesia. A través de cinco capítulos, el documento enfatiza la alegría del Evangelio, la necesidad de salir a las periferias, la inclusión social de los pobres y la importancia de la oración en la labor evangelizadora. Este llamado a la Nueva Evangelización invita a todos los fieles a participar activamente en la misión de compartir la buena nueva y a vivir una pastoral renovada guiada por el Espíritu Santo.
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Recensión Semestral

Sem. Mark Anthony García


Pbro. Lic. Ángel Favela Gallarzo
Documentos de Pastoral

En el presente trabajo haré un resumen general de todo lo contenido en la


Exhortación apostólica Evangelii Gaudium, sobre el anuncio del Evangelio
en el mundo actual, de su Santidad el Papa Francisco de feliz memoria; fue
promulgada el 24 de noviembre del 2013, Solemnidad de Cristo Rey, sus
contenidos son, en muchos sentidos, fruto de la XII Asamblea Especial del
Sínodo de los Obispos sobre la Nueva Evangelización. Los temas que toca
son eminentemente pastorales y quiere dar pautas a la Iglesia para la
evangelización, además revela la línea que siguió el Papa en su pontificado
por ser su primer documento; la exhortación empieza con una parte
introductoria y prosigue con cinco capítulos que resumo de la siguiente
manera:
En la parte introductora, la alegría del Evangelio, su Santidad invita
a las personas para no caer en una tristeza individualista y a renovar la
alegría del llamado que el Señor les ha hecho, de modo que vivan con
profundo amor compartir la buena nueva a los otros. Asimismo, recuerda
a las personas nunca dejar de buscar el perdón de Dios «que no se cansa
nunca de perdonar, es el hombre quien se cansa de acudir a su
misericordia»1 Es importante ver que el Papa Francisco fundamenta la
alegría a la luz de la Sagrada Escritura, enseña que muchos pasajes se
hablan de la experiencia alegre por entrar en relación con Dios que
tuvieron no solo los apóstoles, sino que el mismo Cristo gustó de este
sentimiento. Este primer apartado concluye con una invitación a todas las
personas para participar de esa alegría que produce en nosotros el
encuentro con Jesucristo y testimoniar con nuestra vida el encuentro que
hemos tenido con Él.
En el primer capítulo, la transformación misionera de la Iglesia, se
dice que la evangelización lleva a cabo el mandato del Señor «Id y haced
que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del
Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a observar todo lo que
os he mandado»2 . El Papa ve en la Palabra de Dios un dinamismo de
“salida” que Dios quiere suscitar en todos los creyentes, y menciona que
todos estamos llamados a salir de la comodidad y adentrarnos a anunciar
la Buena Nueva a las periferias que necesitan su luz. Y la alegría es un signo

1
Cfr. EG 3
2
Mt 28, 19-20
que denota que el Evangelio está dando fruto y motiva al cristiano a salir
hacia otros lugares y personas para compartir la Buena Noticia.
Se espera también que todas las comunidades se esfuercen por poner
los medios necesarios para avanzar en el camino de una verdadera
conversión pastoral y misionera, porque descarta el criterio de la pastoral
de la conservación: “siempre se ha hecho así”; el Papa sueña con una opción
misionera que sea capaz de hacer que toda estructura eclesial se convierta
en un cauce propio para evangelizar el mundo y no solo para
autopreservarse, es por ello que todos estamos llamados a esta renovación,
parroquias, grupos y movimientos, párrocos, las diócesis bajo la guía de los
obispos, e incluso el mismo Papa.
La pastoral a la que llama el Santo Padre debe brotar del corazón del
Evangelio. Hoy en día corre el riesgo de ser mutilado o reducirse a aspectos
secundarios, sin embargo, existen verdades de fe integras más esenciales
que deben ser transmitidas y «en su núcleo fundamental lo que
resplandece es la belleza del amor salvífico de Dios manifestado en
Jesucristo muerto y resucitado»3; este apartado concluye evocando el
llamado de la Iglesia a ser siempre la casa abierta del padre, manteniendo
los templos siempre con las puertas abiertas, además dice que «la Sagrada
Comunión no es un premio para los perfectos sino un remedio generoso
para los débiles»4.
Dentro del segundo capítulo, en la Crisis del compromiso
comunitario, el Papa reconoce la alabanza que se le pueden dar a los
avances tecnológicos, sociales y económicos que contribuyen al bienestar
de la gente, sin embargo, aún no han desaparecido los problemas que
atormentan a la sociedad, es por ello que hace un análisis de los desafíos y
problemas del mundo actual. Ve que un mal muy presente es la llamada
“cultura del descarte” que tanto daño hace a nuestra sociedad, porque si es
verdad que hay estabilidad económica en algunos países, aún existen
muchas personas que son afectadas por la pobreza. El deseo de poder de
algunos provoca que vean al otro como un obstáculo en el camino y sin
importancia alguna actúan como si no valiera nada.
Aunado a ello, otros problemas que atañen son los siguientes: la
inequidad que genera violencia. La idolatría exacerbada del dinero ya que
no se ve como un medio sino como algo que gobierna la sociedad.
Asimismo, el mundo experimenta la cultura de lo inmediato, lo fácil, lo
rápido. El proceso de secularización que reduce la fe y la Iglesia a lo privado
3
EG 36
4
Ibid., 47
e íntimo. La familia pasa por una crisis cultural profunda, pues su imagen
ha sido deformada y el matrimonio únicamente se ve como un convenio de
gratificación afectiva, fundándose únicamente en lo emocional y pasional.
Es necesario evangelizar las culturas para inculturar el Evangelio, de
manera que se acompañe y fortalezca a los países de tradición católica,
mientras que para aquellos países de otras tradiciones religiosas se debe
buscar nuevos procesos de evangelización de la cultura. Sin embargo, no se
debe olvidar que toda cultura necesita ser purificada porque hay prácticas
y actitudes contrarias al Evangelio que deben ser erradicadas. Es por eso
que el Papa ve en la piedad popular el mejor punto de partida para que sean
sanadas y liberadas.
El capítulo tercero, el anuncio del Evangelio, dice que la Iglesia es
enviada por Jesucristo como sacramento de la salvación ofrecida por Dios,
esta salvación que realiza es para todas las personas, no únicamente se
centra en un grupo de élite reducido, sino que es de carácter universal. Por
ello ser Iglesia es ser Pueblo de Dios y esto implica ser fermento de Dios en
medio de la humanidad, es decir, desde nuestra realidad es importante
compartir la alegría del mensaje de Dios.
Algo muy relevante que rescata este apartado es la multiformidad de
expresiones que tiene el catolicismo alrededor del mundo. El Evangelio,
que es uno solo, se expresa ricamente en todas las culturas, pero no se
agota en ninguna de ellas, la Iglesia con esta variedad de expresiones se
convierta en la «sponsa ornata monilibus suis»5. Ello no es fruto humano,
sino que el Espíritu Santo es quien produce la moción y el impulso que
permite la inculturación del Evangelio, pero también la convivencia
armoniosa de la diversidad cultural que encarna la unidad del Evangelio.
Anteriormente se había mencionado la eficacia que tiene la piedad
popular para limar las asperezas de creencias y prácticas contrarias a la fe.
Aquí el Papa hade un llamado para alentarla y fortalecerla, ve que es un
medio oportuno para evangelizar a los pueblos porque es una manera
legitima de vivir la fe y un modo de sentirse parte de la Iglesia, debajo de
ella subyace una fuerza puramente evangelizadora que no se puede
menospreciar, sería como desconocer la fuerza que tiene el Espíritu Santo.
En las muestras de las prácticas de piedad popular se puede percibir la
manera en la que la fe recibida se encarnó en una cultura y se sigue
transmitiendo, algunos pontífices la ven con aprecio, de hecho, para el Papa
Pablo VI «refleja una sed de Dios que únicamente los pobre y sencillos

5
Cfr. Is 61, 10
pueden conocer»6. También, más cercano a nuestro tiempo, el Papa
Benedicto XVI señaló que «es un precioso tesoro de la Iglesia católica y que
ella demuestra el alma de los pueblos latinoamericanos»7
De forma sistemática y concreta su Santidad Francisco desarrolla los
pasos que deben seguir los misioneros para llevar a cabo el anuncio del
Evangelio en la conversación cotidiana o en el visiteo misionero. También
se dan pautas sobre el desarrollo de la homilía para los consagrados, es el
momento catequético por excelencia precisamente porque proviene de un
contexto eucarístico, no debe ser un espectáculo entretenido, antes bien
debe dar fervor y sentido a la celebración. Quien debe brillar no es el
ministro sino el Señor, por ello la palabra del ministro no debe ser excesiva;
en la homilía se ve el carácter de madre y maestra de la Iglesia, porque es
fruto de una escucha seria de la realidad de la comunidad a la que Dios
habla mediante el ministro en medio de su contexto, para alentarla o
corregirla, pero sobre todo para darle esperanza.
En el capítulo cuarto, la dimensión social de la evangelización, se
habla de las repercusiones comunitarias y sociales del Kerygma, esto se ve
más claro en el Misterio de la Redención, porque «Dios, en Cristo, no
redime solamente la persona individual, sino también las relaciones
sociales entre los hombres»8 es por ello que la evangelización repercute
directamente en el área social de la persona humana. No se puede concebir
una fe vivida al margen de los demás, el Misterio de la Trinidad revela que
el hombre fue hecho a imagen de la comunión divina, por eso no puede
llegar por sí mismo a su plena realización y salvarse por sus propias
fuerzas; la inclusión social de los pobres es esencial dentro de la
evangelización sería contradictorio pasarlos por alto, porque se supone
que los destinatarios próximos del Evangelio son ellos. El Papa Francisco
aclara que cada Hijo de Dios y cada comunidad está llamado a ser
instrumento de Dios para la liberación y promoción de los pobres, de modo
que se puedan integrar de forma plena en la sociedad.
La paz social es otro punto que toca el Papa en este apartado, ella no
puede entenderse únicamente como ausencia de violencia generada por la
imposición de un sector a otro, la paz no debe ser gozada únicamente por
una minoría poderosa dejando a un lado a quienes necesitan más de ella.
Por ser social, la paz debe ser fruto de un constructo colectivo y no de un

6
EN 48
7
Discurso en la Sesión inaugural de la V Conferencia general del Episcopado Latinoamericano y del Caribe
(13 mayo 2007).
8
COMPENDIODE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA 52
resultado de unos cuantos, porque ello será origen de nuevas formas de
violencia. Su Santidad sigue contribuyendo diferentes ideas que realmente
contribuyen a la paz y recrimina algunas actitudes contrarias que no llevan
a una verdadera paz.
Finalmente, el quinto capítulo, Evangelizadores con Espíritu, habla
sobre los evangelizadores que están abiertos sin miedo a la acción del
Espíritu Santo. Demuestra nuevamente que el anuncio de la Buena Nueva
se vería vacío si no lo invocásemos en la oración. Es muy diferente una
Evangelización con Espíritu a una simple realización de tareas que se
perciben como obligación impuesta, porque esta ultima deja de lado el
alma de la Iglesia evangelizadora; los evangelizadores con Espíritu son
aquellos que realmente trabajan y oran. Si el evangelizador prescindiese
del recurso de la oración, de la escucha de la Palabra, de la adoración, las
tareas pierden sentido y sería más propenso a sucumbir al cansancio y
dificultades.
El capitulo termina con la presentación de la Virgen María como
madre de la Evangelización y «sin ella no es posible comprender el Espíritu
de la Nueva Evangelización»9 desarrolla las razones por las que María tiene
un papel fundamental en la Evangelización de los pueblos, principalmente
porque toda su vida demostró ser una mujer de escucha y de obras, una
verdadera misionera que camina con nosotros y que derrama la cercanía
del amor de Dios. El Papa la presenta como la estrella de la Nueva
Evangelización y hace una oración suplicando que interceda por Iglesia en
el trabajo de compartir con los demás la alegría del Evangelio.
Esta exhortación apostólica guarda un gran tesoro magisterial para
la Iglesia, sigue siendo tan novedosa como hace diez años, hace un
llamamiento a todos los Hijos de Dios para ser partícipes del proceso de la
Nueva Evangelización. Motiva y recuerda vivir lo que hemos recibido
invitando a no apagar la llama del amor de Dios en nuestros corazones.
Asimismo, presenta directrices concretas paso a paso para realizar obras
de evangelización, facilitando o aclarando el desarrollo de la misión tanto
para los laicos como para los consagrados. Evangelii Gaudium es digno de
ser meditado constantemente por las enseñanzas que su Santidad el Papa
Francisco legó en este documento, e invita a siempre tener esa opción
preferencial por los pobres de modo que ellos sean el destinatario principal
al que se dirige la obra evangelizadora e incentiva a vivir una pastoral
renovada por la fuerza del Espíritu Santo.

9
EG 284

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