Coevolución: ¿Cómo Plantas y Polinizadores
Evolucionaron Juntos?
Samuel Enrique Castellanos Hernández 7°A
UNIVERSIDAD DE CIENCIAS Y ARTES DE CHIAPAS
Materia: evolución
Al hablar de la evolución, generalmente la entendemos como un proceso mediante el
cual un organismo, a través de la selección natural, modifica ciertas estructuras para
adaptarse mejor a su entorno. Sin embargo, este concepto suele interpretarse como
una relación exclusiva entre el organismo y su medio ambiente. No obstante, esta
visión no es completamente cierta, ya que se ha observado que muchos seres vivos
participan en procesos de coevolución, donde la evolución de una especie afecta y es
afectada por la evolución de otra.
La evolución no es un proceso aislado entre un organismo y su entorno, sino que
también incluye interacciones evolutivas entre distintas especies a través de un
fenómeno conocido como coevolución. A través de ejemplos como la relación entre
polinizadores y plantas, o la carrera armamentista entre depredadores y presas, se
expondrá cómo las adaptaciones de una especie pueden influir directamente en la
evolución de otra, creando una dinámica recíproca de cambios evolutivos.
En su obra El origen de las especies (1859), Charles Darwin definió la evolución como
“el proceso por el cual las especies se modifican a lo largo del tiempo debido a la
selección natural”. Esta visión pionera fue clave para entender cómo las adaptaciones
de los organismos al entorno guían su supervivencia y reproducción. Sin embargo, a
lo largo del tiempo, el avance de la genética ha permitido una comprensión más
profunda de los mecanismos subyacentes a la evolución.
Hoy en día, el National Human Genome Research Institute (2024) define la evolución
como "el proceso por el cual los organismos vivos cambian con el tiempo a través de
cambios en el genoma. Esos cambios evolutivos ocurren por mutaciones que
producen variación genómica, lo que da lugar a la aparición de individuos cuyas
funciones biológicas o rasgos físicos están alterados". Este enfoque moderno resalta
la importancia de las mutaciones y la variación genética como motores de la
evolución, integrando conceptos que Darwin no podía haber previsto en su época,
como el papel central del ADN.
La definición clásica de coevolución, propuesta por Gause (1934), describe este
proceso como la evolución conjunta de dos poblaciones que interactúan entre sí. En
este tipo de interacción, la selección actúa de manera recíproca: cualquier cambio
evolutivo en una población o especie modifica las presiones selectivas que afectan a
la otra. Sin embargo, ideas más recientes sobre la coevolución sugieren que esta
definición podría ser demasiado estricta, ya que implica que las especies involucradas
han mantenido una relación interactiva por un largo periodo de tiempo (Begon et al.,
1990). Este enfoque más moderno reconoce que las especies pueden experimentar
una coevolución en distintos grados y que las relaciones entre ellas pueden ser más
dinámicas de lo que inicialmente se pensaba.
La coevolución se manifiesta de diversas formas en la naturaleza, desde relaciones
mutuamente beneficiosas hasta interacciones depredador-presa. La relación entre los
depredadores y sus presas a menudo se considera una relación coevolutiva, y en este
sistema de depredador-presa, bajo de presión selectiva del depredador, la especies
tiende a evolucionar hacia mejor mecanismos de escape o mejor defensas crípticas
para evitar la depredación. El mutualismo y la simbiosis también está considerada una
forma de coevolución debido a la naturaleza positiva, conjunta y recíproca de la
relación evolutiva entre las especies sociales (Badii, et al. 2013).
Basado en estudios realizados por Dodson (1975), se ha observado que
aproximadamente el 50% de las especies conocidas de orquídeas mantienen
relaciones ecológicas complejas con los insectos que las polinizan. El análisis de
plantas e insectos fósiles indica que las primeras plantas con flores dependían
inicialmente de la polinización por viento, al igual que la dispersión de esporas. Sin
embargo, el registro fósil sugiere que la mayor parte de las interacciones
especializadas entre polinizadores y plantas ya había evolucionado para el Eoceno,
hace unos 50 millones de años (Ollerton, 1999). Este dato podría indicar que la
evolución de los artrópodos polinizadores precedió incluso a la aparición de las
primeras angiospermas. Según Labandeira (1998), los cuatro órdenes principales de
polinizadores (Diptera, Coleoptera, Lepidoptera, y Hymenoptera) evolucionaron antes
de la aparición de las angiospermas: Diptera y Coleoptera en el Pérmico medio (hace
aproximadamente 270 millones de años), y Lepidoptera e Hymenoptera en el Jurásico
medio (hace alrededor de 180 millones de años). La presión selectiva relacionada con
la competencia alimentaria llevó a que ciertos grupos de insectos hematófagos se
convirtieran en fitófagos, lo que, considerando la enorme diversidad de insectos
fitófagos actuales, indica un cambio evolutivo significativo (Fontúrbel & Mondaca,
2000).
La selección natural es el principal mecanismo que impulsa la coevolución entre
plantas y polinizadores. Las plantas que desarrollan características específicas como
colores, formas, y aromas que maximizan la atracción de polinizadores, tienen una
mayor probabilidad de ser polinizadas y, por lo tanto, de reproducirse exitosamente.
De manera similar, los polinizadores que evolucionan para recordar y preferir las
flores que les ofrecen mayores recompensas tienen una ventaja en la obtención de
alimento y, en consecuencia, en su éxito reproductivo (Fontúrbel, 2002).
En conclusión, y en lo que yo considero, la evolución no es un proceso aislado entre
un organismo y su entorno, sino que involucra interacciones complejas entre
especies, como se logra observar en la relación entre plantas y polinizadores. Ya que
ambos grupos han desarrollado adaptaciones específicas que benefician su
supervivencia mutua, impulsados por la selección natural.
La coevolución, evidente en las plantas que modifican su morfología para atraer
polinizadores y en estos que se especializan en recolectar alimento de manera más
efectiva, es para mí, prueba más que suficiente para demostrar cómo las especies
pueden evolucionar conjuntamente. Este fenómeno no solo ha promovido la
diversificación, sino que también resalta la interdependencia de las especies.
Lista de referencias:
Badii, M.H., H. Rodríguez, E. Cerna, J. Valenzuela, J. Landeros & Y. Ochoa. 2013.
Coevolución y Mutualismo: Nociones Conceptuales. Disponible en:
https://www.researchgate.net/publication/313037344_Coevolucion_y_Mutualismo_N
ociones_Conceptuales. Consultado el 8 de septiembre del 2024.
Begon, M., J.L. Harper & C.R. Townsend. 1990. Ecology: Individuals, Populations and
Communities. 2nd Ed. Boston, Blackwell Science.
Fontúrbel, F. 2002. Rol de la coevolución planta–insecto en la evolución de las flores
cíclicas en las angiospermas. Disponible en:
https://www.uv.mx/personal/tcarmona/files/2010/08/Fonturbel-.pdf. Consultado el 9
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Fontúrbel, F. & D. Mondaca. 2000. Coevolución insecto–planta en la polinización.
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Gause, G.F. 1934. The Struggle for Existence. Baltimore, Williams & Wilkins.
Jeffries, M. & D. Mills. 1990. Freshwater Ecology. N.Y., Belhaven Press.
Labandeira, C.C. 1998. Early history of arthropod and vascular plant associations.
Ann. Rev. Earth Planet. Sci., 26: 329-377.
National Human Genome Research Institute. 2024. Evolución. Disponible en:
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Ollerton, J. 1999. La evolución de las relaciones polinizador-planta en artrópodos. Bol.
S. E. A., n°26, 741-758.