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Una Madre No Lucha para Ser Billete

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Una madre no lucha para ser billete

Derechos humanos. El homenaje a las Madres en un billete de 100 pesos


desató un debate que creció con la quema de dos muñecos similares a
Milani y Bonafini. “Es doloroso”, dice la autora de la nota.

Por Mirta Varela

El lanzamiento del billete corona la política en derechos humanos.

El último 26 de marzo fue presentado en sociedad el billete de $100 en


homenaje a las Madres de Plaza de Mayo. El perfil femenino de la República
coronado por un pañuelo y la pirámide de Mayo ocupan el centro del
rectángulo en el que no escasean las flores. Tampoco falta el pañuelo
estilizado, convertido en logo de la Asociación Madres de Plaza de Mayo
presidida por Hebe de Bonafini, no así de Madres-Línea Fundadora. El Estado
que asesinó a los hijos convirtió a las Madres en papel moneda.

En otros tiempos, Bonafini se pronunció contra las indemnizaciones en


dinero del Estado a las víctimas del terrorismo de Estado. “Quien cobra la
indemnización se prostituye” llegó a declarar. Hubo debate porque los
argumentos a favor y en contra de esa indemnización partían de hechos
trágicos e irremediables frente a los cuales solo restaba la búsqueda de la

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verdad, la justicia y el duelo. Pero era fácil argumentar la imposibilidad de
trocar vida por dinero . Mucho más difícil es encontrar argumentos para
convertirse en dinero.

Hebe de Bonafini no sólo asistió al acto de presentación del billete


transmitido por Cadena Nacional sino que intercambió un diálogo risueño
con Cristina Fernández de Kirchner. La Presidenta dijo -y luego desdijo- que a
los “viejos de 80 años” solo les resta mirar televisión. No se desdijo de llamar
vieja a Bonafini, apenas señaló que “los viejos” a veces son mejores que
“muchos de 20”. No es grave, el titular del INADI-Tucumán dijo que llamar
“vago de miércoles” a un ciudadano fue una encantadora frase de la
Senadora Rojkés de Alperovich. “Betty es así, y eso es lo que nos gusta de
ella” dijo literalmente en un plural que definitivamente no nos incluye a
todos. Aparentemente quiso decir que ese exabrupto delata su
espontaneidad y no lo que muchos de nosotros comprendimos: que sincera
su profunda discriminación, la cómoda posición de poder en la que se
encuentran la mayor parte de los políticos desde la cual se asoman a lo que
entienden que es el infierno de los pobres. La frase vino acompañada de una
bravuconada donde Rojkés –Senadora nacional por Tucumán, ex Presidenta
Provisional del Senado- enrostraba al inundado que no tenía una sino diez
mansiones, frase de la que luego se desdijo.

En la misma Cadena Nacional donde se presentó el billete, la Presidenta -


cuyo patrimonio y poder compite con ventaja con el de Rojkés- actuó como
una vendedora de electrodomésticos promocionando financiación barata:
anunció descuentos y beneficios de la tarjeta Sube que describió como una
tarjeta del Club La Nación para pobres. Repitió dos veces los nombres de las
principales –más grandes dijo– firmas de electrodomésticos, sin que eso
hiciera ruido en el ámbito en que tantas veces se ha exaltado la batalla
contra los monopolios. Las nuevas heladeras ahorran electricidad y, por lo
tanto, la venta de electrodomésticos no apuntaba únicamente a incrementar
el consumo, algo que en algún momento -probablemente cuando el Che se
convirtió en poster– parece haberse vuelto un argumento progresista, sino
que también suponía un argumento ecológico a favor del ahorro de energía.
En principio, todos apoyamos las medidas ecológicas pero quedó muy claro
que no todos estamos de acuerdo en el modo de concretarlas cuando
recientemente, en otra Cadena Nacional, fue anunciada con entusiasmo la

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producción de glifosato, un pesticida utilizado para el cultivo de la soja
transgénica que hasta Página 12 asumió que guarda una “vinculación clara”
con “mutaciones genéticas que pueden derivar en cáncer, generar abortos
espontáneos y nacimientos con malformaciones” (6-12-14).

El 26 de marzo Fernández de Kirchner también anunció un cambio en la


aplicación del subsidio a la garrafa social para que llegue en forma directa (es
decir a través de la ANSES) a quienes lo necesiten. Fernández no se privó de
festejar que ella, por suerte, nunca había tenido que usar gas en garrafa que
es, notablemente, un objeto para pobres. Más allá de la ignorancia sobre el
consumo de gas en garrafa que esta afirmación demuestra, no es la primera
vez que Fernández interpreta la falta de dinero como un estigma. Ya lo hizo
cuando anunció la distribución de tarjetas de crédito del Banco Nación y nos
explicó que “te miran mal si no tenés tarjeta”. Hay que entender que ese es
el contexto en el que Axel Kiciloff afirmó que medir la pobreza es
estigmatizante y ese es el contexto en que convertirse en billete es
considerado un homenaje a la lucha en defensa de los derechos humanos.

Igualmente, el billete en homenaje a las Madres no parece cobrar mayor


trascendencia. Muchos están felices de “ver circular la memoria todos los
días” (sic: tomado de un comentario en FB) y a otros nos resulta doloroso
cuestionar abiertamente a los organismos de derechos humanos que forman
parte del sentido común de nuestro acceso a la vida política. Pero también es
doloroso ver el lugar donde han quedado las Madres. En cualquier caso, el
billete y la presentación que acabo de describir, no parecen haber provocado
una incomodidad generalizada. Su lanzamiento corona la política en
derechos humanos del gobierno cuyo acto simbólico inaugural tuvo lugar el
24 de marzo de 2004 y prosiguió con la cooptación de varias figuras notables
como Hebe de Bonafini y Estela de Carloto.

No parece casual que dos días antes, en una de las marchas del 24 de marzo
de este año, otro episodio colocara a Hebe de Bonafini en el centro de la
escena. Algunos manifestantes quemaron los muñecos de Bonafini y Milani
abrazados. Durante un día, los “troskos” y los “zurdos” –así, sin identificación
precisa, como ocurría durante la Dictadura- fueron acusados del hecho hasta
que la agrupación Hijos-La Plata hizo circular una declaración en la que se

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hacía única responsable de la “realización, montaje y quema de los DOS
muñecos incinerados en la plaza, Milani abrazado a Hebe, es nuestra
exclusiva acción y responsabilidad”, dijeron. Si el billete no concitó gran
atención, la quema de los muñecos recibió, en cambio, un rechazo
generalizado. Aun aquellos que han condenado las acciones de Hebe de
Bonafini en muchas ocasiones, han visto en ese acto una violencia simbólica
que fácilmente puede derivar en otro tipo de violencia. Violencia simbólica
que, sin embargo, no parece aplicarse a las palabras de Cristina Fernández o
Beatriz Rojkés. La declaración completa de Hijos-La Plata, que sostiene el
principio de autonomía de los organismos de derechos humanos del Estado,
propone el gesto como una incitación al debate sobre Milani pero también y
fundamentalmente sobre ese principio. Se trata de un reclamo que data de
2011, según consta en publicaciones de la agrupación, sin que los
interpelados hayan querido debatir aún. Por el contrario, Hernán Brienza en
la Agencia Telam, entre muchas otras voces en apoyo al gobierno, se refirió a
los cuestionamientos que muchas organizaciones plantearon al asado
organizado por el Ministro de Justicia Julio Alak en la ESMA como “un debate
que la sociedad argentina ya saldó” (4/1/2013).

La quema de los muñecos coloca las llamas en primer plano. No es la primera


vez que las llamas ocupan un espacio simbólico en la política argentina y la
quema de muñecos también es habitual en fiestas tradicionales,
especialmente en las vísperas de las noches de San Juan que se continúan
realizando en varias provincias del Noroeste. Antonio Berni pintó “La fogata
de San Juan” en 1948, un cuadro donde la festividad popular y la protesta se
funden, algo que el gobierno parece promover ya que es uno de los cuadros
del artista incluidos en el portal de educ.ar sobre el que se propone trabajar
en las escuelas. Al menos hasta que algún funcionario se desdiga. La quema
de muñecos con atributos de personajes de la política es habitual en estas
fiestas y también en las del 31 de diciembre en La Plata donde se han
convertido en un ritual. En otras oportunidades, muñecos que representaban
a Videla y otros represores fueron quemados dejando en claro que las llamas
no se aplican indiscriminadamente y que las llamas simbolizan un deseo no
concretado materialmente. Se queman los muñecos porque no se quiere
ejercer violencia sobre los personajes reales que enojan y se cuestionan, en
eso consiste precisamente la representación, en eso consiste precisamente la
cultura. Es cierto que la historia ha mostrado que ese deslizamiento es sutil.
Cuando Herminio Iglesias quemó un féretro en el cierre de campaña del PJ en

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1983, fue condenado por la sociedad y su acto tuvo el efecto de un
boomerang. La sociedad entendió que en la apertura democrática era
necesario utilizar las palabras que habían sido censuradas: debatir y no
quemar símbolos. Es frente a la obturación del debate que los muñecos
cobran un sentido bien distinto, aunque la quema del muñeco de Bonafini no
pueda ser defendido. La complejidad y la sutileza de los símbolos es lo que
vuelve la relación entre cultura y política tan interesante. Y es la capacidad de
simbolizar uno de los rasgos que nos hace humanos, ese derecho que
defendemos.

En 1993, en Santiago del Estero, donde Berni vivió durante algún tiempo, los
principales edificios de gobierno y las casas particulares de los políticos
fueron incendiados por la multitud que decía estar llevando adelante un acto
de justicia. Decían estar quemando la riqueza que los políticos habían robado
al pueblo a través de la corrupción y era exhibida cotidianamente con
descaro. Los ciudadanos santiagueños hicieron llegar hasta ellos las llamas
del infierno de los pobres que se negaban a ver. Ser pobre es –entre muchas
otras cosas- estar privado de dinero, ese dinero que ahora reemplaza a Roca
con Bonafini, como antes lo hizo con Eva Duarte de Perón. La sustitución de
un bronce por otro pretende ser un giro en la interpretación de la historia. En
verdad, el cambio de bronce solo pretende hacernos olvidar que lo que
permanece es el vil metal. Permanece el dinero con el que se paga la deuda
externa contraída en su mayor parte ilegítimamente durante la Dictadura, el
dinero que se descuenta del salario de los trabajadores que no cobran
ganancias pero pagan igualmente el impuesto, el dinero del que están
privados los pobres. Las redes sociales estallan indignadas porque “Hebe es
el pañuelo y el pañuelo no se toca”. A través de una sinécdoque (esa figura
que consiste en reemplazar la parte por el todo, una cosa con la materia de la
que está formada) se ha reemplazado al objeto. La agrupación Hijos-La Plata
sostiene que no cree en “la sacralidad abstracta del pañuelo blanco, mucho
menos cuando lo vemos al lado del verde oliva del ejército genocida de ayer
y de hoy”. En fin, que el problema no es la quema de los muñecos sino el
abrazo con Milani. De la misma manera que el problema no es el billete sino
la política de la que el billete es apenas una sinécdoque.

Las fogatas de San Juan, como muchas fiestas tradicionales, están formadas
por elementos ambiguos cuando no contradictorios, reaccionarios y

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progresistas por igual. La quema de los muñecos de Bonafini y Milani es clara
en su objetivo político pero no deja de traslucir ambigüedad, por eso es tan
incómoda. Como frente a muchas otras incomodidades, resulta más sencillo
cerrar el debate antes de iniciarlo. Apelar a la creencia y los símbolos antes
que a la reflexión y la crítica. La conversión del pañuelo en billete intenta
sacralizar –el término religioso nunca tan bien aplicado- un símbolo que la
falta de consenso entre distintos actores políticos demuestra que no debería
ser convertido en mármol. De la misma manera que no parece conveniente
pretender congelar la historia al mismo tiempo que se reclama memoria.
Pero la conversión de las Madres de Plaza de Mayo en billete de $100 no solo
busca neutralizar su lucha sino que también invierte los valores. Es la
antítesis de la lógica política que las llevó a convertirse en emblema. Una
lógica centrada en la lucha de las víctimas contra los victimarios, de los
débiles contra los poderosos, de los pobres contra los ricos.

De circular alrededor de la pirámide, las Madres circularán por las arcas de la


banca. Lo más notable en la serie de desplazamientos que el billete produce,
sin embargo, es el modo en que el protagonismo de los pañuelos condena a
un segundo plano a los desaparecidos en nombre de los cuales las Madres
salieron a luchar. Los valores y las ideas de los militantes asesinados por la
Dictadura no incluían, en ningún caso, la reivindicación del consumo y el
capitalismo. Los desaparecidos, según señaló la Presidenta en forma
vacilante -ya que no pudo recordar con precisión en medio de su discurso
improvisado- quedaron reducidos al código genético que permite
identificarlos. Sin llamas, se ha incinerado en los billetes cualquier vestigio de
sus ideas o sus luchas.

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