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5 Lectura Complementaria-1

El documento analiza el papel de los medios de comunicación como el 'cuarto poder' en los sistemas democráticos, destacando su origen en las revoluciones francesa y norteamericana. Se argumenta que, aunque los medios deberían actuar como vigilantes de los otros tres poderes, actualmente están dominados por las élites económicas, lo que compromete su función democrática. Además, se menciona la necesidad de un contrapoder, como la comunicación alternativa, para equilibrar esta situación.
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El documento analiza el papel de los medios de comunicación como el 'cuarto poder' en los sistemas democráticos, destacando su origen en las revoluciones francesa y norteamericana. Se argumenta que, aunque los medios deberían actuar como vigilantes de los otros tres poderes, actualmente están dominados por las élites económicas, lo que compromete su función democrática. Además, se menciona la necesidad de un contrapoder, como la comunicación alternativa, para equilibrar esta situación.
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INTRODUCCIÓN

Medios de comunicación: el cuarto poder


La historia del liberalismo político establece como característica
esencial de los sistemas democráticos contemporáneos su cons-
titución sobre la base de los llamados tres poderes: ejecutivo,
legislativo y judicial. Una segunda característica, centro también
del funcionamiento democrático, radica en la independencia
que mantienen los distintos poderes, pero combinada con una
importante supervisión también de los unos sobre los otros. No
se pretende ahora profundizar sobre la idoneidad de este sistema
o respecto a su buen funcionamiento, aunque, sin duda, hay
opiniones para todos los gustos.
Nos interesaba recordar esas ideas para entender mejor la
ubicación en el sistema dominante actual del que denominaremos
como «cuarto poder». Este da sus primeros pasos, al igual que los
anteriores, en los lejanos tiempos de las revoluciones francesa y
norteamericana y no, como pudiera pensarse, en épocas mucho
más recientes. Así, ya en los finales del siglo xviii, se acuñó dicho
término para hablar de los incipientes medios de comunicación
como aquellos que conformarían ese cuarto poder. Cierto es
que, entonces, se entendía como un poder de la ciudadanía, que
encontraba su función esencial en la vigilancia de las actuaciones

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de los otros tres. Se instauraban el ejecutivo, legislativo y judicial
como los poderes del Estado para un buen gobierno en favor de
la mayoría social y frente a la monarquía absoluta donde todo
el poder residía en el soberano. Pero se intuía, ya entonces, que
estos tres poderes debían estar, de alguna forma, supervisados
para que sus actuaciones fueran transparentes, limpias y con el
necesario equilibrio. Por supuesto, como ya se ha dicho, todo
ello en teoría para mayor beneficio del pueblo, que era a partir
de estos momentos y en este sistema, quien tomaba en gran me-
dida las riendas de la vida política y social de los estados. Pero,
como decíamos, a pesar de ello, y dado que el paso de la teoría
a la práctica siempre provoca disfunciones importantes y nuevas
responsabilidades, derechos y deberes que se pueden quedar por
el camino, parecía imprescindible habilitar alguna forma extra
de control que aumentara las garantías del buen funcionamiento
de los tres poderes fundamentales instituidos.
Este cuarto poder y sus derroteros en el tiempo más cercano
es sobre lo que, en alguna medida, centraremos este trabajo.
Pero no haremos un repaso histórico de su evolución desde
los tiempos de la revolución francesa hasta nuestros días, sino
que, una vez ubicados los orígenes y pretensiones del poder
mediático, daremos un salto temporal —prácticamente hasta
los años más recientes— para plantear algunos elementos, nue-
vamente fundamentales, que nos permitan empezar a entender
el papel que hoy juegan los medios de comunicación. Con el
objetivo de certificar hasta qué punto siguen cumpliendo esa
función de vigilancia ciudadana de los tres poderes o si, por el
contrario, han acabado imbricados, confundidos y en absoluta
complicidad con alguno de estos, con todos ellos, o supeditados
a otros distintos.
Así pues, sumemos ahora a este escenario un nuevo poder
que se descubre históricamente como semioculto con respecto

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a la política y la institucionalidad, pero que siempre las ha do-
minado y que en las últimas décadas ha ganado una presencia
y poder en grado superlativo. Nos referimos evidentemente al
poder económico que, en el actual sistema neoliberal, con su
ambición y control casi absoluto sobre los ámbitos políticos
y sociales, se ha convertido en una amenaza innegable para
los tres poderes esenciales del liberalismo y para sus funciones
y prerrogativas en un marco pretendidamente democrático.
Podemos así, afirmar que el poder económico es hoy un actor
fundamental. No solo para el discurrir de la propia economía,
sino también para el mismo sistema político y social. Afortu-
nadamente, y a pesar de lo anterior, aún podemos reconocer el
hecho de que nuestras sociedades todavía mantienen, aunque
debilitadas, ciertas formas de control público y mecanismos
democráticos sobre el funcionamiento y ordenación de los tres
poderes esenciales.
Por el contrario, respecto a ese cuarto poder del que ha-
blaremos, tenemos que afirmar que, en estos días, está en su
casi totalidad, por lo menos cuando nos referimos a los medios
de comunicación masivos; permeado y bajo el control de las
élites económicas que, además, hay que recordarlo, son en su
inmensa mayoría élites masculinas. Esta situación de domina-
ción supondrá una evidente retroalimentación de conceptos y
visiones desde el mundo económico al comunicacional donde,
entre otras, será también dominante la visión patriarcal. Pero
podemos ir más allá aún y, al hilo de ese sometimiento al poder
económico, recuperar la cita inicial que abre esta introducción
para entender que el cuarto poder, el mediático, además de estar
hoy supeditado a las élites económicas, ante la ausencia de un
contrapoder que lo reequilibre y controle en sus actuaciones, no
es un poder necesariamente democrático. Sobre todo esto, entre
otros aspectos, iremos profundizando en las páginas siguientes y,

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de alguna forma, en la totalidad de este ensayo. En los últimos
capítulos, hablaremos también de ese posible contrapoder que
constituiría la comunicación alternativa, comunitaria, basado
en la sociedad civil.

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