Violencia Modulo
Violencia Modulo
UNIDAD I: Teorías del control social, Crimen y Castigo. Seguridad Ciudadana y Derechos
Humanos.
Vamos a generar un conocimiento constructivo y reflexivo en base al sistema educativo virtual y las
oportunidades que hoy se presentan para poder transformar la Educación, mediante el uso de la
plataforma (participación de los foros, trabajos prácticos, debates, etc.). A lo largo de la cursada
tendrás la posibilidad de reflexionar acerca de los contenidos de la materia, debatirlos y construir
conocimientos nuevos.
Los módulos temáticos buscan, en primer lugar, profundizar los principales conceptos teóricos de la
asignatura y generar en los alumnos un pensamiento crítico, analítico y que logren interpretar las
problemáticas de la realidad social desde un enfoque multicausal.
Presentación
Queremos iniciar este recorrido partiendo del análisis de un concepto central para
el desarrollo de la materia, nos referimos al concepto de control social. Según la
RAE, controlar significa inspeccionar, fiscalizar, comprobar, intervenir. A partir de
esta definición, la pregunta que surge inmediatamente es: cuando hablamos de
control social, cuál es el objeto de este control, es decir, qué se busca fiscalizar.
En una respuesta rápida podríamos decir que busca controlar a “la sociedad”,
pero toda actividad de control implica necesariamente ciertos parámetros,
estándares o patrones que permitan, fiscalización mediante, determinar o emitir
un juicio sobre posibles desviaciones o anomalías, que se alejan de esos
parámetros establecidos. Es en este punto donde la noción de control se articula
con la de orden social, lo que se inspecciona y controla es el mantenimiento y
reproducción de un modelo social, del orden político y social establecido.
Invitamos aquí a reflexionar sobre qué implica el orden social, cómo se construye, quién
(o quiénes) lo define, cómo, desde qué argumentos.
Donde hay sociedad hay mecanismos que controlan que esta funciona. Y donde hay mecanismos
de control, hay conductas consideradas delictivas y penas para evitarlas.
La teoría del control social es una teoría procedente de la sociología que se basa en que las
relaciones sociales no son siempre armoniosas. Por eso, los códigos de conducta aprendidos
durante las distintas etapas de socialización de los individuos incluyen varias formas de control de la
conducta.
Estas formas de control social pueden ser sanciones sociales, que el individuo interioriza y cumple
en el marco de la convivencia social de forma aprendida, pero también pueden referirse a una forma
de control social coercitiva, impuesta por las leyes y que pena los comportamientos que divergen de
lo socialmente aceptado. Es decir, las teorías del control social no se preguntan el porqué de que un
individuo delinque; sino que se preguntan por qué no lo hace, qué lleva a un individuo a comportarse
dentro de lo socialmente establecido.
El uso del término control social se remonta hasta el sociólogo norteamericano Edward Alsworth
Ross, en el s. XIX, que utilizó este término para referirse a las estrategias de administración del statu
quo social como un instrumento de dominación legitimado por la mayoría social. Este autor excluía
el control estatal (y por lo tanto penal) del término.
Posteriormente, otros autores como el argentino Roberto Bergalli, el español Muñoz Conde o el
mexicano Luis Recaséns empezaron a interesarse por la relación entre el sistema penal estatal y
las formas de control social de determinadas sociedades.
Por ejemplo, desde el punto de vista de Recaséns, el control social designa no solo al conjunto de
normas colectivas que mantienen la conducta social establecida, sino que incluye también a las
autoridades y los poderes sociales que regulan la conducta humana. Leyes, usos y
costumbres ejercen una importante presión sobre los individuos a la hora de forjar su conducta
social.
Una mención aparte requiere la teoría del control de Hirschi. El estadounidense Travis
Hirschi formuló en su trabajo Causas de la Delincuencia, una visión del control social aplicada en
concreto a la criminología, que se fundamentaba en que aquellos individuos con lazos sociales
convencionales, más fuertes y arraigados, son menos propensos a violar la ley. Dice Hirschi que “si
no cometemos actos desviantes es debido a nuestro estrecho lazo con la sociedad. Si el lazo se
debilita, se saltan las reglas y se cometen actos desviantes”.
ACTIVIDAD DE FORO
El control social que ejerce una sociedad para regularse puede manifestarse de múltiples formas y,
en concreto, si tenemos en cuenta los mecanismos estatales, depende en gran medida de
la organización legal de dicha comunidad.
Por ejemplo, un estado democrático no ejerce las mismas formas de control sobre su sociedad que
un estado dictatorial y una sociedad organizada en torno al concepto de familia tradicional no ejerce
la misma presión social que una cuya base social es comunitaria, como una tribu.
En cuanto a los tipos de control social, hay múltiples clasificaciones, siendo estas ampliables y no
excluyentes.
El concepto de control social es muy amplio, y en su seno tienen cabida mecanismos muy diferentes,
que van desde las leyes mismas hasta los valores y creencias. Se hacen cumplir de maneras:
Coercitivas, o sea, a la fuerza. Por ejemplo, las fuerzas policiales están allí para someter por la
fuerza a una turba que se niegue a respetar el orden público.
Persuasivas. Por ejemplo, las leyes que rigen dicho orden público son impartidas en la escuela,
es decir, a través de la educación, y fomentadas por los medios de comunicación.
Es por eso que el control social implica a menudo un control también cultural y político. En épocas
revolucionarias, es comprendido como una barrera que imposibilita el cambio y que actúa en favor
de las clases dominantes, dado que estas últimas poseen generalmente el mando del Estado.
En condiciones ordinarias, sin embargo, algún grado de control social es indispensable para
sostener la paz social y permitir la continuidad del ejercicio económico. O sea, es un elemento
indispensable para mantener a las sociedades estables, pero en sí mismo puede ser cuestionado y/o
modificado.
El registro ciudadano por parte del Estado. Siempre que un niño nace, debe ser presentado
por sus padres ante las instancias adecuadas del Estado, y se creará un acta de su nacimiento
para brindarle una identidad legal, del mismo modo en que luego se le asignará un documento
de identidad (cédula, pasaporte, dni, etc.). De este modo el Estado tiene control estadístico de
su ciudadanía, pero también puede brindarle servicios burocráticos y legales.
La prohibición de venta de alcohol a menores de edad. El Estado prohíbe la venta de alcohol
y estupefacientes a personas que no tengan la edad apropiada (generalmente 18 años, en otros
lugares 21), como una forma de protección de la niñez y la juventud. Esta ley es controlada por
las autoridades a través de multas o prisión a los vendedores que la incumplan.
El monopolio de la violencia. Para conservar su estructura y su estabilidad, el Estado posee
las fuerzas armadas y del orden público: grupos armados que tienen el monopolio legítimo de la
violencia en la sociedad, lo cual les permite combatir activamente a las amenazas externas (como
países rivales) o internas (como insurrecciones, rebeliones o terrorismo).
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ejercer-un-control-total-en-china/
Actividad Grupal.
Durkheim sostiene que el crimen es todo acto que rompe la solidaridad mecánica derivada del
derecho penal. De acuerdo con el autor, este derecho, a diferencia de todo derecho escrito, establece
sanciones pero no prescribe ninguna obligación a la que aquellas corresponden.
El crimen hiere sentimientos fuertes y precisos que, para un mismo tipo social, se encuentran
grabados en todas las conciencias con una intensidad media. Es una ofensa contra una autoridad
trascendente a los individuos que se vivencia como sagrada. Según el autor, “un acto es criminal
cuando ofende los estados fuertes y definidos de la conciencia colectiva (…) No hay que decir que
un acto hiere la conciencia común porque es criminal, sino que es criminal porque hiere la conciencia
común. No lo reprobamos porque es un crimen, sino que es un crimen porque lo reprobamos”
(Durkheim, 2008a: 158).
De este modo, el autor le quita entidad ontológica al delito al postular que no existe ningún
acto esencialmente criminal sino que éste depende de los sentimientos, creencias y valores
contenidos en la conciencia colectiva.
Esta itensión se resuelve si se piensa que la primera definición debe ser utilizada para el momento
de aplicación de la ley, y que la segunda, es pensada para cuando ésta debe ser elaborada. En
consonancia con Beccaria, encontramos a:
Sin embargo, Taylor, Walton y Young, plantean que es evidente el paralelo con las concepciones
clásicas de la ley: “también aquí se postula la existencia de un consenso, basado en el temor a la
idea de Hobbes de la guerra de todos contra todos, y una ley que consagra las disposiciones
necesarias (funcionales) para impedir esa eventualidad” (Taylor, Walton y Young, 2007: 36).
Para Durkheim, el signo exterior del crimen es la pena. Ésta es definida como una reacción pasional
cuyo elemento esencial es la venganza. En este sentido, sostiene el autor que, más allá de las formas
que asuma la pena, “es todavía un acto de venganza, ya que es una expiación” (Durkheim,
2008a:164). El corazón de la pena está constituido por el linchamiento que es una forma de pena
primitiva de carácter colectivo, instintivo, pasional e irracional. Sin embargo, sostiene que en la
actualidad la necesidad de venganza que motoriza la pena está mejor dirigida que antes ya que la
contiene dentro de ciertos límites. En este caso, la pena es una reacción pasional de intensidad
graduada. Esta reacción se produce porque el crimen ofende estados fuertes y definidos de la
conciencia colectiva que se encuentran universalmente distribuidos en todas las conciencias
particulares. Dado que los sentimientos que ofende son fuertes, la reacción también debe serlo ya
que iisino corre el riesgo de debilitarse. En este sentido, afirma Durkheim, “una simple vuelta al orden
anterior a la turbación no nos alcanza: necesitamos una satisfacción más violenta. La fuerza contra
la que el crimen acaba de chocar es demasiado intensa como para reaccionar con tanta moderación.
Por otra parte, no podría hacerlo sin debilitarse, pues es gracias a la intensidad de la reacción que
ella se recupera y se mantiene en el mismo grado de energía” (Durkheim, 2008a: 173).
En tanto el crimen ofende a la conciencia colectiva o sea a la sociedad, la pena solo puede tener un
carácter social. Si nosotros reclamamos la represión de un crimen, es porque tenemos esos
sentimientos colectivos arraigados en nosotros y los percibimos como algo sagrado, exterior y
superior a nosotros cuya infracción genera indignación. Sin embargo, quien se venga es la sociedad.
Esta reacción no siempre es la misma ya que las emociones que la determinan dependen de la
vivacidad del sentimiento herido y de la gravedad de la ofensa sufrida. En este sentido, el autor afirma
que la proporcionalidad que se observa en todos lados entre los delitos y las penas se establece
espontáneamente sin que sea necesario hacer ningún cálculo. La pena puede ser difusa o
concentrada. Cuando adopta esta última forma se trata de una sanción legal que se caracteriza por
estar organizada. La organización consiste en que existe un órgano definido que actúa como
intermediario –tribunal- entre la sociedad y aquellos miembros que han violado ciertas normas de
conducta. De acuerdo con Durkheim, el poder de reacción de esta organización es la emanación del
que se encuentra difuso en la sociedad.
Entonces, de acuerdo con Durkheim, el carácter social de la pena deriva de la naturaleza de los
sentimientos heridos: son sentimientos fuertes porque se encuentran en todas las conciencias
particulares y, en este sentido, son universalmente respetados.
El crimen pone en cuestión esta universalidad y, por este motivo, las conciencias particulares
reaccionan frente a él para reafirmar el carácter colectivo de aquellos sentimientos. Si no lo hiciera
se vería amenazada la cohesión social derivada de las semejanzas ya que ésta necesita de ese
núcleo de valores, normas, creencias, y sentimientos denominados conciencia colectiva.
En este sentido, cabe resaltar que los pensadores ilustrados como Beccaria y Bentham, coinciden
en que las penas deben ser disuasivas. A diferencia de Durkheim, no analizan la pena tal como es
en realidad sino como debería ser.
De acuerdo con Beccaria, las penas deben ser útiles en el sentido de que deben disuadir a quienes
cometieron un delito de no volver a hacerlo y, a quienes no, de no cometerlos. En otras palabras, el
fin de la pena es la prevención de los delitos. En este sentido, afirma que “el fin, entonces, no es otro
En esta línea encontramos a Bentham [1789], para quien las penas deben prevenir delitos
semejantes de los mismos autores o de otros (disuasión especifica y disuasión general
respectivamente). Según este autor, para que la pena sea eficaz es necesario que el delincuente
encuentre en ella un mal mayor que el bien que buscaba con el iiidelito o sea que debe debilitar los
motivos que llevan a los hombres a delinquir.
Sin embargo, a diferencia de Beccaria, que postula que siempre que hay un delito debe haber una
pena, este autor sostiene que hay casos en que la pena es ineficaz ya que produce más mal que
bien sin ningún provecho y entonces no debe aplicarse (Bentham, 1821).
Para estos pensadores, la pena es un medio de defensa social que no actúa de un modo
exclusivamente represivo sino también de un modo curativo y reeducativo (Baratta, 2002).
De acuerdo con Lombroso, el delito es una consecuencia lógica de una enfermedad y, por lo tanto,
la pena debe consistir en un tratamiento médico para curar dicho estado patológico.
De acuerdo con Baratta [1982], tanto los pensadores ilustrados como positivistas presentan una
ideología de la defensa social basada en el principio de legitimidad (el estado como expresión de la
sociedad está legitimado para reprimir la criminalidad de la cual son responsables determinados
individuos), el principio del bien y del mal (el delito es un mal y la sociedad un bien), el principio de
culpabilidad (el delito es expresión de una actitud reprobable contrarias a las normas y valores de la
sociedad), el principio del fin o de la prevención (la función de la pena es la prevención), el principio
de igualdad (la ley penal es igual para todos) y el principio del interés social y del delito natural (los
delitos ofenden intereses fundamentales para la existencia de las sociedades).
Según Durkheim, para hacerse una idea exacta de la pena, hay que reconciliar las dos teorías
contrarias que se han propuesto sobre ella: la que ve en ella una expiación y la que hace de ella un
arma de defensa social” (Durkheim, 2008a: 181) ya que si bien cumple la función de proteger a la
sociedad solo puede hacerlo porque es expiatoria y si es expiatoria no es porque el dolor redima la
falta sino porque es la condición para cumplir su función social.
De acuerdo con Durkheim, el crimen no es un mal que hay que contener dentro de ciertos límites ni
el castigo el remedio que puede curarlo. En este sentido, Durkheim sostiene que el derecho penal
cumple la función de proteger la cohesión social que resulta de las semejanzas, o sea de la
conformidad de todas las conciencias con la conciencia colectiva, “contra todo debilitamiento
exigiendo de cada uno de nosotros un mínimo de semejanzas sin las cuales el individuo sería una
Conclusión
Por último, cabe destacar que Durkheim no se centra en el delincuente a diferencia de otros autores
ya que considera que el delito es un hecho social que solo puede explicarse por causas sociales. Sin
embargo, desde su punto de vista, una persona solo sería criminal porque es objeto de reprobación
y, esto sucede, porque no es semejante a nosotros es decir porque no comparte la conciencia
colectiva. De este modo, no existe ningún factor biológico o social que determine a los individuos a
delinquir tal como planteaban algunos ilustrados y positivistas e incluso el mismo Marx. Asimismo, el
“delincuente” no sería una persona anormal, insociable, inasimilable, sino un “agente regular de la
vida social” (Durkheim, 2003: 82) ya que su trasgresión permite el reforzamiento de la conciencia
colectiva.
En esta línea, encontramos a Tarde para quien el tipo delincuente tampoco es un tipo morfológica o
psicológicamente distinto a los demás. En este sentido, este tipo es un tipo profesional como
cualquier otro ya que tienen valores y técnicas que deben aprenderse como en cualquier otro trabajo.
Además los móviles que lo mueven son de carácter social, en términos de este autor. En este sentido,
el delincuente es un innovador que busca alcanzar los valores dominantes más rápidamente que el
resto: es un hiperlógico, un exagerado que pone el acento en un vector dominante de la cultura y lo
lleva al extremo. De este modo, el delincuente solo es diferente en el grado en que actúa
determinadas premisas culturales.
Lombroso [1898] realiza una clasificación tipológica de los delincuentes que toma como eje al
delincuente nato como el homo delincuente por excelencia es decir aquel que presenta
características atávicas -rasgos que lo acercan al hombre primitivo-. A diferencia de Lombroso, Ferri
plantea que no solo los factores antropológicos son causas de la criminalidad: existen causas ligados
al medio físico y al medio social. En este sentido, realiza una clasificación de los delincuentes,
tomando como punto de partida la clasificación de Lombroso, pero incorporando y acentuando los
factores sociológicos.
Ferri distingue los siguientes tipos criminales: criminal nato, criminal loco, criminal habitual, criminal
pasional, y criminal ocasional, en una escala que va desde un mayor peso de los factores
antropológicos a un mayor peso de los factores sociológicos. De este modo, Ferri completa la
clasificación realizada por Lombroso planteando que el hombre delincuente existe, sólo que no todos
los criminales son hombres delincuentes. Como afirmábamos anteriormente, la “escuela positiva”
critica a los pensadores ilustrados por no haberse ocupado de los delincuentes.
En este sentido, tradicionalmente se piensa que estos pensadores solo se ocuparon del delito penal
de acto bajo el presupuesto de que los sujetos, al tener voluntad, libertad y razón –libre albedrio-,
En esta línea, Piers Beirne (1993), plantea que Beccaria no es un autor que tome como punto de
partida la metáfora del libre albedrio -propiamente de Immanuel Kant (1724- 1804)- sino que emplea
un discurso determinista basado en una serie de ideas escocesas, denominadas “ciencia del
hombre”, que combinaban argumentos utilitaristas, probabilísticos, asociacionistas y sensorialistas.
Según estas ideas, los individuos se construyen desde que nacen respondiendo a las sensaciones
que reciben del exterior. De este modo, actúan según impulsos que nacen del contacto con los
objetos del mundo, que se captan a través de los sentidos, y que son administrados por la razón,
produciéndose una asociación entre las sensaciones y las ideas. Sin embargo, dado que no todos
los individuos tienen la misma sensibilidad ni igual capacidad de razonar –en algunos en más débil
y en otros más fuerte-, el impacto que tienen los objetos externos no son los mismos. El problema
surge cuando la razón es débil y no logra dominar las sensaciones fuertes ya que el sujeto se
abandona a los impulsos externos.
En términos de Beirne, estas ideas, alejadas del libre albedrío, están presentes en el discurso de
Beccaria acerca del sujeto que comete delitos: éste tiene albedrio, pero es un albedrio determinado
y no libre (Beirne, 1993). Durkheim también se diferencia de Marx y Engels en lo referente al individuo
que comete delitos ya que éstos brindan una explicación basada en factores puramente económicos.
En términos de estos autores, los delincuentes son hombres desmoralizados y embrutecidos a causa
de la alienación a la que lo ha arrastrado el capitalismo industrial que satisface sus necesidades
vitales por medio de actos contrarios a la ley.
Hemos visto como Durkheim, a partir de preguntarse por aquello que une al individuo con la sociedad,
termina hablando de la cuestión criminal ya que el problema de la sociedad, es el problema de la
constitución de normas sagradas que al ser trasgredidas generan una reacción pasional. En este
sentido, quisiéramos rescatar el concepto de Durkheim del delito como aquel acto que ofende los
estados fuertes y definidos de la conciencia colectiva generando una reacción característica
denominada pena. De este modo, la conciencia colectiva define lo que es el crimen de acuerdo a los
valores, normas, creencias, sentimientos considerados sagrados, superiores y trascendentes a los
individuos. El autor no solo plantea que es imposible una sociedad sin crímenes sino que tampoco
es deseable ya que el crimen no solo es un fenómeno normal sino también útil y necesario. En este
sentido, éste no solo permite la transformación de la conciencia colectiva y, con esto, del derecho
sino que también permite el reforzamiento de los sentimientos comunes, es decir el mantenimiento
de la solidaridad social, a través de la pena. De este modo, el delincuente es un agente necesario de
la vida social ya que cumple la función de regularla. Estas conceptualizaciones durkheimianas han
sido sometidas a fuertes críticas. Así, por ejemplo, Tarde sostiene que Durkheim no se pregunta por
el origen de las normas, valores, sentimientos, creencias colectivas contenidas en la conciencia
común. Sin embargo, puede pensarse que un esbozo de dicho origen se encuentra en el libro Las
formas elementales de la vida religiosa (1912) donde plantea que las representaciones colectivas
surgen en los estados de efervescencia social
Las personas tienen la necesidad de buscar seguridad en cuanto que son extremadamente
vulnerables, es decir, muy susceptibles de ser heridos física o moralmente. Esta realidad es
indiscutible y el hecho que siempre haya sido así y que siempre lo será, explica por sí misma el
porqué de la seguridad.
Las amenazas y peligros sobre las personas, las fuentes de inseguridad, son diversas; a veces
comunes a todo individuo o comunidad, a veces particulares sobre determinados lugares o
colectivos.
La seguridad ciudadana es un tema que concita la atención actual. Casi todas las plataformas
políticas han sentado sus bases de proyección en función a este tema; pero esto no es un tema que
se proyecta sólo en este tiempo, este tema tiene ya sus bases fundamentales desde los inicios de la
existencia del hombre sobre la tierra. Se consideraba la seguridad como una condición inherente a
la vida del ser humano, un privilegio como elemento fundamental para su desarrollo físico y social.
Todos sabemos que desde los inicios de la aparición del hombre sobre la faz de la tierra ya buscaba
el grupo, la reunión, para poder preservarse de los elementos naturales, de las fieras, aún en las
cavernas, en los clanes ya buscaba la seguridad como medio fundamental para su supervivencia.
De esta manera ya se fueron visualizando las primeras bases de los liderazgos, ya empezaba a
nacer el sentido del orden, de reconocimiento y de la convivencia integral.
Empezábamos a notar como humanos en ese tiempo, que la seguridad era sinónimo de
organización, de responsabilidad, de solidaridad, que generalmente los grupos humanos fuimos
desarrollando. Conforme crecen las ciudades, conforme crecen las necesidades de seguridad, es
que se empiezan a formar las organizaciones más complejas, con mejor infraestructura, mayor
exposición de acciones directas para mantener la tranquilidad y el orden dentro de estas
comunidades. Es en este contexto, que se empiezan a formar los primeros seres con su
preocupación fundamental de alertar a las comunidades cuando se presentaba algo que iba a
interrumpir su sueño, su descanso o su trabajo normal y se comenzaron a formar las guardias, las
milicias, las organizaciones policiales y desde ahí se identifica la acción policial por la acción
represiva de la actitud delincuencial.
Desde allí empezamos a actuar previniendo la acción delincuencial porque interrumpía el desarrollo
normal de las actividades de las comunidades. Es por eso que se empiezan a perfilar las nuevas
políticas que tienen en consideración que los gobiernos deben enfrentar a la delincuencia como una
prioridad para alcanzar niveles de tranquilidad y allí la policía empieza a especializarse, comienza a
delinear nuevas estrategias para poder solventar esos espacios de intranquilidad. Empezamos a
darnos cuenta de que con tranquilidad y sin delincuencia las ciudades necesariamente tienden a ser
más seguras y una ciudad más segura aumenta rápidamente su desarrollo hacia el logro de sus
objetivos más especiales.
Por eso podríamos entender que la seguridad ciudadana es una situación de normalidad en
la que la comunidad desarrolla sus actividades dentro de un contexto de orden, paz y
tranquilidad y en un marco de equilibrio social y legal.
La sociedad actual está inmersa en un proceso de cambios profundos que influyen notablemente en
las relaciones interpersonales, trayendo resultados negativos tanto en el desarrollo individual, como
en el social. Uno de ellos es el crecimiento del delito. Estas mutaciones se encuentran en relación
con la evolución tecnológica, los fenómenos migratorios, los cambios económicos, los medios de
comunicación y el crecimiento desordenado en las ciudades, con el lógico impacto que trae ello en
los comportamientos sociales. La vida ciudadana se transforma de este modo en insegura, surgen
nuevos modos de agresión por parte de los delincuentes, los cuales son cada vez más precoces.
Los ilícitos son efectuados mediante la utilización de técnicas y procedimientos modernos y las
La política criminológica no puede ser aislada o indiferente de una política social. Los programas y
políticas sobre el delito tienen que estar relacionados con los procesos sociales, históricos y
económicos del país.
Hoy en día presenciamos una verdadera ruptura del tejido social y esta situación exige que como
sociedad actuemos más sobre las causas mediante la prevención del delito, que sobre los efectos,
echando mano a la represión, aunque esta última también sea necesaria. Cotidianamente asistimos
casi resignadamente a una lucha de ciudadanos contra ciudadanos, en la que ya no existen códigos,
quizás por la aparición de nuevos problemas como el de las drogas que aflojan los frenos inhibitorios
y producen delitos notoriamente aberrantes. Influyen también en el aumento de hechos ilícitos,
circunstancias tales como la pobreza extrema, la falta de educación, la inexistencia de puestos de
trabajo y la crisis de la familia como pilar fundamental de la sociedad.
El problema de la ola delictiva actual que perturba a la tranquilidad colectiva lo destaca Kent quien
expresa que la actual inseguridad e impunidad se abrazan de modo procaz, frente a los ciudadanos
atónitos y desguarnecidos quienes, inertes y desamparados, no saben ya qué hacer para evadirse
de la violencia que se les impone casi como única respuesta.
Para la solución del problema de seguridad, debemos entender que los derechos humanos no son
de izquierda ni de derecha, son del hombre en cuanto tal y no pertenecen a ningún partido político o
ideología. Los Poderes Ejecutivo y Legislativo deben arbitrar medidas positivas para que las
personas puedan gozar de los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales, porque
ello necesariamente traerá como consecuencia un descenso de la delincuencia, considerando que
si los ciudadanos poseen un trabajo estable, una vivienda digna, tienen acceso a una mejor
educación y además por ello ejercen en toda su amplitud sus derechos civiles y políticos, se va a
producir una mejora en la calidad de nuestras instituciones y un descenso en la cifra de los hechos
ilícitos.
En el contexto institucional, la seguridad ciudadana supone una situación política y social en la que
las personas tienen legal y efectivamente garantizado el goce pleno de sus derechos y libertades y
obtienen el pleno resguardo de esos derechos y garantías emanadas del Estado de Derecho: vida,
integridad, libertad, bienestar personal, propiedad, igualdad ante la ley e igualdad de oportunidades,
derechos económicos, sociales y culturales etc. El derecho a la seguridad ciudadana en un Estado
Democrático de Derecho consiste en el conjunto de garantías que debe brindar el Estado a los
ciudadanos para el libre ejercicio de todos sus derechos. El derecho a la seguridad es por ello un
derecho fundamental, para todos, por lo que el objetivo último de las políticas de seguridad
desarrolladas por el Estado para el logro de su garantía, no es el de la protección de una parte de la
sociedad a costa de la marginación y criminalización de otras, sino el de la inclusión de la totalidad o
La inseguridad ciudadana es uno de los problemas más relevantes para la población y una de las
principales sombras que amenazan la construcción de una convivencia y una cultura democrática.
La institución policial es un eje fundamental, aunque no el único, del sistema de seguridad ciudadana,
una de las líneas principales de trabajo apunta a promover la profesionalización y modernización
permanente de los cuerpos de seguridad, tanto en sus estructuras orgánico-funcionales, como en la
doctrina y sistemas de capacitación, en aras a evitar contextos que favorezcan conductas alejadas
de la legalidad, violaciones a los derechos humanos y corrupción.
La labor de capacitación que se debe desarrollar en las instituciones educativas policiales deben
apuntar al objetivo de mejorar la formación de hombres y mujeres que han escogido como opción
profesional la de servir a su comunidad a través de la institución policial y así garantizar la misión
universal de todo cuerpo de policía: ser garante de los derechos humanos de la población, misión
íntimamente ligada al bienestar general y a la calidad de vida de las personas.
No se conoce sociedad organizada sin que exista un poder de policía que asegure a sus miembros
la seguridad interior, reprimiendo y previniendo delitos. Se considera necesario promover políticas
más efectivas e integrales delante del delito, y no continuar reaccionando solamente por la vía de los
sistemas de justicia penal. Las políticas tendrán que comprender una amplia prevención primaria,
con acciones en todos los ámbitos del bienestar social, y procurar que los beneficios del desarrollo
lleguen a todos los sectores de la población y promuevan la integración, y la no exclusión, de los
sectores pobres y marginales, al considerar que a la problemática social la acompañan los
fenómenos de la corrupción, el paro, la subocupación, violencia, así como pérdida y sustitución de
valores. Debemos entender que la seguridad es tarea de todos; pero para cumplir con estos
cometidos es necesario que se acepten los cambios, que se estimulen las responsabilidades, romper
marcos y buscar identificarnos con el tema de la seguridad ciudadana.
ACTIVIDAD DE FORO
¿Qué rol tiene la Comunidad en la Seguridad? ¿De qué forma podemos visibilizar su participación
en la Seguridad?
ACTIVIDAD OBLIGATORIA
En la Unidad II, vamos a analizar el fenómeno de la pobreza, la figura de los “nuevos pobres”, la
precarización y su criminalización, como incide en la Sociedad y en las formas de control social.
Pobreza:
Ante de todo, es necesario decir que la pobreza es un
fenómeno multidimensional que puede traducirse en factores
objetivos, como la falta de recursos para satisfacer las necesidades
básicas para la supervivencia, o subjetivos, tal cual la privación de la
participación social por cuestiones relacionadas al género.
No obstante, hay teorías que defienden que la pobreza transciende la falta de ingresos. El enfoque
de las Necesidades Básicas promovido por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en la
década de 1970, incluyó la salud, la educación, el saneamiento, las ropas y etc., entre los mínimos
necesarios para una calidad de vida digna. Igualmente, el economista Amartya Sen introdujo la
visión de la pobreza como privación de desarrollo humano individual. Según él mismo, la pobreza
se define por la constricción de las capacidades básicas (en inglés, capabilities) que impidan a los
individuos de ser o de realizar funciones a que dan importancia (sea vivir una vida larga y saludable
o ser respetado por la comunidad en que vive). De la teoría de Sen, Mahbub ul Haq concebió
el Índice de Desarrollo Humano del PNUD (IDH). El IDH combina tres indicadores de capacidad
para medir el desarrollo humano: esperanza de vida, nivel educativo e ingreso.
Como se ha mostrado, la pobreza puede ser definida como falta de recursos para disfrutar de una
calidad de vida mínima o una deficiencia de medios para lograr la calidad de vida deseada.
Cualquiera que sea el concepto adoptado en la lucha contra la pobreza, es imprescindible que se
consideren los contextos y las necesidades locales.
Desde finales del siglo XIX se fue consolidando y crecientemente se fue concibiendo como más
urgente e importante el problema de las poblaciones marginales que iban incrementándose como el
efecto del sistema económico y político que se intentaba implementar y establecer. En estos
momentos en nuestro país se encontraba establecido un régimen cuyas principales características
eran la elevada concentración del poder económico y social, y el manejo del control político retenido
en manos de una reducida elite. La sociedad se encontró, desde sus inicios, segmentada, con un
crecimiento alto de la población que no se correspondía con el crecimiento económico, esto trajo
resultados como, entre otras cosas, el desempleo, la migración campo - ciudad y mayor pobreza.
Esto mismo trajo aparejado además la segmentación social y cultural, “...sociedades de hombres,
blancos y propietarios, yuxtapuestas a la sociedad de indios, mestizos y negros, no propietarios,
mujeres y niños”. Podríamos decir entonces que la pobreza se constituye, ya desde aquellos tiempos,
en una cuestión social, entendida ésta de la manera en que la define Castel (2006), es decir, como
“...una aporía fundamental en la cual una sociedad experimenta el enigma de su cohesión y trata de
En este contexto, la respuesta a esta cuestión social de la pobreza fue la promoción de un conjunto
de dispositivos que, en teoría, intentarán unificar el país. “La educación, la religión, la ley y el orden,
el trabajo, la raza, las buenas costumbres, fueron principios rectores para conformar una sociedad
integrada, moderna y avanzada”. La emergencia de lo social, más tarde, se manifestará en la
aparición de políticas gubernamentales que se caracterizan por el establecimiento de relaciones
tutelares y la progresiva conformación de “instituciones especializadas”. Las diferentes formas de
intervención que pretendían conjurar los riesgos que amenazaban el orden social y el status quo se
fueron modificando y transformando a lo largo del tiempo y fueron dirigidas (y son) por diferentes
actores e instituciones (religiosas, laicas, gubernamentales y no gubernamentales); sin embargo a
pesar de las diferencias, como afirma Álvarez, “... estas prácticas han mantenido la idea de que la
pobreza es una alteridad radical con relación a los grupos de poder y a la modernidad que hay que
controlarla, diferenciándola, disciplinándola, invisivilizándola o reprimiendo sus luchas”.
La flexibilidad. Su concepto
Significa “la capacidad de los individuos de renunciar a sus hábitos y adaptarse a las nuevas
circunstancias”.
El maestro Plá Rodríguez entiende que flexibilidad es “la tendencia hacia la eliminación de rigideces
que dificultan adaptarse rápidamente a las necesidades del mercado.”
La crisis económica se asocia a la crisis del petróleo de 1973-1975 cuando se produjo una ruptura
energética, industrial y monetaria, que se prolongó en el tiempo, y tuvo como consecuencia el
aumento del desempleo, marcando “el fin de una era- una ‘onda larga’, casi treinta años, de ciclo
económico- caracterizada por un proceso de continuo crecimiento” al amparo del Estado de
Bienestar.
La transformación tecnológica, por su parte, contribuye a crear desocupación porque sustituye mano
de obra por máquinas e “introduce en la realidad laboral un ingrediente dinámico, opuesto al
quietismo y propicio al cambio”.
En Argentina la palabra flexibilización salarial fue usada por primera vez por el secretario de
Hacienda Juan Alemann al inaugurar el 2° Congreso de Profesionales de Ciencias Económicas en
1978.
A pesar de la recuperación de niveles de empleo y disminución del trabajo informal que sucedieron
desde 2003 hasta 2010, aunque con altibajos, existen todavía numerosos trabajadores no
registrados que integran el sector informal de la economía, que se hallan fuera de todo derecho y
privados de todo derecho; otros son los desocupados o subocupados.
Ello se debió al ajuste del Estado en todos los niveles en la década de los 90’ que dejó sin trabajo a
numerosos empleados de diferentes modos, a la privatización de numerosas empresas públicas y al
cierre de otras, a la “bancarrota de numerosas empresas medianas y pequeñas que expulsaron
trabajadores”, a la fusión de otras grandes y a la adquisición de otras por empresas transnacionales
que no generaron nuevos puestos de trabajo, a la carencia de generación de empleo genuino o en
la cantidad suficiente, a las imperiosas necesidades sociales, a la inexistencia de una red de
contención social eficaz y a las políticas asistencialistas estatales que desalentaron al trabajo, la
introducción caótica de nuevas tecnologías sin posibilidad de capacitación del personal; además se
cuenta -en general- con una justicia laboral lenta, sobre todo en algunas instancias por diversos
motivos y, además, variados niveles de eficacia del ejercicio del poder de policía laboral a través de
las distintas jurisdicciones, normalmente bajos, sin que los sindicatos ejerzan funciones del control
efectivo. Tampoco se instauraron efectivamente procedimientos de información y consulta.
Además, la pretendida normalización de las relaciones económicas y laborales después de ese largo
periodo, con el gobierno de la coalición en iniciado en 2015 ha producido que muchos trabajadores
públicos y privados pierdan sus empleos.
Tampoco la nueva coalición gobernante desde 2019 ha podido controlar la inflación y el aumento del
desempleo agravado por la pandemia del Covid-19 de 2020 y las medidas estatales dictadas para
superar la emergencia sanitaria.
Esa norma prohibió los despidos sin justa causa y por falta o disminución de trabajo pro tempore, lo
mismo que las suspensiones por causas económicas, aunque dejó una válvula de escape. La
disposición del DNU alcanzaba a todos los trabajadores del país regidos por el Derecho del Trabajo,
pasibles de despidos sin expresión de causa y de los fundados en las dos causales de raíz
económica, sea que se rijan por la LCT o por los estatutos especiales. Sólo se discutió si alcanzaba
al periodo de prueba y a los trabajadores de la construcción. Pronto se excluyó expresamente a los
empleados de empresas estatales, y finalmente a los empleados de la construcción y a los contratos
anteriores al 13 de diciembre de 2019.
La flexibilidad laboral
Hace referencia a normas jurídicas establecidas por el derecho del trabajo, que es fundamentalmente
protector, y también a que “la economía tiene razones de eficiencia y costos que deben ser tenidos
en cuenta” por aquellas normas.
Puede entenderse como un acomodamiento de las normas laborales a la situación de crisis cediendo
la supuesta rigidez de ellas en beneficio de la solución de los problemas que dicha crisis plantea; o
también “adecuar la normativa imperante de un ordenamiento jurídico a una realidad económico-
social que reclama su protección, debido a la rápida fluctuación del sistema económico”.
Fernández Madrid apunta que ella es “un conjunto de instrumentos cuya aplicación sostienen los
doctrinarios neoliberales que pretenden que la relación laboral se rija por el mercado”.
En el mismo sentido Supiot afirma que ella “se identifica con el desplazamiento del derecho del
trabajo, de la heteronomía hacia la autonomía”, pretendiendo “disminuir el peso de las leyes y de los
reglamentos, en beneficio de las reglas que los operadores económicos fijan por sí mismos.”
Compartimos con Goldín que “buena parte de las demandas de flexibilidad normativa
son reconducibles a una presión sistemática orientada a restar contenidos a la ley y trasladarlos al
ámbito de la autonomía colectiva y, en sus variantes más intensas a restar contenidos a la ley y los
convenios colectivos para abrir espacios mayores al ejercicio de la autonomía individual”; afirma que
es un problema del sistema de fuentes en un proceso simétrico inverso al que se dio en el origen del
Derecho del Trabajo, una redistribución del poder normativo, para que “sea más sensible a las
exigencias del sistema de producción que a una finalidad social.”
Con ella se busca “recuperar libertades y facilidades para el empleador”, pero usan sus defensores,
no ya el argumento de la libertad utilizado en el origen del Derecho del Trabajo, sino el de la eficacia
para vencer la rigidez, el obstáculo, que naturalmente la norma laboral es como “impedimento
para tratar al trabajo como una mercancía sujeta exclusivamente a las leyes del mercado.”
El término flexibilización puede usarse como “sinónimo de desregulación y precarización del contrato
de trabajo o, por el contrario, como un proceso de adaptación del sistema de relaciones laborales a
los nuevos condicionamientos que impone la realidad.”
Montoro Gil distingue diciendo que desregular “alude a una presupuesta sobrecarga normativa que
interfiere en el desenvolvimiento de las actividades que regula, entonces se desjuridifican los
Para otro puede entenderse por desregular como eliminar la norma protectoria.
También se afirma que es posible flexibilizar sin desregular, como cuando se modifican las garantías
dentro del cuerpo normativo, pero que la desregulación aparejará más flexibilidad pues “a través de
la autorregulación ambas partes tendrán que ceder en algunos aspectos para beneficiarse en otros.”
Precarizar “significa la posibilidad de ocupar mano de obra sin el cumplimiento de ciertas obligaciones
normales”.
Entre los ejemplos de la aplicación de este instrumento se hallan “en materia de despido
(abaratamiento y reducción de los recaudos formales), mayor recepción y uso de los contratos por
tiempo determinado y otras formas de temporalidad o de contrataciones atípicas, contratos a tiempo
parcial, contratos con finalidad formativa, habilitación de agencias privadas de empleo y de trabajo
temporal, predominio de técnicas procedimentales de tutela por sobre las que se basan en normas
sustantivas, generalización de las diversas formas de intermediación laboral en procesos de
descentralización productiva, flexibilización de la jornada de trabajo y los descansos, introducción de
mecanismos de flexibilidad interna o funcional y geográfica…Se trata de mecanismos que en su
mayor parte tienen a alterar a ‘la baja’ la intensidad de los mecanismos de protección…”.
Como todos sabemos el aumento de la desigualdad y los índices de pobreza no han parado de
crecer, cada vez más los pobres y menos las manos que concentran las riquezas. Para algunos
autores, esta situación ha devenido en una criminalización de la pobreza que es mirada como
peligrosa amenaza que es necesario contener y atacar.
Paredes Torres (2015) menciona la diferencia entre criminalización primaria y secundaria. La primera
hace referencia al proceso por el cual el estado define cuáles son las conductas sobre las que actuará
con poder represivo, dada su peligrosidad; esta clasificación de conductas que serán consideradas
delictivas se realiza de manera abstracta, es decir, desconociendo quiénes serán las personas que
las realizarán.
La criminalización secundaria, por el contrario, se configura como un hecho concreto que recae sobre
destinatarios determinados, condicionada por el poder, es decir, quien lo ejerce lo cataloga bajo
ciertos estereotipos y circunstancias coyunturales, determinando quienes serán las personas objeto
de dicha criminalización, la que será ejecutada por las agencias policiales, judiciales y penitenciarias.
(2015:71)
Intentaremos comprender cómo se construyen, difunden y establecen estos discursos que logran la
legitimidad suficiente para permitir que el estado, a través del sistema judicial, policial y penal
intervenga en estas poblaciones “conjurando” el supuesto peligro.
ACTIVIDAD
[Link]
Relacionado con el tema anterior de una sociedad actual con altas tasas de delitos, pero al mismo
tiempo con amenazas y riesgos construidos, en la que las poblaciones urbanas viven con miedo y
asustadas y comienzan a reclamar, cada vez con mayor fuerza, un sistema de punición efectivo y
con penas más fuertes; abordaremos a continuación el derecho a matar.
Se hará referencia a la pena de muerte, pero fundamentalmente a otras formas legales o al menos
culturalmente legitimadas de matar, como son la defensa propia, defensa de la familia, defensa de
bienes personales, las formas de justicia colectiva.
Luego de ver el siguiente video sobre las Reflexiones de la pena de muerte: Debatir sobre:
La pena de muerte.
Rol de los medios de prensa en el juzgamiento de los hechos delictivos.
En este punto presentamos el trabajo de Juan Pegoraro quien plantea un vínculo o nexo entre delito
y lazo social. Siguiendo, en alguna medida, el análisis del delito como funcional al sistema social que
hemos planteado anteriormente; el autor, profundiza el análisis explicitando y visibilizando la relación
entre orden y control social, donde el delito es entendido como inherente, como parte estructural de
la sociedad, enraizado en la constitución del orden social establecido.
Existe, dice Pegoraro, una tendencia a concebir a la sociedad como un organismo que, como tal,
tiende a la armonía y al bienestar general y al Estado como reflejo o expresión de la conciencia moral
- social. Esta concepción lleva de manera lógica a entender el delito como una disfunción social,
como excepciones circunscriptas a unos pocos casos individuales que expresan una debilidad moral
o una condición patológica particular.
Sin embargo, la sociedad real, dice pegoraro, se expresa de otra manera, a través de múltiples
relaciones de diverso carácter, de diversas formas de interacción, relaciones cambiantes y
Para este tema se recomienda el siguiente link en el que encontrará un video en el que Juan Pegoraro
realiza una exposición sobre la relación del control y el orden social, analizando la función de la
desigualdad social y las ilegalidades dentro de dicha relación.
[Link]
Los “nuevos pobres” constituyen un grupo social de reciente formación en Argentina, ex integrantes
de la clase media que han caída por debajo de la línea de pobreza. En la década de los noventa,
proliferaron los estudios que dieron a conocer la existencia de dicho colectivo. A pesar del
protagonismo que ha cobrado, existen pocos análisis que dan un orden de magnitud concreto del
colectivo. El proceso de empobrecimiento en la Argentina, iniciado en las últimas décadas del siglo
XX debido a la severidad de la crisis de mediados de los setenta, involucró a una variedad de actores
que se incorporaron a la pobreza.
Minujin distingue entre los grupos empobrecidos (es decir, a aquéllos que pasaron de una situación
de no pobreza a ser pobres) a aquéllos que alguna vez estuvieron en la pobreza, pero lograron salir
de ella (por medio de un trabajo adecuado, mayor acceso a programas de vivienda) para retornar
nuevamente con el proceso de empobrecimiento, y los que nunca habían pertenecido a la pobreza,
o los “nuevos pobres” (Minujin y otros, 1992).
La diferencia entre ambos grupos de empobrecidos es que, mientras los primeros comparten el
pasado con los pobres estructurales y sus carencias de consumo cotidianas (aunque puede que no
compartan la ubicación física o los aspectos relacionados con la infraestructura edilicia), los “nuevos
pobres” no tienen esta historia en común con los pobres estructurales, a pesar de que adolecen de
carencias similares. En este último caso, se trata de una pobreza “adquirida”. Es decir, dentro de la
pobreza en general, existen diferencias más marcadas entre los pobres estructurales y los “nuevos
pobres”, que entre los primeros y el grupo empobrecido. Los nuevos pobres comparten más
características con los no pobres que con los pobres estructurales.
Los nuevos pobres en Argentina: el tratamiento en la literatura Gabriel Kessler (2002) y Minujin
(Minujin y otros, 1992; Minujin y Anguita, 2004) definen a los nuevos pobres como el conjunto de
individuos provenientes de la clase media que, debido a la pauperización de esta última operada
desde mediados de los setenta, con su mayor expresión en la crisis de 2001, han caído por debajo
de la línea de pobreza.
Debido a la caída de sus ingresos, se ven privados de continuar accediendo a los bienes y servicios
a los que estaban acostumbrados. Además, se ven afectados por el desempleo, el subempleo y la
ausencia de cobertura social (Minujin y otros, 1992).
Kessler (2002: 3) explica que “El empobrecimiento de una parte importante de la clase media marcó
un corte abrupto con el modelo generacional y con el modelo histórico-cultural hasta entonces
vigente. Ni la socialización familiar ni la cultura, ni las estrategias más cotidianas y ni siquiera sus
peores pesadillas, los preparaban para el empobrecimiento definitivo, sin retorno”. Con respecto a
las diferencias entre los nuevos pobres y los pobres estructurales, Kessler (2002: 2-3) apunta que
“una de las singularidades del empobrecimiento [...] (es) la constante coacción al cambio. En este
sentido, el empobrecimiento se diferencia de una situación estable, donde las rutinas vigentes
tienden a perpetuarse y el tiempo transcurre sin forzar a los individuos a tomar decisiones en forma
constante; se distingue también de la movilidad ascendente, donde el cambio existe, pero producto
de una elección deliberada, del deseo de imprimir un rumbo particular a la existencia”. Además, los
nuevos pobres mantuvieron en un comienzo su situación socio-profesional. Pero la erosión de sus
ingresos hizo que cambiaran las respuestas sociales respecto a las que normalmente eran obtenidas
por una situación socio-profesional tal, sobre todo en cuanto a prestigio. Se produce así una
alteración de relaciones estatus-rol, rasgo que distingue al empobrecimiento del desempleo. Puede
ser que los empobrecidos continúen manteniendo su puesto o rol, pero las respuestas sociales que
reciben son diferentes (Kessler, 2002).
El hecho de que se empobrezca la clase media genera una ruptura en el patrón de asentamiento de
los pobres en villas miseria. La clase media empobrecida, si bien mantuvo su hábito de ubicación,
vio deteriorar la calidad y materiales de sus viviendas.
Por otro lado, los sectores ganadores de la clase media, tendieron a mudarse a barrios cerrados, lo
que terminó por fragmentar definitivamente a la clase media (Kessler y Di Virgilio, 2008). Desde los
comienzos del proceso de empobrecimiento de las clases medias, en las últimas dos décadas del
siglo pasado, hasta la actualidad, las características del mismo han ido cambiando (Kessler, 2002).
Muchos de los integrantes de este grupo de nuevos pobres llevan más de una década de estar
empobrecidos. En ese tiempo, muchos elementos de su antigua identidad de clase media se han ido
perdiendo. Por otro lado, el proceso de empobrecimiento ha dejado de ser individual, generando la
organización de estrategias colectivas (como por ejemplo, el trueque). El fenómeno de convertirse
en colectivo del empobrecimiento, ha generado que muchos de sus protagonistas ya no sientan
responsabilidad por su situación (destino común), pero al mismo tiempo, no tengan expectativas
sobre las respuestas del Estado. Las consecuencias del surgimiento de los nuevos pobres
trascienden a la coyuntura, para impactar en el modelo de sociedad a largo plazo.
Actividad del Foro.
[Link]
ACTIVIDAD OBLIGATORIA
Debe ser enviada para su evaluación
[Link]
Presentación
En esta última unidad, se realizará una revisión del proceso histórico particular que dio lugar a nuestro
actual sistema (s) de control social y se presentarán las principales problemáticas que están en el
foco de debate con respecto a su funcionamiento.
Se trata de mirar el delito y el castigo en el contexto del proceso de modernización del estado
argentino, visibilizando los vínculos entre la criminología positivista y el desarrollo de grandes
instituciones penitenciarias, instituciones fuertemente disciplinarias cuyo objeto era la modelación del
cuerpo y la conducta; marcadas por postulados del higienismo, la eugenesia, el racismo y el
evolucionismo (biológico y social). Esto dará lugar a toda una serie de mecanismos de control
disciplinario que requerirá la intervención de diversos saberes expertos (saber médico, psicológico,
criminológico) que intervendrán sobre los sujetos que no se ajustan a los ideales civilizatorios de
orden y progreso, el objeto de la intervención sería la transformación de los sujetos en buenos
ciudadanos: dóciles, productivos y patrióticos, representantes de la identidad nacional.
[Link]
[Link]
eliminacion-de-los-grilletes-como-fue-la-reforma-penitenciaria-que-encabezo-juan-domingo-peron/
ACTIVIDAD DE FORO
Luego de leer la nota del link, describamos y reflexionemos sobre las principales
características de la reforma penitenciaria que encabezo Juan Domingo Perón; ¿consideran que
fueron útiles para nuestra Sociedad? Justifiquemos las respuestas.
El 24 de marzo, se perpetró el golpe de Estado en Argentina que depuso los tres poderes
constitucionales e instauró una dictadura cívico-militar que se autodenominó Proceso de
Reorganización Nacional y se caracterizó por implementar un plan sistemático de terrorismo de
Estado, que permaneció en el poder hasta diciembre de 1983.
Fue uno de los genocidios más sangrientos, ya que implementó tortura, desapariciones,
violaciones, secuestro de niños, entre otras atrocidades. Se trató de una dictadura que duró
casi ocho años completos, desapareció a 30.000 personas, se apropió de alrededor de 500
niños y, paralelamente, devastó económica y simbólicamente al país.
Se trata aquí de abordar las particularidades del régimen eminentemente represivo, que se
caracterizará por las recurrentes violaciones a los derechos humanos, abordaremos específicamente
los mecanismos de intervención de la última dictadura militar argentina (1976 - 1983). Se analizará
cómo este ejercicio constante y sin precedentes de la violencia y la represión logran constituirse en
estrategias de control y disciplinamiento social.
Se reflexionará sobre cómo se logró construir, mediante qué discursos, propagandas, estrategias, la
figura del subversivo que logra constituirse en enemigo real o potencial.
Interesa señalar que el expediente represivo y punitivo ostentó una centralidad particular para el
régimen militar, vinculado tanto con el ejercicio de la violencia física como con la amenaza explícita
o implícita del uso de esa violencia sobre diversos sectores sociales. A la vez, por el hecho de que
la acción represiva y disciplinadora se proyectó hacia espacios ampliados: no sólo en los campos de
concentración o en las cárceles de la dictadura, sino también en los lugares de trabajo, el sistema
educativo, los ámbitos de sociabilidad, que fueron definidos por el régimen y las fuerzas represivas
como aquellos donde la “acción subversiva” se desarrollaba.
Pero si es posible postular que el uso de la violencia (o la amenaza de ello) operó sobre la sociedad
como un contundente mecanismo de control social y político, produciendo temor, apatía, inmovilidad
o generando conformismo o aceptación pasiva del nuevo orden de cosas, a la vez la dictadura
recurrió a dispositivos no violentos de disciplinamiento y control. (Águila, 2014)
ACTIVIDAD
Luego de haber visto el video expuesto, realizar la siguiente actividad:
Se trata de reflexionar sobre lo propio y lo importado dentro de nuestro (s) modelo (s) y mecanismos
de control social, cómo adaptamos (o no) esa adopción de políticas de seguridad a las
particularidades de nuestro contexto.
Máximo Sozzo, llama la atención sobre dos momentos claves de nuestra historia reciente, en relación
a la influencia externa en las políticas de control social en Argentina (y en Latinoamérica en general);
el primero se refiere a, lo que el autor llama, “importación neocolonial” que no es otra cosa que el
traspaso total e idéntico, sin trabajo de adecuación/ adaptación alguno, de modelos de intervención
importados, principalmente de Inglaterra y Estado Unidos.
Más recientemente se vislumbra el segundo momento, caracterizado por dos formas explícitas de
control: por un lado una política de seguridad nacional, bajo el formato de seguridad pública
(terrorismo, narcotráfico) desde la que (…) deben entenderse los procesos de "policiamiento" de las
Fuerzas Armadas, de "militarización" de la policía y de modernización del sistema judicial que se
impulsan.
Por otro lado, menciona la intervención a nivel internacional bajo el título de cooperación
internacional. Más allá del rizomático discurso presente en este tipo de organismos e instituciones,
lo que puede observarse es una “solución”, propuesta o “receta” única y homogénea para toda la
región de Latinoamérica, cuyos postulados generales pueden resumirse en reforma del Estado
(privatización y descentralización), apertura (fin de las fronteras) y ajuste (reducción del gasto social).
Para ello despliega un discurso de prevención que es impulsado por los nuevos expertos, asesores
y consultores internacionales que venden, a la manera de una franquicia, los paquetes de casos
exitosos, de líneas de reforma policial, de modernización del sector seguridad y de venta de la
tecnología de punta (cámaras y dispositivos"), entre otros'. (Sozzo, 2008)
Dentro de este contexto de políticas importadas e impuestas en las realidades de los territorios
nacionales y locales se percibe, con más fuerza que nunca, la agudización de la demanda y exigencia
de mano dura. Cobran importancia conceptos como seguridad/inseguridad ciudadana, mediante los
cuales la sociedad reclama participación en el control social; es un momento en que (a partir de las
medidas antes mencionadas) el estado se retira de la esfera económica y reduce (a veces hasta el
mínimo) su papel social, pero amplía y endurece su intervención penal. Vivimos entonces en una
sociedad en la que se multiplican los mecanismos de control, las cámaras de video, la criminalización
de políticas sociales, observatorios del delito, las agencias de seguridad privada, etc.
ACTIVIDAD DE FORO
[Link]
imputabilidad-se-esta-discutiendo-si-es-14-anos-13-como-en-uruguay-o-12-como-en-brasil/
¿Que opinión les merece la baja de inimputabilidad que se encuentra analizando Argentina?
¿Están de acuerdo con esta propuesta? Justifiquen su repuesta.
Con la aparición y difusión del discurso del riesgo y la prevención, las funciones de las policías se
han redefino, se ha logrado legitimar su presencia constante y general; a esto se le suma la
incorporación informal de la población a las prácticas de control social, bajo el concepto de
participación comunitaria y la promoción del sector privado de seguridad enmarcado en el principio
de subsidiaridad.
En otras palabras, el discurso de la prevención se ve impregnado de todas las formas represivas: por
la presencia policial (disuasiva e intimidatoria), la táctica de la sospecha (prevención primaria) y la
acción comunitaria (legitimación y control), entre otras.
En este apartado proponemos el abordaje de las políticas de control de la criminalidad en sus dos
modalidades: por un lado, la que se enfoca en la represión que actúa una vez que el acto delictivo
ha sido cometido (ex post) y, por otro lado, la que pone su foco en la prevención que actúa con
anterioridad a la comisión del delito (ex ante).
Al mismo tiempo, esta política preventiva puede entenderse a partir de tres variantes: la táctica
situacional y ambiental, cuyo objetivo es la reducción de oportunidades del delito en las víctimas y
de los “estímulos” a los victimarios con el propósito de evitar generar espacios propensos a la
aparición de actividad criminal.
La segunda táctica será la social que busca identificar las causas sociales y psicológicas que llevan
a la actividad delictiva e intervenir sobre ellas; se trata por ejemplo de corregir la socialización
“defectuosa” interviniendo a partir de la familia o la escuela. También en un nivel más amplio se trata
de analizar la brecha existente entre las metas que se generan en determinado contexto social y su
las posibilidades reales de alcanzarlas.
Por último, la táctica comunitaria, ésta recurre a elementos como la organización comunitaria, con
estrategias como la promoción del capital social, el empoderamiento y el fortalecimiento de relaciones
primarias y de vecindad, como una arista más de la constitución del control social formal e informal
del delito en contextos locales. Se articulan de esta manera la presencia de la institucionalidad formal,
como la policía comunitaria o de cercanía (legitimidad institucional); el desarrollo de instancias de
mediación social (control de los propios conflictos); vigilancia (cámaras) y alerta (alarmas), y; el
desarrollo de la autogestión local.
Se busca comprender cómo y en qué medida este proceso de cambio se da en nuestro país a partir
de análisis de casos concretos, pero también se pretende realizar una revisión del (re) planteo de los
paradigmas criminológicos y la indagación sobre cuáles son las acciones necesarias para el control
del crimen.
ACTIVIDAD OBLIGATORIA
[Link]
bukele-y-una-realidad-que-supera-el-marco-penitenciario/
[Link]
estilo-bukele-que-el-gobierno-de-milei-y-el-provincial-intentan-aplicar-en-rosario/
Realizar un video individual, no deberá exceder los 7 minutos, en torno a las siguientes
preguntas.
1) Analizar el modelo del sistema penitenciario aplicado por Bukele en El Salvador, sus
características.
2) ¿Se podría aplicar el mismo modelo en Argentina? ¿Por qué? Justifique su respuesta
y tome postura.
3) Que estrategias debería aplicar el Estado en cuanto al trato a las personas que
cumplen una condena.
Edición © UCASAL
Este material fue elaborado por Lic. Carmen del Valle Rodríguez en conjunto a la Dirección de Diseño
y Desarrollo Instruccional del Sistema de Educación a Distancia con exclusivos fines didácticos.
Todos los derechos de uso y distribución son reservados. Cualquier copia, edición o reducción,
corrección, alquiles, intercambio o contrato, préstamo, difusión y/o emisión de exhibiciones públicas
de este material o de alguna parte del mismo sin autorización expresa, están terminantemente
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legales y podrá dar lugar a actuaciones penales. Ley 11.723 - Régimen Legal de la Propiedad
Intelectual; Art. 172 C.P.