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Carrillo PC

La tesis analiza el impacto del neoliberalismo en la diplomacia peruana durante el gobierno de Alberto Fujimori, centrándose en el cese de 117 funcionarios diplomáticos. Utilizando la teoría del neoinstitucionalismo político, se examina cómo la autocracia fujimorista influyó en la dinámica interna del Ministerio de Relaciones Exteriores y su política exterior. Se destaca la corrupción interna como un factor clave que complica los desafíos institucionales en el contexto de reformas neoliberales.

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La tesis analiza el impacto del neoliberalismo en la diplomacia peruana durante el gobierno de Alberto Fujimori, centrándose en el cese de 117 funcionarios diplomáticos. Utilizando la teoría del neoinstitucionalismo político, se examina cómo la autocracia fujimorista influyó en la dinámica interna del Ministerio de Relaciones Exteriores y su política exterior. Se destaca la corrupción interna como un factor clave que complica los desafíos institucionales en el contexto de reformas neoliberales.

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Universidad Nacional Mayor de San Marcos

Universidad del Perú. Decana de América

Dirección General de Estudios de Posgrado


Facultad de…
Unidad de Posgrado

El impacto del neoliberalismo sobre la capacidad del


estado en su diplomacia: un estudio de caso a partir del
cese de funcionarios diplomáticos en el gobierno de
Alberto Fujimori (1990-2001)

TESIS

Para optar el Grado Académico de Magíster en Sociología con


mención en Estudios Políticos

AUTOR
Carlos Enrique Constantino CARRILLO PIRAQUIVE

ASESOR
Héctor BÉJAR RIVERA

Lima, Perú

2017
Reconocimiento - No Comercial - Compartir Igual - Sin restricciones adicionales

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Referencia bibliográfica

Carrillo, C. (2017). El impacto del neoliberalismo sobre la capacidad del estado en


su diplomacia: un estudio de caso a partir del cese de funcionarios diplomáticos en
el gobierno de Alberto Fujimori (1990-2001). [Tesis de maestría, Universidad
Nacional Mayor de San Marcos, Facultad de Ciencias Sociales, Unidad de Posgrado].
Repositorio institucional Cybertesis UNMSM.
A mi familia por toda su comprensión y apoyo moral en
el desarrollo de este trabajo. Y a mi esposa, aliada y fiel
compañera en nuestras comunes preocupaciones.

A la memoria de mi querido padre, ejemplo de lucha


y resistencia ante las adversidades posteriores al cese
de los 117 diplomáticos de carrera. Abnegado
defensor de la Cancillería, estoy convencido que tu
legado será cultivado por las futuras generaciones de
diplomáticos como un recordatorio para que la
infausta historia vivida, nunca jamás se repita.

A mi ilustre Asesor el doctor Juan Vicente Ugarte


Del Pino por su sabiduría e invalorables consejos.

2
ÍNDICE

Pág.
CAPÍTULO 1: .............................................................................................................................. 11
INTRODUCCIÓN ....................................................................................................................... 11

1.2 Formulación del Problema....................................................................................... 11


1.3 Justificación Teórica ................................................................................................... 11
1.4 Justificación Práctica ................................................................................................. 12
1.5 Objetivo General........................................................................................................... 13
1.5.1 Objetivos Específicos ................................................................................................. 13

CAPÍTULO 2: ............................................................................................................................... 14
EL ENFOQUE NEOINSTITUCIONAL PARA COMPRENDER
LAS ORGANIZACIONES ...................................................................................................... 14
2.1. Antecedentes sobre los estudios políticos para comprender
las organizaciones del Estado .............................................................................. 14
2.1.1. Fujimorismo y Servicio Diplomático..................................................................... 15
2.1.2. Fujimorismo y Fuerzas Armadas .......................................................................... 17
2.2. Generalidades sobre el neoinstitucionalismo ................................................ 25
2.2.1. Alcances teóricos sobre el “viejo institucionalismo”..................................... 27
2.2.2. Alcances teóricos sobre el “nuevo institucionalismo” ................................ 28
2.3. Neoinstitucionalismo en estudios políticos ..................................................... 31
2.3.1. Organizaciones en un entorno cambiante........................................................ 31
2.3.2. Burocracias y cambio institucional ........................................................................ 33
2.3.3. Reorganización: la transformación de las instituciones ............................. 35

3
CAPÍTULO 3: .............................................................................................................................. 39
ALCANCES HISTÓRICO – TEÓRICOS
SOBRE LA CORRUPCIÓN ................................................................................................. 39
3.1. Introducción ......................................................................................................................... 39
3.2. Modelos para comprender la corrupción .............................................................. 40
3.3. Algunos alcances sobre la corrupción en el Perú ............................................ 43

CAPÍTULO 4: ............................................................................................................................... 47
METODOLOGÍA ......................................................................................................................... 47
4.1. Técnicas de innvestigación .......................................................................................... 47

CAPITULO 5: ............................................................................................................................... 49
ETAPAS HISTÓRICAS EN LA DIPLOMACIA PERUANA ................................... 49
5.1. Relaciones internacionales sin Academia Diplomática (1821-1953) ....... 51
5.1.1. La Confederación Perú - Boliviana (1832-1839) ............................................ 52
5.1.2. La Guerra del Pacífico entre Perú y Chile (1879-1883 .............................. 54
5.1.3. Principales tratados limítrofes con los países vecinos ................................ 56
5.2. La Academia Diplomática del Perú y la nueva etapa de las relaciones
internacionales (1953 -1990) .................................................................... 58
5.2.1. Diplomacia político - militar durante el Gobierno del General Velasco
Alvarado (1968 – 1975)
y el General Morales Bermúdez (1975-1980) ................................................. 59
5.2.2. Diplomacia económica durante el segundo
Gobierno de Belaunde Terry (1980- 1985) y de
Alan García Pérez (1985 – 1990)......................................................................... 63

CAPITULO 6: .............................................................................................................................. 67
ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE LA ESTRUCTURA .
ORGANICA DEL SERVICIO DIPLOMATICO DE LA REPÚBLICA ............... 67
6.1. Función y estructura del Servicio Diplomático de la Republica ............. 67
6.1.1. Organigrama del Ministerio de
Relaciones Exteriores ................................................................................................. 69
6.1.2. SDR: Los funcionarios diplomáticos ................................................................... 74
6.1.3. Relación y dinámica presupuestaria de las
Representaciones diplomáticas ............................................................................. 74

4
CAPÍTULO 7: ........................................................................................................................ 80
EL SERVICIO DIPLOMÁTICO EN EL GOBIERNO
DE ALBERTO FUJIMORI (1990 – 1995) ................................................................. 80
7.1. La coyuntura política en la década de los noventa ..................................... 80
7.1.1. Diplomacia presidencial y reinserción económica ................................... 82
7.1.2. La autocracia fujimorista y su impacto en las
Instituciones del Estado ...................................................................................... 85

CAPÍTULO 8: ........................................................................................................................ 88
CAMBIO INSTITUCIONAL, BUROCRACIA Y CORRUPCIÓN .
EN EL SERVICIO DIPLOMÁTICO ..............................................................................88
8.1. El Servicio Diplomático y la inestable permanencia .
de sus titulares en la cartera de relaciones exteriores............................... 88
8.1.1. El Archivo de Límites y el manejo de los Ingresos Propios ............... 89
8.1.2. Impacto del medio ambiente en la Cancillería .......................................... 91
8.1.3. La noche de los cuchillos largos en Torre Tagle: .
¿Reorganización del Servicio Diplomático? ................................................. 96
8.2. Desempeño institucional en un ambiente cambiante ............................. 100
8.3. Formas de resistencia para recuperar la institucionalidad: .
de lo regional a lo doméstico ................................................................................104
8.3.1. Demandas y denuncias ante el Poder Judicial ......................................... 108
8.3.2. Nuevamente la malversación de los Ingresos .
Propios y el Archivo de Limites ..........................................................................109
8.4. La Comisión de Ética Institucional y sus “indagaciones” .
sobre lo ocurrido ....................................................................................................... 111
8.5 La Comisión Especial de Alto Nivel, las pugnas administrativas .
y el pretendido esclarecimiento de los hechos ............................................117

5
CONCLUSIONES................................................................................................................. 123

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS .......................................................................... 126

ANEXOS ................................................................................................................................... 136

ANEXO 01: Diario “La República”: Editorial “La política internacional”.

Del 23 de julio de 1992............................................................................ 136

ANEXO 02: Revista “Caretas”: “¿Por qué Fujimori fundió a Torres?”.


Del 4 de Noviembre de 1992 137

ANEXO 03: Diario “Última Hora”. “Irregularidades en fondos de Cancillería”.

Del 7 de marzo de 1992 ........................................................................ 139

ANEXO 04: Documento (INS) Nº 536. Del 10 de noviembre de 1991 ...... 140

ANEXO 05: Oficio No. 0024-92-SGPR, de la Secretaría de Prensa


de Palacio de Gobierno. Del 03 de enero de 1992.................... 143

ANEXO 06: Memorándum Nº 113 (GAB), del Señor Ministro


al Señor Secretario General de 14 de febrero de 1992 .......... 144

ANEXO 07: Portada diario “La República”: “Ministro dice hay


inmorales en Cancillería”. Del 23 de diciembre de 1991 ........ 145

ANEXO 08: Nota periodística del Diario “La República”:


“Hay inmorales y sinvergüenzas en la Cancillería, dice Ministro”.
Del 23 de diciembre de 1991 ............................................................... 146

ANEXO 09: Diario “El Peruano”: “Investigan anomalías


en Cancillería y Embajadas”. Del 24 de diciembre de 1991..147

ANEXO 10: Memorándum Nº 158 de la Dirección de Asuntos Jurídicos


y legales al Señor Ministro del 27 de abril de 1992 .................. 148

ANEXO 11: Resolución Suprema Nº 453 / RE – 92


del Ministerio de Relaciones Exteriores del
29 de diciembre de 1992 ......................................................................... 154

ANEXO 12: Decreto Ley 25889 del 27 de noviembre de 1992: “Declaran


en estado de reorganización al Servicio Diplomático
de la República”.......................................................................................... 155

ANEXO13: Carta de la Directiva de la Asociación Profesional


del Cuerpo Permanente del Servicio Exterior de la Nación
Argentina, del 29 de diciembre de 1993 156

6
ANEXO 14: Carta de protesta Asociación Internacional
de Homosexuales, del 20 de Enero de 1993........................ 157

ANEXO 15: Oficio (GMIN) Nª 00YY/7 del Ministro de Relaciones


Exteriores a Contralora General de la República del
| 26 de junio de 1992............................................................... 158

ANEXO 16: Resolución Ministerial 0751/RE del 25 de setiembre 1992... 159

ANEXO 17: Resolución Ministerial 0805/ RE del 13 de octubre de


1992....................................................................................... 160

ANEXO 18: Carta abierta del Ministro SDR Eduardo Carrillo


al Presidente de la República, del 18 de enero de 1993..... 161

ANEXO 19: Diario La República. “Acuerdan devolver derechos a los


diplomáticos cesados”, del 3 de febrero de 1993.................. 164

ANEXO 20: Diario “El Comercio”: “Caso de diplomáticos cesados será


analizado con prioridad en nuevo período legislativo”
del 09 de enero de 1994....................................................... 165

ANEXO 21: Diario “La República”: “Moreyra pide reconsiderar cese


de 117 diplomáticos”, del 2 de agosto de 1994..................... 166

ANEXO 22: Denuncian al Estado peruano ante la Comisión


Interamericana de Derechos Humanos, el Ministro
Eduardo Carlos Carrillo Hernández,
la Ministra Amalia Wahibe Mariátegui Succar y el
Segundo Secretario Rodolfo Hugo Castro Valcárcel,
del 01 de septiembre de 1993............................................... 167

ANEXO 23: Comunicación de la Comisión Interamericana de


Derechos Humanos. Caso N° 11.277.
Del 24 de marzo de 1994...................................................... 170

ANEXO 24: “Revista Oiga”. “Reorganización ocultó malversación


por ocho millones de dólares” Del 1 de febrero de 1993..... 171

ANEXO 25: Carta del Embajador Alfonso Rivero Monsalve al


Ministro de Relaciones Allan Wagner Tizón.......................... 175

7
ÍNDICE DE TABLAS

Tabla 1 Decretos de Urgencia Secretos emitidos entre 1995 – 2000.

Del 08/03/95 al 09/05/95............................................................................. 23

Tabla 2 Decretos de Urgencia Secretos emitidos entre 1995 – 2000

Del 10/07/95 al 29/05/96............................................................................. 24

Tabla 3 Financiamiento externo y su relación con el Perú

Del año (1991 – 1992) 84

8
Resumen
La presente investigación está orientada a analizar la relación que se estableció entre
la autocracia fujimorista y el Servicio Diplomático del Perú a partir del cese de 117
funcionarios diplomáticos de carrera. Este análisis se llevó acabo utilizando como
marco categorial explicativo la teoría del neoinstitutionalismo político, enfoque propio
de la ciencia política, que permitió tomar como Unidad de Análisis central a una
organización tan compleja como es el Ministerio de Relaciones Exteriores. Lo anterior,
para comprender de qué manera el gobierno estableció una influencia directa sobre su
dinámica interna, esto es, la relación entre los funcionarios que componen la misma,
sus jerarquías y el impacto del medio ambiente en su entorno, el tipo de política
exterior que se proyectó a nivel externo, etc. Principalmente, teniendo en cuenta que
entre los factores mencionados destaca una denuncia de corrupción a nivel interno de
la misma Institución, que nos permitió caracterizar los desafíos complejos de una
institución dentro del contexto de reformas neoliberales.

Palabras claves:
Neonstitucionalismo político - corrupción política, organizaciones – burocracias -
autocracia – neoliberalismo - política exterior peruana.

9
Abstract
This research is oriented to analyze the relationship was established between the
Fujimori autocracy and the Diplomatic Service of Peru from the removal of 117 career
diplomatic officials. This analysis was carried out using as explanatory of the categorial
framework neoinstitutionalismo political theory, its own approach of science policy,
which allowed to take as the unit of analysis central to an organization as complex as is
the Ministry of Foreign Affairs. The above, to understand how the government
established a direct influence on their internal dynamics, how was the relationship
between the officials that make up the same, their hierarchies, and the impact of the
environment in the type of foreign policy project at the external level, etc. Mainly, taking
into account that among the factors mentioned above highlights a complaint of
corruption at the domestic level of the same Institution, which allowed us to characterize
the complex challenges of an institution within the context of neoliberal reforms.

Key words:
Political neoinstitutionalism, corruption politic, organizations, burocracies, autocracy,
neoliberalism, foreing peruvian policy.

10
CAPITULO I:
INTRODUCCIÓN

1.1 Situación Problemática

La presente investigación intitulada “El impacto del neoliberalismo sobre la


capacidad del Estado en su diplomacia: un estudio de caso a partir del cese de
funcionarios diplomáticos en el Gobierno de Alberto Fujimori (1990-2001)”,
pretende analizar la relación que se estableció entre la autocracia fujimorista y el
Servicio Diplomático de la República (SDR), a partir del cese masivo de 117
funcionarios diplomáticos de carrera y los alcances que tuvo para con una
institución tan antigua dentro del Estado peruano. En efecto, con la llegada de
Alberto Fujimori al poder, la mayoría de las instituciones del Estado tomaron un giro
diferente por su especial forma de hacer política. En particular, una vez llevado a
cabo el autogolpe del 05 de abril de 1992, se conformó una autocracia que afectó a
las organizaciones públicas en su manera de operar, en su estructura interna y en
general sobre la lógica de sus fines. En una institución como el SDR, encargada de
proyectar la política exterior del Estado, nos insta como unidad de análisis para
comprender la relación que se estableció con el gobierno de ese momento. Cabe
recordar, que el contexto en que se dio el gobierno de Fujimori tuvo como telón de
fondo la aplicación del recetario económico neoliberal, lo que propició una retirada
del Estado en los distintos espacios afectando sus principales agencias operativas,
además de los escándalos de corrupción institucional que afectó el prestigio del
Estado mismo y su legitimidad posterior. Más aún al conocerse los innumerables
hechos de gran corrupción que protagonizó dicho régimen que quiso perpetuarse
en el poder.

1.2 Formulación del Problema.

¿Cómo fue la relación entre la autocracia fujimorista y el Servicio Diplomatico


del Perú a partir del cese masivo de 117 funcionarios de carrera ?

1.3 Justificación Teórica.

Los estudios desde las ciencias sociales sobre los alcances de la autocracia y
su impacto institucional dentro del Servicio Diplomático, resultan realmente
escasos. De allí, nuestra preocupación por poner en evidencia, con este tema,

11
que, si bien es cierto, la autocracia fujimorista se mantuvo en el poder, no sólo se
debió al control del ejército, su influencia sobre el poder económico y los medios de
comunicación, sino también, requirió fundamentalmente de un soporte exterior, y a
nivel interno de una burocracia diplomática que se encargaría de mantener los hilos
del orden establecido para estar a su disposición.

Igualmente, desde un enfoque neoinstitucional en ciencia política, no se han


abordado los temas referentes a las instituciones del Estado. Percatamos algunos
intentos por hacerlo con base a las experiencias desde el neoliberalismo y su
impacto economicista con la reforma en el sistema de pensiones, reformas
laborales, el sistema de salud, pero no desde un plano político. En el presente
caso, desde una institución que se encargó de diseñar y proyectar la política
exterior de un gobierno como el de Alberto Fujimori.También, la relevancia teórica
recae en proporcionar nuevos elementos para futuras discusiones académicas que
puedan hacerse extensivas a otras entidades públicas del Estado, con el propósito
de comprender las relaciones entre gobiernos y organizaciones, en especial las
que tienen como fundamento el servicio público.

1.4 Justificación práctica

No cabe duda, que el Servicio Diplomático de la República es uno de los más


antiguos en Suramérica y que por su trayectoria y tradición ha procurado
contribuir a la defensa de los intereses nacionales, produciendo cuadros
diplomáticos de incuestionables méritos como son los casos de Raúl Porras
Barrenechea, Carlos García Bedoya, Alfonso Benavides Correa, Carmela
Aguilar Ayanz, Alberto Ulloa Sotomayor y Bolívar Ulloa Pasquete, entre otros.

Sin embargo, también son muchos los mitos que se han construido alrededor de
una institución hermética y que siempre ha estado próxima al poder y a una fuerte
influencia de los gobiernos de turno. Consideramos, que este prestigio vino en
desmedro, principalmente con la llegada al gobierno de Alberto Fujimori, ocultó una
lógica que frecuentemente ha promovido la desnacionalización del Estado,
aplicando cambios y reformas institucionales con el objeto de tenerla bajo una
fuerte influencia de la figura presidencial. Lo que ha generado un desarraigo con la
sociedad para entregarse a intereses transnacionales y privados, conformando una
élite diplomática que ha comulgado con los mismos intereses, dejando de costado
su vocación de servicio a la nación. Por otro lado, la relevancia profesional será con
las futuras generaciones de diplomáticos, para que conozcan lo que aconteció con
el Servicio Diplomático una vez instalada la autocracia fujimontesinista, para que
estos hechos no se vuelvan a repetir.

12
Cultivar la memoria institucional es necesario para que se puedan establecer
los cimientos de una institución que debe recuperar su prestigio y calidad en la
conducción de los temas de Estado. También, es una invitación para futuras
nuevas investigaciones que desde las Ciencias Sociales puedan ampliar
nuestro horizonte sobre la lógica de las organizaciones cuando se rompe el
orden institucional.

1.5. Objetivos

1.5.1. Objetivo General

Analizar la relación que se estableció entre la autocracia fujimorista y el


Servicio Diplomático a partir del cese de 117 funcionarios diplomáticos de
carrera (1990 - 1995).

1.5.2. Objetivos Específicos

• Conocer la estructura organizacional del Servicio Diplomático del Perú (1990


– 1995).

• Conocer las acciones políticas de la autocracia hacia el Servicio


Diplomático una vez realizado el Autogolpe del 05 de abril de 1992.
• Divulgar las causas que llevaron al cese de 117 funcionarios diplomáticos
dentro del contexto de las reformas neoliberales que se venían produciendo.

• Describir la relación entre la burocracia diplomática con el gobierno de


Alberto Fujimori (1990 – 1995).

• Determinar el tipo de política exterior durante el gobierno de Alberto


Fujimori (1990 – 1995).

13
CAPITULO 2:
EL ENFOQUE NEOINSTITUCIONAL
PARA COMPRENDER LAS ORGANIZACIONES.

2.1 Antecedentes sobre los estudios políticos para comprender las


organizaciones del Estado.
Del conjunto de investigaciones en Ciencia Política que abordan el tema de
las instituciones del Estado, en especial del SDR, resultan escasos en el Perú.
En términos generales, el mundo académico ha demostrado poco interés por
comprender la estructura interna de las organizaciones, sus características y
burocracia (Dargent: 2012).

Sin embargo, encontramos una tendencia por comprender, desde otros


enfoques, la manera en que las instituciones se han visto transformadas
durante el gobierno de Alberto Fujimori. También, algunos estudios que
relacionan la política exterior del Estado peruano con el cambio de régimen que
representó el gobierno en mención.
Todos son análisis de corte histórico que formulan un diagnóstico sobre la política
exterior peruana, pero carentes de información sobre las transformaciones que se
dieron intrainstitucionalmente, con las consecuencias que ello trajo para con los
funcionarios de la misma y la manera en que esto se constituyó en una estrategia
para que el mencionado gobierno lográrase articular al contexto internacional.

Desde la experiencia peruana, encontramos, dentro del eje temático Estado/


relaciones internacionales, dos tipos de investigaciones, una que ha priorizado
el impacto de la política doméstica sobre la manera en que se comporta
internacionalmente el Estado y la otra que modifica la dirección de causalidad
para analizar de qué manera la coyuntura internacional puede impactar en las
acciones del Estado (Dargent: 2012).

A continuación, pasaremos revista a la principal literatura que se produjo en


materia de política exterior peruana durante el primer gobierno de Alberto
Fujimori y de otro lado, presentaremos algunos estudios en el caso de las
Fuerzas Armadas y su relación con el mismo gobierno.

14
Lo anterior, porque las Fuerzas Armadas son un ente que guarda una
estructura organizativa determinada y cierta similitud con el SDR. Cabe señalar,
que ambas son instituciones con jerarquías verticales diferentes y con
procedimientos y construcción de lealtades disímiles, sin embargo, sirven
principalmente al gobierno en sus propósitos.

Ambas, dependen altamente de la conducción del Presidente de la República,


igualmente, tienen como meta final determinar la posición del Estado frente a
otros Estados. Para el caso de las Fuerzas Armadas, la posición internacional
del Perú es defender su soberanía e integridad territorial a través de las armas y
para el caso del Servicio Diplomático lograr la promoción y defensa de los
intereses del Estado por medio de la negociación, esto es, la diplomacia.

2.1.1. Fujimorismo y el Servicio Diplomático de la República.

Como se mencionó anteriormente, los estudios que han revelado un interés


por indagar el impacto de coyunturas internacionales en las acciones que toma
el Estado han sido muy escasos. Por el contrario, han predominado enfoques
que priorizan la manera en que el régimen político interno podría impactar en la
forma en que un Estado conduce su política exterior. En este sentido, se
constata que del conjunto de la literatura en que se toma al SDR peruano como
una unidad de análisis parcialmente, durante la década del fujimorismo,
tenemos la investigación del funcionario diplomático Julio Álvarez Sabogal
intitulada “La politica exterior del fujimorato (1990 – 2000). Del autoritarismo y el
aislamiento económico al gobierno y el aislamiento político”.

En la misma se argumenta, que sobre la literatura especializada en relaciones


internacionales para los estudios sobre política exterior existe una tendencia en
que pesan más los factores externos sobre las condiciones de política
doméstica, esto es, los asuntos que determina el régimen político. En su
mayoría los factores internos hasta son ignorados.

Por ello el autor sostiene:

“pretendo reconocer los factores internos que provocaron el cambio del


“autonomismo político y el aislamiento económico” al “globalismo económico y
el aislamiento político en la política exterior peruana y mostrar cómo el factor
“régimen político” transformó y definió los objetivos y prioridades de la política
exterior, la cultura organizacional del Ministerio de Relaciones Exteriores, en los
procesos de toma de decisiones y el estilo diplomático e implementación de
dichas decisiones con la esperanza de que la historia no se vuelva a repetir”
(Sabogal, 2009: 3)

15
Para lograr lo anterior, el autor utiliza un enfoque teórico del tipo de régimen
que establece una relación de causalidad entre el cambio de régimen político y
la política exterior y la otra idea fuerza es que la política exterior no opera en
contextos vacíos de política interna.

En este sentido, desde su marco teórico, considera los factores internos no


como constantes sino como características explicativas de la política exterior
dentro del marco de un modelo de causalidad más amplio; igualmente, desde el
enfoque sistémico de análisis explica la política exterior peruana en la década
de los noventa y desde el ámbito de los actores relevantes, incluida la
estructura en el proceso de toma de decisiones, para pretender, finalmente no
identificarse con el modelo del actor racional unitario.

No es el momento de criticar la investigación del autor, sin embargo,


consideramos que por la abundante información documental que se presenta, la
reconstrucción de la dinámica en que se abordó el análisis organizacional
y la toma de decisiones dentro de la estructura del Servicio Diplomático, se
queda en un plano netamente jurídico e institucionalista (al estilo tradicional),
desconociendo los nuevos aportes del neoinstitucionalismo en ciencia politica y
sociología para incurrir en una deducción sobre los estudios institucionalistas,
que únicamente han sido abordados desde el enfoque del actor racional, de
manera exclusiva.
En otras palabras, el autor para desmarcarse del enfoque del actor racional,
deduce que no hay nuevas entradas que partan del supuesto de que todas las
instituciones toman decisiones racionales, y que existen otros factores que
condicionan el proceso decisorio, lo que se conoce como “racionalidad limitada”.

Por ello, una de las ideas que pretende cuestionar y refutar esta tesis, desde
un análisis de la dinámica interna del SDR durante el fujimorismo, surge de la
siguiente que sostiene el autor:

“Frente a la agresión del régimen, la mayoría de funcionarios diplomáticos a


quienes correspondió ejercer los cargos directivos más altos de la Cancillería en
los años noventa, optaron por demostrar un alto grado de eficiencia en la
ejecución de las directivas del régimen con el fin de garantizar la supervivencia
institucional de la diplomacia y la propia, y con la esperanza de reconstruir la
institución una vez superada dicha etapa” (Sabogal, 2009:11).

Como se demostrará detalladamente, el régimen político hizo de la diplomacia


uno de sus soportes para establecer una red de burócratas diplomáticos que

16
en complicidad con el régimen y de manera racional constituyeron un SDR al
servicio de sus intereses y en desmedro de la propia institución, justificados por la
coyuntura internacional que venía promoviendo los dictámenes del neoliberalismo.

2.1.2 Fujimorismo y Fuerzas Armadas

En el estudio realizado “Para garantizar a la autocracia. Fuerzas armadas y


fujimorismo en el Perú de los noventa” del sociólogo peruano Osmar Gonzáles,
se propone demostrar que una de las características del fujimorismo fue que
logró ejercer el poder aplicando un gobierno de corte cívico - militar, esto es,
apoyándose en las fuerzas armadas.

Al haberse apoyado en las fuerzas armadas se destacan los componentes


principales en el arte de gobernar que fueron: violación de los derechos
humanos, ejercicio arbitrario del poder, un Parlamento sujeto a la voluntad
presidencial y desde una perspectiva constitucional, la vulneración a las propias
fuerzas armadas.

Para llegar a lo anterior, el autor presenta algunos antecedentes en la historia


política del Perú destacando los gobiernos que tuvieron un corte de carácter
militar y dictatorial (Velasco Alvarado, Morales Bermúdez) en la que prevaleció
una hegemonía por parte del poder oligárquico militar. El balance para toda la
historia del siglo XX es que: “El Estado se convirtió en un espacio de
representación casi exclusiva de las élites oligárquicas, en donde la relación
entre gobernantes y gobernados era muy frágil…” (Gonzáles, 2007: 86).

Esta característica sería retomada por el gobierno de Fujimori generando un


impacto en el surgimiento de instituciones estatales y en particular de las
instituciones democráticas. Para el caso Fujimori, su propósito sería copar el
Estado peruano a través del control de las Fuerzas Armadas.

Para ello, es conocido el denominado Plan Verde (pacto con los militares) que
se decíase para 15 años y que permitiría llevar a cabo los objetivos de acabar
con la subversión; bloquear el funcionamiento de las instituciones estatales
como el poder Legislativo y el Judicial; instaurar un gobierno cívico - militar y
fortalecer el sistema de inteligencia nacional. Todo lo anterior, aseguraría la
permanencia de un gobierno que tendría su mayor soporte en el Servicio de
Inteligencia Nacional lesionando las estructuras de la democracia peruana: “el
papel de las fuerzas armadas dentro del fujimorismo expresó un profundo
retroceso en cuanto a los niveles de institucionalización profesionalización que
ellas habían tenido desde los años 70 aproximadamente” (Osmar, 2007: 106).

17
Otro estudio fundamental, es el que presentan Dirk Kruyjt y María del Pilar Tello
en “Ejércitos políticos. Las Fuerzas Armadas y la construcción de la Nación en la
era de la democracia”, se explora el papel político de las fuerzas armadas en el
período posterior a 1968. Pasando revista a tres períodos o ciclos de relación
compleja: el gobierno de Velasco Alvarado, la década de la contrainsurgencia
(1980) y el período del gobierno de Fujimori. Para este último caso, se considera al
gobierno de Fujimori como neopopulista, que se subordinó de manera gradual a las
fuerzas armadas. El contexto que propició esto, fue el conjunto de leyes que se
dieron en materia antisubversiva, depurando a nivel interno de la organización, la
mayor parte de escalones de oficiales “institucionalistas”, y logrando hacer de éstas
su brazo político (Kruyt, Tello, 2003).

También, se describe la manera en que Fujimori cuando llega al poder,


reestructura y realiza modificaciones a nivel organizacional para asegurar el
control político:

“En 1990, Fujimori temeroso de un posible intento de golpe, echó mano tanto
de tácticas de promoción como de pase al retiro para eliminar a comandantes
desleales antifujimoristas de los cuerpos de oficiales. Luego, en 1991, se
aprobó una nueva ley de situación militar, por la cual el presidente se daba el
derecho de nombrar personalmente a los más importantes comandantes”
(Kruyt, Tello, 2003: 92).

Cabe señalar, que para esta coyuntura el papel de Vladimiro Montesinos ya


era gravitante en la esfera del poder político. El hecho de haber contado con el
nombramiento del General Hermoza Ríos, aseguraría construir las redes de
poder que sostendrá su maquinaria operativa para ir copando el Estado.

De otro lado, una vez asegurado el control de las fuerzas armadas, se sumó el
copamiento del sistema judicial y de los medios de comunicación social. Como
es sabido, la justicia militar fue juez y parte se encargó de procesar la mayoría
de denuncias en los conocidos tribunales militares, los cuales obviamente
incurrieron en actos de arbitrariedad, nombramientos políticos (algunos militares
eran asignados en puestos administrativos dentro de la función pública o como
Embajadores en algunas representaciones en el exterior), posiciones endebles
frente a violaciones de los derechos humanos, intimidación y amedrentamiento
a jueces y magistrados civiles, recortando el equilibrio e independencia de los
Poderes del Estado, interferencia de los agentes del Servicio de Inteligencia
Nacional (SIN) y una actitud de impunidad para no sancionar a los asesores del
gobierno (Kruyt, Tello, 2003).

18
Consideramos oportuno, recoger una de las citas que resume el pensamiento
que tenía Fujimori sobre las instituciones, puesto que nos da cuenta de su perfil
político en relación con las organizaciones del Estado:

“No creo firmemente en las instituciones que siguen todo al pie de la letra, en
artículos legales estrictos, porque una parte complementaria importante es la
persona humana. Si esta no ejerce el mando, no tiene sentido institucionalizar
todo al pie de la letra [...] la institucionalización se consigue por medio de largos
y tediosos ejercicios que pueden ser traumáticos pero efectivos [..]” (Kruyt,
Tello, 2003: 103-104).

Por otra parte, en la investigación de Enrique Obando “Fujimori y las Fuerzas


Armadas” se describe el contexto previo (Gobierno de Alan García) a la llegada
al poder de Alberto Fujimori, sobre las relaciones entre el gobierno y los
militares. Se explica el sistema de cooptación que ha sido el método más
frecuente en las relaciones entre ambos, ésta se entiende como “la concesión
de privilegios especiales (promociones, cargos políticos y favores económicos)
a los mandos superiores de las Fuerzas Armadas a cambio de su apoyo al
régimen” (Obando, citado en Crabtree, 2000: 355).

Para el caso peruano, la relación durante el gobierno de Alan García (1985-


1990) y posteriormente el de Fujimori, es que predominó un sistema de
argollas, una suerte de construcción de lealtades en la cadena de mando en las
instituciones militares que tenía como eje central a la argolla predominante,
usualmente la del Comandante General, y que se apoyó frecuentemente en una
argolla subordinada para prestarle su colaboración, asegurando que el nuevo
líder para ascender sea de su incondicional confianza una vez se diera su retiro
(Obando, 2000). Este sistema tuvo como propósito lograr cierta estabilidad,
pero también puede generar un malestar entre los miembros de las instituciones
militares, en especial los mandos medios y subalternos (Obando, 2000).

Por otra parte, para el caso del gobierno de Fujimori se destaca el denominado
“Plan Verde”, el cual se resume en los siguientes ejes: readaptación del
pensamiento militar a la economía del libre mercado; reducción drástica de
participación del Estado y desnacionalización con la venta de industrias claves y
una fuerte campaña para eliminar la subversión (Obando, 2000).

El “Plan Verde”, era la manifestación expresa de una alianza de carácter


cívico militar que beneficiaría a las élites económicas y buscando un apoyo en
la sociedad civil. Los alcances del Plan, tuvieron su máximo ponente en el rol

19
que jugaría el asesor del SIN, Vladimiro Montesinos Torres1. El cual era un actor
político demasiado influyente sobre Fujimori, a tal punto que le indicaba “a quien
debía ascender, retirar o poner a cargo de guarniciones importantes. Esto fue
fuente de inquietud entre los oficiales institucionalistas que, como García, se
oponen a esta clase de intervención externa en las Fuerzas Armadas” (Obando,
citado en Crabtree, 2000: 364).

La estrategia para que Fujimori - Montesinos se aseguren un mayor control de


las fuerzas armadas, reposaría no sólo en la utilización del sistema de argollas
sino también en las lealtades que se pudiesen construir con base a reformas
legales. En esto las nuevas leyes de situación militar fueron imperativas, cabe
destacar, el Decreto Ley 752 que sentó las bases para que Fujimori nombrase
personalmente a los comandantes generales de cada instituto; igualmente, la
manipulación sobre el criterio en el límite de edad para pasar al retiro, en ese
caso para aquellos que superasen los 35 años de edad.

De esta manera, se entreteje una red de influencias y apoyo infra- institucional


para asegurarse el control político de la institución castrense.En términos
generales, se consideró que el sistema previo en las relaciones entre los civiles
y militares, antes de la llegada de Fujimori era más respetable porque se
mantenían como criterios a la meritocracia y las cadenas de mando se
constituían según el mayor esfuerzo y la respetabilidad entre cada uno de sus
miembros. Con Fujimori se dejan de costado estos métodos, prevaleciendo el
sistema de cooptación. Estableciendo una sola argolla cuasi permanente dentro
de las fuerzas armadas (Obando, 2000).

Por último, el autor menciona cierta respetabilidad, hasta cierto punto de las
formas democráticas por parte de Fujimori, pero que afectó, el contenido
democrático de las instituciones y que “pudo aprovechar al máximo la
discrecionalidad del gobierno y minimizar su sensibilidad a las presiones
políticas externas” (Obando, citado en Crabtree, 2000: 479).
Finalmente, uno de los textos que más se aproxima para conocer el impacto que
tuvo el gobierno de Alberto Fujimori en las Fuerzas Armadas y otras instituciones,
es la investigación que realizara el Congreso de la Republica intitulada “Decretos
secretos y mal uso de Fondos Públicos: El Perú bajo el fujimorismo”. En este
1
Los estudios sobre Vladimiro Montesinos Torres y su capacidad de influencia dentro de las Fuerzas
Armadas, en especial los métodos en que se basó para controlar esta institución para sus propósitos, pasan por
revisiones desde enfoques de la Ciencia Política, Sociología, Psicología, Economía hasta obras literarias que
intentan reconstruir el perfil conductual de este actor político tan polémico en la historia política de nuestro país.
Para mayor ampliación revisar el texto de Sally Bowen/ Jane Holligan (2003) “El espía imperfecto. La telaraña
siniestra de Vladimiro Montesinos”. Peisa. Y el estudio de Fernando Rospligiosi (2000) “Montesinos y las
Fuerzas Armadas. Cómo controló durante una década las instituciones militares”. IEP.
20
sentido, la Comisión Investigadora de los delitos económicos y financieros
cometidos entre 1990 – 2001, presentó un diagnóstico sobre la corrupción en
distintas instituciones del Estado durante la década fujimorista estableciendo
una agenda temática sobre:

“…las privatizaciones, las operaciones de salvataje bancario, la liquidación de


la banca de fomento, las principales licitaciones y adquisiciones; el uso de
fondos públicos por la red de corrupción; la recepción y destino de las
principales donaciones y programas de cooperación internacional; el
funcionamiento de las instituciones de control como la SUNAT, Aduanas y
Contraloría, la liquidación de empresas públicas, como Popular y Porvenir y
otras vinculadas al sector defensa; el manejo de los principales proyectos de
inversiones regionales; y el saneamiento y privatización de empresas
azucareras” (Diez Canseco, citado en Congreso de la República, 2002: 20).

Este estudio describe la forma en que operó la cúpula militar y su estrategia de


confabulación con el Gobierno, dedicándose a delinquir y capturar al Estado,
imponiendo un régimen con rasgos autoritarios para garantizar su propia existencia
(Diez Canseco, 2002). Uno de los aspectos que hizo posible la corrupción
institucionalizada fue la práctica de la información reservada o de secretismo:

“La red de corrupción, asimismo, hizo uso indiscriminado de la llamada


– información reservada- y del excesivo poder que concentró, violó los niveles
establecidos para la toma de decisiones y se amparó en disposiciones de
urgencia y muchas veces secretas, para usufructuar ilícitamente de los recursos
del Estado”. (Diez Canseco, citado en Congreso de la República, 2001: 21).

La modalidad más frecuente en los casos que conoce la Comisión


Investigadora fue la asociación ilícita, esto es, un grupo organizado de perfil
criminal que tenía influencia permanente sobre las diversas instituciones del
Estado. La mayoría de los casos poseen elementos materiales de las
infracciones cometidas como hechos punibles, que fue diseñado y ejecutado
por una agrupación de personas con plena racionalidad, y predeterminación de
incurrir en actos delictivos (Diez Canseco, 2001). Por el contexto de violencia
política que vivía el país, es conocido que so pretexto de ello, se tomaron
medidas utilizando directamente decretos de urgencia. Para este caso, lo que
se pretendió fue tener las manos libres y carta abierta para:

“amparar gastos irregulares, vía compras destinadas a favorecer a las


empresas vinculadas a la red de corrupción. Así, se desviaron 32 millones de
dólares provenientes de la privatización en la compra de armamentos y de

21
equipos militares de dudosa calidad”. Sobre el particular, la Comisión incluye
una denuncia constitucional por traición a la patria porque mucho de este
armamento de segunda mano fue utilizado en la guerra que enfrentó al Perú
con Ecuador, conocida como “El conflicto del Cenepa” (Diez Canseco, citado en
Congreso de la República, 2001: 29)

En esto las cifras que revela la Comisión son contundentes:

“Lo que tenemos claro es que en total 1890 millones de dólares se destinaron
a la compra de armas, que no funcionan; de aviones MIG que no vuelan. Y no
solo se compraron armas, también compraron caballos, automóviles, equipos
de radio, entre otros. Es de allí, por los precios sobrevaluados, de donde han
salido las fortunas como las de los generales Villanueva Ruesta y Nicolás
Hermoza, por ejemplo” (Ibíd: 29). Ver Tabla 1 y 2.

22
Tabla 1: Decretos de Urgencia Secretos emitidos entre 1995 – 2000.

Tomado de Comisión Investigadora de los delitos económicos y


financieros cometidos entre 1990 – 2001

23
Tabla 2: Decretos de Urgencia Secretos emitidos entre 1995 – 2000.

Tomado de Comisión Investigadora de los delitos económicos y


financieros cometidos entre 1990 - 2001

24
Por lo mostrado en las cifras y montos destinados, la Comisión presume que
todos estos actos fueron de conocimiento del Presidente Alberto Fujimori pues es
casi imposible emitir directivas a través de decretos supremos sin la autorización
del Presidente y más aún para la compra de armamentos (Diez Canseco, 2001).

En el aspecto de delitos económicos y financieros la Comisión también


incorpora algunos aspectos interesantes que van de la mano con el conjunto de
reformas económicas que se aplicaron con la llegada del segundo
neoliberalismo. Para la Comisión hubo una alianza entre los funcionarios
públicos y algunos grupos de poder económico que en especial participaron de
forma activa en la corrupción estudiada. “Hay una corresponsabilidad entre el
Estado, los funcionarios públicos y algunos empresarios privados” (Ibíd: 32).

Desde una perspectiva económica la Comisión concluye que quien le roba al


Estado está afectando la economía doméstica de todos los peruanos. Para el
caso de las redes de poder que estableció un crimen sistematizado contra el
erario público, la Comisión es muy severa nuevamente al sostener que:
“Los delitos económicos y financieros que se ejercen desde el poder, son delitos
muy graves, que merecen ser sancionados eficazmente; presentan todos los
agravantes, pues se abusa del factor permisivo que da el poder, se traiciona la
confianza depositada para ejercer el mando de la nación, se usan los fondos
públicos para fines que no responden al bien común sino al de terceros; se
favorece con afanes de lucro personal a empresas y empresarios, disponiendo
leyes con nombre propio contraviniendo principios constitucionales” (Ibíd: 32).

Finalmente, como antecedente sobre los actos de corrupción para el caso del
Servicio Diplomático, si bien es cierto, recoge la década del fujimorismo (1990 -
2000), sólo se incluye la denuncia constitucional a la gestión de Francisco
Tudela Van Breugel Douglas, en su cargo como Ministro de Relaciones
Exteriores (1996), por la comisión del delito de omisión de denuncia, tipificado
en el artículo 407 del Código Penal, así como por la infracción a los artículos 51,
109, 118 inciso 19 de la Constitución.
2.2. Generalidades sobre el neoinstitucionalismo

Esta corriente de pensamiento hunde sus raíces en un conjunto de teóricos como Di


Maggio, Powell, Scott, North, Meyer, Tolbert y Zucker, Starbuck, Cohen, Simon,
Jepperson, Berger, Olsen, March, que han elaborado sus aportes desde una
perspectiva económica, de la ciencia política y sociología para comprender las
instituciones y sus fenómenos de manera sistemática, teniendo en cuenta el contexto.

25
En términos generales, parten del supuesto de que existen distintas formas de
asociación humana que han coexistido, basadas en dinámicas que se presentan
entre lo cultural y social. A pesar de la diversidad de entradas que posee ésta
escuela de pensamiento, podemos identificar que tienen como factor común
denominador, el poner mucho énfasis en la relevancia de estudiar las instituciones
y los procesos sociales como factores que están interconectados y en constante
relación con las organizaciones sociales, afectándolas y limitándolas.

Por ello, su afán constante por responder a la pregunta:

“¿Qué hacen las instituciones políticas? Existe acuerdo en señalar que las
instituciones políticas determinan quienes son los actores legítimos, su número,
el orden de las acciones, qué información manejan los actores sobre las
conductas de los otros. Esta pregunta remite al problema de la formación de
preferencias y a la cuestión de si éstas son externas a las instituciones o
moldeadas por las mismas” (Pérez & Valencia, 2004: 92)

De otro lado, se ha alcanzado el consenso de que desde las múltiples miradas, se


debe apuntalar más hacia la complementación que a competir desde sus propios
horizontes metodológicos y de sentido pues “para estudiar las instituciones hoy en
día, no basta con tomar en cuenta tan sólo una disciplina, sino hace falta retomar
diversos enfoques para tener un estudio más profundo y completo, lo cual hace que
el neoinstitucionalismo se constituya en una unidad multidisciplinaria” (Ibíd, 93)

Sin embargo, nos interesa desarrollar algunos de los postulados del


neoinstitucionalismo en los estudios políticos propuestos por los politólogos March
y Olsen tomados de su obra monumental “El redescubrimiento de las instituciones.
La base organizativa de la política”. Para ello, haremos un breve recorrido por los
aportes del viejo institucionalismo y luego pasaremos por el surgimiento del nuevo
institucionalismo2. La estructura de nuestro marco teórico se concentrará en dicha
perspectiva del nuevo institucionalismo en estudios políticos, que si bien han
generado un conjunto de críticas al respecto, coincidimos con el profesor Vergara,
quien sostiene que este enfoque novedoso, “representa un esfuerzo peculiar por
desarrollar una versión del nuevo institucionalismo pertinente para la ciencia
política y particularmente útil en el estudio de las instituciones administrativas del
Estado” (Vergara, citado en March & Olsen 1997: 18)
2
Cabe señalar, que siempre lo nuevo se articula al pasado, las teorías que pasan por un proceso de
cambio y renovación. Como es bien sabido, algunas se constituyen en paradigmas, debilitándose y
generando espacios de discusión que van acordes a los cambios en el contexto social, político y
económico. Porque al final la idea de estas discusiones es poder dar cuenta de la realidad, sin menoscabar
el factor multidisciplinar, que es una perspectiva que permite, a nuestro parecer, un profundo análisis.

26
Como veremos más adelante, el mismo surgirá en abierta contraposición a la
visión económica del actor racional, pues se introduce el concepto de
“racionalidad limitada” (Simón, 1947) para estudiar las organizaciones,
pretendiendo remplazarlo por el de “racionalidad total”. Igualmente, se modifica
el móvil decisorio que busca siempre una “optimización” por uno que sólo busca
la “satisfacción” de las expectativas. Sería muy prematuro desarrollar todo el
entramado filosófico, sin embargo, podemos adelantar que su basamento es la
organización en términos políticos, esto es, la idea que son las instituciones la
que determinan las relaciones sociales y no al revés.

Igualmente, nos será útil analizar el concepto que incorpora sobre la “retórica
ortodoxa” pues según ambos autores, ha sido uno de los discursos más frecuentes
para apelar y justificar el “cambio institucional”, esto es, la reorganización (desde el
gobierno y otras instituciones). Los autores comentan que la mayoría de las
instituciones han adoptado un modelo organizativo similar al de las empresas, en
todo caso, su estructura organizativa apunta hacia la eficiencia, siempre y cuando
funcionen como una suerte de máquinas que estructuran una división del trabajo
interno y todo tipo de subunidades que permiten darle una funcionalidad, en donde
la rutina y la atención organizacional son fundamentales.

Dentro de este enfoque nos interesa la explicación que se presenta sobre la


“reorganización”, sus alcances y consecuencias, sobre todo la manera en que el
entorno, esto es, el medio, puede influir en las instituciones. Es oportuno,
recordar que tomaremos prestados de otros autores los conceptos de
burocracia y por último conectaremos al neoinstitucionalismo político en
coyunturas re organizativas con una de sus manifestaciones más estudiadas en
nuestro país. Nos referimos al fenómeno de la corrupción como base explicativa
para entender el impacto que generó la autocracia fujimorista en una institución
como el Servicio Diplomático de la República.

2.2.1 Alcances teóricos sobre el viejo institucionalismo

La génesis del institucionalismo tiene como epicentro a los Estados Unidos de


América, aproximadamente a finales de la década de 1800 y principios del siglo
XX. Este surge apostando por los postulados de la economía clásica. Uno de
sus argumentos centrales es que no existe una “racionalidad ilimitada” en la
conducta de los individuos, en el marco conceptual, de los actores económicos.

En este sentido, los alcances y resultados en la utilidad de esta teoría y desde


enfoques empírico- analítico, descriptivos colocaban énfasis en rescatar las
relaciones sociales que establece una organización y con otras instituciones,

27
estableciendo factores de éxito como la conformidad ante el conjunto de reglas
y normas institucionales. El tránsito de unos períodos económicos a otros,
tendrá su explicación en la creación de ciertas formas de asociación humana
que empoderan el espíritu capitalista en los ciudadanos (Kalmanovitz, 2003).

Por otra parte, desde la sociología los aportes estarán más enfocados en los
mecanismos a través de los cuales sucede la acción social y económica, la
influencia central de estos intelectuales, serán los estudios del darwinismo
social (ambiente moldea la especie humana).

Este viejo institucionalismo centra al individuo al medio e “incorpora las reglas


institucionales en la explicación de las interacciones humanas, esto quiere
decir, que los individuos viven en un contexto social e institucional, que incide
en su modelo mental subjetivo” (Arias, 2008: 38). La mayoría de estos estudios
poseen un alto grado de normatividad y se aplican bajo un modelo deontológico
para todo conjunto social que desea desarrollarse.

2.2.2 Alcances teóricos sobre el Nuevo institucionalismo

Nuestro enfoque emerge hasta la década de los años setenta. En este contexto se
toman como obras referentes los estudios de Jhon Meyer “Los efectos de la educación
como una Institución”. También podríamos mencionar el interés por la economía al
abordar las instituciones desde su entorno y toma de decisiones. En este rubro, son
relevantes las contribuciones de Douglas North, porque introduce el concepto de
“nueva economía institucional”, (North, 1995) que rescata algunas nociones del viejo
institucionalismo, se preocupa por dar una explicación de los fenómenos económicos,
exclusivamente desde las instituciones. La cuestión central será ¿De qué forma las
atribuciones específicas de las transacciones comerciales originan clases específicas
de instituciones económicas? (Williamson, Coase, Powell). En este sentido, se
concentra en la relevancia del papel de las instituciones en el desempeño económico y
para el cambio institucional (Arias, 2008).

Por otra parte, algunos autores han intentado considerar la manera en que
funcionan las organizaciones. Considerándola como un instrumento mecanicista
que tiene como propósito alcanzar unos objetivos concretos en contraposición a
una organización que funciona como un sistema orgánico y adaptable, y que se
ve afectado por un conjunto de presiones externas, esto es, del entorno y qué
rasgos sociales tienen sus integrantes.

El anterior autor desarrolla el concepto de institucionalización, que se manifiesta a


través del tiempo, manifestando la propia historia interna y externa de la

28
organización, como es el carácter de los individuos que la componen, los
grupos que recibe y los intereses que se recrean por éstos, adaptándose al
medio que lo rodea (Selznizk, 2005 ). En ello, es fundamental el principio de
supervivencia en las organizaciones que se ve desplazado por la idea de que
éstas se infunden de valor, entonces, dejan de ser instrumentos meramente
técnicos y pasan a optar una identidad propia.

No podemos dejar de mencionar a uno de los padres de la sociología, Talcot


Parsons. Este comprendió que la relación de la organización con su entorno
abarca dos dimensiones centrales. La primera, es de connotación subjetiva, en
la que los individuos internalizan un conjunto de normas que son la base de la
acción y la dimisión objetiva (individuo se separa de la realidad) en la que un
conjunto de normas determina las relaciones de los individuos. Uno de los
niveles que destaca nuestro autor es el que denomina institucional en que se
pone énfasis a la relación de la organización con su entorno y el conjunto de
normas que ésta encierra.

Pero la entrada más original, para nuestro interés, y que es el punto de partida
del que beberán como influencia March y Olsen, ha sido planteado por Herbert
Simón en su texto “Comportamiento Administrativo” (1947). Trata de la manera
en que las organizaciones soportan y simplifican las tomas de decisiones de los
individuos en las organizaciones (Simon, 1947) con un comportamiento menos
racional, alcanzando niveles altos de consistencia, un individuo escogerá
siempre entre las alternativas posibles más satisfactorias. Este modelo inspirara
la teoría del “bote de basura” que introducen March y Olsen, posteriormente.

En este orden de ideas, la organización a través de sus normas, esto es,


reglas generan un conjunto de rutinas que hace que el individuo determine su
conducta (Simon, 1947). Igualmente, es cuestión necesaria en este individuo la
aceptabilidad de valores, las estructuras cognitivas y las reglas, rutinas que
llevan a los mismos hacia una postura racional (Simon, 1947). Simon es otro de
los referentes que bebió del viejo institucionalismo para presentar su enfoque
con una dosis de “giro cognitivo”.

Por otro lado, de los precedentes iniciados por Simon, se fue dando paso a una
tendencia que se posicionó a inicios del siglo XX, producida desde el contexto de la
sociología inglesa y estadounidense. Esta tendrá como referente el “giro cognitivo”.
Todo ser humano, procesa información bajo un filtro que le permite seleccionar
diversos criterios, desde una estructura cognitiva. Si bien es cierto, se rechaza el
fundamentalismo del enfoque del “actor racional”, este denominado

29
“neoinstitucionalismo sociológico” tendrá como unidad de análisis a los espacios
en donde los diversos actores sociales llevan a cabo sus prácticas.

Sin embargo, a pesar de realizar una crítica a la visión utilitarista y conductual


del comportamiento humano, no abandonarán algunos aportes del enfoque
neoclásico. Para algunos revisionistas del enfoque neoinstitucional, se ha
planteado dos tendencias: una de nivel micro y otra de nivel macro. La primera
coloca un énfasis en el “giro cognitivo” y la segunda trata de las instituciones, y
el entorno de las organizaciones (Arias, 2011).

Otra idea fuerza del neoinstitucionalismo es que los intereses de los actores
están determinados por las instituciones. En este sentido, no se abandona la
idea de la racionalidad en la toma de decisiones, sino que se considera que no
existen decisiones completamente acabadas y planificadas en que se hace de
manera previa un balance de los “costos” y “beneficios” para lograr las metas.
Desde este cuestionamiento es que se introduce el concepto de “racionalidad
limitada” de (March & Olsen, 1997).

Del mismo modo, el neoinstitucionalismo “ha puesto su atención en los


procesos de legitimación y reproducción social en ambientes organizacionales,
es decir, en los elementos culturales propios de cada forma de asociación
humana creada como parte del logro de unos propósitos específicos” (Arias,
2011: 45). Además, el papel de las instituciones tendrá una contundente
importancia para comprender la política, pues se considera, que lo que ocurre al
interior de una organización produce un gran impacto en el entorno.

Así, se aborda el estudio de las organizaciones para resaltar sus estructuras


colocando énfasis en tres cuestiones; el contexto, las decisiones, el
comportamiento y explicar el impacto del contexto en el funcionamiento de las
organizaciones. Siempre teniendo en cuenta que:

“las organizaciones se integran en grupos, definidos como grupos de


organizaciones que interactúan directa o indirectamente y que, tomadas en
conjunto, constituyen un área reconocida de vida institucional: los proveedores
principales, los consumidores de recursos y productos, las agencias
reguladoras y otras organizaciones que dan servicios o productos similares”
(Powell &DiMaggio, 1997: 174).

30
2.3. Neoinstitucionalismo en los estudios políticos

La teoría que nos interesa, surge a partir de la década de los sesenta, bajo la
influencia de la escuela europea y con una fuerte dosis académica de las
ciencias en administración. En éstas se recupera la teoría del Estado y se
comienza a restablecer un interés por los poderes públicos. Este nuevo
institucionalismo que emergerá, tendrá como papel central las funciones que
cumplen las variables organizativas como algo que supera el simple
constreñimiento de los demás actores dentro de un sistema político.

Considera que la toma de decisiones resulta importante de analizar, y parte


del supuesto que el Estado es relativamente autónomo y que al ejecutar una
acción en materia de políticas sectoriales, existen redes de actores donde los
poderes públicos, siendo fundamentales, se presentan de manera fragmentada
y dependientes de la capacidad de coaligarse con actores que pertenecen al
sector privado3.
Por ello, se privilegia el funcionamiento de la organización pública, con
protagonismo del aparato estatal, “El neoinstitucionalismo politológico retoma el
papel desarrollado por el Estado como principal agencia productora de leyes, de
estabilidad y de integración política en la sociedad” (Rivas, 2003: 42). En este
sentido, es una versión que “pone énfasis en las normas (rutinas organizacionales)
y en los significados compartidos (símbolos) dentro de las instituciones, para
entender cómo funcionan éstas y cómo influyen en el comportamiento individual de
los miembros de la institución (Losada & Casas, 2008: 180).

2.3.1 Organizaciones en un entorno cambiante

A pesar que en el texto de March y Olsen se asume un significado de


organización equivalente al de institución política. Consideramos necesario,
entender una organización como “una colectividad instituida con miras a
objetivos definidos” (Lapassade, 2008: 107). Cabe señalar, que por lo menos
han existido dos significados sobre las organizaciones. El primero que “designa
un acto organizador que se ejerce en instituciones” (Ibíd: 107) y el segundo,
que “apunta a realidades sociales: una fábrica, un banco, un sindicato son
organizaciones” (Ibíd: 107).

Por otra parte, los autores destacan que una institución debe comprenderse
como un entorno en donde existe un conjunto de actividades pertinentes, de

3
Este aspecto será desarrollado más adelante cuando presentemos la manera en que se genera un
proceso de reorganización y una de las tendencias que más se utiliza desde el discurso de las burocracias.

31
procedimientos para asegurar su mantenimiento ante un conjunto de amenazas
de un cambio en la situación y del interés personal por procedimientos que
permitan modificarlas (March & Olsen, 1997).

Así mismo, consideran necesario que para que una organización4 sea operante,
debe poseer una reglamentación interna y sobre todo una jerarquización para
asegurar la factibilidad en la toma de decisiones. Esto hace que al interior se
reproduzcan un conjunto de rutinas “las rutinas pueden ser reglas de procedimiento
que especifiquen un proceso que debe seguirse en circunstancias determinadas”
(Ibíd: 68). Las mencionadas rutinas permitirían afrontar un escenario externo5 pues
a la hora de seleccionar la mejor decisión, siempre habrá una opción por la
experiencia y por el peso histórico al interior de la misma institución.

Sin embargo, para que las instituciones operen y se conviertan en actores


importantes, requieren de un conjunto de reglas “las reglas incluyendo las de otras
profesiones se aprenden como catecismos de expectativas. Estas se construyen y
elaboran mediante una exploración de la naturaleza de las cosas, las ideas propias
y las imágenes personales e institucionales” (March & Olsen. 1997: 69).

Además, se establece la noción de que existe un comportamiento organizacional6


que genera cierta estabilidad institucional. La misma procede con base en los
argumentos que dan lugar a una cultura organizacional. Cuando es homogénea, se
facilita que los miembros de una institución hagan una interpretación correcta de
las acciones e intenciones de sus otros colegas (March & Olsen, 1997). Lo anterior
sienta las bases para una “cohesión” al pretender uniformar las preferencias de sus
miembros. Así mismo, se considera a la estabilidad como el resultado de la
obediencia de los individuos a las normas que posee la institución.

En este sentido, las instituciones políticas cobran mayor relevancia como


unidad de análisis porque son las que determinan los espacios en donde se
manifiesta la conducta política (March & Olsen, 1997). Para ello, se identifican
dos aspectos antes mencionados, el normativo, la base de la estructura interna
organizativa y la atención a los ciudadanos como la base de identidad política.
4
Una organización con reglamentos y estructuras jerarquizadas también es calificada como
organización compleja.
5
Estos escenarios externos son la preocupación que los autores establecen cuando hacen referencia al
medio. Lo que implica entender qué lugar ocupan las instituciones políticas en la estabilidad y los cambios
políticos. Todo, bajo la premisa que se está dentro del paraguas de la ideología democrática (March & Olsen,
1997).
6
Ambos autores reconocen que existen componentes informales en una organización, de ahí, la
distinción que hacen entre organizaciones formales y organizaciones informales. En el caso concreto de
las primeras, el conjunto de valores y los códigos de comportamiento de los funcionarios públicos son
fundamentales porque construyen la pertenencia a una institución, lo que trasciende e impacta en la vida
política.

32
En términos generales, el neoinstitucionalismo político propuesto por March y
Olsen coloca un mayor énfasis sobre el contexto donde se desenvuelven los
agentes, esto es, las organizaciones. Se sostiene que “los contextos institucionales
políticos, sociales, económicos – dentro de los que actúan los individuos influyen
de manera importante sobre su comportamiento (Vergara, citado en March &
Olsen, 1997: 17). Si se desea comprender las organizaciones se debe observar sus
rasgos institucionales como factor esencial.

Como se indicó anteriormente, los estudios sobre las instituciones del Estado
colocaban un sobrecargado énfasis en las normas y los procedimientos
constitucionales para su comprensión. La originalidad de los aportes de March y
Olsen es que ponen énfasis en que se debe focalizar las dinámicas internas
institucionales porque es en éstas, donde:
“los procesos institucionales internos afectan aspectos tales como la distribución del
poder. Como resultado, invitan al desarrollo teórico de modelos de los modos en que
los intereses y preferencias evolucionan en el contexto de la acción institucional, de los
modos en que las expectativas se desenvuelven como consecuencia de los resultados
de la política y de los modos en que el proceso de control de las organizaciones
intencionales provoca consecuencias imprevistas” (Ibíd.: 64)

Estas organizaciones poseen un entramado de normas y tradiciones


institucionales, entonces. “los actores no deciden con la expectativa de
maximizar sus preferencias, sino con la idea de ser congruentes con las
responsabilidades que tienen asignadas según las normas y tradiciones
institucionales” (Vergara, citado en March & Olsen, 1997: 27).

En este sentido, se considera que las buenas decisiones serán capaces de


gozar de legitimidad y de demostrar un consenso en que todos los actores
apropiados y sus intereses fueron debidamente tomados en cuenta en el
proceso de toma de decisión y por otro lado, que se ha ejercido un liderazgo
político conforme a los valores y las normas de la institución (Vergara, 1997).
2.3.2 Burocracias y cambio institucional.

Durante el proceso de toma de decisiones y la manera en que las


organizaciones responden ante entornos cambiantes, se hace necesario,
entender el concepto de cambio institucional que es nada más que la relación
entre la institución y el ambiente. Podemos establecer tres dinámicas que
introducen nuestros autores para comprender a las instituciones: estabilidad
institucional, cambio institucional, necesidad de integrar el análisis racional y el
institucional en los estudios políticos (March & Olsen, 1997).

33
Para comprender el cambio institucional, es necesario conocer que toda
organización posee un marco institucional el que se entenderá como el conjunto
de normas y tradiciones que hacen las costumbres y que existen en un sistema
político, facilitando la estabilidad porque son los referentes a partir de los cuales
los actores deciden su comportamiento (March & Olsen, 1997). El proceso de
cambios institucionales se da cuando un conjunto de exigencias del medio
ambiente y el contexto real de la organización impulsan los mismos.

Por otro lado, el proceso de transformación y cambio dentro de las


instituciones se lleva a cabo a través de las decisiones que adoptan las
burocracias, en este caso las más altas jerarquías de la organización que desde
una reflexión de los procesos de reforma institucional, evalúan la factibilidad de
los programas de reforma administrativa en instituciones gubernamentales.
Todo esto no funcionaría, sin dejar especificado que es el conflicto la vía de
mediación que marca las pautas en las relaciones entre la institución y su medio
ambiente, siendo el motor de la explicación:

“las reorganizaciones administrativas son interesantes por derecho propio. La


efectividad de los sistemas políticos depende en grado considerable de la
efectividad de las instituciones administrativas por las que el diseño y control de
las estructuras burocráticas es preocupación central de cualquier forma de
gobierno” (March & Olsen, 1997: 130).

En este aparte, es bueno puntualizar ¿Qué consideramos por burocracias? Para el


caso de las estructuras formales y complejas, las burocracias serán consideradas
como “el cuerpo administrativo del Estado. El gobierno es quien asegura su
reclutamiento y formación” (Lapassade, 2008:111). Si bien es cierto Max Weber es uno
de los que más trabajó el tema del análisis de las burocracias7, en su obra “¿Qué es la
burocracia?8, como fenómeno de las sociedades modernas, retomamos la idea
7
En este aparte, cabe una aclaración. Si bien es cierto, nuestra investigación no aborda un estudio
profundo de la burocracia diplomática, para efectos del presente trabajo, se recomienda ampliar las nuevas
discusiones sobre el fenómeno burocrático en que se ha introducido una nueva perspectiva que desafía el
llamado “paradigma burocrático” en los Estados Unidos de América. Ver. Barzelay Michael (2000)
“Atravesando la burocracia. Una nueva perspectiva de la administración pública”. Editorial Fondo de
Cultura Económica. México.
8
En efecto, los aportes de Max Weber en su estudio sobre la burocracia, permiten comprender mejor
que características posee esta, en particular su directa relación con la evolución del capitalismo y el surgimiento
del Estado moderno, entre otros aspectos. No nos vamos a explayar sobre ello, sin embargo, el autor atribuye
una cualidad mecánica a la burocracia. Por ello, una apotema relacional establecería que a mayor capitalismo
habrá una mayor burocratización (Weber, 1991). Del mismo modo, cabe preguntarnos siguiendo al autor
¿Cuáles son las características de la burocracia?, En resumen, se señalan cuatro. La primera es que toda
burocracia debe operar dentro de un espacio organizado por normas regidas por leyes y que posee un
ordenamiento administrativo (Weber, 1991). La segunda es que al interior de la organización

34
de Marx apoyado en la línea filosófica de Hegel al considerar que “el espíritu
general de la burocracia es el secreto, el misterio, guardado en su seno por la
jerarquía, y hacia afuera es su carácter de corporación cerrada”. (Ibíd: 113)

Por último, la contradicción existe dentro de la misma burocracia,


consecuentemente en los burócratas. En ella y ellos coexisten el espiritualismo
vacío y el sórdido materialismo. Este último estalla en el arribismo del
funcionario: “La finalidad del Estado pasa a ser su finalidad privada; es la caza
de puestos más encumbrados; hay que abrirse paso” (Ibíd: 113).

2.3.3 Reorganización: la transformación de las instituciones

El conjunto de acciones que pretenden modificar de forma deliberada la


estructura de una organización es lo que se entenderá por reforma institucional
(Vergara, 1997). Los cambios son transformaciones que muchas veces, una
vez iniciados no logran llegar a buen recaudo.
Los cambios cuando son impuestos desde el entorno, se parte del supuesto que las
mismas instituciones “desarrollan un carácter que desalienta los cambios estructurales
arbitrarios, por lo que en ocasiones cambian su entorno en vez de adaptarse a él”
(March & Olsen, 1997: 112). Debemos indicar que el entorno son las subunidades que
componen la estructura de organizaciones, que permiten delegar funciones para
entrecruzar información en el proceso de toma de decisiones.

Igualmente, se señala que “las instituciones se protegen a sí mismas, en parte


mostrándose resistentes a muchas formas de cambio y en parte desarrollando sus
propios criterios de pertenencia y de éxito, de distribución de recursos y reglas
constitucionales” (Ibíd: 113). Es dentro de este aspecto, que se supone juegan un
papel protagónico las burocracias (este aspecto será ampliado adelante) como
conductoras del futuro de una organización. Es interesante observar que algunos
estudiosos han incorporado el concepto de “supervivencia” en la que por más que
el entorno imponga desafíos a la organización, se supone que ésta, siempre
ha de existir una repartición de los deberes oficiales, esto se refiere a los objetivos que traza una estructura
gobernada burocráticamente. El tercero, es que la autoridad constituida imparte las decisiones necesarias
para una alternancia en los deberes, la que se reporta de forma delimitada y rigurosa (Weber,1991).
Finalmente, para el ejercicio burocrático, debe existir un conjunto de normas que aseguren el
cumplimiento normal para el establecimiento de esos deberes y la aplicación de los derechos respectivos.
En la que dicho servicio lo pueden prestar solo las personas calificadas para ello. (Weber, 1991). Y una
cualidad fundamental que debemos resaltar en la burocracia es que existe una relación jerárquica de poder
que se manifiesta en términos verticales en que los de arriba pretenden controlar a los de abajo, esto es,
siempre los funcionarios superiores estarán por encima de los funcionarios inferiores. En otras palabras,
“Un alto desarrollo del tipo burocrático lleva a una organización monocratica de la jerarquía de los
cargos” (Weber, 1991: 5). Del mismo modo debemos señalar que para que esa relación vertical sea
garantizada debe existir una diferenciación del campo en el que opera “la burocracia considera la función
oficial como un ámbito diferenciado del campo privado” (Weber, 1991: 6).

35
va a subsistir, la pregunta sería: ¿Cuál es el costo social y político al asumir una
modificación total interna en nombre de la supervivencia institucional? Es un
aspecto, muy poco desarrollado por nuestros autores, haciendo una salvedad “las
instituciones cambian, pero la idea de que puedan transformarse intencionalmente
por cualquier forma arbitraria es mucho más problemática” (Ibíd: 14).

En estas terapias de shock para producir el cambio, los autores califican ese
proceso de “conmociones radicales premeditadas que pueden transformar las
instituciones políticas y la política, pero los mismos factores de autonomía y
estabilidad institucionales que posibilitan las estrategias de conmoción también
las convierte en difíciles de implantar o controlar” (Ibíd: 125). Por ello, rara vez
se alcanza una satisfacción en los procesos de cambio institucional, esto es, en
las intenciones previas que motivaron las mismas (March & Olsen, 1997).

Todo proceso de reforma institucional es susceptible de un control limitado; un


proceso de reforma es de adaptación, ésta es la llave maestra para controlarlo,
manipular los mecanismos organizacionales de la institución; se acepta cierto
grado de racionalidad limitada; y se ve a las instituciones como marco de
referentes culturales desde los cuales los individuos construyen sus
preferencias y comprenden la realidad (Vergara, 1997).

Por otra parte, las organizaciones cumplen un papel esencial en el sistema


político. Es más, una institución administrativa determina la efectividad de un
sistema político. La manera en que se lleva a cabo la reorganización, necesita
de un discurso que legitime los procesos de cambio. Lo que se conoce como un
discurso convencional que desde la expresión escrita y hablada pretende
justificar el mencionado cambio.
Para tal efecto, analizándolo desde la realidad de los Estados Unidos de América,
y desde su experiencia gubernamental se ha evidenciado que es frecuente
encontrar una retórica de “carácter ortodoxo”. O también conocida como retórica de
la “teoría administrativa ortodoxa”, que tiene como principal manifestación “… un
cambio radical en las estructuras administrativas…” (Ibíd: 137).

Se parte del supuesto implícito de que todas las burocracias para mejorar su
desempeño deben facilitar la eficiencia y la efectividad en el diseño de las
estructuras y procedimientos de administración. Dichos móviles de eficiencia y
efectividad son tomados del economicismo clásico, entonces, la estrategia de
reorganización pasaría por un marcado énfasis en “… la economía y el control.
Habla de cargos que podrían abolirse, de salarios que podrían reducirse, de
puestos que podrían eliminarse y de gastos que podrían recortarse” (Ibíd: 138).

36
Estos procesos de reorganización proyectan un doble significado para los
miembros internos y aquellos espectadores que asimilan el discurso de la
ortodoxia. Para los primeros “durante el desarrollo de un esfuerzo reorganizatvio, el
cambio viene a significar muchas cosas distintas para los diversos participantes.
Estos pueden tratar de vincular sus proyectos preferidos a determinada
reorganización, para lograr así algo que puedan apoyar “(Ibíd: 149).

Para la experiencia en la que se ha aplicado este modelo, se ha sostenido que estos


podrían poseer una mayor aceptación en sus resultados, sí se adoptara un estilo más
integral y en el que los miembros puedan participar de forma explícita. Pero ¿Qué
papel le queda jugar a las burocracias en este proceso de reorganización? Ya
sabemos que protagónico, sin embargo, los autores le dan una connotación de lucha
política a estos procesos. Por lo demás, se manifiestan toda clase de intereses
políticos fundamentales que pretenden acceder a nuevos privilegios en el control de los
réditos políticos. Parecen contundentes sus aseveraciones ante una burocracia pues
“resultan ya demasiado complejas, centralizadas, sectorizadas y rígidas al mismo
tiempo que demasiado difíciles de influenciar. No se orientan ni a las necesidades de
los ciudadanos ni tampoco al servicio, efectividad, economía, eficiencia y
productividad” (March & Olsen, 1997: 168).

Este desprendimiento, de las burocracias de su función tradicional, dentro de


un contexto que ha abrazado la retórica ortodoxa, evidencia que estaríamos
ante una reforma institucional que involucra una complejidad sobre la función
propia del Estado, y en específico de la política, en que la base ética y la
legitimidad de un gobierno, son involucrados para definir la agenda en la toma
de decisiones públicas. La ruptura de las burocracias en su capacidad de
servicio, nos lleva a deducir que en la mayoría de las experiencias en donde se
ha abrazado la retórica ortodoxa sin una amplia participación del Estado se han
terminado socavando las mismas bases de la organización, que con el pretexto
de impulsar mejorías, esto es, adaptaciones, terminan por cavar su propio
destino final. Esto tiene como horizonte de sentido que:

“cuando el sector privado ha arraigado como modelo del sector público, el


villano es la forma organizativa de la burocracia. La modernización de la
suministración pública con frecuencia se define como la sustitución de los
métodos de administración empresarial actualizados por las prácticas
administrativas anticuadas de las dependencias públicas” (Ibíd: 194).

Por último, esta modernización trae consigo una praxis que los autores no
desarrollan completamente, pero que como hemos visto socaban la ética y ante

37
todo la función principal que debe cumplir un burócrata en una organización
compleja, que se supone dentro de sus normas o reglas tiene como último
propósito el servicio público. A continuación, pasaremos a conceptualizar la
corrupción para comprender que, desde los discursos ortodoxos como fuente
reorganizadora, y en ese marco de lucha de intereses, las cuotas de poder en
juego pueden dar paso a toda clase de modalidades, en especial las de
carácter corruptas cuando se hace una ruptura del marco institucional.

38
CAPÍTULO 3:
ALCANCES HISTÓRICO – TEÓRICOS
SOBRE LA CORRUPCIÓN

“El gobierno se corrompe por la corrupción, y cuando hay corrupción en


la democracia, la corrompida es la democracia”

José Vidal Beneyto (Citado en Ramonet, 2010)

3.1 Introducción

Asumiremos, que ninguna institución, dentro de su dinámica interna y campo


de acción, pueda estar exenta de actos de corrupción. Esta funciona como una
suerte de descomposición, la metáfora del cuerpo descompuesto. Esto es,
cómo la morfología de un pescado en que, si la cabeza del mismo se encuentra
podrida o en estado de descomposición, resulta casi probable, que contagie y
ello degenere las demás extremidades o partes de su cuerpo. Entonces, la
analogía sería, pensando en las organizaciones, al interior de sus burocracias
altamente jerarquizadas, que cuando se corrompen, las mismas podrían irradiar
una descomposición a nivel de sus subunidades encargadas de los diversos
temas operativos dentro de la misma.

Algunos estudios consideran a la corrupción como parte de la existencia


humana. Esto se traduce como parte de la condición humana. Sin embargo,
diversas expresiones que van desde el arte hasta la literatura han manifestado
su malestar contra este fenómeno. Por ejemplo, desde la literatura el notable
escritor argentino Ernesto Sábato en una de sus exitosas publicaciones
exterioriza su preocupación por el aumento desproporcionado que viene
alcanzando este mal que azota a nuestras sociedades:

“Con pavor he pensado en la posibilidad de que, como esas virulentas


enfermedades de los siglos pasados, la impunidad y la corrupción lleguen a
instalarse en la sociedad como parte de una realidad a la que nos debamos
acostumbrar. ¿Cómo hemos llegado a esta degeneración de los valores en la vida
social? Cuando fuimos niños aprendimos el comportamiento viendo a los hombres
que simplemente cumplían con el deber –una expresión hoy en desuso-esperando
recibir una recompensa digna por su trabajo, pero que nunca hubieran

39
aceptado ningún soborno. Eran personas con dignidad: no se hubieran metido
en el bolsillo lo que no les correspondiera, ni hubieran aceptado sobornos ni
bajezas semejantes” (Sábato, 2000: 108 – 109).

Desde cualquier perspectiva, lo cierto es que existe un alto grado de


indignación y perjuicio que ha traído consigo el mencionado fenómeno. Siendo
un fenómeno histórico que atraviesa todos los espacios de la vida social e
institucional, conceptualizarla no ha sido cosa fácil. Esta ha pasado por un sin
número de escuelas de pensamiento, desde los Estados Unidos de América,
Europa, América Latina y Asia.
Sin temor a equivocarnos la corrupción es tan antigua como la humanidad y
continuará existiendo, como rasgo común a todas las sociedades, sin distinción
de culturas, modelos económicos o regímenes políticos. Por lo anterior,
construir un breve marco conceptual sobre la corrupción, resulta un ejercicio
complejo pues se trata de un fenómeno oculto por naturaleza.

En efecto, uno de los principales obstáculos es el acceso a los hechos, lo que


genera como consecuencia la ausencia de información sobre los mismos. Por lo
demás, se trata de un concepto con diversas connotaciones que se ha
transformado a lo largo del tiempo. Por ejemplo, desde la historia de la filosofía
política clásica el ateniense Aristóteles clasificó el conjunto de las constituciones
políticas a partir de una dicotomía entre las formas de gobierno puras y
corruptas, en este sentido, consideró a la corrupción como la forma de gobernar
en provecho exclusivo del individuo o grupo gobernante.
Por otra parte, durante el denominado renacimiento, el precursor de la teoría
moderna del Estado, el florentino Nicolás Maquiavelo se refirió a la corrupción
como la decadencia o degradación de la virtud cívica y entrada la era de las
revoluciones, el francés Montesquieu, durante el resurgimiento de las luces
utilizó el mismo término para referirse a la corrupción como una perversión del
orden público y más adelante, Jean Jacques Rousseau se refirió a la misma
como un resultado inevitable de la lucha por el poder.
Para efectos de nuestra investigación, desde los estudios más recientes, se
puede considerar a la corrupción como “el uso indebido de un cargo público o
privado para beneficio particular…” (Klitgaard: 9 -1). Perspectivas de este tipo
coinciden en que la corrupción es una condición que manifiesta un déficit en la
gobernabilidad (Huber, 2008). En esa misma orientación, existe otra tendencia
que identifica a la corrupción como cualquier delito contra el erario público del
Estado, un golpe a la economía de los más pobres.

40
Esa corrupción que emana de las más altas esferas de la función pública y
privada, se percibe como un impedimento en el desarrollo económico, que
promueve una atmosfera antidemocrática, y genera una aversión hacia las
instituciones del Estado, estorbando la fijación de valores morales y también
afecta a los más necesitados económicamente (Huber, 2008).

3.2 Modelos para comprender la corrupción.

Una clasificación interesante sobre los distintos modelos de corrupción se


encuentra debidamente presentada en el Informe que elaboró la Iniciativa
Nacional Anticorrupción (INA, 2001) sobre los actos de corrupción cometidos
durante el gobierno fujimontesinista (1990 – 2000)9.

Partiendo desde un enfoque denominado “unidimensional” se afirman cinco


tendencias de la corrupción: El primero es el moral – individualista que enfatiza el
carácter individual y voluntarista de la corrupción, limitándose al aspecto moral,
esto es, la crisis de los valores. Ejemplo de este tipo de corrupción está ligado a
considerar que un mayor énfasis en los valores morales podría aplacar a la
corrupción. Es conocida la posición del Sumo Pontífice, Juan Pablo II, cuando se
refirió a ella como un “cáncer en la sociedad”, que representa una lacra, la cual
debe ser denunciada y enfrentada, con consecuencia y valentía, por quienes
detentan cargos de autoridad en colaboración con los ciudadanos. (Juan Pablo II,
1998). Estos lúcidos conceptos han sido ampliados por el Pontífice actual
Francisco quien expresó en una visita a Nápoles "Cuánta corrupción hay en el
mundo. La corrupción es sucia y la sociedad corrupta apesta. Un ciudadano que
deja que le invada la corrupción no es cristiano, ¡apesta!” (El Observador, 2015: 1)

El segundo es el delictivo formalista, que subraya el carácter formal de la


corrupción sobre aquellas acciones delictivas cometidas por funcionarios y
servidores públicos. Este tipo de corrupción afecta principalmente la
institucionalidad del Estado, pues sus funcionarios pueden incurrir en actos
como malversación de fondos, peculado, colusión, entre los más sonados.

Se pasará a definir cada uno de estos conceptos. Por el primero se entenderá “La
inversión de caudales o efectos en usos diversos de aquel a que están destinados.
Así, comete delito de malversación de caudales públicos, el funcionario que diere
9
La literatura especializada para comprender el fenómeno de la corrupción en el Perú se ha elaborado
desde diversos enfoques metodológicos. Abundan los estudios sobre esta materia, para tener una aproximación
del impacto de la corrupción desde las ciencias sociales, se recomienda ver: Alfonso Quiroz “Historia de la
corrupción en el Perú” (2013), Ludwig Huber “Romper la mano” (2008), Vargas Haya “Perú: 184 años de
corrupción e impunidad” (2005), Oscar Ugarteche (Comp.) “Vicios Públicos. Poder y corrupción” (2004), del
mismo autor “Adiós Estado. Bienvenido mercado” (2005), Jaris Mujica “Micropoliticas de la corrupción. Redes
de poder y corrupción en el Palacio de Justicia” (2011), entre otros.

41
a los caudales o efectos que administrare una aplicación diferente de aquella a
que estuvieren destinados (Oronda, 1959: 168). Por otra parte, el segundo acto
de peculado se entenderá como:
“La sustracción de caudales o efectos públicos, por parte del funcionario
público al que le fueran confiados, constituye el delito de peculado, incluido
entre los ejemplos de la malversación de caudales públicos… “Se relaciona con
el hurto, porque hay sustracción de una cosa; con la defraudación porque existe
retención o aprobación indebida de los fondos; con el abuso de confianza y con
el abuso de autoridad porque, para cometerlo no se cumple con las
disposiciones legales. Es un delito más grave que el hurto, porque su autor,
funcionario público, abusa de la función. (Goldstein, 1962: 383).

Y para la acción de colusión, que es el más denunciada y frecuente dentro de


las organizaciones del Estado, una práctica que se refiere al “acuerdo secreto
entre dos o más personas para engañar a terceros” (Oronda, 1959: 64)
Como se mencionó anteriormente, cualquiera de estas modalidades de
corrupción antes descritas, comparten un mismo obstáculo, y es que se
manifiestan en contextos de escasa información, porque el secretismo moldea
sus patrones de conducta.
El tercer enfoque es el estatal – rentista que implica una mirada más
institucional pues se circunscribe al intervencionismo estatal en la economía
como generador de inmovilismo, ineficiencia y corrupción. Se puede resumir en
lo siguiente: “A menor intervención reguladora del Estado en la economía y a
mayor privatización menor corrupción”.
El cuarto enfoque, conocido como anómico social no tiene una concepción
acabada sobre la corrupción sólo afirma la desviación social vinculada a la ilicitud.

El quinto enfoque conocido como de micro organización, establece una


relación entre agente-cliente, es decir, se entiende que un acto corrupto parte
del ejercicio de un monopolio sobre los usuarios. A ello, se suma un poder
discrecional que carece de una rendición de cuentas. Por ello, se hace
imperativa una transparencia en las cuentas para evitar irregularidades.
Principalmente, cualquier tipo de corrupción es la que afecta a la democracia,
porque el funcionario público quiebra su relación frente al ciudadano, y éste pierde
su confianza y credibilidad en las instituciones: “…cuando los representantes de los
ciudadanos olvidan los problemas y no piensan sino en su propio juego sobreviene
entonces una corrupción que llega al corazón mismo del régimen y la actitud y
moral necesaria para el mismo se desvanece” (Aron, 1965: 150).

42
Por último, precisaremos, que el tercer enfoque es uno de los más cuestionados
(Huber, 2008). Representado por los intelectuales estadounidenses (Colin Leys,
Joseph S. Nye, Nathaniel Leff y Samuel Huntington). Este enfoque conocido como
el politológico, posee una óptica bastante permisiva de la corrupción porque
considera que ésta facilita el funcionamiento de la función pública, y con esto le da
una dinámica al sistema político. Según estos autores:

“la corrupción es un fenómeno que, en ciertas circunstancias, ayuda a


contrarrestar una serie de factores desestabilizadores. Por ejemplo puede ser
funcional para el desarrollo porque permite superar las leyes tradicionales o las
reglamentaciones burocráticas que traban la expansión económica. Sin
embargo, los autores dejan en claro que las consecuencias positivas de la
corrupción son más una excepción que una regla” (Huber, 2008: 45)10.

3.3. Algunos alcances sobre la corrupción en el Perú.

A continuación, sin hacer un repaso exhaustivo sobre el proceso histórico de


la corrupción y de algunas iniciativas de resistencia o rechazo hacia ésta como
fenómeno presente a lo largo del surgimiento de la República hasta nuestros,
días. Presentaremos brevemente, algunos antecedentes en donde la ruptura
del orden establecido sumado a las condiciones de crisis político- institucional
ha hecho emerger este tipo de prácticas.

Un primer acontecimiento lo representó el levantamiento de Túpac Amaru


(1780)11 en contra de las nuevas medidas que se asumieron con el cobro de los
repartos y la corrupción generada por los corregidores:
“La fama de corruptos que se achacaba a los corregidores por el fraude de
ocultación de tributarios y la doble contabilidad de los registros de contribuyentes
10
Siguiendo, los objetivos de nuestra investigación, no compartimos las bondades de lo anterior.
Observamos, que esta manera de conceptualizar la corrupción va en sintonía con la retórica ortodoxa que
justifica una reorganización bajo la lógica de una serie de sacrificios sociales, económicos internos para
los miembros que conforman una institución. En suma, esta mirada de la corrupción nos lleva al
paroxismo de que a menor Estado en los asuntos políticos menor corrupción. Es el catecismo del
“pensamiento único” que sólo apunta a sobrevalorar las bondades del mercado como único regulador de la
vida social. Lo que termina en ensayos de sustraer al Estado de todo tipo de participación económica como
excusa de que su excesivo tamaño o su aparato burocrático es un freno para el desarrollo económico. Lo
que desde nuestra experiencia durante la etapa fujimorista reveló todo lo contrario.
11
Podemos decir que fue un líder que junto con su hermano Juan Bautista Amaru, artífices del
movimiento de corte indio y segregacionista del poder colonial virreinal, tenía ansias de retornar al orden
político- administrativo del Imperio del Tawantinsuyo. Sin embargo, a pesar de hablar en nombre de la
libertad para toda América, su propuesta no rompía con España, sino que continuaba bajo la sujeción de
cualquier otro imperio que no fuese éste. Sus demandas estaban más directamente relacionadas con acabar
con la explotación al indio (mita minera, reparto de mercancías, obrajes) así como de los corregimientos,
alcabalas y aduanas. Era un cuestionamiento directo a la crisis del orden colonial español, sin promover
una ruptura de fondo con la dependencia.

43
indios, se acrecentó con la legalización del reparto de mercancías. Las quejas
no se hicieron esperar y las acusaciones implicaban que el corregidor anteponía
los cobros por efectos del reparto, a los que correspondían al tributo de los
indios” (Portocarrero, 2005: 17).

En este sentido, nuestro primer precursor de la independencia en una suerte de


alzamiento por reafirmar el ser indio, objetó la corrupción misma. Su lucha fue
contra todo un sistema que avasallaba al indio, reclamando su impronto cese.

Las prácticas por parte de los corregidores se fueron reafirmando bajo la


lógica del individualismo y su afán de lucro, fueron adoptando diversas
modalidades de corrupción, convirtiéndose en los amos de facto dentro de las
comunidades, sus acciones políticas fueron claras:

“…recurrieron además a otros mecanismos complementarios para lucrar con


su puesto político y expandir su poder económico. Se convirtieron en
propietarios o arrendatarios de obrajes para obtener directamente de estos
talleres los textiles que luego repartían” (Ibíd: 18).

Además, se debe recordar que esta lógica de la corrupción, estaba soportada


en la organización política que separó, con las reformas toledanas, la
instauración de dos Repúblicas diferenciadas: la de indios y la de españoles o
europeos. Cada una con sus propias reglas y códigos de organización, es en
ésta última en donde los corregidores encontraron sus mejores aliados pues
“con el fin de garantizarse este ardid comenzaron a nombrar a dedo caciques
que los respaldaran, individuos que no resultaban representativos para las
comunidades y que fueron consistentemente repudiados por éstas” (Ibíd: 19).

Por otra parte, dentro de este proceso de la historia peruana, para la etapa previa
a la independencia y como una forma de resistencia a la dupla poder económico
- poder político, sobresalen las denuncias del padre jesuita Juan Pablo Vizcardo
y Guzmán en el siglo XVIII contenida en su “Carta a los españoles americanos”,
con el epígrafe “Vicet amor patriae”:
“¡Qué diferencia no hay entre aquella situación momentánea de los españoles y la
nuestra de tres siglos acá! Privados de todas las ventajas del Gobierno, no hemos
experimentado de su parte, sino los más horribles desórdenes y los más graves
vicios. Sin esperanza de obtener jamás, ni una protección inmediata, ni una pronta
justicia a la distancia de dos a tres mil leguas, sin recursos para reclamarla, hemos
sido entregados al orgullo, a la injusticia, a la rapacidad de los Ministros, tan
avaros, por lo menos, como los favoritos de Carlos V. Implacables

44
para con unas gentes que no conocen y que miran como extranjeras, procuran
solamente satisfacer su codicia con la perfecta seguridad de que su conducta
inicua será impune, o ignorada del soberano” (Vizcardo, Juan Pablo citado en
Gutiérrez, 2007: 332).
Y más adelante, Vizcardo y Guzmán, agrega:

“Así es que, después de satisfacer al robo, paliado con el nombre de comercio, a


las exacciones del Gobierno, en pago de sus insignes beneficios, y a los ricos
salarios de la multitud innumerable de extranjeros, que bajo diferentes
nominaciones en España y América, se hartan fastuosamente de nuestros bienes,
lo que nos queda es el objeto continuo de las asechanzas de tantos orgullosos
tiranos, cuya rapacidad no conoce otro término que el que quieren imponerle su
insolvencia y la certidumbre de la impunidad” (Ibíd: 332 – 333).

Otro antecedente lo constituyó la experiencia de uno de nuestros libertadores


durante el proceso de independencia, nos referimos a Simón Bolívar, quien
desde una reforma institucional, si se le puede denominar así, quiso incorporar
la pena capital a los actos de corrupción, pues el asalto al erario público era
muy frecuente. La norma establecía que: “todo funcionario público, a quien se le
convenciere en juicio sumario de haber malversado o tomado para sí de los
fondos públicos de diez pesos arriba, queda sujeto a la pena capital” (Vargas,
2005: 78). Cabe señalar, que la misma pena debía darse a los jueces que no
cumplieran con aplicar el decreto.
Posteriormente, la historia del siglo XIX ha presentado numerosos actos de
corrupción, llámense contrato Dreyfus, Contrato Grace, pago de la
consolidación de la deuda. Sobre esta última:
“La centralización política fue iniciada por el gobierno de Castilla, quien recompuso
los lazos patrimoniales. Entregó el guano a manos privadas extranjeras y, con los
recursos obtenidos, centralizó la administración pública, desplazando a las oligarquías
regionales. Un sector de terratenientes obtuvo del gobierno de Echenique pagos
ilegítimos de la deuda interna por la guerra, y luego, en 1862 consiguió el comercio del
guano, arrebatándolo del control extranjero” (Dammert, 2001: 113)

Para la historia del siglo XX, salta la corrupción durante el Oncenio de Leguía,
una vez consolidado el Estado oligárquico, confirma nuevamente que se asumió
el poder del otro como una cualidad propia y personal:
“En el Perú, la década de Leguía es recordada por su corrupción por Basadre,
así como en el estudio que hizo la Comisión Kennedy en 1932 que encontró
que Juan Leguía había recibido US$ 400. 000 de Seligman BROS., un banco

45
de inversión, para no oponerse a la emisión de una serie de bonos por US$ 50
millones en 1928” (Portocarrero: 114).
Igualmente, discurriendo por los gobiernos militares, éstos no fueron la gran
excepción, podemos afirmar que el poder se fetichizó aún más con diversas
corruptelas. Lo anterior, en cuanto al fenómeno de la corrupción se refiere, hace
pensar que el período en que hubo una relativa continuidad democrática (1980-
1985) debió ser algo diferente, sin embargo, no fue así pues estuvo signado por
la gran corrupción12.
Finalmente, lo anteriormente expuesto se ve reforzado por lo que el sociólogo
peruano Manuel Dammert afirma:
“En el Estado oligárquico no había una diferencia clara entre Estado y
sociedad, entre los intereses públicos y los privados. Las relaciones de
autoridad del Estado oligárquico y sus características estaban estrechamente
asociadas a las relaciones sociales organizadas sobre el eje racial, y sobre el
eje de la propiedad de la tierra como recurso clave de la organización social. El
Estado tenía soberanía limitada, pues ya no sólo se administraban sus recursos
mediante empréstitos y representaciones bancarias y comerciales, sino que las
principales actividades económicas se empezaron a organizar bajo decisión
directa externa, con la modalidad de enclaves en el petróleo (International
Petroleum Company), la minería (Cerro de Pasco Corporation) o la agricultura
de exportación (algodón y azúcar)” (Ibíd: 113).
Por último, el balance general es que desde los inicios de nuestra vida
republicana hasta la fecha, debemos reiterar que la corrupción ha estado
presente en todos los espacios de nuestra existencia social, haciendo de ella un
fenómeno complejo de conceptualizar pero más aún difícil de eliminar. Esto, por
ser una lacra ecuménica que se expande por el sistema político en casi todos
los países del mundo, evidentemente el Perú no es una excepción.
Con ello, cobra más fuerza la idea de que: “El Perú ha tenido que soportar
guerras y desmembramientos territoriales con todos sus vecinos, ahora para
culminar y salir de todos estos desastres, tiene que soportar otra guerra, contra
el político corrompido que no le deja despegar hacia el progreso y prosperidad
de su pueblo.” (Acuña, 2001:17).

12
Desde una perspectiva de la econometría recomendamos analizas el documento de Alfonso W.
Quiroz “Costos históricos de la corrupción en el Perú Republicano” en El pacto infame. Estudios sobre la
corrupción en el Perú”. El mismo estudio hace una equivalencia entre la tasa de crecimiento económico y
su equivalencia en los posibles actos de corrupción que representó pérdidas para el erario público, es una
cronología en que se estima que las más altas tasas de corrupción se produjeron en la Consolidación de la
Deuda (Gobierno de Echenique) y los Gobiernos de Alan García Pérez (1985 – 1990) y de Alberto
Fujimori Fujimori (1990 – 2000).
46
CAPÍTULO 4:
METODOLOGÍA

La investigación se desarrolló utilizando un enfoque cualitativo, esto es, desde


una entrada propia del “Estudio de Caso”” en Ciencias Sociales. Lo anterior,
porque consideramos siguiendo a Eisenhardt que ésta “es una estrategia de
investigación dirigida a comprender las dinámicas presentes en contextos
singulares” (Eisenhardt citado en Paramo, 2011: 307). Del mismo modo, se
trata un solo caso que permitirá aproximarnos a una realidad explorando y
comprendiendo sus particularidades. Por otra parte, se pretendió:

“construir de manera más clara y concreta la realidad y minimizar la distancia


entre el investigador y aquellos a quienes estudia, de manera que pueda
comprender la interacción entre las distintas partes del sistema estudiado las
características importantes del mismo, con el propósito de que pueda ser
aplicado de forma genérica” (Paramo, 2011: 308).

Para ello fue importante, centrarnos en problemáticas de carácter


contemporáneo, que se insertan dentro de un contexto determinado y que
poseen una entrada teórica para reunir el conjunto de evidencias. Desde la
metodología mencionada se profundizó en el conocimiento previo que
caracterizaba al objeto de estudio con la expectativa de que se pudiesen
complementar nuevas explicaciones que amplíen dicho conocimiento.

4.1. Técnicas de Investigación

Después de la revisión de las diversas técnicas, se consideró oportuno recurrir


principalmente al análisis documental, entre lo que se destaca la utilización de
fuentes primarias, reflejada en el acceso a información recogida por los diversos
diarios de circulación nacional de la época. Del mismo modo, después de haber
recabado algunos documentos, se tuvo acceso a información relevante, esto es,
a documentos del mismo Ministerio de Relaciones Exteriores, como
memoranda, circulares y oficios sobre el tema.
Cabe señalar, que por la clase de documentación a la cual se accedió, se
mantiene en reserva la fuente que los proporcionó. Ello, con el objeto de respetar la
ética de la investigación, cuya base primordial es preservar la seguridad del

47
informante. Igualmente, importante, es que se realizaron entrevistas abiertas a
funcionarios diplomáticos, para indagar sobre los acontecimientos, lo que
permitió una reconstrucción de los hechos, sin ser pretensión, la producción de
un documento de corte historicista. Recodemos, que la entrevista es una
herramienta de investigación que, para este caso, al habérsela realizado a dos
diplomáticos que estuvieron directamente relacionados con el tema propuesto,
brindó, por los cargos de responsabilidad que ocupaban dentro de la
Cancillería, testimonios vitales que facilitaron una nueva lectura o mirada para
comprender una institución tan reservada como es el SDR. Finalmente, fue
fundamental el procesamiento del material bibliográfico, que, por ser escaso en
la comunidad académica, se priorizó con una orientación teórica y una mayor
focalización en los procesos en los que se insertaron los contextos.

48
CAPITULO 5:
ETAPAS HISTÓRICAS EN LA
DIPLOMACIA PERUANA.

En esta sección se presentarán a manera de síntesis las etapas o ciclos por


los que ha atravesado la diplomacia peruana desde que aparece el Estado
proclamado como un ente autónomo e independiente13, si bien es cierto, dicha
autonomía puede considerarse un proceso de larga duración, inacabado, y aún
pendiente.

Sabemos que varias de las decisiones adoptadas a nombre del Estado


peruano por sus respectivas burocracias a nivel de su política exterior,
conllevaron a un impacto en la escena regional e internacional. Dicho impacto
estuvo determinado por el accionar de una diplomacia, que para la historia del
siglo XIX y XX se caracterizó por su disposición al diálogo y la negociación. En
otras palabras, el Estado peruano siempre ha tenido un patrón de conducta en
la conducción de sus relaciones exteriores bajo una clara vocación de solución
a los conflictos, priorizando los principios de convivencia y paz internacional.

Como lo afirma el Embajador Carlos Vázquez Ayllon:

“…El Perú, desde 1821, ha sido celoso de los principios de soberanía e


independencia, de no intervención, de respeto a los Tratados libremente
acordados conforme a las normas del Derecho Internacional, y ha sido y es
decidido partidario de la solución pacífica de controversias” (Vásquez, 1978: 23)

Sin embargo, desde una perspectiva política, este apego a los principios de
convivencia internacional, no lo ha sustraído de algunas controversias en que
se tuvieron que aplicar medidas extraordinarias de uso del pie de fuerza,
llevando a situaciones de guerra o amenaza de ruptura en las relaciones
económicas, culturales con otros Estados, particularmente con los que
actualmente comparte fronteras.

13
Resulta inapropiado abrir un espacio de discusión sobre el proceso de independencia peruano y
su conquista de la libertad o mejor dicho su emancipación del poder español. Sin embargo, suscribimos las
tesis expuestas por la teoría de la colonialidad del poder, colonialidad del ser, colonialidad del saber,
respecto a que el Perú siempre ha sido un país que como Estado desde el punto de vista legal ha sido
“independiente” pero que en el espacio de la sociedad ha predominado una mentalidad colonizada. Al
respecto consultar (Quijano, Grosfoguel, Escobar, Mignolio, Dussel, Castro-Gómez, Mendieta).

49
En este sentido, queremos destacar que tardíamente, entrado el Siglo XX el
Perú estableció todas sus fronteras territoriales con sus países vecinos a
diferencia de algunos de sus pares latinoamericanos que lo hicieron en el Siglo
XIX. A pesar de ello, para el siglo XXI, hechos posteriores evidenciarían
algunos temas aún pendientes, como fue el caso del conflicto de límites con el
Ecuador, resuelto con el antecedente de una guerra denominada “Guerra del
Cenepa” (1995) y que se dio por terminada con la suscripción del Protocolo de
Rio de Janeiro y la respectiva concesión territorial de Twinza al Ecuador en
calidad de propiedad privada. Y, quizás más recientemente, la controversial
delimitación marítima con Chile que se ventilo ante la Corte Internacional de
Justicia de La Haya hasta el 201414, y que, sin embargo, Chile ha cuestionado
posteriormente la soberanía peruana sobre el Triángulo Terrestre situado en el
fronterizo departamento de Tacna (2016).

Por lo anterior, resulta oportuno preguntarse ¿Por qué la diplomacia peruana


no abordo algunos temas importantes en la Agenda de sus relaciones
internacionales? Aventurándonos a una respuesta tentativa diríamos que estas
omisiones dan impresión de la no continuidad de una posición firme y
consecuente del Estado y sus burocracias que desde el gobierno ejercen el
poder, para priorizar un posicionamiento del Perú en la escena internacional.

Igualmente, es probable que las transformaciones que ha sufrido la diplomacia


peruana hayan estado sometidas al contexto internacional en las que ha tenido
que operar, lo cual ha derivado en una limitación de su accionar, con respecto
al poder de otros Estados que han ejercido una mayor influencia en lo
económico, social, y político.

Más allá de ello, para analizar los ciclos de la diplomacia peruana, nos
guiaremos por dos criterios que nos permitirán conocer los factores externos
que en determinadas coyunturas históricas marcaron el accionar del Estado. El
primer criterio seria determinar los alcances de la diplomacia imperante cuando
no existía la Academia Diplomática (1821 – 1953). Dentro de esta fase histórica
debemos destacar dos acontecimientos importantes: el establecimiento de la
Confederación Perú– Boliviana (1837- 1839) y la denominada “Guerra del
Pacifico” con Chile (1879-1883). Y posteriormente, pasaremos revista de los
principales tratados que sellaron los límites del Perú con sus vecinos.

14
Pasaron casi dos décadas para que el Perú tomara cartas en el asunto y encarara el conflicto de la
delimitación marítima con Chile. Resulta, ilusorio considerar que dicho tema está zanjado por las
conflictivas relaciones internacionales que han sostenido ambos países.

50
El segundo criterio lo circunscribiremos a los antecedentes inmediatos a 1990,
año en que asume la Presidencia de la República del Perú el Ingeniero Alberto
Kenya Fujimori. siguiendo una perspectiva que permita abordar los asuntos de
política exterior a partir de la creación de la Academia Diplomática del Perú (1953).

En este sentido, pondremos énfasis en el Gobierno Revolucionario de las


Fuerzas Armadas que encabezó el General de División E.P. Juan Velasco
Alvarado (1968-1975) y el General de División Francisco Morales Bermúdez
(1975 -1980). Para finalizar con la “primavera democrática” de diez años
consecutivos que comprendió los Gobiernos de Belaunde Terry (1980 – 1985) y
Alan García Pérez (1985 – 1990)
.5.1. Relaciones internacionales sin Academia Diplomática (1821-1953)

Con la Constitución política sancionada por el Primer Congreso Constituyente


el 12 de noviembre de 1823, se establece que “abra tres ministros de Estado;
uno de Gobierno y Relaciones Exteriores, otro de Guerra y Marina y otro de
Hacienda” (Ugarte, 1978: 174) cuyo régimen interior de los ministerios dependía
del reglamento que haría el Congreso de la Republica.
Dicho Ministerio de Gobierno y Relaciones Exteriores se crea dentro del
proceso de convulsión independentista que traía consigo un conjunto de
expectativas a partir de la des marcación frente al poder que representaba
España en su hegemonía política. Cabe señalar, que este proceso es de un
marcado conflicto en las relaciones internacionales, principalmente desde los
países que deseaban emerger a la vida independiente y las potencias que en el
momento querían mantener su influencia de dominación y control.

Para impulsar el surgimiento en la conducción de los asuntos externos de una


manera institucional, inicialmente debemos destacar la disposición del General
San Martin quien era el más interesado en llevar a cabo la transición de un
mundo colonial a un sistema político republicano. Por esto, es importante que a
través del Decreto tres del año en mención se crean tres Ministerios: el de
Guerra y Marina, el de Hacienda y el de Estado y Relaciones Internacionales
cuya jefatura la asumiría el colombiano Juan García del Rio. Debemos precisar,
que los mismos ministerios recibirían la denominación de Secretarias de
Estado, como es sabido posteriormente el Ministerio de Relaciones Exteriores
llevaría agregada la conducción de los asuntos de Gobierno y el de Guerra
funcionaria con el de Marina.

Se destaca que, para el proceso de transición o ruptura con el poder español, la


conducta del Estado peruano seria de abierto apoyo a la integración continental

51
en defensa de los procesos emancipatorios que venían emergiendo en los
demás países latinoamericanos. Es la posición del Estado una abierta
manifestación de intento por mantener los nuevos intereses creados a la luz del
derrumbe del poder de España, siguiendo al Embajador Vásquez Ayllon:

“El Perú apoyó la idea de integrar las naciones del continente en una vasta
comunidad que las unificara y les diera un destino común. Con este espíritu
concurrió al Congreso Anfictiónico de Panamá de 1826, convocado desde Lima
por el Libertador Simón Bolívar, a través de su Secretario general y Ministro de
Relaciones Exteriores, el peruano José Faustino Sánchez Carrión, Congreso
que lamentablemente, no pudo cristalizar entonces el ideal preconizado por
Bolívar” (Vásques, 1978:27).

Estas iniciativas de integración estarían suscritas al impulso individual e


ideológico del momento de construir un espacio articulado e integrado en abierta
armonía con el destino de las nuevas Republicas. A pesar de ello, las disputas
abiertas entre los mismos caudillos que llevaron a cabo estas iniciativas, no se
pudieron ocultar porque se encontraban en abierta contradicción con algunas
ambiciones particulares y que estaban apoyadas por por otras potencias como
Francia e Inglaterra, las nuevas aspirantes a querer reemplazar a la corona
española, en su disputa por los recursos económicos en América.

A continuación, veremos parte de estas disputas y el desempeño de la


diplomacia peruana durante la Confederación Perú- Boliviana (1837-1839) y el
estallido de la guerra del Pacifico con Chile (1879- 1883).
5.1.1. La Confederación Perú - Boliviana (1832-1839)

Transcurridos los primeros años de vida independiente, en 1826 se formula la


iniciativa de llevar a cabo un Mega Proyecto de integración conocido como la
Confederación Perú-Boliviana, cuyo objetivo sería el de garantizar la
prosperidad económica a través de la unificación de dos espacios-lugares
abundantes en potencialidades humanas y recursos económicos, que en su
complementariedad perfilarían un resurgimiento idealista del extinto Imperio de
loa Incas o Tahuantinsuyo, nos referimos a la unión del Alto Perú (hoy Bolivia)
con el centro político administrativo que hacia parte del Virreinato peruano.

El caudillo militar que materializaría la ejecución de dicho proyecto, fue el Mariscal


boliviano Andrés de Santa Cruz, Capitán General y Presidente de Bolivia nacido en
Huarina (Alto Perú) (1792-1865) quien sólo logro en términos prácticos una breve y
corta aplicación de la mencionada Confederación entre los años

52
que van de 1835 a 1839. En efecto, reunidos en la localidad de Tacna, “…se
suscribió en esa histórica ciudad, tan ligada a las convulsiones y a los sacrificios
internacionales del Perú, el Pacto de la Confederación Perú-boliviana, entre los
Estados Nor y Sud peruanos, cuya independencia había sido previamente
proclamada…” (Ulloa, 1941: 261).

Esta iniciativa fue cuestionada por parte de algunos caudillos peruanos, tales
como el Presidente de la Republica Felipe Santiago de Salaverry (1805-1836),
el Mariscal Agustín Gamarra (1785-1841), el Mariscal Ramón Castilla y
Marquesado (1797-1867) que se resistían a la consolidación del megaproyecto
peruano - boliviano porque ello consideraban fragmentaría la nación la cual se
había consolidado a través de los intereses de las élites económicas limeñas
que venían comerciando a nivel internacional, y argumentando que todos estos
intereses “logrados” se verían subordinados a la causa boliviana.
Esto origino evidentemente una lucha fratricida que provoco un conflicto entre
aquellos intereses que representaban la “anexión” y los de la “separación”. A esto
debemos agregar que Santa Cruz era percibido como un líder ajeno ambicioso de
poder y generador de un sentimiento de desconfianza y apatía hacia las élites
limeñas que también lo percibían con un ostensible desprecio racial.

Lo realmente interesante del proceso conflictivo en mención es que la iniciativa de


una Confederación, digamos binacional, también representó en el plano exterior
una amenaza inminente. En particular, su decadencia, sabotaje y eliminación contó
con el entusiasta apoyo de Chile, Argentina e Inglaterra. Existe consenso en
considerar que la participación de los chilenos fue determinante en la desaparición
de la Confederación. Esta intervención represento una abierta injerencia en los
asuntos internos del Perú. Hay quienes pretenden ver la actitud de Chile como una
legítima defensa de sus intereses nacionales.

El internacionalista nacional Ulloa Sotomayor reproduce las siguientes


expresiones del Presidente chileno Joaquín Prieto (1786 - 1854):
“el plan de unir a las Repúblicas de Bolivia y el Perú en un solo Estado, bajo la
forma de confederación u otra cualquiera ha esparcido la alarma en todos los
ánimos y cuando se ha visto formar, madurar y consumar un plan tan vasto, de
tanta trascendencia a la América toda, sin que este Gobierno hubiese recibido la
menor indicación de usted, sin que hubiese percibido en Ud, ni el General
Orbegoso la más ligera disposición a oír sus votos sobre una materia que afectaba
tan de cerca la seguridad futura de Chile15, cuando hemos visto prolongarse esta
reserva hasta ahora y suspenderse durante tanto tiempo las negociaciones que
15
Las cursivas son del autor.

53
estaban pendientes, no era extraño que diéramos cabida a la desconfianza y a
presentimientos azarosos” (Ulloa, 1941: 262).

Finalmente, podemos decir que de haber prosperado la Confederación esto


hubiese sido representad un logro significativo logro para la diplomacia peruana
porque la complementación con Bolivia, habría aportado, no solo una defensa
efectiva frente a la amenaza de las potencias externas del momento, sino
apuntalar hacia una conveniente articulación político-económica.
5.1.2. La Guerra del Pacífico (1879-1883)

El tan controvertido y suscitado acontecimiento de la Guerra del Pacífico es un


episodio de tragedia política y psicológica que marca lo que será la diplomacia
peruana en el contexto internacional del siglo XIX. Es bien conocida aquella
frase que sostiene que “la historia la narran quienes han vencido, es decir los
que ganan y no los que las pierden”. En este sentido, lo aprendido en este
episodio lleno de narrativas nutridas desde distintos puntos de vista y ángulos,
debe ser de utilidad para las generaciones futuras que deberán detectar el
impacto de la guerra cuando ella sirve como un instrumento al servicio del
poder colonial y de conquista.

Sobre esta premisa la Guerra del Pacífico que fuera declarada por Chile al y
Perú y Bolivia el 05 de abril de 1879 y que se prolongó hasta 1883, dejó
muchas heridas abiertas para un país como el Perú, el que tuvo que someterse
a las condiciones del vencedor de la guerra, es decir hacia la voluntad chilena.
A pesar del accionar de la diplomacia peruana, ha resultado desalentador para
el colectivo las consecuencias que tuvo dicho conflicto bélico, pues significo
aparte de humillaciones y de numerosos vejámenes, la pérdida territorial de los
Departamentos de Arica y Tarapacá.

En efecto, transcurrían los años de 1879 y la guerra se había suscitado por


intereses económicos, esto es, la exploración y explotación de recursos tan
ricos para la época como el guano y el salitre por parte de la nueva potencia
industrial hegemónica del momento, Inglaterra. Si bien es cierto el conflicto
entre los tres países se inicia con la agresión chilena a Antofagasta, con el
pretexto del impuesto boliviano a los “diez centavos” al salitre, el Perú se verá
inmiscuido en el mismo por la exigencia chilena de que renuncie al
cumplimiento del tratado secreto suscrito con Bolivia en 1874.

A la luz de los archivos históricos, se conoce que la iniciativa de Chile de


emprender una guerra tenia propósitos de expansionismo territorial y ambiciones

54
económicas. Chile luego de ser vencido en la batalla de Tarapacá y vencedor
en las de Arica y el Alto de la Alianza o Tacna y en el Combate naval de
Angamos, ocuparía Lima la capital por más de dos años. El Perú al finalizar la
Guerra, quedó no solamente vencido sino aniquilado, por un largo período,
como consecuencia de la conquista de Tarapacá, del desastre de sus finanzas,
de la prolongada y explotadora ocupación militar (1881 a 1884) de la
inestabilidad política que fue consecuencia de otros factores” (Ulloa,1941: 302).

Fueron varios los esfuerzos de la diplomacia peruana por contener el estallido


de la guerra, pero todos fueron infructuosos ya que los aliados en este caso
Perú y Bolivia demandaban como condición previa la desocupación del litoral
boliviano, incluyendo Antofagasta y Mejillones y por su parte Chile lo
consideraba inaceptable: Ni el arbitraje ni la mediación pudieron revocar la
ilegal ocupación chilena (Ulloa, 1941)16.
Suscrito el cuestionado Tratado de Lima de 1883 que puso fin a la guerra, este
estableció que Tarapacá quedaba bajo soberanía chilena y Tacna y Arica sujetas a
un plebiscito que se llevaría a cabo en diez años y determinaría la soberanía
correspondiente. Es menester señalar que durante esos diez años Chile continúo
ocupando los dos territorios cautivos mencionados. El Plebiscito expresaría en
última instancia la voluntad de la población de ambas Provincias, decidiendo a que
país se anexarían. Cabe recordar que se fijó un monto de dinero que tendría que
pagar el Estado que se quedase con ambas provincias. Transcurrieron los años y
por manipulaciones chilenas jamás se realizó el plebiscito que se había acordado.
El Perú demostró su inconformismo por el incumplimiento de lo pactado y
nuevamente a través de su diplomacia intentaba presionar a Chile ante otros
organismos internacionales, incluida la mediación del Sumo Pontífice.

Es en este orden de ideas, que el tiempo transcurría y “más cuando se


cumplieron los 10 años el 28 de marzo de 1894, el protocolo no estaba
acordado y el plebiscito no se pudo realizar. El cumplimiento hacía más
imperativo el deber de las partes de llevarlo a cabo. No pudiendo conciliar sus
puntos de vista, el arbitraje se imponía desde ese momento como la solución
jurídica del “impasse” Siempre lo quiso el Perú en el curso intermitente de las
negociaciones. Cada vez lo rehusó Chile expresamente. Esta negativa
envuelve la prueba de su mala fe” (Ulloa, 1941: 303).

16
Es también conocida en la historia del Perú la misión Lavalle. Esta Misión no pudo conciliar con la
posición chilena. A pesar de que existía la Alianza secreta de defensa con Bolivia, el Perú planteó un conjunto
de soluciones para que Chile y Bolivia arreglaran su conflicto. Sin embargo, una vez fracasada dicha misión no
se dio marcha atrás a la ejecución armada haciéndola inevitable para los intereses de Chile.

55
Hasta este punto el Perú veía con buenos ojos el ejercicio de un arbitraje por
parte de una superpotencia que deberá decidir los términos del plebiscito que
fijaría las garantía y la concesión de los territorios. Sin embargo, esto no pudo
implementarse por una nueva negativa de Chile para someterse a la decisión
de un tercer país. En 1901 el Perú decide desplazar todos sus esfuerzos para
reivindicar esta situación y exigir a Chile el cumplimento de lo señalado, es un
momento en el que se publica la famosa obra del Embajador Alberto Ulloa
Sotomayor: “La perspectiva colombiana sobre la cuestión de Tacna y Arica” en
la que por medio de Nota diplomática al Gobierno colombiano se le solicita a un
grupo de personajes destacados de la vida nacional su opinión sobre cómo
percibían la actitud chilena de sabotear la ejecución del Plebiscito pendiente
con el Perú, apelando a una estrategia propagandística de presión.

En ese texto, cabe destacar, una cuestión común en la percepción colombiana


y peruana sobre el proceder y la disposición que ha tenido Chile en los
lineamientos de su política exterior y que en este tramo histórico se ha suscrito
a las expresiones revertidas en una carta cruzada por el Ministro chileno
Abraham Konig en Bolivia, fechada el 13 de agosto de 1900 en respuesta a las
gestiones adelantadas por Bolivia (previo a la pérdida de su salida al mar) para
formular una solicitud al gobierno chileno para acceder a un puerto y a una zona
de terreno continuo que lo ponga en comunicación con el interior boliviano. A
continuación, el comentario del citado Plenipotenciario:

“Abrigo la convicción de que un puerto propio no añadiría nada al comercio ni


al poder de Bolivia. Lo que interesa vivamente a esta nación son los caminos,
las líneas férreas, sobre todo, que la pongan en contacto con los puertos
chilenos. En tiempo de guerra, las fuerzas de Chile se apoderarían del único
puerto boliviano, con la misma facilidad con que ocuparon todos los puertos del
litoral de Bolivia en 1879. Esto no es un vano orgullo, porque sabido es de todos
los que conocen los recursos de mi país, que su poder ofensivo se ha,
centuplicado en los últimos veinte años. Si todo lo dicho más arriba es verdad,
hay que confesar, señor Ministro, que un puerto propio no es indispensable, y
que su adquisición no aumentará el poder de Bolivia en tiempo de paz ni en
tiempo de guerra…” (Ulloa, 1905: 92)

5.1.3. Principales tratados limítrofes con los países vecinos

Transcurrieron varios años para que el Perú en defensa de sus intereses


territoriales y como una estrategia diera por terminada la disputa por la realización
del Plebiscito. En efecto es con el Tratado y Protocolo Complementario de Lima

56
del 03 de junio de 192917, por iniciativa del Presidente Augusto Bernardino
Leguía (1863-1932) que se decide que Tacna se reincorporaría a la soberanía
peruana y Chile quedaría dueño de Arica y Tarapacá18. Ulloa asevera que:

“desde el punto de vista territorial, el tratado de 1929, salvaba Tacna para el Perú.
Tacna era, después de la chilenización, la más peruana de las dos provincias y su
comunicación marítima quedaba asegurada con el establecimiento del régimen de
servidumbre para el ferrocarril y para el puerto. Es cierto que Arica quedaba para
Chile, pero en Arica se había hecho más notoria la chilenización y el ferrocarril,
pactado entre Chile y Bolivia en 1905 hacia de este puerto no sólo una importante
vía internacional del comercio boliviano sino el camino natural de la aspiración de
ese país hacia el mar” (Ulloa, 1941: 318).

Por otra parte, somos conscientes que no podríamos limitar el accionar del
Estado peruano en sus relaciones internacionales con Chile. Lo que se destaca
durante estos dos grandes “acontecimientos” son los esfuerzos por consolidar
una acción del Estado o posición única frente a otros Estados o actores
internacionales. Entonces, debemos considerar, como sostuvimos inicialmente,
que las relaciones internacionales del Perú con sus países limítrofes han
pasado por momentos de relativa estabilidad y otros de conflicto.

A continuación, pasaremos una breve revista de los principales tratados de límites


ue ha suscrito el Perú con sus países vecinos. Con la Republica del Ecuador se
firmó El Protocolo de Paz, Amistad y Límites del 29 de enero de 1942 en Río de
Janeiro, Brasil; con la Republica de Colombia se suscribió el Tratado de límites y
libre navegación fluvial “Salomón – Lozano”, el 24 de marzo de 1922, el cual fue
mantenido en reserva por varios años. Fue aprobado por el Congreso peruano el
20 de diciembre de 1927 y ratificado el 23 de enero de 1928.

17
El Tratado de 1929 tenía como objeto dejar atrás las diferencias que suscitó el Tratado de Paz de
1883. Posteriormente el Tratado de 1929 establecerá de común acuerdo entre las partes un conjunto de
cláusulas que por más de 70 años fueron incumplidas por Chile. Si bien es cierto este podría ser motivo y
objeto de otra investigación, no puede ser ajeno a nuestro tema mencionar que quedan pendientes: la
construcción de un muelle dentro del Puerto de Arica para el servicio del Perú y que sirva para barcos de
calado; la construcción de una estación terminal para el ferrocarril de Arica a Tacna que pertenece al Perú,
la construcción de un monumento en lo alto del morro de Arica que simbolice la reconciliación de ambos
pueblos. De todo lo anterior solo cabe una aclaración, todas estas cláusulas no se fijaron dentro de un
plazo concreto para su realización.
18 Además, debemos agregar el Laudo del Presidente de los Estados Unidos de América, Calvin
Coolidge, referente a disposiciones no cumplidas del Tratado de 1883, de fecha 9 de marzo de 1925; y el
Tratado y Protocolo Complementario de Lima para resolver la cuestión de Tacna y Arica, de fecha 3 de
junio de 1929. Debemos destacar, que fue este último el que definió, durante el contexto del segundo
gobierno del Presidente Augusto Bernardino Leguía (1919-1930), la morfología del territorio peruano,
quedando establecidas todas las fronteras con sus respectivos hitos y coordenadas.

57
Dicho tratado represento para el Perú renunciar a sus pretensiones en los
territorios situados entre los ríos Caquetá y Putumayo, y convertía a Colombia en
país amazónico. Fue un tratado que provoco violentas reacciones que incluyeron el
incidente de Leticia del primero de septiembre de 1932. Posteriormente, el 24 de
mayo de 1934 Perú y Colombia en Rio de Janeiro suscribieron el Protocolo de
Amistad y Cooperación. El Perú deploro los acontecimientos ocurridos con
Colombia, y logro con el mencionado tratado poner fin al conflicto, quedando Leticia
bajo soberanía colombiana (Porras, 1930).

Con la República Federativa del Brasil el 23 de octubre 1851 se suscribió entre


ambos países la Convención Fluvial sobre Comercio y Navegación que se limita a
la demarcación fluvial, omitiéndose efectuar la demarcación territorial, lo cual
significo, un grave perjuicio para los intereses peruanos. De esta forma, se cometía
el error de adoptar como fundamento el principio del “Uti possidetis” que favorecía
al Brasil pues poseía más territorio en la práctica que el que legítimamente le
correspondía y no el tratado Tratado San Idelfonso de 1777 que representaba para
el Perú su legítimo título de propiedad sobre los territorios amazónicos. Recién el
08 de setiembre de 1909, en Río de Janeiro se suscribiría el Tratado de Límites,
Comercio y navegación en la Cuenca del Amazonas, “Velarde- Rio Branco” del 8
de septiembre de 1909 ocupándose de la parte territorial.

Con la Republica de Bolivia se firmó el tratado sobre demarcación de fronteras


fronteras, “Osma- Villazón”, del 23 de septiembre de 1902 (La Paz); El tratado de
Arbitraje, del 30 de diciembre de 1902 (La Paz); El Laudo del Presidente de la
República Argentina, José Figueroa Alcorta, del 9 de julio de 1909 ( Buenos Aires);
El Protocolo sobre la aceptación del Laudo argentino, del 15 de septiembre de
1909 (La Paz); El tratado de Rectificación de Fronteras, “Polo - Sánchez
- Bustamante”, de 17 de septiembre de 1909 (La Paz); El Protocolo para la
ejecución del Tratado de Rectificación de Fronteras de 1909, del 30 de marzo
de 1911 (Lima); Segundo Protocolo para la ejecución del Tratado de
Rectificación de Fronteras de 1909, del 15 de abril de 1911 (Lima); y el
Convenio que modifica el primer Protocolo de 30 de marzo de 1911, sobre
demarcación de la frontera entre los ríos Manuripe y Acre. (Porras, 1930).
5.2 La Academia Diplomática del Perú y la nueva etapa de las relaciones
internacionales (1953 -1990)
Los años posteriores a la culminación de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945)
trajeron consigo un conjunto de expectativas sobre cómo se iban a conducir los
destinos de la humanidad. Los Estados Unidos de América se perfilaban como la
gran potencia económico-militar, junto a un rival como la Unión de

58
Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) que pretendía expandir su influencia
política de igual manera. Este enfrentamiento conocido como la Guerra Fría,
llevó a la partición imaginaria del mundo en dos polos (bipolaridad) y fue la
expresión de una lucha en los campos económico, social, cultural y militar. Es
dentro de este contexto que la competencia o disputa del poder entre ambas
naciones se expandido hasta América Latina como una zona de disputa por sus
recursos económicos y estratégicos.
La participación del Perú en la denominada Guerra Fría, fue de abierta
inclinación hacia las políticas impulsadas por los Estados Unidos de América,
dicha influencia alcanzó a las burocracias nacionales que veían con simpatía
los logros de una economía capitalista que venía escalando posiciones frente al
modelo propuesto por los soviéticos. Dentro de ese contexto es que para la
década de los cincuenta se decide crear la Académica Diplomática del Perú19,
para capacitar profesionalmente a los encargados de conducir las relaciones
internacionales. Dicho espacio de preparación permitiría darles un perfil más
profesional a los futuros diplomáticos en comparación de otras épocas, en que
la formación académica de los cuadros diplomáticos estaba ausente y en el que
predominaba el favoritismo y en muchas ocasiones la improvisación.
En este sentido, tener una única vía de ingreso al Ministerio de Relaciones
Exteriores a través de la Academia Diplomática, representaría una ventaja
comparativa frente a otros Estados que en ese momento no habían
profesionalizado su vocación de servir al Estado como carrera pública y desde una
formación más integral. Queremos destacar este hecho porque transcurridos los
años, esa formación del perfil del diplomático peruano llevaría a ser elogiada por la
conducción de una política exterior de liderazgo que a continuación trataremos de
analizar. La etapa que nos interesa es la que es próxima a finales de los años
sesenta y se prologa hasta el retorno a la democracia, en los años ochenta.

5.2.1. Diplomacia político - militar durante el Gobierno del General Velasco


Alvarado (1968 – 1975) y el General Morales Bermúdez (1975-1980).

No es el momento para explayarnos sobre el contexto internacional al


momento en que se instalaron en el poder las Fuerzas Armadas revolucionarias
del General Juan Velasco Alvarado (1968-1975) en el Perú. Lo realmente
existente es que este tomó por asalto el poder a través de un golpe militar que
derroco al arquitecto Fernando Belaunde Terry (1963-1968).
19
Específicamente, “fue creada mediante Decreto Supremo Numero 326, el 18 de agosto de
1955, como Centro de Estudios Superiores y de Formación Profesional del Ministerio de Relaciones
Exteriores. Su primer Director fue el ilustre internacionalista Alberto Ulloa”. (Ministerio de Relaciones
Exteriores, 2002:1)

59
El conjunto de políticas, en pleno desarrollo de la guerra fría, adoptadas por el
nuevo gobierno, han sido consideradas de corte nacionalista. Sin temor a
equivocarnos, podemos decir que las mismas apostaban por una presencia
mayor del Estado en los asuntos del mercado y la sociedad. No resulta
casualidad que haya recibido los calificativos de “experimento que seguía una
concepción neobismarckiana” (Petras y Laporte citado en González, 2004: 51);
“especie de cuasi o protobopartismo, encarnado en un equipo de dirección
colectiva” (Kaplan, Ibíd:51); “el más importante de los regímenes militares de
orientación nacionalista popular en América Latina (Touraine, Ibíd: 51)”.

Por las medidas implementadas, caracterizamos el enfoque del proyecto


nacionalista como de abierto reformismo poniendo énfasis en la cercanía que
debían tener las Fuerzas Armadas con la ciudadanía, lo que probablemente
lograría una mayor ruptura ante las fuerzas políticas tradicionales imperantes en
el sistema político peruano. En efecto, fue un régimen militar que aplicó una
estrategia que pretendía romper con los tradicionales espacios en que se
ejercía el poder:

“…según esta doctrina, la reintegración de la política al ejercicio permanente


de los ciudadanos implicaba sustraerla de la órbita de los partidos, que eran
una consecuencia institucional de la concepción tradicional que inevitablemente
habría que superar para, a través de una serie de organizaciones sociales y
laborales, dotar de un auténtico protagonismo a los ciudadanos y a las clases
trabajadoras” (González, 2004: 51).

Esta nueva mirada, llevaría a que la Diplomacia se viese influenciada por


retomar y estimular el factor del patriotismo en los peruanos desde una acción
más directa y pluralista, de integración regional y de creciente protagonismo
internacional (Sabogal, 2009). En este sentido, dos acontecimientos concretos
podrían ser un ejemplo de lo anterior.

El primero está relacionado con la toma por parte del Ejército de la International
Petroleum Company (IPC), de nacionalidad estadunidense, asumiendo el Estado el
control total de la Refinería de Talara, como es bien sabido, los antecedentes del
conflicto con la mencionada trasnacional revelaron algunos vicios que se venían
cometiendo desde el gobierno de Belaunde Terry, como la imposición del Acta de
Talara y el escándalo de la sustraída página once. Como es bien sabido, se
decreta como triunfo para el Perú la recuperación de los yacimientos petrolíferos y
se decreta el Día 9 de octubre como día de la “Dignidad Nacional”. El segundo
hecho está vinculado a las relaciones diplomáticas con Chile, con

60
motivo de la conmemoración de los centenario de la Guerra del Pacífico, se
demostró una probable intención por parte del gobierno nacional de retomar los
territorios perdidos de Arica y Tarapacá, según los analistas chilenos, trascendió
que el plan de recuperación estaba listo para ejecutar, esta obsesión hizo que la
economía se sobrecargara con demasiados gastos militares (Elizondo, 2004),
especialmente destinados para la compra de armamento a los soviéticos.

Todo lo anterior derivo hacia un discurso confrontacional y antagonista contra


los Estados Unidos de América. Además, ello se vio reforzado por la prioridad
que puso el gobierno en establecer relaciones políticas, comerciales y culturales
con los países que pertenecían al eje de la órbita socialista. Este nuevo punto
en la agenda internacional, digamos de política multilateral, sería un
antecedente a ese principio que indica que los países deben abrir los espacios
de intercambio, independientemente de las ideologías que preconizan.

Igualmente, la diplomacia peruana apoyo el proceso de independencia que


iniciaban los países colonizados del África respecto de Europa. El Perú se
convertiría en un ferviente defensor de estos procesos de quiebre con el poder
colonial occidental, convirtiéndose en uno de los promotores del Movimiento de
los países No - Alineados, que era un espacio de diálogo que pretendía
contraponerse al predominio de las relaciones internacionales desde el modelo
Norte- Sur, patrocinado por la hegemonía estadounidense en su lucha que
librada contra la Unión Soviética.
Por lo tanto, “las relaciones entabladas entre el Perú y la potencia hemisférica, los
Estados Unidos, se sumergirán en un periodo de confrontación y negociación entre
1968 y 1973. El asunto llego, finalmente, a un periodo de distensión entre 1973 y
1975, aun cuando se siguieron dando controversias ideológicas relacionadas a la
reforma de la prensa y la adquisición de armas la entonces Unión de Repúblicas
Socialistas Soviéticas (URSS)” (Sabogal, 2009: 2)

Cabe señalar, que, si bien es cierto, el factor militar tuvo una mayor
preponderancia, inicialmente los asuntos económicos empezaron a tener una
importante presencia en los temas de la Cancillería. Además, se crearon las
Sub-Secretarias, lo cual rompía el anterior esquema vigente porque se
incorporaba el concepto de Planificación en los temas que competían al diseño
de la política exterior. Cabe señalar, que todos estos cambios, hacían que el
funcionario diplomático, estuviese más imbuido con los objetivos concretos que
debía alcanzar el Estado.

Varios factores, además del agotamiento del gobierno velasquista, sumado a


una crisis de la deuda externa que se arrastraba desde el primer gobierno de

61
Belaunde Terry, más las presiones internacionales hicieron que a través de otro
golpe militar propiciado en 1975 por el General Morales Bermúdez depusiera del
poder al General Velasco Alvarado. Debemos considerar que todo lo ganado en
autonomía nacionalista tuvo un retroceso pues el poder impuesto opto por la
mesura en el dialogo con el coloso del Norte y apuntó hacia el restablecimiento de
un ambiente de confianza propicio para la aplicación de un conjunto de medidas de
corte económico liberal. Simultáneamente, algunos de los funcionarios que poseían
principalmente una formación administrativa serian destacados en los principales
cargos directivos, dentro de la estructura orgánica del Ministerio.

En efecto, “la presencia internacional del Perú y su autonomía, ambas


ganadas en la década anterior, se vieron minadas; dando lugar a una dialéctica
de mayor dependencia y subordinación y a una desatención en las relaciones
de Europa Occidental, el resto del Tercer Mundo y los países de la órbita
socialista” (Sabogal, 2009: 4).

Eran momentos en que los Estados Unidos de América impulsaban un


paradigma para el hemisferio latinoamericano, focalizado en priorizar una
estrategia en que se le diera prioridad a la Seguridad y el Desarrollo. Consecuente
con esa orientación la Diplomacia peruana, abrazo esa doctrina y asumiendo que:

“ seguridad y desarrollo son conceptos inseparables y que el establecimiento y


ejecución de un nuevo sistema de cooperación, destinado al desarrollo integral de
los países latinoamericanos, requiere necesariamente de un instrumento
complementario que garantice las condiciones inherentes a tal desarrollo, preserve
el cumplimiento de sus normas y evite todo tipo de políticas, medidas o acciones de
carácter coercitivo que puedan afectar el normal desenvolvimiento económico,
social y cultural de los países de la región” (Vásques, 1978: 30).

Perspectivas de esta dimensión, respondían a un conjunto de normas que


estarían dictadas por los países que marcaban el paso en el desempeño del
comercio internacional, esto es, principalmente por los Estados Unidos que a
través de Organismos Financieros Internacionales como el Fondo Monetario
Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) dictaban las normas que se debían
aplicar en materia económica mundial, muchas de estas, en su mayoría
beneficiaron el flujo comercial hacia las grandes potencias económicas en
detrimento de las economías del mal llamado mundo “subdesarrollado”20.
20
Para una mayor ampliación sobre la crítica al concepto de desarrollo consultar las obras de Arturo
Escobar “La invención del Tercer Mundo. Construcción y deconstrucción del desarrollo”, Caracas: Gobierno

62
Como se mencionó antes, el gobierno militar del General Morales Bermúdez
considero prioritario empeñarse más por recuperar un acercamiento hacia los
Estados Unidos de América: “las relaciones internacionales del Perú estuvieron
marcadas por la voluntad de realinearse con los Estados Unidos y la
comunidad financiera internacional…” (Sabogal, 2009: 5).

Lo cierto es que la función diplomática se inclinó más por apoyar el conjunto


de reformas económicas y militares. Se respaldó en la estrategia de contención
de avance del comunismo. Un ejemplo de ello fue la participación del Perú en
el tristemente célebre denominado “Plan Cóndor” (1970 – 1980) 21 que se llevó
a cabo para América Latina.

5.2.2. La Diplomacia económica durante el segundo Gobierno de


Belaunde Terry (1980-1985) y Alan García Perez (1985 – 1990)
Para la década de los años ochenta, en el plano internacional se iniciarán un
conjunto de cambios en las relaciones internacionales. No solo, se asistirá a un
recrudecimiento de las estrategias de contención por parte de los Estados
Unidos en su objetivo por frenar el avance del modelo comunista (Caso
centroamericano con la intervención de Nicaragua, El Salvador y Honduras),
sino que también, ya para finales de esa década se asistirá al derrumbe del
modelo socialista, con su eventual extinción desde lo económico, perfilándose
como único poder hegemónico la economía mundo capitalista y su modelo de
Democracia representativa.

Del mismo modo, desde los Estados Unidos de América con el Presidente
Ronald Reagan y en el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte con la
Primera Ministra Margaret Thatcher, se exportarían los principios de un
liberalismo económico hacia al resto del mundo, conocido como el modelo
neoliberal22. Son los inicios de un enfoque económico que pretende superponer
el mercado a todas las relaciones sociales en donde deberán ser suprimidas
las regulaciones por parte del Estado en materia económica.

Bolivariano de Venezuela, 2007. Desde una perspectiva de las relaciones internacionales tenemos la obra
del diplomático peruano Oswaldo de Rivero “El mito del desarrollo: los Estados inviables en el siglo
XXI”, México: Fondo de Cultura Económica, 2007. Y desde una mirada de la política exterior peruana el
texto de Xavier Alcalde Cardoza “Los Estados fallidos: la influencia del desarrollo”, Lima: Centro de
Estudios para el desarrollo y la participación, 2005.
21
Organización de corte clandestina y de carácter internacional que contó con la cooperación de
varias dictaduras latinoamericanas para llevar a cabo un terrorismo de Estado con el objetivo de eliminar
la oposición a los regímenes dictatoriales y especialmente en la persecución de movimientos sociales que
se consideraban de izquierda.
22
Más adelante ampliaremos sobre los principios y premisas que rigen el modelo neoliberal,
teniendo en cuenta la segunda ola en su aplicación que corresponde a la llegada del Gobierno fujimorista.

63
Por otra parte, para la región latinoamericana el paradigma de desarrollo y
seguridad será reemplazado por el de democracia y desarrollo. Igualmente se
desatará una crisis en materia económica por la deuda externa que se inicia
con el llamado “efecto tequila” en México.

Regresando al plano de la política doméstica, será el inicio de un periodo


democrático porque se celebran Elecciones Generales el año de 1980,
resultando elegido Belaunde Terry (1980 – 1985). Simultáneamente, se debió
afrontar la radicalización de los grupos subversivos Sendero Luminoso (SL) y el
Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) con una política de guerra
total y frontal contra el Estado, porque consideraban que las burguesías
nacionales ejercían un exacerbado centralismo de los recursos para explotarlos
en beneficio propio e ir postergando la articulación de un proyecto de Nación.

En materia económica, se daría un continuismo del camino iniciado por el


Gobierno de Morales Bermúdez, y continuo con el modelo de corte económico
liberal, iniciándose reformas que permitirían atraer mayor inversión extranjera.
Se dio marcha a un proceso de comercio en las importaciones generando una
desvinculación del proteccionismo económico. Del mismo modo, se priorizo una
relación directa con la banca internacional para paliar el problema de la deuda
externa.

Por otra parte, si con el gobierno militar anterior se privilegiaron las relaciones
con los Estados Unidos de América, este nuevo acercamiento sería de mayor
profundización. Lo cual generó una simpatía por parte de las burocracias
nacionales que sintonizaban con el impacto de un modelo económico “exitoso”.
Esto se contrapuso con el agrado de un sector militar que consideraban retornar
al modelo iniciado por el Valasquismo, en que el nacionalismo fuera renacido.

Brevemente, mencionaremos algunas de las acciones más destacadas de la


Diplomacia peruana en el campo externo. En primer término, tenemos el apoyo
se brindó a los modelos de integración regional como el Pacto Andino, que
buscaba en sus espacios de negociación, la creación de un arancel externo
común. Tesis fuertemente apoyada por el Perú para aliviar la carga comercial
en las importaciones. Esto fue de la mano con una presencia efectiva de apoyo
militar a la Argentina en la denominada guerra de “Las Malvinas” (1982). Como
es bien sabido, nuestra Diplomacia, haciendo gala de sus principios de respeto
al Derecho Internacional, apoyo la defensa argentina tras el ataque militar de
los británicos que pretendían ejercer su derecho de conquista, atribuyéndose
soberanía sobre dicho archipiélago.

64
En segundo término, un impasse fronterizo con el Ecuador, fue motivo
inicialmente de una activa defensa diplomática y militar de los intereses nacionales
en la Cordillera del Cóndor. El conflicto no derivo en un enfrentamiento bélico, pero
dejo entrever una estrategia de invasión por parte del Ecuador en el Perú.

En tercer lugar, la actitud del gobierno peruano de no suscribir la Convención


de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982 (CONVEMAR), esto
en defensa de la tesis de las 200 millas marinas o mar de Grau, en
contraposición a los intereses de las grandes potencias económicas de
pretender crear un espacio de explotación de los recursos ictiológicos. Este
conjunto de acciones internacionales, continuaran hasta la modificación de
algunas con la llegada al Gobierno de Alan García Pérez (1985-1990).
En efecto, la transición democrática, es decir el traspaso del poder democrático
se dará a través de la celebración de elecciones en el año de 1985, en las que
resultará vencedor el joven abogado, perteneciente a las canteras del aprismo,
Alan García Pérez. Este debía afrontar el desprestigio que dejaba la gestión de
Belaunde, pues existía una eventual recesión económica porque el producto por
habitante estaba bajando, además de un avance contundente de la violencia
política senderista y el impago de la deuda con el FMI, incumpliendo los
compromisos económicos que había adquirido con antelación el Perú.

La posición internacional del Perú ante la coyuntura internacional fue la de


aplicar un paquete de medidas económicas de corte heterodoxo que apuntaban
hacia una nueva presencia del Estado ejecutando políticas como rescindir los
contratos petrolíferos con transnacionales de los Estados Unidos de América;
ejercer un mayor control de los precios de cambio; y en el rubro de bienes y
servicios, priorizando la producción en el sector agrario desde una reforma
alimentaria (Reyna, 2000).
Este conjunto de medidas sería impulsado de manera directa por el Presidente
García Perez. Existe consenso en considerar que se inicia un nuevo estilo de
diplomacia que será denominada de corte “Presidencialista”, sumado al énfasis en
lo económico, pero en abierta contradicción a los postulados del modelo neoliberal.
En este sentido, el tema más sensible fue el desafío que representó la diplomacia
al plantear que solo se iba destinar el 10% para el pago de la deuda externa con
los acreedores internacionales. En casi todos los foros internacionales el Perú se
convirtió en un activo denunciante de las políticas de austeridad económicas que
formulaban los organismos financieros internacionales.

“García hablo ante la Asamblea General de Naciones Unidas, donde reafirmó


su política sobre la deuda externa, criticó al Fondo Monetario Internacional y

65
al gobierno estadounidense en el tema del narcotráfico, provocando tanto una
gran ovación de los delegados como una protesta del Embajador
estadounidense Vernon Walters” (Reyna, 2000: 56).

Brevemente, mencionaremos algunos alcances de la diplomacia peruana. En


primer término, se continuó apoyando el reclamo de la Argentina por la Guerra de
las Malvinas. Además, se denunció el Tratado Interamericano de Asistencia
Recíproca (TIAR), que había quedado en cuestionamiento después del apoyo de
Chile a las Fuerzas Armadas británicas. Como se recuerda, se utilizaron bases
militares chilenas para poder atacar desde ese punto estratégico a la Argentina.

En segundo término, en varios espacios de diálogo internacional el Presidente


García propuso reducir la carrera armamentista en el mundo. Esto iba en
contracorriente con la geopolítica estadounidense de apoyar grupos armados
para desestabilizar algunos gobiernos como el caso de los Contras en la guerra
contra Nicaragua23.

En tercer término, ya en el plano regional se buscó presionar a Chile para que


cumpla con el inicio de la construcción del muelle común que estipulaba el
Tratado de Lima de 1929. Ello quedo pendiente, sin embargo, simultáneamente
se le exigió al vecino del Sur a través de la Misión Bakula, comenzar las
negociaciones del caso con respecto a la controversia por la aplicación de la
tesis de las 200 millas marinas en la frontera marítima. Finalmente, se inició una
activa participación en el Movimiento No Alineado, asistiendo a varios eventos
organizados y sosteniendo la voz de los Estados que deseaban mantener su
independencia y neutralidad ante la influencia del comunismo o el capitalismo.

23
El Perú fue uno de los impulsores del grupo de Contadora para encontrar una salida al
intervencionismo y la guerra en Nicaragua.

66
CAPÍTULO 6:
ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE
LA ESTRUCTURA ORGÁNICA DEL SERVICIO
DIPLOMÁTICO DE LA REPÚBLICA.

En este aparte presentaremos una descripción general de la estructura interna


y funcionamiento del Ministerio de Relaciones Exteriores. Acompañaremos
datos cuantitativos que ilustren y den cuenta sobre su distribución operativa,
funciones asignadas, subdivisiones en los respectivos órganos de
administración interna, número de representaciones en el exterior e importancia
y de funcionarios, y las tres situaciones en que se podrían encontrar: actividad,
disponibilidad, retiro. En suma, se pasará revista a los aspectos que permitan
comprender la naturaleza administrativa en que se articulan las metas para el
diseño y conducción de las relaciones internacionales y su relación con otros
sectores del Estado. Cabe señalar, que los datos empíricos son variables y
dependen de las coyunturas políticas que se han llevado a cabo en los
diferentes gobiernos. La información presentada no pretende ser definitiva, solo
pretende ser una aproximación a manera de un diagnóstico.

6.1. Función y estructura del Servicio Diplomático de la Republica

En la actualidad, el SDR24 es una organización formal que posee un


ordenamiento jurídico, cuya dependencia es directa del Poder Ejecutivo. Su
principal premisa consiste en ser carrera pública y:

“… está integrado por profesionales especialmente formados en la disciplina


de las relaciones internacionales, capacitados para ejercer la representación
diplomática y consular, así como promover y cautelar los intereses nacionales
en el ámbito internacional” (Ministerio de Relaciones Exteriores, 2004: 9)

Por lo anterior, debemos deducir que el SDR posee una debida estructura, la
cual deberá ser entendida en su acepción como “la suma total en que un trabajo
es dividido entre diferentes tareas y luego es lograda la coordinación entre esas
tareas” (Mintzberg en Sabogal, 2009: 96). En este sentido, para que esas
coordinaciones entre las distintas tareas, puedan realizarse deben estar
24
El Servicio Diplomático de la República adquiere esta denominación recién a partir del año
2008. Cabe señalar, que anteriormente, se denominaba Servicio Diplomático del Perú (SDP).

67
debidamente articuladas hacia la consecución de metas concretas siguiendo un
lineamiento general.
Los citados lineamientos están señalados por Leyes Orgánicas que promulga
el Ejecutivo para cada uno de los sectores que administra el Estado. Entonces,
una Ley Orgánica fija los límites y plantea los lineamientos generales de cada
sector, que, para el caso de la Cancillería, desde 1980 hasta 1990 ha sufrido
cuatro modificaciones, dos durante el Gobierno de Belaunde Terry en 1981 y
1983. Y otras dos, durante el Gobierno de Alan García Pérez en 1985 y 198825.
Nos referimos, para el primer caso, al Decreto Legislativo 113 (1981) y durante el
mismo gobierno, a la Ley 23706 (1983). En efecto, con dicha Ley se concede una
mayor facultad al Presidente de la República en la conducción de la política
exterior, y de forma diferenciada en comparación a otras leyes orgánicas26.
Podríamos decir, que, en cuanto a la planificación, el rol del Primer Mandatario
pretende marcar la nueva orientación. Es así, como se precisa en la misma: “…
corresponde al Ministerio de Relaciones Exteriores, de conformidad con la política
general del Estado, aplicar las directivas trazadas por el Presidente de la República
(…) formular sugestiones, analizar las acciones y evaluarlas” (Sabogal, 2009: 99).

Después de una breve reseña histórica de las normas legales27, que han
regido al SDR, debemos destacar que en la actualidad este se rige por la Ley
25
Como observaremos más adelante, con la llegada del Fujimorismo al poder se dictarán otras leyes
orgánicas que transformarían la proyección del ejercicio de las funciones del Ministerio de Relaciones
Exteriores.
26
Algo que resulta evidente al compararla con la Ley Orgánica 17520 expedida durante el reformismo
militar del General Juan Velasco Alvarado con la que se le asignaba al Ministerio de Relaciones Exteriores la
función de “desarrollar la gestión de la República, manteniendo las relaciones de todo orden, con los demás
Estados, así como los organismos internacionales; establecer y ejecutar la política exterior, dando especial
énfasis a la formulación de política económica internacional de integración” (Sabogal, 2009:98).
27
La Ley N°6602 de 01 de abril de 1929, gobierno del Presidente Augusto B. Leguía, constituye la ley
básica del SDR pues en ella se establece que, “el Servicio Diplomático del Perú constituye carrera pública. Solo
los que han ingresado en ella con arreglo a las disposiciones de esta Ley, pueden ser designados para funciones
diplomáticas” (Ministerio de Relaciones Exteriores, 1953:15). Posteriormente, se expide el Decreto Ley 7372 de
la Junta Nacional de Gobierno presidida por D. Samanez Ocampo, de fecha 21 de octubre de 1931 que unifica
los servicios diplomático, consular y administrativo; el reglamento del Servicio Diplomático del Perú, Decreto
Supremo N°310 de fecha 22 de julio de 1953 del General Manuel A. Odria en cuyo artículo 27 “el ingreso al
Servicio Diplomático, se realizara únicamente por la Categoría inicial de Tercer Secretario o similares, previo
concurso” (Ibíd: 48) y el artículo 28 que estipula que: “ solo podrán presentarse a dicho concurso los
funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores que hayan ingresado a él por el examen previsto en este
Reglamento, y que hayan seguido estudios de la Academia Diplomática y que cuenten por lo menos con tres
años de servicios” (Ibíd:48). El Decreto Ley 14254 de fecha 14 de diciembre de 1962, precisa que únicamente
los egresados de la Academia Diplomática pueden presentarse a Concurso. El Decreto Supremo N°568 de 16
agosto de 1968, que por mandato de la Ley 17044, definió al Servicio Diplomático y señalo sus fines
modificando el artículo 1° de la Ley 6602, redujo al quinto del total el número de Embajadores no de carrera. El
Decreto Ley 18378 de 25 agosto de 1970 expidió normas sobre la situación del personal del Servicio
Diplomático. El Decreto Ley 19647 de 05 de diciembre de 1972 reestructuro en ocho las Categorías. Ley del
Servicio Diplomático de la Republica, Decreto – Ley 22150 de fecha 25 de abril de 1978 y su Reglamento
correspondiente, Decreto Supremo N° 0003- 78 RE de 08 de junio 1978.

68
N°28091, Ley del Servicio Diplomático de la República, del 19 de octubre de
2003, modificada por la Ley N° 29797, de fecha 31 de octubre de 2011.

Por lo aseverado, podemos deducir que la principal filosofía del SDR se ajusta al
servicio de las funciones del Estado y el ser órgano ejecutor de la política exterior.
Para poder asumir tan crecientes responsabilidades, le resulta indispensable
cultivar un nivel de preparación integral, que permita una franca superación del
anacrónico criterio que contemplaba la función diplomática como una actividad
decorativa o como el campo de acción de un grupo de minorías, que ostentan
privilegios y que, en su mayoría, se presentan como ausentes de los contextos
socio-políticos de los países a los que sirven. Cabe señalar, que si bien es cierto, el
SDR proyecta la posición internacional del Estado, ésta es dirigida y conducida por
el Presidente de la República, quien constitucionalmente personifica al Estado. Al
poseer una estructura interna definida, genera acciones que se relacionan con el
entorno, lo que hace que maneje una alta cuota de secretismo en el tratamiento de
la información que administra.

Para abordar ese tratamiento de la información, requiere mención especial la Ley


N° 27444, de fecha 21 de marzo de 2001, Ley del Procedimiento Administrativo
General que establece como debe ser la colaboración entre las diferentes
entidades, sin que esto signifique renunciar a la competencia propia de cada Ley.

A renglón seguido, revisaremos la composición orgánica del Ministerio de


Relaciones Exteriores.

6.1.1. Organigrama del Ministerio de Relaciones Exteriores28

Alta Dirección:

• Despacho Ministerial de Relaciones Exteriores (MIN); Gabinete del


Despacho Ministerial (GAP); Despacho Viceministerial (VMR); Gabinete del
Despacho Ministerial (GAC); Secretaría General (SGG); Gabinete de Coordinación
del Despacho de Secretaría General (GSG); y la Dirección Nacional para Asuntos
de IIRSA (Integración de la Infraestructura Regional en América del Sur) (IIR)

Comisiones Consultivas:

• Comisión Consultiva Ad Hoc (CAH) y Comisión Consultiva (Ad Hoc)


sobre Delimitación Marítima con Chile (ADL).

28
Información contenida en el Documento del Ministerio de Relaciones Exteriores, No oficial, de
21 de agosto de 2015, de conformidad al Decreto Supremo N° 135 de 17 de diciembre de 2010.

69
Órgano de Control Institucional:

• Órgano de Control Institucional (OCI)

Órganos de Defensa Judicial:

• Procuraduría Publica (PPU)

Órganos de Línea:

• Dirección General de Estudios y Estrategias de Política Exterior (DEE):


La Dirección de Estudios y Análisis de la Política Exterior (DES); Dirección de
Política y Estrategia (PES); Dirección de manejo de crisis y prevención de
conflictos (DCP).

• Dirección General de América (DGA): Dirección de América del Sur (SUD);


Subdirección de Países Andinos (SPA); Subdirección de Mercosur (MER);
Dirección de América del Norte (NOR); Dirección de Centro América y el Caribe
(CCA); Dirección de Desarrollo e Integración Fronteriza (DDF); Subdirección de
Integración Fronteriza (DIF); Subdirección de Desarrollo Fronterizo (SDR):
Departamento de Coordinación y Archivo de la Oficina nacional de desarrollo
fronterizo (CFL); Departamento coordinador de proyectos (DCO); Oficina
Desconcentrada en Arequipa (ARQ); Oficina Desconcentrada en Cusco (CUZ);
Oficina desconcentrada en Iquitos (IQU); Oficina Desconcentrada en Piura (PIU);
Oficina Desconcentrada en Puno (PUN); Oficina Desconcentrada en Tacna (TAC);
Oficina Desconcentrada en Trujillo: por establecerse; Oficina Desconcentrada en
Tumbes (TUM); Oficina Desconcentrada en Cajamarca: por establecerse y
dirección de UNASUR y Mecanismos de Coordinación Sudamericanos (UNS).

Dirección General de Soberanía, Límites y Asuntos Antárticos (DSL):

• Dirección de Límites (LIM); Dirección de Asuntos Marítimos (AMA),


Subdirección de aguas internacionales transfronterizas; Dirección de Asuntos
Aéreos y Espaciales (AER); y Dirección de Asuntos Antárticos (ANT).
Dirección General de Europa (DGE):

• Dirección de Europa 1 (EU1); Subdirección de relaciones con la Unión


Europea (SRU); Subdirección con los países de la Unión Europea (SUE);
Dirección de Europa 2 (EU2); Subdirección de Europa 2 (SDE).
Dirección General de Asia y de Oceanía (DAO):

• Dirección de Asia y Oceanía (AOC), Subdirección de Asia 1 (AS1),


Subdirección de Asia 2 (AS2) y Subdirección de China, Corea y Japón (CCJ);

70
• Dirección de APEC y Foros Especializados (AFE), Subdirección de
APEC (SAP) y Subdirección de Foros Especializados de Asia Pacífico (FES).

Dirección General de África, Medio Oriente y Países del Golfo (DAM):

• Dirección de África (AFR); y Dirección de Medio Oriente y países del


Golfo (MOG).

Dirección General para Asuntos Multilaterales y Globales (DGM):

• Dirección de Organismos y Política Multilateral (OPM): Subdirección de


Naciones Unidas y asuntos globales (APM), Departamento de Organismos
Especializados (SOE), Departamento de Cuotas y Candidaturas (CYC),
Departamento de Naciones Unidas (ONU); Subdirección de OEA y Asuntos
Hemisféricos (OAH): Departamento de OEA (OEA) y Departamento de Asuntos
Regionales Especializados (ARE).

Dirección de Seguridad y Defensa (DSD):

• Subdirección de Seguridad Internacional, Control y Desarme (SCD),


Subdirección de Acción contra Minas Antipersonales (SAM) y Subdirección de
Asuntos Bilaterales (SAB).

Dirección de Medio Ambiente (DMA):

• Subdirección de Medio Ambiente (SMA), Subdirección de Asuntos


Ambientales Globales (SMA) y Subdirección de Asuntos Ambientales
Regionales y Bilaterales (SAR).

Dirección de Derechos Humanos (DDH):

• Subdirección de Asuntos de DDHH y Derecho Internacional Humanitario


(SDI) y Subdirección de Asuntos de Derecho Internacional de refugiados (CHU).

Dirección para Asuntos Sociales (DAS):

• Subdirección de Política Social (SPS) y Subdirección de Evaluación y


Coordinación de Proyectos Sociales (PDS).

Dirección de Control de Drogas (DCD):

• Subdirección de Asuntos Bilaterales para el Control de Drogas (BCD) y


Subdirección de Asuntos Multilaterales para el Control de Drogas (MCD).

71
Dirección General para Asuntos Económicos (DAE):

• Dirección de Negociaciones Económicas Internacionales (DNE):


Subdirección de Organismos Económicos y Financieros Internacionales (OEF),
Subdirección de Acuerdos Comerciales (NLC) y Subdirección de Asuntos de la
OMC y de propiedad intelectual (OMC).
• Dirección de Integración (DIN): Subdirección de la Comunidad Andina
(COA) y la Subdirección de la Integración Regional (INR).
• Dirección de Cooperación Internacional (DCI).

• Dirección de Ciencia y Tecnología (DCT).

Dirección General de Promoción Económica (DPE):

• Dirección de Promoción Comercial (PCO): Subdirección para América del


Norte y el Caribe (PAA), Subdirección para América del Sur (PAS), Subdirección
para Europa (PEU), y Subdirección para Asia y Resto del Mundo (PAR); Dirección
de Promoción de Inversiones (PIN); y Dirección de Promoción del Turismo (PTU).

Dirección General de Comunidades Peruanas en el Exterior y Asuntos


Consulares (DGC):
• Dirección de Política Consular (CON): Subdirección de Programación y
Evaluación Consular (PEC) y Subdirección de Trámites Consulares (TRC):
Departamento de Legalizaciones (TCL), Departamento de Actos Registrales y
Notariales (ARN), Departamento de Asuntos Judiciales y Visas (AJV) y
Departamento de Remesas Consulares (REC).

• Dirección de Protección y Asistencia Nacional (ACN): Subdirección de


Asistencia Nacional (SSN), Subdirección de Política Migratoria (PIM) y
Subdirección de Protección a Colectividades Nacionales (PCN).
Dirección General para Asuntos Culturales (TAC):

• Dirección de Política Cultural (DPC), Dirección de Promoción Cultural


(PCU), Dirección de Patrimonio Cultural (PAC), Dirección de Relaciones
Educativas y del Deporte (RED) y Centro Cultural Inca Garcilaso (CIG).
Dirección General de Tratados (DGT):

• Subdirección de Evaluación y Perfeccionamiento de Tratados (EPT) y


Subdirección de Registro y Archivo (REA).
Dirección de General de Protocolo y Ceremonial del Estado (PRO):

72
• Dirección de Ceremonial (CER): Subdirección de Actos y Ceremonial del
Estado (ACE).
• Dirección de Privilegios e Inmunidades (PRI).

Órganos de Asesoramiento:

• Gabinete de Asesoramiento Especializado (GAE): Asesoría para Asuntos


de Derechos del Mar del Gabinete de Asesoramiento Especializado (AAM),
Asesoría Parlamentaria del Gabinete de Asesoramiento Especializado (APA) y
Asesoría Jurídica del Gabinete de Asesoramiento Especializado.

Órganos de Apoyo:

• Oficina General de Planeamiento y Presupuesto (OPP): Oficina de


Programación y Presupuesto (OPR) y Oficina de Racionalización y Métodos
(ORM).
• Oficina General de Asuntos Legales (LEG): Oficina de Asuntos
Administrativos (OAA), Oficina de Derecho Internacional Público (ODI) y Oficina
de Cooperación Judicial (OCJ).
Oficina General de Administración (OGA): Oficina de Finanzas (FIN): Unidad
de Estabilidad (UCO) y Unidad de Tesorería (TES);
• Oficina de Gestión del Servicio Exterior (GSE): Unidad de Asignaciones y
Contratos en el Exterior (ASE) y Unidad de Revisión de Cuentas (UCE).

• Oficina de Logista (LOG): Unidad de Abastecimiento (ABS), Unidad de


Programación (PRG), Unidad de Adquisiciones (ADQ), Unidad de Servicios
Generales (USG) y Unidad de Eventos (UEV)
• Oficina de Control Patrimonial (PAT): Unidad de Almacén y Unidad de
Control Patrimonial (UCP).
Oficina General de Recursos Humanos (ORH):

• Oficina de Administración de Personal (OAP): Unidad de Escalafón


(ESC), Unidad de Gestión de Personal Diplomático y Administrativo (PDA),
Unidad de Promociones (UPR), Unidad de Control de Asistencia (UAS), Unidad
de Normas Técnicas (ENT), Unidad de Soporte en Sistemas y Tecnologías
(SST), Unidad de Gestión de Personal Contratado (GPE).

• Oficina de Capacitación de Personal (OCP): Unidad de Evaluación y


Capacitación (UEC) y Unidad de Perfeccionamiento Profesional (PPR)

73
• Oficina de Servicios y Bienestar Personal (OSB): Unidad de Bienestar
(BIE) (comprende aéreas de Enfermería y Psicología (AEP), de Wawawasi
(WAW), de Seguro Médico (SEM) y de enlace (Asociaciones) (AEA), Unidad de
Pasajes y Viáticos (UPV) y Unidad de Servicios al Personal (USP).
• Oficina de Remuneraciones y Pensiones (ORP): Unidad de
Remuneraciones Lima (URL), Área de Reconocimiento y Beneficio Laboral (LAB),
Unidad de Remuneraciones Exterior (REX) y Unidad de Pensiones (PEN).

Oficina General de Apoyo a la Gestión Institucional (OGI):

• Oficinas de Tecnologías de la Información (OTI): Unidad de Sistemas y


Administración de Base de Datos (SIS), Unidad de Redes e Infraestructura
(NET), Unidad de Atención al Usuario (ATU), Unidad de Telefonía y Radio
(TEL) y Unidad de Desarrollo de Sistemas.

• Oficina de Gestión Documental y Archivo (GDA): Unidad de Seguridad


de la Información (SEI), Unidad de Valija Diplomática (VAL), Unidad
Traducciones (UTD), Unidad de Biblioteca Central (BLI) y Unidad de Archivo
Central y de Gestión (ACG).
• Oficina de Seguridad (SEG)

Oficina General de Comunicación: Oficia de Prensa (PRE), Oficina de


Comunicación (COM), Oficina de Transparencia y Acceso a la Información (TAI).

Centro de Formación Profesional e Investigación: Academia Diplomática del


Perú “Javier Pérez de Cuéllar” (ADP): Subdirección de Planes y Programas,
Subdirección de Estudios y Subdirección de Evaluación.
Organismo Público Ejecutor: Agencia Peruana de Cooperación Internacional
(APCI).
Plan Binacional de Desarrollo de la Región Fronteriza Peruano- Ecuatoriana
(Capitulo peruano) (BIN): Fondo Binacional para la Paz y Desarrollo Perú-Ecuador.
Sede Lima y Oficina Descentralizada del Plan Binacional de Desarrollo de la
Región Fronteriza Perú- Ecuador con sede en la ciudad de Piura.

6.1.2. SDR: Los funcionarios diplomáticos

Las acciones de los funcionarios que pertenecen al SDR están circunscritas a


una carrera pública. Lo que hace que, desde una perspectiva interna, sus
actividades estén relacionadas a un determinado orden jerárquico, guiado por
Categorías. Ingresado29 el funcionario a la Institución, será evaluado por sus
29
El SDR está conformado por profesionales que responden a una preparación académica, y que

74
méritos, que lo destacarán por sus cualidades personales y académicas lo cual
le permitirá escalar posiciones dentro de las Categorías establecidas, bajo un
riguroso concurso anual.

Según la vigente Ley del Servicio Diplomático de la República N° 28091, de


19 de octubre de 2003, artículo 58°, dichas Categorías que componen la
jerarquía en su estructura, son las siguientes: “Tercer Secretario, Segundo
Secretario, Primer Secretario, Consejero, Ministro Consejero, Ministro y
Embajador” (Ministerio de Relaciones Exteriores, 2003: 45).
El SDR lo integran un total de 691 funcionarios diplomáticos de carrera en
Actividad, cuyo porcentaje de distribución por género es de 522 funcionarios
hombres (76%) y 169 mujeres (34%). (Ministerio de Relaciones Exteriores, 2015)
Del mismo modo, los que están en situación de Disponibilidad son 14, mientras que
los Retirados son 165. (Ibíd, 2015). En cuanto a la distribución, siguiendo el criterio
de las Categorías. Todo lo que nos da un total de: “Embajadores 104; Ministros
136; Ministros Consejeros 114; Consejeros 107; Primeros Secretarios 88;
Segundos Secretarios 64 y Terceros Secretarios 78” (Ibíd, 2015).

Del mismo modo, el Artículo 59° dispone que las funciones propias de cada
estamento jerárquico: “Son atributos inherentes de la Categoría: el tratamiento,
las responsabilidades, las remuneraciones y los beneficios determinados por la
Ley, el presente Reglamento y normas pertinentes, los cuales no pueden serles
retirados salvo en los casos previstos en la Ley. Una vez conferida la categoría,
sus atributos constituyen un derecho inherente” (Ministerio de Relaciones
Exteriores, 2003: 45).

También debemos precisar, que, según la mencionada Ley y sus posteriores


modificaciones, existen diferentes Situaciones en el caso de los funcionarios.
Estas son las de: Actividad, Disponibilidad y Retiro.

La primera situación es de Actividad, es decir, cuando el diplomático se


encuentra en las siguientes circunstancias:

“a) Al desempeñar un cargo en la Cancillería, Misiones diplomáticas, Oficinas


consulares, Representaciones permanentes ante organismos internacionales y
en las Oficinas Descentralizadas que establezca el Ministerio de Relaciones
tienen como única vía de ingreso la Academia Diplomática, que es el equivalente a un Centro Académico
de Estudios. La que sirve de tamiz para seleccionar a aquellos que podrían pertenecer a la Institución. Del
mismo modo, es la encargada de la formación y capacitación de los futuros Cuadros que ejercerán las
funciones de defensa y representación de los intereses nacionales a través de la negociación en el
extranjero, proyectando la posición internacional del Perú.

75
Exteriores. b) Al desempeñar misiones especiales o comisiones oficiales, en
representación del Estado. c) Al prestar servicios en reparticiones, organismos
públicos y gobiernos regionales. d) Al encontrarse con licencia según los casos
establecidos en el artículo 10º de la presente Ley”. (Ministerio de Relaciones
Exteriores, 2014: 6)

La segunda situación, de Disponibilidad ha sido practicada, usualmente, como un


derecho a petición de los funcionarios para evitar ser parte de situaciones políticas
que comprometan su integridad personal y moral. Un ejemplo es cuando se
presentó el autogolpe del 05 de abril de 1992, en el que algunos funcionarios
solicitaron su pase a la Disponibilidad, pues no compartían las acciones políticas de
ese gobierno. En otras palabras, se asume que el funcionario solicita su
suspensión temporalmente de su situación de actividad. Siguiendo la Ley N°28091
se especifican los casos en que se da la situación en mención:

“a) Enfermedad o incapacidad física o psíquica temporal, cuyo tratamiento


exceda el período máximo de licencia por enfermedad; o b) a su solicitud,
debidamente fundamentada y aprobada por el Jefe del Servicio Diplomático.

En ningún caso la situación de Disponibilidad da derecho a la acumulación de


tiempo de servicios. Los funcionarios en situación de Disponibilidad como
consecuencia del literal b), no gozan de los haberes correspondientes”. (Ibid:6)

La tercera situación de Retiro se presenta cuando el funcionario se encuentra


definitivamente apartado de la situación de Actividad y se da en los siguientes
casos:

“a) Al cumplir los setenta años de edad o veinte años en cualquier categoría,
lo que ocurra primero. Disposición Complementaria, Final y Transitoria de la Ley
Nº 29318, Ley que modifica diversos artículos de la Ley Nº 28091, Ley del
Servicio Diplomático de la República, publicada el 20 de enero de 2009:
TERCERA. - Pase al retiro El inciso a) del artículo 18º, relacionado con los
veinte años de permanencia en la categoría, se aplicará a los nuevos ascensos
y a aquellos funcionarios diplomáticos que ascendieron por última vez después
del 1 de enero de 2000. (…) b) Por enfermedad o incapacidad física o psíquica
permanente. c) Por exceder el límite de permanencia en la situación de
disponibilidad. d) Por renunciar a la nacionalidad peruana. e) A su solicitud en
forma escrita. f) Por medida disciplinaria”. (Ibíd: 7)

76
6.1.3. Relación y dinámica presupuestaria de las Representaciones
diplomáticas del extranjero.
El SDR posee a nivel internacional 59 representaciones diplomática. Cuyas
sedes se encuentran en las siguientes regiones del mundo30:

a. En África, Medio oriente y países del Golfo: En Reino de Arabia


Saudita; República Popular y Democrática de Argelia; República Árabe de
Egipto: República de Ghana y Estado de Kuwait; Reino de Marruecos; Estado
de Katar y República de Sudáfrica. (Ministerio de Relaciones Exteriores, 2015)

b. América Central y Caribe: República de Costa Rica; República de


Cuba; República de Guatemala; República de Honduras; República de
Nicaragua; República de Panamá; República Dominicana; República de
Trinidad y Tobago (Ibíd, 2015).

c. América del Norte: Canadá; Estados Unidos de América; Estados


Unidos Mexicanos (Ibíd, 2015).

d. En América del Sur: República de Argentina; Estado Plurinacional de


Bolivia; República Federativa del Brasil; República de Chile; República de
Colombia; República de Ecuador; República de Paraguay; República Oriental
de Uruguay; República Bolivariana de Venezuela (Ibíd, 2015).

e. Asia y Oceanía: Australia; República Popular China; República de


Corea; República de la India y la República de Indonesia; Estado de Israel;
Japón; Malasia; República de Singapur; Reino de Tailandia; República de
Turquía; República Socialista de Vietnam (Ibíd, 2015).

f. Europa: República Federal de Alemania; Reino de Bélgica; Austria;


Reino de España; República Francesa; Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda
del Norte; República Helénica; República Italiana; Reino de los Países Bajos;
República de Polonia; República de Portugal; República Checa; República de
Rumania; Federación Rusa; Santa Sede; Reino de Suecia; Confederación
Suiza (Ibíd, 2015).

Cada una de las representaciones diplomáticas en el exterior cuentan con el


personal administrativo correspondiente y tienen como principal responsable de

30
Para efectos de la presente investigación se han omitido las misiones acreditadas ante Organismos
Internacionales. En este sentido, el Perú como miembro de los organismos promovidos por Occidente y en
especial aquellos que emergieron dentro del contexto de la post- Segunda Guerra Mundial y por razones
geoestratégicas pertenece a las que corresponden al hemisferio regional con excepción de la Alianza
Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) y al Mercosur.

77
sus actividades al Embajador, quien es considerado como un agente
diplomático31, es el cargo de mayor importancia habida cuenta que centraliza y
coordina las decisiones que representan al Estado peruano en el país receptor.

Según el artículo 27, “los miembros del servicio diplomático en situación de


actividad con categoría de Embajador pueden ser nombrados en el exterior a
los cargos de Jefe de Misión diplomático o consular, Representante
Permanente ante organismos internacionales o Embajador en misión especial”
(Ministerio de Relaciones Exteriores, 2003: 17).

Los agentes diplomáticos deberán pasar por un filtro al, que es la aceptación por
el receptor en el que ejercerán sus funciones. Al mismo tiempo, el Embajador
asignado deberá presentar las respectivas cartas credenciales que lo acrediten
como tal, y que le otorgan los Plenos Poderes como una extensión de la investidura
presidencial. En principio, el criterio de asignación se da priorizando a los
funcionarios que están en situación de actividad o excepcionalmente en Retiro.
Cabe señalar, que también se contempla la posibilidad de que los cargos de
Embajador en el extranjero puedan ser ocupados por funcionarios que no
pertenecen al SDR, esto es, por una facultad especial que tiene el Presidente de la
República de nombrar en calidad de Embajadores a personas ajenas a la carrera,
que sean de su absoluta confianza. “En ningún caso, estos nombramientos
exceden el veinte por ciento del total de los Jefes de Misión Diplomática y
Representaciones Permanentes que el Perú tenga acreditados en el exterior”.
(Ministerio de Relaciones Exteriores, 2014:16). El presupuesto Nacional de la
República que se fija anualmente, permite asignar los montos respectivos para los
gastos que llevan a cabo las Representaciones diplomáticas del Perú en el
extranjero, como la difusión cultural, las actividades consulares, las de promoción
económica y el apoyo a los peruanos en el exterior, entre otras.

La información más reciente que disponemos sobre el particular la hemos


sustraído del contexto de la presentación del Señor Canciller para sustentar
ante el Pleno del Congreso de la Republica, los Proyectos de Ley de
Presupuesto de su ramo, referentes al Endeudamiento y de Equilibrio
Financiero para el Ejercicio Fiscal 2014, en el que se estipula:
31
Según el Convenio de Viena de 1961, esta denominación es entendida como “el Jefe de la Misión
(persona encargada por el Estado acreditante de actuar con carácter de tal) o un miembro del personal
diplomático de la misión, es decir, los miembros de la misión que posean calidad de diplomático. El
agente diplomático es, pues toda persona – jefe de la misión o miembro de la misma- acreditado con
carácter diplomático ante el Estado receptor, que figura en la lista diplomática y goza de estatuto
diplomático”. (Unión Postal Universal, 2014)

78
“el Presupuesto del sector es apenas una fracción muy pequeña del
Presupuesto Nacional. Al cierre de 2014, el Presupuesto institucional
modificado alcanzara la suma de S/. 661 millones, con un nivel de ejecución
estimado en torno al 94%. Para el 2015, los recursos asignados en el proyecto
del Presupuesto al sector Relaciones Exteriores ascienden a S/. 581 millones”
(Ministerio de Relaciones Exteriores, 2014: 1).

En el mismo documento se señala que dentro del proceso de modernización


de la Cancillería, se hará una distribución del 70% de los recursos para financiar
los programas de presupuesto por resultado, un 25% para el programa de
“Optimización de la política de protección y atención a las comunidades
peruanas en el exterior” y un 45% para el “Fortalecimiento de la política exterior
y de la acción diplomática” (Ibid:1).

79
CAPITULO 7:
EL SERVICIO DIPLOMÁTICO EN EL GOBIERNO
DE ALBERTO FUJIMORI (1990 – 1995)32

7.1. La coyuntura política en la década de los noventa.

En las elecciones de 1990, Alberto Kenya Fujimori venció en la segunda


vuelta electoral al laureado literato Mario Vargas Llosa del partido político
Frente Democrático (FREDEMO)33 con un 56,5% de los votos. En el
mencionado proceso electoral:

“…el independiente que se va a constituir como el outsider por excelencia en


la coyuntura será Alberto Fujimori: un ex rector de universidad nacional (escuela
particularmente dura para el aprendizaje político en el Perú) que apuesta a ser
Senador y termina elegido Presidente de la República…” (Lynch, 1999:. 241).

El partido político que llevó al poder a Fujimori era Cambio 90, éste poseía una
gran representación y mayoría en el Congreso de la República, lo que no impidió
que el nuevo Presidente pudiese llevar a cabo un conjunto de reformas34. Dicha
agrupación estaba conformada por profesionales independientes y pequeños
empresarios, los cuales en su mayoría eran protestantes evangélicos. Para el
proceso electoral, el apoyo de los evangélicos fue imperativo, ésta agrupación
religiosa constituía apenas el cinco por ciento de la población peruana pero
contaban con un cuarenta por ciento dentro del mencionado partido y aplicaron
32
Para estudiar el impacto del gobierno de Fujimori y en especial el fenómeno del fujimorismo, la
referencia bibliográfica resulta abundante desde la experiencia peruana. Sin ánimo de dejar de considerar algún
documento, queremos destacar los aportes de Agustín Haya de la Torre “Ensayos de sociología política”.
Editorial UNMSM, Lima 2005 y “Dictadura y democracia: la crisis en el estado republicano” Lima: Foro
Democrático, 2003. Además, el de Henry Pease García y Gonzalo Romero Sommer. “La política en el Perú del
Siglo XX”. Fondo editorial PUCP. 2013. Desde una mirada económica el trabajo de Carlos Parodi Trece. “Perú
1960-2000: políticas económicas y sociales en entornos cambiantes”, Lima: Universidad del Pacifico. 2000;
Oscar Ugarteche. “Adiós estado, bienvenido mercado”, Editorial UNMSM, Lima. 2000.Y desde una perspectiva
sociológica tenemos a Héctor Béjar “Justicia Social, política social”. Lima: Derrama Magisterial 2014; Planas
Pedro “El Fujimorato. Estudio político – constitucional”. Lima: Disegraf. 1999.
33
Agrupación política constituida en 1988. La integraban el Movimiento Libertad, Acción Popular
y el Partido Popular Cristiano, que se constituyó en una Alianza o coalición para enfrentar el fenómeno
Fujimori, como candidato que se presentaba por fuera de los políticos tradicionales. Esta agrupación de
ideología liberal – económica tenía una visión de los problemas del Perú que sólo debían ser resueltos a
través de medidas que reducían el papel del Estado en cuestiones de mercado.
34
Como veremos más adelante, el Autogolpe de 1992 fue un acto político que permitió a Fujimori
concentrar todos los poderes en el Ejecutivo, introduciendo una forma de gobernar conocida como
“Autocracia” en la que se tomaban decisiones a través de Decretos Supremos y de Urgencia, con el
propósito de intervenir las instituciones del Estado, entre las que abordaremos al Servicio Diplomático.

80
técnicas de proselitismo político en la recaudación de votos, que permitieron la
conquista del poder, y una vez que cumplieron su objetivo, fueron dejados de
lado35. Además, la estrategia del nuevo gobierno, era mostrarse antes de llegar
al poder, como una carta nueva en política. En este sentido, las expresiones del
mismo Fujimori eran reveladoras, cuando de política se trataba, procurando
marcar distancia con respecto a sus oponentes:

“Cuando la corrupción ha avanzado tanto- prosiguió-, se requiere un proceso


largo de depuración. No hay una receta que cure esto de inmediato. En primer
lugar hay que designar a gente proba. Los ministros designados deben poseer
esta cualidad. El ejemplo es parte de la educación. Entonces, allí podemos
empezar un proceso gradual de moralización en el país. Yo advierto que
cualquier inmoralidad será severamente castigada” (Cuadros, 1990: 30)36

Está marcada posición en contra de la clase política tradicional, pretendía


perfilarlo como una alternativa diferente a las ya conocidas. En particular, su
discurso político en materia económica abrazó la mesura y ofreció un proceso
gradual de recuperación económica. Sin embargo, una vez en el poder la
correlación entre el discurso político y la praxis serán contradictorios pues
emprendió la aplicación del modelo neoliberal:

“... Una vez asumido el poder, Fujimori, pese a haber sido electo por su
oposición al programa neoliberal defendido por Mario Vargas Llosa, adoptó una
política económica neoliberal y un proyecto político autoritario y conservador,
destruyendo el Estado de derecho peruano, e instaurando una dictadura
solapada…” (Dos Santos, 2006: 16)

Entonces, este giro neoliberal de la segunda ola expansiva trajo consigo un


conjunto de reformas económicas que se aplicaron drásticamente en América
Latina y en la que sus defensores aseguraban que sólo una desregulación de la
economía y privatización, adicionada a la competencia, eliminarían el conjunto
de procesos burocráticos. Además, lo anterior permitiría aumentar la eficiencia y
la productividad, mejorando la calidad de las mercancías, disminuyendo costes
a través de la oferta de bienes y servicios, a menor costo y a través de la
reducción de cargos fiscales (Harvey: 2007).
35
Para una mayor ampliación sobre el impacto del fujimorismo en los partidos políticos y en
general en el sistema de partidos políticos desde una visión antropológica, consultar: Carlos Iván
Degregori y Carlos Meléndez “El Nacimiento de los otorongos. El Congreso de la República durante los
gobiernos de Alberto Fujimori (1990 – 2000). IEP, Lima. 2007.
36
Estas expresiones fueron revertidas cuando Fujimori era candidato a las elecciones de 1990 y
concedió una entrevista al diario “Pagina Libre”. En Cuadros Luis “Fujimori: Crónica de una infamia
política” pp. 30.

81
7.1.1 Diplomacia presidencial y reinserción económica.

Por lo anterior, una de las primeras medidas políticas que ejecutó Fujimori fue
rodearse de un conjunto de nuevos burócratas para ocupar las principales
carteras ministeriales.

Para el caso del SDR, se nombró como Ministro de Relaciones Exteriores al


Embajador de carrera, el reconocido diplomático Luis Marchand Stens. Nos
comenta el Embajador Pareja Lecaros que “la prioridad de este gobierno estuvo
dirigida, en un primer momento, a ubicar funcionarios públicos con buena
reputación para irradiar una imagen positiva en el exterior”. En este sentido,
continúa afirmando “Fujimori no tenía un conocimiento acabado sobre la
realidad del Ministerio de Relaciones Exteriores, muy por el contrario, ignoraba
temas de política exterior”.

Este desconocimiento de la cuestión organizacional sobre una dependencia del


Estado como el SDR, sumado al afán por enfrentar los problemas inmediatos que
hacían referencia al impacto económico que había dejado el gobierno de Alan
García Pérez (1985 – 1990) en donde la inflación llegaba al 2.700% (Klarén: 2004).
Esto había traído como principal consecuencia el aislamiento económico por parte
de la comunidad financiera internacional debido al no pago de la deuda externa.
Así mismo, la política estaba manchada de casos de corrupción política
generalizada, en donde los espacios de la administración pública se veían copados
por prácticas que afectaban a las instituciones. Sin dejar de mencionar, la guerra
fratricida interna por el incremento de la violencia política.

Para enfrentar dicha coyuntura, la historia es conocida, a nivel doméstico se


aplicaron un conjunto de reformas económicas denominadas “Fujishock”, las
cuales tuvieron como fundamento instalar una reducción del Estado en los
asuntos económicos:

“… Fujimori no tardó mucho tiempo en actuar. Unas cuantas semanas


después de asumir el poder decretó un paquete de estabilización ortodoxo
realmente draconiano, mucho más duro que cualquier otro que Vargas Llosa
hubiese contemplado. Atacando la inflación desbocada el Gobierno cortó los
subsidios de los precios y el gasto social y aumentó las tasas de interés y los
impuestos...” (Klarén, 2004: 491).

Igualmente, todo ello, fue caldo de cultivo para que en materia económica se
abriera paso a:
“…la privatización, la desregulación de los mercados laboral y financiero, reformas

82
tributarias y arancelarias, incentivos a la inversión y la descentralización de
algunos servicios sociales. En una medida pensada para restaurar la confianza
de la Banca Mundial y reinsertar al Perú en la economía mundial, Fujimori
comenzó a pagar mensualmente a las instituciones financieras internacionales
sesenta millones de dólares de la deuda externa peruana, que ahora sumaba $
21.000 millones”(Ibíd: 491)

Entonces, para ejecutar este paquete de medidas y pagos tuvo que contar con
la aplicación de la denominada diplomacia presidencial. Esta estrategia pasaría
por un filtro directo, por el cual, el Presidente de la República, amparado en la
ley37 asumirá plenamente la conducción de la política exterior, con el objetivo de
centralizar todas las funciones en la presidencia y ganarse la confianza de los
organismos financieros internacionales.

Esto se reforzará por una iniciativa presidencial de ejecutar una campaña


mundial a tal punto que lo constatamos en lo que informa en su editorial de
esos años el Diario La República: “el fujimorismo ha confundido hasta hoy los
viajes presidenciales con la política exterior, mezclando las relaciones públicas
con lo que debería ser un diseño coherente que reemplazara al que existió y
ahora no se aplica…” (Ver anexo 01).

Con todo este lobby o campaña de reinserción internacional nos preguntamos


¿Cómo se logró una conexión con la banca internacional, para iniciar un
proceso de cambio en la aprobación de dichos paquetes de ayuda? No cabe
duda que el SDR jugó un rol protagónico y fundamental.

Focalizar todos los esfuerzos en el sentido de contar con un paquete de reformas


económicas, financiado por el exterior, pasaba por recuperar la credibilidad
internacional sin discutir con otras fuerzas políticas a nivel de la politica doméstica.
Por ello, “…el tema de la deuda fue definido como económico y puramente
técnico…” (Teivainen, 2001: 185). El plan de reinserción económica estaría en
sintonía con la comunidad económica internacional aceptando el condicionamiento
de un conjunto de medidas dictadas por parte de las instituciones financieras
multilaterales, siempre y cuando el Perú continuase siendo un buen
37
La Ley del Servicio Diplomático 0339-88, que regía para el momento en que Fujimori se encontraba
en funciones, señalaba: “Corresponde al Ministro de Relaciones Exteriores, de conformidad con las directivas
del Presidente de la República, formular, conducir, y evaluar la política exterior; ejercer, a través de su Servicio
Exterior, las actividades inherentes a la función diplomática; actuar como órgano de Gestión del
Estado en asuntos internacionales; y negociar y suscribir tratados internacionales. Coordina con el Ministerio de
industria, Comercio Interior, Turismo e integración las acciones de integración regional y sub- regional.
Asimismo, coordina con el Ministerio de Economía y Finanzas, en todo lo concerniente a las políticas y asuntos
económicos y financieros del Estado, y con el Instituto Nacional de Planificación y los Gobiernos Regionales,
las acciones correspondientes a la cooperación técnica internacional” (Padilla: 1997: 91)

83
pagador de la deuda y con ello aspirar a nuevos préstamos, como se detalla en
la siguiente Tabla:

Tabla 3. Financiamiento externo y su relación con el Perú 1991 -1992.

Actores Objetivo Político Estrategia Condicionamiento Balance


Internacionales Económico

Asistir al Perú en Préstamos puente Morosidad con el FMI sería Préstamos


su camino a la dirigidos a financiar financiada con apoyo del mismo deuda: FMI:
Grupo de Apoyo: reinserción política económica Fondo. US$ 725
EEUU, Italia, del país necesitado. millones
España, Canadá,
BM: US$927
Alemania y Japón.
millones
Más tarde Chile y
Promesa de
México.
envío de técnicos BID: US$ 425
especializados en el millones.
tema de la deuda.
M o n t o
asignado: US
B a n c o Prestar dinero al Aceptación de un Enlazar un nuevo paquete $425 millones
I n t e r a m e r i c a n o Estado peruano pago secuencial por de préstamo amarrado a una
Desarrollo (BID) como gesto de parte del Perú. amortización directa al Banco
confiabilidad Mundial
crediticia.

Prestar dinero al Reprogramación de Refinanciamiento sujeto a la Desembolso al


Estado peruano la deuda multilateral. aplicación de un programa Club de París
como acreedor Hasta por 20 años dictado por el FMI. (1991 -1992):
de la deuda, más un ingreso de US$ 300
sinónimo de dinero positivo. millones.
Club de París
confiabilidad
crediticia

Recuperar el Iniciación de Estado peruano debe ponerse Suspensión


monto perdido procesos judiciales de acuerdo con las multilaterales de juicios.
Bancos, Citibank, por concepto de contra el Estado y con los gobiernos involucrados Deuda total
Bank of America, deuda heredado como mecanismo de antes de solucionar los juicios con la Banca:
Nova Scotia, Bank en el gobierno de presión política. con la banca. Alivio de la deuda US$7003
of Tokyo Alan García según la fórmula “deuda por millones.
privatización”

Fuente. Elaboración propia con datos tomados de Teivainen (2001).

84
En este sentido, afirma el Embajador Pareja Lecaros que en todo este proceso:
“fue fundamental el papel del Embajador SDR, Ex Secretario General de las
Naciones Unidas Javier Pérez de Cuellar, quien fue un nexo eficiente ante la banca
internacional, haciendo las veces de mediador e intermediario entre el Estado y los
directores del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial”.

En este orden de ideas, en el suplemento del Diario “Caretas”, del 04 de


noviembre de 1991, se destacaba que “Fujimori le debe mucho a Javier Pérez
de Cuellar, quien en una operación sin precedentes, reunió en la ONU, ya en
Julio de 1990, a los capos del FMI, Banco Mundial y BID para entrevistarse con
un presidente electo”(Ver Anexo 02).
Por otra parte, el mencionado papel de este diplomático no podía estar
desarticulado de otros ministerios. Caso concreto, fue el del tecnócrata, su
segundo Ministro de Economía Carlos Boloña, graduado de la Universidad de
Oxford, quien dio la siguiente declaración ante miembros del FMI y el Banco
Mundial, que:
“…el Perú estaba dispuesto a privatizar no sólo sectores como la minería y el
petróleo, sino también la seguridad social, los fondos de pensiones, la educación y
la salud. Exactamente un mes después, en Radioprogramas del Perú, Boloña
expuso las ideas en las que se sustentaba su programa argumentando que la ética
debía dejarse de lado, y que el mundo estaba buscando eficiencia y que el
mercado se la podía proporcionar” (Teivainen, 2001: 191-192).
Este conjunto de medidas draconianas, penetró al promedio de las instituciones
públicas del Estado, priorizando una racionalidad instrumental que obedecía a un
marco institucional que ya se había modificado iniciando supuesto “proceso de
modernización estatal – en el cual el Estado adelgazó su aparato de control mientras al
mismo tiempo privatizaba- se abrió un horizonte importante de toma de recursos
públicos por los agentes políticos y económicos del país” (Ugarteche, 2004: 32).

7.1.2. La autocracia fujimorista y su impacto en las instituciones del Estado.

Como ya vimos, Fujimori al haber aplicado un conjunto de políticas económicas a


la par de otras medidas políticas para contrarrestar la situación del conflicto armado
interno, el 05 de abril de 1992, decide dar un autogolpe, clausurando los otros
poderes del Estado y concentrando todo su poder en el Ejecutivo. Este conocido
autogolpe se hizo, estableciendo una autocracia entendida como:

“… la concentración del poder político en un único detentador del poder, sea una
persona individual (el dictador), una asamblea, un comité, una junta o un partido.
Su “telos” es el orden, la obediencia, la disciplina militar. Puede apelar a fórmulas

85
“democráticas” o a liderazgos populares, con sólo valerse de la identificación
personal o carismática con el total de la población, negando la pluralidad
política e ideológica y procurando presentarse en calles y plazas, y en la radio o
canales de televisión, como encarnación del propio Estado” (Planas, 1997: 51).
Para aplicar este cambio radical en la manera de gobernar el país se instauró un
poder monocéfalo, que hay que señalar, esto no habría sido posible sin el apoyo
del ex asesor del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN) Vladimiro Montesinos
Torres, quien desplegó una estrategia de copamiento y control de la mayoría de las
instituciones del Estado a través de una red de corrupción, constituyendo lo que
algunos autores denominan un Estado Mafioso (Pease, Durand, Dammert, López,
Degregori, Grompone, Gonzáles). Lo anterior se logró, soportando su base política
en un trípode38: ejército, poder económico (empresarios)39 y medios de
comunicación (Dammert: 2001). El trípode que se soportaba en el ejército, fue
legitimado por el contexto de violencia política que afrontaba el país, fue el pretexto
ideal, para concentrar toda la atención en las fuerzas armadas, otorgándole al
Presidente todas las atribuciones para afrontar el contexto de anarquía en la lucha
por consolidarse en el poder. En este sentido, se dictaron decretos legislativos y de
urgencia para este cometido, quebrando toda posibilidad de discusión política en
las estrategias que se implementarían para enfrentar la citada problemática. Uno
de los decretos más sorprendentes fue el:

“…DL N°- 743 del Sistema de Defensa Nacional, hubo dos observaciones
importantes. La primera permitía la intervención de las fuerzas armadas para
restablecer el orden interno aun cuando el estado de excepción no haya sido
declarado. Concentraba el poder de decisión de la guerra ya no en las Fuerzas
Armadas sino en la alta dirección del Sistema de Defensa Nacional, formada
por el Presidente de la República, el Presidente del Consejo de Ministros y
otros” (Pease, 2010: 27).
El mencionado trípode de la corrupción, apoyado en las fuerzas armadas,
garantizó la permanencia en el poder de la autocracia. Sin embargo, otras
instituciones del estado no estuvieron ajenas a su influencia. En este sentido, es
conocido el diagnóstico que preparó la Iniciativa Nacional Anticorrupción (INA),
pues resulta revelador que el fujimorismo también jaqueó a la Contraloría40
38
Como lo pretende demostrar esta investigación el trípode será: Fuerzas Armadas, élite
económica y el SDR.
39
Para ampliar este aspecto, es relevante el caso del empresario Joy Way quien estuvo implicado
en casos serios de corrupción por la contratación de empresas vinculadas a los directores, alquiler y venta
de propiedades a precios subvaluados, y pólizas de seguros sobrevaluadas en la adquisición de aeronaves
para el Estado (Portocarrero, 2005)
40
Las instituciones que conforman el Sistema Nacional de Control, con la Contraloría General a la
cabeza, deben a través de sus procedimientos de pre-auditoría, auditoría concomitante y post-auditoría, vigilar
ceñudamente el comportamiento de los funcionarios públicos que se encargan de la ejecución de los

86
General de la República, dejando sin investigar y en la impunidad, actos de
peculado, malversación de fondos, colusión con importantes grupos del poder
económico, esto es, sin que estos entes cumpliesen con su debido role
fiscalizador. Según el sociólogo Manuel Dammert Ego Aguirre, la autocracia
operó bajo una modalidad en que:
“cada día se gobernó más desde el poder oculto. Se suscribían actas de sujeción
– como las de los congresistas que eran comprados por la mafia y la suscrita
por todos los oficiales de las Fuerzas Armadas- y se celebraban contratos
privados de compra venta de servicios y favores del Estado. Los decretos
supremos dejaron de pasar por el Consejo de Ministros y no se dio cuenta de
ellos al Congreso. Desapareció la responsabilidad pública y el control de la
misma. Este sistema obliga a que los otros poderes se conviertan cada vez más
en guardianes defensores y soportes de un régimen que se va aislando y
encerrando en su propia dinámica corrupta” (Dammert, 2001: 21).
Igualmente, el historiador Antonio Zapata, describe que después de haber
participado en una de las Comisiones de Fiscalización del Congreso para
esclarecer los actos de corrupción de la autocracia fujimontesinista, una de las
conclusiones fue que:
“El neoliberalismo le otorgó credibilidad a Alberto Fujimori, y le permitió también
algunas de sus medidas mejor pensadas, las cuales le depararon apoyo de
diversos sectores. Por su parte el gobierno aprovechó el neoliberalismo para atraer
cuadros profesionales. Es decir, propuestas de transformación integral del país y
un mensaje sobre cómo lograr el desarrollo nacional” (Portocarrero, 2005: 251).

Finalmente, los investigadores del área de sociología y política del Instituto de


Estudios Peruanos, Julio Cotler y Romeo Grompone califican al régimen
fujimontesinista como “un gobierno de camarilla”. Afirman que:
“la camarilla se plasma, entonces, en un grupo limitado de personas que
establecen vínculos de lealtad basados en intereses compartidos que se definen en
el momento mismo de su surgimiento, que exige manejos de poder de origen
extrainstitucional y compromisos que se sostienen en lealtades restringidas
asociadas a lo que cada uno sabe del otro en temas como la corrupción o las
violaciones de los derechos humanos” (Cotler, Grompone, 2001: 108 – 109).

gastos públicos –pensando simultáneamente en la corresponsabilidad que determina el artículo 407º del
Código Penal vigente-, a fin de atajar de una vez, por todas y definitivamente, la comisión difundida del
delito de malversación, que bien podría incluirse entre los que para distinguirlos de los delitos callejeros
que cometen los ladrones y ladronzuelos, o también conocidos como “delincuentes de cuello blanco”.
(Sutherland, 1940)

87
CAPÍTULO 8:
CAMBIO INSTITUCIONAL:
BUROCRACIA Y CORRUPCIÓN EN EL
SERVICIO DIPLOMÁTICO.

8.1 El SDR y la inestable permanencia de sus titulares en la cartera41

El contexto internacional, de post guerra fría, marcaba una posición internacional


del Perú, en la que se podían asumir dos caminos: el alineamiento con
Washington, como representante máximo del capitalismo mundial o la política del
No alineamiento con los países que se habían desmarcado de la influencia de los
Estados Unidos de América y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas
(URSS). Es la coyuntura en la que se configuran los grandes espacios de
Integración económica y política, con la Unión Europea a la cabeza, el Pacto
Andino, el Mercosur y la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI).

Ante estos cambios en el tablero mundial, el país continuaba enfrentando un


conflicto armado interno, y existía desde la población una gran expectativa por
los cambios que se realizaban a nivel institucional. En este sentido, era
necesario que si existía un cambio en la línea política del gobierno, se contara
con funcionarios en los más altos sectores del Estado para no tener barreras
con la aplicación de la prédica neoliberal42, que como es bien sabido, fue un
fenómeno propio de la década de los noventa (Segunda Ola) e impulsado por
los organismos financieros internacionales, en América Latina.

En la conducción de la política exterior, el cargo que ocupaba el Embajador


Luis Marchand Stens, ante su renuncia, sería ocupado, fugazmente por el
Vicealmirante AP ® Luis Sánchez Sotomayor. Este permanecería tan sólo

41
En este sentido el gobierno de Fujimori cambio cuatro cancilleres en 16 meses y cinco
Secretarios Generales.
42
La bibliografía sobre el neoliberalismo es vasta; para una mayor profundización sobre los
alcances, fundamentos y orígenes del mismo, se recomienda consultar desde un enfoque de la ciencia
política, la sociología y en especial la economía, los siguientes textos que se revisaron para la presente
tesis:Ahumada Consuelo (2002) “La ideología neoliberal: una justificación teórica del predominio de los
poderosos” En Revista Papel Político N°14 septiembre; Bourdieu Pierre (1998) “La esencia del
neoliberalismo”; Devés, Eduardo (2009) “El pensamiento latinoamericano en el siglo XX”; Dos Santos,
Theotonio (2006) “Del terror a la esperanza. Auge y decadencia del neoliberalismo”; Harvey David (2007)
“Breve historia del neoliberalismo” y el de Santiago Castro-Gómez (2010) “Historia de la
gubernamentalidad. Razón de estado, liberalismo y neoliberalismo en Michel Foucault”.

88
cuarenta y cinco días en el cargo y será recordado por anular un cuadro de
ascensos cuestionado43.

Sin haberse podido resolver el conflicto interno de Torre Tagle, es nombrado


como nuevo Canciller de la República, el abogado y docente universitario Carlos
Torres y Torres Lara, quien seguiría la suerte de sus predecesores. Sobre el
particular, la Revista Caretas en su edición de Noviembre de 1991 consignaba:

“La sorpresiva renuncia de Carlos Torres y Torres Lara tomó desprevenido al


Presidente Fujimori, a pesar que él mismo lo estaba presionando para que se
vaya. Pero lo que Fujimori esperaba es que el premier le planteara primero a él
su renuncia y el Presidente la utilizaría en el momento que creyera conveniente,
haciéndola aparecer como una decisión suya. Es decir, Torres no se iba, lo
echaban.”

A los cuestionamientos del proceso de ascensos se sumaría la investigación


que llevaba a cabo la Inspectoría General del Ministerio sobre una posible
Malversación de Fondos.

8.1.1 El Archivo de Límites y el manejo de los Ingresos Propios.

Para comprender lo ocurrido con el Archivo de Límites, es menester hacer un


poco de historia para determinar cuál era el diagnóstico sobre el estado y
condiciones de los documentos44 que acreditaban los derechos de soberanía
territorial del Estado peruano frente a otros Estados, especialmente con los
países fronterizos. Por ello, debemos remontarnos al año 1985 en que se
declara la conservación de estos documentos como un asunto de la “más alta
urgencia”. Y es con la Ley de Presupuesto de 1986 que se contempló elevar a
un 50 % de las tarifas consulares, la creación de los Ingresos Propios de la
Cancillería, destinados para adquirir un local para el Archivo de Límites, así
como su correspondiente equipamiento y mantenimiento.

43
Las condiciones para los ascensos no se cumplieron. Se debían considerar cuatro notas, de las
cuales, a una, los postulantes no tuvieron acceso. El Embajador Marchand al presentar su carta de renuncia
argumentó que él no quería afectar a sus demás colegas (ante la orden de Palacio de que se anulase el
cuadro de ascensos por irregular) y que prefería dar un paso al costado.
44
En el año de 1978 la Embajadora Carmela Emperatriz Aguilar Ayanz, en sus funciones como
Directora de Soberanía Territorial y Fronteras del Ministerio de Relaciones Exteriores “expresó su preocupación
por el estado lamentable en que se encontraban los planos originales de la demarcación de las fronteras peruanas
con los cinco países vecinos, documentación probatoria de nuestros títulos jurídicos territoriales que constituyen
el valioso y único fondo documentario del Archivo de Límites de la Cancillería”, nos comenta el Embajador
Carrillo Hernández. En este sentido, nuestro entrevistado continúa afirmando que “esos documentos se
encontraban en una caja metálica en la Oficina de Asesoría Jurídica, y habían sido trasladados a un cofre de
mapoteca en la bóveda del Ministerio de Relaciones Exteriores, medida que la Embajadora Aguilar, consideró
adecuada provisionalmente para la preservación de los mismos”.

89
Es en ese sentido, que para el año de 1987 la Ley del Presupuesto determinó en
su artículo 219, que constituían “Ingresos Propios” del Ministerio de Relaciones
Exteriores, el total de las recaudaciones consulares en el exterior, incluidos el lucro
de cambio de los derechos suplementarios; con lo cual, estos Ingresos Propios
elevaron su monto inicial, de 50 al 100% de los derechos consulares y otros.

Estos ingresos estaban destinados prioritariamente para la creación del


Archivo de Límites, Archivo General de la Cancillería, reposición, densificación y
reparación de hitos fronterizos, mantenimiento y modernización de su sistema
de comunicaciones y los demás proyectos que considerara necesarios dicho
portafolio. La Ley de Presupuesto para 1988 fue aún más clara y determinó que
el 48% de estos ingresos propios debían destinarse al Archivo de Límites y
General, el 13 % para la reposición, densificación y reparación de los hitos
fronterizos, el 22% para equipos criptográficos claves, el 4% para equipos de
comunicación informatizados y el 13% restante, a limousinas y otras medidas
de seguridad. Este esquema se repitió sin variación alguna en las Leyes de
Presupuesto para los años 1989, 1990 y 1991.

Según un Informe sobre la Restructuración administración del Ministerio de


Relaciones Exteriores, de fecha 29 de abril de 1992 elevado por la Dirección
General de Administración de la Cancillería al Secretario General, se detalla,
que el monto de los Ingresos Propios de la Cancillería ascendió, entre 1986 y
1991, a la suma de diecisiete millones ciento ocho mil trescientos ochenta y
siete dólares americanos con setenta y tres centavos, de los cuales, por lo
menos, ocho millones fueron legalmente destinados a la adquisición de un local
para el Archivo de Limites y su correspondiente equipamiento y mantenimiento.
Sin embargo, en todos estos años la Cancillería no adquirió el local para el
Archivo de Límites y sólo invirtió unos cuantos miles de dólares en la
adquisición de un equipo de ozonificación para la bóveda que guardaban los
vitales documentos que prueban nuestro derecho territorial.

Nos comenta el Embajador Mario Pareja Lecaros, que una gruesa suma del
dinero presupuestado fue gastado en “cuestiones particulares, compromisos
frívolos, o en rubros ajenos a lo establecido por la ley. Y de esta forma continuaron
a la deriva, los documentos, planos originales de las demarcaciones fronterizas que
el Perú tiene con los cinco países vecinos, documentación por lo demás, probatoria
de nuestros auténticos y legítimos títulos territoriales, que constituyen el valioso y
único fondo documental del Archivo de Límites de la Cancillería”.

90
Es dentro de esta coyuntura que se nombra a pedido del Inspector General al
Ministro Eduardo Carlos Carrillo Hernández como Sub Inspector. El Embajador
Mario Pareja Lecaros sobre el tema, nos relata una anécdota:

“Curiosamente, en una primera oportunidad, habiendo sugerido el nombre de


Carrillo, para que quedara como Encargado de la Inspectoría General (por la
ausencia de Pareja, debido a tener que viajar al extranjero por razones de
salud), la Superioridad prefirió inexplicablemente ignorar mi pedido y dejar
temporalmente acéfala la Jefatura de tan importante Dirección”.

Este vacío de poder demostraba un desinterés por investigar lo ocurrido con el


Archivo de Limites. Porque según comenta “A mi regreso, solicité “nuevamente
que nombrarán a Carrillo como mi segundo, pedido que tampoco fue atendido”.

Sobre el particular, la Superioridad consultó a la Dirección de Asuntos


Legales, si un Ministro podía ser segundo del Inspector General. Excediéndose
en sus atribuciones, dicha dependencia respondió que “no había impedimento
legal para el nombramiento pero que consideraba que no era conveniente la
designación de un Ministro para el cargo pues podía darse el caso de tener que
investigar a un Embajador y no estaba bien que lo hiciera un subalterno” nos
cuenta. Sin embargo, todo era incongruente “porque ya existía el antecedente
que un Ministro Consejero, rango de menor categoría, había desempeñado las
funciones antes señaladas. Evidentemente, esta actitud reflejaba cierto rechazo
a que se llevaran las investigaciones hasta las últimas consecuencias”.

Por entonces, circulaban los rumores en los medios de comunicación social


que dentro de la Cancillería algo extraño estaba ocurriendo (Anexo 03). Ante
este clima, se enrarecían las especulaciones que circulaban sobre las
irregularidades en la Cancillería. El clima laboral estaba cambiando pues la
anarquía institucional se entrecruzaba bajo un vacío por la permanencia en los
cargos de algunos funcionarios y la posibilidad de ascender en la jerarquía
diplomática, esto es, según el Escalafón. Cabe señalar, que la presión externa,
es decir, la ruptura del marco institucional del medio llevaba a que un escándalo
de estas magnitudes disminuyera la popularidad del gobierno que venía
ganando un espacio fundamental en lo internacional.

8.1.2 Impacto del medio ambiente en la Cancillería

Para el caso de los escándalos en el SDR, algunos medios de comunicación


social comenzaron a informar sobre estas irregularidades. Por ejemplo el Diario
“La República”, en su edición del miércoles 21 de agosto de 1991 anunciaba

91
en sus titulares: “Medida está en vigencia desde hace tres años. Cancillería no
revisa gastos de Misiones en el exterior. Pagan a 38 empleados no
considerados en Proyecto”.

Ante ello, los funcionarios que llevaban a cabo la investigación, teniendo en


cuenta sus experiencias previas en las prácticas internas de la institución
consideraron necesario preparar un informe al Ministro de Relaciones Exteriores,
sobre lo que venía aconteciendo y algunas sugerencias para atender los problemas
internos de la institución. Citaremos parte del mismo documento (INS) Nº 536: que
con fecha 10 de noviembre de 1991, se elevó al Despacho Ministerial:

“El ordenamiento jurídico del sector carecía de actualidad y constantemente


era incumplido; Es preocupante la constante violación de los dispositivos
legales, lo cual genera hábitos perniciosos en el personal;-La actual estructura
básica de la Cancillería contempla demasiados órganos del segundo nivel, todo
lo cual diluye en demasía las responsabilidades de los funcionarios; Las áreas
más críticas de la Cancillería se encontraban en la Sub Secretaría de
Administración, Dirección de Documentación y Dirección General de Asuntos
Consulares; En cuanto al aspecto profesional del diplomático de carrera, es
necesario entre otras medidas, proyectar la Especialización a partir de la
Categoría de Consejero; La Academia Diplomática debía ser reorganizada y
visualizar que la formación impartida, no debe concluir en los tres años de
estudios, ahora son sólo dos, sino que debería impartirse un Ciclo de Práctica
Profesional y a través de los Ciclos de Perfeccionamiento, la correspondiente
Especialización de los funcionarios” (Ver Anexo 04).

En este orden de ideas, se proponía algo muy conveniente para la Institución,


la intervención directa de la Academia Diplomática en la preparación y
formación del personal administrativo de la Cancillería. Además que:
“Se debían restablecer y normar las reuniones periódicas del señor Secretario
General de Relaciones Exteriores con los responsables encargados de los órganos
básicos de la Cancillería; - Que era necesaria la implementación de una mejor y
adecuada fiscalización de los Ingresos Propios de la Cancillería destinados a la
ejecución de una serie de Proyectos, Sub Proyectos y Actividades de Inversión
programados por ley. Se sugería la creación de una Dirección especializada en la
materia, que asuma el control sobre los mismos, con las responsabilidades del
caso; Se debería ser muy exigente en el orden y responsabilidad funcional de todos
los integrantes de la Cancillería y su incumplimiento debería ser sancionado
administrativamente, sin excepción alguna” (Ver Anexo 04).

92
Nada de lo anterior fue atendido, todas estas oportunas advertencias cayeron
como se dice en saco roto. No se hizo nada para corregir las deficiencias y
sugerencias elevadas por la Inspectoría General del Ministerio de Relaciones
Exteriores y de esta manera evitar que en el futuro se volvieran a repetir las
irregulares acciones en las que se había incurrido y mejorar el desempeño
institucional.

Las presiones aumentaban y es a través de la Secretaria General que se ordenó


a la Inspectoría General elaborar un Informe sobre el manejo de los fondos
autogenerados por la Cancillería a fin de satisfacer un pedido del Senado de la
República, formulado por los senadores Javier Diez Canseco Cisneros y Carlos
Malpica Santisteban, quienes habían tomado cartas en el asunto.

Es dentro de ese contexto que se designa como nuevo Canciller al ingeniero


Augusto Blacker Miller, un tecnócrata de holgada experiencia en el mercado y
las finanzas. Entonces, para el 11 de diciembre de 1991, el nuevo Ministro,
quien poseía una retorica ortodoxa45, consideraba tener claro cómo tenían que
manejarse las cosas en la Cancillería.

Asesorándose sobre lo que venía ocurriendo en el Despacho de Relaciones


exteriores, el 03 de enero de 1992, mediante el Oficio No. 0024-92-SGPR, de la
Secretaría de Prensa de Palacio de Gobierno, se dispuso “denunciar ante las
instancias respectivas, en el más breve plazo, todos los casos de corrupción en
el Sector de Relaciones Exteriores”. (Ver Anexo 05)
El 14 de febrero de 1992, Blacker Miller cursó el Memorándum Nº 113 (GAB) al
Secretario General de Relaciones Exteriores, Embajador Roberto Villarán Koechlin,
dándole precisas instrucciones para que, “en coordinación con la Inspectoría
General, transmita al Ministerio Público las conclusiones sobre la investigación”
(Ver anexo 06), que venía adelantando la Inspectoría General, con el principal
objetivo de que se procediese conforme a la ley. Con este conjunto de
45
Su visión ortodoxa y empresarial queda consignada en el discurso que diera, el citado Ministro de
Relaciones Exteriores con motivo de la apertura del Año Académico de la Academia Diplomática (1992) a
los jóvenes que recién se incorporaban a la profesión diplomática. En su mensaje señalaba: “Necesitamos
diplomáticos especialistas, no necesitamos diplomáticos generalistas (…) Ningún diplomático peruano
desde 1993, en adelante, podrá dejar de tener una especialización (…) Esperamos que entren muchos
ingenieros, muchos economistas, muchos contadores y también muchos abogados. No tenemos nada en
contra de los abogados, pero sí les quiero decir que no queremos una Cancillería que lo único que tenga
sean abogados (…) No es suficiente entender los grandes temas nacionales; no, necesitamos que cada
Embajada, que cada Consulado se convierta en un puesto de venta del Perú y un puesto de venta de cada
uno de los productos y servicios que podemos ofrecer al exterior; es decir, tenemos que buscar llegar a la
excelencia en las actuaciones (…). A partir del próximo año, todos los puestos exteriores de la Cancillería
van a ser evaluados por una parte cualitativa (…) y por una parte cuantitativa. El que más venda, es el más
rápido y mejor y va a ser promocionado” (Sabogal, 2009: 75)

93
acciones, se debía dar por concluido el proceso de fiscalización y control de
los “Ingresos Propios” en el ámbito del Ministerio de Relaciones Exteriores.

En lo concerniente a las irregularidades que habrían cometido algunos


Embajadores, en el manejo de los ingresos propios de la Cancillería, que
fueran denunciados en las conclusiones del Informe presentado por la
Inspectoría General, Blacker Miller en su obra “La propuesta Inconclusa” da
cuenta en forma detallada de su particular visión de los hechos:

“Era evidente para mí, que recursos destinados a los proyectos se habían
utilizado irracionalmente. En materia de captación y control de las remesas
consulares, por ejemplo, existía un gran atraso en el control de las cuentas y
en la remisión de los ingresos. Asimismo, los consulados de carrera y también
los honorarios, no cumplían con la remisión de sus saldos ni de su información
contable”. (Miller, 2001: 93 -94).

Además, ante este comportamiento organizacional entre las más altas


jerarquías del SDR, observó que en las pugnas que se originaban entre los
funcionarios diplomáticos para ascender en la carrera se manifestaba un
fuerte amiguismo, esto es, un clientelismo traducido en arribismo por las
promociones y por escalar a mejores nombramientos y puestos de trabajo en
representaciones en el extranjero. Según Blacker Miller:

“Esa informalidad había producido acceso a los altos mandos de Torre Tagle
de Embajadores sin calificaciones técnicas ni profesionales. Los resultados de
su gestión sumieron al sector en una de las crisis más graves de su historia.
Era impresionante ver como una institución de un pasado prestigioso se había
manejado en forma tan incompetente...” (Ibíd: 83).

Estas posturas lo llevaron a una actitud de abierta confrontación con la


cúpula corrupta, que enrarecía el ambiente en Torre Tagle. Sumaba a ello, su
visión de que los diplomáticos no estaban preparados para afrontar los
cambios que el nuevo modelo económico exigía, y que éstos debían adoptar
un perfil y actitud empresariales en sus cargos de representación como
agentes del Estado. El mencionado Canciller asumía que sólo el pensamiento
empresarial y de negocios permitiría alcanzar la eficiencia del sector
Relaciones Exteriores y para ello sólo un cambio institucional sería viable, a
través de una radical modificación.

Por ello, estaba más afanado en aplicar un conjunto de cambios de corte


administrativo y direccional, paso seguido, procedió a presentar una Ley

94
Orgánica para modificar la estructura interna del SDR. Con el Decreto Supremo
N 0018-, se creaba una Dirección Especial encargada de los asuntos de Norte
América, igualmente se incorporaba con énfasis, la priorización del mercado
asiático, la apertura de la Dirección Adjunta de Organizaciones Especializadas
de la Cuenca del Pacífico y en la Dirección de Identidad Nacional y Promoción
Cultural se aperturaba una nueva subunidad para los asuntos de Promoción
Económica y Comercial (CEPEC).

Este decreto fue justificado, considerando que:

“ es necesario modificar la organización interna del Ministerio de Relaciones


Exteriores a fin de que responda, plenamente, a la defensa de los intereses
nacionales, a la cabal reinserción y al propósito de atender con eficiencia la
nueva dinámica y los cambios profundos que se vienen produciendo en las
relaciones internacionales” (Miller citado en Padilla, 1997: 95)

Este nuevo decreto no se llegó a implementar porque generó una resistencia


al interior de la Cancillería, debido a que se entrecruzaban los temas.
Posteriormente, y en pocos meses la estructura orgánica del Ministerio de
Relaciones Exteriores, nuevamente fue modificada. El 22 de enero de 1992 se
expidió por el mismo Canciller otro decreto Supremo el 0001-92- RE. En este,
cabe resaltar, que como parte de la Dirección general de Asuntos Bilaterales se
retiraba la subunidad de “Archivo de Limites”. Sin embargo, ninguno de estos
dos dispositivos internos tuvo vigencia. (Padilla, 1997)

Estas posturas radicales sumadas a las leyes orgánicas que no tuvieron vigencia,
generaron resistencia por parte de algunos funcionarios, lo que llevó al Canciller
Blacker Miller a reiterar sus denuncias contra los diplomáticos, sospechosos de
malos manejos; retomando un tono enérgico, brindó declaraciones al diario “La
República”, que motivaron el siguiente titular en su portada: “Ministro dice que hay
inmorales en Cancillería” (Ver Anexo 07) Y como represalia a estos cuadros se
contempló la posibilidad de tomar examen a todo el personal incluyendo a los
Embajadores. En sus declaraciones sostuvo que en su gestión “saldrían los
inmorales y sinvergüenzas “y que “hay gruesos “trapitos sucios” que lavar en la
Cancillería y el Servicio Diplomático del Perú” (Anexo 08).

En este sentido, en una reunión pública, tras condecorar a un funcionario de


UNICEF, Blacker Miller declaró a los medios de prensa que: “todos los malos
manejos a nivel de la administración, organización o cualquier otra anomalía que
hubieran ocurrido en los últimos años en la Cancillería, están siendo investigados
con rigor por el Área de Inspectoría General de dicha Institución”.(Ver Anexo 09)

95
Por otra parte, para el 05 de abril de 1992, dentro del contexto del Autogolpe, es
que el Embajador Luis José Antenor Macchiavello Amoroz, Director General de la
Asesoría Jurídica y Legal del Ministerio de Relaciones Exteriores, consultado por la
superioridad, con la Directiva Nº 633 de 22 del mismo mes, solicitándole que emita
opinión y en caso positivo, proceda a la visación del proyecto de Resolución
Ministerial de la Inspectoría General con el que se autoriza al Procurador Público,
Encargado de los Asuntos de Relaciones Exteriores, para que proceda a realizar
las acciones legales del caso en torno a la posible comisión del delito de
Malversación en el manejo de “Ingresos Propios” de la Cancillería. A través del
Memorándum sin número de 24 de abril de 1992, es decir a menos de 48 horas de
haber recibido la solicitud, “la respuesta de este burócrata diplomático, fue de
abierto rechazo y de no colaboración con la Inspectoría General” según nos
comenta el Embajador Carrillo.

De otro lado, la falta de interés por esclarecer los hechos queda confirmada
con el Memorándum Nº 158, fechado el 27 de abril de 1992. Con el que se
formulan las siguientes Conclusiones:

• “A la fecha no se han especificado ni individualizado los actos de gestión


que supuestamente constituyen Malversación de fondos”.

• “Asimismo, no han sido identificados ni individualizados los responsables


de la comisión del delito de Malversación de fondos”.

• “Consecuentemente, resulta prematuro autorizar la formalización de


denuncia por el delito de Malversación de fondos, porque no se reúnen los
requisitos de procedibilidad de la acción penal, establecidos en el artículo 77 del
Código de Procedimientos Penales”. (Ver Anexo 10)

8.1.3 La noche de los cuchillos largos en Torre Tagle ¿Reorganización


del SDR?
Una vez realizada la ruptura del orden democrático, como vimos, al efectuarse
el Autogolpe, Fujimori ejecutó una serie de dispositivos para transformar las
instituciones del Estado. Una de esas medidas, se verá reflejada en continuar
bajo el paraguas del discurso modernizador y neoliberal para realizar una
intervención directa de las instituciones del Estado, entre las que la Cancillería,
no sería la excepción.
Sin embargo, no se debe creer que esta incursión fue nueva o en otras palabras,
se inició con el Autogolpe de 1992. Para el caso del SDR, ya existían indicios que
desde 1990 había una intervención directa de Palacio en la Cancillería a

96
través de Santiago Fujimori y el asesor Luis Silva Santisteban. Ambos, se
habrían encargado de conducir los hilos para que Fujimori tuviese una
comunicación e intervención directa en el SDR, más aún se manejó la hipótesis
que éstos tuvieron una participación directa en la confección de la lista de los
117 diplomáticos cesados. En este sentido, afirma el Embajador Eduardo
Carrillo se comentaba que “una parte de los funcionarios incluidos en la misma
habrían sido a propuesta de Vladimiro Montesinos Torres”.

Entonces, siendo Canciller y Presidente del Consejo de Ministros Oscar de la


Puente Raygada, uno de los más “nefastos Cancilleres que se recuerda en la
historia del Servicio Diplomático por su completo alineamiento con Fujimori”, se
llevó a cabo el cese de 117 funcionarios diplomáticos de carrera, que
representó casi el 70% de los miembros del SDR. Siendo lo más relevante, que
a los cesados no se les había proporcionado ningún tipo de justificación sobre
la causalidad de por qué se les separaba de la institución.
El martes 29 de diciembre, en vísperas de la instalación del Congreso
Constituyente Democrático (CCD), mediante una Separata Especial del diario
oficial “El Peruano”, puesta en circulación al promediar las nueve de la noche, se
daba a conocer la promulgación de tres importantes normas: El Decreto Ley Nº
26117, Ley del Servicio Diplomático de la República; el Decreto Ley Nº 26112, Ley
Orgánica del Ministerio de Relaciones Exteriores; y la Resolución Suprema Nº 453
RE-9246(Ver Anexo 11), documentos que contenían importantes disposiciones que
afectaban al Servicio Diplomático y a los miembros del mismo.

Sobre esta última Resolución Suprema existió una flagrante irregularidad que
precipitó un serio cuestionamiento público. El estudio de abogados Pedro
Méndez Jurado, Vladimir Paz De la Barra y Ramiro Arriárám Giles, viendo la
causa de uno de sus defendidos argumentó que:

“La Resolución Suprema N° 453/RE -92, de fecha 29 de Diciembre de 1992, que


cesa al personal del Servicio Diplomático de la República, no tiene fundamento
legal, es írrita. Dicha Resolución Suprema 453/RE – 92 fue expedida fuera del
plazo de 30 días que estableció el Decreto Ley N° 25889 dado el 18 de Noviembre
de 1992, que declara en estado de reorganización al Servicio Diplomático de la
República. La extensión del citado plazo de 30 días fue hecha mediante una simple
Fe de erratas (Separata Especial de Normas Legales de “El Peruano” del 30 de
Diciembre de 1992, p. 111670), la cual de ninguna manera podía ampliar
46
A la polémica Resolución Suprema 453 RE- 92, se sumó el Decreto Ley 25889 (Ver anexo
12)(que declaró en estado de reorganización al SDR, facultándose al Ministro de Relaciones Exteriores
para declarar en excedencia a determinado personal en ese Sector.

97
el plazo para poder reorganizar al Servicio Diplomático de la República y cesar
a los funcionarios diplomáticos declarados personal excedente, por haber sido
expedida y publicada en circunstancias en que ya no se encontraba vigente el
Decreto Ley 25889, razón por lo que dicha Fe de erratas (en el supuesto de
aceptarla como una nueva forma de normatividad) carecía de validez jurídica y
por lo tanto de obligatoriedad social” (Méndez et al,1993: 2-3).

Cabe señalar, que estas medidas adoptadas por el Poder Ejecutivo, tenían
como objetivo, crear dos nuevos Viceministerios el de Economía Internacional y
Política Internacional, cargos que podrían ser desempeñados por personal
ajeno al SDR. Además, los dispositivos, también afectaban el cargo de
Secretario General, el que tradicionalmente era del más alto rango entre las
instituciones al servicio del Estado. Igualmente, se especulaba con la
posibilidad de clausurar la Academia Diplomática, a lo cual se sumaba, que por
iniciativa del Presidente, podría invitarse para pasar al retiro hasta diez
funcionarios al año en cinco categorías diferentes. Toda una intromisión política
directa en una institución que se presuponía era autónoma.

Estas medidas afectaban directamente la trayectoria institucional del Servicio


Diplomático. Las reacciones no podían hacerse esperar. Por ejemplo, el diario
“La República” informaba: “Embajadores, Ministros, Consejeros, Secretarios.
Cancillería purga a 117”. Ampliando su indignación de que entre los cesados se
había encontrado el Embajador Marchand Stens47, Primer Canciller de Fujimori”.
En página interior: “Poda alcanza a 24 Embajadores, 23 Ministros, 15 Ministros
Consejeros, 14 Consejeros, 27 Primeros Secretarios, 10 Segundos y 4 Terceros
Secretarios”.(Diario La República, 1992:5). También, en el Diario “Expreso”:
“Cesan a 117 diplomáticos. De ellos 24 son Embajadores de carrera. Marchand
Stens y Allan Wagner en la lista”. (Diario Expreso, 1992:2)

El efecto cadena que generaron los medios de comunicación social, continuaría


durante los días siguientes. Y ante esa ola de reacciones, la posición del Canciller
De la Puente Raygada fue completamente acorde con los intereses de Palacio de
Gobierno. Desde su enfoque sobre la reorganización, no tuvo la más mínima
consideración por la tradición de una institución que nació a la par de la República
peruana, y que a través de sus más diversos cuadros engrosó las filas de lo que
significaba hacer una carrera pública al servicio del Estado. La actitud política del
citado Canciller al no respetar el marco institucional para coordinar
47
Cabe recordar, como se señaló antes que el citado Embajador siendo el primer Canciller del
Gobierno de Fujimori, después de su renuncia fue nombrado Representante ante la Organización de los
Estados Americanos (OEA). Cuando se produjo el autogolpe de 1992, hizo pública su renuncia al
mencionado cargo siendo luego incluido en la lista de los 117 cesados.

98
una reorganización transitoria, impactó en la vida de muchos de los que
estaban incluidos en esa lista porque de la noche a la mañana se veían en una
situación de desempleo sin otra alternativa que iniciar un reclamo judicial o
dedicarse a otra actividad.

Por todo lo anterior, cabe preguntarnos: ¿Cómo se justificó el cese de los 117
diplomáticos? Pues bien, ante los medios de comunicación social, la única
causalidad que argumentó el Presidente Fujimori, es que la medida estaba dirigida
hacia personas con dudosa conducta moral, sexual y profesional. Esto desató una
ola de reacciones pues se había generalizado que el Primer Mandatario estaba
justificando que el homosexualismo era una conducta que permitía defenestrar a
funcionarios que tenían una amplia experiencia en el campo diplomático.

La indignación por semejantes argumentos y la ausencia de una justificación


pública del por qué se les separaba de la institución, alcanzó a la comunidad
internacional, a tal punto que dos actores internacionales importantes, uno, el
Estado Argentino, que a través de su Servicio Diplomático emitió un
comunicado de solidaridad con la Cancillería peruana por considerar que sus
colegas estaban siendo víctimas de los mismos atropellos que habían pasado
ellos en tiempos del gobierno militar (Ver Anexo 13).Dos, una asociación civil
defensora de los derechos de los homosexuales que emitió del mismo modo un
Comunicado de solidaridad con el SDR para reafirmar que lo que se venía
cometiendo era un atropello (Ver Anexo 14).

La purga diplomática, tuvo la intención de sacar a un grupo de diplomáticos y


valerse de otros burócratas diplomáticos que pudiesen ser manipulables a sus
propios intereses. Por ello, no es extraño que los mismos gestores y ejecutores
– colaboradores de esta supuesta reorganización dictada por el gobierno de
“reconstrucción y emergencia nacional”, fueran miembros del Servicio Diplomático,
los cuales “habiendo confeccionado la lista de diplomáticos que pasaron al retiro,
posteriormente ostentaron los cargos más importantes en el extranjero y dentro de
la misma institución”, nos afirma el Embajador Pareja Lecaros.

Se tiene conocimiento por los Informes de investigación y prensa escrita posterior


que estuvieron involucrados los diplomáticos Embajador Roberto Villarán Koechlin,
Secretario General, el Embajador Luis Antenor Macchiavello Amoroz que se
desempeñaba como Director General de la Asesoría Jurídica y Legal, el Embajador
Alejandro León Pasos flamante representante permanente del Perú en la OEA, el
Embajador Jaime Stiglich Berninzon, Jefe de Gabinete del Ministro de Relaciones
Exteriores y encargado de la Sub Secretaria de administración. En lo

99
que coinciden las informaciones es que la lista de los cesados48 se confeccionó en
los Estados Unidos de América, con el amparo del grupo de reorganizadores de la
Cancillería estando Oscar de la Puente Raygada a la cabeza y otros Embajadores
que venían ejerciendo funciones, Embajador Alfonso Rivero Monsalve en Chile,
Embajador Hugo Palma Valderrama, embajador en Francia, Embajador Ricardo
Luna Mendoza en los Estados Unidos de América, yEmbajador Jorge Valdéz
Carrillo segundo en la Embajada del Perú en los Estados Unidos de América.

8.2 Desempeño institucional en un ambiente cambiante.

Entonces siendo el responsable directo del cese de los 117 diplomáticos de


carrera el Ministro de Relaciones Exteriores Oscar De la Puente Raygada,
puente directo de comunicación con el presidente Alberto Fujimori, ¿Cuál era el
interés por modificar la estructura del SDR?
Recordemos, como se señaló antes, que se venía adelantando una investigación
previa al autogolpe, por la malversación de recursos en el caso de los ingresos
propios. En esta coyuntura, el citado canciller “no tramitó el expediente en el
sentido dispuesto por el Supremo Gobierno sino que se negó a recibir al señor
Inspector General, Embajador Mario Pareja Lecaros, quien en sucesivas
oportunidades le solicitó audiencia para tratar con él tan delicado tema”. Nos
comenta el Embajador Carrillo Hernández. Cabe señalar que, así se mantuvo el
estado irregular de cosas hasta que concluidas las investigaciones que se llevaban
a cabo por la Inspectoría General de la Cancillería, el “nuevo Ministro solicitó
oficialmente a la doctora María Herminia Drago Correa, Contralora General de la
República, que enviara a la Cancillería un equipo de contadores, auditores y de
considerarlo necesario de abogados, dizque para que examinaran la acción de
control que había formulado la Inspectoría General y no se incurriera en errores”.

Lo anterior rompía los esquemas de la rutina institucional, puesto que la citada


Inspectoría General contaba con un conjunto de profesionales expertos en
contaduría, auditorias, y abogados, con la suficiente experiencia y capacidad
profesional para tratar el delicado tema. Se confirmaba que con esta
intervención directa del Canciller a través de la Contraloría, éste se estrenaba
como peón al servicio de los intereses del gobierno por encubrir lo investigado.
48
Los criterios que se aplicaron para el cese según las declaraciones de Oscar de la Puente Raygada
durante las investigaciones llevadas a cabo por el Congreso de la República fueron los siguientes: “Personal que
no posea suficiencia profesional para desempeñar los altos cargos; funcionarios que hubieren agotado su
capacidad profesional, o que tuvieren disminuido su potencial intelectual; Funcionarios con sanción
disciplinaria. Funcionarios que hayan sido motivo de queja por su comportamiento personal, aunque sea de
manera informal, por parte de gobiernos; comportamiento personal habitual. En el caso de los embajadores,
capacidad de manejo de situaciones, de promoción y gestión de diversos asuntos. Personal que no estaba en
capacidad de asumir las responsabilidades que implicarían su ascenso”. (Diario La República, 2003: 1)

100
El Embajador Carrillo nos informa que De la Puente Raygada “Se negaba a
entrevistarse personalmente y escuchar la versión de su Inspector General que
se lo requería y llamaba a personal de la Contraloría General para revisar el
trabajo ya realizado lo hacía para perfeccionar y reforzar, si fuera el caso, el
Informe del órgano de control interno”. El hecho es que había importantes
funcionarios diplomáticos comprometidos en el mal manejo de los recursos
propios de la Cancillería, lo cual tornaba el asunto aun más complejo y delicado.

Además, con esta actitud se bloqueaba la participación del Procurador Público


a cargo de los asuntos del ramo, que debía ser el primero en tener
conocimiento del resultado de la investigación practicada por la Inspectoría
General que contenía indicios razonables de la comisión de hechos punibles
Nos comenta el Embajador Pareja:“Asomaba, la punta del iceberg del
encubrimiento de la corrupción. Ya no nos cabía la menor duda, que habíamos
empezado a desenredar una madeja de gran corrupción que comprometía a
importantes personajes de nuestra Cancillería”.
Nuevamente el cinismo asoma y el Canciller De la Puente en una comunicación de
fecha 26 de junio de 1992, a la Contralora General, solicitándole el envió a la
Cancillería de un equipo de contadores y auditores y de ser necesario de abogados,
“ para que examine la acción de control que ha formulado la Inspectoría
General en relación con la administración de los proyectos, subproyectos y
actividades de inversión, por el período 1986 – 1991, de este Ministerio, con el
fin de determinar las responsabilidades administrativas y, si fuera el caso
responsabilidades penales que pudieran alcanzar a los funcionarios que
tuvieron a su cargo los citados proyectos”. (Ver Anexo 15).

Con fecha 30 de junio de 1992, la doctora María Herminia Drago Correa le


respondió al Canciller comunicándole que su Despacho ya había dispuesto la
ejecución de una Acción de Control, informándole que la Comisión jefaturada
por la abogada Farah Pérez Estévez, se constituirá en la sede del Ministerio de
Relaciones Exteriores el día primero de julio de 1992 a horas 8:30 a.m.

En la práctica, “la Comisión de la Contraloría General de la República actuó


de manera diferente. No colaboró ni coordinó con el Inspector General en el
esclarecimiento de los hechos materia de la fiscalización realizada por la
Inspectoría General y se desinteresó totalmente en el examen de la abundante
documentación probatoria que obraba en su poder”, nos comenta el Embajador
Carrillo. En primer término, la Comisión de Contraloría se dedicó más bien a
agotarse en el examen de las formalidades y dilatar el proceso administrativo, y

101
a no analizar cuestiones de fondo. Después de afrontar todas estas experiencias
continua el Embajador Eduardo Carrillo “quedamos convencidos que nuestras
suposiciones eran ciertas, estábamos frente a una Comisión mafiosa. En su mira
estaba cazar al Inspector General y no a los autores de la malversación.”. Por ello,
las investigaciones y el esclarecimiento de los hechos nunca llegaron a buen
recaudo, primero con la abrupta medida y sin justificación alguna, de “dar por
terminados” sus nombramientos, como Inspector General y Sub Inspector del
Ministerio de Relaciones Exteriores, mediante Resolución Ministerial Nº 0751/RE,
de fecha 25 de setiembre de 1992(Ver Anexo 16) y luego, con su inclusión en la
lista de los 117 cesados (Ver Anexo 11). Habiéndoseles, previamente aperturado
un Consejo de Investigación49, el cual por lo demás, jamás fue instalado.

Dicha Resolución Ministerial indicaba, se tomasen las medidas que se estimara


del caso, sobre el Embajador Mario Alejandro Pareja Lecaros, y el Ministro Eduardo
Carlos Carrillo Hernández, en la cual se les aperturaba un Consejo de
Investigación: “El Consejo estaría presidido por el Director de Asuntos Legales,
Embajador Juan Garland Combe e integrado por los Embajadores, José Mariano
Arturo Montoya Stuva, Director de Personal, Capacitación y Bienestar; José Pablo
Morán Val, Encargado de la Inspectoría General; Jesús Fortunato Fernando Isasi
Cayo; y José Gregorio Martín Urrutia Cerruti, Director de Control de Drogas,
Desarrollo Alternativo, Derechos Humanos y Medio Ambiente de la Dirección
General de Asuntos Multilaterales” (Ver Anexo 17).

Ello evidenciaba que se le estaba dando un giro distinto a la investigación,


pues se mandaba investigar a quienes estaban elevando pruebas sobre lo
acontecido. Esto resultaba un revés pues en conclusión los fiscalizadores eran
de forma imprevista convertidos en fiscalizados. Sobre la primera Resolución
Ministerial, a pesar de las múltiples solicitudes verbales y escritas, nunca fueron
consultados ni se les proporcionó la documentación en que se argumentaba la
remoción y luego la suspensión temporal de sus cargos.

Sobre el particular, el Embajador Carrillo Hernández asevera, que cómo sería


la farsa montada, que la citada medida fue temporal:

49
Tampoco se formularon los cargos sobre el caso en mención. Entonces el Ministro Carrillo
procedió el 21 de mayo de 1993 a denunciar ante el Ministerio Público por los delitos de abuso de
autoridad e incumplimiento de deberes de función al Ministro de Relaciones Exteriores, doctor Oscar De
la Puente Raygada; a la Contralora General de la República, doctora María Herminia Drago Correa; al
Secretario General de Relaciones Exteriores, Embajador Roberto Villarán Koechlin; al Presidente del
Consejo de Investigación, Embajador Juan Garland Combe y a los que resultaran responsables, por los
mismos delitos cometidos en el ejercicio de sus funciones. Es más, el mencionado diplomático presentó
una carta dirigida al Presidente de la República detallándole los hechos ocurridos (Ver Anexo 18).

102
“Porque posteriormente se dio una tercera Resolución Ministerial Nº 0977-RE,
de fecha 04 de diciembre de 1992, por la que se rectificó la primera en el
sentido de señalar que “no se trataba de una separación del cargo sino de una
suspensión temporal en el mismo. Negligentemente, además de citar como
fundamento dispositivos legales inexistentes, se consideraba a la “suspensión
temporal” como un efecto, cuando es un hecho previo a la investigación”.

Era tan “sui generis” este caso que el Despacho Ministerial daría una cuarta
Resolución, la Nº 0903/RE de fecha 12 de noviembre de 1992, que hacía
referencia al oficio Nº 004-92-CG/BC, de fecha 17 de setiembre de 1992, de la
Contraloría General de la República a que alude la Resolución Ministerial Nº
0751-92 y en la cual no ponía en su conocimiento qué se les imputaba.

A lo anterior se suma que el impacto del cese masivo de los 117 diplomáticos
o como también se le denominó “la noche de los cuchillos largos en Torre
Tagle”50, desató toda una pugna en contra de la misma institución que los vio
nacer y formarse, todo lo que derivó en un conjunto de acciones políticas y
constitucionales en contra del Ministerio de Relaciones Exteriores para que
fuesen reincorporados a sus funciones51. Consecuencia de ello fue el
denominado “Juicio Penal de los Embajadores”, que sólo confirmaba las
denuncias de la Inspectoría General del Ministerio de Relaciones Exteriores,
hasta antes de haber sido cesados el Inspector General y el Subinspector y las
sospechas fundadas, del Ex Canciller Augusto Blacker Miller.

Esto se vería materializado en los Tribunales Penales, por las escandalosas


denuncias de los medios de prensa sobre los irregulares manejos económicos
de la Cancillería, que llegaron a las puertas de la Fiscalía y para lo cual fue
gravitante, la enérgica intervención de la Doctora Flor de María Maita Luna,
Fiscal Titular de la 34º Fiscalía Penal de Lima, tal como lo consigna en su libro
“Crónica de una persecución”:
“En 1993 en mi calidad de Fiscal Titular de la 34 Fiscalía Penal de Lima, investigué
presuntos hechos ilícitos ocurridos en la Cancillería Peruana, determinándose gracias
a una minuciosa pesquisa que Embajadores y otros diplomáticos habrían
50
Comparación que se hacía teniendo en cuenta el contexto de “guerras de religión” acaecidas en
la Europa pos medieval, esto es, durante el Siglo XVI, en que numerosas personas fueron masacradas en
nombre del dogma religioso. Una de las más representativas fue “La noche de San Bartolomé”, una lucha
que protagonizaron católicos y protestantes.
51
Las denuncias en contra del Ministerio de Relaciones Exteriores han sido numerosas, muchas
aún están por resolver en el momento que se publica esta tesis. En este sentido, el caso del Ministro en ese
entonces, Eduardo Carlos Carrillo Hernández junto con el de dos colegas más de carrera llego hasta la
Comisión Interamericana de los Derechos Humanos de la OEA. Todo ello, para el reclamo de
reparaciones morales y civiles ante los daños y perjuicios causados por el gobierno de facto.

103
incurrido en delitos de Peculado y Malversación en agravio del Estado. Por lo
que efectué tres denuncias ante el Poder Judicial, que dieron lugar a que se
aperturara la respectiva instrucción. Dictándose contra algunos denunciados
mandato de detención, ordenándose por tanto su captura.” (Maita, 2007: 207)52.

Esta acción iniciada por la Fiscal Titular, tuvo como base un Informe previo de la
Policía Fiscal en la que se detallaban la Malversación de Fondos y el Peculado, en
que habrían incurrido algunos funcionarios del SDR, de las más altas jerarquías. El
mencionado Informe fue derivado a la Fiscalía haciendo un llamado a que se
aperturase investigación inmediata para confirmar lo detectado encontrado sobre el
manejo de los recursos destinados para el Archivo de Limites.

8.3. Formas de resistencia para recuperar la institucionalidad: de lo


internacional a lo doméstico.
Transcurrido el tiempo, la denuncia penal contra los dos diplomáticos en
mención no prosperó en dicha instancia, por tener ambos la Prerrogativa del
Antejuicio en razón de su jerarquía y por tal motivo, mediante Notificación Nº
115-93-MP-SEGFIN de fecha 06 de julio de 1993, fueron devueltos los
documentos por la Fiscal de la Nación, para que se iniciara ante el Congreso
Constituyente Democrático la acusación constitucional contra ellos. A pesar de
los insistentes reclamos por parte de los demás actores políticos para que se
atendiese con prontitud la arbitrariedad cometida con los diplomáticos
cesados(Ver Anexos 19, 20, 21) y bajo la presión de algunos medios de
comunicación social, constantemente el gobierno anunciaba que muy pronto
arreglarían los derechos de los diplomáticos que habían sido vejados.

Sin tener respuesta alguna, un grupo de los cesados inició acciones judiciales
contra el Ministerio de Relaciones Exteriores, formulando pedidos ante los
tribunales nacionales a través de la interposición de Acciones de Amparo.
Frente a la dilación de los casos y a pesar que el Poder Judicial se había
pronunciado en favor de algunos.
Nada de lo anterior, fue acatado por el gobierno de turno, y todo transcurrió hasta
finales de 1995, sin ninguna acción concreta que resarciera a los afectados53.

52
En otro aparte del libro, la tenacidad de esta fiscal la llevaría a enfrentarse abiertamente con el
poder de facto durante el gobierno de Fujimori a anunciar que continuaría otras investigaciones mucho
más graves en la que se veían comprometidos otros funcionarios diplomáticos en las más altas jerárquicas
vinculados al narcotráfico y en que se empleó la valija diplomática como instrumento para realizar envíos
de droga al exterior (Maita, 2007)
53
Cinco Embajadores habían sido reincorporados, durante la gestión de Javier Pérez de Cuellar
(2001) con algunas deficiencias.

104
Queremos destacar, para efectos de la presente investigación, que uno de los
casos “sui generis”, que se sumó a las denuncias que llegaron a la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), además de los de Leonor La
Rosa, Mariela Barreto, y el propietario del Canal 2 Baruch Ivcher, fue el caso del
Ministro Carrillo Hernández.

La omisión de su caso, alcanzo diversos espacios institucionales. Por ejemplo,


con motivo del vigésimo aniversario organizado por el Instituto de Estudios
Internacionales (IDEI) de la Pontificia Universidad Católica, se hizo una
publicación intitulada “Veinte años de política exterior peruana (1992 – 2011),
en el articulo presentado por Patricio Rubio referente a la “Evolución de la
política exterior del Perú en materia de derechos humanos en el ámbito
interamericano”, en la que no se hace ninguna mención a la cuestión de los
diplomáticos que presentaron sus casos ante la CIDH, con la esperanza de
encontrar una solución impronta y resarcir sus derechos violados. En ese
estudio, se incluye una larga lista de los casos que se vieron por la violencia
política de los años desde los años 80. Sólo se pone énfasis en los casos que
tuvieron éxito o en los que fueron absueltos por la Corte, más no, los que
implicaron a una institución tan importante como el SDR.
Para continuar nuestra explicación sobre lo ocurrido frente a la CIDH, debemos
recordar que la autocracia fujimorista había generado toda una situación de
incertidumbre en el sistema político peruano a raíz del Autogolpe, esto se proyectó
ante la comunidad internacional en su política exterior (Mariátegui, 1993). En
efecto, el día 20 de mayo de 1993, transcurrido un año de realizado el autogolpe y
el cese de los 117 diplomáticos, la Organización de Estados Americanos,
exteriorizó su preocupación por considerar que se había dado por interrumpido el
ejercicio de la democracia en el sistema político peruano.

Todo ello, colocaba al Perú en una situación delicada frente a la comunidad


internacional, especulándose sobre posibles sanciones para nuestro país por
parte de la Organización de Estados Americanos. Aún más, se llegó al punto de
poder entrar en riesgo todo el paquete de ayuda económica que se había
logrado por parte de los organismos financieros internacionales. Tan crítica fue
la situación que en el momento se sostuvo que:

“El gobierno peruano se encuentra aislado porque no goza de credibilidad. Aun


cuando siga pagando su deuda externa con el FMI, las inversiones extranjeras no
aumentarían. El costo social y económico es grande para el pueblo, después de
tantos meses de sacrificio. La coyuntura exige una solución política, que debe

105
ser negociada, y así lo propone la comunidad internacional, casi por
unanimidad” (Mariátegui, 1993: 28).

También, se había especulado con la idea de que los Estados Unidos de


América cortarían la ayuda externa para el Perú, hasta que no se restableciera
la democracia. Todo un mar de presiones externas que también tuvieron sus
repercusiones dentro de los actores del sistema político peruano:

“La OEA, en la fiel aplicación de su carta constitutiva, ha sancionado una


resolución (del 6 de abril último) en la que deplora los sucesos ocurridos en el
Perú porque afectan gravemente la vigencia de los mecanismos institucionales
de la democracia representativa. Hace un llamado para que se restablezca
urgentemente el orden institucional democrático en nuestro país y que se
respeten todas las libertades” (Mariátegui, 1993: 25)
Dentro de esta coyuntura se había anunciado la visita al Perú del señor Domingo
Acevedo, Representante de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.
Para ello, se había conformado una “Comisión Coordinadora de los Funcionarios
Diplomáticos comprendidos en la Resolución Suprema Nº 453-92/RE”, quienes
cursaron una comunicación precisándole que lo hacían a instancias del señor
Francisco Soberón, Coordinador de la Asociación Pro Derechos Humanos, quien
estuvo presente en una Asamblea General que se llevó a cabo el 06 de mayo.

Sin lograr una entrevista directa con el citado representante de la CIDH, nos
comenta el Embajador Carrillo:
“En nuestra misiva entregada en el Hotel “El Pardo” de Miraflores, en donde se
alojaba la Comisión que visitaba el Perú y que él la Presidía, le solicitamos tuviera
a bien concedernos una entrevista para exponer y entregar el documento que
acreditaba la violación de los derechos de los 117 funcionarios diplomáticos
profesionales cesados por dispositivos dictados, en abierta violación de la
Constitución Política del Estado, la Ley de Normas de Procedimientos
Administrativos, la Ley y el Reglamento del Servicio Diplomático de la República, la
Declaración Universal de los Derechos Humanos, la Convención Internacional de
Derechos Económicos y Culturales, la Convención Internacional de Derechos
Civiles y Políticos y el Protocolo Facultativo, la Declaración Americana de los
Derechos y Deberes del Hombre de 02 de mayo de 1948 de Bogotá y la
Convención Americana de Derechos Humanos de San José de Costa Rica.”

Basados en los principios estipulados por el artículo 44º, en concordancia con


el artículo 46º numeral 2, incisos “b” y “c”, que la Convención Americana

106
sobre Derechos Humanos54 estipula , un grupo de diplomáticos conformados
por el Ministro Eduardo Carlos Carrillo Hernández, la Ministra Amalia Wahibe
Mariátegui Succar y el Segundo Secretario Rodolfo Hugo Castro Valcárcel,
decidieron presentar ante la Mesa de Partes de la Asociación Pro Derechos
Humanos (APRODEH), Oficina en Lima, Perú, la correspondiente denuncia
contra el Estado peruano.

Ésta fue cursada al Presidente de la Comisión Interamericana de Derechos


Humanos contra el Gobierno peruano por violación sistemática de los derechos
humanos y de los Pactos y Convenios internacionales de los que el Perú hace
parte, así como por la dilatación sin justificación alguna en la resolución de las
acciones legales que se habían interpuesto en conformidad con la Constitución
Política, las leyes sustantivas y adjetivas formuladas para su protección.

A continuación se presentan algunos de los fundamentos de la misma:

1.- “El 29 de diciembre de 1992, mediante Resolución Suprema Nº 453/RE, fuimos


cesados en forma ilegal, injustificada y arbitraria del Servicio Diplomático de la
República conjuntamente con otros 114 funcionarios diplomáticos, sin concedérsenos
las garantías legales del caso, y violando nuestros más elementales Derechos
Humanos, motivo por el cual nos vimos obligados a interponer recursos de
reconsideración ante el Ministerio de Relaciones Exteriores. Dichos recursos jamás
merecieron respuesta alguna de parte de la administración de la Cancillería.

2.- Interpusimos Acciones de Amparo o de Garantía o Tutela por la violación


de nuestros Derechos Constitucionales ante los 22º y 23º Juzgados Civiles de
la Ciudad de Lima, según lo dispuesto por el artículo 295º de nuestra
Constitución Política vigente.

Debemos señalar que la tramitación judicial de nuestras acciones viene


sufriendo gran dilación, y siendo objeto de falsas afirmaciones por parte del
Procurador Público para Asuntos Judiciales del Ministerio de Relaciones
Exteriores, ocasionándonos serios perjuicios morales y económicos.

Dejamos constancia, que no deja de preocuparnos la actitud que viene


asumiendo el Gobierno peruano frente a los funcionarios cesados en otros
sectores de la administración pública, al no acatar los aislados casos de
reincorporación dispuestos por la Corte Suprema de Justicia de la República.

54
Debemos tener presente que el Perú se adhirió de buena fe y bajo su propia voluntad el día 22 de
noviembre de 1969 en San José de Costa Rica a la Convención Interamericana de Derecho Humanos y fue
recogida en su Constitución Política de 1979

107
3.-El Congreso Constituyente Democrático (CCD), en abril del presente año,
dio a conocer a la opinión pública que el cese de los 117 funcionarios
diplomáticos, sería revisado, por su Comisión de Relaciones Exteriores, caso
por caso. Esto jamás se hizo. Muy por el contrario, en forma por demás
desconcertante, la facultad de revisión fue delegada al propio Ministerio de
Relaciones Exteriores, convirtiéndoselo de esta manera en juez y parte. Sin
embargo aun así, hasta la fecha, no se ha emitido ningún pronunciamiento
oficial sobre el particular”.(Ver Anexo 22).

Otro papel fundamental que abrazó la causa de los diplomáticos, lo representó


el Colegio de Abogados de Lima que respaldó el procedimiento de interpelación
y que advertía una irregularidad que es común en todos los casos de recursos
impugnativos interpuestos por los diplomáticos cesados, que la Administración
de la Cancillería no resolvió las reconsideraciones planteadas, lo cual es una
violación del procedimiento administrativo.

El 24 de marzo de 1994, es decir seis meses y 24 días después de que los


diplomáticos hubieran formulado su denuncia, llegaba el ansiado acuse de
recibo, suscrito por Edith Márquez Rodríguez, Secretaria Ejecutiva de la
Comisión Interamericana de Derechos Humanos, con el siguiente tenor: “Se ha
iniciado la tramitación de su denuncia de acuerdo con el Reglamento de la
Comisión. Para tal efecto, su denuncia ha quedado identificada con el número
que figura arriba de la presente, (CASO Nº 11.277), al cual ruego en el futuro
hacer referencia en su correspondencia con la Comisión”. (Ver Anexo 23).
La citada Comisión, puso en conocimiento de las partes su comunicación al
Gobierno de Perú. Sin embargo, se tomaría en ver el caso 14 años, 10 meses y 24
días, contabilizados desde la fecha en que se ingresó la denuncia en la Mesa de
Partes de APRODEH en Lima hasta el 24 de julio de 2008, en que mediante
Informe Nº 59/08, insólitamente declaró inadmisible la denuncia formulada.

8.3.1. Demandas y denuncias ante el Poder Judicial.

El Ministro Carrillo Hernández interpone el dos de febrero de 1993 ante el


vigésimo Tercer Juzgado Civil una demanda de Amparo de acuerdo con la
Constitución Política del Perú contra el Presidente del Consejo de Ministros y
Ministro de Relaciones Exteriores Oscar de la Puente Raygada, por haber sido
arbitrariamente cesado como Ministro del SDR. Los fundamentos de la citada
demanda se basaban en la carencia de fundamento legal de la misma, en la
violación de los derechos constitucionales, estabilidad laboral, de defensa y de
honor. El 20 de Septiembre de 1993 el Vigésimo Tercer Juzgado falló
declarando fundada la Acción de Amparo.

108
Por otra parte, el 15 de agosto de 1994 la Primera Sala Civil de la Corte
Superior de Lima, de conformidad con el Dictamen Fiscal, declaró fundada la
Acción de Amparo interpuesta. Bajo el sugerente título “La Batalla de Carrillo”,
el semanario “Oiga”, en su número correspondiente al 01 de febrero de 1993,
informaba a la opinión pública que: “El 15 de agosto la Primera Sala Civil de la
Corte Superior de Lima confirmó la resolución del 23º Juzgado Civil que declaró
fundada la Acción de Amparo interpuesta por Eduardo Carrillo y dispuso su
reincorporación al Servicio Diplomático Activo en la Categoría de Ministro, con
todos los efectos legales que ello implique”.(Ver Anexo 24)

Exponía amplia y detalladamente el caso de Carrillo, el que evidentemente


constituía “un abuso del derecho” y así lo había entendido el citado Magistrado,
que había calificado a la Resolución Suprema del cese, como una acción
administrativa de corte unilateral, inconstitucional e ilegal. Concluía esta
importante columna del Semanario afirmando: “Con este fallo, Carrillo
prácticamente le ha ganado la batalla legal al régimen. Falta saber si el
Gobierno acatará la decisión del Poder Judicial y reponga al diplomático cesado
abusivamente” (Ver Anexo 24).

Con fecha 12 de setiembre de 1995 la Sala de Derecho Constitucional y


Social de la Corte Suprema de Justicia de la República, que podemos decir,
prácticamente se estrenaba con su caso, ya que anteriormente esta clase de
acciones de garantía sólo podían llegar hasta la Corte Superior, de conformidad
con lo dictaminado por la señora Fiscal, declaró fundada la Acción de Amparo
interpuesta y en consecuencia, inaplicable, la Resolución Suprema Nº 453-RE-
92 de 29 de diciembre de 1992, disponiendo su reposición al SDR Activo en la
Categoría de Ministro, con lo demás que contiene.

8.3.2. Nuevamente la malversación de los Ingresos Propios y el Archivo


de Limites.
El escandaloso tema de la malversación de fondos para la adquisición de un
local propio, con la debida infraestructura del caso, para el Archivo de Limites
del Ministerio de Relaciones Exteriores, vuelve a cobrar actualidad, con la
pérdida de documentos históricos pertenecientes al mismo, sustraídos y
enviados a los Estados Unidos de América y Gran Bretaña e Irlanda del Norte
entre los años 2003 – 2006.
El Congresista Yonhy Lescano Ancieta propuso que el Ministerio Público inicie las
investigaciones sobre dichas sustracciones de documentos históricos. Por su parte,
el Embajador Eduardo Carrillo, que fuera especialmente invitado por dicho

109
parlamentario, al igual que el Embajador Mario Pareja Lecaros, para hacer una
breve exposición sobre los antecedentes del problema del Archivo de Límites
en los años noventa.
Carrillo Hernández, en su intervención que fuera televisada por el Canal del
Congreso de la República, lamentó ante la Subcomisión Investigadora:

“que no exista un cuidado severo y minucioso de los Archivos del Ministerio


de Relaciones Exteriores y que hayan quedado en nada las investigaciones
sobre el destino de ocho millones de dólares que fueron destinados a la
adquisición de un nuevo local y equipamiento del Archivo general del Ministerio”
(El informante, 2009: 1)

Es así como la Sub Comisión “Investigadora del Tráfico de Documentos del


Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores” retoma el tema del cuestionado
manejo de los Ingresos Propios para el Archivo de Límites. El Congreso de la
República luego de las investigaciones del caso, emitió su correspondiente
Informe, que si bien es cierto, no entra en detalles sobre el que fue un
verdadero escándalo judicial en la década de los noventa, conocido en los
pasillos judiciales como el “Juicio de los Embajadores”, sus protagonistas aún
continúan sin ningún tipo de sanción hasta la fecha. Nos remitimos a una de sus
conclusiones: “El acervo documental estaba guardado en cajas al alcance de
todas las personas. Esta lamentable situación facilitó las sustracciones que se
produjeron.” (Congreso de la República, 2008:23)

Con lo anterior, la situación de incertidumbre que requería una inmediata


explicación de los hechos, estuvo herméticamente pausada en el tiempo por
catorce años hasta que los diarios produjeron un nuevo escándalo de tráfico de
manuscritos históricos, y recién se reapertura la discusión sobre el mismo.
Continúa consignando el citado Informe: “Tampoco se contaba con un
inventario o catálogo actualizado hasta el año 2006, que permitiera señalar con
precisión qué documentos adicionales a los recuperados han sido sustraídos de
los Archivos”. (Ibíd: 23) Agregando que:

“De acuerdo a la evaluación realizada al Archivo de la Cancillería por el


Archivo General de la Nación en el año 2003, la entidad no contaba con
diagnóstico situacional, cuadro de clasificación de documentos, tabla general de
retención de documentos, ni con el Manual de Procedimientos Archivísticos.
Semejante situación parece no haberse corregido oportunamente, porque,
precisamente varias de las sustracciones de documentos se realizaron en el
período 2003-2006.” (Ibíd: 23)

110
Todos estos hechos motivaron varias denuncias que con el consecuente
escándalo periodístico, fueron objeto de estudio por parte del Poder Judicial de
un proceso penal que tomó casi cuatro años, plagado de irregularidades y que
fuera llamado, como se mencionó antes, el “El Juicio de los Embajadores”.

8.4 La Comisión de Ética institucional y sus “indagaciones” sobre lo


ocurrido.
Transcurridos los primeros años de la caída del gobierno de Alberto Fujimori,
luego de constantes actos ausentes de voluntad política por esclarecer lo
ocurrido dentro del SDR, el 24 de agosto de 2001 la Asociación de Funcionarios
del Servicio Diplomático del Perú (AFSDP) convocó a una Comisión de Ética
Institucional, con el objetivo de conocer los hechos que ocurrieron y la conexión
que se estableció entre la autocracia fujimorista y el Servicio Diplomático. En
concreto se tomó como punto de partida la ruptura institucional producida con el
cese inconstitucional de los 117 funcionarios diplomáticos que ya hemos
descrito y presentado anteriormente.

Conformaron la mencionada Comisión, tres Embajadores de carrera en


situación de retiro. Los Embajadores José Carlos De la Puente Radbill, ex
Canciller durante el Gobierno de Morales Bermúdez (1975 – 1980), quien la
presidió, Manuel Augusto Roca Zela, Ex Secretario General de Relaciones
Exteriores y Alfonso Arias-Schreiber Pezet, quien fuese Embajador del Perú en
los Estados Unidos de América.

En la Asamblea General Extraordinaria de la AFSDP llevada a cabo en el Aula


Magna de la Academia Diplomática del Perú, la citada Comisión presentó el 03
de octubre de 2001 su correspondiente Informe, entre cuyas recomendaciones
formuladas para establecer la verdad sobre el cese, estaba la de constituir un
Tribunal de Honor o Comisión Investigadora que sobre sus reflexiones y
acciones, determinara las responsabilidades de los funcionarios diplomáticos
que pudieron haber sido partícipes del cese de sus colegas. Esto reflejaba, en
principio, un marcado interés institucional por corregir los actos que
perjudicaron el ambiente institucional para que se tuviese conocimiento de lo
que ocurrió y con ello preservar la memoria institucional.

A continuación, se presentan algunas ideas del Informe, que por sí solas


explican por qué dicho documento, sólo terminó prácticamente perdonando a un
grupo de diplomáticos implicados en el cese masivo de los 117 funcionarios
diplomáticos y otros ilícitos:

111
“Siguiendo con la metodología utilizada, repasamos casos de irregularidades,
hasta presuntamente delictivos; reclamos y quejas directamente formuladas a
Palacio de Gobierno; conversaciones con Asesores presidenciales;
acusaciones de la Inspectoría General y denuncias ante el Ministerio Público,
sin coordinaciones con la Secretaría General y la Dirección de Administración,
que a la postre fueron desechadas por el Poder Judicial, declaraciones no
autorizadas a la prensa, comentarios periodísticos equivocados o que buscaban
escándalos, sin adecuada y pronta respuesta de la Cancillería o de la
Asociación; informes de anteriores comisiones, en fin, variada documentación”.
(Comisión de Ética Institucional, 2002: 2 -3)

Lo más relevante del Informe es que se afirma la no existencia de pruebas, y


la no aceptación por parte de los sindicados e implicados directamente de
confesar o haber admitido ser los autores intelectuales en la confección de las
listas de cese.

Leyendo los descargos, al percibir la manera en que se construye el discurso,


pareciese que el principio de la obediencia debida, y acatamiento estaban
correctamente instalados. En ese sentido, se afirma en otro aparte que la
filosofía y naturaleza de la Comisión era la de no confrontar ni denunciar,
tampoco la de esclarecer hechos, sino la de:

“Saber por qué se produjo la indefensión del Servicio; ¿por qué se mostró tan
débil y sin respuesta la Institución?, ¿qué pasó con la solidaridad?, ¿por qué los
Secretarios Generales, no ejercieron un legítimo liderazgo?, ¿por qué los
colegas no acudieron a respaldarlos o a exigirles la postura adecuada?, ¿hubo
o no una parálisis general? La ética institucional no se tiene que hacer con
acusaciones nominales, que conllevan castigo, para eso están los tribunales, la
ética institucional tiene que hacer con valores(Ibíd: 2-3).

Y continúa afirmando:

“Nosotros insistimos, somos una Comisión que busca pronunciarse – y lo


haremos no lo duden, lo estamos haciendo, imponiéndonos moderación y
aquietando nuestra indignación, en el sentido que hay que recuperar los valores
morales, aparentemente extraviados” (Ibíd: 3)

El enfoque del informe de considerarse una Comisión de Ética más que como una
Comisión Investigadora merece la siguiente interrogante: ¿Cuál puede ser la
utilidad de ello en un contexto de corrupción como el que vivió el país en la década
de los noventa? ¿Es posible consignar en dicho informe que hay que recuperar los

112
valores morales aparentemente extraviados? En realidad, se trato de un
conjunto de procedimientos internos expresados en papeles, que los hicieron
circular en Internet, pero “olvidaron” remitirlos por la vía oficial y jerárquica al
Canciller Diego García Sayán” (Mariátegui, 2002).

Por lo anterior, es importante consignar el siguiente hecho con motivo de


comprender que quienes están encargados de tomar las decisiones en las más
altas jerarquías de la gestión pública, pueden colegirse con los intereses
externos y sabotear el correcto desempeño institucional.

En efecto, el Embajador Carrillo Hernández nos relata que “cuando por


invitación del propio Presidente de la Comisión concurrí a dar mi testimonio y lo
inicié denunciando que el Inspector General de la Cancillería, en ese entonces
el Embajador Mario Pareja Lecaros y yo, el Sub Inspector, habíamos sido
injusta y arbitrariamente separados de nuestros cargos en septiembre de 1992,
es decir, casi cuatro meses antes del cese de los 117 diplomáticos, que fue el
29 de diciembre de dicho año. Y no como figuraba en uno de los documentos
de su Comisión que consignaba que cuando se produjo el cese, nosotros
continuábamos todavía en el desempeño de dichos cargos. Y no solamente
eso, sino que a renglón seguido, en el mes de octubre de 1992, se cometió
contra nosotros un nuevo atropello al pretender instaurarnos un Consejo de
Investigación, el cual jamás se instaló pero que nos mantuvo en esa irregular y
perjudicial situación hasta la fecha del cese”.

Y continúa afirmando nuestro entrevistado. “Por lo demás, este acto de


arbitrariedad fue causa de una acción penal que interpuse por abuso de autoridad y
que tuvo como secuela, que se expidiera una orden de detención contra los
Embajadores SDR Juan Garland Combe, Inspector General de la Cancillería,
Presidente del espurio Consejo de Investigación y de Roberto Villarán Koechlin,
Embajador del Perú en el Reino de España y ex Secretario General de Relaciones
Exteriores, uno de los responsable intelectuales de todas estas iniquidades. Acción
que no prosperó porque “inexplicablemente” las autoridades policiales del
fujimorato, manifestaban cuando se les requería información sobre el particular,
que los citados importantes funcionarios diplomáticos “no eran habidos”.

Por los años transcurridos la mencionada acción prescribió. Todas las


acciones interpuestas por el funcionario diplomático en mención iban dirigidas a
responsabilizar principalmente al Embajador Alfonso de Rivero Monsalve y a su
cúpula corrupta de las ilegalidades y arbitrariedades que venían aconteciendo
en la Cancillería. Nuestro entrevistado afirma:

113
“El Embajador De la Puente Radbill mortificado visiblemente por mis
afirmaciones, me pidió que no hablara así del que calificó como un pobre
colega, que dijo, estaba con cáncer. Confieso que me causó tal indignación la
ridícula e impertinente sugerencia que mi respuesta no se hizo esperar y ella
fue: No dudo que Rivero sufra de cáncer pero el mal debe tenerlo en el alma
por lo perverso que es”.

Deberíamos puntualizar que la categorización de enfermo con cáncer era un


eufemismo porque más de diez años después el mencionado diplomático sería
nombrado como agente del Estado peruano, en su calidad de Embajador y con
prórroga ante la Santa Sede, esto ya, en el contexto del segundo gobierno del
Alan García Pérez (2006- 2011) .

El desconcertante segundo hecho, aconteció, nos relata el Embajador Carrillo


“cuando ya concluidas las labores de la Comisión de Ética Institucional, me
advirtieron oficiosamente que varios congresistas de la República, estaban
solicitando su Informe Final y que entre la documentación que se iba a remitir al
Congreso de la República, no se iba a incluir la que contenía mis declaraciones
porque no se encontraba en los archivos de la Inspectoría General del
Ministerio de Relaciones Exteriores, que era la dependencia oficial encargada
de los trámites del caso”.

Esta ausencia de información institucional, en el acto de recoger los testimonios


de quienes habían intentado desde hace más de 14 años restablecer los valores
institucionales marcados por la rutina y el buen nombre que gozaba la Cancillería
en años anteriores, representaba una omisión delictiva. Lo anterior ha sido
constatado al revisar la Documentación foliada y numerada recibida de la Comisión
de Ética Institucional de la AFSDP del Perú, sobre la investigación del cese de
funcionarios diplomáticos, ocurrido en diciembre de 1992, fechada el 08 de marzo
de 2002, que consta de 309 folios, que conforman el denominado Exfoliador Nº 1,
en el cual, en efecto no se incluyen las declaraciones de nuestro entrevistado, a
pesar que fuese convocado para hacer su descargo ante el propio Presidente de la
Comisión, Embajador SDR ® De la Puente Radbill.

Por otra parte, son reveladores los diálogos que se desarrollaron entre los
mismos funcionarios del SDR en lo encomendado a la Comisión de Ética, para
esclarecer lo acontecido en ese período. Presidiendo la Comisión el Embajador
SDR De la Puente Radbill, entre los Embajadores SDR Manuel Augusto Roca Zela
y José Antonio Arróspide del Busto, en que el tema tratado involucra al Embajador
Alfonso Rivero Monsalve y que corre a fojas 39, 40, 41 y 42 de la documentación

114
sobre la Investigación llevada a cabo por la mencionada Comisión. Fácilmente,
se puede constatar el amicalismo y la pasividad con que se pretendían conocer
los hechos del pasado. Cabe señalar, que el entrevistado Embajador Arróspide
del Busto fue uno de los diplomáticos asesores y colaboradores más cercanos
del ex canciller Oscar de La Puente Raygada.

Se detalla a continuación parte de este diálogo:

“EMBAJADOR ROCA ZELA: Yo quería hacer una pregunta. Ya veo que


estamos llegando casi así a un final, dentro del ánimo de reconciliar, he
escuchado con mucho interés los pasos que tú has dado de no seguir
agravando el problema con botar a 12 más.
EMBAJADOR ARRÓSPIDE: Y, antes traté de que incorporaran a muchos
incluido a Manuel, hice lo imposible por reincorporar a Manuel.
EMBAJADOR ROCA ZELA: Muy bien. A esto voy últimamente. Hay una gran
diferencia entre cierto sector, que incluso llega a poner calificativos inaceptables
a ciertos funcionarios, que acusan a Alfonso Rivero, pero da la impresión que
Alfonso Rivero ha superado a los grandes maestros, a Ulloa, a Porras y ha
creado toda una Escuela. Una escuela además muy activa que parece se
pasan la posta uno a otro y allí lo envuelven también a nuestro colega
Arróspide. Entonces quiero saber ¿por qué nace esto? Porque Alfonso tiene la
batuta de todo lo que llama a una mafia Fujimorista, con escrito. No sé cuál es
tu impresión. ¿Cómo se ensambla y cómo se termina con esta escalada?
EMBAJADOR ARRÓSPIDE: Yo, en lo que a mí concierne, yo tengo el mayor
respeto y el mayor aprecio por Alfonso, lo conozco pues de muchos años, de
colega, que se yo, le tengo afecto, estimación, respeto en fin y todas las
consideraciones del caso, pero yo no siento que Alfonso haya influenciado en mi
carrera para nada. De repente hubiera sido bueno que lo hubiera hecho, no lo sé
porque nunca he trabajado con Alfonso, nunca he coincidido en una Embajada en
el exterior con Alfonso, jamás. Y, si en Lima hemos coincidido nunca ha sido mi jefe
directo, nunca hemos tenido una relación laboral directa o sea que tengo tanta
amistad con Alfonso como tengo con muchísimos otros colegas.

Yo no me considero en forma alguna que mi carrera está influenciada,


determinada, no sé, que término utilizar por Alfonso Rivero, no es así. Eso no
se ajusta a la realidad. Si yo hubiera trabajado alguna vez con Alfonso Rivero y
hubiera estado en la misma Embajada que Alfonso Rivero tal vez. Pero yo, ni
en la misma Embajada ni en la misma Dirección en el Ministerio, nunca he
tenido una vinculación laboral cercana.

115
EMBAJADOR ROCA ZELA: Directa, pero ¿puedes haber trabajado con el
descendiente putativo de Alfonso?
EMBAJADORARRÓSPIDE: Con Coco. Con Coco Valdez he ido al Kindergarden.

EMBAJADOR ROCA ZELA: Se ha ido transmitiendo en líneas. Es bueno


esclarecer.
EMBAJADOR ARRÓSPIDE: Yo encuentro que allí hay algo muy extraño con
Alfonso, con Alfonso se disputan yo no sé qué cantidad de cosas. Yo no creo que
sean ciertas, no lo sé. No me corresponde a mí dilucidarlo, pero sí creo que son
injustas. Yo no creo que sea una mala persona Alfonso Rivero, ni mucho menos.

Yo pienso que es una buena persona y que es un buen profesional. No es


perfecto. No hay nadie perfecto sobre la tierra, eso es lo que yo puedo decir de
él. Pero yo no quiero aparecer como acusando a nadie, pero yo si quiero referir
porque ustedes me han preguntado de dónde nace esto. Yo creo que la
satanización por poner un término, no sé si se ajusta a la realidad o no desde la
figura de Alfonso Rivero está en alguna medida conectado a don Eduardo
Carrillo. Eduardo Carrillo detesta a Alfonso Rivero, no tengo idea por qué, pero
lo odia y él siempre es el que ha insistido, constantemente en la figura de
Alfonso Rivero y lo ha atacado a lo largo de los años y cada vez que puede. El
otro día en la Asamblea Eduardo Carrillo volvió a hablar de Alfonso Rivero en
términos muy horrorosos, pero espantoso, horrible.

EMBAJADOR ROCA ZELA: fue el momento en que Azula lo hizo callar, a


gritos pero éste seguía hablando.
EMBAJADOR ARRÓSPIDE: Carrillo hace muchos años que está fuera, es
Ministro en el Servicio Diplomático, yo no lo conozco. Lo he visto dos o tres
veces en mi vida de hola qué tal, no tengo ninguna vinculación con él, pero para
que vean que es una obsesión de Carrillo; quien les habla y el Embajador Julio
Muñoz, Director General de Administración, hemos sido denunciados
penalmente por el señor Carrillo. El Fiscal de la Primera Instancia ha archivado
la denuncia. Carrillo la ha apelado a la Fiscalía Superior, con el agravante de
que el señor Carrillo nos denuncia a Julio Muñoz y a mí penalmente, por algo
que sucedió creo en el año 97, cuando Muñoz y quien le habla ni siquiera
estábamos en Lima, ni siquiera estábamos en el Perú de puesto.

Él ha debido entablar un juicio o laboral o administrativo al Ministerio de


Relaciones Exteriores de la República del Perú, pero no al Director de
Administración y al Secretario General de turno que era yo, por algo que
sucedió cuando yo no tenía nada que ver con este puesto.

116
Pero este hecho tan extremo y tan carente de lógica como que el Fiscal ordenó
su archivo, refleja de esta obsesión que tiene nuestro colega Carrillo, a quien yo no
le deseo ni bien ni mal porque no lo conozco. Me apena que haya planteado un
juicio de manera alocada, pero creo que él de ninguna manera está vinculado a
esta mención constante a Alfonso Rivero, pero volviendo a tu pregunta, don
Augusto, yo repito tengo afecto, aprecio, respeto por Alfonso Rivero pero yo no me
considero miembro de esa mafia, ni de ninguna mafia que con la ayuda de Dios
Padre, ninguna, ni la más mínima”. (Comisión de Ética Institucional, 2002: 40 - 41)

8.5 La Comisión Especial de Alto nivel, las pugnas administrativas y el


pretendido esclarecimiento de los hechos.
Otro de los actos que reflejó un intento por recuperar la institucionalidad en la
Cancillería, provino de una carta titulada “El Honor de Torre Tagle”, cursada por
el Embajador Oswaldo De Rivero Barreto, dirigiéndose al Presidente y al
Consejo de Honor de la AFSDP, desde la Misión Permanente del Perú ante las
Naciones Unidas en Nueva York.

En su misiva, entre las importantes consideraciones y precisiones afirma:

“Sin las disculpas públicas de los funcionarios que participaron en el cese de los
117 y la aceptación de ellas por los agraviados, no podrá jamás haber
reconciliación, honor y sosiego en la Cancillería. Sin la verdad total sobre el
helicóptero y del pasaporte a Montesinos, habrá siempre dudas sobre la
vinculación de la Cancillería con la corrupción. Sin saber si hubieron instrucciones
para maquillar el fraude no habrá jamás reconciliación entre la Diplomacia y la
Democracia. La verdad sigue evasiva en la Cancillería. Si esto continúa jamás se
volverá a institucionalizar el Servicio Diplomático porque no habrá tradición de
honor que transmitir a las nuevas generaciones” (De Rivero, 2002: 3 -4).

Más adelante, De Rivero Barreto precisa: “El llamado Gobierno de Fujimori no fue
un gobierno comparable en sus bondades o errores a otros gobiernos anteriores
del Perú, inclusive militares. El Gobierno de Fujimori fue algo totalmente nuevo, fue
el mal. Fue una organización criminal, visceralmente corrupta que se apoderó del
Estado, que compró conciencias en todos los estratos sociales y profesionales, que
dañó el tejido moral de la sociedad peruana” (Ibíd: 3 -4).

Por lo anterior, todas estas afirmaciones reflejaban la iniciativa de otro funcionario


que no hablaba a media voz y que exigía la premisa de que al conocer la verdad de
lo acontecido, se podría lograr una auténtica reconciliación en la institución. El
mencionado diplomático tendría la misión de presidir, la Comisión Especial de

117
Alto Nivel (CEAN)55encargada de investigar el cese arbitrario de los funcionarios
diplomáticos y otros actos inconstitucionales e ilegales cometidos durante la
década de los noventa.

A la citada CEAN le fueron encomendadas las siguientes cuatro tareas:

“Identificar a las personas que participaron en el cese de 117 funcionarios


diplomáticos dispuesto por la Resolución Suprema Nº 453-92-RE; analizar e
investigar las denuncias e informaciones existentes sobre presuntos manejos
irregulares de recursos del Ministerio destinados a obras, adquisiciones de bienes y
servicios y a la utilización de las asignaciones en el servicio exterior entre 1990 y el
año 2000; investigar la correcta intervención de los funcionarios diplomáticos en el
Servicio Exterior relacionada a procesos electorales realizados durante los años
noventa; y precisar la intervención de los miembros del Servicio Diplomático de la
República en actos contrarios a la Constitución Política efectuados durante el
mismo período”.(Comisión Especial de Alto Nivel, 2002: 4).

El miércoles 27 de febrero de 2002, es decir siete días después de creada la


CEAN, su Presidente el Embajador Oswaldo De Rivero Barreto, nuevamente
declaraba en una entrevista a la prensa, luego de asegurar que tenía el
mandato para plantear denuncias ante el Ministerio Público, que:

“Se va a tratar de identificar a quienes participaron en el cese de los 117


funcionarios diplomáticos. Luego hay una segunda parte sobre algunos
problemas de utilización de fondos que pueden haber sido hechos de manera
indebida. Y en tercer lugar, hay que investigar qué participación tuvo la
Cancillería en todo el proceso del fraude electoral”(La República, 2002: 5).

Ante una pregunta de su entrevistadora Patricia Kadena sobre si iban a


investigar a los actuales funcionarios que estuvieron muy ligados al régimen
fujimorista, respondió tajantemente: “El problema no es que hayan servido bajo
Fujimori o bajo otro Presidente. El problema es si han cometido actos contrarios
a la ley. Por ejemplo, si participaron en el cese de 117 diplomáticos, sin
haberlos procesado y sin tener causa alguna, es un acto contra la ley; tratar de
maquillar un fraude es un acto contra la voluntad popular. Eso es lo que vamos
a investigar: los actos dolosos y qué personas estuvieron involucradas” (Ibíd: 6)

En este sentido, la CEAN llegó a una serie de conclusiones importantes para


confirmar los vínculos que se establecieron entre un grupo de Embajadores y el
gobierno autocrático fujimorista. Imputó sanciones administrativas para los

55
Resolución Ministerial Nº 0172-2002-RE del 20 de febrero de 2002

118
implicados, muchos de los cuales cumplida éstas, pasaron a ocupar
nuevamente cargos directivos y/o nombramientos en el extranjero Las
sanciones administrativas quedaron establecidas en la Resolución Suprema Nº
172/RE, emitida por el Ministro de Relaciones Exteriores y con la rúbrica del
doctor Alejandro Toledo, Presidente Constitucional de la República.

A continuación reproducimos parte de la misma:

“Que, a fin de determinar la eventual existencia de responsabilidad civil,


administrativa o penal en la conducta de los funcionarios identificados se
conformaron, de acuerdo a las disposiciones legales vigentes, tres Consejos de
Investigación Ad Hoc encargados de investigar, estudiar y, en su caso, recomendar
al Ministro de Relaciones Exteriores las sanciones que pudieran corresponder;

Que, con fecha 09 de enero de 2003 el Consejo de Investigación abrió


proceso de determinación de responsabilidades a los Embajadores Roberto
Villarán Koechlin, Jaime Stiglich Bérninzon, Alejandro León Pazos, Alfonso
Rivero Monsalve, Hugo Palma Valderrama y Arturo Montoya Stuva;

Que, durante el proceso administrativo se ha acreditado que los Embajadores


Jaime Stiglich Bérninzon y Alejandro León Pazos tuvieron una activa
participación en la decisión del cese ilegal y arbitrario de 117 funcionarios
diplomáticos, siendo los responsables principales de este acto inconstitucional
el doctor Oscar De la Puente Raygada, ex Ministro de Relaciones Exteriores y
el ingeniero Alberto Fujimori Fujimori, ex Presidente de la República;

Que, en el caso del Embajador Alejandro León Pazos concurre el factor


agravante del incumplimiento de sus deberes de función, pues al momento de
la aprobación del D.L. 25889, el mismo que facultó al Ministerio de Relaciones
Exteriores para declarar en excedencia al personal del Servicio Diplomático y
disponer su inmediato pase a retiro, desempeñaba el cargo de Director General
de Administración, asumiendo por esta última circunstancia las
responsabilidades legales y administrativas propias del cargo;

Que, ha quedado también acreditado a lo largo del proceso administrativo que


el Embajador Jaime Stiglich Bérninzon participó directamente en el cese,
prestándose a una participación activa en los actos que condujeron a la
aprobación de la inconstitucional e ilegal Resolución Suprema Nº 453-92-RE,
concurriendo en su caso, también, factores agravantes al desempeñar, a partir
del 09 de diciembre de 1992, el puesto encargado de la Dirección General de
Administración, con retención del cargo de Director de Gabinete del Ministro;

119
Que, la colaboración intencional de los citados funcionarios en el arbitrario e
ilegal cese no sólo atentó contra la carrera y trayectoria profesional, dignidad,
honor y reputación de los funcionarios cesados, sino que supuso además un
grave daño a la política exterior del país y a la institución diplomática al permitir
la indebida separación del Servicio de una cuarta parte de sus miembros;

Que, de lo actuado en el proceso administrativo no se derivan elementos de


juicio ni indicios razonables de la participación directa del Embajador Arturo
Montoya Stuva en las decisiones que condujeron al cese, correspondiéndole
sólo la responsabilidad derivada del incumplimiento de sus deberes de función
como Director de Personal del Ministerio de Relaciones Exteriores;

Que, en los casos de los Embajadores HUGO PALMA VALDERRAMA Y


ALFONSO RIVERO MONSALVE, conforme lo actuado en el proceso
administrativo, NO SE HA DEMOSTRADO la existencia de elementos de juicio,
pruebas, NI INDICIOS SUFICIENTES para acreditar su responsabilidad en la
elaboración de las listas y de los supuestos criterios que se utilizaron para el
cese, NO EXISTIENDO EN SUS CASOS INCUMPLIMIENTO DEL DEBER DE
FUNCIÓN por no haber desempeñado, en ese momento, cargos de
responsabilidad política o administrativa en la Cancillería, ya que se
encontraban ejerciendo funciones en el exterior;

Que, el artículo 25 del Decreto Legislativo Nº 276, Ley de Bases de la Carrera


Administrativa, establece que “los servidores públicos son responsables civil,
penal y administrativamente por el cumplimiento de las normas legales y
administrativas, en el ejercicio del Servicio Público, sin perjuicio de las
sanciones de carácter disciplinario por las faltas que cometan”;

Que, el artículo 150º del Decreto Supremo Nº 005-90-PCM, Reglamento de


Ley de Bases de la Carrera Administrativa, señala que se considera falta
disciplinaria toda “acción u omisión, voluntaria o no, que contravenga las
obligaciones, prohibiciones y demás normatividad específica sobre los deberes
de los servidores y funcionarios”;

Que, atendiendo al artículo 84 de la Ley 11377, Estatuto y Escalafón del


Servicio Civil, que establece a la letra “Una falta considerase tanto más grave
cuánto más elevada es la categoría del empleado que la comete”;

Que, en aplicación supletoria de lo dispuesto en el Artículo 170º del Decreto


Supremo Nº 005-30-PCM, es prerrogativa del titular determinar el tipo de
sanción que deba aplicarse al funcionario investigado;

120
De, conformidad con lo dispuesto en el Artículo 30 del Capítulo VIII,
Sanciones Disciplinarias, del Decreto Legislativo Nº 894, Ley del Servicio
Diplomático de la República, el mismo que establece como sanciones posibles
de aplicar la destitución, la suspensión y la amonestación;

Teniendo en cuenta que el Decreto Legislativo Nº 894 no ha sido


reglamentado y que en consecuencia al no poseer norma que indique el tiempo
de duración de la sanción de suspensión, debe recurrirse de manera subsidiaria
a la ley general aplicable, en este caso el Decreto Legislativo Nº 276, Ley de
Bases de la Carrera Administrativa, que en su Artículo 26 establece para la
suspensión un máximo de 30 días de sanción administrativa;

SE RESUELVE:

Artículo 1.- Imponer a los funcionarios del Servicio Diplomático de la República


que a continuación se detallan, las siguientes SANCIONES DISCIPLINARIAS:

Embajador Alejandro León Pazos, suspensión por 30 días como sanción


disciplinaria.

Embajador Jaime Stiglich Bérninzon, suspensión por 30 días como sanción


disciplinaria.

Artículo 2.- Imponer la sanción de amonestación escrita al Embajador Arturo


Montoya Stuva”. (Ministerio de Relaciones Exteriores, 2002: 2-3)

Lo paradójico de esta Resolución Suprema es que otros diplomáticos


señalaron que es hora de voltear la página y curar las heridas. Es conocido, por
ejemplo, que dentro de los sancionados, el Embajador Roberto Villarán
Koechlin, destituido mediante una Resolución Suprema publicada por el diario
oficial “El Peruano”, se encontraba en situación de retiro debido a que ya había
pasado el límite de edad de 65 años.

Por otro lado, el Embajador Jaime Stiglich quien fue sancionado por 30 días,
se encontraba en Lima desde que se suspendió su nombramiento como Cónsul
del Perú en Shangai. Del mismo modo, el Embajador Alejandro León Pazos,
que recibió igual sanción administrativa que Stiglich, había sido destacado
como funcionario al Instituto Nacional de Defensa Civil (INDECI), pero se
encontraba a disposición de la Dirección General de Desarrollo de Recursos
Humanos de la Cancillería.

121
Otro de los implicados, el Embajador Alfonso Rivero Monsalve emitió una
Carta al Ministro de Relaciones Exteriores Allan Wagner Tizón (Ver Anexo 25)
durante las investigaciones, expresando sus argumentos como descargo a lo
ocurrido sobre el cese de los 117 diplomáticos. Los términos en que se
redactan la misma dan cuenta de su anomia y amicalismo con el que pretende
justificar su inocencia sobre los hechos ocurridos. Durante el proceso
reconciliatorio, meses después ningún funcionario de los afectados en la lista de
los 117 diplomáticos cesados recibió reparación alguna, salvo la simbólica y
anhelada reincorporación (2001). Tema que no es parte central de este trabajo,
pero que fue el resultado de un largo desarrollo producto de las presiones y
denuncias externas al Ministerio de Relaciones Exteriores.

Finalmente, documentos de primera mano evidencian que los temas en Torre


Tagle continúan hasta la fecha aún pendientes y por resolver. El malestar
institucional se ha visto reflejado en la justicia que aún reclaman numerosos
funcionarios, que pretenden conseguir de forma individual, con la esperanza de
reivindicar derechos afectados y alegando una reparación institucional aun
pendiente.

Esta tesis concluye con la esperanza de que lo ocurrido en el SDR, realmente,


no se vuelva a repetir. Como diría René Pérez, cuyo seudónimo artístico es
Residente Calle 13, en su máxime composición “Latinoamérica”, “perdono pero
nunca olvido” (Pérez, 2011: 1) pensamiento necesario para comenzar a divulgar
un conocimiento sobre lo ocurrido en una institución que pretende recuperar su
prestigio hacia adentro y afuera.

122
CONCLUSIONES

• Los ciclos de la diplomacia peruana, en sus distintas etapas históricas, han


demostrado una marcada tendencia a depender de la correlación de fuerzas ante el
contexto internacional del momento. Sin embargo, han existido algunas
excepciones que fueron en contracorriente de las fuerzas imperantes en mención,
las que se manifestaron durante el gobierno del General Juan Velasco Alvarado,
con su marcado estilo de Diplomacia militar y durante el Gobierno de Alan García
Pérez, quien adoptó una postura confrontacional ante los organismos
financieros internacionales.

• Dentro de las distintas etapas de la Diplomacia peruana, podemos constatar


un marcado giro hacia los temas económicos, especialmente durante las gestiones
presidenciales de Fernando Belaunde Terry y Alan García Perez. Igualmente,
ambos gobiernos ejercieron una mayor influencia desde el presidencialismo que
facultaba una mayor capacidad del Ejecutivo para conducir los asuntos exteriores,
lo que posteriormente se verá acentuado con la autocracia fujimorista.

• La diplomacia presidencial practicada por Alberto Fujimori requirió no solo


del apoyo y control de las Fuerzas Armadas, los medios de comunicación y un
sector de la élite económica, sino además también, requirió necesariamente, del
soporte de una burocracia diplomática, que le permitiera llevar a cabo la reinserción
económica internacional ante los organismos financieros internacionales y legitimar
su Gobierno. En este sentido, tuvo un rol protagónico el Ex Secretario
General de la Naciones Unidas Embajador Javier Pérez de Cuellar. Todo ello trajo
como consecuencia una preferencia en las prioridades de la agenda del SDR, por
atender los factores externos que moldearían su desempeño institucional.

• Desde la creación de la Academia Diplomática, asistimos a una


profesionalización en la conducción de los asuntos externos del Estado lo que
trajo consigo un mayor protagonismo del Perú en la escena internacional.

• El cambio institucional que se llevó a cabo en el SDR bajo el discurso


ortodoxo del neoliberalismo, se vio reforzado con el Autogolpe del 05 de abril de
1992, que produjo una ruptura institucional con el cese de los 117 diplomáticos el
29 de diciembre de 1992.

• La aplicación del modelo neoliberal, en su segunda ola, y los alcances de


sus reformas, sumado al ejercicio del poder autoritario, tuvo como objetivo
modificar la estructura del SDR. Ante los cambios externos en el plano económico,

123
la Cancillería no desarrolló un carácter que desalentara los cambios estructurales
arbitrarios, por el contrario modificó su entorno para adaptarse a él. Además,
dichas alteraciones permitieron que una cúpula corrupta enquistada en la
Cancillería dejara sin efecto las investigaciones que llevaba a cabo la Inspectoría
General respecto a los malos manejos de los Ingresos Propios de la Cancillería.

El medio ambiente fue moldeando el nuevo accionar del SDR, especialmente a


partir del Autogolpe de 1992, que genero presiones externas hacia las mismas
organizaciones. En ese sentido, la relación del SDR con los otros poderes del
Estado del sistema político una vez realizado el cese de los 117 diplomáticos de
carrera se manifestó de forma conflictiva y arbitraria en cuanto algunos
acontecimientos que marcaron la agenda política del gobierno autocrático.

• Ante la agresión de la autocracia fujimorista, la mayoría de funcionarios


diplomáticos a quienes correspondió ejercer los cargos directivos más altos,
haciendo caso omiso de su ética institucional para lograr su propia supervivencia,
se alinearon con el poder de turno reproduciendo el discurso ortodoxo neoliberal en
desmedro de la misma institución y de sus colegas. Lo que generó como respuesta
comportamientos colectivos por parte de los funcionarios afectados con el motivo
de reivindicar sus derechos humanos lesionados. Debe destacarse que dicha
oposición de algunos funcionarios podría sentar un precedente en la
Memoria Institucional de la Cancillería.

• La reconstrucción de la institución una vez transcurridos los primeros


años posteriores al cese del 29 de diciembre de 1992, fue siendo postergada
gradualmente a pesar de la presión de otros actores del sistema político y de
las continuas protestas y demandas judiciales que debió afrontar la Cancillería.
Esto permitió al gobierno incorporar en la agenda política otros temas para
postergar su impronta revisión y solución.

• La influencia de la autocracia y su red de poder intervino a la Cancillería


a través de algunos funcionarios que hicieron caso omiso a su ética institucional
para lograr su propia supervivencia abriendo un espacio de anarquía
institucional a nivel interno.

• Con el cese arbitrario e ilegal de los 117 diplomáticos, quedo comprobado


que en el SDR no existen mecanismos articulados dentro de una Dirección que
aglutinen de forma efectiva la defensa de los derechos de los funcionarios
diplomáticos cuando estos se ven afectados. Si bien es cierto existe la AFSD, esta
se ve limitada en sus funciones y se limita a aspectos exclusivamente declarativos
y procedimentales sin generar una defensa real de los funcionarios.

124
• Los casos de corrupción que se presentaron al interior del SDR fueron los
de malversación de fondos en cuanto al uso de los Ingresos Propios, peculado y
hasta de narcotráfico, según las investigaciones llevadas a cabo por la Inspectoría
General.

• Ante los cambios externos en el plano económico, la Cancillería no


desarrolló un carácter que desalentara los cambios estructurales arbitrarios, por
el contrario, modifico su entorno para adaptarse a él.

• Siguiendo los supuestos presentados por March y Olsen se confirma que el


impacto de la autocracia fujimorista cuyo telón de fondo fue la aplicación del
recetario del modelo económico neoliberal, fueron externos al SDR lo que
establece la idea que los contextos políticos, sociales (institucionales) dentro de los
que actúan los individuos influyen de manera fundamental en su comportamiento.

• En general, las sanciones administrativas que se les aplicaron a alguno


de los funcionarios que estuvieron involucrados en la elaboración de las listas
del cese de los 117 funcionarios diplomáticos de carrera dejó una sensación de
total impunidad sobre todo si se tiene en cuenta los descargos formulados por
los inculpados. En ellos se destacan el amicalismo y la falta de responsabilidad
manifiesta de un cinismo indirecto ante las Comisiones que investigaron los
hechos y principalmente ante sus desconcertados colegas afectados.

• Las formas de resistencia que se manifestaron una vez llevado a cabo el


inconstitucional cese de los 117 diplomáticos de carrera comprueban que los
mecanismos de control y supervivencia institucional no deben ser únicamente
empleados por órganos internos sino que es necesaria e indispensable la inclusión
de otros actores y medios de la sociedad civil, tal como quedó demostrado con el
“Plantón diplomático” de un grupo de diplomáticos cesados frente a la
Cancillería, durante la gestión del Embajador Javier Pérez de Cuellar, según
informaron los medios de comunicación social el día lunes 12 de enero de 2001.

125
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ANEXOS

ANEXO 01

136
ANEXO 02

137
ANEXO 02

138
ANEXO 03

139
ANEXO 04

140
ANEXO 04

141
ANEXO 04

142
ANEXO 05

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ANEXO 06

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ANEXO 07

145
ANEXO 08

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ANEXO 09

147
ANEXO 10

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ANEXO 10

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ANEXO 10

150
ANEXO 10

151
ANEXO 10

152
ANEXO 10

153
ANEXO 11

154
ANEXO 12

155
ANEXO 13

156
ANEXO 14

157
ANEXO 15

158
ANEXO 16

159
ANEXO 17

160
ANEXO 18

161
ANEXO 18

162
ANEXO 18

163
ANEXO 19

164
ANEXO 20

165
ANEXO 21

166
ANEXO 22

167
ANEXO 22

168
ANEXO 22

169
ANEXO 23

170
ANEXO 24

171
ANEXO 24

172
ANEXO 24

173
ANEXO 24

174
ANEXO 25

175
ANEXO 25

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