PSICOEDUCACIÓN SOBRE LAS RABIETAS
El ciclo de las rabietas en niños pequeños es una manifestación natural de su
desarrollo emocional y cognitivo. Estas crisis suelen ocurrir entre los 2 y 4
años, cuando los niños comienzan a explorar su independencia y autonomía,
pero aún no tienen las habilidades lingüísticas ni emocionales para expresar
sus deseos y frustraciones de manera adecuada
🌀 ¿Qué es el ciclo de las rabietas?
Las rabietas son una respuesta emocional intensa ante situaciones de
frustración, cansancio, hambre o sobreestimulación. En este ciclo, se pueden
identificar varias fases:
1. Desencadenante: El niño enfrenta una situación que no puede controlar
o que le resulta frustrante.
2. Emoción: Surge una emoción intensa, como ira, tristeza o miedo.
3. Comportamiento: La emoción se expresa mediante llanto, gritos,
pataletas o conductas agresivas.
4. Desenlace: La intensidad de la emoción disminuye, y el niño puede
calmarse, especialmente si recibe apoyo adecuado.
🧠 Relación entre emociones, pensamientos y comportamientos
Este ciclo refleja cómo las emociones, pensamientos y comportamientos están
interconectados:
Emociones: Las sensaciones internas que experimenta el niño, como
frustración o ira.
Pensamientos: Las interpretaciones o creencias que el niño tiene sobre
la situación, como "no puedo" o "no me dejan".
Comportamientos: Las acciones que el niño realiza en respuesta a sus
emociones y pensamientos, como llorar o gritar.
Comprender esta relación ayuda a los padres a intervenir de manera efectiva,
ofreciendo apoyo emocional y enseñando al niño formas más adaptativas de
manejar sus emociones.
💡 Estrategias para acompañar las rabietas
Para gestionar las rabietas de manera respetuosa, se recomienda:
Mantener la calma: Los niños perciben las emociones de los adultos; si
el adulto se mantiene tranquilo, el niño puede calmarse más fácilmente.
Validar sus emociones: Reconocer lo que el niño siente ("entiendo que
estés enojado porque no puedes tener el juguete ahora").
Ofrecer alternativas: Proponer otras opciones que el niño pueda
aceptar ("¿quieres jugar con este otro juguete?").
Establecer rutinas: Las rutinas proporcionan seguridad y reducen la
incertidumbre que puede desencadenar rabietas.
Fomentar la expresión verbal: Ayudar al niño a nombrar sus
emociones y necesidades.
Al acompañar al niño durante una rabieta, se le enseña a reconocer y gestionar
sus emociones, fortaleciendo su inteligencia emocional y promoviendo un
desarrollo saludable.