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El Extranjero Resumen

La novela 'El extranjero' de Albert Camus narra la vida de Meursault, un joven indiferente que enfrenta la muerte de su madre y posteriormente se involucra en un asesinato que lo lleva a un juicio donde su comportamiento es juzgado más que el crimen en sí. A través de su experiencia, se exploran temas de absurdo y existencialismo, reflejando la crisis de sentido en la vida humana. La obra es fundamental en la literatura del siglo XX y destaca por su crítica a la sociedad y su exploración de la condición humana.

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El Extranjero Resumen

La novela 'El extranjero' de Albert Camus narra la vida de Meursault, un joven indiferente que enfrenta la muerte de su madre y posteriormente se involucra en un asesinato que lo lleva a un juicio donde su comportamiento es juzgado más que el crimen en sí. A través de su experiencia, se exploran temas de absurdo y existencialismo, reflejando la crisis de sentido en la vida humana. La obra es fundamental en la literatura del siglo XX y destaca por su crítica a la sociedad y su exploración de la condición humana.

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El extranjero Resumen

La novela comienza con la frase “hoy ha muerto mamá. O quizá ayer. No lo sé”.
Habitante de Argel, Meursault viaja a Marengo para velar y enterrar a su madre, que
estaba desde hacía tiempo internada en un hospicio en esa ciudad. Durante el velatorio
se muestra frío y distante. No quiere ver el cadáver de su madre y no manifiesta tristeza.
El fin de semana, ya de regreso en Argel, Meursault se encuentra en las piscinas de la
ciudad con María, una antigua compañera de trabajo con la que inicia en ese momento
una relación amorosa. El lunes siguiente, al regresar del trabajo, Meursault se cruza con
su vecino Raimundo, quien le pide permiso para visitarlo en su casa ya que necesita un
favor: que le escriba una carta para que su examante vuelva con él. Raimundo quiere
hacerla regresar a su lado para castigarla y luego dejarla definitivamente. Meursault
accede y, el fin de semana siguiente, es testigo, junto a María, de la paliza que
Raimundo le da a su examante cuando ella regresa gracias a la carta. A la semana
siguiente, Meursault y María acompañan a Raimundo a pasar el día en la casa de playa
de una pareja amiga de este último. Luego del mediodía, los tres hombres salen a
caminar y se encuentran en la playa con dos árabes, entre ellos el hermano de la ex-
amante de Raimundo. Los hombres se traban en una pelea que pone en fuga a los
árabes. Más tarde, Meursault sale a caminar con su vecino y, en un manantial cerca de la
playa, vuelven a encontrarse con los dos árabes. Raimundo saca un revólver y los
amenaza; acto seguido, entrega el revólver a Meursault y se planta mano a mano contra
su rival, pero los árabes huyen. El protagonista y su vecino vuelven entonces a la
cabaña. Como Meursault está totalmente agobiado por el calor, sale una vez más y
camina sin darse cuenta de que se dirige otra vez al manantial. Allí se encuentra con el
hermano de la ex-amante de Raimundo y, aturdido por el sol, lo mata de un disparo y
luego sigue disparando sobre su cuerpo. El proceso judicial es lento y toma casi un año
hasta que se realiza el juicio contra Meursault. En todo ese tiempo de espera, María lo
visita una vez y le asegura que, cuando salga de allí, se casarán. Meursault no sabe si
saldrá, pero poco a poco se acostumbra a la cárcel. Durante las audiencias, el
protagonista se siente abrumado por el calor y no parece comprender con claridad lo
que sucede a su alrededor. En el proceso, luego de escuchar a los testigos y de dar
mucha importancia a la conducta del protagonista durante el velatorio y el funeral de su
madre, el tribunal pide la cabeza de Meursault, a quien acusan también de ser el asesino
moral de su madre. La audiencia se disuelve y el resto del relato se enfoca en un
protagonista que, encerrado, espera el cumplimiento de su pena de muerte. Los días
pasan y el capellán encargado de las confesiones de los presos quiere verlo, pero el
protagonista lo rechaza hasta que, al cuarto intento, entablan un diálogo. Meursault
exclama que no le interesan los asuntos de Dios, pero el cura insiste y finalmente el
protagonista se enoja, le grita que todos los hombres están condenados y que la vida
humana no vale más que la de un perro. Los guardias intervienen y el capellán se retira
de la celda. El protagonista entonces se acuesta, agotado. Siente llegar la noche y
piensa en su madre. Comprende que él ha sido feliz, que todavía lo es y que ahora solo
le queda esperar el día de su ejecución.

Guía de Estudio
El extranjero es la primera novela escrita por el filósofo francés Albert Camus, publicada
en 1942. Es considerada una de las obras fundamentales del pensamiento existencialista
y, junto a El mito de Sísifo, ensayo publicado el mismo año, conforman los pilares
fundamentales del pensamiento filosófico y de la obra literaria de Albert Camus.
Publicada durante la Segunda Guerra Mundial, esta novela es apreciada
internacionalmente como un ejemplo desgarrador de la crisis existencial que atraviesa el
ser humano en el siglo XX, y como una denuncia del tipo humano que las sociedades
están generando. Su título hace referencia a un individuo que se siente extraño en una
sociedad en la que no encuentra su lugar ni su sentido. Narrada en primera persona, El
extranjero nos muestra el mundo a través de los ojos de Meursault, un joven oficinista
francés-argelino que representa al Hombre Absurdo de la filosofía de Camus. Para el
filósofo, el absurdo nace del choque entre la realidad del mundo tal cual es y el deseo
humano de encontrarle un sentido. Reconocer el absurdo, como lo hace Meursault,
implica vivir en un profundo vacío de sentido que rompe la cadena lógica de los gestos
cotidianos. Por su narrativa despojada e impactante, por sus postulados filosóficos y por
su crítica a la relación individuo-sociedad, El extranjero es considerada una de las
grandes obras del siglo XX. Figura entre los 100 libros más importantes según Le
Monde, y ha sido fundamental para que le otorgaran a su autor el premio Nobel de
literatura en 1957.

Lista de Personajes

Meursault: Poco sabemos del narrador y protagonista de la novela. Es un joven


oficinista cuya madre muere al inicio de la novela y que va a relatar su vida en los meses
posteriores a este hecho. Meursault encarna y vehiculiza la idea del hombre absurdo:
aparece como un sujeto que contempla el mundo con indiferencia. No parece
comprender las reglas implícitas de la sociedad de la que es parte, y son pocas las cosas
que lo movilizan. Habla muy poco y no suele expresar sus pensamientos. Lo único que
logramos comprender de su psicología es que el ambiente lo condiciona: sus estados de
ánimo muchas veces se asocian al clima. No busca explicaciones ni trata de justificar su
modo de actuar; no cuestiona lo que sucede, acepta su situación tal cual es.

La madre de Meursault: Acaba de morir cuando inicia la novela, pero está presente a
lo largo del relato. La madre es una figura recurrente en la vida del protagonista, a quien
él recuerda a lo largo de la novela y cuya voz, en su memoria, lo tranquiliza y reafirma
muchas de sus ideas sobre la vida. En la segunda parte de la novela, durante el juicio
por el asesinato del árabe, la figura de la madre recupera importancia y a Meursault
parecen acusarlo de haberla asesinado moralmente, ya que, como hijo, no manifiesta
durante el velorio y el funeral ninguna conducta esperable en una persona que acaba de
perder a un ser querido.

María: Es una antigua compañera del trabajo de Meursault que se encuentra con él
nuevamente en las piscinas cercanas al puerto y comienza a frecuentarlo como su novia.
Como personaje femenino, está totalmente limitada por lo que Meursault nos dice de
ella, que es extremadamente poco: sabemos que se viste de una manera agradable al
narrador y que sus formas despiertan en él el deseo sexual. También sabemos de ella
que ríe mucho y que disfruta del tiempo que pasa con Meursault, al punto de que quiere
casarse con él.

Raimundo: Vecino de Meursault. Es descripto como un hombre bajo y de complexión


fornida; por sus acciones podemos agregar que es violento, vengativo y machista.
Durante el juicio a Meursault también se indica que es un proxeneta. Raimundo busca a
Meursault para contarle la historia de su ex-amante y pedirle al narrador que lo ayude a
escribir una carta para ella. A partir de este intercambio, Meursault se transforma en su
camarada y Raimundo intenta trabar con él una amistad. Raimundo parece encarnar
todos los valores de una masculinidad negativa, aunque Meursault no lo ve de esta
manera y en ningún momento tiene una opinión desfavorable sobre él.

El viejo Salamano: Se trata de un anciano cascarrabias que vive solo con su perro en el
mismo edificio que el narrador. Meursault destaca el parecido entre el animal y su dueño:
el podenco tiene sarna y Salamano también tiene unas placas rojizas en la piel, similares
a las costras de su mascota. El viejo odia al animal y vive insultándolo, golpeándolo y
llamándolo “cochino”. Cuando pierde a su mascota, sin embargo, Salamano se muestra
conmovido porque, dice, se entendía con el perro, lo quería, y no sabe cómo va a vivir
sin él.

Masson: Junto a su mujer, se trata de la pareja amiga de Raimundo. Ellos lo invitan a


pasar un domingo en su cabaña en la playa. Se muestran como personas
despreocupadas y optimistas, fáciles para hacer amistades.

La mujer de Masson: Junto a Masson, se trata de la pareja amiga de Raimundo.

El árabe: Es el hermano de la ex-amante de Raimundo. Junto a otro árabe, atacan al


grupo conformado por Raimundo, Meursault y Masson en la playa. Es asesinado ese
mismo día cuando Meursault lo encuentra solo en el Manantial. El narrador, abrumado
por el sol y la pesadez del día, no reflexiona sobre lo que está haciendo y dispara una
vez contra el árabe. Luego, contempla el cuerpo inerte y dispara cuatro veces más.

El juez a cargo del proceso: Es un señor mayor que entrevista a Meursault antes del
juicio y trata de comprender los motivos por los que este cometió un homicidio. Es
cristiano y afirma que, si Dios no existiera, su vida no tendría sentido.

El director del hospicio: Junto al portero, se trata de dos personajes que intercatúan
con Meursault cuando este viaja a Marengo para el entierro de su madre. Ambos
testimonian contra Meursault en el juicio en su contra, y resaltan las actitudes amorales
que éste ha manifestado durante el velorio y el entierro de su madre.

El portero del Hospicio: Junto al director del hospicio, se trata de dos personajes que
intercatúan con Meursault cuando este viaja a Marengo para el entierro de su madre.
Testimonia contra Meursault en el juicio en su contra.

Celeste: Es un personaje secundario, amigo de Meursault y dueño del restaurante


donde este suele cenar.
El abogado de la acusación: Junto al director del tribunal, se encarga de hacer las
preguntas y de llevar adelante el juicio contra el protagonista. Ambos buscan demostrar
la culpabilidad de Meursault y mostrarlo como un sujeto amoral frente al tribunal que
presencia el juicio.

El director del tribunal: Se encarga, con el abogado, de llevar adelante el juicio contra
el protagonista. Ambos buscan demostrar la culpabilidad de Meursault.

El capellán: Trata de hablar con Meursault mientras este espera que ejecuten su
sentencia de muerte. El acusado, sin embargo, lo rechaza y le dice claramente que la
religión no le interesa.

Glosario

Condolencias: Pésame, forma de participar en el dolor ajeno.

Reverberación: Reflexión del calor y de la luz de una manera difusa.

Féretro: Ataúd. Cajón en el que se entierra a los muertos.

Chancro: Úlcera crónica (erupción en la piel), frecuentemente de origen venéreo.

Refectorio: Habitación destinada a juntarse a comer en algunas comunidades o


colegios, por ejemplo, en comunidades religiosas como monasterios.

Interpelar: Dirigirse a alguien de forma directa para pedirle explicaciones sobre algo o
para que cumpla con alguna obligación.

Lienzo: Tela de algodón, cáñamo o lino.

Incienso: Mezcla de sustancias resinosas que al arder despiden buen olor.

Estrépito: Ruido considerable.

Resuello: Aliento o respiración, especialmente fuertes.

Podenco: Raza de perro de piernas largas y estructura estilizada, similar a un galgo.

Rufián: Persona perversa o despreciable. Hombre dedicado al tráfico y a la prostitución.


Por extensión de uso, también puede pasar a significar ladrón o criminal.

Címbalo: Instrumento musical muy parecido o casi idéntico a los platillos, que usaban
los griegos y romanos en algunas de sus ceremonias religiosas.

Jergón: Colchón precario, antiguamente hecho de paja u otras hierbas.

Escudilla: Vasija ancha y de forma de una media esfera, que se usa comúnmente para
servir en ella la sopa y el caldo.

Proxeneta: Persona que obtiene beneficios de la prostitución de otra persona.

Guardalmacén: Persona que tiene a su cargo la custodia de un almacén. Suele


utilizarse también para designar a las personas que trabajan como proxenetas, o
cuidando un prostíbulo.
Procurador: Se trata de la persona que se encarga ante los juzgados o los tribunales de
la representación de cada parte (es decir, acusados y defensores) durante el proceso
judicial.

Alegato: Discurso o argumentación a favor o en contra de alguien.

Apelación: Pedido que se hace ante el juez o el tribunal para que se deje sin efecto una
sentencia.

Casación: Acción de anular una sentencia.

Cadalso: Tablado construido para la ejecución de la pena de muerte.

Capellán: Sacerdote que dice misa o realiza confesiones en oratorios privados u otras
instituciones fuera de la iglesia. En este caso, el capellán de la prisión.

Irrevocable: Que no se puede anular o cancelar.

Tergiversación: Interpretación forzada o errónea de palabras y acontecimientos.

Temas

El existencialismo: Si bien Albert Camus pretendía diferenciarse de esta corriente


filosófica sostenida por su amigo y rival político Jean Paul Sartre (autor de La Náusea y El
ser y la nada), toda su obra está atravesada por el existencialismo. A grandes rasgos,
esta corriente de pensamiento postula que la existencia está por encima de la esencia y
del pensamiento. Por eso, el punto de partida de todo pensamiento filosófico debe ser el
individuo y la realidad que lo rodea, “el hombre y sus circunstancias”, como postulara en
España Ortega y Gasset. Los filósofos existencialistas sostenían que los sistemas
morales, las religiones o la ciencia eran todos insuficientes para comprender, explicar y
justificar la existencia humana. Por eso, estaban preocupados por temas como la
libertad, la rebeldía y la responsabilidad individual más allá de la moral. Estas
dimensiones son abordadas por Albert Camus desde un aspecto filosófico en El mito de
Sísifo y desde la literatura en El Extranjero, cuyo personaje principal, Meursault, encarna
al hombre absurdo.

El absurdo: Albert Camus postula en El mito de Sísifo (1942) el absurdo como la


condición del hombre occidental en el siglo XX. Para el filósofo, el absurdo nace del
choque entre la realidad del mundo tal cual es y el deseo humano de encontrarle un
sentido. El absurdo es esa relación ridícula entre un hombre que busca sentidos y una
realidad pura que en verdad no los tiene. Reconocer el absurdo, como lo hace Meursault,
implica vivir en un profundo vacío de sentido que rompe la cadena lógica de los gestos
cotidianos. Como narrador protagonista, Meursault encarna y vehiculiza esta idea: se
trata de un personaje que contempla el mundo sin buscar en él significados o un sentido
trascendental. No busca explicaciones, no cuestiona lo que sucede. Acepta el mundo tal
como es, un lugar donde existir puramente, vaciado de respuestas ante la búsqueda de
sentido que caracteriza al ser humano. Es por eso por lo que Meursault no puede
entender instituciones sociales como el matrimonio, ni encuentra sentido al ascenso
social por medio del trabajo. De esta imposibilidad de encontrar sentido a la realidad se
desprenden dos sentimientos: el de sofoco o asfixia y el de indiferencia.

La asfixia o el sofoco: El absurdo muchas veces produce en los personajes una


sensación de sofoco. Como tema a lo largo de la obra, el sofoco o la asfixia aparece en
un vaivén entre el estado externo de los personajes (debido al clima, por ejemplo) y el
estado interno de opresión que experimentan al existir en un mundo carente de
sentidos. Tanto el día del entierro de su madre como el día en el que asesina al árabe, y
luego también durante el juicio, Meursault siente el sofoco del verano. El calor y el
resplandor del día lo agobian hasta el punto de no dejarlo pensar. Meursault expresa en
repetidas ocasiones, de hecho, que no puede pensar debido al resplandor del sol. El
mundo se funde así en el brillo enceguecedor y sus formas se confunden. Pero no son
solo las formas las que son borradas: el pensamiento mismo queda en blanco, las ideas
se licúan en ese clima aplastante. La sensación aplastante que produce el clima tiene un
correlato en el interior de los personajes: es ese aplastamiento el que le impide a
Meursault realizar una defensa adecuada cuando le dan la palabra durante su juicio, al
final de la novela.

La indiferencia: El protagonista de El extranjero se muestra indiferente frente a las


opiniones de las personas que lo rodean. A lo largo del relato, cuando diversos
personajes le piden opinión o le hacen propuestas, Meursault responde con indiferencia.
Incluso frente a la petición de casamiento que le hace María su respuesta es la misma.
Como estados psicológicos, la indiferencia y la apatía están presentes en el pensamiento
filosófico existencialista de guerra y posguerra. Camus comparte esta línea de
pensamiento junto a diversos autores (entre ellos, su amigo y contrincante político Jean
Paul Sartre), y parte de su idea del hombre absurdo reelabora la idea de la indiferencia.
La indiferencia es una forma de estar en el mundo: frente a una realidad carente de
sentido y que no puede brindar explicaciones al ser humano (es decir, que no tiene
respuestas para sus grandes interrogantes, como el sentido de la vida, la muerte, la
libertad, etc.), la actitud del hombre absurdo es la de alguien que ya no cuestiona, que
ya no intenta encontrar explicaciones a lo que sucede a su alrededor.

El hábito o la rutina: La rutina es un tema importante en la obra de Camus y en el


pensamiento existencial y absurdo: tal como manifiesta en El Mito de Sísifo (1942), para
Camus el hombre absurdo del siglo XX está condenado a repetir su rutina de forma
mecánica, automatizada. Al igual Sísifo en la mitología griega, que había sido castigado
a subir cada día una roca a lo alto de una colina solo para verla caer luego y recomenzar
al día siguiente, así debe levantarse el hombre cada día para cumplir con su horario
laboral, regresar a su casa, repetir las acciones recreativas como ir al cine, cenar y
acostarse, solo para levantarse al día siguiente y repetir la misma jornada. Esta falta de
sentido se encarna en la repetición de actividades día a día y también se extiende al ocio
y a las horas de recreación: el fin de semana no es una liberación; trae un respiro sobre
la semana laboral, sí, pero representa en sí misma otra forma de la rutina para el hombre
moderno. Saber que la vida es una repetición de jornadas laborales y fines de semana
libres hunde también al hombre en la angustia existencial. El hábito se conforma a partir
de la rutina. Meursault piensa, como su madre, que el hombre es capaz de
acostumbrarse a todo. Cuando Meursault está en la cárcel y se habitúa a su nueva
rutina, el hábito implica también desprenderse de los deseos que se han transformado
en costumbre, como el fumar y el mantener relaciones sexuales: al principio Meursault
sufre las prohibiciones hasta la náusea, pero conforme se acostumbra a su nueva
situación, deja de sentir la privación como tal y la necesidad desaparece. Esto refuerza la
idea de que el hombre puede acostumbrarse a todo.

El tiempo: El protagonista está atravesado por el transcurrir temporal: algunos


capítulos están marcados por la consciencia del paso del tiempo y el control de las
horas, pero siempre desde la perspectiva del presente. A Meursault solo puede
interesarle el ahora: la idea del futuro es una abstracción que no merece interés,
mientras que el pasado carece de sentido para analizar la vida en presente. Cuando a
Meursault lo juzgan y el juez comienza por recordar el episodio del entierro de su madre,
el protagonista no comprende cómo este hecho puede estar de alguna manera
relacionado con el asesinato del árabe. Es que para él el pasado no existe como tal: no
es posible utilizar elementos del pasado para juzgar el presente, porque la temporalidad
no implica, necesariamente, una conexión causal. Durante su encarcelamiento, el
tiempo tampoco es una variable cuantificable en la vida de Meursault. Él es consciente
de que existe un ayer tanto como un hoy y un mañana, pero no intenta siquiera llevar el
recuento de los meses que pasa en prisión. No hay para él unidades de tiempo mayores
que organicen su vida.

Las instituciones sociales: El hombre absurdo pone en jaque todas las instituciones
sociales: para él, estas carecen de valor. Frente a la falta de sentido, toda acción y toda
institución creada por el hombre se relativizan y, como no hay un sistema que las
explique y valorice, terminan por ser injustificadas. Frente ellas, el hombre absurdo solo
puede mostrar indiferencia. Esto es lo que vemos con el matrimonio frente a María, o el
sentimiento de camaradería con Raimundo. En el fondo, es el puro existir lo que le
compete a Meursault; el resto de las estructuras sociales no son sino contingencias de la
vida, elementos que no tienen ninguna explicación o justificación superior. Así como no
comprende y no está interesado por las instituciones sociales, Meursault tampoco parece
comprender las expectativas que los demás tienen sobre él y sobre los hechos que lo
rodean. Por eso ha realizado con normalidad ciertos actos que para otros resultan
escandalosos, como fumar, dormir y tomar café con leche durante el velatorio de su
madre. En verdad, la condena que va a caer sobre él no es por el asesinato del árabe
sino por su actitud frente a la muerte de su madre: la sentencia es, en verdad, la
condena social que cae sobre quien no respeta las instituciones. La condena implica, en
ese sentido, el juicio violento que recae sobre el hombre que no otorga a las
convenciones sociales el sentido que tienen para el resto de la sociedad. En este sentido,
la institución estatal del poder judicial ejerce como un organismo de control social y se
encarga de dar un castigo ejemplar a los sujetos que se alejan de la norma establecida.
Cuando se pide la muerte de Meursault no se lo hace para castigarlo realmente a él por
el asesinato del árabe. Se lo hace para demostrar a toda una sociedad que no hay lugar
en ella para quienes no se manejan con sus propias reglas. El mecanismo de control, en
este caso, se lleva la vida de Meursault para dar una lección al resto. Esta no es
únicamente una lección sore cómo hay que vivir sino, principalmente, sobre cómo hay
que mostrarse frente a la vida colectiva, porque el problema de Meursault es, en
definitiva, no haberse mostrado piadoso con su madre, no haber contemplado los
pequeños ritos sociales de la buena conducta y moral.

La moral y la religión: Estrechamente relacionado con el tema de las instituciones


sociales, el juicio en la segunda parte del libro explora el tema de la moral y la religión.
En la primera entrevista que Meursault sostiene con el juez, la religión se transforma en
un elemento central. El protagonista se declara ateo frente al fervoroso cristiano que es
el juez, aun cuando esto trae aparejado como consecuencia la pérdida de su favor. La
religión es un elemento importante para comprender la filosofía del hombre absurdo: en
un mundo privado de todo sentido, tampoco es posible concebir la idea de
trascendencia. Los sistemas religiosos que dan sentido a la vida mediante el postulado
de una vida eterna después de la muerte resultan, en el mejor de los casos, ridículos. El
hombre está librado a su suerte, sin esperanzas puestas en la existencia de un fin
último, y ese es otro factor de la crisis moral que relativiza todas sus acciones, tal como
sucede con Meursault. Una vez iniciado el proceso, el interrogatorio de los testigos
inaugura el juicio moral sobre Meursault. El presidente del tribunal hace mucho énfasis
en la conducta de Meursault el día del entierro de su madre. Como no ha llorado ni
manifestado pena, como ha fumado y tomado café con leche durante el velatorio, lo
acusan de haber asesinado moralmente a su madre. Como hemos dicho antes, es esta
supuesta amoralidad manifiesta en la falta de respeto a las normas sociales implícitas lo
que se quiere castigar con la sentencia de muerte.

La vida y la muerte: La primera frase del libro nos pone ya en relación con la muerte.
Meursault no tiene una opinión sobre la muerte de su madre; la ve simplemente como un
hecho natural y totalmente esperable. Si bien manifiesta que la quería, no parece
mostrar tristeza en ningún momento frente a su pérdida. La segunda vez que el lector se
enfrenta a la muerte es cuando el protagonista asesina al árabe. Meursault lo encuentra
descansando en el manantial y le dispara con el revólver que le dio Raimundo. En ese
momento, se da cuenta de lo que ha hecho y siente que algo en el mundo se ha roto.
Entonces, dispara cuatro veces más. Existen dos posibles interpretaciones para esta
serie de disparos. Por un lado, podríamos pensar que Meursault, al darse cuenta de que
acaba de arruinar su vida, descarga el revólver como si se tratara de una queja, de un
sostenido grito existencial. Por otro lado, es también conjeturable que es con indiferencia
frente a la muerte y frente al hecho de quitar una vida que él sigue disparando, como
una última comprobación de que, en todo caso, no se trata más que de un cuerpo inerte
que no merece ninguna consideración moral que lo proteja de ese acto de profanación
de la carne. En la segunda parte del libro, la sentencia judicial nos pone nuevamente
frente a la concepción de la muerte. Meursault recibe la pena capital y pasa los días
esperando que lo llevan a la guillotina. Durante las noches en vela, piensa en la muerte
con naturalidad y, sin embargo, se aferra a la vida. Como se lo hace saber al capellán en
el último diálogo que sostiene con él al final del libro, la muerte es la única certeza para
el hombre, y no importa vivir 30 o 70 años: el horizonte siempre es el mismo, y es
irrevocable. Frente a esta certeza, el hombre solo puede elegir la vida, aunque esta
carezca de sentido: la vida es pura existencia y esto es suficiente para justificarla.

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