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Lía Ferrero, Agostina Gagliolo y Diana Lenton: Dossier: PUBLICAR: Reflexiones Editoriales Desde Latinoamérica

El número XXXIV de la revista PUBLICAR celebra sus 30 años de existencia y reflexiona sobre el impacto de la neoliberalización en el ecosistema editorial de la antropología en Latinoamérica. Incluye artículos que abordan la homogeneización del campo editorial, las dificultades para publicar en la región y la transformación del sistema de publicaciones científicas. La revista se presenta como un espacio de resistencia y diálogo crítico en un contexto de desigualdad y mercantilización del conocimiento.

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Lía Ferrero, Agostina Gagliolo y Diana Lenton: Dossier: PUBLICAR: Reflexiones Editoriales Desde Latinoamérica

El número XXXIV de la revista PUBLICAR celebra sus 30 años de existencia y reflexiona sobre el impacto de la neoliberalización en el ecosistema editorial de la antropología en Latinoamérica. Incluye artículos que abordan la homogeneización del campo editorial, las dificultades para publicar en la región y la transformación del sistema de publicaciones científicas. La revista se presenta como un espacio de resistencia y diálogo crítico en un contexto de desigualdad y mercantilización del conocimiento.

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Año XXI N° XXXIV / Julio 2023 ISSN 0327-6627 / ISSN (en línea) 2250-7671

30 años de PUBLICAR: celebramos publicando y publicamos resistiendo


Lía Ferrero, Agostina Gagliolo y Diana Lenton

Dossier: PUBLICAR: reflexiones editoriales desde Latinoamérica

Apuntes sobre la tendencia a la homogeneización del ecosistema editorial


de la antropología social Argentina
Fernando Alberto Balbi

Publico, luego existo: las dificultades de escribir y teorizar en latinoamérica


Alejandra Letona Rodríguez

Algunos apuntes sobre el sistema de publicaciones científicas y la producción


antropológica en Chile
Claudio Espinoza Araya y Paula Contreras Rojas

Transformaciones en el campo de la edición científica: reflexiones desde una


revista de antropología
Cecilia Benedetti

Artículos de investigación

Ciudad de niñxs. Emociones y afectos en el espacio público


Camila Parodi y Hebe Montenegro

“Del territorio al feminismo y del feminismo al territorio”: las mujeres campesinas


de Argentina en el segundo foro feminista popular y Latinoamericano
Mariela Pena

La antropología y el saber hegemónico sobre la descendencia y la pérdida de


identidad mapuche en Río Negro entre las décadas de 1960 y 1970
Paula Inés Cecchi

Sobre indígenas, gauchos e inmigrantes: una etnografía de los aprendizajes


prácticos y la producción de conocimientos en el contexto de una excavación
arqueológica en el sudoeste bonaerense
Hernán Perrière

Entrevista Resúmenes de tesis


Antropología de la ciencia, auto etnografía ¿Qué determina la discapacidad en la infancia?
y eutanasia: un recorrido por la trayectoria Un estudio sobre la certificación estatal
de Adriana Stagnaro Axel Levin
Soledad Torres Agüero, Soledad Gesteira y
Mercedes Hirsch Entre cemento, energía; del hacer(se) de un
cementerio al sur de Córdoba (Arg.)
Reseñas y comentarios de libros María Eugenia Mackinson
Aguirre, patricia. Devorando el planeta. Cambiar
la alimentación para cambiar el mundo. Ciudad “Allah sabe más”: femineidades e itinerarios
de Buenos Aires: capital intelectual. 2021. 256 Pp. de conversión al Islam en Buenos Aires
Juan Francisco Olsen Mayra Soledad Valcarcel

@publicarevista - [Link]
Revista del Colegio de Graduados en Antropología
de la República Argentina

Año XXI N° XXXIV// julio 2023


ISSN 0327-6627 // ISSN (en línea) 2250-7671
[Link]

PUBLICAR – En Antropología y Ciencias Sociales, Revista del Colegio de Graduados


en Antropología de la República Argentina, es un espacio de tradición pluralista di-
rigido a difundir trabajos inéditos en todas las áreas de la Antropología.
La publicación se propone difundir investigaciones, entrevistas y reseñas de libros,
dando a conocer trabajos de índole teórico-metodológica y estudios de caso específicos
referidos a cuestiones de interés actual.
La Revista se presenta como un órgano de publicación con referato que prioriza los
trabajos de los asociados al Colegio, pudiendo eventualmente solicitar artículos a otros
especialistas en diferentes áreas del conocimiento.
PUBLICAR concibe la Antropología como una disciplina en permanente diálogo con
otras ciencias sociales y humanas, comprometida con una interpretación crítica tanto
del presente como del pasado.

Directora:
- Diana Lenton
Instituto de Ciencias Antropológicas, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de
Buenos Aires.

Editoras responsables:
- Lía Ferrero
Universidad Nacional de José C. Paz y Universidad Nacional de La Plata.
- Agostina Gagliolo
Instituto de Ciencias Antropológicas, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de
Buenos Aires.
Comité Editorial:
- Bárbara Galarza
Facultad de Ciencias Sociales, Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Bue-
nos Aires.
- María Emilia Sabatella
Universidad Nacional de Río Negro.
- Sandra Tolosa
Universidad Nacional de San Martín y Universidad de Buenos Aires.
- Ramiro Fernández Unsain
Universidade de São Paulo, Fundación Oswaldo Cruz y Universidad de Buenos Aires.

Consejo Académico Asesor:


- Elisenda Ardevol
Estudios de Humanidades y Filología, Universitat Oberta de Catalunya. España.
- Roberto Da Matta
Pontificia Universidad Católica de Rio de Janeiro. Brasil.
- John Gledhill
Departmento of Social Anthropology, University of Manchester. Inglaterra.
- Esteban Krotz
Unidad de Ciencias Sociales, Universidad Autónoma de Yucatán y Departamento de
Antropología, Universidad Autónoma Metropolitana. México.
- Federico Neiburg
Programa de Post-graduación en Antropología Social, Museo Nacional, Universidad
Federal de Rio de Janeiro. Brasil.
- Myriam Tarragó
Museo Etnográfico, Universidad de Buenos Aires. Argentina.

Corrección de estilo: Amaru Sosa

Diagramación: Luciana Gazzotti


ÍNDICE

Prólogo
30 años de PUBLICAR: celebramos publicando y publicamos resistiendo.
Introducción al dossier PUBLICAR: reflexiones editoriales desde
Latinoamérica y al número XXXIV (julio 2023)
Lía Ferrero, Agostina Gagliolo, Diana Lenton.................................................. 5

Dossier
PUBLICAR: reflexiones editoriales desde Latinoamérica
Apuntes sobre la tendencia a la homogeneización del ecosistema
editorial de la antropología social argentina
Fernando Alberto Balbi .................................................................................. 12

Publico, luego existo: las dificultades de escribir y teorizar en latinoamérica


Alejandra Letona Rodríguez ...........................................................................23

Algunos apuntes sobre el sistema de publicaciones científicas y la


producción antropológica en Chile
Claudio Espinoza Araya y Paula Contreras Rojas .......................................... 37

Transformaciones en el campo de la edición científica: reflexiones


desde una revista de antropología
Cecilia Benedetti ............................................................................................. 47

Artículos de investigación
Ciudad de niñxs. Emociones y afectos en el espacio público
Camila Parodi y Hebe Montenegro................................................................. 56

“Del territorio al feminismo y del feminismo al territorio”: las mujeres


campesinas de Argentina en el segundo foro feminista popular y
Latinoamericano
Mariela Pena ................................................................................................... 76

La antropología y el saber hegemónico sobre la descendencia y la


pérdida de identidad mapuche en Río Negro entre las décadas
de 1960 y 1970
Paula Inés Cecchi ............................................................................................ 97

Sobre indígenas, gauchos e inmigrantes: una etnografía de los aprendizajes


prácticos y la producción de conocimientos en el contexto de una
excavación arqueológica en el sudoeste bonaerense
Hernán Perrière..............................................................................................117

Entrevistas
Antropología de la ciencia, auto etnografía y eutanasia: un recorrido por
la trayectoria de Adriana Stagnaro
Soledad Torres Agüero, Soledad Gesteira y Mercedes Hirsch..................... 138
Reseñas y comentarios de libros
Aguirre, Patricia. Devorando el planeta. Cambiar la alimentación para
cambiar el mundo. Ciudad de buenos aires: capital intelectual. 2021. 256 Pp
Juan Francisco Olsen .................................................................................... 152

Resúmenes de tesis
¿Qué determina la discapacidad en la infancia? Un estudio sobre la
certificación estatal
Axel Levin .......................................................................................................157

Entre cemento, energía; del hacer(se) de un cementerio al sur de


Córdoba (Arg.)
María Eugenia Mackinson ............................................................................ 160

“Allah sabe más”: femineidades e itinerarios de conversión al islam


en Buenos Aires
Mayra Soledad Valcarcel............................................................................... 163
F E R R E R O , G A G L I O L O Y L E NTON
30 años de PUBLICAR: celebramos publicando y publicamos resistiendo

30 años de PUBLICAR:
celebramos publicando
y publicamos resistiendo

[ LÍA FERRERO]
(Instituto de Estudios Sociales en Contextos de Desigualdades,
Universidad Nacional de José C. Paz (UNPAZ). Universidad Nacional de la Plata (UNLP)
Editora responsable, Revista PUBLICAR

[AGOSTINA GAGLIOLO]
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET).
Instituto de Ciencias Antropológicas, Facultad de Filosofía y Letras,
Universidad de Buenos Aires (UBA)
Editora responsable, Revista PUBLICAR

[ DIANA LENTON]
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET).
Instituto de Ciencias Antropológicas, Facultad de Filosofía y Letras,
Universidad de Buenos Aires (UBA)
Directora, Revista PUBLICAR

PUBLICAR 30 year-anniversary: we celebrate while publishing and we


publish while resisting

30 anos de PUBLICAR: celebramos publicando e publicamos resistindo

Introducción al dossier “PUBLICAR: reflexiones editoriales desde


Latinoamérica” y número XXXIV (julio 2023)
La introducción de este número aniversario está dividida en dos partes, siguiendo el
ordenamiento de la misma revista.
La primera parte está dedicada a reflexionar sobre los 30 años de PUBLICAR, en
el marco de los 50 años del Colegio de Graduadxs en Antropología de la República
Argentina. Como revista, nos parece importante pensar lo que implica ser una revista
de una asociación profesional, y la celebración de un número redondo como los 30
años es una buena excusa para ello, del mismo modo que lo fueron los 10 años (+ 7)

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:: Publicar - Año XXI N° XXXIV // Julio 2023 - ISSN 0327-6627-ISSN (en línea) 2250-7671

de publicaciones ininterrumpidas que celebramos en 2020 (Ferrero y Lenton, 2020).


La segunda parte refiere, como en otros números, a los artículos libres contenidos en
esta edición de la revista.

Celebramos publicando y publicamos resistiendo


Sostenemos que ser una revista como lo es PUBLICAR es un acto de resistencia en los
tiempos que corren. Sobre eso, entre otras cuestiones, escribiremos en este prólogo.
En julio de 2022, el Colegio de Graduadxs en Antropología de la República Argentina
cumplía 50 años. No sin dificultades, dependiendo durante toda su historia de la
voluntad y posibilidades de lxs antropólogxs que decidieron involucrarse en su vida
institucional, el CGA –o “el Colegio”- supo ser imprescindible para nuestra profesión
durante varios momentos de esa historia. Más allá de su mayor o menor relevancia
según el momento y contexto histórico -cuestión que no tematizaremos en este escrito-
a lo largo de su vida institucional el CGA buscó incidir en el campo profesional con
diferentes estrategias o propuestas.
Una de esas estrategias fue la creación de la revista PUBLICAR-En Antropología
y Ciencias Sociales, hace algo más de 30 años. Así, en su 20 aniversario, el Colegio
lanzaba su propio órgano de publicación. Una apuesta editorial vibrante y disruptiva.
Una revista que desde su creación hasta fines de la década de 1990 publicó 8 números.
El primero en mayo de 1992 y el último de esa etapa en noviembre de 1999. Revistas
todas impresas, que hoy pueden encontrarse digitalmente, y que buscaron generar
un impacto en las conversaciones en la comunidad académica, no solo nacional, sino
también regional.
La apuesta dejó una marca en el ecosistema editorial argentino, que permaneció aún
durante el periodo en el que, acompañando el enfriamiento de la vida institucional del
CGA, dejó de publicarse.
Durante el año 2009, la entonces comisión directiva del CGA, como parte de su proyecto
por recuperar su centralidad para la comunidad académica local, se propuso reponer
ese proyecto editorial. Es así como, tras un año de ardua discusión, vio la luz la primera
de una serie de revistas PUBLICAR, que inauguran una segunda etapa de la misma. La
primera de esas revistas mantenía la ilusión de poder ser una revista impresa, sueño
que duró un solo número, el de junio de 2010. Las siguientes fueron ya todas digitales
y su publicación fue posible gracias a la inversión que el gobierno nacional realizó en su
momento en el Portal de Publicaciones Científicas y Tecnológicas -PPCT- del CAICYT/
CONICET. Sitio que, paradójicamente, por falta de inversión y mantenimiento a lo
largo de muchos años, dejó de funcionar de manera abrupta, generando una situación
muy dramática para las revistas que estábamos alojadas allí, entre 2021 y 2022.
El escenario con el que el nuevo equipo editorial se encontró en 2010, con el lanzamiento
del primer número de la nueva etapa, fue cualitativa y cuantitativamente diferente al
de la etapa previa. No sólo el número de publicaciones en y de antropología había
aumentado, sino que también lo había hecho el número de carreras de grado en el país,
y los posgrados se habían ya instalado como parte del sentido común disciplinar, sobre
todo para quienes persiguieran una carrera académica. Esto que en principio pareciera
ser auspicioso para una revista de antropología, no necesariamente lo fue. Porque,
y aquí la diferencia cualitativa, las razones por las que lxs colegas elegían publicar,

-6-
F E R R E R O , G A G L I O L O Y L E NTON
30 años de PUBLICAR: celebramos publicando y publicamos resistiendo

habían cambiado sustancialmente.


Ese cambio no se debía a cuestiones arbitrarias o decisiones personales, sino que lo
que se había modificado era el ecosistema editorial, producto a su vez, de cambios
en el sistema académico. Esto sucedía a nivel mundial, pero en la medida en que era
importado o impuesto acríticamente en nuestra región, en condiciones de absoluta
desigualdad, nos ubicó desde ese inicio, en una situación de constante reflexión sobre
el mismo proyecto editorial y de lucha por la supervivencia.
La intención de esta presentación no es repetir lo que muy claramente exponen Fernando
Balbi, Alejandra Letona, Claudio Espinoza Araya, Paula Contreras Rojas y Cecilia
Benedetti en el dossier que en este mismo número reflexiona específicamente sobre
la cuestión. Sin embargo, recuperamos algunos de los puntos comunes que nuestrxs
colegas traen a la discusión, desde diversos recorridos profesionales, experiencias
editoriales y preocupaciones nacionales. De algún modo, todos estos artículos hablan
de las crecientes dificultades para la producción colectiva, para la reflexión situada
y para el intercambio significativo en un contexto de asfixiante neoliberalización
de nuestras academias. En algún sentido, también, todos ellos invitan a crear estos
espacios de reflexión, a abrir interrogantes, a romper con la inercia de la “carrera”
que nos lleva a la producción y reproducción permanente y acrítica de “papers”,
enmarcados en indexaciones y métricas impuestas fundamentalmente por el mercado
editorial del Norte Global que -lejos de asegurarnos una mayor calidad o una mejor
circulación de conocimientos- acentúan las ya existentes desigualdades y asimetrías
entre las academias “centrales” y “periféricas”.

El escenario contemporáneo
La neoliberalización de nuestras academias no es un tema nuevo ni novedoso. Por el
contrario, hace ya más de tres décadas que es parte de las inquietudes de muchxs, y
muy preocupantemente solo un paisaje para gran parte de las nuevas generaciones
de antropólogxs, que se formaron -o se encuentran en formación- en este contexto y
proyectan sus carreras profesionales en esos marcos. En el contexto contemporáneo,
a mediados de la segunda década del siglo XXI, este proceso, con sus máximas de
productividad cuantitativamente medida y sus vertiginosas carreras individuales
fundadas en esa “productividad”, se encuentra profundamente instalado en nuestras
academias. Tal y como han planteado lxs autores de este dossier, muchas son las
consecuencias de este modelo: la profundización de la precarización laboral y la
extensión de una lógica de mercantilización, la creciente privatización del conocimiento
a nivel local y global y la consecuente profundización de las desigualdades en el acceso
al mismo entre regiones del mundo, el cercenamiento de estrategias colectivas de
producción de conocimiento en pos de la individualización de las carreras académicas
basadas en el “mérito” individual, el aceleramiento de los tiempos de producción
que -en disciplinas como la antropología- muchas veces implican la publicación de
reflexiones no solamente incipientes, sino también superficiales, para ajustarse a la
demanda de la productividad exigida o el incurrimiento en prácticas que socavan la
ética profesional, como el recurso del autoplagio, entre otras. En definitiva, se hace
evidente que nuestras academias, cada vez más, se subsumen en una lógica que trae
consigo un aplanamiento del pensamiento y promueve una desconexión casi total con
las circunstancias y contextos de los que nuestras antropologías, y también nuestras

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:: Publicar - Año XXI N° XXXIV // Julio 2023 - ISSN 0327-6627-ISSN (en línea) 2250-7671

academias, son producto, empujándolas hacia la irrelevancia social y política.


Este escenario se muestra poco prometedor para las revistas científicas, que aunque
sostienen su histórico lugar como espacios vitales para la producción científica -en tanto
órganos para la comunicabilidad- ocupan un lugar diferente en la lógica productivista
neoliberal de la ciencia y la técnica actual. La creciente desigualdad entre revistas, que
caracteriza el ecosistema editorial contemporáneo, y que es resultado de una carrera
vertiginosa gobernada por criterios empresariales, coloca a muchas de ellas ante
situaciones críticas, en un campo cada vez más competitivo y menos solidario.
La tendencia hacia la estandarización de la producción y divulgación científica en los
últimos años ha tenido un impacto directo en las revistas científicas y en sus políticas
editoriales. Un primer impacto es el empobrecimiento en la producción científica,
tanto en cuanto a formatos como en cuanto a contenido.
Las indexaciones, las métricas, los índices de impacto y otros estándares internacionales
establecidos por las grandes empresas editoriales internacionales van imponiéndose
en cada una de las decisiones a tomar. Esas reglas suelen ser aceptadas como parte de
las condiciones necesarias para la supervivencia de las publicaciones.
En este marco, el número de revistas científicas crece y aumenta también la demanda
de artículos para cumplir con las condiciones de los indexadores de revistas que exigen
una determinada cantidad por cada número a publicar. Aunque esto no es obligatorio,
en la medida en que los sistemas científicos1 ponderan publicaciones en revistas
indexadas, para recibir artículos es casi una necesidad pertenecer a varios de esos
índices, logrando de esa manera obtener calificaciones que supuestamente otorgan
estatus.
Mientras, estudios acerca de las repercusiones de los artículos publicados establecen
que una abrumadora mayoría no es citado nunca, lo que podría estar indicando que
una parte importante de la producción académica no es leída jamás. Incluso cuando
se trata de artículos citados, estos trabajos sostienen que es posible que los mismos no
sean leídos en profundidad y/o en su totalidad.
En ese contexto, considerando que el intercambio y la comunicación científica son a
su vez condición y corolario de la producción de conocimiento, y que en países como
el nuestro, la mayoría de esa producción es resultado del financiamiento con fondos
públicos, desde PUBLICAR invitamos a reflexionar sobre ¿Cómo hacer posible esa
comunicación? ¿Quiénes y desde dónde definen las condiciones de posibilidad de esa
comunicación? ¿Qué estrategias nos damos como revistas para mantener nuestras
publicaciones, con exigencias cada vez mayores y más ajenas a nuestras propias
lógicas disciplinares? ¿Cuál es en última instancia nuestro rol en el campo académico-
científico?

1
El sistema científico argentino no solo pondera artículos publicados en revistas indexadas, sino que
valora aún más que los mismos sean en inglés y en revistas indexadas no-argentinas. Esto no solamente
provoca la exportación de divisas que terminan en las grandes empresas editoriales, ya que el Acceso
Abierto que resulta moneda corriente en nuestra región, no es el modelo dominante en el Norte Global,
sino que también implica la desfinanciación de las revistas locales. El caso de PPCT es un ejemplo
de ello. Como argumenta Viviana Martinovich (2023) en nuestro país existe una disociación entre la
política científica que busca fortalecer las capacidades de producción científica local y la política de
evaluación que sigue criterios tecnocráticos, ponderando sistemas jerárquicos y meritocráticos en los
que la valoración científica queda en manos de criterios empresariales.

-8-
F E R R E R O , G A G L I O L O Y L E NTON
30 años de PUBLICAR: celebramos publicando y publicamos resistiendo

Algunos desafíos abiertos


Las características de PUBLICAR, en tanto revista de una asociación profesional, le
imprimen a su vez un carácter particular. Buscamos un equilibrio entre las disposiciones
de la asociación que nos cobija y los cambios que se dan en el ámbito de la ciencia y
política científica nacional, tratando a la vez de mantener -o por lo menos no perder de
vista- aquello que la hizo vibrante y disruptiva en su inicio.
Desde esa perspectiva, y considerando lo antedicho, desde la revista tenemos varios
desafíos por delante. En primer lugar, pretendemos visibilizar la producción del campo,
con una definición amplia del mismo sin limitarnos por fronteras insostenibles, como
las que dividen la producción entre académica y extra-académica. Buscamos, también,
generar discusiones y sentar posicionamientos ante temáticas o problemas que
consideramos relevantes para la disciplina, en la forma de artículos reflexivos, como
los del presente dossier.
Asimismo, ante la creciente demanda por internacionalizar las publicaciones,
PUBLICAR decidió abrir sus páginas a artículos de la región, que resulten relevantes
desde la perspectiva local. Esto es, no buscamos internacionalizarnos per se, sino que
tal internacionalización acompañe las discusiones que queremos dar. Es en función de
esta guía que convocamos a colegas de la región a enviarnos sus artículos y/o aceptamos
los que recibimos desde toda Latinoamérica.
Tal y como se plantea el ecosistema editorial en la actualidad, no podemos dejar de
señalar que, para sobrevivir2, la mayoría de las revistas decide someterse a demandas
que persiguen la lógica empresarial de las grandes editoriales del Norte Global. De esta
manera, resulta casi imposible escapar a las exigencias propagadas por indexadores
que agregan cada vez mayor burocracia al sistema editorial, en nombre de una supuesta
profesionalización del mismo. Ello profundiza cada vez más la grieta abismal entre las
revistas que tienen recursos y las que no los tienen, o los tienen en forma muy escasa,
llevando al extremo la situación de precariedad e incluso de imposibilidad de ciertas
revistas. En este marco, para la PUBLICAR, una revista con recursos económicos y
humanos escasos, sostenida en base a la voluntad y el compromiso de sus miembrxs,
la supervivencia es resistencia. Cada número que logramos editar es un logro, es una
manera de sobreponernos a las demandas cada vez mayores de burocratizar nuestras
revistas y de aplanar las posibilidades creativas de las mismas. Sobrevivir y apostar
a fortalecer un sistema editorial local, también es resistir las reglas de un mercado
editorial que plantea que “mejor en inglés, y mejor afuera”3.
Es en este marco que invitamos a la lectura de nuestro dossier especial, titulado
“PUBLICAR: reflexiones editoriales desde Latinoamérica”, esperando que nuestrxs
colegas y lectorxs nos acompañen en este arduo camino de construir otras posibilidades
y modos de contribuir a la comunicación y la diseminación de conocimiento producido
en y desde nuestros contextos.

2
O simplemente por inercia y falta de reflexión sobre la temática, o por adhesión explícita a ese sistema.
3
Esteban Krotz (en Clarac de Briceño et al., 2017) llama la atención acerca de la imposición del modelo
de hacer ciencia, de organizar, difundir y evaluar las producciones de las ciencias exactas y naturales,
que entre otras cosas lleva a ponderar la producción en inglés en revistas extranjeras.

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:: Publicar - Año XXI N° XXXIV // Julio 2023 - ISSN 0327-6627-ISSN (en línea) 2250-7671

Artículos libres del volumen XXXIV (julio 2023)


La segunda parte del volumen ofrece artículos libres, seguidos como es habitual, por
las secciones de reseñas, entrevistas y resúmenes de tesis.
Abren esta sección cuatro artículos unidos por un hilo conductor que es en realidad,
uno de los propósitos centrales de la disciplina: la iluminación de las tensiones entre las
nociones del sentido común y los conceptos que revela la etnografía. Las colaboraciones
que ofrecemos en este volumen abordan los desplazamientos de sentido conceptual y
su trasfondo político en sentido amplio, en contextos aparentemente disímiles.
En esa dirección, la contribución de Camila Parodi (Universidad Nacional de Catamarca)
y Hebe Montenegro (Universidad de Buenos Aires) se propone desmontar la idea de
niñez o infancia como categoría autoevidente, para desarrollar en cambio una profunda
observación sobre la experiencia de la niñez urbana en el área metropolitana de Buenos
Aires y la relación entre construcción del espacio público y afectividad infantil.
Por su parte, Mariela Pena (Universidad de Buenos Aires) aporta una etnografía
del campo feminista campesino y popular en el seno del Movimiento Campesino de
Santiago del Estero (MoCaSE), y describe su incidencia en la agenda ambiental y
territorial.
Paula Cecchi (Universidad Nacional de Río Negro) bucea en un archivo local para
establecer la relación entre el contexto de construcción, entre 1960 y 1970, de un
discurso hegemónico provincial sobre la identidad, la historia y el futuro mapuche, y la
violencia epistémica -asociada a otras formas de violencia- que se ejerce a través de la
imposición de la categoría de “descendiente”.
Cerrando esta sección, Hernán Perrière (Universidad Nacional del Sur) recorre la
construcción de conocimiento específico que acontece a lo largo del desarrollo temporal
de un trabajo arqueológico en el sur de la provincia de Buenos Aires, tanto entre quienes
se capacitan profesionalmente en el mismo, como en relación con la puja de sentidos
con la comunidad local respecto del contexto y la trascendencia de los hallazgos.
El ciclo Trayectorias, realizado por las colegas Soledad Torres Agüero, Soledad Gesteira
y Mercedes Hirsch (Universidad de Buenos Aires) en el marco del Colegio de Graduadxs
en Antropología, constituye un archivo videográfico público virtual que desde 2008
retrata con minuciosidad artesanal la pasión y el legado de antropólogxs argentinxs.
En este número, con profunda emoción, reproducimos la entrevista a Adriana Stagnaro
(Universidad de Buenos Aires), que recorre su aporte a la disciplina, en particular al
desarrollo local de la antropología de la ciencia, y también su actual activismo por la
promulgación de una ley de eutanasia, al que llega desde su historia personal, matizada
por su propia mirada antropológica sobre los procesos sociales y políticos de salud y
enfermedad.
En la sección Reseñas, Juan Francisco Olsen (Universidad Nacional de la Patagonia
San Juan Bosco) escribe sobre el libro Devorando el planeta. Cambiar la alimentación
para cambiar el mundo (Capital Intelectual, 2021), de la antropóloga Patricia Aguirre
(Universidad Nacional de Lanús).
Por último, en Resúmenes de Tesis presentamos una tesis de Licenciatura sobre los
procedimientos de determinación estatal de la discapacidad en la infancia (Axel Levin,
Universidad de Buenos Aires); una tesis de Maestría sobre la cartografía y el devenir de
un cementerio local (María Eugenia Mackinson, Universidad Nacional de Córdoba); y

- 10 -
F E R R E R O , G A G L I O L O Y L E NTON
30 años de PUBLICAR: celebramos publicando y publicamos resistiendo

una de Doctorado sobre las femineidades alternativas en mujeres urbanas conversas al


Islam (Mayra Soledad Valcárcel, Universidad de Buenos Aires).
Así se cierra este número aniversario de nuestra querida revista. Celebramos y
agradecemos el acompañamiento de estos 30 años, y brindamos por muchos más.

Bibliografía
Clarac de Briceño, J., Krotz, E., Mosonyi, E. E., García Gavidia, N., & Restrepo, E. (2017).
Antropologías del Sur: cinco miradas (Primera ed). Biblioteca digital latinoamericana
de antropologías.
Ferrero, L., & Lenton, D. (2020). Prólogo al número aniversario por los 10 años. En
Antropología y Ciencias Sociales. PUBLICAR en Antropología y Ciencias Sociales, 29,
6–10.
Martinovich, V. (2023). Políticas nacionales de ciencia y tecnología y evaluación
científico-académica ¿no deberían ir de la mano? Ciencia Propia. [Link]
[Link]/evaluacion-cientifico-academica/

- 11 -
Dossier
PUBLICAR:
reflexiones editoriales desde
Latinoamérica

Dossier
PUBLICAR:
Editorial Thoughts
from Latin America

Dossiê
PUBLICAR:
reflexões editoriais
desde América Latina
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Apuntes sobre la tendencia a la


homogeneización del ecosistema editorial
de la antropología social argentina1

[ FERNANDO ALBERTO BALBI]


Instituto de Ciencias Antropológicas. Sección Antropología Social.
Facultad de Filosofía y Letras. Universidad de Buenos Aires.
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET)
fabalbi@[Link]

Resumen1
Basándome en mi experiencia como editor de revistas de antropología social, en este
artículo examino algunas transformaciones que han atravesado nuestras publicaciones
académicas desde la recuperación de la democracia, así como un factor que ha
permanecido sin grandes cambios a lo largo de ese período. A continuación, argumento
que un efecto central de ese proceso —cuyo impulso central ha provenido de las políticas
neoliberales de evaluación y acreditación— ha sido la tendencia a la homogeneización
de nuestras revistas, y sugiero que esto repercute negativamente sobre la productividad
de nuestra especialidad. Finalmente, ilustro ese desarrollo apelando al caso de una
revista de la que fui editor y director.

Palabras clave: antropología social – publicaciones periódicas - neoliberalismo

Notes on the trend towards the homogenisation of the publishing ecosystem


of Argentinean social anthropology

Abstract
Drawing on my experience as an editor of social anthropology journals, in this article I
examine some of the transformations that have taken place in our academic publications
since the recovery of democracy, as well as one factor that has remained largely
unchanged throughout that period. I then argue that a central effect of this process —
the central impetus for which has come from neoliberal evaluation and accreditation
policies— has been the tendency towards homogenisation of our journals, and suggest

1
Enviado el 27/06/2023. Aprobado el 17/07/2023.

- 12 -
BAL BI
Apuntes sobre la tendencia a la homogeneización del ecosistema editorial de la antropología social argentina

that this has a negative impact on the productivity of our field. Finally, I illustrate this
development by appealing to the case of a journal of which I was editor and publisher.

Keywords: social anthropology - academic journals - neo-liberalism

Notas sobre a tendência para a homogeneização do ecossistema editorial


da antropologia social Argentina

Resumo
Com base em minha experiência como editor de revistas de antropologia social, neste
artigo examino algumas das transformações que ocorreram em nossas publicações
acadêmicas desde o retorno à democracia, bem como um fator que permaneceu
praticamente inalterado durante todo esse período. Em seguida, argumento que um
efeito central desse processo —cujo impulso central veio das políticas neoliberais
de avaliação e credenciamento— tem sido a tendência à homogeneização de nossas
revistas e sugiro que isso tem um impacto negativo sobre a produtividade de nosso
campo. Por fim, ilustro esse desenvolvimento recorrendo ao caso de uma revista da
qual fui editor e diretor.

Palavras-chave: antropologia social - revistas acadêmicas - neoliberalismo

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:: Publicar - Año XXI N° XXXIV // Julio 2023 - ISSN 0327-6627-ISSN (en línea) 2250-7671

Introducción: un punto de vista


Las editoras de Publicar han tenido la gentileza de invitarme a escribir para este dossier
dedicado a la reflexión sobre las políticas editoriales que atañen a las ciencias sociales
en nuestro medio. Lo han hecho invocando mi trayectoria en el tema, que ha sido más
bien variopinta, de modo que me parece una buena idea comenzar por sintetizarla para
beneficio de los lectores.
Entre otras experiencias, menos significativas,2 destaco aquí dos. En primer lugar, he
tenido el orgullo de ser miembro del Consejo Editor de esta misma revista entre 1995
y 1997, bajo la dirección (y presidencia del Colegio de Graduados en Antropología)
de Hugo Ratier; en ese entonces, y en un contexto de suma precariedad, nos las
arreglamos para publicar dos números y dejar listo un tercero que salió a la luz bajo
la gestión de nuestros sucesores inmediatos. Más tarde, estuve involucrado en una
experiencia editorial —al cabo, lamentablemente fallida— emprendida por el Centro
de Antropología Social del Instituto de Desarrollo Económico y Social (CAS-IDES):
entre 2005 y 2007 fui editor del Anuario de Estudios en Antropología Social, y luego
pasé a serlo de la revista que lo sucedió, Estudios en Antropología Social, que además
dirigí entre 2015 y su colapso definitivo, ocurrido en 2018. Estas experiencias me han
permitido desarrollar algún conocimiento acerca de nuestro campo editorial y de las
políticas científicas que lo condicionan y constituyen.
Por otro lado, he actuado bastante como evaluador para revistas con referato, y soy
uno más de los autores que se mueven de revista en revista tratando de dar a conocer
su producción. Más ampliamente, he sido evaluador de proyectos de investigación,
informes y solicitudes de beca y de ingreso a la Carrera del Investigador Científico del
CONICET, así como miembro de una comisión evaluadora de informes de avance y
finales de proyectos y becas (de la Universidad de Buenos Aires), todo lo cual, sumado
a mi propio desempeño a lo largo de los años como becario, investigador y docente, me
brinda otros puntos de vista desde donde atisbar la lógica de nuestro sistema de CyT y
el lugar que ocupan allí las publicaciones periódicas.
Las líneas que siguen conjugan los conocimientos y las opiniones personales que he
desarrollado a lo largo de toda esta trayectoria para abordar una parte del universo
temático del dossier. Comenzaré recapitulando un aspecto del desarrollo de
nuestro ecosistema de publicaciones desde la época de mi primera aproximación a
la antropología, e intentaré establecer algunos de sus efectos sobre el trabajo de los
editores de nuestras revistas académicas y, por esa vía, sobre las características que
estas asumen. Intentaré, también, mostrar cómo esas características repercuten
negativamente sobre la productividad teórico-metodológica de nuestra disciplina.
Finalmente, evocaré una de las experiencias editoriales en que participé, tanto por
su interés intrínseco como a modo de ilustración de mi argumento. Cabe aclarar,
antes de empezar, que me ocuparé especialmente de las publicaciones dedicadas a la
antropología social o que, estando orientadas a la antropología en general, la incluyen
en sus páginas.

2
He sido colaborador de los editores de dos publicaciones, y editor responsable (en colaboración) de un
número temático.

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BAL BI
Apuntes sobre la tendencia a la homogeneización del ecosistema editorial de la antropología social argentina

De los house organs a la homogeneización


Hacia 1984, cuando ingresé como estudiante a la licenciatura en Antropología de FFyL-
UBA, las escasas revistas de antropología tendían a tener las características de house
organs, en el sentido de que expresaban a tramas de investigadores que sostenían
perspectivas teórico-metodológicas relativamente compartidas, además de que era
habitual que la mayoría de los autores revistaran en las instituciones que las publicaban.
Así, los lectores de Scripta Ethnologica (publicada por el Centro Argentino de Etnología
Americana), o incluso de Runa (la revista del Instituto de Ciencias Antropológicas
de FFyL-UBA, que combinaba etnología, arqueología, folklore y lo que por entonces
se denominaba ‘antropología física’) recorrían sus páginas sabiendo exactamente lo
que iban a encontrar en ellas. Esta modalidad de publicación se prestaba claramente
al tipo de endogamia que, no sin razón, los criterios contemporáneos impugnan: los
colegas de un círculo estrecho se publicaban los unos a los otros, y las revistas eran
cotos más bien cerrados, autorreferidos. Por ejemplo, el desarrollo de la etnología
vernácula de corte fenomenológico, con su tendencia a dar la espalda a las tendencias
internacionales de la disciplina, no hubiera sido posible sin mecanismos como éste.
Aunque no veo razón alguna para reivindicar a esa etnología, eso no me impide ver
que el ejemplo de Scripta Ethnologica muestra que la contracara de esa peligrosa
endogamia era un fortalecimiento de las capacidades de los investigadores agrupados
en un mismo espacio institucional para desarrollar puntos de vista substancialmente
propios y más o menos compartidos. Esta es, precisamente, una capacidad de la que
hoy tendemos a carecer, y el desarrollo posterior de nuestro ecosistema editorial bajo
la orientación que imponen los criterios neoliberales de acreditación y evaluación es
uno de los principales responsables de esa pérdida.
Durante la segunda mitad de la década del ochenta y la primera de la siguiente, la
endogamia editorial comenzó a diluirse, pero aún era común que las revistas publicaran,
sobre todo, a los investigadores de cada espacio institucional, y que la mayor parte
de los artículos de autores ‘externos’ fueran traducciones de textos de figuras del
exterior o resultaran de la publicación de selecciones de las ponencias presentadas a un
evento organizado por la institución editora. El hecho mismo de que nuestro universo
editorial fuera tan pequeño hizo que quienes conformábamos el modesto pero —desde
la apertura democrática— creciente universo de la antropología social, tratáramos de
colocar nuestra producción en revistas de instituciones diferentes de aquella en que
cada uno de nosotros trabajaba, las que no alcanzaban a cubrir la demanda ‘interna’
de oportunidades de publicación (este era el caso, muy especialmente, en la UBA).
A la vez, puesto que pertenecían a instituciones que agrupaban o representaban a
colegas que trabajaban una variedad de temáticas, las nuevas revistas no tendieron a la
especialización, sino que asumieron un carácter generalista, alternativa que, al mismo
tiempo, les permitía ampliar el universo de sus autores potenciales. Esta combinación
de factores comenzó, muy lentamente, a romper la lógica autocentrada de las revistas
de la época inmediatamente anterior.3

3
Este proceso fue lento y sinuoso. Por ejemplo, es posible observar que, durante la década del noventa,
Publicar presentó una clara mayoría de textos de autores de FFyL-UBA, seguramente porque, por
entonces, el Colegio de Graduados era un emprendimiento sostenido fundamentalmente desde allí, de
manera que, en un contexto de falta de recursos para dar a conocer las convocatorias, no pocos de los
autores eran atraídos a sus páginas a través de las relaciones personales de quienes fuimos sus editores.

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Lo que terminaría por diluir esa lógica sería la imposición de las políticas neoliberales
de CyT, con sus exigencias de que las revistas limiten la cantidad de autores de la
institución que las publica y eviten la reiteración de autores en números cercanos,
y con el escaso valor curricular que otorgan a las publicaciones en periódicos de las
instituciones en que trabaja cada investigador o becario. Estas exigencias comenzaron
a hacerse sentir a comienzos del nuevo siglo, en lo que podría ser entendido como una
segunda fase de la imposición del modelo neoliberal en el campo académico argentino,
iniciada durante la década menemista con una serie de reformas institucionales y
medidas cuyo principal impulsor fue el ahora curiosamente reivindicado Juan Carlos
Del Bello. Claramente, un aspecto clave de la imposición de los criterios neoliberales
para evaluar y acreditar a quienes hacemos ciencia es el sometimiento de nuestras
revistas a una combinación de criterios de evaluación formales y cuantitativos que
tienden a trazar los límites de lo publicable, de quiénes pueden hacerlo, y de cómo debe
llegar a ser publicado. Al cabo de un largo —y discretamente sangriento— proceso, hoy
en día, la proporción de autores ligados a las instituciones que editan a cada revista
es tan baja como se pretende que sea, al tiempo que resulta muy difícil que un grupo
de colegas desarrolle una producción más o menos interrelacionada en las páginas de
una misma publicación periódica, a menos que quienes la conducen se resignen a verla
marginada del sistema editorial de CyT.
A lo largo de todo este desarrollo, un factor se ha mantenido constante: el carácter ad-
honorem y no profesionalizado, del trabajo editorial. En efecto, nuestros presupuestos
no permiten que las revistas cuenten con editores a sueldo, de manera que son
gestionadas por colegas que les dedican partes desproporcionadamente grandes de
su tiempo y esfuerzos sin percibir haber alguno. Es más: como todos los que hemos
estado en esos espacios sabemos, los organismos que evalúan nuestro desempeño (el
CONICET, las Universidades Nacionales, MINCyT) no otorgan mayor valor al trabajo
editorial, de manera que éste tampoco nos ofrece réditos en términos curriculares.
Claramente, esto repercute negativamente sobre la sustentabilidad de las revistas
académicas, desplegando toda la paleta de problemas del trabajo voluntario: la tendencia
a que las personas no puedan sostenerlo a largo plazo, la desigual dedicación de los
integrantes de los equipos editoriales, su falta de capacitación previa y la consecuente
necesidad de adquirirla sobre la marcha, etc. En este contexto, es sorprendente que la
mayor parte de nuestras pocas revistas hayan podido sostenerse —así fuera de manera
irregular, con lapsos de silencio editorial— e, incluso, adaptarse crecientemente a las
draconianas exigencias de los organismos que las evalúan y acreditan (el CAICyT, los
índices internacionales, etc.) en cuanto a continuidad, procedimientos y formato.4
Creo que otro problema de nuestro mundillo editorial puede ser relacionado con el

4
Dentro de este panorama complejo, las revistas universitarias tienen más posibilidades de contar, al
menos, con personal profesionalizado para las labores editoriales de carácter técnico (maquetación,
etc.), así como de poner la mayor parte de las tareas relativas a la recepción y selección de artículos,
incluyendo la gestión del proceso de referato, en manos de colegas que, aún sin contar con una formación
específica para afrontarlas, las desarrollan como parte de sus tareas rentadas (a través, por ejemplo de
la asignación de rentas docentes a miembros de los equipos editoriales). Los efectos positivos de esto
son particularmente visibles en el caso de las publicaciones del Instituto de Ciencias Antropológicas de
FFyL-UBA. En cambio, la continuidad de una revista como Publicar, que depende de una estructura
totalmente basada en el voluntariado, como lo es la del Colegio de Graduados en Antropología, es casi
un milagro.

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Apuntes sobre la tendencia a la homogeneización del ecosistema editorial de la antropología social argentina

trabajo no profesionalizado. Quienes participamos en equipos editoriales llegamos a


hacerlo a través de una trama de relaciones personales, en la medida en que somos
convocados por quienes están al frente de las revistas y/o de las instituciones que las
editan. Esto, y poco más, es lo que nos legitima en tanto editores, editores asociados,
etc., puesto que no se trata de un ‘trabajo’, en el sentido estrecho, coloquial, de una
posición laboral remunerada para la cual las personas son seleccionadas formalmente,
siguiendo ciertos procedimientos y atendiendo expresamente a su calificación y
experiencia. En esas condiciones, los integrantes de los equipos editoriales (que,
además, suelen ser colegas de generaciones intermedias, aún propensos a aceptar el
voluntariado y, a la vez, susceptibles de ser convocados en esas condiciones), tienden
a no sentirse autorizados para preseleccionar las propuestas de artículos en función
de su interés relativo, y suelen tener temor de rechazar a aquellas que no tienen el
nivel mínimo para ser publicadas (especialmente cuando los autores son más o menos
reconocidos), apostando a que sean los evaluadores quienes hagan el ‘trabajo sucio’
de dejar caer todo lo que no merece ser publicado. Esto redunda en, al menos, dos
problemas recurrentes: la publicación de un porcentaje apreciable de artículos de baja
calidad que, contra lo esperado por los editores, los evaluadores dejan pasar; y ese
gran problema del sistema de referato con doble ciego que es la dictadura de los pares,
hecha de rechazos arbitrarios, exigencias absurdas de adaptación a los cánones que
celebra cada evaluador, e imposiciones injustificables de puntos de vista ajenos a los
autores. Esta dictadura, que en las revistas de alto factor de impacto de las academias
centrales resulta —para decirlo en términos bourdianos— de la armonización de los
habitus de editores y evaluadores —y, crecientemente, de los autores—, se produce
entre nosotros como precipitado de la solución que surge de combinar a editores que
se sienten maniatados con evaluadores que se sienten liberados por el anonimato.
Al cabo, esta combinación de factores tiende a dejarnos en una posición simétricamente
opuesta a la de la época de los house organs. En efecto, no sólo nos hemos librado
de la endogamia editorial, con todos sus efectos negativos, sino que hemos llegado
a un punto en el que es sumamente difícil establecer siquiera una mínima línea
editorial: las revistas no pueden permitir que los miembros de las instituciones que
las publican se muestren demasiado en sus páginas; los autores deben espaciar sus
intervenciones en cada revista y, recíprocamente, éstas deben priorizar la rotación de
los nombres que pueblan sus índices; los editores no se atreven seriamente a producir
los rechazos necesarios para orientar a sus revistas en función de una cierta línea
teórico-metodológica (esto es, si acaso llegan a plantearse semejante idea) o, siquiera,
de estándares de calidad mínima; y los mismos editores prefieren transferir a los
siempre arbitrarios evaluadores las decisiones sobre lo que se publica o no se publica,
y sobre en qué condiciones se publica lo que efectivamente llega a ser publicado. Así
las cosas, nuestras revistas tienden a parecerse mucho unas a las otras, cosa que sucede
tanto más cuanto más embarcadas están en la carrera por ingresar a los índices de
publicaciones periódicas.5 Al mismo tiempo, se dificulta mucho la producción de
intercambios que, alojados en las páginas de una revista en particular, expresen y, a

5
Esta tendencia llega al punto en que es posible encontrar alguna revista que, en la práctica, publica
textos que, considerados en su conjunto, no encajan en el perfil editorial que la propia revista declara.
Evito hacer nombres porque, a mi juicio, no se trata de una falla de sus editores sino de un problema
estructural.

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la vez, sean medio de la consolidación de enfoques más o menos compartidos por un


conjunto de colegas que, por lo demás, mantienen activamente lazos de cooperación.6
En mi opinión (que reconozco discutible), esto reduce marcadamente la productividad
teórico-metodológica de la disciplina en general en nuestro medio.7 Entiendo que es
positivo que los house organs sean cosa del pasado (hoy en día, en Scripta Ethnologica
es posible leer sobre operadores de políticas públicas, terapia de cannabis, budismo o
trayectorias de rabinas en la ciudad de Buenos Aires, todos temas que eran impensables
en su versión bormidiana), pero junto con esa modalidad editorial se nos ha escapado
uno de los recursos fundamentales para que las tramas más o menos institucionalizadas
de colegas que sostienen acuerdos teórico-metodológicos básicos puedan llegar a
desarrollar perspectivas analíticas distintivas y más o menos compartidas. Con la
excepción de algunas que están especializadas en temáticas estrechas, las revistas de
ciencias sociales en general se han convertido en ámbitos aptos para la reproducción
individual de cada uno de nosotros antes que para la producción colectiva de
conocimientos relativamente distintivos.

Un experimento editorial condenado


Quisiera cerrar estas páginas revisando la historia del Anuario de Estudios en
Antropología Social y de la revista Estudios en Antropología Social (EAS), de la que
he sido parte, y que permite ilustrar casi todo lo que acabo de argumentar.
El Anuario nació en la primera década de este siglo, con la intención expresa de servir
como un órgano de difusión de las actividades desarrolladas en el CAS-IDES, y, en ese
carácter, tenía rasgos que lo aproximaban al modelo del house organ. Para empezar,
publicaba textos resultantes directamente de eventos organizados por el CAS (como
la Conferencia Esther Hermitte, dedicada anualmente a la fundadora de ese espacio),
artículos que, en general, eran de miembros de ese centro8 o de colegas que pasaban
por alguna de las actividades allí desarrolladas, escritos solicitados por los editores a
colegas también vinculados en alguna forma con el mismo (como la notable serie de
panoramas temáticos dedicados a diversos campos, o las reseñas de libros), y artículos
sobre metodología etnográfica (un tema central de las actividades desarrolladas en el
CAS, de la mano de la colega Rosana Guber, que es seguramente la persona que más ha
reflexionado sobre la etnografía en nuestro medio). Luego, ocurría que, en su conjunto,
estos contenidos reflejaban ciertos acuerdos básicos más o menos compartidos por
los miembros del CAS: la reivindicación de la antropología ‘clásica’ como fuente de
saberes aún valiosos, la centralidad de la etnografía como práctica de investigación y

6
Digo que lo dificulta mucho porque entiendo que no lo impide por completo: es posible observar
la existencia de algunas revistas de ciencias sociales (pero no de antropología social) que sostienen
exitosamente líneas editoriales bastante marcadas a pesar de ser parte del juego que se produce en
torno de los índices de publicaciones periódicas. Tengo la impresión de esto sucede, sobre todo, con
revistas de alcances temáticos relativamente estrechos (estudios sociales de la ciencia y la tecnología,
memoria, etc.), en cuyas páginas publican conjuntos de investigadores que, sin ser mayoritariamente
de una misma institución y sin, en muchos casos, cooperar activamente unos con los otros, comparten
supuestos básicos en torno de la definición y el abordaje de su campo temático.
7
En textos anteriores, he examinado otros factores que limitan la productividad teórico-metodológica
de nuestra antropología social. Véanse: Balbi (2022, 2021).
8
En general, se trataba de antropólogos que tenían sus lugares de trabajo en otras instituciones, pero
eran miembros del CAS y participaban de actividades allí desarrolladas.

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como foco de la identidad de la disciplina, y —el punto acaso menos homogéneamente


compartido— una forma de entender a la etnografía vinculada con el interpretativismo
antropológico y con la etnometodología. Así, si bien el lector no podía saber exactamente
qué iba a encontrar en las páginas del Anuario, sí podía esperar una paleta de temas y
enfoques relativamente restringida.
Sin embargo, el Anuario era un anacronismo porque había sido fundado en una época
en que ya no había cabida ni siquiera para esa forma aggiornada de house organ. Así,
en 2006, siendo uno de sus editores, propuse transformarlo en una revista semestral,
atendiendo al escaso o nulo valor curricular que tenía para los colegas escribir en nuestras
páginas debido a que el formato anual y el elevado porcentaje de autores del CAS no
permitían su indización. Al año siguiente, lanzamos EAS, ampliando la proporción
de cada número ocupada por la sección de artículos ‘abierta’, pero manteniendo las
secciones habituales del Anuario, aunque distribuyéndolas entre sus dos números
anuales. La idea era preservar el carácter distintivo de la publicación, con sus áreas de
interés habituales, así como, de una manera más matizada, alguna vinculación con las
actividades del CAS.
Bajo este nuevo formato, llegamos a publicar cuatro números: el primero en papel,
y los tres siguientes en forma electrónica. Este nuevo cambio obedeció, como es fácil
imaginar, a dificultades económicas.9 Pero incluso el recurso a la publicación en línea
no bastó para sostener la continuidad de EAS. El factor clave que llevó a que dejara de
salir fue el que representan las flaquezas del voluntariado. Ninguna de las personas
que trabajábamos en el equipo editorial de la revista recibía remuneración alguna,
y algunos de nosotros encontramos crecientemente difícil sostener el esfuerzo que
suponía (yo mismo dejé de participar activamente cuando estaba en preparación un
quinto número que nunca llegó a ser publicado). A esto se sumaba que el equipo era
pequeño, y que —confluyendo inadvertidamente con lo poco que los organismos de CyT
valoran el trabajo editorial— las posiciones de quienes colaboraban con los editores
estaban escasamente jerarquizadas y, por ende, no eran claramente presentables en
un currículum. Viendo esa experiencia en retrospectiva, no puedo sino pensar que este
detalle revela la falta de capacitación profesional de quienes tomábamos las decisiones
sobre la gestión de EAS; otro tanto puede decirse de nuestro intento de convertir al
Anuario en una revista para no caernos por completo del ecosistema editorial pero
sin dejar de intentar que sus páginas reflejaran las orientaciones y actividades del
CAS —una especie de esquizofrenia institucional que revela que no terminábamos de
entender la lógica del sistema neoliberal de publicaciones de CyT—.
Algunos años más tarde, en 2015, decidimos relanzar EAS haciendo un intento
informado de adaptarnos a las condiciones exigidas para poder sumarla a algunos
índices de publicaciones científicas. Yo me hice cargo de la dirección y, desde esa
posición, fui responsable de buena parte de las características que asumió en su nueva
etapa, así como de su abrupto final. Establecimos un nuevo consejo editor, y, teniendo en
cuenta la experiencia anterior, armamos un equipo de trabajo más nutrido y asignamos
posiciones formales que pudieran ser reflejadas en los currículums de sus integrantes
y, a la vez, se correspondieran con las exigencias de los índices. Sin embargo, el final

9
No he querido abundar aquí en el problema de la falta de líneas de financiamiento para publicaciones
académicas periódicas, que es otra de las constantes de nuestro medio.

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estaba anunciado, porque persistían las condiciones que habían provocado el hiato del
que intentábamos salir.
Ante todo, carecíamos de fondos para sostener la revista. Asimismo, nos faltaba la
capacitación necesaria para llevar adelante una publicación académica en las complejas
condiciones exigidas por los organismos que las evalúan y acreditan. Empero, ya éramos
conscientes de esa carencia, de modo que intentamos ponernos a tono (en lo personal,
dediqué mucho tiempo a leer todo el material al respecto que pude conseguir) y, sobre
todo, apuntamos a solucionar ambas carencias acudiendo al respaldo del portal de
publicaciones científicas del CAICyT, que ofrecía un soporte informático, personal
técnico cualificado para colocar la revista en línea utilizando el Open Journal System
(OJS), y el asesoramiento de sus técnicos para el proceso editorial en general. Con
optimismo, Adrián Koberwein —Editor Asociado de la revista— y yo nos entrevistamos
con un funcionario del CAICyT, que nos instruyó para presentar nuestro pedido de
incorporación de EAS a la plataforma. Pero, por desgracia, cuando un par de meses
más tarde enviamos la solicitud, nos respondieron con un correo electrónico indicando
que “por el momento” el portal no incorporaría nuevas revistas.10
Ante esto, Koberwein que, además de estar a cargo de una sección con referato,
iba a ocuparse de la maquetación, propuso encargarse también de la puesta en
línea. Pensábamos usar el servidor del IDES, pero pronto comprobamos que no
brindaba las condiciones necesarias para usar el OJS. El plan que concebimos en ese
momento implicaba seguir adelante reproduciendo en la página la mayor parte de las
formalidades requeridas por los índices (la información institucional y editorial que
deben ofrecer en sus sitios web, el formato de los textos a publicar, etc.), prescindiendo
de los recursos que aporta el OJS para formalizar y hacer trazables los procedimientos
editoriales (recepción de propuestas, evaluación, etc.) acorde a las exigencias de los
índices. Un estudio cuidadoso del material que yo había recopilado nos permitió
ver que, si para ingresar a cada índice se deben cumplir algunos requisitos forzosos,
más una cierta proporción del total de los requisitos pautados, nosotros podríamos
alcanzar esa meta incluso si nos salteábamos los relativos a la trazabilidad informática
de los procedimientos editoriales. La apuesta era realizable, aunque evidentemente
iba a exigir un trabajo excesivo de parte de Koberwein. Resultaba evidente que la
continuidad de la revista pendería siempre de un hilo, y que se haría imposible cuando
él no pudiera sostener ese esfuerzo, pero esperábamos encontrar una solución antes de
llegar a ese punto. Sin embargo, no fue esto lo que condujo a EAS al colapso.
Los problemas se sucedieron. Tres puntos clave de la política editorial que yo impulsaba
eran las intenciones de: publicar exclusivamente textos de antropología social,
evitando admitir piezas de disciplinas limítrofes (ante la escasez de publicaciones de
la disciplina, EAS le estaría dedicada en forma exclusiva); ejercer un control editorial
sobre lo que se publicaba, limitando el espectro de enfoques y estilos a admitir en la
revista, de manera de mantener una línea editorial definida aunque amplia; y filtrar
desde el comité editorial a aquellos textos cuyo nivel desaconsejara su publicación,
evitando transferir esas decisiones a los evaluadores. Sin embargo, algunos integrantes

10
En la práctica, el ingreso nunca fue reabierto, y, años más tarde, el portal salió de línea, forzando a las
revistas allí alojadas —incluyendo a Publicar— a migrar a otros espacios para sostenerse por sus propios
medios.

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BAL BI
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del equipo de la revista sentían dudas a la hora de asumir la responsabilidad de rechazar


textos. Así, en reiteradas oportunidades, algunos compañeros tendieron a transferirme
esas decisiones y su comunicación a los interesados. Al mismo tiempo, otros colegas
admitían textos que se apartaban de la línea editorial o de nivel discutible, enviándolos
a evaluar. De esta forma, la revista mantuvo una orientación visible gracias a las
secciones vinculadas con las actividades del CAS y a un espacio en que invitábamos a
tres colegas a escribir textos breves sobre cuestiones pautadas por los editores, pero la
sección abierta no avanzaba en el sentido de consolidar una línea editorial, y el trabajo
tendía a multiplicarse y desbalancearse.
El problema del trabajo voluntario pesó también en lo tocante a la revisión de estilo.
En el primer número de la nueva etapa, debimos hacerla algunos de los integrantes del
equipo editor. Luego, el Centro de Investigaciones Sociales (IDES-CONICET) se sumó
a EAS como institución editora, aportando un profesional en edición que se ocupaba
de todas sus revistas. Paradójicamente, esta experiencia no redujo la sobrecarga de
trabajo porque el profesional, que debía trabajar a la vez para revistas de distintos
campos disciplinarios, no consiguió adaptarse a las particularidades de la escritura
etnográfica, lo que llevó a que las revisiones de estilo se convirtieran en un prolongado
ida y vuelta de versiones entre él y yo.
Finalmente, nos vimos afectados por el hecho de que el trabajo editorial no sólo exige
mucho tiempo y esfuerzo, sino que genera periódicamente cuellos de botella que
resultaban incompatibles con el resto de nuestras tareas laborales (por no mencionar
a la vida en general). En el caso de EAS, ocurrió que algunos miembros del equipo
editorial comenzaron a experimentar serias dificultades para cumplir con sus tareas,
las actividades compartidas comenzaron a recaer más en algunas personas que en las
demás, y algunos colegas debieron suspender su participación indefinidamente. En
estas condiciones, publicamos dos números antes colapsar durante la preparación del
tercero, cuando una proporción desusada del trabajo recayó sobre mis espaldas, y yo
mismo entendí que ya no podía sostenerlo sin dejar de lado las tareas por las cuales me
pagan el CONICET y la UBA.
En retrospectiva, creo que todos los que contribuimos a hacer el Anuario y EAS podemos
sentirnos orgullosos por su calidad y, especialmente, por el hecho de que, en sus breves
vidas, consiguieron establecer un perfil distintivo en el marco de nuestro ecosistema
editorial, con una amplia mayoría de textos que remitían a algunos lineamientos de
estilo básico (los entendimientos en torno de la teoría antropológica y de la etnografía ya
mencionados), una presencia importante de un manojo de núcleos temáticos, y claras
contribuciones a la consolidación de la disciplina (con los panoramas temáticos de
algunas especialidades, etc.). Sin embargo, una sumatoria de condiciones estructurales
hicieron que la trayectoria conjunta de ambas publicaciones fuera accidentada y breve:
la falta de recursos económicos adecuados; el hecho de que quienes las hacíamos
careciéramos de una adecuada capacitación y debiéramos formarnos en la práctica,
mediante el viejo ‘sistema’ del ensayo y el error; la naturaleza voluntaria y por ende
precaria de nuestra labor editorial; el carácter draconiano de los criterios de acreditación
y evaluación a que están sometidas tanto las revistas como los autores; y las fuertes
presiones que esos mismos criterios y la falta de profesionalización ejercen en contra
de la capacidad efectiva de los editores para establecer y sostener líneas editoriales.
Más allá de sus particularidades, creo que la historia de esta aventura editorial habla

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tanto de las condiciones que debilitan nuestro ecosistema de publicaciones como de


algunas de las maneras en que las malhadadas políticas de publicación neoliberales
estructuran incluso las formas en que producimos y transmitimos conocimientos.11 No
me caben dudas de que necesitamos mucho del tipo de reflexión sobre la naturaleza
de nuestro ecosistema editorial y su lugar en el medio académico que propicia este
dossier, publicado —justamente— en una revista que lleva treinta años enfrentando
gallardamente la más compleja combinación de condiciones posible en nuestro siempre
difícil contexto.

Bibliografía
Balbi, F. A. (11 de agosto de 2021). Nosotros y las modalidades neoliberales de
acreditación y evaluación. (Primera de n partes). Es más complejo. Recuperado de:
[Link]
neoliberales-de-acreditacion/
Balbi, F. A. (2022). Notas sobre la irrupción de la antropología social en la Universidad
de Buenos Aires. Runa. Archivo para las Ciencias del Hombre. 42(3), número especial,
pp. 192-204. Dpi: [Link]

Fernando Alberto Balbi es Doctor en Antropología por el Programa de Pós-


Graduação em Antropologia Social, Museu Nacional, Universidade Federal do
Rio de Janeiro. Actualmente es Profesor Asociado del Departamento de Ciencias
Antropológicas, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires,
e Investigador Independiente del CONICET. Sus trabajos en curso cubren las
áreas de la antropología de la política, la antropología de la moral, la teoría
antropológica y la etnografía.

11
He examinado un aspecto diferente de esta cuestión en Balbi (2021).

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L E TON A
Publico, luego existo: las dificultades de escribir y teorizar en latinoamérica

Publico, luego existo:


las dificultades de escribir y teorizar
en latinoamérica1

[ ALEJANDRA LETONA RODRÍGUEZ]


Universidad de San Carlos de Guatemala
[Link]@[Link]

Resumen1
En este artículo examino desafíos y dificultades para escribir y teorizar en Latinoamérica,
que resultan del anclaje a modelos de tipo ideal de hacer antropología y ser antropólogos.
Para desarrollar el tema enfatizo la desconexión actual entre el ejercicio profesional, el
modelo editorial de publicaciones científico-académicas y las condiciones del mercado
laboral de las antropologías en la región. Además, propongo para la discusión que
la creciente privatización del conocimiento obstaculiza las posibilidades de escribir
y teorizar y que los colegios profesionales podrían tener un rol más activo para
encaminarnos en una ruta que nos permita superar los retos colectivamente.

Palabras clave: teorizar, antropología, mercado laboral, modelo editorial

I publish therefore I exist: the difficulties of writing and theorizing in Latin


America

Abstract
In this article I examine challenges and difficulties in the writing and theorizing in Latin
America, which result from the attachment to ideal models of doing anthropology and
being anthropologists. To develop my proposal I emphasize the current disconnection
between professional practice, the editorial model of scientific-academic publications
and the conditions of the labour market for anthropologies in the region. In addition,
I propose for the discussion that the increasing privatization of knowledge hinders the
possibilities of writing and theorizing and that professional associations could play a

1
Artículo recibido: 1 de julio de 2023. Aceptado: 31 de julio 2023.

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more active role in leading us on a path that allows us to overcome these challenges
collectively.

Keywords: theorizing, anthropology, labour market, editorial model

Publico luego existo: as dificuldades de escrever e teorizar na América


Latina

Resumo
Neste artigo, examino os desafios e as dificuldades de escrever e teorizar na América
Latina que resultam do fato de estarmos ancorados em modelos ideais de fazer
antropologia e ser antropólogos. Para desenvolver o tema, enfatizo a atual desconexão
entre a prática profissional, o modelo editorial das publicações científico-acadêmicas
e as condições do mercado de trabalho para antropólogos na região. Além disso,
proponho para discussão que a crescente privatização do conhecimento dificulta
as possibilidades de escrever e teorizar e que as associações profissionais poderiam
desempenhar um papel mais ativo para nos colocar em um caminho que nos permita
superar os desafios coletivamente.

Palavras-chave: teorização, antropologia, mercado de trabalho, modelo de publicação

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Publico, luego existo: las dificultades de escribir y teorizar en latinoamérica

Publico, luego existo: el modelo editorial de publicaciones científico-


académicas
La primera vez que escuché la frase “publico, luego existo” estaba sentada en una de las
mesitas de la explanada del edificio “F” de la Universidad Autónoma Metropolitana2,
junto a mis compañeros de la maestría en Ciencias Antropológicas. Corría el primer
trimestre de la maestría y todos nos adentrábamos al universo de los posgrados. Muy
pronto el espacio universitario de posgrado, el sistema educativo que lo sostiene y el
modelo editorial que impera en el ámbito académico nos dejaba claro que publicar es
una forma de existir y navegar ese espacio. A la vez nos percatamos de que publicar
no era simple. De ahí que entre bromas la frase “publico, luego existo”, la tomábamos
como una especie de mecanismo de defensa frente al competitivo y disputado espacio
académico.
Como estudiantes de posgrado sabíamos que caminar con paso ágil en nuestros
procesos de investigación y publicar avances, era una forma de obtener estatus y
prestigio en la dinámica de relaciones sociales académicas. Una espiral de emociones
nos envolvía. Cosechar hallazgos nos hacía sentir que era momento de publicar, pero
los comentarios en simposios de presentación de avances nos volvían de golpe a un
lugar de incertidumbre donde no se sabe si la ruta de investigación es la correcta y
en el que poco a poco crece un agujero en la boca del estómago, una ansiedad que
consume la seguridad de un yo en plena formación y crecimiento. Cuando transitamos
al doctorado estas sensaciones se hicieron más fuertes; y no digamos cuando egresamos
como profesionales/académicos y nos tomó por asalto el mercado laboral de las ciencias
sociales.
Con plena convicción me atrevo a decir que la mayoría de quienes nos formamos a nivel
de posgrado deseábamos una carrera académica. Pero decenas de artículos académicos,
al menos un libro, capítulos de libro, material de difusión y otras experiencias
relacionadas con escribir y teorizar son requisito indispensable para construir una
trayectoria académica. Para acumular capital social y simbólico con el cual disputar
por lo menos un medio tiempo en algún departamento o instituto de investigaciones
antropológicas, la opción era y es participar en cuanto congreso se pudiera, publicar
estados del arte de los temas de investigación o hallazgos prematuros que después
deben ser corregidos u ocultados con nuevas publicaciones; la alternativa es no existir
frente al sistema. Por eso, examinar la consigna “publico, luego existo” que irónica y
sarcásticamente utilizábamos con mis compañeros de posgrado me parece significativo,
no solo porque es común en ese nivel del sistema de educación superior, sino porque
también circula entre quienes trabajan en la academia con escasos recursos para
movilizar su producción de conocimiento y en los ambientes de ejercicio profesional
donde la escritura no es lo más importante. Al ser la trayectoria académica la forma
de ejercicio o práctica hegemónica, aunque la mayoría no estemos ahí, continuamos
ansiosos por escribir para ser parte del sistema que establece y donde se considera lo
que realmente es antropología.
La frase “publico, luego existo” es un préstamo coloquial de la expresión je pense, donc
je suis de René Descartes que se traduce como pienso, luego existo, aunque si se toma
literal, en castellano es yo pienso, entonces soy. No pretendo disertar sobre la filosofía

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Ciudad de México.

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cartesiana porque seguramente incurriría en reduccionismos que resultarían ociosos;


más bien solo tomo la locución de El discurso del método, como una referencia que
me sirve de analogía para desestabilizar el significado de la frase, cuando de escribir
y publicar se trata. La frase condensa uno de los principios fundantes del método
cartesiano, la duda metódica, del racionalismo y la filosofía moderna que situó al
pensar, a la razón como la esencia del ser, que indiscutiblemente se conjuga con la
propia existencia. La razón/pensar era el camino (cor)recto, lo que permitiría descubrir
las verdades en la ciencia. El posicionar la duda o considerar que algo era falso, requería
que el yo que lo pensaba fuera algo también; de ahí que, si pienso entonces soy, existo y
soy algo/alguien. Si el universo está hecho de física (materia, energía, tiempo y espacio)
es el ser pensante el que le da sentido; no se puede entender la física del universo o la
existencia si no se piensa. Así, el yo pensante quedó como una certeza ineludible e
indiscutible.
La apropiación coloquial de la locución es una forma de expresar que, en el marco
del modelo actual editorial de publicaciones científico-académicas, para ser y existir
como profesionales/académicos, es casi un imperativo categórico publicar. Aquí la
afirmación de la existencia como yo pensante se traduce en la existencia de un yo
publicante; si la razón es la esencia del yo y su existencia, publicar es la esencia del yo y
la existencia del o la antropóloga, sin escribir y publicar no somos algo/alguien.
Que el publicar (por publicar) se haya convertido a lo largo de las décadas en la esencia
del yo antropólogo académico/profesional es resultado de cómo se fue pervirtiendo
el modelo de difusión del conocimiento. Cuando la antropología estaba en proceso
de formalización e institucionalización, a su ingreso a las universidades, difundir la
producción de conocimiento era necesario para posicionar a la naciente disciplina. Los
grandes clásicos y las más prestigiosas revistas se crearon en estas épocas. Pero poco
a poco, conforme los sistemas de educación se transformaron y penetró el régimen
productivista y mercantilista en todos los espacios, escribir y publicar no era ya una
forma de fortalecer a una disciplina en desarrollo, sino una forma de promover y
mantener lugares de prestigio y estatus en esos campos de poder altamente disputados
de los ámbitos académicos.
El modelo editorial de publicaciones científico-académicas se acopló al régimen
productivista y mercantilista, y a las desigualdades y relaciones de poder que le son
características, tanto dentro como entre los distintos países. Bajo estas reglas de juego
no se repara mucho en lo que significa publicar, solo en el hecho de que, si publicamos
algo entonces somos/existimos, recibimos puntos, buenas calificaciones en nuestras
evaluaciones semestrales o anuales, retribuciones económicas, nos reconocen en
nuestros gremios. De ahí que, aunque en las normas editoriales actuales se solicite
como requisito inexcusable la presentación de trabajos inéditos, con las presiones para
publicar se recurre a las malas prácticas del reciclaje escritural, es decir, se somete un
texto a un proceso de modificaciones para que vuelva a ser utilizable. Esto es cambiar
títulos, algunos párrafos, añadir o quitar citas, énfasis, actores, etc., a textos a los que
en algunos casos los autores llevan años circulando cual si fueran hallazgos recientes.
Esto es ya una práctica cotidiana con la que ha perdido sentido el acto de publicar.
En 2010 Carlos Giménez Romero, antropólogo y director del Instituto de Derechos
Humanos, Democracia y Cultura de Paz y no Violencia (DEMOSPAZ) de la Universidad
Autónoma de Madrid, ofreció un curso de antropología aplicada en la Universidad

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Iberoamericana en la Ciudad de México al que asistí. En una de las sesiones él mencionó


que por más presiones que le hicieran, si no estaba seguro de publicar un texto, no lo
hacía. Insistió mucho en ello, en que incluso uno debe esperar años. En ese momento no
comprendí la profundidad de su insistencia. Ahora entiendo que tiene que ver con que,
y aunque suene a obviedad, publicar proviene del latín publicare que es “hacer público”
algo, desde mi perspectiva es un acto político que implica hacer una información de
conocimiento público, llevarla al debate público. Hay una responsabilidad y una ética
que atraviesa este acto (no normativa, sino política), sobre todo en estas épocas en
donde cualquier persona puede convertir un fragmento de información/conocimiento
en desinformación. Desde luego, una vez publicado un conocimiento, no controlamos
cómo se lee, interpreta y utiliza, pero por eso hay que ser ampliamente responsables
con lo que llevamos a la discusión pública.
No obstante, pareciera que estas consideraciones están al margen de lo que busca el
modelo editorial de publicaciones científico-académicas. Ahora que está casi superado
el papel, el modelo busca atiborrar las bases de datos con escritos que no aportan
conocimiento nuevo, sino que sirven de capital sociocultural y simbólico en disputas
académicas o para desprestigiar el ejercicio de quienes casi no escriben, por lo menos
no como manda el modelo editorial.
Hasta aquí he hablado de “la disciplina y la antropología” como una forma de no
recargar el texto. Sin embargo, hago parte de quienes piensan a la disciplina en plural,
es decir, en unas antropologías que existen en un sistema mundo de conocimiento que
se ha configurado como un campo de poder en el que unas aparecen más fuertes que
otras, dependiendo del capital (social, simbólico, económico y político) que tienen para
movilizarse y posicionarse. Las relaciones del campo son desiguales y las asimetrías son
plenamente visibles cuando de la escritura, la teorización y las publicaciones se trata.
En este sentido, los índices de revistas o los procesos de indexación son un tema clave
y de amplio debate en Latinoamérica. La indexación está a cargo de instituciones o
corporaciones que operan de manera coordinada para reunir y diseminar información
sobre las revistas científico-académicas, algunas son gratuitas y otras son de paga.
Se piensa que las que son de paga son las que resguardan y difunden las teorías más
importantes y actuales, esto es así porque el modelo ha normalizado la medición de
la calidad de las investigaciones no por el conocimiento que aportan, sino por el uso
de algoritmos de catalogación y jerarquización que exacerban las asimetrías entre los
investigadores, las universidades o lugares de enunciación.
Las entidades que configuran los índices de revistas sean de paga o no, tienen en sus
manos unas reglas del juego estandarizadas para publicar. Para inscribir una revista
se tienen que cumplir una cantidad fastuosa de requisitos que no necesariamente
tienen que ver con el conocimiento en sí, sino con las formas para ordenar, resguardar
y difundir la información. Los requisitos muchas veces resultan inalcanzables para
ciertos lugares de enunciación cuyos recursos son precarios; pero no solo eso, en
muchos lugares donde experimentamos la precarización para la producción de
conocimiento se ha puesto a debate la necesidad de inscribirse en los índices, con esas
formas estandarizadas que minimizan o invisibilizan nuestra escritura y teorización,
muchas veces porque insistimos en escribir en nuestro propio idioma.
En espacios como al que pertenezco, la Universidad de San Carlos de Guatemala, existen
serias dificultades para publicar, en el presupuesto de la universidad los recursos son

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escasos e inestables para la investigación y la difusión. El acceso a otras publicaciones


también es limitado en tanto esté mediado por una transacción monetaria. Esto último
no solo sucede en países como los latinoamericanos, sino que también en aquellos
que se han considerado hegemónicos. Una discusión sobre este tema sostuvimos en
el coloquio de 2021 de la Society for Latin American and Caribbean Anthropology
(SLACA). Colegas y estudiantes de posgrado afirmaron tener serias dificultades para
publicar y acceder a artículos con conocimientos útiles para sus investigaciones, porque
casi nadie puede darse el lujo de pagar US$40.00 por un artículo.
Tomando distancia de esto, uno podría decir que es rescatable el modelo de
dictaminación por pares ciego. Y sí, desde luego que las lecturas anónimas, los
comentarios y sugerencias muchas veces contribuyen a enriquecer un escrito. Sin
embargo, hemos sido testigos de que la estandarización de la indexación pone a los
comités editoriales a trabajar a un ritmo acelerado en el que ya no importa construir
un cuerpo de colegas especializados para hacer la lectura de pares; ahora, algunas
revistas y comités editoriales optan por preguntar al autor quién podría leer su texto
o buscar en la red de conocidos a alguien que facilite el proceso. Antes que una crítica
moralista o de corrección política, planteo esto para hacer ver que estas prácticas son
formas de lidiar con los tiempos asfixiantes del modelo estandarizado que rompen con
el principio de evitar los sesgos y la importancia de hacer público conocimiento nuevo,
útil y riguroso.

La antropología como trabajo, escribir y teorizar


En otro espacio he expresado que, así como la idea de “la disciplina” se posicionó como
un referente de qué es “la antropología” (en singular), el ejercicio académico también se
afianzó y estabilizó como el ideal y arquetipo de la práctica de la antropología (Letona,
2020, 49). Como arquetipo se reproduce en los lugares de formación profesional e
invade la mente y sensibilidades de quienes construyen su yo profesional; por eso,
casi todos queremos tener esa trayectoria académica, aunque poco a poco hemos
visibilizado que las universidades ya no son aquel lugar de estabilidad y certidumbres
para producir conocimiento. Por ejemplo, Crovetto y Restrepo (2023) nos dibujan
sin disimulos y reservas las demandas por las que ha atravesado el sistema mundo
universitario actual, en el que las burocracias se dejan llevar por los indicadores, los
rankings, acreditaciones y reconocimientos para presionar por la productividad, antes
que fortalecer las condiciones para que florezca el pensamiento. Envueltas en estos
estándares normalizados y con la contracción de los presupuestos para la ciencia, las
universidades se han convertido en lugares precarizados de trabajo.
Estas condiciones tienen sus orígenes décadas atrás, quizá desde los años setenta.
Pero hoy son más palpables que nunca. Por ello, he planteado la categoría de la
antropología como trabajo, como una apuesta para desestabilizar o romper con el
tipo ideal de trayectoria académica que las universidades aún nos hacen creer que es
posible alcanzar. La antropología como trabajo es reconocer que las universidades o
centros/institutos de investigación de tipo académica no son los únicos espacios o los
más privilegiados para ejercer. De hecho, como lo dejan ver Crovetto y Restrepo, puedo
decir que están en crisis y hacen parte de la precarización laboral que se experimenta
en otros espacios. La gran mayoría de personas que trabajamos en las universidades
estamos contratados por part time, por hora clase, por honorarios y otras formas que

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tienen serias implicaciones sobre nuestras capacidades y posibilidades para escribir y


teorizar. Nos persigue la sensación del publico, luego existo.
Paralelamente al quehacer de la antropología en entornos académicos, por décadas
la antropología como trabajo se ha desarrollado y ha estado involucrada en cinco
espacios que la han caracterizado como un quehacer heterodoxo y heterogéneo, estos
son: el sector público, el privado, el de la comunidad y cooperación internacional de
ayuda al desarrollo, el de las organizaciones de sociedad civil y el de los movimientos
sociales. Estos espacios, por más que lo intenten, tampoco escapan a los mecanismos
de la flexibilización y la precarización laboral del neoliberalismo del siglo XXI. Las
contrataciones también son temporales, por hora, por producto/entregable, se
categoriza a las personas por tarifas, por tipos de experiencias de contratación, y así
como en las universidades, se han constituido importantes núcleos cerrados, casi
impenetrables si no se tienen las relaciones y capitales sociales que movilizarse. Aquí,
no cuentan las publicaciones, libros, cursos impartidos, ponencias, participación en
comités o grupos académicos, son indicadores de ineptitud asociados al estado de
bienestar y acomodamiento de la academia del que algunos profesionales gozan. La
expresión “es que su curriculum es muy académico” se experimenta como una sentencia
de muerte profesional o negación del yo, cuando después de mucho tiempo uno trata
de hacer el tránsito de lo académico a alguno de estos espacios.
En esto que a algunos no les agrada llamarle mercado laboral de la antropología
(lo es porque vendemos nuestra fuerza de trabajo), no se tiene muy claro qué es un
antropólogo y qué hace. Esto ha sido una constante incluso entre nosotros mismos,
pero la confusión en el mercado laboral suele ser desalentadora. En una solicitud de
empleo a una instancia de la administración pública dedicada a la cultura, lo social,
el patrimonio cultural, los pueblos indígenas, la historia y la arqueología, durante mi
primer acercamiento y después de que revisaran mi curriculum, la pregunta inicial fue:
¿por qué debe haber antropólogos en este lugar? Según mi entendimiento ese lugar
debía estar colmado de antropólogos, historiadores y arqueólogos; la pregunta me
tomó por sorpresa; aunque trate de disimular, mi lenguaje corporal y expresión facial,
no pudieron ocultar mi desconcierto.
Mi mayor dificultad para responder fue alejarme de mi trayectoria, de cómo he entendido
a las antropologías en plural, en su historicidad, con sus actores, etc., eso no le interesaba
a mi interlocutor, sino qué sabía hacer mi yo profesional, mis competencias y cómo
esto se acercaba a las definiciones enciclopédicas de la antropología como el estudio de
lo humano y la cultura así, a secas. Las muletas con las que logré salir caminando de
esta conversación fueron exponer la capacidad versátil de la investigación y el trabajo
de campo y la etnografía, aunque traté de evitar esta palabra porque tampoco es de
conocimiento general. Mi interlocutor no supo qué es la antropología guatemalteca
y cuál es su lugar en el campo latinoamericano, pero entendió que yo podía hacer
diferentes tipos de investigación, trabajar en terreno y equipos multidisciplinarios,
aproximarme a las diversidades sociales y culturales, interactuar con funcionarios
públicos de otras entidades, asesorar la toma de decisiones con conocimientos fundados
en la realidad de las poblaciones y sus necesidades, y por supuesto, escribir, pero no un
texto académico, sino reportes, informes, llenar formatos, solicitudes (en castellano e
inglés), y otros tipos de escritos que sean útiles para la elaboración de políticas públicas,
metodologías participativas, herramientas, mecanismos y estrategias para la gestión

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de recursos y la comunicación entre interlocutores que hacen parte de otros campos de


la administración pública.
Otro lugar en el que he transitado y aprendido a navegar, hasta cierto punto, es el
de la cooperación internacional y el de las organizaciones de sociedad civil. Aquí hay
una mejor comprensión de qué es la antropología y qué hace un antropólogo, por lo
que no se requiere tanta justificación de por qué se necesita nuestra expertise. El reto
es penetrar los círculos que se han constituido desde hace décadas como consultores
referentes y sus colaboradores. En estos espacios valoran el capital académico, pero
tampoco es lo más importante. Las relaciones sociales que uno llegue a tener son una
moneda de cambio imprescindible para penetrar los núcleos duros, si no ni siquiera
se accede a las convocatorias de trabajo. Se debe demostrar la capacidad de hacer
propuestas metodológicas según términos de referencia muy acotados que se traducen
en productos a entregar; en las luchas del mercado de trabajo se sabe que propuestas
que uno hace se utilizan, pero se contrata a otra persona para ejecutarlas; la mayoría
de las veces es por el capital social o porque mi contratación era más costosa que la
de otra persona, pero mi propuesta era la mejor. Eso ha creado mucho recelo y de ahí
la cerrazón de los círculos, no se comparte el conocimiento acumulado y así como a
veces sabemos que los concursos de oposición académicos para ocupar plazas ya están
pactados, en estos otros espacios también existen este tipo de prácticas ad hoc.
Una vez uno reúne cierta cantidad de experiencias, se empieza a confiar más en
las capacidades profesionales y los círculos empiezan a abrirse poco a poco. En la
acumulación de experiencias hay que demostrar conocimientos amplios, capacidad de
moverse en terreno, de acercamiento con las personas y comunidades, de gestión, de
trabajar a contra reloj, de tener disposición 24/7, investigar, intermediar y traducir
entre los grupos de actores. Escribir, de nuevo, es una tarea indispensable, pero con
la advertencia de no dejar que intervenga el yo académico. Mientras más sintéticos
y concisos sean los documentos, informes, reportes, etc., mejor. Las citas de autores
o teorías dependen del tipo de proyecto y la escala del mismo, se espera que los
acercamientos a campo y los análisis estén teóricamente informados, pero es mejor que
los conceptos teóricos y descripciones metodológicas permanezcan ocultas entre los
datos concretos, las explicaciones, las propuestas y recomendaciones. Lo que importa
es el dato analizado, bien escrito, conciso y coherente, en castellano y en inglés.
Se espera mucho de un profesional inserto en estos lugares de enunciación y acción,
la responsabilidad y la ética están a un nivel que en la academia quizá no es posible
imaginar o bien se usa como una estrategia para cuestionar el involucramiento de los
profesionales en estos espacios. En una entrevista para mi tesis doctoral, un colega
me compartió que cuando alguien de la academia intentaba desacreditar su trabajo
respondía: “con tu libro de teoría crítica no vas a cambiar las situaciones, en qué
contribuye a las poblaciones”. Las imputaciones mutuas deberían desaparecer, no
tendríamos por qué estar a la defensiva si nos apoyáramos colectivamente. Cuando
aún estaba cegada por mis prejuicios del yo academicus publicante, muy atinado y
sereno el antropólogo Rodrigo Díaz Cruz me dijo en un coloquio, ¿y tu no prefieres que
en esos lugares esté un antropólogo a un economista, un administrador o quien sea
de otra profesión que no va a tener las herramientas para comprender las situaciones
de las poblaciones? Me quedé sin palabras, pero estuve de acuerdo. Bourdieu (2008,
273-288) escribió “¿Quién será el juez de la legitimidad de los jueces?”, y aunque en esa

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parte de su libro hizo un análisis del ranking de los intelectuales franceses, considero
que la pregunta aplica para todo aquel que se sienta juez de la calidad, la ética y la
responsabilidad del ejercicio de otros, para examinar cómo se construyen las torres
de marfil de autolegitimación individual o colectiva que se aferran a una supuesta
validación consensuada que se despliega frente a otros y sus formas de hacer y escribir
antropología. La supuesta legitimidad produce una sensación de autonomía peligrosa
para el ejercicio de quien se cree juez.
De tal suerte, quizá podríamos encaminarnos en una senda de acompañamiento entre
la heterogeneidad y heterodoxia de los espacios, que abandone la corrección para
asumir la acción política, en todo caso. En este sentido, propongo que trabajar en
el sector público no es trabajar para un gobierno necesariamente, sino en y para la
administración pública, es un trabajo por y para el pueblo; lo que no quiere decir que
las políticas de gobierno no impactan el quehacer, pero se debe aprender a navegar
en el espacio de lo público, para que nuestra labor sirva al pueblo y no a individuos
particulares; suena y se dice fácil, pero es una tarea de las más difíciles. Lo mismo para
los otros lugares de trabajo, sin ánimo de ser kantiana, la pregunta categórica debería
ser ¿mi trabajo daña o contribuye a las personas o comunidades? A partir de ahí tomar
decisiones de qué y cómo hacemos antropología, en diálogo permanente y en revisión
constante, porque las dinámicas son aceleradas y cambiantes.
En esas dinámicas aceleradas, variables e inestables, escribir y teorizar al estilo
académico es casi una imposibilidad. El tiempo se experimenta de otra manera. Antes
de que se termine un contrato de trabajo, a mitad de una consultoría, ya hay que
buscar y presentar propuesta para otra si uno no desea quedarse sin trabajo tres o
hasta seis meses. Desde las experiencias de trabajo, por el desconocimiento que hay
del campo laboral de la antropología y de cómo este impacta en sus configuraciones
epistemológicas, teóricas y metodológicas, mucho podríamos escribir y teorizar quienes
estamos en este campo de batalla. Colegas me han dicho, no me da tiempo, no me da la
vida. Este mismo texto lo he escrito por las noches, entre los fines de semana, las ideas
las he estructurado mientras me encamino por el tráfico hacia la oficina o de regreso a
casa. En las experiencias de campo se observan tantos aspectos para poner a debate a
la etnografía desde las condiciones laborales actuales, pero como no están registradas
en un artículo y es muy difícil o ajeno para los colegas asistir a los congresos, solo
queda esperar que la fuerza de la inercia del ejercicio antropológico las introduzca en
las discusiones.
Esto no quiere decir que no se escriba. En la antropología como trabajo, aquella cuyo
quehacer se desdobla en otros campos de acción y relacionamientos sociales y políticos
más allá de la academia, se escribe, pero no como lo supone el arquetipo académico.
Un problema a enfrentar es que la sensación de la mayoría de quienes estamos en estos
campos de enunciación y acción es que no hacen antropología. Estimo que se debe a
que los colegas se autocalifican y se rankean con los tipos ideales de una academia
que ya no es como se caracterizaba cuando surgieron estos tipos ideales. Desde mis
experiencias, me he sentido más antropóloga que nunca, desde luego, después de un
proceso de despojo, ruptura, divorcio y superación del yo publicante y la aceptación
de la lucha permanente frente a la flexibilización y precarización porque también estoy
inserta en ese sistema mundo universitario del que nos hablan Crovetto y Restrepo
(2023). Lo cierto es que todos los lugares de enunciación y de acción tienen sus políticas

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de constreñimientos.
En Latinoamérica se ha reconocido la necesidad de visibilizar las múltiples formas de
hacer, sobre todo en lugares en donde la institucionalidad académica no se desarrolló
como en los centros hegemónicos incluyendo los de la región. Cuando se trata de la
multiplicidad de formas de hacer y escribir, algunos han categorizado los diversos
ejercicios de trabajo como “antropologías apócrifas” (Caviedes, 2007), “transeúntes”
(Uribe y Restrepo, 2000), “heterodoxas” (Restrepo, 2020, Letona, 2019). Rappaport
(2007, 201) propuso que era necesaria una reconceptualización del trabajo de campo;
en ese esfuerzo resalta que el énfasis posmodernista estadounidense le dio una
centralidad a la escritura etnográfica que no permite reconceptualizar adecuadamente
nuestras tareas bajo las condiciones actuales de trabajo. Reygadas (2019) con base en
una encuesta que se realizó en 2016 por la Comisión Intergeneracional para el Estudio
de la Práctica de la Antropología (CIEPA) del Colegio de Etnólogos y Antropólogos
Sociales (CEAS), describe a los “antropólog@s del milenio”, un universo de poco más
de siete mil profesionales, la mayoría jóvenes que se enfrentan a un mercado de trabajo
caracterizado por la incertidumbre, la inseguridad, los bajos salarios y la dificultad
para encontrar empleos dignos, bien pagados, estables y con prestaciones adecuadas.
Los datos son incontestables y hay una serie de acciones que atender para navegar esta
situación que no es única de Latinoamérica.
Una de ellas es posicionar que, en la mayoría de nuestros países producimos
conocimiento, lo escribimos, pero como es apócrifo, transeúnte, heterodoxo y
heterogéneo no está visibilizado, ni siquiera entra en catalogación y jerarquización. Sin
embargo, teoriza, cuestiona, pone a debate y ha encontrado formas creativas de hacer
etnografía, pero no se va a encontrar en las publicaciones indexadas, en los rankings
de revistas, en las evaluaciones de los intelectuales. En primer lugar, hay que buscarla
en el diálogo plural y diverso que, se logrará trazando puentes entre nuestros ejercicios
profesionales, antes que con juicios de cuestionable legitimidad autónoma. En segundo
lugar, hay que valorar la escritura y materiales de difusión que no se encuentran en las
mismas revistas de antropología, sino en la literatura gris, en los diarios, semanarios,
las entrevistas que colegas ofrecen en radioemisoras, podcasts y otros formatos que
permite la digitalización, sin descuidar por supuesto, el peligroso papel de la mera
opinión y la desinformación presente hasta en la más aclamada revista académica por
el contexto actual del modelo editorial. La producción de conocimiento estará, pues,
en escritos plurales y diversos, y en discursos no escritos porque desde los lugares de
enunciación y de acción, no es prioritario escribirlos, a veces puede ser hasta peligroso.

Lo público y lo privado en la escritura antropológica hoy: de quién es la


información y el conocimiento
Un tema que no se puede descuidar en torno a la escritura antropológica es lo de lo
público y lo privado, de quién es la información y el conocimiento que producimos. En
este sentido, planteo dos temas, la privatización del conocimiento en las condiciones
laborales actuales de los antropólogos y la privatización del acceso a las publicaciones
indexadas. Ambos son grandes desafíos para la escritura y la teorización antropológica.
En el mercado de trabajo actual de la antropología una de las principales reglas del
juego es que somos acreedores de una remuneración por lo que hacemos, pero no somos

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dueños de lo que hacemos, de nuestros productos, como gusta llamarles; mucho menos
del conocimiento y los hallazgos que surgen en los entornos de enunciación y acción.
Estos entornos tienen dueños, jefes, la institución que nos emplea es la propietaria
temporal de nuestra fuerza de trabajo, y es la propietaria perpetua del conocimiento y
los escritos que producimos.
Desde que firmamos un contrato hay una cláusula muy específica sobre esto. Como
consultores estamos obligados a transferir la propiedad intelectual y derechos de autor
a nuestro empleador. Hay una renuncia al ejercicio de derechos morales intransferibles.
Es preocupante que se establezca que resultados que no hayan sido producidos en el
curso de la ejecución contractual, preexistentes, son propiedad del consultor, pero se
otorga derecho de uso sin restricciones durante la vigencia del contrato y en el futuro.
Esto no sucede en todos los casos, pero cada vez es más común, porque en el mercado
de trabajo se sabe que uno ejerce con la legitimidad de la experiencia acumulada, la
pone a disposición en cada nueva experiencia, entonces para el empleador es mejor
regular la mediación de esa experiencia acumulada.
También se estipula que, si se llega a violar los acuerdos de transferencia de la
propiedad intelectual y los derechos de autor, o si se incurre en plagio y esto deviene
en la reclamación de terceros, el consultor asume todos los costes resultantes en que
incurra el empleador.
En algunos casos se prohíbe expresamente la publicación de información, la
presentación en conferencias, talleres, periódicos, radio, televisión, Internet, en cursos
de docencia, redes sociales y cualquier otro medio. La información y conocimiento es
privada y de uso exclusivo del empleador. En otros casos todo esto se permite previo
consentimiento escrito por parte del empleador, quien desde luego hará una revisión y
censurará aquello con lo que no esté de acuerdo.
En el caso de la administración pública, por lo menos en Guatemala, la mayoría de
las contrataciones son por servicios profesionales y por pago de honorarios, lo que
quiere decir que no somos funcionarios públicos, somos contratistas del Estado sin
relación y derechos laborales. Como contratistas es inexcusable cumplir con una
cláusula de confidencialidad. Esta impone el resguardo de la información con absoluta
confidencialidad y a utilizarla exclusivamente para los fines de la institución y del
contrato. También compele a poner a disposición no solo la información producida en
el marco del contrato, sino aquella que haya sido útil (la de la experiencia acumulada)
y la que esté guardada en la/nuestra computadora.
Despojados de la propiedad intelectual y derechos de autor, el margen de acción para
la escritura y la teorización son casi nulos. Hay que ser muy creativos para escribir sin
perjuicio penal. Así es que los profesionales casi no escribimos, no solo porque vamos
haciendo trayectoria a contra reloj, sino porque no somos propietarios intelectuales,
ni tenemos derechos de autor, el peso de la ley puede caer sobre nosotros, aunque
intentemos ser creativos.
De este modo, aunque reconocemos la pluralidad del hacer antropológico, en tanto
no cambie el lugar privilegiado y de tipo ideal de la academia y de las publicaciones
científico-académicas, en los lugares/países en los que la institucionalidad académica
de la antropología no creció a lo largo del siglo XX y lo que va del XXI, lo poco que se
escriba y teorice orbitará en los márgenes del sistema mundo de la antropología, será

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poco reconocido, infravalorado e impalpable en el avance teórico y metodológico de la


antropología en este sistema mundo.
La privatización del conocimiento contribuye a sostener e incrementar las asimetrías
entre la diversidad de antropologías y las relaciones geopolíticas. Así, por ejemplo,
Centroamérica por mucho tiempo ha sido un lugar de amplio interés antropológico,
etnográfico y en general; una directora de uno de los programas de la Deutsche
Gesellschaft Für Internationale Zusammenarbeit o GIZ- Guatemala, sin pena ni
agobio me comentó que Guatemala y Centroamérica eran los lugares perfectos para
trabajar, porque estamos tan mal que cualquier proyecto, política o estrategia que
funcione se podrá llevar a otro país que seguro funcionará. Al no medir sus palabras
no solo me incomodó, sino que hizo ver que para los centros hegemónicos seguimos
siendo un laboratorio de experimentación y que, los referentes de lo escrito no seremos
los centroamericanos que padecemos los contextos insufribles que a otros les parecen
excitantes, sino que serán los centroamericanistas de los centros hegemónicos quienes
tendrán la legitimidad de la palabra escrita y hablada, porque fue a estos a quienes
rendimos nuestra propiedad intelectual y derechos de autor.
Con relación al segundo tema, por décadas el modelo ha construido una fortaleza
alrededor de la producción de conocimiento para privatizar el acceso a este, en
particular, el de las publicaciones indexadas. De esta fortaleza no están exentos ni los
docentes e investigadores de las universidades públicas del mundo. Previo al Internet,
nuestra principal dificultad era que no teníamos los recursos para viajar a las bibliotecas
o archivos donde estaba resguardado el conocimiento; importantes gestiones hicieron
en sus épocas los investigadores para hacer estancias de investigación para acceder a
ese conocimiento.
Con las transformaciones del modelo editorial de las publicaciones científico-
académicas y del mismo sistema mundo universitario, se concibieron los sistemas de
almacenamiento en línea, las bases de datos. Jstor es uno de ellos. Su fundador William
G. Bowen fue presidente de la Universidad de Princeton, una de las más prestigiosas del
país norteño. Él ideó Jstor como una solución a las dificultades y costos que le implicaba
a la biblioteca almacenar la gran cantidad de publicaciones seriadas. La digitalización
no solo resolvía la dificultad de un repositorio físico, sino que ofrecía la disponibilidad
a un público mayor a largo plazo, es decir, sin las preocupaciones por la conservación
del papel. Para acceder a este sistema de almacenamiento, en la actualidad uno de los
más prestigiosos, se requiere un acuerdo económico y legal. Muchas universidades en
Latinoamérica no tienen los recursos para costear este tipo de acuerdos, o tienen para
unos sistemas y no para otros. Como resultado el acceso al conocimiento se limita por
los recursos económicos.
En sistemas de almacenamiento privados como Jstor se encuentran alojados artículos
valorados en US$40.00 que los colegas con los que dialogué en SLACA en 2021,
quienes aún eran estudiantes de posgrado, tampoco pueden costear una vez terminan
el programa universitario que les brinda acceso. Existen los repositorios gratuitos,
podrán decir algunos, y adoptar como postura política ignorar a los de paga. Pero no se
trata solo de eso, sino del daño al diálogo entre los conocimientos producidos y quienes
los producimos, para el avance teórico y metodológico necesario en todas las ciencias.
Oponerse a este modelo de privatización es imperioso para disminuir las asimetrías en
torno a la escritura, la publicación, la teorización y el acceso a la información.

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L E TON A
Publico, luego existo: las dificultades de escribir y teorizar en latinoamérica

Otra apuesta que se dice fácil, pero que resulta sumamente peligrosa en el contexto
neoliberal actual. Lo que me lleva a recordar y reconocer el esfuerzo de Aaron Swartz,
estudiante de la Universidad de Harvard, promotor de los creative commons. Swartz
usó su acceso a Jstor que le proveía Harvard para descargar cuatro millones de
artículos para difundirlos de forma gratuita; cuando su universidad le vetó el acceso,
las descargas las hizo a través del sistema del Instituto Tecnológico de Massachusetts
(MIT). En 2011 se le imputaron cargos de crimen informático y violación de los términos
de uso de Jstor; poco antes de que iniciara el juicio fue hallado muerto en su residencia.
La investigación apuntó a un suicidio. La comunidad tecnológica que lo respaldó y la
familia, responsabilizaron al sistema judicial que lo perseguía. Sin ánimos de caer en
teorías de conspiración, el caso de Swartz patenta la fortaleza de la privatización del
conocimiento, y que los sistemas que la apoyan, incluidas las universidades, no darán
un paso atrás frente a las luchas por un Internet democrático en el que predominen
los creative commons. Todo aquello que aparezca gratuito lo pagamos con datos e
información privada, con o sin consentimiento previo informado.
No obstante, maneras de hackear el sistema existen. Con todo y la fortaleza de la
privatización del conocimiento, mentes brillantes se han dado a la tarea de crear
otros sistemas de almacenamiento que constantemente cambian, se movilizan y
generan estrategias para evitar la penalización y el castigo extremo del sistema. Un
caso paradigmático es el de Sci-Hub, creado por Alexandra Elbakyan después de
enfrentar dificultades para acceder a artículos necesarios para su tesis de grado en
neurotecnología. Ella, también desarrolladora de software, creó el proyecto Sci-Hub el
mismo año en el que Swartz fue enjuiciado. El repositorio de Elbakyan resguarda más
de ochenta y cuatro millones de artículos académicos, de esos del monto exorbitante
que he mencionado. En Estados Unidos se ha tratado de hacer una persecución penal
en contra del proyecto, pero lo único que han logrado es suspender el dominio, por
lo que de tanto en tanto, el proyecto aparece con un nuevo dominio para mantenerse
disponible al público que apoya el Internet libre y democrático.
Para algunos quizá este tema parece lejano al asunto de escribir y teorizar en
Latinoamérica. Sin embargo, lo he incluido porque la privatización del conocimiento,
reitero, daña las posibilidades de escribir, publicar, ser leído, el objetivo último de todos
nosotros que debería ser, hacer público el conocimiento, con acceso libre y gratuito.

A manera de cierre: el lugar de los colegios profesionales


A menudo se discute el rol de los lugares de formación profesional y el de los colegios
profesionales; quién tienen que velar o hacer algo frente a las condiciones de trabajo
actual de las antropologías, la escritura múltiple y la teorización. Considero que ambos
porque, aunque no se vea, hay un puente que todos transitamos entre los espacios
formación y los colegios o asociaciones profesionales. Debería existir un diálogo
permanente para construir soluciones con las que enfrentemos colectivamente las
condiciones de la flexibilización, precarización y aquello que he mencionado que
dificulta o le da propiedades particulares a la escritura antropológica en nuestros países.
Sin embargo, los colegios profesionales además de, más o menos velar por reunirnos
de cuanto en tanto, de tratar de vigilar la práctica ética, hacer algunos diplomados,
cursos, talleres de actualización, podrían encaminarse en un proyecto que aborde las

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características del mercado laboral y contribuya, de manera colectiva, a generar empleo


(que no es lo mismo que buscarle empleo a cada individuo), a plantear principios
reguladores frente a la precarización, a abrir un diálogo con las universidades y
los ámbitos académicos que se sienten ajenos a la situación y a que, ya que tanto
recomendamos a las comunidades con las que trabajamos a construir colectividad y
autonomía, que intentemos hacer lo mismo entre nosotros.

Bibliografía
Bourdieu, P. (2008). Homo academicus. Siglo XXI.
Caviedes, M. (2007). Antropología apócrifa y movimiento indígena. Algunas dudas
sobre el sabor propio de la antropología hecha en Colombia. Revista Colombiana de
Antropología, 43, 35-59.
Díaz Crovetto, G. & Restrepo, E. (2023). Precarización, productivismo y la burocracia
universitaria: hacer antropología en la academia neoliberal. Tabula Rasa. 46, 185-209.
Letona, A. (2020). La antropología como trabajo y compromiso sociopolítico en
el régimen de la ayuda al desarrollo en Guatemala. Publicar en Ciencias Sociales,
XIV(XXVIII), 45-70.
Letona, A. (2019). Antropología guatemalteca: una práctica heterodoxa y heterogénea
(1930-2013). Universidad Autónoma Metropolitana [Tesis de doctorado].
Rappaport, J. (2007). Más allá de la escritura: la epistemología de la etnografía en
colaboración. Revista Colombiana de Antropología. 43, 197-229.
Restrepo, E. (2020). Hacer antropología desde América Latina hoy: especificidades y
desafíos. En Gonzalo Díaz Crovetto (ed.), Antropología contemporánea. Intersecciones,
encuentors y reflexiones desde el Sur Sur, pp. 147-180. Universidad Católica de Temuco.
Reygadas, L. (2019). Antroóplog@s del milenio. Desigualdades, precarización y
heterogeneidad en las condiciones laborales de la antropología en México. Secretaría
de cultura, Instituto Nacional de Antropología e Historia, Universidad Autónoma
Metropolitana, Centro de Investigaciones y Estudios en Antropología Social,
Universidad Iberoamericana, Colegio de Etnólogos y Antropólogos Sociales.
Uribe, M. & Restrepo, E. (2000). Antropologías transeúntes. ICANH.

Alejandra Letona Rodríguez. Doctora en Ciencias Antropológicas por la


Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), ciudad de México, profesora
titular del Departamento de Antropología de la Universidad de San Carlos
de Guatemala y consultora independiente. Sus líneas principales de trabajo
son historia y epistemología de la antropología; antropología del Estado, las
instituciones y la administración pública, formas de organización de la sociedad
civil y de la cooperación internacional; agroecología y cambio climático;
patrimonio cultural.

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E S P I N O Z A Y R OJAS
Algunos apuntes sobre el sistema de publicaciones científicas y la producción antropológica en Chile

Algunos apuntes sobre el sistema


de publicaciones científicas
y la producción antropológica en Chile1

[ CLAUDIO ESPINOZA ARAYA]


Director Revista Antropologías del Sur, Universidad Academia de Humanismo Cristiano.
Centro de Investigación y Creación Interdisciplinaria, Vicerrectoría de Investigación y
Posgrado, Universidad Católica de Temuco. Proyecto Fondecyt Regular 1220754.
cespinoza@[Link]

[ PAULA CONTRERAS ROJAS]


Editora general Revista Antropologías del Sur,
Universidad Academia de Humanismo Cristiano
[Link]@[Link]

Resumen1
El presente artículo pretende una aproximación a algunas de las actuales condiciones
que marcan las dinámicas y tendencias en el sistema de publicación y políticas
editoriales concernientes a las antropologías hechas en Chile y, en concreto, cómo
ello ha generado algunas transformaciones tanto en la política editorial como en las
dinámicas de producción de las y los colegas.
Para ello aludimos, en primer lugar, al contexto general que pesa hoy sobre el sistema
de publicaciones científicas para luego avanzar hacia el estado de publicaciones
científicas en el campo de la antropología en Chile, con el objetivo de situar este
tipo de publicaciones en este escenario general. Por último, concluimos con algunas
reflexiones que pretenden relevar parte de las dinámicas más evidentes que asoman en
el quehacer de las y los antropólogos en la actualidad.

Palabras clave: políticas editoriales, publicaciones científicas, Chile, antropología

1
Artículo recibido: 18 de julio 2023. Aceptado: 31 de julio 2023.

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Notes on the scientific publication and anthropological production system


in Chile

Abstract
This article aims to approach some of the current conditions that mark the dynamics
and trends in the publishing system and editorial policies concerning anthropologies
in Chile and, specifically, how this has generated some transformations both in the
editorial policy and in the production dynamics of colleagues.
To this end, we first allude to the general context that weighs today on the system of
scientific publications and then move on to the state of scientific publications in the
field of anthropology in Chile, with the aim of situating this type of publications in this
general scenario. Finally, we conclude with some reflections that aim to highlight some
of the most evident dynamics that appear in the work of anthropologists today.

Keywords: editorial policies, scientific publications, Chile, anthropology.

Algumas observações sobre o sistema de publicação científica e a produção


antropológica no Chile

Resumo
O objetivo deste artigo é abordar algumas das condições atuais que marcam a
dinâmica e as tendências do sistema de publicações e das políticas editoriais relativas
à antropologia no Chile e, especificamente, como isso gerou algumas transformações
tanto na política editorial quanto na dinâmica de produção dos colegas.
Para isso, primeiro aludimos ao contexto geral que pesa sobre o sistema de publicações
científicas na atualidade e, em seguida, passamos à situação das publicações científicas
no campo da antropologia no Chile, com o objetivo de situar esse tipo de publicação
nesse cenário geral. Finalmente, concluímos com algumas reflexões que visam destacar
algumas das dinâmicas mais evidentes que estão surgindo atualmente no trabalho dos
antropólogos.

Palavras-chave: políticas editoriais, publicações científicas, Chile, antropologia

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E S P I N O Z A Y R OJAS
Algunos apuntes sobre el sistema de publicaciones científicas y la producción antropológica en Chile

Devenir del sistema de publicaciones científicas


En las últimas décadas el mundo académico no ha estado exento de los efectos que
el modelo neoliberal ha tenido sobre la mayoría de los procesos mundiales (Harvey
2007). Este modelo, que ha desarrollado estrategias institucionales y económicas que
privilegian los “derechos de propiedad privada, fuertes mercados libres, libertad de
comercio y la relegación del rol del Estado a crear y reservar el marco institucional
apropiado para el desarrollo de estas prácticas” (Tapia 2018: 3), también está presente
en las lógicas y prácticas de las universidades de los distintos continentes.
Así, es posible percibir con meridiana nitidez cómo las universidades han ido
incorporando una racionalidad neoliberal, la cual se expresa en un capitalismo
académico (Bruner et al. 2019) y cognitivo (De Angelis y Harvie 2009) caracterizado,
entre otros aspectos, por la mercantilización y privatización de la educación, la
externalización y precarización del trabajo docente, la creación de carreras según las
necesidades del mercado y la tecnificación y digitalización del conocimiento.
Este fenómeno ha sido ampliamente estudiado (Slaughter y Leslie 2001; Torres y
Schugurensky 2002; De Angelis y Harvie 2009; Jankowski y Provezis 2014; Cannizzo
2015; Tight 2019) y muestra cómo la existencia de fenómenos globales impacta en el
mundo universitario y cómo ello se expresa también en la conformación de nuevas
racionalidades neoliberales (Saura y Bolívar 2019). Estas últimas están en estrecha
relación con una noción del sujeto como emprendedor de sí mismo, que ha naturalizado
entre las académicas y los académicos una cultura de eficiencia, competencia y excelencia
basada en una subjetividad neoliberal que privilegia el mérito, el reconocimiento y el
prestigio individual (Fardella 2021).
El nuevo contexto ha repercutido, sin lugar a dudas, en la producción de conocimiento
y en los procesos de su publicación en revistas científicas, en las que la calidad de
los artículos que en ellas se publican está determinada mayormente por indicadores
tales como el factor de impacto. Este indicador, que está liderado por organizaciones
internacionales como Journal of Citation Reports (JCR) y Scimago Journal Rank (SJR),
está asociado a la industria multinacional del mundo editorial de las que forman parte,
por ejemplo, Clarivate y Elsevier, quienes condicionan en gran medida cuáles serán los
criterios para la valoración de los artículos científicos según los parámetros que rigen
el capitalismo académico (Alperin y Rozemblum 2017; Saura y Bolívar 2019).
Esta lógica que determina los criterios de valoración de la producción de conocimiento
ha provocado una estandarización de estos por medio de una cuantificación de la
vida profesional que, en el caso chileno, está estrechamente asociada a la cantidad de
publicaciones en revistas con alto factor de impacto, como son las revistas indexadas
en la base de datos de Web of Science (WoS), suministrada por Clarivate Analytics,
y en Scopus, propiedad de Elsevier. Esto ha llevado a una “carrera” por el aumento
de dichas publicaciones, debido a que ello tiene directa influencia en la obtención de
financiamiento estatal para realizar investigación, en la permanencia de los puestos
académicos en las universidades, en la postulación a un nuevo puesto de trabajo
universitario y, finalmente, en la construcción de un estatus dentro del mundo
académico. Este modelo también se ha visto reflejado en las políticas de rankings
y acreditación de las universidades, lo que ha creado una competencia entre las
instituciones universitarias y fomentado una comprensión de la universidad como un
espacio de competencia individual más que de colaboración y cooperación colectiva.

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De este modo, las académicas y los académicos se ven insertos dentro de un modelo de
competencia que privilegia la cantidad de publicaciones en revistas con un alto factor
de impacto más que la novedad y la calidad de la publicación. Ello es especialmente
relevante en la disciplina antropológica. Investigaciones que podrían tardar años en
realizar etnografías y trabajos de campo que lleven a un conocimiento acabado de los
fenómenos estudiados se ven insertas en el modelo descrito, lo que la ha empujado
a modificar las temporalidades de la comprensión de los procesos y fenómenos
socioculturales y los resultados que de ella emanan. Este hecho también ha llevado a
una excesiva repetición de los resultados de las investigaciones para poder contar con
un mayor número de publicaciones y ser parte de la “carrera” mencionada.
Este fenómeno ha derivado en una alta demanda de publicación en las revistas que
presentan un factor de impacto alto, asociadas a bases de datos como las señaladas, lo
que ha generado un flujo editorial impensado en décadas pasadas, con artículos que
son publicados, en algunos casos, uno o dos años después de su envío a evaluación.
Así, las revistas se ven presionadas a asumir las nuevas reglas del mercado editorial
global, liderado por las grandes empresas editoriales, para incorporarse en las bases de
datos que lideran el sistema editorial global y la estandarización del conocimiento. Este
hecho es clave para la supervivencia de muchas de las revistas universitarias, las cuales
dependen del financiamiento de sus casas de estudio, el cual se rige, generalmente,
por las normas de acreditación educativas con lógicas insertas en este sistema de
competencia.
Este escenario ha comenzado a desplegarse no solamente en el desempeño laboral
académico, sino que se ha instaurado en la enseñanza universitaria misma. Hoy en día
no es raro encontrar en las mallas curriculares de las universidades cursos dedicados a
la construcción de “papers” y su posterior postulación a revistas científicas. Muchas de
las tesis de pre y posgrado, que antes estaban centradas en la investigación y la creación
de un manuscrito, extenso y detallado, del proceso investigativo y sus resultados, hoy
han sido remplazadas por la creación de un paper y su envío a una revista con alto
factor de impacto, lo que viene a validar este nuevo modelo académico, en las futuras
generaciones de antropólogas y antropólogos, como “la” forma de construcción de
conocimiento.

Revistas Chilenas de antropología


En Chile, este sistema descrito se observa con mayor nitidez en los últimos años, en lo
que Alperin y Rozemblum (2017) identificaron como la etapa de “internacionalización”
de las revistas científicas en Latinoamérica, esto es, desde 2015 en adelante. Al observar
los índices y visibilizadores de las revistas científicas de antropología en Chile se percibe
con claridad su participación en el sistema general de publicaciones, aunque es posible
identificar, también, algunos aspectos particulares.
Revisando la trayectoria de las revistas chilenas de antropología, tanto las de corte
claramente disciplinar como las que incorporan a la antropología entre otras
disciplinas, podemos identificar tres grandes periodos de creación de revistas2 que,

2
La información relativa a las revistas se obtuvo de diversas fuentes: Portal de Revistas Académicas
Chilenas, Dirección de Servicios de Información y Bibliotecas de la Universidad de Chile, Base de datos
de DataCiencia-ANID y los sitios web de cada una de las revistas.

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E S P I N O Z A Y R OJAS
Algunos apuntes sobre el sistema de publicaciones científicas y la producción antropológica en Chile

a su vez, coinciden con la incorporación o no a diferentes sistemas de indexación, los


cuales se han vuelto indispensables en el mundo académico actual.
Un primer momento corresponde al periodo predictatorial, específicamente a los
años comprendidos entre 1970 y 1973, etapa caracterizada por una efervescencia
social y política fecunda en reflexión crítica y por una gran densidad universitaria y
de desarrollo de las ciencias sociales (Garretón, 2007). En este periodo se crean tres
revistas vinculadas a la disciplina antropológica. La primera de ellas es Magallania,
fundada en 1970 por el Instituto de la Patagonia de la Universidad de Magallanes, en
la ciudad de Punta Arenas. Esta revista se caracteriza por fijar un marco geográfico
para el tema de sus publicaciones –Patagonia, Tierra del Fuego, Antártica e islas
adyacentes y el océano Pacífico sur-oriental– y por una entrada transdisciplinaria:
historia, etnografía, bioantropología y arqueología. En 1972, el Departamento de
Antropología de la Universidad del Norte, hoy Universidad de Tarapacá, en la ciudad
de Arica, crea Chungara, Revista de Antropología Chilena, la que posee un perfil
disciplinar ampliado a los distintos campos de la disciplina: antropología social o
cultural, arqueología, bioarqueología, etnobotánica, etnohistoria, geografía, historia,
lingüística, paleoecología, semiótica, zooarqueología, museología y conservación.
Al igual que Magallania, Chungara explicita un marco espacial, estableciendo la
región andina de Sudamérica como su área de referencia. Por último, en 1973 se
funda Estudios Atacameños, revista que pertenece al Instituto de Investigaciones
Arqueológicas y Museo de la Universidad Católica del Norte con sede en San Pedro
de Atacama. Sus líneas disciplinarias son la arqueología, la antropología social, la
historia y la bioantropología y, al igual que las dos anteriores, fija un marco territorial
de referencia: la región suramericana.
Un segundo momento comprende el periodo de la dictadura cívico militar (1973-1989),
lo que en el plano académico universitario se caracterizó por el abandono de las ciencias
sociales de las universidades chilenas (Garretón, 2007) y por las escasas posibilidades
para la reflexión intelectual y crítica. A pesar de ello, se logran crear tres nuevas revistas,
dos al alero de universidades y una ligada al Museo de Arte Precolombino. En 1978,
en el seno del Departamento de Antropología de la Universidad de Chile, en la ciudad
de Santiago, se crea la Revista Chilena de Antropología, la que, junto con definir un
marco en torno a las diferentes ramas de la antropología, delimita un espacio regional:
Latinoamérica y el Caribe. En 1984, en el Centro de Investigaciones Sociales Regionales
de la Universidad Católica de Temuco, se funda la revista CUHSO (Cultura, Hombre,
Sociedad). Con el tiempo, esta revista pasó a ser editada por el Centro de Estudios
Socioculturales y, posteriormente, por la Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades
de la misma universidad. Si bien en un inicio CUHSO consideró a la antropología como
disciplina principal, con el tiempo se amplió a todos los campos de las ciencias sociales
y de las humanidades. Por último, en 1985, en Santiago, se creó el Boletín del Museo
de Arte Precolombino, revista que se define en torno al núcleo del arte y el simbolismo
precolombino, la arqueología y la antropología y como un espacio abierto a especialistas
de las ciencias sociales, el arte, la historia y las humanidades.
Un tercer periodo, más amplio y que exige indagar más detenidamente en él, se cristaliza
una vez terminada la dictadura y el comienzo de la transición democrática, etapa
caracterizada por el retorno de las ciencias sociales a las universidades y la expansión
de las carreras e instituciones vinculadas con ellas (Garretón, 2007). Durante estas

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últimas tres décadas surgieron cuatro revistas. La primera de ellas, creada en 1997
por el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Austral de Chile, en la ciudad
de Valdivia, lleva por nombre Revista Austral de Ciencias Sociales y en la actualidad
es editada por el Instituto de Historia y Ciencias Sociales y por el Instituto de Estudios
Antropológicos de la misma universidad. Su interés disciplinar se define en torno a la
antropología, la historia y la sociología. En 2001 se crea, en la Escuela de Antropología
de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano, la Revista de Antropología
Visual, hoy editada por la Subdirección de Investigación del Servicio del Patrimonio
Cultural del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, ambas instituciones
con sede en la ciudad de Santiago. La revista tiene una orientación temática específica
–la antropología visual– y delimita un marco geográfico: Chile y Latinoamérica. El
año 2008 se crea la revista Taltalia, editada por el Museo Augusto Capdeville Rojas en
la ciudad de Taltal, que pone su interés disciplinario en la arqueología, la etnografía,
la antropología, la historia, la etnohistoria, el arte, la literatura y otros tópicos de
interés humanista y que también demarca un espacio regional: el territorio costero
y/o desértico del norte de Chile. Por último, en 2014, la Escuela de Antropología de
la Universidad Academia de Humanismo Cristiano funda la revista Antropologías
del Sur, la cual posee una perspectiva principalmente disciplinar aunque abierta a lo
transdisciplinar en tanto se geste un diálogo con las problemáticas socioculturales.
En cuanto a sus indexaciones, observamos que todas ellas, en mayor o menor medida,
forman parte del actual sistema de publicaciones científicas (ver Tabla Nº 1). Tanto
las revistas fundadas el siglo pasado como las de creación más reciente están en algún
sistema de indexación y, muy probablemente, en carrera por aumentar su visibilidad
en otros indicadores, cuestión que resulta muchas veces una condición necesaria para
su existencia, ya sea por el financiamiento con el cual pueden contar como por el flujo
de artículos que pueden recibir gracias a su permanencia en tales índices.
Un hecho relevante a destacar es la existencia de ErihPlus, índice europeo de revistas
científicas que, en algún grado, ha permitido a las producciones antropológicas contar
con una alternativa a indicadores como WoS y Scopus, ya que, por ejemplo, en el
sistema nacional de investigación (ANID) en el área de Antropología y Arqueología,
para postular a fondos nacionales de investigación, las y los postulantes que presenten
como productividad científica publicaciones realizadas en revistas con indexación
ErihPlus, estas cuentan con una puntuación equivalente a los otros dos indicadores de
alto impacto. Sin embargo, en el plano del cierre de proyectos, a modo de “productos”
aún ANID considera solo los índices WoS y Scopus.

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E S P I N O Z A Y R OJAS
Algunos apuntes sobre el sistema de publicaciones científicas y la producción antropológica en Chile

TABLA Nº 1: REVISTAS CHILENAS DE ANTROPOLOGÍA

Fuente: Elaboración Propia

Reflexiones Finales
El escenario actual de las publicaciones científicas y del mundo académico se encuentra
permeado por diversas dinámicas que son reflejo del actual capitalismo académico
y del modelo neoliberal que, como se señaló, se encuentra presente en este ámbito
de producción del conocimiento. Creemos que es importante dar cuenta de dichas
dinámicas y generar espacios de reflexión en torno a ellas. Nos gustaría mencionar
algunas que creemos se encuentran presentes en nuestra realidad cotidiana como
investigadoras/es y editoras/es.
La primera dinámica tiene relación con la valoración de la docencia frente a la
investigación y la publicación de artículos. Dado que el actual modelo exige a las y
los académicos un alto flujo de publicaciones científicas en revistas de alto impacto,
el tiempo disponible en el quehacer académico se centra en el ámbito investigativo y
su rápida publicación más que en el ámbito docente. Ello en la medida que el primero
es estimulado ya sea desde el Estado –entre más publicaciones en revistas con mayor
factor de impacto más posibilidades de acceder a fondos para investigar– como por las
universidades –al otorgar incentivos económicos por número de publicación y tipo de
indexaciones–, mientras que el segundo no posee el mismo nivel de estímulo estatal
o de la institución en la que se trabaja. Ello ha derivado en que el ámbito docente no
posea la misma valoración en la carrera académica de una o un antropólogo que el
ámbito investigativo, lo que ha alejado a muchas y muchos del aula y de la creación
de contenido innovador y reflexivo en la enseñanza de pregrado, lo que ha afectado la
formación de las y los estudiantes de antropología.
La segunda dimensión está enfocada en el ámbito de la escritura. Históricamente la

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antropología ha privilegiado un lenguaje principalmente descriptivo para acercarse a


la comprensión y el análisis de los fenómenos socioculturales. Esta estrategia narrativa
va de la mano de métodos como el etnográfico y el biográfico, que apuntan, más que
a un conocimiento objetivo, general y racional de la realidad, a la comprensión de
procesos desde un acercamiento vivencial, intensivo y profundo, donde la descripción
de dichos procesos es clave para su interpretación y análisis. Lamentablemente
los papers poseen una estructura bastante rígida, que no se compatibiliza con el
desarrollo narrativo que ha caracterizado a la disciplina antropológica. Es por ello
que antropólogas y antropólogos han tenido que ajustarse a la estructura solicitada de
los papers actuales, donde los detalles descriptivos o narrativos no poseen un espacio
adecuado, o no son del interés de las revistas. Sería interesante pensar nuevas formas
de publicación científica, donde el desarrollo descriptivo y narrativo de la antropología
tuviera un espacio destacado.
La tercera dinámica tiene relación con la noción de tiempo en el trabajo antropológico.
El actual modelo imperante, en relación con el mundo de las publicaciones científicas,
exige, como ya mencionamos, una alta producción académica en revistas de alto
impacto como modo de validar el trabajo investigativo. Ello ha llevado a que las y
los investigadores se encuentren constantemente en una “carrera” por publicar en
revistas de alto impacto, que son las más reconocidas en el sistema de acreditación
de las universidades y en la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID),
que financia, entre otras cosas, la investigación científica en Chile. Sin importar que
los resultados posean un proceso reflexivo adecuado, o si el tiempo de investigación
etnográfica fue el necesario, el modelo precisa de una alta productividad en
publicaciones independientemente de la calidad de ellas o de la originalidad del
texto. Este sistema, ha creado una dinámica perversa que atenta contra la misma
temporalidad que la investigación antropológica requiere, generando un modelo de
alta producción de resultados, pero con una reflexividad acotada, un escaso trabajo de
campo, especialmente respecto al que el proceso etnográfico requiere. Estas nuevas
formas de producción implican transformaciones en las nociones del tiempo y en las
temporalidades de la investigación antropológica. Se observa, en efecto, una aceleración
del tiempo (Rosas 2015) expresada en la “carrera” y la prisa por publicar. Ya sea para
postular a financiamiento en investigación, para acceder a incentivos por publicación
o para mantener el puesto en la universidad o el estatus adquirido, la temporalidad en
la investigación en antropología ha cambiado drásticamente.
La cuarta dinámica está asociada a una de las posibilidades que el mismo modelo
entrega, pero que creemos podría abrir una ventana de reflexividad en relación
con el trabajo colectivo. Si bien este escenario neoliberal, donde se privilegia el
capitalismo académico y cognitivo, es bastante desfavorable tanto a las temporalidades
relacionadas a la investigación antropológica como al trabajo etnográfico y la escritura
de los hallazgos investigativos, abre nuevos espacios que podrían otorgar alternativas
frente al modelo imperante. El modelo actual ha llevado a un trabajo que privilegia la
competencia y el prestigio individual, colocando como principal logro la producción y
la publicación en revistas de alto impacto, pero también ha generado la posibilidad de
diversas colaboraciones y trabajos colectivos como un modo de enfrentar las exigencias
de la “carrera” por publicar en las revistas mencionadas. Este es un espacio que podría
ser aprovechado tanto para fortalecer el trabajo transdisciplinar como para articular

- 44 -
E S P I N O Z A Y R OJAS
Algunos apuntes sobre el sistema de publicaciones científicas y la producción antropológica en Chile

las diversas miradas de académicas y académicos sobre una problemática particular,


enriqueciendo así el conocimiento y la interpretación de la misma.
Somos conscientes que, si bien es difícil, como revista académica de antropología,
escapar del modelo que hemos descrito de publicación y de la racionalidad capitalista
que lo acompaña, se vuelve necesario e imperioso abrir nuevos espacios que cuestionen
y entreguen alternativas al modelo imperante. Por ello invitamos a reflexionar en
conjunto sobre nuevos modos de publicación que den espacio a desarrollar y fortalecer
el acercamiento, la interpretación y el análisis de la realidad y de sus fenómenos
socioculturales desde nuestra mirada antropológica. Esperamos que estas reflexiones
ayuden a ello y sean un motivo para incentivar la creación de nuevos espacios que den
cabida a la riqueza narrativa de la disciplina antropológica y donde se privilegie la
cooperación y el trabajo colectivo, más allá de la “carrera” diaria por publicar.

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Revista de Antropología Visual [Link]
Revista Austral de Ciencias Sociales [Link]
Revista Chilena de Antropología [Link]
RCA/about
Revista Chungara [Link]
Revista Taltalia [Link]

Claudio Espinoza Araya, Doctor y Maestro en Antropología por CIESAS,


México, D.F., y Licenciado en Antropología por la Universidad Academia de
Humanismo Cristiano, lugar donde fue Director de la Escuela de Antropología
y donde es Director de la revista Antropologías del Sur. Hoy forma parte del
Centro de Investigación y Creación Interdisciplinaria de la Vicerrectoría de
Investigación y Posgrado de la Universidad Católica de Temuco y es Investigador
Asociado del Centro de Estudios Interculturales e Indígenas-CIIR.

Paula Contreras Rojas. Licenciada en Antropología Social, de la Universidad


de Chile. Maestra en Estudios Políticos y Sociales, de la Universidad Nacional
Autónoma de México. Doctora en Ciencias Políticas y Sociales del Laboratoire
d’Anthropologie des Mondes Contemporains, de la Université Libre de Bruxelles.
Es académica de la Escuela de Antropología de la Universidad Academia de
Humanismo Cristiano, y editora de la revista Antropologías del Sur perteneciente
a la misma Escuela.

- 46 -
B E N E DETTI
Transformaciones en el campo de la edición científica: reflexiones desde una revista de antropología

Transformaciones en el campo
de la edición científica: reflexiones
desde una revista de antropología1

[ CECILIA BENEDETTI]
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET).
Instituto de Ciencias Antropológicas, Facultad de Filosofía y Letras,
Universidad de Buenos Aires (UBA)
ceci.benedetti1@[Link]

Resumen1
El objetivo de este trabajo consiste en abordar las transformaciones experimentadas por
las revistas académicas en las últimas décadas, considerando las tensiones y desafíos
que involucran en la práctica científica, especialmente en antropología. En primer
lugar, presentaré los procesos que han redefinido el campo de la publicación científica,
centrándome especialmente en el contexto latinoamericano. A continuación, abordaré
las implicancias de estas dinámicas en el trabajo editorial que llevan adelante las revistas
especializadas en ciencias sociales. Por último, planteo reflexiones preliminares acerca
de la práctica antropológica en el marco de este panorama en constante cambio.

Palabras clave: revistas académicas – antropología – indexación – evaluación científica

Transformations in the field of scientific edition: reflections from the


perspective of an anthropology journal

Abstract
The aim of this work is to address the transformations experienced by academic journals
in recent decades, considering the tensions and challenges involved in scientific practice,
particularly in anthropology. Firstly, I will present the processes that have redefined
the field of scientific publishing, with a specific focus on the Latin American context.
Next, I will discuss the implications of these dynamics on the editorial work carried out

1
Artículo recibido: 16 de julio 2023. Aceptado: 31 de julio 2023.

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by specialized journals in the social sciences. Lastly, I propose preliminary reflections


on anthropological practice within the framework of this changing environment.

Keywords: academic journals - anthropology - indexing - scientific evaluation

Transformações no campo da edição científica: reflexões a partir de uma


revista de antropologia

Resumo
O objetivo deste trabalho é abordar as transformações experimentadas pelas revistas
acadêmicas nas últimas décadas, considerando as tensões e desafios envolvidos na
prática científica, especialmente na antropologia. Em primeiro lugar, apresentarei os
processos que têm redefinido o campo da publicação científica, com foco especial no
contexto latino-americano. Em seguida, abordarei as implicações dessas dinâmicas
no trabalho editorial realizado pelas revistas especializadas em ciências sociais. Por
fim, proponho reflexões preliminares sobre a prática antropológica no âmbito desse
panorama em constante mudança.

Palavras-chave: revistas acadêmicas - antropologia - indexação - avaliação científica

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B E N E DETTI
Transformaciones en el campo de la edición científica: reflexiones desde una revista de antropología

Introducción
La relevancia de las publicaciones científicas ha sido ampliamente reconocida como
instancia fundamental en la producción y difusión del conocimiento, así como espacios
de suma importancia para el debate académico. En las últimas décadas, las mismas han
experimentado transformaciones fundamentales, que han modificado sus modalidades
y roles en la práctica académica, dando lugar a nuevas tensiones y desafíos.
El objetivo de este trabajo es presentar aspectos centrales de las dinámicas de las
publicaciones científicas actuales y plantear reflexiones en relación a los alcances
de estos procesos en la práctica antropológica. En esta línea, apunto a contribuir al
necesario debate sobre los desafíos editoriales, científicos y políticos que resultan de
estos cambios en el campo de la antropología. Abordo a las revistas académicas no sólo
como medios de publicación, sino como instancias de creación de valor en torno a los
escritos (Vessuri, Guedón y Cetto 2014). En el contexto actual, la modalidad dominante
refiere al valor de calidad que resulta en el denominado “paper”, tal como desarrollaré
a lo largo del trabajo.
Las reflexiones propuestas en este artículo surgen a partir de mi experiencia de trabajo
entre 2009 y 2022 en la Revista Cuadernos de Antropología Social, radicada en la
Sección de Antropología Social, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos
Aires. Esta revista fue fundada en 1988 por Mabel Grimberg, quien fue su editora
responsable hasta 2017, cuando asumió su conducción Virginia Manzano.
Durante estos 13 años, realicé tareas de editora ejecutiva, coordinadora editorial y
Editora Responsable Adjunta, lo cual implicó estar involucrada desde la gestión en las
importantes transformaciones que atravesaron el campo de las revistas científicas en
estos años. En el marco de esta trayectoria, además asistí a capacitaciones, participé
en encuentros y brindé talleres vinculados con la temática. Al mismo tiempo, establecí
vínculos y participé en debates con editores/as de otras revistas en antropología y
ciencias sociales, tanto en Argentina como en otros países latinoamericanos. En esta
línea, es importante señalar que estas reflexiones surgen de estos intercambios con
múltiples colegas, y especialmente con mis compañeras y compañeros de Cuadernos
de Antropología Social2.
En primer lugar, presentaré ciertos procesos que han transformado el ámbito de la
publicación científica, centrándome especialmente en el contexto latinoamericano. A
continuación, analizaré sus implicancias en la organización y gestión de las revistas
especializadas en ciencias sociales. Por último, presentaré reflexiones preliminares
acerca de la práctica antropológica en el marco de este panorama.

Transformaciones en las publicaciones científicas en América Latina


Hacia la segunda mitad del siglo XX, se suscitaron importantes cambios en el ámbito de
la publicación y edición científicas. Entre ellos, el surgimiento de las clasificaciones de

2
Agradezco el aprendizaje compartido a las editoras responsables - Mabel Grimberg y Virginia Manzano
– y a mis compañeros y compañeras de Cuadernos de Antropología Social durante estos años: Julieta
Infantino, Hernán Morel, Mariana García Palacios, Soledad Cutuli, Juan Engelman, Lena Dávila, Diego
Zenobi, Florencia Corbelle, Sebastián Carenzo, Matías Triguboff, Carla Villata, Laura Santillán y María
José Sarrabayrouse. Por otro lado, quiero expresar mi gratitud con Virginia Manzano por su aliento y
sugerencias para escribir este trabajo.

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las revistas científicas y los indicadores de citación presentó centralidad. Así, el Science
Citation Index, surgido en 1964 en Estados Unidos, se orientó a calcular la cantidad de
citas que recibe un artículo, permitiendo establecer el denominado factor de impacto
(Beigel 2020, Vasen y Lujano Vilchis 2017).
Si bien estos indicadores surgieron con otros propósitos – tales como analizar la
circulación de nociones, teorías, herramientas y las conexiones entre científicos
(Vessuri, Guedón y Cetto 2013) –, luego se constituyeron como una herramienta
central para acreditar la calidad de las revistas y de los artículos publicados en ellas
(Beigel y Salatino 2015). Esto sentó los cimientos para la conformación del denominado
circuito “mainstream” o corriente principal, que refiere a revistas indexadas en bases
internacionales – principalmente WoS-Clarivate y SCOPUS - desarrolladas por el
sector comercial en países hegemónicos (Vessuri 1995). Este circuito se consolidó sobre
la noción de que las revistas más citadas presentaban mayor impacto internacional y
por lo tanto mayor calidad (Beigel 2020). Tal como señala Vessuri, las clasificaciones
de las revistas se asumieron “como hechos objetivos y no como formas particulares de
métricas” (Vessuri, Guedón y Cetto 2014: 649).
En términos generales, estas transformaciones implicaron que el “paper” adquiriera
protagonismo como forma de escritura y estilo de publicación internacional (Beigel y
Salatino 2015), Al mismo tiempo, se consolidó la utilización del inglés en los artículos,
en tanto las revistas indexadas en las principales bases de datos publican en este idioma.
Tanto los trabajos en idiomas locales como otras formas de publicación - libros, escritos
orientados a la difusión general, documentos de trabajo, etc. – quedaron marginados
de dichos circuitos (Vasen y Lujano Vilchis 2017, FOLEC 2020)
Las métricas fueron cobrando centralidad en la evaluación científica: ya no constituían
sólo el criterio para calificar a las revistas, sino también a quienes publican en ellas
(FOLEC 2020). Vessuri, Guedón y Cetto explican este fenómeno como sustitución
de calidad por excelencia: la búsqueda por “identificar a los mejores científicos
contando las citas de una u otra forma particular” (Vessuri et al, 2014: 648). Así, el
circuito mainstream se afianzó como guía para definir la investigación de excelencia,
pero también para definir problemas, enfoques y conceptos a los que se orienta la
producción científica (Vessuri et al, 2013). Los temas y demandas sociales locales
quedan desplazados por las agendas globales, que son predominantes en estos circuitos
(Beigel 2020, Vasen y Lujano Vilchis 2017). En esta línea, numerosos autores y autoras
advierten sobre el distanciamiento de las investigaciones con las realidades locales a
partir de la búsqueda de adecuación a los parámetros de la corriente principal y su
consolidación en la evaluación científica (Salatino 2017, Beigel 2020, Vasen y Lujano
Vilchis 2017, Vessuri, Guedón y Cetto 2014, entre otros).
Las revistas latinoamericanas quedaron mayormente excluidas de estos circuitos, ya
que eran consideradas escasamente internacionalizadas – en referencia a su reducida
circulación por los países hegemónicos - y de baja calidad (Beigel, 2020). Por lo
tanto, frente a esta situación desigual -junto a otras problemáticas – se planteó la
necesidad de establecer sistemas de información y categorización regionales propios
(Alonso Gamboa y Cetto 2016). De este modo, hacia finales del siglo XX, comenzaron
a consolidarse las primeras bases latinoamericanas, tales como Latindex, Redalyc,
Scielo y otras. Las mismas fueron promovidas principalmente desde universidades y
organismos, con una presencia marginal del sector privado (Alonso Gamboa y Cetto,

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B E N E DETTI
Transformaciones en el campo de la edición científica: reflexiones desde una revista de antropología

2016). Presentan centralidad en la tensión entre una “tendencia latinoamericanista


de circulación” y una orientación a la “adopción de criterios restrictivos, foráneos y
exclusivos en la evaluación de las revistas, de los artículos y de las culturas evaluativas
a nivel de los campos científicos latinoamericanos” (Salatino 2019: 4).
Si bien las bases de datos en un principio surgieron para sistematizar la información
sobre las revistas científicas, luego se constituyeron como forma de acreditar su calidad,
a la vez que permitieron mejorar su visibilidad (Alonso Gamboa y Cetto, 2016). De
este modo se posicionaron como una alternativa al circuito mainstream, posibilitando
la regionalización en América Latina (Salatino 2017, Beigel 2020, Gregorio Chaviano
2018). En las ciencias sociales se constituyeron como uno de los ámbitos principales
de publicación, contribuyendo a la expresión de la diversidad lingüística – dimensión
central en la conexión de las publicaciones con su contexto social (FOLEC 2020, Vasen
y Lujano Vilchis 2017).
Los sistemas de evaluación de las revistas académicas nacionales desempeñan un
importante rol en la consolidación de estas bases. Aun con ambigüedades, Argentina
es destacada en esta línea: las revistas indexadas en el circuito latinoamericano han
sido valorizadas para las evaluaciones de las ciencias sociales y humanas por el Consejo
Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) (FOLEC 2020). En
la Resolución 2249/14 “Bases para la categorización de publicaciones periódicas en
ciencias sociales y humanidades”, la indexación en Scielo se presenta al mismo nivel
que las bases internacionales, como Scopus o WoS-Clarivate, a la vez que se declara
que los indicadores bibliométricos no son tomados en cuenta para la evaluación de las
revistas. Asimismo, los/as investigadores/as no reciben incentivos económicos por la
publicación en el circuito mainstream (Beigel 2020).
Por último, cabe destacar que la región latinoamericana suele ser destacada como
pionera y modelo en la consolidación del acceso abierto, y las bases regionales han
sido centrales en esta promoción. Si bien existen diferentes definiciones para este
modelo3, la mayoría de las revistas permite la publicación y el acceso a los artículos
sin costos económicos (Babini y Rovelli 2020), presentándose como una alternativa
a la mercantilización del conocimiento (Salatino 2017). Esta estructura no comercial
es sostenida principalmente por universidades e instituciones de política científica, y
opera a través del financiamiento público (Babini y Rovelli 2020; Salatino 2017; Beigel
2020).

El trabajo editorial en las revistas científicas


En esta sección, considero los cambios en el trabajo editorial – a partir de mi
experiencia en la Revista Cuadernos de Antropología Social principalmente - en
relación a tres aspectos fundamentales que caracterizan a las publicaciones científicas
contemporáneas: la digitalización, la profesionalización de la edición4 y los criterios de
externalidad junto con la tendencia hacia la estandarización.

3
Martinovich define a los diferentes modelos de acceso abierto a partir de la combinación de los
siguientes elementos: apertura, gratuidad, financiamiento, derechos de reproducción, libre circulación
(Martinovich 2019).
4
Salatino (2023) señala a estos dos procesos como desafíos fundamentales en la edición de revistas
académicas.

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La digitalización de los contenidos de las revistas modificó tanto las formas de trabajo
hacia adentro de ellas, como su circulación y relación con las audiencias. La publicación
impresa implicaba un proceso prolongado para estar disponible al público, a la vez que
mayores costos para financiarla. La obtención de los ejemplares se desarrollaba a través
de bibliotecas o de la compraventa en sitios muy específicos - por ejemplo en el caso de
Cuadernos de Antropología Social se realizaba en la Facultad o en eventos científicos –
lo cual limitaba su acceso. Mientras que las ediciones digitales comenzaron siendo un
complemento de la publicación impresa – que incluso continuaba presentando mayor
legitimidad - en la actualidad es el soporte principal. Contribuyeron a esta dinámica
la implementación del Open Journal System (OJS) y otros softwares para la gestión
de revistas. Cabe destacar que las bases indexadores fomentaron estos cambios, que
se instituyeron como sinónimo de transparencia y calidad, ya que posibilitarían una
mejor visibilidad de los procesos editoriales. La digitalización se transformó así en “un
fin en sí mismo” (Salatino y Banzato 2021: 84).
En términos generales, estos cambios condujeron a una mayor accesibilidad a
las publicaciones, no sólo en relación a la gratuidad de acceso – garantizado por el
compromiso con el Acceso Abierto – sino también en cuanto a la inmediatez de la
publicación. Al mismo tiempo, muchas revistas emprendieron la digitalización de la
totalidad de sus colecciones – tarea que fue llevada adelante por las mismas instituciones
editoras – que posibilitó poner en disponibilidad sus archivos completos.
Al mismo tiempo, la circulación digital no se limitó al OJS. Con el fin de lograr mayor
visibilización, las redes sociales se conformaron como nuevos canales de difusión de
las revistas. Esto implicó nuevas formas de presentación de los contenidos y también
de interacción, alcanzando públicos más allá del ámbito académico. Estas prácticas
son fomentadas desde las bases indexadoras, que incluyen la presencia en redes
sociales – en términos de “servicios de valor agregado” - como criterios positivos en
las evaluaciones.
La profesionalización de las tareas de edición constituye otro cambio central en
el trabajo editorial. Alonso Gamboa y Cetto señalan que el surgimiento de las
bases latinoamericanas ha sido “una guía para las políticas editoriales nacionales o
institucionales y un instrumento pedagógico para los editores de la región” (Alonso
Gamboa y Cetto 2016: 194). En el quehacer de las revistas, estos cambios no se
desarrollaron en un proceso lineal y en buena medida el aprendizaje involucró más la
experiencia cotidiana que instancias formalizadas.
Los requisitos para las indexaciones implicaron una considerable mayor carga de tareas
para las revistas, que condujeron a la adecuación de sus equipos y formas de trabajo.
Por ejemplo, en el caso de Cuadernos, a medida que la indexación adquirió mayor
relevancia se produjo la ampliación del equipo de trabajo. Al mismo tiempo, fue necesario
reorganizar las tareas dentro del equipo, lo que llevó a una mayor especialización de
las funciones, tanto por la cantidad de tiempo como por los conocimientos necesarios
para asumir las tareas. Estas dinámicas implicaron comenzar a delinear un perfil del
editor/a y considerar su relevancia en la actividad académica.
Este aumento del trabajo se llevó adelante sin contar con fondos específicos, en gran
medida a partir del compromiso de los/as investigadores/as de las instituciones. En
este sentido se ha señalado que si bien las bases contribuyeron a la profesionalización
de las tareas de edición, la falta de financiamiento dificulta su consolidación (Vessuri,

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B E N E DETTI
Transformaciones en el campo de la edición científica: reflexiones desde una revista de antropología

Guedón y Cetto 2014, Martinovich 2019). Estas dificultades constituyen uno de los
desafíos centrales tanto para el sostenimiento de las publicaciones como para la
consolidación del acceso abierto (Salatino 2023).
En términos más amplios, la relevancia de las actividades editoriales en las trayectorias
académicas se ha acrecentado, tanto en el desempeño como editores como en la
realización de evaluaciones. Así, han surgido discusiones hacia dentro de los grupos de
investigadores e investigadoras respecto a la gestión editorial, en términos de pensar
por qué se asume y qué significa este compromiso. Además del financiamiento, un
aspecto fundamental refiere a la necesidad de mayor reconocimiento en tanto actividad
especializada dentro del desempeño científico, que constituye una demanda central
para quienes desempeñan estas tareas.
Por último, la nueva relevancia de los procesos de indexación – junto a otras novedades
- implicó profundas transformaciones para las revistas en tanto proyectos editoriales.
En el caso de Cuadernos -al igual que otras revistas – la difusión de las publicaciones de
los integrantes de la Sección de Antropología Social presentaba un punto central en la
dinámica de la revista. La indexación de la revista hacia 2000 cambió este panorama,
especialmente a partir de los requisitos de externalidad, que se constituyen como
opuestos a la denominada “endogamia”. Esto contempla a los autores/as que publican
y al equipo editorial, que deben cumplir un porcentaje externo a dicha institución.
También refiere a los evaluadores, que deben ser externos a la revista y a la institución
editora5. En términos generales, limitar la endogamia editorial o autoral se conformó
como un criterio de calidad, que contribuiría a la transparencia de las revistas.
Este criterio tiende a debilitar los vínculos entre las revistas y las instituciones donde se
inscriben. Esto contrasta con la importancia de las instituciones editoras – especialmente
las universidades nacionales - en el sostenimiento y circulación de las revistas (FOLEC
2020). Al igual que Cuadernos, varias revistas académicas en Ciencias Sociales6, están
enraizadas en las trayectorias de sus instituciones editoras y su carácter específico
proviene de esta relación. Por lo tanto, a partir de estos requisitos, las revistas tienden
a estandarizarse, perdiendo su anclaje en una historia y un contexto institucional
específico. Repensar y reformular cómo expresar los proyectos editoriales frente a
las indexaciones representa un nuevo desafío para que – más allá de la calidad – sea
posible la creación de otros valores en torno a las publicaciones.

Tensiones y desafíos en la práctica antropológica


Para finalizar, me interesa abrir algunos interrogantes sobre estas transformaciones en
relación a la práctica antropológica.
Las transformaciones mencionadas implicaron tanto la posibilidad de mayor difusión
de los artículos en las revistas científicas como la consolidación de los artículos como
instrumentos de evaluación. Este panorama podría conducir a una tensión en la
decisión respecto a dónde publicar los avances de las investigaciones: ¿se privilegia
la evaluación o la difusión? Si bien se supone que una buena indexación permite una

5
En la misma línea, se fomenta la participación tanto de autores/as como de evaluadores/as
internacionales.
6
Cabe señalar en esta línea, por ejemplo, los trabajos sobre la revista de antropología Runa de Guber
(2022) y Lazzari (2022) entre otros.

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mayor visibilidad para los artículos, a veces las revistas pueden presentar características
o proyectos que resultan sugerentes más allá de las bases.
¿Qué consideraciones tomamos al elegir una revista para publicar nuestros artículos?
Estas decisiones se presentan más estandarizadas en el contexto actual. Múltiples guías
que circulan respecto a esta cuestión enfocan en las indexaciones y los criterios de
calidad editorial, centrados en los procedimientos y modos de gestión de las revistas.
Desde las mismas bases se fomenta ofrecer información para que los autores/as tomen
estas decisiones, no sólo respecto a los objetivos y alcances de las publicaciones, sino
también en cuanto a tiempos de evaluación y publicación, formas de evaluación,
estadísticas. Sin dudas estos datos resultan sumamente valiosos; no obstante, a medida
que adquieren un mayor protagonismo, diluyen los interrogantes que establecen la
conexión entre los proyectos editoriales y los propósitos de las investigaciones. En el
caso de la antropología, como disciplina comprometida con la diversidad social, estos
interrogantes presentan sus especificidades. ¿Hasta dónde es posible expresar dicha
diversidad y los intereses de los actores con quienes investigamos en el marco de la
tendencia hacia un formato único de circulación de resultados?
Una última pregunta refiere a las posibilidades de democratización del conocimiento
a partir de las mayores posibilidades para la difusión de los resultados de nuestras
investigaciones. Martinovich destaca la necesidad de acrecentar la explicitación del
acceso abierto por parte de las revistas y el rol de sus editores para consolidar este
modelo: “reconocer y dar cuenta de los valores, significaciones y representaciones que
el propio campo científico configura en torno a ese dispositivo editorial” (Martinovich
2019, 108). Por un lado, es central destacar que es el sector editorial que se ha
consolidado en las últimas décadas quien en gran medida sostiene con su trabajo
el acceso democrático a la producción científica. En esta dirección, la posibilidad
de avanzar en procesos de democratización requiere del compromiso de todos los
actores involucrados: editores/as, autores/as, lectores/as. Por otro lado, cabe plantear
qué significa la democratización en relación a la diversidad que atraviesa el campo
antropológico. ¿Cómo conectamos el valor que crean las revistas académicas y otros
valores que se producen en la circulación social de las investigaciones antropológicas?
Estas preguntas pueden representar un punto de partida para futuras discusiones y
debates orientados a la democratización del conocimiento antropológico.

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Cecilia Benedetti es Doctora en Antropología por la Facultad de Filosofía y


Letras, Universidad de Buenos Aires (UBA). Investigadora Adjunta del Consejo
Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). Profesora Adjunta
Interina de la Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires (UBA).
Sus intereses de investigación incluyen patrimonio, pueblos originarios, cultura
y desarrollo. Hasta 2022, se desempeñó como Editora Adjunta de la Revista
Cuadernos de Antropología Social.

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Artículos de investigación

Research articles

Artigos de pesquisa
:: Publicar - Año XXI N° XXXIV // Julio 2023 - ISSN 0327-6627-ISSN (en línea) 2250-7671

Ciudad de niñxs.
Emociones y afectos en el
espacio público1

[ CAMILA PARODI]
Instituto Regional de Estudios Socio-culturales, Universidad Nacional de Catamarca (UNCA).
Universidad Nacional de Córdoba (UNC)
camilaparodi04@[Link]

[ HEBE MONTENEGRO]
Instituto de Ciencias Antropológicas, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos
Aires. Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET)
[Link]@[Link]

Resumen1
La infancia, al igual que otras categorías generacionales, está social, geográfica e
históricamente construida. Así cuando se habla de niñez no se habla de la experiencia
de un momento de la vida monocorde y homogéneo, sino que, muy por el contrario,
existen múltiples formas en las que los sujetos experimentan la niñez. La dimensión
urbana de dicha experiencia y los modos en los que lxs niñxs se vinculan con la ciudad,
y más específicamente el espacio público, es una de las tantas formas de experimentar
la niñez, relevantes para el estudio antropológico. Este artículo se propone indagar en
una dimensión poco explorada de la experiencia urbana infantil, así como la experiencia
urbana en términos más amplios, las emociones y afectos que niñxs y adolescentes
construyen en el espacio urbano, en dos contextos diferentes: la villa 31 de Retiro, en la
Ciudad de Buenos Aires, por un lado, y las calles de Morón, por el otro.
Se parte de la perspectiva etnográfica, la cual permite captar la espesura y profundidad
de las prácticas cotidianas de los sujetos y al mismo tiempo vincular dichas prácticas con
procesos sociales generales. Por medio de registros de campo, entrevistas estructuradas
y charlas informales, se analiza la construcción de afectividades por parte de lxs niñxs
en ambos contextos, para luego ponerlos en diálogo. Se arriba a la conclusión de que
lxs niñxs participan de la producción del espacio público por medio de las emociones
y afectos que allí despliegan, y que la dimensión afectiva es parte fundamental de su
experiencia urbana.

Palabras clave: infancia, afectividad, urbano, etnografía

1
Artículo recibido: 4 de abril de 2022. Aceptado: 4 de enero 2023.

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P A R O D I Y M O N T E N E GR O
Ciudad de niñxs. Emociones y afectos en el espacio público

A children’s city. Emotions and affections in the public space

Abstract
Childhood, much like other generational categories, is socially, geographically, and
historically constructed, thus, when we talk about childhood, we are not talking about
an, homogeneous experience of a moment of life, but rather on the contrary, there are
multiple ways in which subjects experience childhood. The urban dimension of this
experience, and the ways in which children relate to the city and more specifically,
its public space, is one of the many ways of experiencing childhood, relevant to
anthropological study. This article intends to investigate a little explored dimension of
the children’s urban experience –and the urban experience in broader terms–, which
are the emotions and affections that children and adolescents build in the urban space,
in two different contexts: the “Villa 31” neighborhood in Retiro, in the city of Buenos
Aires, on one side, and the streets of Morón, on the other.
It starts from the ethnographic perspective, which allows capturing the thickness and
depth of the daily practices of the subjects, and at the same time, linking these practices
with general social processes. Through field records, structured interviews and informal
conversations, the construction of affectivities by children in both contexts is analyzed,
to then put them in dialogue. It is concluded that children participate in the production
of public space through the emotions and affections that they display there, and that
the affective dimension is a fundamental part of their urban experience.

Keywords: childhood, affection, urban, ethnography

Cidade de crianças. Emoções e afetos no espaço público

Resumo
A infância, como outras categorias geracionais, é social, geográfica e históricamente
construida, assim, quando falamos de infância não estamos nos referindo àexperiência
de um momento da vida em un sentido homogêneo, mas, ao contrário, existem múltiplas
formas nas quais sujeitxs vivenciam a infância. A dimensão urbana dessa experiência, e
as formas como as crianças se relacionam com a cidade e, mais especificamente, com o
espaço público, é uma das muitas formas de vivenciar a infância, sendo relevante para
o estudo antropológico. Este artigo pretende investigar uma dimensão pouco explorada
da experiência urbana infantil –e a experiência urbana em termos mais amplos–, que
são as emoções e os afetos que crianças e adolescentes constroem no espaço urbano em
dois contextos distintos: a “villa 31” do Retiro, na cidade de Buenos Aires, de um lado,
e as ruas de Morón, do outro.
Parte-se da perspectiva etnográfica, que permite captar a espessura e profundidade
das práticas cotidianas dos sujeitos e, ao mesmo tempo, vincular essas práticas aos
processos sociais gerais. Por meio de registros de campo, entrevistas estruturadas e
conversas informais, analisa-se a construção de afetividades pelas crianças em ambos
os contextos, para depois colocá-las em diálogo. Conclui-se que as crianças participam
da produção do espaço público por meio das emoções e afetos que ali manifestam, e
que a dimensão afetiva é parte fundamental de sua vivência urbana.

Palavras-chave: infância, afetividade, urbano, etnografia


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Introducción
No existe una única forma de atravesar la experiencia de ser niñx, sino que, muy por el
contrario, cuando se habla de la niñez se está hablando de una pluralidad de formas de
existir, aunque algunas de esas formas no sean las más visibilizadas o las más insertas
en el sentido común. La niñez está social, geográfica e históricamente construida y,
por lo tanto, los sentidos asignados a ella varían de región a región y de un momento
histórico a otro. Estos sentidos se entretejen con las propias experiencias infantiles y lo
que significan para lxs mismxs niñxs, estableciendo un diálogo siempre dinámico entre
sentidos y experiencias.
El espacio, por su parte, lejos de ser un mero escenario donde la vida social se desarrolla,
es constitutivo de las prácticas, sentidos y vínculos que en él se despliegan, siendo a la
vez constructor de y construido por los sujetos. Además de las prácticas cotidianas que
lo moldean y la materialidad que lo compone, el espacio también está hecho de una
dimensión simbólica, la de las vivencias, las memorias y los sentimientos asociados
a ciertos lugares y no a otros. Así, como se construyen subjetividades en el espacio,
también se producen afectos y emociones en los cuerpos que habitan los lugares. Desde
esta perspectiva, podemos pensar que al habitar el espacio urbano lxs niñxs lo moldean
y son moldeadxs por él, participando de la producción de los espacios públicos. En esa
producción, además de prácticas concretas y formas de habitar, se entraman distintas
emociones y afectos que se ponen a jugar también en los modos de estar y ser en el
espacio. Las emociones y los afectos forman parte de las dinámicas sociales y políticas,
y de aquella vida cotidiana que es la materia prima de la etnografía (Rockwell, 2009).
Además de preguntarnos por aquello que los sujetos hacen y lo que dicen de lo que
hacen, también cabe la pregunta por lo que sienten cuando lo hacen. Como enuncia
Ahmed (2015): “El conocimiento no puede separarse del mundo corporal de los
sentimientos y las sensaciones; el conocimiento está ligado a lo que nos hace sudar,
estremecernos, temblar, todos esos sentimientos que se sienten, de manera crucial, en
la superficie del cuerpo, la superficie de la piel con la que tocamos y nos toca el mundo”.
En este artículo nos proponemos explorar los sentidos que lxs niñxs producen para
con el espacio público, atendiendo fundamentalmente a la dimensión afectiva de sus
prácticas en el espacio público. Trabajamos con dos campos diferentes, pertenecientes
a nuestras respectivas investigaciones, sustentadas en el enfoque etnográfico. Por un
lado, un grupo de niñxs, adolescentes y jóvenes2 con experiencia de vida en calle de
entre 12 y 21 años en el centro de Morón, Provincia de Buenos Aires. Por el otro, un
grupo de niñxs y adolescentes de entre 11 y 15 años que viven en la villa 31 del barrio de
Retiro, en la Ciudad de Buenos Aires. Nos interesa reflexionar, en un primer momento,
sobre las formas en las que estos sujetos se vinculan con el espacio público en cada
contexto particular, para luego establecer un diálogo entre ambos campos.

Marco teórico metodológico. La niñez situada


La mirada antropológica nos invita a reflexionar sobre las formas en que aquello que

2
Se recurre a la categoría “juventud” para incluir a aquellas personas jóvenes que habitan el espacio
urbano de Morón y con quienes ya se tenía un vínculo previo durante su trayectoria como niñxs y/o
adolescentes con experiencia de vida en calle y que hicieron parte del trabajo etnográfico por dicho
recorrido

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P A R O D I Y M O N T E N E GR O
Ciudad de niñxs. Emociones y afectos en el espacio público

nosotrxs llamamos infancia no representa lo mismo y no es experimentado de la misma


manera por todos los sujetos. Las edades son recortadas socialmente de distintas
maneras y se perciben valorizadas de formas diferentes en la sociedad. Partimos,
como hemos adelantado, de entender a la niñez como una construcción sociohistórica,
heterogénea, cambiante y disputada (Szulc, 2006). La niñez pensada como conjunto
social, donde el sujeto niño está inmerso en relaciones de poder de su contexto particular
(Carli, 1999); de forma tal que, al ser entendida en contextos de desigualdad social, la
niñez se construye de forma diversa (Szulc et al, 2009). Por otro lado, concebimos a
lxs niñxs como sujetos sociales e interlocutores competentes (Szulc, 2015). El sentido
común suele generar formas naturalizadas de mirar la niñez vulnerada o empobrecida,
estas miradas acontecen no sólo en los espacios sociales o populares de disputa política,
sino en todo el diverso abanico político, institucional, mediático, religioso y, también,
académico construido sobre la niñez. En este sentido, el enfoque antropológico
acerca de las perspectivas de la infancia nos permite pensar en cómo construimos e
incorporamos conocimientos con lxs propixs niñxs. Pensar en lxs niñxs como agentes
sociales que reflexionan sobre sus acciones y su vida cotidiana rompe con las nociones
de sentido común que les definen a partir de sus carencias, de autonomía, de madurez
sexual, de responsabilidad, considerándolos como meros receptores de las acciones de
los adultos (Szulc, 2006). En ese marco, el enfoque etnográfico nos permite analizar y
problematizar “la niñez” desde el modo en que cada sociedad construye esta etapa del
ciclo vital (ibid, 2004). Desde esta perspectiva, la infancia se encuentra atravesada y
construida por una maraña de relaciones de desigualdad que incluyen las de género,
capacidad, clase, geografía, racialidad y generación. Con relación a este último punto,
coincidimos con Duarte Quapper (2012) quien plantea que vivimos en una sociedad
adultocéntrica, en donde tanto las generaciones más jóvenes (niñxs y adolescentes)
como las más viejas (lxs adultxs mayores) se ven subsumidxs a las decisiones de lxs
adultxs, en una relación de jerarquía y desigualdad. Por ello, aunque reconocemos
que existen diferencias entre la niñez y la adolescencia como momentos de la vida,
consideramos que en su relación con las otras generaciones ocupan un mismo lugar
y, por ende, a lo largo de este trabajo hablaremos de niñez y adolescencia de forma
indistinta.
Si bien existen ciudades desde antes de que existiera el capitalismo, la historia de las
ciudades modernas, como las conocemos hoy en día, está atravesada por la historia del
sistema capitalista y la revolución industrial (Soja, 2008). Con la revolución urbana
y su posterior parcelación de las calles la ciudad se constituye a partir de “la renta
del suelo y la separación tajante entre menesterosos y pudientes” (Pojomovsky, 2008:
47). De esta manera, el suelo urbano, privilegiado por su conectividad y la disposición
de los servicios, comercios e instituciones aparece como una construcción de sentidos
contradictorios. Por un lado, es el espacio por excelencia para la circulación y
participación de sus habitantes, y lo público –asociado a la noción de polis–, se erige
como aquella instancia radicalmente democrática, en donde todxs podemos participar
de los debates políticos. Por el otro, también representa un “no lugar” (Augé, 1993),
entendido como un espacio de conductas estándar no domésticas.
A su vez, el uso de los términos “calle”, “barrio”, “villa” y el “espacio social” aparecen
como indisociables de las trayectorias de los sujetos con los que se decide trabajar.
En esa línea, tomamos la propuesta de Henri Lefebvre (1974) para hablar de la

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“producción del espacio”, entendiéndolo como envoltorio de las producciones sociales


en sus relaciones y simultaneidad que pueden relativamente variar entre orden y
desorden. La ciudad, entonces, aparece como “espacio creado, modelado y ocupado
por actividades sociales en el curso de un momento histórico” (1974: 130). No existe
espacio “pre-existente o neutral”, sino que el espacio es construido por –a la vez que
también, construye a– los sujetos que lo habitan, y es por ello, inherentemente social.
Los sujetos se apropian del espacio social y lo habitan al interactuar con otras personas
constituyendo actos creadores de espacio (De Certeau, 2001)
En esta misma línea, diversos estudios de los últimos años han indagado en torno los
modos en que las emociones y los afectos se vinculan con la ciudad, planteando que
la construcción de las subjetividades está atravesada por el espacio urbano (Lindón,
2015). Perez Sanz y Gregorio Gil (2020), haciéndose eco de los estudios de género y
feministas que pusieron el foco en las experiencias de las mujeres y disidencias sexo
genéricas en la ciudad, amplían la noción de derecho a la ciudad de Lefebvre (1968).
Así, proponen que además de habitar la ciudad, hacer uso de ella y participar en su
planificación, otra arista ineludible del ejercicio del derecho a la ciudad implica la
posibilidad de construir afectos y sentimientos de pertenencia en sus espacios. En este
sentido, coincidimos con Shabel (2020) que plantea que las emociones son formas de
conocer en los procesos cotidianos, ya que estas son parte de las relaciones sociales
y, por ende, si los espacios urbanos están atravesados por éstas (a la vez que también
las atraviesan), también se encontrarán atravesados por las emociones que los sujetos
construyen y desarrollan en relación con dichos espacios.
Estos estudios, a su vez, abrevan en el llamado “giro afectivo” (Macón, 2013) el cual
pone sobre la mesa la relevancia de los afectos y emociones para la producción de
conocimiento acerca de la vida cotidiana de los sujetos. A su vez, el giro afectivo
hizo fuerte énfasis en disolver el binarismo emoción/razón (Zenobi, 2020). En este
sentido, diversxs autores plantean la división entre afectos y emociones proponiendo
que los primeros corresponden a sensaciones corporales no conscientes mientras que
las segundas son la estructuración discursiva de aquellos (Solana, 2020). Coincidimos
con Solana (2020) quien advierte que, si bien la división es analíticamente productiva,
debemos cuidarnos de no utilizarla para reproducir una ontología binaria en la que los
afectos pertenecen al mundo espontáneo y natural y las emociones al determinado y
social.
La antropología como disciplina se propone captar la perspectiva de los propios actores
sociales (Colangelo, 2003), por lo que se trata de una propuesta político, teórica y
metodológica imprescindible para la recuperación de las voces y miradas de lxs niñxs
sobre su cotidiano. Desde este enfoque, a su vez, se posibilita el estudio de manera
integral de los procesos sociales para articular los diferentes niveles de análisis –el
cotidiano y el estructural– que no son autónomos, sino que están relacionados entre
sí (Achilli, 2013). La vida cotidiana es entendida, en este sentido, como el momento
de reapropiación de la existencia por parte de los sujetos (Rockwell, 2011). Desde
esta perspectiva, es posible comprender el proceso particular y las trayectorias de las
personas junto con el proceso más amplio de las políticas de intervención estatal, o
incluso, los procesos supraestatales.
Nos proponemos, entonces, dar cuenta de las prácticas cotidianas de niñxs y adolescentes
que transitan el espacio urbano en el centro de Morón (Provincia de Buenos Aires) así

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Ciudad de niñxs. Emociones y afectos en el espacio público

como en la Villa 31 (Ciudad de Buenos Aires) desde sus propias experiencias y relatos.
La etnografía como forma de producción de conocimiento permite abrir aquellos
conceptos consensuados como universales y naturales a la diversidad de la experiencia
humana (Guber, 2001), y reintroduce el sentido que ella tiene para los sujetos (Szulc et
al, 2009). A partir del trabajo de campo, y mediante el abordaje desde la subjetividad
como punto de partida, las experiencias diversas de los sujetos resquebrajan los
conceptos universales. La etnografía como método abre la posibilidad de generar una
práctica de escucha atenta del “otrx” (Guber, 2001). Al mismo tiempo, las emociones
también forman parte de las experiencias de los sujetos, están temporal y espacialmente
situadas, y son pasibles de ser analizadas etnográficamente (Sirimarco y Spivak L’Hoste,
2019). Podríamos pensar, parafraseando a Malinowski, que la etnografía se trata de
observar aquello que los sujetos hacen, lo que dicen de lo que hacen y también, cómo
se sienten al hacerlo. Siempre atendiendo a no caer en descriptivismos (Sirimarco y
Spivak L’Hoste, 2019) e intentar situar aquellas emociones y afectividades en un campo
empírico, en relación con una pregunta de investigación antropológica concreta. En
nuestro caso, se trata de situar las emociones y afectos de lxs niñxs en el contexto de su
relación con el espacio público y sus experiencias urbanas.
Desde esa perspectiva, consideramos a lxs niñxs, adolescentes y jóvenes como sujetos
sociales ya que no sólo construyen sentidos y estrategias respecto de los procesos
sociales que transitan –sentidos que son de interés para la investigación social (García
Palacios y Hecht, 2009 )–, sino que también producen conocimiento (García Palacios,
2015; Szulc, 2017; Shabel, 2019) de forma tal que una etnografía enfocada desde sus
aportes contribuye a la complejización del estudio de los procesos históricos y sociales.
Esta investigación se construyó sobre la base de un trabajo de campo continuo
compuesto por instancias de observación participante y registros de campo y también
entrevistas tanto formales como informales con lxs niñxs y adolescentes. En Morón, el
trabajo de campo se realizó compartiendo la dinámica cotidiana de circulación por el
territorio llevada a cabo por niñxs y jóvenes de 8 a 21 años aproximadamente, entre los
meses de marzo y noviembre del año 2019. Se trata de un grupo fluctuante que varía
en su permanencia según la época del año. En la villa 31, el trabajo de campo consistió
en acompañar las actividades que una organización socio-comunitaria realizaba con
un grupo de niñxs de entre 11 y 15 años, muchas de las cuales se realizaban en el espacio
público, y a su vez, acompañar a lxs niñxs en sus recorridos habituales por el barrio y
sus dinámicas allí.

La Villa 31
Si bien la Ciudad de Buenos Aires es una de las ciudades más ricas de Latinoamérica su
territorio está marcado por profundas desigualdades que la recorren, casi siempre, de
norte a sur. Las diferencias entre la ciudad que existe hacia el norte de avenida Rivadavia
y aquella que se erige al sur la misma son cada vez más notorias, acompañadas por una
gestión de la Ciudad (de la mano del PRO3, partido gobernante desde el año 2007) que
lleva adelante una perspectiva empresarialista y especulativa sobre el suelo urbano,
con políticas expulsivas hacia los sectores populares (Marcús, 2014, L’Huillier, 2020).

3
PRO es la abreviación y nombre por el que es generalmente conocido el partido político Propuesta
Republicana

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La problemática habitacional y del derecho a la vivienda digna es un conflicto a nivel


mundial (Rolnik, 2021), y la Ciudad de Buenos Aires no es una excepción.
Algunas de esas desigualdades están más a la vista que otras, y eso es lo que sucede
con la villa 31, cuya historia se remonta a 1930, transformándola en uno de los barrios
populares más antiguos que se asientan en la trama porteña. La 31 cuenta con la
peculiaridad de encontrarse en la zona norte de la ciudad, en el barrio de Retiro, que
desde hace algunos años atraviesa un proceso de puesta en valor general de la zona,
aumentando su valor inmobiliario). Algo similar ocurre con la villa Rodrigo Bueno,
en la parte sur de Puerto Madero, y también con el Playón de Fraga, en el límite entre
Chacarita y Colegiales. Las villas, en tanto forma de producción informal del hábitat,
son una suerte de fractura expuesta del capitalismo contemporáneo y sus procesos de
acumulación por desposesión (Harvey, 2004), pero también forman parte a su vez de
un proceso de resistencia y organización popular frente a las miserias del capital.
AulaVereda Villa 31 es una de las tantas organizaciones que en el barrio lleva adelante
actividades de acompañamiento escolar y recreación para lxs niñxs de la zona.
Trabajan en el Centro Cultural La Casa de Clelia los días sábado, con un grupo variable
de 30 niñxs que tienen entre 3 y 18 años. Lxs niñxs en su mayoría eran amigxs entre
sí, y todxs participaban activamente de AulaVereda Villa 31, donde se encontraban e
intercambiaban, y a la vez, algunxs de ellxs se encontraban por fuera de ese espacio de
forma cotidiana. Varixs iban al mismo colegio (aunque no todxs al mismo grado), o
vivían a escasos metros entre sí, por lo que compartían su vida cotidiana, e incluso, se
encontraban en otros espacios comunitarios del barrio, como otros apoyos escolares
a los que también concurrían. También se encontraban en las calles del barrio y las
utilizaban de forma lúdica, jugando a la mancha, las escondidas o al fútbol.
Por medio de las prácticas lúdicas se construyen emociones asociadas al placer, a la
alegría y la risa (Bonilla Baquero, 1998), emociones que se imprimen en el espacio
urbano que lxs niñxs habitan. A la vez, estas prácticas suelen llevarse adelante en grupo,
de modo que, a partir de encontrarse para desplegar esas prácticas lúdicas, esos juegos
o simplemente ese estar juntxs en la calle charlando, entre ellxs se construyen lazos
afectivos. Lxs amigxs del barrio, así, se constituyen en un elemento relevante en las
experiencias de lxs niñxs en el espacio, una relación cotidiana que permea sus prácticas
y actividades allí. Encontrarse en la calle para jugar con otrxs era moneda corriente en
las vidas de lxs niñxs, pero también otras prácticas lúdicas que hacían en grupo, como,
por ejemplo, en palabras de Ramona (13 años): “tomar tereré o mate en el Ministerio,
o ir a la plaza” (Registro de campo, noviembre 2020). Las actividades en grupo son una
de las cosas que más resaltaban en las conversaciones, siempre con una carga positiva
asociada a lo placentero y a aquello construido desde el deseo.
Un día del 2020, luego de haber cocinado para que lxs vecinxs se acerquen a llevarse
un plato de comida, ya desde hacía varias horas que lxs niñxs y educadores estaban
afuera, refugiándose del sol en el quincho de la parroquia Caacupé que queda frente
al local, y habían puesto una mesa larga con sillas para comer, aunque varixs comían
paradxs, charlando. Después de comer, se dio el siguiente intercambio con Paola (12)
y también Ramona (13), dos niñas que asistían cotidianamente a AulaVereda Villa 31,
en torno a ciertas cosas que les gustaría cambiar del barrio.

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Ciudad de niñxs. Emociones y afectos en el espacio público

Autora1: ¿Hay alguna otra cosa que te gustaría cambiar?


Paola (12): Ehhhhh, sí. Que la gente se lleve más bien.
Autora1: ¿No te parece que la gente se lleve bien?
Paola: No. También quiero cambiar que la gente deje de mirar mal a los
demás.
Autora1: ¿Eso es algo que pasa acá o que pasa en todos lados?
Paola: No, en todos lados, pero menos en la provincia. En la provincia no
te miran mal, solo te saludan, o no te miran nada. Al lugar que yo fui, en
ese lugar cuando fui había unos amigos, pero a cada rato salíamos, nos
divertíamos, yo nunca me divertí tan así, y bueno, ahí yo…. Yo quiero vivir
en la provincia. Pero también quiero vivir acá.
Autora1: ¿Por qué querés vivir acá?
Paola: Porque acá hay muchos amigos que yo conocí antes, era chiquita.
Pero allá solo conocí este año, y el otro.
Autora1: ¿Tenés amigos acá?
Paola: Sip
–Llega Graciela (13), mostrando unos CD pintados de verde y con frases
feministas escritas arriba–
Graciela: ¡Mira seño lo que hice! Hice con pintura, y un fibrón así finito.
Paola: A ver –agarra el CD que trae Graciela– ¿Era este? ¿Y qué vas a hacer
con todo esto?
Graciela: ¡Voy a escribir más, y se cuelgan!
(Registro de campo, noviembre 2020)

Los afectos que lxs niñxs construyen en el barrio tienen efectos en los sentidos que
elaboran acerca de ese territorio en el que viven. La mayoría de lxs niñxs a les que
les preguntamos de forma directa si les gustaba vivir en el barrio dijeron que sí, y la
razón principal era, como planteaba Paola, que allí tenían amigxs. Algunxs, incluso,
hicieron una defensa férrea del barrio (“a mí me gusta mucho este barrio, no viviría en
otro lado, me gusta vivir acá”, Paola, registro de campo, diciembre 2020). Tanto Paola
como lxs otrxs niñxs viven cerca de sus amigxs, y eso les permite cierta autonomía
para buscarse solxs sin necesidad de la compañía adulta para encontrarse y jugar o
simplemente charlar. Ella, por ejemplo, vive en la casa de arriba de otra de las niñas, y
en el mismo pasillo que otrxs dos hermanxs, y ellxs cuatro conforman una grupalidad y
suelen acompañarse entre si en sus recorridos en el barrio. Entonces, los lazos de afecto
interpersonales se trasladan también al territorio, impactando en los modos en los que
lxs niñxs experimentan la vida en la villa. La cercanía de lxs amigxs y la posibilidad de
encontrarse en el espacio público, ya sea en el pasillo, una calle o una cancha, genera
lazos de pertenencia y afectividades hacia el propio barrio además de hacia los sujetos
que lo componen.
Nos interesa retomar los planteos de Perez Sanz y Gregorio Gil (2020) quienes proponen
que del derecho a la ciudad debiera estar anclado en poder generar sentimientos de
pertenencia hacia los lugares, construir una relación afectiva con las ciudades. En este
sentido, coincidimos con las autoras y con Shabel (2020) en que las emociones son
formas de conocer en los procesos cotidianos, ya que estas son parte de las relaciones
sociales y, por ende, si los espacios urbanos están atravesados por estas (a la vez que

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también las atraviesan), también se encontrarán atravesados por las emociones que les
sujetes construyen y desarrollan en relación con dichos espacios.

Estamos en la Casa de Clelia, ya terminó la actividad y un grupo nos estamos


yendo, y quedan otres educadores continuando con el taller de música.
Estamos juntando todo, despidiéndonos de les niñes, cuando pasan por la
puerta Ramona (13) y Carolina (16), que ese día no habían ido a la actividad.
Están agarradas con los brazos entrelazados y super pegadas, y vienen
charlando. Pasan y saludan, pero no se quedan, sino que siguen hacia el
Playón.
(Registro de campo, noviembre 2019)

Es usual ver sobre todo a las niñas caminar juntas por la calle o agarradas de la mano,
del brazo, o con un brazo alrededor de la espalda de la otra, como forma de expresar
amistad y confianza entre ellas. A su vez, también se buscan entre ellxs para ir a la
Casa de Clelia, o les gusta acompañar a lxs educadorxs cuando lxs van a buscar por sus
casas, como una forma de asegurarse de la presencia de lxs otrxs en el espacio. Frente
a la pregunta de qué les gustaba hacer cuando no estaban en el “cole” -abreviado de
colegio-, (y no tenían que realizar tareas domésticas o vinculadas al hogar, sobre todo
las niñas) las respuestas siempre giraban en torno a jugar con sus amigxs, o estar con
ellxs en esos lugares cotidianos del barrio como el pasillo, la canchita, la parroquia o el
Playón, y también espacios comunitarios que habitan cotidianamente como La Casa de
Clelia. Las relaciones de los sujetos con el espacio lejos de ser generales son más bien
situacionales, es decir, son el resultante de situaciones puntuales que implican el cruce
de diversos ejes de desigualdad (género, edad, clase) y también momentos y lugares
particulares (Lindón, 2005). Así, el disfrute está íntimamente relacionado con las
amistades y con lugares específicos donde esas amistades se practican, vinculándose
con especialidades concretas.
El grupo de niñxs estaba compuesto casi en su totalidad por niñas, dado que eran las
que más asistían a AulaVereda, y con quienes pude establecer un vínculo más cotidiano.
Cuando miramos desde una perspectiva de género además de generación, las amistades
aparecen también con una particular importancia. La grupalidad les brinda a las niñas
una movilidad en el espacio público del barrio que en soledad no tienen (o que tienen
en una menor proporción), y dependen del acompañamiento de lxs adultxs para salir
e ir a ciertos lugares que están por fuera de las trayectorias usuales. La constitución de
un grupo de amigas como sucede con las niñas de AulaVereda Villa 31, habilita así la
construcción de autonomía para transitar el barrio sin una tutela adulta, y ampliar sus
recorridos allí. En este sentido, así como la ciudad se expande y hace más accesible en
la medida en la que las niñas van creciendo (Chaves y Segura, 2015) también lo hace
cuando la transitan grupalmente, empezando por el barrio.
Resulta interesante remarcar la importancia de la construcción de grupos de amigas
en función de tensionar estos límites para moverse por el barrio, tanto espacial como
temporalmente. Diversos estudios han resaltado la importancia de la grupalidad y las
redes afectivas en torno al género (Kern, 2019), y podemos afirmar aquí que para las
niñas estas grupalidades también tienen relevancia. En palabras de Kern (2019:82):

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Ciudad de niñxs. Emociones y afectos en el espacio público

“Sujetas a un control espacial más fuerte que el que viven los varones, las
adolescentes tienen que esforzarse para encontrar lugares de encuentro (…)
esto incluye valerse del poder de la amistad…”.

Siguiendo con el planteo de la autora, a las niñas conformar una grupalidad les permite
tener un espacio de cuidado y sostén, en donde pueden, como mostramos en el registro,
compartir saberes y experiencias entre ellas, a la vez que también pueden construir
esos lugares de encuentro lúdico en el espacio público, por fuera de sus hogares.
A su vez, el grupo de amigas aparece, en una de sus dimensiones, como ese espacio de
construcción de autonomía desde donde tensionar las limitaciones impuestas por un
espacio pensado desde lógicas patriarcales. Frente a un espacio urbano fuertemente
androcéntrico, desde la conformación de una grupalidad las niñas ponen en jaque esas
marcaciones de género. No nos referimos únicamente a lo que previamente nombramos
aquellos límites temporales que se construyen desde una experiencia urbana donde la
amenaza de la violencia sexual es común, sino también a otras formas de desigualdad
en las experiencias urbanas de lxs niñxs que se ven condicionadas y guiadas por el
género. Así, las amigas se transforman en un “kit básico de supervivencia urbana”
(Kern, 2019: 74).

Morón
La localidad de Morón se conoce por tener uno de los centros urbanos más grandes del
conurbano bonaerense de la región oeste. Según el Atlas del Conurbano Bonaerense
(Programa de Estudios del Conurbano, 2015) el municipio ocupa el puesto 16 en relación
con la densidad poblacional y superficie del primer cordón del conurbano, pero por su
ubicación geográfica, la conectividad con otras ciudades que posibilita y su importante
polo comercial e industrial son algunas de las características que la convierten en una
de las principales ciudades del conurbano bonaerense (García Silva, 2014). El partido
de Morón integra diferentes localidades (Castelar, Haedo, Morón, El Palomar, Villa
Sarmiento), su centro urbano tan sólo cuenta con 12 kilómetros cuadrados y 122 mil
habitantes; es decir, aproximadamente 10 mil personas por kilómetro cuadrado (una
manzana). Cabe destacar que la localidad cuenta con una población que en gran parte se
encuentra por sobre la línea de la pobreza y con la mayoría de sus necesidades básicas y
materiales cubiertas, como evidenció el último Censo Nacional de Población, Hogares
y Viviendas (INDEC, 2010) en cuanto a áreas como salud, educación y medio ambiente.
Por su ubicación estratégica, tanto por ser punto de encuentro entre los ramales del
tren Sarmiento y Metropolitano como por su cercanía a la Ciudad de Buenos Aires y
a centros del conurbano como Ramos Mejía, se ha convertido en un lugar de mucha
circulación.
En lo que respecta a la implementación de políticas públicas, el municipio de Morón
cuenta con una memoria reciente de dispositivos que desde la propia gestión se
presentaron con un foco puesto en la niñez y la acción social durante los 10 años del
gobierno municipal de Martín Sabbatella entre los años 1999 y 2009, y los 6 años del
gobierno de Lucas Ghi entre 2009 y 2015, 16 años de una gestión sostenida y unificada
en el gobierno municipal. De esta iniciativa política se destaca la creación del dispositivo
Por Chicos con Menos Calle y la Casa de la Juventud, espacios frecuentados por diversos

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niñxs y adolescentes junto a sus familias. Su gestión en términos de políticas de niñez


fue reconocida tanto por organizaciones sociales y religiosas como por parte de lxs
mismos usuarixs.
Tanto por los registros generados por los diferentes dispositivos como a través de la
observación participante realizada durante el trabajo de campo en el año 2019, vemos
que la mayoría de lxs niñes, adolescentes y sus familias que circulan por el centro
urbano de Morón provienen de las distintas barriadas populares tanto del Municipio
de Morón como de municipios aledaños como La Matanza, Moreno y Merlo. Por
la cantidad de medios de transportes que confluyen en el centro de Morón y por la
variedad de comercios y circulación de personas, históricamente se ha tratado de un
territorio habitado por distintas familias provenientes de barriadas populares que
emplean diversas estrategias y modos para producir la vida. Tal como en todos los
centros urbanos, entre las personas que circulan se encuentran aquellas que realizan
tareas de subsistencia, entendidas por lxs mismxs hacedorxs como “de rescate”4, en
virtud de la potencialidad económica del espacio céntrico. En el caso particular de la
zona de Morón gran parte de quienes realizan estas tareas son niñxs y adolescentes.
En su mayoría provienen de barrios cercanos a estaciones de trenes de ambos ramales,
que en gran parte vuelven a sus hogares luego de realizar las tareas de subsistencia,
aunque otrxs, por diferentes circunstancias, terminan habitando en las “ranchadas”5
de los grandes centros urbanos.
Para adentrarse en la dinámica de circulación que tienen lxs pibxs que habitan la calle
en Morón no basta con caminar por el centro urbano. A simple vista, la ciudad continúa
siendo ese espacio rodeado de vidrieras con muchas personas transitando y “de paso”.
Porque habitar no es lo mismo que transitar. Habitar “es parar”, como dicen lxs mismxs
niñxs y jóvenes al referirse a su lugar de pertenencia. “Yo paro en Morón hace bastante”
(Registro de campo, octubre 2019) comenta Bruno (17) en uno de los intercambios. Y
dicen “parar”, aunque paradójicamente sea una práctica en permanente movimiento,
implica una reflexión, un proceso que no lo da el mero transitar. Porque se trata de un
“andar”, un caminar, que es enunciado y, por ende, habitado. Al habitar los sujetos
trazan los rasgos de una cotidianidad concreta, llenando de sentidos sus prácticas (De
Certeau, 1999). De forma que el habitar funciona como práctica enunciada y estructura
aglutinante de relatos y aventuras urbanas que surgen del desplazamiento cotidiano. Al
andar, una y otra vez por las mismas veredas y sitios lxs niñxs interactúan entre espacios
y personas, constituyendo actos creadores de espacio (De Certeau, 2001). Habitar debe
ser entendido como un sinónimo de vivir, “sólo se habita cuando la persona se orienta
e identifica con su entorno, cuando a éste se lo experimenta como algo significativo”
(Pojomovsky 2008: 51) ya que como agrega Hernández (2016):

4
En términos de las y los operadores de calle de los distintos dispositivos se entienden a los “circuitos
de rescate” como aquellos recorridos que las familias y muchas veces los niños, niñas y adolescentes
realizan en los espacios públicos. Están formados por comercios, casas de familias, centros sociales o de
beneficencia. Los mismos cuentan con un esquema de organización de días y horarios establecidos que
hacen a una lógica más general respetada por quienes realizan trabajos similares.
5
La ranchada, más allá del origen popular y gauchesco, es un término que últimamente remite a
significados carcelarios, utilizado para diferenciar los grupos hacia su interior y los usos de espacios
correspondientes. En este caso lxs niñxs o jóvenes lo resignifican para el ámbito callejero. Esta
comparación revela parte del imaginario con respecto a estos espacios.

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Ciudad de niñxs. Emociones y afectos en el espacio público

“Al andar los niños y niñas establecen y recrean caminos, construyen sus
experiencias al elegir modos y lugares por los cuales transitar. Sus recorridos,
en este sentido, dan cuenta de los modos en que habitan “su” ciudad y seguir
sus pasos nos asoma a su experiencia urbana. (2016: 67)”

En Morón, lxs niñxs y jóvenes construyen sus experiencias en torno al encuentro con
otrxs y a la disposición del espacio social. Aquí, el “parar en Morón” aparece como
una síntesis entre el andar y el habitar la calle, entre la circulación y la permanencia.
En ese marco, lxs niñxs que “callejean”, dice Hernández (2016) “son de los sectores
más pobres, para quienes su experiencia urbana se vincula en parte con el uso del
espacio público” (2016:77). Esta dinámica no acontece de un día para el otro ni se
presenta como un cambio radical. Muchas veces responde a prácticas cotidianas de
circulación que ya se realizaban dentro del barrio, alternando entre casas de familiares,
vecinxs, amigxs o mismo participando de circuitos familiares de búsqueda de recursos
materiales para la supervivencia en centros urbanos.

“Yo en mi barrio también me la pasaba de gira. Eso no me lo dio la calle. Te


lo da el barrio, de pibito me la pasaba en la casa de mis amigos y también
otras veces me mandaban por meses a lo de mi tía que vivía a unas cuadras”
(Ernesto, 18 años, registro de campo, junio 2019)

La permanencia en la calle aparece, entonces, como un cotidiano que tanto puede


exceder la presencia en los centros urbanos como así también es precedida por otras
experiencias previas. Desde el relato de Ernesto se desprende una premisa: la figura del
niño, niña o adolescente en calle no “molesta” en cualquier parte, tampoco en cualquier
calle. Incómoda en el centro urbano, en el espacio público de la ciudad.
La calle, el espacio urbano, se construye como un lugar “de paso” sin involucramiento
o implicancia sobre los hechos allí acontecidos (Augé, 1993). Esta no implicancia
con el espacio público reviste, a su vez, una mirada sobre aquellxs que lo habitan de
forma permanente. La objetivación de los sujetos, la invisibilización de la compleja
problemática que los llevó a la calle y la incapacidad de considerarlos como iguales
son algunas características de esta mirada. Sin embargo, la calle es también un lugar
de construcción política e histórica de lo público, donde los diferentes actores con sus
formas de habitarla se apropian de la misma, generan constantemente prácticas de
resignificación y por ende de disputa política y construcción de sentidos.
La situación de calle, en este sentido, puede ser entendida como una forma particular de
experimentar otras dimensiones de la niñez y adolescencia. En esa línea, coincidimos
con Kessler cuando sostiene que la situación de calle no debe ser vista como una
“experiencia totalizadora” (en Pojomovsky, 2008: 14) pues su experiencia implica una
“alternancia” (2008: 144) y circulación entre otras vivencias. En este caso en particular,
encontramos niñxs y adolescentes que construyen sus trayectorias y miradas de la
propia vida a partir de la calle como así también por su participación en distintos
ámbitos ya sean afectivos, familiares, políticos, religiosos y/o comunitarios. Muchas
veces este “estar en la calle”, que puede ser visto desde afuera como una permanencia
totalizadora, no es visto de la misma manera para quienes la habitan. La calle puede,

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por el contrario, ser experimentada como una consecuencia habilitada por otras
experiencias elegidas y/o privilegiadas para la vida en el momento de la adolescencia,
como lo es la amistad entre pares. Sobre esto explicó lo siguiente Bruno:

“Tengo a todos mis amigos en la calle, eso es por lo que estoy en la calle. Por
otra cosa no, de la calle no me gusta nada. O sea, yo paro en Morón hace
bastante. Yo antes cuando era guachín6, cuando era más chiquito, salía a
pedir monedas por todos los locales con mi hermano y entre todo eso conocí
amigos muy copados que me cayeron muy bien, y nada, me empecé a juntar
con mis amigos y seguí conociendo más amigos a través de ellos. Hoy en día
no es que sigo en la calle, sino que sigo con mis mismos amigos que conocí
y nada” (Bruno, 17 años, registro de campo, octubre 2019)

Para Bruno, como para muchxs, la calle es soporte de las relaciones que eligen construir.
La dinámica callejera hace parte de una historia y una memoria colectiva construida
durante mucho tiempo en el espacio social. Por ese motivo, el “parar” en la calle y
generar un proceso de reflexión en torno al espacio habitado es, también, una manera
de reivindicar la calle como un espacio que sostiene afectos y emociones a pesar del
devenir de los transeúntes que pasan de manera cotidiana.
En ese sentido, la reconfiguración del espacio social y la disposición para uso
y apropiación personal no sólo satisface la necesidad en términos materiales y
organizativos de la vida, sino que modifican su percepción sobre su permanencia en el
espacio y los vínculos que allí se construyen. “¿Y vos te vas y dejas todas tus cosas ahí?”
le pregunté a Dario (15) cuando se propuso acompañarme a visitar a otro de los jóvenes.
“Acá nadie toca nada, se sabe de qué es cada cosa. Nos cuidamos entre nosotros” me
respondió aludiendo a un sentido de comunidad entre las personas que habitan la calle
en Morón. “Yo dejo todo armado para que ya me quede el lugar” –explica Lucas (14) a
la misma pregunta sobre el cuidado de las pertenencias– “está re piola este lugar, tenés
solcito a la mañana para tomar mate con los “pibes” y sombra a la tarde cuando hace
calor, me mato si lo pierdo. Además, entre nosotros no nos robamos y estamos atentos
a las cosas de todos cuando anda alguien que no conocemos”.
Existe un uso, señalización y delimitación del espacio a partir de las pertenencias y se
colocan estratégicamente en los lugares que se eligen para habitar. Entonces, no se trata
de pibes y pibas circulando de manera azarosa y sin reflexión previa, sino que muestra la
existencia de proceso de elección y selección de lugares para la resolución en torno a sus
deseos y necesidades. Del mismo modo, sus experiencias nos plantean la configuración
de lxs adolescentes como actores sociales que sostienen “formas concretas de ubicarse,
prácticas de agrupamiento, operación, organización y diferenciación realizadas por
ellos en espacios del centro de la ciudad” (Pérez Alvarez, 2005: 6).
6
Según Florencia Gentile (2015) la categoría “guachín” es utilizada por los propios niños y jóvenes para
“clasificar a quienes dan sus primeros pasos de la socialización en la calle, en los que se realizan algunas
acciones, pruebas y ensayos en las prácticas, capacidades y roles asociados con este mundo social. Sin
embargo, las capacidades y racionalidades necesarias para manejarse en este mundo social no han sido
aún aprendidas. Las categorías que refieren a esta condición etaria (...) se articulan con los sentidos
morales asociados tradicionalmente a la condición infantil (la inocencia, el descubrimiento del mundo)
y generan así sentidos peculiares propios de los contextos de marginalidad” (p.384).

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Ciudad de niñxs. Emociones y afectos en el espacio público

Una historia que cuenta con lugares señalizados para su circulación, comercios donde
dejar los bienes materiales, personas amigables a quienes pedir ayuda en momentos
específicos, organizaciones sociales, iglesias y centros de día. Quienes incorporan dicha
dinámica a su cotidiano callejero, generan diferentes vínculos con cada una de las
personas que encarnan dichos espacios. La ranchada, el grupo de fútbol, la ubicación
en un punto particular de la plaza La Roche se configuran en torno a las relaciones que
lxs niñxs y jóvenes van construyendo.

Entretejiendo los espacios. Cruces entre morón y la villa 31


Es posible dilucidar algunos puntos de encuentro entre las dos experiencias previamente
desarrolladas, sobre los que indagaremos a continuación. Al mismo tiempo, el cruce
de ambas experiencias también permite visibilizar las diferencias entre las mismas y a
partir de ellas, indagar en particularidades que también nos hablan de los sujetos con
los que trabajamos. Metodológicamente, hacer trabajo de campo en un espacio difuso
y cambiante como lo es la calle presentó un desafio extra, puesto que los sujetos (lxs
niñxs y adolescentes) no sólo no están en un lugar siempre donde ir a observar sus
prácticas, a dónde sentarnos en un rincón con un cuaderno a anotar, sino que el propio
objetivo de nuestras investigaciones estuvo puesto en la relación entre lxs niñxs y el
espacio público, en encontrar cotidianeidad en ese espacio marcado por la transición
y la no permanencia.
Tanto en Morón como en la Villa 31 pudimos observar que lxs niñxs y adolescentes
construyen el territorio por medio de habitarlo cotidianamente y, sobre todo,
colectivamente. Lxs niñxs de la 31 despliegan juegos callejeros en las calles del barrio,
mientras que lxs niñxs y adolescentes de Morón despliegan actividades productivas
de subsistencia. Así, el habitar adquiere una pluralidad de formas, pero tanto en la 31
como en Morón sucede el “rancheo”, el permanecer con otrxs en el espacio público,
en una suerte de encuentro lúdico y también fugaz. De este modo, la grupalidad y el
estar con otrxs se transforman en parte fundamental de la experiencia espacial de lxs
niñxs y adolescentes, significando el espacio a partir de la misma. En la 31 el espacio
se transforma en barrio y en espacio común al estar atravesado por afectos, y lxs niñxs
construyen afectos hacia el barrio además de en él. En Morón, habitar la calle es una
manera de enunciar un cotidiano (De Certeau, 1999) que es compartido con otrxs. De
esta manera, el espacio urbano es apropiado y modificado, no sólo para la satisfacción
de necesidades y placeres sino también como sostén de relaciones y afectos.
Así, la forma de habitar el espacio público es una forma colectiva, siempre en conjunto
con otrxs. Esto no implica que no existan también instancias en las que lxs niñxs y
adolescentes se encuentren solxs, puesto que no están constantemente acompañadxs,
pero que sí lo que es recuperado como lo más valorado del estar en la calle está imbricado
con el estar con otrxs. Hay emociones asociadas con el disfrute, el deseo y el placer,
construidas siempre con otrxs y, sobre todo, con lxs amigxs con quienes se encuentran y
que forman parte indisoluble del espacio urbano y particularmente del espacio público,
puesto que esas relaciones y afectos se despliegan fundamentalmente también allí,
como analizamos en ambos apartados. Así, los afectos también construyen ese espacio
público y forman parte de él. Entonces, habitar los espacios que habitan implica estar
cerca de sus amigxs, ya sea en la villa o en las calles de Morón, y una posibilidad de estar
juntxs, que motoriza afectividades vinculadas al disfrute. De este modo, las amistades

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construidas en la calle forman una parte fundamental del habitar el espacio público de
lxs niñxs y adolescentes, siendo un elemento angular de su experiencia urbana.
Más aún, los afectos no sólo se imprimen en el espacio, sino que también lo producen,
puesto que están en el centro de la forma en la que lxs niñxs experimentan corporalmente
el espacio en el que viven (Lindón, 2015). De este modo, las emociones y afectividades
son un elemento central de los modos en los que lxs niñxs construyen deseos y
proyecciones sobre el espacio. En este marco, tomamos en consideración la concepción
de la afectividad propuesta por Lindón (2017) a través de su carácter circulatorio entre
los cuerpos de un espacio-tiempo:

“La afectividad es social, porque va más allá de un individuo, pasa de un


cuerpo al otro en la proximidad que ofrece el escenario urbano. La circulación
de la afectividad entre los cuerpos genera tipos de performatividades o
dramatizaciones, que son materializaciones efímeras de esa afectación. De
esta forma, la afectividad contribuye a la construcción socioespacial del
lugar porque las corporeidades hacen puestas en escena, que le dan un tono
particular al lugar en cierto momento” (2017: 10)

La calle, entonces, es entendida como vehículo o mediador de afectos, pero no como


fin. De forma que el dicho “parar en la calle” se relaciona con esa manera de entenderla:
la calle como un paso momentáneo que se mide según las relaciones y afectos y que se
puede mantener en el tiempo. “Parar” y “ranchar” aparece como una manera de habitar
y enunciar un cotidiano (De Certeau, 2001). Así, las afectividades que construyen allí
forman parte también fundamental del espacio público para lxs niñxs y adolescentes,
lo interpelan y producen.

Conclusiones
La producción de afectividades en el espacio público también se erige en un modo
de construirlo, y las prácticas de lxs niñxs y adolescentes ponen en jaque ciertos
preconceptos sobre este, dado que, al tejer afectividades en él, hacen pública una
práctica que desde una concepción binaria del pensamiento forma parte de los ámbitos
privados (Maffía, 2020). De esta forma, las prácticas de lxs niñxs y adolescentes, que
siempre se encuentran entrelazadas también con las prácticas adultas, tensionan ese
binarismo, aportando también a una politización de las emociones en tanto estas son
libradas del “confinamiento de lo privado” (Solana y Vacarezza, 2020: 6). Así, lxs
niñxs participan de la producción del espacio urbano, puntualmente de ese espacio
público que es la calle, ya sean callejeando en Morón o jugando a la mancha en la villa
31, y de este modo también están produciendo ciudad. Lejos de ser sujetos pasivos o
que simplemente transitan o habitan ciertos lugares específicos de la trama urbana,
pensados particularmente para ser habitados por la infancia –como las plazas, o las
escuelas– lxs niñxs con lxs que trabajamos toman parte activa de la construcción de lo
urbano, se muestran en él y se hacen visibles.
A su vez, mientras que reconocemos la existencia de peligrosidad en la calle –no sólo
emociones vinculadas al miedo, sino también un peligro concreto y material que trae
el estar en la calle para lxs niñxs con lxs que trabajamos–, querríamos reconocer y

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Ciudad de niñxs. Emociones y afectos en el espacio público

registrar las emociones ligadas a lo placentero del espacio público. El placer callejero
también atraviesa las experiencias urbanas de niñxs y adolescentes, estar en la calle
está asociado al disfrute del encuentro con otrxs y la producción de redes afectivas
entre ellxs, la alegría y la lúdica.
Lxs niñxs tejen vínculos de afectos entre ellxs, y estos afectos se imprimen en el
espacio público, se trasladan a los territorios, lxs niñxs construyen afectos con el
barrio, y no sólo en él. En este punto, nos interesaría, a futuro, recuperar la potencia
de pensar a la ciudad y a su vínculo con lxs niñxs y adolescentes desde el deseo, y de
poder posicionarlxs como sujetos deseantes afirmando que el deseo es también una
construcción profundamente política. Siguiendo a Borja (1990):

“La ciudad del deseo no es la ciudad ideal, utópica y especulativa. Es la ciudad


querida, mezcla de conocimiento cotidiano y de misterio, de seguridades
y de encuentros, de libertades probables y de transgresiones posibles, de
privacidad y de inmersión en lo colectivo.”

A su vez, también sería productivo profundizar en los modos en los que las afectividades
inciden en la participación de lxs niñxs en los procesos políticos que involucran las
transformaciones urbanas. Es decir, los modos en los que los afectos y emociones que
lxs niñxs construyen para con sus barrios y territorios, movilizan a su vez prácticas
políticas y sociales. El espacio vivido, ese espacio de lo simbólico y lo imaginario que
se entreteje con las materialidades y con las prácticas urbanas está, para lxs niñxs,
marcado por los afectos y amistades de la calle. La elección de priorizar los modos en
los que viven la calle y lo público a partir de la construcción de afectos entre ellxs no
es azarosa, sino que se trata también de visibilizar y jerarquizar modos colectivos de
vivir en contextos hostiles y profundamente neoliberales, ya sea en las calles de Morón,
o en una villa de la Ciudad de Buenos Aires. No es casual que, frente a un proceso
de individualización, precarización y vulneración de la vida y los derechos, lxs niñxs
y adolescentes construyan y se sostengan en redes afectivas, capaces de resistir a la
individualización a la que lxs (y nos) somete constantemente el sistema capitalista.
Como anticipamos anteriormente, lxs niñxs y adolescentes no son ajenos a la vida
social y comparten el mundo entre ellxs como así también con las personas adultas,
aunque no en condiciones de igualdad (Szulc, 2019). Si bien el subcampo que analiza
la niñez de manera situada en el espacio urbano a través del enfoque etnográfico no es
nuevo, luego del diálogo entre los dos trabajos aquí presentados, coincidimos en que
se trata de un eje a escudriñar tanto en lo que respecta a los estudios urbanos como
así también a aquellos que abordan la niñez. Lxs niñxs y adolescentes no sólo habitan,
disputan y modifican las ciudades, sino que también construyen conocimientos sobre
las mismas. En ese marco, sus reflexiones podrían contribuir tanto en lo que refiere
a la continuidad de prácticas más genuinas para la investigación social que aborda la
niñez como así también para la creación y adecuación de aquellas políticas públicas
que piensan la ciudad. Frente a aquel discurso que encasilla a los niñxs pobres que
habitan el espacio urbano como víctimas, ellxs nos enseñan que otra mirada es
posible: se muestran resolviendo, eligiendo en qué espacio participar y de qué manera,
disfrutando de su vida y de las redes afectivas que lxs sostienen e identifican. Niñxs

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y adolescentes desafiantes que revelan sus capacidades, sus fortalezas, sus redes de
pertenencia colectiva y la importancia que para ellxs tiene el placer, enfrentando los
persistentes estereotipos estigmatizantes mediante los que –sin tenerlxs en cuenta– se
insiste en “sacarlxs de la calle”.

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Camila Parodi es licenciada en Ciencias Antropológicas (UBA). Se desempeña


como docente tutora de aulas virtuales en ESI del Programa Nacional de
Formación Permanente: “Nuestra Escuela” del Ministerio de Educación. Integra
el grupo de investigación Niñez Plural (UBA), el grupo de estudios sociales sobre
Niñeces y Juventudes de América Latina y el Caribe (IEALC/UBA) y el colectivo
de investigación de Ecología Política (IRES/CONICET). A través de su oficio
como periodista realiza estudios sobre niñeces, juventudes y crisis climática
integrando la práctica etnográfica, la perspectiva feminista y la ecología política.

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P A R O D I Y M O N T E N E GR O
Ciudad de niñxs. Emociones y afectos en el espacio público

Hebe Montenegro es licenciada en Ciencias Antropológicas por la Facultad


de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Actualmente se
encuentra realizando el doctorado en Ciencias Antropológicas en la misma
institución, para el cual cuenta con una beca doctoral del Consejo Nacional de
Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). Sus temas de investigación
son la participación infantil en la producción del espacio urbano, infancia y
desigualdad habitacional, y la relación entre la niñez y las políticas urbanas.
Integra Niñez Plural, un equipo interdisciplinario de investigación sobre niñez,
alteridad y desigualdad.

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“Del territorio al feminismo y del


feminismo al territorio”: las mujeres
campesinas de Argentina en el segundo
foro feminista popular y latinoamericano1
[ M A R I E L A P E N A]
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET).
Instituto de Investigaciones en Estudios de Género, Facultad de Filosofía y Letras,
Universidad de Buenos Aires (UBA).
marielapena6@[Link]

Resumen 1
En este artículo me propongo analizar el rol actual de las expresiones políticas
feministas que han surgido en Argentina por parte de mujeres de sectores rurales en
coyunturas de conflicto territorial causadas por el agronegocio. Para ello me centro
en el análisis de caso del denominado feminismo campesino y popular que emerge
en la década de 1990 y se fortalece durante los últimos años, protagonizado por
mujeres campesino-indígenas del Movimiento Campesino de Santiago del Estero
([Link]). En el marco de un trabajo etnográfico que vengo desarrollando desde
2016, me detengo en el análisis de los pronunciamientos realizados en el Segundo
Foro Feminista Popular y Latinoamericano que tuvo lugar los días 24 y 25 de junio
de 2022 en la localidad de La Banda, Santiago del Estero. Exploro sus discursos en
la interlocución con el movimiento feminista más amplio, así como con otras luchas
populares a nivel nacional, considerando esta participación como emblemática de las
estrategias políticas que han asumido en la coyuntura contemporánea. Sugiero que el
feminismo campesino, en el contexto actual de crisis socio-ecológica, ensaya alianzas
múltiples y transversales con diferentes sectores del campo popular, procurando ser
vocero del reclamo territorial y ambiental e instalar estas demandas en las agendas del
feminismo popular y los movimientos sociales más amplios.

Palabras clave: Feminismo campesino y popular, agenda política feminista, agronegocio,


conflicto territorial, Santiago del Estero

“From territory to feminism and from feminism to territory”: Argentinean


peasant women at the second popular and latin american feminist forum

1
Articulo enviado: 13 de agosto 2022. Aceptado: 15 de marzo 2023.

- 76 -
PEN A
“Del territorio al feminismo y del feminismo al territorio”: las mujeres campesinas de argentina en el segundo foro
feminista popular y latinoamericano

Abstract
In this article I propose to analyze the role of feminist political expressions that have
emerged in Argentina by women from rural sectors in territorial conflict caused by
agribusiness. To this end, I focus on the case analysis of the so-called peasant and
popular feminism that emerged in the 1990s and has grown stronger in recent years, led
by peasant-indigenous women from the Peasant Movement of Santiago del Estero (Mo.
[Link]). Within the framework of an ethnographic research that I have been developing
since 2016, here I focus on the analysis of the statements made at the Second Popular
and Latin American Feminist Forum that took place on 24 and 25 June 2022 in the town
of La Banda, Santiago del Estero. I explore their discourses in the interlocution with
the broader feminist movement, as well as with other popular struggles at the national
level, considering this participation as emblematic of the political strategies that they
have assumed in the contemporary conjuncture. I suggest that peasant feminism, in
the current context of socio-ecological crisis, deploys multiple and transversal alliances
with different sectors of the popular field, trying to be a spokesperson of the territorial
and environmental claim and install these demands in the agendas of popular feminism
and broader social movements.

Keywords: Peasant and popular feminism, feminist policy agenda, agribusiness,


territorial conflict, Santiago del Estero, Argentina

“Do território ao feminismo e do feminismo ao território”: mulheres


camponesas Argentinas no segundo fórum feminista popular e latino-
americano

Resumo
Neste artigo proponho analisar o papel e o posicionamento atual das expressões políticas
feministas que surgiram na Argentina por mulheres de sectores rurais em situações
de conflito territorial causado pelo agronegócio. Com este fim em vista, concentro-me
na análise de casos do chamado feminismo camponês e popular que surgiu nos anos
‘90 e se fortaleceu nos últimos anos, liderado por mulheres camponesas-indígenas do
Movimento Camponês de Santiago del Estero ([Link]). No âmbito de um trabalho
etnográfico que tenho vindo a desenvolver desde 2016, aqui me concentro na análise
das declarações feitas no Segundo Fórum Feminista Popular e Latino-americano que
teve lugar a 24 e 25 de junho de 2022 na cidade de La Banda, Santiago del Estero.
Exploro seus discursos em diálogo com o movimento feminista mais amplo, bem como
com outras lutas populares em nível nacional, considerando esta participação como
emblemática das estratégias políticas que eles assumiram na situação contemporânea.
Sugiro que o feminismo camponês, no atual contexto de crise socioecológica, ensaie
alianças múltiplas e transversais com diferentes setores do campo popular, procurando
ser porta-voz da reivindicação territorial e ambiental e instalar estas demandas nas
agendas do feminismo popular e dos movimentos sociais mais amplos.

Palavras-Chave: feminismo camponês e popular, agenda política feminista, agronegócio,


conflito territorial, Santiago del Estero, Argentina

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Introducción
Los procesos de agronegocio vienen transformando el paisaje rural de Argentina desde
hace ya más de dos décadas, pero en la actualidad no solamente siguen consolidándose,
sino que cuentan con amplia legitimidad desde discursos progresistas que apelan a
las bondades del ingreso de divisas a partir de la exportación de commodities para
las economías locales. Además, el posicionamiento de la región latinoamericana como
exportadora en el mapa geopolítico y económico global coloca a los gobiernos en una
encrucijada, en la cual pareciera no haber alternativas. La destrucción de territorios,
el daño socioambiental y la expulsión de comunidades campesinas e indígenas entran
dentro del imaginario de “zona de sacrificio” (Svampa, 2019; Svampa y Viale, 2020)
como daños “menores” justificados a partir de un mayor beneficio para la sociedad
general. En este escenario, han aparecido resistencias tejidas y desatadas a partir de
distintos conflictos locales, las cuales desde una mirada panorámica podemos entender
como partes de un mismo ensamblaje: la de los sujetos que padecen y protagonizan
directamente los efectos devastadores de la lógica que mercantiliza a la naturaleza. De
allí que las propuestas territoriales que emergen desde los distintos enclaves rurales del
Cono Sur han creado un intenso diálogo; y comparten varios de sus reclamos, sentidos,
prácticas alternativas y modos de organización.
En Argentina, el conflicto territorial y ambiental viene siendo protagonizado desde
la década de 1990 por aquellos sectores del campesinado más afectados por la
ampliación a nivel nacional de lo que se conoce como la frontera sojera2, la cual supuso
la implementación del modelo extractivo agroindustrial y el posicionamiento del país
como uno de los principales exportadores del cultivo de soja transgénica. Mientras que
este proceso ha provocado severas modificaciones en términos ecológicos, también ha
afectado seriamente las condiciones de vida de la población local. En este contexto,
emergen en el país las diferentes resistencias protagonizadas por comunidades
campesinas e indígenas que entre los años 1996 y 2003 consiguen articular sus
diferentes conflictos locales dando conformación al Movimiento Nacional Campesino
Indígena (MNCI) (Durand, 2006; Desalvo, 2015).
El Movimiento Campesino de Santiago del Estero ([Link])3, principal organización
integrante del MNCI, se funda en el año 1990 en esa provincia, la más drásticamente
modificada a partir del avance de la frontera agropecuaria. La disputa ocurre entre
pobladores locales y sectores empresarios (con la complicidad del poder político-
económico), interesados en la región. Actualmente, las y los campesinos organizados
como [Link] han logrado el reconocimiento formal de la mayoría de los territorios
que habitan, en algunos casos logrando la escrituración de las propiedades familiares
y en otros mediante su inscripción como comunidades indígenas, si bien en muchos

2
Se refiere al aumento de terrenos disponibles para la plantación de la soja y otras producciones
agroexportables mediante modificaciones transgénicas y tecnológicas, modelo que se impone en el país
ya durante el gobierno de facto de 1976 y se consolida partir de los años ‘90 y con la llegada de los
productos transgénicos (Barsky y Gelman, 2005).
3
El MOCASE-VC se organiza actualmente a diez Centrales Campesinas, distribuidas a lo largo del
territorio de la provincia de Santiago del Estero, Argentina. Cada una de ellas reúne, a su vez, un número
variable de comunidades de base, que se conforman como el nivel más básico de organización de las
familias campesinas. La cantidad de hogares que aproximadamente reúne el movimiento, de acuerdo al
propio relevamiento de la organización, supera el número de 7.000 familias.

- 78 -
PEN A
“Del territorio al feminismo y del feminismo al territorio”: las mujeres campesinas de argentina en el segundo foro
feminista popular y latinoamericano

casos continúan los conflictos y la tenencia precaria de las tierras. El [Link] hoy
se perpetúa defendiendo su trayectoria como movimiento social de base que propone
un modo de vida campesino-indígena de contestación al modelo del extractivismo
neoliberal, mediante la propuesta de prácticas y lógicas alternativas. Amalgamando
discursos globales con tradiciones y lenguajes propios, estos ejes incluyen las nociones
de sustentabilidad, agroecología, buen vivir y soberanía alimentaria. Al día de hoy, la
organización articula políticamente con otras organizaciones sociales a nivel nacional,
principalmente la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular (UTEP)
y se complementa con una serie de programas de subsidios que han sido exigidos al
Estado Nacional. Al mismo tiempo, el [Link] es muy activo en su interlocución con
la organización global La Vía Campesina (LVC) y con la subestructura para América
Latina, la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones Campesinas (CLOC).
Desde finales de la década del 2000, precisamente a partir de dicha participación en
redes de activismo a nivel regional y global, la organización social incorpora (no sin
resistencias y de manera muy paulatina) diferentes consignas feministas a este contexto
rural nacional. Se trata principalmente de las variantes ecofeministas, poscoloniales,
descoloniales y autónomas encabezadas por otras organizaciones de mujeres de
sectores rurales e indígenas que se encontraban protagonizando conflictos similares
en otras regiones del Sur Global (Agarwal, 2020; Zaragocin, 2017).
En este marco, la línea de investigación etnográfica que he iniciado en el año 2016, se
dirige de manera amplia a las características de la participación política de mujeres
campesino-indígenas. He sugerido previamente que el activismo de base de las
mujeres de [Link] ha trascendido las fronteras de sus comunidades y ha logrado
la interlocución y emergencia de solidaridades con los feminismos prevalecientes en
la región latinoamericana (Pena, 2017a; 2017b). A su vez, vengo argumentando que
el denominado feminismo campesino y popular, está ocupando un lugar clave en las
demandas políticas de las organizaciones sociales campesino-indígenas en Argentina,
mixturando demandas de género con prácticas socio-económicas y socio-ambientales
alternativas como parte de un mismo horizonte emancipatorio (Pena, 2022a). De este
modo, este artículo se enmarca en dicho análisis, profundizando este argumento a
partir del análisis de la coyuntura actual, de pos pandemia y de crisis socio-económica
y socio-ecológica a nivel global (Brand y Wisen, 2020).
Para ello he recurrido a la continuidad de mi trabajo apelando a técnicas metodológicas
etnográficas (Aschieri y Puglisi, 2010) realizadas con redes de contactos de la
organización campesina que he ido estableciendo a lo largo de todos estos años de
trabajo, especialmente con las referentas campesinas más activas en las cuestiones de
agenda feminista y de género. En este contexto, mi participación en el Segundo Foro
Feminista Popular y Latinoamericano, que tuvo lugar en junio de 2022 en la provincia
de Santiago del Estero, cobra centralidad en este trabajo a modo de dispositivo clave
para el despliegue de los principales pronunciamientos políticos, demandas y lugares
de enunciación del feminismo campesino y popular en el contexto actual.
Tanto la invitación como la organización previa para que pueda asistir y mi estancia
durante el Foro fueron gestionadas por referentas con las cuales había generado lazos
de confianza previos. Ello posibilitó que pueda estar junto a ellas y colaborar durante
los días en los que iba trascurriendo el encuentro, siendo que todas estas instancias
de intercambio y de conversación también formaron parte de la construcción

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de nuevos datos etnográficos. También cabe mencionar que desde 2020 trabajé
analizando el accionar político de las mujeres campesinas hacia dentro y fuera de
sus comunidades en el contexto de la pandemia por COVID-19 (Pena, 2022a), lo cual
ofició de contextualización e información relevante a la hora de interpretar la situación
etnográfica que es eje de este manuscrito.
Así, considero al Segundo Foro Feminista Popular y Latinoamericano dentro de una
hermenéutica más amplia posibilitada y generada a partir de mi investigación de
mayor alcance, y de los vínculos establecidos durante este tiempo. Esto me permite
comprender las formas de enunciación y las estrategias discursivas empleadas
por parte de las militantes campesinas en este evento como parte de una estrategia
política más general que, de acuerdo a mis observaciones, vienen empleando en el
contexto reciente, y se expresaron durante el Foro. Desde allí, reflexiono en torno a
las conexiones y alianzas que estas militantes intentan con el feminismo popular más
amplio, así como con otras luchas sociales, procurando colocar el reclamo territorial y
ambiental en contra del agronegocio y el neoextractivismo en la agenda de los reclamos
feministas y populares. En términos metodológicos, estos datos y argumentos fueron
construidos mixturando técnicas propias de la metodología etnográfica (observación
participante, registros de campo, conversaciones informales y entrevistas previas e in
situ) (Guber, 2011) con elementos del análisis del discurso con perspectiva feminista
(Lazar, 2007).

Anotaciones sobre los feminismos populares, campesino-indígenas y


ecofeminismos del sur
La propia adscripción “popular”, en la que los actuales feminismos campesinos
o campesino-indígenas se enmarcan, impone una disrupción a cualquier lógica
academicista que pretenda elaborar una definición acabada y fija de este tipo de
manifestaciones. Espinosa Damián (2011), que se ha ocupado de seguir y analizar la
trayectoria del feminismo popular en México a partir de la década de 1980, plantea
justamente que “las mujeres de los movimientos populares han creado la fuerza social
más dinámica del feminismo” (p.277). Esto es, mediante su capacidad de articulación
de las demandas de género con otras reivindicaciones, redimensionando el proyecto
político de los movimientos populares y evidenciando la heterogeneidad del movimiento
de mujeres. Siguiendo la propuesta de esta autora, el feminismo popular, que emerge
a finales del siglo XX en distintas partes de América Latina, surge como el conjunto
plural de voces de mujeres:

“…trabajadoras, obreras, empleadas, campesinas y amas de casa de barrios


urbanos pobres; mujeres que comparten con sus organizaciones mixtas un
proyecto de cambio radical y que empiezan a articular la crítica al sistema
político y al capitalismo con la crítica al sexismo en los espacios de su
participación social y de su vida cotidiana” (p. 276)

Aunque trazar una genealogía del feminismo popular no es un objetivo de este trabajo,
es importante situarnos desde un punto de vista que reconoce que cualquier análisis
de alguna de sus expresiones debe asimilar su esencia plural, dinámica y relacional.

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“Del territorio al feminismo y del feminismo al territorio”: las mujeres campesinas de argentina en el segundo foro
feminista popular y latinoamericano

Se trata de un movimiento social que alberga una enorme diversidad de variantes,


protagonistas, recorridos, agendas y modos de articular las luchas de las mujeres con
las otras dimensiones de la desigualdad social.
Otros trabajos sobre las trayectorias de los feminismos populares o autónomos en
el país han marcado cómo muchas mujeres que participan de las luchas sociales van
deviniendo, en el proceso mismo, feministas populares (Gago, 2019; Díaz Lozano,
2020). Sin embargo, este proceso no es lineal y la mayoría de las veces las mujeres
inicialmente no se reconocen explícitamente como feministas, sino que luego, durante
sus propias trayectorias, van abrazando este posicionamiento, a la vez que plantean
sus propias continuidades y rupturas con las corrientes anteriores. Entre los ejes que
demarcan la identidad política del feminismo popular, se destaca la ampliación de las
temáticas de discusión respecto del feminismo más clásico, abarcando debates que
incluyan la relación entre el género y las tierras, el territorio y las prácticas, tradiciones
y demandas de las comunidades u organizaciones más amplias que ellas integran.
Asimismo, los feminismos populares suelen insistir en que la lucha no es “contra los
hombres”4 sino contra el patriarcado como sistema opresor, trayendo como corolario
propuestas de despatriarcalización, autonomía y soberanía más vinculadas a las
posibilidades de preservar y mejorar las propias condiciones de vida, y de articular
con otras luchas sociales. Por último, los feminismos populares suelen dialogar con
la crítica decolonial, cuestionando la mirada individualista de la modernidad, que no
considera las relaciones de interdependencia con el ambiente y sus agentes humanos y
no humanos (Svampa, 2015; 2008).
En este sentido, también las perspectivas ecofeministas (Puleo, 2008) han calado hondo
entre los feminismos populares (especialmente en zonas rurales, periurbanas y en
territorios de comunidades indígenas), cuyas cotidianidades se entrelazan de manera
más directa con la naturaleza, ya sea por la dependencia de la propia producción de
alimentos, o por emplazarse en territorios más perjudicados por la contaminación, el
conflicto territorial y la destrucción ambiental (Cusicanqui, 2018; 2010). En América
Latina, los proyectos de desarrollo basados en la lógica extractiva (desde la explotación
de hidrocarburos al agronegocio) impusieron cambios drásticos en los territorios y
poblaciones desde las cuales emergen estas luchas feministas (Cruz Hernández, 2019).
Por tanto, a medida que el neoliberalismo ha ido avanzando, dichas identidades se han
ido imbricando con otras luchas, y con una especial atención a la cuestión del territorio,
el ambiente y la comunidad. De allí que para Ulloa (2014; 2016) sea central pensar
estos procesos desde la idea de “feminismos territoriales”, aludiendo a la centralidad
que tiene la disputa territorial-ambiental en las organizaciones políticas lideradas por
mujeres indígenas, afrodescendientes y campesinas que comparten el hecho de habitar
enclaves del neoextractivismo. Estas propuestas también comparten la ética de cuidado
hacia el cuerpo y la naturaleza, basándose en una visión de continuidad de la vida
articulada a sus territorios o un ethos comunitario (Cabnal, 2010), basado en el cuidado,
el sostenimiento de la vida, el cooperativismo, la reciprocidad y la eco-dependencia.
De igual manera, proponen la defensa de actividades cotidianas de subsistencia, de

4
Formulación que fue retomada desde distintas versiones de los feminismos latinoamericanos de la
lideresa minera boliviana Domitila Barrios de Chungara en el contexto de su defensa de la lucha conjunta
de mujeres y hombres contra la explotación laboral, en la década de 1970, la cual quedará reflejada en su
libro testimonial “Si me permiten hablar” (Zavala Virreira, 2015).

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autonomía alimentaria y de sus modos de vida que articulan tradiciones ancestrales


con alternativas creadas de manera más contemporánea. También, estas propuestas
plantean una distancia crítica frente a la visión dualista y jerárquica propia de Occidente
como humanidad-naturaleza/ mente-cuerpo y a su lógica de dominio, superación y
avasallamiento de unas sobre otras. Así, las visiones ecologistas y ambientalistas de los
feminismos resultan liberadoras, alternativas y más afines a las realidades e intereses
de quienes viven afectados por el despojo y en conexión con entornos, tradiciones y
lógicas alejadas de los proyectos de acumulación de capital a expensas del avance sobre
territorios y poblaciones (Agarwal, 2020).
En el caso de los feminismos indígenas en el país, Gómez (2020) también ha analizado
de qué modo el Movimiento de Mujeres por el Buen Vivir viene desarrollando una
política de identidad con anclaje territorial, con estrechas similitudes y puntos de
contacto con el feminismo campesino y popular. En gran parte, esto se explica a
partir del contexto de extractivismos que le es común a las distintas regiones rurales
y comunidades (campesinas o indígenas) que venimos detallando. Tanto las mujeres
indígenas de las zonas andinas frente a los enclaves mineros como las campesinas
santiagueñas en el monte arrasado por los monocultivos transgénicos y la ganadería
denuncian los impactos de dichas lógicas extractivistas en territorios rurales habitados
por sus familias y comunidades desde tiempos en ciertos casos incluso pre estatales.
Dichas tierras eran catalogadas, desde la lógica mercantilistas como “improductivas”
hasta hace unas pocas décadas, y sólo recientemente fueron puestas en valor, a partir
de la estrategia de los estados latinoamericanos en el mercado global. También, el
estrecho vínculo entre las demandas de género y la lucha territorial y comunitaria hace
que unas y otras compartan ciertas formas no convencionales de politizarse, tales como
la espiritualidad, muy presente en sus discursos políticos. Pese a estas coordenadas en
común, las diferentes trayectorias políticas y la imbricación de coyunturas y luchas
específicas también han dado lugar a una diversidad de formas y lenguajes que hacen
a sus propuestas, agendas y demandas específicas como mujeres indígenas o mujeres
campesinas5.
En el caso de los feminismos de raigambre campesina, más específicamente, han sido
centrales dos organizaciones que surgieron en la década de los noventa y hoy poseen
una enorme importancia política y aglutinadora de gran parte de las organizaciones
rurales: el movimiento internacional La Vía Campesina (LVC), creada en 1992, y la
Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones Campesinas (CLOC), fundada
en 1994. Dada su tamaña magnitud, el “feminismo campesino y popular”, que
viene desarrollándose hace más de 20 años, se ha ido nutriendo de la pluralidad de
identidades políticas de las mujeres (agricultoras, campesinas, rurales, indígenas, y
otras), que tienen en común la vida y el trabajo del campo, lo cual le otorga un carácter
fuertemente internacionalista y multicultural que asume los distintos tiempos y
procesos locales que lo conforman (Susial Martín, 2020).
Aún queda mucho por delante en el debate académico acerca de las adscripciones,
identidades y categorías que quieren ser representativas de sujetas emergentes que nos
resultan contemporáneas ¿Quién nombra a quién? ¿Cómo podemos contribuir desde la

5
Para profundizar en esto ver Gómez (2014, 2020) para el caso de las mujeres indígenas y trabajos
previos de mi autoría (2017b) sobre la trayectoria de las feministas campesinas.

- 82 -
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“Del territorio al feminismo y del feminismo al territorio”: las mujeres campesinas de argentina en el segundo foro
feminista popular y latinoamericano

academia a pensar estos procesos? ¿Sobre qué violencias epistémicas deberíamos estar
especialmente alertas a la hora de interpretar experiencias que como investigadoras
blancas y urbanas nos exceden? ¿De qué modo nos interpelan y nos ubicamos frente
a ellas? Estos interrogantes se inscriben en una tradición de etnografía feminista que,
cuestionando la autoridad científica de raigambre masculina, se posiciona explicitando
las incertidumbres, el carácter “no cerrado” del proceso etnográfico y la necesidad
de una constante y rigurosa reflexividad durante todas las partes de la investigación
(Abu-Lughod, 1990; Gregorio Gil, 2006). Aquí, esta perspectiva es recuperada para
alojar mi propuesta de enfatizar en el carácter dinámico y polifacético de los procesos
políticos e identidades del feminismo campesino y popular y de otros feminismos
que comparten algunos rasgos comunes y algunas diferencias. Considero que estas
expresiones políticas, desde las diferentes geografías olvidadas de Argentina y de la
región latinoamericana, deben ser analizadas acompañando al modo en el que las
propias sujetas parecen elaborarlas: en diálogo, con tensiones, con flujos, con demandas
compartidas, con aportes múltiples, con discusiones, con distancias y con todo aquello
que ocurre cuando se trata de caminos que se entrelazan.

Las mujeres campesino-indígenas en el segundo foro feminista popular y


latinoamericano: la olla política
En junio de 2022 asistí, invitada por algunas referentas de [Link], al Segundo Foro
Feminista Popular y Latinoamericano que tuvo lugar los días 24 y 25 de ese mes en la
localidad de La Banda, en la provincia de Santiago del Estero.
El evento fue convocado por un conjunto de agrupaciones sociales, la mayoría
provenientes de grandes movimientos nacionales de raigambre popular urbana6, y otras
tantas más pequeñas de nivel provincial y municipal abocadas a la pequeña producción y
comercialización de productos regionales y/o agroecológicos. Se trataba principalmente
de organizaciones de izquierda o centro-izquierda afines (no sin tensiones y relativas
autonomías) al gobierno oficialista del Frente de Todos, cuyo alineamiento mediante la
participación en el mismo Foro de funcionarias vinculadas al Ministerio de las Mujeres,
Géneros y Diversidad de la Nación, tales como la ministra Elizabeth Gómez Alcorta,
Cecilia “Checha” Merchán, o Dianna Broggi, entre otras figuras relevantes. Por último,
si bien la convocatoria tuvo una marcada preponderancia de las referentas locales, se
incluyó la presencia (muy esperada por quienes asistían) de importantes y referentas
feministas de otros países de América Latina, como Adriana Guzmán de Bolivia y Edith
Lisbet Julca de Perú. Entre los objetivos centrales que remarcaba el evento desde sus
formatos de difusión, se encontraba el de “que lxs participantes reflexionen a nivel
regional y federal sobre las temáticas que atraviesan la cotidianeidad e incorporen
herramientas de análisis desde una perspectiva feminista, interseccional, antirracista
y respetuosa del género”7.
Tanto la mesa de presentación como los diferentes paneles temáticos combinaban
exposiciones tanto de referentas políticas del ámbito popular como de espacios

6
La presencia mayoritaria estaba conformada por grandes organizaciones a nivel nacional tales como
Movimiento Evita, Barrios de Pie, Movimiento de Trabajadores Excluidos, D.I.V.A.S, Pueblo Unido y Ni
Una Menos, entre otras.
7
Extracto de comunicaciones difundidas mediante redes sociales.

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de la política oficial, siendo incluso que algunas referentas ocupaban lugares en


ambos ámbitos, sin hacer mayores distinciones que la presentación individual de las
expositoras. Así, el foro hacía uso de una modalidad que desdibujaba o procuraba
articular estos límites. Estos paneles recorrían diferentes ejes temáticos vinculados
a las problemáticas de los feminismos populares, los cuales se identificaban como:
Territorios, Política, Justicia, Disidencias sexuales, Infancias y Juventudes, Educación,
Comunicación, Salud, Espiritualidad, Organización sindical, Economía popular,
Cultura y Mujeres Campesinas y Originarias.
Además de tener protagonismo al interior de la organización general del Foro, las
mujeres de [Link] ocuparon un lugar clave que se manifestó desde la ceremonia
oficial de apertura del evento. Ellas estuvieron encargadas de dirigir y acompañar a
otras referentas a presentarse de manera ritual mediante el formato de “la mística”,
tradicional en las organizaciones campesinas y populares de La Vía Campesina, en
la cual se invita a expresar las diferentes demandas políticas, para luego realizar una
ofrenda a la Pachamama mediante alimentos y nutrientes colocados en una gran olla
(Foto1). Luego, a esto se agregó la presencia de la referenta Deolinda “La Deo” Carrizo
en la Mesa de Inauguración.

Foto 1. Apertura del Foro Feminista Popular y Latinoamericano mediante la ceremonia de “mística”
dirigida por las mujeres campesino-indígenas de [Link]. Foto de la autora.

La centralidad que tuvo Deolinda Carrizo como referenta del [Link] y del feminismo
campesino y popular en un evento que nucleaba y articulaba tanto a personalidades
vinculadas a espacios de la política oficial como a activistas del campo popular,
resulta clave para comprender esta participación en el marco de una acción política
más amplia. Deolinda y otras mujeres campesinas que actúan de modo conjunto en
los eventos dirigidos hacia el exterior de las comunidades (entre ellas Leticia Luna,
también expositora en este Foro) se han convertido, aunque dentro de la estructura
de horizontalidad que propone el [Link], en sujetas portadoras de un gran carisma
y legitimidad, por varios motivos. La mayoría de ellas están nucleadas a la Central
Campesina Quimilí (en la cual he desarrollado mi trabajo de campo), que es una de las
referencias (física y simbólica) de la conformación original del Movimiento, el cual desde
sus orígenes cuenta con agentes externos al mundo agrario santiagueño, inicialmente

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“Del territorio al feminismo y del feminismo al territorio”: las mujeres campesinas de argentina en el segundo foro
feminista popular y latinoamericano

considerados como “técnicos” o “manos blandas”. En el caso de Deolinda, y también en


los otros casos como el de Leticia, se trata por el contrario de integrantes “históricas”
que no solamente han estado presentes desde los inicios del Movimiento, sino que se
han formado políticamente desde muy jóvenes acompañando el derrotero de la lucha
política del [Link] (Pena, 2022b). Al día de hoy, a pesar de su intensa actividad
política, conservan el modo de vida rural y participan activamente de los espacios
políticos internos tales como la escuela de agroecología y las pasantías vivenciales que
organiza el [Link]. Este hecho, sumado a la potencia de sus recursos subjetivos para
la oralidad y la expresión política en público, le brinda potencia y autenticidad a las
realidades y a los reclamos que denuncian, y a la categoría de “mujeres campesinas” y
de “feminismo campesino” en tanto identidades políticas.
Tal como analicé en el trabajo previo que ya he mencionado (Pena, 2022a) este conjunto
de mujeres viene desplegando un conjunto de estrategias vinculadas a lograr alianzas
transversales con múltiples sectores sociales, y durante el contexto de la pandemia por
COVID-19 han reforzado su vínculo con sectores urbanos más sensibilizados respecto
de las problemáticas ambientales. Organizaron y participaron de una multiplicidad
de acciones (conversatorios, entrevistas, paneles y otros varios formatos) en las
cuales desplegaban una cantidad de consignas que construían su propio modo de
vida como alternativa a aquel que desde varios imaginarios pronunciaba su agonía y
responsabilidad frente a la crisis socioambiental. También fomentaron su interlocución
con distintas universidades y usinas de pensamiento argentinas y latinoamericanas8,
con sectores sindicales y gremiales de trabajadores asalariados urbanos, con medios
periodísticos alternativos y con observatorios no gubernamentales atentos a las
problemáticas sociales y ambientales. En estos ámbitos, las mujeres campesinas
plantearon, entre otras cuestiones, la vinculación del campesinado con la producción
de alimentos saludables y la seguridad alimentaria o (más genéricamente) la defensa
de la vida; recurriendo a su rol de “mujeres campesinas” como sujeto protagónico de
dichas alternativas.
Así, mediante la participación de Deolinda Carrizo en el Foro que estamos tratando
aquí, se puede observar no solamente la continuidad de este accionar estratégico sino
la integración del ámbito de la política oficial como parte de este entramado de alianzas
y como locus desde el cual desplegar y procurar instalar sus propias demandas en el
marco de los reclamos populares. El hecho de que Deolinda, además de referenta del
[Link] y MNCI, ocupe un cargo en el ámbito de la política oficial, en la Secretaría de
Agricultura Familiar, Campesina e Indígena9 da cuenta –precisamente– del hecho de
que la lucha campesina que representan busca ampliar y fortalecer los horizontes de
la articulación política, incluyendo las alianzas con la política gubernamental y con los
sectores del campo popular más amplio.

8
Algunas de ellas fueron: Universidad de Buenos Aires, Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales
(CLACSO), Universidad Latinoamericana de las Periferias o la Usina del Pensamiento Nacionl y Popular.
9
Deolinda Carrizo es actualmente la directora de Género e Igualdad de la Dirección Nacional de
Fortalecimiento y Apoyo a las Organizaciones de la Agricultura Familiar, Campesina e Indígena

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Algunas claves del discurso político feminista y campesino: el territorio en


el centro
La exposición de “La Deo” en la Mesa de Apertura del Foro, que provocó el silencio
atento y generalizado de la totalidad del predio, trazó los ejes centrales de la propuesta
feminista campesina, que luego fue desplegada en las distintas exposiciones de sus
compañeras de organización en las mesas temáticas.
Desde lo que aquí observo como un claro posicionamiento político, en cada una de
sus palabras brotaba “ruralidad”. No se escatimaba en hacer alusión a imágenes,
terminologías, faenas o entornos del campo –cuestión que para quien conoce a la
referenta puede interpretar como una estrategia recurrente y con cierto sentido del
humor para “hacer presente al campesinado-indígena” cuando se dirige a públicos más
urbanos. En este mismo plano, la encargada de abrir el Foro en tanto exponente del
feminismo campesino y popular, se ocupó de dejar en claro cuál es el tema que para ellas
no puede escindirse del feminismo: la lucha por la tierra. En este sentido es que resaltaba
el nombre del sujeto político que las aglutina: “mujeres de la agricultura campesina,
indígena y familiar” (“el cual hay que nombrar y exigir que sea nombrado, aunque
suene largo o les cueste”, indicó). Se trata, por un lado, de un sujeto ligado de manera
indivisible a su territorio y a sus comunidades. Por eso, Deolinda también enfatizaba,
“no es una competencia contra el compañero, es una lucha contra el patriarcado que se
reproduce también en nuestras comunidades”. Y, por otra parte, se refiere a un sujeto
político que es productor de alimentos y a su vez quien sufre de manera más directa
y descarnada los efectos del modelo neoliberal y del neoextractivismo agrario que
produce hambre, pobreza, injusticia ambiental y deterioro de la salud y de la vida en
general. De allí que la noción de feminismo campesino venga en éste y otros discursos
ligada a las ideas de soberanía alimentaria, de ecologismo y de reforma agraria integral.
El “feminismo” es presentado como una idea de transformación integral y necesaria
para la construcción de una “vida digna”, de vínculos más justos, e inseparable de las
propuestas de autonomía y libertad.
En este punto, es relevante colocar este discurso en el marco de las instancias etnográficas
que vengo describiendo y analizando durante los últimos años, especialmente siguiendo
el derrotero de las participaciones públicas de Deolinda Carrizo en distintos encuentros
y eventos en los cuales se dirige a sectores ajenos al contexto rural (feministas urbanas,
movimientos de trabajadores excluidos o de las periferias urbanas, estudiantes, jóvenes
ambientalistas, entre otros). Durante estas intervenciones, el feminismo campesino y
popular se enuncia como un sujeto colectivo que se opone a las lógicas neoliberales,
denunciando las múltiples consecuencias negativas no sólo para el campesinado sino
para el conjunto de los sectores populares (pobreza, crisis ecológica, incremento de
las desigualdades) y a la vez como una propuesta sistémica alternativa. Es por ello que
las principales categorías políticas construidas son de contestación al neoliberalismo:
oponen feminismo o ecofeminismo frente al patriarcado, agroecología en respuesta al
modelo extractivista, y soberanía alimentaria frente a la pobreza y al hambre (Pena,
2022a).
Resulta interesante también analizar estas cuestiones en la clave de lo que Álvarez,
Dagnino y Escobar proponen pensar como políticas culturales [cultural politics],
retomando el concepto de Jordan y Weedon (en Álvarez, Dagnino y Escobar, 1998)
y extendiéndolo al análisis de las intervenciones cotidianas de los movimientos

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“Del territorio al feminismo y del feminismo al territorio”: las mujeres campesinas de argentina en el segundo foro
feminista popular y latinoamericano

sociales latinoamericanos contemporáneos. De acuerdo con estos autores, cuando los


movimientos sociales “desarrollan concepciones alternativas de mujer, naturaleza,
raza, economía, democracia o ciudadanía, que transforman los significados dominantes,
están proponiendo cultural politics” (p. 7). Las prácticas culturales, como productoras
de nuevos sentidos, valores y subjetividades son importantes modos de redefinición y
disputa de lo político o -en términos de Slater (1998)- “guerras de interpretación” que
conforman una dimensión clave de lucha política más amplia (Slater, 1998).
En esta línea, encuentro que las palabras de cierre de la exposición de Deolinda,
también apuntan a esta práctica de construcción de sentidos alternativos, en la cual
la dimensión de las emociones ocupa un lugar clave. En dicho cierre, ella se ocupó
de reivindicar el rol de las resistencias cotidianas10 desempeñadas por las mujeres
campesinas de [Link], poniendo en relevancia el rol de las emociones en la
construcción política (un asunto arduamente elaborado en la trayectoria del [Link].
SE). Destacar el rol de las emociones motorizando las resistencias cotidianas (Jaspers,
2012) puede pensarse como otra de las herramientas que las referentas políticas de
[Link] emplean a la hora de comunicar su experiencia a otros públicos y manifestar
autenticidad y legitimidad, además de tejer lenguajes políticos comunes, tal como
también lo demuestra la ceremonia de la “mística” (Foto 1). Todas estas cuestiones
apuntan, fundamentalmente, a sostener y destacar el carácter integral de la lucha
feminista a la cual adhieren, la cual resulta inseparable de la lucha territorial y colectiva
que representan:

“Cuando una de nuestras compañeras más jóvenes participa y luego nos


pregunta: “¿lo habré dicho bien?”. Lo has dicho bien, lo has dicho excelente,
porque tu corazón está ahí, porque lo que moviliza es lo que sientes y lo
que construyes todos los días, y eso es el feminismo: un proyecto político,
de transformación social, de nuevas relaciones de género, de construir
una sociedad más justa para nuestros pueblos” (24 de junio de 2022,
desgrabación de campo).

Otra de las exposiciones que condensa en gran parte la impronta campesino-


indígena dentro de los feminismos populares tuvo a cargo a la referenta Leticia Luna,
mujer campesina proveniente de la localidad de Quimilí, en la Mesa “Feminismos
y espiritualidad”. Si bien se trató de un discurso que puede ser abordado desde una
multiplicidad de intereses, aquí me interesa hacer mella en la cuestión sobre la cual
vengo argumentando: la unidad del feminismo con la lucha territorial. Nuevamente,
desde la reflexión en torno a la dimensión espiritual, la referenta de [Link] trajo
a la discusión la centralidad de los vínculos con la tierra y con el entorno natural.
“La espiritualidad a nosotras nos la da la naturaleza”, indicaba de manera recurrente
mientras aclaraba que intentaba poner en palabras algo que las mujeres que habitan
territorios rurales “ya saben” pero no pueden explicar. Para ello aludía “saberes”,
“intuiciones” y especialmente a la noción de fuerza (discutiendo con la idea hegemónica
de que la mujer es “el sexo débil”) que provenía de la conexión con la naturaleza y

Sobre género y resistencias políticas cotidianas o “mico-políticas”, ver Scott (1986) y la línea de estudios
10

más recientes que retoman esta perspectiva: Dyck (2005) o Jenkins (2017), por ejemplo.

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también a sensaciones como cobijo o empatía. Pero, más allá de aludir a la conexión de
las mujeres campesinas con su territorio y entorno natural, también se hizo hincapié
en cómo esta forma de espiritualidad pensada a modo de saber y de “fuerza” les ha
sido despojada por parte del patriarcado y de la lógica neoliberal y extractivista, la
cual debe ser recuperada a través de la organización colectiva y de la lucha social. En
esta línea, se opuso la noción de espiritualidad de las mujeres campesino-indígenas
en tanto cosmovisión orientada al cuidado y a la solidaridad –destacando las acciones
de asistencia hacia otras familias campesinas y hacia animales y plantas llevadas a
cabo de manera diaria por las mujeres “del monte”– frente a la lógica individualista
y expoliadora. A modo de cierre de su presentación, Leticia sostuvo: “el feminismo es
otra forma de ser”.
Por último, quiero destacar la exposición de la abogada y militante María José
Venancio, en la Mesa “Feminismos y reforma judicial” (que compartía en este caso con
referentas transfeministas de la Ciudad de Buenos Aires), que también hace referencia
al carácter polifacético de las identidades “feministas campesinas”, las cuales también
incluyen alianzas con militantes de procedencias urbanas que se presentan como parte
del [Link].
Esta participación también apuntó a incluir cuestiones que suelen estar ausentes de las
agendas urbanas, esta vez empleando un lenguaje de derechos frente a las violencias
por motivos de género. Su exposición se detuvo en tres problemáticas claves: a) el
acaparamiento de tierras y la injusticia ambiental como principal forma de violencia
contra las mujeres en los entornos rurales; b) el derecho al agua y su impacto diferencial
en las mujeres; c) los vínculos entre los feminismos y la commoditización de las
semillas. De manera transversal, mediante estas preocupaciones y desde el concepto de
“derecho a vivir dignamente”, se remarcaba la necesidad de una perspectiva más amplia
que considere a las mujeres y disidencias en el marco de sus territorios, comunidades
e interacciones con agentes sociales, naturales y ambientales. Así, por ejemplo, se
explayó en casos puntuales de denuncias iniciadas por parte de la organización sobre
enfermedades y abortos espontáneos causados en mujeres gestantes por efecto de
las fumigaciones sobre sus territorios. La abogada y militante también señaló cómo
las sequías y la escasez de recursos acuíferos –producto de los cambios ambientales,
pero también como formas de amenaza por parte de empresarios del agronegocio–
provocan la consiguiente muerte de los animales que forman parte del sustento de
los hogares campesinos del [Link], vulnerando así el derecho al alimento. Y, por
último, también aludió a iniciativas recientes que intentan oponerse a la privatización
de las semillas por parte de grandes corporaciones del agronegocio, recalcando el rol
tradicional de las mujeres en los procesos de selección y cuidado. De esta exposición,
podemos inferir que las mujeres campesino-indígenas se proclaman y demandan ser
consideradas por el feminismo y el campo popular más amplio: 1) en tanto sujetas
generizadas y racializadas y, 2) como parte de un entramado socio-ecológico en crisis
que incluye relaciones de desigualdad y condiciona el acceso y vínculo con agentes no
humanos o de “la naturaleza”, haciendo hincapié en la cuestión de la tierra.
Siguiendo estas consideraciones, creo que una de las cuestiones que aún siguen presentes
y que las mujeres de [Link] están activamente ocupándose de zanjar tiene que ver
con la heterogeneidad del movimiento popular de mujeres y disidencias, que no sólo
provoca distancias (por ejemplo, en cuanto a agendas), sino también –por qué no–

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“Del territorio al feminismo y del feminismo al territorio”: las mujeres campesinas de argentina en el segundo foro
feminista popular y latinoamericano

antagonismos, como ha sido analizado para otros países de la región (Espinosa Damián,
2011). Los problemas que acucian a las campesinas en conflicto territorial en Santiago
del Estero no son los mismos que aquellos que los de las mujeres trans en situación de
precariedad legal y emergencia habitacional en las periferias de una metrópolis como
Buenos Aires, ni tampoco los de las mujeres que son recicladoras urbanas de residuos
y a su vez participan de organizaciones mixtas de enorme envergadura y peso político a
nivel nacional. Pero tampoco lo son los lenguajes, categorías y lugares de enunciación.
Algo de esto estuvo presente a la hora de conformar los paneles temáticos, en los
cuales cada participante se expresaba de acuerdo a sus propios modos de denuncia,
corporalidades y preocupaciones desde la propia experiencia subjetiva y política11.
En este marco, las mujeres campesinas fueron siempre contundentes durante sus
pronunciamientos, al hablar desde sus propias realidades y recalcando con orgullo
sus lenguajes y conceptos propios. Constantemente se ocupaban de traer al centro la
problemática de la tierra y la defensa territorial como asuntos fundamentales de la lucha
feminista y popular, denunciando los frecuentes desalojos y amenazas de las que eran
víctimas, e insistiendo con sus propias propuestas de reforma agraria, agroecología
y soberanía alimentaria. Muchas veces las exposiciones también “explicaban” a
otras (llamadas hermanas o compañeras) de qué trataba la vida “monte adentro”: el
sufrimiento de ver que sus animales se morían de sed, por ejemplo, o el hecho de notar
nuevas enfermedades en las infancias luego de temporadas de fumigaciones. Además,
mencionaban a sus plantas medicinales preferidas, y expresaban su profundo afecto
hacia el entorno en el que viven. Pero no hablaban a una audiencia completamente
otra: se sabían dirigiéndose a mujeres y disidencias que sabían de las múltiples formas
de violencias y desigualdades entrecruzadas en sus cuerpos y territorios.
Así, en un auditorio conformado por sujetos/as/es que visiblemente provenían de
realidades geográficamente distantes, y que traían distintas identidades y reclamos, el
lenguaje político común era construido desde el hecho de compartir el sufrimiento y la
lucha ante las mismas opresiones por el hecho de ser cuerpos generizados y racializados
de América Latina. No sólo las unía la categoría “mujer” o “disidencias” sino mucho
más: el ser (mujeres y disidencias) parte de una misma población excluida, marginada
y despojada desde realidades distintas, quizás, pero producto de los impactos que
el mismo modelo neoliberal y neoextractivista genera en el Sur Global. Por último,
aquí, lo “popular” funcionaba como categoría política aglutinadora y articuladora
de las luchas de clase con la lucha por transformar las relaciones de subordinación
que pesan sobre mujeres y disidencias. A partir de ello, las diferentes identidades
subordinadas (indígenas, campesinas, trabajadoras excluidas, travestis en condiciones
de precariedad, etc.) son alojadas en un horizonte de cambio que sólo será posible de
manera “popular”, junto al pueblo, “desde abajo” y no sólo para las mujeres. Y de allí
también la relevancia de recuperar la idea de que “la lucha no es contra los hombres
sino con los hombres en contra del patriarcado”.

11
Un análisis exhaustivo de las participaciones, enunciados y diálogos de todos los actores sociales
presentes en el Foro excedería los límites y objetivos de este artículo, resaltando que aquí lo que nos
interesa señalar es el modo en el que las referentas del feminismo campesino y popular aludían a sus
interlocutores desde sus propios lugares de enunciación y su propio posicionamiento político.

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Foto 2. Grupo de asistentes al Foro, en el predio del Nodo Tecnológico de La Banda, Santiago del Estero.
Foto de la autora.

Cuerpos-territorio del feminismo campesino y popular en argentina: la


corporalidad como locus de alianzas
Las nociones de feminismo territorial y de cuerpo-territorio resultan clave a la hora
de profundizar en la reflexión en torno al accionar político del feminismo campesino y
popular en Argentina, y más específicamente alrededor de las estrategias de articulación
política de las mujeres de [Link] en la coyuntura que desarrollamos aquí.
La idea de cuerpo-territorio, difundida por Cabnal (2010), tiene un origen qué aún no
ha sido trazado de manera precisa en la bibliografía especializada, pero que viene siendo
nombrado y recuperado por diferentes expresiones de mujeres feministas comunitarias,
indígenas y rurales de América Latina y el Caribe que se encuentran en la defensa de sus
territorios (Gómez, 2020; Trentini y Pérez, 2022). Aquí retomamos especialmente el
abordaje que, tal como resume Haesbaert (2020), al vincular el territorio a la escala del
cuerpo, ha atendido a la corporeidad -al mismo tiempo-, como objeto de ejercicio del
poder y como sujeto (corporificado) de resistencia. Las autoras latinoamericanas y los
movimientos de mujeres que hacen uso de este concepto coinciden en el planteamiento
del cuerpo-territorio como una unidad ontológica. Desde una perspectiva feminista
descolonial, la unidad cuerpo-territorio apunta a desenmascarar una misma lógica
patriarcal y neoliberal detrás de las violencias, despojos y expropiaciones sobre los
territorios rurales –producto de los proyectos extractivistas– y sobre sus propios cuerpos
generizados. Pero al mismo tiempo, el hecho de resignificar la idea de territorio como
un espacio a defender implica reapropiarse de la alianza entre la tierra y la corporalidad
como locus desde el cual construir y recuperar los propios sentidos, saberes y modos
de vida (Cabnal, 2010; Cruz Hernández, 2016; 2019, Zaragocin, 2017). Como sugiere
Cruz Hernández (2016):

“…la articulación de cuerpo-territorio […] nos ayuda a mirarnos


territorialmente desde distintas escalas. Puesto que pone énfasis en la escala
más micro, más íntima, que es el cuerpo. Donde nuestro cuerpo es el primer
territorio de lucha. No obstante, consideramos que el cuerpo femeninos
y otrxs cuerpos disidentes son la plasmación de muchas otras escalas de

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“Del territorio al feminismo y del feminismo al territorio”: las mujeres campesinas de argentina en el segundo foro
feminista popular y latinoamericano

opresiones, de resistencias: familia, plaza pública, comunidad, barrio,


organización social, territorio indígena, etc. La relación entre el cuerpo y
estas otras escalas genera una potente dialéctica entre nuestra existencia y
las relaciones que la unen a los territorios que habitamos” (p.43-44).

Esta porosidad del término cuerpo-territorio es a su vez temporo-espacial si pensamos


en la categoría de corporalidad como “lenguaje estructural que traspasa el cuerpo”,
siguiendo a Lindón (2012) y -como he sugerido en un artículo anterior- en cuerpos que
a su vez son habitados en relación a memorias de tiempos pasados y a futuros creados
de manera colectiva (Pena, 2022b).
La relevancia teórica de este concepto, de cara a los fines argumentativos de este trabajo,
recala justamente en la idea de indivisibilidad, que las mujeres campesino-indígenas
de Santiago del Estero –y más específicamente de las referentas del [Link]– no se
cansan de enfatizar. Durante estos años de trabajo de campo he podido observar de qué
manera ellas se van apropiando y van discutiendo y ensayando diferentes identidades
políticas y de luchas, especialmente atendiendo a la categoría de “feminismo”. Puedo
afirmar que no es hasta que resuena con la propia experiencia que aquellos nombres,
primero ajenos, que se oyen y resuenan desde espacios compartidos con “otras y otrxs”,
comienzan a ocupar más espacio y peso en sus discursos, propuestas, manifestaciones
públicas y las distintas maneras de expresión política.
La indivisibilidad que nos propone este término posee para el caso de las mujeres de
[Link] una encarnadura en varias capas: 1) De manera más directa y evidente, la
experiencia política de defender los territorios pero también los hogares y vidas de
ellas y sus familias frente los modos de violencias físicas más concretos (desalojos,
incendios provocados, enfrentamientos a manos de “bandas armadas”, avances con
topadoras, entre otros modos del acaparamiento de tierras) no podría dejar al cuerpo
fuera de nuestro análisis ni de sus propias identidades como sujetas políticas. El cuerpo
es protagonista de la escena política. 2) En una segunda escala, en línea con la idea de
cuerpo-territorio elaborada desde el feminismo descolonial y comunitario (Paredes,
2011), también las referentas del [Link] se inscriben en una trayectoria política
y subjetiva en la que los daños han sido producidos sobre sus cuerpos biológicos y
sobre el territorio en el que viven como un todo, del mismo modo en el que sus deseos
y resistencias no resultan pensables sin esta totalidad. 3) Por último, en un nivel más
íntimo, tal como se desprende de los discursos presentes en el apartado anterior, la
vivencia subjetiva de sus propios cuerpos está afectada por emociones y pensamientos
que los trascienden y conectan con un todo más amplio. “El patriarcado nos hizo creer
que la mujer es débil, pero nosotras sabemos que la naturaleza nos da fuerzas, esa fuerza
siempre ha estado y está allí, aguardando para resurgir”, expresaba una de las lideresas
en el Foro, a modo de ejemplo. La espiritualidad, a su vez ligada estrechamente con
cuestiones materiales y cotidianas, también resuena en el concepto de cuerpo-territorio
como unidad y como locus de enunciación política. Se trata de un cuerpo-territorio
habitado en conflictividad, en precariedad y trazado por muchas formas de riesgos y
violencias, pero también de manera deseante.
Así pues, el feminismo campesino y popular en Argentina es un feminismo que hoy se
pronuncia políticamente desde la defensa del territorio en el centro de su reclamo y de
su identidad a la hora de interlocutar con otros actores y de disputar en las arenas de

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la política, incluyendo los ámbitos estatales. El cuerpo-territorio es una unidad desde


la cual construir lenguajes de alianza con el movimiento feminista: la violencia y las
injusticias hacia sus territorios son también hacia sus cuerpos generizados, así como
también son corporizados los deseos y modos de vida que defienden. A su vez, se trata
de un feminismo que se enuncia reivindicando su origen y esencia territorial campesina
e indígena, pero que les habla directamente a otros sectores populares en tanto parte
de una misma población y de una misma lucha: la contestación a la lógica neoliberal
y patriarcal que está liderando los procesos de neoextractivismo y profundizando
los despojos y desigualdades. Recuperando nuevamente el pronunciamiento de la
referenta Deolinda Carrizo:
“La libertad y soberanía de nuestros pueblos no será posible sin el feminismo, sin
nosotras, las mujeres, garantes de los alimentos. No será posible esa soberanía,
autonomía y libertad para nuestros pueblos sin una reforma agraria, integral y popular.
Indiscutiblemente tiene que ser feminista” (24 de junio de 2022, desgrabación de
campo).

Comentarios finales
A lo largo de estos desarrollos procuré exponer mi análisis de una parte del accionar
político llevado a cabo por las mujeres del feminismo campesino y popular en el actual
contexto de avance sin freno del agronegocio extractivista en Argentina, tomando
como referencia central sus expresiones durante el Segundo Foro Feminista Popular
y Latinoamericano. Considerando que se trata de posicionamientos trazados por
una multiplicidad de marcas de la desigualdad social, disputas e identidades (que
en su mayoría son subalternizadas por más de una razón, ya sea la pertenencia
étnica o el género, entre otras), el desafío que asumen no es menor. A partir de los
pronunciamientos políticos y debates desplegados por las referentas campesino-
indígenas de [Link] durante este evento, se pone de manifiesto su intenso diálogo
hacia el movimiento feminista más amplio en Argentina y en la región, y especialmente
hacia los feminismos populares. Aquí, observamos que la apuesta de las campesinas no
tiene un sentido único sino un conjunto de reclamos heterogéneos pero que confluyen
en la propuesta de instalar la lucha territorial y ambiental en la agenda feminista y
popular más amplia. Desde allí, enuncian su construcción identitaria como parte
de un entramado socio-ecológico indivisible que grita desde una profunda crisis en
la sostenibilidad de su modo de vida, y que promulga un giro de perspectiva que no
considere a “las mujeres” como sujetas individuales, sino que abrace una mirada total
los vínculos sociales, económicos y también naturales y ambientales.
El feminismo y la noción de popular funcionan como categorías políticas aglutinantes
desde las cuales desplegar puentes y alianzas con otras luchas sociales y con
determinados espacios de la política gubernamental, y así lograr incluir al reclamo
territorial y ambiental dentro de las resistencias más amplias. Como una avenida de
doble mano, las corrientes impulsadas por las mujeres campesinas y populares no sólo
se dirigen al movimiento de mujeres, sino que también llevan los aportes y consignas
feministas a los sectores que empujan las resistencias territoriales en contra del modelo
extractivista y neoliberal (que en Santiago del Estero se expresa mayormente mediante
los proyectos de agronegocio). Por esto mismo, la categoría de cuerpo-territorio
resulta útil para pensar, en este caso, cómo el accionar político ocurre desde un locus

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“Del territorio al feminismo y del feminismo al territorio”: las mujeres campesinas de argentina en el segundo foro
feminista popular y latinoamericano

indivisible desde el cual las mujeres campesinas se identifican, se enuncian y actúan.


Tanto a la hora de pensar y comunicar las desigualdades y violencias que sufren, como
a la hora de proponer alternativas, deseos y direccionamientos de la lucha política, lo
hacen planteando su cuerpo-territorio como una unidad ontológica indivisible. Desde
allí construyen no sólo denuncias, sino la posibilidad del diálogo y la articulación
con las distintas expresiones del feminismo y de las luchas campesinas, indígenas y
populares. Esta alternativa feminista, campesina y popular se expresa hacia el afuera
como una forma diferente de imbricación con lo que Occidente ha dado en llamar “la
Naturaleza”, a partir de repensar los vínculos con la alimentación, la salud, las redes
de interdependencia con animales y plantas, y el modo de habitar la tierra. De esta
manera, la indivisibilidad del cuerpo-territorio es una unidad no sólo de la explotación
sufrida sino de la red de interdependencias que se quiere recuperar, tejer y recrear,
enunciando una organización de la vida que no se piensa conformada por cuerpos
individuales y aislados. Los valores feministas clásicos de igualdad, de reciprocidad,
de derechos y de emancipación no pueden ser pensados de manera separada a todas
las otras luchas, relaciones y deseos que dan forma y mueven nuestras vidas, no nos
sirve, no nos resulta propio, pronuncian incansablemente las feministas campesinas y
populares.

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Mariela Pena es Doctora en Antropología Social por la Universidad de Buenos


Aires e Investigadora Asistente del CONICET, con filiación en el Instituto de
Investigaciones en Estudios de Género (FFyL-UBA). Investiga la participación
de mujeres en movimientos sociales territoriales, centrándose en el Movimiento
Campesino de Santiago del Estero. Es docente de grado y posgrado (UBA y
UNPAZ) y ha publicado su trabajo en distintas revistas especializadas.

- 96 -
C E CC H I
La antropología y el saber hegemónico sobre la descendencia y la pérdida de identidad mapuche en Río Negro
entre las décadas de 1960 y 1970

La antropología y el saber hegemónico


sobre la descendencia y la pérdida de
identidad mapuche en Río Negro entre
las décadas de 1960 y 19701,2
[ PAULA INÉS CECCHI]
Centro Interdisciplinario de Estudios sobre Derechos, Inclusión y Sociedad, Universidad
Nacional de Río Negro (UNRN). Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas
(CONICET).
paulainescecchi@[Link]

Resumen12
En este trabajo analizaré el proceso por el cual, a partir de la provincialización de Río
Negro en 1955, la categoría descendiente, el mestizaje y los discursos sobre la pérdida
de identidad mapuche se constituyeron como objeto de saber en general, y de la
Antropología en particular. La revisión de un conjunto de archivos de la década de
1970, que pertenecieron a la antropóloga Antonia Peronja, me ha llevado a reconocer
sentidos asociados a la categoría mencionada. Precisamente, la hegemonía provincial
refirió como descendientes a distintos sujetos mediante prácticas de violencia
epistémica y fijación, sustentadas en diacríticos sociales y raciales, y en la idea sobre
la pérdida de identidad. En aquel momento, apelando a tales diacríticos, los pueblos
indígenas fueron considerados como vestigios del pasado y los descendientes como
los sectores marginales de la sociedad. La categoría descendiente articuló así sentidos
sobre el mestizaje degenerativo y permeó las políticas asimilacionistas estatales, que
se orientaron a dejar morir a la población en tanto que indígena. La Antropología
tuvo un lugar central en la constitución del saber en torno a dicha categoría, asociada
localmente a la hegemonía de discursos conservadores, como parte de un contexto
histórico signado por la proscripción política.

1
Enviado: 20 de septiembre 2022. Aceptado: 15 de marzo 2023.
2
Esta investigación ha sido financiada por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas
(CONICET) a través de una Beca Interna Doctoral otorgada al proyecto “Procesos de visibilización de
comunidades mapuche y mapuche-tehuelche en la Zona Atlántica de la provincia de Río Negro, (2016-
2022)”. Asimismo, ha sido parcialmente financiada por los siguientes proyectos de investigación:
“Conflictos ideológicos, epistemológicos y ontológicos entre pueblos indígenas, académicos y Estados.
Reflexiones desde etnografías comprometidas colaborativas, políticas interculturales y humanidades
digitales” UBACYT 20020190100173BA (2020-2022), dirigido por Mariela E. Rodríguez; “Proyectos de
vida y migración en contextos rurales rionegrinos” PI 40-C-734 2019 UNRN (2019-2021), dirigido por
Javier Serrano; y “Territorialidad, relacionalidad y ancestralidad: Los procesos de organización política
de comunidades mapuche y tehuelche y los heterogéneos escenarios de estatalidad” PICT 2019-2019-
2642 (2021-2023), dirigido por Valentina Stella.

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Palabras clave: antropología, descendiente, políticas asimilacionistas, mestizaje

Anthropology and hegemonic knowledge about mapuche descendance and


loss of identity in Río Negro between the 1960s and 1970s

Abstract
In this paper I will analyze the process by which, starting with the provincialization
of Río Negro in 1955, the category descendant, mestizaje and the discourses on the
loss of Mapuche identity were constituted as an object of knowledge in general, and of
the Anthropology in particular. The review of a set of archives from the 1970s, which
belonged to the anthropologist Antonia Peronja, has led me to recognize meanings
associated with the mentioned category. Precisely, the provincial hegemony referred to
different subjects as descendants, through practices of epistemic violence and fixation
based on social and racial diacritics, and on the idea of ​​loss of identity. At that time,
appealing to such diacritics, the indigenous peoples were considered as vestiges of the
past and the descendants as the marginal sectors of society. The category descendant
thus articulated meanings about degenerative miscegenation, and permeated state
assimilationist policies, which were aimed at letting the population die as indigenous.
Anthropology had a central place in the constitution of knowledge around this category,
locally associated with the hegemony of conservative discourses as part of a historical
context marked by political proscription.

Keywords: anthropology, descendant, assimilationist policies, miscegenation

Antropologia e o saber hegemônico sobre a descendência e perda de


identidade mapuche em Río Negro entre as décadas de 1960 e 1970

Resumo
Neste artigo analisarei o processo pelo qual, a partir da provincialização de Río Negro em
1955, a categoria descendente, a mestiçagem e os discursos sobre a perda da identidade
mapuche se constituíram como objeto de conhecimento em geral, e da Antropologia
em particular. A revisão de um conjunto de arquivos da década de 1970, pertencentes
à antropóloga Antonia Peronja, me levou a reconhecer sentidos associados à referida
categoria. Precisamente, a hegemonia provincial se referia a diferentes sujeitos como
descendentes, por meio de práticas de violência e fixação epistêmica baseadas em
diacríticos sociais e raciais, e na ideia de perda de identidade. Naquela época, apelando
para tais diacríticos, os indígenas foram considerados como vestígios do passado e
os descendentes como os setores marginais da sociedade. A categoria descendente
articulou, assim, sentidos sobre a miscigenação degenerativa e permeou as políticas
estatais assimilacionistas, que visaram a deixar a população morrer como indígena. A
antropologia teve um lugar central na constituição do conhecimento em torno dessa
categoria, localmente associada à hegemonia dos discursos conservadores como parte
de um contexto histórico marcado pela proscrição política.

Palavras chave: antropologia, descendente, políticas asimilacionistas, miscigenação


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C E CC H I
La antropología y el saber hegemónico sobre la descendencia y la pérdida de identidad mapuche en Río Negro
entre las décadas de 1960 y 1970

Introducción
En la ciudad de Viedma la Antropología ha estado asociada en las últimas décadas
principalmente a la figura de Antonia Peronja, quien trabajó durante treinta y ocho
años en el Museo Provincial Eugenio Tello, del que fue su directora3. En el año 2021
llegué al Museo para leer su archivo personal, pero no desde el interés en su labor
como antropóloga sino porque buscaba información sobre una zona de la provincia
y una comunidad con la que estaba trabajando. Quizás allí, me habían sugerido,
podríamos encontrar información sobre el proceso de poblamiento y despoblamiento
de la zona en el que se localiza el territorio de la comunidad. Además de dar cuenta de
sus vínculos históricos con el territorio, esta búsqueda contribuiría a refutar sospechas
que circulaban públicamente, sobre qué tan mapuche era la comunidad.
No encontré nada sobre el caso, ni tampoco sobre la zona que buscaba. En cambio,
leer la tesis de licenciatura en Historia con orientación en Antropología de Peronja
realizada entre 1975 y 1979, me orientó a reconocer coincidencias y diferencias con
el trabajo que estaba haciendo. Su investigación trató sobre los procesos migratorios
de familias con “ascendencia araucana” (Peronja, 1975, p. 5), desde ámbitos rurales
hacia el barrio Santa Clara en Viedma. Varias personas de la comunidad sobre la que
yo buscaba información vivían en ese barrio. Es decir, Peronja analizó procesos de
desplazamiento como los vividos por la comunidad. El argumento de su investigación
fue que los procesos migratorios llevaban a la pérdida de la identidad mapuche y,
a la vez, a una asimilación incompleta a la vida urbana y “blanca”. En este sentido,
articulaba sospechas en torno a la autenticidad mapuche similares a las que pesaban
sobre la comunidad en el presente, tema sobre el cual nos interesaba discutir de manera
conjunta con la propia comunidad.
Las coincidencias entre los discursos del archivo y los que afectan a la comunidad
con la que estaba trabajando, me orientaron a realizar el análisis que presento en este
artículo. En base a la lectura del trabajo realizado por Peronja, me interesa profundizar
sobre el proceso por el cual, a partir de la provincialización de Río Negro en 19554,
la categoría descendiente, el mestizaje y los discursos sobre la pérdida de identidad
mapuche se constituyeron como objeto de saber. Además, reflexionaré sobre el rol
de la Antropología en ese proceso y sobre los modos en que la misma se configuró
localmente en el marco de la formación de alteridad provincial.
Mi punto de partida es que la emergencia y transformaciones de la categoría
descendiente, y las articulaciones entre discursos, estereotipos y representaciones
que históricamente se sedimentaron en ella, son resultado de determinadas formas
de saber vinculadas a cambios en las relaciones de poder. Es decir, dicha categoría
remite a campos discursivos heterogéneos, a los que vincula y entre los cuales efectúa
pasajes. Tal como sostuvo Michel Foucault (1996c, 2008), el análisis de una “formación
discursiva”, como estrato o archivo, se orienta a dar cuenta de las condiciones de
emergencia o las reglas de formación de lo que es decible y visible en una época, y de
los modos en que estos dos regímenes se articulan entre sí, formando saberes. Estas
capturas mutuas definen una configuración, un agenciamiento particular del saber,
que no se explica en sí mismo sino que remite a las relaciones de poder que la efectúan.
La investigación de Peronja fue producida en un contexto marcado por la creación de
instituciones orientadas a generar conocimientos sobre la provincia, en función de su
incorporación a la matriz económica desarrollista y a la consolidación de la identidad

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o el “espíritu provincial”. Planteo que, a lo largo del período estudiado, la hegemonía


provincial impuso la adscripción de descendencia a partir de diacríticos sociales y
raciales, y de la idea sobre la pérdida de identidad. Apelando a dichos diacríticos, los
pueblos indígenas fueron considerados como vestigios del pasado y los descendientes
como los sectores marginales de la sociedad. Así, la categoría descendiente articuló
sentidos sobre el mestizaje degenerativo y permeó las políticas asimilacionistas, que
se orientaron a dejar morir a la población en tanto que indígena. De acuerdo con
Foucault (1996b), bajo regímenes biopolíticos en los que el poder opera para hacer
vivir y acrecentar la productividad de los sujetos y las poblaciones, las políticas que
dejan morir tienen como objeto a poblaciones definidas hegemónicamente como
amenaza, e inscriben el racismo estatal. La Antropología tuvo un lugar central en la
constitución del saber en torno a dicha categoría, asociada a la hegemonía de discursos
conservadores como parte de un contexto histórico signado por la proscripción política.
El reconocimiento de cambios en los sentidos asociados a descendiente, me orienta a
establecer un corte en el análisis en la década de 19805.
Caracterizo a la imposición de identidad asociada a descendiente como una “fijación”
y una forma de violencia epistémica, que define a quienes son nombrades así por lo
que les falta, no tienen o perdieron y, al hacerlo, niega sus experiencias subjetivas.
El concepto de fijación fue planteado por Franz Fanon (2015) para referir a que el
sujeto racializado es construido como “otro” y como objeto respecto al “blanco”, es
decir que su agencia y subjetividad son negadas en el mismo acto de atribuirle un color
de piel. Esta fijación constituye lo que Gayatri Spivak (1998) refiere como “violencia
epistémica”, esto es una forma de violencia en la que el discurso colonial representa
al sujeto colonizado y habla por él, y al hacerlo lo reduce a una posición de alteridad
respecto a Occidente.
El artículo se divide en tres apartados. En primer lugar, analizaré el contexto histórico en
el que se consolidaron los discursos hegemónicos en torno a la alteridad y a la comunidad
imaginada rionegrina, y se crearon las primeras instituciones provinciales productoras
de conocimiento científico. En segundo lugar, me detendré en la investigación sobre
crecimiento y desarrollo que realizó Antonia Peronja entre 1975 y 1979, con niñes y personas
“con ascendencia mapuche” que habían migrado desde zonas rurales de la provincia
al barrio Santa Clara de Viedma (Peronja, 1975, 1979). Finalmente, abordaré una serie
de preguntas que la lectura de su trabajo me generó: ¿Cómo se tradujeron localmente
los cambios que por entonces se estaban produciendo en el campo de la Antropología?
Su proyecto inicial planteaba lecturas y objetivos que no formaban parte del campo
científico local: ¿de dónde provenían esas lecturas? ¿Cómo fue que, en el transcurso
de su trabajo, en vez de estos discursos novedosos, se reforzaron los discursos locales?

El desarrollo, el espíritu provincial y el saber científico orientado al


“rescate cultural”
La provincialización de Río Negro ocurrió en el contexto de procesos políticos
nacionales caracterizados por la proscripción del peronismo, la sucesión de dictaduras

5
Las modificaciones en los usos de la categoría descendiente se relacionan con cambios en los modos
de vinculación entre el Estado y los pueblos originarios, en los que incidieron los procesos de lucha y
organización indígena y políticas estatales que a partir de la década de 1980 comenzaron a tematizar y
valorizar la diversidad cultural.

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C E CC H I
La antropología y el saber hegemónico sobre la descendencia y la pérdida de identidad mapuche en Río Negro
entre las décadas de 1960 y 1970

militares entre 1955 y 1983 y las políticas desarrollistas del momento. Tal como he
analizado en profundidad en otro trabajo (Cecchi, 2020), en ese contexto se crearon
símbolos provinciales como el himno y el escudo, orientados a representar el “espíritu
provincial” (Binda, en Colas, 2007). En ellos, los pueblos originarios (y particularmente
el tehuelche) fueron presentados como “elementos existentes inactivos” (Binda, en
Colas, 2007), que ven llegar un desarrollo que no les está dirigido y frente al que estarían
incapacitados para sumarse. La reconstrucción del entramado social que intervino en
la creación de dichos símbolos, y de un saber sobre la sociedad provincial da cuenta de
la articulación cotidiana e institucionalizada entre científicos, salesianos y militares,
en continuidad con aquella que existió entre estos sectores ya con contemporaneidad
a la “Conquista del desierto”. Presentaré el modo en que, en ese momento, el saber
sobre los pueblos originarios se orientó a dejarles morir, como parte de políticas
patrimonializadoras y asimilacionistas.
Paralelamente a la creación de símbolos provinciales rionegrinos, así como de
jornadas, congresos y de la Junta de Investigaciones Históricas, comenzaron a crearse
instituciones públicas orientadas a producir conocimiento sobre la sociedad presente
y pasada de la provincia. A partir de 1967, se crearon con sede en Viedma el Archivo
Histórico Provincial, la Biblioteca Histórica Provincial y el Museo Provincial Eugenio
Tello, bajo la coordinación de Raúl Entraigas y Rodolfo Casamiquela. En 1970, se
constituyó el Centro de Investigaciones Científicas de Río Negro (CIC), un instituto
que funcionó desde entonces hasta mediados de la década de 1990, y que Casamiquela
integró desde sus inicios hasta aproximadamente el fin de la última dictadura militar6.
Estas instituciones, creadas bajo el área de Planeamiento provincial, permanecieron
diferenciadas de las políticas culturales y orientaron su producción como parte de las
políticas desarrollistas (Valle, 2017).
En el proceso de reconstrucción de la historia de esta institución, Cecilia Palma (2023)
explica que el CIC participó en la planificación de grandes proyectos económicos.
En su marco, y como parte de convenios establecidos con distintas instituciones de
otras regiones del país, se incorporaron profesionales recientemente recibides y
estudiantes de carreras vinculadas a las distintas áreas de investigación proyectadas.
La constitución de un orden del discurso, sostiene Foucault (1996a), implica umbrales
de formalización, que establecen reglas más estrictas de formación del saber, así como
procedimientos de rarefacción, ordenamiento y exclusión de discursos. La creación
del CIC marcó un cambio y un “umbral de formalización” del discurso científico, al
establecer un nuevo orden respecto a cuáles eran los discursos, autorxs y disciplinas
válidas para referir a distintos temas que, en contraste con el momento previo, excluía
a quienes no eran científiques.
Sin embargo, en el campo de saber que tenía por objeto a la sociedad provincial y a
los pueblos indígenas, esas delimitaciones fueron difusas. Si bien solo se incorporaron
al CIC quienes eran reconocides por su formación científica, quienes eran idóneos -y
habían participado de las jornadas y congresos, o creado los símbolos provinciales- no
dejaron de producir saber sobre esos temas, ni sus discursos perdieron validez. Los

6
Por esos años, se creó también la Universidad Nacional del Comahue y, entre sus sedes, aquella ubicada
en Viedma en la que se dictaba el profesorado de Historia. En 1985, el CIC pasó a llamarse Dirección de
Estudios Rionegrinos, y su dependencia fue traspasada de la Secretaría de Planeamiento a varias áreas
diferentes desde entonces hasta su disolución.

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archivos del CIC se encuentran en gran medida dispersos o faltan7, pero en los que pude
ver se destaca que la mayoría de las investigaciones relativas a los pueblos indígenas
fueron escritas por Rodolfo Casamiquela, quien ya entonces se había posicionado
como voz autorizada sobre el tema. Sus trabajos solían enfatizar en las prácticas
culturales, los mitos, o en aspectos lingüísticos, abordados como parte de un proyecto
patrimonializador y enunciado como de “rescate cultural”, en el que la preocupación
estaba puesta en la cultura y no en los pueblos y personas que la producían. Se asumía
que esos restos constituían el sustrato de la identidad provincial, pero que a la vez
su pérdida era inexorable. De acuerdo con el análisis de Claudia Briones (1999), el
discurso oficial acentuó el discurso de la pérdida cultural y la asimilación, explicadas
como resultado de procesos de miscegenación y migraciones hacia ámbitos urbanos,
lo que se tradujo en políticas que invisibilizaron o presentaron de modos ambiguos a
la población originaria8. A partir de estos trabajos, algunes autorxs -bajo el liderazgo
de Casamiquela, desde el ejercicio de lo que denominaba etnología9- buscaban,
además, explicar cómo se habían difundido diferentes prácticas y cómo había sido
el poblamiento del territorio. Desde los postulados de la Escuela Histórico-Cultural,
sostenían la posibilidad de delimitar etnias, caracterizadas por su unidad cultural,
racial y territorial.
Al tiempo que las políticas de rescate cultural y de patrimonialización de los pueblos
indígenas daban por sentada su desaparición, otras políticas apuntaron a transformarlos
y asimilarlos al ideal de ciudadanía nacional y provincial. Estas políticas se inscribieron
bajo regímenes biopolíticos en los que, de acuerdo con Foucault (2008), el poder opera
principalmente para “hacer vivir” a la población y a los individuos, mediante el gobierno
y modelado de sus conductas. En ese contexto, el racismo instaura la posibilidad de dejar
morir a determinados grupos, representados como amenaza a la población (Foucault,
1996b). En un sentido que hace eco en la idea de pérdida cultural que he analizado,
Marisol de la Cadena (2007) sostiene que la política de dejar morir puede referirse tanto
a una población biológica como a un grupo constituido en términos culturales, y describe
a esta última orientación como una “versión culturalista del biopoder”. En Río Negro, en
el momento analizado, las políticas de rescate cultural se orientaron a dejar morir a la
población indígena, y tuvieron como correlato a las políticas asimilacionistas orientadas
a hacerla vivir, siempre y cuando desmarcara y abandonara su pertenencia.
Estas políticas asimilacionistas se inscribieron en otras de alcance nacional. Desde la

7
Esta dispersión se vincula, por un lado, con la falta de organización de un fondo documental (al igual
que en la mayoría de las instituciones públicas de la provincia) y por el otro, con el hecho de que algunos
de sus referentes retiraban documentación oficial de la institución (Palma, 2023).
8
Siguiendo a Briones (1999), los discursos sobre la población mapuche en Río Negro se distinguen
de los característicos de la provincia de Neuquén, lo que le otorga matices a la comprensión de las
políticas de alterización a nivel provincial. En esta última provincia, el discurso hegemónico nunca dejó
de reconocer y de localizar a determinadas comunidades como mapuche, a la vez que le otorgó un peso
preponderante al discurso de la araucanización que postula la extranjería del pueblo mapuche.
9
Julio Vezub (2007) analizó los trabajos sobre los pueblos indígenas de aquellos autores a quienes Lidia
Nacuzzi (2005) definió como los “primeros etnógrafos”: Harrington, Escalada, Vignati y Casamiquela.
Plantea que los tres primeros reconocieron -de modos y con énfasis diversos- la historicidad de las
personas con quienes interactuaban (aunque no les interesaba esa interacción más que para explicar el
pasado) y caracteriza a sus trabajos -al menos parcialmente- como etnografías. En cambio, caracteriza
al trabajo de Casamiquela como parte de las etnologías o “generalizaciones abstractas que agotaron la
posibilidad de las etnografías para confrontar con la alteridad” (Vezub, 2007, p. 163).

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La antropología y el saber hegemónico sobre la descendencia y la pérdida de identidad mapuche en Río Negro
entre las décadas de 1960 y 1970

década de 1930, había primado un modo de soberanía marcado por el “estado de bienestar”
que, de acuerdo con Diego Escolar (2007), promovió la asimilación y el blanqueamiento
de la población indígena, a la vez que la interpeló como clase trabajadora. En Santa Cruz,
Mariela Rodríguez (2010) plantea que las políticas indigenistas de la década de 1960
promovieron la asimilación de los sujetos indígenas en una ciudadanía indiferenciada,
que los forzó a abandonar sus territorios a través de distintos dispositivos disciplinarios.
En Río Negro, en correlato con aquellas políticas encauzadas hacia el rescate cultural
y a dejar morir a los pueblos preexistentes, se realizó una investigación alineada con
el objetivo de gobernar y hacer vivir a los mismos grupos, en la medida en que se
asimilaran. Como analizaré en el próximo apartado, la investigación de Peronja explicitó
dimensiones del régimen de saber en el que emergieron los sentidos hegemónicos de la
categoría descendiente, y su articulación con las políticas asimilacionistas.

“Marginales heteromorfos”: Descendientes en un estudio antropobiológico


Antonia Peronja estudió la Licenciatura en Historia con orientación en Antropología
en la Universidad Nacional del Litoral (UNL). Sus libros y archivos de trabajo fueron
donados al Museo Provincial Eugenio Tello cuando falleció en el año 2011. En este
apartado, analizaré documentos vinculados a un “estudio antropobiológico sobre
crecimiento y desarrollo en una comunidad de la ciudad de Viedma” (Peronja, 1975,
1979), que realizó entre 1975 y 1979 mientras trabajaba en el CIC, y que fue la base de
su tesis de licenciatura (de la que no hay copia en su archivo). A través de este trabajo,
me interesa dar cuenta del modo en que la Antropología local construyó un saber sobre
la descendencia y el mestizaje, que implicó formas de violencia simbólica y fijación.
Peronja integró las primeras camadas de antropólogues formades en Rosario, en un
contexto de profesionalización de las Ciencias Sociales en distintos centros académicos
y de apertura de nuevas áreas, enfoques y líneas de investigación desde la década de
195010. Cuando llegó a vivir a Viedma, en 1972, se incorporó al CIC y al Museo Tello, en el
que se desempeñó hasta su jubilación (Hahn et al., 2011). El objetivo de su investigación
era conocer el estado de crecimiento y desarrollo de niñes de entre seis y doce años del
barrio Santa Clara de Viedma. En algunas de sus formulaciones iniciales vinculaba ese
objetivo con el derecho a la salud y las condiciones de alimentación. Caracterizaba a
esa población como “de ascendencia mapuche”, “mestizada” y migrante desde zonas
rurales a la ciudad. El estudio se diferenciaba, así, de aquellos que enfatizaban la
ruralidad como diacrítico mapuche y el rescate cultural como objetivo.
Algunas de las carpetas sobre la investigación no tienen fecha; otras -incluida una
titulada “Tesis de licenciatura”, que no contiene su tesis, sino el proyecto inicial- están
fechadas en 1975; y otras, que presentan un “Informe preliminar” de los resultados de
la investigación, en 197911 (Peronja, s.f., 1975, 1979). La investigación comenzó durante

10
En ese momento, la hegemonía de la Escuela Histórico-Cultural había empezado a ser cuestionada
en los principales centros académicos de Antropología (Buenos Aires y La Plata), pero se reestableció
a partir de 1966, en contextos de dictaduras (Guber, 2007). Edgardo Garbulsky (2004) explica que, en
ese momento, en la UNL se discutía sobre procesos de cambio social y entraban en tensión las visiones
de “conservadores antimodernizantes, pragmáticos modernistas, y un movimiento —expresado tanto
por graduados y estudiantes— que se plantea generar una antropología con perspectivas nacionales y
latinoamericanas” (p. 46).
11
Al no tener fecha la mayoría de las carpetas, las presentaré en el siguiente orden: las relativas al

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la administración del gobernador peronista Mario Franco y finalizó en plena dictadura


militar. El contexto político que refiere al “gobierno justicialista de la provincia de Río
Negro” solo es mencionado en una de las versiones del proyecto inicial; aquella en la
que vincula la investigación al derecho a la salud (Peronja, 1975, p. 1).
En una de las versiones del proyecto inicial, Peronja plantea que la metodología definida
para realizar el trabajo se vincula con las “características y condiciones del ambiente”
(s. f., p. 3) y de la población, relevadas en una primera aproximación a través de la
“observación directa y entrevistas personales, de las informaciones de un grupo de
trabajo que está realizando tareas de alfabetización de adultos, y de profesionales que
atienden los consultorios médicos periféricos” (p. 3).
En la introducción de ese mismo documento, describe a la población de la siguiente
manera:

Se trata de un grupo humano físicamente heteromorfo, resultado de un


polimorfismo genético, por metamorfismos raciales de diverso grado
(blanco, tehuelche y araucano), los valores medios normales varían junto
con la variación racial (s. f., p. 1).

El barrio Santa Clara, sostiene, “se encuentra en la periferia de la ciudad de Viedma”


(s.f., p. 1). A continuación, describe las características generales de su población en
torno a la vivienda, los oficios, la lengua, la alimentación, los factores nutricionales y el
estado sanitario. Entre estos aspectos, explica que:

Santa Clara está formado en su totalidad por una población migrante,


procedente de la denominada ‘línea sur’ de la provincia: Valcheta, Ramos
Mexía, Sierra Colorada, Los Menucos, Maquinchao e Ingeniero Jacobacci,
con muy pocos extranjeros procedentes de Chile (s.f., p. 3).

Menciona también que la población se empleaba como mano de obra no calificada (las
mujeres eran amas de casa o trabajaban en el servicio doméstico, mientras los varones
lo hacían en la construcción, como obreros o peones rurales), y que la mortalidad
infantil era alta, a causa de deficiencias nutricionales y de enfermedades infecciosas
como diarrea, sarampión y coqueluche. Incluye, además, un ítem sobre la lengua, que
dice lo siguiente:

La mayoría de los integrantes tienen apellido de raíz araucana [enumera


más de diez apellidos]. Hablan castellano, algunos mayores el mapuche, y
otros lo entienden. Los jóvenes y niños ya no hablan ni entienden. En un
principio reconocen con cierta vergüenza que hablan otra lengua que no es
el castellano, pero venciendo el primer obstáculo, son dados en enseñar su
lengua al forastero (s.f., p. 4).

proyecto inicial (del que existen varias versiones con algunos cambios sucesivos), las que refieren a la
bibliografía consultada y las relativas al informe final.

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La antropología y el saber hegemónico sobre la descendencia y la pérdida de identidad mapuche en Río Negro
entre las décadas de 1960 y 1970

En esta descripción inicial podemos observar una serie de diacríticos a partir de los
cuales la “ascendencia araucana” se determina externamente. La atribución de definir
la identidad de otras personas en base a diacríticos, tanto culturales como raciales,
implica una postura sustancialista de la identidad que subyace a todo el análisis. Esta
perspectiva define la identidad como una suma de atributos que la ciencia podría usar
para determinar “al otro”. Estos atributos forman parte de aquellas visibilidades que
suelen articularse en torno al término descendiente, entre las que se encuentran las
siguientes: el apellido, el conocimiento de la lengua y la “morfología física, genética y
racial”. La dimensión racial, de hecho, es lo primero que menciona para caracterizar a la
población, a la que define como “heteromorfa” o “polimorfa”. Explica ese polimorfismo
como resultado del “metamorfismo”, es decir, de la transformación a partir de la mezcla
entre lo que caracteriza como diferentes “razas”: blanca, tehuelche y araucana. Asume
la existencia de razas “puras” (en base a las cuales define su “mezcla”), pero no explicita
los andamios a partir de los cuales postula tal presunción. Por otro lado, ¿hay alguna
relación entre esta idea de polimorfismo y aquella que sostiene que la población tiene
ascendencia (pero no sería) araucana? Finalmente, el uso de “ya” como adverbio de
tiempo pasado al referirse al habla de la lengua mapuche plantea la idea de una pérdida
permanente entre quienes no la aprendieron.
A partir de esa caracterización inicial de la población, Peronja elaboró un abordaje
metodológico y un análisis de los datos con tres orientaciones: social, biológica y psíquica,
de las cuales me detendré en las dos primeras12. En el área social se estudiarían “las
condiciones de vida y las características osológicas [sic]-culturales y nutricionales de la
población”, en base a un cuestionario de “preguntas abiertas” referido a los siguientes
aspectos: composición familiar, educación y crianza, migración, percepción de la zona,
trabajo, presupuesto familiar, la casa, sus comodidades y utilización, participación
social y recreación, y niveles de información. En el apartado sobre cómo serían
analizados los datos, incluyó conclusiones preliminares vinculadas a este “área”, sobre
las que no queda claro si eran resultado de haber comenzado a realizar la investigación
o de ideas previas. Entre ellas, resulta significativo el ítem “niveles de información”, en
el que afirmaba que:

No tienen aspiraciones diversificadas, aunque sí algunas ambiciones:


terrenito y casa propia. Es importante recordar que estamos ante una
comunidad constituida en su mayoría por migrantes, con una característica
cultural de tradición araucana. Pensamos que habría que profundizar los
cambios en su lenguaje, creencias y supersticiones, ya que aparentemente
están abandonando las formas traídas desde sus antiguos lugares de
residencia por formas urbanas; pero en este proceso nos atreveríamos
a decir que están pasando por una etapa de desajustes, en la medida en
que hay una combinación de costumbres que estos grupos traen de sus
lugares de origen con las características que corresponden a los grupos
marginales de la sociedad urbana estratificada en clases socio-económicas.

12
En el área psíquica, plantea que se buscarían “las tendencias y deseos ocultos en el inconsciente, así como
los planes del destino individual que se han hecho manifiestos” (Peronja, s.f., p. 1), el “establecimiento
de un pronóstico de destino” y la “proporción de un plan para la terapia del destino” (p. 2). Esta etapa
sería desarrollada por un psicólogo, y se concretaría a partir de realizar el “test de Szondi”.

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Esta combinación podríamos ejemplificarla así: se le mostró a una familia


una figura en donde estaba representada la casa tipo de la cultura blanca, y
la respuesta inmediata fue “esa es casa de ricos”, y ante la pregunta ¿cómo
le gustaría que fuera su casa?, ubicaban la cocina y el comedor en un solo
ambiente, con un dormitorio, sin baño y una quintita” (s.f., p. 28) [énfasis
agregado].

Este párrafo, que forma parte de la explicación sobre cómo analizaría los datos, es en
sí mismo una presentación y un análisis de información, e implica una serie compleja
de articulaciones entre distintas dimensiones que configuran a descendiente como
categoría: la clase social, el barrio de residencia, el lugar de origen, lo racial, la etnicidad
y la pureza. Así, la descripción refuerza los diacríticos de “ascendencia” presentados
antes, a los que podemos agregar la migración desde la Línea Sur. En la formación de
alteridad provincial13, provenir de allí funciona en el sentido común como un índice de
pertenencia, lo que se vincula con que hacia esa región fueron desplazadas la mayoría de
las comunidades y familias indígenas después de la Conquista del desierto (Cañuqueo
et al., 2005).
El párrafo, además, incluye términos tales como cambio, abandono, combinación
y desajuste, referidos a una transformación de formas y costumbres “araucanas”,
“traídas de sus antiguos lugares de residencia”. El abandono no es un problema en el
texto, que lo presenta como algo que no podría ser de otra manera. En relación con este
diagnóstico, lo que aparece como un problema es, por un lado, el carácter incompleto
o superficial de los cambios -a los que “habría que profundizar”- y, por otro lado, que
esas antiguas costumbres se estén “combinando” con las de “grupos marginales de la
sociedad urbana estratificada en clases socio-económicas” (Peronja, s.f., p. 28).
La conceptualización de la combinación como problema remite a las perspectivas
históricas sobre el mestizaje. Según De la Cadena (2007), las categorías de mestizaje
inscriben la lógica de la traducción y la hibridez, una de las dos prácticas político-
epistemológicas constitutivas de la modernidad, de acuerdo con Bruno Latour (2007).
Si bien la traducción es definida por la episteme moderna como un problema y un
emergente de la mezcla de lo puro, sin ella no es posible recortar las categorías de
pureza. Históricamente, a la vez que inscribir y delimitar un campo como híbrido o
mezclado, las categorías de mestizaje deslindan identidades definidas como puras.
En el ejemplo de la casa, se asume la existencia previa de tres grupos: los “marginales
urbanos”, los “blancos” y los de “ascendencia araucana”. Poco y nada sabemos
en este análisis sobre la conformación histórica de los grupos que menciona. A la
vez, la combinación de los “marginales urbanos” y los “descendientes” produce
metonímicamente en un mismo movimiento dos articulaciones: marginales urbanos-
descendientes (mezclados), y blancos-ricos (puros). Tampoco sabemos sobre los
procesos migratorios de los que vemos su “combinación”. Lo preocupante parece
13
A través del concepto formaciones de alteridad el Grupo de Estudios sobre Aboriginalidad,
Provincias y Nación (GEAPRONA) ha analizado cómo los procesos globales y regionales de producción
de alteridades se procesan de maneras diversas a nivel nacional y provincial (Briones, 2005). Las
formaciones de alteridad se explican a partir de que las fronteras estatales tienen efectos performativos y
han ido sedimentando desde su formación histórica modos particulares de subordinación y alterización
de los pueblos originarios preexistentes en cada territorio.

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La antropología y el saber hegemónico sobre la descendencia y la pérdida de identidad mapuche en Río Negro
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ser la impureza -tanto de los grupos marginales devenidos araucanos como de los
araucanos devenidos marginales- que resulta de la mezcla, y que se mide en relación
a sus opuestos: ricos/blancos. La “combinación” es presentada como algo dado, sobre
la cual las personas no estarían decidiendo ni orientando sus acciones, y frente a la
cual sería necesaria una intervención externa. Pero, además y, sobre todo: ¿por qué
constituía un problema?
Las ideologías sobre el mestizaje variaron históricamente y entre países. Mientras en
algunos fue definido como un proceso positivo y constructivo de la nación, en Argentina
-en el contexto de la ideología del blanqueamiento- fue inscripto como un proceso
degenerativo (Briones, 2002; Rodríguez, 2016). La combinación, entonces, era un
problema en la medida en que, en el marco de las políticas asimilatorias, lo “araucano”
no se terminaba de abandonar y les migrantes continuaban sosteniendo prácticas
indígenas. Lo era también porque, al abandonar sus costumbres, no adoptaban las
de la “cultura blanca”, sino la de los “marginales”. En base a la pérdida de pureza que
suponía la mezcla, se ubicaba a las personas con “ascendencia” en un lugar de menor
valor que aquellas a las que se consideraba “puramente” araucanas.
Finalmente, la mención del deseo de les entrevistades de tener “un terrenito” y “una
quintita” como algo anecdótico y dicho al pasar, contrasta con el objetivo principal
enunciado en la investigación: analizar los hábitos alimenticios y los procesos de
nutrición de esa población. Así, las lecturas sobre la relación entre el deseo de la quinta
y los hábitos nutricionales quedan obturadas por aquellas basadas en la orientación
normativa del cambio y la “combinación”, para la que importaba más que quisieran la
“casa de la cultura blanca” que la “quintita”.
Las interpretaciones presentadas en el trabajo remiten al concepto de violencia
epistémica, definido por Spivak (1998) como la constitución del sujeto colonial como
un otro respecto al pensamiento occidental, enfatizando la representación -atravesada
por la división internacional del trabajo y las relaciones coloniales- que les intelectuales
realizan y que se cuela de modo acrítico en su discurso. A través de asumir una
autenticidad originaria en el sujeto subalterno y de negar la propia representación que
les intelectuales efectúan, se reinstaura de modo acrítico la mecánica imperialista de
constitución del otro.
En Piel negra, máscaras blancas, Franz Fanon (2015) reflexiona sobre su experiencia
como negro y antillano al migrar a Francia, y define a la estructuración de la subjetividad
racializada por la sociedad blanca como una fijación que niega al ser humano:

El otro, por gestos, actitudes, miradas, me fija, en el sentido en el que se fija


una preparación para un colorante. Me enfurezco, exijo una explicación…
Nada resulta. Exploto. He aquí los pequeños pedazos reunidos por un otro
yo (…). El negro no tiende ya a ser negro, sino a ser frente al blanco (p. 111).

Lo que tanto Fanon como Spivak exponen es la violencia implícita en arrogarse definir
la identidad del otro, negándole en el mismo acto la posibilidad de definirse a sí misme,
de hablar, según Spivak, o de “simplemente ser un hombre entre otros hombres” (p.
113) en palabras de Fanon. En el caso analizado, esto se manifiesta en la reducción del
deseo de tener una “quintita” al no deseo de una casa de la “cultura blanca”. Entonces,

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el estudio parece estar más interesado en establecer cómo es el mestizaje y cómo debe
ser -asimilador y blanqueador- que en la nutrición. Analizado en términos biopolíticos,
es este interés el que orienta las políticas para hacer vivir a esa población, mediante su
asimilación. Su correlato, además, es el abandono de la “cultura araucana”, es decir
una política orientada, tal como los estudios orientados al rescate cultural, a dejarla
morir.
Este interés se refuerza al analizar la propuesta metodológica y de análisis de datos
del “área biológica” presente en la misma versión del proyecto. Allí, Peronja plantea lo
siguiente:

A través del cuestionario se detectará el panorama nutricional y además


se hará un estudio somatológico y somatoscópico que se desarrollará de
acuerdo a las normas antropológicas establecidas en las Convenciones
Internacionales (s.f., p. 2).
Más adelante amplía esta explicación:
Luego del cuestionario se tomarán las mediciones antropométricas. Para
expresar cuantitativamente la forma del cuerpo, nos valdremos de la
Antropometría, técnica que consiste fundamentalmente en la medición
de las proporciones. Para el estudio de los caracteres no mensurables, nos
valdremos de la Antroposcopía, es decir la observación visual y descripción
de caracteres físicos tales como: forma, tipo e implantación de pelo, color
del pelo, ojos y piel, etc. (s.f., p. 22).

Acompaña la explicación con modelos de las fichas somatométricas y somatoscópicas,


y describe cómo serán interpretados los datos. Para el análisis, plantea lo siguiente:
“Los datos somatométricos se llevarán a cuadros por edad y grupo racial para obtener
las frecuencias” (s.f., p. 32).
De este modo, el estudio biológico asumía que el crecimiento y el desarrollo están
definidos por la raza, y a partir de ello decidió usarla como una variable, junto con
la edad, para clasificar a les niñes y analizar esos procesos. Como profundizaré más
adelante, la decisión de medir la raza se basa en el supuesto de que esa población era de
“ascendencia araucana mestizados con tehuelche y blanca” (s.f., p. 29). Su investigación
refuerza, así, la clasificación racial hegemónica de ese entonces. Aclara, por último, que
eses sujetes eran “en su mayoría mestizados, muy lejos ya de una pureza racial”, que
estaban “en vías de extinción en cuanto a pureza racial”, y plantea que eso dificultaría
la clasificación que se proponía hacer (s.f., p. 29). De aquí me interesa resaltar dos
cuestiones: por un lado, el carácter degenerativo que le atribuye al mestizaje y la
impureza que le adjudica a les habitantes del Barrio Santa Clara; por otro, el carácter
irreversible que le otorga —reforzado por la reiteración del adverbio “ya”—, que llevaría
a esa “población indígena” a la “extinción”.
En el informe preliminar (Peronja, 1979), los únicos datos que expone y en base a los
que elabora las conclusiones son los de las mediciones antropométricas (incluidas las
raciales). No hace ninguna referencia a las condiciones socioeconómicas de vida, a los
hábitos alimenticios, ni tampoco a los mencionados aspectos psíquicos, que preveía
analizar en el proyecto inicial. Tal es así que el título de este informe ya no refiere a

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La antropología y el saber hegemónico sobre la descendencia y la pérdida de identidad mapuche en Río Negro
entre las décadas de 1960 y 1970

una comunidad de Viedma (circunscripta como Barrio Santa Clara inicialmente), sino
a “grupos de ascendencia araucana, asentados en la ciudad de Viedma” (p. 1). En un
pasaje explicita que “uno de nuestros propósitos era establecer el cuadro que presenta
el niño araucano frente al europeo” (p. 15), el cual tampoco estaba mencionado al
comienzo. La autora recurre, también, a diferentes índices corporales y medidas para
comparar grupos definidos como de ascendencia araucana y de ascendencia europea,
sin que quede claro en base a qué datos estableció dicha clasificación, ni tampoco
cómo la comparación contribuiría al análisis de los procesos de nutrición, crecimiento
y desarrollo.
La construcción inicial del problema de investigación desde diferentes dimensiones
(social, psíquica y biológica) parecería haber tenido la intención de complejizar las
elaboraciones teóricas dominantes en la provincia, presentadas en el apartado anterior.
A la vez, los discursos locales se yuxtaponen en el trabajo a los provenientes de otros
campos de producción científica, sin una explicación de las perspectivas desde las que
se realizaría la investigación relativa a cada dimensión, ni de cómo se articularían entre
sí. La lectura del proyecto inicial, además, explicita supuestos en torno a la ascendencia
araucana, el cambio, el mestizaje, la pérdida de pureza y la extinción cuando se refiere
a aspectos tanto biológicos como sociales.
El objetivo inicial, de determinar los hábitos nutricionales, se inscribía en una política
orientada a hacer vivir a esa población —es decir, a modelar su conducta con el fin
de que mejorara sus hábitos alimenticios— y se vinculaba al campo de la salud. En el
informe preliminar, en cambio, lo que parece haberse plasmado es el mismo énfasis
de rescate cultural y la política orientada a dejar morir propia de la ciencia local. Allí
se expresa el objetivo de hacer vivir a esa población como migrante en las ciudades,
mientras se la deje morir en tanto que indígena. De este modo, lo que emerge de su
análisis es más bien una tensión entre estas dos orientaciones, que caracteriza a las
políticas hegemónicas de mestizaje y asimilación del momento.

Interdiscursividades locales: la antropología que fue y la que no fue


En el proyecto inicial, Peronja (s.f.) explicitó el uso de enfoques disciplinares como
la Antropología Social o la nutrición y análisis realizados en otras regiones, poco
habituales en el ámbito en el que desarrollaba su investigación -el CIC-. En el trabajo
final no retomó esa bibliografía, sino que se abocó exclusivamente a la relativa al pueblo
mapuche, la cual, a diferencia de aquella, planteaba un análisis racial y una perspectiva
asimilacionista. La pregunta que organiza este apartado es: ¿cómo fue que este terminó
siendo su recorte de investigación?
En la formulación inicial, Peronja citó como única referencia sobre el abordaje que
realizaría en el área social de su investigación el trabajo “Tradicionalismo y cambio
social. Publicación serie estudio de áreas en el Valle de Santa María”, firmado por
Meister, Petruzzi y Sonzogni (1963). Dicho librillo se enmarcó en una investigación
más amplia, inspirada en la teoría de estudios de áreas y las teorías del cambio social,
de origen norteamericano, vinculadas a políticas desarrollistas implementadas
desde ese país hacia América Latina. En su investigación sobre la constitución de la
carrera de Antropología en Rosario, Garbulsky (2004) plantea que en el transcurso
de la investigación a la que se refiere el librillo de Meister, Petruzzi y Sonzogni (1963)

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se produjo una “tensión entre unas perspectivas antropológicas con orientación


culturalista, y una sociología del desarrollo” (p. 50). En el marco de tales tensiones,
se asumía la dicotomía entre sociedad tradicional y moderna, y el cambio social
desarrollista como camino. Tal como señala Rosana Guber (1999), este tipo de enfoque
no era por entonces predominante en el campo de la Antropología, sino de la Sociología,
disciplina que orientó finalmente parte del trabajo situado en el Valle de Santa María.
El archivo de Peronja contiene una carpeta sobre la bibliografía consultada para realizar
el proyecto. Entre los apuntes de sus estudios universitarios que se encuentran en la
carpeta hay un trabajo práctico de la Cátedra de Antropología Biológica, que trata sobre
“biotipología” y presenta criterios y dispositivos de medición antropométrica, pero no
menciona las mediciones raciales. La bibliografía sobre crecimiento y desarrollo, y
específicamente sobre nutrición, fue elaborada por nutricionistas, pediatras e, incluso,
por trabajadores sociales. Algunos de estos trabajos, -aunque no todos- sí utilizan
herramientas de medición corporal, pero ninguno incluye mediciones “somatoscópicas”
(raciales). Al seguir leyendo el proyecto, en un pasaje aclara cuál es el enfoque y los
motivos por los cuales estas mediciones resultan relevantes:

Dichos valores e índices serán factibles de ser confrontados con otras tablas
de mediciones para poder determinar así las diferencias en el estado de
Crecimiento y desarrollo. Pero en esta tarea habrá que tomar en cuenta
las características raciales del grupo, con su mayoría de ascendencia
araucana mestizados con tehuelches y blancos. Es decir que consideramos
que los valores que se obtengan de los diversos índices serán factibles de
comparación con valores obtenidos en investigaciones que tengan medio
geográfico, socioeconómico y por supuesto cultural y racial semejantes.
Esto sería lo óptimo, si bien dificultoso, sobre todo por las características
raciales del grupo, en su mayoría mestizados, muy lejos ya de una pureza
racial. La misma dificultad se le ha presentado ya a otros investigadores,
entre los que se encuentran Sandoval, Henckel, Givovich (1946); Imbelloni
(1949); Bórmida (1951); Covarrubias (1965), por nombrar algunos, que han
trabajado en poblaciones indígenas en vías de extinción en cuanto a pureza
racial (Peronja, s.f., p. 33).

Explica que el crecimiento y el desarrollo estarían alterados por la raza, y por eso sería
necesario, en primer lugar, identificar y clasificar a las personas de acuerdo al criterio
racial. No son los estudios sobre crecimiento y desarrollo los que introducen el análisis
racial, sino los relativos a las poblaciones con las que plantea que trabaja, es decir,
aquellas a las que describe como “de ascendencia araucana mestizados con tehuelches y
blancos”. Que la descripción de la población sea esa se basa en investigaciones previas,
que delimitaron el objeto de investigación y, al hacerlo, establecieron un marco teórico
y metodológico específico desde el cual estudiarlo: la Antropología Física o Biológica.
Los trabajos de Antropología Física que cita Peronja abordaron el estudio de las
poblaciones indígenas en la Patagonia (en Argentina y en Chile) tanto en base a
mediciones morfológicas y craneométricas como de grupos sanguíneos. En Argentina,
desde los grandes centros académicos, referentes de la Escuela Histórico-Cultural

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La antropología y el saber hegemónico sobre la descendencia y la pérdida de identidad mapuche en Río Negro
entre las décadas de 1960 y 1970

entre los que se encontraba José Imbelloni (1949), habían elaborado tipologías raciales
a partir de mediciones corporales. Como plantea Peronja, una preocupación que
atravesaba a estos trabajos era el grado de pureza de los individuos estudiados. En base
a las mediciones de personas singulares se sacaban conclusiones sobre los procesos
a los que referían como aculturación, sometimiento, extinción y degradación, que
mediante un ejercicio de inducción se extendían a los pueblos a los que esas personas
pertenecían o les adjudicaban pertenecer14. En estos trabajos se sostenía también que
los pueblos originarios en esa zona de Río Negro eran tehuelches y que los nombrados
como araucanos habían llegado tardíamente.
La explicación a partir de la cual Peronja establece la metodología de su estudio da cuenta
del carácter performativo del saber científico: es ese saber racial, organizado en torno a
una disciplina (la Antropología Física), que construyó un objeto y, al hacerlo, posibilitó
su descripción y visibilidad como tal (la población en tanto que pura/mestizada), lo que
delimita los procedimientos (craneométricos y somatoscópicos) y discursos en base a
los cuales estudiarlo. A partir de la operación de ese saber, el trabajo de Peronja define a
la población del Barrio Santa Clara como mestizada, y al crecimiento y desarrollo como
efectos de esa característica de la población. El determinismo -atribuido en principio
a la raza y al mestizaje- pareció impregnar el mismo proceso de investigación, como si
con les habitantes del barrio Santa Clara, de “ascendencia araucana”, no hubiera otra
opción más que realizar ese tipo de análisis.
Como parte de su análisis del libro de Hugo Ratier El cabecita negra, Guber (1999)
caracterizó a las principales corrientes antropológicas -la Arqueología, el Folklore y la
Etnología- en la década del sesenta y principios de los años setenta, de un modo que
resulta interesante para pensar la especificidad del trabajo de Peronja:

Lejos de la problemática de la inmigración, del proletariado, de las ciudades


y de los movimientos políticos, quedaba el estudio de los pueblos aborígenes
del Gran Chaco y de Pampa-Patagonia, sobrevivientes y extintos (…). Las
tres especialidades circunvalaban la modernidad argentina sin trasponer el
umbral de la economía nacional, de los cataclismos políticos y de los grandes
movimientos sociales que, como las migraciones internas y limítrofes,
caracterizaban a una sociedad civil y política en creciente agitación (p. 4).

Si inicialmente el trabajo de Peronja parecía distanciarse de los temas clásicos de la


Antropología, o posibilitaba su acercamiento a problemas -como las migraciones- a los
que Guber describe como parte de la “modernidad argentina”, el informe preliminar
desanduvo esos pasos y restableció la mirada conservadora dominante entonces en la
disciplina. A la vez, retomó discursos vinculados a la Sociología entonces hegemónica,

14
Rodríguez (2010) y Vezub y De Oto (2011) han analizado este tema en torno a la investigación producida
por Imbelloni, Bórmida y un equipo más amplio en Santa Cruz, a partir de una expedición realizada en
1949. Vezub y de Oto plantean, a partir de ese análisis, que “en la base del saber etnológico de mediados
del siglo XX se delineaba una producción de la pureza racial destinada a conservar a los tehuelches en
guetos rurales” (p. 135). Rodríguez, por otro lado, sostiene que “el discurso de la ‘extinción’ iniciado en
el siglo anterior, se consolida a mediados del siglo a través de dispositivos científicos” (p. 87). Ambas
investigaciones dan cuenta de que dicha expedición estableció prácticas violentas hacia las personas
tehuelche, basadas en la desigualdad colonial.

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cuya mirada sobre la población de las villas miseria Guber (1999) caracteriza con las
siguientes palabras:

Era vista como “no integrada” a las esferas política, económica y sociocultural
de la vida urbana, pues su procedencia rural los había socializado dentro de
un esquema normativo y valorativo inadecuado para su nuevo contexto. Se
producía, entonces, un desajuste en el desempeño de los roles socialmente
esperados y las previsibles modalidades de la anomia (delincuencia,
marginación, prostitución, etc.). Esta inadaptación se resumía en la
deficiente incorporación al proceso de modernización (p. 6).

El trabajo de Peronja se inscribía en esta línea. Concretamente, planteaba que el


problema era lo que refería como inadaptación de los sectores migrantes a la vida
urbana y a la vez, su enfoque se distinguía de otros al explicar tal inadecuación
fundamentalmente por motivos raciales. Resultaba, así, una articulación particular
entre los postulados conservadores de la Escuela Histórico-Cultural y las teorías de
la modernización. Esa articulación se explicaba en relación al objeto de investigación
construido -la población de ascendencia araucana que había migrado hacia los barrios
periféricos de la ciudad- y a un posicionamiento epistemológico y político, de acuerdo
con el cual el punto de llegada estaba dado por la modernidad occidental blanca con la
que se identificaba a la nación.
Este posicionamiento se vuelve más claro si lo comparamos con el de Hugo Ratier en
el libro El cabecita negra (1971). De hecho, a grandes rasgos, ambos trabajos refieren
al mismo tema: los procesos migratorios de sectores populares racializados desde el
interior -rural- hacia las ciudades. Sin embargo, el problema de investigación que
planteaban era opuesto. Para Ratier, el problema en relación a esa población migrante
era las desigualdades sociales que vivía -basadas en la clase social y el racismo-, su
construcción como sectores pasivos e ignorantes, y su deslegitimación política como
consecuencia de esa lectura. Al desplazarse a lo largo de su investigación desde un
enfoque del tema que consideraba las dimensiones social, psicológica y biológica hacia
esta última exclusivamente, Peronja, en cambio, construía como problema la pérdida
de pureza, a la que veía como irreversible, y un retraso respecto a la modernidad. Desde
su investigación profundizaba lo que para Ratier era el problema. Sin embargo, lo
excepcional en la Antropología en ese momento era el trabajo de Ratier (Guber, 1999).
En Río Negro, la hegemonía de la Escuela Histórico-Cultural también estuvo marcada
por el contexto político, por la dependencia de les investigadorxs del gobierno
provincial, y por un modo local de gestión pública orientado en gran medida por vínculos
personales, en manos de lo que -de acuerdo con Palma (2023)- varies exempleades de
esas instituciones han denominado “elite gestora”. El trabajo de Peronja fue producido
mayormente en el contexto de la última dictadura militar, al que el CIC no fue ajeno.
Tal como ha denunciado la historiadora Graciela Suárez (2008), en 1977 Casamiquela
asumió como director de la institución, cargo desde el que ejerció acciones represivas
hacia empleades de la institución. Dichas prácticas represivas tuvieron como efecto la
reproducción del perfil conservador que, desde sus orígenes, habían tenido tanto las
instituciones antes mencionadas como su producción académica. Ese posicionamiento

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La antropología y el saber hegemónico sobre la descendencia y la pérdida de identidad mapuche en Río Negro
entre las décadas de 1960 y 1970

hegemónico no constituía un hecho aislado, sino que se enmarcaba en el entramado


eclesiástico-científico-militar que las había fundado (Cecchi, 2020).
Ese perfil conservador fue una constante en esos años y condicionó las investigaciones,
incluso las de antropólogues que se habían formado en contextos en los cuales su
hegemonía era cuestionada. La explicación de los procesos de cambio y las migraciones
en términos de mestizaje, extinción y pérdida de pureza, y de su “combinación” con
la marginalidad como algo dado, fue uno de los modos en que se expresaron estos
condicionamientos. A la vez, los testimonios sobre esas instituciones durante la última
dictadura dan cuenta de los efectos de las prácticas represivas en la profundización
de esa matriz conservadora en aquel momento, que coincide con la culminación del
trabajo de Peronja en una lectura exclusivamente racial.

Conclusiones
Tal como expresaban los discursos hegemónicos sobre la comunidad, cuya historia me
llevó inicialmente a leer los archivos de Peronja, los sentidos y diacríticos articulados en
torno a la descendencia y la pérdida de identidad se han sedimentado históricamente y
sostenido continuidades que exponen cómo opera el mestizaje en Argentina, en tanto
dispositivo biopolítico. Los discursos analizados fueron elaborados entre las décadas
de 1960 y 1980, en el marco de un proyecto asimilacionista acorde a la ideología de
blanqueamiento. El análisis me permitió identificar los límites y las condiciones de
posibilidad de lo enunciable y lo visible, que en esa época iluminó y se manifestó de
un modo particular en el conocimiento científico en torno a la categoría descendiente.
A la vez que se produjeron en el contexto de políticas orientadas al desarrollo y la
modernización, el abordaje de las migraciones desde ámbitos rurales a urbanos
se basó en la definición de su población como de “ascendencia araucana”. Estos
supuestos condicionaron que el objeto de estudio fuera construido a partir de la teoría
antropológica que históricamente en Argentina había producido saber sobre el mismo:
la Escuela Histórico-Cultural, hegemónica en un contexto de represión política. Desde
este enfoque, la descendencia fue explicada como un proceso degenerativo de pérdida
de pureza, resultado de los procesos de “combinación”, “mestizaje” y “metamorfismo”,
en el que se articulaban dimensiones raciales definidas como biológicas y dimensiones
culturales.
A partir de ello es posible identificar que descendiente remite a una identidad considerada
en proceso de perderse de modo irreversible, una dimensión que configuró los discursos
asociados a esta categoría, y que se inscribe en la ideología que en Argentina postula al
mestizaje como un proceso degenerativo. Para esta ideología, les descendientes serían
marginales (término utilizado por Peronja) debido a que no terminaron de abandonar
su cultura, o bien porque era un sector de la población a la que había que asimilar.
Asimismo, su definición como mezcla, desvío o alteración produjo y delineó como
contrapartida un ideal de pureza étnica, que remitía a diacríticos tales como tener
determinados rasgos racializados, vivir en el campo y particularmente en la Línea Sur
de la provincia, hablar la lengua y tener apellido de origen mapuche.
El análisis del trabajo de Peronja señala el lugar central de la Antropología en la
constitución de este saber y muestra el peso que continuaron teniendo los discursos
que construían a los pueblos originarios como remanentes del pasado, aun cuando

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el problema de análisis eran procesos migratorios recientes hacia la ciudad. Ese


peso, vinculado con el contexto de dictaduras y proscripción política, explica que
antropólogues formades en contextos en los cuales esas perspectivas teóricas y políticas
no eran las únicas existentes, reprodujeran tales discursos. La principal consecuencia
de estas sedimentaciones de sentidos es la reproducción de un vínculo constituido
a través de la violencia epistémica, que fija a quienes son definides de ese modo. A
partir de la década de 1980, sin embargo, la asimilación comenzó a ser confrontada por
diferentes sectores sociales, principalmente los pueblos originarios.

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quecasamiquela-fue-parte-de-la-ultima-dictadura-militar

Paula Cecchi es Doctora en Antropología, Profesora y Licenciada en Ciencias


Antropológicas con orientación sociocultural (UBA). Trabaja como becaria
posdoctoral de CONICET (UNRN, Sede Atlántica) y como docente universitaria
y de nivel medio. Integra el Grupo de Estudios sobre Memorias Alterizadas y
Subordinadas (GEMAS).

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P E R R IÈR E
Sobre indígenas, gauchos e inmigrantes: una etnografía de los aprendizajes prácticos y la producción de
conocimientos en el contexto de una excavación arqueológica en el sudoeste bonaerense

Sobre indígenas, gauchos e inmigrantes:


una etnografía de los aprendizajes
prácticos y la producción de
conocimientos en el contexto de una
excavación arqueológica en el
sudoeste bonaerense1
[ HERNÁN PERRIÈRE]
Departamento de Humanidades, Universidad Nacional del Sur (UNS). Consejo
Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET)
hernanpierriere@[Link]

Resumen1
En el año 2015 en la localidad de General Daniel Cerri (partido de Bahía Blanca, Buenos
Aires) en el patio de una construcción abandonada se descubrió accidentalmente un
basural donde el Equipo de Arqueología de la Universidad Nacional del Sur (UNS)
halló diversos materiales cuyas dataciones corresponden a un lapso temporal de fines
del siglo XIX y principios del siglo XX. En el transcurso de los tres meses de rescate
arqueológico acompañé al Equipo y a estudiantes de Historia durante cuatro días
completos de excavaciones y en esas jornadas realicé distintas entrevistas formales,
informales y diversas observaciones que constituyen una etnografía. En una primera
parte de este artículo, el objetivo es analizar los aprendizajes prácticos en las tareas de
arqueología, e indagar sobre la producción de conocimientos científicos. Asimismo,
el hallazgo permitió conocer a un integrante de una familia pionera de la localidad y
abordar sus conocimientos sobre el pasado regional y sus trayectorias personales de
vivencias y memorias. En una segunda parte, el objetivo es describir los conocimientos
que los diversos actores involucrados (arqueólogo, lugareño y estudiantes) desarrollan
sobre la utilidad y función que habría desempeñado la construcción donde se realizó la
excavación arqueológica. Problematizo que algunas de ellas se refieren a una pulpería
de la segunda mitad del siglo XIX donde se vinculan a indígenas y gauchos; y otras que
consideran que la construcción fue un “Boliche” fundado por los primeros inmigrantes
en el contexto de la expansión industrial de la región en las primeras décadas del siglo
XX. Esta etnografía propone dar cuenta de la experiencia vivida en el trabajo de campo
y contribuir a los estudios educativos basados en los aprendizajes prácticos.

Palabras clave: etnografía, aprendizajes, conocimientos, sitio arqueológico


1
Artículo recibido: 2 de enero de 2023. Artículo aceptado: 28 de agosto de 2023.

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About indigenous people, gauchos and inmigrants: an ethnography of


learning by practice and knowledge production in the context of an
archaeological excavation in the southwest bonaerense

Abstract
In 2015, in the town of General Daniel Cerri (Bahia Blanca district, Buenos Aires), in
the courtyard of an abandoned building, a dump was accidentally discovered where
the Archeology Team of the National University of the South (UNS) found various
materials whose datings correspond to a period of the late nineteenth and early
twentieth century. During the three months of archaeological rescue, I accompanied
the Team and History students during four full days of excavations and during those
days I carried out different formal and informal interviews and various observations
that constitute an ethnography. In the first part of this article, the objective is to analyze
practical learning in archeology tasks and to inquire about the production of scientific
knowledge. Likewise, the finding made it possible to meet a member of a pioneer
family from the locality and address their knowledge about the regional past and their
personal trajectories of experiences and memories. In the second part, the objective is
to describe the knowledge that the various actors involved (an archaeologist, a villager,
and students) develop about the usefulness and function that the construction where
the archaeological excavation was carried out would have performed. I problematize
that some of them refer to a pulpería from the second half of the 19th century where
indigenous people and gauchos are linked; and others consider that the construction was
a “Bowling” founded by the first immigrants in the context of the industrial expansion
of the region in the first decades of the 20th century. This ethnography proposes to
account for the experience lived in the fieldwork and contribute to educational studies
based on practical learning.

Keywords: ethnography, learning, knowledge, archaeological site

Sobre indígenas, gaúchos e imigrantes: una etnografía de aprendizagem,


prática e produção de conhecimento no contexto de uma escavação
arqueológica no sudoeste bonaerense

Resumo
Em 2015, no povoado de General Daniel Cerri (bairro Bahia Blanca, Buenos Aires), no
pátio de um prédio abandonado, foi descoberto acidentalmente um lixão onde a Equipe
de Arqueologia da Universidade Nacional do Sul (UNS) encontrou diversos materiais
cuja datações correspondem a um período de tempo do final do século XIX e início do
século XX. Durante os três meses de resgate arqueológico, acompanhei a Equipa e os
alunos de História durante quatro dias completos de escavações e durante esses dias
realizei diferentes entrevistas formais e informais e várias observações que constituem
uma etnografia. Na primeira parte deste artigo, o objetivo é analisar a aprendizagem
prática em tarefas de arqueologia e indagar sobre a produção do conhecimento

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P E R R IÈR E
Sobre indígenas, gauchos e inmigrantes: una etnografía de los aprendizajes prácticos y la producción de
conocimientos en el contexto de una excavación arqueológica en el sudoeste bonaerense

científico. Da mesma forma, a descoberta possibilitou conhecer um membro de uma


família pioneira da localidade e abordar seus conhecimentos sobre o passado regional
e suas trajetórias pessoais de experiências e memórias. Numa segunda parte, pretende-
se descrever o conhecimento que os vários intervenientes envolvidos (arqueólogo,
aldeão e alunos) desenvolvem sobre a utilidade e função que teria desempenhado a
construção onde foi realizada a escavação arqueológica. Problematizo que alguns deles
se referem a uma pulpería da segunda metade do século XIX onde indígenas e gaúchos
estão ligados; e outros que consideram que a construção foi um “Bowling” fundado
pelos primeiros imigrantes no contexto da expansão industrial da região nas primeiras
décadas do século XX. Esta etnografia se propõe a dar conta da experiência vivida no
trabalho de campo e contribuir para estudos educacionais baseados na aprendizagem
prática.

Palavras-chave: etnografia, aprendizagem, saberes, sítio arqueológico

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Introducción
En el año 2015, en el marco de los estudios de doctorado, me encontraba investigando
etnográficamente la utilización del Museo Fortín Cuatreros (MFC) como recurso
pedagógico para la enseñanza de la Historia en la escuela secundaria y las apropiaciones
(Rockwell 2018) que las docentes realizaban sobre su patrimonio. Este museo
se encuentra emplazado en el área periurbana de la localidad de General Daniel
Cerri (a unos 10 km. al oeste de la ciudad de Bahía Blanca) y, como su nombre lo
indica, representa un fortín que fue instalado en la región en 1876 como parte del
establecimiento de unidades militares en un contexto de relaciones interétnicas entre
los grupos criollos y los pueblos indígenas (Perrière 2021). Actualmente, es un museo
municipal que depende administrativamente del Instituto Cultural del Municipio de
Bahía Blanca2.
En el mes de mayo frente al museo, como
consecuencia de retirar un árbol de gran
porte (eucalipto) para ejecutar una calle,
quedó al descubierto un importante basural
de una vieja construcción abandonada que
contenía gran cantidad de objetos de uso
cotidiano de fines del siglo XIX y principios
del XX. El hallazgo fue difundido por
la prensa de Bahía Blanca: “Descubren
restos de la primera pulpería de General
Daniel Cerri” (La Brújula 24, 11 de mayo
de 2015); “Hallan restos de una pulpería
que funcionó en 1880 en Cerri” (La Nueva
Provincia, 13 de mayo de 2015). El hecho
también se reprodujo en la mayoría de
los canales de televisión de la ciudad (ver
Figura 1). Como suele ocurrir con este
tipo de noticias, la repercusión mediática
anticipó las tareas necesarias para
coordinar el equipo encargado de rescatar
el material para proseguir con el trazado
de la calle. Por esta razón, el personal de la
Municipalidad de Bahía Blanca comunicó
el hallazgo al Equipo de Arqueología de la
Universidad Nacional del Sur (EAUNS) y
sugirió comenzar con las tareas de rescate
y organizar la campaña de excavación
arqueológica, que finalmente se realizó del
26 de mayo al 3 de julio del año 2015.

Figura 1: Repercusiones del hallazgo. Diario La Nueva Provincia.

2
Agradezco a quienes evaluaron el artículo, sus sugerencias y comentarios me permitieron ordenar y
mejorar el texto.

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P E R R IÈR E
Sobre indígenas, gauchos e inmigrantes: una etnografía de los aprendizajes prácticos y la producción de
conocimientos en el contexto de una excavación arqueológica en el sudoeste bonaerense

La primera parte de este artículo se titula “Aprendizajes prácticos y conocimientos en


una excavación arqueológica” y tiene por objetivos analizar la experiencia formativa en
el sitio como un proceso de aprendizajes prácticos de las tareas de arqueología y, a la
vez, indagar sobre la producción de conocimientos científicos. En una segunda parte
que llamo “Anudamientos en la producción social de conocimientos y memorias sobre
el pasado” propongo describir los conocimientos que los diversos actores involucrados
(arqueólogo, lugareño y estudiantes) desplegaron sobre la utilidad y función que había
desempeñado la construcción donde se realizó la excavación arqueológica. En este
sentido, problematizo que algunas de ellas se refieren a una pulpería de la segunda
mitad del siglo XIX donde se vinculan a indígenas y gauchos, y otras que consideran que
la construcción fue un “Boliche” fundado por los primeros inmigrantes en el contexto
de la expansión industrial de la región en las primeras décadas del siglo XX.
Metodológicamente, esta etnografía (Achilli 2005, Guber 2012) recupera y profundiza
algunas de las investigaciones realizadas en mi tesis de doctorado (2014-2018) producto
de acompañar al grupo de investigadores/docentes y estudiantes durante cuatro
días completos (27 y 29 de mayo, 12 de junio y 3 de julio de 2015) en la excavación
arqueológica. Cabe mencionar que esta investigación es una aproximación etnográfica a
los procesos de producción de conocimientos arqueológicos en los cuales quien escribe
no participó en las tareas propiamente dichas de rescate. Por esto, en el transcurso de
las jornadas realicé observaciones participantes y distintas entrevistas a estudiantes y a
la arqueóloga y el arqueólogo mientras efectuaban su trabajo en el sitio del hallazgo. La
mayoría de estas fueron filmadas con cámara en mano, acompañadas con fotografías,
con el objetivo de conocer algunas acciones que reflejen los procesos metodológicos que
se utilizan para generar conocimientos científicos referidos al contexto arqueológico
(Padawer 2017). Además entrevisté en profundidad a un poblador (o lugareño) de la
localidad de Cerri con la finalidad de circunscribir el hallazgo en sus narrativas ancladas
en su trayectoria como conocedor del lugar. Todos los nombres personales que se
mencionan en este artículo son ficticios con la finalidad de preservar el anonimato de
las y los interlocutores que colaboraron en el trabajo de campo.
Esta etnografía propone dar cuenta del trabajo de campo arqueológico acompañando
al EAUNS para contribuir a los estudios educativos basados en los aprendizajes
prácticos en el campo de la Antropología y Educación (Lave y Wenger 1991, Lave 2001,
2015; Wenger 2001, Ingold 2018). De esta manera, con este abordaje planeo superar
el sentido común que considera que los procesos de enseñanza-aprendizaje se basan
en la “incorporación” y “transmisión” de conocimientos, para recuperar la idea de que
este se construye colectivamente y que las personas se apropian del saber cultural de
diversas maneras integrando trayectorias y memorias personales y colectivas (Ingold
2015, Ramos 2016, Rockwell 2018).

Aprendizajes prácticos y conocimientos en una excavación arqueológica


Con motivo de organizar las tareas de rescate en el sitio arqueológico, el EAUNS convocó
a una charla informativa en el ámbito del Departamento de Humanidades comentando
el hallazgo y las acciones que se realizarían para la preservación y el estudio del material.
Asimismo, se invitó a las y los estudiantes que asistieron a participar voluntariamente
de los trabajos de rescate. De esta manera, se conformó un grupo de labor conjunta
entre las y los investigadores/docentes y alumnos y alumnas de la carrera de Historia.

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Las delegaciones que trabajaron en el sitio arqueológico se organizaron dos/tres veces


por semana, según las posibilidades de participación voluntaria de las y los estudiantes
de la carrera de Historia. Además el EAUNS se organizó con estudiante avanzado, un
arqueólogo y una arqueóloga, que son docentes del Departamento de Humanidades
de la UNS e investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y
Técnicas (CONICET). También los acompañaba yo, como investigador del doctorado
en Antropología. Con el transcurso de los días, observé una alta rotación de estudiantes
asociada a sus posibilidades de dedicar mediodía o día completo al trabajo de campo, a
lo que se sumó el traslado desde Bahía Blanca a la localidad de Cerri y la organización
de sus cursadas.
El viaje se efectuaba en una combi que salía de la universidad a la mañana temprano,
hacía un relevo al mediodía y volvía a media tarde, esto traía aparejado una serie de
cuestiones a organizar: la comida, el traslado de los materiales, el clima otoñal y el
cuidado del sitio, que no describiré en este artículo pero que fueron parte de la estrategia
para trabajar. Específicamente, en este apartado, analizo el proceso de aprendizaje
práctico en el contexto de una excavación arqueológica de rescate en el sitio “La
Pulpería” (que posteriormente el EAUNS denominó el “Boliche Lucanera”) como una
experiencia educativa al recuperar algunos aspectos de la metodología utilizada, los
materiales y el lenguaje técnico.

Arqueología en “La Pulpería”


El día 27 de mayo acompañé por primera vez al EAUNS y a estudiantes, salimos
de la universidad un contingente de ocho personas además del chofer, y en media
hora, aproximadamente, ya nos encontrábamos en el sitio. Según mis registros de
observación, al llegar al lugar visualicé una construcción de ladrillos abandonada de
grandes dimensiones con las ventanas y puertas tapiadas que no permiten ingresar
a su interior. Por detrás de la construcción, una galería externa con restos de pintura
de color rosado y decorada con motivos azules y un embaldosado que mediaba con el
patio o terreno donde se realizaron las tareas de excavación. A unos cinco o seis metros
se encontraba el árbol volteado con sus raíces expuestas rodeadas de un cúmulo de
tierra arrancada (ver Figura 2).

Figura 2: Vista general del sitio y trabajos iniciales del EAUNS

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Sobre indígenas, gauchos e inmigrantes: una etnografía de los aprendizajes prácticos y la producción de
conocimientos en el contexto de una excavación arqueológica en el sudoeste bonaerense

La realización conjunta del trabajo de campo arqueológico puede caracterizarse


como una “comunidad de prácticas”. Se basa en: a) un compromiso mutuo (entre
investigadores y estudiantes); b) una empresa conjunta (procesos colectivos de
negociación, responsabilidad mutua entre participantes sobre el que hacer, cómo
hacerlo a qué prestar atención) y c) un repertorio compartido de negociación que incluye
rutinas, palabras, maneras de hacer, relatos, gestos, géneros, conceptos y acciones
(Wenger 2001). Los primeros trabajos en el sitio comenzaron cerca del árbol caído con
la finalidad de recuperar los materiales que fueron removidos por la máquina utilizada
para voltearlo. Para dar cuenta de esto, parte del equipo retiraba con una pala la tierra
que luego depositaban en una carretilla y era llevada al sector donde se la zarandeaba
(colaba) para retirar los restos (Registro de observación nº 1, General Daniel Cerri, 27
de mayo 2015).
Dos estudiantes se encuentran sentadas en bancos plegables de metal. Sobre sus
pies, apoyada en el piso, hay una zaranda con tierra, ellas retiran materiales y con un
cepillo de dientes quitan la tierra para limpiarlos. Al preguntarles sobre el trabajo que
realizaban, lo primero que me comentaron fueron los hallazgos y también deslizaron
algunas interpretaciones: vidrios de vasos o botellas que suponen que son de licores,
unos huesos que permiten saber qué es lo que consumieron quienes concurrieron
a la pulpería. En el mismo diálogo una de ellas se refirió a que los objetos (cosas)
encontrados “hablaban” y “que hay que descubrirlas y escucharlas”:

“Todo esto que estamos encontrando puede hablarnos, yo creo que todas
las cosas nos hablan, el tema es tratar de descubrirlas y escucharlas de
alguna manera. Yo creo que… por ejemplo, la gente ve esto y dice: bueno son
restos… son cosas viejas, son objetos y nada más y no te dicen nada. ¡Pero si!
Vos buscás, investigás y hay muchísimo para saber sobre esto (…)
Hay que ver que se selecciona también, hay que tener un ojo crítico… saber
lo que estamos trabajando ¿no es cierto? Por ejemplo, yo no tuve ninguna
experiencia en venir a trabajar acá… pero con la ayuda de los chicos, íbamos
descifrando qué significa cada cosa… entonces pude descubrir lo que era un
hueso de lo que era una piedra” (Entrevista informal a estudiante, General
Daniel Cerri, 27 de mayo de 2015)

La estudiante explica con sus palabras el sentido que adquiere el trabajo de campo en
arqueología porque el registro arqueológico es una asociación de objetos que es, a la
vez, estático (vestigios materiales encontrados) y dinámico porque explican acciones
que las personas realizaron en el pasado (Gamble 2002, Renfrew y Bahn 2011, Bellelli
2001). En este sentido la estudiante le otorga a la investigación en arqueología y a
sus resultados un significado para conocer y descubrir, frente a aquellas visiones que
consideran que las cosas no dicen nada. Es interesante, en su relato, la categoría de que
las “cosas” hablan.
De esta manera es posible analizar que en todas las “comunidades de prácticas” se
produce un proceso de “cosificación” (Wenger 2001) que consiste en dar forma a la
experiencia generando objetos que se plasman en cosas significativas en el contexto
de la actividad. Asimismo, este proceso produce una memoria que deja “huellas” del

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pasado y una resignificación en el presente. Son los sentidos de las cosas las que resultan
de la negociación de significados y además incluye otras acciones: el hacer, diseñar,
representar, nombrar, codificar, describir, percibir, interpretar, utilizar, reutilizar,
descifrar, entre otros.
El proceso de “cosificación” implicó un aprendizaje que la estudiante verbaliza como
“tener un ojo crítico” y la experiencia del trabajo colectivo para distinguir distintos
objetos. En este sentido, la antropóloga Ana Padawer (2013) emplea el término
“traducciones fundadas en habilidades” para explicar el proceso por el cual se
verbalizan las acciones que, en el caso de las y los aprendices, unen el lenguaje técnico,
los términos cotidianos y las experiencias sensitivas para construir conocimientos en
el aprendizaje práctico históricamente situado. Para dar cuenta de esta idea, retomar
a Etienne Wenger (2001) permite comprender que el proceso de aprendizaje implica
inevitablemente la conformación de comunidades de práctica que es un proceso social
que incluye el aprendizaje de destrezas. Un ejemplo de esto, es cuando la estudiante
refiere que pudo descubrir lo que era un hueso a diferencia de una piedra.
En el trabajo en el sitio, el zarandeo requería de la coordinación de personal especializado:
por un lado, el EAUNS organizaba las tareas propias de una excavación de rescate,
a la vez que enseñaba los procedimientos propios de la arqueología como disciplina
científica a las y los estudiantes. Al consultarle sobre esta actividad, la arqueóloga que
coordinó las actividades utilizó un vocabulario más técnico:

“Estoy zarandeando el material removido por la máquina. La idea es recuperar


los objetos que han sido removidos por la máquina y que ya no conservan
su posición estratigráfica, pero que, igualmente, brindan información.
Entonces los tamizamos y estamos separando por tipo de material: vidrios,
huesos y demás… Muchos fragmentos de vidrio, algunos de loza, de platos,
de tazas, bastantes huesos… muchos fragmentados, otros que es posible
identificar algunas especies: sobre todo de oveja, vaca, aparecen algunas
vértebras de pez. Algunos de los restos presentan marcas de corte, lo que
nos está mostrando es la acción humana en el tratamiento de esas presas,
¿no es cierto?... Algunos huesos quemados que es también importante para
la interpretación del conjunto” (Entrevista informal a arqueóloga, General
Daniel Cerri, 27 de mayo 2015)

Este proceso de profesionalización del conocimiento está acompañado por el desarrollo


de un lenguaje técnico (tamizar, posición estratigráfica y marcas de corte) que facilita la
comunicación en y del grupo y que es apropiado por los y las estudiantes. La arqueóloga
explicó que en una excavación arqueológica también es importante el rescate de objetos
que fueron removidos y que no están, a diferencia de otros, en su posición original y
que esto requiere de tareas específicas como el tamizado.
Los y las especialistas en arqueología producen un conocimiento científico basado en
la materialidad encontrada en determinados sitios, que permite reconstruir distintos
contextos históricos (Salerno 2014) como es el caso de estudio. La producción de su
conocimiento se compone de varias capas que, resumidamente, pueden esquematizarse
en el trabajo en el campo (o en el contexto de excavación) donde se realizó la entrevista,

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Sobre indígenas, gauchos e inmigrantes: una etnografía de los aprendizajes prácticos y la producción de
conocimientos en el contexto de una excavación arqueológica en el sudoeste bonaerense

el trabajo de laboratorio (limpieza, clasificación y análisis del material) y el trabajo de


interpretación del registro arqueológico y la elaboración de informes que abordaré en
el siguiente apartado.

Figura 3: Estudiantes trabajando en las cuadrículas

Según mis registros de campo en el sitio, luego de las tareas de zarandeo, la excavación
arqueológica propiamente dicha comenzó, como es habitual en estos casos, la división
del terreno en cuadrículas de un metro por un metro, delimitadas por piolines
amarrados a estacas de madera. En esas cuadrículas trabajan estudiantes (en duplas o
individualmente) por capas estratigráficas retirando el relleno con espátulas de metal.
El ruido que se produce al golpear el metal con la tierra genera un sonido monótono y
sostenido (ver Figura 3). Luego apartan las piezas arqueológicas encontradas que son
retiradas y separadas en bolsas con rótulos. Una estudiante se refería a este trabajo:

“Entrevistador: - ¿Qué estás haciendo?


Martina: - Bueno en este caso, en mi caso es el primer día y estamos trabajando
en los primeros pasos de lo que es esta excavación de emergencia en este
sitio, dado que se está planificando construir una calle… se están realizando
los primeros pasos para relevar el material que se encontró. Acá nos toca a
nosotros el trabajo de empezar a rasquetear la tierra con la espátula, con las
palitas pasando de unidad estratigráfica a unidad estratigráfica (…)
E: - ¿Y qué encontraron?
M: - Eso va variando de cuadrícula a cuadrícula… por ahí en la que nos
tocó trabajar… se encontró un hueso que se dejó ahí en la cuadrícula, con
la esteca se lo fue delineando para ver su contorno, para no lastimarlo,
por eso usamos estecas de madera, para no lastimar con el metal… Se han
encontrado más que nada vidrios, restos de botellas, algún fragmento de
huesos” (Entrevista informal a estudiante, Gral. Daniel Cerri, 29 de mayo
2015).

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En el relato de la estudiante como en el de la arqueóloga se presentaba una sistematización


de distintos procedimientos estandarizados por la disciplina para generar conocimientos
científicos sobre el pasado, por ejemplo, avanzar en el relevamiento de materiales por
unidades estratigráficas (de 5 a 10 centímetros hacia abajo) en las cuadrículas. En
la arqueología la idea de contexto adquirió relevancia con la arqueología procesual
(Schiffer 1990) que propuso que los materiales encontrados en un sitio arqueológico
reflejan un conjunto de diversas conductas humanas a partir de los desechos o basura
(primaria o secundaria según su lugar de descarte). Asimismo estos materiales sufren
la acción de diversos procesos naturales. El contexto arqueológico es el lugar donde los
y las arqueólogas realizan excavaciones y/o recolecciones en superficie para recuperar
los materiales que quedaron de los comportamientos humanos (Lanata y Aguerre
2004:91).
La utilización de las estecas de madera (instrumentos que sirven para afinar los
contornos de los restos antes de ser extraídos de la superficie) implica un trabajo
muy delicado para no dañar el material. Además, como he mencionado, la actividad
científica requiere de trabajo en equipo, de una comunidad de iguales y también de
un lenguaje técnico común que le dé significado al pensamiento y a las acciones que
realizan los y las participantes.
Avanza la excavación. Han pasado más de quince días del comienzo de las acciones
de rescate y vuelvo al sitio. Observo que en las cuadrículas hay estudiantes de rodillas
y algunas sentadas en almohadones redondos. Siento las espátulas y cucharines de
metal al excavar la tierra (Registro de observación nº 3, General Daniel Cerri, 12 de
junio 2015). Con las palas de plástico retiran la tierra que luego depositan en unos
baldes de color negro con manijas. Algunos utilizan cepillos o escobillas para limpiar
la superficie. En el medio hay una bolsa de plástico donde depositan los materiales que
encuentran en la cuadrícula, una por cada cuadrícula. Por detrás de ellos, el tronco del
árbol tumbado con las raíces expuestas.
Según Jean Lave (2001), las personas que realizan actividades se ayudan mutuamente
al participar en contextos cambiantes. Es la acción práctica mediada por el aprendizaje
en las actividades. La presencia de distintos actores trabajando en el lugar remite a
estas primeras instancias de la campaña arqueológica de rescate, donde muchas
manos se sumaban para asumir distintas tareas: zarandear, remarcar las cuadrículas,
rasquetear por capas estratigráficas, utilizar la esteca y clasificar el material removido
en bolsas, entre otras. En una fotografía tomada en el sitio se puede observar cómo la
arqueóloga indica a un estudiante el procedimiento para la utilización de una esteca.
Ella se encuentra apoyada sobre una mano en la cuadrícula y con la otra utiliza la
esteca que apoya sobre un objeto que está enterrado, y el estudiante sentado enfrente
escucha sus explicaciones (ver Figura 4).

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Sobre indígenas, gauchos e inmigrantes: una etnografía de los aprendizajes prácticos y la producción de
conocimientos en el contexto de una excavación arqueológica en el sudoeste bonaerense

Figura 4: Arqueóloga enseña la utilización de las estecas

Para finalizar este apartado, he intentado describir el contexto de la excavación


arqueológica como proceso educativo que permite abordar el aprendizaje práctico donde
el conocimiento se construye, produce y se transforma en un contexto específico. A su
vez, en la producción de conocimientos generado por los y las estudiantes se articulan
un lenguaje técnico, posiblemente recientemente aprendido, junto con interpretaciones
propias sobre la materialidad de los hallazgos. En el caso de las y los arqueólogos, el
conocimiento requiere la enseñanza de varios procedimientos prácticos diferente al de
las clases áulicas universitarias y las exigencias académicas pero que profundizan en el
conocimiento científico.

Anudamientos en la producción social de conocimientos y memorias sobre


el pasado
Como he mencionado, el hallazgo del sitio arqueológico vinculó distintas trayectorias
de vida que constituyen una red de conocimientos que se desplegaron durante los
tres meses que duraron las tareas de rescate del material. Tim Ingold (2015) utiliza la
metáfora de “caminantes” para explicar que las personas habitamos la tierra “amarrados”
a un lugar y a lo largo de los movimientos de la vida vamos surcando caminos que
compartimos con otros. En ese punto, los caminos se entrelazan como nudos (lugares)
atados con hilos que forman una “malla de red” (meshwork) de senderos entrelazados.
Para Ingold el “anudar” puede registrar un número de dominios de pensamiento y
de práctica a través de los cuales los patrones de cultura se sostienen y amarran en
los intersticios de la vida humana. En el proceso a lo largo de esa trayectoria, cada
habitante hace una senda. Donde los habitantes se reúnen, los caminos se entrelazan,
como la vida de cada uno está atada a la del otro.
Para la antropóloga Ana Ramos (2016) una persona que conoce sabe narrar, en el
sentido no solo de contar historias del mundo sino de tener una conciencia perceptual
de los entornos. En este sentido la memoria es un conocimiento específico que se
encuentra en permanente construcción en un contexto determinado y se constituye
como un relato: conocer algo o a alguien es conocer su historia, y ser capaz de juntar
aquella historia con la propia, siendo en este sentido que las memorias-conocimientos
son generadas (Ramos 2016: 55)

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Diversos nudos y senderos se narraron en torno a las funciones que habría cumplido
la construcción que contenía al sitio arqueológico. Para dar cuenta de esto, en este
apartado analizo los sentidos que le otorgan al hallazgo: un lugareño pionero de Cerri,
un arqueólogo y algunos estudiantes que participaron de la excavación. Anticipo
brevemente que sus relatos otorgan al lugar, por un lado, una denominación de
“Pulpería” vinculada a la presencia indígena representada por el MFC y a los gauchos
que utilizaban ese lugar como un espacio de recreación. Por otro lado, el EAUNS refiere
a que el basurero encontrado pertenece a un “Boliche” que llamó Lucanera (por el
apellido de sus dueños) que ha tenido funciones similares a una pulpería, pero en su
otro contexto histórico. Consideran que fue fundado por los primeros inmigrantes en
la expansión industrial de la región en las primeras décadas del siglo XX.

Un lugareño: recuerdos sobre “La Pulpería” y el fortín


Un actor relevante para analizar la producción de conocimientos sobre el hallazgo
arqueológico fue Alfredo, un vecino de la localidad Cerri. Él adquirió protagonismo
en mi trabajo de campo cuando supe que su familia fue la propietaria del terreno
y construcción (que luego donó a la municipalidad) y que hoy es el MFC que se
encuentra frente al sitio. Los encargados del museo lo habían invitado en ocasión
del descubrimiento de la “Pulpería” y en ese contexto fue donde lo entrevisté en una
pequeña cocina del museo, cerca de las hornallas encendidas, en un día de mucho frío.
Alfredo nació en Bahía Blanca, pero me relató que se sentía un cerrense porque vivió
toda la vida en esa localidad. Pertenece a una de las familias que son reconocidas
como pioneras de la localidad, sus antepasados llegaron de Italia, específicamente de
la ciudad de Farnese, en la primera década del siglo XX. Cuando lo entrevisté el 3 de
junio del 2015, era dueño de un conocido almacén de ramos generales en el centro de
la localidad que administraba junto a su familia.
La memoria es una práctica que genera conocimientos que se construyen
permanentemente entre sujetos en trayectorias sociales o colectivas. Así, los conceptos
de “memoria colectiva” o de “actos del recuerdo” (Halbwachs 2004) permiten hablar
de los procesos de recuerdo y olvido de grupos o colectividades, advirtiendo que cuando
rememoramos algún acontecimiento no lo hacemos solos o solas, sino que enlazamos
recuerdos con los demás.
La presencia de Alfredo en el lugar del sitio permitió que en su relato despliegue breves
referencias que le transmitieron sus antepasados sobre el siglo XIX, sus conocimientos
sobre la conformación del paisaje y temas vinculados a la historia de la localidad.
Alfredo entrama distintos temas que recuerda de sus vivencias personales y familiares:

“Entrevistador: - ¿Qué se acuerda de la “pulpería”?


Alfredo: - De la Pulpería, que yo sepa y me han contado, nació con el fortín…
Porque me lo han contado… Tengo entendido que este fortín fue construido
en la década de 1870, con esa pulpería. No se hizo pensando que se iba a
fundar el pueblo de Cerri, ¡No! Se hizo para contener el avance de indios y
demás. Bueno, después espaciosamente con los inmigrantes, se empezó a
construir para otro lado, en 1903 aparece Sansinena y hace el frigorífico; y
ahí nomás, (se construye) la iglesia.

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Sobre indígenas, gauchos e inmigrantes: una etnografía de los aprendizajes prácticos y la producción de
conocimientos en el contexto de una excavación arqueológica en el sudoeste bonaerense

Esa pulpería (era) como para que se entretengan los chicos, sino se la
pasaban nada más que matando indios (…) y después el pueblo se hizo más
allá, con el correr del tiempo. Pero los recuerdos que yo tengo de los relatos
es que se hizo ahí, años más o menos, todo junto: el fortín con la Pulpería”
(Entrevista a poblador de Cerri, General Daniel Cerri, 3 de julio de 2015).

Según Alfredo hay una asociación entre el edificio que hoy ocupa el MFC y la construcción
de enfrente (“La Pulpería”) porque, según él, se construyeron en el mismo momento,
recuerda: “que yo sepa y me han contado”. Repone en su relato el lugar que ocupaba
el fortín en 1876 para contener el avance de los indígenas, añadiendo que la pulpería
cumplía, en ese contexto, la función de ser un espacio de sociabilidad para los soldados
de frontera: “como para que se entretengan los chicos”. En los fragmentos, puede
leerse que Alfredo recupera la idea de violencia al decir “sino se la pasaban nada más
que matando indios”.
Como menciona Rita Segato (2007) en la conformación de los Estados nacionales, el
territorio siempre se marca por los emblemas identificadores de su ocupación. En la
segunda mitad del siglo XIX, el paisaje del sudoeste bonaerense fue modificado. Una
de las estrategias empleadas por el Estado para controlar un área de frontera basada
en relaciones interétnicas entre indígenas y criollos, fue el establecimiento de fortines
cuyas finalidades fueron: delimitar el paisaje, abastecer a las tropas de soldados y ser
construcciones defensivas (Bayón y Pupio 2003). Entre ellos el Fortín Cuatreros en
1876 que da nombre al museo de la localidad en un contexto de políticas estatales
contra los indígenas definidas como genocidio (Lenton, Delrio, Pérez, Papazian, Nagy
y Musante 2015, Alioto, Jiménez y Villar 2018, de Jong 2019)
Por otro lado, Alfredo también referencia que el fortín (hoy MFC) y la “Pulpería” no
tienen relación espacial directa con el surgimiento del pueblo que da origen a Cerri.
Según su visión, el crecimiento de la localidad fue posterior y no estaba asociado
a ese paisaje rural, sino a un contexto de principios del siglo XX, con la llegada de
inmigrantes que trabajaban en los emprendimientos productivos como el frigorífico
Sansinena creado en 19033. En la conformación actual del paisaje de Cerri es visible
el abandono industrial de las empresas emblemáticas como el frigorífico Sansinena,
la llanera y el ferrocarril que habían otorgado a la localidad el lugar de polo industrial
regional en los inicios del siglo XX y el surgimiento de un pequeño núcleo urbano
de inmigrantes que se llamó “Cuatreros” (hasta 1943) que se integró a la zona rural
(donde se encuentra el MFC).
En su relato Alfredo deja entrever su mirada sobre los orígenes de Cerri, otorgando
un lugar central la inmigración europea, específicamente, a la proveniente de Italia
de donde provienen sus antepasados. Con relación a la producción de conocimientos
de los lugareños, Ingold (2018) refiere a que los hechos ocurren cuando se ponen en
relación con las acciones y respuestas que se le otorgan por medio de recuerdos que
3
En el año 1903 se construyó el complejo industrial de la Compañía Sansinena de carnes congeladas,
con un frigorífico que ocupaba a 400 empleados, además en la zona aledaña se creó la Colonia Obrera
Sansinena y la planta contó con un trazado ferroviario que culminaba en el Puerto Cuatreros. Fue el
único muelle que perteneció hasta la década de 1990 a empresas privadas. La compañía perteneció
en ese entonces, al empresario y terrateniente Ernesto Tornquist quién había comprado importantes
estancias en el poblado que lleva su apellido.

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se convocan y que son narrados como historias. Según Lave (2001) los conocimientos
se construyen y se transforman al ser usados, en este sentido Alfredo recuperó, en sus
relatos sobre el pasado regional, su trayectoria como caminante y recorrió los surcos de
la memoria familiar de inmigrantes que le han transmitido de forma oral.

Arqueólogo: “no sería esa pulpería de frontera”


El último día de campaña realicé una entrevista informal al arqueólogo encargado de la
excavación, para que me comentara algunas conclusiones del trabajo de campo:

“Por otro lado, con esta cuestión temporal que tiende a acercarse al museo,
a los orígenes de Cerri, la vinculación con el Fortín, con la etapa de frontera
y el último lapso de expansión del Estado Nacional, no tiene relación. Esto
(de la pulpería) es posterior, son al menos 5 o 6 años después y eso ya marca
un lapso bastante grande ¿no? Esto sería más o menos 10 años después del
último envión de Roca. Cronológicamente no tendría relación con la etapa
del Fortín; no sería esa pulpería de frontera como se la ha querido plasmar
desde un principio desde el ámbito municipal” (Entrevista informal a
arqueólogo, General Daniel Cerri, 3 de julio de 2015).

Del relato se destaca un cuestionamiento a la asociación temporal de la pulpería y


el Fortín que se había planteado en los medios de comunicación. En ese sentido, el
arqueólogo explicaba que no se trataba de una pulpería de mediados del siglo XIX,
que la literatura gauchesca había presentado como un espacio de sociabilidad en la
campaña bonaerense. Para él, los hallazgos se orientaban a ubicar la construcción
en otro contexto histórico, más vinculado a la “modernización” de la región. Con los
datos históricos disponibles, el edificio parecía vincularse con el inicio de la inserción
de la región en el modelo agroexportador, la llegada del ferrocarril Cerri (1897), el
establecimiento posterior del frigorífico “Cuatreros” (1903) y de la lanera “Argentina”
(1905).
En contextos similares de prácticas de arqueología histórica en la provincia de Buenos
Aires (Argentina), Virginia Salerno (2014) analizó que, para la gestión municipal, las
investigaciones arqueológicas son una actividad significativa que permite generar
prestigio, establecer vínculos con las instituciones científicas como la universidad, y
les da visibilidad. Asimismo, para los profesionales científicos, la firma de convenios
de colaboración y la difusión de sus informes de investigación son importantes para la
divulgación de sus conocimientos.
Como he mencionado, la producción de conocimientos científicos sobre el hallazgo se
basó en una metodología de trabajo muy minuciosa que excedió a la mera recolección
del material, sino que continuó en los años posteriores a la excavación y se profundizó
con las interpretaciones de lo hallado y la difusión de los resultados en informes,
eventos, publicaciones en revistas y tesinas (Vecchi, Tomassini y Frontini 2015, Vecchi
y Tomassini 2015, Tomassini y Weimann 2018, 2021)

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conocimientos en el contexto de una excavación arqueológica en el sudoeste bonaerense

Estudiantes de Historia: “La Pulpería” y el “Martín Fierro” que leímos en


la escuela
En el sitio y comenzando los primeros trabajos de arqueología, un grupo de estudiantes
trabajaba en las cuadrículas, otro grupo se ubicó en las proximidades al tronco caído
del viejo eucalipto, para zarandear los materiales que fueron removidos. Tras una parva
enorme de tierra, junto a la pared de fondo de la construcción abandonada, trabajaban
Juan y Maxi, estudiantes de Historia que se enteraron de la convocatoria por medio del
Departamento de Humanidades de la UNS. Me acerqué a ellos y les pregunté sobre el
lugar:

“Entrevistador: - ¿Conocían Cerri?¿Qué impresión les dio el lugar?


Juan: - Un lugar tranquilo, sereno… (…) Me imagino cómo habría sido hace
100 años atrás como cuando funcionaba. Yo me imagino como una pulpería
con ese concepto onda Martín Fierro que uno tiene en el imaginario colectivo
(…)
E: - ¿Por qué lo asocias al Martín Fierro?
J: - Por lo mismo que te decía… yo la pulpería lo asocio a lo rural…
Maxi: - ¿Sabes lo que me quedé pensando? Lo del Martín Fierro, el mangrullo,
me pasó eso también que me remonté directamente al relato que tuvimos en
la escuela, que nos caracterizaron siempre: los fortines, la presencia de las
pulperías ¿no? Y después de encontrar toda la vajilla y todo eso… Es con lo
que más lo asocio, con lo que tengo conocimiento…
E: - ¿Y por qué el Martín Fierro?
M: - Porque es lo que más conozco de la historia nacional supongo… por
la escuela, por la cultura popular en general, es algo que a la gente le saca
mucho lustre… en el sentido de que es muy conocido, es identificable…
J: - Es que en ámbito escolar es el que más se reivindica y se promociona,
se promueve su lectura. Cuando estuve, en quinto año, me hacían leer el
Martín Fierro, ese era el libro que uno tenía que leer…
M: - Aparte es aplicable a diferentes materias… (…) lo que pasa es que el
mangrullo histórico es como la marca registrada del fortín…” (Entrevista
grupal a estudiantes, General Daniel Cerri, 27 de mayo de 2015)

Con la selección de este diálogo intento presentar la manera en que los estudiantes
universitarios recurrían a sus trayectorias escolares para referirse al contexto en el cual
se habían desarrollado las pulperías: “por la escuela”, “la lectura del Martín Fierro”,
“ámbito escolar” asumiendo como propio el discurso que mantenía el MFC, pero
derivado de la obra narrativa “El Martín Fierro” que los habían leído en su escuela
secundaria.
Describo resumidamente, en la Argentina el “Martín Fierro” es un poema narrativo
escrito en verso por José Hernández entre 1872 y 1879 y corresponde al género
gauchesco argentino. El historiador Ezequiel Adamovsky (2019) analiza que la obra
tiene un contenido político basado en la desesperación del gaucho Martín Fierro y
relata las injusticias que la población rural vivió. Sus pasajes denuncian las injusticias

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a las que fue sometido por las autoridades de la campaña, el ahogo de sus penurias
embriagándose en las pulperías y su refugio en las tolderías indígenas. Por considerarse
una obra emblemática de la literatura argentina es lectura obligatoria de esa asignatura
en la escuela secundaria.
Además de la lectura de la obra en la escuela secundaria, para la antropóloga Carolina
Crespo (2005) la figura del gaucho y la vida rural fueron emblemas identitarios que,
en la Argentina, sirvieron a los sectores dominantes para homogeneizar la diversidad
cultural y encubrir la desigualdad existente en todo el territorio nacional. La identidad
del gaucho sintetizó en su figura la condensación de distintos grupos étnicos para
justificar el aporte de los contingentes migratorios e invisibilizar a los pueblos indígenas
y su genocidio perpetuado por la política estatal argentina (Delrio 2011).
Es interesante rescatar en este apartado la asociación que realizaron los estudiantes con
temas que estudiaron en la escuela secundaria y de las apropiaciones (Rockwell 2018)
que emplean en el contexto de la excavación arqueológica. Los estudiantes se apropian
de lo que les interesa o conviene, lo articulan con los conocimientos que traen y los
transforman para poder comprender los nuevos procesos (Rockwell 2011). Una idea
similar expresa Ingold (2018) al criticar la noción de la transmisión en la educación,
considerando que las personas construyen significados en un “taskscape” (paisaje
de tareas) donde se incorporan conocimientos previos y junto a las indicaciones/
instrucciones, constituyen experiencias significativas.
La apropiación de los recursos culturales de las personas en el transcurso de sus
trayectorias personales rebasa sus recorridos escolares y los destinos que la institución
les ha marcado formalmente, se establecen relaciones que van más allá del ciclo escolar
para recrear nuevas configuraciones en otros contextos de aprendizaje (Lave 2001).
El hecho de que los estudiantes remitieran a su escuela secundaria permite discutir el
proceso de apropiación en su complejidad. Las nuevas experiencias que atraviesan los
sujetos no son determinantes, ni los conocimientos “nuevos” desplazan a los anteriores.
Más bien permite pensarlos en su relación y su “actualización” ante las situaciones
nuevas donde son recuperados de acuerdo a su pertinencia.
En este apartado presenté distintas formas en la que los diversos actores producen
conocimientos sobre el pasado regional, en el cual destaqué los saberes y memorias
cotidianas, los recuerdos escolares y los científicos. Esto me permitió presentar diversas
formas de conocimientos académicas y no académicas que se refieren a la historia y
dan cuenta de los sujetos (gauchos, indígenas e inmigrantes) que habitaron el paisaje
bonaerense en la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX. Sin embargo, a
modo de cierre este apartado presento una discusión particular.
Como he mencionado, desde las esferas municipales, se demarcó el lugar como una
“Pulpería” y se continúa con un relato que une al MFC con ese establecimiento de
frontera en un espacio rural donde ocurren los malones. Hoy en día puede leerse
en la construcción que contenía el sitio arqueológico un cartel indicando: “Pulpería.
Delegación de General Daniel Cerri. Municipio de Bahía Blanca” (ver Figura 5). Sin
embargo, el EAUNS decidió denominar al sitio como el “Boliche Lucanera” y no como
pulpería, como se había difundido en la prensa y desde la Municipalidad que colocó
el mencionado cartel (ver Figura 6). Esto permite discutir que las apropiaciones sobre
los materiales arqueológicos, sus representaciones sobre el pasado (Salerno 2018) y
las problemáticas que remiten a la dimensión pública de la arqueología es un debate

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P E R R IÈR E
Sobre indígenas, gauchos e inmigrantes: una etnografía de los aprendizajes prácticos y la producción de
conocimientos en el contexto de una excavación arqueológica en el sudoeste bonaerense

abierto en el cual las universidades como productoras de conocimientos científicos no


deben quedar al margen en la explicación sobre el pasado regional.

Figura 5: Denominación del lugar por el Municipio de Bahía Blanca

Figura 6: Denominación del sitio arqueológico por el EAUNS

Asimismo, como surge de los testimonios, es posible mostrar las tensiones que se
producen entre el conocimiento científico y el del lugareño basado en la memoria y el
conocimiento que se trasmite entre las generaciones familiares. Pero también señalar
que en ambas interpretaciones hay un punto en común que asocia el origen de la
localidad de Cerri a un contexto de expansión industrial vinculada al trabajo de las y
los inmigrantes.
Por último, desde la mirada estudiantil, el gaucho Martin Fierro y la pulpería parecen
ser figuras comunes que se recuperan en nuevos contextos educativos. Sin embargo, es
posible discutir la apropiación que los estudiantes hacen de estas figuras escolares que
se revela cuando uno de ellos alude a la “marca registrada”, lo “identificable” que de
alguna manera le permite matizar o distanciarse y dudar de ese estereotipo compartido
socialmente.

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Reflexiones finales
Como he señalado, en este trabajo me interesó analizar la producción de conocimientos
que diversas personas generaron a partir del hallazgo de un sitio arqueológico que
contenía materiales de fines del siglo XIX y principios del XX. En este sentido, en una
primera parte expliqué desde el trabajo etnográfico como el contexto de una excavación
arqueológica constituyó un escenario de aprendizajes prácticos compartidos por
docentes/investigadores y estudiantes de la carrera de Historia.
Esto me permitió describir a partir de mis observaciones y referencias en las entrevistas
las metodologías que son utilizadas en la práctica del trabajo de campo arqueológico
(zarandear, rasquetear, demarcar, excavar en unidades estratigráficas, usar estecas,
entre otras). Asimismo, discutir las particularidades de producción del conocimiento
científico vinculados a las prácticas académicas en contextos extracurriculares y la
enseñanza de los procedimientos en la arqueología de rescate.
He podido analizar que en las narraciones que se construyen sobre el pasado aparecen
diversos actores (indígenas, gauchos e inmigrantes) que fueron resignificados a
partir del hallazgo, que a su vez entraman visiones que los vinculan a una pulpería
o al “Boliche” de fines del siglo XIX y principios del XX. Esto permite discutir que
la producción de conocimientos puede articular prácticas, vivencias, recuerdos, pero
también visiones sobre los procesos históricos que no hemos vivido.
Desde esta mirada, no fue prioritario definir si el mismo pertenecía a “La Pulpería” o
al “Boliche”, sino más bien explicar en qué contextos se producen los conocimientos y
cómo son los procesos por los cuales se generan. Intenté explicar que un acontecimiento
puede generar una diversidad de conocimientos que incluyen los científicos, los
escolares y las memorias familiares que se transmiten generacionalmente. Sin
embargo, los resultados de las investigaciones arqueológicas que consideran que el
basural perteneció al “Boliche Lucanera” se despliegan con mayor difusión en revistas
científicas y en congresos académicos.
Por último destacar que es posible avanzar en otra instancia de investigación en la
articulación de los resultados científicos basados en estas investigaciones arqueológicas
que son publicados en revistas especializadas por otros colegas con la experiencia
etnográfica que describe este artículo. De la misma forma, comparar los aprendizajes
prácticos de la arqueología con otros contextos y procesos educativos donde se producen
conocimientos en la universidad.

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P E R R IÈR E
Sobre indígenas, gauchos e inmigrantes: una etnografía de los aprendizajes prácticos y la producción de
conocimientos en el contexto de una excavación arqueológica en el sudoeste bonaerense

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- 136 -
P E R R IÈR E
Sobre indígenas, gauchos e inmigrantes: una etnografía de los aprendizajes prácticos y la producción de
conocimientos en el contexto de una excavación arqueológica en el sudoeste bonaerense

Fuentes
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mayo de 2015). La Nueva Provincia. Recuperado de [Link]
nota/2015-5-13-
Descubren restos de la primera pulpería de General Cerri, (11 de mayo 2015). La
Brújula 24. Recuperado de [Link]

Hernán Perrière es Doctor en Antropología (FFyL. UBA), Diplomado


Superior en Antropología Social y Política (FLACSO-Argentina) y Profesor y
Licenciado en Historia (UNS). Se especializa en el campo de la Antropología
y Educación. Es profesor e investigador en el Departamento de Humanidades
(UNS).

- 137 -
Entrevistas

Interviews
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Antropología de la ciencia,
auto etnografía y eutanasia:
un recorrido por la trayectoria
de Adriana Stagnaro1
[ SOLEDAD TORRES AGÜERO]
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET).
Instituto de Ciencias Antropológicas, Facultad de Filosofía y Letras,
Universidad de Buenos Aires (UBA)
soledadta@[Link]

[ SOLEDAD GESTEIRA]
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET).
Instituto de Ciencias Antropológicas, Facultad de Filosofía y Letras,
Universidad de Buenos Aires (UBA)
soledadgesteira@[Link]

[ MERCEDES HIRSCH]
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET).
Instituto de Ciencias Antropológicas, Facultad de Filosofía y Letras,
Universidad de Buenos Aires (UBA)
[Link]@[Link]

Resumen1
Esta entrevista es resultado del encuentro con la antropóloga argentina Adriana
Stagnaro en 2023 y traza un recorrido por su trayectoria personal y profesional en
el marco del ciclo Trayectorias que constituye un archivo videográfico público virtual
creado en 2008. A partir de las experiencias que relata evoca memorias y recuerdos de
su temprana infancia, los estudios universitarios en las facultades de Derecho y Filosofía
y Letras de la Universidad de Buenos Aires, su aporte al desarrollo de la antropología
de la ciencia en Argentina, la autoetnografía a la cual llegó a partir de su diagnóstico
de Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) y su actual activismo por la promulgación de
una ley de eutanasia. Su recorrido da cuenta del modo en que la antropología estuvo

1
Entrevista realizada el 26 de abril de 2023 en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina.

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A G Ü E R O , G E S T E I R A Y H I R SC H
Antropología de la ciencia, auto etnografía y eutanasia: un recorrido por la trayectoria de Adriana Stagnaro

presente en todas las etapas de vida, como una forma singular de mirar, vivenciar y
comprender los procesos sociales y personales, incluso como una herramienta para
conocer, interrogar e interpelar su propio proceso de enfermedad actualmente. Con
extrema sensibilidad, lucidez e inteligencia Adriana revela el valor y la potencia de la
antropología y también de quienes, como ella, la llevan adelante comprometidamente.

Palabras claves: trayectorias, antropología de la ciencia, autoetnografía.

Anthropology of science, self-etnography and euthanasia: a journey


through the career of Adriana Stagnaro

Abstract
This interview is the result of the meeting with the Argentinian anthropologist Adriana
Stagnaro in 2023 and recounts her personal and professional career within the
framework of the audiovisual cycle Trayectorias, a virtual public videographic archive
created in 2008. Based on her experiences she evokes memories and reminiscences of
her early childhood, her university studies in the Faculties of Law and Philosophy and
Letters of the University of Buenos Aires, her contribution to the development of the
anthropology of science in Argentina, the autoethnography to which she arrived when
she was diagnosed of Amyotrophic Lateral Sclerosis (ALS) and her current activism
for the promulgation of an euthanasia law. Her path of life reveals the way in which
anthropology was present in all stages, as a unique way of looking at, experiencing
and understanding social and personal processes, even as a tool to know, question and
challenge her own disease process at the moment. With extreme sensitivity, lucidity
and intelligence, Adriana reveals the value and power of anthropology and also of those
who, like her, carry it out with commitment.

Keywords: trayectorias, anthropology of science, autoethnography.

Antropologia da ciência, autoetnografia e eutanásia: uma viagem pela


carreira de Adriana Stagnaro

Resumo
Esta entrevista é o resultado de um encontro com a antropóloga argentina Adriana
Stagnaro em 2023 e traça um percurso pela sua trajectória pessoal e profissional
no âmbito do ciclo Trayectorias, que constitui um arquivo virtual público de vídeos
iniciado em 2008. Das experiências que relata, evoca memórias e recordações da
sua primeira infância, dos seus estudos universitários nas faculdades de Direito e
de Filosofia e Letras da Universidade de Buenos Aires, da sua contribuição para o
desenvolvimento da antropologia da ciência na Argentina, da auto-etnografia a que
chegou após o diagnóstico de Esclerose Lateral Amiotrófica (ELA) e do seu actual
activismo pela promulgação de uma lei sobre a eutanásia. O seu percurso mostra como
a antropologia esteve presente em todas as fases da sua vida, como uma forma singular
de olhar, experienciar e compreender processos sociais e pessoais, e até como uma

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ferramenta para conhecer, questionar e desafiar o seu próprio processo de doença nos
dias de hoje. Com extrema sensibilidade, lucidez e inteligência Adriana revela o valor e
o poder da antropologia e também daqueles que, como ela, a realizam com empenho.

Palavras chave: Trayectorias, Antropologia da Ciência, Auto-etnografia.

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Antropología de la ciencia, auto etnografía y eutanasia: un recorrido por la trayectoria de Adriana Stagnaro

Adriana Stagnaro durante la entrevista en su casa del barrio de Palermo. Foto: Soledad Torres
Agüero, 2023.

Esta entrevista a Adriana Stagnaro integra el archivo videográfico público de


Trayectorias y resulta una invitación para conocer su desarrollo profesional, así como
aspectos de su historia personal, al tiempo que permite conocer el significativo aporte
que ha realizado a la constitución de la antropología de la ciencia y la tecnología en la
Argentina.
El Ciclo Trayectorias (en adelante Trayectorias) surge en el año 2008, desde la
Secretaría de Extensión Cultural del Colegio de Graduados en Antropología de la
República Argentina, como una iniciativa de las antropólogas Soledad Torres Agüero,
Mercedes Hirsch y Soledad Gesteira, quienes formaron parte del proceso recuperación
institucional del Colegio de Graduados en Antropología (por sus siglas: CGA) en 2007.
Trayectorias se compone de relatos de antropólogos y antropólogas, locales y regionales
que recuperan en primer lugar su biografía y a su vez los sentidos construidos acerca de
su práctica profesional. Uno de los objetivos principales de Trayectorias es dejar registro
de aquellas historias de vida que han contribuido al desarrollo de la antropología local
y/o regional y, por otro lado, aportar a la reflexión sobre la práctica profesional situada
de la disciplina. Se trata de entrevistas audiovisuales que se encuentran disponibles
con acceso libre y gratuito en el canal Vimeo de Trayectorias2.
Con el correr del tiempo Trayectorias se ha convertido en un Archivo Videográfico
Público sobre la Antropología argentina que actualmente contiene treinta relatos de
hombres y mujeres cuyos aportes han resultado sustanciales para nuestra disciplina. A
más de una década de iniciado el Ciclo también fue posible advertir nuevos y diversos
usos sobre el Archivo: su utilización para dirimir públicamente sobre la conformación
del campo de la Antropología local por parte de los sujetos involucrados, es decir los/
as entrevistados/as; su uso para el subcampo de la historia de la Antropología, es
decir por parte de investigadores/as especializados/as; y por último, para presentar la
Antropología local a no antropólogos/as o antropólogas/as en formación por parte de
docentes en distintos niveles del sistema educativo (Hirsch, Torres Agüero y Gesteira,

2
[Link]

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2021).3
El texto que presentamos a continuación es resultado de la entrevista audiovisual
realizada a Adriana Stagnaro en abril de 2023 en la ciudad de Buenos Aires. En este
encuentro iniciamos un recorrido por su trayectoria personal, desde su infancia,
sus estudios universitarios en las facultades de Derecho y Filosofía y Letras de la
Universidad de Buenos Aires, su valioso aporte al desarrollo de la antropología de la
ciencia en Argentina, la autoetnografía a la cual llegó a partir de su diagnóstico de
Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) y su actual activismo por la promulgación de una
ley de eutanasia4.
Adriana Stagnaro es antropóloga; Doctora en Antropología Social por la Universidad
de Buenos Aires y Profesora jubilada de la cátedra de Epistemología y Métodos de la
Investigación Social en la Carrera de Ciencias Antropológicas de la Facultad de Filosofía
y Letras, y de Epistemología de las Ciencias Sociales en la Carrera de Trabajo Social
de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Como investigadora del Instituto de
Ciencias Antropológicas de la Facultad de Filosofía y Letras fue una de las iniciadoras
de la Antropología de la Ciencia y la Tecnología, especialidad sobre la que ha escrito
artículos y capítulos de libros y sobre la que ha orientado su investigación, siendo
su última publicación “Ciencia a pulmón. Etnografías de laboratorios argentinos de
biotecnología” (2015).Actualmente se desempeña como investigadora externa del
proyecto:“Co-producción de conocimientos: giro colaborativo, credibilidad y “verdad”
científica en disputa” (FFYL, UBA) dirigido por Cecilia Hidalgo y codirigido por
Pablo Perazzi. También es integrante del equipo transdisciplinario “ELA y dinámicas
comunicacionales: de la enfermedad al proceso social de “cuidado”.

Adriana Stagnaro: Nací en Santa Fe en un pueblito llamado Sarmiento, lugar al


cual se mudó mi padre, Juan David Stagnaro que era médico rural, después de una
experiencia muy interesante en Corrientes, en Monte Caseros. En esa época… esto lo
digo por el contexto, porque estoy en proceso de reedición de su libro que se llama “Las
otras caras de la medicina”. Esto tiene que ver después con mi vocación de antropóloga.
Él fue convocado durante el primer gobierno de Perón. “Convocado” era una palabra
suave, en realidad te convocaban y si vos no ibas, después quedaba mal. Mi padre era
de Ramallo, mi madre de Rosario, tuvieron una temprana estancia en Rosario cuando
apenas se casaron y después fue convocado a Monte Caseros. Ahí hizo una experiencia
muy importante de médico rural. Esa experiencia lo llevó, por ejemplo, a retomar mucho
los saberes populares. Hizo una experiencia en el 48 de llamar a cuarenta curanderas
de la zona y llegar a un acuerdo: ellas hacían la atención primaria y cuando se dieran
cuenta que no podían resolver, lo llamaban y él llevaba a las personas al hospital. La
Organización Mundial de la Salud recién propone eso en el 80.

3
Para más información se puede consultar: Hirsch, M. M., Torres Agüero, S. y Gesteira S. (2021)
Ciclo “Trayectorias”: reflexiones en torno a un archivo público audiovisual virtual sobre las prácticas
profesionales en Antropología. Revista CAMPO UNIVERSITARIO.
4
La desgrabación de la entrevista fue realizada por Valentina Ahumada y corregida por Soledad Gesteira
y Soledad Torres Agüero ajustada a formato de texto, incorporando aclaraciones y modificaciones en
función de fomentar la legibilidad del relato. De este modo, el presente texto presenta diferencias con
la entrevista audiovisual. La versión final fue corregida y aprobada para su publicación por Adriana
Stagnaro.

- 142 -
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Antropología de la ciencia, auto etnografía y eutanasia: un recorrido por la trayectoria de Adriana Stagnaro

Libro “Las otras caras de la medicina” de Juan David Stagnaro. Foto: Soledad Torres Agüero,
2013.

Mi mamá era maestra. Papá venía de una familia italiana de la Liguria, recontra
católicos, mamá era de familia judía rusa. Y fue uno de los primeros casamientos
interculturales entre religiones. Salió en los diarios de la época (sonríe). No fue como
ahora, ceremonia religiosa simultánea, porque ambos eran ateos y marxistas.

Entrevistadoras: ¿Cómo se conocieron ellos?


AS: En la tienda Favorita de Rosario. Una tienda muy bonita. Mi mamá estaba viendo
una vidriera… Y así era como antes la gente se conocía, en la calle. Otro dato interesante
que tiene que ver con mi identidad política, es que mi papá fue un dirigente universitario
del Partido Comunista muy importante. Estudió medicina en la Universidad Nacional
del Litoral en Rosario y ahí lo echaron. Estuvo fuera de la facultad durante el primer
gobierno de Perón y luego volvió y se recibió.
Yo nací en 1953 de pura casualidad… En Sarmiento, al norte de Rafaela, provincia
de Santa Fe. Y a los dos años, en el 55 nos vinimos para Buenos Aires. Viví en Villa
Pueyrredón, en Avenida Mosconi y Artigas, más o menos. Y allí pasé la mayor parte de
mi infancia y adolescencia. Fui al colegio Normal 10 en Belgrano. Íbamos un grupo de
chicos solos en colectivo a Belgrano, que era media hora de trolebús, a hacer Bachiller
con orientación pedagógica. Un invento de esa época que no fue muy feliz. Fue cuando
se extendió el título de maestra a dos años más. Yo tenía quince años y me agarró justo

E: ¿Vos querías ser maestra?


AS: Sí, mi mamá fue maestra y profesora de jardín de infantes en la escuela Bernasconi.
Sabía mucho de pedagogía infantil, así que eso lo viví. Me acuerdo los fines de semana,
en mi casa había una mesa grande, estaba toda la familia, las hermanas de mamá, tíos
y entenados que caían a hacer lo que llamábamos en forma humorística “las bolas de
Froebel” que eran esas pelotas de papel maché (sonríe). Así que me quedó esa impronta
que tiene que ver con la docencia que siempre ejercí y que me dio tanto placer hacerlo.
Todavía creo que a la docencia universitaria no se le da el relieve que tiene. La docencia
como proceso de autoconocimiento, crecimiento mutuo entre discípulos y maestros.

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:: Publicar - Año XXI N° XXXIV // Julio 2023 - ISSN 0327-6627-ISSN (en línea) 2250-7671

Eso a mí siempre me marcó mucho. Di clases como profesora en una escuela para
adultos en la Boca y fue una experiencia que me marcó por siempre y que la reviví hace
poco dando clases en Ezeiza, en el instituto de la UBA. Allí reviví un poco eso de la
necesidad de vinculación más allá de las personas y su trayectoria. Hacer algo que a la
otra persona le llegue y pueda sacar cosas. Finalmente, no hice los dos años más para
ser maestra porque quería entrar a la Universidad. Y ahí vino el tema famoso de qué
estudiar…
Por supuesto, mi papá quería Medicina y yo quería Antropología. Perdón, Arqueología
-que yo ni sabía que estaban tan vinculadas-. Mi vocación era humanística, era buena en
todo eso, pero había que buscar algo que redituara. Entonces en 1971 entré en Derecho
y me recibí de abogada en 1975. Y un año más tardé, en el 76, de escribana.

Ya tenía lecturas porque mi padre leía Darwin, toda la Antropología Física


de los ‘40
Ahí tuve una militancia política importante en una agrupación de izquierda. Después
con los años di cursos de seminario sobre la mirada socioantropológica del campo
jurídico de Bourdieu invitada por Lucho Sverdlick, también abogado y antropólogo.
Luego me enteré que éramos varios, entre ellos Luis Orquera y Juan Antonio Seda.
Bueno, como me había quedado la idea de antropología en 1973 me inscribí. En ese
año no había examen de ingreso así que entré directamente. Hacía las dos carreras al
mismo tiempo. Militaba en Derecho, en Filo no. Y ya tenía mis trabajos en las escuelas
de adultos y un principio de campo laboral -ad honorem- en algunos estudios jurídicos.
Así que a Antropología iba porque realmente me gustaba. Cuando entré en el Museo
Etnográfico me deslumbré.
Lo más simpático es que en esa época, Hugo (Ratier) era el director de la carrera y yo
no tenía la mínima idea, hasta el 86. En ese momento yo no socializaba con la gente
de antropo, porque cursaba y me iba, estaba muy ocupada. Como profesor lo tuve en
Introducción a la Antropología a Herrán, que me encantaban los teóricos. Y el gran
manejo que él tenía de la historia de la antropología. Aparte yo ya tenía lecturas, mi
padre leía Darwin y toda la antropología física de los ’40 muy vinculada a la medicina.
Bueno, varios otros autores, a Morgan también. Vinculado a las lecturas del Partido
Comunista que luego retoma la antropología cubana
En ese momento yo me vinculé con gente de derecho que hacían antropología
también, gente que después dejó la carrera. Otra materia que me acuerdo es Historia
del pensamiento y de la cultura occidental, dada por Riani, que cuando vuelvo a
Antropología en el 82, la vuelvo a encontrar en la currícula. La materia era buena,
leíamos La Ilíada, La Odisea, los estudios clásicos, pero ella era filonazi. Así que en el
85 le hicimos una denuncia.
En 1974 dejé Antropología por el tema político y la famosa misión Ivanissevich.
Sacó al decano progresista de Derecho, Mario Kestelboim. Y en ese momento había
dos facultades de mucho perfil político, Derecho y Filo. Entonces la situación se fue
poniendo muy complicada, intervenían las Facultades con la policía. Ahí yo pasé
uno de los momentos políticos más ricos para mí. Tomamos la Facultad de Derecho,
tipo barricada, comuna de París, bolsas en todos los ventanales enormes del frente
de la Facultad. Y resistimos cuatro días en el Salón de Actos, donde entrelazábamos

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Antropología de la ciencia, auto etnografía y eutanasia: un recorrido por la trayectoria de Adriana Stagnaro

bastante fraternamente las posiciones de izquierda con el peronismo. Fueron muy


ricas esas noches, me quedaron muy grabadas. Y después la cosa de la Triple A se fue
complicando mucho, tanto en Derecho como en Filo. Ahí decidí no ir a Filo y seguir en
Derecho hasta recibirme.

Los teóricos de Félix Schuster eran una fiesta, yo me sentaba ahí y se me


iba la cabeza

Adriana Stagnaro relatando sus memorias durante la entrevista en su casa del barrio de
Palermo. Foto: Soledad Torres Agüero, 2023.

Recién en 1982 vuelvo a Filo a Antropología. Ahí empezó la verdadera formación en la


que hubo profesores que me formaron mucho. Recuerdo clases y reuniones de cátedra
muy ricas de Antropología Económica, donde entré en el 86. En ese momento entramos
con Laura Ferrero a esa cátedra como ayudantes de segunda. Estaba Mauricio Boivin
que fue el que me convocó. Quirós y Trinchero, todos juntos. Fue mi primera experiencia
docente en Antropología y fue excesivamente rica por la formación diferente de todos
ellos. Duró poco y se dividieron y ahí yo salí.
Después algo que me marcó mucho en la carrera, fueron los teóricos de Félix Schuster.
Recuerdo que yo trabajaba como escribana y me iba a las siete de la mañana hasta las
once a escuchar los teóricos de Félix y era una fiesta. Yo me sentaba ahí y se me iba la
cabeza (sonríe). Fue muy linda experiencia.
Otra vertiente que me dejó mi padre fue el amor a la Filosofía y a la Historia, así que
estaba en mi salsa. Coincidió una asociación interesante. En nuestro grupo de estudio
estaba Marina Varón y Alejandra Roca; que estudiaban juntas. Por otro lado, Liliana
Sinisi con Gabriela Grinfeld que también estudiaban juntas, y Laura Ferrero y yo
¿Qué pasaba? En esas duplas había diferencia generacional, las chicas tenían veinte y
nosotras treinta y pico. Y se dio así, siempre que nos reunimos nos acordamos de ese
matriarcado que ejercíamos las de más edad (sonríe). Éramos jóvenes…

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:: Publicar - Año XXI N° XXXIV // Julio 2023 - ISSN 0327-6627-ISSN (en línea) 2250-7671

Adriana Stagnaro firmando el diploma de la


Licenciatura en Ciencias Antropológicas. Foto:
Autor desconocido, 1992.

En 1995 concurso para Epistemología


(…) ahí empezó mi carrera sistemática
de docente e investigadora
En ese año 1986 yo hago la materia
Epistemología en el primer cuatrimestre
y un seminario de grado en el segundo
con Félix Schuster -que también me abrió
mucho la cabeza- porque tenía un enfoque
muy interesante. Yo me sentía atraída por
la temática, y me convocan al grupo de
investigación. En ese momento se abren
los UBACyT, creo en 1987. Y participé de la
investigación sobre comunidades científicas.
Y ahí empezó todo, mi itinerario grupal
entre la cátedra de Epistemología a la cual
ingreso en 1991 recién… Porque yo me tomé
diez años en hacer la carrera, la hacía de a
poco, pero creo que bien. Trabajaba mucho
y cursaba siempre a partir de las siete de la noche hasta las once. En ese momento era
un horario con mucha gente. Luego me convocan en el 91, en el 92 recién me recibo de
Licenciada. Y en el 1995 concurso para Epistemología en una ayudantía de primera. Así
que ahí empezó mi carrera sistemática de docente e investigadora. Los temas tratados
en las reuniones de investigación me permitieron llegar a la antropología de la ciencia
partiendo de la mirada estándar de la epistemología, pasando por las críticas de Kuhn
a los estudios sociales de la ciencia. Siempre Félix Schuster y Cecilia Hidalgo tuvieron
idea de trabajar comunidades científicas in situ, o sea en la Argentina. Sobre todo,
logrando contextualizar etnográficamente las propuestas kuhnianas. Entonces, leímos
mucho Popper, porque Félix Schuster había estudiado con él en Inglaterra. Mucho
positivismo lógico, mucho Kuhn. Y le hicimos las críticas antropológicas. El grupo
de investigación estaba formado por Félix Schuster y Cecilia Hidalgo como director y
codirectora, Valeria Hernández, Valeria Procupez, Ana Filippa y yo, entre otros. Uno de
los primeros trabajos de investigación consistió en abordar las comunidades científicas
desde un enfoque antropológico. En 1988 se hizo una encuesta en unas jornadas de
antropólogos del Colegio de Graduados. Se hizo un relevamiento de los distintos grupos
de antropólogos y las diversas tradiciones que confluían en ese encuentro. Recuerdo
que Viviana Lebedinsky tomó clasificaciones de Mary Douglas para identificar los
grupos y luego eso salió publicado. Luego Valeria Hernández tomó una comunidad de
biólogos moleculares del INGEBI. Y también comenzó la investigación que terminó en
Francia, en la Ecole donde hizo su doctorado.
Y yo me ví… Fijate, vos ¿no? La inculcación que yo tenía de que la ciencia básica era la
más importante y que por lo tanto los biólogos o científicos del área biológico-médica
eran más importantes que los científicos -mal llamados- aplicados. Entonces me dí

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Antropología de la ciencia, auto etnografía y eutanasia: un recorrido por la trayectoria de Adriana Stagnaro

cuenta que esas categorías me las había instalado también la academia misma. Por lo
tanto yo veía que había grupos de biología molecular que hacían pequeñas empresas,
pero que a mí me parecía que era una temática nimia, sin importancia. Pasó el tiempo,
se dio la oportunidad de empezar a hacer trabajo de campo con biólogos moleculares
en biotecnología, creadores de las primeras empresas. Y entré de la mano de Demian
Cazalla, que era el novio de Laura la hija de Hugo (Ratier), que estaba en segundo
año de Biología. Ahora está en Estados Unidos, tiene su propio laboratorio y hace
investigación de punta de frontera, edge scientific research.
Bueno, él con su segundo año de la Facultad, me invitó al laboratorio previa anuencia
de los directores. Y él dirigía todo el laboratorio. Yo iba todas las mañanas y él me
enseñaba todas las técnicas, me daba clases (se ríe) fue maravillosa mi entrada. Y ahí
me di cuenta leyendo a Rabinow por ejemplo, a Lemaine y a Latour en Francia que la
orientación de la ciencia era la tecno-ciencia, que ya la unificación ciencia-mercado -el
famoso matrimonio ya estaba hecho- y que la cosa iba por ahí. Y es cierto. Y ahí se me
prendió la luz de analizar críticamente los conceptos de ciencia básica, ciencia aplicada
y tecnología, que también la había descripto Klimovsky, entre otros. Y con el trabajo de
campo pude empezar a ver que desde la tecnología misma surgían las preguntas a la
ciencia básica y ésta respondía y hacía avanzar a la ciencia aplicada que ya no era la hija
menor. Ni la tecnología como mera aplicación. Eso se genera en los años 80 en Estados
Unidos, como hecho de práctica científica en empresas. Entonces yo había tenido la
oportunidad de entrar en una empresa que hacía biotecnología y que era gente joven,
todos con doctorados en Estados Unidos.
Personas que me influyeron mucho fueron: Como ya dije Félix Schuster y Cecilia
Hidalgo que fueron mis directores y codirectores de mis becas y tesis de doctorado,
siempre dedicados generosamente a mi formación. También un filósofo argentino
llamado Ricardo Gómez, formado en Argentina y doctorado en Estados Unidos con
una carrera de treinta años en Los Ángeles. Y él tenía la buena costumbre de venir
todos los años a dar un curso de doctorado en el Departamento de Filosofía. Félix y
Cecilia me hablan de él y yo empecé a hacer esos cursos, desde 1992 hasta el 2007. Así
que me servía para la docencia en la materia y para la formación como investigadora
porque él traía la bibliografía más actualizada y muy bien estudiada y transmitida.
Un docente excepcional con el cual quedamos muy amigos, hasta hace poco que nos
enfermamos (sonríe). En fin….

Uno de los aportes más originales que pude concretar es “cómo se forma
un científico en Argentina”
El proceso de escritura de la tesis lo amé mucho realmente. Cuando me dicen los
alumnos que no pueden escribir, los becarios, yo siempre les transmito que se pongan
a escribir como decía Gabriel García Márquez: un párrafo de diez renglones, por día,
pero todos los días. Ahí uno empieza a reflexionar. A mí me pasó algo llamativo, porque
armé el libro de tal forma, muy naifmente. Yo iba tomando los tres trabajos de campo.
Tuve la suerte de hacerlo en una época que se podía hacer trabajo extenso

E: ¿Cuáles fueron esos tres trabajos de campo?


AS: Sí. Los tres campos fueron. Una empresa incipiente de biotecnología en Buenos

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Aires. Una empresa de biotecnología inserta en la Universidad del Litoral en Santa Fe.
Y un instituto público dependiente del CONICET en Tucumán. Ahí hice finalmente un
estudio etnográfico para después comparar el tema que en ese momento se empezó a
dar de la privatización de la ciencia, como algo deseable. Y mi etnografía va mostrando
cómo eso no fue tan así, como estos desarrollos importantes de empresas no siempre
tenían el apoyo solo de los ingresos privados, porque la industria no acompañó y sí
cómo el Estado apoyaba con becarios, instrumentos y equipamientos. Entonces uno era
empresarial. El de Santa Fe mixto, y el de Tucumán de carácter estatal. Y ahí también
me interesó mucho y creo que es uno de los aportes más originales que pude concretar
es cómo se forma un científico en la Argentina, sobre todo los becarios jóvenes que
piensan, qué idea tienen del trabajo científico de su futuro. Eso quedó bien plasmado,
creo.5
Con respecto a la escritura me parece muy importante transmitir el no miedo a escribir.
Siempre hacer una nota, interpretarla, por más escueta y desorganizada que parezca.
Siempre cuando se avanza en la investigación, eso que parecía un hilito a descartar
se transforma en algo significativo. Y creo que esa es la parte más linda del trabajo
de campo, que se enriquece con la escritura. Porque constantemente hay un volver
al campo y ese es el campo que interroga a la teoría, y allí se da lo maravilloso del
enriquecimiento. Creo que les decía que cuando defendí mi tesis doctoral en 2012 con
sesenta años, yo soy lenta para todo (sonríe). Una de las juradas, Susana Margulies,
que también fue una persona de gran importancia para mi formación por el tema
vinculado ciencia-tecnología-medicina. Ella me da un libro de Annemarie Mol y me
dice “¿la conoces?”. Yo le digo que no. “Escribe igual que vos”, me dice (sonríe). Ahí lo
tengo al libro. Tenía que ver cómo la estructura de la escritura, donde voy separando
un poco los espacios, las voces de los interlocutores, lo que yo pienso antes de hacer la
entrevista, porque yo no creo eso de ir al campo sin idea a ver qué pasa.

Se dieron con creces todos los ingredientes que caracterizan al Modelo


Medico Hegemónico en mi experiencia como enferma de ELA
En el 2018 empiezo con síntomas raros, de lo que después me dieron el diagnóstico
de Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA). Una enfermedad que ataca las neuronas
motoras y produce una disfunción de todos los músculos del cuerpo generando una
gran espasticidad. Es incurable, evolutiva y nadie se ha salvado -hasta ahora- de la
muerte que puede acaecer en varios momentos según la forma en que se presenta. Yo
llevo cinco años, todavía puedo hablar, aunque lento.
Hice un cuaderno sin pensar jamás en llegar a lo que llegué ahora, porque tampoco
pensaba que iba a caer en el 2% mundial de la gente, o sea, es una enfermedad de
bajísima incidencia. Ahora se publica más en relación al caso de Esteban Bullrich. Yo
iba anotando en la computadora, todos los médicos, el vía crucis que tuve que pasar
hasta que me dieron el diagnóstico, yo ya tenía la hipótesis que tenía ELA.

5
Para ampliar recomendamos consultar: Stagnaro Adriana Alejandrina, 2015. Etnografías de
laboratorios argentinos de biotecnología. Clacso, Colección Ciencia en Sociedad.

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A G Ü E R O , G E S T E I R A Y H I R SC H
Antropología de la ciencia, auto etnografía y eutanasia: un recorrido por la trayectoria de Adriana Stagnaro

Adriana Stagnaro durante la entrevista en su casa del barrio de Palermo. Foto: Soledad Torres
Agüero, 2023.

Bueno, Modelo Médico Hegemónico, como dice el propio Menéndez: es un modelo


heurístico a analizar en cada caso. Y lo tomé como un modelo y se dieron con creces
-hasta el día de hoy- todos los ingredientes que caracterizan el propio modelo en mi
experiencia como enferma. Así que bueno, tengo un trabajo de campo, tengo notas de
campo, cuya significancia ahora tiene un volumen increíble. Antes era la pura desazón,
desorientación, las etapas famosas de negación.
El año pasado una amiga y colega nuestra, Cristina Chiriguini me manda por WhatsApp
la convocatoria del MinCyT, junto con la Fundación Esteban Bullrich, que aporta un
registro actualizado con pacientes de ELA. Miro la convocatoria y no lo podía creer,
era como si hubiese sido para mí. Decía “Condiciones sociales del paciente con ELA”.
Bueno, se presentan muchos proyectos. Al tiempo me convoca Bárbara Martínez para
integrar el grupo. Yo estaba muy deprimida pensando en el suicidio y otras yerbas. Y
Bárbara me plantea integrar como investigadora y como enferma. El mismo doble rol
en la investigación. Así que armó un grupo, vinieron a casa. Fuimos seleccionadas y ahí
vamos (sonríe). A mí se me ocurrió que podía aportar mis escritos porque trabajo de
campo ya se me hace muy gravoso físicamente. Pero había leído el tema “autoetnografía”
y acá estoy en plena experimentación. No sé lo que va a salir, pero me hizo muy bien
(sonríe).
Algo importante que también me ayudó mucho para seguir viviendo, aunque sea
muy indignamente para lo que yo tengo la idea de lo que es vivir… A través de mucha
búsqueda llegué a un grupo de pro-Eutanasia que busca que se apruebe la ley. Hay
tres proyectos en Diputados en la Comisión de Salud cajoneados desde octubre 2021.
A partir de ahí me pusieron en contacto con un médico pro-Eutanasia, que vino a
presentar su libro “Morir con dignidad en la Argentina”. Él es un militante en Córdoba
desde hace mucho tiempo, ha estudiado mucho el tema, tiene cuarenta años de terapia
intensiva. Entonces mi idea fue poder compartir la angustia de no ser escuchada cada
vez que decía la palabra “Eutanasia”. Parientes y amigos salían “mutis” por el foro, ni
me repreguntaban…

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Apenas lo veo entrar a Hugo me enamoro, fue amor a primera vista


Es difícil resumir treinta y cuatro años de relación. Lo más lindo fue cómo lo conocí,
sin saber quién era ni qué había escrito. En el año 87 hago el Seminario Anual de
Investigación. Entro tarde porque me había ido de viaje, que es una de las cosas que
realmente adoro y que ya no puedo hacer y me angustia mucho. En el 87 me incorporo
tarde al seminario y apenas lo veo entrar a Hugo me enamoro, fue amor a primera
vista. Era tan humilde, tan simple, tan poco divo, me encantó como persona.

Adriana Stagnaro junto a Hugo Ratier en las ruinas de Herculano, Italia. Foto: Autor
desconocido, 1995.

Bueno él jamás me registró (sonríe) hasta que, a mitad de la materia, en el receso,


había que entregar un informe de investigación. A mí se me había ocurrido un tema
insalvable (se ríe) que era estudiar los concursos académicos que se estaban haciendo
en la facultad dentro de Antropología, según Bourdieu, la consagración famosa.
Entonces tuve que presentarle el trabajo, lo discutimos. Era en el ámbito de Marcelo
T. de Alvear. Llegó un momento en que quedé sola con él, cerré las puertas del aula y
eché a mis amigas (sonríe), a Marina, a Laura, que me estaban acompañando y expuse
los problemas de investigación. Al rato tocan la puerta y era el próximo práctico que
querían entrar. Entonces, él me dice “si querés la seguimos afuera”. Había tanta gente
en los pasillos de Marcelo T, en los cambios de horario, que no encontrábamos un
lugar. Fuimos al barcito, tampoco. Terminamos en el café de Marcelo T y Uriburu. Y
ahí fue cuando me registró (sonríe). Cuando terminamos la entrevista, me levanté y me
dijo “que alta que sos” (se ríe). Ahí empezó cierto registro y culminó rápidamente en
una relación muy amorosa, que duró hasta el 22 de septiembre del 2021, en realidad
sigue en mí (sonríe).
Hugo me apoyaba en todo, sobre todo los tres primeros años de enfermedad fue muy
compañero. Un verdadero oyente. Y como yo le decía siempre que quería morir en
sus brazos, creo que por eso se fue a hacer un estudio de holter de control. Se quedó
internado y a la semana murió. Yo siempre dije “te fuiste amor para no tener que bancar
mi deterioro” (sonríe).

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A G Ü E R O , G E S T E I R A Y H I R SC H
Antropología de la ciencia, auto etnografía y eutanasia: un recorrido por la trayectoria de Adriana Stagnaro

E: ¿Qué te hace feliz o qué te hizo feliz de ser antropóloga?


AS: Lo que me hizo más feliz es poder dejar una línea abierta. Una línea de investigación
nueva en el país, junto con otras antropólogas. Y haber podido poner en tela de juicio
categorías nativas que vienen de ciertas epistemologías y que pasan a la formación de
los científicos jóvenes sin mayor discusión y reflexión. Poder haber reflexionado con
ellos. Los alcances pro y contras de algo dado como natural, esa mirada que rompe
siempre con lo más evidente.

E: ¿Qué crees que puede aportar al


mundo la antropología? ¿Por qué
crees que la antropología le puede
servir al mundo?
AS: En términos generales te contesto
desde mi propia experiencia ahora que
la Antropología me convoca justo en el
momento más crítico de mi vida. Para mí es
poder dejar un trabajo donde el sufrimiento
se socialice. Lo que más sale de las entrevistas
realizadas es ese encapsulamiento de los
pacientes en su propio sufrimiento. A
mí personalmente ahora que adopté una
postura abierta, que expresé públicamente
que estoy a favor de la eutanasia (como
decisión mía, más allá de parientes, amigos
y sistema médico hegemónico) es lo más
importante. Socializar eso y dejar mi
experiencia que la tomen o no, pero seguro
va a dar otra mirada.

Adriana Stagnaro en Monreale, Sicilia,


Italia. Foto: Autor desconocido, 1995.

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Reseñas y comentarios
de libros

Book reviews and


commentaries

Resenhas e comentários
de livros
:: Publicar - Año XX N° XXXII // Diciembre 2022 - ISSN 0327-6627-ISSN (en línea) 2250-7671

Aguirre, Patricia. Devorando el planeta.


Cambiar la alimentación para cambiar
el mundo. Ciudad de Buenos Aires:
capital intelectual. 2021. 256 Pp1

[ JUAN FRANCISCO OLSEN]


Instituto de Investigaciones Históricas y Sociales, Universidad Nacional de la Patagonia
San Juan Bosco (UNPSJB).
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET)
olsenjuan@[Link]

Resumen1
Devorando el planeta de Patricia Aguirre es una lectura urgente sobre la relación
entre nuestras formas de producir, cocinar, consumir y descartar alimentos y la
progresiva degradación del ambiente. En este libro, Aguirre no sólo pone en juego sus
casi cuarenta años de trayectoria en investigación sobre alimentación, epidemiología y
problemáticas sociales, sino que retoma la agenda del cambio climático para vincular
ambas dimensiones y desarrollar una hipótesis alarmante: estamos engullendo al
mundo. Así, en los seis capítulos que componen el volumen, recorre minuciosamente
las consecuencias ambientales de cada rama de la industria alimentaria, preocupada
por encontrar soluciones y dejar en claro que el cambio tiene que ser YA.

Palabras clave: alimentación, ambiente, epidemiología

Aguirre, Patricia. Devouring the planet. Change food to change the world.
Buenos Aires: capital intelectual. 2021. 256. Pp.

Abstract
Devorando el planeta by Patricia Aguirre is an urgent reading about the relationship
between our ways of producing, cooking, consuming and discarding food and the
progressive degradation of the environment. In this book, Aguirre not only puts into
play his almost forty years of research on food, epidemiology and social problems,
but also takes up the climate change agenda to link both dimensions and develop an
alarming hypothesis: we are engulfing the world. Thus in the six chapters that make up

1
Fecha de realización: 10 de octubre de 2022.

- 152 -
O L SEN
Aguirre, patricia. Devorando el planeta. Cambiar la alimentación para cambiar el mundo.
Ciudad de Buenos Aires: capital intelectual. 2021. 256 PP.

the volume, she carefully reviews the environmental consequences of each branch of
the food industry, concerned with finding solutions and making it clear that the change
has to be NOW.

Keywords: alimentation, environment, epidemiology

Aguirre, Patricia. Devorar o planeta. Mude alimentação para mudar o mundo. Buenos
Aires: capital intelectual. 2021. 256. Pp.

Resumo
Devorando el planeta de Patricia Aguirre é uma leitura urgente sobre a relação entre
nossas formas de produzir, cozinhar, consumir e descartar alimentos e a degradação
progressiva do meio ambiente. Neste livro, Aguirre não apenas coloca em jogo seus
quase quarenta anos de experiência em pesquisa sobre alimentação, epidemiologia e
problemas sociais, mas também retoma a agenda das mudanças climáticas para vincular
ambas as dimensões e desenvolver uma hipótese alarmante: estamos engolindo o
mundo. Assim, nos seis capítulos que compõem o volume, ela analisa cuidadosamente
as consequências ambientais de cada ramo da indústria alimentícia, preocupada em
encontrar soluções e deixar claro que a mudança tem que ser AGORA.

Palavras-chave: alimentos, ambiente, epidemiologia

- 153 -
:: Publicar - Año XX N° XXXII // Diciembre 2022 - ISSN 0327-6627-ISSN (en línea) 2250-7671

En Devorando el planeta, Patricia Aguirre sostiene que existe una sinergia entre el
subsistema alimentario y el subsistema económico-político que es constitutiva de
cómo pensamos y generamos nuestros alimentos, y que estas formas de comer y de
vivir determinan la manera en que cada población enferma y muere. Este libro se
propone abordar a la alimentación como sistema complejo, inscripto en un tiempo y
en un espacio, con capacidad de equilibrarse, cambiar, auto organizarse y aun estallar.
De este modo, la autora nos invita a pensar cómo alimentación, economía, política y
epistemología se condicionan mutuamente de manera que lo que pasa en un campo
incide necesariamente en el otro.
La hipótesis central del texto es que nos estamos tragando el planeta. Para la autora,
comemos petróleo en forma de fertilizantes y agroquímicos en nuestras cosechas, lo
comemos en forma de combustible en cada transporte que lleva nuestros alimentos
de un hemisferio a otro. Consumimos cantidades enormes del escaso 3% de agua
dulce que tiene nuestro mundo en su forma líquida, pero también en granos, frutas y
carnes. Contaminamos las napas con megagranjas y dilapidamos recursos que podrían
ser renovables como la biota (la vida orgánica sobre la Tierra), sin darle tiempo al
ecosistema para recuperarse. Según Aguirre, producir y comer así no es sostenible.
Es irracional. Nos comemos el planeta con avidez y rapidez, como si estuviéramos
ansiosos por terminar con todo.
Sin embargo Aguirre persigue ser optimista, reparando en las experiencias que en
muchos territorios ya están en marcha e intentan dar vuelta un escenario calamitoso.
Para la autora, este libro es un convite a “pensar en acción” un problema urgente, desde
la ciencia y la política.
Devorando el planeta se organiza en 6 capítulos. El primero, Comemos comida, repone
una definición estructural de todo el trabajo de Aguirre: Comemos para nutrirnos,
pero también para relacionarnos con otros. Desde la primera infancia, con la lactancia
materna, hasta las comidas más sofisticadas e individualizadas las hacemos inmersos
en una red de sentidos, sobre la que producimos y reproducimos relaciones sociales.
Según la autora, al obviar ésta característica, solemos considerar a la comida como
un hecho natural o biológico, despojado de historia e inmutable. Esta naturalización
opaca relaciones sociales específicas que atraviesan nuestro plato. Es por ello que no
nos damos cuenta que con nuestro comer devoramos el planeta. No por los nutrientes,
ni por los alimentos, ni por la comida, sino por las relaciones económicas, ecológicas y
sociales que establecemos como legítimas para obtenerlos, compartirlos y desecharlos.
El capítulo 2 establece las características principales de la crisis actual del sistema de
producción y consumo de alimentos. Para Aguirre ésta es al mismo tiempo global,
estructural, paradojal y terminal. Es global porque, si bien el motor de la crisis se
encuentra en los grandes países capitalistas, sus efectos se extienden en todo el planeta
y arrastran a todas las sociedades. Es estructural porque los problemas se encuentran
simultáneamente en la producción, la distribución y el consumo. Es paradojal porque
hay alimentos suficientes para que coman todos los habitantes del mundo con una
dieta que los nutricionistas consideran adecuada para sostener una vida activa y sana.
Y es terminal porque el nivel de explotación de los recursos de la Tierra está llegando
a un límite insalvable.
El capítulo 3 describe, con gran cantidad de datos, cómo se ha desarrollado la crisis
de sustentabilidad en la producción de alimentos. Parte de radiografiar el estado
de la agricultura, la ganadería y la pesca en Argentina y en el mundo, historizando
- 154 -
O L SEN
Aguirre, patricia. Devorando el planeta. Cambiar la alimentación para cambiar el mundo.
Ciudad de Buenos Aires: capital intelectual. 2021. 256 PP.

los monocultivos, el imperio de la agricultura de cereales, las plagas zoonóticas y el


constreñimiento de la biodiversidad que llevó a que apenas un puñado de especies
explique casi la totalidad de la producción. Pero no se detiene allí, sino que vincula este
proceso a los discursos económicos y sanitarios que le dieron legitimidad y sustento
político. Hacia el final del apartado, la autora se concentra en la industria, la producción
secundaria, dando cuenta de las externalidades ambientales, pero, sobre todo, de lo
pernicioso que ha resultado para todas las sociedades la traslación de los alimentos de
buenos para comer a buenos para vender.
El capítulo 4 se explaya más extensamente respecto a lo paradojal de la crisis. Poniendo
el acento en el mercado como el circuito de distribución hegemónico y cómo la
administración corporativa de los recursos alimentarios llevó al perfeccionamiento del
despilfarro, donde el consumo conspicuo se superpone al hambre crónica. Pero también
visita otros circuitos de distribución, como la donación y la reciprocidad. Aguirre
aquí sostiene que es indispensable, para hacer efectivo el derecho a la alimentación
adecuada, poner en movimiento los alimentos entre las personas en base a la equidad.
No para que todos comamos igual, sino para que comamos de forma adecuada, lo cual
supone que los hambrientos consuman más y los ahítos menos.
En el capítulo 5 se pone de manifiesto como los estímulos permanentes de la industria
sobre nuestros deseos nos llevan a abandonar las comidas estructuradas en favor del
picoteo en todo momento y en cualquier lugar. Una forma de comensalidad donde
el Otro cultural desaparece y solo queda el individuo. Este comensal decide sólo, sin
historia, creyéndose libre de optar y urgido de la necesidad de eliminar ese tiempo
improductivo de sentarse a comer.
El capítulo 6 sostiene que la crisis alimentaria existe porque permitimos que exista. Para
Aguirre no hay excusas, la degradación del ambiente no es producto de una maldición
o un designio de la naturaleza. En un mundo de abundancia, el emporcamiento del
planeta y el padecimiento alimentario son creaciones humanas, de las sociedades en las
que vivimos, y de las relaciones sociales que establecemos, que legitiman quién come
y quién no. Pero ésta definición no es pesimista. Al contrario, plantea que el cambio
es posible. Que es necesario dar un salto hacia la racionalidad y recupera el potencial
epistémico de la antropología para pensar otras formas de sociedad y de economía.
En este sentido, aunque la autora no se extiende mucho más en quién sería el sujeto
que rompa con la espiral de crisis en la que está inmerso el sistema alimentario y todo
el planeta, nos gustaría recordar que tenemos casos muy próximos donde han sido los
propios trabajadores de la industria alimentaria quienes ponen en cuestión el sistema.
Como los trabajadores de la pesca de Chubut quienes, a través de una medida de lucha
que denominaron paro ambiental, lograron frenar un proyecto de zonificación minera
(ver Ulacia, 2022).
En los últimos años, en Argentina y el mundo, viene creciendo el movimiento ambiental.
En ese camino, Devorando el planeta seguramente será un aporte sustantivo para
comprender los orígenes y las características de la crisis alimentaria y ecológica. Pero
también para imaginar otros futuros posibles.

Bibliografía
Ulacia, M. (2022). NO FUE NO. Una crónica del Chubutazo. Trelew: Remitente
Patagonia.
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Resúmenes de tesis

Thesis abstracts

Resumos de teses
L E VIN
¿Qué determina la discapacidad en la infancia? Un estudio sobre la certificación estatal

¿Qué determina la discapacidad


en la infancia? Un estudio
sobre la certificación estatal

[ AXEL LEVIN]
Tesis de Licenciatura en Ciencias Antropológicas
Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires
Directora: Dra. Paula Cabrera
Fecha de defensa: 10 de mayo de 2018
Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina
axellevin4@[Link]

What determines disability in childhood? A study of state certification

O que determina a deficiência na infância? Um estudo sobre a


certificação estatal

En esta tesis me planteé como objetivo analizar cómo el Estado determina la discapacidad
en la infancia, poniendo el foco en la certificación de discapacidad mental. Para ello
realicé una investigación etnográfica, durante el segundo semestre del año 2016, en el
Centro Integral de Evaluación y Orientación de la Discapacidad de la Ciudad Autónoma
de Buenos Aires. A nivel metodológico llevé adelante una observación participante,
con una periodicidad semanal, en las tres juntas de evaluación pediátricas existentes; y
realicé entrevistas en profundidad, de carácter abierto, tanto a las profesionales de las
juntas como a las familias solicitantes del certificado. Incorporé a la investigación, a su
vez, el análisis de fuentes estadísticas.
Estas instancias me permitieron analizar algunas de las representaciones que repercuten
en la toma de decisiones tanto de las profesionales encargadas de la certificación estatal
como de las familias que tramitan el Certificado Único de Discapacidad (CUD) para sus
hijos/as. En este sentido, a lo largo de la tesis se aborda cómo múltiples aspectos de los
estigmas sociales (Goffman, 1963) de la discapacidad entran en tensión, al momento
de tramitar el CUD, con los beneficios socio-económicos excepcionales de esta política
focalizada. En esta línea analítica se destaca que el carácter transitorio del CUD, tanto
para las profesionales a cargo de la certificación como para las familias solicitantes,
ayuda a conciliar la tensión entre la estigmatización y la accesibilidad que el certificado
conjuga.
Vinculado a lo anterior, desarrollo la caracterización de la certificación estatal como un
rito de institución (Bourdieu, 1985) donde el status de la discapacidad se consagra. En

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esta línea, la jerarquización valorativa de la discapacidad dentro del campo de la salud,


que las políticas estatales sostienen y reproducen con su certificación, puede contribuir
a la corporización de un habitus de la discapacidad (Ferrante y Ferreira, 2009) en
los/las niños/as y adolescentes oficialmente discapacitados/as. El establecimiento de
un sistema de exclusión incluyente, basado en políticas y circuitos de tratamientos
diferenciales que descansan en el sector privado, forma parte de la demarcación estatal
de los sujetos y expresa cierta ideología de la normalidad sobre sus atributos (Rosato et
al, 2009; Rosato y Angelino 2009).
En este marco, el análisis del peso del factor económico en la certificación de discapacidad
resulta nodal para registrar la influencia de la privatización del derecho universal a la
salud en los procesos de medicalización (Conrad y Schneider 1985; Conrad 2007) y
discapacitación de los sujetos. Así como para analizar de qué manera se entrelazan
diversas problemáticas socioeconómicas con la noción de discapacidad en el marco de
políticas estatales que buscan acercar una respuesta.
Al mismo tiempo, analizo a la certificación de la discapacidad como una tecnología
bio-política en la cual el Estado clasifica, normaliza, y normativiza a la población
desde una lógica de gubernamentalidad (Foucault, 1978). Desde esta perspectiva, el
control estadístico y el amparo en el discurso multidisciplinar tienen una importancia
significativa. En este sentido, la existencia de un cambio de paradigma en curso sobre la
manera de entender y certificar a la discapacidad (Ferrante, 2015), a nivel internacional
y nacional, es abordado en profundidad. Se desarrolla cómo las definiciones estatales
sobre qué es la discapacidad, puestas en juego durante la certificación, se sustentan en
un saber-poder (Foucault, 1976) que se legitima en la crítica al modelo médico de la
discapacidad desde un enfoque de derechos humanos bio-psico-social. En esta línea,
tanto a raíz del análisis de fuentes secundarias como de distintas situaciones relevadas
etnográficamente, se analiza el interés gubernamental sobre el control estadístico en la
determinación estatal de la discapacidad de la población.
A lo largo de la tesis, a su vez, se abordan y problematizan los cambios recientes en
el sistema de certificación estatal, haciendo énfasis en la nueva interdisciplina de las
juntas y en la adopción de un nuevo manual guía (la Clasificación Internacional del
Funcionamiento) y protocolo que, desde una perspectiva bio-psico-social, plantean
una delimitación con los enfoques centrados en los diagnósticos médicos. Para ello
retomo distintas situaciones acaecidas en las tres juntas de evaluación en las que
participé, donde las profesionales cuestionan su propia práctica a raíz de criticar la
supuesta vigencia de una interdisciplina igualitaria entre médicos/as, psicólogas/os, y
trabajadoras/es sociales. También indago en sus cuestionamientos al discurso oficial
de la institución sobre que la certificación de discapacidad está centrada, actualmente,
en la comprobación de secuelas funcionales en la vida cotidiana del solicitante; y no,
como sucedía anteriormente, en la comprobación de diagnósticos clínicos.
De esta forma, la tesis busca realizar un aporte a la comprensión de los procesos socio-
políticos implicados en la producción de la discapacidad (Rosato et al, 2009; Rosato y
Angelino 2009), destacando diversas aristas fundamentales del proceso de certificación
estatal y de la práctica cotidiana de los/las actores/as sociales involucrados/as.
Bibliografía
Bourdieu P. (1985). ¿Qué significa hablar? Madrid: Akal.

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L E VIN
¿Qué determina la discapacidad en la infancia? Un estudio sobre la certificación estatal

Conrad, P. y Schneider, A. (1985). Deviance and Medicalization: From Badness to


Sickness, Ohio: Merrill Publishing Company.
Conrad, P. (2007). “The Medicalization of Society”. On the Transformation of Human
Conditions into Treatable Disorders. Baltimore: The Johns Hopkins University Press.
Ferrante, C. (2015). Discapacidad y mendicidad en la era de la Convención: ¿postal del
pasado? Convergencia. Revista de Ciencias Sociales. 22(68): 151-176.
Ferrante, C y Ferreira, M. (2009). El habitus de la discapacidad: la experiencia corporal
de la dominación en un contexto económico periférico. Política y sociedad. 47(1): 85-
104.
Foucault, M. (1976). Historia de la sexualidad. Tomo 1: La voluntad de saber. México:
Siglo XXI. 2002.
Foucault, M. (1978). “La gubernamentalidad”. En Gabriel, G y Fermín, R.
(coords.) Ensayos sobre biopolítica. Excesos de vida. Buenos Aires: Paidós. 2007.
Goffman, E. (1963): Estigma. La identidad deteriorada, Buenos Aires: Amorrortu.
Rosato, A. et al. (2009). El papel de la ideología de la normalidad en la producción de
discapacidad. Ciencia. Docencia y Tecnología, 20(39): 87-105.
Rosato, A. y Angelino, M. (coord) (2009). Discapacidad e ideología de la normalidad.
Desnaturalizar el déficit. Buenos Aires: NovEduc.

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Entre cemento, energía;


del hacer(se) de un cementerio
al sur de Córdoba (Arg.)

[ MARÍA EUGENIA MACKINSON]


Tesis de Maestría en Antropología.
Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad Nacional de Córdoba.
Directora: Dra. Ludmila da Silva Catela.
Fecha de defensa: 07 de julio de 2021.
Córdoba (Argentina)
eugemackinson@[Link]

Between cement, energy; about the mak(e)ing of a cemetery in the south


of Córdoba (Arg.)

Entre cimento, energia; da realização de um cemitério no sul de Córdoba


(Arg.)

El-bronce-que-no-se-robaron verdeciendo junto a figuritas de Winnie Pooh y flores


ajadas por el sol y el pampero que silba fuerte en los oídos y la tapa de una nichera
abierta que, en su crepitar metálico, envuelve una cruz con un ancla en un cementerio
de la pampa seca argentina. Un corazón de chapa negra con un nombre, en liquid paper,
en cursiva mayúscula y el Gauchito Gil, San La Muerte y la Difunta Correa al lado
de las vírgenes y santos y Jesuses dolientes, ex votos improvisados, ángeles afligidos,
pequeñas antorchas de cemento en panteones de ilustres personajes populares de
Huinca Renancó, centro agrícola-ganadero nacido de las vías del tren inmigratorio
de principios de siglo XX. Cipreses y pulgas y palomas y viento y se vino la helada;
Thelma y los curanderos y los gualichos y la yeta, y el aparecido y el fantasma y el
pasillo de los bebés. Lxs que juegan ahí y los que trabajan ahí, lxs que chapan ahí y la
oscuridad que teje sus transgresiones y los respetos diurnos. Me da cosa y estás loca y
tenés olor a cementerio y censar las tumbas. El día de los muertos, el día de la madre,
el día que me fui porque enterraban a un conocido y los de trabajadora, los del patrón
y los de guía. Enyetado, aversión, energía rara, la cosa y los muertos de uno junto a
los muertos ajenos. Dicen Deleuze y Guattari que un rizoma está “como tejido [en] la
conjunción ‘y...y…’ [donde] hay fuerza suficiente para sacudir y desenraizar el verbo
ser” (2006:29), ser entre las cosas, ser en un cementerio cuyo marcado acompasa a los
verbos que denotan la experiencia de hacer(se) ahí.

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M A C K I N SON
Entre cemento, energía; del hacer(se) de un cementerio al sur de Córdoba (Arg.)

A través de acercamientos y herramientas propias de la antropología de la experiencia,


la arqueología de los sentidos y lo que se ha dado a llamar estudios de cultura material,
categoría por demás plástica, dar cuenta de la conexión entre los modos de experimentar
y hacer(se) de la necrópolis de mi pueblo natal fue el objetivo que perseguí en una
suerte de auto-etnografía que sirvió como trabajo final presentado a la Maestría en
Antropología de la UNC. Teniendo como objetivo hermenéutico-metodológico el
indagar los cómo de hacer(se) de una necrópolis y sobre el hacer(se) del cementerio
municipal de Huinca Renancó, ciudad al sur de la provincia de Córdoba (Argentina), es
que la investigación fue llevada adelante. Sobre él se ha ensayado un acercamiento tanto
respecto a las condiciones socio-históricas de su emplazamiento (capítulo I y II) como
a su ocurrencia en tiempo presente (capítulos III y IV). Es por ello que, en el escrito,
se apela tanto al texto escrito como a fotografías, ilustraciones y diversas tonalidades
y esquemas de espaciado que ayudan a generar/ejecutar las diversas atmósferas de
experimentación que durante el trabajo de campo se develaron, a la vez que -las que en
quien lea- emerjan.
El foco estuvo puesto en la comunión en el devenir de las cosas, cuerpos y entidades
que allí existen, siendo ésta rescatada a través de los verbos que hacen el estar allí de
lxs entrevistadxs. Limpiar, jugar, robar, chusmear, hacer brujería, trabajar, visitar,
censar se develan como ritmos que, tejiendo lo-existente de diversos modos, vuelven
a la muerte una trayectoria vital en un cementerio que no deja de ocurrir y del que se
dice que no va nadie.
Si bien el ritmo cementerio pre-existe y se encarna en la cadencia que asume nuestra
conducta intramuros, frente a una tumba, frente a un cúmulo de éstas como así
también en los ritos y tradiciones que, al fundarlo y materializarlo, su pre-ocurrencia
es trastocada por el acontecer de los lugares en los que se labra, en los movimientos
y cuerpos en los que acontece, entre los que deviene. Espacio y lugar se vuelven de
analítica diferenciación en pos de captar este quiebre e iluminan la necesidad de
apelar, junto a entrevistas, charlas, observación participante y participación observarte
(enmarcada en un censo de las tumbas existentes), a otros estudios que allí se imbrican
como lo son los de la movilidad, de arquitextualidad de los túmulos y construcciones y
los de la basura.
A modo de conclusión, podría sostenerse que en su hacer(se) el cementerio es una
multiplicidad como así lo es cada uno de los seres/entes/haecceidades que lo pueblan.
En tal sentido, la cartografía sensual que se intenta en la tesis deriva en una suerte
de topografía especulativa (Thrift 2008) propia de reconocer que, entre seres en
coherencia cuántica una inter-fagocitación tiene lugar y que, en caso de fantasmas y
eventos extraordinarios, es complejo de dar cuenta en un claustro universitario y a
través de una escritura academicista.
Conclusión derivada de la diversidad de afecciones que se sufrían si una iba como
visitante/ trabajador o en los seres habitantes es la que deviene como consecuencia de
sostener la ontología plana y relacional que se propone durante la tesis. En las historias
y propiedades que espesan el cementerio, las estaciones, el día y la noche y las fechas
claves también hacen mella por ser un espacio público a cielo abierto. Estos entramados
dejan traslucir propiedades mientras otras se vuelven opacas pero ninguna de ellas, por
este mismo devenir que es pura potencia, se gana o se pierde sino que todas conviven
cuando el cementerio es experienciado en su hacer(se).

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Finalizando se sostiene que la necrópolis se desenvuelve como un espacio proyectivo


donde la muerte se vive, sea enyetado, doliente, jugando o trabajando; allí se entraman
procesos del pueblo y el barrio a él enfrentado en entidades que se debaten entre el
alguien/algo, por lo que atender a los movimientos que entretejen la-existencia-de-
lo-existente se convierte en el aporte que se intenta. El cementerio hace a medida que
es hecho y, es hecho en la velocidad en que los que-allí-anda se desenvuelve. A fin de
cuentas, no se trató de dar cuenta del espacio, sino de dar(le) vida, la propia, como
descubrí durante y después de los dos años de trabajo de campo allí.

Bibliografía
Deleuze, G. y Guattari, F. (2006). Mil mesetas. Valencia, España: Pre-Textos.
Thrift, N. (2008) Non-representational theory. Oxon, UK: Routledge.

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V A L C A R C EL
“Allah sabe más”: femineidades e itinerarios de conversión al islam en Buenos Aires

“Allah sabe más”:


femineidades e itinerarios de conversión
al Islam en Buenos Aires

[ M A Y R A S O L E D A D V A L C A R C E L]
Tesis de doctorado, mención Antropología
Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires
Dirección: Dra. Mónica Tarducci
Codirección: Dr. Gustavo Ludueña
Fecha de defensa: 22 de marzo de 2022
Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Argentina)
mayravalcarcel@[Link]

“Allah knows best”: femininities and itineraries of conversion to Islam in


Buenos Aires

“Alá sabe melhor”: feminilidades e itinerários de conversão ao Islão em


Buenos Aires

La tesis es resultado de la investigación acerca de los procesos y modalidades de


conversión al islam de mujeres argentinas pertenecientes a los sectores medios
urbanos. Aborda los itinerarios de conversión, (re)islamización y personalización del
islam; poniendo el acento en cómo las expresiones localizadas de esta tradición religiosa
— en diálogo y tensión con otros recursos, imaginarios y praxis — son significadas,
experimentadas y vehiculizadas durante la reconfiguración de múltiples femineidades.
A través del juego de palabras entre una de las acepciones nativas del vocablo islam y la
afrenta que homogeneiza las agencias femeninas dentro de un constructo esencialista
y subordinante, estas femineidades son aquí caracterizadas como insumisas, debido
a su complexión proyectivo-contemporánea que involucra complejos, y para nada
unívocos, ejercicios reflexivos, así como numerosos componentes utópicos, sensoriales
y afectivos que articulan vida secular y sagrada. Estas femineidades islámicas pueden
habitar la normatividad (Mahmood, 2012) o constituirse, en cambio, como disidentes
o alternativas (Mansson McGinty, 2006; Van Nieuwkerk, 2006).
El trabajo de campo se extiende entre los años 2013-2020, desplegándose en un

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espacio fluido, aunque delimitado. Se trata de una investigación situada en el Área


Metropolitana de Buenos Aires que recurre a una metodología descentrada y que,
entre otras estrategias, incluye: la observación participante en diferentes espacios
del caleidoscopio islámico local; la realización de más de una treintena de entrevistas
abiertas; la reconstrucción de relatos de vida; y la inclusión de distintas fuentes
secundarias que, aunque no son objeto de análisis exhaustivo, permiten rastrear la
variedad de perspectivas y narrativas nativas existentes. Se cubren distintas entidades
islámicas como, por ejemplo, mezquitas de orientación sunnita y shiita, musallah
(sala de oración) del movimiento Jamaat Tabligh, dergāh (lugar de reunión) de las
turuq (cofradías sufís) Yerrahiyyah y Naqhsbandiyyah. Las instancias de observación
participante y los registros de campo no se circunscriben, sin embargo, a las instituciones
religiosas o ámbitos rituales, sino que también abarcan actividades culturales, artísticas,
académicas y políticas en las que participan las interlocutoras.
La reconstrucción de la sinuosa travesía por la geografía musulmana local revela el
dinamismo y la movilidad (no exenta de disputas de sentido, jerarquías y lealtades de
afiliación o pertenencia) de los/as sujetos/as y grupos. Pone de manifiesto, además,
los intercambios existentes entre las comunidades y sus integrantes con otros actores
sociales, inclusive con otras religiosidades o espiritualidades. En sintonía, la tesis se
ofrece como una cartografía preliminar de los estudios antropológicos sobre el islam
en general, así como de la presencia y diversidad musulmana local en particular.
La orfebrería etnográfica intenta dar cuenta de su propio proceso de reconversión;
evidenciando los saltos existentes entre la literatura elaborada en otros núcleos
académicos (próximos o lejanos), las características de las comunidades musulmanas
locales, y los (des)conocimientos circulantes a su alrededor, junto a los hallazgos y
obstáculos del trabajo de campo.
Una de las anticipaciones de sentido de la investigación es que la conversión femenina
al islam es implícita o explícitamente generizada. Es decir, que la islamicidad interviene
como un repertorio de género en los procesos de subjetivación y conformación de
sociabilidades; cincelando un abanico heterogéneo de femineidades. En diálogo
y discusión con bibliografía especializada (Logroño Narbona, Pinto y Karam, 2015;
Montenegro, 2015; Montenegro y Benlabbah, 2013) se observan, a grandes rasgos, tres
vías de acercamiento al islam: intelectual-cultural, intelectual-política e intelectual-
mística. Identificadas, grosso modo, con las vertientes sunnita, shiita y la tradición sufí
respectivamente. Asimismo, se tienden puentes y contrastes con otros trabajos sobre
conversión femenina en América Latina, Estados Unidos y Europa.
Uno de estos puntos refiere a los flujos entre el mundo online y offline. Si bien dentro
del corpus de testimonios recopilados no prevaleció la modalidad virtual de conversión,
es ineludible el impacto de las redes sociales y de la virtualización de lo sagrado en las
vías de acercamiento y difusión del islam. El otro eje remite al entramado emotivo-
sensorial que permea la mayoría de los relatos de conversión, aunque, a priori, sea
eclipsado por la argumentación racional o intelectualización de la elección religiosa
que esbozan las interlocutoras. Los vínculos afectivos, que no se circunscriben en lo
absoluto a las relaciones amorosas con varones musulmanes, cobran — junto a los
sueños y la interpretación de sus significados, las percepciones táctiles y olfativas,
los recuerdos e historias familiares, o experiencias viajeras, entre otras — un rol
destacado en el proceso de conversión. Por esta razón, en lugar de incluir la modalidad

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V A L C A R C EL
“Allah sabe más”: femineidades e itinerarios de conversión al islam en Buenos Aires

afectiva como una vía autónoma de conversión, la tesis explora las formas en cómo
las sensibilidades, emociones, corporalidades y relaciones afectivas atraviesan los
distintos itinerarios. En sintonía, se reconstruyen y abordan los scripts recurrentes
entre las narrativas de quienes abrazan el islam. Los principios y preceptos islámicos
valorados por las interlocutoras en tanto aspectos determinantes de su conversión o
islamización (nociones como din, tawheed, fitrah, taqwa, dhikr, e, inclusive, el presunto
estatus privilegiado de la mujer dentro de la tradición islámica en contraste con la
subordinación y cosificación femenina en la sociedad contemporánea) se encuentran
relacionados con las pedagogías de enseñanza y transmisión religiosa implementadas
por las distintas entidades. Las estrategias comunitarias o institucionales de difusión,
así como las modalidades rituales, la normatividad y retóricas sexo/género (idearios
familiares y matrimoniales, vestimenta islámica, etc.) de la vertiente y/o grupo islámico
al que ellas adhieren, inciden significativamente en sus itinerarios.
Incluir distintas corrientes y entidades islámicas implicó un gran desafío que dejó,
inevitablemente, cabos sueltos e imprecisiones. Sin embargo, reforzó la propuesta
comparativa y previno de incurrir en generalizaciones o extrapolaciones a partir
de las particularidades sectarias. En suma, la reconfiguración de las femineidades
y subjetividades islámicas oscila pendularmente a través de una serie de núcleos
convergentes-divergentes que esta tesis explora; problematizando a su paso el
concepto de agencia. Tal vez, uno de sus principales aportes radique en los diálogos
e interferencias entre la antropología de género y los trabajos socio-antropológicos
sobre islam. Intenta superar — a diferencia de la voluminosa producción existente en
otros centros académicos — la relativa ageusia local entre los estudios de género y los
estudios sobre religiosidades. Las reflexiones finales hacen hincapié, precisamente, en
los silencios, incomodidades y sesgos, muchas veces autoimpuestos, entre sendas áreas
de indagación; sugiriendo, además, un balance de las asignaturas pendientes y futuras
líneas de investigación. ¿Existen contrastes con las trayectorias de los varones que
abrazan el islam? ¿Qué diferencias y tensiones pueden hallarse con las travesías de los
y las musulmanas “de cuna”? ¿Cómo abordar antropológicamente distintas clases de
archivos y fuentes digitales que, además de material de análisis, constituyen puntos de
vista de nativos? ¿Cómo apropiarse crítica y creativamente de los andamiajes teóricos
sin desleírlos o descontextualizarlos?
En definitiva, la culminación de la tesis emerge como una instantánea que revela
un proceso inconcluso: una materialidad que es en parte propia, pero que también
se percibe ajena. Más que confirmar hipótesis o legitimar el trabajo de investigación,
invade con interrogantes; insinuando que los hallazgos y metas ignoradas provienen,
muchas veces, de los desaciertos y desacuerdos. La proyección y escritura de la tesis
invita a una meticulosidad que, luego de presentarla, intenta retornar a lo simple.
“Tarde descubrí – recita Irene Gruss – que el errar, el perderse podría ser lo mismo, un
oficio extravagante” (2019: 27).

Bibliografía
Gruss, I. (2019). Pero el arte. En: De piedad vine a sentir (p.27). Buenos Aires: Ediciones
en Danza.
Logroño Narbona, M.; Pinto, P. y Karam, J T. (Eds.) (2015). Crescent over another

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Horizon: Islam in Latin America, the Caribbean and Latino USA. Austin: University
of Texas Press.
Mahmood, S. (2012 [2005]). Politics of Piety: The Islamic Revival and the Feminist
Subject. New Jersey: Princeton University Press y Oxford University Press.
Mansson McGinty, A. (2006). Becoming Muslim. Western Women´s Conversions to
Islam. Nueva York: Palgrave MacMillan.
Montenegro, S. (2015). Formas de adhesión al Islam en Argentina: conversión,
tradición, elección, reasunción y tránsito intra-islámico. Horizonte, 13, pp. 164-174.
Montenegro, S. y Benlabbah, F. (Comps.) (2013). Musulmanes en Brasil: comunidades,
instituciones e identidades. Rosario: UNR Editora.
Valcarcel, M. (2021). “Allah sabe más”. Femineidades e itinerarios de conversión al
islam en Buenos Aires. Tesis doctoral inédita, FFyL, Universidad de Buenos Aires.
Van Nieuwkerk, K. (Ed.) (2006). Women embracing Islam: Gender and Conversion
in the West. Austin: University of Texas Press.

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