009 Delitos Electorales
HENRRY ALEXANDER SANTOS ABAC
A. El fraude electoral y la corrupción de la democracia representativa:
Es complejo y profundamente ligado a factores históricos, estructurales y políticos que
han marcado la evolución del sistema democrático guatemalteco desde la firma de los
Acuerdos de Paz en 1996.
La democracia representativa implica que el pueblo elige a sus gobernantes a través de
elecciones libres, periódicas y transparentes, y que los funcionarios electos responden
ante sus votantes, sin embargo, en Guatemala este modelo ha estado persistentemente
socavado por:
Captura del Estado: Grupos de poder económico, político y criminal (incluidos sectores
del narcotráfico) han influido en las instituciones del Estado para favorecer sus
intereses.
Debilidad institucional: Organismos como el Tribunal Supremo Electoral (TSE), el
Ministerio Público y la Corte Suprema de Justicia han sido señalados en distintas
ocasiones por actuar bajo presión o manipulación de actores políticos.
La corrupción no solo se manifiesta en la apropiación ilícita de fondos públicos, sino
también en la distorsión de la voluntad popular esto ocurre cuando:
• Los partidos políticos funcionan como vehículos de clientelismo o redes ilícitas,
más que como plataformas ideológicas.
• El Congreso se convierte en un espacio de negociaciones opacas, en donde el
transfuguismo y el voto por conveniencia son comunes.
• Los gobiernos entrantes mantienen pactos con estructuras corruptas o
criminales a cambio de “gobernabilidad”.
El desafío guatemalteco consiste en desarticular las redes de fraude y corrupción que
deforman la representación política. Solo mediante la recuperación de la autonomía
institucional, la fiscalización rigurosa y la activa movilización de la sociedad civil será
posible restaurar la confianza pública y consolidar una democracia incluyente, donde el
voto refleje genuinamente la soberanía del pueblo.
B. Apreciación personal sobre el delito con mayor incidencia en Guatemala: los delitos
contra el patrimonio como: el robo, hurto y extorsión, es que reflejan no solo un problema
de seguridad pública, sino una profunda crisis social y estructural. Estos delitos son
consecuencia directa de la pobreza, el desempleo, la falta de oportunidades y el
debilitamiento del tejido comunitario. En muchos casos, la criminalidad es una respuesta
desesperada ante un sistema que excluye a grandes sectores de la población de
condiciones de vida dignas.
Además, la impunidad agrava el problema: la débil capacidad investigativa del Estado, la
corrupción en las fuerzas de seguridad y la desconfianza hacia el sistema judicial hacen que
gran parte de estos delitos no sean denunciados o no lleguen a juicio. Esto genera un círculo
vicioso donde el crimen se normaliza y la ciudadanía se siente abandonada, recurriendo
incluso a la justicia por mano propia.
En mi opinión, combatir estos delitos requiere una estrategia integral: fortalecer la
prevención, invertir en educación, generar empleo digno, y reconstruir la confianza en las
instituciones. Si no se atienden las causas estructurales, el delito seguirá siendo la única
salida visible para muchas personas marginadas por el sistema.
C. ¿Considera adecuado la existencia de un delito de propaganda electoral anticipada o
similar?
Debe existir algún tipo de regulación sobre la propaganda anticipada, pero no
necesariamente como un delito penal, sino como una falta administrativa claramente
tipificada, con sanciones proporcionales (por ejemplo, multas), y con garantías de
debido proceso, imparcialidad y control judicial efectivo porque todo termina siendo un
engaño como siempre para el pueblo.
En Guatemala se ha utilizado la figura de “campaña anticipada” de forma arbitraria, para
vetar candidaturas incómodas, mientras se permite impunidad a partidos cercanos al
poder algunos ejemplos en las pasadas votaciones como los de Thelma Cabrera, Carlos
Pineda y Roberto Arzú ilustran cómo una norma, que en teoría protege la equidad, puede
ser manipulada para restringir la participación política y debilitar la democracia.
Conclusión personal sobre la pertinencia de los delitos electorales
En una democracia, los procesos electorales deben desarrollarse con transparencia,
legalidad y equidad por ello, la tipificación de delitos electorales en el marco jurídico de
Guatemala es altamente pertinente, ya que busca garantizar la legitimidad de las
elecciones y proteger los derechos políticos de la ciudadanía.
Esta pertinencia se vuelve aún más evidente por las múltiples amenazas que
históricamente han afectado la limpieza del proceso electoral: compra de votos,
financiamiento ilícito de campañas, uso indebido de recursos públicos, propaganda
anticipada, exclusión arbitraria de candidaturas, y coacción al votante. Estos actos no
solo vulneran la ley, sino que distorsionan la voluntad popular, favorecen a ciertos
actores con poder económico o político, y minan la confianza de la ciudadanía en las
instituciones.
Los delitos electorales son pertinentes y necesarios en Guatemala como herramientas
para defender la integridad del sufragio. Pero su eficacia y legitimidad dependen de una
justicia electoral independiente, transparente y despolitizada, capaz de sancionar sin
favoritismos y proteger la soberanía del voto ciudadano, TODO ESTO SERIA VIVIR EN
UNA GUATEMALA SOÑADA PERO LAMENTABLEMENTE NO ES ASÍ......