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La Coma

El texto explora la importancia y el uso correcto de la coma en la escritura, describiéndola como un signo esencial que ayuda a dar cadencia y claridad a las oraciones. Se presentan ejemplos de su uso adecuado en diferentes contextos, resaltando cómo una coma mal colocada puede cambiar el significado de un mensaje. Además, se menciona la dificultad de su manejo y la necesidad de apelar al sentido del texto para evitar confusiones.

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La Coma

El texto explora la importancia y el uso correcto de la coma en la escritura, describiéndola como un signo esencial que ayuda a dar cadencia y claridad a las oraciones. Se presentan ejemplos de su uso adecuado en diferentes contextos, resaltando cómo una coma mal colocada puede cambiar el significado de un mensaje. Además, se menciona la dificultad de su manejo y la necesidad de apelar al sentido del texto para evitar confusiones.

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La coma no es más que una culebrilla del demonio

,
Parece que en todas las escrituras alfabéticas existe este pequeño rabillo –semejante al
filamento impulsor de algunos protozoos– que suele encontrarse donde no debe estar o
faltar cuando su presencia es verdaderamente imprescindible.

Por Mario Méndez

Se parece al cilio o filamento impulsor de algunos protozoos, enroscándose en su


minúscula cabeza.
Sirve para darle cadencia a un texto y, aunque no siempre resulta atractivo en poesía, en
el lenguaje escrito en general es necesario no sólo para que el lector pueda respirar sino
también para precisar el sentido de las oraciones y evitar equívocos, a veces enojosos, a
veces simpáticos.
Parece que en todas las escrituras alfabéticas existe este pequeño rabillo que suele
encontrarse donde no debe estar o faltar cuando su presencia es verdaderamente
imprescindible.
Su manejo no resulta fácil: es elusiva la coma (,), se esconde, transita a su antojo por ese
mundo complicado de las palabras, pero es imposible ignorarlo si no se quiere correr el
riesgo de decir, como en el caso de un mensaje infortunado: “Llegamos bien burros,
enfermos de muerte, los niños preocupados”. O peor aún: “Llegamos bien, burros
enfermos, de muerte los niños; preocupados”. Cuando el mensaje quería y debía decir:
“Llegamos bien, burros enfermos de muerte, los niños preocupados”.
Veamos algunos ejemplos de correcto uso de este signo de pausa breve:
1). En enumeraciones, separando partes iguales de la oración: Los candidatos por el
Partido Verde eran Pérez, Ramírez, Martínez y Rodríguez.
2). En expresiones en vocativo: ¡Ánimo, muchacho! ¡Oh, cariño mío, cómo me haces
falta!
3). Para separar oraciones dentro de un conjunto de palabras con sentido completo:
Soraya canta, Isabel escucha, el tiempo pasa y el recuerdo queda./ Llegué extenuado,
terminando la noche, con el pensamiento fijo en la tragedia, y ya era tarde para descansar.
Obsérvese aquí el uso de la coma antes de la conjunción copulativa y, a diferencia del
primer ejemplo de las oraciones enumerativas (caso 1).
4). Para separar elementos de carácter explicativo: Lleras, presidente en aquella época,
decretó la medida.
5). Para separar oraciones incidentales, complementarias: Rolando, todavía muchacho,
cursaba quinto año.
6). En frases con supresión (elipsis) de verbo (éste va tácito, evitando recargo y dándole
agilidad al texto): Hommes es ministro de Hacienda y Crédito Público, y Posada, de
Trabajo y Seguridad Social (también se hace tácito el cargo).
7). En los casos de frases con carácter condicional: Si me lo permites, yo me encargo del
asunto.
8). En algunas frases iniciadas con gerundio, con carácter adverbial: Pensando que
llegabas, Sandra alistó la mesa.
9). En ciertas frases regidas por adverbio o expresión adverbial: Finalmente, todo
terminó de manera satisfactoria./ En efecto, nada sucedió./ No obstante, Iraq seguía en
Kuwait./ Por último, les ofrezco disculpas (No: “les pido”, cuando el sujeto ha cometido
una supuesta falta)./ En consecuencia (conforme a lo acordado), los contratantes cubren los
costos por partes iguales.
10). Antes de las conjunciones “pues”, “porque”, “luego”, “mas” (pero): “Ladran, luego
cabalgamos”. “Pienso, luego existo”. “Sí lo sé, mas no lo digo”.
11). En frases antecedidas por locución conjuntiva: Por consiguiente, no se acepta la
explicación.

Esta relación es apenas una aproximación. Para puntuar en forma apropiada debe
apelarse, de todos modos, al sentido de lo que se desea expresar, con el fin de eliminar, en
lo posible, el peligro de caer en confusiones como las señaladas, todo por una simple coma,
el esencial signo trágico’, dolor de cabeza de escritores y otros usuarios de esta culebrilla
del demonio.

Para terminar, veamos dos contrapuestas y justificadas notas:


1). Obligatorio ‘barroquismo’ en el uso del signo o lenguaje por viacrucis de comas:
Esperamos, naturalmente, haber, así, ayudado, ojalá, al ¡siempre!, sin duda, complicado uso
de la coma.
2). Para decir lo mismo sin pausa gráfica o lenguaje sobre autopista: Esperamos haber
ayudado con estas líneas a una más adecuada y conveniente destreza en la exigente y
siempre complicada utilización de un elemento tan importante de la escritura.
Todo depende del camino elegido.

(Tomado de la revista Cromos, edición del 3 de diciembre de 1990)

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