Cómo rezar el Via Lucis
Para rezar el Via Lucis, en que compartimos con Jesús la alegría
de su Resurrección, proponemos un esquema similar al que
utilizamos para rezar el Via Crucis:
Oración que pretende tener un tono de súplica
Si se desea, después del enunciado de cada una de las
estaciones, se puede decir:
V/ Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.
R/ Como anunciaron las Escrituras. Aleluya.
V/ Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
R/ Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los
siglos. Amén.
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Oración Preparatoria
«¡Resurrexit!» Hoy Tú, Redentor del hombre,
te levantas victorioso del sepulcro para ofrecer también a
nosotros,
turbados por tantas sombras que nos amenazan,
tu promesa de gozo y de paz.
A ti, Cristo, nuestra vida y nuestro guía,
se dirija quien esté tentado por el desánimo y la
desesperación,
para escuchar el anuncio de la esperanza que no defrauda.
En este día de tu triunfo sobre la muerte,
que la humanidad encuentre en ti, Señor, la valentía de
oponerse
de manera solidaria a tantos males que nos a igen.
Mensaje de Pascua que pronunció san Juan Pablo II
Domingo de Resurrección en la plaza de San Pedro
Ciudad del Vaticano, 11 de abril de 2004.
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PRIMERA ESTACIÓN.
¡CRISTO VIVE!: ¡HA RESUCITADO!
En la ciudad santa, Jerusalén, la noche va dejando paso al Primer
Día de la semana. Es un amanecer glorioso, de alegría
desbordante, porque Cristo ha vencido de nitivamente a la muerte.
¡Cristo vive! ¡Aleluya!
Del Evangelio según San Mateo 28, 1-7. (cf. Mc 16, 1-8; Lc, 24,
1-9; Jn 20, 1-2).
Comentario
En los sepulcros suele poner "aquí yace", en cambio en el de
Jesús el epita o no estaba escrito sino que lo dijeron los ángeles:
"¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí,
sino que ha resucitado" (Lc 24, 5-6).
Cuando todo parece que está acabado, cuando la muerte parece
haber dicho la última palabra, hay que proclamar llenos de gozo
que Cristo vive, porque ha resucitado. Esa es la gran noticia, la
gran verdad que da consistencia a nuestra fe, que llena de una
alegría desbordante nuestra vida, y que se entrega a todos: "hasta
a los muertos ha sido anunciada la Buena Noticia" (1 Pe 4, 6),
porque Jesús abrió las puertas del cielo a los justos que murieron
antes que Él.
Cristo, que ha querido redimirnos dejándose clavar en un madero,
entregándose plenamente por amor, ha vencido a la muerte. Su
muerte redentora nos ha liberado del pecado, y ahora su
resurrección gloriosa nos ha abierto el camino hacia el Padre.
Oración: Señor Jesús, hemos querido seguirte en los momentos
difíciles de tu Pasión y Muerte, sin avergonzarnos de tu cruz
redentora. Ahora queremos vivir contigo la verdadera alegría, la
alegría que brota de un corazón enamorado y entregado, la alegría
de la resurrección. Pero enséñanos a no huir de la cruz, porque
antes del triunfo suele estar la tribulación. Y sólo tomando tu cruz
podremos llenarnos de ese gozo que nunca acaba.
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SEGUNDA ESTACIÓN.
EL ENCUENTRO CON MARÍA MAGDALENA.
María Magdalena, va al frente de las mujeres que se dirigen al
sepulcro para terminar de embalsamar el cuerpo de Jesús. Llora
su ausencia porque ama, pero Jesús no se deja ganar en
generosidad y sale a su encuentro.
Del Evangelio según San Juan 20, 10-18 (cf. Mc 16, 9-11; Mt 28,
9-10).
Comentario
La Magdalena ama a Jesús, con un amor limpio y grande. Su amor
está hecho de fortaleza y e cacia, como el de tantas mujeres que
saben hacer de él entrega. María ha buscado al Maestro y la
respuesta no se ha hecho esperar: el Señor reconoce su cariño sin
suras, y pronuncia su nombre. Cristo nos llama por nuestros
nombres, personalmente, porque nos ama a cada uno. Y a veces
se oculta bajo la apariencia del hortelano, o de tantos hombres o
mujeres que pasan, sin que nos demos cuenta, a nuestro lado.
María Magdalena, una mujer, se va a convertir en la primera
mensajera de la Resurrección: recibe el dulce encargo de anunciar
a los apóstoles que Cristo ha resucitado.
Oración
Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra, la tradición cristiana
nos dice que la primera visita de tu Hijo resucitado fue a ti, no para
fortalecer tu fe, que en ningún momento había decaído, sino para
compartir contigo la alegría del triunfo. Nosotros te queremos pedir
que, como María Magdalena, seamos testigos y mensajeros de la
Resurrección de Jesucristo, viviendo contigo el gozo de no
separarnos nunca del Señor.
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TERCERA ESTACIÓN.
JESÚS SE APARECE A LAS MUJERES
Las mujeres se ven desbordadas por los hechos: el sepulcro está
vacío y un ángel les anuncia que Cristo vive. Y les hace un
encargo: anunciadlo a los apóstoles. Pero la mayor alegría es ver a
Jesús, que sale a su encuentro.
Del Evangelio según San Mateo 28, 8-10.
Comentario
Las mujeres son las primeras en reaccionar ante la muerte de
Jesús. Y obran con diligencia: su cariño es tan auténtico que no
repara en respetos humanos, en el qué dirán. Cuando
embalsamaron el cuerpo de Jesús lo tuvieron que hacer tan
rápidamente que no pudieron terminar ese piadoso servicio al
Maestro. Por eso, como han aprendido a querer, a hacer las cosas
hasta el nal, van a acabar su trabajo. Son valientes y generosas,
porque aman con obras. Han echado fuera el sueño y la pereza y,
antes de despuntar el día, ya se encaminan hacia el sepulcro. Hay
di cultades objetivas: los soldados, la pesada piedra que cubre la
estancia donde está colocado el Señor. Pero ellas no se asustan
porque saben poner todo en manos de Dios.
Oración
Señor Jesús, danos la valentía de aquellas mujeres, su fortaleza
interior para hacer frente a cualquier obstáculo. Que, a pesar de las
di cultades, interiores o exteriores, sepamos con ar y no nos
dejemos vencer por la tristeza o el desaliento, que nuestro único
móvil sea el amor, el ponernos a tu servicio porque, como aquellas
mujeres, y las buenas mujeres de todos los tiempos, queremos
estar, desde el silencio, al servicio de los demás.
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CUARTA ESTACIÓN.
LOS SOLDADOS CUSTODIAN EL SEPULCRO DE CRISTO
Para rati car la resurrección de Cristo, Dios permitió que hubiera
unos testigos especiales: los soldados puestos por los príncipes
de los sacerdotes, precisamente para evitar que hubiera un
engaño.
Del Evangelio según San Mateo 28, 11-15.
Comentario
Los enemigos de Cristo quisieron cerciorarse de que su cuerpo no
pudiera ser robado por sus discípulos y, para ello, aseguraron el
sepulcro, sellando la piedra y montando la guardia. Y son
precisamente ellos quienes contaron lo ocurrido. Qué acertado es
el comentario de un Padre de la Iglesia cuando dice a los
soldados: "Si dormíais ¿por qué sabéis que lo han robado?, y si
los habéis visto, ¿por qué no se lo habéis impedido?". Pero no hay
peor ciego que el que no quiere ver.
En lugar de creer, los sumos sacerdotes y los ancianos quieren
ocultar el acontecimiento de la Resurrección y, con dinero,
compran a los soldados, porque la verdad no les interesa cuando
es contraria a lo que ellos piensan.
Oración
Señor Jesús, danos la limpieza de corazón y la claridad de mente
para reconocer la verdad. Que nunca negociemos con la ella para
ocultar nuestras aquezas, nuestra falta de entrega, que nunca
sirvamos a la mentira, para sacar adelante nuestros intereses. Que
te reconozcamos, Señor, como la Verdad de nuestra vida.
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QUINTA ESTACIÓN.
PEDRO Y JUAN CONTEMPLAN EL SEPULCRO VACÍO
Los apóstoles han recibido con descon anza la noticia que les han
dado las mujeres. Están confusos, pero el amor puede más. Por
eso Pedro y Juan se acercan al sepulcro con la rapidez de su
esperanza.
Del Evangelio según San Juan 20, 3-10 (cf. Lc 24, 12).
Comentario
Pedro y Juan son los primeros apóstoles en ir al sepulcro. Han
llegado corriendo, con el alma esperanzada y el corazón latiendo
fuerte. Y comprueban que todo es como les han dicho las mujeres.
Hasta los más pequeños detalles de cómo estaba el sudario
quedan grabados en su interior, y re ejados en la Escritura. Cristo
ha vencido a la muerte, y no es una vana ilusión: es un hecho de la
historia, que va a cambiar la historia. Después de este hecho, el
Señor saldría al encuentro de Pedro, como expresión de la
delicadeza de su amor; y así, el que llegaría a ser Cabeza de los
Apóstoles, y tendría que con rmarlos en la fe, recibió una visita
personal de Jesús. Así nos lo cuenta Pablo y Lucas: "[Cristo] se
apareció a Cefas y luego a los Doce" (1 Cor 15, 5; cf. Lc 24, 34).
Oración
Señor Jesús, también nosotros como Pedro y Juan, necesitamos
encaminarnos hacia Ti, sin dejarlo para después. Por eso te
pedimos ese impulso interior para responder con prontitud a lo que
puedas querer de nosotros. Que sepamos escuchar a los que nos
hablan en tu nombre para que corramos con esperanza a buscarte.
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SEXTA ESTACIÓN.
JESÚS EN EL CENÁCULO MUESTRA SUS LLAGAS A LOS
APÓSTOLES
Los discípulos están en el Cenáculo, el lugar donde fue la Última
Cena. Temerosos y desesperanzados, comentan los sucesos
ocurridos. Es entonces cuando Jesús se presenta en medio de
ellos, y el miedo da paso a la paz.
Del Evangelio según San Lucas 24, 36-43 (cf. Mc 16, 14-18; Jn, 20,
19-23).
Comentario
Cristo resucitado es el mismo Jesús que nació en Belén y trabajó
durante años en Nazaret, el mismo que recorrió los caminos de
Palestina predicando y haciendo milagros, el mismo que lavó los
pies a sus discípulos y se entregó a sus enemigos para morir en la
Cruz. Jesucristo, el Señor que es verdadero Dios y hombre
verdadero. Pero los apóstoles apenas pueden creerlo: están
asustados, temerosos de correr su misma suerte. Es entonces
cuando se presenta en medio de ellos, y les muestra sus llagas
como trofeo, la señal de su victoria sobre la muerte y el pecado.
Con ellas nos ha rescatado. Han sido el precio de nuestra
redención. No es un fantasma. Es verdaderamente el mismo Jesús
que los eligió como amigos, y ahora come con ellos. El Señor, que
se ha encarnado por nosotros, nos quiere mostrar, aún más
explícitamente, que la materia no es algo malo, sino que ha sido
transformada porque Jesús la ha asumido.
Oración
Señor Jesús, danos la fe y la con anza para descubrirte en todo
momento, incluso cuando no te esperamos. Que seas para
nosotros no una gura lejana que existió en la historia, sino que,
vivo y presente entre nosotros, ilumines nuestro camino en esta
vida y, después, transformes nuestro cuerpo frágil en cuerpo
glorioso como el tuyo.
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SÉPTIMA ESTACIÓN.
EN EL CAMINO DE EMAÚS
Esa misma tarde dos discípulos vuelven desilusionados a sus
casas. Pero un caminante les devuelve esperanza. Sus corazones
vibran de gozo con su compañía, sin embargo sólo se les abren los
ojos al verlo partir el pan.
Del Evangelio según San Lucas 24, 13-32, (cf. Mc 16, 12-13)
Comentario
Los de Emaús se iban tristes y desesperanzados: como tantos
hombres y mujeres que ven con perplejidad cómo las cosas no
salen según habían previsto. No acaban de con ar en el Señor. Sin
embargo Cristo "se viste de caminante" para iluminar sus pasos
decepcionados, para recuperar su esperanza. Y mientras les
explica las Escrituras, su corazón, sin terminar de entender, se
llena de luz, "arde" de fe, alegría y amor. Hasta que, puestos a la
mesa, Jesús parte el pan y se les abren la mente y el corazón. Y
descubren que era el Señor. Nosotros comprendemos con ellos
que Jesús nos va acompañando en nuestro camino diario para
encaminarnos a la Eucaristía: para escuchar su Palabra y compartir
el Pan.
Oración
Señor Jesús, ¡cuántas veces estamos de vuelta de todo y de todos!
¡tantas veces estamos desengañados y tristes! Ayúdanos a
descubrirte en el camino de la vida, en la lectura de tu Palabra y en
la celebración de la Eucaristía, donde te ofreces a nosotros como
alimento cotidiano. Que siempre nos lleve a Ti, Señor, un deseo
ardiente de encontrarte también en los hermanos.
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OCTAVA ESTACIÓN.
JESÚS DA A LOS APÓSTOLES EL PODER DE PERDONAR LOS
PECADOS.
Jesús se presenta ante sus discípulos. Y el temor de un primer
momento da paso a la alegría. Va a ser entonces cuando el Señor
les dará el poder de perdonar los pecados, de ofrecer a los
hombres la misericordia de Dios.
Del Evangelio según San Juan 20, 19-23 (cf. Mc 16, 14; Lc 24,
36-45).
Comentario
Los apóstoles no han terminado de entender lo que ha ocurrido en
estos días, pero eso no importa ahora, porque Cristo está otra vez
junto a ellos. Vuelven a vivir la intimidad del amor, la cercanía del
Maestro. Las puertas están cerradas por el miedo, y Él les va a
ayudar a abrir de par en par su corazón para acoger a todo
hombre. Durante la Última Cena les dio el poder de renovar su
entrega por amor: el poder de celebrar el sacri cio de la Eucaristía.
En estos momentos, les hace partícipes de la misericordia de Dios:
el poder de perdonar los pecados. Los apóstoles, y con ellos todos
los sacerdotes, han acogido este regalo precioso que Dios otorga
al hombre: la capacidad de volver a la amistad con Dios después
de haberlo abandonado por el pecado, la reconciliación.
Oración
Señor Jesús, que sepamos descubrir en los sacerdotes otros
Cristos, porque has hecho de ellos los dispensadores de los
misterios de Dios. Y, cuando nos alejemos de Ti por el pecado,
ayúdanos a sentir la alegría profunda de tu misericordia en el
sacramento de la Penitencia. Porque la Penitencia limpia el alma,
devolviéndonos tu amistad, nos reconcilia con la Iglesia y nos
ofrece la paz y serenidad de conciencia para reemprender con
fuerza el combate cristiano.
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NOVENA ESTACIÓN.
JESÚS FORTALECE LA FE DE TOMÁS.
Tomás no estaba con los demás apóstoles en el primer encuentro
con Jesús resucitado. Ellos le han contado su experiencia gozosa,
pero no se ha dejado convencer. Por eso el Señor, ahora se dirige
a él para con rmar su fe.
Del Evangelio según San Juan 20, 26-29
Comentario
Tomás no se deja convencer por las palabras, por el testimonio de
los demás apóstoles, y busca los hechos: ver y tocar. Jesús, que
conoce tan íntimamente nuestro corazón, busca recuperar esa
con anza que parece perdida. La fe es una gracia de Dios que nos
lleva reconocerlo como Señor, que mueve nuestro corazón hacia
Él, que nos abre los ojos del espíritu. La fe supera nuestras
capacidades pero no es irracional, ni algo que se imponga contra
nuestra libertad: es más bien una luz que ilumina nuestra
existencia y nos ayuda y fortalece para reconocer la verdad y
aprender a amarla. ¡Qué importante es estar pegados a Cristo,
aunque no lo sintamos cerca, aunque no lo toquemos, aunque no
lo veamos!
Oración
Señor Jesús, auméntanos la fe, la esperanza y el amor. Danos una
fe fuerte y rme, llena de con anza. Te pedimos la humildad de
creer sin ver, de esperar contra toda esperanza y de amar sin
medida, con un corazón grande. Como dijiste al apóstol Tomás,
queremos, aún sin ver, rendir nuestro juicio y abrazarnos con
rmeza a tu palabra y al magisterio de la Iglesia que has instituido,
para que tu Pueblo permanezca en la verdad que libera.
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DÉCIMA ESTACIÓN.
JESÚS RESUCITADO EN EL LAGO DE GALILEA
Los apóstoles han vuelto a su trabajo: a la pesca. Durante toda la
noche se han esforzado, sin conseguir nada. Desde la orilla Jesús
les invita a empezar de nuevo. Y la obediencia les otorga una
muchedumbre de peces.
Del Evangelio según San Juan 21, 1-6a
Comentario
En los momentos de incertidumbre, los apóstoles se unen en el
trabajo con Pedro. La barca de Pedro, el pescador de Galilea, es
imagen de la Iglesia, cuyos miembros, a lo largo de la historia
están llamados a poner por obra el mandato del Señor: "seréis
pescadores de hombres". Pero no vale únicamente el esfuerzo
humano, hay que contar con el Señor, ándonos de su palabra, y
echar las redes. En las circunstancias difíciles, cuando parece que
humanamente se ha puesto todo por nuestra parte, es el momento
de la con anza en Dios, de la delidad a la Iglesia, a su doctrina. El
apostolado, la extensión del Reino, es fruto de la gracia de Dios y
del esfuerzo y docilidad del hombre. Pero hay que saber descubrir
a Jesús en la orilla, con esa mirada que a na el amor. Y Él nos
premiará con frutos abundantes.
Oración
Señor Jesús, haz que nos sintamos orgullosos de estar subidos en
la barca de Pedro, en la Iglesia. Que aprendamos a amarla y
respetarla como madre. Enséñanos, Señor, a apoyarnos no sólo en
nosotros mismos y en nuestra actividad, sino sobre todo en Ti. Que
nunca te perdamos de vista, y sigamos siempre tus indicaciones,
aunque nos parezcan difíciles o absurdas, porque sólo así
recogeremos frutos abundantes que serán tuyos, no nuestros.
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UNDÉCIMA ESTACIÓN.
JESÚS CONFIRMA A PEDRO EN EL AMOR
Jesús ha cogido aparte a Pedro porque quiere preguntarle por su
amor. Quiere ponerlo al frente de la naciente Iglesia. Pedro,
pescador de Galilea, va a convertirse en el Pastor de los que
siguen al Señor.
Del Evangelio según San Juan 21, 15-19.
Comentario
Pedro, el impulsivo, el fogoso, queda a solas con el Señor. Y se
siente avergonzado porque le ha fallado cuando más lo
necesitaba. Pero Jesús no le reprocha su cobardía: el amor es más
grande que todas nuestras miserias. Le lleva por el camino de
renovar el amor, de recomenzar, porque nunca hay nada perdido.
Las tres preguntas de Jesús son la mejor prueba de que Él sí es
el a sus promesas, de que nunca abandona a los suyos: siempre
está abierta, de par en par, la puerta de la esperanza para quien
sabe amar. La respuesta de Cristo, Buen Pastor, es ponerle a él y a
sus Sucesores al frente de la naciente Iglesia, para pastorear al
Pueblo de Dios con la solicitud de un padre, de un maestro, de un
hermano, de un servidor. Así, Pedro, el primer Papa, y luego sus
sucesores son "el Siervo de los siervos de Dios".
Oración
Señor Jesús, que sepamos reaccionar antes nuestros pecados, que
son traiciones a tu amistad, y volvamos a Ti respondiendo al amor
con amor. Ayúdanos a estar muy unidos al sucesor de Pedro, al
Santo Padre el Papa, con el apoyo e caz que da la obediencia,
porque es garantía de la unidad de la Iglesia y de la delidad al
Evangelio.
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DUODÉCIMA ESTACIÓN.
LA DESPEDIDA: JESÚS ENCARGA SU MISIÓN A LOS
APÓSTOLES
Antes de dejar a sus discípulos el Señor les hace el encargo
apostólico: la tarea de extender el Reino de Dios por todo el
mundo, de hacer llegar a todos los rincones la Buena Noticia.
Del Evangelio según San Mateo 28, 16-20. cf. Lc 24, 44-48.
Comentario
Los últimos días de Jesús en la tierra junto a sus discípulos
debieron quedar muy grabados en sus mentes y en sus corazones.
La intimidad de la amistad se ha ido concretando con la cercanía
del resucitado, que les ha ayudado a saborear estos últimos
instantes con Él. Pero el Señor pone en su horizonte toda la tarea
que tienen por delante: "Id al mundo entero...". Ese es su
testamento: hay que ponerse en camino para llevar a todos el
mensaje que han visto y oído. Están por delante las tres grandes
tareas de todo apóstol, de todo cristiano: predicar, hablar de Dios
para que la gente crea; bautizar, hacer que las personas lleguen a
ser hijos de Dios, que celebren los sacramentos; y vivir según el
Evangelio, para parecerse cada día más a Jesús, el Maestro, el
Señor.
Oración
Señor Jesús, que llenaste de esperanza a los apóstoles con el
dulce mandato de predicar la Buena Nueva, dilata nuestro corazón
para que crezca en nosotros el deseo de llevar al mundo, a cada
hombre, a todo hombre, la alegría de tu Resurrección, para que así
el mundo crea, y creyendo sea transformado a tu imagen.
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DÉCIMOTERCERA ESTACIÓN
JESÚS ASCIENDE AL CIELO
Cumplida su misión entre los hombres, Jesús asciende al cielo. Ha
salido del Padre, ahora vuelve al Padre y está sentado a su
derecha. Cristo glorioso está en el cielo, y desde allí habrá de venir
como Juez de vivos y muertos.
De los Hechos de los Apóstoles 1, 9-11 (cf. Mc 16, 19-20; Lc 24,
50-53).
Comentario
Todos se han reunido para la despedida del Maestro. Sienten el
dolor de la separación, pero el Señor les ha llenado de esperanza.
Una esperanza rme: "Yo estaré con vosotros todos los días hasta
el n del mundo". Por eso los ángeles les sacan de esos primeros
instantes de desconcierto, de "mirar al cielo". Es el momento de
ponerse a trabajar, de emplearse a fondo para llevar el mensaje de
alegría, la Buena Noticia, hasta los con nes del mundo, porque
contamos con la compañía de Jesús, que no nos abandona. Y no
podemos perder un instante, porque el tiempo no es nuestro, sino
de Dios, para quemarlo en su servicio.
Jesucristo ha querido ir por delante de nosotros, para que vivamos
con la ardiente esperanza de acompañarlo un día en su Reino. Y
está sentado a la derecha del Padre, hasta que vuelva al nal de
los tiempos.
Oración
Señor Jesús, tu ascensión al cielo nos anuncia la gloria futura que
has destinado para los que te aman. Haz, Señor, que la esperanza
del cielo nos ayude a trabajar sin descanso aquí en la tierra. Que no
permanezcamos nunca de brazos cruzados, sino que hagamos de
nuestra vida una siembra continua de paz y de alegría.
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DÉCIMOCUARTA ESTACIÓN
LA VENIDA DEL ESPÍRITU SANTO EN PENTECOSTÉS
La promesa rme que Jesús ha hecho a sus discípulos es la de
enviarles un Consolador. Cincuenta días después de la
Resurrección, el Espíritu Santo se derrama sobre la Iglesia naciente
para fortalecerla, con rmarla, santi carla.
De los Hechos de los Apóstoles 2, 1-4
Comentario
Jesús, el Hijo de Dios, está ya en el cielo, pero ha prometido a sus
amigos que no quedarán solos. Y el a la promesa, el Padre, por la
oración de Jesús, envía al Espíritu Santo, la Tercera Persona de la
Santísima Trinidad. Muy pegados a la Virgen, Madre de la Iglesia,
reciben el Espíri tu Santo. Él es el que llena de luz la mente y de
fuego el corazón de los discípulos para darles la fuerza y el
impulso para predicar el Reino de Dios. Queda inaugurado el
"tiempo de la Iglesia". A partir de este momento la Iglesia, que
somos todos los bautizados, está en peregrinación por este
mundo. El Espíritu Santo la guía a lo largo de la historia de la
humanidad, pero también a lo largo de la propia historia personal
de cada uno, hasta que un día participemos del gozo junto a Dios
en el cielo.
Oración
Dios Espíritu Santo, Dulce Huésped del alma, Consolador y
Santi cador nuestro, in ama nuestro corazón, llena de luz nuestra
mente para que te tratemos cada vez más y te conozcamos mejor.
Derrama sobre nosotros el fuego de tu amor para que,
transformados por tu fuerza, te pongamos en la entraña de nuestro
ser y de nuestro obrar, y todo lo hagamos bajo tu impulso.
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ORACIÓN FINAL
Señor y Dios nuestro,
fuente de alegría y de esperanza,
hemos vivido con tu Hijo los acontecimientos de su Resurrección y
Ascensión hasta la venida del Espíritu Santo;
haz que la contemplación de estos misterios nos llene de tu gracia
y nos capacite
para dar testimonio de Jesucristo
en medio del mundo.
Te pedimos por tu Santa Iglesia:
que sea el re ejo
de las huellas de Cristo en la historia y que, llena del Espíritu Santo,
mani este al mundo los tesoros de tu amor,
santi que a tus eles con los sacramentos y haga partícipes a
todos los hombres
de la resurrección eterna.
Por Jesucristo nuestro Señor.
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