Educación Sexual Integral
Educación Sexual Integral
ESI
1
El presente módulo se compone de una selección de textos específicos
para este espacio curricular. Su lectura es obligatoria y le permitirá resolver
las consignas de las evaluaciones que encontrará oportunamente en el
campus bajo el apartado “Evaluaciones”.
Programa
Fundamentación
2
La Educación Sexual Integral incluye los múltiples aspectos relativos a la
sexualidad, teniendo en cuenta las distintas etapas vitales de su desarrollo.
Considera la importancia del conocimiento, el cuidado y respeto por el cuerpo, los
sentimientos, las emociones, las actitudes, los valores y las habilidades
psicosociales que se ponen en relación a partir del vínculo con uno mismo y con
los demás. De este modo, la educación sexual propone enseñar a conocer,
valorar, respetar y cuidar de uno mismo y de los demás; reconocer el valor de la
vida; relacionarse con los otros de manera solidaria y en el marco del respeto por
las diferencias; reconocer y expresar pensamientos, sentimientos y afectos;
comunicarse con el otro; enfrentar y resolver los problemas y los conflictos que se
plantean en la vida cotidiana; poner límites para protegerse ante situaciones de
maltrato y abuso; desarrollar la autoestima en la construcción de la identidad y la
autonomía en la toma de decisiones; orientar el trabajo reflexivo sobre género.
b. El cuidado y la promoción de la salud
La Educación Sexual Integral tiene en cuenta el cuidado y promoción de la salud.
Actualmente, se entiende la salud como un proceso social y cultural complejo y
dinámico que incluye grados de bienestar físico, psíquico y social, producto de
una construcción en la que intervienen factores individuales y del contexto
económico, cultural, educativo y político. En este marco se sostiene que la salud
es un derecho de todos.
c. Los Derechos Humanos
Enmarcar la ESI en los Derechos Humanos es reconocer la importancia que estos
tienen en la formación de sujetos de derecho, en la construcción de la ciudadanía
y en la reafirmación de los valores de la democracia. Instala el compromiso y la
responsabilidad del Estado por garantizar el acceso a contenidos curriculares;
revalorizar el rol de los docentes en el cumplimiento de dichos derechos y
acompañar el proceso de desarrollo y crecimiento de adolescentes y jóvenes en
su paso por la escuela.
Objetivos de aprendizaje
Se espera que los futuros docentes sean capaces de:
Comprender el marco conceptual de la práctica educativa que permita la
implementación de la Ley Nº 2110/06 de Educación Sexual Integral.
Diseñar propuestas para el abordaje de la ESI, teniendo en cuenta sus
múltiples dimensiones (la salud, lo biológico, lo psicológico, lo sociocultural,
lo jurídico, lo ético, lo religioso).
Conocer los recursos pedagógicos para intervenir en las distintas
modalidades de abordaje, seleccionando materiales y adecuando los
contenidos a los diferentes contextos educativos.
Conocer el papel de la escuela en el marco del sistema jurídico de
protección integral y brindar herramientas para intervenir en situaciones
que vulneren los derechos de los niños, niñas y adolescentes.
Ejes de contenidos
3
1. Marco de referencia y aspectos de la Educación Sexual Integral. Marco de
referencia de la Educación Sexual Integral. Ley Nº 2110/06 (CABA) y apartado de
ESI del Diseño Curricular de la Nueva Escuela Secundaria. Ministerio de
Educación. CABA. La ESI dirigida a jóvenes con discapacidad tendrá en cuenta la
adecuación de los contenidos a sus características particulares.
Aspectos
Aspecto psicológico
Etapas del desarrollo psicosexual. Sexo, sexualidad, genitalidad. El papel de la
escuela en cada etapa. Consideraciones a tener en cuenta en la educación sexual
de alumnos con discapacidad.
Aspecto biológico
La reproducción humana. Anatomía y fisiología de los sistemas reproductivos
masculino y femenino. Regulaciones hormonales femenina y masculina. Cambios
puberales. Fecundación. Embarazo. Vida intrauterina. Parto. Necesidades y
cuidados de la embarazada y del niño.
Aspectos vinculados con la salud
Conceptualización integral acerca de los procesos de salud-
enfermedad; prevención y promoción de la salud. Diferentes estrategias del
trabajo en prevención. Análisis crítico. Formas de vinculación: su incidencia en los
procesos de promoción de la salud. Obstáculos vinculados con el cuidado de la
salud en las prácticas sexuales: presiones del grupo de pares; lo que se espera
de hombres y mujeres (trabajo reflexivo sobre género y mandatos
socioculturales); su incidencia en el cuidado de la salud; dificultad para hablar
sobre la sexualidad; informaciones escasas o erróneas; dificultad para incluir el
cuidado de uno mismo y del otro en distintas prácticas (no solo las sexuales);
sentimiento de omnipotencia, que impide considerar riesgos posibles. Infecciones
de transmisión sexual; VIH-SIDA. Vías de transmisión. Prevención.
Normativa interna del Ministerio de Educación: obligatoriedad de la
confidencialidad de personas que viven con VIH. Normas de higiene general.
[Disponibles en la página web de Educación Sexual Integral del Ministerio de
Educación de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Marco Jurídico).] Métodos
anticonceptivos. Clasificación según la OMS. Funcionamiento y normas de uso de
cada uno de ellos.
Accesibilidad a recursos asistenciales y preventivos de la [Link]: Aspecto
biopsicosocial, jurídico, ético, moral y de salud pública. Distintas posiciones sobre
el inicio de la vida.
Aspecto sociocultural y ético
Conceptos para comprender el complejo proceso de construcción de la
sexualidad: sexo, género, cultura, identidad, identidad sexual, orientación sexual.
Deconstrucción de prejuicios y estereotipos en la organización de la vida escolar.
Distintas configuraciones familiares a lo largo de la historia. Marcos legales que
regulan algunas de ellas (Código Civil, Ley de Unión Civil -CABA- ; Ley de
Matrimonio Civil -Nación-). El amor y la sexualidad a lo largo de la historia.
Transformaciones en los roles de género como organizadores sociales. Distintos
4
lugares de participación para hombres y mujeres en diferentes momentos
históricos:
- en la esfera pública y privada; en la vida cívica y política;
- en los movimientos feministas; en el acceso a la educación;
- en el acceso a los cargos públicos;
- en los modos de regulación de la fecundidad.
Historización de métodos anticonceptivos. Contexto histórico en el que surgen
algunos de ellos: preservativos y pastillas. Medios de comunicación y sexualidad.
Análisis críticos de sus mensajes en relación con la sexualidad: modelos e ideales
hegemónicos de belleza, estereotipos de género, sexualidad como estrategia de
consumo, lo público y lo privado.
La construcción de lo público y lo privado como parte de la subjetividad. La
utilización de lo público y lo privado en las redes sociales y su impacto en la vida
cotidiana. Internet y cuidado de la intimidad.
Habilidades psicosociales:
Toma de decisiones. Obturadores de la autonomía para la toma de decisiones
relacionadas con el inicio y el cuidado en las relaciones sexuales: presión de
pares y del entorno; estereotipos de género; consumo de alcohol y otras
sustancias. Resolución de conflictos. Modos basados en el diálogo, el respeto, la
solidaridad y la no violencia. Comunicación/expresión de sentimientos, emociones
y pensamientos. Distintas maneras de expresarlos. Elementos facilitadores y
obstaculizadores.
Tipos de vínculos: Diferentes modos de vincularse con los pares, la pareja, la
familia. Relaciones de acuerdo y respeto; afecto y cuidado. Relaciones de
dependencia, control y/o maltrato físico o verbal, discriminación.
Aspecto jurídico. Derechos
Políticas públicas y derechos sexuales y reproductivos. Etapas de implementación
de políticas pro-natalistas en la Argentina (a partir de 1974). El reconocimiento de
los derechos sexuales y reproductivos a partir de la restauración de la
democracia: leyes y decretos.
Marco jurídico de las políticas públicas de protección de la niñez y la
adolescencia. Algunas situaciones de vulneración de derechos: Violencia de
género y trata de personas; Maltrato y abuso infanto-juvenil. El papel de la
escuela en el sistema de protección integral:
a) responsabilidades legales de docentes y directivos ante situaciones de
maltrato/abuso;
b) construcción de habilidades y conocimientos que promueven la defensa y el
cuidado ante situaciones de vulneración de derechos;
c) conocimiento de recursos disponibles en la CABA ante situaciones de
vulneración de derechos.
2. Abordaje de la Educación Sexual Integral. Modalidades de abordaje y espacios
de intervención de la Educación Sexual Integral en la educación
secundaria [Véase “Modalidades de abordaje y espacios de intervención”, en el
Diseño Curricular Jurisdiccional para la Nueva Escuela Secundaria de la Ciudad
5
Autónoma de Buenos Aires. Ministerio de Educación. CABA. 2014.] En relación
con el trabajo con los alumnos: abordaje de situaciones incidentales, cotidianas,
disruptivas. Desarrollo sistemático de contenidos transversales en los distintos
espacios curriculares. Desarrollo de contenidos en espacio curricular específico
obligatorio. En relación con los docentes y la institución educativa. En relación con
las familias. En relación con otras instituciones. Criterios de selección de
materiales didácticos para el trabajo en ESI.
CLASES 1 Y 2.
6
Educación sexual integral en las aulas de Argentina: Un análisis de la satisfacción
percibida y opiniones de ingresantes universitarios/as.
Cravero, Carolina, Rabbia, Hugo H., Giacobino, Agostina, & Sartor, Iriana. (2020).
Educación sexual integral en las aulas de Argentina: Un análisis de la satisfacción
percibida y opiniones de ingresantes universitarios/as. Diálogos sobre educación. Temas
actuales en investigación educativa, 11(21), 00005. Epub 03 de marzo de
2021.[Link]
Resumen
El presente artículo consiste en un análisis exploratorio de las percepciones, satisfacción,
conocimientos y actitudes hacia la educación sexual integral, que presentan jóvenes
aspirantes a los estudios universitarios en Argentina. Se propone aportar, desde una
perspectiva cuantitativa, la mirada de los/as estudiantes sobre la educación sexual que han
recibido en sus trayectos formativos, especialmente de nivel medio. Los estudios sobre
sexualidad muestran que la misma constituye un discurso omnipresente en las instituciones
educativas, porque las escuelas no fueron pensadas para abordar este tema, ya que la
sexualidad integraba lo privado. Esto ha significado una distancia entre la transmisión de
información y su apropiación transformativa por parte de los/as jóvenes. En Argentina, la
Ley Nacional de Educación Sexual Integral fue sancionada en 2006. Desde entonces, se
indagó sobre su implementación con énfasis en la capacitación docente, pero a partir de la
realización de las Pruebas Aprender en 2017, donde se consultó a estudiantes, se comienza
a colocar el acento en el reclamo estudiantil por la educación sexual integral. Este trabajo
propone adentrarse en la percepción de los/as jóvenes, buscando conocer cuál es el nivel de
satisfacción percibida sobre la educación sexual integral que recibieron durante sus
trayectos escolares en el nivel medio.
Introducción
7
Si bien la ley obliga a los establecimientos educativos implementar el programa nacional,
su artículo 5 establece que “cada comunidad educativa incluirá en el proceso de
elaboración de su proyecto institucional, la adaptación de las propuestas a su realidad
sociocultural, en el marco del respeto a su ideario institucional y a las convicciones de sus
miembros” (Ley Nº 26.150, 2006).
En mayo de 2008, el Consejo Federal de Educación, junto con expertas educativas y
referentes de la Iglesia católica, los credos evangélicos y judíos, aprobó los lineamientos
curriculares para la educación sexual integral. La implementación de los contenidos
establecidos por la ESI, sujetos al ideario institucional, ha generado diversos márgenes de
discrecionalidad debido a las interpretaciones que pueden hacerse de este artículo, donde,
por ejemplo, varias escuelas confesionales redefinieron la orientación de los contenidos
con el enfoque de lo que han denominado “educación para el amor”, reproduciendo una
enseñanza basada en una lógica heteronormativa y patriarcal de la sexualidad, orientada
solo a fines reproductivos.
Esquivel (2013) entiende que la educación sexual es parte de aquello que se considera
como un “núcleo sensible”, que cristaliza los disensos, conflictos y tensiones que se
generan dentro de la sociedad y del Estado. El tratamiento legislativo del proyecto de ley
de interrupción voluntaria del embarazo, de 2018, puso en agenda como nunca antes el
debate acerca de qué educación sexual se debería recibir en las escuelas, generando ciertas
tensiones y conflictos entre varios sectores de la sociedad. En este sentido, en 2018 se
presentó un proyecto de modificación de la ley Nº 26.150, que aún está esperando
dictamen parlamentario para su tratamiento. Este proyecto insta a ampliar la perspectiva de
derechos y género, incorporando todas aquellas leyes sancionadas posteriores al ESI (por
ejemplo, matrimonio igualitario y ley de identidad de género), especialmente, la cuestión
referida a la identidad sexual y al género autopercibido es lo que despertó oposición de los
sectores conservadores, quienes defienden la tesis de que “los sexos biológicos son dos”
(Rafaela Noticias, 21 de junio de 2019).
La Ley de Educación Sexual Integral surge a partir de una histórica demanda de algunos
sectores de la sociedad que cuestionan y disputan el discurso hegemónico de sexualidad, y
buscan visibilizar otras prácticas y sexualidades que la heteronorma excluye y deslegitima.
Su interés primordial consiste en que “la cultura sexual marginal entre a formar parte de la
cultura escolar” (Iosa, 2008: 2), adoptando un enfoque acorde a las transformaciones de la
sociedad. Por otro lado, con la aprobación de la ley de matrimonio igualitario en 2010,
comenzó a reconfigurarse el sistema de parentesco, y las escuelas se vieron ante la
necesidad de hacer más esfuerzos por incorporar a las familias homoparentales y una
perspectiva de no discriminación por orientación sexual. Simultáneamente, la ESI
representa una respuesta ante los problemas de salud pública y desigualdades sociales
derivados del embarazo adolescente, las infecciones de transmisión sexual,2 la iniciación
cada vez más temprana en la sexualidad, el aborto (Wainerman y Chimi, 2014), la
violencia de género, las identidades de género y las desigualdades de género (Barberis,
Taborda y Zamanillo, 2011).
8
Es importante mencionar que durante el debate legislativo, fue común escuchar que
quienes se oponían a la ley de interrupción voluntaria del embarazo argumentaron la
educación sexual como “solución” al problema de los embarazos no deseados. Sin
embargo, una vez finalizado el debate, y que el proyecto no fuera aprobado por la Cámara
de Senadores, los sectores conservadores comenzaron a cuestionar la ley de educación
sexual integral tildándola de promover la “ideología de género”, dando lugar incluso a la
campaña transnacional #ConMisHijosNoTeMetas, que se vio en otros países de la región
como Perú, Costa Rica, Colombia y Brasil. De acuerdo con Graciela Morgade (2011), en
los años ochenta hubo un avance desde la biologización a lo que la autora denomina
“medicalización” a partir de la epidemia de VIH-sida. Esto obligó a las escuelas a abrirse a
estos temas y comenzar a poner en discusión cuestiones vinculadas a la sexualidad.
El enfoque de una educación sexual integral apunta a que la sexualidad sea entendida más
allá de la cuestión de la genitalidad o el coito, y se abarquen aspectos biológicos,
psicológicos, sociales, afectivos y éticos, una dimensión constitutiva central de la
subjetividad y el bienestar humano. El objetivo de esta ley apunta a que se garantice una
educación democrática más inclusiva, donde se respete la libertad de las personas a
disfrutar de su sexualidad, de acuerdo a sus convicciones y preferencias. En este sentido, la
ley establece los siguientes ejes: respetar la diversidad, reconocer la perspectiva de género,
valorar la afectividad, ejercer nuestros derechos y cuidar del cuerpo.
La ESI constituye una política pública orientada al cumplimiento e implementación de la
perspectiva de derechos humanos incorporada a la Constitución Nacional de la República
Argentina desde su reforma en el año 1994, cuando se le otorgó jerarquía constitucional a
tratados internacionales como la Convención para la Eliminación de Todas las Formas de
Discriminación Contra la Mujer (CEDAW); la Convención sobre los Derechos de los
Niños, Niñas y Adolescentes; la Convención Americana de Derechos Humanos, entre
otros. Por otra parte, se corresponde con una serie de avances en materia de derechos
sexuales y reproductivos que se fueron incorporando al sistema jurídico argentino a partir
de 2003, como, por ejemplo, la ley de “parto humanizado” de 2004, la ley nacional de
salud sexual y reproductiva de 2006, la ley de matrimonio igualitario de 2010, la ley de
identidad de género de 2012, la ley de fertilidad asistida de 2013 y el proyecto de ley de
interrupción voluntaria del embarazo que aún no ha sido aprobado.
Varias facciones del ala conservadora y grupos religiosos, como sectores de la Iglesia
católica y de algunas iglesias evangélicas, han cuestionado fuertemente la enseñanza de la
educación sexual integral y, a su vez, han adoptado una posición cada vez más reactiva
frente a las modificaciones propuestas el año pasado a la ley de 2006. Estos grupos
sostienen que han de ser los padres quienes ocupen el papel central en cuanto a la
formación de sus hijos, y la escuela tan solo debe ocupar un lugar subsidiario; por lo tanto,
serían los progenitores quienes poseen derecho a educarlos según sus convicciones y
valores (Esquivel, 2013; 2011). A su vez, defienden una educación sexual donde la
práctica sexual se limita a la pareja heterosexual estable y monógama, y con fines
reproductivos. No existe un libre ejercicio de la sexualidad, como tampoco se reconocen de
forma positiva las diversidades sexuales. Su enfoque concibe la sexualidad como “una
práctica social que acarrea necesariamente amenazas ante las que han de desplegarse
9
acciones de prevención y control” (Wainerman y Chami, 2014: 133) y la abstinencia es
considerada como el método anticonceptivo más eficaz.
La implementación de la ESI pretende ser gradual y progresiva (Wainerman y Chami,
2014). Sin embargo, a 13 años de su sanción, el panorama no parece alentador: en algunos
casos se ha recurrido a la ambigüedad del artículo 5 para evadir su propósito original, y en
otros, ni siquiera lo acataron. La ley no ocupa un lugar primordial dentro de las agendas de
algunas provincias y, por ende, no consigue aplicarse en su totalidad a lo largo del
territorio nacional. Algunos estados provinciales no se han adherido al programa de la ESI,
ni han desarrollado protocolos de contenidos transversales básicos ni formaciones
específicas para sus docentes.
10
En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, además, los datos recabados en 2017 se
complementaron con un relevamiento desde la perspectiva de las/os docentes. En este caso,
llaman la atención las diferencias de percepción en torno a las temáticas que dicen haberse
dictado y las que el estudiantado considera que ha recibido en las aulas. Por ejemplo, la
formación de prejuicios y estereotipos, la moda y patrones de belleza o la capacidad de
decidir con autonomía, son temas que algunos docentes consideran se han dictado más de
lo que mencionan las y los estudiantes; mientras que temas como el cuidado del cuerpo y
salud reproductiva, la prevención de Infecciones de Transmisión Sexual (ITS), las
funciones del aparato reproductor, o los métodos anticonceptivos, son señalados como los
más dictados por estudiantes (Ministerio de Educación e Innovación del CABA, 2018).
A su vez, según datos de una encuesta realizada por la Fundación Huésped y el Colectivo
por los Derechos Sexuales y Reproductivos, para 86% de las y los estudiantes la educación
sexual se focaliza casi de forma excluyente en cuestiones biologicistas, seguidas de la
prevención de embarazos e infecciones de transmisión sexual (72%) (Fundación Huésped
y Colectivo por los Derecho Sexuales y Reproductivos, 2018). Otro de los obstáculos para
la efectiva implementación de la ESI en la provincia de Córdoba, es la poca capacitación
de profesores y docentes (Espinosa Miño, 2008; Iosa, 2013), consecuencia de una falta de
articulación entre los mismos y las esferas jerárquicas superiores, lo que deriva en su
dificultosa adaptación, ya que son ellas y ellos quienes deben aplicar las indicaciones del
lineamiento curricular en las aulas. Adicionalmente, la capacitación implica un gran costo,
debido a que la mayoría de las veces son los docentes quienes deben financiarlo de manera
particular.
El caso de la ciudad de Rafaela es un poco más complejo, por haber sido declarada Ciudad
Pro-vida y Pro-familia en el año 2011, por el órgano legislativo local. Este tipo de
adscripciones se debe a iniciativas presentadas por sectores pentecostales y católicos
conservadores que se han constituido en grupos de presión política a través de una
ONGenización de lo religioso. Este año, en el contexto electoral por el cual se disputaba la
intendencia (alcaldía) de la ciudad, las agrupaciones “Rafaelinos por la vida” y “Rafaelinos
por la familia” consiguieron que todos los candidatos al cargo firmaran una carta de
adhesión, en la cual se comprometían, entre otras cosas, a reconocer el derecho de los
padres a “participar en la elaboración del proyecto institucional del establecimiento
educativo a los cuales concurren sus hijos; en base al criterio de que el Estado debe ‘asistir
y completar’ la educación sexual impartida por los padres” (Rafaela Noticias, 21 de junio
de 2019), lo cual es contrario a la ley nacional. Por otra parte, el documento pretende que
se les reconozca a los padres la potestad de “escoger libremente el tipo de educación que
sus hijos habrán de recibir, basada en conocimientos científicos validados, sobre los cuales
existe acuerdo suficiente en la comunidad científica, que: “4.1 responda a su cultura y
raíces profundas (dos sexos biológicos)”. Esta última cuestión, referida a la identidad sexo-
genérica como “autopercibida”, es lo que despierta mayores cuestionamientos de los
sectores conservadores. Frente a esta situación, tanto docentes de la localidad de Rafaela,
aglutinados en el “Frente ESI Rafaela”, así como representantes estudiantiles de escuelas
secundarias, requirieron audiencia con el intendente de la ciudad y solicitaron el
cumplimiento de la normativa vigente.
11
La provincia de Santa Fe, a diferencia de Córdoba, intentó que la Ley 26.150 se
implementara mediante una legislación provincial propia, incorporada a la ley de
educación provincial, buscando transformar la ESI en política de estado. Sin embargo, la
oposición de fuerzas políticas conservadoras cada vez más visibles en la provincia, junto
con el consejo de pastores de la ciudad de Rafaela, hicieron que la iniciativa fracasara en
tres oportunidades. De esta manera, al igual que en Córdoba, Santa Fe se adhirió a la ley
nacional y el Ministerio de Educación de la Provincia creó el Programa Provincial de
Educación Sexual Integral, para ser aplicada en todos los niveles educativos con
contenidos transversales.
Es importante destacar que la discusión en torno a la ley provincial polarizó las posiciones
acerca de la ESI en la provincia de Santa Fe, haciendo que las iglesias recrudecieran su
postura, y que algunas candidaturas políticas en las últimas elecciones incorporaran en su
agenda el tema de la educación sexual.
Nuestro problema de investigación surge en dos planos, uno empírico y otro normativo. En
relación con el primero, constatamos que son escasos los trabajos que indaguen acerca de
la educación sexual desde el punto de vista de los y las estudiantes argentinos,
especialmente desde una perspectiva cuantitativa. Entre los estudios cualitativos podemos
mencionar los trabajos de Graciela Morgade (2011) y Mario Margulis (2003), en los que la
escuela aparece como un ámbito donde la sexualidad está presente en todas partes,
precisamente por haberse configurado como un asunto que no le correspondía a la
institución educativa por pertenecer al “ámbito de lo privado”. Durante mucho tiempo, el
tema fue marginal en los contenidos curriculares, pero omnipresente entre los y las
jóvenes, lo que hizo suponer que estos “sabían más” que las/os encargados de enseñarles.
En la década de 1980, con la irrupción del VIH-sida como epidemia y problema de salud
pública, se puso de manifiesto que no era necesariamente así, y las escuelas comienzan a
aproximarse cada vez más al abordaje de la cuestión, pero siempre desde una perspectiva
predominantemente biologicista en la que primaba “la reproducción de la vida humana”
(Morgade, 2011: 11), incluso desde visiones moralistas.
También deben señalarse los abordajes con estudiantes y docentes de una escuela
confesional de Córdoba, sobre las concepciones de la diversidad sexual y sus modos de
apropiación en las aulas (Tomasini, Bertarelli y Estevez, 2017). Las autoras advierten que
en dichos contextos, con matices, modulaciones y particularidades, se presenta más una
presunción de heterosexualidad obligatoria y aquello que se aleja de la heteronorma se
configura como “anomalía”, “rareza” o “caso” (Tomasini et al., 2017: 5).
En el plano normativo, hemos delineado cómo a partir de los avances jurídicos en materia
sexual y reproductiva del siglo XXI, la ESI se constituyó en un derecho del estudiantado
argentino, y sus contenidos deberían haberse incorporado, al menos a lo largo de la última
década, a todos los proyectos institucionales del sistema educativo. Frente a ellos nos
preguntamos ¿qué tienen para decir las/os ingresantes universitarios de la Facultad de
Psicología de la UNC, la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la
UCC y de la UNRaf (pública, laica), sobre la implementación de la educación sexual
12
integral en sus trayectos de formación de nivel medio? Interesa aquí, por lo tanto, avanzar
hacia una exploración de medidas de satisfacción sobre los contenidos recibidos, así como
poder describir con mayores elementos cómo se configura esta satisfacción o insatisfacción
sobre la formación en ESI.
De esta manera, nos proponemos explorar las percepciones de ingresantes universitarios
sobre los contenidos de ESI, así como la valoración que tienen sobre los mismos
(satisfactoria, no satisfactoria o que no resultan pertinentes), y las actitudes genéricas sobre
la implementación de la ESI en escuelas medias. Nos interesa especialmente analizar las
percepciones, conocimientos y actitudes sobre contenidos de ESI en virtud de la trayectoria
de formación de ingresantes (tipo de gestión de las escuelas medias a las que asistió),
religiosidad y género. Con ello esperamos contribuir con propuestas, y su efectiva
implementación, que permitan avanzar.
Metodología
Participantes
13
La muestra final estuvo compuesta por 44.8% de varones, 54.1% de mujeres, 0.8% que se
identificó con “Otro” en la respuesta sobre género, y el resto que prefirió no contestar
dicha pregunta. De las personas encuestadas, 51.7% asiste a la UNRaf, en la ciudad de
Rafaela, provincia de Santa Fe, y el resto son ingresantes de las dos universidades de
Córdoba: de la UCC, 17.2% y de la UNC, 31%. Las edades de los participantes fluctúan
entre los 18 y 43 años, con una media global de 20.79 años, aunque la media de edad por
universidad varía: la de la UNC es de 21.12 y de la UNRaf es de 21.45 años. La media de
la UCC es de 18.27 años, relativamente menor a las universidades públicas; esto es
esperable tratándose de universidades que apelan a diferentes estratos sociales de origen de
las/os ingresantes: la UCC es una institución jesuita de gestión privada, más vinculada con
sectores medios altos, con trayectorias educativas más convencionales, mientras las otras
dos instituciones son públicas, y con una apertura a ingresantes de mayor diversidad social
y con mayor cantidad de trayectorias educativas interrumpidas o no convencionales. En el
caso de las encuestas aplicadas en Córdoba, al realizarse en cursos de ingreso de sendas
facultades (Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la UCC, y Psicología de la
UNC) existe menor dispersión en las carreras a las que optan, siendo del ámbito de las
Ciencias Sociales y Humanas. En UNRaf, en cambio, se incluyen aspirantes a una gran
diversidad de carreras que brinda esta universidad de reciente formación y que cursan un
ciclo de formación general integrado, incluyendo ingresantes a la Licenciatura en
Administración y Gestión de la Información, Licenciatura en Gestión de la Tecnología, y
Licenciatura en Relaciones del trabajo, entre otras.
Instrumentos
14
insatisfactoria, según su percepción. A su vez, se agregaron ocho afirmaciones de control,
elaboradas a partir de ejes de agenda pública vinculadas mayormente con argumentos de
grupos que se oponen a la inclusión de contenidos de ESI en las escuelas. Por ejemplo, se
incluyeron: reivindicaciones de los derechos de las mujeres, luchas del movimiento
feminista (en sus diversas olas y referentes) y movimientos sociales por los derechos
sexuales y reproductivos; la reflexión y el análisis crítico de la ideología de género; o la
identificación del lenguaje como aparato ideológico, lenguaje inclusivo y no sexista, entre
otros.
A su vez, se indagaron las actitudes genéricas hacia la educación sexual integral a partir del
nivel de acuerdo en una escala tipo Likert de 5 puntos (de totalmente en desacuerdo a
totalmente de acuerdo) en torno a dos afirmaciones: “La educación sexual debe ser
responsabilidad exclusiva de los padres, y las escuelas y colegios no deberían intervenir” y
“La educación sexual integral es un derecho de las/os alumnos, y deben recibirla, aunque
sus padres se opongan”. En el mismo sentido, se pidió también evaluar la percepción sobre
la capacitación de profesores para brindar ESI.
Asimismo, se relevó el tipo de gestión y orientación del colegio secundario del cual se
egresó: institución de gestión pública, semiprivada confesional o semiprivada laica.
También, edad, género y diversos indicadores de religiosidad personal, incluyendo la
creencia en Dios o entidad suprema, religión de crianza, religión actual, importancia de la
religión en la propia vida y el literalismo bíblico (nivel de acuerdo ante la afirmación: “La
Biblia es un texto sagrado que debe ser tomado de manera literal”).
Los análisis presentados a continuación consideraron las frecuencias de respuesta
(descripción simple univariada) y análisis de contingencia.
Resultados
Una educación sexual ¿integral?
15
14 ítems de contenidos que se perciben como mayormente no abordados: 71% señala no
haber visto contenidos sobre análisis, identificación y consecuencias de situaciones de
incesto, abuso sexual infantil, pornografía y trata de personas; 65.9% sostiene que no se les
ha enseñado acerca de la legislación existente de salud reproductiva y procreación
responsable; 64% no ha tenido abordaje alguno relacionado con las críticas a las prácticas
basadas en prejuicios de género, como tampoco acerca del conocimiento de organismos
protectores de derechos en su entorno. Además, 53% de los/as participantes señala que no
han recibido contenidos que trabajen la identificación de la sexualidad como elemento
constitutivo de la identidad.
En términos generales, se advierte una predominancia de contenidos de las tradiciones
biomédicas, aunque los mismos no son completos, así como de algunos contenidos éticos y
vinculares que pueden —aunque no de manera excluyente— abordarse desde una tradición
moralizante. Aspectos referidos a los derechos, el análisis crítico de las transformaciones
sociales y, sobre todo, contenidos referidos a la valoración de la diversidad sexual, resultan
los menos abordados según las/os encuestados.
A continuación, se realiza un recorrido sobre las referencias a diversos ejes de contenidos,
la satisfacción percibida respecto a la formación recibida, destacando diferencias
significativas entre los mismos, si fueron abordados en escuelas públicas o privada, laicas
o confesionales, y si son mencionados en Rafaela o en la ciudad de Córdoba.
16
que los han visto satisfactoriamente, esta posición es evidenciada por solo 38.9% de
egresados/as de las escuelas confesionales. También, uno de cada tres egresados/as de
escuelas confesionales manifiestan no haber visto contenidos relacionados con el
conocimiento anatómico y fisiológico en las diferentes etapas vitales (ítem 25), porcentaje
mayor al de egresados/as de las escuelas laicas (públicas y privadas).
No existen diferencias significativas entre ingresantes en Rafaela y en Córdoba, aunque
todos los contenidos son mencionados como más vistos y de forma más satisfactoria entre
las y los primeros.
Los contenidos éticos y relacionales han sido asociados más habitualmente con el respeto y
la afectividad. Se considera pertinente también incluir aquellos contenidos que abordan
diversos aspectos de los prejuicios de género o sexual, puesto que constituyen procesos
típicos de las relaciones intergrupales (véase tabla 2). Asimismo, si bien el ítem 33 podría
vincularse también con contenidos abordados en el eje de derechos, se advierte que, en los
lineamientos curriculares de la ESI, la noción adquiere un marcado abordaje integral, que
supone una perspectiva ética. De allí su inclusión en este apartado.
En la tabla anterior se puede advertir una marcada diferenciación entre los contenidos
asociados con la afectividad, el pudor y las relaciones interpersonales entre padres, hijo/as
y amistades (ítems 1, 2, 3 y 15), respecto de lo que manifiestan los/as participantes del
estudio en relación con el resto de los contenidos abordados aquí (prejuicios y sexualidad
como elemento constitutivo de la identidad). Los primeros han sido mayormente vistos
17
satisfactoriamente, según la valoración de las personas encuestadas, especialmente en
escuelas públicas y, en el caso del ítem 3, también en las escuelas privadas confesionales.
Los segundos, en cambio, se considera que se abordaron de forma mayormente
insatisfactoria (como es el caso del ítem 20) o bien, que no se han abordado mayormente
(como el ítem 8, referido a los prejuicios de género). Resulta muy llamativo que casi 6% de
los/as respondientes consideró que no resulta pertinente brindar contenidos relacionados
con la sexualidad como elemento constitutivo de la identidad, siendo uno de los dos
contenidos de todos los abordados que recogió percepciones de no pertinencia semejantes.
Este contenido es en particular mencionado como no visto por egresados/as de las escuelas
confesionales (54% de los casos), mientras que egresados/as de las mismas escuelas
manifiestan en 58.3% que tampoco han visto contenidos relacionados con un análisis
crítico de los prejuicios de género, aspecto en el que coincide 70% de egresados/as de
colegios de gestión privada laica.
Los ingresantes de Rafaela, en comparación de los de las universidades de Córdoba,
mencionan mayor satisfacción relativa en todos los contenidos de este apartado.
18
trata de contenidos que tienden marcadamente a presentarse menos en las escuelas medias
que aquellos referidos a los aspectos anatómicos, ITS y anticoncepción, y que la gran
mayoría de los que hemos enmarcado como éticos y relacionales.
Según la percepción de las/os participantes del estudio, en los casos en que se han visto, la
mitad considera que los vió de manera satisfactoria y la otra mitad, de manera
insatisfactoria (véase tabla 3). Entre egresados/as de instituciones educativas privadas
confesionales se afirma de forma mayoritaria que no han visto contenidos relacionados con
el análisis y debate de las identidades sexuales desde la perspectiva de los derechos
humanos (ítem 4), la valoración del derecho de las personas a vivir su sexualidad de
acuerdo con sus convicciones y preferencias (ítem 9), ni el conocimiento y utilización de
recursos disponibles en el sistema de salud de la Ley Nº 25.673 (ítem 24). Este punto
también es mencionado como mayormente no visto en escuelas públicas. Mientras que
egresados/as de escuelas de gestión privada laica señalan que mayormente no han visto
contenidos relacionados con el análisis de las identidades sexuales desde una perspectiva
de derechos humanos (ítem 9).
Los contenidos de este eje se mencionan como sistemáticamente menos vistos por
ingresantes en las universidades de Córdoba, respecto de la UNRaf, aunque en estos
últimos también se dividen porcentualmente en la mitad respecto a considerar si los han
visto de manera satisfactoria o insatisfactoria. El ítem 9 (valoración del derecho de las
personas a vivir su sexualidad de acuerdo con sus convicciones y preferencias) resulta
también uno de los contenidos relevados que recogen mayor proporción de quienes no lo
consideran pertinente en Rafaela (4.5%).
19
Las formas de vulneración de los derechos de niños/as y adolescentes son múltiples, pero
la violencia sexual constituye una problemática central. En este apartado se consideran
específicamente los contenidos referidos a estos aspectos. Destacan por tratarse de
contenidos que cuentan con un mayor número de referencias relativas a no haber sido
vistos durante la escuela media, en especial los ítems 19 y 30, este último, asociado a
brindar herramientas a los y las adolescentes y jóvenes para recurrir a organismos
protectores de sus derechos (véase tabla 4). Resulta llamativo que casi 70% de
egresados/as de escuelas privadas confesionales manifestaran que no habían visto
contenidos relacionados con organismos protectores de derechos en su entorno, mientras
que 90% de egresados/ as de instituciones educativas privadas no confesionales advirtieron
que no habían visto contenidos relacionados con situaciones de incesto, abuso sexual
infantil o trata de niñas, niños o adolescentes.
En este caso, son más los/as ingresantes en Rafaela, respecto de aspirantes a universidades
en Córdoba, que señalan que han visto los contenidos indagados (aunque mayormente de
forma insatisfactoria). Por ejemplo, 64% de ingresantes en Córdoba mencionan que no
vieron ninguna información sobre organismos protectores de sus derechos, mientras que
este porcentaje desciende a 42% en ingresantes de la UNRaf.
20
manera insatisfactoria según la valoración de las personas que participaron en el estudio
(tabla 5). En particular, se reporta más de 50% de menciones a “no vistos” en los ítems 28
(creencias y mitos sobre cuerpo y genitalidad) y 32 (reflexión crítica de los mensajes sobre
sexualidad de los medios de comunicación), ambos en egresados/as de escuelas privadas
confesionales y laicas, y en el último ítem, también en escuelas públicas. Se trata del único
contenido explorado que recoge menciones mayoritarias de no haber sido visto en los tres
tipos de instituciones educativas de donde provienen las personas encuestadas.
50% de ingresantes en UNRaf señala que no haber visto aspectos de reflexión crítica en
torno a los mensajes de los medios de comunicación social referidos a la sexualidad,
porcentaje que alcanza 54% en ingresantes en Córdoba.
Como puede advertirse, en general, parecen existir menores consensos en torno a la
pertinencia e implementación satisfactoria de contenidos donde se pone en discusión
aspectos vinculados con las identidades sexuales, o se discuten cambios societales (como
nuevos modelos de configuraciones familiares). En este sentido, estos contenidos han sido
particularmente “atacados” por quienes se oponen a la implementación de la ESI en todas
las instituciones educativas.
21
En general, existen actitudes favorables a considerar que la educación sexual es un derecho
de las/os estudiantes, y que deben recibirla incluso cuando sus padres se opongan (algo
más de 80% respondió estar totalmente de acuerdo o algo de acuerdo con la afirmación).
En contraste, 77.6% se mostró totalmente en desacuerdo o algo en desacuerdo con la idea
de que la educación sexual es responsabilidad exclusiva de los padres y las escuelas, y
22
colegios no deberían intervenir. Tampoco se advierten diferencias significativas en cuanto
al tipo de colegio de procedencia: sean egresados/as de colegios de gestión pública o
privada, sean estos confesionales o no confesionales, la gran mayoría de personas
encuestadas concuerdan en que la educación sexual es un derecho de las/os jóvenes y que
las escuelas deben intervenir, aunque los padres se opongan.
Donde sí se identificaron diferencias significativas es entre varones y mujeres, y según la
religiosidad personal. Las mujeres tienden a considerar en 10% más que los varones, que
deben recibir educación sexual integral aunque sus padres se opongan, sin diferencias en el
otro enunciado indagado. Católicos y evangélicos coinciden en un porcentaje relativamente
mayor en que la educación sexual es una responsabilidad exclusiva de las familias (17% y
27.5% respectivamente) respecto de personas sin religión actual (5%). A su vez, sobre todo
evangélicos, manifiestan desacuerdo respecto de que la educación sexual es un derecho de
las/os alumnos (34%), frente a 13% en católicos y 7.8% en personas sin religión actual.
Las opiniones generales son algo menos homogéneas al indagar el nivel de acuerdo con el
enunciado: “Las/os profesores no están suficientemente capacitados/as para brindar
educación sexual integral” (Gráfico 3). Al menos 50% de los/as encuestadas señaló estar
de acuerdo (totalmente o algo) con la afirmación. Aquí se advierten diferencias respecto a
si los/as ingresantes provienen de escuelas de gestión pública (donde el nivel de acuerdo
alcanza 48%), respecto a si son de gestión privada, tanto confesional como no confesional
(en ambos casos, 56% de acuerdo).
Los/as ingresantes egresados/as de escuelas de gestión pública tienden a ser menos críticos
sobre el nivel de capacitación de docentes en torno a contenidos de ESI que los/as
egresadas de escuelas de gestión privada (confesional y no confesional). Las mujeres, a su
vez, son más críticas que los varones, aunque no es una asociación estadísticamente
23
significativa. Las personas que se identificaron como evangélicas tienen opiniones menos
negativas respecto de la capacitación de docentes para brindar contenidos de ESI (42%,
frente a 50% de católicos y sin religión que señalaron estar algo o totalmente de acuerdo
con el enunciado).
Conclusión
24
En términos de contenidos específicos indagados, se advierte una tendencia a concentrarlos
en algunos tópicos de la tradición biomédica (especialmente anatomía e ITS), así como en
algunos ejes de contenidos éticos y vinculares (aunque excluyendo los referidos a aspectos
relacionados con la identidad sexual como una dimensión constitutiva de la identidad
personal, o los referidos a prejuicios de género y sexuales). Los contenidos sobre derechos,
abusos y violencias sexuales, y organismos protectores de los derechos de las/os
estudiantes son escasamente abordados o abordados de manera insatisfactoria, según los/as
encuestadas. A su vez, aspectos relacionados con las transformaciones sociales y las
identidades sexuales no heteronormadas siguen siendo tabú, según la percepción de la
mayoría de las/os egresados participantes. A su vez, si bien no es recogido por el
instrumento, cabe destacar que la insatisfacción percibida por las/os participantes del
estudio se debió, mayormente, al carácter moralizante y conservador de algunos de los
contenidos brindados en la escuela media, según las impresiones que se pudieron recoger
en las discusiones posteriores a la aplicación del cuestionario.
Cabe señalar que la encuesta fue realizada en un contexto donde el debate por la ESI
resurgió en la agenda de los medios de comunicación y la opinión pública. Ciertas
organizaciones no gubernamentales y figuras públicas efectuaron reclamos al gobierno
nacional por el incumplimiento de la ley de ESI. Al mismo tiempo, el movimiento
antiderechos, autodenominado “ProVida”, y la campaña #ConMisHijosNoTeMetas,
abogaban en contra de la reforma de dicha ley y la eliminación de la “ideología de género”
de los lineamientos curriculares del programa nacional. Por lo tanto, durante el trabajo de
campo se advirtió la presencia de un clima tenso y reactivo.
La participación en este estudio fue totalmente voluntaria. Aún así, se han detectado ciertas
acciones de protesta o reactivas, por ejemplo: pequeños grupos de personas (en su mayoría
varones) que, al escuchar la propuesta del cuestionario, se retiraron del aula, o bien
escribieron comentarios dentro del ítem de género que reafirman la binariedad
varón/mujer, excluyendo otras formas de autopercibirse, o la decisión de no responder el
segundo apartado del cuestionario, que trata sobre la religión. Un caso, por ejemplo, señaló
que su religión era “futbolero”; otro caso trazó una flecha que llevaba de las preguntas de
religión personal (que no respondió) a las de educación sexual. En parte, este tipo de
acciones podrían explicarse por las características del contexto previamente mencionadas y
cristalizan una clara posición en este debate, aunque no quedan contempladas en los
resultados finales por ser marginales.
En los debates que se sucedieron a la aplicación del cuestionario destacaron, sobre todo, el
interés por conocer más sobre la diversidad sexual y sobre las prácticas sexuales desde un
abordaje no moralizante. A su vez, se mencionó la necesidad de considerar los procesos
sociales y políticos que afectan el orden sexual hegemónico (por ejemplo, los proyectos de
legalización del aborto, la expansión del uso de lenguaje inclusivo o la violencia simbólica
mediática hacia mujeres y sexualidades diversas) como disparadores a partir de los cuales
podrían desarrollarse contenidos pertinentes para el estudiantado. También algunos
ingresantes en la UNC (Córdoba) manifestaron la inquietud de no saber de antemano cómo
resolver el dilema que les planteaban sus creencias religiosas y las enseñanzas vinculadas
con una mirada positiva hacia la diversidad sexual. En el caso de la UNRaf, los grupos de
estudiantes que manifestaron interés en el tema, posterior a la aplicación del cuestionario,
25
estuvieron conformados en su mayoría por mujeres. Esta situación implicó la reflexión por
parte de las mismas de que la sexualidad continúa siendo entendida socialmente como
responsabilidad que recae mayormente en las mujeres, y los varones aún no asumen el
compromiso correspondiente. En su conjunto, las reflexiones posteriores generadas por la
aplicación del cuestionario permiten reforzar la insatisfacción percibida —evidenciada por
el cuestionario— en torno a determinados contenidos que exceden los ejes típicos de la
tradición biologicista o de la afectividad.
Como se ha mencionado previamente, el objetivo de este trabajo ha sido realizar un estudio
exploratorio sobre las percepciones de los jóvenes acerca de los contenidos impartidos de
educación sexual en la escuela secundaria. Sin embargo, otras líneas de investigaciones
podrían tomar el rumbo de una indagación más profunda acerca de las diferencias
existentes entre la educación sexual impartida en las escuelas de gestión pública y de
gestión privada confesional, su forma de abordaje y particularidades en la enseñanza; otra
opción podría ser un estudio de las percepciones de jóvenes católicos sobre la educación
sexual y la posición que adopta la iglesia católica en esta materia, dado que parecen
constituir un segmento que no necesariamente responde a las posiciones doctrinarias de la
institución. También se podría realizar un estudio de caso sobre la educación sexual que se
enseña comparando la situación entre dos o más provincias, en virtud de considerar de qué
manera se han adherido (o no) al programa nacional. Asimismo, se podría incluir una
triangulación con técnicas cualitativas de construcción de datos, como la entrevista en
profundidad a los alumnos, para comprender con mayor hondura qué implica para las/os
jóvenes la educación sexual integral (que perciben como deficitaria) y cómo evalúan en
términos de satisfacción / insatisfacción la educación sexual recibida.
A su vez, resultaría necesario complementar la información sugerida por nuestro estudio,
con un estudio específico de las percepciones de las/os docentes sobre la implementación
de los contenidos de ESI en las aulas, ya que, como evidenció el estudio a partir de las
Pruebas Aprender en CABA (Ministerio de Educación e Innovación del GCBA, 2018),
docentes y estudiantado no necesariamente coinciden respecto a los contenidos que se
implementan en las aulas y la satisfacción sobre su formación. Finalmente, consideramos
que es urgente indagar con mayor profundidad y con muestreos probabilísticos, las
opiniones de las/os jóvenes sobre la ESI en diversos contextos de Argentina. Siendo las/os
verdaderos protagonistas del sentido final de la educación sexual integral, resulta
particularmente inquietante que sus voces casi no han sido consideradas en decisiones
sobre la planificación curricular, las estrategias pedagógicas ni los sentidos involucrados en
su propia educación sexual.
Referencias bibliográficas
Barberis, E.; D. Taborda; A. Zamanillo (2011). Procesos de implementación del Programa
Nacional de Educación Sexual Integral en la Ciudad de Córdoba. Análisis de las
resignificaciones institucionales del Programa desde un estudio de casos. Síntesis, 4, 1-23.
Espinosa M., Y. (2008) Dislocando saberes y prácticas de la perspectiva de género en
educación: de la búsqueda de equidad a la fractura del sujeto educativo. En Colazo, C.
(comp.). Deconstruyendo la cultura de género en el sistema educativo cordobés.
“Glocalizaciones, dislocamientos y oportunidades”. Córdoba: INECIP Centro.
26
Esquivel, J. C. (2011). El entrevero político-religioso en torno a la educación sexual.
Revista Debate Público. Reflexión de Trabajo Social, (1), 45-61.
Esquivel, J. C. (2013). Narrativas religiosas y políticas en la disputa por la educación
sexual en Argentina. Cultura y Religión, 7(1), 140-163.
Fundación Huésped y Colectivo por los Derecho Sexuales y Reproductivos (28 de
septiembre, 2017). Resultados de la encuesta sobre Educación Sexual Integral.
[Link] [Link]/noticias/encuesta-educacion-sexual-integral/
Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Ministerio de Educación e Innovación
del GCBA. Unidad de Evaluación Integral de la Calidad y Equidad Educativa (2018).
Educación Sexual Integral. Encuestas a docentes y estudiantes del nivel secundario.
[Link] Gobierno
de la Provincia de Córdoba (2019). Boletín Oficial de la Provincia de Córdoba. Año CVI,
Tomo DCLIII, nº 100. Córdoba, (R.A.).
[Link]
Gobierno de la Provincia de Córdoba. Ministerio de Educación. Subsecretaría de
Promoción de Igualdad y Calidad Educativa (2017). Estado de la implementación de la
Educación Sexual Integral en instituciones educativas de la provincia de Córdoba.
[Link]
ImplemESI/Fasciculo%2003%20-%20 SECUNDARIA%20-%20%[Link]
Iosa, T. (2008). Análisis de aspectos organizacionales del Programa de Educación Sexual
Integral. Obstáculos para la ampliación de la ciudadanía sexual en el ámbito educativo.
Anuario Digital de Investigación Educativa, (19), 1-11.
[Link] php/adiv/article/view/3406
Iosa, T. (2013). Educación sexual e incertidumbre entre el profesorado. Análisis de la
implementación del Programa de Educación Sexual Integral en los Institutos Provinciales
de Educación Media de la ciudad de Córdoba (Argentina). Voces y silencios. Revista
Latinoamericana de Educación, 4(2), 47-61.
La Voz del Interior (14 de noviembre, 2018). El 83% de las alumnas de escuelas
secundarias piden más ESI. [Link]
escuelas-secundariaspiden-mas-esi
Morgade, M. (coord.) (2011) Toda educación es sexual. Hacia una educación sexual justa.
Córdoba: La Crujía.
Programa Nacional de Educación Sexual Integral, Ley Nº 26.150 (2008). Lineamientos
curriculares para la Educación Sexual Integral.
Rafaela Noticias (21 de junio, 2019) Declaración para la protección del embarazo
vulnerable y la familia. [Link]
Sánchez, C. S. (2017). Actitudes de los docentes de Nivel Medio hacia la implementación
de la Ley de Educación Sexual Integral. Anuario de Investigaciones de la Facultad de
Psicología, 3(2), 474-487.
Tomasini, M.; P. Bertarelli; M. Estev (2017). Educación y diversidad sexual: Perspectivas
de estudiantes y docentes de una escuela confesional de la ciudad de Córdoba, Argentina,
sobre relaciones homo erótico afectivas. Itinerarus reflectionis, 13(3), 1-23.
[Link] [Link]/rir/article/view/44800
27
Wainerman, C.; N. Chami (2014). Sexualidad y escuela. Perspectivas programáticas
posibles. Education Policy Analysis Archives/Archivos Analíticos de Políticas Educativas,
(22), 127-152
EL CONCEPTO DE GÉNERO
JILL K. CONWAY
SUSAN C. BOURQUE
JOAN W. SCOTT
28
En los últimos veinticinco años muchas y muy diversas tendencias dentro de las
investigaciones académicas han convergido, para producir una comprensión más
compleja del género como fenómeno cultural. Los matices y las variaciones de esta
categoría cultural ahora parecen mucho más sutiles de lo que sugieren las formulaciones
hechas por Mead. Hoy día vemos que los límites sociales establecidos por modelos
basados en el género varían tanto histórica como culturalmente, y que también funcionan
como componentes fundamentales de todo sistema social. El hecho de vivir en un mundo
compartido por dos sexos puede interpretarse en una variedad infinita de formas; estas
interpretaciones y los modelos que crean operan tanto a nivel social como individual.
La producción de formas culturalmente apropiadas respecto al comportamiento de los
hombres y las mujeres es una función central de la autoridad social y está mediada por la
compleja interacción de un amplio espectro de instituciones económicas, sociales,
políticas y religiosas. Así como las instituciones económicas producen aquellas formas de
conciencia y de comportamiento que asociamos con las mentalidades de clase, las
instituciones que se encargan de la reproducción y la sexualidad también funcionan de
manera similar. Las instituciones sexuales y económicas interactúan entre sí. Sabemos,
por ejemplo, que las economías capitalistas desarrollan formas características para
postergar la gratificación además de divisiones sexuales del trabajo tanto en el hogar en
los centros de trabajo. Las mentalidades resultantes son el producto de complejas
interacciones dentro de un sistema social dado. Las razones para un cambio dentro de
normas sociales ya prescritas para el temperamento y la conducta sexuales son
igualmente
complejas, y los tipos sociales que de ello resultan no pueden entenderse como simples
divisiones binarias o reflejos de las diferencias sexuales biológicas.
Tampoco hay una coincidencia total entre las instituciones. La historia social reciente nos
ha hecho ver que los cambios que sufrió la familia en la Europa moderna temprana y
moderna no coincidieron exactamente con una serie de cambios en cuanto a formas de
gobierno, organizaciones económicas o prácticas religiosas. De hecho, los estilos
prevalecientes respecto a la vida familiar y la crianza de los hijos tuvieron mucha
influencia en las instituciones económicas y políticas emergentes. Para complicar aún
más el panorama, las instituciones no siempre tienen éxito en su tarea de inculcar
conductas culturalmente aceptables o comportamientos convencionales. No parece que
los individuos simplemente acepten o reflejen las designaciones normativas. Más bien,
las ideas que tienen acerca de su propia identidad de género y su sexualidad se
manifiestan en sus negativas, reinterpretaciones o aceptaciones parciales de los temas
dominantes.
Las fronteras del género, al igual que las de clase, se trazan para servir una gran
variedad de funciones políticas, económicas y sociales. Estas fronteras son a menudo
movibles y negociables. Operan no sólo en la base material de la cultura sino también en
el mundo imaginario del artista creativo. Las normas del género no siempre están
claramente explicitadas; a menudo se transmiten de manera implícita a través del
lenguaje y otros símbolos. De la misma manera que un lenguaje específico en cuanto al
género influye en
cómo se piensan o se dicen las cosas, las formas narrativas arquetípicas de Occidente
que dan por sentada la presencia de un protagonista masculino influyen en la forma en
que se arman cuentos acerca de las mujeres.
El estudio de los estereotipos de género ha sido reforzado por las técnicas de los
historiadores sociales y estimulado por las preguntas de las académicas feministas. Las
29
feministas han sumado su interés por el estudio de las experiencias de la mujer al
tradicional interés de los historiadores sociales por entender las vidas de aquellos que se
hallan fuera de las estructuras oficiales de poder. La investigación feminista ha enviado a
los científicos sociales y a los humanistas a los registros creados por mujeres y los han
evaluado como documentos importantes por derecho propio y no como evidencia de poca
importancia a nivel social o cultural. Las académicas feministas han trascendido ya los
límites de la historia social para hacer uso de las técnicas y las perspectivas –y para
revalorar algunos de los supuestos teóricos– de los antropólogos, filósofos, críticos
literarios y científicos sociales. Los/as estudiosos/as de todas las disciplinas han aportado
nuevos e interesantes puntos de vista acerca de cómo han sido moldeadas las
experiencias de las mujeres en relación con las de los hombres y de cómo se han
establecido las jerarquías sexuales y las distribuciones desiguales del poder. De manera
simultánea algunos elementos claves de estas disciplinas han sido transformados y se
han repensado ciertas formulaciones teóricas alguna vez consideradas estándar.
Estudios realizados en los últimos quince años muestran el grado en que las categorías
de género varían a lo largo del tiempo, y con ellas los territorios sociales y culturales
asignados a mujeres y a hombres.
La existencia e importancia de un clero célibe en la Europa medieval pone en
cuestionamiento los sencillos puntos de vista funcionalistas, lo mismo que las
representaciones de Cristo como “madre” de la humanidad.
En muchos periodos históricos, las percepciones populares respecto al temperamento del
hombre y de la mujer han cambiado significativamente, y estos cambios han sido
acompañados por la reformulación de las fronteras sociales. Un ejemplo de esto último
tuvo lugar durante la temprana urbanización e industrialización
de Occidente: el hogar y el centro de trabajo quedaron físicamente separados y la función
de la mujer de clase media tomó una forma que más adelante habría de llamarse
expresiva (para utilizar el término que se le da en la teoría de Parsons). En América del
Norte otra modificación de fronteras ocurrió como resultado de los avances en relación
con la educación superior para las mujeres y la resultante aceptación de un trabajo
remunerado fuera del hogar para aquellas de clase media; se crearon nuevas fronteras
para separar las nuevas profesiones para mujeres relacionadas con la prestación de
servicios tales como la enseñanza, la enfermería y el trabajo social, de aquellas
profesiones de mayor prestigio destinadas a los hombres tales como la ingeniería, el
derecho y la investigación científica. La historia de la profesión médica en los Estados
Unidos es un ejemplo interesante de las modificaciones que pueden sufrir las fronteras
sociales. Debido a que en el pasado se la consideraba más bien una ocupación que
brindaba un servicio a la comunidad antes que una actividad basada en conocimientos
generados por la ciencia y los laboratorios, en un principio la medicina estuvo abierta a
las mujeres. La transformación de la medicina en un campo profesional ocurrió a fines del
siglo XIX; como parte de ese proceso, las mujeres quedaron excluidas de la medicina
basada en la investigación, y se alteraron las concepciones que regían el pudor femenino
para que las mujeres pudieran
ser examinadas y tratadas por médicos. La presencia de este tipo de cambio ha dado pie
a una serie de especulaciones en torno a las funciones sociales, políticas y económicas
del sistema de género y a las formas en que las redefiniciones que ocurren en cualquiera
de estas áreas responden a la vez a cambios ocurridos en las otras.
Habiendo establecido la variabilidad de los sistemas de género en diferentes lugares y
épocas, los/as estudiosos/as han formulado nuevas preguntas para los científicos
30
sociales. Los estudios de género, por ejemplo, han sido los responsables de que hayan
surgido tres preguntas de amplio espectro sobre la vida política: La primera es: ¿de qué
manera se desarrolló la cultura política occidental para lograr excluir a las mujeres de
toda actividad política formal? La segunda es: ¿cuáles han sido los estilos para la
actividad política que han tenido a su disposición las mujeres, y cómo se comparan con
los de otros grupos sin
derechos? Y como el estilo moldea a su vez los significados, ¿cómo han funcionado las
dirigentes en relación con sus votantes? La tercera pregunta es: ¿cómo deberíamos
entender el problema de la igualdad en un mundo de diferencias sexuales biológicas?
Cada una de estas preguntas requiere que sepamos algo específico sobre las mujeres:
cómo se las trataba, qué pensaban, y cómo se comportaban. Pero también requieren un
estudio más amplio en torno a las relaciones entre hombres y mujeres y a actitudes
culturales y
prácticas políticas más generales.
En el siglo XIX, James Stephen y John Stuart Mill escribieron ensayos muy convincentes
sobre la cuestión de la igualdad, que quedaron ubicados dentro del canon de los textos
clásicos del pensamiento político. Sus ensayos nos ayudan a entender la cuestión desde
la perspectiva de pensadores que ignoraban a las mujeres o que esperaban que las
mujeres quedaran incluidas dentro de la identidad colectiva de los hombres. Hoy en día,
el estudio del género requiere que nos preguntemos cómo entendían las mujeres
involucradas en la vida política la cuestión de la igualdad, y también que se considere
incompleta la cuestión hasta que no se tomen en cuenta sus perspectivas. ¿Cómo
entendía su género una mujer como Harriet Taylor en Inglaterra o Jane Addams en los
Estados Unidos, y qué papel jugó ese entendimiento en su forma de acercarse a la
política? nos dicen cómo cada una entendía la igualdad y las circunstancias bajo las que
podría darse tanto para hombres como para mujeres. Sus formulaciones constituyen una
parte importante de la discusión aún vigente en el pensamiento occidental sobre la
igualdad, un debate que en nuestra época ha sido tan animado como acalorado.
Las preguntas sobre política están relacionadas con una serie de preguntas
antropológicas. Si descartamos los arraigados supuestos sobre los papeles de género
con que los antropólogos occidentales acompañaban sus observaciones de otras
culturas, ¿cómo interpretar los rituales de los hombres y las mujeres dentro de esas
sociedades o sus modelos de comportamiento marcados por género y con los que no
estamos familiarizados? ¿Existen sociedades en las que el género no es una de las
formas principales para la organización de sistemas sociales? Si los papeles de género
no están determinados por la biología, ¿podemos determinar los factores sociales que los
crean? ¿Es posible generalizar en torno al género sin tomar en cuenta las divisiones
etnográficas? ¿Podemos explicar el género en una sociedad particular sin también
referirnos a su historia? ¿Cómo deberíamos reflexionar en relación con la política
occidental si descartamos el mito de que sólo los hombres establecen vínculos con otros
hombres? ¿Cuáles son las bases de los vínculos entre las
mujeres? ¿Los vínculos entre hombres y entre mujeres siempre resultan antagónicos?
¿Hay manera de entender los ritos y las costumbres de territorios sociales separados en
un sentido de complementariedad y refuerzo mutuos? Estas preguntas han recibido una
amplia gama de respuestas de diferentes grupos a todo lo ancho del espectro político, de
diferentes escuelas del pensamiento feminista, y de estudiosos conservadores y liberales.
Un resultado del estudio de los sistemas de género en los últimos veinticinco años es que
31
ningún grupo, cualesquiera que sea su política, puede darse el lujo de ignorar estas
preguntas.
También dentro del campo de la psicología los estudios de género han sido responsables
de una serie de nuevos cuestionamientos. La ortodoxa visión freudiana del drama edípico
experimentado por los hombres ha sido adaptado por algunos psicólogos para incluir
discusiones sobre las mujeres. Pero si se va aún más allá y se cuestiona la hipótesis de
Freud de que el padre es el foco principal de la atención psíquica de la hija, una cantidad
de preguntas impresionantes en torno al desarrollo de la mujer comienzan de inmediato a
clamar por una respuesta. Existe ahora una importante escuela de pensamiento (que
está asociada en gran medida con la teoría de las relaciones objetales que primero
articularon en Inglaterra D. W. Winnicott y Melanie Klein) que argumenta en favor de un
análisis explícito del desarrollo psicológico de las mujeres, e insiste en que las niñas
nunca experimentan una separación tan aguda de sus madres como sucede con los
varones. Quienes proponen esto afirman que las fronteras entre el yo y los otros son más
difusas para el sexo femenino que para el masculino, y por lo tanto en esta interpretación
las mujeres están más relacionadas con los demás y tienen una capacidad mayor para
razonar de modo empático. Sus trabajos han inspirado debates importantes en torno al
“maternalismo”: ¿puede afirmarse que un único rasgo de conducta permite identificar a
las mujeres como grupo? Y si así fuera, ¿qué implica esta caracterización a la hora de
tomar decisiones políticas en torno al servicio militar o los derechos políticos? Otra
escuela de psicoanálisis, asociada con el posestructuralismo y el teórico francés Jacques
Lacan, ofrece la visión más radical de que las identidades de género no quedan fijadas
en la primera infancia y que la integridad de todo yo es una ficción que debe reafirmarse y
redefinirse constantemente en contextos diferentes. Esta teoría ha dado lugar a un
número de investigaciones en torno a la relación entre la historia y las psiques
individuales, y a lo que se podrían llamar las políticas de la identidad sexual. Sugiere que
las identidades sexuales no están enraizadas en lo biológico, sino que siempre se anda
tras ellas, y que esta búsqueda –sea hetero u homosexual– sólo resulta posible en
contextos simultáneamente políticos y personales. Las nuevas ideas que ofrecen estos
métodos diferentes e incompatibles dan lugar a otra pregunta: si la biología no es destino,
¿podemos teorizar en torno a las diferencias psicológicas entre mujeres y hombres sin
también estudiar la cultura, la sociedad y la historia?
Esta pregunta sugiere que los estudios contemporáneos del género obligan a una
revaloración crítica de los conceptos tradicionales de todas las disciplinas académicas.
En el terreno de la economía, las preguntas más importantes que han formulado los
estudios de género indagan el cómo y por qué gastos similares de energía humana han
recibido históricamente distintos niveles de recompensa según el sexo del trabajador.
Ésta es una pregunta teórica fundamental, pues esta diferenciación existe en la mayoría
de los centros de trabajo de todo el mundo, sin que influya la forma de propiedad o los
medios de producción. Encontramos numerosos ejemplos de esto tanto en economías
campesinas rurales como en situaciones urbanas industriales, y ocurre en economías
capitalistas y socialistas.
Aparentemente ni el incremento de mujeres trabajadoras para desempeñar ciertas
labores específicas ni la transición aún más dramática de una economía industrial a una
de servicios tiene un efecto moderador sobre las diferenciaciones dentro del campo
laboral con base en el género. De hecho, las investigaciones en torno a las experiencias
de las trabajadoras durante la etapa de industrialización en Occidente han destruido el
32
mito de que la industrialización mejoró notablemente la posición de éstas; el cambio no
fue sinónimo de progreso para las mujeres dentro del mercado laboral.
El estudio del género en relación con el hoy día está enfocado hacia cómo y por qué los
sistemas de género moldean las relaciones de los hombres y las mujeres con la
tecnología, y por qué un mercado de trabajo de dos niveles y definido por el género
resulta tan reacio al cambio. Las diferencias en las inversiones en educación, o los
distintos niveles de participación en los centros de trabajo –consideradas antes como las
razones que explicaban las diferencias en cuanto a salarios– ya no son percibidos como
razones adecuadas para justificar un segmento sustancial de la brecha persistente que
existe entre las ganancias que perciben hombres y mujeres con niveles semejantes de
educación o entrenamiento. Algunos de los problemas en torno a la movilidad laboral de
las mujeres y a sus ingresos, siempre más bajos que aquellos que perciben hombres con
la misma preparación, parecen ahora estar relacionados con los supuestos, en torno al
género que han sido incorporados a las estructuras de las grandes organizaciones y a las
identidades individuales de los profesionales que las integran. Hoy en día, analicemos
hospitales o centros de investigación; corporaciones con fines de lucro o burocracias
gubernamentales: encontramos no sólo los tipos sociales burocráticos weberianos
estándar sino también modelos de género que refuerzan reglas y conductas normativas.
En el centro mismo de los supuestos sobre género, en Estados Unidos, yace la creencia
de que ni la sociedad ni el empleador tienen interés alguno en las responsabilidades del
trabajador para con la crianza de los hijos (responsabilidades por cierto muy claramente
asignadas según el género en la versión parsoniana de la familia moderna).
Abundan los ejemplos acerca de cómo los supuestos sobre género moldean la cultura
profesional. En Occidente, la fuerte identificación del ingeniero profesional o del físico-
investigador con la masculinidad ha llamado la atención de varias generaciones de
investigadores que trabajan el tema del proceso de la profesionalización. Un resultado
importante del estudio de género relativo a las profesiones es el reconocimiento de que la
base de género en las identidades laborales es notablemente duradera y no sé modifica
fácilmente por el incremento de mujeres u hombres en un determinado grupo
ocupacional. Por lo tanto el modelo liberal para lograr un cambio a través de permitirle el
acceso a un grupo excluido no toma en cuenta la durabilidad de las definiciones basadas
en el género con respecto a las ocupaciones. La persistencia de las identidades de
género en las sociedades modernas parece deberse tanto a una cuestión de
conceptualización como de tendencias económicas (aunque ambas están relacionadas).
En la ciencia moderna la representación de lo científico es masculina mientras que la del
mundo natural que tiene que ser investigado y puesto bajo el control de la ciencia es
femenina (identificaciones basadas en el género y establecidas por aquellos que
encabezaron la revolución científica del siglo XVII).
Así, la participación de las mujeres en actividades que forman parte de la ciencia
moderna no ha transformado necesariamente las relaciones aceptadas entre lo científico
y la naturaleza. La categorización por género también está presente en las
representaciones de la tecnología y en los supuestos en torno a quién puede usar
máquinas y herramientas: las ideas occidentales determinaron que los africanos de sexo
masculino deberían ser entrenados para usar tractores, a pesar del hecho de que las
mujeres africanas eran las
principales agricultoras. Aunque las representaciones occidentales de la tecnología
pueden dar la impresión de que ésta es neutra en cuanto al género, sus desviaciones se
vuelven evidentes cuando se la transfiere a sociedades no occidentales.
33
Con respecto al simbolismo religioso, el reconocimiento de que las categorías de género
varían en respuesta a factores políticos y económicos ha resultado en una nueva
perspectiva con respecto a la transición del mundo de los cultos secretos y la adoración
de la fertilidad al cristianismo patriarcal. Freud celebró esta transición y la consideró el
origen de la capacidad de la sociedad occidental para el pensamiento racional y el
establecimiento de la ley. Las investigaciones realizadas durante los últimos veinticinco
años nos han vuelto conscientes de que las primeras comunidades cristianas apoyaron
muchas tradiciones que se oponían a lo patriarcal. La descripción freudiana del
desarrollo, donde los vínculos psíquicos con la madre deben sustituirse por vínculos con
el padre, refleja entonces una historia política más que una evolución natural. De manera
similar, esta nueva corriente nos lleva a buscar una explicación para el odio a la
mariolatría, que fue un punto apasionado en las ideas de los reformadores protestantes
tales como Calvino y John Knox, y a preguntarnos qué tensiones políticas y económicas
hicieron necesario el retiro de las
imágenes femeninas de las representaciones de lo trascendental en la Europa del siglo
XVI.
Los sistemas de género sin importar su periodo histórico, son sistemas binarios que
oponen el hombre a la mujer, lo masculino a lo femenino, y esto, por lo general, no en un
plan de igualdad sino en un orden jerárquico. Mientras que las asociaciones simbólicas
relativas al género han variado mucho, han tendido a contraponer el individualismo a las
relaciones mutuas, lo instrumental o artificial a lo naturalmente procreativo, la razón a la
intuición, la ciencia a la naturaleza, la creación de nuevos bienes a la prestación de
servicios, la explotación a la conservación, lo clásico a lo romántico, las características
humanas universales a la especificidad biológica, lo político a lo doméstico, y lo público a
lo privado. Lo interesante de estas oposiciones binarias es que no permiten ver procesos
sociales y culturales mucho más complejos, en los que las diferencias entre mujeres y
hombres no son ni aparentes ni están claramente definidas. En ello reside, claro, su
poder y su significado. Al estudiar los sistemas de género aprendemos que no
representan la asignación funcional de papeles sociales biológicamente prescritos sino un
medio de conceptualización
cultural y de organización social.
Lo que convierte al estudio de género en algo desafiante y potencialmente muy fructífero
es la visión que ofrece de lo que sucede al interior de los sistemas sociales y culturales,
El/la estudioso/a que busca comprender cómo el peso relativo de cada género puede
cambiar en relación con los conjuntos opuestos de
valores culturales y fronteras sociales establecidos, impulsando a su vez el
reordenamiento de todas las demás categorías sociales, políticas y culturales, aprende
mucho acerca de la ambigüedad de los papeles de género y la complejidad de la
sociedad. Quienes estudian el género pueden revisar nuestros conceptos de humanidad
y naturaleza y ampliar nuestra percepción acerca de la condición humana. Desde esta
perspectiva, aprender acerca de las mujeres implica también aprender acerca de los
hombres. El estudio del género es una
forma de comprender a las mujeres no como un aspecto aislado de la sociedad sino
como una parte integral de ella.
Sexualidad y genitalidad
34
Distinguir entre sexualidad y genitalidad es fundamental para erradicar prejuicios y
aceptar la diversidad. Mientras que los genitales son una condición biológica determinada
y transmitida genéticamente, la sexualidad es algo que se construye durante toda la vida:
las relaciones sexuales son solo una parte de ella.
[Link]
[Link]
[Link]
Introducción
1
1 Faur, E. Desafíos para la igualdad de género en la Argentina. - 1a ed. - Buenos
Aires: Programa Naciones Unidas para el Desarrollo - PNUD, 2008.
2
Barrancos, D. Prólogo en Felitti, k.; Elizalde, S. y Queirolo, G. Género y sexualidades
en las tramas del saber. Revisiones y propuestas. Buenos Aires. Libros del Zorzal,
35
permitió desvincular la sexualidad de la reproducción, existe hoy una apertura
social a reconocer la diversidad sexual, la reproducción humana puede
lograrse sin el acto sexual y se tiende a reconocer el goce sexual como un
derecho humano. La perspectiva de género permite analizar cómo operan las
representaciones sociales, los prejuicios y estereotipos en cada contexto
social.
Podemos decir que el concepto de género abre y cuestiona “verdades
absolutas” que muchas veces naturalizan las desigualdades entre varones y
mujeres. Con los aportes de diversas Ciencias Sociales y de las Teorías de
Género fue posible reconocer las diferentes configuraciones sociohistóricas y
culturales del género y así superar el determinismo biológico.
En los últimos años, las distintas teorías que trabajan con la perspectiva de
género se vieron enriquecidas con la presencia del movimiento de gays y
lesbianas, los estudios (incipientes) de las masculinidades y la aparición de la
llamada teoría queer.
2009.
36
y drogas, suicidios”3. Estos estereotipos también lo vemos en acción en gran
parte de la publicidad y en muchos programas de los medios masivos de
comunicación. Desde que nacen, niños y niñas van creciendo en una sociedad
en la que están aún vigentes algunos de estos estereotipos y representaciones
sociales. Si miramos la ropa de nenas, las remeras y hasta el clásico jean azul
tienen corazones, mariposas y brillitos, las de los varones pelotas, autos,
monstruos y guerreros. Si pasamos de la ropa a los juguetes tenemos
muñecas, cacerolas y tacitas de té, para ellas, y pelotas, autos y juegos de
construcción, para ellos. Estas diferencias en las expectativas de lo que se
espera de un varón o de una mujer se van transmitiendo a lo largo de la
infancia, se naturalizan, preparando a unos y otras para ocupar lugares
distintos, que no son valorados socialmente del mismo modo. Es decir, que
varones y mujeres pasan de ser diferentes a ser desiguales, y, como venimos
sosteniendo, la desigualdad no es natural sino una construcción social.
Algunas situaciones de desigualdad pueden ser: que las mujeres ocupan
menos cargos de responsabilidad, que reciben salarios inferiores a los
hombres en trabajos similares y que cargan con la mayor parte del trabajo
doméstico4. “La discriminación basada en el género es aquella que se ejerce a
partir de la construcción social que asigna determinados atributos socio-
culturales a las personas a partir de su sexo biológico y convierte la diferencia
sexual en desigualdad social. La discriminación por género tiene su anclaje en
antiguos estereotipos culturales y sociales que prescriben y determinan roles y
funciones para varones y mujeres. Son estas prácticas discriminatorias las que
excluyen y condicionan cotidianamente el acceso de las mujeres a sus
derechos”.5
Desde las políticas públicas es posible desnaturalizar y visibilizar las
diferencias de género para promover transformaciones y equidad. Si bien
coexisten en la sociedad viejos estereotipos y nuevas maneras de lo que es
ser mujer y varón -y a veces incluir la diversidad se convierte en un desafío-
contamos con leyes que involucran cambios profundos que nos comprometen
a todas y a todos6. Una de estas leyes es la de Educación Sexual Integral, que
se enmarca en la perspectiva de los derechos humanos y que, entre otros
objetivos, se plantea promover la igualdad de oportunidades para varones y
mujeres. Los propósitos formativos que encabezan los lineamientos
3
Niremberg, O. “Participación de adolescentes en proyectos sociales. Aportes
Conceptuales y pautas para su evaluación.” Paidós. Tramas sociales. Buenos Aires,
2006.
4
Muchas mujeres agregan a su jornada en el mercado laboral una segunda jornada de
trabajo en sus casas, realizando las tareas domésticas. Esta situación puede
sobrecargarlas de responsabilidades y a la vez impedir un desarrollo laboral equitativo
al de los varones.
5
INADI. “Hacia un Plan Nacional contra la Discriminación”. Boletín Oficial de la
República Argentina, 2008.
6
6 Entre otras podemos mencionar las siguientes leyes nacionales: Nº 24.417
Protección contra la violencia familiar; Nº 25.673 Programa Nacional de Salud Sexual y
Procreación Responsable; Nº 25.808 y Nº 25.273 Derechos de las alumnas
embarazadas y madres en el sistema educativo; Nº 25.929 Derechos de padres e hijos
durante el proceso de nacimiento; N° 26.150. Programa Nacional de Educación Sexual
Integral; N° 26.618 Ley de Matrimonio Igualitario, N° 26.743 Ley de derecho a la
identidad de género de las personas.
37
curriculares de ESI (anexo de la Ley) lo retoman fuertemente, y en los
contenidos, desde el nivel inicial hasta la formación docente, está presente
este objetivo.
Violencia de género
38
democratización de las familias: “Las familias pueden ser el ámbito del amor,
la intimidad, la seguridad, y simultáneamente los de la opresión, tanto en las
relaciones de género como en las entre generaciones, estabilizando conflictos
surgidos de la naturalización de las relaciones de subordinación (como la
violencia y abuso hacia mujeres, niños o personas mayores.
Estos análisis que articulan los distintos ámbitos (macro y micro social) nos
permiten acercarnos a la idea de que el camino hacia una sociedad más justa
y democrática dependerá del abordaje de varios factores: políticos,
económicos, sociales, históricos que ayudan a explicar la desigualdad entre
varones y mujeres. Desde esta perspectiva, el trabajo por la democratización
de los vínculos en las escuelas y las familias es uno de los ejes desde los
cuales contribuir a la construcción de ciudadanía y una preocupación de la
Educación Sexual Integral.
En la escuela
2005
10
10 Pueden consultarse en las bibliotecas de las escuelas o en:
[Link]
11
Pinkasz, D. y Tiramonti; G. Las oportunidades educativas de las mujeres en la
modernización de los 90 en la Argentina. Seminario Internacional Equidad de Género
en las Reformas Educativas de América Latina, 17 y 18 de mayo de 2005.
39
políticas de equidad de género en educación entre los años 1993 y 2003 en el
nivel nacional. El trabajo permite reflexionar acerca de prácticas cotidianas
que podemos encontrar en las escuelas. Entre estos aspectos que producen
inequidades, podemos mencionar: el uso de un lenguaje sexista, la
reproducción de estereotipos de género y la desigualdad en la distribución del
espacio de esparcimiento.
Respecto del primer aspecto, podemos decir que en la utilización del lenguaje
se usa el masculino como genérico con la consecuente invisibilización de las
niñas, las adolescentes, las docentes y las madres. A modo de ejemplo, en un
primer grado un nene preguntó a su maestra: Si el domingo fue el día del niño
¿por qué también les dieron regalos a las nenas?
El segundo aspecto es la vigencia de creencias de los y las docentes que
atribuyen rasgos diferenciados de personalidad propios de mujeres y de
varones. Podemos encontrar que se piensa que las alumnas son tranquilas
mientras que los varones son más bruscos y agresivos. O también que existen
preferencias de actividades según el sexo: las niñas preferirían las
manualidades, la confección de láminas, la presentación de carpetas, mientras
que los varones serían habilidosos para las maquetas, la carpintería. Por
último, en las escuelas se encuentra un uso del espacio desigual. El espacio de
los patios abiertos o cubiertos suele ser el lugar de la cancha de fútbol o los
aros de básquet, de uso predominantemente masculino. También, por
ejemplo, en las clases de Educación Física, los varones tienden a ocupar el
espacio central del patio o del campo de deportes y las mujeres los bordes o
lugares periféricos.
En el trabajo docente, como vimos hasta ahora, transmitimos nuestras ideas y
percepciones a través de mensajes explícitos e implícitos, concientes e
inconcientes. Es decir, que podemos reproducir estereotipos o podemos
cuestionarlos y abrir espacios para la reflexión y las preguntas. Familias y
docentes al acercamos a estas temáticas de sexualidad y género, nos
enfrentamos a cómo las mismas atraviesan nuestra vida y nuestras prácticas.
Es fundamental preguntarnos qué nos pasa, reflexionar y compartir con otras
personas nuestras certezas y nuestras dudas.
Para ilustrar la importancia que la temática de la promoción de igualdad de
derechos entre varones y mujeres asume en los Lineamientos Curriculares de
Educación Sexual Integral, seleccionamos propósitos formativos y algunos
contenidos directamente relacionados con este eje:
Propósitos formativos de ESI vinculados en forma directa con el eje “Reconocer
la perspectiva de género”
Ofrecer oportunidades de ampliar el horizonte cultural desde el cual cada
niño, niña o adolescente desarrolla plenamente su subjetividad reconociendo
sus derechos y responsabilidades y respetando y reconociendo los derechos y
responsabilidad de las otras personas.
Promover una educación en valores y actitudes relacionados con la
solidaridad, el amor, el respeto a la intimidad propia y ajena, el respeto por la
vida y la integridad de las personas y con el desarrollo de actitudes
responsables ante la sexualidad.
40
Promover aprendizajes de competencias relacionadas con la prevención de
las diversas formas de vulneración de derechos: maltrato infantil, abuso
sexual, trata de niños.
Propiciar aprendizajes basados en el respeto por la diversidad y el rechazo
por todas las formas de discriminación.
Algunos contenidos de ESI vinculados en forma directa con este eje Nivel
Inicial Conocimiento y exploración del contexto
La exploración de las posibilidades del juego y de elegir diferentes objetos,
materiales e ideas, brindando igualdad de oportunidades a niñas y niños.
El reconocimiento y valoración de los trabajos que desarrollan mujeres y
varones en diferentes ámbitos, identificando cambios y permanencias a lo
largo del tiempo.
Nivel Primario:
- Primer ciclo Formación Ética y Ciudadana:
La observación de mensajes emitidos a través de los medios de
comunicación masiva (presentes en videojuegos, publicidades, juegos de
computadora, series de televisión y dibujos animados entre otros)
reconociendo y discutiendo críticamente las formas que se presentan a
mujeres y varones, contenidos violentos y distintas formas de discriminación.
Ciencias Naturales:
El reconocimiento de las diferencias biológicas entre mujeres y varones. La
identificación de prejuicios y prácticas referidas a las capacidades y aptitudes
de niños y niñas.
- Lengua:
La identificación de los roles adjudicados a niños y niñas en publicidades,
libros de cuentos y programas televisivos según su edad.
El trabajo en el aula sobre cualquier forma de discriminación.
- Educación Física:
El desarrollo de la conciencia corporal y de las posibilidades lúdicas y
motrices en condiciones de igualdad, sin prejuicios apoyados en las diferencias
entre mujeres y varones. El desarrollo de actividades corporales y
actividades motrices compartidas entre niños o niñas enfatizando el respeto,
el cuidado por uno/a mismo/a y por el/la otro/a y la aceptación y valoración de
la diversidad.
- Educación Artística:
La exploración y el disfrute de los diferentes lenguajes artísticos en igualdad
de condiciones para mujeres y varones.
La valoración del cuerpo humano como instrumento de expresión vocal,
gestual del movimiento, etc. sin prejuicios que deriven de las diferencias entre
mujeres y varones.
Nivel secundario:
- Ciclo Básico Ciencias Sociales:
La construcción de una identidad nacional plural respetuosa de la diversidad
cultural, de los valores democráticos, de los derechos humanos y de las
relaciones entre varones y mujeres. El desarrollo de una actitud
41
comprometida con el cuidado de sí mismo/a y de los/as otros/as, con énfasis
en aspectos vinculados con la constitución de la sexualidad y las relaciones
igualitarias, respetuosas y responsables entre varones y mujeres.
La reflexión y el análisis crítico de la información producida y difundida por
diversos medios de comunicación sobre las problemáticas de mayor impacto
social, particularmente aquellas relacionadas con la sexualidad y las relaciones
problemáticas que puedan derivarse de las diferencias entre varones y
mujeres.
La comprensión de distintos sistemas de conocimientos y creencias,
profundizando en el análisis de diversas formas de prejuicio y discriminación
en diferentes sociedades, atendiendo especialmente a aquellas que afectan la
participación de mujeres y varones en diferentes espacios y procesos sociales:
familiares, laborales, políticos; públicos y privados.
Glosario
42
- Perspectiva de género: es la comprensión de los condicionantes socio-
culturales en la construcción de las identidades de género así como el
reconocimiento de la igualdad de derechos para varones y mujeres. Esta
perspectiva implica: reconocer las relaciones de poder que se dan
entre los géneros, en general favorables a los varones como grupo
social y discriminatorias para las mujeres; que dichas relaciones han
sido constituidas social e históricamente y son constitutivas de las
personas; que las mismas atraviesan todo el entramado social y se
articulan con otras relaciones sociales, como las de clase, etnia, edad,
preferencia sexual y religión.
- Representaciones Sociales: hacen referencia a las construcciones de
conocimiento integradas por informaciones, creencias, opiniones y
actitudes; es una forma de conocimiento socialmente elaborado y
compartido que contribuye a la construcción de la realidad social. En
este sentido, las representaciones sociales sirven como marco de
percepción en la interpretación de la realidad y, muchas veces, guían
las prácticas que realizan los distintos actores sociales.
- Sexismo: conjunto de ideas basadas en la creencia de la inferioridad del
sexo femenino que viene determinada por las diferencias biológicas
entre hombres y mujeres. La construcción de un orden simbólico en el
que las mujeres son consideradas inferiores a los hombres implica una
serie de comportamientos y actitudes estereotipados que conducen a la
subordinación de un sexo con respecto al otro.
Videos a trabajar
[Link]
[Link]
43
Toda educación es sexual
[Link]
[Link]
Embarazo en la adolescencia
[Link]
[Link]
44