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Moruno

El documento explora la interrelación entre la emoción y la razón en la toma de decisiones políticas, argumentando que la ciencia y los hechos no son suficientes para influir en la opinión pública sin un contexto emocional adecuado. Se destaca que las opiniones, a menudo basadas en percepciones, pueden ser igualadas a hechos científicos, lo que lleva a un relativismo peligroso en la política. Finalmente, se enfatiza la importancia de la ficción y las imágenes en la construcción de la realidad social y política, sugiriendo que el cambio debe surgir de la creación de nuevos imaginarios más que de la simple presentación de hechos.

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Moruno

El documento explora la interrelación entre la emoción y la razón en la toma de decisiones políticas, argumentando que la ciencia y los hechos no son suficientes para influir en la opinión pública sin un contexto emocional adecuado. Se destaca que las opiniones, a menudo basadas en percepciones, pueden ser igualadas a hechos científicos, lo que lleva a un relativismo peligroso en la política. Finalmente, se enfatiza la importancia de la ficción y las imágenes en la construcción de la realidad social y política, sugiriendo que el cambio debe surgir de la creación de nuevos imaginarios más que de la simple presentación de hechos.

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“la ciencia, los hechos y las

evidencias, por sí mismas, no se


convierten en un apoyo político en
favor de tomar las medidas
necesarias. Por ese motivo, resulta
pertinente desgranar lo que
entendemos por el funcionamiento
de la mecánica humana, de cara a
poner en cuestión los
planteamientos que insisten en
separar la emoción y la razón”

“Solemos adoptar posiciones y sacar


conclusiones de acuerdo con las
imágenes que tenemos para
comprender el mundo y la vida
social. Las imágenes que tenemos
nos afectan y, por lo tanto, producen
un efecto.”

“Adoptar una posición de este tipo


también sirve para evitar lecturas
que comprenden la existencia de
posturas reaccionarias como fruto de
la ignorancia o la falta de
educación.”

“Se entiende que el problema radica


en la existencia de una ausencia y
una falta, ya sea de información, de
cultura o educación, que produce la
ignorancia y se solventa con el
acceso al saber.”

“Siendo importante la lectura y la


educación, qué duda cabe, lo
problemático es buscar la causalidad
de las posiciones antidemocráticas y
negacionistas en una ausencia y
falta de educación. Como si contar
con más educación hiciese más
difícil o imposible sucumbir a las
pasiones más tristes y excluyentes.
Heidegger, posiblemente el filósofo
más importante del siglo XX, cuando
le preguntaron cómo podía seguir a
alguien tan inculto como Hitler,
respondió que la cultura no
importaba y había que fijarse en sus
maravillosas manos.”

“La reacción antidemocrática que


azota al mundo se impulsa a través
de una premisa pseudo-democrática,
a saber, postula que todas las
opiniones son igual de válidas, lo
cual se traduce en oscurantismo y
negacionismo.”

“Si todas las opiniones son igual de


válidas por el mero hecho ser
opiniones, la opinión que pueda
tener la señora Ayuso sobre la
contaminación es homologable a la
que pueda tener la directora de la
Organización Mundial de la Salud. .
Eso es precisamente lo que está
sucediendo con el avance de las
lógicas conspirativas.”

“Platón le dedicó mucho espacio en


varios de sus diálogos a diferenciar
entre lo que es una opinión y el
conocimiento. En su Teeteto, explica
que la opinión deriva de la
percepción y eso impide que se
pueda acceder al conocimiento, ni
siquiera en los casos en los que esa
opinión sea verdadera, dado que,
aquello que tiene de verdadero la
opinión es fruto de la creencia y
surge de ser considerada como
verdadera”

“Este es precisamente el campo de


fuerzas en donde se juega la política:
el litigio en torno a lo que somos
capaces de creer como verdadero y
justo no tiene que ver con el
conocimiento, ni con la objetividad.”

El motivo por el cual se puede


aceptar como válida una postura, no
estriba tanto en el contenido de esa
postura, el qué, como en el valor que
se le atribuye al quién y lo que
representa, puesto que nuestras
inclinaciones vienen precedidas por
el deseo y algo siempre nos va a
parecer bien mientras coincida con
nuestro deseo.

Entonces ¿en qué se diferencia una


opinión de un hecho científico? En
que la primera solo se sustenta
sobre la percepción y la segunda
viene avalada por la comprobación
de un método aceptado por la
comunidad científica

Aquello que hace posible afirmar


socialmente que una cosa es una
opinión insustancial y lo otro una
verdad comprobada, no es la propia
ciencia, sino la asociación de
imágenes que logran relacionar la
verdad con la veracidad. En el
momento que esa asociación entre
verdad y veracidad es desplazada
por otra forma de imaginar, tiene
lugar la verdad emancipada de toda
veracidad.

Como expresa Latour, hay quienes


“siguen creyendo que los hechos se
sostienen solos, sin mundo
compartido, sin instituciones, sin
vida pública, y que bastaría con
llevar al pobre pueblo a un aula a la
antigua, con tablero negro y tareas
en el pupitre, para que al fin triunfe
la razón”

como bien nos recuerda Proust, “los


hechos no penetran en el mundo
donde viven nuestras creencias, y
como no les dieron vida no las
pueden matar”

Resulta necesario tomar en


consideración la recomendación que
nos hace el profesor Jesús Martín-
Barbero, y atrevernos a mirar con los
ojos de otros, no para compartir lo
expresado sino para comprender la
razón que motiva su expresión (

“Asociamos el discurso con el relato


y el relato con la invención partidista
que describe un punto de vista de la
realidad más o menos sesgado y
funcional a unos intereses concretos
o de parte, pero que, en ningún
caso, se corresponde con eso que
suele considerarse como la “realidad
objetiva”. Sin embargo,
paradójicamente, no podemos
acceder a la realidad si no es a
través del discurso, dado que es el
vehículo que nos permite interpretar
y producir el modo en el que
comprendemos y nos posicionamos
en la realidad.”

Teniendo en cuenta que la realidad


es por definición una realidad en
conflicto, podemos afirmar que el
conflicto es una cualidad fundante e
inherente al discurso, o lo que es lo
mismo, el discurso es el síntoma de
que existe el poder, cuando el poder,
como sabemos, es una relación que
se expresa en todas las facetas de
nuestra vida colectiva. Si todo
significado de la realidad derivase de
una explicación objetiva elevada a
partir de los hechos desnudos,
desaparecería la política porque
desaparece toda mediación y solo
existiría una dimensión exenta de
cultura, a saber, desaparecería
aquello que nos diferencia del resto
de animales.

Somos incapaces de conocer todo lo


existente al mismo tiempo y puesto
que estamos condenados a la
limitación humana para imaginar a la
vez todas las formas (Proust, 2017b,
p.122), solo podemos acceder a la
realidad de manera incompleta y
parcial a través del discurso. Si se
pudiera conocer todo al mismo
tiempo no existiría el poder, ni
tampoco las diferentes formas de
sentir lo mismo o, dicho de otro
modo, no seríamos humanos. En la
Apología, Sócrates se declara como
el más sabio porque, a diferencia de
quienes le acusan, es consciente de
saber que no puede saberlo todo
(Platon, 2016, p.48). Precisamente
porque la realidad siempre está
sujeta al conflicto y somos incapaces
de conocerlo todo, el discurso
delimita la frontera entre lo que es y
lo que no es. Concebir que una cosa
es el discurso y otra muy distinta son
las “cosas como son”, también es
discurso.

No existe tal cosa como algo en sí y


por sí mismo desvinculado de las
conexiones que le dan una
expresión, pues lo mismo puede
variar en el tiempo.

Podemos sentir cosas que no existen


como si lo hicieran, gracias a la
imagen que nuestro cuerpo genera a
partir de ellas. Aristóteles
comenzaba su Política explicando
que “solo el hombre, entre los
animales, posee la palabra y esta
sirve para manifestar lo conveniente
y lo dañino, así como lo justo y lo
injusto”. Y dado que la justicia es
algo social, “la discusión es solo
sobre el concepto de lo justo. Por eso
unos opinan que lo justo es
benevolencia; otros, que lo justo es
eso mismo: que mande el más
fuerte”

La política, el conflicto que tiene


lugar dentro de la vida pasional
colectiva, es fundamentalmente la
definición de lo que es justo en
sociedad, y lo que es considerado
como justo viene derivado de los
valores y las aspiraciones sobre
cómo se cree que debe funcionar la
sociedad. Sabemos con Hobbes, que
no hay ninguna evidencia científica y
ningún criterio objetivo que pueda
oponerse a la fuerza del poder
político

“el poder no está afuera del


discurso. El poder no es ni la fuente
ni el origen del discurso. El poder es
algo que funciona a través del
discurso porque es, él mismo, un
elemento en un dispositivo
estratégico de relaciones de poder”
(Foucault, 1999, p.59).

Esto no significa caer en un


relativismo que omite la existencia
de hechos, qué duda cabe que
existen, pero no nos dicen nada por
sí mismos fuera del sentido que
adoptan, de ahí que una crisis, como
una pandemia, siempre sea una
disputa por el sentido que les
damos.

Pensar que la gente que no acepta


hechos científicos es tonta, es una
opinión, no un hecho. Casi tan
complicado es que uno acepte el
cambio climático como que el otro se
abra a una explicación distinta al
fenómeno negacionista que no
acepta los argumentos de las
ciencias humanas. Somos seres
emocionales antes que racionales,
nos advierte la la ciencia. Así hay
que entender lo que creemos o no
creemos.

La mediación se convierte en la
condición que hace posible la
experiencia, toda vez que, como
recuerda Lacan, no se puede
verificar nada en la experiencia si no
han sabido dar a las cosas un
alcance significativo (Stavrakakis,
2010). Así pues, no va primero la
experiencia y luego el significado
que atribuimos a las cosas, sino que
para que podamos acceder a la
experiencia tenemos que pasar por
la mediación que la significa.

El ser humano se mueve a través de


imaginarios y esto no es una
superficialidad, o una artimaña, más
bien es un elemento inherente a la
condición humana: hacemos lo que
imaginamos. Las imágenes son
representaciones de la realidad que
nos afectan según sea nuestra
predisposición a ello. Solemos
adoptar posiciones y sacar
conclusiones de acuerdo con las
imágenes que tenemos para
comprender el mundo y la vida
social.

Por lo tanto, las ideas en tanto que


ideas no nos afectan, únicamente lo
hacen a través de las imágenes
asociadas a ellas. Toda causa
política lucha por hacerse sensible y
visible, es decir, pugna por difundir
su punto de vista con el resto para
que todos comprendan y compartan
las razones que lo motivan. No es
necesario que el otro al que se
quiere llegar experimente la misma
situación que aquel que la denuncia,
dicho con un ejemplo, no hace falta
ser mantero para “hacerse la idea” –
contar con imágenes-, de lo que
supone vivir de determinado modo.
Pero ahí donde uno ve a una persona
que se busca la vida, otro puede ver
a una persona que se salta la ley y
debe ser perseguido por ello;
distintas formas de verse afectado
por un mismo hecho. Así pues, la
mentira no se combate con la
verdad, ni se debe soñar con que “la
gente despierte” y “reaccione”, ni
tampoco esperar a que llegue el día
en el que todo “estalle”. Un
imaginario creado solo se desplaza
por la creación de otro imaginario
más fuerte. No hay que alertar, hay
que crear. No hay, nunca lo hubo, un
plano de la emoción y un plano de la
razón: pensamos con el cuerpo y nos
emocionamos con la razón

Leo una frase en una noticia con la


que no puedo más que estar en
desacuerdo políticamente. Entiendo -
y comparto- la necesidad de
transmitir la idea (y la certeza) de
que no hay alternativa y debemos
afrontar los límites biofísicos del
planeta, que chocan frontalmente
con el modo de producción y
consumo capitalista. En eso no hay
por mi parte ninguna objeción, el
problema aparece cuando se expone
la idea de que solo hay dos formas
de empobrecernos, por las buenas o
por las malas. No se me ocurre peor
marco político para tratar de
convencer a alguien que decirle que
apoye una hipótesis en la que va a
vivir peor. Difícilmente se puedan
ganar apoyos en esa dirección, al
contrario, es más factible que abone
el terreno para la extensión de un
cinismo acomodado en la idea de
que si no se puede hacer nada lo
que toca es disfrutar del momento y,
en todo caso, fortificar las zonas de
riqueza para evitar que entren
pobres y expoliar los recursos para
garantizar durante más tiempo la
viabilidad de esas zonas de riqueza,
en las que automáticamente la
mayoría querrá inclinarse en pensar
que otro no, pero ellos sí que podrán
disfrutarla

“nadie, en efecto, querría de grado


dejarse persuadir a hacer aquello
que no viene acompañado de mayor
cantidad de placer que de dolor”
(Platon, 2014, p.165

Con esto lo que vengo a decir es que


presentar una alternativa política
como algo doloroso para quienes
tienen que apoyarla, nunca beneficia
a los intereses que pretende
alcanzar dicha alternativa, al
contrario, supone un peso en lugar
de una dimensión aspiracional donde
a uno le gustaría verse inmerso. Pero
hay algo añadido a esto, y no es otra
cosa que esa alternativa tiene que
fundarse necesariamente sobre la
base de que se va a vivir mejor y
seremos más ricos. ¿Pero eso no
sería manipular, o directamente
engañar? No, para nada. Lo
importante aquí es la comprensión
social que se hace de la riqueza y los
baremos que la miden, es decir,
utilizar una noción diferente a la
riqueza entendida como capital, que
es la que impera. Riqueza también
puede ser disfrutar de más tiempo
libre, de una mejor salud, de respirar
un aire más limpio, de trabajar
menos, comer mejor, poder cultivar
la amistad, etc., y de todo aquello
que una sociedad ecologista puede
ofrecer a la humanidad. Asumir
como propio el criterio de riqueza
que se pretende abolir en última
instancia es una derrota
premeditada, porque bajo esos
criterios solo se puede ser más
pobres y nadie quiere ser pobre: en
la política, recuerda Aristóteles, “los
hombres no han formado una
comunidad sólo para vivir, sino para
vivir bien” (Aristóteles, 2018, p.159).
Lo contrario sería como renunciar a
la disputa política o, lo que es lo
mismo, sería como renunciar a todo
aquello que uno aspira a conseguir
porque sin lograr una traducción
política todo es inviable.
“Es más fácil convencer cuando en lo
que se presenta al pueblo se ve
ganancia aunque esconda en sí una
pérdida y, al contrario, es difícil que
elija algo con apariencia de vileza o
de pérdida, aunque oculte en su
seno salvación y ganancia”
(Maquiavelo, 2012, p.163).

La vida es una ficción. La ficción,


lejos de ser una invención arbitraria
de la mente, es el escenario
contextual en donde se conectan los
acontecimientos que tienen lugar, y
tienen lugar porque existe una
ficción que permite dotarlos y
entrelazarlos de sentido. La ficción
es el motor de la acción, la
construcción de un escenario
afectivo, un significado, un
ecosistema donde se forja lo
comprendido, el mundo compartido,
las aspiraciones y los anhelos.
La ficción como contexto es algo
presente el día a día y estructura
nuestra forma de vida. La realidad
no puede nunca superar a la ficción
pues, para poder ser, necesita
convertirse en una ficción: el mundo
de las apariencias es el único real,
en palabras de Nietzsche (2004). La
verdad efectiva de la cosa, lo
verdadero de la verdad, es
justamente la realidad de la
apariencia como fundamento de la
existencia. Porque no vale solo con
la veracidad, hace falta dotarse de
una verdad más fuerte, o dotar a la
verdad de más fuerza: “Si la verdad
ha de triunfar en el conflicto con las
fuerzas, primero tiene que
convertirse ella misma en una
fuerza, y nombrar como
representante suyo en el mundo de
las apariencias a un impulso; porque
los impulsos son las únicas fuerzas
motrices en el mundo sensible”
(Schiller, 2018, p.39)

“Dicho de otra manera, en ausencia


de otra forma de existencia, lo que
hay es lo único que puede haber y
ser aceptado; de poco sirve
denunciar sus efectos nocivos si nos
seguimos moviendo dentro del
mismo imaginario dominante. La
crítica se hace impermeable cuando
no se elabora desde otro paradigma
distinto, esto es, desde otra
racionalidad apoyada en otra ética y
otros valores que organizan y dan
sentido a la existencia social.”

Para desmontar el orden de la


desigualdad hay que ofrecer una
existencia reconocible,
especialmente a los más
perjudicados por el modelo
imperante que, precisamente por
serlo, pueden abrazar con más
fuerza la creencia -y la esperanza-
que relaciona al trabajo duro con el
éxito

Si España entra en la era


reaccionaria, su modelo será
ejemplar en crueldad, tal como
corresponde a la tradición carnicera
de la élite nacional.

Los seres humanos somos


aspiracionales, siempre intentamos
alejar de nosotros aquello que nos
entristece e intentamos abrazar
aquello que nos calma o nos alegra,
de ahí que los libros de autoayuda
tomasen fuerza en medio de la gran
depresión del 29 del pasado siglo.

Para finalizar, considero que es


importante resaltar que los caminos
de la intervención política son
inescrutables
Comenta Lordon, en su libro Los
afectos de la política (2017), un
ejemplo que sirve para ilustrar cómo
un mismo elemento puede provocar
sobre la misma persona indiferencia
o indignación dependiendo del modo
en que es imaginado y
contextualizado.

En una entrevista de un periodista


que versa sobre la privacidad, el
entrevistado responde impasible
cuando se le exponen los métodos,
la tecnología, las implicaciones
sociales y el impacto en la
convivencia que tienen violar la
intimidad de las personas. Ahora
bien, esa misma persona a la que
parece que todo este tema le da
exactamente igual, de repente salta
como un muelle escandalizado en el
momento que el entrevistador le
comenta que el gobierno podría
entrar a su ordenador y ver sus fotos
íntimas. La misma cuestión,
enmarcada y enfocada de forma
diferente genera afectos dispares en
la misma persona. La misma
cuestión, enmarcada y enfocada de
forma diferente genera afectos
dispares en la misma persona. Este
ejemplo puede ser interesante para
pensar cómo articular políticamente
la cuestión ecológica. Una posible
forma de hacerlo, por ejemplo, en las
ciudades, es asociar la política
ecológica a cuestiones que generan
todavía más consenso entre la
ciudadanía, como la salud. Es posible
que haya más gente que pueda
empatizar con una serie de medidas
si, además de enfatizar los motivos
ecológicos, se destaca también el
impacto positivo en la salud, porque
este está todavía más asentado en
el sentido común.
La democracia descansa, en última
instancia, sobre la desprivatización
del acceso a un tiempo libre y
seguro. Solo así pueden entenderse
las vacaciones pagadas, la
jubilación, los permisos de
maternidad, las bajas por
enfermedad y tantos otros ejemplos.
Dado que vivimos en una sociedad
mediada por el trabajo y sus
productos a través del dinero, otro
paso más en la misma senda de la
desprivatización del tiempo pasa por
garantizar el acceso al ingreso
monetario al margen de la
realización de un trabajo o, mejor
dicho, obtener un ingreso de forma
independiente a la venta o no de la
capacidad de trabajo en el mercado.
A fin de cuentas, es el propio
capitalismo impulsado por la lucha
de clases, por el conflicto sobre el
tiempo, lo que hace posible pensar
una forma de riqueza basada en el
tiempo libre y no ya sobre un
enorme cúmulo de mercancías
producidas por el tiempo de trabajo
humano. Esto no significa que no
haya que hacer nada, solo significa
que se modifica lo que sustenta y
explica la riqueza en la sociedad.
Mientras tanto, y para ir dando pasos
en la transformación de la noción de
riqueza, vamos desprivatizando el
tiempo bajo la riqueza capitalista

El problema primero es la izquierda


misma. Mi experiencia y choque con
la militancia de base es la reticencia
a explorar y aprender juntos un
marco alternativo de lo humano. El
par negacionismo del estatus de las
ciencias humanas/rechazo las
complicaciones mentales, no ayuda.
Tampoco es tan complicado trabajar
nociones que servirían para intentar
articular una estrategia más
efectiva.

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