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CREYENDO

El pasaje de Marcos 9:24 muestra la lucha entre la fe y la incredulidad a través de la petición de un padre que clama a Jesús: 'Creo; ayuda mi incredulidad'. Este reconocimiento de la propia debilidad en la fe permite que Dios actúe en nuestras vidas, destacando la importancia de pedir ayuda en momentos de duda. La respuesta de Jesús enfatiza que la fe, aunque pequeña, puede ser suficiente si se entrega a Dios, quien puede fortalecerla y hacer posible lo que parece imposible.

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CREYENDO

El pasaje de Marcos 9:24 muestra la lucha entre la fe y la incredulidad a través de la petición de un padre que clama a Jesús: 'Creo; ayuda mi incredulidad'. Este reconocimiento de la propia debilidad en la fe permite que Dios actúe en nuestras vidas, destacando la importancia de pedir ayuda en momentos de duda. La respuesta de Jesús enfatiza que la fe, aunque pequeña, puede ser suficiente si se entrega a Dios, quien puede fortalecerla y hacer posible lo que parece imposible.

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En una ocasión, un hombre que buscaba la ayuda del Señor se acercó a Jesús, cayó de rodillas llorando y dijo: "Creo;

ayuda
mi incredulidad" (Marcos 9:24). La petición del hombre, sorprendente por su frase paradójica, da que pensar. ¿Cómo
puede el hombre decir que cree y al mismo tiempo pedir ayuda para vencer la incredulidad?

El contexto completo de la oración del hombre, "Creo; ayuda mi incredulidad", ayuda a aclarar su significado. Jesús
acababa de regresar del monte de la transfiguración cuando se encontró con una gran multitud que rodeaba a Sus
discípulos. Había una discusión y la gente estaba alborotada. Jesús preguntó qué era lo que estaba pasando, y un hombre
de la multitud explicó que los discípulos habían estado tratando de expulsar a un demonio de su hijo, pero que no habían
podido hacerlo. Jesús dijo: "¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de
soportar? Traédmelo" (Marcos 9:19).

Le llevaron el niño a Jesús, pero "cuando el espíritu vio a Jesús, sacudió con violencia al muchacho, quien cayendo en tierra
se revolcaba, echando espumarajos" (Marcos 9:20). Después de que el padre del muchacho le explicara el estado de su
hijo, le dijo a Jesús: "si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos" (versículo 22). Jesús le aseguró que
"al que cree todo le es posible" (versículo 23). "Inmediatamente, el padre del muchacho exclamó: "Creo; ayuda mi
incredulidad". (versículo 24).

Cuando escuchó la petición del hombre: "Creo; ayuda mi incredulidad", Jesús inmediatamente se dirigió al espíritu
inmundo y lo expulsó definitivamente del muchacho. Luego, los discípulos de Jesús preguntaron por qué no podían
expulsar al demonio. Jesús les dijo: "Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno" (Marcos 9:29).

El mensaje central de este pasaje es la fe y la duda. La primera respuesta de Jesús al enterarse de la condición del
muchacho expresa su decepción por la falta de fe: "¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros?
¿Hasta cuándo os he de soportar?". El padre del muchacho en un principio parece mostrar también una falta de fe. Le
pide a Jesús que haga algo por su hijo "si puedes" (Marcos 9:22). Jesús interpreta esta duda y repite la afirmación
condicional del hombre (versículo 23). En realidad, responde diciendo: "¿Qué quieres decir con "si puedo"? Continúa
asegurándole al hombre que todo es posible si tiene fe. (En al menos dos ocasiones anteriores, Jesús había relacionado la
sanidad con la fe en Él - Marco 5:34 y 36). Parece que lo único que impide que el hijo del hombre se sane es su fe, y éste
se da cuenta de que ya ha manifestado su falta de fe. Quiere expresar su fe, pero al mismo tiempo ser auténtico. Por eso
dice: "Creo; ayuda mi incredulidad". (versículo 24). En el fondo, dice: "Mi fe no es perfecta. Puede que no tenga suficiente
fe. Si mi fe no es suficiente, ayúdame a tenerla". Jesús se complace con esta respuesta y sana al muchacho.

En ocasiones, la mayoría de los cristianos pueden identificarse con este hombre. Es el reconocimiento de nuestra
insuficiencia lo que permite que Dios actúe en nuestras vidas. Esto es cierto en el momento de la salvación. La salvación
viene a los pecadores incapaces que se dan cuenta de su necesidad y piden perdón. Es imposible que los "justos" se salven
(véase Lucas 18:9-14). Del mismo modo, los cristianos sabemos lo que dice la Biblia y confiamos en que Dios cuida y dirige
nuestras vidas, pero a veces nos enfrentamos a algo que parece dominar nuestra fe. Parece que no tenemos suficiente fe
para seguirle en ese momento, así que pedimos más fe. Reconocemos que incluso nuestra fe viene de Dios. Es Su obra en
nuestras vidas la que nos permite creer y obedecer.

Como siempre, podemos pedir lo que necesitamos. Cuando dudamos, podemos pedir más fe. Cuando vacilamos en
nuestra decisión de seguir, podemos pedir una mayor determinación. Cuando no estemos dispuestos a obedecer,
podemos pedir que estemos dispuestos. Un incrédulo no tiene ningún deseo de tener más fe o estar dispuesto a obedecer.
El creyente sabe que su fe y su obediencia siempre son deficientes, y pedirá frecuentemente a Dios que le capacite para
vivir la vida que a Dios le agrada. Si nos dejan solos con nuestras propias fuerzas y nuestra propia fe, nunca lo lograremos.

"Creo; ayuda a incredulidad" es a la vez una declaración de fe y un reconocimiento de que nuestra fe está lejos de ser
perfecta.

"Jesús preguntó al padre: ¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto?"


Aunque los discípulos habían fracasado en sus intentos de liberar al muchacho del poder
diabólico que lo dominaba, Jesús no temía tratar el caso, y pidió que trajeran al muchacho.
Esto nos recuerda que siempre podemos acudir a Jesús cuando todo lo demás falla.
Una vez que el joven estuvo delante de Jesús, el espíritu comenzó a sacudirlo con
violencia, de tal manera que cayó en tierra revolcándose y echando espumarajos. Sin
duda era una escena terrible, pero a pesar de esto, Jesús no hizo nada por el joven, sino
que con toda tranquilidad comenzó una conversación con el padre. ¿Por qué? Pues porque
si bien era importante que su hijo fuera restablecido, no eran menos importantes los
problemas de fe que el padre arrastraba. Esto quedó claro inmediatamente por la forma
en que el padre hizo su petición al Señor.
"Si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos"
Tal vez el fracaso de los discípulos había llevado a este hombre a dudar de Jesús, así que,
cuando hizo su petición, parecía no estar muy seguro de que Jesús realmente pudiera
ayudar a su hijo.
Recordamos también cómo el leproso de Galilea se acercó a Jesús diciéndole "si quieres,
puedes limpiarme" (Mr 1:40). Ninguno de los dos comprendían que Jesús quiere y puede
salvar a todos los que se acercan a él con fe. Pero la cuestión era si realmente tenían fe.
"Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible"
Como ya hemos dicho, el padre había visto el fracaso de los discípulos, y tal vez por eso
mismo estaba cuestionando el poder de Jesús. Pero el Señor llevó el asunto al mismo
centro del problema: su propia falta de fe.
Todos tenemos esta tendencia a ver los fracasos de los demás y justificar con ellos los
nuestros propios. Pero esto es una forma absurda de engañarnos a nosotros mismos.
Como el Señor dijo: "al que cree todo le es posible". Por lo tanto, si no avanzamos más
en la vida cristiana, es por nuestra falta de fe, y no por culpa de otros.
En cuanto a la frase "al que cree todo le es posible", es probable que se refiera no tanto
a lo que podemos hacer mediante la fe, sino a lo que Dios nos dará en respuesta a esa fe,
tal como le ocurrió al padre del muchacho. Y por supuesto, no quiere decir "cualquier cosa
que nosotros queramos", porque la verdadera fe se somete siempre a la voluntad de Dios
y confía en él.
"El padre clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad"
La angustiosa contestación del padre reveló sus dudas. Con total honestidad expresó su
fe, al mismo tiempo que reconocía la flaqueza de la misma. Es dramática, a la vez que
conmovedora, la lucha que se percibe en el corazón de este hombre entre la fe y la
incredulidad. Sin embargo, había algo de fe, tal vez tan pequeña como una semilla de
mostaza, pero siendo genuina, el Señor se encargaría de robustecerla y hacerla crecer.
De esto debemos aprender también que la forma correcta de enfrentar nuestra
incredulidad, es llevándosela a Jesús, igual que le llevamos también todos nuestros
pecados y debilidades.
"Jesús reprendió al espíritu inmundo: yo te mando, sal de él, y no
entres más en él"
Mientras Jesús hablaba con el padre, la multitud empezó a agolparse rápidamente en
torno a ellos con el fin de ver el resultado. Como ya hemos visto en otras muchas
ocasiones, Jesús huía de toda espectacularidad, así que aceleró la curación del muchacho.
Y aunque aquel espíritu maligno era realmente poderoso, como más adelante indicó Jesús,
y a pesar de que de ninguna manera quería soltar a su pobre presa, sin embargo, no pudo
resistir el poder divino del Señor, que no sólo le mandó salir del muchacho, sino que
también le prohibió volver a él.
Al salir, el espíritu le hizo al muchacho todo el daño que pudo, dejándole tirado en el suelo
como muerto. Pero el Señor, en un gesto realmente hermoso, le tomó de la mano y lo
restauró plenamente, devolviéndole las fuerzas y levantándolo a la vida.

E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad — El padre entiende que su
oración o petición tiene que ser acompañada de fe, y por eso clamó y dijo, “Creo”. No quiere que la falta de fe que
tenga impida la curación de su amado hijo único. El es honesto y está confiado de que Jesús puede suplir su
petición. La frase, “ayuda mi incredulidad” ha de ser entendida como “ayúdame en mi incredulidad” o falta de fe
que tenga. Aunque clamó y dijo, “yo creo”, no exaltaba su fe, sino
para él su fe no merecía el nombre de fe.

Fuente: Comentario al Nuevo Testamento por Partain


dijo clamando. 2Sa 16:12; 2Re 20:5; Sal 39:12; Sal 126:5; Jer 14:17; Luc 7:38, Luc 7:44; Hch 10:19, Hch
10:31; 2Co 2:4; 2Ti 1:4; Heb 5:7; Heb 12:17.
Creo, ayuda mi incredulidad. Luc 17:5; Efe 2:8; Flp 1:29; 2Ts 1:3, 2Ts 1:11; Heb 12:2.
Fuente: El Tesoro del Conocimiento Bíblico
Creo; ayuda mi incredulidad expresa el hecho de que aun un grano de fe es suficiente, pero también que la
fe de una persona necesita crecer y madurar. Uno puede solamente recibir tanto como pueda creer. Nuestra
necesidad básica no es intentarlo cada vez más, sino creer más.
Fuente: Nuevo Comentario Ilustrado de la Biblia Caribe
AYUDA MI INCREDULIDAD. En esta vida la fe a menudo se mezcla con la duda. Sin embargo, eso no
significa que Cristo no responderá a las peticiones que se le hagan, porque Él comprende y se compadece de las
debilidades humanas (Heb 4:15). Es necesario confesarle la falta de fe y pedirle que dé la fe que se necesita
(véase Mat 17:20, nota).
Fuente: Biblia de Estudio Vida Plena
Creo; ayuda mi incredulidad. Admitiendo la imperfección de su fe y con todas sus dudas, el desesperado
padre suplicó a Jesús que lo ayudara a tener la gran fe que el Señor demandaba de él.
Fuente: Biblia de Estudio MacArthur
9:24 — E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad — El padre entiende
que su oración o petición tiene que ser acompañada de fe, y por eso clamó y dijo, “Creo”. No quiere que la falta
de fe que tenga impida la curación de su amado hijo único. El es honesto y está confiado de que Jesús puede
suplir su petición. La frase, “ayuda mi incredulidad” ha de ser entendida como “ayúdame en mi incredulidad” o
falta de fe que tenga. Aunque clamó y dijo, “yo creo”, no exaltaba su fe, sino
para él su fe no merecía el nombre de fe.
Fuente: Notas Reeves-Partain
Ayuda mi incredulidad: ¿Cómo podría Jesús ayudar a la incredulidad del hombre, si no con una mayor
capacidad de no creer? Pues esto implica ayudar a la incredulidad de alguien: ayudarle a que tenga menos fe
(Bratcher y Nida, 288). Lo absurdo del planteo es obvio, por lo cual la traducción deberá evitar este error. TLA
proporciona una opción mejor, cuando sugiere: «¡Ayúdame a confiar más en él!» Sin embargo, preferimos DHH:
«¡Ayúdame a creer más!»
Fuente: Comentario para Exégesis y Traducción
NOTAS
(1) Lit.: “¡Ayuda mi falta de fe!”.
REFERENCIAS CRUZADAS
z 427 Luc 17:5; Efe 2:8; Heb 12:2
Fuente: Traducción del Nuevo Mundo
Creo; ayúdame en mi incredulidad. En su honesta lucha con la incredulidad, el padre solicitó al Señor que
removiera todas sus dudas y le concediera suficiente fe (cp. Lc 17:5; Stg 1:5– 8).

Podemos pensar que nuestra actitud sobre el Señor se revela por lo que afirmamos creer. Pero cuando nuestras
oraciones no son respondidas y las circunstancias permanecen sin cambios, la forma en que reaccionamos y nos
comportamos describe la verdadera actitud sobre nuestra creencia.
En nuestra humanidad, la mayoría de nosotros a veces dudamos cuando las cosas se vuelven desafiantes y
difíciles. Sin embargo, no debemos dudar «porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada
por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor, ya
que es persona de doble ánimo e inconstante en todos sus caminos» (Santiago 1:6-8). Cuando estamos
desgarrados por un conflicto interno de este tipo, nunca podemos apoyarnos con confianza en Dios y en Sus
misericordiosas promesas. Aquellos que tienen doble mente no tienen la fe mencionada en Hebreos 11:1, «pues,
la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.»
Los que perseveraron son bendecidos como Santiago 5:11 nos dice: “Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis
visto el fin que le dio el Señor, porque el Señor es muy misericordioso y compasivo.”
Job fue un hombre temeroso de Dios que soportó la pérdida de sus hijos, la salud y las posesiones. Sin embargo,
se mantuvo fiel al Señor a lo largo de su terrible experiencia, a pesar de tener una necesidad desesperada de
saber por qué estaba siendo tan afligido. En medio de su sufrimiento, Job gritó: «Quién me concediera que se
cumpliese mi petición, que Dios me otorgara lo que anhelo» (Job 6:8). Todos los días estuvo lleno de dolor, pero
su consuelo y alegría fueron que él «no renegó de las palabras del Dios Santo» (Job 6:10).
El mundo que nos rodea que no conoce a su Creador, Juez y Dios, lo considera injusto o indiferente, pero este
nunca debería ser el caso de un verdadero creyente nacido de nuevo. Cuando el Señor permanece en silencio
durante nuestros tiempos de adversidad o incertidumbre, deberíamos ir a Su palabra para descubrir lo qué dice
sobre Su carácter y forma de obrar. Incluso cuando nuestros sentimientos parecen abrumadores y nuestra fe se
pone a prueba, podemos mantenernos firmes en los hechos de que Dios nos ama y desea lo mejor para nosotros.
La Escritura nos dice e instruye a nosotros que debemos caminar por la fe, no por vista (2 Corintios 5:7). Lo que
significa que incluso cuando no podemos saber qué hay delante de nosotros, debemos confiar en el Señor porque
Él lo sabe. Abraham es un excelente ejemplo, (Génesis 12:1-9) y debemos aprender a confiar en Dios como lo
hizo. Cuando se le pidió que dejara su país y su familia para ir a una tierra que Dios le mostraría, Abraham
obedeció. «Por la fe Abraham, cuando fue llamado para ir a un lugar que más tarde recibiría como herencia,
obedeció y salió sin saber a dónde iba» (Hebreos 11:8).
La Biblia nos enseña tantas cosas, y es nuestro manual perfecto para cómo vivir nuestra vida. Cada día nos
enfrentamos a lo desconocido, pero debemos confiar en el Señor para guiarnos. A veces suceden las cosas que
pueden dejarnos perplejos; esos son los momentos en que tenemos que estar quietos y saber que Dios es Dios y
que está en pleno control de todo. Probablemente está tratando de llamar nuestra atención porque nos ama. En
estos tiempos y situaciones es donde debemos aprender a confiar en Él, incluso cuando no sabemos a dónde
vamos y no podemos ver el resultado.
El Señor quiere que renunciemos a nuestras propias formas de entender las cosas y, en cambio, debemos caminar
por la fe que confía en Él. Dios es fiel, se preocupa por nosotros y Él siempre nos está guiando, preparándonos y
enseñándonos para Su honor y gloria si lo permitimos.
Hay muchas situaciones que prueban nuestra fe, y son comunes a todos los creyentes. Abraham, un hombre con
gran fe siguió las instrucciones de Dios para salir de casa y viajar a Canaán. Esperas que el Señor honrara una
obediencia tan audaz con las bendiciones, pero no pasó mucho tiempo antes de que Abraham se enfrentara a otro
desafío de fe, una hambruna (Génesis 12:10-20). Esta vez, su fe y su confianza vacilaban. En lugar de creer que
Dios proveería, huyó a Egipto e hizo muchas decisiones tontas y costosas.
La próxima vez que cualquiera de nosotros está tentado a pensar que Dios nos ha decepcionado, recuerde que las
decisiones difíciles y nuestra confianza en Él es uno de los medios que usa para fortalecer nuestra fe en Él. Cuando
las circunstancias parecen indicar que Él no se preocupa, necesitamos mantenernos firmes en las verdades de las
Escrituras y fijar nuestros ojos en el Señor, que siempre es fiel y ya sabe lo que está por venir.
Dios da libremente lo que es bueno para aquellos que le preguntan: «Pidan, y se les dará; busquen, y encontrarán;
llamen, y se les abrirá la puerta. Porque todo el que pide recibe; el que busca encuentra; y al que llama, se le
abre» (Lucas 11:9-10).
No hay nada de malo en pedirle más fe a Dios cuando necesitamos ayuda del Señor. Así que recuerde que Dios
nos escuchará exactamente como lo hizo cuando “el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi
incredulidad. (Marcos 9:24).
La mayoría de los cristianos pueden identificarse con este hombre de vez en cuando. Es el reconocimiento de
nuestra insuficiencia lo que le permite a Dios obrar en nuestras vidas. Los cristianos sabemos lo que dice la Biblia
y confiamos en que Dios cuidará y dirigirá nuestras vidas, pero a veces nos enfrentamos a algo que parece dominar
nuestra fe y dejamos que la duda se cuele. Parece que no tenemos suficiente fe para seguirlo en ese momento,
así que necesitamos pedir de inmediato más fe. Tenemos que reconocer que incluso nuestra fe proviene de Dios;
y que es Su trabajo en nuestras vidas lo que nos permite creer y obedecer.
Tenemos que pedirle a Dios que revele cualquier cosa en nuestra vida que le impide haber respondido a nuestras
oraciones y debemos estar dispuestos obedecerlo por completo y Sus mandamientos para vivir una vida humilde
y santa.
El Salmo 24:3-4 nos dice: «¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en Su lugar santo? Solo
el de manos limpias y corazón puro,… «
Y el Salmo 66:18-20, explica: «Si en mi corazón hubiera yo abrigado maldad, el Señor no me habría escuchado;
pero Dios sí me ha escuchado, ha atendido a la voz de mi plegaria. ¡Bendito sea Dios, que no rechazó mi plegaria
ni me negó Su amor!»
En Marcos 9:14-24 leemos la historia de un hombre que tenía un hijo poseído por un espíritu. El
hombre llevó a su hijo con los discípulos de Jesús para que echaran fuera al espíritu, pero no
pudieron. Cuando Jesús vino y los discípulos le contaron acerca de esto y de como no pudieron,
Jesús pidió traer al niño.
Después el hombre le pidió a Jesús expulsar al espíritu "si es que puede", Jesús respondió: "Si
puedes creer, al que cree todo le es posible." El hombre clamó "Creo; ayuda mi incredulidad."
¿Existe alguna contradicción aquí?¿Acaso el hombre dijo en estas 4 palabras que cree y no cree al
mismo tiempo? ¿O él pensaba que creía y luego se dió cuenta que no, pero luego creyo otra vez?
¿Quizá pensó que Jesús quería escucharlo decir que cree, pero luego se dio cuenta que había
mentido?
Yo no creo que hay alguna contradicción aquí. El hombre llevó su hijo a Jesús porque había
escuchado que Él lo podía sanar; si no hubiera creído se hubiera quedado en casa. Haber llevado a
su hijo fue una declaración de fe. ¿Por qué dijo entonces "ayuda mi incredulidad"?
Creer en Dios vs. fe personal
No necesitamos ir muy lejos para encontrar la respuesta. Millones de personas alrededor del
mundo leen la Biblia y van a la iglesia a escuchar la Palabra de Dios; estos actos pueden ser
considerados como declaraciones de fe en lo que leemos y escuchamos. Pero, ¿Qué pasa cuando
se trata de fe para nuestra propia vida? ¿En realidad tenemos fe en que la Palabra de Dios se puede
cumplir en nuestras vidas? Por ejemplo, cuando escuchamos el versículo, "Dad gracias en todo"
(1 Tesalonicenses 5:18), ¿En realidad damos gracias por todo? ¿O solamente damos gracias por las
cosas buenas? Es bastante fácil dar gracias por las cosas buenas, pero debemos dar gracias en todo.
O otro ejemplo, cuando escuchamos que no nos debemos enojar o amargarnos ¿creemos en verdad
que podemos hacerlo? Aprender a controlarse a sí mismo y no dejar que el enojo guíe nuestras
palabras y acciones es bueno, no dejar que se manifieste la amargura cuando hablamos con alguien
también es bueno, pero ¿creemos en verdad que por la gracia de Dios podemos no enojarnos o
estar amargados en primer instancia? (Efesios 4:31)
Cuando nos enfrentamos a nuestra propia naturaleza pecaminosa y vemos que profunda es su caída
y cuán fácil es para nosotros no alcanzar lo que anhelamos, podemos clamar en nuestros corazones:
"Querido Dios, yo sé que Tú existes y que tu Palabra es verdadera, ¡pero ayudame a creer que es
posible para mí vivir conforme a ella!" Todas las cosas buenas vienen de Dios, y las malas y todos
los problemas del pecado. Cuando recibimos fe de que en verdad podemos dejar de pecar y vivir
conforme a la Palabra de Dios, y realmente no enojarse ni amargarse, podemos tener una vida
verdaderamente buena, tal como Dios quiere que tengamos. (1 Juan 3:6-9)
¡Algo puede ocurrir en ti!
Yo, personalmente nací en una familia va a la iglesia y he sido un miembro activo toda mi vida.
Nunca tuve problemas o pensamientos de que la Biblia estaba mal o era falsa, pero llegar a una fe
para mi propia vida de que la Palabra de Dios y Su voluntad se pueden cumplir en mí, fue un gran
paso más allá de la fe de un niño que cree en lo que escucha. Este clamor de "ayuda mi incredulidad"
no solamente ocurre una vez en la vida, sino todos los días cuando encontramos el pecado y nuestra
naturaleza humana que nos impide poner en orden nuestras vidas con la Palabra de Dios y Su
voluntad.
¿Tienes fe en que la Palabra de Dios se puede cumplir en tu propia vida? ¿Crees que se pueden
volver tu vida las gloriosas palabras que lees? Cuando encontramos esta gran falta de fe en nuestras
vidas podemos clamar realmente: "¡Creo, ayuda mi incredulidad!" No es un fracaso de fe tener esta
oración en nuestras vidas, pues viene de una profunda necesidad de vivir una vida que es agradable
a Dios.

MARCOS 9:23
LBLA
Jesús le dijo: «¿Cómo si tú puedes?». Todas las cosas son posibles para el que cree.
Jesús dijo: «Para Dios todo es posible» (Mateo 19:26

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