Evangelismo como estilo de vida:
Individual y comunitario
David Decena
I. Cambio de enfoque
Por mucho tiempo el evangelismo se vio reducido a una mera invitación al servicio
dominical y nada más que eso. Pero convertirnos en una iglesia gloriosa, que aún viva
cosas mayores de las que vivió la iglesia primitiva, demanda entender nuestra
responsabilidad en el evangelismo.
Entonces, ¿por qué evangelizamos? Lo hacemos porque fuimos comisionados
por Jesús para ir y hacer discípulos de todas las naciones (Mateo 28:19 y 20). Esto
significa que el mundo nos está esperando, porque fuimos enviados a él (Juan 17:18).
Por ese mismo motivo la creación está aguardando ansiosamente a que los hijos de Dios
se manifiesten (Romanos 8:19).
Pero, ¿para qué evangelizamos? Evangelizamos para que la humanidad vuelva a
tener una relación con Dios, a través de la persona de Jesús. Él es quien restaura la
imagen original de Dios en nosotros, al aceptarlo e imitarlo, brindándonos el perdón de
nuestros pecados, la sanidad de nuestro espíritu, alma y cuerpo. Esto no solo nos
garantiza salvación después de esta vida, sino desde el mismo instante en el que lo
aceptamos y comenzamos a vivir para Él.
Todo lo que decimos anteriormente nos debería hacer ver que si hoy podemos
llamarnos seguidores de Jesús es porque un día alguien nos mostró este camino. Cuando
Pablo hablaba del cuerpo de Cristo, hacía referencia a una imagen para ejemplificar
todo lo que a nivel espiritual somos (1 Corintios 12:12). No solo vemos que cada
extremidad del cuerpo tiene una función, sino al ser un cuerpo cuya cabeza es Cristo, lo
hacemos visible a Él cuando lo proclamamos a través de nuestras vidas.
Es necesario que nuestro enfoque se cambie. El evangelismo no es una actividad
a las que unos pocos fueron llamados. Cuando en Efesios 4:11 se nombra el ministerio
del evangelista como un don dado por Cristo a quienes edificarán la iglesia, más allá de
ser un llamado restringido, quienes reciben la edificación para crecer en dicho ámbito
son todos. Eso significa que el evangelista no solo tiene que ganar a multitudes, sino
entrenar y equipar a la iglesia a través del don que tiene. De esa manera, podrá levanta a
una iglesia que viva el evangelismo como su estilo de vida.
II. Dos necesidades para una vida evangelística
Hay dos necesidades para vivir una vida evangelística. La primera es reconocer la
necesidad que tenemos de ser íntimos de Dios. El tiempo que pasamos en Su presencia
es fundamental para lo que sucederá en público (Mateo 6:6). A veces pensamos que
todo se reduce a hablar u orar por alguien. Pero no servirá de nada la expresión externa
si primeramente no cultivamos una relación cercana con el Padre, el Hijo y el Espíritu
Santo. En este proceso, conocer al Espíritu Santo y aprender a depender de su guía será
fundamental. Porque es Él quien nos guía a toda verdad (Juan 16:13), por lo cual nos
daría las palabras que decir para testificar de Jesús en los momentos más complicados
(Marcos 13:11).
La segunda necesidad es tomar riesgos en público. Porque podemos tener
intimidad con Dios, y así ser ungidos con algo poderoso para dar. Pero como la fe sin
obras es muerta, porque estas últimas evidencian la existencia de la primera,
necesitamos dar a conocer que poseemos lo que el mundo necesita. No podemos esperar
vidas transformadas sino asumimos el riesgo de dar a conocer la verdad que poseemos.
Porque, "¿cómo creerán si nadie les predica?" (Romanos 10:14). Evidentemente somos
nosotros los que debemos dar a conocer a Cristo, porque somos su cuerpo.
Cada vez que asumimos un riesgo, estamos exponiéndonos a hablar con alguien
que nos puede rechazar, orar por alguien que puede no sanarse, u hasta errarle en una
palabra de conocimiento. No debemos tener vergüenza o temor al fracaso. Muchas
veces una experiencia como las mencionadas antes nos fortalecen, y animan a darnos
cuenta que estamos aprendiendo a mostrar a Jesús en todo lugar.
III. Hablar de Jesús y mostrar a Jesús
A la hora de tener una vida evangelística hay dos formas de proceder para dar a conocer
las buenas nuevas del Reino. Hablar de Jesús, presentándolo como el Salvador y quien
puede darnos una vida nueva. Pero también mostrar a Jesús, a través de nuestras
actitudes y el poder del Espíritu Santo.
Ambas formas no son contradictorias sino complementarias. El problema es
cuando encontramos a la iglesia solo hablando, pero no demostrando nada. El apóstol
Pablo tuvo la experiencia de solo hablar al evangelizar en Atenas, y los resultados no
fueron tantos. Solo algunas personas creyeron (Hechos 17:34). Pero luego fue a Corinto
en donde, más que palabras, recurrió a la demostración del poder del Espíritu Santo (1
Corintios 2:4), y luego a Éfeso, donde provocó un tremendo avivamiento, al punto que
Hechos 19:20 dice que "la palabra del Señor crecía y se difundía con poder
arrollador". O sea, provocar un avivamiento tiene que ver con difundir las buenas
nuevas del Reino con un poder que no puede recibir argumentos contrarios. Las
palabras son contrarrestables. Pero, ¿cómo argumentar con una demostración de poder
sobrenatural que va contra toda lógica? Al permitirle al Espíritu Santo hacer un milagro
dejamos a los corazones más duros con poco de lo que agarrarse para oponerse al
evangelio de Jesús.
En conclusión, hablar de Jesús es correcto e importante. Pero mostrar a Jesús, y
evidenciar el Reino, a través de señales, milagros y prodígios, hace al evangelio
irrefutable. Quienes lo experimentan no tienden a presentar oposición a las palabras. A
veces vemos que hasta resultan hasta de una mejor plataforma con la cual ingresar a una
persona, porque ante la evidencia de una obra sobrenatural cualquier palaba en contra
queda desbaratada.
IV. Formas de evangelismo
Veamos algunas formas de evangelismo que no son contrapuestas, sino que representan
estrategias diversas que pueden ser complementadas para tener un alcance más amplio
en la tarea de ir y hacer discípulos.
a. Cruzadas de evangelismo
Las cruzadas de evangelismo son una de las formas más reconocidas de llevar adelante
esta tarea desde hace más de un siglo. Por lo general, alguien con el ministerio del
evangelista (o simplemente con pasión por las almas) organiza un evento público, en
donde se predica sobre Jesús y, usualmente, se ora para ver milagros de sanidad física,
emocional y espiritual. En estos eventos, muchos llegan por el simple hecho de querer
recibir un milagro en algún ámbito de su vida, y terminan conociendo a quien les puede
dar vida en abundancia.
A través de este método, millones han conocido a Jesús en la época
contemporánea. Su efectividad no puede ser negada, porque el Espíritu Santo ha usado
este método para generar un gran impacto en la gran mayoría de las naciones de la
tierra. Una de las contras de solo recurrir a este método, es que la iglesia no sea
entrenada por los que tienen la oficina del evangelista para salir a evangelizar a cada
persona, de cada barrio, de cada ciudad, de toda nación.
En el CFC recurrimos a este método cada vez que hacemos una Unción de
Sanidad (hasta ahora, 5 veces al año). Reuniones masivas, a cielo abierto, que han
juntado a miles de personas que van en búsqueda de un milagro.
b. Evangelismo urbano y sobrenatural
Un buen complemento a estos eventos masivos, es enseñar a la iglesia a llevar un estilo
de vida evangelístico. Por eso, veamos con más detalles qué significa tomar riesgos en
público para mostrar a Jesús. Cuando hablamos de evangelismo urbano y sobrenatural
estamos hablando de que cada discípulo de Jesús sea consciente de que cualquier lugar,
y cualquier momento, es un buen lugar y un buen momento para dar a conocer al
Salvador. En otras palabras, es entender que los púlpitos no solo están en los templos y
estadios, sino en las plazas, trabajos, facultades, escuelas y hogares. Cuando nos
volvemos conscientes de que somos poseedores de un tesoro incalculable, que puede
traer solución a las problemáticas de todos los seres humanos, comenzamos a
desafiarnos para ocupar todo momento para dar a conocer a Jesús.
Es importante desarrollar estrategias para movernos en las ciudades, y saber
aprovechar todo lugar para desenvolver los dones del Espíritu que reposan sobre
nosotros. Cuando leemos los evangelios, nos damos cuenta que Jesús usó el don de
sanidad y el don de palabra de conocimiento continuamente entre las multitudes que lo
seguían. Ambos dones deben ser tomados como claves para el desarrollo de un
evangelismo que impacte más por el poder sobrenatural, que por la grandilocuencia de
las palabras. En las pequeñas ciudades, y más aún en las grandes (en las que a veces se
encuentra poca apertura al evangelio del Reino), la manifestación del Espíritu Santo es
una necesidad para demostrar que portamos algo genuino del cielo.
Sanar a los enfermos
Permitirle al Espíritu Santo sanar en cualquier lugar público o privado en el que nos
encontremos, puede desatar una ola de salvación sobre los que están presentes. Cuando
desafiamos nuestra fe al punto de hacer normal algo sobrenatural como la sanidad, la
recompensa es inmensa. Jesús dijo nosotros, sus discípulos, pondríamos las manos
sobre los enfermos, y estos sanarían. Por eso, si tenemos una relación con Dios, solo nos
falta osadía para orar por las enfermedades físicas de la gente que lo necesita en
cualquier ámbito. Veamos algunos pasos prácticos que nos pueden servir para orar por
sanidad, evangelizando:
1. Presentación: Presentarse a la persona, diciéndole quiénes somos y preguntándole su
nombre. Muchos arrancan a hablar con un discurso prefabricado, cuando lo principal es
poder obtener la confianza de la persona.
2. Interiorizarnos: Hay tres posibilidades cuando nos acercamos a orar por un enfermo
en cualquier lugar. a) Vimos que tenía un problema evidente (rengo, ciego, en silla de
ruedas, etc). b) Tenemos una palabra de conocimiento específica sobre su enfermedad
(lo veremos mejor más adelante). c) Nos enteramos que tiene una dolencia física cuando
le preguntamos si tiene algún ámbito en el que quisiera la intervención de Dios.
Cualquiera de las tres opciones requiere que nos interioricemos. Y para eso será
fundamental preguntarle a la persona en qué consiste su enfermedad y desde cuando la
tiene, para que la persona sepa que nos interesamos por el sufrimiento que ha venido
cargando.
3. Diagnóstico y selección de la oración: Es importante discernir el origen de la
enfermedad o problema que tiene quien recibirá oración. En base a la conclusión que
saquemos, podremos seleccionar el tipo de oración. Quizás su origen es un espíritu de
aflicción que debe ser expulsado. O una maldición generacional, que se manifiesta
como una causa genética, y debe ser rota. También puede ser por problemas
psicosomáticos, por causas naturales (como accidentes), o problemas por el estilo de
vida que lleva el individuo. Cuando la causa tiene que ver con falta de perdón hacia una
persona, la oración tiene que llevarlo a perdonar. Si es un espíritu, se lo debe echar. Pero
el resto de las causas demandan de una oración de autoridad, que le hable directamente
a la zona afectada. Jesús no oraba pidiéndole al Padre la sanidad. Si no que, tomando
autoridad, le ordenaba a la parte del cuerpo afectada que sea sana. Nosotros, que
tenemos al Espíritu Santo, en el nombre de Jesús podemos hacerlo.
4. Orar por un efecto: Luego de seleccionar la oración, procedemos a orar buscando
un efecto en el ahora. La falta de osadía muchas veces nos hace patear la observación
del resultado. Pero si hay posibilidad de comprobar instantáneamente un cambio,
debemos buscar hacerlo.
5. Volver a entrevistar: Luego de la oración, le pedimos a la persona que se revise y
sea sincero respecto a si siente algún cambio. Si no hay cambio, podemos volver a orar
por su problema. Y si la situación luego sigue igual, podemos pedirle al Espíritu Santo
que nos guíe a un diagnóstico más acertado del origen de la enfermedad, para volver a
orar.
Saber lo que solo Dios sabe
La palabra de conocimiento es otro don fundamental para movernos en un evangelismo
de poder. ¿De qué hablamos cuando hablamos de palabras de conocimiento?
Sencillamente de saber uno o más datos de una persona, sobre su pasado o presente, que
no podríamos saber por medios humanos. Este don de revelación hace ver a la persona
que recibe la palabra que Dios lo ama y tiene un propósito en Él.
¿Cómo podemos recibir una palabra de conocimiento? Veamos algunas
maneras: (1) Mediante la voz de Dios, hablándonos audiblemente o en nuestro interior.
Aunque una de las formas más usuales es la palabra de Dios hablando en nuestro
interior, muchos hijos de Dios no saben distinguirla. Debemos pedir al Espíritu Santo
que nos haga conocer su voz, para ser dependientes de ella. (2) Mediante una visión,
abierta o interna. La visión interna es una forma muy usual de recibir una palabra,
aunque muchos cristianos la ignoran al ser como una rápida ilusión que viene y se va.
(3) Mediante lo que sentimos en el cuerpo. Muchas veces sentimos un dolor puntual
en una parte del cuerpo, como una palabra de conocimiento respecto al lugar de la
dolencia de otra persona. Por ejemplo, jamás sufrimos de dolores en los riñones, y de
pronto aparecen. (4) Mediante otro sentido. A pesar de que las tres formas citadas con
anterioridad, suelen ser las más usuales, todos nuestros sentidos físicos tienen su contra
parte espiritual. Por eso, por ejemplo, a través del olfato podemos tener una palabra
sobre lo que está sucediendo o sucedió en un lugar determinado.
Cuando tenemos una palabra de conocimiento en el contexto de evangelizar es
bueno tener el tacto para saber comunicarla, y así revelar el corazón de Dios a la otra
persona, en una demostración de su poder. Supongamos que tenemos una palabra de
ciencia que escuchamos internamente sobre una persona con problema de meniscos en
su rodilla izquierda. La pregunta sería: ¿para quién es la palabra? Muchas veces
sentimos directamente para quien es, y otras veces no. Por eso lo más sensato es que al
ir una persona con una palabra de conocimiento, y luego de presentarnos a ella,
podamos decirle: ¿Puede ser que tenés problemas en la rodilla izquierda? Si la
persona responde afirmativamente, podríamos dar más detalles: ¿Puntualmente en los
meniscos? Luego de la afirmación, le contamos que conocemos a un Jesús que tiene el
poder para sanar de manera sobrenatural cualquier problema o enfermedad. Y, luego, sí
nos da permiso oramos de manera sencilla por esa rodilla, con la seguridad de que si
Dios nos dio la palabra, también hará el milagro.
Tips para orar en lugares públicos
Algo importante que aprendemos haciendo evangelismo en lugares públicos, es que a
veces oramos de un modo que tiende a asustar a la gente. Sabemos que Dios no tiene
problema con el modo en el que hacemos nuestras oraciones, porque siempre las
escucha y las acepta. Pero es importante que la persona que tenemos al frente nuestro la
vea lo más natural posible. Por eso estos son algunos consejos para orar por una persona
en un lugar público:
(1) Orar sin gritar: Cuando oramos por sanidad es importante no hace mucho ruido. El
volumen de nuestro oración no es sinónimo de autoridad, sino que a veces hasta
representa lo contrario. La fe es intangible, y es ella la que mueve montañas y lleva a
Dios a hacer lo imposible en la vida de alguien.
(2) Orar de manera simple: A veces usamos un lenguaje totalmente ajeno a la realidad
de la gente para orar. Es importante que nuestra oración por sanidad, o por el problema
que la persona en el lugar público tenga, se simple. Al hacerlo, nos dirigimos al
problema o la enfermedad y le ordenamos en el nombre de Jesús que desaparezca.
Podemos pedirle también al Espíritu Santo que llene su vida y lo lleve a experimentar su
poder.
(3) Orar con los ojos abiertos: Suele ser más ameno orar con los ojos abiertos por la
persona, ya que la mayoría de ellos no cerrarlos cuando vamos a orar. Además, en
ningún lado de la Biblia dice que es una necesidad hacerlo para ver un milagro (salvo
que nos falte alguna porción de la Palabra).
(4) Cuidado con las manos: Otra cuestión importante, para no hacer sentir incomoda a
la persona, es dónde ponemos nuestras manos. Lo mejor es que si buscamos ponerlas en
el lugar del problema o de la enfermedad, pidamos permiso. Si el lugar es indiscreto,
poner la mano en el hombro, o pasarle la mano, suelen ser los lugares menos incómodos
para la persona nueva.
c. Evangelismo estratégico
Como iglesia hemos ido desarrollando distintas modalidades de evangelismo, pero una
de las primeras, y que más frutos ha dado, es el evangelismo estratégico (en el CFC le
solemos decir Cosecha). En este modo lo que solemos hacer es trabajar
estratégicamente en torno a un barrio seleccionado. Por lo general, un grupo
determinado (una red de células o un ministerio de la casa) comienza a realizar salidas
de evangelismo en el barrio elegido, que pueden ir de 1 sola vez por mes, hasta 1 vez
por semana (más si hay grupos pequeños o células establecidos en dicho barrio). En el
barrio elegido, se trabajará con un mapa del mismo, y se irá recorriendo casa por casa,
preferentemente con parejas o máximo 3 personas. Por lo general, a la gente les intimida
la multitud.
Según las manzanas del barrio, se dividirá en la gente que hay. Y las parejas irán
casa por casa hablándoles de Jesús, sanando cualquier enfermedad, bendiciendo las
casas y orando por cualquier motivo que la persona tenga. Es fundamental que para
lograr cualquiera de los sucesos descritos anteriormente, entrenemos a la gente en
cuanto a qué decir. Uno de los problemas más grandes que solemos encontrar es que
aquellos que van a evangelizar van con un discurso memorizado, que es muy fácilmente
rechazable. Cuando llegamos a una casa, siempre lo mejor es empezar presentándonos,
para luego contarle lo que Jesús hizo en nosotros. A veces no vemos lo valioso que es
nuestro testimonio, pero es una profecía en sí misma que despierta en el otro la
curiosidad de conocer al Dios al que servimos.
Si nos aceptaron en la casa, y quieren ser visitados, al instante anotamos sus
datos principales para luego derivarlo a un líder que se hará cargo de dicha persona. Eso
lo marcamos en el mapa, para no evangelizar de nuevo allí. Si no nos aceptan en la casa,
la marcamos en el mapa también, pero aclarando que no aceptó a Jesús, porque
trataremos de volver a hablarle el próximo mes. Tenemos muchos casos que han llegado
a Jesús solo a causa de la insistencia.
Una herramienta muy útil para el evangelismo estratégico, es hacer lo que
denominamos cartografía espiritual. En resumidas palabras se trata de hacer un mapeo
y un registro de todos los sucesos vinculados a la oscuridad y al pecado que reinan
sobre el barrio que estamos buscando conquistar para Jesús. Eso no solo nos llevará a
pedir discernimiento espiritual, sino también a investigar el pasado e indagar sobre el
presente. Una vez que tenemos esa información, podemos ponernos de acuerdo para
hacer guerra espiritual contra todo espíritu territorial que está operando sobre ese barrio.
Nuestra experiencia con esto muestra que los cielos se abren facilitando el evangelismo
sobre los barrios en los que se hace guerra con conciencia.
d. Evangelismo creativo o de impacto
Esta modalidad de evangelismo está pensada para realizar de manera grupal. La idea es
que mediante distintas formas llamemos la atención en un sector de la ciudad, o en toda
la ciudad, demostrando el amor de Dios. Cuando recurrimos a esta modalidad de
evangelismo solemos hacer carteles con mensajes que revelan lo mucho que Dios nos
ama y también mensajes que trasmiten esperanza. De ese modo, en grupos, salimos a
los semáforos, a las peatonales, y a las plazas. También recurrimos a canciones, bailes,
pintura, y distintas expresiones artísticas para mostrar el amor de Dios. Sumado a esto,
buscamos mostrar su amor sirviendo a otros gratuitamente. Para eso lavamos autos
gratis, regalamos comida o chocolates, pagamos el pasaje a la gente en sus colectivos,
quienes saben cortar el pelo, lo hacen gratis, y hasta ayudamos a cargar las bolsas a los
ancianos del supermercado.
Dentro de este esquema, hemos desarrollado algo que denominamos salidas de
honra. En dichas salidas nos ocupamos de agasajar, con comida, regalos o
reconocimientos en placa, a instituciones públicas o a entes que trabajan por el bien de
las comunidades, y jamás reciben agradecimiento y valoración. Por ejemplo, a una
comisaría, a la estación de bomberos, a los concejales de la ciudad, a quien está en el
lugar de gobierno, a los que juntan la basura, a los trabajadores de la salud de un centro
médico, etc.
Toda esta creatividad desplegada en un barrio o en la ciudad, genera un impacto
en muchos sentidos. Y la gente realmente puede verse desbordada por las actitudes de
honra y amor que mostramos. Esto directamente los lleva a reconocer que el Jesús al
cual servimos tiene algo especial que a ellos les falta.