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Webada de Tarea

La autoestima es la valoración de la identidad personal, influenciada por interacciones sociales y experiencias, y se desarrolla a lo largo de la vida. Se clasifica en alta o baja, afectando la capacidad de enfrentar retos y la percepción de uno mismo, y se compone de componentes afectivos, conductuales y cognitivos. La autoestima se diferencia del autoconcepto, siendo este último la descripción que una persona hace de sí misma, mientras que la autoestima es la valoración de esa descripción.
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La autoestima es la valoración de la identidad personal, influenciada por interacciones sociales y experiencias, y se desarrolla a lo largo de la vida. Se clasifica en alta o baja, afectando la capacidad de enfrentar retos y la percepción de uno mismo, y se compone de componentes afectivos, conductuales y cognitivos. La autoestima se diferencia del autoconcepto, siendo este último la descripción que una persona hace de sí misma, mientras que la autoestima es la valoración de esa descripción.
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La autoestima es la valoración que hacemos de nuestra identidad, basada en una

combinación de atributos físicos, mentales y espirituales que forman nuestra personalidad.


Este concepto es susceptible de aprendizaje, ajuste y mejora, y está estrechamente
relacionado con el desarrollo global de la personalidad. Rice (2000) define la autoestima
como un rasgo de carácter que se basa en la autoevaluación, se considera una
característica intrínseca del ser humano, que se desarrolla a través de la interacción social y
las experiencias con otras personas y el entorno, se cultiva a través de las relaciones
interpersonales, donde las personas se valoran entre sí. Esta autoevaluación se refleja en
pequeños logros, reconocimientos y éxitos. Según Maslow, citado por Santrock (2002),
aunque muchas personas puedan poseer una autoestima alta, raramente alcanzan la plena
autorrealización.

Xavier Deme (2004) señala a Abraham Maslow como un destacado representante de la


psicología humanista que explica el papel de la autoestima en la vida de las personas a
través de su conocida jerarquía de necesidades, Maslow distingue entre dos tipos de
necesidades de estima: la autoestima interna y la que se deriva de la evaluación de los
demás, ubicándolas por encima de las necesidades básicas, de seguridad y de amor y
pertenencia.

La teoría de autoevaluación de James (citado por Lefrancois) sugiere que el valor personal
se determina por la diferencia entre el yo ideal (cómo se desea ser) y el yo real (cómo se
percibe ser). La autoestima aumenta a medida que el yo real se acerca al yo ideal.

Cooley (citado por Lefrancois) argumenta que la autoestima está directamente influenciada
por lo que uno cree que los demás piensan de él. La percepción de valor personal se refleja
en la forma en que los demás se comportan hacia uno; si la gente evita a alguien, este se
percibe como menos valioso, mientras que, si busca su compañía, se considera de mayor
valor.

Varios autores y teorías coinciden en que la autoestima se clasifica como alta o baja
dependiendo de las características discursivas de la persona, su forma de interactuar con el
entorno y su reacción a situaciones importantes. Martínez (2010) y la Biblioteca Práctica de
Comunicación (2002) sostienen que una autoestima alta se caracteriza por una actitud
positiva hacia uno mismo, una mayor capacidad de compromiso y responsabilidad, y una
motivación para enfrentar nuevos retos y cumplir metas. Las personas con alta autoestima
son más autónomas, manejan mejor las críticas y la frustración, y reconocen tanto sus
errores como sus aciertos. En contraste, una baja autoestima se asocia con dificultades
para enfrentar problemas, una tendencia hacia la tristeza, preocupación, inseguridad y
autocríticas destructivas. Estas personas suelen evitar compromisos y responsabilidades
nuevas, presentan escasas habilidades sociales y un estado de ánimo generalmente bajo.

Al considerar la autoestima como una necesidad, se puede vincular con la pirámide de


necesidades de Abraham Maslow, en la cual la autoestima es vista como una necesidad
afectiva o social y como una necesidad de reconocimiento, subrayando su importancia en el
desarrollo psicológico. La necesidad de vivir en comunidad y de tener un "otro" que apoye la
autoestima es crucial para la adaptación al entorno.

Martínez (2010) identifica varios componentes en la formación de la autoestima:


● Componente afectivo: La respuesta emocional que uno percibe de sí mismo.
● Componente conductual: Las intenciones al actuar, basadas en la autoevaluación
y la disposición para realizar ciertas actividades.
● Componente cognitivo: Las representaciones, creencias, ideas y descripciones
que uno tiene sobre sí mismo en diferentes aspectos de la vida.

Es fundamental que en el proceso de valoración de la autoestima se integren estos tres


componentes, ya que son esenciales para su formación y consolidación en los seres
humanos. Según la Biblioteca Práctica de Comunicación (2002), el desarrollo de la
autoestima está influenciado por varios factores que pueden determinar su carácter positivo
o negativo. Estos factores son:

● Vinculación: Los seres humanos, siendo inherentemente sociales, tienen la


necesidad de establecer relaciones con otros y sentirse parte de distintos contextos,
como el familiar, social, educativo o laboral. Es crucial recibir reconocimiento de los
demás, lo cual se manifiesta a través de la preocupación, seguridad, comprensión,
aceptación, afecto, escucha e inclusión que los otros brindan.

● Singularidad: Este factor está relacionado con la percepción de uno mismo como
único y especial, sin importar las similitudes con otras personas cercanas, ya sean
familiares, amigos o conocidos. La singularidad se fomenta cuando la persona tiene
la libertad de expresarse de manera individual sin imponerse sobre los demás. La
creatividad y la imaginación son elementos clave para lograr esta distinción
personal.

● Poder: Este aspecto se refiere a la confianza en las propias capacidades y la


creencia en la habilidad para alcanzar los objetivos. También abarca el control
personal en situaciones que pueden causar irritación, estrés o frustración, reflejando
la capacidad de manejar estos desafíos.

Desarrollo de la Autoestima y Diferenciación con el Autoconcepto

La Biblioteca Práctica de Comunicación (2002) sostiene que la autoestima constituye una


base fundamental para que las personas desarrollen una vida autónoma y responsable
desde una edad temprana. Su desarrollo es un proceso gradual que se extiende a lo largo
de toda la vida, comenzando en la infancia y continuando a través de las diferentes etapas
del ciclo vital, como se detalla a continuación:

Etapa del Sí Mismo Primitivo: Esta etapa abarca desde el nacimiento hasta
aproximadamente los dos años. Durante este período, el niño establece una relación
primaria con su figura cuidadora, que generalmente es la madre. Con el tiempo, el infante
empieza a diferenciarse de los demás y a adquirir autoconsciencia, reconociéndose en el
espejo como una entidad distinta de su madre, quien satisface sus necesidades.

Etapa del Sí Mismo Exterior: Desde los dos años hasta aproximadamente los doce, esta
etapa es crucial para la formación de la autoestima. Las experiencias de éxito y fracaso, así
como la retroalimentación de los padres, influyen significativamente en la percepción que el
niño desarrolla de sí mismo. Entre los ocho y nueve años, el niño empieza a definir su
identidad y a experimentar sentimientos de orgullo o vergüenza basados en características
psicológicas que ya puede identificar y que los demás también perciben. Estos sentimientos
tienden a ser persistentes y difíciles de cambiar en etapas posteriores, por lo que es vital
que los educadores manejen adecuadamente los castigos y refuerzos y mantengan una
autoestima saludable, ya que son modelos importantes para los niños.

Etapa del Sí Mismo Interior: A partir de los doce años, la persona inicia un proceso de
búsqueda y definición de su identidad. Durante esta fase, conocida por la adolescencia,
surgen cambios cognitivos que afectan el autoconcepto, ya que este sigue siendo
moldeable y susceptible a la autoevaluación crítica y la influencia social. Los adolescentes
se vuelven más conscientes del impacto de sus acciones en su entorno, viendo a los demás
como un reflejo (a veces distorsionado) de sí mismos.

Autoconcepto vs. Autoestima

Es importante distinguir entre autoestima y autoconcepto, ya que, aunque a menudo se


mencionan conjuntamente en la literatura, representan aspectos diferentes del ser humano.
El autoconcepto, según Martínez (2010), se refiere a los elementos que una persona utiliza
para describirse a sí misma, y forma la base sobre la cual se construye la autoestima. El
autoconcepto está influenciado por la cultura, el entorno, las interacciones sociales, la
crianza, el lenguaje, las costumbres y todas las experiencias externas e internas que
moldean a la persona.

La forma en que una persona se describe y se percibe a sí misma (autoconcepto) refleja,


aunque de manera inconsciente, su percepción del mundo, apoyada en su autoestima
(Oñate, 1989). Mejía, Pastrana y Mejía (2011) argumentan que tanto el autoconcepto como
la autoestima son cruciales para el sentido de identidad personal, ya que ambos
proporcionan marcos de referencia para interpretar la realidad externa y las experiencias
individuales.

Aunque los términos autoconcepto y autoestima a menudo se confunden, Martínez (2010)


señala que la principal diferencia radica en que el autoconcepto se refiere al conjunto de
elementos que una persona utiliza para describirse a sí misma, mientras que la autoestima
es la valoración que se hace de esa información y está influenciada por los sentimientos
que la persona tiene hacia sí misma.

El autoconcepto se refiere a la definición que una persona crea sobre sí misma, basada en
construcciones mentales de lo que cree que es. Implica un pensamiento reflexivo acerca del
"yo" de cada individuo (Lefrancois, 2005). Por otro lado, la autoestima se deriva del
autoconcepto y se basa en la valoración de ese "yo"; en otras palabras, para evaluar algo,
primero se debe tener una idea o conciencia de las características personales.

Block y Robins (citados por Lefrancois, 2005) destacan que una diferencia adicional entre
estos conceptos es que el autoconcepto tiende a ser relativamente estable, mientras que la
autoestima puede fluctuar en función de las experiencias, especialmente durante la infancia.
Además, algunos aspectos del autoconcepto no son evaluativos, sino que se relacionan con
nociones abstractas y cognitivas del "yo", como las fantasías y los ideales sobre uno mismo.
Lefrancois (2005) explica que, aunque el término "yo" es complejo de definir, se puede
entender como la conciencia de las propias características, que se equipara al concepto de
autoconcepto, subrayando nuevamente que hay aspectos evaluativos en esta noción del
"yo" (autoestima).

Componentes de la autoestima

Según Gastón de Mézerville (2004), la autoestima está compuesta por varios aspectos
interrelacionados. En su modelo del "proceso de la autoestima", presenta dos dimensiones
complementarias: una actitudinal y una conductual. La dimensión actitudinal incluye tres
componentes: la autoimagen, la autovaloración y la autoconfianza. La dimensión conductual
se compone de otros tres: el autocontrol, la autoafirmación y la autorrealización. A
continuación, se ofrece una descripción de cada componente según el enfoque de este
autor.

● Autoimagen
La autoimagen se refiere a la capacidad de verse a uno mismo con sus virtudes y
defectos. Una autoestima saludable implica estar consciente de las propias fallas sin
esperar la perfección. La autoimagen no es estática; evoluciona con base en las
experiencias pasadas y las expectativas futuras. Los problemas de autoestima
suelen asociarse con una autoimagen negativa, aunque una percepción exagerada
de superioridad también puede indicar una pseudoautoestima. Según Branden,
citado por de Mézerville (2004), “la arrogancia y la sobreestimación de nuestras
capacidades reflejan una autoestima equivocada más que un exceso de
autoestima”.

● Autovaloración
La autovaloración implica que una persona se perciba como valiosa tanto para sí
misma como para los demás. Relacionada con la autoaceptación y el autorespeto, la
autovaloración se basa en una apreciación positiva de uno mismo. Branden, citado
por Mézerville (2004), describe la autovaloración como “la confianza en nuestro
derecho a triunfar y a ser felices, el sentimiento de ser respetable y digno, y el
derecho a afirmar nuestras necesidades y alcanzar nuestros principios morales”.

● Autoconfianza
La autoconfianza se caracteriza por la creencia en la capacidad para realizar
diversas tareas con éxito y sentirse seguro en ese proceso. Esto contribuye a una
buena autoestima y facilita la interacción social espontánea. La autoconfianza
impulsa a buscar oportunidades para demostrar y aplicar las propias habilidades. La
meta es desarrollar una actitud realista hacia las propias capacidades y disfrutar del
proceso de superación personal.

● Autocontrol
El autocontrol se refiere a la capacidad de manejarse adecuadamente en aspectos
personales, manteniendo un dominio propio y una buena organización en la vida.
Incluye el autocuidado, la autodisciplina y la capacidad para gestionar las propias
emociones y hábitos. Las personas con baja autoestima suelen tener dificultades en
estas áreas, lo que se manifiesta en desorganización y falta de habilidad para
alcanzar metas. La meta en este aspecto es adoptar prácticas adecuadas de
cuidado personal y comportamiento disciplinado.

● Autoafirmación
La autoafirmación es la capacidad de ser uno mismo y tomar decisiones con
autonomía y madurez. Implica expresar abiertamente pensamientos, deseos y
habilidades, y se relaciona con la autodirección y la asertividad. Las personas con
baja autoestima pueden evitar expresar sus opiniones por miedo al rechazo,
mientras que quienes tienen una autoestima saludable buscan formas de expresar
sus ideas y habilidades, incluso si enfrentan desaprobación. La meta es encontrar
maneras saludables de expresar las propias ideas y actuar de manera autónoma,
evitando la dependencia excesiva o la autosuficiencia exagerada.

De acuerdo con Mézerville, el último componente de la autoestima es la autorrealización,


que se refiere al desarrollo y la expresión plena de las capacidades individuales. Este
proceso permite a la persona llevar una vida satisfactoria y significativa, tanto para sí misma
como para los demás. La autorrealización implica la búsqueda de metas que formen parte
de un proyecto vital personal.

Las personas con una autoestima saludable suelen manifestar dos características clave en
su camino hacia la autorrealización. Primero, buscan metas que sean verdaderamente
significativas para ellos. Segundo, estas metas les permiten proyectarse y generar
beneficios para sí mismos y para quienes les rodean, obteniendo así una satisfacción
genuina de sus logros.

En contraste, aquellos con baja autoestima tienden a sentir una falta de realización personal
y perciben su vida como estancada. Esta sensación de estancamiento suele estar vinculada
a la incapacidad de cumplir con sus aspiraciones personales.

Para alcanzar la autorrealización, es fundamental que una persona explore diversas áreas
de interés, habilidades y compromisos que le resulten importantes. Esto implica descubrir lo
que realmente da sentido a su vida, desarrollar sus habilidades y establecer metas que
faciliten la realización plena de su existencia.

Alta y Baja Autoestima: Factores Vinculados y Características

Eisenberg y Patterson (1981) identifican una serie de comportamientos asociados tanto con
la alta como con la baja autoestima. Estos incluyen expectativas hacia el futuro, asertividad
personal, estrategias para enfrentar el estrés, locus de control, disposición para asumir
riesgos, temor al fracaso y nivel de aspiraciones. A continuación, se exploran estos
comportamientos en relación con la autoestima.

La primera razón por la que estos temas son relevantes es que la autoestima de una
persona no es visible directamente; más bien, se infiere a partir de su conducta. Los
patrones de conducta ofrecen pistas para realizar conjeturas sobre el nivel de autoestima.
Además, algunos comportamientos pueden parecer inusuales a primera vista, pero al
conectarlos con la autoestima subyacente, se puede entender mejor su significado.
Coopersmith, citado por Eisenberg y Patterson (1981), argumenta que personas con alta,
media y baja autoestima tienen expectativas diferentes para el futuro, muestran distintos
grados de asertividad y utilizan diversos estilos para manejar el estrés.

Las personas con alta autoestima suelen enfrentar las tareas y las interacciones con una
expectativa positiva, confiando en sus percepciones y juicios. Creen en su capacidad para
dirigir sus esfuerzos hacia resultados favorables y tienen una actitud positiva hacia sus
propias opiniones y conclusiones. Esta confianza les permite aceptar críticas y explorar
nuevas ideas. Su autoestima alta también les lleva a ser más independientes y
participativos en grupos, así como a expresar sus opiniones con seguridad, incluso si esto
podría llevar a una recepción negativa.

Molina, Baldares y Maya (1996, p. 30) describen a las personas con alta autoestima como
individuos que se valoran a sí mismos sin considerarse superiores a los demás. Estas
personas tienen una buena auto-percepción, conocen sus cualidades y defectos, y aceptan
sus errores como parte de la condición humana. Según Jourard y Landsman (1987), una
personalidad saludable —frecuentemente asociada con alta autoestima— se caracteriza por
la inteligencia, el respeto por la vida, el crecimiento personal y la capacidad de amar a uno
mismo y a los demás.

Eisenberg y Patterson (1981) también señalan que las personas con alta autoestima son
optimistas y realistas acerca de su potencial, tienen una imagen precisa de sus habilidades,
sienten orgullo de sus logros y aceptan sus limitaciones sin culpa. Rubin, citado por Borden
y Stone (1982), llama a estas personas "ganadoras", ya que logran una vida más plena y
gratificante, destacándose en todas las áreas de su existencia.

Características adicionales de las personas con alta autoestima incluyen su capacidad para
disfrutar tanto de la soledad como de la compañía de otros, su felicidad general, su
habilidad para tomar decisiones y mantener la independencia sin someterse o rebelarse, y
su capacidad para dar y recibir amor. También tienden a perdonar más fácilmente, gozar de
su individualidad, y aportar entusiasmo en diversas áreas de su vida.

Por otro lado, una persona con baja autoestima suele experimentar una gran inseguridad.
Según Satir (1980), basa su autoestima en lo que cree que los demás piensan de ella, lo
cual afecta su autonomía e individualidad. Estas personas pueden intentar ocultar su baja
autoestima presentando una fachada falsa, lo que puede generar ansiedad y tensión.

Rosenthal y Simeonsson, citados por Rice (2000), indican que las personas con baja
autoestima tienen una identidad inestable y son extremadamente vulnerables a la crítica y al
rechazo. Su inseguridad las lleva a evitar situaciones que podrían exponerlas al ridículo y a
sentirse profundamente perturbadas por cualquier percepción negativa que otros puedan
tener de ellas.

Santrock (2002) menciona que la baja autoestima puede ser temporal en algunos
estudiantes, pero en otros casos puede llevar a problemas más serios, como bajo
rendimiento académico, depresión y delincuencia, especialmente cuando se combina con
dificultades escolares o problemas familiares.
Las personas con baja autoestima tienden a tener una gran preocupación por sus
problemas internos, lo que las distrae de atender a otros y puede limitar sus relaciones
sociales. Coopersmith, citado por Eisenberg y Patterson (1981, p. 70), observa que estas
personas carecen de confianza en sí mismas y evitan la exposición, prefiriendo mantenerse
en la sombra del grupo social.

Molina (1996) señala que las personas con baja autoestima pueden mostrar
comportamientos emocionales como agresividad, timidez, alarde, impaciencia y
perfeccionismo, lo que puede generar conflictos interpersonales.

Branden, citado por de Mézerville (2004), relaciona la baja autoestima con la irracionalidad,
la rigidez ante lo nuevo y la conformidad o rebeldía inadecuada. La autoestima baja puede
llevar a una actitud de autodesprecio y autodestrucción, donde una persona puede
renunciar a la felicidad incluso tras alcanzar logros, sintiéndose indigno de ella.

De acuerdo con García (2005), las actitudes comunes que suelen indicar una baja
autoestima incluyen:

● Autocrítica Severidad y Excesiva: La persona con baja autoestima se mantiene en


un estado de insatisfacción constante consigo misma debido a una crítica interna
excesiva. Esta autocrítica puede ser tan severa que impide disfrutar de logros y
mantener una autoimagen positiva.

● Hipersensibilidad ante la Crítica: Estas personas reaccionan de manera exagerada a


las críticas, sintiéndose profundamente atacadas o heridas. A menudo, descargan la
culpa de sus fracasos en los demás o en las circunstancias, y tienden a cultivar
resentimientos persistentes hacia quienes perciben como críticos.

● Indecisión Crónica: No se trata de falta de información, sino de un miedo exagerado


a cometer errores. Esta indecisión crónica puede paralizar a la persona, evitando
que tome decisiones importantes o actúe con confianza.

● Deseo Innecesario de Complacer: La persona evita decir "no" por miedo a


desagradar y a perder la aprobación de los demás. Este deseo de complacer puede
llevarla a comprometerse con cosas que no desea o que no son beneficiosas para
ella.

● Perfeccionismo: La autoexigencia extrema de hacer todo de manera perfecta puede


ser abrumadora. Cuando las cosas no salen como se esperaba, la persona
experimenta un colapso interno, sintiendo que no ha alcanzado el estándar de
perfección que se impuso.

● Culpabilidad Neurótica: Se acusa y se condena a sí misma por comportamientos que


suelen ser incorrectos, exagerando la magnitud de sus errores y lamentándose
indefinidamente sin llegar a perdonarse completamente.

● Hostilidad o Irritabilidad: La persona con baja autoestima puede mostrar una actitud
hostil o irritable, explotando incluso por asuntos menores. Esta hostilidad suele ser
característica de alguien que se siente constantemente decepcionado y que nada le
satisface.

● Tendencias Defensivas: Se manifiestan a través de un negativismo generalizado y


una incapacidad para disfrutar de la vida. La persona puede tener dificultades para
experimentar alegría y puede estar constantemente a la defensiva, adoptando una
visión pesimista de la vida.

Estas actitudes son reflejos de la baja autoestima y pueden afectar significativamente la


calidad de vida y las relaciones interpersonales. La conciencia y el trabajo en estos patrones
pueden ser esenciales para mejorar la autoestima y el bienestar general.

Influencia de Personas Significativas:

Verdad y Realidad Social: Según Jourard y Landsman (1987), la realidad y la verdad de una
persona están profundamente influidas por las percepciones y opiniones de quienes se
consideran significativos. Esto implica que nuestras creencias sobre nosotros mismos a
menudo se basan en cómo otros nos perciben, más que en una autoevaluación
independiente.
Efecto de Opiniones y Juicios: Las creencias que una persona tiene sobre sí misma pueden
ser moldeadas por lo que otros dicen y cómo estos perciben su valor. La opinión de
personas significativas puede invalidar los juicios propios, haciendo que se pierda la
perspectiva personal.

Agencias y Agentes de Socialización:

Agencias de Socialización: Las instituciones como la familia, las escuelas y los medios de
comunicación juegan roles importantes en el desarrollo de la autoestima. Estos entornos
proporcionan las primeras experiencias y normas que forman la base del autoconcepto.
Agentes de Socialización: Los individuos que actúan como agentes de socialización
(padres, hermanos, maestros, amigos) moldean la conducta y el autoconcepto de una
persona a través de su influencia directa y sus reacciones. Estos agentes pueden ejercer
control social mediante críticas o elogios, que afectan la autoevaluación de la persona.
Influencia Familiar

Relaciones Familiares:

Calidad Afectiva: La calidad de las relaciones familiares está estrechamente vinculada con
los niveles de autoestima. Robinson en Rice (2000) indica que una relación positiva con los
padres, caracterizada por la intimidad, el apoyo y la aceptación, contribuye a una
autoestima alta.
Características de los Padres: Los padres que premian la autonomía, son flexibles,
comunicativos y ofrecen apoyo incondicional tienden a fomentar una autoestima favorable
en sus hijos.

Influencia de los Iguales

● Compañeros en el Contexto Educativo:


Apoyo y Aprobación: La aprobación y el apoyo de los compañeros de clase son
determinantes críticos del sentido de valor personal. La exclusión o descalificación
por parte de los compañeros puede llevar a una baja autoestima.
Impacto en la Autoestima: La percepción de aceptación o rechazo por parte de los
iguales tiene un impacto significativo en la autoestima de los estudiantes. El apoyo y
la inclusión en el grupo pueden reforzar una autoimagen positiva.

● Influencia del Personal Docente:


Relación con los profesores: El apoyo y la relación positiva con los profesores
influyen en la autoestima de los estudiantes. Un entorno educativo en el que los
docentes brindan apoyo y muestran interés en el bienestar de los estudiantes
contribuye a una mayor autoestima.
Aspectos Afectados: La relación positiva con el personal docente no solo afecta la
autoestima, sino también aspectos como la competencia social, las actitudes hacia
la escuela y el rendimiento académico.

Las distorsiones cognitivas son patrones de pensamiento erróneos o sesgados que afectan
la forma en que interpretamos y respondemos a las experiencias. Estas distorsiones pueden
tener un impacto significativo en la autoestima y en el bienestar emocional general. A
continuación, se presenta un resumen de las principales distorsiones cognitivas, basadas en
los trabajos de Beck, Ellis, y otros investigadores, y su relación con la autoestima:

Distorsiones Cognitivas

Pensamiento Absolutista (Todo o Nada):


Descripción: Tendencia a ver las experiencias en términos extremos, sin matices. Todo se
clasifica como bueno o malo, perfecto o un desastre.
Ejemplo: "O soy una persona perfecta o soy un fracaso total."
Impacto en la Autoestima: Este pensamiento puede llevar a una autoevaluación rígida y
poco realista, contribuyendo a una autoestima inestable.

Sobregeneralización:
Descripción: Sacar conclusiones generales a partir de hechos aislados y aplicarlas a todas
las situaciones.
Ejemplo: "Siempre estaré solo/a como esta tarde" o "Soy indeseable".
Impacto en la Autoestima: Las conclusiones negativas generalizadas pueden hacer que una
persona sienta que no tiene valor, independientemente de las circunstancias específicas.

Filtro Mental o Abstracción Selectiva:


Descripción: Enfocarse exclusivamente en los aspectos negativos de una situación mientras
se ignoran los positivos.
Ejemplo: Notar solo un pequeño error en un trabajo bien hecho, o considerar que la vida es
una calamidad por un problema afectivo, a pesar de tener una buena situación laboral.
Impacto en la Autoestima: Este sesgo puede llevar a una visión desproporcionada de los
logros y fracasos, afectando negativamente la autoestima.
Personalización:
Descripción: Atribuirse la responsabilidad de eventos externos o suponer que todo está
relacionado con uno mismo.
Ejemplo: Creer que el mal humor de alguien en la familia es culpa propia.
Impacto en la Autoestima: La autoatribución de la responsabilidad por problemas ajenos
puede aumentar la culpa y la auto-crítica.

Sacar Conclusiones Precipitada o Influencia Arbitraria:


Descripción: Llegar a conclusiones sin evidencia suficiente. Incluye:
Lectura de Pensamiento: Asumir saber lo que otros piensan sin evidencia.
Rueda de la Fortuna: Esperar lo peor sin razones fundadas.
Ejemplo: Creer que un amigo está decepcionado sin haber hablado con él, o pensar que
algo saldrá mal sin evidencia previa.
Impacto en la Autoestima: Las expectativas negativas pueden llevar a un sentimiento de
desesperanza y una visión pesimista de uno mismo.

Engrandecer o Minimizar:
Descripción: Exagerar la importancia de ciertos eventos negativos y restar importancia a los
positivos.
Ejemplo: Exagerar el éxito de un compañero y minimizar el propio, o pensar que un error
menor es un desastre.
Impacto en la Autoestima: Este sesgo puede llevar a una percepción distorsionada del
propio valor y éxito.

Deberes e Imperativos:
Descripción: Imposición de reglas rígidas y poco realistas sobre uno mismo, que conducen
a la autoexigencia.
Ejemplo: "Debo aprobar todas las asignaturas" o "Todos deben quererme".
Impacto en la Autoestima: La incapacidad para cumplir con estas exigencias puede llevar a
sentimientos de fracaso y culpa.

Descalificación de lo Positivo:
Descripción: Rechazar las experiencias positivas y mantener creencias negativas a pesar
de ellas.
Ejemplo: Considerar que un elogio recibido no cuenta o que un éxito logrado no es
significativo.
Impacto en la Autoestima: Mantener una visión negativa del propio valor a pesar de los
logros positivos puede perpetuar una baja autoestima.

Razonamiento Circular:
Descripción: Un hecho se utiliza como causa y efecto al mismo tiempo.
Ejemplo: "No puedo vencer mi ansiedad porque soy ansioso/a."
Impacto en la Autoestima: La falta de progresos en la autoayuda puede reforzar una visión
negativa de uno mismo como incapaz.

Evaluaciones Incorrectas:
Descripción: Atribuir características peligrosas o seguras a circunstancias que no las tienen.
Ejemplo: Considerar que estar en lugares abiertos es peligroso o que las personas frías
causan daño.
Impacto en la Autoestima: Estas evaluaciones pueden llevar a evitar situaciones o
personas, afectando la percepción de uno mismo y la capacidad para enfrentar desafíos.

Reglas Disfuncionales:
Descripción: Creencias rígidas sobre las condiciones necesarias para el bienestar y
malestar.
Ejemplo: "No puedo vivir sin amor" o "Ser ignorado es una maldición".
Impacto en la Autoestima: Estas reglas pueden llevar a la desesperación y una sensación
de incapacidad para manejar la vida sin cumplir con estos requisitos.

Impacto en la Autoestima
Las distorsiones cognitivas influyen en la autoestima al distorsionar la percepción de uno
mismo y de las situaciones. Al interpretar eventos y experiencias de manera negativa o
sesgada, se mantiene una visión autocrítica y desalentadora. Las emociones y
comportamientos resultantes de estas distorsiones refuerzan y perpetúan una baja
autoestima, creando un ciclo negativo que puede ser difícil de romper sin intervención.

Intervención
Para mejorar la autoestima, es crucial identificar y corregir estas distorsiones cognitivas. La
terapia cognitivo-conductual (TCC) se centra en ayudar a las personas a reconocer y
cambiar estos patrones de pensamiento, promoviendo una autoevaluación más equilibrada
y realista. Al cambiar la forma en que se interpretan las experiencias, es posible mejorar la
autoestima y el bienestar emocional.

La relación entre la autoestima y los resultados educativos es un tema ampliamente


investigado y documentado. Diversos estudios han mostrado que la autoestima, el
autoconcepto académico y la motivación influyen significativamente en el rendimiento
académico. Aquí se resume cómo estos factores están interrelacionados y su impacto en
los resultados educativos:

Autoestima y Rendimiento Académico


Autoestima Positiva y Logros Académicos:

Estudios de Haeussler y Milicic (1995): Muestran que los estudiantes con autoestima
positiva, altas expectativas y motivación intrínseca tienden a obtener mejores resultados
académicos. En contraste, aquellos con baja autoestima, expectativas escasas y motivación
extrínseca suelen tener un rendimiento académico inferior.
La autoestima positiva contribuye a una mayor confianza en las propias habilidades, lo cual
motiva a los estudiantes a esforzarse más en sus estudios y a enfrentar desafíos con mayor
resiliencia.
Autoconcepto Académico:

Según Arancibia, Maltes y Álvarez en Jadue (2007), el autoconcepto académico se refiere a


cómo se percibe uno mismo en relación con el rendimiento académico. Este concepto tiene
un impacto crucial en el rendimiento escolar.
Relación con el Rendimiento: Un autoconcepto académico positivo está asociado con un
mayor esfuerzo, persistencia y éxito académico. Los estudiantes que se ven a sí mismos
como capaces de tener éxito tienden a comprometerse más en sus estudios y a superar
dificultades.

Efecto de la Presión Externa:

La presión externa excesiva puede debilitar la autoestima. Cuando los estudiantes enfrentan
una alta presión sin el respaldo de una autoestima sólida, pueden tener menos intentos de
superar dificultades, lo cual reduce sus posibilidades de éxito.
Motivación Intrínseca vs. Extrínseca:

Motivación Intrínseca: Está relacionada con una motivación interna para aprender y obtener
satisfacción personal. Los estudiantes motivados intrínsecamente suelen tener una
autoestima más alta y logran mejores resultados académicos.
Motivación Extrínseca: Está vinculada a recompensas externas como calificaciones o
reconocimiento. Aunque puede influir en el rendimiento, no siempre es tan efectiva como la
motivación intrínseca para fomentar un aprendizaje duradero y una autoestima positiva.
Participación en Actividades Extraescolares
Relación con la Autoestima:

Estudios: La participación en actividades extraescolares está asociada con una mayor


autoestima. Aunque no está claro si la mayor autoestima impulsa la participación o si la
participación incrementa la autoestima, ambos factores están correlacionados.
Impacto en el Rendimiento Académico:

Beneficios de la Participación: Los estudiantes que participan en actividades extraescolares


suelen tener mejores calificaciones y menos ausentismo. Estas actividades proporcionan
oportunidades para desarrollar habilidades sociales, aumentar la autoconfianza y mejorar la
percepción de uno mismo.

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