El movimiento que cambió Europa
La Revolución Francesa: el fin del Antiguo Régimen
El proceso revolucionario acabó con el
Antiguo Régimen y consagró la libertad y
la igualdad ante la ley, bases del actual
Estado de derecho. Con ella se inicia la
Edad Contemporánea.
La Revolución Francesa, un convulso
periodo que se extendió desde 1789
hasta 1799, marcó un antes y un
después en la historia de Francia y del
mundo. Esta revolución representó el
fin del Antiguo Régimen, que en cierto
1La toma de la Bastilla. Cuadro pintado por Jean-Pierre Houël y modo sigue siendo la época que
expuesto en la Biblioteca Nacional de Francia. disfrutan los franceses en la
actualidad. Luis XVI encarnó la contradicción entre dos épocas contrapuestas. Convencido,
como cualquier monarca de su tiempo, de que reinaba sobre todos los franceses por derecho
divino y de que, por tanto, no tenía la obligación de rendir cuentas a nadie, el rey se enfrentó a
una situación completamente nueva para él y que nunca llegaría a comprender.
De hecho, Luis XVI aceptó, aunque contra su voluntad, la convocatoria en 1788 de una
Asamblea Nacional para debatir la crisis financiera en que se hallaba sumido el país y en la que
el pueblo llano reclamaba que cada voto fuera individual y no por estamentos, como hasta
aquel momento. El monarca no creyó que aquella iniciativa fuera a prosperar, pero acabaría
dándose cuenta de la gravedad de la situación cuando se produjo el asalto popular contra
la Bastilla, verdadero detonante de la Revolución Francesa.
Francia, a finales del siglo XVIII, se encontraba sumida en una profunda crisis. La desigualdad
social era abismal, con un clero y una nobleza que gozaban de privilegios y exenciones fiscales,
mientras que el tercer estado, compuesto por campesinos, burgueses y trabajadores,
soportaba la mayor parte de la carga impositiva. A esta situación se sumaba una crisis
económica agravada por gastos excesivos de la monarquía y las guerras.
Las ideas de la Ilustración, que defendían la libertad, la igualdad y la razón, resonaron en el
corazón de muchos franceses, quienes comenzaron a cuestionar la legitimidad del poder
absoluto del rey y los privilegios de los estamentos privilegiados.
CAUSAS DE LA REVOLUCIÓN FRANCESA
Las causas de la Revolución francesa tienen su origen en la falta de libertades individuales, la
pobreza extrema y la desigualdad que existía en Francia durante el reinado de Luis XVI y María
Antonieta. En efecto, el clero y la aristocracia gobernaban con un poder despótico y sin límites.
Por ejemplo, el rey tomaba decisiones arbitrarias y sin consulta previa, creaba impuestos
nuevos, disponía de todos los bienes de sus súbditos y tenía la potestad de declarar la guerra o
de firmar la paz.
Asimismo, el rey tenía el control total
sobre la libertad de expresión de todos
sus súbditos, censurando cualquier idea,
pensamiento o acción que fuera
considerada fuera de lugar o
inconveniente. A todo ello debería
añadirse la cantidad de privilegios
sociales y económicos de que disfrutaban
la aristocracia y los estamentos religiosos
a costa de una ciudadanía que apenas
podía mantenerse. En esta situación de
miseria generalizada, lograban sobrevivir
2Libertad guiando al pueblo. Cuadro pintado por Eugène Delacroix en algunos comerciantes y una incipiente
1830 y expuesto en el Museo del Louvre burguesía a la que se consideraba de
igual manera “pueblo llano”.
Además, el Estado francés se encontraba sumido en una grave crisis financiera, agravada por
gastos excesivos de la monarquía, las guerras constantes y una estructura fiscal injusta. Los
gastos suntuosos de la corte de Versalles, las costosas guerras en las que Francia se había visto
involucrada y un sistema tributario que recaía principalmente sobre los campesinos y la
burguesía habían llevado al país al borde de la bancarrota. Por si fuera poco, una serie de malas
cosechas había agravado la situación, provocando hambrunas y un aumento de la miseria entre
la población.
Por otro lado, la Ilustración, con sus ideas sobre la libertad, la igualdad y la soberanía popular,
jugó un papel fundamental en la formación de la conciencia revolucionaria. Filósofos como
Voltaire, Rousseau y Montesquieu inspiraron a los revolucionarios a cuestionar el orden
establecido y a reclamar sus derechos. Finalmente, la incapacidad de Luis XVI para hacer frente
a la crisis financiera y social que asolaba a Francia, sumada a su resistencia a las reformas
propuestas, exacerbó la situación y aceleró el proceso revolucionario. La indecisión del
monarca, su incapacidad para tomar decisiones firmes y su apego a los privilegios de la
monarquía absoluta lo convirtieron en una figura cada vez más impopular.
FECHAS CLAVE DE LA REVOLUCIÓN FRANCESA
La Revolución Francesa fue un proceso complejo que se desarrolló a lo largo de varios años,
marcado por una serie de acontecimientos, algunos de ellos extremadamente violentos. Entre
los hitos más destacados de este período revolucionario se encuentran.
La Asamblea Nacional Constituyente (1789-1791): Tras la toma de la Bastilla, la burguesía y
parte del bajo clero se autoproclamaron Asamblea Nacional Constituyente. Esta asamblea,
con el apoyo popular, se dedicó a redactar una nueva Constitución y a derribar los pilares
del Antiguo Régimen. La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano,
aprobada en 1789, fue un hito fundamental, estableciendo los principios de libertad,
igualdad y fraternidad como base de la nueva sociedad. Sin embargo, las tensiones sociales
y políticas, especialmente entre los radicales y los moderados, comenzaron a surgir.
La Monarquía Constitucional (1791-1792): En un intento de estabilizar la situación, se
elaboró una Constitución que establecía una monarquía constitucional. Luis XVI aceptó la
nueva Constitución, pero las tensiones persistieron. Los jacobinos, un grupo radical cada vez
más influyente, exigían una república y veían en el rey una amenaza constante. La guerra
declarada por Francia a Austria y Prusia en 1792, en defensa de los principios
revolucionarios, exacerbó la crisis interna y llevó a la caída de la monarquía.
La República (1792-1794): Con la ejecución de Luis XVI en 1793, se proclamó la República y
se instauró un gobierno revolucionario dominado por los jacobinos. Este período, conocido
como el Reinado del Terror, se caracterizó por una intensa represión contra los enemigos
de la Revolución, tanto internos como externos. Robespierre, líder de los jacobinos, ejerció
un poder casi dictatorial, imponiendo un gobierno de virtud y llevando a cabo ejecuciones
masivas.
El Directorio (1795-1799): Tras la caída de Robespierre y el fin del Terror, se estableció un
gobierno de cinco directores con el objetivo de estabilizar el país. Sin embargo, el Directorio
se enfrentó a múltiples dificultades, como la inestabilidad política, las amenazas externas y
la inflación. La debilidad del Directorio permitió el ascenso de un joven general, Napoleón
Bonaparte, quien en 1799 dio un golpe de Estado y puso fin a la Revolución Francesa.
CONSECUENCIAS DE LA REVOLUCIÓN FRANCESA
Las consecuencias de la Revolución Francesa son complejas, y sus repercusiones son visibles
aún en la actualidad. Una de las principales fue el fin de la monarquía y de los privilegios del
clero y la nobleza. De aquella manera se iniciaba un cambio que subvertía el orden feudal
europeo imperante en muchos países, en los que germinó la semilla del cambio. Mientras
Europa contemplaba con horror la decapitación de los reyes de Francia, en otros lugares,
como en el continente americano, las colonias españolas, por ejemplo, empezaban a alimentar
sus ansias de independencia con las ideas revolucionarias francesas, lo que provocaría que
años después la Corona española tuviese que vivir sus propios procesos revolucionarios.
Así, con el surgimiento del nuevo orden político y social hijo de la Revolución, empezó a
cambiar la economía y el poder dentro de Francia. De hecho, la Revolución trajo consigo un
profundo cambio en los modos de producción, lo que permitió que se implantara la ley de la
oferta y la demanda, y se vetase la intervención del Estado en asuntos económicos. Todos
estos cambios fueron el resultado de una sucesión de acontecimientos, algunos caracterizados
por una extrema violencia, que parecieron sumir al país en el caos. Asimismo, tras la ejecución
de sus monarcas, el país tuvo que enfrentarse con sus vecinos europeos, constituidos en lo que
se conoce como Primera Coalición (1792-1797), que declararon la guerra a la Francia
revolucionaria con la intención de restituir de nuevo la monarquía.
Asimismo, una de las consecuencias más importantes de la Revolución francesa fue la
separación entre Iglesia y Estado, un hecho fundamental en la transición hacia el moderno
Estado laico. Aquello trajo consigo un hecho inédito: la expropiación de los bienes de la Iglesia y
del clero, así como la reducción de su poder político y social. Todas las rentas que la Iglesia
cobraba al pueblo por servicios públicos fueron traspasadas al Estado, y todas sus tierras y
bienes, así como de los de la aristocracia, fueron vendidos a campesinos acomodados y
burgueses leales a los postulados de la Revolución.
Finalmente, la llegada de Napoleón Bonaparte al poder y su proclamación como emperador el 2
de diciembre de 1804 culminó con la creación de un Gobierno monárquico de nuevo en
Francia. Mediante un golpe de Estado contra el Directorio, Napoleón había tomado las riendas
de una nación sumida en una profunda crisis social tras la sangrienta persecución contra los
contrarrevolucionarios y disidentes llevada a cabo por los líderes jacobinos. Y aunque el nuevo
orden creado por Napoleón parecía revestirse de una pátina republicana, tenía en realidad un
marcado corte absolutista. De hecho, el corso acabaría llevando a Francia a una carrera
desenfrenada por conquistar del mundo, que tuvo un abrupto final. Tras una serie de desastres
bélicos, el imperio de Bonaparte vería el principio del fin en 1815 con la derrota en la batalla de
Waterloo.
Bibliografía:
Sadurní. J. (2024). Especialista en actualidad histórica. La revolución francesa: el fin del antiguo
régimen. [Link]
Furet, F. (1981). La Revolución Francesa. Madrid: Alianza Editorial.
Soboul, A. (1984). La Revolución Francesa. Barcelona: Crítica.