a.
Animal Racional
Aristóteles clasifica al hombre como un "animal racional", destacando que, aunque comparte con
otros animales la capacidad de sentir y moverse, se diferencia por su capacidad de razonar. En "De
Anima", Aristóteles explica que el alma humana no solo anima el cuerpo, sino que le otorga la
capacidad de racionalidad, permitiendo al hombre deliberar, hacer juicios morales y vivir de
acuerdo con la virtud. Aristóteles distingue entre almas nutritivas, sensitivas y racionales, siendo la
racionalidad la función superior que establece la jerarquía del ser humano sobre otros seres vivos.
b. Sustancia y Forma
En "Metafísica", Aristóteles introduce la teoría de las causas y la noción de sustancia, definiendo al
ser humano como una unidad de cuerpo (sustancia) y alma (forma), donde la capacidad racional es
esencial. El cuerpo es la materia potencial, y el alma la forma que le da identidad y funcionalidad.
La combinación de ambos constituye al hombre como una entidad completa. Aristóteles también
aplica su teoría de las cuatro causas (material, formal, eficiente y final) para explicar la esencia
humana, mostrando cómo estas dimensiones se integran para formar una vida virtuosa y racional.
c. Función del Hombre
En "Ética a Nicómaco", Aristóteles sostiene que la función del hombre es vivir según la virtud,
guiado por la razón. Una vida plena y buena es aquella en la que el ser humano ejerce su
capacidad racional en armonía con la virtud. Distingue entre virtudes morales, que se desarrollan
con la habituación, y virtudes intelectuales, que surgen de la educación. Ambas son esenciales
para la realización del ser humano, contribuyendo no solo a su felicidad, sino también al bienestar
de la comunidad. Aristóteles argumenta que la política debe crear un entorno que promueva el
desarrollo de estas virtudes, integrando ética y sociedad.