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Bondad y Benignidad

El artículo explora la fiesta de Pentecostés, también conocida como Shavuot, y su relevancia para la iglesia, destacando tres lecciones clave: la conexión con la resurrección de Jesús, la obra del Espíritu Santo y la oportunidad de evidenciar la fe a través de acciones de misericordia. Además, se enfatiza la importancia de la iglesia como entidad primaria en la expansión del Reino de Dios y se presenta el libro de Hechos como un modelo para una iglesia saludable. Finalmente, se menciona el bautismo en el Espíritu Santo como una experiencia distintiva que empodera a los cristianos para el ministerio.

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Bondad y Benignidad

El artículo explora la fiesta de Pentecostés, también conocida como Shavuot, y su relevancia para la iglesia, destacando tres lecciones clave: la conexión con la resurrección de Jesús, la obra del Espíritu Santo y la oportunidad de evidenciar la fe a través de acciones de misericordia. Además, se enfatiza la importancia de la iglesia como entidad primaria en la expansión del Reino de Dios y se presenta el libro de Hechos como un modelo para una iglesia saludable. Finalmente, se menciona el bautismo en el Espíritu Santo como una experiencia distintiva que empodera a los cristianos para el ministerio.

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La fiesta de Pentecostés: 3 lecciones para la iglesia

La fiesta de Purim y la presencia del Dios de Ester

Esta semana los judíos celebran la fiesta bíblica conocida en hebreo como ‫( ַש ֻב ֹות‬shavuot) o “semanas”, término que
luego fue traducido al griego como Pentecostés. Medité en las riquezas que pude extraer al recordar dicha fiesta y me
pareció oportuno compartirlas en este artículo. En Levítico leemos que el Señor instituyó esta fiesta e instruyó a Su
pueblo sobre el tiempo de su celebración:

“Contarán para ustedes, desde el día después del Día de Reposo (desde el día que han de traer el Omer de la ofrenda
mecida) siete semanas, estas serán completas. Hasta el día después del séptimo Día de Reposo, contarán 50 días. Y
traerán una ofrenda nueva al Señor” (Lv 23:15-16, traducción personal; énfasis añadido).

Como ya vimos en dos artículos previos (sobre la fiesta de Purim y la Pascua), es importante recordar dichas fiestas
bíblicas, instituidas en el primer pacto, porque aún contribuyen a la edificación de la iglesia. Esta fiesta no es la
excepción.

Quizá te preguntes, ¿qué riquezas se esconden detrás de la fiesta bíblica de Shavuot que los cristianos debiéramos
aprovechar? Aquí te presento tres lecciones que nos deja la fiesta judía de Pentecostés.

1) Nos apunta a la resurrección de Jesús

Esta celebración bíblica estaba conectada con las primicias de la cosecha. La razón del nombre Shavuot (Semanas), viene
por las siete semanas que se deben contar, empezando desde el domingo después de la Pascua (Lv 23:15). En dicho
domingo, el Omer (una gavilla de los primeros frutos, Lv 23:10-11) era presentado ante el Señor.

Jesús usó la analogía del grano de trigo para hablar de su muerte y se identificó con este grano al decir: “Ha llegado la
hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado. En verdad les digo que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, se
queda solo; pero si muere, produce mucho fruto” (Jn 12:23-24). Desde un punto de vista botánico “ya hay un embrión
creciendo dentro de la semilla de trigo cuando esta cae al suelo; este usualmente quiebra la semilla después de dos días
en suelo húmedo”.[1] Es decir, Jesús dijo que a menos que dicho grano no sea “quebrado” (muere) no emanará la vida
de él. Pablo repite la misma idea en 1 Corintios 15:36.

De igual forma, Jesús fue horrendamente quebrado en la cruz y al tercer día la vida brotó en Él (Hch 13:30; Ro 8:11).
Similar a como antes de Shavuot, la gavilla de los primeros frutos se presenta a Dios el domingo después de la Pascua,
así se presentó el Mesías resucitado el domingo después de su crucifixión. Tal como el pueblo de Dios celebraba el brote
de vida de los nuevos frutos —durante las semanas previas a Shavuot— de igual manera, durante esos mismos 49 días
previos a Shavuot (Pentecostés), los discípulos celebraron la resurrección de Jesús (Hch 1:3).

Es por esto que Pablo afirma que la fiesta de Shavuot, la cual inicia con los primeros frutos de la cosecha en el domingo
de resurrección, realmente nos apunta a la resurrección misma de Jesús. “Más ahora el Cristo [Mesías] ha resucitado de
entre los muertos, el primer fruto de los que durmieron” (1 Co 15:20, énfasis añadido; traducción personal).[2]

2) Nos recuerda la obra del Espíritu Santo

El Señor pudo haber elegido otro día para su resurrección y sus múltiples apariciones, pero decidió hacerlo todo en
conforme a Su propósito en el tiempo que Él señaló. La promesa del derramamiento del Espíritu tampoco fue la
excepción. El clímax de la festividad ocurre “después del séptimo Día de Reposo” (Lv 23:16). De acuerdo con cálculos
basados en Éxodo 19:1, la Torá fue dada tres meses después del Éxodo de Egipto. Esto nos ubica en el mes de Sivan,
noveno mes del calendario judío moderno.

Ya que también este fue el mes en que cayó Shavuot, ambos eventos terminaron siendo asociados, llegando a
conocerse como la “Fiesta de la entrega de la Torá”.[3] En el momento en que Dios entrega la Torá a Moisés, “todo el
pueblo presenció las voces, las flamas de fuego, el sonido de la trompeta y el monte humeando.[4] Y viendo el pueblo,
temblaban de temor estando de pie a la distancia” (Éx 20:18, cursiva añadida; traducción personal). Lucas registra
sucesos similares con la llegada del Espíritu Santo, permitiendo ver un paralelismo con un vocabulario genérico entre
ambos eventos:
Entrega de la Torá a Moisés (Éx 20:18); Derramamiento del Espíritu Santo (Hch 2:2-6);“sonido de trompeta (viento) y el
monte humeando…“vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso… voces…se les aparecieron
lenguas… flamas de fuego”.como de fuego que se posaron sobre ellos”.

Antes de que el Nuevo Testamento fuese redactado, el filósofo judío Filón (20 a. C. – 45 d. C.) comentó sobre las “flamas
de fuego” en Éxodo 20:18: “las llamas se convirtieron en un discurso articulado en el lenguaje familiar para la audiencia
(Decal. 46)”.[5] Sin embargo, esta vez en Hechos 2, de acuerdo a la profecía, Dios dice “pondré mi Torá (ley) en lo más
profundo de ellos y sobre sus corazones la escribiré” (Jr 31:33, traducción personal).

Es por esto que después de esta manifestación del Espíritu y esta nueva entrega de la ley en el corazón de los creyentes,
por medio de Cristo en el Nuevo Pacto (He 8:10; 10:16; cp. Ro 3:20), vemos vidas cambiadas. A la persona que negó al
Señor (Mt 26:73-74), Cristo la transformó en alguien que lo amaba con todo su corazón, mente y fuerza (Hch 5:29, 40-
41). Otra que perseguía cristianos para matarlos (Hch 22:20), llegó a amar a su prójimo como a sí mismo por amor a
Cristo (Ro 9:3), y hay muchos ejemplos más.

En Shavuot traemos un regalo nuevo a Dios de nuestras primicias, pero sobre todo, recordamos que el mayor y nuevo
regalo ya vino de parte de Dios: el derramamiento de su Santo Espíritu, pfor el cual creemos en el evangelio y con quien
moraremos para siempre.

3) Nos brinda oportunidad de evidenciar nuestra fe (Lectura diaria Rut 2)

La llenura del Espíritu Santo en Shavuot (Pentecostés) sobre los creyentes los capacitó para poner en práctica su fe.
Shavuot es una de las tres fiestas obligatorias donde Dios requería que todo varón de 20 años o más del pueblo de Israel
peregrinara a Jerusalén. Es durante estas “semanas” cuando el Señor ordena a su pueblo que no recojan toda la cosecha
de los campos para que el pobre, la viuda, el afligido, el necesitado y aún el gentil, puedan ser suplidos por el Señor
durante los largos viajes de peregrinación a Jerusalén.

La fiesta de Shavuot nos desafía a preguntarnos ¿cuántos estaríamos dispuesto a dejar, por varias semanas, dinero y
comida para los extranjeros necesitados, los pobres y afligidos que rondan en nuestras ciudades? En otras palabras, el
mensaje que Dios intenta comunicar en esta fiesta de las “semanas” es claro: Lo que caracterizará la fiesta de
Pentecostés es la misericordia, compartir con el necesitado y el gozo en el Señor al amar al prójimo como a nosotros
mismos.

De hecho, es en este contexto de Shavuot que Rut, una extranjera afligida y necesitada, llega al campo de Booz por
medio de quien Dios provee para ella (Rut 2:3). Esta es una de las razones de por qué en la tradición judía en Shavuot se
estudia el libro de Rut que nos sirve para recordar que, si estamos en la condición de Rut, Dios suplirá nuestras
necesidades.

Pero si tenemos la bendición de estar en una situación de abundancia como la de Booz, estamos llamados a ser el
instrumento de Dios para el necesitado. El hacer obras no es un error, el creer que ellas salvan sí lo es (Ef 2:8-10).
Obedecer a Dios es la manifestación externa de la fe en Dios. Es por eso que la verdadera fe hace obras. En otras
palabras, las obras son directamente proporcional a la fe; es decir, voy a obrar si creo (Stg 2:18). Así que, cuando
guardamos los mandamientos estamos expresando fe y amor por Dios, que fue exactamente lo que hizo Booz y es
también a lo que Cristo nos llamó (Lv 19:9-10; Rut 2:3-9; cp. Jn 14:15; 1 Jn 5:3). Queridos hermanos, Shavuot nos
recuerda que no es suficiente con solo hablar de Jesús, sino que también debemos mostrar a Jesús (Jn 13:35).

Uno de los recuerdos más vívidos que tengo de una experiencia pentecostal ocurrió cuando Bernard Johnson, misionero
evangelista de Brasil, oró por mí. Tenía una manifiesta unción profética.

A los ocho años, mientras estaba en el altar, Johnson me impuso las manos y empezó a orar. La memoria de esa
experiencia pentecostal potente e innegable está grabada en mi mente. Viví una sensación abrumadora de la presencia
de Dios. Ese encuentro de vida espiritual confirmó mi llamado a servir a tiempo completo en la obra dele Señor.
Según su trasfondo o experiencia, Pentecostés puede ser un día, un movimiento, una fiesta, una posición doctrinal,— o
nada en lo absoluto. La palabra en sí viene del término griego para cincuenta, pues la fiesta judía de Pentecostés
(también llamada Fiesta de las Semanas o Shavuot) se celebraba cincuenta días después de la Pascua. En ese contexto,
Pentecostés era la celebración de la primera cosecha.

Para los cristianos, Pentecostés es una fiesta en la que recordamos la venida del Espíritu Santo sobre los primeros
seguidores de Jesús. El primer Pentecostés tuvo lugar unas semanas después de la muerte y resurrección de Jesús.
Antes de este suceso, había seguidores de Jesús, pero no había un movimiento que pudiera llamarse propiamente
Iglesia. Por consiguiente, desde el punto de vista histórico, Pentecostés fue el día en que surgió la Iglesia. También
desde una perspectiva espiritual es el momento en que el Espíritu Santo sopló vida da existencia en la Iglesia y le dio
poder. por eso decimos que Pentecostés es el cumpleaños de la Iglesia.

Así como la Navidad señala el nacimiento de Jesús, Pentecostés señala el nacimiento de la Iglesia. Si el Domingo de
Gloria señala el día en que Jesús resucitó, Pentecostés señala el día en que el mensaje acerca de Jesús comenzó a
predicarse por todo el mundo.

Resulta interesante que en Navidad y en el Domingo de Gloria la figura principal que la gente observa es a Cristo. Hubo
quienes lo vieron en el pesebre. Otros vinieron a la tumba vacía. El enfoque en Pentecostés es la iglesia. Ahora bien, en
vez de venir y observar, se trata de ir y contar. Por esta razón Pentecostés y las misiones van de la mano.

Ser pentecostal significa vivir en la presencia y poder del Espíritu Santo. Nos ayuda a estar conscientes de la presencia
de Jesús. Pentecostés también nos ayuda a comprender el valor de la Iglesia en la cultura de hoy. La gente puede pensar
a veces que no necesita de la Iglesia. Sin embargo, Pentecostés es un vívido recordatorio de la verdad de que la Iglesia
es primordial en la obra de Dios en el mundo. ¡Él nos invita a estar de misión con Él!

1. Pentecostés nos ayuda a ver a la Iglesia como la entidad primaria que Dios utiliza para la expansión de su Reino.

Imagine la extraordinaria escena con la que empieza el Libro de los Hechos. Los seguidores de Jesús fueron testigos de
su violenta muerte. También lo vieron resucitado y triunfante. En Hechos 1: 6, preguntan: «Señor, ¿ha llegado ya el
tiempo de que liberes a Israel y restaures nuestro reino?» Sin duda, ¡el Mesías prometido estaba a punto de hacer algo
grande! Quizás la respuesta de Jesús los sorprendió. Les dijo que se reunieran y esperaran recibir el poder del Espíritu
Santo para servir y cumplir la misión.

Es sumamente interesante que el Espíritu Santo únicamente descendió solo sobre las personas que se reunieron
(Hechos 2:1). Los primeros seguidores de Cristo vivían en comunidad y se centraban en la enseñanza, la comunión
fraternal, el partimiento del pan, en la oración y en ayudar a los necesitados (Hechos 2:42-46). El Espíritu Santo vino
sobre un grupo de creyentes que se había reunido.

Esto no es una coincidencia. Destaca la centralidad de la Iglesia en el avance del Evangelio. Con frecuencia en la cultura
de los Estados Unidos se vive como la si la Iglesia no fuera necesaria o como si fuera opcional. Esta mentalidad nos hace
creer que si tenemos una relación personal con Dios, participar en la Iglesia es algo secundario. Pero Pentecostés es un
recordatorio de que el Espíritu fue derramado sobre el pueblo de Dios como comunidad. De este hecho surgió la
invitación a unirse a la misión.
2. El Pentecostés nos ayuda a interpretar el Libro de Hechos como el manual de instrucciones para una iglesia saludable
en cualquier cultura.

Hechos es el único documento histórico de la Biblia que muestra cómo vivía la Iglesia del Nuevo Testamento. Es
espontáneo, al revelar cómo el Señor derrama su Espíritu sobre personas imperfectas; al mismo tiempo es esperanzador
al mostrar el gran potencial de una vida guiada por el Espíritu Santo. Hechos es nuestro modelo acreditado para la vida
de la Iglesia.

La historia de la Iglesia en estos dos mil años no es un relato de su evolución. Al contrario, muestra la lucha espiritual
que el Espíritu de Dios ha librado para situar a la Iglesia al lugar que le corresponde. Dios inició una Iglesia totalmente
desarrollada desde el principio, no como una recién nacida espiritual que necesitaba crecer para llegar a ser una adulta
más adelante. En los periódicos avivamientos de la Iglesia el Señor nos añadió verdades nuevas, sino que la verdad
intemporal se actualizó conforme el Espíritu Santo vivificaba y restauraba. El avivamiento espiritual es una de las
maneras que tiene Dios para que su iglesia se alinee con los propósitos que Él le ha propuesto.

3. Pentecostés mira el bautismo en el Espíritu Santo como la obra distintiva de la gracia en la vida de un cristiano, aparte
de la salvación.

El libro de los Hechos demuestra que la unción del Espíritu Santo está a nuestra disposición para el ministerio. Al recibir
la salvación, el Espíritu Santo entra a vivir dentro de cada cristiano (Romanos 8:9), pero después, Jesús desea derramar
el Espíritu de manera visible para darnos una unción mayor en el ministerio (Lucas 24:49; Hechos 1:4-5, 8).

La instrucción de Jesús de esperar el poder de lo alto (Hechos 1:4) se refiere a una experiencia distinta necesaria para los
seguidores de Jesús después de ser salvos. Además, había una necesidad subsiguiente: quienes habían recibido el
bautismo del Espíritu debían recibir más unción para llevar a cabo tareas específicas para determinadas situaciones.

Esto ocurrió a toda la iglesia en Hechos 4:31: «Después de esta oración, el lugar donde estaban reunidos tembló y todos
fueron llenos del Espíritu Santo. Y predicaban con valentía la palabra de Dios». Los mismos creyentes que habían
recibido el Espíritu Santo en Pentecostés recibieron una nueva llenura del Espíritu para que hablaran con valentía.

Este patrón se observa en la vida de Pedro, Pablo y Bernabé. Esteban recibió la unción del Espíritu antes de su martirio
(Hechos 7:55). El Espíritu Santo lo llenó nuevamente y tuvo una visión, habló con valentía y soportó el sufrimiento con
victoria y alegría.

4. El Pentecostés muestra el valor y el propósito de hablar en lenguas.

Hechos 2 pinta un cuadro vibrante de lo que sucedió en Pentecostés cuando se reunieron los cristianos. El estruendo de
un viento fuerte los rodeó. Algo parecido a llamas de fuego se posaron sobre la cabeza de cada uno. Entonces, todos
fueron llenos del Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas.

Hablar en lenguas cumple muchos propósitos, como se muestra a través de Hechos y las epístolas.
Hablar en otras lenguas es la primera señal externa de la plenitud del Espíritu

Vemos en Hechos 2, 10 y 19 ocasiones en que las lenguas que se hablaron fueron confirmación del bautismo en el
Espíritu Santo. Las señales de viento y fuego no se repitieron en el Libro de los Hechos, pero la señal de las lenguas
continuó señalando el bautismo en el Espíritu en la Iglesia Primitiva. De hecho, las lenguas se convirtieron en la señal
característica en el libro de los Hechos de que los creyentes habían sido bautizados en el Espíritu Santo.

Todos oyeron el sonido como de un viento. Todos vieron las llamas de fuego. Todos sintieron que el Espíritu Santo los
llenaba. Todos hablaron en otras lenguas. Este no fue el don de lenguas que requiere interpretación que el apóstol
Pablo presenta en 1 Corintios 12:30. Era la confirmación profética que mostraba una nueva era de un mensaje emitido
por influencia del Espíritu Santo que sellaba a la Iglesia.

Hechos 10 aclara el aspecto de las lenguas como confirmación cuando algunos creyentes gentiles fueron bautizados en
el Espíritu en la casa de Cornelio. Según el versículo 46, los apóstoles supieron que habían recibido el bautismo en el
Espíritu: «Pues los oyeron hablar en otras lenguas ».

Las lenguas nos capacitan para adorar a Dios más allá de nuestra habilidad natural

En Hechos 2, 10, 19 y en 1 Corintios 14:16, vemos que hablar en lenguas también servía para el propósito de adoración,
o para declarar sus obras. Si bien no siempre sabemos lo que se dice cuando se alaba a Dios en lenguas, está claro en la
Biblia que la alabanza es un elemento esencial.

Hablar en lenguas nos fortalece espiritualmente

Es posible que usted haya estado en una reunión de la iglesia y haya escuchado a alguien hablar en lenguas, seguida por
una interpretación del mensaje. Lo que ha presenciado es el don de lenguas, como lo describe 1 Corintios 14. El enfoque
de Pablo de este don en un entorno congregacional es muy diferente del uso personal de las lenguas por un creyente.
En el contexto comunitario, Pablo explica que siempre debe haber interpretación, pues el propósito principal es edificar.
Sin interpretación, no es posible que los que escuchan sean edificados, así que Pablo estable parámetros para su uso.Las
lenguas nos capacitan a orar con mayor efectividad por otros

Otro propósito de hablar en lenguas es la oración. Romanos 8:26,27 afirma: «Además, el Espíritu Santo nos ayuda en
nuestra debilidad. Por ejemplo, nosotros no sabemos qué quiere Dios que le pidamos en oración, pero el Espíritu Santo
ora por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras Y el Padre, quien conoce cada corazón, sabe lo
que el Espíritu dice, porque el Espíritu intercede por nosotros, los creyentes, en armonía con la voluntad de Dios». La fe
nos ayuda a vencer nuestros temores para que el Espíritu interceda por nosotros.

Planteo hoy la misma pregunta que Pablo hizo a los creyentes de Éfeso: «¿Ha recibido el Espíritu Santo desde que se
hizo creyente?» Mi oración es que reciba la plenitud del Espíritu. La vida en el poder del Espíritu no terminó en el Libro
de Hechos. El mismo Espíritu que dio poder a la Iglesia Primitiva y la capacitó está listo para venir sobre usted en esta
generación
Fiesta y Significado de Pentecostes

La segunda de las tres solemnidades anuales (Pascua, Fiesta de las Semanas y Fiesta de las Cabañas o de los
Tabernáculos) en las cuales todos los varones israelitas se debían presentar en el santuario.

Pentecostés era la primera de las fiestas que tenía que ver con la cosecha (Éx. 34:22, 23; 2 Cr. 8:12, 13; 1 R. 9:25).
Recibía el nombre de Fiesta de las Semanas porque su fecha estaba fijada en siete semanas después de la ofrenda de la
gavilla de cebada (Lv. 23:15, 16; cfr. Dt. 16:9, 10). La gavilla era mecida al día siguiente de un sábado (Lv. 23:11).

La opinión más acreditada sitúa este día en el primer día de la Fiesta de los Panes sin levadura. Así lo presenta la LXX (Lv.
23:7, 11), al igual que los organizadores de los servicios del templo de Zorobabel. Así, la Fiesta de las Semanas tomó el
nombre de Pentecostés debido a que se celebraba en el día quincuagésimo a partir del mecido de la gavilla (en gr.
«Pentecostés» significa «quincuagésimo»; Hechos 2:1).

También recibía el nombre de fiesta de la siega, o día de las primicias, por cuanto la siega del trigo acababa casi en toda
Palestina en este tiempo, y se procedía a ofrendar dos panes de trigo nuevo (Éx. 23:16; 34:22; Nm. 28:26).

El Día de Pentecostes

En este día se suspendía todo trabajo: había una solemne convocación (Lv. 23:21; Nm. 28:26; Lv. 23:17, 20; cfr. Lv.
34:22; Nm. 28:26; Dt. 16:10). Además de los dos panes simbólicos, se ofrecía un holocausto de diez animales; se
inmolaba asimismo un macho cabrío en ofrenda de expiación y dos corderos en sacrificio de acción de gracias (Lv. 23:18,
19).

En Israel la fiesta no duraba más que un día, pero los judíos que residían fuera del país la celebraban dos días seguidos.
Durante Pentecostés, como durante las otras fiestas, los israelitas debían hacer presentes a los pobres (Dt. 16:11, 12).

En una época tardía, los rabinos alegaron una relación, que no se menciona en el AT, entre la fecha de la promulgación
de la Ley en el Sinaí y Pentecostés. Pero no se puede demostrar que la Ley de Moisés fuera dada exactamente cincuenta
días después de la salida de Egipto.

Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. 2 Y de repente vino del cielo un estruendo como de
un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; 3 y se les aparecieron lenguas
repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. 4 Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y
comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen. (Hechos 2:1-4)

En Pentecostés los santos fueron todos bautizados por Él, un Espíritu en un solo cuerpo (1 Co. 12:13). Esto concuerda
con el inicio de la iglesia en Pentecostés, y nos dice que nadie puede venir a formar parte del cuerpo de Cristo a no ser
que el Espíritu Santo more en él, siendo así iniciado en él un cuerpo formado y caracterizado por el bautismo del Espíritu
Santo una vez por todas.
Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos

La experiencia pentecostal es el cumplimiento de la profecía del Profeta Joel al anunciar que Dios derramaría de Su
Espíritu sobre toda carne

Pentecostes en la Biblia

El Pentecostés más decisivo fue el que tuvo lugar después de la resurrección y ascensión de Cristo. A la hora tercia
(hacia las 9 de la mañana), el Espíritu Santo descendió sobre los apóstoles y sobre alrededor de ciento veinte discípulos
(Hch. 2:15-21). Así es como fue fundada la Iglesia. El Espíritu Santo fue dado, sin distinción de edad, de sexo o de
condición social, a todos los que estaban reunidos en el aposento alto (Hch. 2:1-4, 14-21).

En el pasado, el Espíritu había sido otorgado con poder a los profetas y a ciertos creyentes, pero el primer Pentecostés
cristiano marca el inicio de la dispensación del Espíritu. Desde aquel entonces, los dones del Espíritu Santo son dados a
los creyentes, sellados por Él, y son en consecuencia exhortados a ser llenos de Él (Hch. 1:8; 2:38-39; Ef. 1:12-13; 5:18), y
ello sin la observancia de ritos particulares.

Dios había suscitado en el pasado al pueblo de Israel, al que se reveló de una manera especial. En la actualidad, en esta
nueva dispensación, el Señor actúa por medio de la Iglesia, de la que el Espíritu es el vínculo de unión, fortificándola,
acrecentándola y edificándola sobre la tierra (Hch. 2:39; Ef. 1:22, 23.)

Es de destacar que la misma Ley de Moisés haya situado esta fiesta tan importante al día siguiente de un sábado (en
efecto, el día cincuenta caía el día después de siete sábados). De la misma manera, la resurrección de Cristo y el
descenso del Espíritu, con la consiguiente fundación de la Iglesia, tuvieron lugar en el primer día de la semana, día
característico de la nueva creación

Pentecostes y el Bautismo del Espíritu Santo

El bautismo del Espíritu Santo tuvo lugar en Pentecostés. El Señor dijo a Sus discípulos: «Vosotros seréis bautizados con
el Espíritu Santo dentro de no muchos días» (Hch. 1:5).

En Pentecostés los santos fueron todos bautizados por Él, un Espíritu en un solo cuerpo (1 Co. 12:13).

En Hechos, la expresión «bautizar con el Espíritu Santo» aparece solamente dos veces: con ocasión de Pentecostés,
cuando los 120 discípulos fueron hechos miembros del cuerpo de Cristo, que el Espíritu formó a partir de aquel
momento (Hch. 1:5; 2:1-4), y con respecto a la experiencia de los gentiles en casa de Cornelio, que fueron también
unidos al cuerpo de Cristo en el momento de su conversión (Hch. 11:15-16).

Otros pasajes presentan el bautismo como siendo la operación por la cual Dios nos inmerge en la muerte de Cristo para
resucitarnos con Él, quedando «revestidos de Cristo» (Ro. 6:3-4; Gá. 3:27; Col. 2:12; Tit. 3:5). El bautismo en cuestión es
evidentemente el bautismo del Espíritu Santo, del que el bautismo de agua es el símbolo y testimonio.

El Espíritu Santo es prometido a todos los creyentes (Hch. 2:38), a los que lo pidan (Lc. 11:13), y que obedezcan a Dios
(Hch. 5:32).

Es un «don» (Hch. 2:38; 5:32; 8:20; 10:45; 11:17; 15:8), que se recibe por la fe (Jn. 7:39; Ef. 1:13; 3:16-17; Gá. 3:2, 5, 13-
14; 4:4-7).

Antes de Pentecostés, los discípulos tuvieron que esperar el descenso del Espíritu (Hch. 1:4), lo que ahora ya no es
necesario (Hch. 2:17-18).

Los samaritanos, que eran medio paganos, tuvieron necesidad de la intervención especial de los apóstoles para recibir el
Espíritu (Hch. 8:12, 15-17); sin embargo, Cornelio y sus amigos (que estaban en nuestra misma situación como
procedentes de la gentilidad) recibieron el Espíritu Santo por la sola fe, al oír lo que Pedro decía, sin la previa imposición
de manos ni un anterior bautismo con agua (Hch. 10:43-48).

Los doce discípulos de Éfeso eran solamente discípulos de Juan, no de Jesús; una vez aceptaron al Salvador, recibieron el
Espíritu (Hch. 19:2-6). «Si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él» (Ro. 8:9). Todo el que tenga en claro este
punto de capital importancia no carecerá del testimonio interior del Espíritu (Ro. 8:15-16).

Qué Sucedió en Pentecostes

Una vez obrada la redención, en Pentecostés vino a ser «Dios en nosotros» por el Espíritu Santo..

Cuando el Espíritu Santo vino en Pentecostés, los apóstoles fueron acusados de estar llenos de mosto (Hch. 2:13). Hay
exegetas que pretenden que «Tîrõsh» no significa ni mosto ni vino nuevo, sino solamente las uvas de la vendimia, pero
son numerosos los textos que refutan esta infundada afirmación (p. ej.: Jl. 2:24; cfr. 3:13; Nm. 18:12; Neh. 10:37; Os.
4:11; Is. 62:8, 9; 65:8; Mi. 6:15; Dt. 7:13; 11:14; 12:17; Os. 2:7; Jl. 1:10; 2:19).

Hay varios incidentes en el libro de Hechos que arrojan luz sobre esto. En el #día de Pentecostés, después que Pedro
hubiera proclamado la muerte, resurrección y exaltación de Cristo, los oyentes, compungidos de corazón, dijeron:
«¿Qué haremos?» (Hch. 2:37).
El bautismo del Espíritu Santo tuvo lugar en Pentecostés. El Señor dijo a Sus discípulos: «Vosotros seréis bautizados con
el Espíritu Santo dentro de no muchos días» (Hch. 1:5). En Pentecostés los santos fueron todos bautizados por Él, un
Espíritu en un solo cuerpo (1 Co. 12:13).

Esto concuerda con el inicio de la iglesia en Pentecostés, y nos dice que nadie puede venir a formar parte del cuerpo de
Cristo a no ser que el Espíritu Santo more en él, siendo así iniciado en él un cuerpo formado y caracterizado por el
bautismo del Espíritu Santo una vez por todas.

Video El Dia de Pentecostés

El Mensaje de Pentecostés

En la predicación apostólica el arrepentimiento es uno de los temas centrales; ya desde la predicación de Jesús lo
encontramos como una de las exigencias del reino, y el día de Pentecostés, en su sermón, Pedro termina invitando a los
oyentes a arrepentirse de sus pecados y convertirse a Cristo (Hch. 3:19; 2 Co. 7:9; He. 6:1; Ap. 2:21).

En el Nuevo Testamento la palabra «arrepentimiento» es, por lo general, la traducción de la palabra «metanoia», que
significa cambio de actitud, cambio de modo de pensar o de plan de vida (Mt. 3:2; 4:17; 11:20; Mr. 1:15; 6:12; Lc. 10:13;
11:32; Hch. 2:38; 8:22; 17:30; 2 Co. 12:12; Ap. 2:5, 16).

Pedro les contestó: «Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo, para perdón de los
pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo» (Hch. 2:38).

Así, cuando Pedro predicaba a Cornelio y a los que se habían reunido en su casa, mientras él estaba diciendo: «Todos los
que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre; el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el
discurso» (Hch. 10:43, 44). En Ef. 1:13 se afirma que los gentiles, al creer en el evangelio de su salvación, fueron sellados
con el Espíritu Santo de la promesa

Significado de Pentecostal

Un Pentecostal es un cristiano que cree que el libro de los Hechos le proporciona un modelo a la Iglesia contemporánea
y, a partir de esa base, anima a todos los creyentes a experimentar un bautismo en el Espíritu (Hechos 2:4), entendido
como la recepción de poder para realizar una misión, distinta de la regeneración, que es marcada por las lenguas y
sostiene que las “señales y prodigios”, incluyendo todos los dones mencionados en 1 Corintios 12:8–10, deben
caracterizar la vida de la Iglesia de hoy.

Los pentecostales siempre hemos leído el libro de los Hechos, y en particular el relato del derramamiento pentecostal
del Espíritu Santo (Hechos 2) como un modelo para nuestra vida. Las historias de los Hechos son también nuestras
historias.
Los pentecostales nos identificamos con estas historias. Este sentido de conexión con el texto nos anima a permitir que
esas narraciones moldeen nuestra vida, nuestras esperanzas y sueños, y nuestra imaginación.

Las leemos expectantes y ansiosos: son historias sobre cómo el poder del Espíritu Santo capacita a unos discípulos
comunes y corrientes a fin de que hagan cosas extraordinarias para Dios.

Los pentecostales nunca hemos considerado que exista un abismo que separa su mundo con el mundo del texto en
general. En cambio, los teólogos y eruditos occidentales de los dos últimos siglos han empleado una gran cantidad de
energía en luchar con la manera de interpretar los textos bíblicos que hablan de la actividad milagrosa de Dios.

Mientras que los teólogos evangélicos trataban de explicar por qué debemos aceptar la realidad de los milagros
recogidos en el Nuevo Testamento, aunque sin esperar que se produzcan en la actualidad, los pentecostales estaban (al
menos como lo vemos nosotros) viendo a Jesús realizar “señales y prodigios” contemporáneos mientras establecía su
Iglesia.

La hermenéutica del creyente pentecostal típico es directa y sencilla: los relatos que aparecen en Hechos sirven de
modelos para darles forma a su vida y a sus experiencias. Este enfoque narrativo sencillo al libro de los Hechos es uno
de los grandes puntos fuertes del movimiento pentecostal.

La sencillez que significa el que leamos el texto como modelo para nuestra vida, sin congoja alguna por lo milagroso, o
por la manera que encaja dentro de unos sistemas teológicos complejos, capacita claramente a la persona para captar
con facilidad el mensaje.

PREPARANDONOS PARA PENTECOSTES…

SEMANA 1 “DEFINIENDO PENTECOSTÉS”


DIA 1 - Presentación (Hechos 1:8)
DIA 2 - ¿Qué ES PENTECOSTES? (Levítico 23:13-22)
DIA 3 - ¿Qué provoco el Espíritu Santo en la Iglesia a partir de Pentecostés?
o Fe puesta en acción – Misericordia (Rut 2)
DIA 4 - ¿Qué provoco el Espíritu Santo en la Iglesia a partir de Pentecostés?
o El Espíritu Santo en la creación de la Iglesia (Hechos 2:1-4; 1 Corintios 12:13)
DIA 5 - ¿Para quién es la promesa? (Lucas 11:13; Hechos 10)
DIA 6 - Mandamientos y Promesas (Efesios 5:18 – 1 Juan 5:14-15)
DIA 7 - Es a su manera y con los recursos que El da (Zacarías 4:6)

SEMANA 2 “¿Qué IMPIDE EL OBRAR DEL ESPIRITU SANTO?”


DIA 8 – Falta de un altar. Reconstruir lo que esta derribado (1 Reyes 18:20-40)
DIA 9 – La Blasfemia contra el Espíritu Santo (Mateo 12:22-32; Marcos 3:22-30; Lucas 11:14-23)
DIA 10 – Quitando las cenizas del Altar: Falta de Perdón (Levítico 6-8-13; Mateo 18:23-35 –salmos 103:1-3)
DIA 11 – Quitando las cenizas del Altar: Enojo y Amargura (Levítico 6-8-13;
DIA 12 – Quitando las cenizas del Altar: Rebeldía (Levítico 6-8-13; 1 Samuel 15; Santiago 4:17)
DIA 13 – Quitando las cenizas del Altar: Murmuración (Levítico 6:8-13; Salmos 15:1-3; Efesios 4:29; Santiago 4:11)
DIA 14 – Quitando las cenizas del Altar: Falta de Comunión (1 Corintios 12:12-27; Efesios 4:7-16)

SEMANA 3 “EL ESPIRITU SANTO EN LA IGLESIA”


DIA 15 – Dirige sus Oraciones (EFESIOS 6:18 – ROMANOS 8:26 – 1 Timoteo 2:1-4)
DIA 16 – Dirige su predicación y unge a quien predica y lo sostiene (Hechos 4:8-12; Hechos 13:44-52; 1 Corintios 2:4)
DIA 17 – Selecciona los misioneros, los envía y dice donde hay que ir (Hechos 13:2-4; Hechos 16:6-10; Hechos 8:26-40)
DIA 18 – Dirige la Alabanza y Adoración (Juan 4:19-26; Filipenses 3:3; 2 Samuel 23:1-2; Efesios 5:18-20; Colosenses 3:16-
17
DIA 19 – Da seguridad (Romanos 8- 1 Juan 3:24)
DIA 20 – Fortalece (Hechos 9:31-Juan 14-16-18; Efesios 4:14-21)
DIA 21 – Da Dones: ¿Qué son? ¿Quién y cómo los da? - Propósitos

SEMANA 4 “EL ESPIRITU SANTO Y LOS DONES”


DIA 22 – Dones de Revelación: Palabra de Ciencia (1Corintios 12:8; Génesis 40:13-19; Génesis 41:25-32; Hechos 5:1-11)
DIA 23 – Dones de Revelación: Palabra de Sabiduría (1 Corintios 12:8; Génesis 41:33-36; Santiago 3:13-18)
DIA 24 – Dones de Revelación: Palabra de Discernimiento de espíritus (1 Corintios 12:10; Mateo 16:21-23; Hechos 13:6-
12; Hechos 16-16-24)
DIA 25 – Dones de Inspiración – Don de profecía
DIA 26 – Dones de Inspiración (1 Corintios 12:10; cap. 14)
o Don de Lenguas
o Don de Interpretación de Lenguas
DIA 27 – Dones de Poder – Don de Fe y Milagros (1Corintios 12:7-10; Juan 20:30-31; 2 Corintios 12:12; Mateo 17:20)
DIA 28 – Dones de Poder – Don de Sanidades (1Corintios 12:7-10; Isaías 53:5; Santiago 5:14-15; Lucas 4:40)

SEMANA 5 “DESARROLLANDO EL FRUTO DEL ESPIRITU”


DIA 29 – El Fruto del Espíritu – Amor (Gálatas 5:22-23; 1 Corintios 13; 1 Juan 4:18-21)
DIA 30 – El Fruto del Espíritu – Gozo y Paz (Hechos 13:52; Samos 16; 1 Corintios 14:33; Juan 14:27)
DIA 31 – El Fruto del Espíritu – Paciencia y Fe (Efesios 4:2; Colosenses 3:12; 1 Corintios 1:9; 2 Timoteo 2:13)
DIA 32 – El Fruto del Espíritu – Benignidad y Bondad ()
DIA 33 – El Fruto del Espíritu – Mansedumbre y Templanza ()
DIA 34 – Andando en el Espíritu (Galatas 6:1-6)
SEMANA 6 “ESPERANDO PENTECOSTES”

Junto con la paciencia, benignidad y bondad; son las cualidades especiales de la mente de
Cristo en el creyente en relación con los demás que le rodeani
BENIGNIDAD
La benignidad es la calidad de tener una manera apacible, no severa, violenta, o fuerte. La
Biblia advierte a las creyentes para no rivalizar, pero ser manso a todos los hombres:
“Pues el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para
enseñar y sufrido” (2 Timoteo 2:24).
Nosotros no debemos ser alborotadores. Los alborotadores son personas que siempre están
luchando o defendiéndose:
“Que no hablen mal de nadie, que no sean contenciosos sino amables, demostrando toda
consideración por todos los hombres” (Tito 3:2).

benignidad. Un interés sincero en los demás que se refleja en el deseo de tratarlos con
amabilidad, tal como el Señor trata a todos los creyentes (Mt. 11:28, 29)

Es una virtud de gentileza hacia el prójimo. Es la virtud de aguantarlo todo sin responder con
amargura ni decepción. Otra vez es imposible para el ser humano, pero el Espíritu la provee en
la persona de Cristo en nosotrosii

BONDAD
Bondad son actos de santidad o rectitud. La bondad es una cualidad de Dios:
“Justo es Jehová en todos sus caminos y bondadoso en todas sus obras” (Salmos 145:17).
“Den gracias a Jehová por su bondad y por sus maravillas para con los hijos del hombre!”
(Salmos 107:8,15,21,31).
“Mi bondad y castillo mío; mi refugio y mi libertador; mi escudo, en quien he confiado; el
que sujeta los pueblos debajo de mí” (Salmos 144:2).
La bondad de Dios se muestra a los pecadores para llevarlos al arrepentimiento:
“¿O menosprecias las riquezas de su bondad, paciencia y magnanimidad, ignorando que la
bondad de Dios te guía al arrepentimiento?” (Romanos 2:4).
Rey David dijo que él habría desmayado si no tuviera sido por la bondad de Dios:
“Oh, si yo no creyese que he de ver la bondad de Jehová en la tierra de los vivientes!” (Sal
27:13).
David dijo que la bondad de Dios ha sido guardada para nosotros:
“Cuán grande es la bondad que has guardado para los que te temen, que has obrado para
los que en ti se refugian contra los hijos del hombre” (Salmos 31:19).
Como un creyente, la bondad y misericordia de Dios lo sigue:
“Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida...” (Salmos
23:6).

bondad. se manifiesta en la iniciativa para emprender actos de bondad

Pablo habla de la bondad de Dios. “Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro
Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros
hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la
renovación en el Espíritu Santo” (Tito 3:4, 5)
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