FACULTAD DE INGENIERÍA Y ARQUITECTURA
ESCUELA PROFESIONAL DE INGENIERIA CIVIL
TITULO DE ENSAYO CRITICO:
"La desigualdad social y la exclusión urbana como barrera principal para el
acceso cultural de nuestra sociedad"
AUTOR (ES):
Budinich Huiza Juan Jeanpier ((https://orcid.org/0009-0006-5265-6230)
Falla Beltran Carlos Andrés (https://orcid.org/0009-0002-0380-519x)
Huamanchumo Sanchéz Miguel Angel (https://orcid.org/0009-0000-2644-5241)
Palácios Rivera Jireh Emmanuel (https://orcid.org/0009-0006-8316-9099 )
Vasquez Ponte Maria Fernanda (https://orcid.org/0009-0006-1981-4292)
ASESOR:
Mgtr.Vargas Asto Robin Ricardo
LÍNEA DE INVESTIGACIÓN:
LÍNEA DE RESPONSABILIDAD SOCIAL
UNIVERSITARIA:
Cuidado y Preservación del Cuidado del medio Ambiente
Nuevo Chimbote — PERÚ
(2025)
ÍNDICE
INTRODUCCIÓN……………………………………………………………3
ARGUMENTACION…………………………………………………………4
CONCLUSION……………………………………………………………….4
REFERENCIAS…………………………………………………………….. 4
I. INTRODUCCIÓN
La justicia urbana, entendida como la posibilidad de acceder de manera justa y
equitativa a los bienes, servicios y oportunidades que ofrece la ciudad, es uno de
los desafíos más importantes en el contexto de las sociedades contemporáneas.
Desde sus orígenes, las ciudades han sido espacios de concentración de poder,
riqueza, cultura y diversidad, pero también escenarios donde se profundizan las
desigualdades sociales. Aunque el proceso de urbanización ha traído consigo
avances significativos en infraestructura y desarrollo económico, también ha
evidenciado profundas brechas que separan a los distintos sectores de la
población.( Poner cita bibliográfica, Norma APA, apellido año, y numero de pagina)
Esta situación nos invita a reflexionar: ¿por qué persiste la exclusión urbana en
pleno siglo XXI? ¿De qué manera la desigualdad social se ha convertido en la
principal barrera para alcanzar una justicia urbana efectiva? ¿Es posible construir
ciudades verdaderamente inclusivas si las oportunidades y beneficios no se
distribuyen de manera equitativa?
La realidad problemática que enfrentamos hoy muestra una tendencia alarmante:
el crecimiento urbano ha sido acompañado de fenómenos como la expansión de
asentamientos informales, el aumento de zonas marginales, la precarización del
acceso a servicios básicos, y la segmentación del espacio urbano en función de la
clase social. Mientras algunos sectores disfrutan de ciudades planificadas,
equipadas y seguras, otros viven en condiciones de vulnerabilidad extrema, con
acceso limitado a servicios esenciales como el transporte público, la salud, la
educación o la vivienda digna. Esta fragmentación del espacio urbano no solo
afecta la calidad de vida de millones de personas, sino que también erosiona el
tejido social, fomenta la exclusión y dificulta el ejercicio pleno de los derechos
ciudadanos. Interpretar estas implicancias lleva a reconocer que la desigualdad
social no es un fenómeno aislado, sino el reflejo de estructuras históricas de poder
que se han perpetuado a lo largo del tiempo y que requieren ser transformadas si
realmente se aspira a una justicia urbana efectiva.
Frente a este contexto, el presente ensayo tiene como objetivo principal analizar
cómo la desigualdad social opera como una barrera estructural para el acceso
justo y equitativo a la justicia urbana. Los objetivos son los que guiaran el
desarrollo del tema son: identificar las principales manifestaciones de desigualdad
social en el entorno urbano actual; examinar los mecanismos sociales,
económicos y políticos que perpetúan esta desigualdad; y proponer alternativas y
estrategias que permitan avanzar hacia ciudades más justas, inclusivas y
sostenibles. A través de este análisis, se pretende no solo comprender la magnitud
del problema, sino también fomentar una reflexión crítica sobre el rol de las
políticas públicas, la planificación urbana y la participación ciudadana en la
construcción de entornos más equitativos.
En cuanto a la organización del contenido, en primer lugar se abordará una
conceptualización de la justicia urbana, explorando su evolución histórica y su
importancia en el debate actual sobre derechos urbanos. Posteriormente, se
analizarán los principales indicadores de desigualdad social presentes en las
ciudades, tales como el acceso desigual a la vivienda, la educación, el transporte y
el espacio público. Luego, se presentarán algunos casos emblemáticos de buenas
prácticas en distintas ciudades del mundo que han logrado avances en la
reducción de brechas urbanas, con el fin de identificar lecciones y estrategias
aplicables a otros contextos. Finalmente, se propondrán líneas de acción
orientadas a promover una transformación profunda en la manera en que
concebimos y organizamos nuestras ciudades.
La importancia de abordar este tema radica en que, en un mundo cada vez más
urbanizado, la calidad de vida de millones de personas depende directamente de
su capacidad para acceder a los derechos urbanos de manera equitativa. No se
puede hablar de desarrollo sostenible, de democracia efectiva ni de justicia social
si persisten condiciones de exclusión y marginación en el espacio urbano. La
justicia urbana no debe ser vista como un privilegio al que acceden unos pocos,
sino como un derecho universal que garantiza la dignidad y el bienestar de todos
los habitantes.
ARGUMENTACIÓN
Uno de los principales fundamentos que sustenta el problema de la desigualdad social
en la justicia urbana es la distribución inequitativa del espacio y los recursos dentro de
las ciudades. Las dinámicas de urbanización han generado una clara segmentación del
espacio urbano, donde las zonas centrales, bien planificadas y con acceso a servicios
de calidad, son ocupadas por los sectores con mayor poder adquisitivo, mientras que
las poblaciones más vulnerables son desplazadas hacia la periferia. Esta configuración
espacial no es casual, sino producto de políticas urbanas excluyentes que han
favorecido intereses privados sobre el bienestar colectivo. Tal fragmentación territorial
se traduce en una clara violación del derecho a la ciudad, entendido no solo como el
derecho a habitar el espacio urbano, sino a participar activamente en su configuración y
desarrollo.
Otra evidencia clave es la desigualdad en el acceso a servicios básicos, como
educación, salud, vivienda digna y transporte público. Las poblaciones de menores
ingresos suelen habitar zonas donde estos servicios son precarios o inexistentes. Por
ejemplo, muchas comunidades periféricas carecen de centros de salud cercanos,
presentan deficiencias en la calidad educativa y enfrentan serias limitaciones en la
movilidad urbana. Esta precariedad no solo reduce la calidad de vida de las personas,
sino que limita sus posibilidades de salir del círculo de la pobreza. Es decir, la
desigualdad social se convierte en una barrera estructural que perpetúa la exclusión,
negando a millones de personas la posibilidad de ejercer plenamente sus derechos
urbanos.
En este sentido, es importante analizar los mecanismos sociales, económicos y
políticos que perpetúan esta desigualdad. Las decisiones urbanas suelen estar
concentradas en élites económicas o tecnocráticas que diseñan la ciudad desde una
lógica de mercado, donde predomina la rentabilidad por encima de la justicia social.
Esta dinámica refuerza un modelo de desarrollo urbano excluyente, donde la voz de las
comunidades marginadas es invisibilizada o desestimada. Además, la falta de
participación ciudadana efectiva impide que los habitantes de los sectores más
afectados puedan incidir en las decisiones que configuran su entorno. Como resultado,
las políticas urbanas terminan reproduciendo patrones históricos de discriminación y
segregación.
Por otro lado, el papel de la planificación urbana resulta crucial en la perpetuación o
superación de estas brechas. Una planificación centrada en la equidad, la inclusión y la
sostenibilidad puede convertirse en una herramienta poderosa para garantizar la
justicia urbana. Sin embargo, en muchos casos, los planes urbanos responden a
intereses especulativos y excluyentes, lo que genera desalojos, gentrificación y
desplazamiento forzado de comunidades vulnerables. Esta forma de planificación no
solo fragmenta el territorio, sino también el tejido social, generando tensiones y
conflictos que afectan la cohesión de las ciudades.
A pesar de este panorama, existen experiencias internacionales que demuestran que
es posible revertir las dinámicas de exclusión urbana. Ciudades como Medellín
(Colombia), Curitiba (Brasil) y Barcelona (España) han desarrollado políticas públicas
innovadoras que priorizan la equidad, la movilidad inclusiva, el acceso universal a
servicios y la participación ciudadana. Estas ciudades han apostado por una gestión
urbana centrada en las personas, implementando programas de integración social,
mejora del espacio público, transporte accesible y vivienda asequible. Estos casos
evidencian que, con voluntad política y un enfoque participativo, es posible avanzar
hacia una justicia urbana real.
Finalmente, la transformación de nuestras ciudades exige un cambio profundo en la
forma en que concebimos el desarrollo urbano. No se trata únicamente de mejorar
infraestructuras o ampliar servicios, sino de construir una visión compartida donde la
ciudad sea un espacio de encuentro, de inclusión y de dignidad para todas las
personas. Esto implica repensar los modelos económicos, democratizar la toma de
decisiones y colocar a los sectores más vulnerables en el centro de las políticas
públicas. La justicia urbana no puede ser un privilegio de unos pocos, sino un derecho
colectivo que garantice el bienestar, la equidad y la sostenibilidad en un mundo cada
vez más urbanizado.
CONCLUSIÓN
La desigualdad social se ha consolidado como un obstáculo central que impide
garantizar un acceso equitativo a los derechos urbanos. En este ensayo se ha
demostrado que existen múltiples factores que refuerzan esta situación, como la
distribución inequitativa de servicios básicos, la marginación espacial de sectores
vulnerables y la concentración de oportunidades en determinadas zonas urbanas. Esta
realidad genera un entorno desigual donde la justicia urbana, en lugar de ser un
derecho compartido, se convierte en una meta lejana para millones de ciudadanos que
viven en condiciones precarias.
Se ha puesto en evidencia que esta problemática tiene raíces estructurales ligadas a
decisiones políticas excluyentes, dinámicas económicas desiguales y patrones
históricos de organización urbana. Muchas ciudades han sido diseñadas priorizando
intereses particulares y dejando de lado a las poblaciones con menores recursos, lo
cual ha provocado un crecimiento urbano desbalanceado, donde los beneficios del
desarrollo no alcanzan a todos por igual. Esto se traduce en una fragmentación del
espacio urbano que limita el ejercicio pleno de la ciudadanía.
Por otro lado, también se han considerado argumentos que destacan los avances en
infraestructura y tecnología en los últimos años, señalando que muchas ciudades han
ampliado la cobertura de servicios y que ciertas políticas públicas han mejorado la
calidad de vida en sectores tradicionalmente excluidos. Si bien estas observaciones
son válidas en determinados contextos, no logran contrarrestar la realidad generalizada
de desigualdad que todavía persiste y que continúa afectando a grandes grupos
poblacionales.
En consecuencia, es indispensable repensar el modelo de desarrollo urbano desde una
lógica de equidad e inclusión. Para ello, se requieren políticas públicas orientadas a la
redistribución de recursos, el fortalecimiento de la participación ciudadana y el diseño
de espacios urbanos que consideren las necesidades de todos los habitantes,
especialmente de los más vulnerables. Alcanzar una justicia urbana real implica
garantizar que el acceso a los servicios, oportunidades y calidad de vida no esté
condicionado por el nivel socioeconómico, sino que sea reconocido como un derecho
inherente a toda persona que habita la ciudad.
REFERENCIAS
● Harvey, D. (2012). Ciudades rebeldes: Del derecho a la ciudad a la
revolución urbana.
● UN-Habitat. (2016). Urbanization and development: Emerging
futures (World Cities Report 2016). United Nations Human
Settlements Programme. https://unhabitat.org/world-cities-report
● Naciones Unidas. (2015). Agenda 2030 para el Desarrollo
Sostenible.
https://www.un.org/sustainabledevelopment/es/objetivos-de-
desarrollo-sos tenible/
● ONU-Hábitat (2020). Estado de las ciudades del mundo.