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¿Una Memoria Puede Renacer, o Rehacerse?

El texto evoca una noche estrellada en la que dos personas comparten una conexión profunda y contemplativa, experimentando una mezcla de soledad y deseo. A través de descripciones poéticas, se explora la intimidad y el anhelo entre ellos, culminando en un beso que simboliza una entrega total. La narrativa sugiere que el silencio y la conexión emocional son más significativos que las palabras o los gestos físicos.
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¿Una Memoria Puede Renacer, o Rehacerse?

El texto evoca una noche estrellada en la que dos personas comparten una conexión profunda y contemplativa, experimentando una mezcla de soledad y deseo. A través de descripciones poéticas, se explora la intimidad y el anhelo entre ellos, culminando en un beso que simboliza una entrega total. La narrativa sugiere que el silencio y la conexión emocional son más significativos que las palabras o los gestos físicos.
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¿Una memoria puede renacer, o rehacerse?

Y era la noche, regada por la luz de las estrellas, que hacía sentir que el mundo
de los humanos ahí afuera tristemente construido, se había detenido, o algo había
sucedido con él, algo que no importaba, algo que no hacía ruido, que lo había
dejado inmóvil. Y en este escenario, ella y yo, vaciados de sentido, mirábamos el
firmamento, lo tocábamos con la extensión de un espíritu de contemplación.
Figuras como cometas. Figuras como letras. Figuras que se presentaban ante
nuestros ojos como una creación misma de nuestra interpretación de un cielo
inmisericorde.

Falsamente abrazados, o únicamente yo abrazado, en tanto ella recibía mi gesto


con inusual aceptación. Yo, detenía los vientos fríos con mi cuerpo, que tiritando
aparentaba la apesadumbrada hoja de algún árbol que sobre alguna colina
atropella su rostro contra las ráfagas de un aire voraz.

Percibía como mi soledad, dejaba de estar un poco menos solitaria. Percibía como
mi gran hastío por la vida, se convertía en una admiración tenue que era
arrastrada por la mirada oscurecida de ella. Su cabello desprendía el aroma de un
otoño desconocido. La piel de su cintura era para el tacto de mis manos, un roce
provocador de oscilaciones incomprensibles, de corazonadas que destrozan.

Y al margen de un eco proveniente de la médula sonora de la noche, se abrió mi


boca de sed, no habiendo manera de soportar mi deseo de dañar su labio, mi
apetito de su sangre, mi ambición por su carne, mi codicioso anhelo de su ser. El
beso se funda en la ternura apasionada de mi más profundo sentir. El destello de
un antojo que aspiraba a la seducción, se hizo conmigo. La sensación de su boca
entregada a la mía, de mi alma, entregada a la suya sin ningún reparo, sin la
sombra del miedo; raptado, atrapado en la cárcel de sus besos.

Aquellos leves roces/

Aquellos mordiscos feroces/

La tibieza de su boca anclada en mi navío/

La pureza de mi gesto en la arista de sus labios/

Rodeado de ella, acercándome a una ilusión, a la iluminación maldita; sentía


como su lengüecita jugaba en mi abismo, su textura era suave, su sabor
exquisito. Inundado de su saliva, apostaba por evaporarla, por evaporarnos.
Sustraído de toda la existencia, sin importar qué. Sustraído de mí, abocado a su
boca. Enredado entre sus dientes, entre su cabello como aquel que se suicida
bajo el agua, y no se arrepiente, y no quiere salir, sino continuar en el regocijo de
fundirse… de atravesar un paraje ignoto con los ojos cerrados, y todos los
sentimientos abiertos, en ruptura, queriendo, flotando, amando (…) Yo me
deslizaba por sus labios, como la gota sobre el cristal, sólo sin querer llegar a
ningún final.

¡El susurro de una estrella, se pronunció! Me dijo: “ella nunca necesitó un beso,
únicamente el silencio”. Y respondí, y dije: “De ahí que enmudeciera mi boca en
la preciosidad de la suya”

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