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Haller 2

El artículo analiza la práctica de la comunión en la mano a la luz de la Constitución Sacrosanctum Concilium, enfatizando la necesidad de un estudio teológico, histórico y pastoral. Se discuten las enseñanzas de varios papas sobre la liturgia, destacando la importancia de equilibrar la tradición y el progreso legítimo en la práctica litúrgica. Además, se abordan las reacciones contemporáneas a esta práctica, especialmente en el contexto de la pandemia de Covid-19.

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Haller 2

El artículo analiza la práctica de la comunión en la mano a la luz de la Constitución Sacrosanctum Concilium, enfatizando la necesidad de un estudio teológico, histórico y pastoral. Se discuten las enseñanzas de varios papas sobre la liturgia, destacando la importancia de equilibrar la tradición y el progreso legítimo en la práctica litúrgica. Además, se abordan las reacciones contemporáneas a esta práctica, especialmente en el contexto de la pandemia de Covid-19.

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LA COMUNIÓN EN LA MANO

UNA LECTUR A DEL HECHO A PARTIR


DE SACROSANCTUM CONCILIUM 23 Y 16

Mario Alberto Haller1

Introducción

En la constitución conciliar Sacrosanctum Concilium (SC) se habla de la


“sana tradición” y el “legítimo progreso” en la liturgia (SC 23). En dicho texto,
se afirma que al tratar una determinada cuestión “debe preceder siempre una
concienzuda investigación teológica, histórica y pastoral”.

Asimismo, la misma SC ha indicado la quíntuple perspectiva para el


estudio de la liturgia: histórica, teológica, jurídica, espiritual y pastoral2, definiendo
de este modo el método de la ciencia litúrgica.

Este artículo es una fusión, re-elaboración y profundización de dos


artículos enviados a la Revista Phase de Barcelona. Su originalidad consiste en
reflexionar acerca de la modalidad de comulgar en la mano a la luz de SC 23 y
de la metodología en SC 16.

Con respecto al uso de las fuentes y de la bibliografía secundaria las


citaré como es costumbre. Cuando la proveniencia de alguna cita es la Internet,
para el sitio del Vaticano sólo citaré www.vatican.va y la fecha de la homilía o
audiencia papal. Con ese dato, el lector podrá acceder a la verificación de la cita.

1 Pbro. Dr. Mario Alberto Haller: Sacerdote de la Arquidiócesis de Paraná (Argentina). Profesor
en dos institutos terciarios. Miembro del SENALI (Secretariado Nacional de Liturgia de la CEL-
CEA). Presidente de la SAL (Sociedad Argentina de Liturgia).
2 Cf. Constitución Sacrosanctum Concilium 16 y el Decreto Optatam Totius 16.
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CuadMon 223 (2022) 545-578

Igual procedimiento sigo con distintos textos magisteriales, citando el año del
documento.

El texto de SC 23 en el magisterio de los papas

Recientemente, el Papa Francisco recordó que tanto el Concilio Vaticano


II como la reforma litúrgica son

“dos eventos directamente unidos (…) no surgidos improvisadamente sino


preparados durante mucho tiempo. Lo testimonia el que fue llamado
movimiento litúrgico, y las respuestas dadas por los Sumos Pontífices
a las dificultades percibidas en la oración eclesial. (…) El Concilio
Vaticano II hizo madurar, como buen fruto del árbol de la Iglesia, la
Constitución sobre la sagrada liturgia Sacrosanctum Concilium, cuyas
líneas de reforma general respondían a necesidades reales y a la concreta
esperanza de una renovación: se deseaba una liturgia viva para una
Iglesia completamente vivificada por los misterios celebrados”3.

El papa Francisco en el discurso antes citado4, ha prestado una atención


particular a la liturgia guiado por algunos criterios: fidelidad al Vaticano II y, en
este contexto, fidelidad a la reforma litúrgica de Pablo VI, «cuyos principios e
intuiciones fundamentales hay que considerar “irreversibles” y que aún hoy tienen
necesidad de ser profundizados e interiorizados5». En efecto, afirma el Papa:
“la fidelidad implica un crecimiento. La tradición, trasmitiendo de una época a
otra el depósito de la fe, crece y se consolida con el pasar del tiempo, como decía
san Vicente de Lérins en su Commonitorium Primum6”. En efecto, la dirección
marcada por el Concilio encontró forma, según el principio del respeto de
la sana tradición y del legítimo progreso (cf SC. 23), en los libros litúrgicos
promulgados que implica

3 FRANCISCO, Discurso a los participantes en la 68ª Semana Litúrgica Nacional Italiana


(www.vatican.va: 24.VIII.2017).
4 M. AUGÉ considera este discurso como momento culminante del magisterio litúrgico del
papa Francisco, ya que “no se ha tratado de un discurso de circunstancias, sino de una importante
intervención nítida y articulada sobre la liturgia en el momento actual, que trasciende el contexto
italiano”. Cf. M. AUGÉ, “El papa Francisco y la liturgia”, en Revista Phase 349 (2019) 9-20: 13.
5 Ibid., 13.
6 Ibid., 20. M. Augé cita una entrevista concedida por el Papa al P. Antonio Spadaro.
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LA COMUNIÓN EN LA MANO, Mario Alberto Haller

“un proceso que requiere tiempo, recepción fiel, obediencia práctica,


sabia actuación celebrativa por parte, primero, de los ministros ordenados,
pero también de los otros ministros, de los cantores y de todos aquellos que
participan en la liturgia. Realmente, lo sabemos, la educación litúrgica de
pastores y fieles es un desafío para afrontar siempre nuevo”7.
“Hoy todavía hay que trabajar en esta dirección, en particular redescubriendo
los motivos de las decisiones cumplidas con la reforma litúrgica, superando
lecturas infundadas y superficiales, recepciones parciales y praxis que la
desfiguran. No se trata de repensar la reforma revisando las elecciones,
sino de conocer mejor las razones subyacentes, también a través de la
documentación histórica, como de interiorizar los principios inspiradores y
de observar la disciplina que la regula. Después de este magisterio, después
de este largo camino podemos afirmar con seguridad y con autoridad
magisterial que la reforma litúrgica es irreversible”8.

También, el papa san Juan Pablo II, con ocasión del vigésimo quinto
aniversario de la SC, expresó que la reforma de los ritos y de los libros litúrgicos
ha sido realizada “obedeciendo al principio conciliar: fidelidad a la tradición y
apertura al progreso legítimo (SC 23); por ello, se puede decir que la reforma
litúrgica es rigurosamente tradicional “ad normam Sanctorum Patrum” (SC 50)”9.
Asimismo, al inicio del tercer milenio, el Papa polaco expresó: “Siento más que
nunca el deber de indicar el Concilio como la gran gracia de la que la Iglesia
se ha beneficiado en el siglo XX. Con el Concilio se nos ha ofrecido una brújula
segura para orientarnos en el camino del siglo que comienza”10.

7 En otro discurso, en efecto, Francisco afirma que la liturgia “es la epifanía de la comunión eclesial.
Por lo tanto, en las oraciones y en los gestos resuena el “nosotros” y no el “yo”; la comunidad real,
no el sujeto ideal. Cuando se añoran con nostalgia tendencias del pasado o se quieren imponer otras
nuevas, existe el riesgo de anteponer la parte al todo, el “yo” al Pueblo de Dios, lo abstracto a lo
concreto, la ideología a la comunión y, en en el fondo, lo mundano a lo espiritual. (…). Hablar de
formación litúrgica del Pueblo de Dios significa, ante todo, tomar conciencia del papel insustituible
que desempeña la liturgia en la Iglesia y para la Iglesia. Y luego, ayudar concretamente al Pueblo
de Dios a interiorizar mejor la oración de la Iglesia, a amarla como una experiencia de encuentro
con el Señor y con los hermanos y, a la luz de esto, a redescubrir su contenido y observar sus ritos”.
FRANCISCO, Discurso a los participantes en la asamblea plenaria de la congregación para el
culto divino y la disciplina de los sacramentos, (www.vatican.va: 14.II.2019).
8 FRANCISCO, Discurso a los participantes en la 68ª Semana Litúrgica Nacional Italiana.
9 JUAN PABLO II, Carta apostólica Vicesimus quintus annus (VQA), 4. (www.vatican.va: 1988)
10 JUAN PABLO II, Carta apostólica Novo millennio ineunte (NMI), 57. (www.vatican.va:
2001).
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Igualmente, Benedicto XVI ha expresado que los Padres sinodales en el


Sínodo del año 2005 “han constatado y reafirmado el influjo benéfico que ha
tenido para la vida de la Iglesia la reforma litúrgica puesta en marcha a partir
del Concilio Ecuménico Vaticano II”, añadiendo que dicho sínodo “ha tenido la
posibilidad de valorar cómo ha sido su recepción después de la cumbre conciliar”.
Junto a los numerosos juicios positivos, “han constatado también las dificultades
y algunos abusos cometidos, pero que no oscurecen el valor y la validez de la
renovación litúrgica, la cual tiene aún riquezas no descubiertas del todo”11.

En otra oportunidad, Benedicto XVI también ha afirmado que:

“La liturgia, testigo privilegiado de la Tradición viva de la Iglesia, fiel a su


misión original de revelar y hacer presente en el hodie de las vicisitudes
humanas la opus redemptionis, vive de una relación correcta y constante
entre sana traditio y legitima progressio, lúcidamente explicitada por la
constitución conciliar en el número 23. Con estos dos términos, los padres
conciliares quisieron expresar su programa de reforma, en equilibrio con la
gran tradición litúrgica del pasado y el futuro. No pocas veces se contrapone
de manera torpe tradición y progreso. En realidad, los dos conceptos se
integran: la tradición es una realidad viva y por ello incluye en sí misma
el principio del desarrollo, del progreso. Es como decir que el río de la
tradición lleva en sí también su fuente y tiende hacia la desembocadura”12.

En relación a SC 23, los adjetivos usados en el texto son sana tradición


y progreso legítimo13. Se trata, en consecuencia, de valorar la Tradición pero
evitando el tradicionalismo y, asimismo, de procurar un progreso pero dentro de
la normativa eclesial y las orientaciones emanadas de la Iglesia.

11 BENEDICTO XVI, Exhortación postsinodal Sacramentum Caritatis (SCa), 3. (www.vatican.


va: 2007)
12 BENEDICTO XVI, Discurso a los participantes de un Congreso organizado por el Instituto
Litúrgico Pontificio San Anselmo, en el 50ª aniversario de su fundación. (www.vatican.va:
6.V.2011).
13 Un recorrido por las otras lenguas nos permite comparar los adjetivos usados. El texto latino
habla de “sana traditio et via legitimae progressioni”; en las lenguas romances se usa “sana
tradizione e legittimo progresso” (italiano), “saine tradition et progrès légitime” (francés), “sã
tradição e progresso legítimo” (portugués). En el texto traducido al alemán, la expresión es
“gesunde Überlieferung und berechtigten Fortschritt” y en inglés “sound tradition and legitimate
progress”. Las traducciones son muy fieles al original latino. Cf. SC 23 en www.vatican .va.
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LA COMUNIÓN EN LA MANO, Mario Alberto Haller

“Desde los primeros siglos vemos que frecuentemente la liturgia es


considerada como un testigo privilegiado de la tradición apostólica. (…) Una
concepción exageradamente estática llevaría (…) a posiciones insostenibles”14. “La
Tradición ininterrumpida, no es tradicionalismo, porque esta Tradición siempre está
internamente vivificada por el Espíritu Santo, el cual hace que viva de nuevo, hace
que pueda ser interpretada y comprendida en la vitalidad de la Iglesia”15.

En efecto, como se sabe, la recepción de la reforma litúrgica del Concilio


Vaticano II ha sido dinámica, divergente y plural. Dos extremos de la misma han
sido los grupos tradicionalistas y progresistas16. Juan Pablo II ofrece una síntesis
de los méritos de la reforma litúrgica pero también de los abusos cometidos en su
Carta apostólica con ocasión del vigésimo quinto año de la SC17.

En consecuencia,

“no tiene sentido aferrarse a una falsa bandera de fidelidad a la doctrina


para retornar caducos modelos preconciliares ni caer en divertimentos o
shows fuera de lugar para aumentar a toda costa la audiencia eclesial. El
evangelio se revela, cada vez más, como el ancla en torno al cual deben
girar palabras, gestos, ornamentos y músicas para que la liturgia sea
motor de vida y permita acercar al hombre de hoy al misterio”18.

Un tema “controvertido”

En el marco del texto conciliar (SC 23), creo que se puede tratar el
“controvertido” tema de la Comunión en la mano.

14 I. H. DALMAIS, “Teología de la celebración litúrgica”, en A. MARTIMORT, La Iglesia en


oración, Barcelona, Herder, 1992, 300.
15 BENEDICTO XVI, Catequesis sobre San Ireneo. (www.vatican.va: 28.3.2007).
16 Cf. X. BAZURKO, Historia de la Liturgia, Barcelona, Biblioteca Litúrgica 28, CPL, 2006,
624-636.
17 Cf. VQA 11-13.
18 L. DÍAZ VALLADARES, “Hoy la liturgia sufre, y con la liturgia la Iglesia”, en Revista Phase
348, Barcelona 2018, 495-504: 504.
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Como se sabe, la pandemia del Covid 19 ha implicado que se incrementara


su uso. No obstante, este hecho ha traído también resistencias y ha suscitado
diversas reacciones, algunas de ellas con argumentos inadmisibles y resistencias
“incomprensibles”, dada la emergencia sanitaria.

En este artículo intento profundizar el argumento, por una parte, desde


la perspectiva indicada por el Concilio para el estudio de la liturgia (SC 16 y
OT 16) y, por otra parte, dado que la liturgia “vive de una relación correcta y
constante entre sana traditio y legitima progressio, lúcidamente explicitada por la
constitución conciliar en el número 23”19, intentaré abordarlo, de acuerdo a estas
premisas, tratando de evitar apriorismos en la mirada e invitando al lector a que
también tenga esta actitud para poder profundizar el controvertido tema.

Perspectiva histórica

J. Aldazábal afirma que “la catequesis de Cirilo de Jerusalén sigue


siendo como el paradigma” de la antigüedad cristiana20. En efecto, no es el
único testimonio pero ciertamente el más citado por los documentos y por los
distintos autores. En la quinta catequesis mistagógica, el obispo jerosolimitano
afirma: “cuando te aproximes, no lleves extendidas las palmas de las manos ni
los dedos separados, sino haciendo con la mano izquierda un trono para la
derecha, que es la que recibirá al Rey, y en la concavidad de la palma recibe
el Cuerpo de Cristo diciendo «Amén»”21.

19 BENEDICTO XVI, Discurso a los participantes de un Congreso organizado por el Pontificio


Instituto Litúrgico San Anselmo, en el 50º aniversario de su fundación. (www.vatican.va: 6.V.2011).
20 J. ALDAZÁBAL, “La Eucaristía”, en D. BOROBIO (ed.), La celebración en la Iglesia:
Sacramentos V. II, Salamanca, Sígueme, 1994, 181-436:431.
21 San CIRILO DE JERUSALÉN: Catequesis: Mistagógica V: La celebración eucarística:
ns. 19. 21-22, Buenos Aires, Paulinas, 1986. Esta edición de las Catequesis ha sido traducida
directamente del griego por Luis H. Rivas. Para las Catequesis mistagógicas se ha utilizado la
edición de A Piédagnel (Sources Chrétiennes, 126, París, 1966). El comentario del párrafo 21
del texto de SC dice: “Mème precission sur la position des mains, pour recevoir le corps du
“Roi” chez Theodore (IIe Hom. sur la Messe, 7-28) et chez Chrisostome (Igual precisión sobre la
posición de las manos, para recibir el cuerpo del “Rey” en Teodoro y en Crisóstomo), Egloga quod
non indigne accedendum sit ad divina mysteria (Resumo: que no se debe acercar indignamente a
los misterios divinos; Hom. 47, PG 63,98)”.
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LA COMUNIÓN EN LA MANO, Mario Alberto Haller

Tomado este texto del S. IV como un punto de referencia, abordaré


primeramente textos anteriores cronológicamente, otros contemporáneos y textos
posteriores a éste.

La instrucción Memoriale Domini (que veremos más adelante) recoge


pocos testimonios patrísticos. Ciertamente da importancia al texto de San Cirilo.

Señala que “los documentos históricos demuestran que el modo de


celebrar y de sumir la Sagrada Eucaristía ha sido multiforme”22. Con respecto al
uso de depositar la Comunión en la mano de los fieles, por una parte, reconoce
que “es verdad que según el uso antiguo en otros tiempos se permitió a los fieles
tomar en la mano este divino alimento y llevarlo a la boca por sí mismos”23 y,
por otra parte, que se permitió “también, en tiempo antiquísimo, llevar consigo
el Santísimo desde el lugar en que se celebraba el sacrificio, principalmente con
el fin de aprovecharse de él como viático en el caso de tener que luchar por la
confesión de la fe”24. Asimismo habla de

«la máxima reverencia y la prudencia suma con que se trataba a la Sagrada


Eucaristía. Porque “nadie... come aquella carne sin adorarla antes”, y al
sumirla se amonesta a todos: “... tómala, y está atento para que no se te
pierda nada”: “Porque es el Cuerpo de Cristo”. Además, el cuidado y el
ministerio del Cuerpo y la Sangre del Señor se encomendaban de modo
verdaderamente peculiar a ministros sagrados u hombres designados para
eso: “Después que el presidente terminó las preces y todo el pueblo hizo la
aclamación, los que entre nosotros se llaman diáconos, distribuyen a cada
uno de los presentes, para que los participe, el pan y el vino con agua, sobre
los que se dieran gracias, y los llevan a los ausentes”»25.

Veremos, a continuación, el tema en el Oriente cristiano, al cual pertenece


también la tradición jerosolimitana. Luego, lo veremos en el Occidente.

22 A. PARDO, Documentación litúrgica. Nuevo Enquiridion. De San Pío X (1903) a Benedicto


XVI, Burgos, Monte Carmelo, 2006, 334-338: 335.
23 Ibid., 335.
24 Ibid., 335.
25 Ibid., 335-336. Memoriale Domini. Cita: san AGUSTÍN, “Enarrationes in Psalmos” 98,9;
PL 37,1264; san CIRILO DE JERUSALÉN, “Catecheses Mystagogicae” 5,21; PG 33,1126; S.
Hipólito, Traditio Apostólica 37, edic. B. Botte, p. 84; san JUSTINO, Apol. I,65; PG 6,427.
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En el Oriente cristiano

En Capadocia, San Basilio recomienda la Comunión frecuente, incluso


diaria, ya que “¿quién dudará de que comulgar continuamente la vida es vivir
en plenitud?” (Ep. 93; PG 32,484b). En otras palabras, la Eucaristía nos es
necesaria para acoger en nosotros la verdadera vida, la vida eterna (cf. Moralia
21,1; PG 31,737c)”26. Precisamente, la Epístola 93, dirigida a la patricia Cesárea,
recomienda la costumbre de la comunión diaria y habla de la costumbre de
reservar la Eucaristía en las casas privadas para su uso27. En efecto, afirma que

“el que alguno se vea forzado en tiempo de persecución a recibir la Comunión


con su propia mano, no estando presente el sacerdote o el ministro, es superfluo
mostrar que de ninguna manera es grave, pues lo confirma con su práctica una
larga costumbre. Porque todos los monjes que viven en los desiertos donde
no hay sacerdote, conservando la comunión en casa la reciben por sí mismos.
En Alejandría y en Egipto cada uno, aún los seglares, por lo común, tiene
comunión en su casa y comulga por sí mismo cuando quiere. Porque, después
que el sacerdote ha realizado una vez el sacrificio y lo ha repartido, el que lo
recibe todo de una vez, debe creer con razón al participar de él después cada
día, que participa y la recibe del que se lo ha dado. Pues también el sacerdote en
la iglesia distribuye una parte, la cual retiene con todo derecho el que la recibe,
y así se la lleva a la boca con su propia mano”28.

Esta práctica, en consecuencia, permitía llevarse la Comunión a su casa


para tomarla durante la semana, incluso los monjes del desierto, lo que constituía
la práctica de darse a sí mismo la comunión a través de la propia mano29.

26 BENEDICTO XVI, Segunda Catequesis sobre San Basilio. Cf. www.vatican.va (1.VIII.2007).
27 Cf. G. DI NOLA, La dottrina eucaristica dei secoli I-IV: V. IV: Da Afraate il saggio a Didimo
il cieco, Città del Vaticano, Libreria Editrice Vaticana, 2000, 278-280. Cf. también B. CASEAU,
Die Aufgabe der Handkommunion (4.–12. Jahrhundert n. Chr.): Basilius von Caesarea, Briefe 93,
Trivium (On line), 27, 2017: 11.14.
28 San BASILIO, Carta 93 de la 2ª serie, en J. SOLANO (ed.), Textos eucarísticos primitivos. T.
I: Hasta fines del S. IV, Madrid, BAC, 1996, 401. Cf. también J. OLIVARES, “La Eucaristía en el
monacato primitivo”, Buenos Aires, Cuadernos Monásticos 211 (2019), 447-470:464.
29 En efecto, “durante un tiempo y en varias regiones se daba con igual espontaneidad la
costumbre de que los cristianos pudieran llevar el pan consagrado a sus casas, el domingo,
para poder comulgar ellos mismos durante la semana”. J. ALDAZÁBAL, Gestos y Símbolos,
Barcelona, Dossier CPL 40, 20006, 95.
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LA COMUNIÓN EN LA MANO, Mario Alberto Haller

En Siria, San Efrén (Nisibi ca. 306 – Edesa 373) “logró conciliar de modo
único la vocación de teólogo con la de poeta”30. Se destaca por sus himnos31.
En uno de éstos, «para hablar de la Eucaristía, san Efrén utiliza dos imágenes:
las brasas o el carbón ardiente, y la perla. El tema de las brasas está tomado del
profeta Isaías (cf. Is 6, 6). Es la imagen del serafín, que toma las brasas con las
tenazas y roza simplemente los labios del profeta para purificarlos; el cristiano,
por el contrario, toca y consume las Brasas, es decir, a Cristo mismo:

“En tu pan se esconde el Espíritu, que no puede ser consumido;


en tu vino está el fuego, que no se puede beber.
El Espíritu en tu pan, el fuego en tu vino: he aquí la maravilla que acogen
nuestros labios.
El serafín no podía acercar sus dedos a las brasas, que sólo pudieron rozar
los labios de Isaías;
ni los dedos las tocaron, ni los labios las ingirieron;
pero a nosotros el Señor nos ha concedido ambas cosas.
El fuego descendió con ira para destruir a los pecadores,
pero el fuego de la gracia desciende sobre el pan y en él permanece.
En vez del fuego que destruyó al hombre,
hemos comido el fuego en el pan y hemos sido salvados”»32.

En el ámbito antioqueno son importantes los comentarios de Teodoro de


Mopsuestia y San Juan Crisóstomo.

30 BENEDICTO XVI, Audiencia general. Cf. www.vatican.va: 28.XI.2007.


31 G. CAPRILE cita un texto de este autor aunque no indica la fuente: «E ancora sant’Efrem:
“Gli angeli non possono toccare l’onnipotenza che è nelle nostre mani, e non è concesso ai
cherubini ciò che è sulle nostre labbra... Troppo piccola è la bocca per ringraziare e le labbra per
benedire, poiché Colui per il quale esse son troppo piccole s’è ridotto alla misura delle nostre
mani. Il monte Sinai, su cui discese, fu scosso da un terremoto; ecco la potenza che ha vinto la
morte: possono prenderla le nostre dita”» («Y de nuevo San Efrén: “Los ángeles no pueden tocar
la omnipotencia que está en nuestras manos, y a los querubines no se les concede lo que está sobre
nuestros labios... La boca es demasiado pequeña para dar gracias y los labios para bendecir, ya que
Aquel para quien son demasiado pequeños, se ha reducido al tamaño de nuestras manos. El monte
Sinaí, sobre el cual descendió, fue sacudido por un terremoto; aquí está el poder que venció a la
muerte: nuestros dedos pueden tomarlo”»). G. CAPRILE, La “comunione nella mano”, Civilttà
Cattolica, 1969, nº 120, 82.
32 BENEDICTO XVI, Audiencia general. Cf. www.vatican.va: 28.XI.2007. Cita: Himno De
Fide 10, 8-10.
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CuadMon 223 (2022) 545-578

Teodoro de Mopsuestia33 (S. IV-V) tiene las Homilías Catequéticas. “De


las dieciséis homilías contenidas en el conjunto de la obra, (…) en las últimas, XV
y XVI, el tema es la Eucaristía con un epílogo sobre la Penitencia”34. En efecto, en
la segunda homilía sobre la Eucaristía, este autor antioqueno afirma:

“Entonces, cada uno de nosotros se acerca con los ojos bajos y las dos
manos extendidas. Mirando hacia abajo paga una como deuda de
conveniencia por la adoración; con ello presenta una especie de profesión
de fe de que recibe el cuerpo del Rey, de aquel que llegó a ser Señor de
todo por unión con la naturaleza divina y es igualmente adorado a título
de Señor por toda la creación. Y por el (hecho) de que sus dos manos
estén igualmente extendidas, reconoce verdaderamente la grandeza de
este don que va a recibir. La mano derecha es la que se alarga para recibir
la oblación que se da, pero bajo ella se coloca la izquierda, y con esto se
muestra gran reverencia…
Y tú cuando le has recibido en tus manos, adoras el cuerpo –lo que es
reconocer el dominio de aquel que ha sido puesto en tus manos– …”35.

San Juan Crisóstomo, “Doctor Eucharistiae”36 (S. IV-V) se destacó


como predicador: como presbítero en Antioquía y luego como obispo de
Constantinopla.

33 Para los datos biográficos: cf. M. SIMONETTI, “Teodoro de Mopsuestia”, en A. BERARDINO


(dir.): Diccionario Patrístico y de la Antigüedad Cristiana, vol. II, Sígueme, Salamanca, 1992,
2077.
34 C. ELORRIAGA (ed.), Bautismo y Catecumenado en la tradición patrística y litúrgica (Una
selección de textos), Baracaldo, Grafite, 1998, 243.
35 TEODORO MOPSUESTANO: Homilía 16 (segunda sobre la Misa), 27-28, en J. SOLANO
(ed.), Textos eucarísticos primitivos. T. II: Hasta el fin de la época patrística (s. VII-VIII), Madrid,
BAC, 1997, 97-98.
36 “Il Quasten… afferma che nell’ epoca moderna si é attribuito a Crisostomo il titolo di Doctor
Eucharistiae, e benché esso non abbia mai ricebuto una sanzione ufficiale, è essato che questo
autore è un grande testimone della presenza reale di “Cristo nell’ Eucaristia e del suo
carattere sacrificale” (“Quasten... afirma que en la época moderna se ha atribuido al Crisóstomo
el título de Doctor de la Eucaristía, y aunque nunca hubo una sanción oficial al respecto, es exacto
que este autor es un importante testimonio de la presencia real de “Cristo en la Eucaristía y del
carácter sacrificial de esta”), G. DI NOLA, La dottrina eucaristica di Giovanni Crisostomo, Città
del Vaticano Libreria Editrice Vaticana, 1997, 22 (cita: J. Quasten, Patrologia, II, Marietti, Casale,
1980, 483).
554
LA COMUNIÓN EN LA MANO, Mario Alberto Haller

En una nota, he citado ya la Homilía 4737. Ahora, sumo algunos párrafos


de la Homilía sobre la Carta a los Efesios. En ésta afirma:

“Nos hizo su Cuerpo y nos dio su Cuerpo y, a pesar de todo, nada de esto
nos aparta del mal. (…)
¿Cómo podrás presentarte al tribunal de Cristo, si tienes la audacia de
tocar su cuerpo con las manos y labios manchados? Y no querrías besar
al rey con boca maloliente, ¿y besas al rey del cielo con el alma maloliente
y fétida? En verdad, gran injuria es ésta. (…) ¿Te acercarás y te atreverás
a tocar el cuerpo de Cristo con el alma manchada? Sin embargo, por
las manos es retenido sólo un momento, pero en el alma se disuelve
íntegramente. (…) ¿No ves tú qué brillantes y limpios están los vasos?
¡Conviene que nosotros tengamos las almas más purificadas que ellos!
(…). Ellos no participan del que contienen, no lo sienten, pero nosotros,
sí”38.

San Juan Crisóstomo advierte a los fieles que no reciban la Comunión en


estado de pecado (ya que “las cosas santas, para los santos”). Es recurrente su
advertencia acerca de la disposición “cordial” para recibir la Comunión39.

Siglos más tarde, san Juan Damasceno (+ 749) dirá:

“Con todo temor, con conciencia pura y fe firme acerquémonos a este


cuerpo (…). Honrémoslo con toda pureza espiritual y corporal (…).
Lleguemonos a él con ardiente deseo y, poniendo las palmas de las manos
en forma de cruz, recibamos el Cuerpo del Crucificado40”.

37 La Notificación acerca de la Comunión en la mano cita la Homilía 47 (PG 33,1125) de san


Juan Crisóstomo. Cf. A. PARDO, Documentación litúrgica. Nuevo Enquiridion. De San Pío X
(1903) a Benedicto XVI, Burgos, 441.
38 San JUAN CRISÓSTOMO, Homilía sobre la Carta a los Efesios, 3-4, en J. SOLANO (ed.),
Textos eucarísticos primitivos. T. I: Hasta fines del siglo IV, Madrid, BAC, 1996, 635.637.
39 G. DI NOLA, La dottrina eucaristica di Giovanni Crisostomo, 22-42.
40 San JUAN DAMASCENO, Sobre la fe ortodoxa, I, 4, 13 (PG 94, 1150), en J. SOLANO (ed.),
Textos eucarísticos primitivos. T. II: Hasta el fin de la época patrística (s. VII-VIII), Madrid,
BAC, 1997, 768-769.
Acerca del gesto de poner “las manos en forma de cruz” para recibir la Comunión habla también el
Concilio “in Trullo” que, aunque no haya sido ecuménico ni aprobado por Roma, refleja esa praxis
en la iglesia oriental en ese momento. En el Canon 101 de este concilio (celebrado en el año 692
en Constantinopla con la participación de muchos obispos orientales) se prescribe recibir la
555
CuadMon 223 (2022) 545-578

En el ámbito de la escuela de Alejandría41, encontramos una importante


afirmación de Orígenes:

“Conocéis vosotros, los que soléis asistir a los divinos misterios, cómo
cuando recibís el Cuerpo del Señor, lo guardáis con toda cautela y
veneración, para que no se caiga ni un poco de él, ni desaparezca algo del
don consagrado. Pues os creéis reos, y rectamente por cierto, si se pierde
algo de él por negligencia. Y si empleáis, y con razón tanta cautela para
conservar su Cuerpo, ¿cómo juzgáis cosa menos impía haber descuidado
su Palabra, que su Cuerpo?”42.

En el Occidente cristiano

Con respecto a la Comunión en la mano, “hay testimonios numerosos de


diversas zonas de la Iglesia: África, Oriente, España, Roma Milán…”43.

Los dos autores de la época pre-constantiniana de la iglesia del África


romana se refieren al tema: Tertuliano y San Cipriano.

comunión en manos dispuestas en forma de cruz. Este canon prueba que en Oriente a finales
del siglo VII era uso común recibir la comunión en la mano. Cf. M. AUGÉ, “A proposito della
comunione sulla mano”, en Ecclesia Orans 8 (1991) 293-304: 300-301.
41 Los escritores de la Escuela de Alejandría dan la primacía a la Palabra de Dios y a la fe,
no tanto a los sacramentos visibles y concretos y, por tanto, a la segunda parte de la Eucaristía.
“Afirman la presencia real de Cristo, pero consideran como el modo privilegiado de unión con él
la acogida de su palabra en nosotros” (J. Aldazábal, La Eucaristía, 148).
42 ORÍGENES, Homilía 13,3, en J. SOLANO (ed.), Textos eucarísticos primitivos. T. I: Hasta
fines del siglo IV, Madrid, BAC, 1996, 127. Cf. también G. DI NOLA, La dottrina eucaristica dei
secoli I-IV: V. IV: Clemente Romano – Atanasio, 149. También otros Padres sostienen esta verdad:
san JERÓNIMO, In Psalmum 147: CCL 78,337-338 (citado por Benedicto XVI en Verbum Domini,
56), San CESÁREO DE ARLÉS (citado más adelante), san AGUSTÍN. En efecto, el hiponense
dice “Et Verbun Dei quod quotidie predicatur panis est” (“Pan es también la palabra de Dios que
cada día se les predica”, Serm. 59,6, citado por G. DI NOLA, La dottrina eucaristica di Sant’
Agostino, Città del Vaticano Libreria Editrice Vaticana, 1997, 226-227). Di Nola afirma como nota
al texto agustiniano citado que “lo stesso concetto, oltre che nei Serm. 57,7 e 58,5 si trova anche in
Tertuliano, De orat. 6”, (“el mismo concepto, además de en los Sermones 57,7 y 58,5, se encuentra
también en Tertuliano”; ibid., 226).
43 J. ALDAZÁBAL, Gestos y Símbolos, 94.
556
LA COMUNIÓN EN LA MANO, Mario Alberto Haller

Tertuliano habla sobre la Comunión en la mano en su tratado Sobre la


idolatría y allí se pregunta: “es posible que un cristiano venga de los ídolos a la
Iglesia (…) y acerque al Señor aquellas manos que conducen los cuerpos a los
demonios (…)”44. Se trata de quienes han caído en la idolatría y luego, según la
costumbre, reciben en las propias manos el Cuerpo del Señor al ir a comulgar. No
condena el modo de comulgar sino la conducta idolátrica previa.

San Cipriano afronta este tema con ocasión del problema de los
“lapsi”; precisamente en su escrito Acerca de los caídos (en idolatría) afirma
que: “volviendo de los altares del diablo se acercaron a lo santo del Señor (la
Eucaristía) con manos sórdidas e infectas por el hedor (…) asaltan el cuerpo del
Señor. … pecan más contra el Señor ahora con las manos y la boca que cuando le
negaron”45. Habla de comuniones sacrílegas, no por el uso de las manos sino
por su comportamiento idolátrico. Se sitúa en la misma línea de Tertuliano.

Con respecto a San Agustín, J. Jungmann afirma que el hiponense dice


“que nadie coma de esta carne, nisi prius adoraverit” y que, “prescindiendo de la
observación de que los fieles se acerquen coniunctis manibus, no concreta más
el modo de comulgar de entonces”46. En su Carta 54, San Agustín da cuenta de
una diversidad en la celebración:

44 TERTULIANO, Sobre la idolatría, en J. SOLANO (ed.), Textos eucarísticos primitivos. T. I:


Hasta fines del siglo IV, Madrid, BAC, 1996, 101-102. Cf. también Cf. G. DI NOLA, La dottrina
eucaristica dei secoli I-IV: V. IV: Clemente Romano – Atanasio, Città del Vaticano, Librería
Editrice Vaticana, 2000, 97. En la nota, G. di Nola dice: “Qui viene richiamata l’ usanza di ricevere
l’ Eucaristia nelle proprie mani quando ci si comunicava” (“Aquí recordamos la costumbre de
recibir la Eucaristía en las propias manos cuando se comulgaba”).
45 S. CIPRIANO, Acerca de los caídos: c. 15-16, en Textos eucarísticos primitivos. T. I: Hasta
fines del siglo IV, Madrid, BAC, 1996, 175.
46 J. JUNGMANN, El sacrificio de la Misa, Madrid, BAC, 1951, 1088. Cita: san AGUSTÍN,
Enarr. in ps. 98,9 (PL 37, 1264) y Contra Ep. Parmen. II, 7, 13: CSEL 51,58, lín. 16. G. Caprile
afirma que “«questa fede della Chiesa nella presenza reale dev’ essere sostenuta e deve
esprimersi con un rispetto tutto particolare delle sante specie. Che il cristiano riceva l’ostia sulle
labbra o nella mano: ciò che importa è che “nessuno mangi il corpo di Cristo senza prima averlo
adorato”» (“Esta fe de la Iglesia en la presencia real debe ser sostenida y expresada con un respeto
muy particular por las santas especies. Si el cristiano recibe la hostia en los labios o en la mano:
lo que importa es que nadie come el cuerpo de Cristo sin antes haberlo adorado”; AGUSTÍN,
Expl. in Ps., 98,9; PL 27,1264). G. CAPRILE, La “comunione nella mano”, 82. Cf, también G. DI
NOLA, La dottrina eucaristica di Sant’Agostino, Città del Vaticano Libreria Editrice Vaticana,
1997, 192-193.
557
CuadMon 223 (2022) 545-578

“Hay otras prácticas que varían según los distintos lugares y países. Así,
por ejemplo, unos ayunan el sábado y otros no. Unos comulgan cada día
el Cuerpo y la Sangre del Señor, otros comulgan sólo en ciertos días.
Unos no dejan pasar un día sin celebrar, otros celebran sólo el sábado
y el domingo. Si se consideran estas prácticas y otras semejantes que
pueden presentarse, todas son de libre celebración. En todo esto, la mejor
disciplina para el cristiano es acomodarse al modo que viere observar
en la iglesia en la que se encontrare. Pues lo que no va en contra de la
fe ni contra las buenas costumbres, hay que tenerlo por indiferente y
observarlo por solidaridad con aquellos entre quienes se vive”47.

A. Molinero afirma que en África, “se comulgaba bajo las dos especies, el
diácono ofrecía el cáliz. Se recibía el Cuerpo del Señor en la mano. Al comulgar
el fiel respondía Amén”48.

Pertenece al Occidente cristiano, el ámbito galicano49. Se destaca en


éste, San Cesáreo de Arlés (470-542/3). Su obra literaria más importante son sus
Sermones50.

“En tiempos de San Cesáreo de Arlés (s. VI), la Comunión ha dejado de


ser general a todos los bautizados; por ello después del Padrenuestro, se imparte
la bendición y los que no comulgan pueden retirarse mientras el resto comienza
a comulgar”51.

47 San AGUSTÍN, Carta 54. A las consultas de Jenaro. Cap. 2, en Obras de san Agustín, T. VIII:
Cartas, Madrid, BAC, 1958, 309.311. Citado por: J. OLIVARES, “La Eucaristía en el monacato
primitivo”, 447-470:461.
48 A. MOLINERO, Las otras liturgias occidentales, Bilbao, Ega, 1992, 31.
49 Para ampliar sobre la liturgia galicana: cf. X. BAZURKO, Historia de la liturgia, Barcelona,
Centre de Pastoral litúrgica, 2006, 206.
50 Tanto Sources Chrétiennes (SC) como el Corpus Christianorum Series Latina (CCSL)
han publicado los sermones de san Cesáreo de Arlés: cf. SCh 175, 243, 330 y 447 (París, Les
Éditions du Cerf, 1971, 1978, 1986 y 2000). El resto de los sermones se pueden leer en: S. Caesarii
Arleatensis Opera. CCSL 103 y 104 Turhout, Brepols, 1953.
51 A. MOLINERO, Las otras liturgias occidentales, Bilbao, Ega, 1992, 86.
Una práctica semejante se observa en la liturgia hispánica: “El último acto de preparación a la
Comunión lo constituye la benedictio. (…) Al dar a la bendición el carácter de preparación a la
Comunión, se excluye la posibilidad de otra bendición al final de la Misa. Se entiende que, al
concluir la celebración, la mayor bendición que los fieles pueden llevarse consigo es la Eucaristía
que han recibido.
558
LA COMUNIÓN EN LA MANO, Mario Alberto Haller

San Cesáreo enseña que “todos los varones cuando van a acercarse al
altar, lavan con agua las manos, y todas las mujeres presentan inmaculados
los paños donde han de recibir el Cuerpo de Cristo”52. Como los otros Padres,
insiste en la preparación “cordial” para recibir la Comunión: a los hombres les
dice que se presenten al altar “tan castos, tan sobrios y tan pacíficos”, que no
sean excluidos del altar eterno y más adelante les enseña que así como “lavan
con agua sus manos, del mismo modo laven con limosnas sus almas”. Con
respecto a las mujeres añade que “así como presentan un lienzo inmaculado
donde recibir el Cuerpo de Cristo, así presenten un cuerpo casto y un corazón
limpio para recibir con buena conciencia los sacramentos de Cristo”53. Un texto
destacado de este obispo es el siguiente:

“Os pregunto, hermanos y hermanas: decidme: ¿qué os parece ser


más, la Palabra de Dios o el Cuerpo de Cristo? Si quereís responder la
verdad, debéis decir que no es menos la Palabra de Dios que el Cuerpo
de Cristo. Y por tanto el mismo cuidado que ponemos cuando se
nos administra el Cuerpo de Cristo para que no se nos caiga de
las manos nada de él al suelo, ese mismo cuidado hemos de poner
para que ni por pensar en otras cosas ni por hablar desapareza de
nuestro corazón la Palabra de Dios que se nos reparte, porque no
será menos reo aquel que oyere con negligencia la Palabra de Dios que

El canto que acompaña la Comunión es designado con el título de Ad accedentes. (…) Con un
título análogo al de Ad accedentes, el rito ambrosiano llama al canto de Comunión Transitorium.
En cambio, el rito galicano le da el nombre de Trecanum. (…).
El sacerdote distribuye el pan consagrado a los fieles, diciendo a cada uno de los comulgantes:
Corpus Chisti sit salvatio tua. El diácono administra el cáliz: Sanguis Christi manaet tecum
redemptio vera”. J. PINELL, Litugia hispánica, Barcelona, Biblioteca litúrgica-Centre de
Pastoral Liturgica, 1998, 182-183. El autor no dice cómo se comulga en la liturgia eucarística
hispánica, pero se puede conjeturar que sea del mismo modo que en la liturgia galicana.
52 S. CESÁREO DE ARLÉS, Sermón 225,5, en J. SOLANO (ed.), Textos eucarísticos primitivos.
T. II: Hasta el fin de la época patrística (s. VII-VIII), Madrid, BAC, 1997, 627.
Cf. también: M. Delage, “La communauté arlésienne au temps de Césaire: La messe, en: Césaire
D’Arles: Sermons au peuple, T.I (1-20), SC 175 París, Les Éditions du Cerf, 1971, 154-161. 160.
A. Molinero afirma lo mismo: “la comunión junto al altar, la recibían los hombres en las manos
desnudas, mientras que las mujeres usaban para cubrirse un pañuelo”. A. MOLINERO, Las otras
liturgias occidentales, 86.
La misma disposición se encuentra en el Sínodo de Auxerre: can. 36. Cf. J. JUNGMANN, El
sacrificio de la Misa, Madrid, 1091. Cf. también J. ALDAZÁBAL, La Eucaristía, Barcelona,
Centre de Pastoral litúrgica: Biblioteca litúrgica 12, 2000 (2), 443 (nota: 128).
53 S. CESÁREO DE ARLÉS, Sermón 225,5, 627-628.
559
CuadMon 223 (2022) 545-578

aquel que permitiera, por su negligencia, que cayera al suelo el Cuerpo


de Cristo”54.

Entre los testimonios del “entregar la Eucaristía en manos del


comulgante”55, J. Jungmann incluye una referencia a Beda, el Venerable56.

Roma

Con respecto a la praxis romana, E. Zoffoli57 cita textos de algunos


pontífices romanos: san Eutiquiano (257-283), Inocencio I (401-417), san León
Magno (440-461), san Agapito (535-536) y un texto del Sacramentario Veronense
para justificar la Comunión en la boca e intentar probar que en el siglo VII esta
práctica romana se trasladó a las regiones galas. Estos textos han sido recogidos
por M. Augé, quien ha hecho una valoración crítica de los mismos58. Asimismo,

54 S. CESÁREO DE ARLÉS, Sermón 78,2, en J. SOLANO (ed.), Textos eucarísticos primitivos.


T. II: Hasta el fin de la época patrística (s. VII-VIII), Madrid, BAC, 1997, 618. Es una afirmación
semejante a la de Orígenes (antes citada).
55 J. JUNGMANN, El sacrificio de la Misa, Madrid, BAC, 1951, 1089.
56 BEDA, Historia Ecclesiástica, IV,24; PL 95,214. Cf. M. AUGÉ, “A proposito della comunione
sulla mano”, en Ecclesia Orans 8 (1991) 293-304: 301-302.
57 E. ZOFFOLI, ¿Comunione sulla mano? Il vero pensiero della chiesa secondo la vera storia del
nuovo rito, 5ª edición (revisada y ampliada), Roma 1990.
58 Para ampliar: M. AUGÉ, “A proposito della communione sulla mano”, 293-304. Se puede
encontrar este artículo en inglés: “Concerning Communion in the Hand” (translated from Italian
by Franciso Schulte, osb). En línea: https://www.praytellblog.com//wp-content/uploads/2018/03/
Concerning-Communion-in-the-Hand-by-Matias-Auge.pdf. Consulta: 24.IX.2020.
En efecto, M. Augé afirma que “la nostra conclusione allora suona del tutto diversa: non si
può provare, con i testi riportatti dallo Zoffoli, che nei secoli V-VI a Roma si distribuisse la
comunione sulla bocca e neppure che nel secolo VII questa prassi sia passata nelle Gallie”. Ibid,
300. Antes, ha afirmado que: “notiamo infine che in questi episodi (citados por E. Zoffoli) si
trata sempre di casi eccezionali, e cioé sempre e solo di enfermi” [“Nuestra conclusión suena
entonces completamente diferente: con los textos relatados por Zoffoli, no se puede probar que
en los siglos V-VI en Roma la comunión se distribuyera en los labios ni que en el siglo VII esta
práctica pasara en la Galia”. Antes, ha afirmado que: “Finalmente, notamos que en estos episodios
(citados por E. Zoffoli) siempre estamos tratando con casos excepcionales, es decir, siempre y solo
con enfermedades”]. Ibid., 297.
Recientemente, en su blog, M. Augé ha afirmado también acerca de otro autor (Federico Bortoli)
que éste “afferma che, superato il tempo delle persecuzioni, la santa comunione iniziò (dal secolo
IV/V in poi) a distribuirsi non più sulla mano ma in bocca. L’autore cita una serie di testi dei
Padri, dai quali egli stesso riconosce non si può ricavare con certezza tale tesi” (“Éste afirma
560
LA COMUNIÓN EN LA MANO, Mario Alberto Haller

J. Aldazábal señala que la costumbre de depositar la partícula consagrada del Pan


directamente en la boca se fue generalizando, “no empezando precisamente por
Roma”59.

Como sabemos, bajo el pontificado de san Gregorio Magno (590-604)


se llevó adelante una importante reforma litúrgica. Este gran Papa, en uno de
sus Diálogos cuenta en la Vida de san Benito que “dos monjas que, pese a las

que, después del tiempo de las persecuciones, la Sagrada Comunión comenzó [a partir del siglo
IV / V en adelante] a distribuirse ya no en la mano sino en la boca. El autor cita una serie de
textos de los Padres, de los que él mismo reconoce que esta tesis no puede extraerse con certeza”).
M. Augé, “La distribuzione della Comunione sulla mano: Storia o ideologia”. En línea: http://
liturgiaedintorni.blogspot.com/2018/03/la-distribuzione-della-comunione-sulla.html. Consulta:
18.VIII.2020.
En relación al libro de F. Bortoli, M. Augé afirma: “Il Bortoli però si sofferma in modo particolare
su una testimonianza secondo cui Innocenzo I avrebbe deciso di distribuire la comunione sulla
lingua ai laici per la Chiesa di Roma nell’anno 404 (pp. 39-41). Questa decisione viene riportata
dal Mansi (vol. X) in una nota in calce che si riferisce al Sinodo di Rouen: due secoli dopo il
pontificato di Innocenzo I, il vescovo di Rouen Audoeno (610-684), dopo aver visto che a Roma
si distribuiva la comunione in bocca, l’avrebbe imposto nella sua diocesi appunto nel Sinodo di
Rouen (cf. canone 2), celebrato tra il 649 e il 653. Il nostro autore si meraviglia che sia Righetti
che Jungmann asseriscano che il suddetto Sinodo sia stato celebrato alla fine del secolo IX
quando invece in Mansi appare chiaramente la datazione sopra riportata di metà secolo VII.
Io mi meraviglio invece che Bortoli non sappia che dopo la pubblicazione dei volumi del
Mansi ci sono stati una serie di studi che ritengono che il suddetto Sinodo di Rouen è della
fine del secolo IX. Infatti, tra l’altro, il contenuto di alcuni canoni di questo Sinodo sono di
chiara ispirazione carolingia. Non sto qui ora a spiegare la complessa questione critica che ho
sintetizzato nel mio studio: A proposito della comunione sulla mano (in “Ecclesia Orans” 1991,
pp. 293-304)” (“Bortoli, sin embargo, se detiene en particular en un testimonio según el cual
Inocencio I decidió distribuir la comunión en la lengua a los laicos de la Iglesia de Roma en el año
404 (pp. 39-41). Esta decisión es relatada por Mansi (vol. X) en una nota a pie de página referente
al Sínodo de Rouen: dos siglos después del pontificado de Inocencio I, el obispo de Rouen,
Audoeno (610-684), después de haber visto que en Roma se distribuía la comunión en boca, lo
habría impuesto en su diócesis precisamente en el Sínodo de Rouen (cf. canon 2), celebrado entre
649 y 653. Nuestro autor se sorprende de que tanto Righetti como Jungmann afirmen que el citado
Sínodo se celebró a finales del siglo IX, cuando en cambio la citada datación de mediados del siglo
VII aparece claramente en Mansi. Me sorprende en cambio que Bortoli no sepa que después de la
publicación de los volúmenes del Mansi ha habido una serie de estudios que creen que el citado
Sínodo de Rouen se remonta a finales del siglo IX. De hecho, entre otras cosas, el contenido de
algunos cánones de este Sínodo es de clara inspiración carolingia. No es el caso de explicar ahora
la compleja cuestión crítica que he resumido en mi estudio”).
59 J. ALDAZÁBAL, Gestos y Símbolos, 95.
561
CuadMon 223 (2022) 545-578

advertencias del Santo de prohibirles la Comunión, no pudieron frenar su lengua,


murieron en ese estado”60. J. Jungann considera este relato una leyenda61.

En conclusión, M. Righetti afirma que “los primeros testimonios seguros


se remontan casi a la mitad del S. IX”62. R. Cabié afirma que “en la época de
la introducción del pan ácimo (…) se instaura la comunión en la lengua, como ya
se hacía excepcionalmente, sobre todo con los enfermos”63. Luego, añade: “Es
sancionada por un concilio de Rouen, en el reinado de Luis, el piadoso: “Que no
se dé la Eucaristía a ningún laico, sino sólo en la boca”64.

“Esta innovación suele ser interpretada como una muestra de respeto al


sacramento; pero podría entenderse también como efecto de un nuevo acento

60 J. JUNGMANN, El sacrificio de la Misa, Madrid, BAC, 1951, 1043. (Cita: Dial. II, 23: PL
178s). Cf. también B. Caseau, Die Aufgabe der Handkommunion: cita Gregor der Große, Dialoge
I, 10, 2–3.
61 Cf. M. AUGÉ, “A proposito della communione sulla mano”, 296.
Recientemente, en su blog y, con ocasión del libro publicado por Federico Bortoli, nuevamente
M. Augé afirma: “A p. 39 Bortoli afferma che papa Gregorio Magno (+ 604) era solito distribuire
l’Eucaristia sulla lingua. Anche qui si dà per buona la testimonianza riportata di Giovanni
Diacono nella biografia del santo Pontefice: vedendo il Papa l’atteggiamento irriverente di una
matrona nel momento della comunione, ritirò subito la sua mano dalla bocca della dama. Pure
qui Bortoli dovrebbe controbattere l’opinione di Jungmann che ritiene l’episodio una leggenda,
interpolata, del sec. IX; lo dimostrerebbe, tra l’altro, che la formula usata nel porgere l’Eucaristia è
una formula del sec. IX. Rimando per più dettagli a quanto ho scritto nel mio articolo sopra citato
(“En la p. 39 Bortoli afirma que el Papa Gregorio Magno (+ 604) solía distribuir la Eucaristía
en la lengua. Aquí también se acepta el testimonio de Juan el Diácono en la biografía del santo
Pontífice: al ver el Papa la actitud irreverente de una matrona en el momento de la comunión,
retira inmediatamente la mano de la boca de la dama. Aquí también, Bortoli debería contradecir
la opinión de Jungmann que considera el episodio una leyenda interpolada del siglo IX; mostraría,
entre otras cosas, que la fórmula utilizada para ofrecer la Eucaristía es una fórmula del siglo IX.
Me remito para más detalles a lo que escribí en mi artículo citado anteriormente”). Se refiere al
artículo de Ecclesia Orans 8 (1991).
62 M. RIGHETTI, Historia de la liturgia. T. II, Madrid, BAC, 1956, 459. Cf. también: J.
ALDAZÁBAL, La Eucaristía, Barcelona, Centre de Pastoral litúrgica: Biblioteca litúrgica 12,
2000 (2), 443 (nota: 128).
63 R. CABIÉ, La Eucaristía, en A. MARTIMORT (ed.), La Iglesia en oración. Introducción a
la Liturgia, Barcelona, Herder, 1992, 441.
64 Ibid,, 41. Cf. X. BAZURKO, Historia de la Liturgia, Barcelona, Biblioteca Litúrgica 28, CPL,
2006, 263. Este sínodo de Rouen sancionó que el celebrante, propia manu comulgue al diácono
y al subdiácono, nulli autem laico aut feminae Eucharistiam in manibus ponat, sed tantum in os
eius. Cf. M. RIGHETTI, Historia de la liturgia, 459.
562
LA COMUNIÓN EN LA MANO, Mario Alberto Haller

puesto ahora en las manos (consagradas) del sacerdote65 y en la nueva forma de


comprender el ministerio”66.

Por una parte,

“las motivaciones parecen ser de mayor respeto hacia el sacramento, pero


sobre todo el cambio de sensibilidad eclesiológica: la separación cada vez
mayor entre los fieles y los ministros ordenados hacía que éstos, por sus
manos consagradas, sí pudieran tocar el Santísimo, pero los fieles no. No es
un aspecto muy importante del rito de la Comunión: de las dos maneras se
puede expresar bien el respeto a la Eucaristía. Pero tal vez queda más
manifiesta la dignidad bautismal y sacerdotal de los fieles del modo
como ahora se vuelve a hacer”67.

Por otra parte,

“las reacciones (contra la Comunión en la mano) se expresan a veces a


partir de prescripciones que datan de la edad media y que prohíben al
laico tocar la hostia o incluso la patena o el cáliz vacíos. La perspectiva

65 “De fait, tous les témoins de la liturgie franque montrent que dans nos régions le rite de
la consécration (de prêtres) était universellement et définitivement adopté dês l’ époque
carolingienne. … Selon toute vraisemblance c’est à cet accent nouveau mis sûr le role du prêtre
qu’ est du l’ abbandon de la communion dans la main” (“De hecho, todos los testimonios de la
liturgia franca muestran que en nuestras regiones el rito de la consagración [de los sacerdotes] fue
universal y definitivamente adoptado desde la época carolingia. … Es muy probable que a este
nuevo acento puesto en el papel del sacerdote se deba el abandono de la comunión en la mano”),
P. GY, “Quand et pourquoi la communion dans la bouche a-t-elle remplacé la communion dans
la main dans l’église latine?”, en: A. TRIACCA - A. PISTOIA (eds.): Gestes et paroles dans les
diverses familles liturgiques, Roma, CLV-Edizioni liturgiche, 1978, 117-121: 120.
66 X. BAZURKO, Historia de la Liturgia, 263. “Después que se impuso el empleo del pan
ázimo, generalizóse ya por doquier la práctica de depositar el pan consagrado en la boca del
comulgante. El tamaño cómodo de las formas pequeñas contribuyo no poco al éxito del nuevo
uso. Dimanó de aquí paulatinamente otra modalidad litúrgica, que todos observaban a comienzo
de la era moderna: la de comulgar de rodillas. Con tal fin se instalaron los comulgatorios, mucho
más bajos que la antigua cancela del presbiterio. Se pensó luego en cubrir el comulgatorio con
un mantel. Desde 1929, para evitar que se desprendan y caigan al suelo fragmentos de hostias
consagradas, está prescrito el empleo de la bandeja de la comunión (la cual, por lo demás, se
utilizaba ya en varios sitios desde la misma Edad Media). J. JUNGMANN, El culto divino de la
Iglesia, San Sebastián, Ed. Dinor, 1959, 229-230.
67 J. ALDAZÁBAL, “La Eucaristía”, en D. BOROBIO (ed.), La celebración en la Iglesia, 431.
563
CuadMon 223 (2022) 545-578

antigua, que la Iglesia nos invita a redescubrir, planteaba la cuestión en


otros términos: el respeto y la adoración están en primer lugar en la
actitud humana y espiritual de quien recibe el cuerpo de Cristo”68.

En consecuencia, me parece inaceptable esta afirmación: “La Comunión


en la mano es el modo de comulgar que tuvieron los Santos Padres pero la
Comunión en la boca es el modo que hubieran deseado tener”69. Precisamente, es
necesario tener presente que:

“desde los comienzos, la comunión eucarística fue considerada el signo


sacramental no sólo de la unidad de la vida divina que Cristo confiere al
creyente, sino también el medio de la unidad que por medio suyo congrega
en un mismo cuerpo místico a todos los fieles de su Iglesia.
En la Iglesia antigua la comunión eucarística era para un cristiano, junto con
el símbolo de la fe, una especie de cédula de pertenencia a la fe profesada
por la comunidad que la recibía.
Comulgar con el Pan único, partido y distribuido, es un gesto cuya
realidad sacramental supera y rebasa a la comunión espiritual y visual
que se practicó por largo tiempo durante el Medioevo.
Jesús instituye ese gesto para que su Pan sea comulgado por los miembros
de la asamblea santa. Esta eucharistica communio es la raíz de la ecclesialis
communio”70.

Una afirmación que suele verse principalmente en las redes es acerca


del “presunto origen calvinista” de la Comunión en la mano. Todo el recorrido
histórico ha permitido ver el origen patrístico de esta práctica. Desmerece la
actitud de los Padres de la Iglesia y la práctica ritual de las distintas tradiciones
litúrgicas de Oriente y Occidente una afirmación como ésta:

“El espíritu auténtico de la devoción eucarística de los Padres de la


Iglesia se desarrolló orgánicamente a fines de la antigüedad en toda la Iglesia
(Oriente y Occidente) en los correspondientes gestos del modo de recibir la

68 R. CABIÉ, La Eucaristía, en A. MARTIMORT (ed.), La Iglesia en oración. Introducción a


la Liturgia, 521 (cita 88).
69 J. LAISE, Comunión en la mano. Documentos e historia, San Luis, 1997, 68.
70 F. AROCENA, “Eucharistica communio, ecclesialis communio”, en J. GIL – J. RUIZ Aldaz
(dirs.), La communio en los Padres de la Iglesia, Pamplona EUNSA 2020, 121-139: 136-137.122.
564
LA COMUNIÓN EN LA MANO, Mario Alberto Haller

Sagrada Comunión en la boca: precedida de una prosternación (Oriente) o


de rodillas (Occidente). En este contexto es instructiva una comparación con
el desarrollo del rito de la Comunión en las comunidades protestantes. En
las primeras comunidades luteranas se recibía la Comunión en la boca y de
rodillas, dado que Lutero no negaba la presencia real71. En cambio Zwinglio,
Calvino y sus sucesores, que negaban la presencia real, introdujeron
nuevamente en el siglo XVI la Comunión en la mano y de pie”72.

Con esta formulación, parecería concluirse que la Comunión en la mano


sería un modo de negar la presencia real de Cristo en la Eucaristía. En ese caso,
estaríamos ante una afirmación herética. Pero hemos visto que ni los Padres
niegan la presencia real (todo lo contrario, aunque no la llamen transustanciación)
y se puede ver claramente que los documentos pontificios la afirman con énfasis
insistiendo ciertamente en la necesidad de una buena catequesis.

La distribución de la Comunión en las expresiones del arte

No debemos olvidar las “reproducciones pictóricas” entre los testimonios


del rito de comunión. J. Jungmann afirma que “el arte (…) reproduce el hecho
evangélico a tono con las ceremonias de la comunión de su época”73.

71 Martín Lutero no niega la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Pero no acepta explicarla
como transustanciación. Prefiere la llamada “consustanciación” o “impanación”. En cambio, los
“sacramentarios” (entre ellos Calvino) tendían a ver sólo una presencia simbólica. Para Lutero la
presencia real de Cristo durante la Eucaristía fue la cuestión que lo ocupó en sus últimos años y
también fue la idea que fragmentó la Reforma misma.
En cuanto a la presencia eucarística, Trento la define como presencia verdadera, real y sustancial
(vere, realiter et sustantialiter). Por ello, en cuanto al modo (“wie”) de la presencia (“was”), Trento –
manteniendo en su horizonte la tradición aristotélica tomista–, propuso el término transustanciación
como “aptissime” para indicar ese cambio. Cf. M. HALLER, “Aproximación a la Reforma
protestante desde la catequesis y la liturgia. “Hemos aprendido que lo que nos une es más que lo
que nos divide”, en Anales valentinos 11 (Valencia, 2019), 85-106: 102-103. Para ampliar este tema:
J. RATZINGER, La celebración de la eucaristía: fuente y cumbre de la vida cristiana, en Obras
completas: T. XI: Teología de la Liturgia, Madrid, BAC, 2014, 197-206.251-264.
72 A. SCHNEIDER, Dominus est. Reflexiones de un obispo de Asia central sobre la Sagrada
Comunión, Libreria Editrice Vaticana, 2009, 38. Cita: J. LUM, Communion in the Churches of
the Duch Reformation to the Present Day en: Ch. CASPERS (ed.), Bread of Heaven. Customs and
Practices Sourroundig Holy communion, Kampen 1995, 101.
73 J. JUNGMANN, El sacrificio de la Misa, Madrid, BAC, 1951, 1086. Este reconocido liturgista
expone algunos ejemplos. Recojo uno: en los cuadros del Codex Rossanensis, la procesión de los
565
CuadMon 223 (2022) 545-578

J. Aldazábal afirma que “naturalmente, las pinturas y los relieves de la


época (antigua) reflejan (la) costumbre de recibir la Comunión con las manos
extendidas”74.

“La cubierta del sacramentario de Drogón de Metz (+853) trae en sus


varios compartimentos una escena de Comunión, que muestra la eucaristía puesta
todavía sobre la mano del comulgante”75.

“En Roma, la nueva modalidad de la Comunión en la boca entró hacia el


S. X (Ordo Romanus, del año 915). Las pinturas y demás representaciones de
la época ya empezaron a reflejar la nueva costumbre (…): Jesús aparece con
frecuencia dando la Comunión a sus apóstoles en la boca”76.

En su crítica al libro de Zoffoli, M. Augé comenta cómo precisamente


el mencionado autor muestra en la portada de su libro una ilustración tomada de
la Biblia de San Luis del siglo XIII, Toledo], en el que Cristo da la comunión en
la lengua a sus apóstoles. En consecuencia, la elección de esta ilustración es, sin
duda, programática77.

También parece serlo la elección de La Comunión de los Apóstoles de


Fra Angelico, usado como tapa de los libros de R. Laise y F. Bortoli, defensores
“escrupulosos” de la Comunión en la lengua.

El Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, antes de presentar


la segunda parte, dedicada a la celebración del Misterio cristiano, presenta la

apóstoles que se acercan a la Comunión, “el más próximo se inclina para besar la mano derecha
del Señor, que acaba de entregarle en ambas manos el pan sagrado; el siguiente tiene todavía
cubiertas las manos juntas, los demás las tienen descubiertas y extendidas. Uno, que sin duda
ya ha recibido la Comunión, tiene ambas manos elevadas en oración. Perfectamente igual es el
cuadro de la Comunión del cáliz”, J. JUNGMANN, El sacrificio de la Misa, 1088 (cita nº 31).
74 J. ALDAZÁBAL, Gestos y Símbolos, Barcelona, Dossier CPL 40, 20006, 95. Cf. también: J.
ABAD IBÁÑEZ, La celebración del Misterio cristiano, Pamplona, EUNSA, 1996, 313 y P. GY,
“Quand et pourquoi la communion dans la bouche a-t-elle remplacé la communion dans la main
dans l’église latine?”, 21.
75 M. RIGHETTI, Historia de la liturgia. T. II, Madrid, BAC, 1956, 459.
76 J. ALDAZÁBAL, Gestos y Símbolos, 96.
77 M. AUGÉ, “A proposito della comunione sulla mano”, in Ecclesia Orans 8 (1991) 293-304:
294.
566
LA COMUNIÓN EN LA MANO, Mario Alberto Haller

pintura “Jesús da la Comunión a los apóstoles”, óleo del pintor flamenco Joos van
Wassenhove (c. 1410 - c. 1480), conservada en la Galería Nacional de las Marcas,
Urbino (Italia)78. En dicha obra, Jesús da la Comunión a los apóstoles en la boca y
de rodillas. Sin duda, refleja la praxis del momento histórico79.

Historia reciente

En la época postconciliar se refieren a este tema las Instrucciones


Memoriale Domini (1969) e Immensae caritatis (1973), así como el Ritual de
la Comunión (1973).

En 1968, se hizo una consulta al Episcopado de todo el mundo acerca de la


comunión en la mano, que dio como resultado que más del tercio del mismo veía
la posibilidad con buenos ojos. Ante la falta de unanimidad –los otros dos tercios
preferían seguir con la comunión en la boca–, apareció en 1969 la Instrucción
“Memoriale Domini” donde, manteniendo la vigencia de la comunión en la boca,
se establecía el camino a seguir: en aquellas regiones en que el Episcopado lo
juzgue conveniente por más de dos tercios de sus votos, se podrá dejar a los fieles
la libertad de recibir la comunión en la mano, salvando siempre la dignidad del
sacramento y la oportuna catequesis80.

78 CEA, Catecismo de la Iglesia Católica: Compendio, Buenos Aires, Oficina del libro, 20192,
75-76.
79 Lucca Signorelli, pintor italiano del renacimiento, presenta también La Comunión de los
Apóstoles (ca. 1512), actualmente en el Museo Diocesano de Cortona, Toscana. El pintor se había
inspirado en el Retablo Corpus Domini (1472–1474) de Joos van Wassenhove que Signorelli había
visto durante su estancia en Urbino.
80 Para una profundización de la misma: A. BUGNINI, La Reforma de la liturgia (1948-1975),
Madrid, BAC, 1999, 556-573. En 1969, G. CAPRILE afirmaba: “Nei mesi scorsi parecchie riviste
e giornali hanno dato notizia di una nuova concessione pontificia in materia liturgica: il permesso
dato ad alcuni episcopati di autorizzare i fedeli a ricevere la comunione non più sulla lingua,
ma nella mano. Primo ad usufruire di tale concessione è stato il Belgio; poco dopo di esso la
Francia, l’Olanda e la Germania. Il tenore della concessione è tale che lascia libero ciascun
vescovo di attuarla o no nella propria diocesi, e ciascun fedele di scegliere tra il nuovo rito o quello
precedente” (“En los últimos meses, varias revistas y periódicos han dado noticia de una nueva
concesión pontificia en materia litúrgica: el permiso dado a algunos episcopados para autorizar a
los fieles a recibir la comunión ya no en la lengua, sino en la mano. El primero en aprovechar esta
concesión fue Bélgica; poco después Francia, Holanda y Alemania. El tenor de la concesión es tal
que deja libre a cada obispo de aplicarla o no en su propia diócesis, ya cada fiel de elegir entre el
nuevo rito o el anterior”). G. CAPRILE, La “comunione nella mano”, 79.
567
CuadMon 223 (2022) 545-578

En 1985, la Congregación para el Culto Divino emite una Notificación


acerca de la comunión en la mano en la cual expresa que “la Santa Sede, a partir
de 1969, aunque manteniendo en vigor para toda la Iglesia la manera tradicional
de distribuir la Comunión, concede a las Conferencias Episcopales que lo pidan
y con determinadas condiciones, la facultad de distribuir la Comunión dejando la
hostia en la mano de los fieles”. Luego de recordar las instrucciones antes citadas
y el Ritual de la Comunión añade que “la Comunión en la mano debe manifestar,
tanto como la Comunión recibida en la boca, el respeto a la presencia real de
Cristo en la Eucaristía. Por esto se insistirá, tal como lo hacían los Padres de
la Iglesia, acerca de la nobleza que debe tener en sí el gesto del comulgante”81.
Finalmente, recuerda que “estas normas, así como las que se dan en los documentos
de la Sede Apostólica citados más arriba, tienen como finalidad recordar el
deber de respeto hacia la Eucaristía, independientemente de la forma de
recibir la comunión”82.

En la Argentina, la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) mediante


decreto del año 1996 aprueba la posibilidad de dar la Comunión en la mano
(decreto reconocido por la Santa Sede)83.

81 A. PARDO, Documentación litúrgica. Nuevo Enquiridion. De San Pío X (1903) a Benedicto


XVI, 441-442.
82 A. Nocent habla sobre las distintas “sensibilidades” acerca del modo de recibir la Comunión
a través de la historia. No obstante, afirma que “oggi, (…) per molti, aprire la bocca e tirar fuori
la lingua per ricervere il pane eucaristico sembra una mancanza di rispetto (…). Per buona parte
delle persone del nostro tempo (…) tendere le mani con rispetto e portare il pane alla bocca súbito
dopo averlo ricebuto, è il più grande rispetto che si possa esprimere atraveso il segno” (“Hoy,
(…) para muchos, abrir la boca y sacar la lengua para recibir el pan eucarístico parece una falta
de respeto (…). Para la mayoría de la gente de nuestro tiempo (...) extender las manos con respeto
y llevar el pan a la boca inmediatamente después de recibirlo, es el mayor respeto que se puede
expresar a través del signo”). A. NOCENT, La comunione nella mano, en A. CHUPUNGCO (dir.),
Scientia Liturgica: Manuale di Liturgia, V. III: L’Eucaristia , Casale Monferrato, Piemme, 1998,
321-323: 322.
83 CEA, El nuevo Misal Romano, Buenos Aires, Oficina del Libro, 2009, 51.
Un artículo del Diario La Nación, titulado La comunión podrá darse en la mano expresa –
entre otros conceptos– que “la decisión se fundamenta en razones teológicas y pastorales que
indican que “no existe ninguna indignidad para que el laico pueda tocar la Eucaristía con sus
manos”. También afirma que “pese a la autorización de la Santa Sede y a la resolución de la
Conferencia Episcopal, la modificación generó controversias”. Llama la atención una frase del
artículo por su actualidad: “Actualmente se corre el riesgo de que la mano del sacerdote,
al tocar involuntariamente la lengua del que se acerca a comulgar, pueda transmitir a los
fieles alguna enfermedad contagiosa…”. En línea: https://www.lanacion.com.ar/cultura/la-
comunion-podra-darse-en-la-mano-nid171425/… Consulta: 20.VIII.2020.
568
LA COMUNIÓN EN LA MANO, Mario Alberto Haller

Al inicio del nuevo milenio, durante el pontificado de Benedicto XVI,


el Maestro de las celebraciones litúrgicas pontificias “ha hecho pública la forma
exigida para recibir la Comunión de manos del Papa Benedicto XVI: de rodillas y
en la boca. (Sin embargo) ella no es obligatoria en otras circunstancias”84.

Perspectiva teológica y espiritual

En el tratamiento anterior ya se encuentran las grandes afirmaciones


teológicas inherentes al “recorrido histórico” realizado. No obstante, creo
que se podría indagar acerca de la concepción cristológica85, eclesiológica y
antropológica subyacente en el modo de distribuir la Comunión. Sólo me limitaré
aquí a algunas consideraciones eclesiológicas y antropológicas.

Algunas consideraciones eclesiológicas

84 G. ROSAS, En torno al modo de recibir la Sagrada Comunión, en CONALI informa,


Santiago de Chile, 2009, 1.3. En línea: http://www.iglesia.cl/conali/boletin/conali_92.pdf
Consulta: 24.IX.2020.
85 Creo que habría que ver en qué medida, sea el arrianismo, sea el monofisismo, contribuyeron
–remotamente– en la praxis de la comunión en la boca. En efecto, X. Bazurco afirma que la
disminución en la práctica de la Comunión es un hecho ligado en cierto modo con la reacción
anti-arriana. “Este fenómeno que a partir del S. IV es ya observable en Occidente, adquiere mucha
mayor incidencia en Oriente. Juan Crisóstomo se lamenta repetidas veces de ese hecho; aunque
es posible que su propio talante religioso haya influido en la reticencia eucarística de sus fieles.
El lenguaje utilizado (“mesa terrible”, “tremendo y terrible sacrificio”, etc.) hace resaltar no los
aspectos humanos y más cercanos de la personalidad de Cristo, sino aquellos otros que marcan la
distancia y subrayan su majestad divina.
Esta cuestión mantiene una estrecha relación con la polémica cristológica. “Precisamente,
los monofisitas, antípodas de los arrianos, que niegan la naturaleza humana de Cristo y sólo
reconocen su naturaleza divina, son los que en su liturgia manifiestan con mayor fuerza estos
sentimientos de temor y terror ante el sacramento de la Eucaristía”. X. Bazurco, Historia de la
Liturgia 170-171. Cf. también A. NOCENT, La comunione nella mano, 322. J. Ratzinger habla de
“la tendencia monofisita de la doctrina eucarística medieval”: cf. J. RATZINGER, La celebración
de la eucaristía: fuente y cumbre de la vida cristiana, en Obras completas: T. XI: Teología de la
Liturgia, 200. Es una afirmación que puede pasar inadvertida en el contexto del tema tratado pero
que podría ser materia para una posterior profundización.
Según mi parecer, una lectura serena de Nicea y Calcedonia nos ayudaría a valorar en su
justo medio el Misterio de la Encarnación y a percibir con claridad la distancia divina y la
cercanía humana del Señor, presente en la Eucaristía: ni tan divino que se pierda la riqueza
de la humanidad asumida, ni tan humano que se niegue la divinidad.
569
CuadMon 223 (2022) 545-578

Tanto la Comunión en la mano como la Comunión recibida en la boca,


deben manifestar el respeto a la presencia real de Cristo en la Eucaristía.

Para comulgar en la mano se debe extender la mano izquierda, bien


abierta, haciéndole, como un trono –como decía San Cirilo– para luego tomar el
Pan con la derecha y comulgar allí mismo, antes de volver a su lugar.

No se toma el Pan ofrecido con los dedos –a modo de pinzas– sino que el
ministro lo deposita dignamente en la palma abierta de la mano. De hecho, “no
está permitido que los fieles tomen la hostia consagrada ni el cáliz sagrado por sí
mismos, ni mucho menos que se lo pasen entre sí de mano en mano”86. En efecto,
el recibir los dones de la Eucaristía, el Cuerpo y Sangre de Cristo, de manos
del ministro (el presidente o sus ayudantes) expresa la mediación de la Iglesia.
Recibimos los sacramentos de, por y en la Iglesia. La Eucaristía no es un hecho
meramente personal (tomarla cada uno) ni tampoco sólo un gesto de fraternidad
(pasarla uno a otro): sino un sacramento de comunión eclesial que también
incluye la mediación vertical por medio de sus ministros.

Es cierto que nadie ignora que este tema sigue generando polémicas,
inclusive entre altos dignatarios de la Iglesia. Basta ver un poco en internet. Sin
embargo, es el mismo Papa Francisco, quien ha expresado que “según la praxis
eclesial, el fiel se acerca normalmente a la Comunión en forma de procesión, como
hemos dicho (…) recibiendo el sacramento en la boca o, donde está permitido, en
la mano, como se prefiera (cf. OGMR 160-161)”87.

M. Augé afirma, con respecto al modo de recibir la Comunión, que:

«Uno de los argumentos que los grupos tradicionalistas han barajado en


estos últimos años en su oposición a la reforma de Pablo VI es la pérdida
del sentido de lo sagrado que, según ellos, esta reforma ha comportado.
Ya en su primera Exhortación Apostólica, Francisco notaba que “la vuelta
a lo sagrado y las búsquedas espirituales que caracterizan a nuestra época
son fenómenos ambiguos” (Evangelii Gaudium 89). En este contexto, una
de las batallas del tradicionalismo ha sido contra la comunión en la
mano. En una larga presentación de un documentado libro de Federico

86 Instrucción Redemptionis Sacramentum (2004) nº 94.


87 FRANCISCO, Audiencia general. www.vatican.va: 21.III.2018.
570
LA COMUNIÓN EN LA MANO, Mario Alberto Haller

Bortoli sobre este argumento, aparecido a inicios del mes de marzo de este
año, el cardenal Sarah afirmaba que este modo de recibir la Comunión
tendía a “desarraigar del corazón de los fieles el sentido de lo sagrado”
y añadía que la Iglesia tendría que hacer “un repensamiento general del
modo de distribuir la santa comunión”. Algunas semanas después, en la
catequesis sobre la Santa Misa, en la audiencia general del 21 de marzo,
el Papa afirmaba: Según la praxis eclesial, el fiel se acerca normalmente a
la Eucaristía en forma de procesión, como hemos dicho, y se comunica en
pie con devoción, o de rodillas, como establece la Conferencia Episcopal,
recibiendo el sacramento en la boca o, donde está permitido, en la mano,
como se prefiera. También aquí Francisco, sin polémicas y con claridad
recordaba que la santa comunión se puede (y se debe) recibir “con
devoción” también cuando se hace “en pie y en la mano”»88.

Algunas consideraciones antropológicas.

Algunos aducen este argumento: “Las manos (de los laicos) son indignas
de tocar al Señor”. Cabe preguntarse: ¿es digna la lengua?. Pero sabemos que “no
es más santa la lengua que la mano, ni menos frecuentes los pecados cometidos
con la lengua que los que se realizan con las manos”89.

Asimismo, dentro de esta perspectiva, se debe profundizar sobre la


valoración del hombre como “unus (in) corpore et anima”90 y en el tema de la
inhabitación del Espíritu Santo en el creyente91.

88 M. Augé, “El papa Francisco y la liturgia”, en Revista Phase 349 (2019) 9-20: 18-19.
89 P. FARNÉS, “La Comunión en la mano”, en Pastoral de la Eucaristía, Barcelona, Dossiers
CPL 49, 1991, 104-111: 108. Conviene recordar el texto de Santiago, cap. 3, vv. 1-12. ¿No será
que quienes se resisten “por principio” a comulgar en la mano –aún en medio de la emergencia
sanitaria– mantienen sin saberlo una postura antropológica de tipo gnóstico, siendo el gnosticismo
indudablemente una herejía casi tan antigua como la Iglesia misma? Para ampliar este tema; cf.
también G. CAPRILE, La “comunione nella mano”, 82 y R. CHAVES, Receber a comunhao
na mao em tempo de coronavirus: en línea: https://arquidiocesedeteresina.org.br/2020/03/18/
receber-a-comunhao-na-mao-em-tempo-de-coronavirus/. Consulta: 20.X.2020.
90 Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, ns. 362-368.
91 En una catequesis sobre “El Espíritu Santo, huésped divino del alma”, el Papa Juan Pablo II
habla, precisamente de “la verdad sobre la inhabitación del Espíritu Santo, como huésped divino,
en el alma del justo”. Citando 1 Co 3,16, el papa recuerda que el Espíritu Santo está presente y
actúa en toda la Iglesia “pero la realización concreta de su presencia y acción tiene lugar en la
571
CuadMon 223 (2022) 545-578

En efecto, históricamente, la introducción de la comunión en la boca hizo


disminuir la importancia del sentido del tacto. Pero, debemos considerar la
importancia de tocar en la liturgia ya que en la celebración utilizamos los cinco
sentidos y en ella la corporeidad adquiere toda su importancia. “Tocar” es parte
del lenguaje de los sacramentos ya que esta dinámica se inserta en los gestos
de Jesús. Ahora la Iglesia, con sus sacramentos, continúa esa acción de Cristo con
el mismo lenguaje de cercanía corporal.

El Catecismo llama a los sacramentos la “obra maestra de Dios”92. J.


Aldázabal dice que “alguien ha comparado la mano extendida del Dios creador,
en la Capilla Sixtina, que no llega a tocar la mano de Adán. En los sacramentos
sí nos alcanza la mano salvadora de Dios por medio de su Hijo y en el espacio del
Espíritu y de la Iglesia”93. “En los sacramentos, Dios y el hombre se dan la mano.
Se trata, pues, de tocar a Dios y dejarse tocar por él”94.

Partiendo del relato de la hemorroísa (Lc 6,19), san León Magno afirmaba:
“Lo que era visible en nuestro Salvador ha pasado a sus misterios”95. “Quería
transmitir que esa corporeidad resucitada del Señor sigue actuando en el hoy de la
Iglesia a través de los signos sacramentales”96. En la Eucaristía, podemos ofrecer
“nuestra mano abierta para acoger al Señor y tocamos el Cuerpo de Cristo con
nuestras propias manos”97.

relación con la persona humana, con el alma del justo en la que Él establece su morada e infunde
el don obtenido por Cristo con la Redención”. Por una parte, “el don del Espíritu Santo se entiende
como don concedido a cada una de las personas” y, por otra parte, «por esta inhabitación, los
hombres se convierten en “templos de Dios”». En consecuencia, “la inhabitación del Espíritu
Santo implica una especial consagración de toda la persona humana”. Por eso, “es preciso notar
que la inhabitación del Espíritu Santo –que santifica a todo el hombre, alma y cuerpo– confiere
una dignidad superior a la persona humana, y da nuevo valor a las relaciones interpersonales,
incluso corporales, como advierte san Pablo en (…) 1 Co 6, 19”. JUAN PABLO II, Audiencia
general. Cf. www.vatican.va: 20.03.1991.
92 Catecismo de la Iglesia Católica, nº 1116.
93 J. ALDAZÁBAL, “Dimensión pascual y pedagogía mistagógica de los sacramentos según el
Catecismo de la Iglesia Católica”, Cuadernos Phase 73, Barcelona, 1996, 19-42:22.
94 L. ÁLVAREZ GOZÁLEZ, “Venite et tangete”, en Phase 55 (2015), 229-238: 236.
95 San LEÓN MAGNO, Sermo 74,2; PL 54,398A: citado en el Catecismo de la Iglesia Católica
nº 1115.
96 L. ÁLVAREZ GONZÁLEZ, “Venite et tangete”, 230-231.
97 Ibid, 237. En la celebración de los sacramentos, se da un doble movimiento: katabático y
anabático (de katabaino y anabaino). El descenso divino (aspecto catabático o sotérico [redentor])
572
LA COMUNIÓN EN LA MANO, Mario Alberto Haller

Con respecto a la importancia del tocar:

«Los cristianos, tal vez por herencia de los judíos, hemos dado prioridad
a la palabra “dicha y oída”, y no tanto a la “acción” de la liturgia, más
encarnada y concretizada en el lenguaje de los otros sentidos, que se ha
venido a minimizar hasta los límites del “validismo”.
Con respecto al “tocar” parece que hayamos desarrollado mucho más el
precepto negativo: “no tocar”. Hemos seguido más el “no te acerques”
de la visión de Moisés (Ex 3,5) que el estilo de Jesús. (…)
El gesto de tocar sacramentalmente expresa muy bien la acción de un Dios
que salva, la respuesta de nuestra fe, la relación con una persona (…).
Jesús nos enseñó la síntesis: nos enseñó y nos encomendó el lenguaje de los
gestos y a la vez nos llamó la atención sobre la prioridad de lo interior y de
las actitudes de fe. (…). Claro que el encuentro con Dios –y con las demás
personas– debe suceder a un nivel interior y profundo. Pero los signos
sacramentales están para eso: para expresar y facilitar ese encuentro
siempre misterioso e inefable»98.

Asimismo, se puede profundizar el valor de las manos como símbolo de


la acción del hombre y como medio de relación. Desde esta última perspectiva,
son expresivas de la relación con el Señor99. Es recurrente, en cambio, escuchar
la expresión “Sólo manos consagradas pueden tocar al Señor”. Es cierto que
las manos del presbítero han sido ungidas para confeccionar los sacramentos,
acentuando con este aspecto la dimensión sacerdotal del presbítero como cuando
se unge la cabeza del obispo se acentúa su dimensión pastoral. Pero no olvidemos
que también los bautizados-confirmados han sido ungidos y forman parte de un
pueblo sacerdotal100. Además, como hemos visto, el rito de la consagración de las
manos es tardío en la historia de la liturgia y se sitúa en el período carolingio.

hace posible el ascenso humano (aspecto anabático o latréutico [venerador] de la liturgia) en


la glorificación, el ruego y la celebración. En consecuencia, Dios se abaja hacia nosotros para
salvarnos y la persona responde con una actitud de adoración y alabanza. La Comunión en
la mano no disminuye esta actitud ya que –como decía San Agustín– “nadie coma de esta carne,
nisi prius adoraverit”.
98 J. ALDAZÁBAL, Gestos y Símbolos, 68-72:70.71.72.
99 Cf. J. ALDÁZABAL, Gestos y Símbolos, Barcelona, Dossiers CPL 40 (2000), 94-99.
100 Quizá haya que profundizar la relación entre el sacerdocio común de los fieles por una parte
y el sacerdocio ministerial por la otra.
573
CuadMon 223 (2022) 545-578

Cabe recordar también que en la actualidad, la Iglesia ha facultado el


servicio del Ministerio Extraordinario de la Comunión, que hace inválido el
“principio” antes mencionado101.

Perspectiva canónica

En relación al derecho de comulgar en la boca o en la mano, el Código


de Derecho Canónico reconoce el derecho del fiel a practicar su propia forma de
vida espiritual, siempre que sea conforme con la doctrina de la Iglesia (c. 214 in
fine). Sin embargo el mismo Código en el c. 223, en el mismo título, nos enseña
que estos derechos no son absolutos y que le compete a la autoridad eclesiástica
regular, en atención al bien común, el ejercicio de los derechos propios de los
fieles. A su vez el mismo canon le dice a los fieles que en el ejercicio de sus
derechos, tanto individualmente como unidos en asociaciones, los fieles han de
tener en cuenta el bien común de la Iglesia, así como también los derechos ajenos
y sus deberes respecto de otros. En esta época de pandemia, en consecuencia,
según la ley de la Iglesia, la autoridad eclesiástica tiene competencia de regular,
al menos en estas circunstancias, la forma de recibir la comunión102. Es lo que ha
sucedido con diversos episcopados.

Perspectiva pastoral

Es recurrente la insistencia, sea de parte de los documentos magisteriales,


sea de los diversos autores, acerca de la necesidad de catequesis previa para que
se descubra a los fieles el significado de la Comunión en la mano, ya que alargar
la mano para recibirla debe ser signo de que creemos que la Eucaristía es un don

101 “El año 1969 se envió a los episcopados un documento llamado Fidei Custos, que daba
normas para que los laicos, en determinadas circunstancias, pudieran distribuir la Comunión. (…)
En 1972, Pablo VI estableció que los acólitos instituidos, que pueden ser laicos, fueran ministros
extraordinarios, pero permanentes, de este ministerio de la Comunión.
Finalmente, en 1973, la Congregación de los sacramentos publicó la Instrucción Inmensae
Caritatis, en que se establecen los motivos y las modalidades de la distribución de la Eucaristía
por laicos, así como también (…) la Comunión recibida en la mano”. J. ALDÁZABAL, Ministerios
de Laicos, Dossiers CPL 35, Barcelona, 1999 (4º ed), 75.
102 S. FARIÑA, Aclaración con ocasión de la difusión de conceptos ambiguos: trabajo inédito:
Arquidiócesis de Paraná (Argentina), 2020. El autor es un experimentado canonista.
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LA COMUNIÓN EN LA MANO, Mario Alberto Haller

gratuito, que implica tomarla con gestos de veneración ya que “es una manera
concreta de expresar la fe, el respeto y la adoración que exigen de nosotros el
Cuerpo y la Sangre del Señor”103.

F. Arizmendi Esquivel (obispo emérito mexicano, nombrado cardenal


por el Papa Francisco), en agosto de 2020, en el contexto de la situación actual
de la pandemia con la consecuente indicación por parte de la Iglesia –en varios
países104 – de dar la comunión sólo en la mano y no en la boca para evitar los
contagios de COVID-19, ha afirmado que:

“Siendo obispo en mi anterior diócesis, la mayoría de los fieles recibía


la comunión de pie y en la boca, pero en la celebración dominical en la
catedral, dos o tres personas de la ciudad se ponían de rodillas y sólo la
aceptaban en la boca; consideraban una irreverencia recibirla en la mano y
de pie. Tienen derecho a hacerlo así y nunca les negué la comunión, ni les
llamé la atención por ello. Los fieles merecen todo nuestro respeto.
En contraste, en casi todas las comunidades indígenas habían recibido
la catequesis adecuada para recibirla de pie y en la mano, y nunca
tuvimos problemas por ello. Un ejemplo del gran respeto que les merece
la Eucaristía, es lo que viví en una ranchería muy alejada de la selva: Al
momento de la comunión, los indígenas hicieron dos filas, y antes de
recibirla en la mano, había ministros con agua y toalla para que todos,
antes de comulgar, se lavaran las manos. ¡Qué respeto hacia la Eucaristía!
¡Un ejemplo para varios de nosotros! Nunca pusieron objeción para recibir

103 P. FARNÉS, “La Comunión en la mano”, 107.


104 A modo de ejemplo: cf. las “Orientações da Conferência Episcopal Portuguesa para a celebração
do Culto público católico no contexto da pandemia COVID-19” del 8 de mayo de 2020 y las
“Orientações da CNBB para as Celebrações Comunitárias no contexto da pandemia da COVID–19”
de los obispos de Brasil del 21 mayo de 2020. En línea: http://www.conferenciaepiscopal.pt/v1/
orientacoes-da-conferencia-episcopal-portuguesa-para-a-celebracao-do-culto-publico-catolico-
no-contexto-da-pandemia-covid-19/. Consulta: 30.X.2020 y en línea: https://www.cnbb.org.br/
wp-content/uploads/2020/06/Orienta%C3%A7%C3%B5es-lit%C3%BArgico-pastorais-para-o-
retorno-%C3%A0s-atividades-presenciais.pdf. Consulta: 30.X.2020.
He consultado a P. Caspani (Milán) mediante e-mail acerca de la Comunión en la liturgia
ambrosiana. La gentil respuesta del estudioso ha sido la siguiente: “per quanto riguarda la
comunione sulla mano, le normative del rito ambrosiano seguono quelle della Chiesa italiana che
l’ha introdotta nel 1989 (...). Quindi quel che vale per la Chiesa italiana vale anche per la liturgia
ambrosiana” (“en cuanto a la comunión en la mano, las normas del rito ambrosiano siguen las de
la Iglesia italiana que lo introdujo en 1989 (...). Entonces, lo que es válido para la Iglesia italiana
también lo es para la liturgia ambrosiana”).
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la comunión en la mano, y no porque ignoraran o menospreciaran el gran


misterio, sino porque habían recibido la debida preparación de parte de
sacerdotes y catequistas.
Ahora, por la pandemia del SARS-CoV-2, el episcopado mexicano indicó
que, para cuidar la salud de los fieles, se diera la comunión sólo en la mano
y no en la boca. La inmensa mayoría lo ha comprendido y aceptado
sin problema; pero no falta quien se resista a ello y lo considere un
sacrilegio. Nada de eso. Los textos bíblicos y la historia de la Iglesia nos
indican que la comunión en la boca es una costumbre muy tardía. (…)
El episcopado mexicano aprobó, desde hace muchos años, poder recibir la
comunión en la mano, y para este tiempo de pandemia ha insistido en que
sea la única forma de distribuirla, para proteger la salud de los fieles.
Cuando pase esta situación, los fieles tienen la libertad de recibirla en
la mano o en la boca, siempre con la debida devoción y evitando todo
tipo de abusos y faltas de respeto.
La Eucaristía es el sacramento más sublime. Recibir a Cristo en la comunión
es la gracia más ansiada. Es relativamente secundario recibirla en la boca o
en la mano: lo importante es comulgar con Él sacramentalmente en la
Eucaristía, para luego comulgar con Él también sacramentalmente en
el amor al prójimo, sobre todo los que sufren”105.

Consecuentemente, no es fácil asumir la “dificultad” de algunos a usar este


modo de comulgar en un tiempo como éste. Se dio también durante la Gripe A106.

Conclusiones

Con ocasión de la pandemia, ha surgido nuevamente una polémica en relación


al modo de administrar la Comunión, más concretamente acerca de la Comunión en
la mano. Por una parte, es cierto que la Iglesia concede al fiel el derecho de decidir
de qué modo desea recibir a Jesús (en la boca o en la mano; el sacerdote no puede
imponer su preferencia personal) y, por otra parte, es también cierto que hoy se vive

105 En línea: https://es.zenit.org/2020/08/05/monsenor-felipe-arizmendi-comunion-en-la-mano/.


Consulta: 30.X.2020.
106 B. Olivera hace referencia a varias “pandemias” que han castigado parcial o totalmente
a la humanidad en los años recientes. Cf. B. OLIVERA, “Nuevo Orden mundial y pandemias.
Meditación monástica en tiempos de clausura universal. Fidelidad creativa en un eventual cambio
de época”, en Cuadernos monásticos 214, Buenos Aires, Ágape, 2020, 371-382: 378-379.
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LA COMUNIÓN EN LA MANO, Mario Alberto Haller

una situación extraordinaria. No es saludable que en situaciones como éstas, los


comulgantes se vuelvan incapaces de una sana adecuación a las circunstancias. ¿No
será éste un momento para ejercitar la virtud de la epiqueya? El Señor –que nos
mandó amar al prójimo como a nosotros mismos (1 Jn 4,20)– ¿estaría de acuerdo
con esa “llamativa” actitud respetuosa hacia Él pero con una “llamativa” indiferencia
hacia el otro hermano-comulgante? Además, la eucharistica communio es la raíz de
la ecclesialis communio (como antes hemos afirmado).

No olvidemos que las reacciones se expresan a veces a partir de


prescripciones que datan de la Edad Media y que prohíben al laico tocar la hostia
o incluso la patena o el cáliz vacíos. La perspectiva antigua, que la Iglesia nos
invita a redescubrir, planteaba la cuestión en otros términos: el respeto y la
adoración están en primer lugar en la actitud humana y espiritual de quien
recibe el cuerpo de Cristo.

Hoy, circulan en las redes sociales textos contrastantes, en general


unilaterales en su mirada. En consecuencia, he querido fundamentar un poco
más esta cuestión procurando que cierta unilateralidad pueda dañar la amplitud
de la mirada eclesial y también el sano ejercicio de la prudencia pastoral. En
relación a lo último, remito al lector a la re-lectura del texto de San Basilio: habla
sobre la posibilidad de llevar la Comunión a las casas en tiempo de persecución.
¿No es éste, un tiempo “especial” en el cual se debe tener cierta “plasticidad”
para adecuarse a las circunstancias, aún sacrificando una modalidad ciertamente
legítima en el modo de comulgar pero que, por motivos prudenciales y caritativos,
la Iglesia con realismo pide a sus hijos?

¿Qué significa concretamente que la eucharistica communio es la raíz de


la ecclesialis communio?

Finalmente, algunos han objetado que la cuestión tratada no se encuentra


en el Concilio Vaticano II. Concedemos que, haciendo una lectura meramente
literal del mismo, es cierto, pero indagando en el espíritu conciliar107, el texto de
SC 23 es decisivo: sana tradición y legítimo progreso. Comulgar en la mano
pertenece a la sana y auténtica tradición: pertenece al espíritu de un legítimo

107 Como ejemplo, el Concilio Vaticano II no trató directamente el tema parroquia pero sí
ha sido fuente de inspiración de la definición que se encuentra en Christifideles Laici 26 y en el
Código de Derecho Canónico.
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progreso porque «es rigurosamente tradicional “ad normam Sanctorum Patrum”


(SC 50)» (como afirmaba san Juan Pablo II de la liturgia108) y, además, se adecua
no sólo a una reflexión teológica enriquecedora de nuevas perspectivas sino
también a las situaciones epocales, como la causada por la pandemia del Covid 19.

Pueda contribuir en algo este recorrido histórico y las reflexiones hechas.

Y que “nadie coma de esta carne, nisi prius adoraverit” (San Agustín).

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Entre Ríos. ARGENTINA
[email protected]

108 JUAN PABLO II, Carta apostólica Vicesimus quintus annus (VQA), 4. (www.vatican.va:
1988).
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