Las mañanas de Buenos Aires según lo que cuenta un viajero francés
Cuando la ciudad despierta se ven en primer lugar las carretas de los
pescadores que regresan de la playa, cargadas de pescados. Salen a
pescar todos los días antes del amanecer, arrojan una o varias veces la
red arrastrada por caballos. Y la carreta se carga de hermosos peces
para llevarlos al mercado...
Las carretas que sirven para el desembarco de pasajeros y marineros
marchan en grupo hacia el rio. Tienen ruedas tan altas que impresionan
y son conducidas por un gaucho...
Vienen después los aguateros, trepados en el yugo que une a los bueyes
de la yunta, mientras que una campanilla anuncia su paso.
Luego llegan toda clase de vendedores a caballo... los lecheros, los
distribuidores de pan, sentados entre dos grandes canastas de cuero
llenas de panes. Los vendedores de aves y frutas recorren también las
calles, así como los artesanos que se dirigen a sus talleres.
Las lavanderas negras o mulatas con la cabeza cargada con una gran
batea en la cual Ilevan ropa y jabón, se dirigen al río fumando su pipa y
llevando la pava para calentar agua para su mate. Ellas no hacen nada
antes de haber tomado su bebida favorita.
A las ocho comienza el día para los comerciantes: abren sus negocios, se
ubican frente al mostrador o se dedican a desempaquetar mercaderías.
La ciudad presenta entonces el aspecto de todos los puertos: se ven las
carretas cargadas de mercaderías, hombres de negocios de distintas
naciones, se oye hablar todas las lenguas.
Viaje a la América Meridional realizado de 1826 a 1833, por Alcides d'
Orbigny