Psicologia
Psicologia
Trata, por tanto, de clarificar los sucesos y conceptos previos que dieron lugar al nacimiento de
la psicología, así como el contexto histórico-cultural, las circunstancias y los autores que lo
hicieron posible, y a partir de ahí, hacer el seguimiento y reconstrucción histórica posterior que
dé cuenta de la conformación de esta ciencia como la conocemos hoy en día.
Una de las cosas que inmediatamente nos llama la atención es que el desarrollo de la
psicología no es unitario ni unidireccional, algo lógico por otra parte, dada la complejidad de su
objeto de estudio y la falta, durante muchos años, de una definición consensuada de esta
ciencia.
Otra característica del desarrollo histórico de la psicología es, al igual que antaño ocurriera con
la filosofía, la aparición de diversas escuelas incompatibles entre sí durante décadas, tanto por
la definición de su objeto como de los hechos estudiados y la metodología usada, escuelas
entre las que sólo tiempo después comienzan a establecerse puentes.
Hay que hacer notar que la psicología como ciencia empírica, que trata de adoptar el método
hipotético-deductivo (a través de experimentos, o contrastación por el método observacional),
se desarrolla en el contexto sociocultural occidental (incluyendo países occidentalizados). La
Historia de la psicología se ocupa de este fenómeno, por lo que pueden quedar fuera de su
consideración los estudios, prácticas y reflexiones realizados en otros contextos culturales.
Origen de la Psicología
Wilhelm Wundt (sentado) y sus colegas en el primer laboratorio de psicología experimental
que fundó en 1879 (Leipzig).
De ordinario, se hace referencia al año 1879 como la fecha inaugural de la psicología moderna
en tanto que disciplina científica. Ese año, el alemán Wilhelm Wundt creó el primer laboratorio
de psicología experimental en la ciudad de Leipzig. Sin embargo, no todos los historiadores de
la Psicología coinciden en este punto:
«El despegue de la psicología como ciencia universitaria tiene así lugar en el siglo XVIII, en
Alemania, marcado por una psicologización del discurso filosófico que procede del análisis del
entendimiento de Locke y que se hibrida con la filosofía racionalista. A partir del lugar que
Wolff reserva a la psicología empírica en su sistema se abrirá todo un debate metodológico
sobre sus límites y posibilidades. En ese debate intervendrá activamente Immanuel Kant
(1724-1804), apostando por hacer de la psicología empírica, como descripción natural del
alma, una disciplina independiente de la metafísica.»[1]
En 1860 se crea en la Universidad de Berna (Suiza) la primera cátedra universitaria que incluye
una referencia explícita a la psicología.[6]
En cuanto al vocablo «psicología», fue utilizado por primera vez en latín por el poeta y
humanista cristiano Marko Marulić, en su libro Psichiologia de ratione animae humanae
(publicado a finales del siglo XV o a comienzos del XVI).[7] Algunos autores defienden que el
término procede de una traducción erudita del libro De Anima de Aristóteles.[8]
Antecedentes
El abordaje de los fenómenos psicológicos está presente allá donde existe discurso racional.
Simplificando mucho las cosas, puede decirse que hay dos tendencias a la hora de delimitar el
objeto de estudio de la psicología moderna: de un lado, la mente (ya sea su estructura,
funciones, contenidos, etc.), y de otro, la conducta. Dado que el estudio objetivo de la
conducta es algo propio de los siglos XIX y XX, habría que indagar para saber qué ocurrió para
que se produjera este desplazamiento desde la mente a la conducta (desplazamiento que,
atendiendo a la pluralidad de enfoques y escuelas que emergieron en el siglo XX, fue sólo
parcial). Y, sobre todo, habría que aclarar qué es lo que se entendía —y qué se entiende hoy
día— cuando se habla de «mente».
Así, nos encontramos con que el concepto de mente abordado por la psicología es un producto
moderno.[9][10] En la filosofía griega, simplificando, podemos encontrar dos aproximaciones a
la interioridad humana: la platónica, que considera que la esencia del hombre es su espíritu, el
cual se encuentra «encerrado» en un cuerpo que lo limita y no le permite manifestarse en
toda su plenitud, y la aristotélica, que considera que el ser humano (al igual que los demás
seres vivos) está formado por una unidad integral de cuerpo y alma.[11] El alma sería el
principio vital que anima y da unidad a la materia corpórea, pero, en definitiva, ambos
elementos son inseparables. En el caso de Platón, muchos de los fenómenos que hoy
llamamos psicológicos (como las pasiones o los sentimientos) quedarían fuera de la
consideración de lo propiamente espiritual. En Aristóteles, sin embargo, quedarían integrados
dentro del estudio del ser humano como una unidad holística.[12]
Mientras que en las escuelas de filosofía romana parece ser que imperó una concepción del
hombre más cercana a Aristóteles (por ejemplo, el estoicismo),[1] la concepción dualista de
Platón pasó a los albores de la filosofía medieval cristiana a través de Plotino y Agustín de
Hipona. En el mundo islámico se llevará a cabo una reinterpretación de Aristóteles desde una
perspectiva neoplatónica (es decir, influida por Plotino), en concreto, de la noción de
«intelecto agente», que se identifica con la divinidad (véase Avicena).[1] Sin embargo, a partir
del estudio pormenorizado de los autores islámicos, Tomás de Aquino retornará a la idea del
alma como principio vital (o «forma») del cuerpo, naturalizando de nuevo la razón y
proponiendo el conocimiento de la existencia de Dios a través de la razón natural —sus
famosas «cinco vías»—, que se complementa con la fe.[13] Esto, sin embargo, no fue aceptado
por otros autores de la escolástica tardía, como Duns Escoto y Guillermo de Ockham.
Concepto de «mente»
La doctrina de René Descartes (1596-1650) supone una vuelta a la visión dualista del ser
humano.
Aunque la visión naturalista e integral del ser humano propia de Aristóteles se aproxima
bastante a determinados planteamientos de la psicología moderna, su visión del mundo físico
chocó frontalmente con el desarrollo de la física mecanicista durante el siglo XVII.[14] En ese
contexto, René Descartes (1596-1650) decidió desmarcarse del aristotelismo en general.
Separó el «yo pensante» —res cogitans— de la materia o res extensa.[9][10]
«Descartes quería que los lectores advirtieran que cuando hablaba de "yo" o "res cogitans" no
estaba hablando del alma en el sentido aristotélico de la palabra, y por eso recurrió al empleo
del término "mens", que se refiere únicamente al principio en virtud del cual pensamos, por
oposición al de "anima", que se refiere al principio vital por el que nos nutrimos, crecemos y
estamos sometidos a las demás funciones que compartimos con los animales. A partir de este
momento, pues, lo opuesto a "alma" (anima, principio de vida) ya no será la ausencia de vida
(lo inanimado), sino el cuerpo, que pasa a entenderse como un autómata. Se desarrolla
entonces un nuevo discurso sobre la naturaleza humana y la mente (...), del que se ocupará la
moderna psicología.»[1]
Nace así un concepto de «mente» individual, que es «sujeto de acciones» (pensar, imaginar,
percibir, etc.) y que se opone a la noción de «cuerpo». Al igual que en el platonismo, esto se
plantea en un lenguaje espacial de «dentro» y «fuera». Desde el punto de vista
epistemológico, el problema fundamental que se plantea es cómo la res cogitans puede
acceder al conocimiento de la res extensa, dada la radical heterogeneidad y, a la vez,
separación entre ambas. La solución propuesta por Descartes resulta a todas luces
insatisfactoria: la mente solo puede conocer contenidos de la mente, es decir, «ideas» (que no
provienen del «exterior», sino que están en la mente desde antes de nacer —son «innatas»—;
lo único que debemos hacer es ir descubriéndolas). Su correspondencia con la «realidad
exterior» queda garantizada por la «veracidad divina», y el punto de contacto entre ideas y
realidad radicaría en la glándula pineal.[11]
De esta manera, Descartes lega dos de los conceptos que serán fundamentales en la psicología
moderna («mente» y «sujeto») acompañados de una problemática a la que diversas escuelas
psicológicas tratarán de dar solución: la relación entre el «yo» y el mundo que le rodea.
Empirismo
John Locke (1632-1704) rechaza las ideas innatas cartesianas.
Esta solución no satisfizo al inglés John Locke (1632-1704). Alineado con la sensibilidad de su
época, que se aparta cada vez más de la metafísica, pero sin apartarse del racionalismo, acepta
el presupuesto de que la mente humana solo conoce ideas, pero rechaza que sean innatas, y
propone que se adquieren con la experiencia, comenzando en la experiencia sensible, que
sería a su juicio la que garantizaría el contacto con la realidad. La mente sería así una «tabula
rasa» (como en Aristóteles), y sus contenidos serían el resultado de las combinaciones que se
producen a partir de las sensaciones que nos llegan a través de los sentidos. Sin embargo, las
capacidades de la mente (como la reflexión o la percepción), esas sí serían innatas.[16]
Las ideas de Locke llegaron a Francia, unidas al entusiasmo que produjo la física de Newton.
[17] En Alemania, sin embargo, la sensibilidad era otra. Leibniz (1646-1716) rechazó la idea de
que las ideas tuvieran una base en la experiencia sensible.
Christian Wolff (1679-1754) es el primer pensador que defiende la necesidad de someter los
fenómenos psíquicos a tratamiento matemático.
En cualquier caso, influido por el Ensayo sobre el entendimiento humano de Locke, el discurso
acerca del ser humano se va «psicologizando».[18] En Alemania, el vocablo «psicología» se
institucionaliza en el ámbito académico, trayendo consigo todo un esfuerzo por sistematizarlo
a través de la docencia universitaria y de numerosas publicaciones.[18] Cabe destacar a
Christian Wolff (1679-1754) —más conocido por su obra metafísica como antecedente de Kant
—, quien divide la psicología en dos partes: una racional, dedicada al conocimiento «a priori»
de las cualidades de la mente humana, y otra empírica, que se ocupa del conocimiento «a
posteriori» de la actividad de la mente a través de la observación.[19] En su libro Psicología
empírica (1732) propone la necesidad de someter los fenómenos psíquicos a tratamiento
matemático, introduciendo el término de «psicometría» por primera vez.
Primeros pasos del asociacionismo
Hemos visto como el empirismo partía de los sentidos para explicar el conocimiento humano, y
la propuesta de Wolff para una psicología empírica. En este debate irrumpe Inmanuel Kant.
Kant sigue la propuesta de Wolff pero incorporando los aportes de Hume, dando lugar a una
sistematización integradora y nueva a la vez. Su trabajo va en la línea de separar
definitivamente la psicología de la metafísica.[22] Para ello, decide poner límites a la ciencia
racional, y propone que el «Yo trascendental» (sustancia psíquica y soporte último de la
actividad mental humana) no puede tomarse «en sí mismo» como objeto de estudio de la
razón (resulta interesante resaltar que Wundt acepta y profundiza en las limitaciones
impuestas por Kant a la ciencia en lo que se refiere al «Yo trascendental»[1]).
Serán, pues, los «fenómenos» psíquicos (y no su «estrato subyacente») los que pueden ser
estudiados por una ciencia que —al igual que la física se ocupa de los «fenómenos del sentido
externo»— se ocuparía de los «fenómenos del sentido interno».
En Los primeros principios metafísicos de la ciencia de la naturaleza (1786), Kant distingue dos
ramas dentro de las ciencias empíricas: las ciencias «históricas» (que describen la realidad) y
las propiamente «científicas» (que buscan explicaciones causales, recurriendo a leyes
matemáticas, entre otros medios). Dado que estima que el método propio de la psicología es
la introspección, niega que esta ciencia pueda estar entre las segundas —a diferencia de lo que
pensó Wolff—.[1]
La doctrina del Espíritu Absoluto de G.W.F. Hegel (1770-1831) influirá en la Psicología de los
Pueblos de Wundt, pero esta línea de pensamiento no tendrá continuidad en la psicología
posterior.
Charles Darwin (1809-1882) entiende que la conducta de los seres vivos está sujeta a las leyes
de la selección natural, igual que los rasgos biológicos.
Para Hegel la psicología debe abordar al espíritu libre de las condiciones fenomenológicas y
materiales (de modo similar a la «psicología racional» wolffiana, y rechazando su «psicología
empírica»), lo cual lo aparta del camino de desarrollar una psicología que parta de los hechos
de la experiencia empírica. Pero, si posteriormente esta idea no tendrá continuidad (al menos
en la psicología), la idea de desarrollar una «psicología de los pueblos» que aborde el estudio
de la «consciencia colectiva» será una constante en las ciencias humanas.
La primera, el desarrollo de la Psicología Experimental como disciplina para abordar una parte
de los fenómenos psicológicos (sus bases y procesos fisiológicos y parte de los contenidos
psicológicos) usando el método experimental.
Físico de formación, los estudios fisiológicos de Gustav Fechner (1801-1887) serán el punto de
partida de la psicología científica de Wundt.
Como un aspecto de la psicología en cuanto análisis experimental de los fenómenos de
conciencia puede entenderse, sin duda alguna, el empeño de medir las sensaciones. Esta
faceta de la psicología experimental, cuyo estudio persiste hasta nuestros días, tuvo lugar en la
llamada psicofísica y en la psicofisiología del siglo XIX. Los autores más relevantes de este
movimiento son, como corresponde al siglo, fisiólogos antes de psicólogos: Weber, Fechner y
Helmholtz son los principales representantes (psicología fisiológica).
Ernst Heinrich Weber, quien fundamentalmente era fisiólogo, trabaja con los sentidos de la
vista y el tacto y emplea el tradicional concepto de umbral; para estructurar de un modo
científico estas experiencias, se vio obligado a estudiar también las condiciones psicológicas
indispensables para asegurar la homogeneidad de los datos. Gustav Theodor Fechner, que no
era fisiólogo sino físico, realiza su trabajo con base en la teoría weberiana. Con su maestro y
dentro del campo concreto de la psicofísica intenta unir y relacionar los fenómenos mentales
(psico) y los fenómenos corporales (física). Es decir, intenta ver la relación entre las llamadas
tradicionalmente «energías psíquicas» y «energías físicas». Describe la relatividad de los
fenómenos sensoriales. Y concluye con que la acción de los estímulos no es absoluta sino
relativa. Sobre esta base sistematizará Wundt su psicología científica. Siguiendo esta directriz,
Hermann von Helmholtz sistematiza los conocimientos psicofisiológicos de las sensaciones
auditivas y ópticas, basando su estudio en la sensación como primicia de expresión del
acontecimiento psíquico.
Aunque habían pasado casi dos siglos desde que se hablara por primera vez de la necesidad de
una ciencia empírica sobre los fenómenos de la mente, es a Wilhelm Wundt (1832-1920) a
quien corresponde el mérito de haber dado el paso definitivo y haber creado un laboratorio de
Psicología experimental, punto de arranque de la Psicología contemporánea.
Gracias al enorme desarrollo de las ciencias naturales y a la aparición del método científico-
experimental —que se separa del método científico-filosófico—, en la primera mitad del siglo
XIX se va perfilando una concepción de «lo psíquico» como un conjunto de fenómenos
peculiares —los contenidos de la conciencia— que se supone que podrían ser observados y
estudiados usando el método empírico y experimental. De esta manera, las cuestiones
generales relacionadas con el «sujeto en sí» (la naturaleza humana) dejan de ser un problema
prioritario para la nueva psicología.
En sus estudios sobre la sensación y percepción, Wundt basa su análisis científico en tres
principios experimentales: el principio de artificiosidad, que consiste en el poder de provocar
la aparición del proceso que se trata de estudiar mediante circunstancias establecidas con
anterioridad; el principio de verificabilidad de condiciones, y el principio de repetibilidad por el
que cada resultado obtenido debe someterse a una revisión repitiendo las investigaciones y las
condiciones en que se realizó el primer experimento. Así se introduce en líneas generales el
método experimental. Pero Wundt interpreta lo psíquico y lo físico simplemente como dos
maneras diferentes de referirse a una misma realidad; así, pues, todo fenómeno pertenece
tanto a la psicología como a la física, y no distingue los fenómenos que, aun teniendo
repercusión física, son, sin embargo, algo más.
Para Wundt, el fenómeno psíquico, lo anímico, tiene carácter de proceso; es decir, los
contenidos de conciencia nunca son objetos constantes, sino fenómenos fugaces, que
continuamente se suceden unos a otros. Por tanto, y esto es lo importante, es imposible una
observación exacta no fundada en la experiencia; es, en consecuencia, absolutamente
necesario un método experimental. Lo importante no es conocer lo que el fenómeno sea en sí,
sino «prever» el comportamiento de los fenómenos; verificar hechos y comprobar leyes. Todos
los contenidos de conciencia están compuestos de unidades elementales: sensaciones y
percepciones. Con esta restricción del campo de la conciencia (quedan excluidos otros diversos
datos y elementos), Wundt basará su psicología en un estudio casi exclusivo sobre la sensación
y la percepción y los problemas más directamente suscitados por estos «elementos de
conciencia».
El estudio de los fenómenos físicos y fisiológicos correlativos con los hechos psíquicos pronto
se vio desplazado por la aplicación de la introspección al método experimental.
Wundt había defendido que los fenómenos complejos de la mente tenían un carácter holista, y
que no podían reducirse a la simple suma de sus elementos constitutivos.
Escuela de Wurzburgo
Él y sus discípulos —la llamada escuela de Wurzburgo, que incluye, entre otros, a Narziss
Kaspar Ach, August Wilhelm Messer, Karl Bühler, Karl Marbe—, trataron de confirmar estos
criterios logrando una fenomenología de la vida psíquica. A través de la teoría del pensamiento
sin imágenes o de los estudios sobre la volición se llegó a la investigación de los niveles
superiores del psiquismo, en un grado tal, que, como señala Juan José López Ibor, la influencia
de la escuela de Wurzburgo ha sido decisiva en la evolución posterior de la psicología. Su
interés por la psicología del pensamiento y el decidido afán de orientar la investigación
psicológica hacia esferas de la vida consciente distintas de las sensaciones e imágenes tienen
un valor de indudable interés.
Funcionalismo
John Dewey (1859-1952) es el padre del pragmatismo y máximo exponente del funcionalismo.
Rechaza el afán por conocer cómo se estructura la mente, y en su lugar, propone preocuparse
más bien por cómo funciona.
«En su afán por Establecer una psicología útil y práctica el funcionalismo, que era mentalista,
emprendió el estudio de la vida mental en una trayectoria que empezaría por el estudio
introspectivo de la actividad mental y culminaría en el estudio de la actividad solo como
conducta manifiesta.» González Labra (2019), p. 7.[25]
William James nació en Nueva York en 1842. Médico de formación, sus intereses filosóficos le
llevaron por un camino distinto al de la medicina, no llegando nunca a ejercer esta profesión.
Como confesó él mismo, "estudié medicina para ser fisiólogo, pero me desvié hacia la
psicología y la filosofía por una especie de fatalidad. Nunca recibí ninguna instrucción
filosófica; la primera conferencia sobre psicología que escuché fue la primera que di".[26]
Conocido en el ámbito anglosajón como "El padre de la psicología", James fue autor del libro
The Principles of Psychology (1890), en el que expone toda una serie de tesis acerca del
psiquismo humano que, aún en la actualidad, siguen siendo fuente de investigación. En esta
obra, trata de aunar las aportaciones de Darwin sobre la función adaptativa de la conducta y
los avances en el estudio del sistema nervioso (no olvidemos que dos años antes había visto la
luz la Teoría Neuronal de Ramón y Cajal) para poner los conocimientos de una psicología
científica, afín a otras ciencias naturales.[27]
Partiendo de posturas empiristas, defiende que la psicología no debe buscar tanto llegar a
verdades absolutas como satisfacer necesidades. Se sitúa, pues, en la misma línea que John
Dewey, a quien se considera padre del pragmatismo.
James propuso una teoría psicofisiológica de las emociones -conocida como teoría de James-
Lange-, que trata de explicar el comportamiento emocional como derivado de las respuestas
fisiológicas que el sistema nervioso autónomo produce ante las experiencias y estímulos
ambientales. Así, sería a partir de fenómenos como la tensión muscular, el lagrimeo o la
aceleración cardio-respiratoria, como el psiquismo crea las emociones. Es famosa su frase:
"estamos tristes porque lloramos, y no al revés".
Psicología diferencial
Se puede decir que Alfred Binet (1857-1911), iniciador del movimiento de los tests
psicológicos, «humanizó» la Psicología diferencial, aplicándola a los ámbitos educativo y
clínico.
También se irá produciendo un acercamiento cada vez mayor entre la psicología general y la
psicología de las diferencias individuales. Los mismos instrumentos estadísticos que idearon
Galton y sus discípulos (como Karl Pearson), han sido y son ampliamente utilizados en la
investigación y evaluación psicológica.
Terapia psicoanalítica
Sigmund Freud (1856-1939), médico de profesión, defiende el estudio del psiquismo desde un
enfoque organicista y dinámico basado en las pulsiones. Contaba con una amplia experiencia
clínica, sin embargo, no diseñó ningún experimento para contrastar su modelo —cuya certeza
asumía—, por lo que la relación de su doctrina con la ciencia posterior ha sido controvertida.
El psicoanálisis fue fundado por Sigmund Freud. Freud, médico de profesión, parte de los
aportes de la psicología fisiológica (de corte asociacionista), y echa mano de diversas técnicas
como la hipnósis para tratar a sus pacientes psiquiátricos en la consulta, pero ante la falta de
resultados satisfactorios, emprendió una búsqueda del origen de los trastornos mentales,
suponiendo que la clarificación psicogenética de los mismos le ayudaría a encontrar
tratamientos adecuados.
Freud fue alumno de Jean Martin Charcot,[30] lo que le posibilitó familiarizarse con el uso de la
hipnosis para intervenir en los síntomas de la histeria. Esto le hizo pensar que este trastorno
tenía una etiología psicológica y no simplemente orgánica.
Más tarde, en colaboración con el fisiólogo Joseph Breuer,[31] Freud aplicó el método
catártico descubierto por aquel, y poco a poco iría transformándolo hasta configurar el
método propio del psicoanálisis.
Después de varios años de experiencia clínica, Freud propuso que los síntomas neuróticos eran
originados por traumas vividos en el pasado y reprimidos en el inconsciente por ser
inaceptables para la moral social del «Yo».[32] Freud elaboró su teoría en torno al concepto de
«libido» —que, al contrario de lo que se pensaba entonces de modo generalizado, él sostuvo
que también tenía manifestaciones en la niñez— y a la idea de que esos traumas eran sucesos
de naturaleza sexual pertenecientes a la infancia temprana. Para explicar esto, desarrolló una
serie de conceptos recurriendo a la terminología de la mitología griega clásica, el más célebre
de los cuales posiblemente sea el de «complejo de Edipo».[32] De esta manera, siguiendo la
«catarsis breueriana», trataba de reproducir los procesos psíquicos de la situación en la que se
adquirieron los síntomas neuróticos, con la suposición de que trayéndolos al «consciente»
desde el «subconsciente» se lograba que remitieran.[33] Posteriormente, Freud abandonaría
la hipnosis, así como la focalización sobre un problema determinado, dado que no obtuvo los
resultados esperados.
Algunos autores consideran que el verdadero acto fundador del psicoanálisis se produce en
1897, cuando Freud (tras la muerte de su padre) decide aplicarse a sí mismo los métodos
usados hasta el momento en su experiencia clínica para reconstruir y analizar de modo
sistemático sus recuerdos de infancia.[34] Hay que tener presente que desde 1895 (y hasta
1905) se abrió una fuerte polémica entre sus colegas de profesión con respecto a sus
postulados y a las técnicas de intervención que usaba, lo que le llevó a un aislamiento
profesional y personal durante el cual no hizo sino profundizar y elaborar su propia doctrina.
En 1902 comienza a convocar una serie de reuniones informales para recabar el apoyo de
algunos médicos vieneses como Max Kahane, Rudolf Reitler, Alfred Adler y Wilhelm Stekel.
Este pequeño grupo formó el núcleo de lo que se convertiría, en 1908, en la Asociación
Psicoanalítica Vienesa (Wiener Psychoanalytische Vereinigung).[34] Dos años después se
animó y dio proyección internacional a esta asociación, de manera que tras el final de la
Primera Guerra Mundial consiguió que el movimiento psicoanalítico comenzara a expandirse y
alcanzar otros ámbitos más allá de la psiquiatría y la práctica clínica, como la antropología
cultural. Una estrategia fundamental utilizada para esta expansión fue la creación de
ambulatorios donde se aplicaba el método psicoanalítico a las clases más desfavorecidas de
modo gratuito en diversas ciudades (Berlín, Viena, Londres, Moscú, Budapest y Chicago),
contando en ocasiones con la subvención de fondos públicos.[35] El avance del fascismo en
Europa durante los años treinta llevó al cierre de muchas de estas clínicas y a la migración de la
mayoría de psicoanalistas europeos hacia América.[36]
Con el paso de los años, el psicoanálisis doctrinario inicial fue evolucionando para tratar de
integrar nuevos elementos y descubrimientos posteriores realizados en el ámbito de la
psiquiatría y la psicología. Ello tuvo como resultado la aparición de diversas escuelas y
enfoques de intervención. Entre sus seguidores más destacados podemos nombrar a Erich
Fromm, Erik Erikson, Carl Gustav Jung y Alfred Adler. Estos dos últimos se distanciaron de la
tesis freudiana de la etiología sexual de las neurosis, proponiendo teorías alternativas.[1]
Gestalt
La psicología de la forma tiene sus raíces en las observaciones de algunos discípulos de Franz
Brentano, como Carl Stumpf, Anton Marty, Alexius Meinong y especialmente Christian von
Ehrenfels: su verdadero fundador es Max Wertheimer y sus más importantes representantes,
Wolfgang Köhler, Kurt Koffka y Kurt Lewin.
Por otra parte, coincidirán con el conductismo —coetáneo a la Gestalt— en su crítica del
predominio de los métodos introspectivos, aunque acusan a los conductistas y a los
reflexólogos de haberse dejado arrastrar por el método pasivo de la asociación.
Von Ehrenfels se percató de que cualquier melodía era percibida por los sentidos y el
psiquismo como una forma que lleva en sí un ritmo y una peculiar relación de las notas
musicales que constituyen la esencia misma de esta melodía. La Gestalt de la melodía no es
propiamente una sucesión de notas (composición de elementos) sino un fenómeno de la
totalidad. Los fenómenos psíquicos están estructurados de la misma manera; por complejos
que sean, un dato psicológico constituye una Gestalt. Una frase, por ejemplo, no está
constituida por una suma de letras o palabras, sino que contiene primariamente un elemento
suplementario que se estructura en una forma. La publicación de Wertheimer sobre la
percepción del movimiento aparente, dado a conocer en 1912, fue la primera aportación de la
escuela de la Gestalt. Pero fueron Köhler y Koffka quienes elaboraron los conceptos
fundamentales del gestaltismo.
Conductismo
La corriente funcionalista había comenzado por estudiar las funciones de la mente en lugar de
sus contenidos estructurales, por entender que esto último poco podía ayudar al desarrollo de
una psicología realmente útil. Pero el método introspectivo usado hasta el momento, a pesar
de sus aspiraciones, presentaba serias dificultades a la hora de diseñar experimentos que
dieran lugar a resultados, no sólo ya objetivos, sino también replicables, condición necesaria
para que pueda hablarse de experimentación científica.
De ahí que Watson, en su manifiesto conductista (1913), apostara por la erradicación del
método introspectivo, y con él, de toda referencia a contenidos mentales. Esto implicaba una
revolución, ya que la psicología debía abandonar el que hasta ese momento había sido su
objeto propio de estudio, y limitarse a estudiar la conducta manifiesta. Watson quiso ir más
allá, y defendió que todo fenómeno psíquico, incluido el lenguaje, podía ser explicado
recurriendo a su correlato conductual.
El paradigma experimental del fisiólogo Iván Pávlov (1849-1936) sobre reflejos condicionados
fue uno de los puntos de partida del conductismo.
Aunque Watson apenas dio un desarrollo experimental a su postura, abrió el camino para que
otros lo hicieran.
Dos fueron los paradigmas experimentales en los que pudo apoyarse la nueva propuesta: las
investigaciones de Pávlov (1927) sobre los reflejos condicionados, y el condicionamiento
operante de Thorndike (1898), que estudia las conductas de ensayo y error.
Pero ante las limitaciones impuestas por una metodología que parecía centrarse en los
procesos de aprendizaje en el marco de la experimentación animal, con las dificultades que
conllevaba la generalización de los resultados a la psicología humana, Tolman decidió
introducir dentro del rígido esquema E-R (estímulo-respuesta) unas variables no observables
(las variables intervinientes) siempre y cuando pudieran definirse operacionalmente (abriendo
paso, de esta manera, a la futura psicología cognitiva).
Las palomas fueron los animales más utilizados por Skinner (1904-1990)en sus experimentos.
Hull, por su parte, llevó a cabo entre 1935 y 1952 una de las explicaciones más precisas del
aprendizaje en términos de ecuaciones matemáticas, contando con variables intervinientes
que habían de definirse a partir de las medidas empíricas.
El esfuerzo de Skinner por volver a las raíces con su conductismo radical (1938), que rechaza
cualquier tipo de entidad hipotética (aún orgánica) e propone el análisis de la conducta
únicamente con base en variables ambientales y conductuales, no impidió que muchos otros
psicólogos conductistas avanzaran en la línea de dotar a las variables intervinientes, no sólo de
una definición operativa, sino de un carácter estructural que pudiera ser contrastado
empíricamente y que pudiera ayudar a explicar la naturaleza de la mente.
De este modo, y con esta aspiración, nacería la psicología cognitiva, que no sólo trata de
describir los procesos y funciones de la mente, sino que retorna al esfuerzo de describir su
estructura.