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Psicologia

La Historia de la psicología investiga el origen y desarrollo de la psicología como disciplina científica, destacando la complejidad de su evolución y la falta de un consenso sobre su inicio. Se considera que el primer laboratorio de psicología experimental fue fundado por Wilhelm Wundt en 1879, aunque existen diversas perspectivas sobre este hecho. La disciplina ha estado influenciada por diversas escuelas y corrientes filosóficas a lo largo del tiempo, estableciendo conexiones con otras ciencias como la medicina y la sociología.

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La Historia de la psicología investiga el origen y desarrollo de la psicología como disciplina científica, destacando la complejidad de su evolución y la falta de un consenso sobre su inicio. Se considera que el primer laboratorio de psicología experimental fue fundado por Wilhelm Wundt en 1879, aunque existen diversas perspectivas sobre este hecho. La disciplina ha estado influenciada por diversas escuelas y corrientes filosóficas a lo largo del tiempo, estableciendo conexiones con otras ciencias como la medicina y la sociología.

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Mamama

La Historia de la psicología es una rama de la psicología que utiliza métodos historiográficos


para investigar el origen de la psicología como disciplina científica y su desarrollo hasta
nuestros días.

Trata, por tanto, de clarificar los sucesos y conceptos previos que dieron lugar al nacimiento de
la psicología, así como el contexto histórico-cultural, las circunstancias y los autores que lo
hicieron posible, y a partir de ahí, hacer el seguimiento y reconstrucción histórica posterior que
dé cuenta de la conformación de esta ciencia como la conocemos hoy en día.

Una de las cosas que inmediatamente nos llama la atención es que el desarrollo de la
psicología no es unitario ni unidireccional, algo lógico por otra parte, dada la complejidad de su
objeto de estudio y la falta, durante muchos años, de una definición consensuada de esta
ciencia.

El primer problema con que se encontraron los historiadores de la psicología fue el de


establecer un suceso "fundacional", lo cual, si bien era sencillo en ciencias como la física, no
era fácil de hacer en la psicología. De hecho, situar el comienzo de la psicología en el
laboratorio de Wundt (Leipzig, 1879) obedece a razones consensuadas a partir de desarrollos
posteriores.

Otra característica del desarrollo histórico de la psicología es, al igual que antaño ocurriera con
la filosofía, la aparición de diversas escuelas incompatibles entre sí durante décadas, tanto por
la definición de su objeto como de los hechos estudiados y la metodología usada, escuelas
entre las que sólo tiempo después comienzan a establecerse puentes.

Hay que hacer notar que la psicología como ciencia empírica, que trata de adoptar el método
hipotético-deductivo (a través de experimentos, o contrastación por el método observacional),
se desarrolla en el contexto sociocultural occidental (incluyendo países occidentalizados). La
Historia de la psicología se ocupa de este fenómeno, por lo que pueden quedar fuera de su
consideración los estudios, prácticas y reflexiones realizados en otros contextos culturales.

La Historia de la psicología también presta atención al estudio de las relaciones de la psicología


con otras ciencias, como la medicina, la biología, la sociología o la cibernética.

Origen de la Psicología
Wilhelm Wundt (sentado) y sus colegas en el primer laboratorio de psicología experimental
que fundó en 1879 (Leipzig).

De ordinario, se hace referencia al año 1879 como la fecha inaugural de la psicología moderna
en tanto que disciplina científica. Ese año, el alemán Wilhelm Wundt creó el primer laboratorio
de psicología experimental en la ciudad de Leipzig. Sin embargo, no todos los historiadores de
la Psicología coinciden en este punto:

«La historiografía convencional sitúa el origen de la psicología como disciplina científica a


finales del siglo XIX, en Alemania, con el establecimiento del primer laboratorio de psicología
en Leipzig, en 1879, por parte de Wilhelm Wundt. Se trata de un mito fundacional que
deposita en el empleo del método experimental —en el que Wundt se había formado durante
sus investigaciones precedentes en el campo de la fisiología, con científicos como Johannes
Peter Müller y Hermann von Helmholtz— el rasgo definitorio de una psicología científica. Es
sobre todo esa impronta “experimental”, junto al papel institucional desempeñado por el
laboratorio como centro ineludible de formación (también a nivel internacional), lo que ha
hecho que el nombre de Wundt haya pasado muy por delante de otros contemporáneos suyos
que planteaban proyectos bastante diferentes.»[1]

Resulta, pues, ineludible el papel que juega Wundt en la «institucionalización» de la psicología


experimental, y quizá por ello no se eligió a otros autores como Franz Brentano —quien
publica en 1874 su Psicología desde el punto de vista empírico[2]— o Wilhelm Dilthey —con su
libro Ideas acerca de una psicología descriptiva y analítica (1894)[3]—, ambos con perspectivas
distintas a la de Wundt. En cualquier caso, algo que a menudo se ha olvidado es que la
Psicología de Wundt comprendía dos partes, como dos caras de una misma moneda:[4] la
psicología experimental y la «Völkerpsychologie» o «psicología de los pueblos», que aborda el
mismo fenómeno psicológico desde una perspectiva más cercana a los enfoques de Dilthey o
de Vygotski, y a la que dedicó un especial esfuerzo cuyo resultado se plasmó nada menos que
en diez volúmenes publicados entre 1900 y 1920.[5]

La presencia de la psicología en el ámbito universitario es mucho anterior:

«El despegue de la psicología como ciencia universitaria tiene así lugar en el siglo XVIII, en
Alemania, marcado por una psicologización del discurso filosófico que procede del análisis del
entendimiento de Locke y que se hibrida con la filosofía racionalista. A partir del lugar que
Wolff reserva a la psicología empírica en su sistema se abrirá todo un debate metodológico
sobre sus límites y posibilidades. En ese debate intervendrá activamente Immanuel Kant
(1724-1804), apostando por hacer de la psicología empírica, como descripción natural del
alma, una disciplina independiente de la metafísica.»[1]

En 1860 se crea en la Universidad de Berna (Suiza) la primera cátedra universitaria que incluye
una referencia explícita a la psicología.[6]

En cuanto al vocablo «psicología», fue utilizado por primera vez en latín por el poeta y
humanista cristiano Marko Marulić, en su libro Psichiologia de ratione animae humanae
(publicado a finales del siglo XV o a comienzos del XVI).[7] Algunos autores defienden que el
término procede de una traducción erudita del libro De Anima de Aristóteles.[8]

Antecedentes

Platón y Aristóteles (s. IV a. C.). Aristóteles defendió la unidad hilemórfica (intrínseca) de


cuerpo y "psique" frente a su maestro Platón.

El abordaje de los fenómenos psicológicos está presente allá donde existe discurso racional.
Simplificando mucho las cosas, puede decirse que hay dos tendencias a la hora de delimitar el
objeto de estudio de la psicología moderna: de un lado, la mente (ya sea su estructura,
funciones, contenidos, etc.), y de otro, la conducta. Dado que el estudio objetivo de la
conducta es algo propio de los siglos XIX y XX, habría que indagar para saber qué ocurrió para
que se produjera este desplazamiento desde la mente a la conducta (desplazamiento que,
atendiendo a la pluralidad de enfoques y escuelas que emergieron en el siglo XX, fue sólo
parcial). Y, sobre todo, habría que aclarar qué es lo que se entendía —y qué se entiende hoy
día— cuando se habla de «mente».

Tomás de Aquino (s. XIII) da continuidad en la Edad Media a la doctrina hilemórfica de


Aristóteles.

Así, nos encontramos con que el concepto de mente abordado por la psicología es un producto
moderno.[9][10] En la filosofía griega, simplificando, podemos encontrar dos aproximaciones a
la interioridad humana: la platónica, que considera que la esencia del hombre es su espíritu, el
cual se encuentra «encerrado» en un cuerpo que lo limita y no le permite manifestarse en
toda su plenitud, y la aristotélica, que considera que el ser humano (al igual que los demás
seres vivos) está formado por una unidad integral de cuerpo y alma.[11] El alma sería el
principio vital que anima y da unidad a la materia corpórea, pero, en definitiva, ambos
elementos son inseparables. En el caso de Platón, muchos de los fenómenos que hoy
llamamos psicológicos (como las pasiones o los sentimientos) quedarían fuera de la
consideración de lo propiamente espiritual. En Aristóteles, sin embargo, quedarían integrados
dentro del estudio del ser humano como una unidad holística.[12]

Mientras que en las escuelas de filosofía romana parece ser que imperó una concepción del
hombre más cercana a Aristóteles (por ejemplo, el estoicismo),[1] la concepción dualista de
Platón pasó a los albores de la filosofía medieval cristiana a través de Plotino y Agustín de
Hipona. En el mundo islámico se llevará a cabo una reinterpretación de Aristóteles desde una
perspectiva neoplatónica (es decir, influida por Plotino), en concreto, de la noción de
«intelecto agente», que se identifica con la divinidad (véase Avicena).[1] Sin embargo, a partir
del estudio pormenorizado de los autores islámicos, Tomás de Aquino retornará a la idea del
alma como principio vital (o «forma») del cuerpo, naturalizando de nuevo la razón y
proponiendo el conocimiento de la existencia de Dios a través de la razón natural —sus
famosas «cinco vías»—, que se complementa con la fe.[13] Esto, sin embargo, no fue aceptado
por otros autores de la escolástica tardía, como Duns Escoto y Guillermo de Ockham.

Concepto de «mente»

La doctrina de René Descartes (1596-1650) supone una vuelta a la visión dualista del ser
humano.

Aunque la visión naturalista e integral del ser humano propia de Aristóteles se aproxima
bastante a determinados planteamientos de la psicología moderna, su visión del mundo físico
chocó frontalmente con el desarrollo de la física mecanicista durante el siglo XVII.[14] En ese
contexto, René Descartes (1596-1650) decidió desmarcarse del aristotelismo en general.
Separó el «yo pensante» —res cogitans— de la materia o res extensa.[9][10]

«Descartes quería que los lectores advirtieran que cuando hablaba de "yo" o "res cogitans" no
estaba hablando del alma en el sentido aristotélico de la palabra, y por eso recurrió al empleo
del término "mens", que se refiere únicamente al principio en virtud del cual pensamos, por
oposición al de "anima", que se refiere al principio vital por el que nos nutrimos, crecemos y
estamos sometidos a las demás funciones que compartimos con los animales. A partir de este
momento, pues, lo opuesto a "alma" (anima, principio de vida) ya no será la ausencia de vida
(lo inanimado), sino el cuerpo, que pasa a entenderse como un autómata. Se desarrolla
entonces un nuevo discurso sobre la naturaleza humana y la mente (...), del que se ocupará la
moderna psicología.»[1]

Nace así un concepto de «mente» individual, que es «sujeto de acciones» (pensar, imaginar,
percibir, etc.) y que se opone a la noción de «cuerpo». Al igual que en el platonismo, esto se
plantea en un lenguaje espacial de «dentro» y «fuera». Desde el punto de vista
epistemológico, el problema fundamental que se plantea es cómo la res cogitans puede
acceder al conocimiento de la res extensa, dada la radical heterogeneidad y, a la vez,
separación entre ambas. La solución propuesta por Descartes resulta a todas luces
insatisfactoria: la mente solo puede conocer contenidos de la mente, es decir, «ideas» (que no
provienen del «exterior», sino que están en la mente desde antes de nacer —son «innatas»—;
lo único que debemos hacer es ir descubriéndolas). Su correspondencia con la «realidad
exterior» queda garantizada por la «veracidad divina», y el punto de contacto entre ideas y
realidad radicaría en la glándula pineal.[11]

De esta manera, Descartes lega dos de los conceptos que serán fundamentales en la psicología
moderna («mente» y «sujeto») acompañados de una problemática a la que diversas escuelas
psicológicas tratarán de dar solución: la relación entre el «yo» y el mundo que le rodea.

Empirismo
John Locke (1632-1704) rechaza las ideas innatas cartesianas.

Si en la filosofía aristotélico-tomista el hombre estaba integrado en la «realidad» y formaba


parte de ella, con Descartes se extiende la idea de que la realidad es algo «externo» al sujeto,
un ámbito distinto al que, de alguna forma, la mente debe acceder.[15] Ya hemos visto que la
mente, según Descartes, conoce ideas, que son de su misma naturaleza «inmaterial» pero, a la
vez, presupone que son «representaciones» de la res extensa. La garantía de su
«correspondencia» con la «realidad externa» no radicaría en una capacidad propia del
intelecto (o en su caso, la mente) para aprehender la realidad, sino en una instancia extrínseca
a la misma inteligencia, en este caso, la res infinita (Dios).

Esta solución no satisfizo al inglés John Locke (1632-1704). Alineado con la sensibilidad de su
época, que se aparta cada vez más de la metafísica, pero sin apartarse del racionalismo, acepta
el presupuesto de que la mente humana solo conoce ideas, pero rechaza que sean innatas, y
propone que se adquieren con la experiencia, comenzando en la experiencia sensible, que
sería a su juicio la que garantizaría el contacto con la realidad. La mente sería así una «tabula
rasa» (como en Aristóteles), y sus contenidos serían el resultado de las combinaciones que se
producen a partir de las sensaciones que nos llegan a través de los sentidos. Sin embargo, las
capacidades de la mente (como la reflexión o la percepción), esas sí serían innatas.[16]

Institucionalización del término «psicología» en Alemania

Las ideas de Locke llegaron a Francia, unidas al entusiasmo que produjo la física de Newton.
[17] En Alemania, sin embargo, la sensibilidad era otra. Leibniz (1646-1716) rechazó la idea de
que las ideas tuvieran una base en la experiencia sensible.

Christian Wolff (1679-1754) es el primer pensador que defiende la necesidad de someter los
fenómenos psíquicos a tratamiento matemático.

«Si la filosofía de Locke y de su principal seguidor, David Hume (1711-1776), contribuirán al


desarrollo de una psicología empirista y asociacionista, el sistema de Leibniz sentará las bases
de lo que será la psicología de habla germana, que caracterizaría la mente como actividad
(frente a la pasividad defendida por las tradiciones más empiristas) y unidad (frente a la idea
de mente como agregado de sensaciones).»[1]

En cualquier caso, influido por el Ensayo sobre el entendimiento humano de Locke, el discurso
acerca del ser humano se va «psicologizando».[18] En Alemania, el vocablo «psicología» se
institucionaliza en el ámbito académico, trayendo consigo todo un esfuerzo por sistematizarlo
a través de la docencia universitaria y de numerosas publicaciones.[18] Cabe destacar a
Christian Wolff (1679-1754) —más conocido por su obra metafísica como antecedente de Kant
—, quien divide la psicología en dos partes: una racional, dedicada al conocimiento «a priori»
de las cualidades de la mente humana, y otra empírica, que se ocupa del conocimiento «a
posteriori» de la actividad de la mente a través de la observación.[19] En su libro Psicología
empírica (1732) propone la necesidad de someter los fenómenos psíquicos a tratamiento
matemático, introduciendo el término de «psicometría» por primera vez.
Primeros pasos del asociacionismo

David Hume (1711-1772) es el padre del asociacionismo moderno.

Siguiendo la estela de Locke y de su seguidor más inmediato, el irlandés George Berkeley,


David Hume (Escocia, 1711-1776) parte de la experiencia de los sentidos para explicar el
conocimiento humano, pero defiende que las «impresiones» sensibles son los únicos
contenidos genuinos de la mente, y que las ideas no son sino el fruto de la «asociación» de
impresiones. De aquí se deriva una concepción pasiva y mecanicista de la razón.[1] Junto con
esta idea, será el primero en proponer unas leyes psicológicas —la ley de la semejanza y la ley
de la contigüidad— que, de modo semejante a las leyes de Newton en la física, vendrían a
describir ese proceso de formación de las ideas complejas.

El asociacionismo conocerá su continuidad en autores británicos como David Hartley (1705-


1757) y Thomas Brown (1778-1820).[20] Este último procuró dar un tratamiento empírico a la
cuestión de las conexiones mentales y emprendió el análisis de los múltiples factores que
determinan el curso de la asociación enunciando sus famosas «leyes secundarias», según las
cuales la vida psíquica no es una simple concatenación de datos de los sentidos, sino que lo
que la caracteriza es la capacidad de captar relaciones. Sus aportaciones hicieron posible el
desarrollo posterior del asociacionismo con Herbert Spencer, Alexander Bain y James Mill.

En Alemania, podemos destacar a Herbart (1776-1841), que sistematizará la doctrina del


asociacionismo y construirá una psicología racional basada en una «mecánica de la
conciencia». Una de las principales aportaciones de Herbart se dio en el campo de la
psicofísica, al proponer la existencia de un umbral mínimo para los estímulos, término que
designa la mínima intensidad que un estímulo debe tener para ser perceptible. Sus ideas
fueron la base de los estudios de Ernst Heinrich Weber (1795–1878), médico alemán cuyas
investigaciones sobre la sensación y el tacto, junto con su énfasis en las buenas técnicas
experimentales dieron paso a nuevas direcciones y áreas de estudio de psicólogos, fisiólogos y
anatomistas posteriores, por lo que se le considera como uno de los fundadores de la
psicología experimental.

Si bien la línea clásica de la teoría asociacionista ha sido discutida, el asociacionismo inspiró


gran parte de los trabajos iniciales de Pierre Janet, Sigmund Freud y Carl Gustav Jung; perfiló
los primeros trabajos sobre las respuestas condicionadas; y guio los estudios experimentales
sobre la memoria de Hermann Ebbinghaus, y los efectuados sobre el aprendizaje por Edward
Thorndike, sirviendo de base a la teorías conductistas.[21]

Delimitación de la psicología como ciencia humana empírica


Inmanuel Kant (1724-1804) propone la creación de una ciencia que se ocupe de los
«fenómenos del sentido interno», al igual que la física se ocupa de los «fenómenos del sentido
externo».

Hemos visto como el empirismo partía de los sentidos para explicar el conocimiento humano, y
la propuesta de Wolff para una psicología empírica. En este debate irrumpe Inmanuel Kant.
Kant sigue la propuesta de Wolff pero incorporando los aportes de Hume, dando lugar a una
sistematización integradora y nueva a la vez. Su trabajo va en la línea de separar
definitivamente la psicología de la metafísica.[22] Para ello, decide poner límites a la ciencia
racional, y propone que el «Yo trascendental» (sustancia psíquica y soporte último de la
actividad mental humana) no puede tomarse «en sí mismo» como objeto de estudio de la
razón (resulta interesante resaltar que Wundt acepta y profundiza en las limitaciones
impuestas por Kant a la ciencia en lo que se refiere al «Yo trascendental»[1]).

Serán, pues, los «fenómenos» psíquicos (y no su «estrato subyacente») los que pueden ser
estudiados por una ciencia que —al igual que la física se ocupa de los «fenómenos del sentido
externo»— se ocuparía de los «fenómenos del sentido interno».

En Los primeros principios metafísicos de la ciencia de la naturaleza (1786), Kant distingue dos
ramas dentro de las ciencias empíricas: las ciencias «históricas» (que describen la realidad) y
las propiamente «científicas» (que buscan explicaciones causales, recurriendo a leyes
matemáticas, entre otros medios). Dado que estima que el método propio de la psicología es
la introspección, niega que esta ciencia pueda estar entre las segundas —a diferencia de lo que
pensó Wolff—.[1]

La psicología de los pueblos o Völkerpsychologie

La doctrina del Espíritu Absoluto de G.W.F. Hegel (1770-1831) influirá en la Psicología de los
Pueblos de Wundt, pero esta línea de pensamiento no tendrá continuidad en la psicología
posterior.

El Romanticismo traerá consigo una reconsideración de la idea de «naturaleza humana» —


iniciada ya en la Ilustración—, empapada de las connotaciones de un supuesto estado natural
de inocencia originaria (fruto del contacto con otras civilizaciones, como resultado de los
descubrimientos que se fueron produciendo a lo largo de los siglos anteriores y debidamente
tematizada en el Emilio de Rousseau[23]), que se contraponía a la artificial cultura de la Europa
civilizada. Pero, en contra del racionalismo ilustrado, se va abriendo paso la idea de que el
mundo y la naturaleza son una expresión del Geist (espíritu), desde una perspectiva que tiende
al panteísmo (presente ya, por otro lado, en algunos autores de la Grecia clásica).
Paralelamente, se va desarrollando una nueva filosofía de la naturaleza de corte más
organicista, que acabará desembocando en la propuesta de Darwin (El origen de las especies,
1859); bien puede decirse que «las teorías psicológicas, desde finales del siglo XIX ya no han
podido elaborarse a espaldas del evolucionismo».[1] Pero antes de que eso ocurra, debemos
destacar el aporte de Hegel.
Friedrich Hegel (1770-1831) llevará la doctrina del Geist al extremo, defendiendo que la única
realidad existente es el Espíritu Absoluto, que además se identifica (o es inmanente) con el
universo. Este tiene un desarrollo histórico, según el cual, los diversos acontecimientos de la
historia humana no son sino momentos o manifestaciones del proceso de desarrollo del
Espíritu subyacente. Esta visión tendrá una influencia extraordinaria en todo el desarrollo
posterior de las ciencias humanas hasta nuestros días.[1] Entre otras cosas, Hegel inspiró la
propuesta revolucionaria de Karl Marx, quien sustituyó el concepto de «Espíritu Absoluto» por
el de «materia», pero siguiendo una lógica histórica similar.

Charles Darwin (1809-1882) entiende que la conducta de los seres vivos está sujeta a las leyes
de la selección natural, igual que los rasgos biológicos.

Para Hegel la psicología debe abordar al espíritu libre de las condiciones fenomenológicas y
materiales (de modo similar a la «psicología racional» wolffiana, y rechazando su «psicología
empírica»), lo cual lo aparta del camino de desarrollar una psicología que parta de los hechos
de la experiencia empírica. Pero, si posteriormente esta idea no tendrá continuidad (al menos
en la psicología), la idea de desarrollar una «psicología de los pueblos» que aborde el estudio
de la «consciencia colectiva» será una constante en las ciencias humanas.

De hecho, el proyecto de Wilhelm Wundt, con quien arranca definitivamente la


institucionalización de la psicología como ciencia experimental, se divide en dos partes:[4]

La primera, el desarrollo de la Psicología Experimental como disciplina para abordar una parte
de los fenómenos psicológicos (sus bases y procesos fisiológicos y parte de los contenidos
psicológicos) usando el método experimental.

La segunda, el desarrollo de la Völkerpsychologie[a] o Psicología de los Pueblos, que se


ocuparía de las formaciones psíquicas complejas (actividades y productos psíquicos) usando
una metodología histórico-comparada. Aunque esta parte de su proyecto sigue la propuesta
hegeliana, se separa totalmente de ella en lo que se refiere a la metodología para abordarla.[1]
[24]

La creación del primer laboratorio de psicología experimental en la ciudad de Leipzig en 1879,


no fue sino un paso decisivo en el desarrollo de la primera parte.

Comienzo de la psicología experimental

Estudios fisiológicos de la percepción

Físico de formación, los estudios fisiológicos de Gustav Fechner (1801-1887) serán el punto de
partida de la psicología científica de Wundt.
Como un aspecto de la psicología en cuanto análisis experimental de los fenómenos de
conciencia puede entenderse, sin duda alguna, el empeño de medir las sensaciones. Esta
faceta de la psicología experimental, cuyo estudio persiste hasta nuestros días, tuvo lugar en la
llamada psicofísica y en la psicofisiología del siglo XIX. Los autores más relevantes de este
movimiento son, como corresponde al siglo, fisiólogos antes de psicólogos: Weber, Fechner y
Helmholtz son los principales representantes (psicología fisiológica).

Ernst Heinrich Weber, quien fundamentalmente era fisiólogo, trabaja con los sentidos de la
vista y el tacto y emplea el tradicional concepto de umbral; para estructurar de un modo
científico estas experiencias, se vio obligado a estudiar también las condiciones psicológicas
indispensables para asegurar la homogeneidad de los datos. Gustav Theodor Fechner, que no
era fisiólogo sino físico, realiza su trabajo con base en la teoría weberiana. Con su maestro y
dentro del campo concreto de la psicofísica intenta unir y relacionar los fenómenos mentales
(psico) y los fenómenos corporales (física). Es decir, intenta ver la relación entre las llamadas
tradicionalmente «energías psíquicas» y «energías físicas». Describe la relatividad de los
fenómenos sensoriales. Y concluye con que la acción de los estímulos no es absoluta sino
relativa. Sobre esta base sistematizará Wundt su psicología científica. Siguiendo esta directriz,
Hermann von Helmholtz sistematiza los conocimientos psicofisiológicos de las sensaciones
auditivas y ópticas, basando su estudio en la sensación como primicia de expresión del
acontecimiento psíquico.

Hacia una psicología de la conciencia

Aunque habían pasado casi dos siglos desde que se hablara por primera vez de la necesidad de
una ciencia empírica sobre los fenómenos de la mente, es a Wilhelm Wundt (1832-1920) a
quien corresponde el mérito de haber dado el paso definitivo y haber creado un laboratorio de
Psicología experimental, punto de arranque de la Psicología contemporánea.

Gracias al enorme desarrollo de las ciencias naturales y a la aparición del método científico-
experimental —que se separa del método científico-filosófico—, en la primera mitad del siglo
XIX se va perfilando una concepción de «lo psíquico» como un conjunto de fenómenos
peculiares —los contenidos de la conciencia— que se supone que podrían ser observados y
estudiados usando el método empírico y experimental. De esta manera, las cuestiones
generales relacionadas con el «sujeto en sí» (la naturaleza humana) dejan de ser un problema
prioritario para la nueva psicología.

Con el primer laboratorio de psicología experimental de Wilhelm Wundt, fundado en 1879 en


la Universidad de Leipzig, la psicología comienza oficialmente su andadura propiamente
científico-experimental. Sus antecedentes más próximos están en la psicofisiología. De hecho,
los primeros psicólogos experimentales eran fisiólogos.

En sus estudios sobre la sensación y percepción, Wundt basa su análisis científico en tres
principios experimentales: el principio de artificiosidad, que consiste en el poder de provocar
la aparición del proceso que se trata de estudiar mediante circunstancias establecidas con
anterioridad; el principio de verificabilidad de condiciones, y el principio de repetibilidad por el
que cada resultado obtenido debe someterse a una revisión repitiendo las investigaciones y las
condiciones en que se realizó el primer experimento. Así se introduce en líneas generales el
método experimental. Pero Wundt interpreta lo psíquico y lo físico simplemente como dos
maneras diferentes de referirse a una misma realidad; así, pues, todo fenómeno pertenece
tanto a la psicología como a la física, y no distingue los fenómenos que, aun teniendo
repercusión física, son, sin embargo, algo más.

Para Wundt, el fenómeno psíquico, lo anímico, tiene carácter de proceso; es decir, los
contenidos de conciencia nunca son objetos constantes, sino fenómenos fugaces, que
continuamente se suceden unos a otros. Por tanto, y esto es lo importante, es imposible una
observación exacta no fundada en la experiencia; es, en consecuencia, absolutamente
necesario un método experimental. Lo importante no es conocer lo que el fenómeno sea en sí,
sino «prever» el comportamiento de los fenómenos; verificar hechos y comprobar leyes. Todos
los contenidos de conciencia están compuestos de unidades elementales: sensaciones y
percepciones. Con esta restricción del campo de la conciencia (quedan excluidos otros diversos
datos y elementos), Wundt basará su psicología en un estudio casi exclusivo sobre la sensación
y la percepción y los problemas más directamente suscitados por estos «elementos de
conciencia».

Estructuralismo, funcionalismo y pragmatismo

Introspección y estructura de la mente

Discípulo de Wundt, Edward Titchener (1867-1927) introdujo el método experimental en la


psicología americana, pero con un enfoque distinto al de su maestro. El «estructuralismo»
trata de reconstruir los fenómenos de la mente partiendo del estudio de sus supuestos
componentes elementales.

El estudio de los fenómenos físicos y fisiológicos correlativos con los hechos psíquicos pronto
se vio desplazado por la aplicación de la introspección al método experimental.

Wundt había defendido que los fenómenos complejos de la mente tenían un carácter holista, y
que no podían reducirse a la simple suma de sus elementos constitutivos.

Edward Titchener rechazó la perspectiva totalizadora de la psicología de Wundt y prefirió


centrarse en el estudio de las sensaciones, como base para reconstruir e inferir la estructura
mental. Partía del supuesto de que los fenómenos complejos podían descomponerse en sus
«átomos» o elementos constitutivos.
El método adecuado a la psicología era, por tanto, un análisis y posterior síntesis (al modo
cartesiano) basado en la introspección, entendida esta como técnica que permitía la
descripción de las sensaciones simples por parte del sujeto experimental mientras realizaba
una tarea en condiciones controladas.

Escuela de Wurzburgo

Oswald Külpe (1862-1915), discípulo y ayudante de Wundt, presenta como medio de


investigación la introspección y demuestra que es posible el estudio de los procesos psíquicos
superiores de forma empírica. Para este autor el método de la introspección es fundamental
para la Psicología, hasta el punto de que constituye el instrumento principal para el estudio de
la naturaleza humana; sin él la psicología sería puramente fisiológica, y en ella se estudiarían
las estructuras y funciones aisladas de la conciencia o se convertiría en física. Por ello propugna
que la introspección tiene que transformarse en un verdadero instrumento científico; es decir,
tiene que ser sistemática y controlada.

Él y sus discípulos —la llamada escuela de Wurzburgo, que incluye, entre otros, a Narziss
Kaspar Ach, August Wilhelm Messer, Karl Bühler, Karl Marbe—, trataron de confirmar estos
criterios logrando una fenomenología de la vida psíquica. A través de la teoría del pensamiento
sin imágenes o de los estudios sobre la volición se llegó a la investigación de los niveles
superiores del psiquismo, en un grado tal, que, como señala Juan José López Ibor, la influencia
de la escuela de Wurzburgo ha sido decisiva en la evolución posterior de la psicología. Su
interés por la psicología del pensamiento y el decidido afán de orientar la investigación
psicológica hacia esferas de la vida consciente distintas de las sensaciones e imágenes tienen
un valor de indudable interés.

Funcionalismo

John Dewey (1859-1952) es el padre del pragmatismo y máximo exponente del funcionalismo.
Rechaza el afán por conocer cómo se estructura la mente, y en su lugar, propone preocuparse
más bien por cómo funciona.

La psicología norteamericana, más pragmática, tomó distancia de la europea. Sin abandonar la


introspección, decidió aplicar esta a las funciones y propósitos de la mente, en lugar de a sus
contenidos (estructuralismo).

El funcionalismo es considerada como la primera escuela psicológica norteamericana, con John


Dewey como uno de sus máximos exponentes. Dewey publicó un artículo sobre el concepto de
arco reflejo en el que hacía una crítica demoledora a las posturas de Wundt y Titchener. El
funcionalismo integra los aportes de posturas como la teoría de la evolución de Darwin, los
estudios de las diferencias individuales de Galton o la psicología del acto de Franz Brentano.
Dentro de la corriente funcionalista podemos situar también al alemán Ebbinghaus y sus
estudios pioneros sobre la memoria.[25] Ebbinghaus buscó el establecimiento de leyes
cuantitativas del rendimiento de los sujetos, e ideó las curvas de aprendizaje para estudiar la
memoria como una función del pensamiento, independientemente de sus contenidos
estructurales.

«En su afán por Establecer una psicología útil y práctica el funcionalismo, que era mentalista,
emprendió el estudio de la vida mental en una trayectoria que empezaría por el estudio
introspectivo de la actividad mental y culminaría en el estudio de la actividad solo como
conducta manifiesta.» González Labra (2019), p. 7.[25]

Esa línea es la que acabaría desembocando en el nacimiento del conductismo.

William James y el pragmatismo

William James (1842-1910) había estudiado medicina y no tenía conocimientos previos de


psicología cuando se interesó por esta ciencia. Propone elaborar una psicología científica
partiendo del estudio de las funciones neurológicas y su carácter adaptativo acorde con la
teoría de Darwin.

William James nació en Nueva York en 1842. Médico de formación, sus intereses filosóficos le
llevaron por un camino distinto al de la medicina, no llegando nunca a ejercer esta profesión.
Como confesó él mismo, "estudié medicina para ser fisiólogo, pero me desvié hacia la
psicología y la filosofía por una especie de fatalidad. Nunca recibí ninguna instrucción
filosófica; la primera conferencia sobre psicología que escuché fue la primera que di".[26]

Conocido en el ámbito anglosajón como "El padre de la psicología", James fue autor del libro
The Principles of Psychology (1890), en el que expone toda una serie de tesis acerca del
psiquismo humano que, aún en la actualidad, siguen siendo fuente de investigación. En esta
obra, trata de aunar las aportaciones de Darwin sobre la función adaptativa de la conducta y
los avances en el estudio del sistema nervioso (no olvidemos que dos años antes había visto la
luz la Teoría Neuronal de Ramón y Cajal) para poner los conocimientos de una psicología
científica, afín a otras ciencias naturales.[27]

Partiendo de posturas empiristas, defiende que la psicología no debe buscar tanto llegar a
verdades absolutas como satisfacer necesidades. Se sitúa, pues, en la misma línea que John
Dewey, a quien se considera padre del pragmatismo.

James propuso una teoría psicofisiológica de las emociones -conocida como teoría de James-
Lange-, que trata de explicar el comportamiento emocional como derivado de las respuestas
fisiológicas que el sistema nervioso autónomo produce ante las experiencias y estímulos
ambientales. Así, sería a partir de fenómenos como la tensión muscular, el lagrimeo o la
aceleración cardio-respiratoria, como el psiquismo crea las emociones. Es famosa su frase:
"estamos tristes porque lloramos, y no al revés".

Psicología diferencial

Dentro de la historia de la psicología, no puede dejar de hacerse referencia a la Psicología


diferencial (actualmente denominada Psicología de las Diferencias Individuales). Esta rama de
la psicología tiene un origen independiente y un desarrollo paralelo a la psicología general, ya
que mientras ésta trata de establecer lo que tienen en común los seres humanos desde el
punto de vista conductual y cognitivo, la psicología diferencial se centra precisamente en lo
que nos diferencia a unos individuos de otros. Esta disciplina dará lugar al desarrollo de la
psicometría y a la elaboración de conceptos fundamentales como el de cociente intelectual.

Se puede decir que Alfred Binet (1857-1911), iniciador del movimiento de los tests
psicológicos, «humanizó» la Psicología diferencial, aplicándola a los ámbitos educativo y
clínico.

El origen de la psicología diferencial es controvertido, por cuanto en sus inicios (ligados al


nombre de Francis Galton, primo de Darwin y uno de los padres de la eugenesia) tenía como
finalidad la medida de la inteligencia a través de instrumentos estadísticos para declarar el
origen genético de la misma y la pretendida superioridad de determinados grupos sociales
sobre otros, lo cual se tradujo en políticas sociales muy polémicas.[28] Galton fue uno de los
primeros defensores de la «herencia pura» regida solamente por la selección.[29]

No obstante, el desarrollo posterior irá alejando a la psicología diferencial de sus postulados


iniciales, gracias -entre otros- a autores como Alfred Binet (padre de los tests psicológicos),
dando lugar a una disciplina fructífera con múltiples aplicaciones en los ámbitos clínico,
terapéutico y educativo.

También se irá produciendo un acercamiento cada vez mayor entre la psicología general y la
psicología de las diferencias individuales. Los mismos instrumentos estadísticos que idearon
Galton y sus discípulos (como Karl Pearson), han sido y son ampliamente utilizados en la
investigación y evaluación psicológica.

No obstante, la autonomía de ambas disciplinas se mantiene: así, mientras la psicología


general usa el método experimental, con base en el paradigma E-R (estímulo-respuesta) o E-O-
R (Estímulo-Organismo-Respuesta), la psicología diferencial usa principalmente el método
correlacional, y se basa en el paradigma O-E-R (Organismo-Estímulo-Respuesta) propuesto por
Thurstone en 1923.
La psicología diferencial centra sus estudios en dos ámbitos: las diferencias individuales en
inteligencia, y las diferencias individuales en personalidad.

Terapia psicoanalítica

Sigmund Freud (1856-1939), médico de profesión, defiende el estudio del psiquismo desde un
enfoque organicista y dinámico basado en las pulsiones. Contaba con una amplia experiencia
clínica, sin embargo, no diseñó ningún experimento para contrastar su modelo —cuya certeza
asumía—, por lo que la relación de su doctrina con la ciencia posterior ha sido controvertida.

El psicoanálisis fue fundado por Sigmund Freud. Freud, médico de profesión, parte de los
aportes de la psicología fisiológica (de corte asociacionista), y echa mano de diversas técnicas
como la hipnósis para tratar a sus pacientes psiquiátricos en la consulta, pero ante la falta de
resultados satisfactorios, emprendió una búsqueda del origen de los trastornos mentales,
suponiendo que la clarificación psicogenética de los mismos le ayudaría a encontrar
tratamientos adecuados.

Freud fue alumno de Jean Martin Charcot,[30] lo que le posibilitó familiarizarse con el uso de la
hipnosis para intervenir en los síntomas de la histeria. Esto le hizo pensar que este trastorno
tenía una etiología psicológica y no simplemente orgánica.

Más tarde, en colaboración con el fisiólogo Joseph Breuer,[31] Freud aplicó el método
catártico descubierto por aquel, y poco a poco iría transformándolo hasta configurar el
método propio del psicoanálisis.

Después de varios años de experiencia clínica, Freud propuso que los síntomas neuróticos eran
originados por traumas vividos en el pasado y reprimidos en el inconsciente por ser
inaceptables para la moral social del «Yo».[32] Freud elaboró su teoría en torno al concepto de
«libido» —que, al contrario de lo que se pensaba entonces de modo generalizado, él sostuvo
que también tenía manifestaciones en la niñez— y a la idea de que esos traumas eran sucesos
de naturaleza sexual pertenecientes a la infancia temprana. Para explicar esto, desarrolló una
serie de conceptos recurriendo a la terminología de la mitología griega clásica, el más célebre
de los cuales posiblemente sea el de «complejo de Edipo».[32] De esta manera, siguiendo la
«catarsis breueriana», trataba de reproducir los procesos psíquicos de la situación en la que se
adquirieron los síntomas neuróticos, con la suposición de que trayéndolos al «consciente»
desde el «subconsciente» se lograba que remitieran.[33] Posteriormente, Freud abandonaría
la hipnosis, así como la focalización sobre un problema determinado, dado que no obtuvo los
resultados esperados.

Algunos autores consideran que el verdadero acto fundador del psicoanálisis se produce en
1897, cuando Freud (tras la muerte de su padre) decide aplicarse a sí mismo los métodos
usados hasta el momento en su experiencia clínica para reconstruir y analizar de modo
sistemático sus recuerdos de infancia.[34] Hay que tener presente que desde 1895 (y hasta
1905) se abrió una fuerte polémica entre sus colegas de profesión con respecto a sus
postulados y a las técnicas de intervención que usaba, lo que le llevó a un aislamiento
profesional y personal durante el cual no hizo sino profundizar y elaborar su propia doctrina.

En 1902 comienza a convocar una serie de reuniones informales para recabar el apoyo de
algunos médicos vieneses como Max Kahane, Rudolf Reitler, Alfred Adler y Wilhelm Stekel.
Este pequeño grupo formó el núcleo de lo que se convertiría, en 1908, en la Asociación
Psicoanalítica Vienesa (Wiener Psychoanalytische Vereinigung).[34] Dos años después se
animó y dio proyección internacional a esta asociación, de manera que tras el final de la
Primera Guerra Mundial consiguió que el movimiento psicoanalítico comenzara a expandirse y
alcanzar otros ámbitos más allá de la psiquiatría y la práctica clínica, como la antropología
cultural. Una estrategia fundamental utilizada para esta expansión fue la creación de
ambulatorios donde se aplicaba el método psicoanalítico a las clases más desfavorecidas de
modo gratuito en diversas ciudades (Berlín, Viena, Londres, Moscú, Budapest y Chicago),
contando en ocasiones con la subvención de fondos públicos.[35] El avance del fascismo en
Europa durante los años treinta llevó al cierre de muchas de estas clínicas y a la migración de la
mayoría de psicoanalistas europeos hacia América.[36]

Con el paso de los años, el psicoanálisis doctrinario inicial fue evolucionando para tratar de
integrar nuevos elementos y descubrimientos posteriores realizados en el ámbito de la
psiquiatría y la psicología. Ello tuvo como resultado la aparición de diversas escuelas y
enfoques de intervención. Entre sus seguidores más destacados podemos nombrar a Erich
Fromm, Erik Erikson, Carl Gustav Jung y Alfred Adler. Estos dos últimos se distanciaron de la
tesis freudiana de la etiología sexual de las neurosis, proponiendo teorías alternativas.[1]

El psicoanálisis tuvo un papel muy influyente en el modo de enfocar el estudio de la psique y la


terapia psicológica en la segunda mitad del siglo XX, primero en EE. UU. y posteriormente de
retorno a Europa. En América del Sur su vigencia aún pervive. Tuvo el mérito de llamar la
atención sobre algunos temas que hasta el momento no habían sido estudiados. Sin embargo,
diversas investigaciones pusieron de manifiesto que las terapias psicodinámicas (nombre con
el que hoy se conoce a las técnicas psicoanalíticas) tenían un índice de eficacia similar a la
ausencia de terapia.[37] En algunos casos, como en el estudio del autismo, su influencia
resultó contraproducente y motivó un retraso de la investigación científica.[38][39]

Gestalt

Composición que muestra los principios de la Psicología de la Gestalt.

La psicología de la Gestalt toma de Wundt el carácter holista de las experiencias psicológicas


complejas (aplicándolo al estudio de la percepción), a la vez que comparte la crítica que el
funcionalismo hace del estructuralismo.
El fundamento de la psicología de la forma (traducción aproximada del término alemán
Gestalt, que también significa "configuración") es que el todo no es simplemente igual a la
suma de sus partes. El cuerpo humano desde una perspectiva no mecanicista, es algo más que
un agregado de partes; es unidad, totalidad organizada que supera la simple suma de sus
partes.

El movimiento de la Gestalt hunde sus raíces en la psicología de Franz Brentano (1838-1917).

La psicología de la forma tiene sus raíces en las observaciones de algunos discípulos de Franz
Brentano, como Carl Stumpf, Anton Marty, Alexius Meinong y especialmente Christian von
Ehrenfels: su verdadero fundador es Max Wertheimer y sus más importantes representantes,
Wolfgang Köhler, Kurt Koffka y Kurt Lewin.

Los gestaltistas no niegan el valor de las experiencias psicofísicas y psicofisiológicas, pero


coinciden con la psicología comprensiva y con la fenomenología en considerar que ahí no
acaba la realidad psíquica.

Por otra parte, coincidirán con el conductismo —coetáneo a la Gestalt— en su crítica del
predominio de los métodos introspectivos, aunque acusan a los conductistas y a los
reflexólogos de haberse dejado arrastrar por el método pasivo de la asociación.

Von Ehrenfels se percató de que cualquier melodía era percibida por los sentidos y el
psiquismo como una forma que lleva en sí un ritmo y una peculiar relación de las notas
musicales que constituyen la esencia misma de esta melodía. La Gestalt de la melodía no es
propiamente una sucesión de notas (composición de elementos) sino un fenómeno de la
totalidad. Los fenómenos psíquicos están estructurados de la misma manera; por complejos
que sean, un dato psicológico constituye una Gestalt. Una frase, por ejemplo, no está
constituida por una suma de letras o palabras, sino que contiene primariamente un elemento
suplementario que se estructura en una forma. La publicación de Wertheimer sobre la
percepción del movimiento aparente, dado a conocer en 1912, fue la primera aportación de la
escuela de la Gestalt. Pero fueron Köhler y Koffka quienes elaboraron los conceptos
fundamentales del gestaltismo.

La psicología de la forma tuvo, pues, su punto de partida en el estudio de la percepción, pero


su propósito era aplicar sus principios al estudio de otras dimensiones de la mente como el
pensamiento y la inteligencia, el aprendizaje, la memoria, etc. Es decir, lo que en un principio
se inició como un intento de esclarecer el problema parcial de la percepción visual, terminó
por enfocarse hacia una revisión de la psicología en su conjunto.
Cuando los psicólogos de la Gestalt emigraron a Estados Unidos hacia finales de la Segunda
Guerra Mundial, encontraron que el panorama psicológico estaba dominado por el
conductismo, y sus proyectos de investigación cayeron en el vacío. De este modo, la psicología
gestaltista fue más un proyecto de investigación que su verdadera realización.[40]

Conductismo

John B. Watson (1878-1958), ideólogo e iniciador del conductismo.

La corriente funcionalista había comenzado por estudiar las funciones de la mente en lugar de
sus contenidos estructurales, por entender que esto último poco podía ayudar al desarrollo de
una psicología realmente útil. Pero el método introspectivo usado hasta el momento, a pesar
de sus aspiraciones, presentaba serias dificultades a la hora de diseñar experimentos que
dieran lugar a resultados, no sólo ya objetivos, sino también replicables, condición necesaria
para que pueda hablarse de experimentación científica.

De ahí que Watson, en su manifiesto conductista (1913), apostara por la erradicación del
método introspectivo, y con él, de toda referencia a contenidos mentales. Esto implicaba una
revolución, ya que la psicología debía abandonar el que hasta ese momento había sido su
objeto propio de estudio, y limitarse a estudiar la conducta manifiesta. Watson quiso ir más
allá, y defendió que todo fenómeno psíquico, incluido el lenguaje, podía ser explicado
recurriendo a su correlato conductual.

El paradigma experimental del fisiólogo Iván Pávlov (1849-1936) sobre reflejos condicionados
fue uno de los puntos de partida del conductismo.

Aunque Watson apenas dio un desarrollo experimental a su postura, abrió el camino para que
otros lo hicieran.

Dos fueron los paradigmas experimentales en los que pudo apoyarse la nueva propuesta: las
investigaciones de Pávlov (1927) sobre los reflejos condicionados, y el condicionamiento
operante de Thorndike (1898), que estudia las conductas de ensayo y error.

Pero ante las limitaciones impuestas por una metodología que parecía centrarse en los
procesos de aprendizaje en el marco de la experimentación animal, con las dificultades que
conllevaba la generalización de los resultados a la psicología humana, Tolman decidió
introducir dentro del rígido esquema E-R (estímulo-respuesta) unas variables no observables
(las variables intervinientes) siempre y cuando pudieran definirse operacionalmente (abriendo
paso, de esta manera, a la futura psicología cognitiva).
Las palomas fueron los animales más utilizados por Skinner (1904-1990)en sus experimentos.

Hull, por su parte, llevó a cabo entre 1935 y 1952 una de las explicaciones más precisas del
aprendizaje en términos de ecuaciones matemáticas, contando con variables intervinientes
que habían de definirse a partir de las medidas empíricas.

El esfuerzo de Skinner por volver a las raíces con su conductismo radical (1938), que rechaza
cualquier tipo de entidad hipotética (aún orgánica) e propone el análisis de la conducta
únicamente con base en variables ambientales y conductuales, no impidió que muchos otros
psicólogos conductistas avanzaran en la línea de dotar a las variables intervinientes, no sólo de
una definición operativa, sino de un carácter estructural que pudiera ser contrastado
empíricamente y que pudiera ayudar a explicar la naturaleza de la mente.

De este modo, y con esta aspiración, nacería la psicología cognitiva, que no sólo trata de
describir los procesos y funciones de la mente, sino que retorna al esfuerzo de describir su
estructura.

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