México y su diversidad
“Reflexión”
UNIVERSIDAD VERACRUZANA
EE: Música folklorica latinoamericana y sociedad
Docente: Peña Herrera Salvador
Facultad de Ingeniería Mecánica y Eléctrica.
Región: Poza Rica – Tuxpan
PE: Ingeniería Industrial.
Valera Rivera Yoalli zS21006672
[email protected]
La música tradicional mexicana es una de las expresiones culturales más ricas y
diversas del país, y dentro de ella, el género de los sones ocupa un lugar central
por su profundidad histórica, su versatilidad regional y su valor simbólico. El
término son proviene del verbo "sonar", y hace referencia a las formas musicales
populares que, desde la época virreinal, han evolucionado a través del mestizaje
cultural entre las tradiciones indígenas, africanas y europeas. Los sones, más
que un solo estilo musical, representan una gran variedad de formas regionales
que comparten estructuras rítmicas, funciones sociales y una profunda conexión
con la vida comunitaria.
Una de las principales riquezas del género de los sones es su diversidad. No
existe un solo "son", sino múltiples variantes que han florecido en distintas
regiones del país, como el son jarocho en Veracruz, el son huasteco en la región
de la Huasteca, el son jalisciense en el occidente, el son istmeño en Oaxaca,
entre otros. Cada uno de estos estilos tiene características particulares en
cuanto a instrumentos, formas poéticas, temas y acompañamientos dancísticos,
lo que refleja la enorme pluralidad cultural del territorio mexicano.
El son jarocho es tal vez uno de los más conocidos a nivel internacional. Se
originó en las zonas rurales de Veracruz, donde confluyeron influencias
españolas (especialmente andaluzas), africanas y del mundo indígena. Se
interpreta en fiestas llamadas fandangos, donde las personas cantan, tocan
instrumentos como la jarana, el requinto y el arpa, y bailan zapateado sobre una
tarima de madera. Las letras suelen ser improvisadas, cargadas de humor,
crítica social o celebración de la vida cotidiana. Obras emblemáticas como La
Bamba, El Colás o El Balajú son ejemplos vivos de esta tradición.
El son huasteco, por su parte, se desarrolla en una vasta región que abarca
varios estados del centro-norte del país. Este estilo es conocido por su peculiar
canto agudo con uso de falsetes, así como por la presencia del violín, la jarana
huasteca y la quinta huapanguera. Acompañado de huapangos, el son huasteco
también invita al baile, al juego vocal entre intérpretes y a una lírica que puede ir
de lo romántico a lo burlesco. Es una expresión muy emocional que conecta con
lo profundo del sentir campesino.
Otro ejemplo significativo es el son jalisciense, base del mariachi moderno.
Aunque con el tiempo este estilo ha evolucionado hacia lo que conocemos como
música ranchera, sus orígenes están en los sones tradicionales interpretados
con guitarras, violines y, más tarde, trompetas. El mariachi, hoy considerado un
símbolo nacional, tiene sus raíces en este son que acompañaba celebraciones,
serenatas y ceremonias religiosas.
En el sureste del país, el son istmeño ofrece una expresión musical distinta,
influenciada por la poesía zapoteca y una sensibilidad más melancólica. Se
interpreta con marimba, guitarra y a veces acordeón, y sus letras suelen ser de
amor, nostalgia o identidad. Canciones como La Sandunga han trascendido
fronteras y son hoy reconocidas como símbolos culturales del Istmo de
Tehuantepec.
Más allá de sus variantes musicales, lo más importante de los sones es su papel
como transmisores de identidad, memoria y resistencia. Cada son es una forma
de contar historias, de conservar tradiciones orales, de fortalecer los lazos
sociales. En muchos pueblos, la música del son se asocia a la fiesta patronal, al
ciclo agrícola, al nacimiento o la muerte. Los músicos, a menudo aprendiendo de
forma oral y comunitaria, no son sólo artistas: son guardianes de la tradición.
A pesar de la presión de la globalización y la hegemonía de la música comercial,
los sones han resistido el paso del tiempo. Hoy en día, existe un movimiento de
revalorización que incluye talleres comunitarios, festivales culturales, grupos
juveniles y grabaciones que buscan conservar y difundir esta música. También
se han dado procesos de fusión con otros géneros, lo que demuestra su
capacidad de adaptación sin perder su esencia.
Escuchar los sones con atención es una manera de conectarse con las raíces
profundas de México. Cada nota, cada verso improvisado, cada zapateado
sobre la tarima, es un testimonio de siglos de historia, de mestizaje, de lucha y
de celebración. En un mundo cada vez más homogéneo, los sones nos
recuerdan el valor de lo diverso, lo local y lo auténtico.
En conclusión, el género de los sones no es solamente música, es también una
forma de vida. Es memoria colectiva, expresión artística, diálogo con el pasado y
esperanza en el futuro. Conocer, valorar y difundir los sones es una tarea que
nos corresponde a todos, no sólo como oyentes, sino como portadores de una
identidad que se canta, se toca y se baila.
Ejemplos musicales del género "sones":
1. Son Jarocho - "La Bamba" (versión tradicional en fandango)
https://www.youtube.com/watch?v=HaS1c3tBX9E
2. Son Huasteco - "El Querreque" por Trío Xoxocapa
https://www.youtube.com/watch?v=LP_3WN7gVhQ
3. Son Istmeño - "La Sandunga" (Oaxaca)
https://www.youtube.com/watch?v=GKHXkaqp5To
4. Son Jalisciense - "El Son de la Negra" por Mariachi Vargas de Tecalitlán
https://www.youtube.com/watch?v=VJp0gkRj6YY