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SL1052 2025

La Sala decide sobre el recurso de casación presentado por Rafael Antonio Cardona Gallego contra la sentencia del Tribunal Superior de Medellín, que modificó un fallo anterior sobre su despido de Esmalgres S.A.S. debido a su condición de salud. El tribunal concluyó que el despido fue ineficaz y ordenó su reintegro, pero limitó los efectos de esta medida hasta que se incluyera su pensión de invalidez en nómina. Se destacó la protección legal de los trabajadores con condiciones de salud especiales y la necesidad de una causa objetiva para la terminación del contrato.

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SL1052 2025

La Sala decide sobre el recurso de casación presentado por Rafael Antonio Cardona Gallego contra la sentencia del Tribunal Superior de Medellín, que modificó un fallo anterior sobre su despido de Esmalgres S.A.S. debido a su condición de salud. El tribunal concluyó que el despido fue ineficaz y ordenó su reintegro, pero limitó los efectos de esta medida hasta que se incluyera su pensión de invalidez en nómina. Se destacó la protección legal de los trabajadores con condiciones de salud especiales y la necesidad de una causa objetiva para la terminación del contrato.

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MARJORIE ZÚÑIGA ROMERO

Magistrada ponente

SL1052-2025
Radicación n.° 05360-31-05-001-2021-00041-01
Acta 09

Bogotá D. C., diecinueve (19) de marzo de dos mil


veinticinco (2025).

La Sala decide el recurso de casación interpuesto por


el apoderado del señor RAFAEL ANTONIO CARDONA
GALLEGO contra la sentencia emitida el 28 de marzo de
2023, por la Sala Laboral del Tribunal Superior del Distrito
Judicial de Medellín, dentro del proceso ordinario laboral
que promovió el recurrente contra la sociedad
ESMALGRES S. A. S.

I. ANTECEDENTES

El señor Rafael Antonio Cardona Gallego presentó


demanda ordinaria laboral en contra de Esmalgres S. A.
S., con el fin de obtener que se declarara la ineficacia de
la terminación de su contrato de trabajo, debido a que,
para ese momento, tenía «[…] unas especiales

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condiciones de salud» y no fue solicitada la autorización


del inspector de trabajo.

Como consecuencia de lo anterior, requirió su


reintegro al cargo que desempeñaba en el momento del
despido; el pago de los salarios, prestaciones sociales y
aportes a la seguridad social dejados de percibir; el
reconocimiento de todos los demás conceptos legales y
extralegales; la indemnización de 180 días de salario; y la
indexación de las sumas debidas.

Para fundamentar sus súplicas, narró los siguientes


hechos:

(i) Estuvo vinculado con la sociedad demandada


entre el 1 de septiembre de 2017 y el 30 de noviembre de
2020, fecha esta última en la que fue despedido de
manera unilateral y sin que mediara justa causa.

(ii) Durante la ejecución del contrato de trabajo y


hasta el momento en el que se produjo la finalización
venía siendo sometido a un tratamiento médico derivado
de un diagnóstico de «adenocarcinoma de recto», con
«pronóstico desfavorable de rehabilitación», que le fue
descubierto desde julio de 2018.

(iii) Ese pronóstico desfavorable de rehabilitación fue


comunicado por la EPS Salud Total tanto a la AFP a la que
estaba afiliado como a la empresa, el 26 de noviembre de

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2020, que además remitió un formato con


recomendaciones para el cumplimiento de sus labores.

(iv) Como consecuencia de su grave padecimiento,


estuvo incapacitado de manera continua y prolongada,
situación que también era conocida por la sociedad
demandada.

(v) Pese a todo lo anterior, su empleador no solicitó


permiso ante el Ministerio de Trabajo para dar por
terminado su contrato de trabajo de manera unilateral y
sin justa causa (PDF, cuaderno primera instancia, f.os 3 a 8).

La sociedad convocada al juicio se opuso a la


prosperidad de las pretensiones de la demanda. Admitió
como ciertos los hechos relacionados con la existencia de
la relación laboral, sus extremos y su terminación de
manera unilateral y sin que mediara justa causa, pero
aclaró que para ese momento el trabajador no contaba
con incapacidades o restricciones médicas para el
desempeño de sus funciones. Negó que se le hubiera
notificado el concepto médico de «no rehabilitación» y
que estuviera en la obligación de pedir autorización al
Ministerio de Trabajo. En torno a los demás supuestos de
la demanda manifestó que no eran ciertos.

En su defensa propuso las excepciones de mérito


que denominó «inexistencia de los presupuestos para
considerar al demandante un sujeto de especial
protección», «inexistencia de la garantía a la estabilidad

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laboral a favor del señor […] y por ende de reintegrar al


puesto de trabajo», «inexistencia del nexo de causalidad
entre el despido y alguna condición de salud del
demandante», «buena fe de la empresa», «imposibilidad
de condena en costas», prescripción y compensación.
(PDF, cuaderno primera instancia, f.os 96 a 111).

II. SENTENCIA DE PRIMERA INSTANCIA

El Juzgado Primero Laboral del Circuito de Itagüí, al


que correspondió el trámite de la primera instancia,
mediante fallo del 25 de noviembre de 2022 (PDF, cuaderno
primera instancia, f.os 215 a 218), declaró la ineficacia del

despido y condenó a la sociedad demandada a reintegrar


al demandante al cargo que venía desempeñando el 30
de noviembre de 2020, o a otro de igual categoría y
«acorde con su condición de salud», junto con el pago de
los salarios, prestaciones sociales, vacaciones y aportes al
sistema de seguridad social causados desde la fecha de
desvinculación y hasta cuando se efectuara el reintegro.

Ordenó también el pago de la indemnización prevista


en el artículo 26 de la Ley 361 de 1997; declaró probada
la excepción de compensación, frente a la suma de
$8.750.000.oo; y tuvo por no acreditadas las demás
excepciones propuestas.

III. SENTENCIA DE SEGUNDA INSTANCIA

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Al resolver el recurso de apelación presentado por la


parte demandada, la Sala Laboral del Tribunal Superior
del Distrito Judicial de Medellín, a través de sentencia
emitida el 28 de marzo de 2023, modificó el fallo proferido
por el juzgador de primer grado, «[…] en el sentido de
indicar que el reintegro, con las condenas
consecuenciales, solo surten efectos hasta la fecha en
que se dio la inclusión en nómina de pensionados por
invalidez por parte de la AFP a la que se encuentra
vinculado». En lo demás, confirmó la decisión (PDF,
cuaderno segunda instancia, f.os 14 a 42).

Para justificar su decisión, el Tribunal partió de


algunos hechos probados en el proceso, dentro de los
cuales relacionó los siguientes: la existencia de la relación
laboral; la terminación de la misma de manera unilateral y
sin justa causa el 30 de noviembre de 2020; el
diagnóstico dado al demandante de «tumor maligno de
recto», con pronóstico de rehabilitación desfavorable; el
reporte de incapacidades entre el 24 de mayo de 2018 y
el 26 de noviembre de 2019, durante un total de 309 días;
y la notificación de Salud Total EPS del 28 de julio de
2019, reiterada el 26 de noviembre de 2020 y cuyo
conocimiento admitió el representante legal de la
demandada, en la que se informaba que el trabajador era
«[…] protegido con incapacidad mayor a 120 días y
pronóstico desfavorable».

Con esa base, estimó que el problema jurídico que


debía resolver se concretaba en determinar si estaban

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dadas todas las premisas necesarias para que operara a


favor del trabajador la garantía de estabilidad laboral
reforzada prevista en el artículo 26 de la Ley 361 de 1997,
con la orden consecuencial de reintegro, así como
verificar si el otorgamiento de la pensión de invalidez
tenía alguna incidencia en esa medida.

Así, para resolver el problema jurídico, aludió a la


jurisprudencia constitucional relativa a la especial
protección a la estabilidad que merecen las personas con
alguna «afectación de salud» conocida por el empleador,
que impida o dificulte sustancialmente el desempeño de
labores en condiciones regulares, y que los sitúa en un
estado de debilidad manifiesta.

Resaltó también los artículos 13, 14 y 54 de la


Constitución Política, el artículo 26 de la Ley 361 de 1997
y la Ley 1618 de 2013, y precisó que de allí emanaba una
especial protección a la estabilidad de las personas con
discapacidad, que se traducía en el derecho de
permanecer en el empleo, mientras que no se configurara
alguna causa objetiva de desvinculación. Advirtió también
que para estos efectos no le podía ser exigible al
trabajador demostrar las razones reales de la terminación
del contrato de trabajo.

Dicho esto, subrayó que a pesar de que persistían


algunas divergencias en la jurisprudencia constitucional y
ordinaria, frente al alcance de la protección a la
estabilidad laboral reforzada, lo cierto es que esta

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Corporación tenía definido que para la desvinculación del


trabajador con discapacidad el empleador debía contar
con el permiso de las autoridades de trabajo, con la
salvedad de que, si no lo tenía, operaba una presunción
de discriminación, que bien podía ser desvirtuada a partir
de la acreditación de una causa objetiva para la
terminación del vínculo.

Explicó, en ese sentido, que la protección estaba


encaminada a evitar y combatir los tratos discriminatorios
y, por lo mismo, se traducía en un derecho a permanecer
en el empleo hasta tanto operara alguna causa objetiva, y
no en un derecho a mantenerse en el cargo a
perpetuidad.

Para el caso concreto, destacó que la empresa


demandada había dado por terminado el contrato de
trabajo sin justa causa y con el pago de indemnización el
30 de noviembre de 2020, momento para el cual ya tenía
conocimiento de la comunicación enviada por la EPS Salud
Total - pues así lo había admitido su representante legal
en el interrogatorio de parte -, en la que se daba cuenta
de que el trabajador había tenido incapacidades durante
más de 120 días y tenía pronóstico de rehabilitación
desfavorable, por padecer una enfermedad catastrófica
como el cáncer de colon.

En este punto, se refirió a los interrogatorios de parte


y a la prueba testimonial y de allí resaltó el hecho de que
el trabajador había tenido un largo periodo de

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incapacidad, luego del cual fue reintegrado a trabajar con


flexibilidad en los horarios y condiciones para atender su
enfermedad, que, repitió, era conocida por la empresa.

Por ello, concluyó que la sociedad demandada había


desconocido la estabilidad laboral reforzada de la que
gozaba el trabajador, por efectuar el despido sin justa
causa, y sin que mediara alguna causa objetiva.
Específicamente en este último aspecto, señaló que su
inferencia no se desvirtuaba:

[…] por el hecho de haber abandonado – voluntariamente el


trabajador – el proceso de calificación, al negarse a aceptar la
gravedad de su condición, pues siempre tuvo en mente
continuar en el desempeño de sus funciones, al punto que
aun expidiéndosele incapacidad por el tratamiento a que
venía siendo sometido, habló con su superior Javier Martínez,
para que le permitiera seguir laborando y no proceder a su
radicación.

Tampoco se puede considerar una causal objetiva, el hecho


de que el trabajador no hubiese puesto en conocimiento de la
empresa la continuidad en el tratamiento, ni el hecho de no
haberse presentado restricciones o incapacidades, ni el haber
abandonado el trámite de calificación de pérdida de
capacidad laboral, reactivado con ocasión de comunicación
del 26 de noviembre de 2020, en que la EPS reitera el
pronóstico desfavorable de rehabilitación y la condición de
protegido por estar en el mismo, pues ante la gravedad de la
dolencia padecida, debidamente documentada ante la
empresa, contando esta con los archivos permitidos, debió
consultarlos para verificar su real situación, lo que como fue
confesado por la testigo, no aconteció. Luego no basta el pago
de la indemnización prevista en el artículo 64 del C. S. del T.
cuando se está ante personal en especial condición de salud,
así se explica entre otras en sentencia CSJ SL6850-2016 […]

En virtud de lo anterior, consideró procedente la


confirmación de la decisión apelada, en cuanto declaró la
ineficacia del despido y, como consecuencia, ordenó el
reintegro del trabajador al cargo que venía

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desempeñando o a otro de igual categoría, «acorde con


sus condiciones de salud».

Con todo, indicó que a pesar de que se daban las


condiciones necesarias para la materialización del fuero
de estabilidad, sí resultaba procedente limitar los efectos
de la medida de reintegro hasta tanto la respectiva
administradora de pensiones incluyera en nómina la
pensión de invalidez que reconoció al trabajador, con
fundamento en el dictamen de pérdida de capacidad
laboral de más del 50% emitido por Suramericana SA.

Para tales fines, explicó que, de conformidad con el


artículo 1 del Código Sustantivo del Trabajo, la finalidad
de las normas de trabajo era lograr la justicia en las
relaciones entre empleadores y trabajadores, en un
espíritu de coordinación económica y equilibrio social,
«[…] precepto que sin duda orienta el concepto de justicia
en esta materia, definido por Ulpiano como: dar a cada
quien lo que le corresponde de acuerdo con sus derechos,
capacidades y necesidades».

Insistió también en que la finalidad del fuero de


estabilidad no era facilitar un derecho a permanecer en el
empleo a perpetuidad, sino la de disuadir los despidos
discriminatorios y, en tal medida, la de contar con una
causa objetiva de desvinculación, pues, de acuerdo con lo
sostenido por la Corte Constitucional en la sentencia CC T-
434-2020, «[…] la estabilidad laboral reforzada no elimina

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la facultad de terminar la relación laboral, sino que obliga


a que se use a la luz de la Constitución».

En tal sentido, recordó que el numeral 14, literal A),


del artículo 62 del Código Sustantivo del Trabajo consagra
como justa causa de terminación de los contratos de
trabajo el reconocimiento al trabajador de la pensión de
jubilación o invalidez estando al servicio de la empresa,
con la condición de que tal prestación sea incluida en
nómina.

Además, destacó que en este punto sí resultaba


«relevante la actuación del trabajador», pues había
abandonado el trámite de calificación ordenado por la EPS
en el año 2019 y solo lo había reiniciado en el año 2020, a
partir de lo que se realizó la valoración el 4 de febrero de
2021 y se fijó como fecha de estructuración el 13 de
octubre de 2020, cuando aún tenía vigencia el vínculo
laboral y que se corresponde con un concepto de
medicina del dolor en el que se registró lo siguiente:

Su dolor crónico y tenesmo pueden considerarse como


secuelas en vista de la tórpida evolución a los múltiples
tratamientos previos y no se espera un cambio rápido en su
condición clínica por lo que a juicio de este servicio puede
calificarse la PCLO a criterio de los demás tratantes. Se
renueva prescripción de medicamentos y se remite a
medicina laboral. Control en 3 meses.

Indicó, por último, que en el marco del dictamen


había quedado consignado un aparte de evaluación
funcional medicina laboral, y antecedentes sociofamiliares
del paciente, en el que «[…] refiere que no se siente en

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capacidad de trabajar por sus síntomas clínicos, luego no


se superan para el caso las subreglas fijadas en la
sentencia SL3610-2020, en la que se sustentó la a quo, ya
que ante el médico laboral el señor Rafael Antonio refirió
su incapacidad para laborar por sus síntomas clínicos».

IV. RECURSO DE CASACIÓN

Fue interpuesto por el apoderado de la parte


demandante, concedido por el Tribunal y admitido por la
Corte, que procede a resolver.

V. ALCANCE DE LA IMPUGNACIÓN

Pretende el recurrente que la Corte case


parcialmente la sentencia recurrida, únicamente en
cuanto modificó la decisión de primera instancia, «[…] en
el sentido de indicar que el reintegro, con las condenas
consecuenciales, solo surten efectos hasta la fecha en
que se dio la inclusión en nómina de pensionados por
invalidez; para que en su lugar la Corte, una vez
constituida en sede de instancia CONFIRME TOTALMENTE,
la sentencia condenatoria proferida por el a-quo.»

Con tal propósito formula dos cargos, por la causal


primera de casación laboral, que fueron oportunamente
replicados.

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La Sala procederá al análisis conjunto de las dos


acusaciones, en la medida en que, pese a que se
encaminan por vías diferentes, denuncian la infracción de
un conjunto similar de normas y tienen argumentos que
se relacionan y complementan.

VI. CARGO PRIMERO

Acusa la sentencia recurrida de violar


indirectamente, por aplicación indebida, el artículo 26 de
la Ley 361 de 1997, en relación con el numeral 14 del
artículo 62 del Código Sustantivo del Trabajo, en armonía
con el artículo 53 y 29 de la Constitución Política y el
artículo 1 de la Ley 1346 de 2009.

Expone que dicha infracción ocurrió porque el


Tribunal incurrió en los siguientes errores de hecho:

1. No obstante haber dado por demostrado que el contrato


terminó sin justa causa, con el reconocimiento de la
indemnización respectiva (la cuál (sic) incluso ordenó
compensar), dar por demostrado que, como el reconocimiento
de la pensión de invalidez y su inclusión en nómina configuran
una justa causa para la terminación del contrato, ello jugaba a
favor de limitar los efectos del reintegro hasta el momento de
la inclusión en nómina de pensionado por invalidez.

2. Dar por demostrado, sin estarlo, que el demandante no


estaba en capacidad de laborar “por sus síntomas clínicos”, y
por lo mismo, limitar los efectos del reintegro hasta el
momento de la inclusión en nómina de pensionado por
invalidez.

3. No dar por demostrado, estándolo, que en la primera


instancia no fue siquiera materia de debate, si el trabajador
estaba o no en capacidad de laborar.

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Añade que, a su vez, esos errores fueron producto de


la errónea valoración de la carta de terminación del
contrato, la liquidación de prestaciones, la respuesta a la
demanda y el auto interlocutorio emitido en punto a la
fijación del litigio, como pieza procesal; así como de la
falta de apreciación del dictamen de pérdida de la
capacidad laboral y ocupacional.

En desarrollo de la acusación, el censor aclara que,


pese a la naturaleza del cargo, no discute algunos hechos
que dio por demostrados el Tribunal, como la existencia
del contrato de trabajo y sus extremos, la terminación del
mismo sin justa causa, el diagnóstico que le fue formulado
al trabajador y que la empresa lo conocía, el
desconocimiento de la garantía de estabilidad laboral
reforzada, el dictamen de calificación de invalidez y que la
pensión de invalidez fue reconocida y pagada con
posterioridad a la culminación del vínculo laboral.

Con esa base, alega que el Tribunal admitió que la


demandada había desconocido la estabilidad laboral
reforzada del trabajador, pero, a pesar de ello, limitó
temporalmente los efectos del reintegro, básicamente
porque el trabajador manifestó que le había sido
reconocida una pensión de invalidez y ese hecho se
constituía en justa causa de despido, a la luz del numeral
14, literal A), del artículo 62 del Código Sustantivo del
Trabajo, y porque aceptó no se sentía en capacidad para
trabajar.

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En tal sentido, afirma que es protuberante el error


del Tribunal, pues en su argumentación inicial admitió de
manera contundente que el contrato de trabajo había
terminado sin justa causa y con el pago de indemnización,
de suerte que no podía, a un mismo tiempo, asumir que el
reconocimiento de la pensión de invalidez y su inclusión
en nómina «[…] jugaba a favor de limitar los efectos del
reintegro en el tiempo; pues lo cierto e incontrovertible es
que tal justa causa, nunca fue invocada por la empresa
como motivo de rompimiento del vínculo».

Cita la carta de terminación del contrato y la


liquidación definitiva de prestaciones sociales, que
contiene el pago de la respectiva indemnización, así como
la contestación de la demanda en la que se admite que el
vínculo laboral terminó sin justa causa, de manera que,
sostiene, era evidentemente errado entender que el
reconocimiento de la pensión de invalidez y su inclusión
en nómina «jugaban a favor de los efectos limitativos del
reintegro».

Afirma, en ese sentido, que el Tribunal «[…] en un


errado razonamiento, modificó y reemplazó la voluntad
inicial de la empresa, para por tal vía justificar los efectos
limitativos del reintegro en el tiempo, lo que claramente
constituye un error evidente fáctico probatorio que debe
ser corregido por la Corte».

Reproduce las consideraciones de uno de los


salvamentos de voto de la decisión del Tribunal e indica

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que con ello está demostrado el primer error de hecho


que denuncia.

Por otra parte, señala que también fue errada la


consideración del Tribunal relativa a que el actor había
admitido que no estaba en condiciones para laborar. Se
remite, en tal orden, al dictamen de calificación de la
invalidez, y expone que la alusión del demandante de que
no se sentía en capacidad para trabajar por sus síntomas
clínicos no tenía la entidad suficiente para limitar los
efectos del reintegro, pues no probaba real y
efectivamente que no estuviera en condiciones de cumplir
con sus labores en el momento en el que se efectuara su
reintegro.

Agrega que aceptar lo contrario equivaldría a anular


la posibilidad de recuperación de la persona y hacer una
suposición fáctica futurística sobre la falta de capacidades
del trabajador para el momento del reintegro, así como
recrear un estereotipo limitativo funcional, sin certeza
científica y técnica.

Destaca que la afirmación del actor fue una


percepción subjetiva hecha en un determinado momento
histórico, que se correspondía con el estereotipo de no
sentirse útil para la sociedad, pero que no podía tomarse
como conclusión técnica objetiva o como una medición de
sus capacidades laborales ni afectar su derecho a la
inclusión laboral y autonomía individual, como
reincorporación a la vida productiva en igualdad de

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condiciones con los demás, con todos los ajustes,


readaptaciones y reubicaciones a las que estaba obligado
el empleador.

Alega también que el mismo dictamen de pérdida de


la capacidad laboral evidencia que el actor tenía una
afectación del rol laboral del 15%, de un 25% máximo, y
que este sí era un elemento técnico y científico que
permitía determinar que no tenía una total imposibilidad
para desempeñar sus tareas y cumplir con su rol laboral.
A lo anterior añade que esta Corporación, en la sentencia
CSJ SL3610-2020, determinó que sí era posible el
reintegro de una «persona declarada inválida o con
discapacidad», pues no era dable reproducir prejuicios
sociales de que ciertas discapacidades son incompatibles
con la actividad productiva, y sí era obligatorio suprimir o
minimizar las barreras que dificultaban la integración
laboral.

Advierte también que la propia entidad demandada


había sostenido a lo largo del proceso que, para el
momento de la finalización del vínculo, el actor no
presentaba incapacidades ni tenía restricciones para el
desempeño de sus labores, pues prestaba su servicio en
condiciones normales, a espaldas de lo cual el Tribunal le
dio una relevancia mayor a una afirmación del trabajador
para limitar los efectos del reintegro.

Finalmente, explica que la necesidad de limitar la


medida de reintegro no fue materia de debate en el curso

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del proceso y, para tal efecto, se remite a la fijación del


litigio efectuada en la primera instancia, tras lo cual
afirma que la decisión del Tribunal vulneró el debido
proceso y el derecho de defensa de la parte demandante,
pues no se tuvo la oportunidad de debatir de manera
técnica y científica sobre las capacidades del trabajador.

VII. RÉPLICA

Aduce que el cargo contiene una mixtura de


argumentos jurídicos y fácticos que imposibilita su
estudio, además de que a pesar de que esa falencia sería
superable si se hubiese invocado la violación medio, en
este caso no se cumplió con esa condición.

De otro lado, señala que, incluso superada esa


falencia técnica, el Tribunal no incurrió en algún error de
hecho protuberante, pues sí reconoció que el contrato de
trabajo había terminado de manera unilateral e injusta,
solo que eso no le impidió concluir que la medida de
reintegro debía ser limitada en el tiempo. Esto bajo un
análisis sereno de los hechos y las normas aplicables al
caso, teniendo en cuenta la regla de que la estabilidad
laboral no podía convertirse en una petrificación laboral,
informada a partir de un elemento de justicia en el que
nunca se desconoció la protección del trabajador, sino que
se buscó un justo medio con su imposibilidad de trabajar.
En apoyo de su argumentación cita la sentencia CSJ
SL2834-2023.

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Indica, finalmente, que el cargo tiene la forma de un


alegato de instancia y que la modificación del Tribunal
tuvo en cuenta que el mínimo vital del trabajador ya
estaba garantizado con la pensión de invalidez, a partir de
un análisis ponderado y crítico de las pruebas del proceso.

VIII. CARGO SEGUNDO

Acusa al Tribunal de haber violado directamente, por


interpretación errónea, el artículo 26 de la Ley 361 de
1997, en relación con el artículo 1 de la Ley 1346 de
2009.

En desarrollo de la acusación, aclara que no están


sometidos a discusión los hechos relacionados con la
existencia del contrato de trabajo y su terminación sin
justa causa, el diagnóstico del trabajador y que la
empresa lo conocía, la infracción de la estabilidad laboral
reforzada y el dictamen de calificación de invalidez con
fecha de estructuración del 13 de octubre de 2020.

Luego, señala que, para fundamentar la decisión de


reintegro, el Tribunal afirmó que en este caso no se
superaban las subreglas establecidas en la sentencia de
esta Corporación CSJ SL3610-2020, teniendo en cuenta
que el demandante había manifestado su incapacidad
para seguir cumpliendo sus labores, con lo cual, indica,
dicha órgano colegiado incurrió en una interpretación
errónea del artículo 26 de la Ley 361 de 1997.

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Subraya, en tal sentido, que:

[…] una recta interpretación de la norma, en armonía con la


providencia referida, conducen a entender que aun en el caso
de que la persona esté calificada como inválida y/o con
deficiencias, o que incluso, como para el caso, la persona
hubiere manifestado no estar en capacidad laboral por sus
“síntomas clínicos”, no se imposibilita la reincorporación al
trabajo, pues, realmente, la subregla contenida en la
sentencia que impide la reincorporación laboral, es cuando
pueda afirmarse a ciencia cierta y con objetividad que no
pueda ocupar un empleo, luego de agotadas las etapas de
rehabilitación integral, readaptación, reinserción y reubicación
laboral, es decir, que la interpretación correcta de la
sentencia en la que se apoyó el Tribunal, parte del supuesto
de que la discapacidad o invalidez sea “evidente” en el
horizonte de que la persona no pueda desempeñar ninguna
actividad remunerada en la empresa, aún si se hicieran los
ajustes razonables, readaptaciones y reubicaciones del caso,
por lo que si NO se han realizado, no puede el juez entrar a
suponer la imposibilidad de laborar, pues ello implicaría crear
un factor discriminatorio y de prejuicio social que lo conduzca
a juzgar ciertas discapacidades como incompatibles con la
actividad productiva, no obstante que en la realidad puedan
ser superables, si se suprimen o minimizan las barreras o
factores que dificultan o impidan la integración laboral de
estas personas en las estructuras empresariales.

Reitera que la aniquilación de la posibilidad de


laborar solo se puede concebir si la discapacidad o
invalidez es evidente, de manera que no se pueda
desarrollar alguna actividad en la empresa, a pesar de los
ajustes razonables, readaptaciones y reubicaciones del
caso, cuestiones todas que fueron desconocidas por el
Tribunal.

IX. RÉPLICA

Expone que el cargo parece más un alegato de


instancia, pues no precisa la interpretación errónea en la
que incurrió el Tribunal y pretende demostrar un

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desconocimiento de las reglas establecidas en la


sentencia CSJ SL3610-2020, cuando lo cierto es que el
juzgador de segundo grado las acató limitando los efectos
de las condenas, para no imponer cargas
desproporcionadas al empleador y teniendo en cuenta la
manifestación del trabajador de no poder cumplir con sus
labores.

Indica que el Tribunal aplicó correctamente el


artículo 26 de la Ley 361 de 1997, pues materializó la
protección allí establecida, pero le impuso una limitación
razonable que encuentra asiento en las subreglas
definidas en la jurisprudencia de esta Corporación y que
no entraña algún tipo de discriminación, prejuicio o
estereotipo.

X. CONSIDERACIONES

Para la Sala las falencias técnicas que denuncia la


oposición no tienen la certeza y solidez necesaria para
impedir el análisis de los cargos planteados.

Así, es cierto que el primer cargo se encamina


expresamente por la vía indirecta y, pese a ello, en su
desarrollo contiene algunas reflexiones más cercanas al
análisis jurídico de la decisión del Tribunal, como cuando
el recurrente invita a la Corte a considerar que el
reconocimiento de la pensión de invalidez no tiene la
virtualidad jurídica de limitar la medida de reintegro o

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que, en los términos del cargo, no podía jugar a favor de


esa limitación.

Sin embargo, el cargo sí conserva una base


argumentativa centrada en lo fáctico, pues persigue
evidenciar que el Tribunal habría errado en la
comprensión de los hechos que rodearon la terminación
del vínculo laboral que ligaba a las partes, así como sobre
supuestos relativos a las capacidades del trabajador y los
extremos sobre los que se edificó la discusión en el
proceso. Esta elucubración está acompañada de una
concreta y clara relación de errores de hecho, pruebas
calificadas y una argumentación mínima, de manera que
la Corte no encuentra razones para rechazar el estudio de
fondo.

Frente a la segunda acusación, para la Corte no es


cierto que se reduzca a un mero alegato de instancia,
pues de su planteamiento y desarrollo se puede inferir
claramente la intención del censor de denunciar una
interpretación errónea de las normas que gobiernan la
estabilidad laboral reforzada, planteada por la vía
adecuada, y que se esfuerza por demostrar que la
invalidez y el reconocimiento de la pensión no tienen la
virtualidad jurídica de impedir la medida de reintegro ni
de limitar sus efectos.

Solventado lo anterior, y con el ánimo de concretar el


problema jurídico que debe abordar la Sala, hasta este
punto no se discute que el actor prestó sus servicios entre

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el 1 de septiembre de 2017 y el 30 de noviembre de


2020, fecha esta última en la que la sociedad demandada
resolvió dar por terminado el vínculo de manera unilateral
y sin que mediara justa causa, con el pago de la
respectiva indemnización.

Tampoco se controvierte en sede de casación que


para el momento del despido el actor era beneficiario de
la estabilidad laboral reforzada prevista en el artículo 26
de la Ley 361 de 1997 ni los estándares normativos y
pautas interpretativas tenidas en cuenta por el Tribunal
para tales efectos. En tal medida, la Sala no hará
pronunciamiento alguno al respecto.

En esos términos, en función de las acusaciones


formuladas en los cargos, a la Corte le corresponde
determinar si el Tribunal incurrió en error al imponerle
una limitación temporal a los efectos del reintegro, como
consecuencia de alguna equivocación en la comprensión
de los efectos jurídicos de la garantía de estabilidad
laboral reforzada, o en virtud de yerros en la observación
de los hechos que envolvieron la terminación del vínculo
laboral y que aludían a las capacidades del trabajador
para reincorporarse a su empleo.

En torno a los tópicos planteados, en esencia, luego


de ratificar que el despido del demandante había sido
ineficaz, por haberse desconocido la garantía de
estabilidad prevista en el artículo 26 de la Ley 361 de
1997, el Tribunal consideró viable limitar los efectos del

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reintegro hasta el momento en el que fue incluida en


nómina la pensión de invalidez reconocida al trabajador.

Para estos fines, en esencia, dicha Corporación


recordó que, al tenor del numeral 14, literal A), del
artículo 62 del Código Sustantivo del Trabajo, el
reconocimiento de la pensión de invalidez – con inclusión
en nómina - era justa causa de despido y, como
consecuencia, causa objetiva y, por otra parte, asumió
que en este caso el trabajador había aceptado que no se
sentía en capacidad para trabajar, de manera que no se
superaban las subreglas fijadas en la sentencia de esta
corporación CSJ SL3610-2020.

Estos elementos permiten ver que el Tribunal juzgó


la estabilidad laboral reforzada y sus efectos a partir de
dos momentos diferentes: i) uno primero u original, que
identificó con el de la terminación del contrato de trabajo
sin justa causa por parte del empleador el 30 de
noviembre de 2020, en el que advirtió que el actor era
beneficiario de la estabilidad laboral reforzada y no se
había probado una causa objetiva, pues simplemente se
había dado un despido injustificado; ii) y otro posterior,
que coincidió con la fecha a partir de la cual se había
incluido en nómina la pensión de invalidez reconocida por
la AFP, hecho que sí percibió como causa justa y objetiva
de terminación del contrato, teniendo en cuenta lo
previsto en el numeral 14, literal A), del artículo 62 del
Código Sustantivo del Trabajo, aunado a que el trabajador
había aceptado su incapacidad para seguir trabajando.

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El primer elemento le sirvió al Tribunal para


determinar que el despido era ineficaz, por desconocer la
protección prevista en el artículo 26 de la Ley 361 de
1997, y el segundo para concluir que, en todo caso, era
necesario limitar en el tiempo la medida de reintegro.

Para la Sala esta última reflexión está efectivamente


afectada por los errores jurídicos y fácticos que denuncia
la censura, como pasa a verse.

En efecto, en primer lugar, para la Corte la censura


acierta en el primer cargo al llamar la atención de que
uno de los hechos indiscutidos a lo largo del proceso fue
que la sociedad demandada había decidido la terminación
del contrato de trabajo, de manera unilateral y sin que
mediara justa causa, en los términos del artículo 64 del
Código Sustantivo del Trabajo.

Las pruebas calificadas que denuncia la censura


(hecho segundo de la demanda y su aceptación en la
contestación de la demanda, carta de terminación del
contrato de trabajo y liquidación de prestaciones
sociales), dan perfecta cuenta de ello, en tanto dejan
claro que fue la empresa demandada la que optó por
terminar el contrato de trabajo sin justa causa, con el
pago de indemnización, el día 30 de noviembre de 2020.

Ahora, es cierto que el Tribunal no desconoció por


completo esta información, pues fue precisamente esa

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realidad, acompañada de la conclusión de que el actor era


beneficiario de estabilidad laboral reforzada y no se había
obtenido la autorización del Ministerio de Trabajo, la que
lo condujo a determinar que el despido se reputaba
ineficaz y se debía ratificar la medida de reintegro.

No obstante, para la Sala es claro que, como lo


sugiere la censura, ese presupuesto fáctico del proceso
fue en todo caso alterado o desestimado por el Tribunal,
al recrear una nueva terminación de la vinculación
laboral, hacia futuro y esta vez fundamentada en una
justa causa de despido (el reconocimiento de la pensión
de invalidez), que ni siquiera había sido esbozada por la
empresa.

Es decir, para la Corte el Tribunal no podía a un


mismo tiempo restaurar el contrato de trabajo, como
consecuencia de la ineficacia de su terminación, para
inmediatamente después imaginar que se había
producido una nueva terminación, que ninguna de las
partes había decidido, y teniendo en cuenta una presunta
causa objetiva que nadie había propuesto.
En este punto también le asiste razón a la censura en
el primer cargo al sostener que el Tribunal «modificó y
reemplazó» la voluntad inicial de la empresa, pues esta
institución nunca decidió ni ha decidido una nueva
terminación del contrato de trabajo, esta vez invocando la
justa causa establecida en el numeral 14, literal A), del
artículo 62 del Código Sustantivo del Trabajo, que pudiera
ser materia de juzgamiento.

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Y es que, además, para la Corte resulta de cardinal


importancia destacar que la terminación del contrato de
trabajo a partir de las justas causas previstas en el
artículo 62 del Código Sustantivo del Trabajo es una
decisión al alcance exclusivo de las partes, en este caso
del empleador, de manera que no puede ser usurpada por
el juez ya que, entre otras cosas, tampoco opera de
manera automática o por ministerio de la ley.

La Sala destaca lo anterior porque lo que hizo el


Tribunal no fue otra cosa que, una vez restablecido el
contrato de trabajo, por fuerza de la ineficacia del
despido, volverlo a dar por terminado, por una de las
justas causas que la ley pone a disposición del empleador,
específicamente el reconocimiento de una pensión de
invalidez con inclusión en nómina, cuestión que, vale la
pena repetir, solo estaba al alcance de la empresa y no
del juez.

Así las cosas, para la Sala, una vez declarada la


ineficacia del despido, por la violación del artículo 26 de
las Ley 361 de 1997, la consecuencia obligada era el
restablecimiento del vínculo laboral, con todos sus
efectos, y una vez restaurado, era el empleador el que
podía evaluar la posibilidad de seguirlo manteniendo en el
tiempo o dar curso a una nueva terminación, teniendo en
cuenta factores variables como el reconocimiento de la
pensión de invalidez o las capacidades del trabajador.

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Entretanto, como lo afirma la censura, el Tribunal no


podía asumir que el trabajador no tenía capacidades para
desempeñar su empleo, con el ánimo de limitar la medida
de reintegro, cuando era el empleador el que debía
analizar esa situación, una vez se hiciera efectiva la
medida. De manera que cualquier evaluación de las
capacidades del trabajador en este punto resultaba
improcedente, pues, se reitera, el proceso estuvo
encaminado precisamente a juzgar la validez y eficacia de
la terminación del contrato sin justa causa del 30 de
noviembre de 2020, y no a determinar si el trabajador
tenía las aptitudes necesarias para reincorporarse a su
cargo.

En este punto también es verdad que, como lo aduce


la censura, el Tribunal se aventuró a concluir que
resultaba imposible reintegrar al actor, porque había
admitido que no se sentía en capacidad para trabajar, en
el marco de una evaluación de antecedentes
sociofamiliares incluido en la sustentación del dictamen
de pérdida de capacidad laboral, cuyo examen en
casación se justifica por el error sobre la prueba calificada
que se relató con anterioridad.

Y se dice lo anterior porque, aparte de que esa


evaluación de capacidades resultaba improcedente y
anticipada, pues nadie la había puesto en entredicho, lo
cierto es que se fundamentó en una afirmación
descontextualizada y marginal del trabajador, que no
podía de ninguna manera asumirse como prueba de que

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era «[…] evidente que la persona no puede desempeñar


ninguna actividad remunerada en la empresa, aún si se
hicieran los ajustes razonables, readaptaciones y
reubicaciones del caso […]», como se dijo en la sentencia
CSJ SL3610-2020, que fue la reivindicada en la sentencia
atacada.

Nada de lo dicho en el dictamen o en alguna otra


pieza procesal permite ver que el reintegro del trabajador
era imposible luego de la realización de los ajustes,
readaptaciones y reubicaciones del caso, pues la empresa
no acometió tales medidas, de manera que, en este
punto, también le asiste razón a la censura, pues, al
contrario, esa misma evaluación deja ver que la pérdida
de la capacidad laboral no fue absoluta y bien permitía al
actor realizar actividades productivas.

Y es que precisamente estas conclusiones permiten


visualizar el error jurídico del Tribunal que se denuncia en
el segundo cargo.

Se dice lo anterior porque los errores resaltados por


la Sala se hacen más evidentes si se piensa en la
naturaleza de la causal en la que se fundamentó el
Tribunal – reconocimiento de la pensión de invalidez – y la
especial protección que consagra nuestro ordenamiento
jurídico a favor de las personas con discapacidad, que
destaca la censura.

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En efecto, para la Corte resulta necesario advertir


que el reconocimiento de una pensión de invalidez, junto
con su inclusión en nómina, configuran ciertamente una
justa causa de despido prevista legalmente en el numeral
14, literal A), del artículo 62 del Código Sustantivo del
Trabajo.

Además, conforme lo señaló recientemente esta


Corporación (CSJ SL2834-2023), esa justa causa supone
también una causa objetiva de terminación del contrato
de trabajo de una persona con discapacidad, pues a pesar
de la relación que existe entre la causal y la condición de
discapacidad (ya que en una misma persona pueden
coincidir las dos condiciones de invalidez y discapacidad),
lo cierto es que no puede en estos casos hablarse de un
trato discriminatorio, en virtud de que:

[…] el reconocimiento de la pensión no es más que el


resultado natural del procedimiento de definición legal de la
capacidad laboral del trabajador; ii) que, en ese sentido,
existe una complementariedad entre el sistema de relaciones
laborales y el sistema de seguridad social, para que el
trabajador con discapacidad no quede desprotegido; y iii) que,
en estos eventos, se puede admitir que termina
razonablemente el deber de solidaridad del empleador.

No obstante, para la Corte también es preciso


advertir que, por su naturaleza, lo que establece el
legislador a partir de esta previsión es una facultad o
autorización para que el empleador de por terminado el
contrato de trabajo, pero no una obligación para que
siempre y en cualquier contexto lo haga, o que esa

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consecuencia se produzca manera automática e


inevitable.

En otras palabras, nada impide al empleador


mantener el contrato de trabajo, pese a que al trabajador
le sea reconocida una pensión de jubilación o de invalidez
mientras está a su servicio, pues es él y solo él quien
puede activar la autorización para despedir con justa
causa que le brinda la legislación, con las reglas y
condiciones establecidas para tales efectos.

Lo anterior cobra mayor relevancia en tratándose de


personas con discapacidad, pues además de que, como se
viene diciendo, la empresa es la que define la pervivencia
del contrato de trabajo, el mismo ordenamiento jurídico, a
partir de normas como los artículos 13, 47 y 54 de la
Constitución Política y la propia Ley 361 de 1997, se
encarga de alentarlo e incentivarlo para que mantenga
fuentes de empleo para esta población y, más allá de eso,
le prohíbe la ruptura de los contratos de trabajo por razón
de la discapacidad o como consecuencia de conductas
discriminatorias.

También la Convención sobre los derechos de las


personas con discapacidad, en materia de trabajo y
empleo, insta a los Estados parte a «[…] prohibir la
discriminación por motivos de discapacidad con respecto
a todas las cuestiones relativas a cualquier forma de
empleo, incluidas las condiciones de selección,
contratación y empleo, la continuidad en el empleo, la

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promoción profesional y unas condiciones de trabajo


seguras y saludables […]» (artículo 27, literal a).

Esta realidad normativa permite ver el error jurídico


del Tribunal, pues partió de la base de que el
reconocimiento de la pensión de invalidez dejaba
automáticamente sin efecto la relación laboral, incluso sin
mediar la voluntad del empleador en tal sentido, cuando
una regla de tales dimensiones es totalmente contraria a
las normas que velan por la protección del derecho al
trabajo de las personas con discapacidad y promueven su
inclusión al empleo.

Nótese que precisamente en la sentencia CSJ


SL2834-2023, mencionada con anterioridad y en la que se
fundamenta la réplica, la Corte encontró que el empleador
sí había terminado el contrato de trabajo con fundamento
en una causa objetiva, pero, adviértase bien, en virtud de
que había mantenido vigente la relación laboral mientras
se evaluaba la posibilidad de rehabilitación de la
trabajadora, además de que había realizado ajustes en el
puesto de trabajo y solo había terminado el contrato
cuando fue reconocida la pensión de invalidez y con
fundamento en la justa causa establecida en el numeral
14, literal A), del artículo 62 del Código Sustantivo del
Trabajo.

En este caso, a diferencia del tratado en la referida


sentencia, la empresa demandada no mantuvo vigente la
relación laboral con algún tipo de ajuste, sino que resolvió

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terminarla de manera unilateral y sin que mediara justa


causa, al amparo del artículo 64 del Código Sustantivo del
Trabajo, con violación de lo previsto en el artículo 26 de la
Ley 361 de 1997, supuestos que no se discuten en
casación.

Por ello, luego de identificado el actor como


beneficiario de la estabilidad laboral reforzada, aspecto
que tampoco se discute en casación, la consecuencia era
la ineficacia del despido y el reintegro al cargo que
desempeñaba, sin algún tipo de juzgamiento sobre las
nuevas circunstancias que podrían oponerse a la
supervivencia del empleo, pues entre otras cosas ese ya
no era el asunto tratado en juicio.

Se repite, el Tribunal asumió el reconocimiento de la


pensión de invalidez como un supuesto que
automáticamente dejaba sin vigencia la relación laboral,
con lo que se desconoció que la facultad de dar por
terminado el contrato de trabajo con justa causa recaía en
el empleador, y que no era posible suponer que la
invalidez era incompatible con el empleo.

En este último punto, como también lo señala la


censura, a pesar de mencionarla, el Tribunal desconoció la
doctrina fijada en la sentencia CSJ SL3610-2020, en la que
se dijo de manera contundente que «[…] desde un punto
de vista jurídico, en aplicación del artículo 26 de la Ley
361 de 1997, es factible el reintegro de una persona con
discapacidad, declarada a su vez inválida, pues lo

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contrario implicaría negarle el derecho a obtener un


trabajo productivo y remunerado, a la igualdad de
oportunidades y al reconocimiento de su dignidad […]»

Y si bien es cierto que con la sentencia CSJ SL2834-


2023 se concluyó que el reconocimiento de la pensión de
invalidez estando al servicio de la empresa operaba como
causa objetiva, esa inferencia se concretó para los casos
en los que la empresa decide efectivamente la
terminación del contrato de trabajo con base en la justa
causa del numeral 14, literal A), del artículo 62 del Código
Sustantivo del Trabajo, y no para otros en los que rompe
la vinculación sin justa causa, y sin esperar a que se
concrete el proceso de evaluación y calificación del
trabajador.

En suma, el Tribunal también incurrió en error


jurídico al suponer que el reconocimiento de la pensión de
invalidez imposibilitaba la permanencia del vínculo laboral
en el tiempo, pues, como ya se dijo, la invalidez no es
incompatible absolutamente con el trabajo, y es en todo
caso el empleador el que puede hacer uso de la causal de
despido del numeral 14, literal A), del Código Sustantivo
del Trabajo, de manera que no puede imponerse de forma
automática.

Resta advertir que en otros contextos diferentes (que


también involucran fueros o protecciones especiales a la
estabilidad), esta corporación ha justificado las
limitaciones temporales a la medida de reintegro, pero

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precisamente porque se concluye que es imposible el


mantenimiento del empleo en el tiempo. Un ejemplo de
ello está dado en los casos en que se comprueba la
liquidación definitiva de la entidad empleadora, en los
que, se repite, la Corte ha concluido que existe una
imposibilidad física y jurídica para mantener vínculos
laborales activos (CSJ SL5531-2018, CSJ SL4782-2018).

No obstante, en este caso no existe esa imposibilidad


ni jurídica ni fáctica, pues, como ya se dijo, la convivencia
de la invalidez y el trabajo sí es viable jurídicamente y, de
otro lado, el examen de la imposibilidad física pasa por
una evaluación del empleador sobre la compatibilidad del
empleo y el estado del trabajador, con ajustes y
reubicaciones y con la posibilidad en todo caso de acudir
a la causal de despido del numeral 14, literal A), del
Código Sustantivo del Trabajo, pero no opera de manera
automática.

Y esta precisamente es la interpretación que se


acopla y desarrolla de mejor manera los principios
derivados de la Constitución Política y de la Convención
sobre los derechos de las personas con discapacidad, que
velan por el pleno respeto del derecho al trabajo de las
personas con discapacidad, en igualdad de condiciones
con los demás, lo que incluye «[…] el derecho a tener la
oportunidad de ganarse la vida mediante un trabajo
libremente elegido o aceptado en un mercado y un
entorno laborales que sean abiertos, inclusivos y
accesibles […]», y el deber de combatir estereotipos y

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prejuicios en el mundo del trabajo, como el que se


relaciona con que las personas con discapacidad no son
aptas para el trabajo subordinado y remunerado.

Lo anterior conduce a la Sala a concluir que tampoco


era jurídicamente aceptable la limitación adoptada por el
Tribunal como medida de justicia o para conciliar algunos
intereses o principios en juego, pues si bien esta
Corporación ha definido que el objetivo de la estabilidad
laboral es la de prevenir y combatir tratos
discriminatorios, y no la de garantizar el empleo a
perpetuidad, lo cierto es que la decisión de reintegro sin
limitaciones no conducía a esa petrificación laboral, sino
al simple restablecimiento del contrato de trabajo, pero
con la posibilidad de que el empleador lo volviera a dar
por terminado, cumpliendo eso sí con los estándares
legales y constitucionales pertinentes, específicamente el
de contar con una causa objetiva.

De todo lo expuesto la Corte puede concluir que el


Tribunal incurrió en error al imponer una limitación
temporal a la medida de reintegro, pues, con ello, alteró
los supuestos que rodearon la terminación del contrato de
trabajo y que eran materia de juzgamiento, suplantó al
empleador en su facultad de terminar el contrato de
trabajo con justa causa, y supuso de manera inadecuada
e infundada que no era posible el sostenimiento del
empleo tras el reconocimiento de la pensión de invalidez.

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Todo ello lleva consigo las infracciones normativas


denunciadas en los dos cargos que, como consecuencia,
resultan fundados y fuerzan la casación parcial de la
sentencia recurrida, únicamente en cuanto el Tribunal
dispuso que el reintegro y sus consecuencias solo surtían
efectos hasta el momento en el que se había incluido en
nómina la pensión de invalidez reconocida al trabajador.

Sin costas en el recurso de casación, teniendo en


cuenta que la acusación resultó fundada.

XI. SENTENCIA DE INSTANCIA

Como primera medida, la Corte debe reiterar que la


prosperidad de los cargos planteados en casación condujo
a una casación solo parcial de la sentencia del Tribunal,
únicamente en cuanto le impuso una limitación temporal
a la medida de reintegro, de manera que hasta este punto
está plenamente en firme la declaratoria de ineficacia del
despido efectuado el 30 de noviembre de 2020, como
consecuencia de una violación del artículo 26 de la Ley
361 de 1997, así como las demás condenas impuestas por
el juzgador de primer grado y confirmadas por el Tribunal.

En tales términos, en sede de instancia, la Corte


debe simplemente reiterar que la ineficacia del despido
genera como consecuencia la medida de reintegro al
cargo que desempeñaba el trabajador, o a otro de igual o
superior categoría y compatible con la condición del
trabajador, con el pago de todos los salarios, vacaciones y

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prestaciones sociales dejados de percibir, como lo


determinó el juzgador de primer grado.

Además, con fundamento en las mismas razones


expuestas en casación, esa medida de reintegro debe ser
ejecutada sin alguna limitación temporal, y luego de
reincorporado el trabajador es el empleador el que debe
evaluar la compatibilidad del empleo y el estado del
servidor, con los ajustes y reubicaciones del caso y con la
posibilidad en todo caso de acudir a la causal de despido
del numeral 14, literal A), del Código Sustantivo del
Trabajo.

Todo ello lleva a negar la petición planteada en este


punto en el recurso de apelación de la demandada y a
confirmar la sentencia de primera instancia, en cuanto
condenó a la sociedad demandada a reintegrar al
demandante al cargo que venía desempeñando el 30 de
noviembre de 2020, o a otro de igual categoría y «acorde
con su condición de salud», junto con el pago de los
salarios, prestaciones sociales, vacaciones y aportes al
sistema de seguridad social causados desde la fecha de
desvinculación y hasta cuando se efectúe el reintegro.

Las costas de segunda instancia correrán por cuenta


de la sociedad demandada.

XII. DECISIÓN

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En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de


Justicia, Sala de Casación Laboral, administrando justicia
en nombre de la República de Colombia y por autoridad
de la ley, CASA la sentencia proferida el 28 de marzo de
2023 por la Sala Laboral del Tribunal Superior del Distrito
Judicial de Medellín, dentro del proceso ordinario laboral
seguido por el señor RAFAEL ANTONIO CARDONA
GALLEGO contra la sociedad ESMALGRES S. A. S.,
únicamente en cuanto modificó el fallo proferido por el
juzgador de primer grado, «[…] en el sentido de indicar
que el reintegro, con las condenas consecuenciales, solo
surten efectos hasta la fecha en que se dio la inclusión en
nómina de pensionados por invalidez por parte de la AFP
a la que se encuentra vinculado».

En sede de instancia, confirma la sentencia emitida


por el Juzgado Primero Laboral del Circuito de Itagüí el 25
de noviembre de 2022 en cuanto condenó a la sociedad
demandada a reintegrar al demandante al cargo que
venía desempeñando el 30 de noviembre de 2020, o a
otro de igual categoría y «acorde con su condición de
salud», junto con el pago de los salarios, prestaciones
sociales, vacaciones y aportes al sistema de seguridad
social causados desde la fecha de desvinculación y hasta
cuando se efectúe el reintegro.

Sin costas en sede de casación. Las de la segunda


instancia correrán por cuenta de la sociedad demandada.

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Notifíquese, publíquese, cúmplase y devuélvase el


expediente al Tribunal de origen.

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